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No recomendado para menores de 7 años Curro Jiménez - La mejor lección  - ver ahora
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

-Se le ve cansado, Mr. Gand.

-¡Estos viajes son agotadores!

-Pero hay que hacerlos,

es la forma de colaborar a la grandeza del imperio.

Un gran imperio es la suma de muchos pequeños sacrificios.

Pero, al mismo tiempo, nos espera mucho oro, Mr. Gand, mucho oro.

Understand?

Y con ese oro hemos pagado

el carbón que necesitan nuestros ejércitos en Egipto.

Y ahora... (HABLA EN INGLÉS)

(DIALOGAN EN INGLÉS)

-Absolutistas o liberales, españoles son españoles.

Usted corrompe a los pequeños funcionarios de provincia;

yo también, pero a otro nivel.

Le diré que, en los dos últimos años, por ejemplo,

hemos repartido inmensas cantidades de dinero entre logias masónicas

y distintos grupos de conspiradores liberales.

No olvide que nuestro gobierno es ahora liberal

y que el censo de la masonería está en Londres.

Ningún español tocará nuestro oro.

Alboroto.

Relincho. ¡Quietos!

Lo siento, Mr. Morrison,

pero este oro se queda en España.

Una mitad para mí y la otra para los españoles.

-No venga con farsas, bandolero,

¡esto no es una inspección de aduana, es un robo!

¿Es? Era.

Relincho.

Todo listo. Bien, vamos.

Relincho.

Murmullo.

-¿Qué es lo que pasa hoy?

-¡Nos quieren matar de hambre!

-Mr. Morrison no es el culpable de que no podáis cobrar.

El culpable es Curro Jiménez,

que ha robado el dinero de las nóminas.

-¡Ustedes nos han robado toda la vida!

-Fiol, venga.

(SUSURRA)

-Cobraréis. Mr. Morrison os lo promete.

Pero tendréis que rendir al máximo, hay que aumentar la extracción.

La compañía no puede seguir perdiendo.

-¿Cuándo ha perdido la compañía?

-¡Desde siempre, bastardos!

¡Desde que os contrató!

Os damos de comer y todavía os quejáis.

(MORRISON SUSURRA)

-Tenéis suerte de que Mr. Morrison sea un hombre generoso.

Tomad.

Repártelo entre todos, es un anticipo.

Mr. Morrison os lo da de su propio bolsillo.

¡Venga y ahora a trabajar, vamos!

-¿Ves? ¡Es inútil!

-¡Cabrones! -Sobre todo quien yo me sé.

-¡Nos hacen trabajar como esclavos y además nos estafan!

¿Y nosotros qué? Nada.

Si nos uniéramos y si fuéramos hombres como es debido,

mañana no bajaríamos al tajo. -No hables así.

No te arriesgues.

Recuerda lo que le ocurrió a Vicente el año pasado,

cuando quiso provocar una huelga. -¡No sólo una huelga,

habría que destruir todo esto, quemarlo!

-¿Dónde trabajaríamos entonces?

-Es igual morir de hambre que trabajar así.

-Eso es muy fácil de decir, Prudencio, ¿pero y después,

cuando no tuvieras nada que llevarte a la boca?

-Todo el mundo fuera, es la hora de cerrar.

He dicho todo el mundo.

-Lo mejor es que te vayas; todo se arreglará, ya verás.

(LA VAGONETA CHIRRÍA)

Chirrido de las vagonetas.

Golpes de picos.

Golpes de picos.

Explosión.

Campanadas de alerta.

(PRUDENCIO TOSE)

Toses de Prudencio.

(TOSE)

Toses de Prudencio.

(TOSE)

-Tiene razón tu padre, no ha sido un accidente.

Todos lo sabemos; hasta yo, que soy un bruto.

Prudencio ayer les habló, les dijo cosas.

-¿Qué cosas? -Es un tío bragado Prudencio.

A mí me cuesta pensar, pero sé que tiene razón cuando habla.

Como sé que la tienes tú cuando dices cosas que no entiendo.

-No te preocupes, Tomasín, ya llegará nuestra oportunidad.

-Tiene que guardar cama, llevémosle a su casa.

-No, a su casa no, doctor. Podría ocurrirle otro accidente.

-Es verdad.

En esta mina ocurren accidentes en los lugares más extraños.

Lo llevaré al hospital de Córdoba para que se reponga.

Sólo tiene magulladuras internas y tal vez alguna costilla rota.

Pero antes...

Tú, tú, tú y tú colocaos en fila, voy a haceros una revisión.

-La revisión general es la semana que viene.

Ya hemos perdido mucho tiempo.

Los hombres deben volver al trabajo.

-Estos hombres tienen síntomas de silicosis, basta mirarlos.

He dicho que necesitan una revisión.

También necesitan unos días de descanso,

sol y alimentación adecuada.

-Todos necesitamos eso, lo que usted, doctor,

pero, desgraciadamente no podemos, necesito a todos mis hombres.

Tengo una gran demanda de carbón y necesito cumplir.

-Estos hombres no pueden trabajar, sus vidas correrían peligro.

-No creo que sea para tanto, descansarán cuando se pueda.

-Cuando a usted le convenga, quiere decir.

-Tómelo como quiera.

-La salud de estos hombres es más importante que sus compromisos.

No trabajarán hasta que estén repuestos.

-Dale su paga al doctor y que se marche, que no vuelva más.

-Está obligado a dar asistencia médica a sus hombres.

-Hay muchos médicos menos molestos que usted.

-Desgraciadamente los hay.

Pero le aseguro que presentaré una denuncia a las autoridades.

Existen normas y debe cumplirlas. -¿Las autoridades?

No le creía tan ingenuo, doctor.

¿Sabe cuánto me cuestan al mes las autoridades?

Además, tiene fama de conspirador. Bastaría una palabra mía...

¡Dale su dinero al médico y que todos bajen a la mina!

Disparo.

Murmullo.

Relincho.

Ya ve usted, míster. Estamos destinados a encontrarnos.

He venido a pedirle, de buena manera,

que pague la nómina a sus obreros. -¿La nómina?

Si usted, usted fue quien me robó el dinero de estos hombres.

Yo nunca le quito el pan a los que no tienen qué comer.

El dinero que le quité a usted no era para pagar la nómina,

salvo que sus obreros pensaran viajar a Inglaterra.

¡Vamos, no haga que me ponga violento!

-Está bien, pagaré. Se lo prometo.

Claro que pagará. Ahora. Algarrobo,

acompáñalo a su oficina.

¿No has oído? ¡Andando!

Será mejor que salga con dinero, míster.

Mis hombres son buena gente, pero un poco bruscos.

Espero, Mr. Morrison,

que, de hoy en adelante, pagará puntualmente a sus obreros

y que no tomará usted represalias contra ellos.

El próximo accidente le puede ocurrir a usted.

(NERVIOSO) Sí, sí.

Graznido.

¡Vámonos!

-Si hubiera más Curros Jiménez,

los Fiol y los Morrison serían menos.

Los hombres como Morrison se envanecen porque no tiene rival.

Pero cuando eso ocurre, se desmoronan, tiemblan,

tienen miedo. Ya los has visto hoy.

Y también has visto a Curro Jiménez,

¡con qué seguridad dominó la situación!

-Puede que tengas razón, pero yo esperaba otra cosa de él.

¡Debió matar a Morrison y a Fiol! -No lo creas.

Los poderosos son como la hidra de Lerna:

cortas una cabeza y nacen tres.

Lo que hay que destruir es el sistema.

-No sé qué es hidra o hiedra... -¡Hidra, Tomasín, hidra!

-Bueno, qué más da hidra que hiedra. No lo sé ni me importa.

Pero conozco a Morrison y a Fiol, merecen la muerte.

-Sólo te mueve el odio y el odio es ciego.

Hay que actuar con razón y espíritu de justicia;

partiendo del conocimiento de las causas,

sólo así lograremos establecer un contrato social entre hombres.

Eso es lo que le falta a Curro Jiménez:

sólo actúa impulsado por su instinto.

Yo sé lo que hay que hacer, cómo, dónde y cuándo golpear.

-¿Así que tú serás mejor que Curro Jiménez?

¡Vamos, Juan Jacobo!, tú tienes muchas ideas y hablas muy bien.

Servirías para cura.

No sé cómo puedes juntar tantas palabras seguidas.

Pero eso no nos servirá en la sierra.

-No me importa que te burles, el sistema social te ignoró.

Ya aprenderás que hay que unir idea a acción y hacerla eficaz.

-Mira, no te entiendo muy bien, pero esto sí es eficaz.

Tenemos que ser muchos y bien armados.

-Seremos muchos y mis ideas se propagarán como el fuego

y los oprimidos... -No hables más

y consigue la escopeta de tu padre.

-Te quedarás aquí esta noche.

Inés te dará algo de comer y mañana temprano vendré a buscarte.

Daremos un buen escarmiento a Morrison.

-Lo has sacrificado todo a tus ideales, Melchor,

¿no pudiste mantener la boca cerrada?

Mr. Morrison te estima y tú lo sabes.

Ibas a la mina sólo una vez al mes y cobrabas un buen dinero.

-No hay dinero bueno.

-¿Y qué vamos a hacer ahora?

Primero renunciaste a tu cátedra,

después te expulsaron del hospital; ahora dejas la mina.

La gente no se atreve a venir a tu consulta por... miedo.

-Pero, Matilde, ¿acaso no compartes tú mis ideas?

-Sí, las comparto. Tú me las has enseñado.

Y si no fueras así, no te querría.

Pero tenemos un hijo, yo lo he sacrificado todo por él.

-Y yo he sacrificado tanto como tú por muchos hijos.

No somos los únicos que tienen un hijo.

También tienen hijos el campesino y el minero,

el labrador, el marino...

-No sé para qué discuto contigo.

-Las cosas deben cambiar,

pero no cambiarán por sí solas, ¡hay que luchar para que cambien!

La esclavitud desapareció porque se luchó por ello.

Y ahora debemos luchar para que la justicia se imponga.

-Basta, si sigues hablando,

me convencerás, lo sé, siempre ha pasado igual.

Ya me veo conspirando, repartiendo panfletos y citando a Diderot.

No, no me marees con palabras, Melchor, te lo ruego.

Deja que piense en mi hijo como madre

y no como esposa de un liberal.

¡Me haces gracia...!

Nuestra economía está cada día más resentida

y tú piensas en el hijo del labrador,

en el hijo del campesino; piensas en la justicia.

¡Eres tan poco práctico, querido...!

Y Juan Jacobo va serlo igual, si Dios no lo remedia.

Es un soñador, un idealista.

-También lo era yo cuando me conociste y te gustó.

-Y lo sigues siendo, a pesar de todo.

¿Por qué en vez de soñar no haces algo práctico,

aunque sólo sea una vez? Nadie te lo puede reprochar.

Has perdido tu fortuna y posición por defender una causa

que crees justa. -Es justa.

Y lo sabes tan bien como yo. -Deja,

déjame hablar, no quiero que me convenzas.

El abogado Meneses es liberal, habéis estado juntos en presidio.

Claro que él pudo pagarse una celda individual

y tú tuviste que comer carroña con ladrones y asesinos.

Anda, ve a verle, pídele que nos ayude.

Hazlo por Juan Jacobo.

Ya que no quieres hacerlo por mí. -Sabes que no sé pedir.

-Ni necesitarías hacerlo si tus amigos fuesen de verdad.

¿O crees que Paredes y el abogado Meneses no conocen esta situación?

Giral no tuvo que pedir para que tú le dieras.

¿Y ahora? Tiene hilanderías en Barcelona y se olvidó de ti.

Aunque eso sí, sigue siendo muy liberal, un gran liberal.

¿Qué hará con sus obreros, los invitará a comer a su mesa?

¡Liberales... son todos iguales, de palabra lo que quieras,

pero cuando hay que pasar a la acción...!

Mira, en cambio, a Curro Jiménez,

no habrá leído ni a Rousseau ni a Jovellanos,

pero atemoriza a los poderosos y ayuda a desvalidos.

-Sí. Curro Jiménez no es un simple bandolero.

A su manera, es un hombre extraordinario.

Pero, como tú dices, no ha leído a Rousseau y eso es lo malo.

-En eso sí estamos de acuerdo.

-Curro Jiménez y Rousseau,

el bandolero y el filósofo...

¡Parece mentira, Melchor, eres tan niño como él!

-¿Adónde vamos? -Al club inglés, a por Morrison.

Tú sígueme.

-Oh, good shot.

Murmullo en inglés.

(MURMURAN EN INGLÉS)

-Mr. Morrison. ¡Venga, míster!

Venga.

Por aquí, por favor.

-Tomasino, ¿cómo estás?

-Mr. Morrison, tengo algo muy importante que decirle.

-¿Ah, sí? -Me he enterado

de que unos bandoleros quieren secuestrarle.

-¿A mí? -Sí, a usted.

-¿Cuándo, dónde?

-Aquí, ahora.

-¡So! -Hasta mañana, Inés,

no te retrases como hoy y estudia bien la lección.

-No se preocupe, señora Amanda, y gracias.

-Adiós. ¡Iah!

-¿Qué haces tú aquí?

-Me he echado al monte.

(EXTRAÑADA) -¿Tú?

-Necesito hacer justicia.

Al pueblo no se le defiende sólo con palabras.

-Ya sabía que tarde o temprano harías una locura.

Son esos libros que lees los que están cambiando.

-No, esto no es ningún libro.

-Deja de hacer tonterías y dame el caballo de mi padre.

-Se lo devolveré cuando pueda.

Además, lo que hago no es ninguna tontería.

-Lo es, sabes que lo es.

Vuelve a tu casa, no me gustas así,

estás distinto. -Soy el mismo,

sólo que no quiero volver a casa.

Mi lugar está allí,

en la sierra.

-¿Y qué piensas hacer?

¿De qué vas a vivir,

del robo? ¿Te crees Curro Jiménez?

-Se necesita una idea que apoye la acción,

yo tengo esa idea.

(RÍE) De algo me sirven los libros que he leído.

-¿Alfred?

-He have been drinking... No? -No...

-Alfred, where are you?

-Alfred...

-God! John, come here...

-Si la compañía minera no respeta

todos los derechos de los mineros

y les dobla la paga,

Mr. Morrison morirá.

Curro Jiménez...

-Uf...

-Tomasino,

Tomasino...

Tomasino, te estoy hablando,

mírame.

(RÍE) No te voy a comer.

Tomasino, no sé por qué eres tan malo

con quien te quiere tanto.

Muchas veces quise hablar contigo

a solas, ahora lo estamos.

No hagas caso

a la locura de tu amigo y suéltame.

Tienes que conocerme mejor,

yo soy muy bueno

y me gusta la juventud.

Puedes pedirme lo que quieras,

ya te he dicho que...

Que a mi lado puedes tener

dinero y educación,

te convertiré en un verdadero gentleman.

Y además te llevaré a Londres y...

-¿Lo conoces?

-Es Mr. Morrison, el dueño de la mina de carbón,

lo he secuestrado. -¿Tú?

¿Sabes que ahora te buscarán, te perseguirán...?

¡Te pueden matar! ¿Por qué lo has hecho?

-Había que hacerlo para que sepan los poderosos

que no pueden actuar siempre en la impunidad.

Muchos mineros han muerto a causa de este hombre,

es un canalla que sólo piensa en sus beneficios aunque sea

a costa de vidas humanas. -Tienes que soltarle.

Hazlo antes de que sea demasiado tarde.

Él lo entenderá y no te hará nada.

¿Verdad? Dígale que no le hará usted daño,

que no le denunciará, que olvidará todo esto.

-Os lo juro.

-He tomado una decisión y no pienso volverme atrás.

Es un explotador, una alimaña que se alimenta de sangre humana.

Le he secuestrado para hacer justicia.

Si no cumplen mis condiciones le mataré.

-Estás loco. ¡Vete!

Vete ya, no quiero verte más.

-Adiós, Inés.

Pensé que me entenderías

pero eres igual que los demás.

-Parece que os habéis puesto todos de acuerdo

para opinar lo mismo.

-Por supuesto, sólo a ti se te ocurre

inculcarle esas teorías a un muchacho tan joven.

-Nunca se es demasiado joven para conocerlas.

-Ahí es donde te equivocas,

las ideas pueden ser peligrosas.

-Hablas como un militar.

-Soy un militar, aunque no ejerza.

Me expulsaron del ejército por defender las mismas ideas

que tú has inculcado a tu hijo.

-No hemos llamado al capitán

para discutir,

sino para que nos ayude

a buscar a Juan Jacobo.

Él conoce la sierra mejor que nadie,

tú mismo lo has dicho.

Por lo que más quiera, capitán, se lo suplico,

vaya a buscarle y tráigamelo sano.

Todo esto es un horrible malentendido,

Juan Jacobo no sabe lo que hace.

No es más que un niño que está jugando a los bandoleros,

incluso se ha llevado la escopeta de Melchor.

(RÍE) -Y ha saqueado la alacena...

Su primer delito.

-No hagas bromas con eso, por favor.

-Bueno... Calmaos...

Entiendo que los dos estéis tensos.

Yo haré lo que pueda.

De todas formas debo ir a la sierra.

Curro Jiménez ha secuestrado esta mañana a Mr. Morrison

y la compañía minera ha organizado una partida para liberarle.

Me han ofrecido 1500 reales por estar al mando de la operación.

Me desagrada toda esa gente pero...

necesito el dinero.

Aprovecharé la oportunidad para buscar a Juan Jacobo.

(RÍE)

Aunque sospecho que regresará por su cuenta.

El frío y las malas noches le harán volver.

-No lo conoces,

es demasiado orgulloso.

Campana.

-Como su padre.

-No quería decirlo

delante de tu mujer

pero no me gusta nada todo esto.

-¿De veras piensas perseguir a Curro Jiménez?

Ha sido uno de nuestros mejores aliados.

-Yo no persigo a nadie, me pagan por liberar

a un hombre a quien han secuestrado.

-A un cerdo.

-No me digas que estás a favor del secuestro.

-Bien sabes que no.

-Inés quiere hablar contigo.

-Dime.

-He venido para consulta médica...

En privado.

-Bien, pasa a mi despacho.

-Debo irme, Melchor.

Adiós, Matilde. -Gracias, capitán.

-Y no te preocupes, haré todo lo que esté en mi mano.

-Lo sé.

-Bueno...

Vamos a ver, ¿qué es lo que te pasa?

-No ha sido Curro Jiménez, doctor,

ha sido Juan Jacobo.

-Adiós, Inés.

Y ya sabes, no te alarmes, es algo que le ocurre

a todas las mujeres. -Gracias.

-Adiós, Inés.

-Yo también me voy.

-¿A dónde vas?

-A la sierra,

pero no te preocupes, sé muy bien lo que hago.

-¡Ramón! -Sí...

-Con esto bastará.

-¡En marcha!

Está bien, doctor,

usted vuelva a su casa y deje esto en mis manos.

-El capitán Medina es un hombre de honor

pero la gente que va con él es de la peor calaña.

Lo sé, déjelo de mi cuenta.

Vuelva con su esposa, en estos momentos me imagino

que lo necesita más que su hijo.

Ramón...

-¿Qué?

Acompaña al doctor a Córdoba y mantente alerta.

Vamos, doctor, no hay tiempo que perder.

Vosotros os encargareis de entretener

a los hombres de Fiol, tenemos que encontrar

a esos muchachos antes que ellos.

El capitán Medina conoce perfectamente la sierra

y eso es una ventaja para nosotros porque los envolverá.

Seguramente atravesarán la vaguada del Palomo,

esperadlos allí.

¿Vas a ir solo o quieres que te acompañe alguno de nosotros?

Iré solo, es mejor.

Trinar de los pájaros.

-¡Alto!

Fiol, usted con a mitad de los hombres batirá

los montes del este. Yo iré con los demás

por la parte del río, que es la más expuesta.

¡Adelante! Y cuidado con Curro y sus hombres.

-Vamos...

-No sé por qué nos hemos ido de la cueva, estábamos mejor allí.

-Una de las reglas del bandolerismo es

no quedarse mucho tiempo en el mismo lugar.

Cruzaremos el río, allí buscaremos un nuevo refugio.

-Si tú lo dices.

-Esto será largo,

nuestros enemigos son poderosos e implacables.

Relincho.

Curro Jiménez, supongo.

Tú, suelta a ese.

Olvídese de todo esto, Mr., si quier que yo me olvide de usted.

Para todos quien lo secuestró fui yo, ¿entendido?

Y lo he dejado libre para que cumpla las condiciones

que he dado a conocer.

Eh, Mr.,

recuerde mi advertencia.

Después de todo llevaba mi firma

aunque yo no sepa escribir tan bien.

¿Tú qué te has creído,

que puedes tomarte la justicia por tus manos?

Ya basta con uno.

Has usado mi nombre para un acto indigno,

Curro Jiménez nunca secuestró a nadie.

-Ese hombre es culpable de actos más indignos que un secuestro.

He utilizado su nombre para darle fuerza a mi acción...

Y porque lo admiro.

(RÍE)

Que hayas usado mi nombre no me importa nada.

Y con el tiempo te darás cuenta de que no merezco

la admiración de nadie.

-Mi padre es quien más le admira.

No, eso no es cierto,

tú nunca has entendido a tu padre.

Él y yo a veces hemos luchado por la misma causa

y él me lo reconoce, eso es todo.

Ahora marchaos, no puedo perder más tiempo con vosotros.

¡Largo!

No gastes pólvora, nos retiramos.

Ahora que los íbamos a tener a tiro...

Ya no sirve de nada esto.

Estudiante, ordena el alto al fuego.

¡A los caballos! ¡Vámonos!

-Parece que se han ido. No entiendo nada...

-Si se han ido algún motivo tendrán,

supongo yo, porque de haberlo querido podrían haber hecho

una masacre entre nosotros. ¡Vámonos de aquí! ¡Iah!

-No pienso volver a casa. No hay demasiados ingleses

sueltos por Andalucía

y demasiados españoles que parecen ingleses.

-¿Y qué vas a hacer?

-Volver al club inglés,

seguramente allí encontraremos a Mr. Bodwin, el dueño del saladero.

-Eso no le va a gustar a Curro.

-Le demostraré que no soy ningún niño.

(ARREA AL CABALLO)

Es Fiol...

Medina sabe lo que se hace, no es fácil quitárnoslo de encima.

No nos buscan a nosotros, sino a ese inglés.

Cuando sepan que está libre se marcharán.

Pudimos hacer que se fueran hace rato.

No quiero derramamiento de sangre porque sí.

Disparo.

¡Dios...!

Ese muchacho idiota de nuevo.

Encárgate de protegerle,

yo tengo otra cosa que hacer.

¿Qué es lo que está ocurriendo?

Te enterarás enseguida. ¡Vamos, seguidme!

-¿Cómo se encuentra? -La herida no parece importante.

Nos han sorprendido, pero lo más extraño es

que han hecho un solo disparo.

¡Alto, Mr. Morrison!

Lo siento, pero debe regresar conmigo.

Ahora ya no mentirá cuando diga

que Curro Jiménez lo ha secuestrado.

¡Andando!

Disparo. ¡Esconderos!

Disparo.

So...

Agáchate.

Disparo.

-Haré que le lleven a Córdoba para que le vea un médico.

-No me iré hasta que esto termine, somos más que esos bandoleros.

-Curro Jiménez ha derrotado a partidas más numerosas

que la nuestra.

Disparos. En este terreno es

muy difícil vencerle.

-¡A ese no! ¿Pero qué dices?

-Por favor... Estamos aquí por tu culpa

y ahora vas a decir a quien tenemos que disparar.

Disparo.

Baja la cabeza si quieres seguir pensando.

¡Que te la van a volar,

Disparo. agáchate!

-¡Juan Jacobo!

Disparo. ¡Agáchate te he dicho!

Disparo.

Disparo.

Disparo. -Cerdos...

Creíais que era una broma, ¿eh?

-Qué canallas, me han herido...

¿Por qué no le dices al capitán Medina que no dispare

Disparo. contra tus amigos?

¡Quietos!

Avisaré al Estudiante para que te vea la herida.

Disparo. ¡Malospelos, cúbreme!

(SE QUEJA) -Ay...

Disparo.

¡Capitán Medina!

-Que nadie dispare.

Ha venido en busca de este hombre, ¿verdad?

¡Algarrobo!

No quiero que se canse más, capitán,

Mr. Morrison y yo hemos llegado a un acuerdo.

Se ha mostrado comprensivo y humanitario...

Las personas cambian.

Puede llevárselo,

pero primero ordene a sus hombres que se retiren.

-¡Montad y retiraos!

Yo os seguiré con Mr. Morrison.

Aquel es Juan Jacobo.

-Se equivoca, capitán.

Yo... Yo no veo a nadie.

-Sí, me he equivocado,

habrá sido una alucinación seguramente.

¿Cómo está?

Mal.

Eso es lo que has conseguido.

Si tu amigo muere

no te liberarás de tu culpa...

Y pesa mucho una muerte sobre la conciencia,

sé lo que te digo.

Necesita que lo vea un médico cuanto antes.

Hay que avisar a tu padre.

Llevaremos al herido a casa de Antonio Menéndez,

donde robaste esos caballos...

Allí empezaste esta locura

y allí la terminarás.

Vamos.

Gitano, ve a decirle a Ramón que vaya con el médico

a casa de Antonio Menéndez.

¿Qué has querido demostrar con esto?

-Una idea.

No...

Una idea no,

lo que has demostrado es estupidez.

-Quise responder a la violencia con violencia.

La violencia nunca es buena

y sólo la emplean los canallas y los desesperados.

Quisiste probar que eras un hombre y sólo has probado

que eres un chiquillo necio.

No te entiendo...

Eres hijo de un médico que además es un gran hombre,

que ha dedicado su vida a salvar vidas

y tú quisiste dedicar la tuya a destruirlas.

-¿Y tú? ¿Acaso nunca has matado?

¿Y crees que me siento orgulloso de ello, de ser lo que soy?

Ya te lo he dicho, los muertos no te sueltan más

y se te pudren por dentro.

Tuve que echarme al monte porque me obligaron.

Yo soy hijo de un pobre barquero, jamás he tenido estudios,

yo no pude elegir.

-Yo quise imitar a un héroe.

No pensaba que pudieses sufrir

como los demás y arrepentirte.

Soy un hombre como cualquier otro,

tal vez menos hombre que muchos otros.

Si quieres imitar a alguien el mejor ejemplo no lo tienes

en la sierra, sino en tu casa.

-¿Lo dices por mi padre?

No hay nadie en el mundo a quien yo quiera tanto...

Pero es hombre débil, indefenso, al que siempre han derrotado.

No, a tu padre no le ha vencido nunca nadie,

pienses lo que pienses.

En cambio a mí...

A las armas las maneja el miedo.

-Bájenlo con cuidado.

Eso es, vengan por aquí.

Arriba, súbalo arriba.

-¿Qué te ocurre?

-Por mi culpa han herido a Tomasín.

-Sanará.

Es joven y fuerte.

pero pudo haber muerto.

No sólo él sanará.

-Gracias por todo,

no sé cómo voy a pagarle.

Ya me lo ha pagado, doctor, la gente de esta comarca

le debe a usted demasiado y yo soy sólo uno más.

Es muy guapa,

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Curro Jiménez - La mejor lección

24 ago 2016

Un joven de ideas liberales, decide imitar a Curro Jiménez para implantar la justicia. Por este motivo secuestra al dueño de una mina que explota cruelmente a los mineros.

Histórico de emisiones:
27/08/2012
20/08/2013

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  1. Jabier

    La mejor serie que se ha echo en Televisión, una pena que este descatalogada y ahora no se pueda comprar. Ojala la vuelvan hacer y se pueda comprar. De momento solo nos queda verla en televisión o en internet. Una pena.

    13 sep 2018