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Curro Jiménez - Atrapados - ver ahora reproducir video 57.49 min
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Creo que es por aquí.

¿Crees?

Hace tanto tiempo no vengo por estas tierras.

Adelántate hasta aquella loma y observa.

Si el camino está despejado haznos una señal.

Nunca te he visto tan desconfiado. No conocemos estas tierras.

¡Qué más da una tierra que otra, todas las tierras son iguales!

No. Aquí no conocemos las veredas,

no tenemos confidentes ni amigos, hay que andar con cuidado.

Entonces, ¿qué hacemos aquí?

Pudimos quedarnos en casa.

Además, tengo hambre.

Puede que tenga razón, ¿vale la pena este viaje?

Eso espero.

Hay alguien que tiene algo que tal vez nos interese comprar.

¿Comprar?

Silbido. (RÍE) ¿Desde cuándo compras tú?

Vamos.

(ALGARROBO TARAREA)

¡Calla!

Alaridos.

Cubrirme.

Alaridos.

-¡Aaah!

¡Ay!

¡Aaah!

Abre el cepo.

(GRITA) -¡Aaaah!

¡Con cuidado!

-¡Aaaah!

¡Aaaah!

¡Aaah!

¡Gitano, trae un caballo!

¿Dónde vive, abuelo? -Por allí.

Lo llevaremos a su casa.

¡So!

-Es Cecilia, mi nieta.

Acércate, tu abuelo está herido.

-¡Abuelo! -No ha sido nada.

No ha sido nada.

-Gracias.

-¡Ah!

Ánimo, abuelo.

No está mal la nieta.

Cuídalo.

¡Andando, ya hemos perdido mucho tiempo!

-¿Quiénes son, abuelo? -Buena gente.

De no haber sido por ellos...

Buenas noches. -Buenas noches.

¿Café?

Gracias.

-¿Viene de lejos?

Sí. De muy lejos. Buscando a un hombre.

-Y yo esperando a otro.

Un hombre que tiene algo para mí.

-¿Curro Jiménez? Florencio Ruiz.

-Es usted muy confiado.

Eso mismo me decía mi madre.

-En este arma el cartucho lleva la pólvora incorporada

y se carga por detrás.

(DISPARA)

Relinchos. ¿Qué tal?

(DISPARA)

Relinchos.

Es tan bueno que casi es feo.

¿Cuántos tiene?

-20.

Y pólvora para tres años.

¿Cuánto? -¿Todos?

No quieres competencia, ¿eh?

¿Cuánto?

-¿Le ponemos 40 mil reales?

Hecho.

Estudiante. Sí.

El resto cuando me entregues la mercancía.

-A cuatro leguas de aquí hacia el Oeste hay unas rocas.

La Peña Negra.

Mañana por la mañana estaré allí.

Sin falta.

¿Qué tal?

Todo bien, parece hombre de confianza.

Acamparemos aquí esta noche.

Malos Pelos, mi caballo.

¿Dónde vas?

Tengo algo importante que hacer, antes del alba estaré de vuelta.

La nieta.

No cambiará nunca.

-¿No vienes, tío?

-No. Esperadme en la venta del Toro,

yo tengo que ir al pueblo.

Quieto, caballo, quieto.

¡So!

-Brindemos porque se cumplan tus buenos propósitos.

Ya son muchos años los que llevas en eso,

tal vez no quieras reconocerlo, pero ya estás viejo

y es hora de que emprendas una vida apacible y honesta.

-El contrabando no es pecado, Ramiro.

-Que no sea pecado antes los ojos de Dios no significa

que no sea un delito ante la ley.

Además, hay contrabandos,

¡y contrabandos!

He oído... -No hagas caso a lo que oigas.

Si hubiera tenido un hijo muchas cosas serían distintas,

pero a quien no tiene hijos Dios lo castiga con sobrinos.

-No vuelvas a lo mismo. Tienes amigos, todos te quieren

porque a todos has ayudado.

-Tú sabes de dónde has salido esa ayuda.

-¿Y quién no lo sabe?

Pero ahora hay algo que me preocupa,

no sé...

Florencio, dime,

¿es cierto lo de las armas?

-¿Quién te ha dicho eso? -No sigas, Florencio,

ya tienes dinero suficiente. -¿Quién te lo ha dicho?

-Vicente, tu sobrino. -¡Ese borracho!

-No es mal muchacho, él no...

-Por lo menos el otro no se va de la lengua.

-Hazme caso, la gente que compra armas

no puede ser buena.

-Tú qué sabes.

El que me dio esto, que solo es parte,

es un hombre al que respeto mucho.

-¿Quién es?

-¡Yo no soy Vicente!

No entiendo por qué hay que cambiar las armas,

a mí la que me gusta es esta.

Curro no busca estas armas por capricho.

Si lo hace es por algo. Mira.

Además, ya sabes que no le gusta matar.

Ni a ti... Ni a mí ni a nadie.

Pero cada día se cierra más el cerco...

y hay que defenderse.

Los migueletes tienen armas de más alcance que las nuestras

y son ellos o nosotros.

¿Lo entiendes? No.

Quizá tenga razón

pero donde esté un trabucazo...

-Aquí tienes.

¿Qué va a ser? -Ponme una jarra.

-Cada día confía menos en nosotros,

ni en mí confía, que soy su sobrino mayor.

-Cállate.

¿Cómo quieres que nadie confíe en ti

si tú solo confías en el vino?

El tío Florencio sabe lo que hace

y yo también.

Vámonos.

-¿Adónde vas?

-Adonde se me antoje, hermanito.

Tú sigue bebiendo y no te preocupes.

-Déjalos. Ya sabes lo que van a hacer.

-Y me acusa de mí por el vino.

-¿Seguro que sabes dónde es? -Lo he seguido muchas veces,

sin que nadie se diera cuenta.

Se cree más astuto que el hambre

pero no es más que un viejo estúpido.

Buenas noches, tío.

-¿Qué haces aquí?

¿Qué quieres?

¿A qué has venido?

-¿Qué creíste? ¿Que podrías seguir humillándome

y despreciándome toda la vida?

No...

Yo no soy un inútil como mi padre.

Ni un borracho como mi hermano.

Fino...

Disparo. -¡Ah!

Llaman a la puerta.

-Pasad.

Oye, Agustín, hazme el favor de llevarte a este borracho,

lleva ahí durmiendo toda la noche. -¡No hables así de mi hermano!

Vamos, borrachón, ¡vamos!

Vamos...

(EBRIO) -¿Qué...? ¿Qué sucede? -Venga.

-¿Qué queréis? ¿Dónde me lleváis?

Hay algo que quiero que veas.

-Mira.

-¿Qué has hecho?

¡Lo has matado!

-Lo ha matado Curro Jiménez.

¡Curro Jiménez!

¿Entiendes?

-Sí.

Relinchos.

No se ve a nadie. Aún es pronto.

Esperaremos aquí.

-Y así podremos cargarle el mochuelo a ese bandolero

y al mismo tiempo apropiarnos de la región.

Así es la vida.

El tío Florencio...

ya estaba viejo.

Que en paz descanse.

-Mi abuelo se cogió un pie con un cepo, no sé qué hacer.

El pobrecillo está muy viejo y...

-Está bien, no te preocupes, te prepararé algo.

Golpes.

Golpean una pieza metálica.

(GOLPEA LA PIEZA METÁLICA)

-Ya basta.

(SOLLOZA) Miradle...

No hubo otro como él...

Ni más noble ni más generoso...

Se hizo cargo de mi hermano

y de mí cuando la peste nos dejó huérfanos...

Se lo debemos todo.

Pero...

Al fin y al cabo, somos de su misma sangre.

¡Vosotros también le debéis mucho!

Sin otro merecimiento que haber sido sus vecinos...

¡A ver, que se adelante quien crea que nada debe

a Florencio Ruiz!

-¿Qué ha pasado aquí?

-Curro Jiménez lo mató.

-¿El bandolero? ¿Tú lo has visto?

-¡Todos nosotros lo vimos!

Vicente, el Fino, el Narizotas...

Con mis propios ojos vi cómo mataban a mi tío.

-¡Tenemos que coger a ese asesino!

-¡Antes de que se escape!

Aún no sabe que se ha descubierto su crimen.

Está acampado en la Peña Negra. -¡Vamos por él!

-¡Daré 100 reales a cada hombre que me acompañe!

¡Iros, cobardes!

Repartiré entre todos la recompensa por la captura de ese asesino.

Yo no quiero dinero... sólo quiero su cabeza.

-¡Ese Curro Jiménez...! -¡Quieto!

-¿Qué? -Deteneos.

¿Qué vais a hacer, matar?

Nadie puede tomar la venganza por su mano.

No os dejéis llevar por palabras insensatas.

-¿Insensatas dice? ¡No es venganza, es justicia!

¿Qué quiere? ¿Que se escape ese asesino?

-Eh, tú, ¿vienes o no?

-Voy con vosotros.

-Esperad por lo menos a que venga el sargento.

-Ese inútil es un blando.

Parece un cura.

¡Vamos, a caballo todos los que quieran seguirme!

-¡Eh, tú, ese es mi caballo! ¡Vuelve aquí, vuelve!

¡Ladrona! ¡¡Maldita sea!!

Relinchos.

¡Eh, ahí viene gente!

Será Florencio Ruiz.

¡Curro!

¡Cuidado, agáchate!

-¡Agacharos todos!

¡Tú, allí! ¡Tú, aquí delante!

Remigio, ponte detrás de aquellos matojos.

-¿Subimos a por ellos? -No. Esperaremos.

Cuando empiecen a bajar, tirad a matar.

-¿Y si no bajan? -Hay que tener paciencia.

Tarde o temprano bajarán.

Trae las armas del tío Florencio. ¡Vamos!

Disparo.

Vienen a por nosotros.

El vendedor de escopetas nos ha delatado.

No, ese hombre no...

Esto es otra cosa. ¡Curro!

-¡Agustín, toma!

¿Qué hacemos, Curro?

De momento esperar.

Veamos qué quieren.

¡Ah!

¿Qué van a querer? Cazarnos.

No gastes pólvora.

Con el trabuco desde aquí no llegas.

Risas.

(RÍE)

(EBRIO) -A ver si lo cazáis. ¿No sois tan valientes?

¡Hala, hala, arriba, arriba!

-¡Borracho asqueroso!

-¡Abuelo, abuelo! ¡Quieren matarlo, quieren matarlo!

-¿A quién? -A Curro Jiménez.

-¡Qué! -Tenemos que hacer algo.

-Curro Jiménez... -El hombre que te ayudó ayer.

Está cercado en la Peña Negra.

-Ya decía yo que era buena gente. Curro Jiménez...

¿Quién le ha cercado? ¿El sargento?

-Gente del pueblo. -Ah... No te preocupes entonces,

vaya necios, no se dejarán cazar. -Dicen que ha matado

a Florencio Ruiz pero no es cierto, abuelo.

-¡Florencio! ¿Han matado a Florencio?

¡Dios mío!

Canallas.

-No ha sido él, abuelo. -Nos conocíamos de niños,

él se hizo rico y yo no soy más que un alimañero.

Pero fuimos buenos amigos toda la vida.

¿Quién habrá sido?

¡Quisiera saber quién ha sido! -¡Curro Jiménez no!

-Está bien, está bien. Hagamos algo entonces.

Escúchame con atención.

No podemos seguir aquí más tiempo. Si me cubrieras...

¿Qué dices? Hay que romper el cerco.

Pero son más de 20. Tengo que saber qué pasó,

encontrar a Florencio Ruiz, tal vez él pueda hacer algo.

¿Cómo? Él nos metió en esto. ¡Él no puede haber sido!

-Tenemos que matarlo,

antes de que le dé tiempo a abrir la boca.

Matarlos a todos.

-Me parece que el padre Ramiro desconfía.

-No es el único.

Pero con Curro Jiménez muerto...

se olvidarán todas las sospechas.

Y podremos vivir felices...

¡Al fin!

Donde nadie nos conozca.

Relinchos.

¡Agachaos!

No asomarse.

No lo hagas, son demasiados. Hay que hacer algo,

Florencio nos sacará de esta encerrona.

Hazle caso, no podrás.

Está bien...

Está bien.

Volved a vuestras posiciones.

-Se quieren hacer matar esos idiotas.

Llevo 20 años en la sierra y sé lo que es tener enfrente

a un bandolero como Curro Jiménez. No sé dejará atrapar vivo

y se hará acompañar por muchos en la muerte.

-Habría que convencerle para que se entregara.

Prometerle un juicio justo.

-No hay juicios justos para los bandoleros.

Se les cuelga, no se les juzga.

-Eso es una atrocidad.

Además, no sabemos si ha matado a Florencio,

sólo tenemos la palabra de Agustín.

-Haya matado o no a Florencio sigue siendo Curro Jiménez

y tiene encima tantos crímenes como para colgarlo

de todos estos árboles uno tras otro.

¡Adelante!

Graznidos.

Curro...

Tú, cuando quieres, no escuchas a nadie.

Alguien tiene que hacerlo. ¿Nos quedamos aquí?

Moriríamos de hambre o de sed, si no nos matan antes.

Bajemos todos. No, uno solo tiene

más posibilidades, ¿no lo entiendes?

Sí... Está bien. Lo entiendo.

Oye, Curro... ¿Qué?

Ten cuidado. Sí.

¡Ah!

(ARREA AL CABALLO) ¡Vuelve!

¿Qué haces? ¡Ese loco!

(ARREA AL CABALLO)

(GRITA) ¡Ah!

Relinchos.

-¡Vamos!

¡Quieto! ¡Vigiladle bien! -¡Alto!

¡Quietos todos! -Es un asesino.

¡Es uno de los que mataron a mi tío!

-Es un bandolero, probablemente un asesino,

pero que haya matado a tu tío está por verse.

Vamos. Apártate de ahí.

Quiero vivo a este hombre.

Desde este momento aquí mando yo.

¡Atrás, atrás!

¡Atrás!

Relinchos.

Tú no eres Curro Jiménez.

¿Cuántos son?

(RESOPLA) ¿Cuántos?

Mil.

-¿Podrás seguir, abuelo? -Claro que sí.

-¿Seguro? -Sí.

Ahora tuerce por ahí. -¿Por dónde?

-Por ahí. -Es demasiado estrecho.

-Si las cabras puedes, ¿por qué no nosotros?

Anda, vamos, lo he cruzado mil veces.

-Has tenido suerte, muchacho,

es solo un rasguño.

-Dime, ¿cuántos hombres hay ahí arriba?

Lo suficientes para que esto se convierta en una masacre.

-¿Qué ha venido a hacer Curro Jiménez aquí?

¿Por qué no se lo pregunta a él?

-Hombre, has tenido una buena idea.

Esperaremos a que se haga de noche, entonces intentaremos bajar.

Lo más seguro es que no lleguemos al pie de la peña...

pero de todos modos lo intentaremos.

Mientras tanto asomarse es un suicidio.

Trae.

¿Comprendéis ahora por qué quiero tener armas de largo alcance?

¿A qué esperas, úsalo?

Florencio Ruiz me dejó el arma

pero hoy tenía que traernos la munición.

-¡Curro!

Traen al Estudiante. Sí.

-No disparar hasta que yo avise. Vamos.

Vienen con bandera blanca, voy a bajar.

Ten cuidado.

-¡Curro Jiménez,

quiero hablar contigo!

¡Arroje usted su arma, sargento!

-¡Arroja primero tú la tuya!

Ahora voy a subir.

No me fio de estos del trapo blanco.

-Vosotros quedaros -Quieto.

-Curro Jiménez, te doy mi palabra

de que si te entregas tendrás un juicio justo.

No empeñe su palabra en algo que no podrá cumplir.

-Tanto si la cumplo como si no, tendrás que pagar por tu crimen.

¿De qué crimen habla? -Lo sabes de sobra,

el asesinato de Florencio Ruiz.

Yo solo le vi una vez en mi vida

y cuando me marché estaba vivo.

-Eso es lo que dices tú.

Yo no miento nunca. -Hay testigos de tu crimen;

un sobrino de Florencio y otro, ellos son los que te han cercado.

Ya...

¿Y cómo sabían dónde iba a encontrarme?

-Porque habías quedado en verte con Florencio Ruiz aquí.

(RÍE) Dirá usted con su fantasma.

Después de haberlo matado, ¿para qué iba a venir a buscarlo?

-Bueno, está bien, ¿te entregas o no?

Dejaré salir a todos tus hombres. Eres tú el que me interesa.

Te doy...

una hora de plazo.

De eso tengo que hablar con ellos.

Entrégueme al Estudiante.

-¡Te has vuelto loco! Ese hombre es mi prisionero.

Entonces no hay trato. -¡Espera!

Eh, cabo, deja libre al prisionero.

Al fin y al cabo de ahí arriba nadie podrá escapar.

Disparos.

Debería matarle, sargento. -Escucha, Curro,

te juro que no ha sido cosa mía.

¡Cabo, que se vayan ahora mismo todos los paisanos!

Y si alguno se resiste, disparad a matar.

Uf...

-Y tú no lo olvides: ¡Una hora!

-¡Vamos, atrás!

¡Atrás todos, venga!

¡Vamos, atrás! ¡Moveos!

Murmullo. ¡Moveos o tendré que disparar!

¡Venga! -¡Vosotros también, para abajo!

¡Vamos! ¡Vamos, rápido!

Todos para abajo.

¡Vamos! ¡Venga!

¡Vamos...!

¡Moveos ya!

(MURMURAN)

-Detente.

Ayúdame a bajar.

La cueva está cerca.

Vamos, por ahí...

Relincho.

Algarrobo, ven...

¿Y quién vigila esto?

¡Que vengas te digo!

Bueno...

En media hora todos vosotros saldréis de aquí,

así que preparaos.

¿Qué estás diciendo, y tú?

Yo me quedo.

(RÍE A CARCAJADAS)

(TODOS RÍEN)

Risas. -¿Los oye, sargento?

Están locos, el sol les debe haber hecho daño.

-No, no están locos,

son hombres de la sierra, no son como los demás.

Y ese Curro Jiménez...

(RÍEN)

(FURIOSO) ¡Bueno, ya está bien, basta de risas!

Curro, es el chiste más divertido que he oído

desde que salí de la universidad. No, Curro, no te dejaremos.

(RÍEN)

Es una orden, no es un chiste, ¿entendéis?

Nos conoces bien y sabes que es la única orden

que no obedeceremos.

-No sé,

creo que esos...

Tendremos que subir.

No sé por qué pero empiezo a lamentarlo.

-Aún no ha vencido el plazo, puede que acepten el trato.

-No, no lo espero.

Vaya avisando a la tropa.

Dentro de diez minutos subimos.

(SUSPIRA)

-¡Curro! ¡Curro Jiménez!

¿Pero tú de dónde sales? -Por aquí hay un camino,

una cueva que termina detrás de los guardias.

-¡Adelante!

Ahora tú.

Ah...

(SE QUEJA)

¿Lo ves? Eso te pasa por comer tanto, si me hicieras caso

no estarías tan gordo. ¡Tu abuela!

Cuidado.

Oh.

Oh...

-¡Sargento, aquí no hay nadie!

-Maldita sea...

Está bien, recoged estos caballos y volvamos la pueblo.

Llaman a la puerta.

-¿Quién es? -Soy yo Cecilia.

-¿Qué quieres?

-Mi abuelo está muy enfermo, por favor...

-Pasa...

¿Dónde están los hermanos? (ASUSTADO) -¿Qué...? ¿Qué hermanos?

Los sobrinos de Florencio Ruiz. -Yo no lo sé.

¡Vamos, no tengo tiempo que perder! -¡Yo no lo sé!

-Es un verdadero demonio, nunca le cogerán.

-Todavía no se explica el sargento cómo pudo escapar.

-Con la ayuda del diablo.

-Seguramente se ha marchado de vuelta a sus tierras,

de las que nunca debió salir.

Si no hubiera aparecido por aquí

a estas horas Florencio Ruiz aún estaría con vida.

-Tal ves sí y tal vez no.

-¿Qué quieres decir? -Ja...

(EBRIO) -¿Qué... qué miráis?

¿No habéis visto nunca a un hombre beber?

Yo no he sido.

Nosotros no lo hicimos, bien lo sabéis.

Ha sido ese...

Ese bandido.

Yo le quería...

Después de todo no fue malo conmigo.

¿Cómo iba yo a...?

-Brindemos por alma de Florencio que en paz descanse.

-¡Quietos todos!

-¿Quién es Vicente Ruiz?

¡Vamos! -Déjame en paz...

-¡Vamos...! -¿Qué, qué pasa?

-Levántate. ¡Vamos, andando!

-¿Qué queréis de mí?

-¡Venga! -Yo no he sido.

-¡Vamos!

Murmullo.

-¿Dónde vas?

-Ese es de la partida de Curro Jiménez, ¿verdad?

Habrá que avisar al sargento.

-Déjalo.

Has visto cosas que no son.

Nadie he entrado aquí.

Lo que tú decías,

esos bandidos deben haber regresado a sus tierras.

Mejor, no los queremos aquí.

Ladridos.

-Curro, aquí lo tienes.

Algarrobo...

Ladridos.

-Ah...

¡Quieto!

Vengo a hacer una propuesta.

-No hago tratos con bandoleros.

¿Si le entrego al que mató a Florencio Ruiz

nos separaremos en paz?

-Si me lo entregas se hará justicia con él,

pero a ti no puedo garantizarte nada.

-¡Arre!

¡Arre!

¡Eh, mula!

So...

-Ahora.

Ya sabes que es la única manera que tienes de escapar de la horca.

-Hola, hermano.

-Pero..

¿Qué haces tú aquí?

¿Cómo has llegado? -Pensabas irte sin mí, ¿verdad?

-¿Cómo has llegado hasta aquí?

-Muy fácil, hermano,

te he seguido.

Quiero mi parte,

la mitad.

(RÍE A CARCAJADAS)

-¿La mitad?

(RÍE) ¿Tú?

-No debiste matar al tío Florencio.

Él era astuto,

tú eres tonto.

-¿Qué dices?

¿Tú qué sabes de eso?

-No debiste matarlo,

sin él nada somos ni tú ni yo.

-Tuve que hacerlo.

¿Entiendes? Le odiaba.

¡Le odiaba!

-Tuviste que hacerlo...

-¡Quieto!

Lo he escuchado todo.

Mejor será que no intentes nada.

¡Vamos, tira el arma!

¡Vamos!

¡Andando!

¡Alto!

Explosión.

El otro se ha escapado.

-El muy idiota...

No irá muy lejos.

(DOLORIDO) Oh...

Me duele todo.

Te juro que si no estuviera tan maltrecho te detendría.

Anda, vete

y no vuelvas.

Dame, Estudiante.

-Suerte, muchachos.

Gracias, abuelo.

Trae la bota.

Adiós.

Cuídese, abuelo.

Volveré.

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Curro Jiménez - Atrapados

21 ago 2016

Falsamente acusado de un asesinato, Curro Jiménez, acompañado de sus hombres, es rodeado por las fuerzas del orden en una peña solitaria en la que aparentemente no hay escapatoria.

Histórico de emisiones:
17/08/2012
12/08/2013

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