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No recomendado para menores de 7 años Curro Jiménez - La media luna - ver ahora
Transcripción completa

puedo ser tu mujer por un instante, como dijiste aquella vez.

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Gritos. -¡Me lo cosieron a puñaladas!

Y además, mira...

¡Mira lo que le han hecho a mi Juan en la sien!

Llanto. ¡Mira!

Eso es cosa de brujería.

¿Se sabe quién ha sido?

¿No tiene tu hermana ninguna sospecha?

Dice que Juan se había metido últimamente

en cosas de contrabando y que andaba asustado.

Llanto. Pero no sabe para quién trabajaba.

Bufido.

(BUFA)

Trino de los pájaros.

Relincho.

-¡Curro!

¡Curro!

Desmonta.

-¿Quién, yo?

Sí, tú.

Dale la vuelta.

-Una media luna. Como a tu cuñado Juan Morena.

¡Espera!

No le han robado ni siquiera el caballo.

Quítale lo que lleva encima. -¿Qué?

Vamos, regístralo.

El reloj...

El anillo también, tonto. Tiene razón el muchacho,

no os burléis.

Ellos los matan y nosotros los despojamos.

-¿No somos buitres? No, somos bandoleros.

¡Aquí vamos a acabar todos seminaristas o qué!

Gitano, coge el caballo.

Seguiremos buscando,

ahora sabemos que estamos sobre la pista.

Disparo.

-Se había roto una pata.

¿Vas lejos? -Sí, creo que sí.

Ven con nosotros.

-¿Qué haces?

Es la letra con que empieza mi nombre...

Me llamo Carlos.

Relinchos.

-Oye, os sobra un caballo,

¿me lo puedes vender?

No es mío.

Trabajamos todos en un cortijo, yo soy el mayoral.

Lo siento...

Pero no te preocupes, al amanecer te acompañaremos

al pueblo al próximo y allí podrás comprar uno.

-Es muy difícil encontrar un caballo.

Comprarás un mulo.

Y ahora a dormir.

Tú, Algarrobo, a hacer la primera guardia.

(CANSADO) ¿A mí? Siempre me toca a mí primero.

Venga, muévete, ya lo has oído, venga.

¿Quieres vino? -Qué centinela tenemos, ¿eh?

Vaya nochecita. Qué gracioso.

Risas.

Bufido.

¿Qué haces aquí? -El frío no me deja dormir.

Pues a mí me ha dado sueño.

¿Quieres mi manta? -Sí.

Gracias.

Oye, ¿cómo puedo conseguir un caballo como el que os sobra?

No sé. -Vuestro señor debe ser muy rico.

Mucho.

-¿Cuánto puede costar un caballo como ese?

No creo que tengas suficiente dinero para comprarlo.

-Ya pero, ¿cuánto?

Mucho.

¿Dónde está la chica? Se marchó.

¿Y el caballo? Se lo he vendido yo.

¿Qué dices? ¿No querías que lo vendiésemos?

Me ha dado 600 reales.

Estudiante, vámonos. Como no le demos caza, te mato.

¿Quién nos iba a dar mejor precio por él?

-Has querido hacerte

y te ha salido el tiro por la culata.

¿Por qué no te vuelves al seminario?

¡Bájate del caballo!

-¿Qué queréis?

¡Que te bajes te he dicho! -Es mío, lo he pagado.

¿Dónde está el otro, el gordo?

¡El que me sacó el dinero!

Toma. No te lo venderíamos

ni por todo del oro del mundo.

¿Por qué tienes tanta prisa si no sabes adónde vas?

-¿Qué voy a conseguir si te lo digo, un caballo?

Haz la prueba, no pierdes nada con eso.

-Voy tras un forastero que pasó por mi pueblo

y se fue sin cumplir su palabra.

Llevo la pistola para obligarlo, el tiempo corre,

¿comprendes? Por eso necesito el caballo.

Vamos.

-¿No me lo vas a vender?

(SUSURRA) Maldito.

Había dos hombres más. ¿Por dónde se fueron?

-Si me prestas tu caballo, te lo diré.

Ya.

Es inútil, vete con los otros y tranquilízalos,

yo volveré al atardecer.

Menos mal que no te quité la pistola.

-¿Por qué lo hiciste?

Puede haberte matado por la espalda cuando te marchabas.

Sé distinguir a un asesino de un embustero.

Tú no estás preñada ni persigues a un amante infiel.

(RÍE) -Ni tú eres tal mayoral ni te llamas Carlos...

sino Curro.

Curro Jiménez.

Tengo a mi hermano preso hace dos años

por un crimen que no cometió.

Un molinero de un pueblo vecino apareció muerto

de un tiro una mañana.

Le habían dibujado en la sien una media luna.

¿Por qué culparon a tu hermano?

-Era la amante de la mujer del molinero,

él nunca la hubiera matado.

La mujer es... guapísima, un animal de pura raza,

se llama Felicidad

y no nos trajo buena fortuna.

¿Estás segura de que no fue tu hermano?

-Segura. Se había enamorado locamente de ella

pero jamás hubiera matado a su marido.

Sí, estoy segura.

Yo estuve con él todo ese día y toda esa noche...

Y así lo declaré ante el juez.

Pero le condenaron lo mismo.

Y esa mujer, Felicidad...

¿no atestiguó en su favor?

-No. Lo abandonó.

Nunca más supimos de ella.

¿Tú crees que ella mató al molinero?

-Yo creo que fue el que le dibujó esa media luna en la sien.

Eso es una pista, ¿no?

Llevo dos años recorriendo los caminos buscando esa pista,

al fin creo que la he encontrado en esta comarca.

Un niño y un gitano...

Tú debes saberlo.

Ayer dibujaste una media luna en la tierra.

Casualidad.

Tienes la blusa mojada, toma, ponte mi manta.

¿Hasta cuándo seguirás mintiendo?

-¿Cómo? Ese que intentas liberar

de la cárcel no es tu hermano,

es tu hombre.

-¿Por qué estás tan seguro?

Primero, porque no consigues disimular tu odio hacia esa mujer,

Felicidad,

y segundo; porque cuando beso a una mujer sé si me pertenece,

aunque sea por un instante,

y tú eres de otro hombre.

-Oh... ¿No vas a ayudarme?

¿No vas a decirme quién es el asesino que mata

y marca a su víctimas con una media luna en la sien?

También a mí me gustaría saberlo.

Deberías volverte a tu casa, no encontrarás a ese hombre

y, si lo encuentras, lo más probable es

que te mate él a ti y no tú a él. -Yo no quiero matarlo,

sino conseguir su confesión. Tengo que hacerlo por Marcos.

¿Tu hombre se llama Marcos? -Tú dices que es mi hombre

y yo te digo que es mi hermano.

Pero qué más da qué sea,

lo mismo se está pudriendo en un calabozo.

Te dejo el caballo.

Y el dinero.

Vas a necesitarlo.

Suerte. -Adiós.

-¿Has controlado el desembarco? -Sí, todo en orden,

después del susto que les dimos la última vez

se cuidan muy bien de cumplir.

-El tabaco a Sevilla hoy mismo.

¿Hay más noticias? -Una carta de La Habana.

Las mujeres han llegado bien, salvo una que enfermó y murió

durante la travesía.

Otra quiso crear problemas pero se habló

con el jefe de policía y todo quedó solucionado.

-Escribe a Pacheco y que le haga un buen regalo

aparte de la mensualidad.

¿Cómo vamos de material? -Tenemos seis muchachas

en la finca de Algeciras. -¿Andáis un poco lentos, no?

-Después de la denuncia del cura de Santa María,

hemos tenido que andar con pies de plomo.

-Si vuelve a molestarnos,

habrá que hacerle cambiar de parroquia.

¿Algo más, Villegas? -Sí, han vuelto los hombres.

-Que pasen.

-¡Subid!

-Falta uno.

¿Dónde está Vélez?

-Tuvimos una baja.

Alfonso Vélez fue alcanzado por un disparo.

Esperaremos para recoger su cadáver.

-No me interesa su cadáver.

¿Qué pasó con Vélez?

-¿Te informo yo? -¿Qué pasó, Villegas?

-Ricardo de Zúñiga, de acuerdo con las órdenes

que me diste, fue ultimado no se le despojó de su caballo,

ni de su dinero ni de sus otras pertenencias.

-¿Tuvo tiempo antes de matar a Vélez?

-No. Lo mataron antes de que se dieran cuenta

de que lo perseguían. -¿Quién lo mató?

-Parece que una mujer. -¿Qué dices?

-De la banda de Curro Jiménez, en el momento en que Vélez

disparaba contra Curro.

-¿Con éxito?

¿Con éxito?

¡Atajo de inútiles!

¡Todos!

¡Vélez también! No sabéis cumplir una sola

de mis órdenes. -Zúñiga ha muerto.

-Zúñiga no era más que un estorbo enojoso,

Curro Jiménez es un enemigo, está batiendo toda la comarca

desde la muerte de aquel gitano. Tengo que adelantarle.

Tengo que matarle antes de...

¡Imbéciles!

-Hemos capturado a Simón, el labriego.

-Tráemelo.

Del Cortijo de la Media Luna no se marcha nadie

por su propia voluntad. ¿No lo sabías, estúpido?

Pues para que no lo olvides nunca...

¡Márcalo!

-Sujétalo fuerte.

(GRITA) -¡Aaaaah!

(SE QUEJA)

-Oiga,

me han dado una dirección muy vaga,

quizás usted pueda ayudarme.

¿No me puede decir nada?

-No, no.

-¿Es una broma? Ni se moleste en preguntar.

(ARREA AL CABALLO)

Canto del gallo.

-¿Qué busca?

-Soy forastera y no conozco la comarca,

estoy buscando a un amigo pero olvidé su nombre.

¿Le dice algo esto?

-No sé leer. -No importa.

-¡Váyase!

No queremos saber nada con desconocidos.

¡Váyase o mi hijo la echará a patadas!

-Vamos, chico.

-¿Qué querías, que te viera esa mujer?

¡¿Eso querías?! -No quería nada, madre.

-Esa debe ser una soplona.

¡Yo soy una buena madre,

nadie tiene que meter la nariz en mis cosas!

Como el cura de Santa María.

¡Yo sólo he procurado tu bien! -Sí, madre.

(IRÓNICA) -Sí, madre. Sí, madre.

¡Mosquita muerta! Me doy la espalda

y dices a todo el mundo que te he vendido.

-La verdad.

-Ingrata... ¡Puedes quejarte de la vida

que llevas mientras que tu hermano y yo...!

-Si estoy aquí es por el ama, ella se encariñó conmigo

y no dejó que me embarcara.

Ella dejó que me escapara de allí

y ahora usted me ha vendido por segunda vez.

-¡Gracias a Dios que hoy nos veremos libres de ti!

-Quédese tranquila para siempre.

Las 40... ¿Cómo que las 40?

Si has matado con el rey de... Sí, las 40...

¡No pueden ser las 40...! Siempre quieres ganar tú.

¿Y ese qué querrá? Toma,

quítate ese disfraz y ponte eso.

¿Lo mandas de vuelta al seminario?

Eso es lo que vosotros queríais, ¿no?

Te toca a ti.

Dame vino. -Pensé que me daríais

alguna oportunidad, hasta ahora sólo me lleváis

con vosotros como un paquete, es como si me suspenden

en Teología si haberme presentado al examen.

Ya sé que todavía me impresiona la sangre pero los cirujanos

siempre se desmayan el primer día, ¿no?

¡Calla! Este siempre tiene argumentos.

Alguna razón tiene.

¿Tú que sentiste la primera vez que viste sangre?

Hace mucho tiempo, no me acuerdo.

¿En qué quedamos? ¿Lo queréis en la banda o no?

Creo que debemos darle una oportunidad.

No puedo ver a ese tío con esa pinta de mal agüero,

me pone nervioso. (RÍE)

Eres demasiado duro con él.

Esto vas a necesitarlo. -¿Para qué?

Ven. -¿Para matar al prior?

Vamos, juega.

Ahí estamos discutiendo si sirves para bandolero...

Pero yo estoy seguro de que para lo que sirves

es como espía; sobre todo con ese hábito

que nunca te ha impedido ser un truhán.

Ven.

-Muy sabrosa la tortilla, ventero, y el vino.

No lo he bebido mejor en toda la comarca.

Pero, dígame, ¿le dice algo esto?

-Me está usted ensuciando la mesa, señora.

-Una habitación y un refrigerio, por el amor de Dios.

-Sí, padre, ahora mismo.

-¿Tiene usted algo de miel para el queso?

-Ya le he dicho, señora, que no hay miel en esta comarca.

-Dile a Curro Jiménez que no me gusta sentirme vigilada.

-¡Chis!

-¿Qué miras?

-La puerta.

-No te interesa la puerta.

-El ama me regaló esta medalla,

¿puedo ir a que me la bendiga el cura? ¿Puedo?

-Ve.

-Padre... -¿Ah?

-¿Puede bendecirme...?

¿Puede bendecirme la medalla?

-¿Me la puede bendecir, padre? -Sí, hija, sí.

(MAREADA) -¡Ah!

-¿Qué te pasa? ¿Estás pálida? -No sé, me ha dado un mareo.

-¡Muchacha, ven aquí!

Deja cenar en paz al cura.

-Gracias, padre, gracias.

-Vaya un galán que te has echado.

Anda, vete a dormir, mañana saldremos pronto.

Yo voy a echar otro trago.

-¿Quién es?

¿Quién está ahí? -Soy yo, padre.

(SUSURRA) -¿Quién?

Perdóneme por interrumpirle el sueño.

-No, hija, no. Si no dormía... Ven, ven.

-Quiero enseñarle algo. -No, no me lo digas...

¿La medalla? -No... esto.

-¿Quién te ha hecho eso? -Mis padres me vendieron

a un hombre que comercia con muchachas.

-¿Quién es? -Le llaman el Amo,

también el Caballero de la Media Luna.

(SILBA)

-Bueno... -¿Le ha impresionado?

-Sí, sí, hija, sí, mucho.

-El ama es muy buena conmigo, pobrecilla,

ella también es una esclava y no se atreve a escapar de allí.

Yo sí. Yo me escapé pero ahora me llevan de vuelta,

aunque me han perdonado la vida,

por ella. -¿Por qué has venido a contármelo?

-Porque esa... chica que habló con usted abajo anda buscando

la Casa de la Media Luna

y yo puedo indicársela. -¿Y por qué has venido

a contármelo a mí y no a ella?

-Usted es un sacerdote

y un sacerdote siempre inspira más confianza.

(ASIENTE) -No tienen más que seguirnos.

El hombre que viaja conmigo trabaja para el amo y...

no sospechará de un cura y de una mujer.

Padre, tiene que ayudarme a salir de allí.

-Te lo prometo, sí, te seguiré. Puedes estar segura.

-¿Puede echarme la bendición?

-Bueno, anda, vete, vete...

-¡Ah! -Llevas mi bendición, créelo.

Trino de los pájaros.

Bufido.

-¡Es ella! -Con el ama seguramente.

-Solo he reconocido al ama. -¿Qué?

-Que solo he reconocido al ama.

-Vamos.

Balidos.

Bullicio.

-Mira. -¿Es ella?

-Ajá.

-Pues no te ha reconocido. -No.

Nunca me vio, vivíamos en pueblos distintos.

Pero yo sí la vi a ella, dos veces.

La primera fui a esperarla al molino.

Y la otra la vi con Marcos paseando por el río

pero ellos no me vieron.

Nadie puede olvidarse de un rostro así.

¿Estás seguro de que esa muchacha te dijo que también ella

es una víctima? -Sí...

-Quiero hablar con ella.

Murmullo.

-El ama quiere confesarse, de aquí iremos a la iglesia.

-Vamos a la iglesia. -Bien.

-¿Podrías ocuparte de la iglesia? -Usted, tranquilo.

-¿Sí, tranquilo? Sí, con el alcalde in extremis.

-Esta mano... -Vaya contratiempo.

-Y ahora la... otra.

(SUSPIRA) -Oye, todavía no te he preguntado quién eres.

-Luego se lo diré, ahora no importa.

Ante todo, la salvación del alcalde, ¿vale?

-Sí, la salvación del señor alcalde.

-Bueno...

Eso es, muy bien.

-Libros, muy bien... ¡Qué contrariedad,

ahora que tenía que confesar! -Muy bien...

-¡Pero, oiga...! No me...

(SUSURRA) -Ave María Purísima. -Sin pecado concebido.

-Padre... -Dime, ¿de qué pecados te culpas?

-¿No es don Antón? -No, no, lo he sustituido

por unos días, se ha enfermado.

Un síncope.

-Pobrecillo.

No me será fácil empezar de nuevo...

Don Antón ya conoce mis pecados y...

-¿Son siempre los mismos? -Los mismos...

Y antiguos.

Causé la muerte de un hombre y destruí la vida de otro,

me he arrepentido pero... -Pero no hiciste lo que estuvo

en tu mano para defender a un inocente.

Un hombre sufre cárcel injustamente y tú, por cobardía,

te has callado. -¿Cómo lo sabe usted?

¿Acaso don Antón...? -No, pobre don Antón...

Sé que te llamas Felicidad, que tu vida es muy triste...

Estás asustada y yo quiero ayudarte.

¡Espera!

Antes de volver a tu cárcel, deberías hablar con aquella mujer,

está allí arrodillada, bajo el púlpito.

-¿Y quién es esa mujer?

-Ella te lo dirá.

Esa es tu penitencia.

Síguela, hablaréis en la sacristía, vamos, vamos.

Queremos salvarte de esa media luna que te estrangula el cuello.

Soy yo quien debería confesarse contigo.

No soy cura, a pesar de las apariencias.

-Bueno, me gustas.

¡Eh!

-De que te gusto me di cuenta la otra noche

y me alegro de que no seas cura.

-¡Chis!

¡Chis! -¡Chis!

(RÍE)

-Cómo debes odiarme.

-Te he odiado con toda el alma

hasta que te he visto en el mercado.

No eres la mujer que siempre imaginé.

Tú sabes que Marcos no mató a tu marido.

-Lo sé, conozco al hombre que le mató.

Y vivo con el que le mandó matar.

-¿Cómo has podido?

-Estaba presente cuando le marcaron...

En el mismo momento me marcaron a mí...

A mí me dejaron viva.

Si es que a esto se le puede llamar vida.

He vivido secuestrada, vigilada,

hasta que mi completa sumisión ha convencido a mi amo.

¡Porque es mi amo! ¿Comprendes?

Le ha convencido de que estoy resignada a ser su esclava.

De que no haré nada contra él.

Y así es... No haré nada.

¡Te lo advierto! -Y yo te advierto

que, aunque tenga que arriesgar tu vida y la mía,

voy a desenmascarar a ese asesino.

Voy a salvar a Marcos.

-Tú no conoces a mi amo. -No le llames "mi amo".

Tú amabas a Marcos y Marcos vive. -Pero yo no...

-Ven aquí.

(RÍEN) -¡Calla!

¡Ven! (RÍEN)

-¡No te escapes!

(RÍEN)

-Anda, bésame.

-Cuando no lleves esa sotana, así me impresionas.

-Cierra los ojos.

Relincho.

-Es el secretario del amo, el cochero debe haberle avisado.

-¡Demonios!

-¿Es la mujer de la venta? -Sí.

-¿La que mató a Vélez? -Sí.

-Lleváosla.

-No me toques o haré que te castiguen.

No sé quién es esa mujer.

-Andando, hay que encontrar al curita.

-¡Vámonos! -¡Se marchan!

-Gracias a Dios.

-¡Adelante!

Arreos.

-Vamos.

(RÍEN)

-Ven.

Vamos.

Ahora ya hemos localizado al asesino.

Gracias a ti. -El que mató al cuñado de Gitano,

y al niño de Grazalema

y al que intentó matarte a ti también.

¿Cómo lo has descubierto?

Tú te quedas aquí y tú con ella.

En marcha.

Oye, el curita tiene que venir, es el único que conoce el camino.

-No lo niegues más, ha estado haciendo

demasiadas preguntas indiscretas por las cercanías.

Has seguido a esa chica desde la venta...

Has enviado a ese curita a merodear...

Has hablado con una persona que vive en esta casa...

Y te han reconocido como la mujer que mató

a uno de los nuestros...

¿Sigues negando que te manda Curro Jiménez?

¿Qué hacemos con ella? Podríamos mandarla con las otras

a la finca de Algeciras. -No, nos traería problemas.

-Entonces, ¿qué?

-Pon el hierro al fuego, la marcaremos.

-¡Ah!

No hay más que un guardián. Solo uno basta para alertar

a los demás. Somos cinco, ¿no?

Temo que le pase algo a la muchacha si nos acercamos

a la descubierta. -¡Tengo una idea!

¿Otra? -Sí.

-Curita... -La carta para tu amo.

-A ver...

-¡Toma! -¡Ah!

(GRITA) -¡Ah!

(GRITA) -¡Ah!

-Vete.

¿No querrás que pida ayuda?

Preferirás que esto lo hagamos sin testigos.

-Soy la mujer de Curro Jiménez...

Nunca te perdonará lo que hagas conmigo.

-No le temo.

Te convencerás cuando tengas la media luna en la sien.

¡Haz la prueba!

(GIME)

Cuando no comercias con las mujeres...

te escondes detrás de ellas.

-¡Ah!

(SE QUEJA) Ah...

¡Oh!

-Deprisa, desátame.

(RESPIRA ACELERADO)

¿La has convencido?

-Ha consentido en prestar declaración a favor de Marcos.

Con eso y estas pruebas conseguiré su libertad.

¿Y qué hará él?

-Ella dice que una mujer marcada

no puede volver a vivir con el hombre que amó.

Pero, bueno, a fin de cuentas, eso lo tiene que decidir Marcos.

Le dije a ese hombre que era tu mujer.

Te oí...

Siempre mintiendo.

-De ti depende que sea una mentira o no;

puedo ser tu mujer por un instante, como dijiste aquella vez.

Ya...

Después de todo lo que has hecho por él, tienes miedo

de que te deje por otra y quieres consolarte conmigo.

-Tú insistes en creer que Marcos es mi hombre

y yo siempre te he dicho que era mi hermano...

Nunca me crees.

De todos modos luego me marcharé, no volverás a verme.

¿Ah, no?

¿Y quién te ha dicho que yo querré volver a verte?

¿Adónde va?

A decirle a los suyos que los ha vengado.

Quedaros tranquilos, deja la banda.

Me ha dicho que quiere casarse y estudiar leyes.

Qué lástima, ahora que ya se había cargado a un centinela.

Curro Jiménez - La media luna

23 ago 2016

Un cuñado de El Gitano es asesinado misteriosamente y le graban media luna en la sien. Otras víctimas aparecen también con la misma marca. Curro encuentra a una joven que también está tras los pasos del hombre de la Media Luna.

Histórico de emisiones:
20/08/2006

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