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Curro Jiménez - La mujer de negro - ver ahora reproducir video 01h 00 min
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

-Lucas.

-¿Qué?

-Tenemos que dejar de vernos.

Pongo en peligro tu vida y la mía.

Es una locura.

-¿Dónde está la locura?

-Nos hemos encontrado muy tarde...

y ya no podemos hacer nada.

-Podemos vivir juntos lo que nos queda de vida.

-¿Aquí?

-O en otro lado.

-Tengo miedo, Lucas,

de verdad.

Venía pensando que tenemos que dejarlo.

No puedes obligarme ahora.

-No te obligo a nada.

-Lucas...

-Todo puede cambiar, en cuanto tú quieras.

-Tengo miedo.

-Vente conmigo

y no tendrás que temer a nadie.

-Acabar con él.

-Ah...

Galope.

-Oh...

-Vamos, valiente, ¿qué te pasa?

¿Tienes miedo?

Ven.

-Ah...

-Acércate.

Vamos.

-Toma.

-Vamos, cógela.

-¡Ah...!

Oh...

(JADEA)

Crepitar del fuego.

Yo dormiré aquí unas horas

y luego seguiré el viaje hacia la costa.

Vosotros iros al refugio y allí me esperáis.

Con las ganas que tenía de volver a ver el mar.

Deja que vaya uno de nosotros. No.

Un hombre solo levanta menos sospechas.

Primero quiero saber qué le pasa a Lucas,

qué necesita de mí.

Hay algo que no me gusta,

que la carta no la haya escrito él.

Es la escritura de un niño.

Y las palabras de un viejo.

Lucas es un hombre lleno de alegría y de fuerza.

Ha pasado mucho tiempo.

Los que hacen vida honrada envejecen pronto.

Sí, han pasado muchos años, desde que echamos a los franceses

nunca más supe de él,

y ahora esa carta...

¿Temes alguna trampa? ¿De Lucas?

O de cualquiera que haya escrito esta carta.

No... nadie puede sospechar que un honrado labrador

haya sido durante algunos meses el compañero de Curro Jiménez.

Trinar de los pájaros.

Alto.

Santo y seña. -La sierra es grande.

Me llamo Lucas Valcárcel. Mejor no saber nuestros nombres.

¿Sabes quién soy? -Algo barrunto,

pero es mejor no saberlo, ¿no?

¿Has disparado alguna vez?

-He cazado patos en las marismas.

Ahora se trata de cazar franceses.

-Tú me dirás cómo vuelan.

Demasiado alto.

Pues ya me enseñarás a alcanzarlos

Crepitar del fuego.

-Ah...

Ah.

-¡Oh...!

(RÍE)

(AMBOS RÍEN)

Bueno, ha llegado el momento de despedirnos.

-Sí. Tú te vuelves a la sierra, yo a mi pueblo.

Así es la vida. Allí tienes tu familia

y tus tierras, cosa que yo no tengo.

-Mi madre está sola con mi hermano.

Alguien tiene que ocuparse de la labranza.

Graznido. ¿Y para qué mentir?

Me gusta mi tierra.

Aunque también me ha gustado correr los caminos junto a ti.

Ah.

-Quizá algún día... No, nunca.

Ahora que ya hemos echado a los franceses, no.

(RÍE) -Ni que los hubiéramos echado tú y yo solos.

Bueno, algo hicimos, ¿no?

Ahora que los hemos vencido,

Gorjear de los pájaros.

tú debes volver a tu tierras de la costa y yo...

Bueno, yo a lo mío.

Cada uno a lo nuestro.

No será fácil que nos encontremos.

Gorjear de los pájaros.

Adiós, Lucas. -Adiós, Curro.

Trinar de los pájaros.

Oiga, buen hombre,

¿por dónde se va al pueblo?

-Por allí.

¿A qué distancia estamos?

-Con este caballo, a una media hora.

¿Conoce usted a Lucas Valcárcel? -No, no lo conozco.

Ha vivido siempre en esta comarca.

-Puede, pero yo voy poco por el pueblo.

Lo siento. Ya.

Trinar de los pájaros.

Cacareo de las gallinas.

A la paz de Dios. -Buenos días.

Pasaré dos noches aquí.

Trinar de los pájaros.

So... -¿Qué le trae por el pueblo?

Ver si puedo realizar algún negocio.

Ganado o grano. -¿Compra o venta?

Lo que más me convenga. (RÍE) -¿Tiene alguna relación?

Conocí en Sevilla a un hombre que es de aquí,

un tal... Valcárcel.

Cacareo de las gallinas.

-Sí, una vieja familia.

Quizá conoce usted a ese hombre, creo que se llama Lucas.

-¡Ventero! -¿Lucas Valcárcel?

Sí. -No es gente que pueda serle útil.

Si quiere buenos datos, yo se los puedo proporcionar.

Se lo agradezco mucho, pero me gustaría ver

al tal Valcárcel. ¿Sabe usted dónde vive?

-Acompañe al señor a la habitación.

Ya hablaremos.

Cacareo de las gallinas.

-Ponnos una jarra de vino.

Trinar de los pájaros.

Ladridos.

-Ah...

¿No te han dicho que es peligroso seguir a un extraño?

-Tú no eres un extraño, te llamas Curro Jiménez.

¿Y tú quién eres, que presumes tanto de saber?

-Mateo Valcárcel. ¿Cómo me has conocido?

-Lucas me contó cosas de ti y de los franceses,

aunque la verdad es que te estábamos esperando.

Ven conmigo.

Oye, ¿cómo no ha venido Lucas a buscarme?

-Porque no puede. Ni siquiera sabe que estás aquí.

¿Y quién ha mandado a por mí? -Ya lo sabrás. Ven.

Abren una puerta.

-Tú eres el mejor amigo de mi hijo, ¿verdad?

Él me lo dijo muchas veces.

Me contó que una vez le salvaste la vida.

También él a mí me la salvó en otra ocasión.

-Esta vez nadie puede hacer nada por él.

Le agradezco mucho que me haya hecho llamar,

aunque nada más sea para...

-No te mandé llamar para que le vieras morir.

Todavía pensaba que viviría.

Pero tenía miedo de que lo atacaran de nuevo.

Y como no quería pedirle ayuda a nadie,

sin decirle una palabra,

le dicté la carta al pequeño.

(AGONIZANDO) -Tú...

Estoy delirando. No.

No soy un fantasma, soy Curro.

-Ah... Curro...

Hermano... Ah...

(AGONIZANDO) ¿Qué haces aquí?

Supe que estabas malo y he venido a verte.

-¿Te avisaron? Ya sabes que todo lo que ocurre

en Andalucía, se sabe en mi guarida.

(AGONIZANDO) -¿Que un pobre infeliz como yo... va a morir?

No, no vas a morirte.

-No quieras engañarme, Curro.

Es indigno de ti...

y de mí.

Ah... ¿Quién fue? ¿Quién fue, Lucas?

-No lo sé. Lo averiguaré.

-No... Eso es lo que quieren ver.

Pero... no debes hacer nada, Curro. Prométemelo.

Calma. -Es... muy peligroso.

Cálmate. -Ah...

(AGONIZANDO) -Me hirió un desconocido.

¿No le viste la cara?

-Déjame descansar.

Déjame morir tranquilo.

Es muy peligroso averiguar.

Son gente sin piedad.

Tú sabes defenderte, pero...

¿Estás pensando en tu madre y en tu hermano?

-Sí.

Sí, y en alguien más que no debe sufrir por mí.

-Ah...

Ah... Prométemelo, Curro.

Prométemelo. Está bien, está bien.

Cálmate.

-Ah...

Pasos.

-¿Te ha dicho algo?

Hay que dejarlo morir en paz.

-Cu... Curro...

¿Llegaron los despachos... a Cádiz?

Sí, están en manos de los nuestros.

-Ah... ¿Y los franceses?

En fuga. Los que no se han rendido.

-Estoy... muy fatigado.

Ah...

Necesito descansar esta noche...

Pero mañana... debemos presentarnos

en el cuartel general.

(AGONIZANDO) ¡Curro...!

¡No dejes que me duerma!

Llanto.

(LLORA)

Soy un amigo de Lucas. -El único.

-No digas eso.

Lucas era un hombre muy querido y tenía muchos amigos en el pueblo.

-¿Por qué no están aquí?

Respóndame, padre. Ni una vez se acercaron a preguntar por él.

-Ya vendrán, esta misma noche. -No vendrán. ¡Tienen miedo!

Llaman a la puerta.

Llaman con insistencia.

-Mi más sentida condolencia, doña María,

en mi nombre y en el de mi familia.

Si algo necesita,

ya sabe que puede contar conmigo para lo que sea.

Los gastos del entierro y, ahora que falta Lucas,

hombres para labrar la tierra...

Dinero para la educación del chico.

-Dígale que no necesitamos nada, padre.

Que le agradezco sus buenas intenciones.

-Deber de vecino y de amigo, nada más.

Vámonos al pueblo, padre. -Sí, señor.

Buenas noches.

-Cierra.

Cuando te envié la carta,

pensé que vendrías con tus hombres.

¿Qué puedes hacer tú solo?

¿Morir como valiente, como mi pobre hijo?

¿Qué quiere usted decir? -Nada.

¿Por qué me mandó llamar?

-Para nada.

Para que estuvieras junto a Lucas en su agonía;

para no estar sola con el niño y ese cura asustado, nada más.

¿Quién es ese hombre que vino a dar el pésame?

-Don Esteban. Es el amo. ¿De qué?

-De casi todo.

¿Por qué lo ha tratado así tu madre?

-No lo sé.

¿Por qué me miras así?

De todos los que me han dicho que no saben nada desde que llegué,

es la primera vez que creo a alguien.

Ni Lucas me dijo la verdad.

-Si mintió antes de morir, podría ir al infierno.

Puedes estar seguro de una cosa, tu hermano no irá al infierno.

Era un hombre bueno.

-¿Por qué lo mataron?

Eso es lo que tú y yo tenemos que averiguar.

Campanadas.

Oración del cura en latín.

-Resquiescat in pacem.

Amén.

Oración del cura en latín.

-Que no se acerque.

-No lo hará.

-Adiós, Curro. Gracias por haber venido.

Pero... -No, ya no te necesitamos.

Padre, ¿quién es esa mujer de negro?

¿Por qué la odia la madre?

-Hazle caso a doña María y vuélvete a tu casa.

Estas tierras son inhóspitas, hijo,

muy poco acogedoras para un forastero.

Lucas era de aquí y lo mataron.

-¡Jesús! ¿Quién habla de asesinatos?

Queda con Dios, hijo, queda con Dios...

Pero márchate.

-¡Eh, Curro!

¿Has dejado sola a tu madre?

-Me ordenó que te acompañara a la posada.

¿Y que te asegures que me marcho, no? No me mientas tú ahora.

-Me parece que mi madre quería que defendiera a Lucas estando vivo,

pero ya... No quiere que muera yo también.

¿Quién es esa mujer del caballo?

-Mi madre me ha prohibido nombrarla,

le echa la culpa de todo lo que pasó.

Pero yo no sé por qué.

¿Tú crees que es una buena mujer? -A mí no me parece nada.

Siempre la he visto de lejos, como ahora.

-No creo que podamos hacer nada por usted, pero sé lo que le conviene.

¿Qué? -Marcharse,

desaparecer, volver por donde ha venido.

-¿Qué quieres?

¡Déjame pasar!

¿Por qué te ocultas el rostro?

-No debes acercarte a mí.

Pero dejaste que Lucas Valcárcel lo hiciera.

-Y mira la suerte que ha corrido,

le maté. ¿Tú?

-Fue como si yo misma le apuñalara.

Estabas en su entierro,

¿tenías algún derecho a estar allí?

¿Querías a Lucas?

¿Te quería él a ti?

-¿Quién eres tú para preguntármelo? Un amigo.

-¿De quién? De Lucas.

-Fue el único hombre que se acercó a mí sin pedirme nada...

ofreciéndomelo todo.

(ARREA AL CABALLO)

Cloqueo de gallinas.

Bufido.

Relincho.

-Óyeme bien;

vas a recoger tus cosas y marcharte, ¿verdad?

Es lo mejor.

-Estos aires no te convienen.

¿Y tú qué eres, médico o boticario?

-Nada de eso, pero miro el semblante de un hombre

y sé cuándo puede morirse. Eres joven aún, sería una lástima.

Es lo que nos dijo el ama, ¿verdad?

Aconsejadle que se marche enseguida,

no sea que se le estropee la cara.

Está bien,

comeré algo y me iré.

Malditas las ganas que tengo de volveros a ver.

Ni a vosotros, ni a ella

ni a nadie en este infierno de pueblo.

-No tardes en comer.

El poco apetito que tenía me lo habéis quitado.

(GRITA) -¡Ah! ¡Quietos! ¡Quietos!

-No te conviene hacernos nada.

¿Me dirás quién os manda? -Somos muchos.

¡Vas a decirme quién os manda! -Ya te lo dije...

El ama. Esa mujer se muere de miedo

como tú en este momento. Dime a quién obedecéis

tú, ella y todos los que morís de miedo

en este pueblo. -Te lo diré.

Dímelo. -Te lo diré.

-No había nadie de guardia.

Sentí ruido y bajé creyendo que eras tú.

Me dijeron que es usted el hombre

con quien debo tratar mi negocio.

-¿Qué vende usted? Nada.

Compro. La vida de Lucas Valcárcel.

-¿Y yo qué tengo que ver con eso?

Lucas quería a esta mujer

y temía por ella...

Quiero saber si estaba engañado

y no era a ella misma quien debía temer.

-¿Por qué no se lo pregunta directamente?

No consigo que me conteste.

-¿No dices nada?

Este hombre pregunta si querías a Lucas.

-La última vez que le vi le dije que me dejara.

Todo lo que soy y lo que tengo se lo debo a Esteban.

Y jamás miré a ningún hombre.

-Era un pobre campesino que había visto

un poco de mundo y tenía ideas muy extrañas

acerca de todo lo nuestro.

Hable usted claro.

-¿Quieres saber la verdad o no?

No me interesa su opinión sobre Lucas sino lo que hizo con él.

-¿Yo? Nada.

¿Por qué iba a poner las manos sobre semejante basura?

Yo puedo ponerlas sobre ti.

-Llévatelo a la bodega.

-Vamos.

-¿Qué hago con él? -Lo que quieras.

Espera.

Ella te dirá lo que debes hacer.

Vamos, querida, ese hombre ha asaltado tu casa,

te ha amenazado, me ha insultado, merece un castigo.

O prefieres que sea el Tino el que decida.

-Castigadlo y que se vaya del pueblo.

-Ya lo has oído.

-Vamos. Ah.

-Vamos.

(GRITA) ¡Ah!

-¡Has venido a meter tus puercas narices

donde no te importa!

(GRITA) ¡Ah!

Me llamaron. -¿Quién?

¿Tu amigo Lucas? Buen cobarde.

Era incapaz de defenderse solo. Mientes.

Lo habréis sorprendido tú y tus matones.

-¡Te equivocas!

Yo solo me basté para acabar con él.

¡Y con mucho gusto acabaría contigo!

¡Ah!

(GRITA) ¡Ah!

¡Ah!

-Soledad...

-¿Qué?

-No hago más que preguntarme...

si ha sido suficiente todo lo que he hecho por ti.

Todo lo que tienes.

-Cualquiera diría que es mucho.

-¿Y tú?

-También. Antes no tenía nada...

y ahora es mío todo lo que me rodea.

-Y me tienes a mí.

-Y te tengo a ti.

-¿Nunca miraste a otro hombre?

Júramelo.

¡Tino!

Nos vamos.

-Vigílalo, aunque no creo que se escape.

-De acuerdo.

-Vámonos.

-¿Qué quieres? -No, no quería nada.

-Ven, ven.

¿Tomas una copa de vino?

-No sé si... -¿Qué?

-Don Esteban.

-Olvídale.

¿O es que no quieres? -Sí.

-Toma.

Oh...

(JADEA)

-Oh. Oh...

Oh...

-No podrás llegar a la venta,

mejor ve a casa de Lucas que está más cerca,

y luego te marcharás, ¿me lo prometes?

¿Por qué haces esto?

-Porque quería a Lucas.

Le quería con toda mi alma...

y ellos le mataron.

Lucas me lo dijo antes de morir.

Eras lo único que le preocupaba.

¿Qué va a ser de ti?

-He aprendido a vivir sola.

Desde los 15 años estoy prisionera en esta casa.

Vente conmigo. -No.

Ellos nos perseguirán y nos darán caza,

y tú no estás en condiciones de hacerles frente.

Pero no perdamos tiempo, podrás llegar hasta allí.

Sí.

-Aguanta.

Te han hecho trizas.

No podrás moverte por unos días.

No puedo quedarme aquí.

Empezarán a buscarme.

-Aguanta.

Ya te dije que te marcharas, pero no me hiciste caso.

Ah...

-¿Y si les hacemos creer que te has ido del pueblo?

Yo puedo coger tu caballo y llevarlo lejos, soy buen jinete.

Y tan listo como tu hermano.

Está bien,

ve a la venta y coge el caballo.

Espera, uh...

Vas a hacer algo más.

Risas. -Venga, dale más fuerte.

Risas.

-Más alto, más fuerte. -No...

-Sí, que no me caigo.

(RÍEN)

-Más fuerte. (RÍEN)

-¿Estás seguro de que no está en el pueblo?

-El caballo ha desaparecido de la venta

y hay huellas de sangre en la cuadra.

No lo entiendo, yo mismo comprobé las ligaduras.

El Rubio dice que ha estado dormido dos horas,

o es más fuerte de lo que suponíamos,

o miente y alguien le ayudó a escapar.

-Dormía tranquilamente cuando los gritos

de ese hombre me despertaron.

Debes decirle que no puede entrar en mi cuarto de esa manera.

-Estaría desesperado al ver que había huido.

-Esos son asuntos vuestros.

-A ti también te atañen,

ese individuo puede asaltarte de nuevo.

-¿Después del susto que le disteis anoche?

No, no creo que vuelva por esta casa.

-Piensa que no está solo,

alguien tiene que haberle ayudado.

El mismo hombre estará de guardia día y noche,

y tú...

suprimirás tus salidas.

-¿No podré salir a cabalgar?

-Olvídalo,

no volverás a salir.

-¿Por qué? -No insistas,

y ahora...

cámbiate de traje.

Soledad.

Soledad...

Cámbiate de traje,

para mí.

-¿Cuándo te marchas?

No quiero complicaciones.

Ahora que te has repuesto te vas a ir,

esta misma noche.

-Lo haré esta mañana. Ten cuidado.

-La otra misión que me confiaste la cumplí

al pie de la letra, ¿verdad? Sí.

-Déjame que ya me las apañaré yo.

¿Estas son las cosas que hacías con Lucas durante la guerra?

¿Y crees que puedo llegar a ser tan listo como él?

Más, mucho más. -Ah...

-Te esperará en la playa toda la tarde.

-Dile que no me espere, que no puedo ir.

-Habrá alguna forma de salir, la buscaremos.

-¿Qué haces tú aquí, por dónde has entrado?

Por la puerta, pero ya me voy.

-Ven aquí, espera.

¡La señora se ha escapado, está en la playa con ese hombre!

-¿Cómo lo sabes? -Se lo oí a ese chicho,

al hermano de Lucas. Tenía una cuerda en la ventana y...

Ella la usó para escapar.

-Reúne a todos los hombres.

Esta vez quiero que acabes con los dos.

-¿Con ella también?

-¡Mátalo!

Ya pensaré lo que hago con ella.

Ladridos.

-Vamos.

Relinchos.

¡Alto!

¡Quietos!

¡Tú, baja!

Relincho.

¡Baja!

Vamos sigue.

No te preocupes.

Vas a acabar tú solo conmigo,

como hiciste con Lucas.

Relincho.

-¡Ah!

Ladridos.

Resoplido de caballo.

Ladridos.

Buenas noches, señor cura. -Dios te guarde, hijo.

Buenas noches, señores. -Buenas noches.

Buenas noches, don Esteban.

Este señor no se decide a saludarle.

-Buenas noches. Don Francisco.

-Don Francisco.

Salude usted a la señora.

Basta con una inclinación de cabeza.

Esta mujer viste de negro porque es la viuda de Lucas Valcárcel.

Aunque el señor cura no haya llegado a bendecir la unión,

porque lo mataron antes.

No se enteró usted de nada, ¿verdad, señor alguacil?

Ni siquiera levantó usted acta por el asesinato de un vecino.

Estaba usted demasiado ocupado jugando a las cartas, como ahora.

Por eso no sé si molestarlo con otra muerte que desconoce.

¡Ese hombre confesó haber matado a Lucas Valcárcel!

Le he ahorrado trabajo, señor alguacil.

Y por si quiere usted levantar acta, mi nombre es Curro Jiménez.

-¡Cuidado!

-¡Ah!

(AGONIZANDO) -Ya he salido...

de mi prisión.

Y ahora voy a conocer...

otros mundos...

con Lucas.

¿Qué hacemos con él?

-Suéltalo. No quiero más sangre.

Sé lo que ha ocurrido.

Sé que ha muerto esa mujer.

Quería a Lucas. Yo estaba equivocada.

Haré que la entierren junto a él.

-¡Eh! ¡Eh, Curro!

Relincho.

Quiero irme contigo. Ya sabes que soy buen jinete y listo,

no tengo miedo.

Todo eso que eres úsalo para ayudar a tu madre, como hacía Lucas.

-Pero dicen que vuelven los franceses.

Si vuelven, te vendré a buscar.

¡Vámonos!

-Mateo, ven aquí. -Ya voy, madre.

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Curro Jiménez - La mujer de negro

07 ago 2016

Curro Jiménez recibe una carta comunicándole que un antiguo miembro de su banda se encuentra en grave peligro. Curro emprende el viaje recordando cómo conoció a su amigo y las luchas que sostuvieron contra los franceses.

Histórico de emisiones:
16/07/2012
15/07/2013
09/09/2013

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