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Curro Jiménez - El barquero de Cantillana - ver ahora
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

¡Curro!

¡Curro! ¿Qué pasa?

Echa un trago.

No soy una compañía muy alegre esta noche.

Estamos todos muy cansados.

No tenemos una vida fácil, ¿verdad?

Las hay peores.

Tenemos caballos, armas, dinero...

A veces.

Y las mujeres que queremos. No todas, fanfarrón.

Bueno, las suficientes. (RÍE)

Hay vidas peores, Curro. Sí,

los esclavos viven peor,

los miserables

y los que por cobardía aguantan todas las injusticias del mundo.

Pero rebelarse contra esa injusticia

también se paga muy caro.

¿Sabéis que pueblo es ese al que no hemos podido entrar?

Claro que lo sabemos.

Cantillana, tu pueblo.

Era mi pueblo.

Ahora es el único de Andalucía al que no puedo volver.

Es una infamia.

El mundo está hecho así.

Pues está mal hecho.

Eso mismo dije yo hace unos años

y no quise resignarme.

Si no había justicia yo me la tomaría

por mis propias manos.

Lo hice, y ya ves,

al fin el condenado soy yo,

no puedo volver.

Mi casa es una trampa que se cerraría sola.

Nunca nos has contado esa historia.

Bien sabéis que no me gusta hablar de mí,

pero os contaré la historia de un amigo

que también vivía en Cantillana.

Era de origen humilde, como yo.

Estoy seguro de que se parecía mucho a ti.

No mucho.

Era un muchacho bueno y honrado.

Su padre

era el barquero del pueblo.

Vivían en una gran casa

porque su madre era el ama de llaves de unos señores

que siempre estaban fuera, en Sevilla o en Madrid.

Un día el padre enfermó,

y este amigo

se hizo cargo de la barca.

Bullicio.

Risas.

-Hola.

-Hola...

Coge una, no te de vergüenza, hombre...

(RÍE)

-¿Qué miras, Curro? Se va a dar cuenta su padre.

Tú calla y come.

-¿Qué hay?

-Hola, Curro. ¿Qué tal, señor?

-Bien, gracias.

-Hola, Curro.

Hola, Luisa.

-¿Cómo está tu padre?

Mal, desgraciadamente sigue igual.

Vamos, Antonio, pasa, vamos... Vamos...

Eh...

Vamos, abuela...

(RÍE)

Ande, búsquelo en casa y me lo da otro día.

(RÍE) -Muchas gracias.

(TODOS) Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Llanto. -Dios te salve, María,

llena eres de gracia, el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es

el fruto de tu vientre, Jesús. -Santa María, madre de Dios,

ruega por nosotros... -Ahora y en la hora

de nuestra muerte. Amén. (LLORA) Ay, pobre mío...

-Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto

de tu vientre, Jesús. -Santa María, madre de Dios,

ruega por nosotros...

Tiene que descansar, madre.

-Dios te salve, María, llena eres de gracia...

(LLORA) -El Señor es contigo,

bendita tú eres entre todas y bendito es el fruto

de tu vientre, Jesús. -Santa María, madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora

de nuestra muerte. Amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracias, bendita tú eres

entre todas las mujeres y bendito es el fruto

de tu vientre, Jesús...

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

-¿Puedo hacer algo por vosotros?

Dímelo, no tengas reparos conmigo,

yo también tuve momentos difíciles.

Tu padre me ayudó siempre.

Gracias, padrino,

creo que podremos salir adelante.

Ladridos.

-Ella se defendió a golpes y a puntapiés.

-¿Y tú qué hiciste?

¿Cómo acabó?

(RÍE) -Como siempre,

rodando por el piso.

Quería gritar pero jadeaba.

Yo cubría su boca con la mía,

me mordió y...

(RÍE) Buag...

Te excitas demasiado.

(RÍE)

-Tal para cual,

carne y uña.

Apuesto a que sé cuál de los dos

es la carne y cuál la uña.

-¿Qué vienes a pedir, mochuelo?

-Primero tomaré un trago,

luego tenéis que hacerme un favor, quiero que hagáis algo por mí

esta misma noche.

-No tires mucho de la soga,

podría romperse.

-No vuelvas a hablarme así,

me duele.

¿Qué amigo más leal que yo?

¿Quién más servicial cuando os hago falta

o más callado

cuando hay cosas que callar?

Se ha muerto al fin Antonio Jiménez.

Quiero la barca.

-Está haciendo el servicio su hijo. -Lo ha hecho hasta hoy,

quiero que se me traspase el arrendamiento.

-Pides un imposible.

-¿Qué hay de imposible para el hijo de don Gregorio Huertas?

(RÍE)

-Tú te encargarás de convencer a tu padre para que interceda,

a vosotros os toca hablar por mí

y a mí callar por vosotros.

-No se gana mucho haciendo de barquero.

-Un tonto como tú no, Curro Jiménez tampoco.

Pero yo sé de qué género cargar la barca durante la noche.

-¿Mujeres?

-¿Por qué no?

Y cosas que no habéis visto nunca en este pueblo.

Si tu primo no cumple su promesa te encargarás tú

de convencer a tu tío

o haré que se recuerde aquella historia

de la niña desaparecida. -Calla.

-Promételo.

¿En qué piensa este?

-En que tus planes coinciden con los míos,

ese Curro Jiménez me fastidia.

-A un señorito como tú, ¿qué puede hacerle un pobre diablo?

-¡Pues me fastidia!

Me gustaría que se quedara sin la barca.

Me gustaría que se tuviese que marchar del pueblo.

-Los dos se han fijado en la misma muchacha.

-No te metas en esto, mochuelo.

-Y ella lo prefiere a ti,

es increíble.

(RÍE) Algo tendrá que tú no tienes.

Pero volvamos al asunto que me interesa:

la barca,

mi barca desde mañana, ¿verdad?

Pondrás la barca a mi nombre.

Campanadas.

Bullicio.

Relincho.

Campanadas.

Risas.

-Vaya, nunca se te ve sola como no sea acudiendo a misa.

-Prefiero seguir sola.

-Oh... ¿Ese es tu amor al prójimo?

Quisiera hacerte una confidencia.

-No quiero oírla.

-Déjala, no pierdas el tiempo.

-Tu primo te da un buen consejo.

-A mí no me sirve,

soy muy testarudo cuando quiero algo

y a los que se interponen

en mi camino los aparto.

-En eso somos iguales.

(LOS NIÑOS RÍEN)

Perdonen ustedes, cargo esos bultos y salimos.

-Lo siento, Curro, no puedes utilizar la barca.

¿Qué pasa? -Orden del ayuntamiento.

¿Qué dices? No lo entiendo.

¿Y qué hago con esta gente?

-Tendrás primero que hablar con el alguacil.

-Te lo explicaré otra vez.

El contrato ha quedado sin efecto al morir tu padre.

Si la barca no ha dejado de prestar servicio ni un solo día...

-Eso es otra cuestión, mira tú mismo el contrato.

No me enrede usted con papeles.

-El ayuntamiento tiene que atenerse a ellos.

Aquí lo dice muy claramente, a los efectos legales es

como si tu padre hubiera hecho abandono de sus obligaciones.

Repita usted esto, señor alguacil.

-Comprendo tus sentimientos.

Tu padre era un hombre honrado y trabajador,

nadie lo pone en duda,

y tú has cumplido el trabajo a conciencia,

nunca ha habido una queja, pero la ley es la ley,

yo no puedo contradecirla.

¿Qué ley es esa que a mí me quita el trabajo y a mi madre el pan?

-La misma que, con todos sus defectos, te da la oportunidad

de recuperar la barca. ¿Recuperarla, cómo?

-El ayuntamiento sacará a subasta dentro de pocos días

la concesión del servicio, podrás concurrir a ella

como cualquier vecino de Cantillana y puesto que eres

el mayor interesado pues... Volveré a ser el barquero.

Jaleo.

-Venga, venga... Venga...

-Eres tonto, chico...

Claro, hombre, claro...

(LOS NIÑOS RÍEN)

¡Venga, hombre...!

(RÍE)

¿Hay algo en mi cara que os hace gracia?

-Señor barquero, nada de usted me resulta gracioso.

-No debes llamar barquero al señor,

he oído decir que perdió ese cargo.

(RÍEN)

Pronto te has enterado,

pero entérate de algo más...

Volveré a tener la barca.

-Yo no dormiría con esa esperanza.

Sé que te gustaría hacerme daño y sé la razón,

hay cosas que no se compran ni con todo el dinero de tu padre.

-¿No te referirás a alguna mujer?

Por ejemplo a...

No la nombres.

-Oye una cosa, patán,

puedo tener todas las mujeres que quiera,

también a esa si me lo propongo.

Escucha, hay muchas cosas que me impiden partirte el alma,

no me hagas olvidarlas.

-Quítame las manos de encima.

Mira tus manos...

No están hechas para acariciar a una dama como...

Te he dicho que no la nombres.

(RÍE)

Tienes razón,

sólo sirven para trabajar,

para arrastrar una barca,

manejar una azada

o empuñar una navaja.

(SUSPIRA)

-¿Cuánto hay?

No llega a la mitad.

-No te preocupes, hijo,

venderemos esto.

No, no venderemos nada.

Trabajaré en la cantera de jaspe, hará lo que sea.

Tranquila, madre,

juntaré los ochenta reales que vale el arrendamiento.

-De acuerdo con lo establecido por el ayuntamiento

de esta muy noble villa y por el fallecimiento

de su arrendatario, se pone en pública subasta

para su explotación, según las normas establecidas,

la barca que este ayuntamiento posee.

Y para que conste,

lo firmo en Cantillana,

a 18 de abril de 1812.

El alcalde Tomás Lora.

Ya conocen ustedes las condiciones:

pago en el acto y en calidad de depósito

de un año de arrendamiento que se abonará a la firma

del contrato estipulado, a cuyas normas deben atenerse

so pena de rescisión del servicio.

Señores,

la subasta ha sido fijada

en ciento cincuenta reales.

¿Qué dice usted?

-Repito, ha sido fijada en ciento cincuenta reales.

Eran ochenta.

-El pago se hace efectivo al término de la subasta.

Bullicio. -Curro tiene razón,

eran ochenta reales. -Deberían avisarlo antes,

no pueden hacer eso con este hombre.

-Señores, señores, orden...

Yo cumplo lo dispuesto por el ayuntamiento,

el precio del arrendamiento ha sido aumentado

de acuerdo a los gastos que han significado

el erario comunal, las mejoras del muelle

y la reparación de la barca.

¿De qué mejoras está usted hablando?

-Ciento cincuenta reales.

Bullicio. -Qué barbaridad...

-He dicho ciento cincuenta reales.

-Señores,

hay una oferta por ciento cincuenta reales.

¿Alguien da más?

-¿Tú cuánto tienes?

-Ochenta.

-Ciento cincuenta y cinco reales.

-Ciento cincuenta y cinco reales a la una...

-¿De quién es la oferta?

-De Curro Jiménez.

-Ciento cincuenta y cinco reales.

¿Alguien da más?

-Ciento sesenta.

-Ciento sesenta y cinco.

-Ciento setenta.

-Ciento setenta y cinco.

-¿Es que no tiene boca Curro Jiménez?

-Doscientos cincuenta reales.

-Doscientos cincuenta reales

a las tres.

Otorgada la barca al vecino...

-José María Rojas.

-¡Ah, ah....!

(FORCEJEAN)

-¡Ay...!

-Dale fuerte... Fuerte...

Risas. -¡Venga!

-Así aprenderá...

-Qué de traidores en la ciudad...

Abucheos.

Por setenta y cinco reales me han quitado la barca.

Y ahora, si protesto, el alguacil me dirá

que la ley es la ley. -Olvídalo.

Con eso no daré de comer a mi madre,

tengo que buscar otro trabajo.

-Quizás mi padre podría ayudarte.

No, Luisa, no,

no quiero favores.

¿Tienes algún trabajo para mí? -Me gustaría ayudarte.

No, no quiero ayuda, quiero trabajo.

-Lo siento, ya ves que me sobran hombres.

Ya...

Estoy dispuesto a hacer cualquier trabajo.

-¿Pero qué sabes hacer?

Cualquier cosa, ya se lo he dicho.

-¿Puedes copiarme estos legajos?

¿Puedes llevarme las cuentas de la notaría?

De sobra sabe que no fui a la escuela.

-Busca en otro pueblo,

remonta el río,

tú eres un barquero.

Ya...

-Maltrataste a su hijo y él no te lo perdona.

En este pueblo nadie te dará trabajo,

unos son sus amigos

y otros le tienen miedo.

Me hizo una canallada.

-Ellos son poderosos

y tú un pobre diablo,

las cosas están así.

Pues están muy mal así.

Relinchos. -Ah, ponte tú a arreglarlas.

Quiero pedirte un favor, ven.

Relincho.

Mi consejo de viejo

es que te vayas de Cantillana.

¿Y dejar a mi madre?

-¿Es que prefieres que ella te vea

vagando a orillas del río

o mendigando un trabajo que no te van a dar?

¿Por qué no te decides a aceptar un dinerillo?

No, padrino, ya le he dicho que no, tengo dos buenos brazos.

-Ay, que testarudo eres... Anda, ven, vamos.

(RELINCHA)

-Llévate a este animal de aquí, yo no puedo con él.

Relincho. Es un diablo a medio domar,

acabará derribándome la casa si no te lo llevas.

¿Quiere decir que me lo da?

-Quédatelo o dáselo a alguien pero llévatelo.

No, padrino,

este caballo vale mucho dinero.

-Bueno, a mí no me ha costado ni un céntimo,

me lo dieron en pago de una vieja deuda.

(RÍE) O la deuda era muy grande o el que se lo dio

no entendía nada de caballos. Eh...

(ARREA AL CABALLO) Oh... ¿Cómo se llama?

-Silencio.

Fíjate, con el jaleo que arma cuando se le acerca alguien.

No parece tan fiero. -Móntalo y verás.

Ejé, quieto...

(RELINCHA) Quieto, jefe...

Eso, quieto... (RELINCHA)

Oh...

Quieto...

Quieto... (RÍE)

(RELINCHA)

So, quieto...

So...

Bien, Silencio...

Quieto...

Quieto, muchacho, quieto...

Tranquilo, quieto...

Padrino, ¿lo ve?

Mire, mire...

So...

So, bonito...

¡Padrino!

¡Oh!

-Tenías tú razón, no es tan fiero.

-¿Dónde vas, hijo?

Se está volviendo muy curiosa, madre.

-Has puesto tus ojos demasiado alto

y eso no se perdona en estos pueblos.

-Estoy contenta de que hayas encontrado al fin trabajo.

Pero Alcolea está muy lejos.

Con el caballo puedo ir y venir todos los días,

así mi madre no estará sola.

-Apenas podré verte.

Muchos se alegrarán.

-Solo me interesa lo que tú pienses.

¿En qué puede acabar tu relación con un hombre si trabajo?

-Lo que nos separa es tu orgullo, no el mío.

Disparos. Algo hay que dejarle a los pobres.

Cazadores.

Están cerca.

Será mejor que te vayas,

no quiero que te vean conmigo.

-¿Qué he de hacer para probarte que por ti estoy dispuesta

a hacer muchas cosas?

Relinchos.

(RELINCHA)

-Te dije, Luisa, que soy muy testarudo.

Y a ti, cerdo,

que no debes poner tus manazas encima de una dama.

-¡Hia! ¡Ah!

¡Ah!

-¡Hia! ¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

-¡Hia! ¡Ah!

-¡Hia!

Relincho.

¡Ah!

(GRITA) -¡Ah!

Deja que ella se vaya.

-Por esta vez sí.

Esta vez tengo interés...

en que nos quedemos a solas contigo.

Llévate a la señorita.

-¡Suelta!

Vete, Luisa, vete.

(RÍE) -¡Eh!

¡Ah!

¡Ah!

(GRITA FUERTE) ¡Ah!

(SE QUEJA) ¡Ah!

(SE QUEJA) ¡Ah!

Ah...

(SE QUEJA) Ah.

(SOLLOZA)

¿Aún le queda dinero, madre? Voy a pensar que roba.

-Todavía queda un pico de los 80 reales

del arrendamiento.

Se irán acabando y yo aquí como un inútil.

-Pronto te pondrás bueno.

-Sigue mi consejo, Curro,

coge el caballo y vete lo más lejos que puedas llegar.

¿Por qué?

-Sospecho lo que has estado rumiando durante todo este tiempo.

Y te confieso que siento preocupación.

Las heridas terminan curando pero las consecuencias

pueden arruinar tu vida.

¿Qué quiere? ¿Qué me cruce de brazos?

-Tus enemigos son demasiado poderosos, muchacho,

no puedes demostrar nada ante la ley...

Y la venganza es mala consejera.

Pero es la única solución.

-Un hombre pobre no puede vengar sus afrentas como un caballero,

¿no lo comprendes?

O si está decidido a hacerlo... debe saber que se lo juega todo.

Que ya nunca podrá vivir en paz bajo un techo seguro,

ni tener una familia ni un trabajo honrado.

Que lo perseguirán y acosarán hasta que...

Hasta que pague su deuda con la justicia.

¿Qué justicia?

-Buenas tardes.

-Buenas tardes, señorita.

Hola, Luisa.

Déjenos solos, madre.

-Con permiso, señorita.

-¿Cómo te encuentras?

Bien.

-¿Qué ocurre?

¿Te molesta que haya venido a verte?

No quiero que tengas problemas con tu padre.

-No habrá problemas, no soy una niña.

Luisa...

Pienso marcharme de aquí.

-¿Para siempre? Para siempre.

¿Serías capaz de seguirme?

-Sí... Si tú me lo pides.

Quizá llegue un día en que pueda hacerlo.

(SOLLOZA)

Música de órgano.

Música de órgano.

Relincho.

-¿Qué vas a hacer?

No, no vas a disparar, ¿verdad?

¡Curro, yo no quería!

Te lo juro...

Yo... Yo no quería.

¡Curro, Curro, por favor!

¡Fueron ellos! Ellos lo planearon todo.

¡Curro, no dispares!

¡Ah!

Campanadas.

Bufido de caballo.

Campanadas.

Campanadas.

-¿Qué vienes buscando?

Defiéndete.

Voy a matarte.

Campanadas.

Voces. -¿Te fijaste en la cara que ponía?

-Que no os pongo más vino.

(RÍE) -No tuvo más remedio que ponerlo.

-Desde luego y tú tenías dinero, estás pagando continuamente.

-Olvídate de eso, está borracho la mitad de los días.

-Tengo una cosecha de hace dos años...

Ya verás, ya verás. (RÍEN)

-Vete a casa.

-Vamos, todavía tenemos tiempo. -Sí.

-¡Ah!

-¡Ah!

¡Ah!

-¡Ah!

-¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

(RESPIRA FATIGADO)

-¿Qué ocurre? Cierre.

-¿Qué has hecho, Curro?

No pregunte, padre, no...

Apenas tengo tiempo, me persiguen.

-¿Les has matado?

(EN VOZ BAJA) Sí.

-Dios nos proteja. No tardará en descubrirse.

Cuatro cadáveres ocupan mucho lugar en un pueblo pequeño.

-Muchacho...

¿Cómo has podido hacer una cosa así?

Algo horrible...

Lo sé.

Solo puedo decir que no tuve fuerzas para evitarlo.

A un hombre cuando lo acorralan, enloquece.

-Los jueces no te perdonarán por eso.

Ni yo lo pretendo.

Me marcho, padrino...

Me marcho para siempre.

-¿Has pensado en la situación de tu madre?

De ella he venido a hablarle.

Cuídela.

Los amos la echarán de la casa.

Así empezará a pagar por mis culpas.

-La cuidaré.

Yo no puedo verla...

A estas horas tendrán la casa vigilada.

Golpean la puerta.

(SUSURRA) -Corre... Vete por aquella puerta. Corre.

Golpean la puerta.

¿Qué quieren?

Llaman a la puerta.

-Pase.

-Temí que estuvieras acostada. -¿Qué ocurre?

-Tranquilízate.

-Dime qué pasa.

-Se trata de Curro, María. -¡Habla!

-Siento traerte malas noticias.

Ha matado al hijo y al sobrino de don Gregorio.

La justicia le anda buscando.

-¡Dios mío!

(SOLLOZA) Hijo mío...

(LLORA) ¡No!

Relincho.

Disparo.

Disparo.

Disparo.

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Curro Jiménez - El barquero de Cantillana

31 jul 2016

Francisco Jiménez, barquero de Cantillana, mata a varias personas del pueblo en el que vive en defensa de sus derechos personales. Por todo ello decide cambiar su modo de vida y pasarse al campo de los bandoleros, en donde se hará cabecilla de una banda, bajo el nombre de "Curro Jiménez".

Histórico de emisiones:
02/07/2012
01/07/2013
26/08/2013

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  1. Juan

    ¿Pero porque no los dejais con los títulos de crédito del principio y el final?.

    02 ago 2016