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No recomendado para menores de 7 años Curro Jiménez - En la palma de la mano - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Disparo.

Relincho.

Canto de un gallo.

Oiga.

-¿Qué haces aquí, qué ha sucedido?

¡Agua, por favor! -¡Vete, márchate!

¿No comprendes que pueden verte?

¡Vamos, vamos, márchate! Deme agua.

Canto del gallo.

Campanadas.

-¡Oye, tú!

¡No puede ser! -¿Qué pasa?

-¡Ese es igual que Curro Jiménez! -Ves a ese por todas partes.

-Sí, ya sé que no puede ser él, pero... se parecen como dos gotas.

-Anda ya, ese es un pobre miserable, no ves cómo va vestido.

Croar de ranas.

¿Dónde está la barca que cruza el río?

-No hay ninguna barca en esta parte.

¡Madre, venga, por Dios!

¿Está grave?

-Es una fea herida pero vivirá.

Acerca el carro lo más que puedas,

no podemos dejar a este hombre aquí.

(SUSURRA UNA ORACIÓN)

Dame eso.

-¿Cree que vivirá?

-Es joven y fuerte, vivirá.

Espero.

Tendrán que pasar dos días y dos noches para saberlo.

Vete a descansar ahora.

Mañana tienes que salir temprano.

Grillos.

(MURMURA)

Canto de un gallo.

Canto del gallo.

Ha pasado la primera noche.

Si pasa la segunda... -Duerma usted ahora,

yo me quedaré con él por si acaso. -No necesitas quedarte,

nada le ocurrirá de día. Las noches son el peligro.

¡Quieto...!

¡Quieto! ¡So! ¡Quieto!

¡Quieto!

Tranquilo.

Quieto.

¡Padrino!

¡So, so, bonito!

El padrino me ha regalado un caballo.

Ahora podré encontrar trabajo.

(RECORDANDO) ¿Tienes trabajo para mí?

-Lo siento, ya ves que me sobran hombres. Busca en otro pueblo;

remonta el río, tú eres un barquero.

(DELIRANDO) ¡Sí, madre, sí!

-¡Ah!

¡Ah!

Relincho.

Sí, madre, sí.

Tuve... tuve que hacerlo.

Tuve que matarlos.

-La noche viene rápida. ¿No la oyes?

-¿Cómo sigue? -Esperemos a mañana.

Si pasa...

Viene rápida la noche.

Silbido del viento.

(LA ANCIANA RESPIRA CON DIFICULTAD) -Madre, ¿qué pasa?

¿No lo oyes? -Sí, es el viento.

-No... son las alas del ángel.

El ángel negro que ha venido.

Ven.

Siéntate.

Y no te muevas hasta que amanezca.

¿Le oyes?

Le está buscando.

¡Ah!

(GRITA DE DOLOR)

¡Agua!

¡Agua!

-Bebe despacio.

¿Quién eres? -¿Quién eres tú?

Piensa.

¡No lo sé... no recuerdo quién soy!

-Llevabas esto encima.

¿Es mío? -Sí.

Es mucho dinero.

Hace mucho que no duermo.

Necesito descansar. -¿Pero cómo?

Si acabas de despertar. Has estado durmiendo dos días seguidos.

-No, no ha dormido. Ha estado luchando y ha vencido.

Por ahora.

Has tenido malos sueños, ¿verdad?

Ojalá sólo sean sueños.

Cierra los ojos, ahora dormirás tranquilo.

Dime...

¿tú me conoces? ¿Me has visto antes?

-En el río fue la primera vez que te vi.

Ya.

Yo siento como si te conociera desde siempre.

-No te habría olvidado.

Anda, incorpórate.

¿Cómo podríamos llamarte?

-Francisco.

¿Francisco?

¿Francisco por qué?

-No sé. Se me ocurrió.

Francisco...

¡So...!

No sé por qué tarda tanto. Ya vendrá, hombre.

El que me preocupa es Curro.

¿Dónde diablos se habrá metido?

Ahí viene el Gitano con un caballo. ¿No querrás que venga andando?

¡Con otro además del suyo, animal!

Tiene que ser su caballo, algo le ha pasado.

Sí.

¡Estoy agotado, todo el día buscando de un lado a otro!

Pues imagínate cómo estaré yo entonces, que no soy tan fuerte.

De todos modos hay que seguir buscando.

No lo cogieron los migueletes, se habrían quedado con el caballo.

Ojalá le hubieran cogido. ¿Pero qué dices?

Si lo tuvieran los migueletes, sabríamos qué hacer.

Pero así... ¿qué estamos buscando?

¿Qué buscamos? Un cadáver.

Voz de un cantaor flamenco.

(CANTAOR) Y al infierno que hay...

Me lo quedo. -Bien.

Elige tú algo, Teresa. (RÍE)

-¡Teresa, ayúdame!

Canto de un gallo.

Ese hombre, Francisco...

Temo por nosotras. Más que nada temo por ti.

-Francisco es bueno, madre. Basta mirarle.

-Sí, hija, sí, pero es igual, temo por ti.

Yo ya soy vieja. El ángel puede venir a buscarme cuando quiera.

No necesita enviar emisarios.

-Madre, ¡por Dios!, ¿qué dice? ¡Francisco no...!

-No, no es él el malo. Pero la maldad le ronda;

la muerte, el misterio...

Llevaba mucho dinero encima. Demasiado.

-Francisco.

¿En qué piensas? ¿En qué quieres que piense

un hombre que apenas ha vivido unos días?

Es como...

Como si hubiera nacido ayer.

No sé si he dejado en algún lado una familia, una madre o hijos...

-O una esposa.

Ladridos.

Ladridos.

-Sus manos saben lo que hacen,

saben más de él que él mismo.

Canto de un gallo.

Tintineo.

-¿Dónde has estado?

Caminé hasta cansarme.

Y luego me dormí bajo las estrellas.

-Temí que no volvieras.

¡No sé dónde ir!

-No olvides pasar por lo de Domingo, nos debe dinero.

Tintineo.

¿Me acompañas?

Espérame aquí.

-Ya está ahí esa mujer.

Atiéndela tú. -Pero si sólo le debes tres reales.

-Sólo tres reales, claro. ¡Como nos sobra el dinero...!

Que se lleve sus cestos si quiere.

¡Curro Jiménez!

-¿Y su marido? -No está, ¿qué es lo que quiere?

-Vengo a cobrar los cestos que nos debe desde hace tiempo.

¿No sabe cuándo volverá? -No creo que vuelva hoy.

Ha tenido que viajar lejos.

-Volveré otro día. Adiós.

-¿Ah, sí? ¿Vendiendo cestos de mimbre, eh?

Y con un burrito con campanillas, claro.

¿Y cómo hacían las campanillas, tilín, tilín o tolón, tolón?

-Le digo que es verdad? Lo he visto.

Era Curro Jiménez. -Sí, hombre, sí, le creo.

Ande, márchese. Investigaremos.

-No olvide la recompensa, yo lo he visto.

-Sí, hombre, sí, márchese de una vez.

¿Qué, te has fijado? Yo no veía visiones el otro día.

Hay un gitano cabrón que es igual que Curro Jiménez.

-Creo que tendríamos que comprobar, hablar con ese gitano.

-Mira, muchacho, un hombre de mi experiencia no se equivoca.

Si quieres llegar lejos, hazlo lo que yo:

me basta con mirar a la gente para saber quién es y qué hace.

Curro Jiménez vendiendo cestos de mimbre con un burrito...

¡Y con campanitas! Y pasando frente a nosotros

como si fuéramos dos frailes franciscanos.

No me extrañaría nada que ahora entrara a convidarnos a una copa.

-El que les convida soy yo, señores.

-Domingo, el de Sotogrande, vino a denunciar que vio a Curro;

dice que lo vio vendiendo cestos de mimbres con un burro.

(RÍEN)

¡Uf!

Esperaremos aquí hasta que se haga de noche,

para evitar que nos vean en el pueblo.

Si lo hubieran encontrado muerto, lo sabríamos.

En este lugar hay gente capaz de matar por nada.

Además, Curro llevaba mucho dinero.

Dudo que ningún de esos infelices pueda matar a Curro.

Ni uno ni diez. Además, Curro, vivo o muerto,

vale mucho más que el dinero que llevaba encima.

Puede que no lo conocieran.

Bueno, vamos a dejarlo.

Cuando oscurezca, iré a ver a Felipe el de la taberna.

Al menos ya sabemos que Curro estuvo aquí.

A ver si alguien sabe algo.

Llaman a la puerta. -¡Ya, ya va!

¡Hola, Estudiante!

Hola. -¡Me alegro de verte!

Curro está en peligro. Sí, ya lo sé, por eso he venido.

-Pasa, tengo que contarte muchas cosas.

Déjame probar a mí.

-Así no es, hombre, así no es.

Mira.

-Teresa.

Sal.

Siéntate, quiero hablar contigo.

No puedes quedarte a vivir con nosotras, Francisco.

Entiendo.

-Lo lamento. Sé que no tienes dónde ir.

Piensa.

No tienes casa ni familia.

¡No tienes a nadie!

No, no es verdad eso.

-Pero ¿es que no quieres encontrar tu pasado?

Le temes demasiado, ¿verdad?

Sientes un gran vacío detrás de ti...

Sin embargo, ese vacío está lleno de cosas.

Piensa...

Piensa aunque te duela.

No puedes escapar de ti mismo, piensa.

¿Quieres saber quién eres? (ASIENTE)

-¿Sí o no?

Vamos, dilo.

Sí.

-¿La verdad?

Debes buscar a todos los que te conocen,

has hablado de una barca, de una venganza,

empieza por ahí. Lo que quiero que entiendas

es que tú no puedes vivir con nosotras.

Tu vida es otra,

sin quererlo puedes hacer mucho daño,

tal vez ya lo estás haciendo.

Teresa, ¿verdad?

-¿Dónde vas?

-Vuelve a la cama. -¿Qué pasa?

-¿Has oído hablar... de Curro Jiménez?

Se van a acabar para siempre nuestros problemas.

Voy a cazarlo. -¿Tú? No podrás.

¡Te has vuelto loco!

Se cierra la puerta.

Campanadas.

Que acompañe a una gitana, lo entiendo, todos sabemos

cómo es Curro y las gitanas son muy guapas

pero que venda cestos y que vaya en un burro con campanillas, eso...

Además, si planeara algo ya se habría puesto

en contacto con nosotros.

Recuerda que el tabernero te dijo que le vio muy raro.

Eso es lo que da mala espina. Veremos qué dice ese tal Domingo.

Ese soplón, hijo de mala madre.

Ladridos.

¿Y su marido?

-¿Para qué le buscan? Eso es cosa nuestra.

-¡Entonces era verdad!

-La muerte está llegando...

Está muy cerca...

Viene hacia aquí.

-Madre, déjele en paz.

Basta, por favor.

Márchate.

No...

No quiero seguir huyendo.

-Por favor.

-Debes marcharte, toma, sabes manejarla bien.

¡So!

Vamos a dejar ahí los caballos, debe de estar por aquí.

-¿Dónde está?

¿Dónde está?

¡Vamos, dímelo!

El que estaba ayer contigo.

-Se ha ido.

-¡Con que se ha ido...!

¿Y esto?

Vamos, dímelo.

Os daré la mitad de la recompensa si me lo decís.

(ENFADADO) ¡Ah!

-¡La recompensa!

-La barca... una recompensa...

¡Virgen santa, es el barquero!

Creo que el ángel ya ha elegido su víctima.

Gitano, tú por ahí, yo daré la vuelta.

Y tú por aquí.

¡Cuidado, Algarrobo!

-¡Ah!

Disparos.

-¿Dónde vas?

¡Teresa, vuelve!

Cógela.

(GRITA) -¡Francisco!

¡Francisco!

Ven aquí. Quieta. -¡Suélteme, suélteme!

Estate quieta, mujer, que no te haré nada.

-¡Suélteme, déjeme! ¡Suéltala!

Curro...

¡Curro!

¡Curro! ¡Defiéndete!

¿Qué pasa? No lo sé, pero no te muevas.

Defiéndete. Curro... Pero...

¿Qué te pasa? Soy el Algarrobo.

¡Curro!

¡Curro!

Alguien viene.

(RÍE)

¡Curro!

Bufido.

-Adiós, Francisco.

¿Y Teresa?

-No sé adónde puede haber ido.

Ya...

Ladridos a lo lejos.

Bufido.

-¡Francisco!

¡Francisco!

Y ahora, dinos qué te pasó.

No lo sé, lo único que sé es que ese Francisco

soy yo de verdad y no este.

Trino de los pájaros.

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Curro Jiménez - En la palma de la mano

18 ago 2016

Curro Jiménez pierde la memoria y es recogido por dos mujeres, madre e hija, que le cuidan y ayudan a recuperar el pasado. La joven se enamora de Curro ignorando de quien se trata.

Histórico de emisiones:
14/08/2012
08/08/2013

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