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Curro Jiménez - 20.000 onzas mexicanas - ver ahora reproducir video 49.45 min
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(BUFA)

Bufido.

(RELINCHA) Ah...

Disparo. -¡Ah!

-¡Ah!

Ah...

Dile que no disparen.

(GRITA EN FRANCÉS) ¡Párate!

Bufido. -Soltad las armas.

Disparos.

(RELINCHAN)

Gorjear de los pájaros.

-Ah...

Gorjear de los pájaros.

Ah...

Aquí no hay nada.

(SUSPIRA)

Ah...

-Le han informado mal.

No llevamos nada que merezca ser robado.

Ah, habla usted mi idioma.

-Ah... Medio sí.

¿Qué esperaba encontrar? Eso es cosa mía.

-¿Quizás 20 000 onzas de oro?

Quizá. -Eh... (PREGUNTA EN SU IDIOMA)

(RÍE) No. No.

Él manda. -Usted se arrepentirá bastante

de lo que acaba de hacer. Confío en que pueda demostrarlo.

Puede irse. -Volveremos a vernos.

"Au revoir, mon capitaine".

(RÍEN)

Relincho.

-No sea tan tolerable, señor alcalde.

La negligencia de las autoridades españolas es incomprensible.

-Resultar incomprensible para el ejército francés...

es casi un halago, capitán.

-Tenga cuidado con lo que dice.

-Las fuerzas de la ley son insuficientes

para dar una batida eficaz en la serranía.

Golpe. -¡Exijo realidades!

-No se acalore, capitán. -Déjese de ironías,

van a llegar 20 000 onzas de oro y yo el responsable de su custodia.

Necesito garantías de su parte.

Le emplazo para que haga detener a ese bandido antes de mi partida.

-Lo intentaremos, capitán, pero no es fácil.

Las gentes del país... le ayudan. -Ah...

(EXCLAMA EN FRANCÉS)

-¿Qué ha dicho?

-Que encarcele a todo el país. -No es mala idea.

-Avisó a ese bandolero de la llegada del oro.

Nos salió al encuentro creyendo que lo traíamos nosotros.

-El territorio está infestado de rebeldes, señor capitán.

Es una triste realidad que a mí personalmente me avergüenza.

-Monsieur, no olvide que nosotros no somos tontos.

-Por favor, ¿quién puede pensar eso, señor?

-Esos arqueadores han enseñado sus cartas.

De ahora en adelante, le será todo más difícil.

(HABLA EN FRANCÉS)

-Supongo que esta noche me honrará a la hora de la cena.

-"Je suis très fatigué". -¿Mañana entonces?

-"Avec plaisir, alcalde".

-¿Qué ha dicho? -Ah...

Que espera no tener que reemplazarle.

-Ah...

-Para bautizos estamos. -Ah...

No rezongues, hombre, que no se nos gastarán

más los zapatos por ir caminando hasta la ermita.

-Lo siento, pero no tengo el ánimo para fiestas.

Ladridos. -Ah...

Ten confianza, todo se arreglará.

-Se nos quedan con el molino, que es lo único que tenemos.

-Bueno, ya basta por hoy.

No viene Curro.

y ya se ha hecho de noche.

Menudo riesgo va a correr por haberle nombrado padrino

esos muchachos.

-El padre Eusebio dio su aprobación.

-Ha hecho mal.

Con las ganas que tienen de pillarlo..

-Oh, cállate. Qué fúnebre.

Recordadlo, avisadme con un disparo en cuanto veáis...

...a un solo hombre uniformado.

Sería mejor que renunciaras al bautizo.

Es demasiado peligroso. ¿Qué queréis? ¿Enterrarme en vida?

Hasta luego. Hasta luego, Curro.

Hasta luego, Curro. (RELINCHA)

So... (BUFA)

-Considera cómo se dispuso la Santísima Virgen

para recibir a nuestro Señor.

Procura tú imitarla para redimir tu alma.

Vuelve los ojos a las meditaciones pasadas

y hallarás que la reina del cielo se dispuso con pureza de cuerpo

y alma, con retiro del mundo, recogimiento y oración,

con silencio, obediencia, penitencia,

Llanto de bebé. y mortificación.

Con humildad y desprecio de sí, y aprecio de su prójimo

con mucha mansedumbre, paciencia y alteza de virtudes,

considera la excelencia del Señor que viene al mundo

y ha de nacer en él.

¿Qué pides a la iglesia de Dios? (CALMA AL BEBÉ)

Llanto de bebé.

-¿Qué pides a la iglesia de Dios? La fe, la fe.

Llanto de bebé.

-Recibe la señal de la cruz... tanto en tu frente,

como en tu pecho.

Llanto de bebé.

Trinar de los pájaros.

¿Cómo se va a llamar? Curro.

-Yo te bautizo, Francisco, en el nombre del Padre,

del Hijo y del Espíritu Santo.

Murmullos.

Hola, guapa. (RÍE)

Murmullos.

Risas.

Murmullos.

Risas.

¿Cómo no está Frasquita en el bautizo?

-La hemos dejado con las monjas.

Allí le enseñan a bordar.

¿Frasquita bordando hoy en el convento?

-Algo tiene que aprender la niña.

Murmullos.

Risas.

Hola. -Hola, Curro.

¿Habláis de algo que yo no pueda escuchar?

-No, hablábamos de cosas... sin ninguna importancia.

Ya. -¿Te quedas con nosotros?

No, después os veo. Hasta ahora. -Hasta luego.

Risas.

Padre, venga un momento.

Todo esto está muy bien. Nos ha tocado un día hermosísimo,

el crío es una maravilla... Yo estoy muy orgulloso,

los padres muy felices, el vino es bueno,

los pasteles sabrosos, y hasta ha venido una señorita

de la aristocracia. -Que no dirás que no es guapa, ¿eh?

Sería faltar a no sé qué mandamiento.

-Al octavo, hijo, al octavo. Si usted lo dice...

Tengo un poco olvidado el catecismo.

Pero bromas aparte. Aquí pasa algo, padre.

Conozco yo demasiado a esta gente para no darme cuenta.

Mi amigo Juan Galindo está hecho una sombra.

Se junta con los otros y murmura.

Risas. Y lo que pasa... es algo malo.

Usted debe decírmelo.

-Ay, hijo, yo suponía que estarías enterado.

Tengo algo grave que confesarte.

Tenía la secreta esperanza de que tú podrías ponerle remedio.

Porque yo... Estas cosas no sé si se arreglan

con oraciones.

A tu amigo Galindo... le embargan el molino.

Lo mismo a Antonio Ulloa, con sus tierras de labranza.

Y a los hermanos Navajo.

Es una historia de préstamos y de hipotecas

de las que entienden los alguaciles.

Y los usureros. -Pues yo no lo entiendo,

pero es así. Le reclaman el pago de una deuda

que no están en condiciones de pagar.

Se cobra con sus bienes.

Risas. Pero... quizás tú sepas

más de esto que yo. No mucho.

Aunque me trae recuerdos.

Yo, hace mucho tiempo, tuve una barca en mi pueblo

y me la quitaron con esas trampas. -Solo Dios sabe si son trampas.

Pero lo perderán todo. Ahora ya lo sabes.

También rezo por ti. Gracias, padre.

Aplausos. (CANTAN) ¿Dónde estarán

esos muchachos que la quieran conquistar?

Gracias. ¿Dónde estará mi amor?

¿Dónde estará mi amor?

Para decirle que la quiero, para decirle que la adoro,

ay, vienen los negritos, ponpón,

de mi corazón. Si tú quieres papa, papa,

papa te doy yo. Si tú quieres papa, papa,

ay, papa te doy yo.

¿Dónde estará mi amor? ¿Dónde estará mi amor?

Para decirle que la quiero, para decirle que la adoro,

ay, vienen los negritos, ponpón,

de mi corazón. Si tú quieres papa, papa,

papa te doy yo.

¿Dónde estará la llave, matarile, rile, rile?

¿Dónde estará la llave, matarile, rile, ro?

Aplausos. Y en el fondo del mar,

Y en el fondo del mar, matarile, rile, rile.

Y en el fondo del mar, matarile, rile, ro.

¿Con quién la vais a casar?

¿Con quién la vais a casar? Matarile, rile, rile.

¿Con quién la vais a casar? Matarile, rile, ró.

¿Por qué no me lo dijisteis antes?

-Juan no quería.

Tiene miedo de que te pongas en apuros por nosotros.

Yo vivo en apuros.

¿Dónde estará, matarile, rile, ro?

¿Cuánto se embargan? -Es cuestión de días.

o de horas. Así nos lo han dicho a todos.

Risas.

Por eso he dejado a Frasquita con las monjas.

No, no quiero que presencie esta ruina.

No habrá ninguna ruina.

Puedes ir a buscarla.

Guitarra flamenca.

Murmullos.

Risas.

Guitarra flamenca.

Gracias, Juan. ¿No tienes nada que decirme?

-No, nada. No sé por qué me preguntas eso.

Estás seguro, ¿verdad?

Guitarra flamenca.

Risas.

Trinar de los pájaros.

Hola. A la paz de Dios.

-Anoche oí hablar de usted. Se dijeron muchas cosas.

Fue extraño verle hoy por primera vez

con un niño en los brazos. No se deje usted engañar.

Quizá lo que le dijeron anoche era la pura verdad.

Esto del niño en los brazos no me ocurre todos los días.

Tampoco el estar hablando de una señorita de su clase.

-Ah... ¿Sabe quién soy?

La hija de algún hacendado de la provincia.

-¿Por qué lo supone?

Se la ve con mando, como se la ve guapa.

Ambas cosas se le notan por igual.

¿O preferiría que no se le notara?

-Unos nacen con mando,

otros, lo adquieren con su esfuerzo.

Usted también impresiona por su seguridad.

¿Y a qué también le gusta que se le note?

¿Qué cosa? -Las dos,

que manda... y que es guapo.

¿Lo ve usted?

Solamente una dama de la aristocracia...

...puede decirle eso en la cara a un hombre.

¿Sevillana? (RÍE) -Nací en Sevilla,

pero vivo aquí con un tío desde que quedé huérfana.

Soy la sobrina de don Juan de Guzmán.

Anoche mi tío... prometió acabar con usted

antes de que finalice el invierno.

¿Con qué armas? ¿Con los ojos de la sobrina?

Trinar de los pájaros.

Mi historia es muy diferente de la que la gente piensa.

-¿De la que se comenta en los salones

o la que se oye en las cocinas? ¿En cuál cree usted?

-Ah... En otra muy diferente

que yo adivino

y que está por encima de sus fanfarronadas.

-¡Eh! Cuénteme usted algo de la suya.

(RÍE) -¿La mía?

¿Cómo era en Sevilla cuando niña? -Pues más pequeña.

Y más alegre también.

Nunca había pensado que podían existir hombres

como Curro Jiménez. Tan contradictorios,

capaces de robar y matar, y, al mismo tiempo,

tener con ternura a un niño en los brazos.

Disparo.

¿Ocurre algo? No, nada.

Relincho. Perdone.

Trinar de los pájaros.

-Cuidado, que esa gente no sabemos qué intenciones trae.

Tranquilo.

(HABLAN EN FRANCÉS)

-"Vous? Monsieur, vous?" Sí, capitán,

Curro Jiménez.

¿Un trago? -No, no.

Capitán...

Beba.

(RÍE)

Pase, capitán, pase.

-"Je suis d'accord".

Murmullos.

Bufido.

Risas.

(HABLA EN FRANCÉS)

Murmullos.

Risas.

Bufido. -Ah...

Ahora, ahora.

¡Atención! ¡Vamos!

-¿Todo está a punto? -No se inquiete usted, tío.

Hay consomé en lugar de gazpacho.

Y en nombre de Dios, no vaya a hablarle al capitán de estofado,

sino de fricanto. -Tú siempre con tus ironías.

(RÍE)

-"Je vous demander pardon, monsieur".

-Buenas noches.

¿está usted contrariada por algo, señorita Dolores?

-Reservo mis sonrisas para el capitán francés.

¿No es la consigna de estos tiempos?

-Ja... ¿Ha oído usted, señor alcalde?

La señorita Dolores habla de consignas

cuando tenía que hablar de conveniencias.

-¿Qué saben las mujeres de conveniencias?

(RÍEN)

-Señor alcalde, siempre es un honor tener en su casa

a un oficial francés. -Oh, no exageremos.

No se trata de un general de Napoleón,

sino de un simple capitán.

Aunque... a todo hay que avenirse.

-Pregúntele si podría hacer tiempo mañana para visitar mi hacienda.

Sería un momento excelente para plantear aquel negocillo

del tabaco. -Hola.

-Don Juan me ha dicho... que es usted un hombre muy ilustrado

y que habla francés como los propios ángeles.

Quiero que me enseñe a preguntarle al capitán

si le gustan las mujeres andaluzas.

"Aime vous la femme andalouse,

monsieur le capitaine?"

-"Aime vou... la femme, le capitaine?"

(AMBOS A LA VEZ) "Andalouse, monsieur le capitaine?"

(RÍE) -¡Hala!

(HABLA EN FRANCÉS)

-Son muy guapas.

Señor alcalde, le comunico que el correo partió de Sevilla.

-Tranquilo, haré lo necesario.

-Tiene que hacer más de lo necesario.

Como le digo, estoy seguro de que ese bandolero fue informado.

-Ah. Es usted muy desconfiado, capitán.

(HABLA EN FRANCÉS)

Desconfío de su país entero.

-¿Tanto oro traen? -"Plus que vous pouvez imaginer".

-Más del que podéis imaginar.

-Debe garantizarme una absoluta seguridad

hasta Córdoba. -Si se me permite, señor capitán,

Su Señoría, tengo el atrevimiento de ofrecer mi modesta persona

para acompañarle, señor capitán.

Conozco la comarca mejor que nadie.

El señor alcalde lo sabe.

Soy cartógrafo y me he quemado los ojos trazando los mapas

de toda Andalucía. He tenido el honor de ponerlos

a disposición de... el general Moreau, por ejemplo.

-Efectivamente.

Entre sus recomendaciones, hay una muy expresiva

del propio general. -Si el general lo aprueba,

el capitán Roland no pone objeciones.

Eh... Don... ¿Cómo es su nombre, "monsieur"?

-Gastón, monsieur le capitaine. -Oh, muy francés.

(RÍE) -Una buena idea de mis padres,

un nombre francés... profético. (RÍE) -

-Qué oportunidad, su señoría. Si el capitán fuera tan gentil

de permitirme seguir con él después de Córdoba...

Quizá conocería la Corte.

Y luego... París.

Quizá algún día yo tenga la oportunidad y el honor

de hacer los planos de Francia. (RÍE)

-¿Eh?

-¡Frasquita! ¡Frasquita!

Murmullos.

¡Ven!

Toma, es para Curro.

¿Ocurre algo, Juan? -No, nada.

¿Qué va a ocurrir? Te encuentro nervioso.

No te preocupes, hombre,

tendrás el dinero para levantar el embargo.

-Ay, qué lengua más larga tenéis las mujeres.

-¿Yo? Pero...

No, María no me dijo nada. Deberías haberlo hecho tú.

¿O es que no somos amigos? -Ya hiciste demasiado por nosotros.

Y vosotros por mí.

¿Quieres que echemos las cuentas? (RÍE) -No.

Alguien viene.

Trinar de los pájaros.

-Ah... -Ah...

(RÍE) -Hija mía...

-Mamá... -Frasquita...

(RÍE) ¿Cómo estás?

-Muy bien. -¿Cómo te ha ido?

-Bien.

(RÍEN)

-Ah...

-Ah...

Ya no volverás a irte de aquí, hija mía.

-Qué más quisiera yo, padre.

¿A que te han echado las monjas?

-Por bordar tu nombre en la estola del señor cura.

(RÍEN)

-¿Malas noticias? Al contrario, muy buena.

De aquí va a salir el dinero para tu embargo.

¿Te gusta mucho bordar? -Regular.

Pues quédate en el molino.

-¡So! ¡So!

Bufido.

Gorjear de los pájaros.

-Ah.

Bufido. -Ah...

-Ahí está el molino, señor alguacil.

-Ah. Son buenas tierras.

-Y el camino proyectado hará subir mucho su valor.

-Por algo se les ejecuta. -Se les ejecuta, señor escribano,

porque no han pagado sus deudas.

-¿Es verdad que el señor alcalde se ha hecho cargo personalmente

del pago de esas hipotecas? -Rumores.

-Con gusto las hubiera pagado yo...

por quedarme con esas tierras.

-Tiene usted un espíritu mercantilista, señor escribano.

-Ah. -La justicia le tiene sin cuidado.

Llaman a la puerta.

-¡Pase!

-¿Es usted Juan Galindo?

-Para servir a vuestras mercedes.

-En nombre del Partido Judicial de Lora del Río,

en el cual, se haya inscrita esta propiedad,

se advierte a usted que en el plazo máximo de 48 horas,

se procederá a su lanzamiento,

por no haber saldado las hipotecas que afectan a su propiedad.

-Un momento, señor, un momento.

-Más de un momento se le ha dado ya.

Se le han dado plazos. ¡Plazos!

Todos los que la justicia prevé.

Pero hemos llegado al punto...

en que ya no es posible dilatar más la sentencia.

Lo lamento, buen hombre,

tiene usted 48 horas.

-Si la autoridad correspondiente ya os ha hecho la notificación,

nada puedo hacer yo.

Las cosas siguen su curso normal.

No tengo la culpa que durante los dos últimos años,

hayáis tenido tan malas cosechas.

Quizás con un poco de previsión de vuestra parte...

Y ahora dejadme, aprovechad...

estas 48 horas... para reunir vuestro dinero.

Eso es mejor que pedirme audiencia tras audiencia.

Dejadme, tengo otras obligaciones.

Don Gastón, acompáñelos hasta la puerta.

-Señores, por favor.

(MURMURAN)

-Adiós. -Adiós.

(SUSPIRA) -¿Estos son los dueños...

...de las tierras por donde tiene que pasar?

-Es usted muy curioso. (RÍE) -Oh, perdóneme, señor alcalde.

-Y yo estoy demasiado nervioso.

Curro Jiménez por los alrededores asistiendo a un bautizo

como cualquier ciudadano honrado.

Y el oro de los franceses al alcance de su codicia.

¿Qué garantías puedo ofrecer con seis escopeteros

de mala muerte? -Sí,

el riesgo es evidente.

El convoy tiene trazado su itinerario...

y Curro Jiménez ya lo conoce.

Andalucía está plagada de espías.

Es un verdadero nido. ¿Sabe usted en qué trance me veo?

¿Sabe usted qué puede suceder si fracaso?

-Sí. ¿Qué pierda el favor de los franceses?

-Algo mucho más grave. El capitán Roland,

que es un hombre muy cortés, fue, sin embargo,

el instigador de los sucesos de Guadix.

-¿Quiere decir... que fue el que dio la orden

del fusilamiento de todos aquellos españoles?

-Sí. -Ah.

De eso no estaba yo enterado.

-Pues ya lo sabe.

Y usted me habla todavía de espías y conspiraciones.

-No le oculto el peligro.

Pero, al mismo tiempo, le ofrezco soluciones.

Tenemos una última carta a jugar.

Puedo desviar el convoy de la ruta convenida,

dar un rodeo, evitar posadas

y llegar a Córdoba... con muy pocas horas de diferencia.

Verá...

¿Ve aquí? Donde el camino se bifurca.

Hay una imagen santa, una hornacina.

Aquí, en esta encrucijada.

(ARREA LOS CABALLOS)

Ladridos.

-¡So...!

Campanadas.

(HABLA EN FRANCÉS)

(HABLA EN FRANCÉS)

Bullicio.

Relinchos.

Pasará una diligencia cargada con un tesoro de gran valor

en onzas de oro.

No sé si tendré tiempo de haceros llegar nuevos informes,

el oro no estará muchas horas en el pueblo.

Lo dejo en vuestras manos.

Suerte.

El botín es un montón de onzas mexicanas

contantes y sonantes

robadas por los gabachos a nuestra real Hacienda.

-¿No estarás pensando en restituirlas, verdad?

La mitad, yo antes que nada ladrón.

Este Fraile siempre está pensando que nos llegue la hora

del arrepentimiento. -No, que 20 000 onzas de oro

nunca las hemos visto juntas y no es cosa de...

Si nuestro hombre cumple su palabra y nosotros no erramos el golpe.

Tú, Fraile, al pueblo,

bien temprano, con aire de trasnochado vigilando

los franceses y todos los detalles.

Tú, Espinaca, a la misma cosa pero por los caminos,

mendigando y estudiando todos los movimientos,

sobre todo el de los uniformados.

Conmigo el Algarrobo y todos los demás.

Tú, Guindilla, te quedas.

-¿Es que piensas dejarme siempre aquí?

Está bien, vendrás. Espera, que tengo una idea.

¡Uf! ¿Cuándo no? Habla por ti,

que no tienes ninguna. ¿A que te rompo la crisma?

A mí vas a venir con... ¡Quietos...!

Di tu idea. -Seguro que quiere disfrazarse,

es una manía. ¿Pero queréis dejarme hablar?

A juzgar por lo que dice la carta,

el capitán francés y el alcalde están bien informados.

Lo mejor sería dejarle salir

del pueblo sin que sospecharan

que Curro Jiménez va a atacarles.

¿Y cómo darles esa tranquilidad?

¿Haciéndome por muerto? -No juegues con esas cosas.

No...

Dejándote atrapar.

¿Te has vuelto loco?

Curro Jiménez detenido en la cárcel bajo la vigilancia directa

del señor alcalde. ¡Pero bueno! ¿Qué dice este tío?

Déjale hablar.

Creo que te entiendo.

El Fraile no estaba equivocado.

Quieres hacerte pasar por mí. Ajá.

¿Te atreves?

Es muy peligroso. (RÍE)

Si no me gustara el peligro estaría en Sevilla estudiando leyes.

Para quebrantarlas, claro... (RÍEN)

(CANTA FLAMENCO) Ah....

Ah, ah, ah, ah, ah....

Ah, ah, ah... Ah...

Ah, ah, ah, ah, ah...

Ah, ah, ah...

Ah, ah, ah, ay, que...

Va uno valiente...

Va uno valiente...

Va uno valiente

por la....

Sierra Morena...

Por la Sierra Morena...

va uno valiente.

-Este que entre es Curro Jiménez.

-Ya.

Y al capitán le llaman...

Y al caaa...

capitán le llaman...

Y al capitán le llaman

Curro Jiménez.

Curro Jiménez.

-Ya ve usted que no somos tan ineptos, hemos cazado

a Curro Jiménez justamente la víspera de su partida.

(CON ACENTO FRANCÉS) -Habrá que agradecérselo

a esa bella mujer

sin desmerecer la rapidez

y la astucia de vuestra autorité.

Una cosa me intriga,

¿cómo se atrevió ese hombre a venir al pueblo?

-Venía sin duda a buscar información.

-¿Va usted a ajusticiarlo?

-No, hasta que usted no haya llegado a su destino

nos servirá como rehén.

-Sentiría que usted no garantiza mi seguridad.

-Al contrario,

esos bandoleros jamás atacan sin su jefe.

-Oí voces, ¿ocurre algo?

-Malas noticias para usted, señorita.

Curro Jiménez ha sido atrapado.

Excusez moi por haber interrumpido su descanso.

Buenas noches.

¿Viene conmigo, don Gastón? Bonsoir.

-¿Está muerto?

-Todavía no.

-Au revoir, monsieur... -Mi capitán...

-Señor alcalde. -Confío en usted.

-Tranquilo, no se preocupe.

(GRITA EN FRANCÉS)

Guindilla, ahí está el Fraile.

(GRITA) -¡Curro, ya están aquí!

¡Vamos, Calandria, Malos Pelos, a los caballos!

¡Gitano, mi caballo!

Relincho. (ARREA AL CABALLO)

-Adiós, hasta la vuelta.

Relincho.

-Nos estamos aproximando a la encrucijada, señor capitán.

Cuando veamos la imagen sagrada nos detendremos.

A ver...

Olivos a la derecha, olivos a la izquierda...

¿Dónde está la Sierra Morena?

Tendré que cambiar las gafas.

Veamos este otro mapa.

Bien...

Oh, perdón, señor capitán, pero es importantísimo

que no cometamos el más pequeño error.

¡Ahí! ¡Ahí está!

¡Mire, mire, mire!

¡Pero mire!

-¿Qu'est qui se passe?

-La hornacina,

la imagen sagrada.

¡Parad, parad!

¡Detened los coches, alto!

(GRITA) ¡Arrêté!

¡Arrêté!

-¡Alto!

-¿Y ahora?

-Un momento, señor capitán, tengo que consultar mis mapas.

Primero a la derecha, luego a la izquierda...

Siempre a la izquierda.

Este es un momento crucial,

y toda la responsabilidad sobre mis hombros.

-¡Vamos, hombre, no pierda el tiempo!

-No, no, si ya está, está clarísimo.

Tenemos que ir por el camino de la derecha.

(HABLA EN FRANCÉS)

(GRITA EN FRANCÉS)

-¡Arrêté!

Otra vez el santo.

-No puede ser, será otro santo.

Los mapas no pueden equivocarse.

-Pero usted sí.

-Un poco de paciencia.

¡Ah, voilà!

(HABLA EN FRANCÉS)

(GRITA EN FRANCÉS)

-Este puente ya lo hemos pasado pero en sentido contrario.

-Imposible, capitán, no ve usted bien.

Es otro puente,

si hasta pienso que es otro río...

Ahora vamos bien,

estoy seguro.

-No me gusta nada,

vamos a meternos en un desfiladero.

-Precisamente es la ruta que nadie puede haber sospechado

que seguiríamos.

Y ahora

derecho a Córdoba.

¡Arrêté!

¡Arrêté!

¡Arrêté!

-¡Por Dios!

-Discúlpeme un momento,

voy a inspeccionar el terreno.

¿Me da mi sombrero, por favor?

Gracias, en seguida vuelvo.

Voy a echar un vistazo por ahí, ¿eh?

¿Hace mucho que esperas?

No.

-Les he dado un buen paseo.

Ahí te los dejo bastante cansados.

Luego te ataremos como a todos para que no sospechen.

-Bien, todo sea por España.

Bueno, la mitad.

(RÍE)

Buenos días, capitán.

(HABLA EN FRANCÉS) Baje.

Dígale a sus hombres que tiren las armas.

(GRITA EN FRANCÉS)

Gracias, capitán.

(RÍEN)

-¡Oro! -¡Es nuestro, es nuestro!

-¡Virgen de los desamparados, oro...!

-Quieto...

So...

Si al amanecer no he vuelto colgad al francés.

Ladridos.

Chis...

-¿Cómo has podido escapar?

Nunca estuve preso.

-Debes irte.

No te preocupes.

-¿Quién es usted y qué desea?

Me llamo Curro Jiménez.

-¿Cómo se atreve a poner los pies en esta casa?

Sólo estaré el tiempo justo, no se disguste,

hasta que de la orden de poner en libertad

al hombre que tiene detenido.

-¿Y si me niego?

(RÍE)

Trinar de los pájaros.

-¡Ah, por ahí viene!

Relincho.

¡Curro! -¡Hola, Estudiante!

-¡Bienvenidos! -¿Cómo os ha ido por ahí?

¡Curro! ¿Qué tal, cómo ha ido todo?

¡Estudiante! (RÍEN)

¿Y el francés?

Relincho.

¿Quién de vosotros dio la orden de colgar al francés?

Fue el culpable de la matanza de los españoles en Guadix.

¿Y eso qué tiene que ver?

Soy yo quien da las órdenes.

Dijiste que lo colgásemos al amanecer.

¿Por qué no te quedas con nosotros?

-No, esto no es vida para mí.

De momento, Algarrobo, creí que no volvía con vosotros.

-Terrible, señor alcalde,

terrible del todo.

¡Vamos, yo diría que completamente terrible!

Salieron de las montañas y nos encañonaron como energúmenos.

Nosotros, como personas civilizadas,

levantamos las manos pero no vaya usted a creer

que entendieron nuestro espíritu de colaboración, ¡qué va! ¡Uf!

Nos sacaron, se llevaron el oro, y al francés... ¡Uf!

Al francés lo colgaron.

¡Horroroso, ha sido horroroso!

Ahora, eso sí,

el resto de la misión

como estaba previsto.

¡Ja!

-No intente estorbar el procedimiento,

el plazo se ha cumplido.

Es doloroso para usted,

pero ningún dolor humano puede empañar el brillo de la justicia.

Señor escribano...

-¿Alcanza?

Señor escribano,

levante acta.

-Sí, saquemos un poco más de brillo a la justicia.

(RÍE A CARCAJADAS)

-Menuda sorpresa me he llevado,

nuca pude imaginar que pagaran todos.

¿Por qué va tan mohíno?

Al fin y al cabo

no ha sido tan poca la recaudación.

-Ni será poca la furia del alcalde

cuando sepa que le han birlado su negocio de tierras.

¿Por qué nos detenemos?

Es muy fácil de explicar.

(RÍE) Venga, el dinero, pájaro...

(RÍE)

(RÍE)

¡Eh, caballo...!

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Curro Jiménez - 20.000 onzas mexicanas

01 ago 2016

Curro Jiménez, con la ayuda de El Estudiante y del Algarrobo, se mete en una operación en la que hay en juego una fortuna considerable en piezas de oro.

Histórico de emisiones:
28/08/2013

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