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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 224

Cuéntame cómo te ha ido en tu viajar por ese mundo de amor. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido... Cuéntame si has conocido la felicidad. Háblame... (NARRA) 1980 fue el año en el que un ex empleado de Telefónica estrenó "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón", fue el año en que mataron a John Lennon, el mismo en el que María Jesús y su acordeón nos hicieron bailar "Los pajaritos". En resumen, el inicio de una nueva década con gente nueva haciendo cosas nuevas, aproximándonos a la España que queríamos llegar a ser. También fue el año más sangriento de nuestra pacífica transición en el que el terrorismo se cobró 132 muertes. Pero la violencia no iba a detener a nuestra democracia, el país estaba en plena fiebre autonomista, de repente todo el mundo vivía en una autonomía histórica, aquello era el café para todos, café, estatuto y bandera, sobre todo bandera, -Eh, la última hornada de bandera, "made in" Josefina, pero parece que están rematadas con esparto, macho. A ver, la voy a meter aquí al fondo para que no sean las primeras que salgan. -Más nos vale. -¿Están todas? Ya hablaré con ella. -Bueno. -Ay, aleluya. -Vamos a celebrarlo, a ver, copas. (NARRA)Y ahí estaban mis padres, mi tío y su socio endeudados hasta las cejas y preparados para surtir de banderas a autonomías, ayuntamientos, equipos de fútbol y lo que les pusiera por delante. Sólo el tiempo diría si habían encontrado un filón o si aquello era flor de un día. -Hala. Pero no lo sirvas así, Miguel, hombre, que lo espumas todo, no sé cómo quieres te lo cuente. Brindemos, a ver... Por estandartes y banderas y por San Genaro que va a ser más famoso que Mondragón, toma. -Por estandartes y banderas. -Por estandartes y banderas. Socio. (NARRA) A nuestra manera huimos del fantasma de la crisis y el paro con humor y amor, bueno, algunos con el amor en la distancia. En cuanto a mí, tenía mis primeros y terribles parciales, aunque no era el único en la familia, la diferencia era que mientras mi madre estaba a punto de acabar su carrera, mi carrera estaba a punto de acabar conmigo. (LLAMA AL TIMBRE) Ya va. -Buenas, certificado urgente. ¿Certificado, pero es que no nos van a dejar de dar la tabarra aquí tampoco? -¿Cómo dice? Mire, si es una carta para don Antonio Alcántara él no está y yo no firmo nada. -Antonio Alcántara no, esto es para doña Herminia López. Ah, bueno, ¿me la deja ver? -Claro. Esto no será de un juzgado. -Señora, ¿es usted doña Herminia López o no? Sí, sí, sí, bueno, venga. ¿Quién es, madre? Mercedes, firma, por favor. Sí, ahora mismo. Es una carta para mí. Ah, pues muchas gracias, eh. -Gracias, muy amable. Ábrela, anda, yo es que como no tengo las gafas, me ha parecido ver notaría. Sí, de una notaría. Oh, certificado, yo cada vez que oigo esa palabra es que se me abren las carnes, eh. ¿Pero qué nos van a embargar ahora, por Dios? Bueno, ¿qué pasa? Es mejor que te sientes, madre. ¿Qué? Ven a la cocina. Hija, no me tengas en vilo. Si es que te vas a llevar un disgusto. ¿Quién es? Bueno. Que sea lo que Dios quiera, ¿qué es? Es una notificación para que vayas a la lectura de un testamento. ¿De un testamento, de quién? De Alfredo. Ay, Mercedes, ¿me estás diciendo que se ha muerto Alfredo? Lo siento mucho, madre. Ay. Pero por Dios, mira cómo está terminada esta, que parece que lo ha hecho con una guadaña. -A ver, oh, esa va a ser de las de Josefina. -Josefina, joder con Josefina. ¿Has hablado con esa mujer? -Vemos, Antonio, yo con esa mujer he hablado y he sido Santa Clara con ella, macho, pero claro, como va a destajo la muy avariciosa y hay que repasarlas luego todas. -Pues habrá que repasarle también el sueldo, digo yo. -Exacto. Yo no la meto, Miguel, porque a ver si vamos a estropear. -Ya la meto yo, Antonio, no te preocupes, aquí lo importante es hacer bultos, que vamos a desperdiciar una bandera. Eso no vale, hombre. -Que sí que vale, hala, ya está, 4500 banderas andaluzas, que se dice pronto. -¿Qué me vas a contar a mí? Tengo los riñones a Jerez. -Antonio, tengo otra vez al teléfono a esta señora, a la clienta de Sevilla. Ah, Rocío, ¿qué quiere? -Que cómo va la entrega, que necesita el pedido para mañana sí o sí. -Qué pesada. Dile que se lo mandamos en tren, que mañana vaya a RENFE y allí las tendrá. -Muy bien y calentitas. Eso es, trae para acá que me voy a Atocha. ¿Que te vas tú? No vas a ningún lado. Todo esto entre el coche de Desi y mi taxi nos lo ventilamos. No me mandonees, seré cardiópata, pero no un inútil. -¿Qué tendrá que ver el culo con las témporas, Antoñito? Veamos, ¿tú no te dedicas a lo que es gestión y venta y nosotros a producción y distribución? Entonces gestiona, macho, gestiona. -Sí, sí, venga, gestiona. Alegra esa cara, que esto va viento en popa, hombre. -Ya lo creo, no te preocupes, Antonio, si no es por esto, son cosas mías. -Bueno, Miguel, ¿nos piramos o qué? -Sí, venga, hala, vamos. -Adiós, gestionable. -Pero qué cotilla eres, eh, necesito un día libre y punto, ya está, en fin, que es un asunto personal. -¿Algo de salud? Quiero decir, algo relacionado con la medicina. -¿Y por qué insistes si sabes que no te lo voy a contar? -Yo sólo quiero saber... (GOLPEA LA PUERTA) -¿Se puede? -Hey, hola, adelante. Estaba recogiendo, ¿os conocéis vosotros ya? -Bueno, nos hemos visto un par de veces ahí afuera, ¿qué tal? Soy Alberto. -Pascual, un placer conocerte, Inés me ha hablado mucho de ti. -Todo mentira. -Bueno, lo mismo digo por si acaso. -Bueno, voy a ir a recogiendo mis cosas, encantado. -Igualmente. -Inés, cuenta con ese día libre. -Gracias. -Hola, ¿este es el famoso Pascual? -Ese es el famoso Pascual. Eh, este es el famoso taller. -Sí. Puedes investigar lo que quieras. -Vale. (TELEVISIÓN) Según la nota oficial de la policía, los asesinos concesos de la estudiante Yolanda González son un ingeniero electrónico y un estudiante de Químicas, ambos pertenecientes a Fuerza Nueva, en el momento de su detención se les incautó un importante arsenal de armas... Toma, que no tiene azúcar. Ah. Ay, por Dios. ¿Cómo está tu madre, anda? Unas gotas y la tila mejor, vamos. ¿Te imaginas que este pobre Alfredo le haya dejado un potosí? Calla, estoy temblando, sabes que esto de las herencias siempre es muy complicado. No, ya lo sé, ya verás qué poco tardan los hijos en aparecer como hienas a comerse la carne. Los hijos podrían haber avisado antes, hombre... Llaman al timbre. Siempre fueron muy raros y a tu madre nunca la quisieron nada. ¿Quién será? Nunca la quisieron. Anda, que es tu hermano y Desi. ¿Cómo que mi hermano? -Hola, Merche, buenas noches, ¿está Antonio? Sí, está aquí. -¿Qué tal? Bien. Qué cara tenéis, ¿qué pasa? ¿Qué pasa que traéis esa cara? -Catastrófico, se acabó, Antonio. No me asustes, Miguel, ¿se acabó qué? -La Renfe, que está de huelga. ¿Cómo va a estar la Renfe de huelga, hombre? -No tengo ni idea, pero iniciaron una huelga que durará 48 horas. Serás desgraciado, ¿qué hacemos con las banderas? -Yo qué sé, lo único que se me ocurre es bajar a Sevilla y entregarlas personalmente nosotros. ¿Vosotros? -Sí, doblarlas un poco y meterlas en mi Dodge Dart y no tirar milla. No porque no cabrían todas en el Dodge Dart, además, tú no puedes bajar, en todo caso bajaré yo que he hecho la venta. ¿Tú? Claro. ¿Pero cómo vais a bajar a Sevilla a llevar las banderas? Porque hay que entregarlas mañana, ¿qué quieres, que nos comamos 4500 banderas o qué? ¿Dónde las meteréis? -Yo venía a ver si se le ocurría algo a Antonio, no te preocupes que vamos conduciendo. No, sí qué me preocupo, ¿cuántos kilómetros hay a Sevilla? -500 y 600 kilómetros. No digas tonterías. -Soy taxista. Da igual. Callaos un momento, por favor. Pepe, soy Antonio, oye, escúchame, tengo una emergencia, ¿el cuñado tuyo sigue teniendo la furgoneta esa con la que hicimos el porte...? -¿O una más pequeña? ¿O una más pequeña? Bueno, da igual, con la que hicimos el porte, sí, es para bajar a Sevilla a bajar la banderas, callaos, por Dios, sí. -Oye, ¿tú has estado en Ibiza, no? -Sí, claro, estuve viviendo unos años en una comuna hippie. -Ya. -Sí. -¿Sí? O sea, que tú has sido hippie en Ibiza, actriz de Buenos Aires, también viviste en París. -Sí. -Ah, la verdad es que no dejas de sorprenderme nunca, eh. -Ya. -Y supongo que hay más. -Siempre hay más. -No, en mi caso no, soy así de soso. -¿Sabes lo que me gusta a mí de Ibiza? -Qué. -Las calas. -Ah. -Esas calas desiertas. Iría al atardecer y ver cómo se pone el sol en el mar. -Ah, tengo muchas ganas de ver esa puesta de sol. -Ya. ¿Sabes lo que es la tramontana? -La tramontana, la tramontana, la tramontana es un viento que hace que viajar a Ibiza en febrero esté al alcance de un médico suplente. (INÉS RÍE) ¿Sí? -Sí. (INÉS RÍE) No. Una tortilla y fruta, ¿os vais a ir en esto? De verdad, ¿os vais a llevar toda la noche conduciendo en esta porquería? Perdón. -Por favor, venga, vamos. No digas más tonterías. No me hace ninguna gracia que os paséis toda la noche conduciendo, ¿no hay otra manera? Mi hermano otra cosa no, pero conducir sabe. Sí, pero por la ciudad, no toda la noche y con esto que es un trasto, parece del siglo pasado. Ya. -Mercedes, intenta convencerle porque yo hablo con él y no me hace ni puñetero caso. Que no insistáis, que nos vamos mi hermano y yo. -Veamos, Antonio, ¿no quedamos en que tú eras gestión y que yo distribución, macho? Pues tú mañana eres gestión, te levantas, haces lo de Alcorcón y las peanas del ministerio y me lo solucionas. -Esto es igual que hablar con franco, igualito. Qué cabezón eres, por lo menos dale conversación para que no se duerma. -¿Nos vamos? ¿A qué esperamos? -Sólo habláis, las llaves de la furgoneta. -Don Antonio, siento mucho no poder hacer yo el porte, pero avisando tan tarde es imposible. No te preocupes, yo me hago cargo, muchas gracias por la furgoneta. -¿Gracias, gracias? Gracias por el alquiler, no te preocupes, que mañana te mando a mi socio para que te pague, hombre. -Don Antonio, cuídela, por Dios, que es de la familia. ¿A quién me traes? -No le haga caso, no se preocupe, a disfrutarla. Pues eso. Las pastillas en el bolso, dentro de la maleta. -Tened cuidadito, eh. -Sí. No me des estos besos, por Dios. No te pongas enfadada, que te pones muy fea, Milano. -¿Antonio, nos vamos o qué? ¿Te vas con ese traje? Si vas a hacer un porte. Se te va a arrugar. No corráis. -Ya, Carlos, pero es que el trabajo hay que entregarlo mañana por la tarde. Es que estuve ocupado, joder, no tuve tiempo. -¿Haciendo qué? En la clase, viniendo a trabajar, ¿te parece poco? -Me parece lo mismo que hago yo, lo que pasa que mi parte del trabajo ya está hecho. A ver, ¿cuánto te queda? Pues he hecho la mitad, pero está en sucio, muy sucio, tengo que pasarlo a limpio. A ver, mañana por la mañana voy a la biblioteca y lo termino. -¿Seguro? Sí, a primera hora. -¿Y qué es para ti primera hora? ¿Las once de la mañana? O las nueve, joder, no voy a dormir nada. -Anda, bueno, vale, pues entonces voy y te ayudo. ¿Qué? -¿Qué? Que no has empezado, ¿no? ¿Cómo lo voy a empezar? No, no lo he empezado. -Macho, que ya nos conocemos, que a mí no me tienes que mentir, Carlos. Si es que no llego a todo, no llego, yo no sé cómo lo hace ella. Me tiene alucinado. -Y a mí, a mí me tiene agotado. Con eso te lo digo todo, en todos los sentidos. ¿De dónde sacará la energía? -Te lo digo yo, nos la quita a nosotros. -Es el tercer día de huelga de hambre para Rafael Escuredo, presidente de la Junta de Andalucía que demuestra síntomas de debilitamiento físico y fiebre alta, el Gobierno permanece inflexible... Como se nos muera el presidente de la Junta, adiós referéndum, adiós banderas y Cristo que lo fundó. Tendríamos que hacer entonces crespones para banderas, ¿qué te parece la idea? Crespón de quita y pon, ¿eh? A ti te pasa algo, ¿eh? Es por Paca. ¿Cuándo piensa volver a la lobera? -No tengo ni idea. ¿Tan mal está "el Matamulas"? -"El Matamulas", "el Matamulas" está como una rosa. Entonces son cosas vuestras. -Te aseguro que yo no tengo nada que ver. Sí, algo le habrás hecho. -¿Yo? Sí. -¿Qué le voy a hacer yo? Si bebo los vientos por ella. Pues a lo mejor es eso, tú no eres un hombre de ponerte en tu sitio y las mujeres se cansan de tener un hombre al lado que esté todo el tiempo diciendo sí, cariño, sí, cariño, sí, cariño. -Oye, si lo que quieres es llamarme calzonazos me lo dices a la cara y te evitas dar tanto rodeo. Dios me libre, sólo quiero ayudar. -¿Sabes qué es lo peor? Que ella dice que no le pasa nada. Y esa es la putada porque si una mujer te dice que ya no te quiere yo qué sé, porque estás gordo por ejemplo, vas y adelgazas o porque dices que eres poco detallista, pues bajas a la calle y le compras un regalo y asunto terminado. Pero si te dice que no le pasa nada. ¿Y si ya no me quiere? Pues no creo, Miguel, es muy difícil dejar de querer al padre de tus hijas, si fueran hijos todavía, pero hijas no. -Si me quiere sólo por eso estamos apañados, yo qué sé, Antonio. Yo veo que las cosas entre Merche y tú, por ejemplo, van bien, ¿pero cómo lo hacéis? (RÍE) -¿De qué te ríes? (RÍE) Porque son otras circunstancias. -La puñetera diferencia de edad. Hombre, está claro que Merche y yo tenemos más o menos la misma edad y por lo tanto las mismas ilusiones, las mismas esperanzas en la vida, tu caso es que es muy especial. ¿Sabes lo que tienes que hacer? Vivir la vida, vivir el momento, ¿qué quieres? -A Paquita quiero. ¿Y ella qué quiere? Suenan ronquidos. -Ah, ¿qué pasa, vas bien? Mira. -Coño, hemos llegado. -Hola, buenos días, abuela. Hola, hija. -Siento mucho lo de Alfredo. Muchas gracias. -Vaya, también qué rabia haberse enterado así. Ya, a mí me hubiera gustado despedirme de él, pero... -Bueno, de todas maneras él a su manera se ha despedido de ti, ¿no? Te ha incluido en su testamento. Bueno, se lo podía haber ahorrado, no tengo ningún interés en tomar nada de sus hijos. -Bueno, abuela, lo que importa es el detalle, se ha acordado de ti hasta el último momento, eso tiene valor, ¿no? Suena la puerta principal. Buenos días, hija. -Hola, mamá. Madre, ¿todavía estás así? Que vamos a llegar tarde al notario. Yo me arreglo enseguida, hija. He comprado para hacer un gazpacho, si quieres invitar a Alberto este fin de semana. -¿Este fin de semana? Nos vamos de viaje. ¿Os vais de viaje? -Ajá. No me lo habías dicho. -Ya, a Ibiza. Pues invítalo otro día, a mí me encanta temer un médico en la familia. -Se hará lo que se pueda, abuela. Bueno, me voy, que llego tarde al trabajo. Pillina, de viaje. Se va de viaje. Se le ve diferente, ¿verdad? Ay, yo le voy a rezar a Santa Rita, a ver si esta niña tiene ya por fin puntería. -Preciosa, ay, pero qué acabado, mira. Bueno, esta, la del escudo para cuando podamos usarla, mira, qué bonita. -La verdad que esto sí es una bandera como Dios manda, de las que flamean, de las que ondean bien con el viento, oye, me alegro mucho de haber confiado en vosotros, de verdad. -Ya te lo decía y formales un rato, que yo ayer cuando me enteré de lo de la huelga me eché a temblar, eh, ya me veía en el mitin agitando, no sé, un camiseta del Betis. (TODOS RÍEN) -Sí, reíros, reíros. -Imagínate, una huelga de Renfe sorpresa de 48 horas, vamos, si no traemos las banderas en mano todavía están en la estación de Atocha. -Menudo lío, oye, ahora si no os importa los compañeros van a ir ayudando a traer las cajas y demás que yo tengo un lío ahí dentro... -Sí, voy a echar una manita. -Así que, Antonio, aquí tienes... -Mira, si huele a nueva, eh. -Sí, verdad. Huele a nueva porque la acabamos de sacar del horno, es que las metemos en un horno para secarlas. -¿Qué me dices, en un horno? Sí. -Ni que fuera un bollo suizo. (RÍE) Muchísimas gracias. -No hay de qué, oye, un placer hacer tratos con vosotros. Muchas gracias por su confianza. Muchísimas gracias. -Antonio, escúchame, puedo tutearte, ¿verdad? Sí, siendo cliente, sí, incluso después de este cheque me puedes llamar hasta hermano. -¿Ustedes habéis picado algo? Pues no, sinceramente, estamos con un café desde anoche. -Os invitaré a un tentempié que después del esfuerzo qué menos. Bueno, no sé yo, Rocío... -Eh, oye, qué venís a Sevilla y no ir a una taberna a tomarse un finito, un pescaito, que tiene mucho delito, eh. No me podéis hacer ese feo. -Antonio, no vamos a hacerle ese feo, no podemos irnos de aquí, tendremos que descansar un poco, comer un poco de pescaito... Ya, Miguel, ya lo sé que tenemos que descansar, pero tendría que llamar porque me marché del trabajo y no dije nada. -Antonio, hombre. A ti como te da lo mismo... -Antonio, ahora llamas, que no pasa nada, eh. que no pasa nada, eh. Bueno. -Os llevaré a un sitio donde ponen unos caracoles y unos camarones... -"Escargots", qué nostalgia, hace tanto tiempo que no me como unos "escargots", seguiré con las cajas. -¿Qué le pasa a este? Ah, no sé, debe estar muy contento por lo de las banderas, ¿dónde puedo llamar, Rocío? -Sí, Macarena. (AMBAS) ¿Sí? -Estamos en Sevilla, Antonio, que Antonio quiere hacer una llamada. Gracias. Ignacio, soy Antonio. -Hola, Antonio. Quería avisarte que me surgió algo y tengo que tomarme el día libre. -Espero que no sea un problema de salud. No, he salido fuera de Madrid por un tema personal, no te preocupes que recuperaré las horas esta semana. -Tranquilo. Otra cosa, deberíamos encontrar un hueco libre tú y yo para hablar tranquilos. -Eso suena a despedida. Ya hablaremos, Ignacio. -Muy bien, adiós, Antonio. Adiós. Bueno, pues me dieron permiso. -¿Ya? -Qué bien. -Bueno, ¿sois todo míos? Pues sí. -¿Vamos? Deja pasar a la señora. -Por favor. -Gracias, caballeros. Llaman al timbre. (SUSPIRA) Mierda, la biblioteca. -Eso, mierda, la biblioteca, la biblioteca donde llevo desde las 9 de la mañana esperándote. Es que no me ha sonado el despertador, de verdad, lo siento. -¿Así de fácil, no? Lo siento, lo arreglas todo con un lo siento. Ayer me tocó a mí cerrar, salí del bar a las tantas. -Carlos, media hora más tarde que Felipe y yo, no puedes decirme lo que tardes en cerrarlo que lo cerré mil veces. Encima seguro que te pasaste bebiendo, te dije que te controlaras y tú que no, que controlo. Me visto y nos vamos a la biblioteca. -No, te vistes y te vas donde te dé la gana y conmigo no cuentes para nada y el trabajo lo entrego yo sola. No me dejes colgado, eh, Arantxa. Buenos días. Buenos días. Cuanta gente, ¿no? Esto de la notaría es un negocio redondo. -Señora, siéntese. Muchas gracias. Muchas gracias, hija. ¿Y los hijos de Alfredo? La verdad es que yo ya no los recuerdo. -A ver, por favor, ¿herederos de don Alfredo Jiménez? Pasen a la sala. Digo yo que serán parientes, ¿no? ¿Todas? -Vaya leche te han pegado, ¿no? -Hola, chicos. Hombre, Javi, ¿qué haces tú por aquí? -Pues nada, me dinero permiso para venir a ver a mis viejos. -Ah, qué amable, gracias por venir a vernos. ¿Qué te ha pasado en ese ojo? -Una movida con los del reformatorio, ya no me duele. -Vaya, lo siento. -Profe. -Qué. -¿Tú me dejarías 5 talegos? -¿Reme, tú puedes ir a pedir a Pascual que traiga esmalte que se nos ha acabado? Gracias. ¿5000 pesetas? -Te los devolvería en cuanto salga y empiece a trabajar, joder, que soy un tío legal, ya lo sabes. -¿Y para qué quieres tanto dinero? -Es que le quiero comprar una cosa nueva a mi madre, una máquina de coser de estas eléctricas y con la que tiene ahora se mata a currar. -Claro. La verdad es que me parece un detalle, si quieres te acompaño, la compramos y se la llevamos a tu madre juntos, ¿quieres? -¿Qué pasa, que no te fías de mí o qué? -Que no, hombre, me fío de ti, no seas mal pensado, sólo me apetece ir contigo. -Es que la tiene un colega que la vende en su casa. -Ah. Robada. -Eso ya es problema de mi colega, no sé si me explico. -Te explicas bien. A ver si tú me entiendes a mí, yo es que no le presto dinero a gente para comprar cosas robadas. -Oye, mira, si no me quieres dejar el dinero, me lo dices y punto, eh. -¿Sabes lo que creo, Javi? Que tu madre ya tenía una máquina como esa y que tú se la quitaste y la vendiste. ¿Es o no es? Y yo te daría el dinero, Javi, te lo daría, porque yo sé que tu intención es buena, pero en cuanto tú tengas las 5000 pesetas en esta manita, los dos sabemos qué va a pasar. -Mira, que porque te metieras jaco no lo sabes todo, ¿vale? -Yo era muy mentirosa, Javi, como tú, ¿vale? Si necesitas ayuda te la daré, aquí estoy, pero dinero no te voy a dar, ¿vale? -¿Ayuda como cuál? ¿Como la de meterme en esta mierda de sitio? No, gracias, ayuda de esa me sobra. -Javi. -Que me olvides. ¿Pero tú conoces a todas esas señoras, madre? Yo no, yo creo que serán parientes de Alfredo. Disculpe. -Sí. ¿Es usted familia de Alfredo? -Oh, mujer, familia, familia, no, Alfredo y yo éramos amigos, muy amigos, para que usted me entienda. Ya. -Perdona, ¿usted es? Herminia López para servirla. -Ah, Herminia, huy, pero qué ilusión conocerla. Con lo que Alfredo me hablaba de usted. Yo soy Patrocinio, pero puede llamarme Patro. Encantada. -Amparo, esta señora es Herminia. -¿Herminia? Así que todas eran amigas de Alfredo. Por lo visto. -Buenos días. (TODAS) Buenos días. -Estamos a la espera de la llegada de una última heredera para darle lectura a las últimas voluntades de don Alfredo Jiménez, mejor dicho, la lectura de una disposición adicional, el testamento principal se leyó ya con la familia. -Hola, disculpen el retraso Valentina. -¿Llego tarde? ¿Pero qué hace usted aquí? -Lo mismo que usted. -Y yo qué iba a saber que se había escapado. -¿Y qué quería? ¿Qué va a querer? Dinero. Claro que no se lo he dado porque ya sabes dónde se lo va a gastar en la Ventilla, en algún sitio así. -Ni se te ocurra ir a buscarle, eh. -No, pero podríamos ir juntos, ¿no? -No. -¿Por qué, porque me voy de viaje, no es eso? -Pues sí, eso es, te vas de viaje. -Huy, eso está muy líquido, Reme. Haz una nueva y lo metes al horno, ¿vale? Con un poquito menos de agua, ¿vale? Reme, ¿tú no habrás visto a Javi, no? -No, si le veo tampoco voy a decir nada. -Ah, muy bien, pues la próxima vez que no le veas le dices de nuestra parte que esté metido en un buen lío y que si quiere le acompañamos al juez, ¿vale? Ah, que por las buenas tiene mucho más que ganar. -Ya. -Bien. -Hablando de tu viaje, ¿Alberto y tú...? -¿Que si vamos en serio? ¿Eso es lo que quieres saber? Sí. -¿Se lo has contado? -Todavía no, lo he intentado un par de veces, pero... -Un viaje puede ser un buen momento para hablar, ¿no crees? -No lo sé, no lo sé, Pascual. (LEE) Y por todo ello he decidido reservar una cantidad de mis escasos ahorros para que juntas podáis disfrutar de una buena cena en el restaurante Andoain que tanto recuerdos me trae de todas vosotras. -Qué detalles tiene este hombre, eh. Sí, muchos. (CARRASPEA) Espero que con este pequeño ágape me recordéis, ¿por qué no? Celebréis todo el amor que tan generosamente me disteis. Firmado Alfredo Jiménez, siguiendo las instrucciones del finado esta noche dispondrán de una reserva para cenar en dicho restaurante. Nada más y que les aproveche. Pueden recoger la documentación a la salida. -Hay que ver este Alfredo. -Es un hombre maravilloso. -Qué clase y qué estilo tuvo hasta el final. -Alfredo sí que sabía vivir. No hace falta que lo jure. Valentina, ¿pero usted y Alfredo, pero cuándo? -Huy, es una historia muy larga y muy bonita, ¿por qué no hablamos en la cena? A mí no se me ha perdido nada en ese sitio. -A caballo regalado, yo pienso coger una moña de aupa. Bueno, ya me lo contarán ustedes otro día. Valentina, es usted de lo que no hay. -¿Pero yo qué he dicho, qué he hecho? -¿Entonces tú conociste personalmente a Suárez? Sí, en la Primera Comunión de mi hija la pequeña vino a casa a tomar un café con mi suegra. -Qué guasa tiene, tú te estás quedando conmigo, ¿no? -Así que taxista en Madrid. -Sí, señor, soy taxista en Madrid. -¿Mucha gente en Madrid? -Mucha gente, mucha. -¿Y mucho taxista? -Sí, mucha gente y mucho taxi y alguien tendrá que llevarles. ¿Tú lo conocías mucho? -Sí, sí, mucho, es que es muy amigo del estirado de mi marido y cada vez que ha venido a Sevilla pues... Pero hace ya como no sé, dos años o algo así que no le veo. ¿A Adolfo? -A Adolfo y a mi marido también. (AMBOS RÍEN) -¿Y a cuánto está la bajada de bandera en Madrid? -A 32 pesetas. -No está mal. -No, no. -También gastarán mucha en gasolina. -Pues sí, la verdad que como están todos los días moviéndose de un lado a otro gastan mucha gasolina, ruedas y en todo. Yo estaba concretamente cuando "El plan estratégico del olivar", aunque tenía un equipo muy grande, eso lo llevé al acto. -Ah, ¿sí? Os habéis lucido, eh. ¿Cómo que nos hemos lucido, qué quieres decir? -Hombre, Antonio, a ver, el problema son las 116 pesetas que el Gobierno ha mercado, ¿sabes a cuánto se vende en Italia? A 205 y encima producen más barato. Pero en Italia no te garantizan que te compren toda la producción, Rocío, pero vamos a ver, ¿tú por qué sabes tanto del olivar? -Por la cuenta que me traen, 250 hectáreas que tengo ahí en San José, así que tú me dirás si tengo que estar pendiente o no de este tema. Desde luego que si no te importa que el Gobierno te asegure la compra quiere decir que lo tienes todo vendido. -Sí, al 100%, Antonio, al 100%. -¿Mucho guarda urbano en Madrid, no? -Que sí, mire usted que es pesado, que hay mucho guardia urbano y mucho semáforo y muchas calles y muchas farolas en Madrid, hay una abundancia de todo que no vea, vamos, una afición al Betis que no se puede aguantar. -¿Usted es del Atlétic, no? -Sí, señor, a mucha honra. Deben estar discutiendo de cosas del gremio, hombre, porque disparan en un momento los dos. -Mucha envidia. Porque tengo que llevar un potaje a casa, que sino... Carlos, hombre, ya estás despierto. -Sí. ¿Cómo vas? -Pues fatal, mamá, fatal. ¿En qué estás? -Aquí con el análisis matemático, no me entero de nada, que es que yo creo que me faltan apuntes o libros o no sé. ¿Y qué no entiendes? A ver. -Me han dicho que entra seguro la integral de Riemann, pero es que... Si eso es lo más básico, a ver, ¿estos son los únicos apuntes que tienes de Riemann? -Sí, bueno, es que esa semana falté un poco con todo lo del bar. Me tienes hasta las narices con lo del bar, te lo digo de verdad, hombre, que estás estudiando una carrera muy importante y en un sitio que es el más difícil de Madrid, no te das cuenta. -Ya lo sé. A ver si yo tengo algo de Riemann, ven aquí, vamos a mi habitación que tengo apuntes guardados, luego te haces la cama y despierta, no sé qué te pasa, de verdad. -¿Quién nos iba a decir a nosotros ayer por la noche en Despeñaperros con el sueño que estábamos pasando que íbamos a acabar hoy con esta luz, con esta temperatura en este patio tan bonito comiendo queso, pescaito, aceitunas, el vinito? -Muy rico, todo muy rico, ¿verdad? Pues espérate que viene lo mejor, aquí además de a beber y a comer se viene a conspirar. ¿Se viene a conspirar? -Sí, aquí son todos políticos. Anda. -Mira, aquellos tres son de la UCD, esos otros tres que están sentados al otro lado también son de la UCB. Pero esos son claveristas y aquellos son centralistas. Y entre ellos se llevan a matar. Es lo que nos ha pasado siempre en la UCD, que nos hemos llevado mal. -Pero si aquí el que no corre vuela, Antonio, los del centro, bueno, los del centro, eso por decirlo de alguna manera, esos son del Partido Andalucista. Ah. Pero de Granada, de los que quieren dos autonomías y dos capitales. -Si quieren dos autonomías y dos capitales habrá que hacerles dos banderas. -Sí. Pues a lo mejor me acerco luego y les entrego una tarjeta, por si acaso, ¿no? -Quita, quita, Antonio, que por ahí no conseguirás nada. ¿Ah, no? -No, déjalo. Oye, del Partido Socialista como que no veo a nadie, eh. Ya, deben estar con Escuredo en la Junta. Ah, bueno, claro. -Que a propósito de la Junta, esta tarde nos pasaremos por allí, bueno, si tenéis ratito, si queréis y sino también porque os presentaré unos cuantos cargos. Hombre, Rocío, si nos presentas unos cuantos cargos nos quedamos porque nos vendría de perlas. -Pues sí, Antonio, que les vamos a enseñar las banderas y cuando vean esas preciosidades y esos precios os la quitan de las manos. -¿Pero cómo verán las banderas? -¿Que cómo verán las banderas? Huy, hombre de poca fe, así van a ver las banderas. ¿Te has traído la bandera, Rocío? -Un momento, un momento, que esto la he cogido para mi casa. Ah. -Para ponerla en el balcón que bien bonita quedará, oye, que yo me siento orgullosa de ella. Tú sabes que te la hemos hecho para ti especialmente con el escudo y todo. -Esta tarde la usaremos de muestrario, la pasearemos de despacho en despacho. Os vais a forrar, Antonio. Pues permíteme, ¿qué quieres que te diga? Esta tarde nos quedamos y como decís aquí en Andalucía olé. (TODOS RÍEN) -Mira cómo es. Aquí están mis apuntes de primero, de profesor de Matemáticas tuve al catedrático Alberto Cebollada, que por cierto, era buenísimo, de Riemann no sé si tengo algo, a ver, mira. (LEE) Aplicaciones del Teorema de Taylor. ¿Y esto? ¿Eso? Un trabajo que hice en primero, ¿tú no diste a Taylor? Pues sí, me suena. ¿Cómo que te suena? Me preocupes, de verdad, que no tienes ni idea. Que sí, mamá, que sí, que a este sí le dimos. Si son muchos nombres y muchas fechas. Ya. ¿Podría quedarme este para echarle un vistazo? Mira lo que quieras y luego lo dejas aquí todo ordenadito y yo te ayudo si quieres, luego estudiamos juntos. Muchas gracias, Mamá. Ay, hijo, de verdad, céntrate que esta carrera es muy difícil, te lo digo yo, anda. Voy a hacer la comida. Ay. (NARRA) Como siempre, mi madre me había calado, no tenía ni idea de quién era ese Taylor. Y es que mentirle a una madre es muy difícil, pero a un profesor de Análisis Matemático igual no tanto. Cariño, que vamos a comer ya. ¿Cómo te ha ido con el trabajo? Bien. ¿Bien, te sirvieron mis apuntes? Sí. Bueno, pues me alegro mucho, anda, venga, ahora a descansar y hay cocido para comer que te gusta mucho, por cierto, ¿tú has hablado con tu padre hoy? No, no ha llamado. No sé en qué piensa, de verdad, que no me llama este hombre, yo... De que me encuentre contigo y en la verea del llano de que me encuentre contigo. -Venga, vamos. -No, no. Si es que no sé. -Venga, sí, sí. Que yo soy más de bailar agarrado. -Que yo te digo, venga. Ole, ay, vuelta. -Ole, qué salero, qué salero. -Muy bien, sí, señor, muy bien, Miguel. ¿Por qué no bailas tú? -Porque no sé, Antonio. -Es que se ha acabado, dentro de un rato, un poquito de vino. Por Sevilla y por ti. Por Sevilla y por Rocío, muchas gracias, Rocío. -Un poquito de vino. Oye, ahora cuando vayamos a la junta nos tomamos un cafecito al lado del Palacio de San Telmo, ¿os parece? -Lo que tú digas. Luego ya Miguel y yo tiramos para Madrid que se nos hace tarde, ¿no? -Un momento, ¿ustedes estáis locos o qué? ¿Otra hartá de conducir? Antonio, cruzar dos veces Despeñaperros en un día, ¿tú estás loco o qué? Que no, que tenéis que descansar un rato. -Antonio, a lo mejor tiene razón Rocío, quizá es mejor que busquemos un hotel cercano aquí. -Un hotel teniendo yo mi casa como la tengo. No, no, no, que se te vaya quitando eso de la cabeza, Miguel, vosotros os quedáis en mi casa, que me ofendo, eh, pero bien ofendida, eh, ahora me vais a perdonar que tengo que hacer unas cositas. Chica. -Chis, que os quedáis. Que sí, que sí. Miguel, por Dios, es su casa. -Que no es su casa. Que sí. -Que no es su casa, que es la casa de una de nuestras mejores clientas en Andalucía, que se encargará personalmente de abrirnos esta tarde en la Junta un montón de puertas, ¿me explico? Sí, pero llevamos un cheque encima. -No pasa nada. Si hay que hacerlo por el negocio se hace, pero ahora, trabaja tú un poco por mí, anda, dale un poco de palique a Rocío porque yo estoy muerto. -Antonio Alcántara Barbadillo, si hay que darle palique a Rocío, se le da todo el que requiera, a ella y a toda la Junta de Andalucía, que hace mucho que no hablo. Te estás viniendo arriba. -Ole ese palique. Suenan palmadas. Pues nada, que se estrelle. -Nos vamos con el tiempo previstos para mañana, en el anticiclón como ven ustedes se centra sobre las Azores y afecta prácticamente toda España dentro de su radiación, un frente de chubascos ya débil... Suena el teléfono. Dígame. Merche. Hombre, es papá, será posible, Antonio, toda la noche conduciendo y toda la mañana sin saber nada de ti. Perdona, estuve muy liado, cariño. Has estado muy liado, tendrá valor. ¿Dónde estás que se oye ese ruido? Es que estoy en un bar aquí en Sevilla, ya sabes que aquí la gente es muy alegre y habla muy alto. Escucha, Merche, que mi hermano y yo nos quedaremos esta noche en Sevilla. ¿Y eso? Ha surgido una posibilidad de ir a hacer una visita a la Junta de Andalucía para hacer contactos y terminaremos muy tarde. ¿Y vais a buscar un hotel? Pues claro, Merche. Uno que tengo las tres b: bueno, bonito y barato. Tú no te preocupes, que algo saldrá. Llámame cuando llegues a la habitación. Lo intento. Lo intento. No, lo intentas, no. Llámame. Vamos a ver. Voy a tener que sacar a cenar a muchos gerifaltes y a lo mejor llegamos muy tarde. ¿Cómo te voy a llamar? Te cuento mañana. ¿Pero con quién estáis ahora? Pues con quién vamos a estar. Pues con unos clientes. ¿Está tu hermano Miguel ahí? ¿Cómo? Tu hermano Miguel, que quiero hablar con él. ¿Para qué quieres hablar con él? Pásamelo. Un momento, que te lo acerco. Miguel. Miguel. -Espérate, que estoy con la cuarta. Ven. Que vengas un momento. -¿Qué quieres, Antonio? ¿Qué quieres? Perdón. ¿Qué quieres? Merche, quiere hablar contigo. -¿Conmigo? Sí. -Habla tú con ella. No. Le he dicho que dormimos en un hotel. -Ah, bueno, venga. Merche. Miguel, que esto no es lo que habíamos acordado tú y yo. -No, pero, Merche, si yo te lo puedo explicar. No me expliques nada. Cuida de tu hermano. Que se tome las pastillas, que no beba, no fume, que se vaya pronto a dormir. Si te tienes que quedar tú con los clientes, te quedas tú. -Nítido, Merche. Que no coma frituras, que se vaya prontito a la cama y que yo me ocupo de todo. Claro que sí. Si es lo que le estaba diciendo yo a él. Eso. Si me alegro de que las cosas vayan bien. Tú cuida de tu hermano. -Merche, las cosas no van bien. Las cosas van mejor que bien. Se avecinan buenos tiempos. Confía en mí. Bueno, adiós. -Un beso. Hala, hasta luego. Vamos, venga. ¿Has visto qué contento...? Merche. Merche. -Antonio, mira, la cuarta. -Alcántara, estoy gratamente sorprendido. Salta a la vista que en el último tramo del curso ha hecho un esfuerzo. Gracias. -Hola, Carlos. Hola. -Al final has llegado a la entrega. ¿Y cómo lo has hecho? Tenía una parte en sucio y la he pasado a limpio. -Genial. ¿Lo ves? Cuando quieres, puedes. -Alcántara, discúlpeme. No hemos concretado antes... En la exposición va usted el tercero. No se retrase, por favor. ¿Qué exposición? -Hay que exponer las conclusiones del trabajo para la clase. Hoy era la entrega y mañana la exposición. ¿No te acordabas? Ajá. -Te quiero. ¿Te hace gracia? -No, no. -Te lo digo muy en serio. -Ya. Si me encanta cómo suena. -Pero... -Pero... que uno tiene que estar seguro de la otra persona, ¿no?, antes de decir una cosa así. -Si quieres, te traigo un certificado de penales. -Que no. No. Lo que te quiero decir, es que... Es que tú no sabes nada de mí. -Ni falta que me hace. ¿Qué? ¿Presentamos una fe de vida para poder salir juntos? -No. Venga, estoy hablando en serio. -Ah, bueno. ¿Qué quieres, mi mejor versión de serio? -Sí. Aquí la tienes. -Qué tonto eres, de verdad. No verás. Mira, es que yo... llevo como... algún tiempo intentando explicarte una cosa. Pero como siempre estamos tan bien, pues... la verdad es que luego no me atrevo. -Me puedes decir lo que sea. No me voy a asustar. -Sí, esto asusta. Créeme. Pero, bueno, lo hablamos hoy y ya queda hablado para siempre. -De acuerdo. -Hace un año, cuando volví de Argentina,... estaba muy mal y... y venía sola con un niño y... y no tenía trabajo... Estaba hecha una mierda. Y entonces empecé a salir. Mucho. Supongo que quería olvidarme de que todo era un desastre. Así que... -Sigue. -Así que empecé a pincharme heroína. Y cuando quise darme cuenta, pues ya estaba enganchada. Y un amigo... se murió de sobredosis y... y yo me asusté mucho. Pero ya hace unos meses que no tomo nada, ¿eh? -Te creo. -Si es que ni me apetece. Además, no sé cómo pude meterme en una cosa así. -Eh, eh, ya. Ya lo has soltado. -Sí. Es que no te quiero mentir, Alberto. -Vale. Bueno. -Yo no estoy orgullosa de lo que pasó, ¿sabes? Pero... Pero ahora sí que estoy muy orgullosa de mí, porque he conseguido salir de ahí. -Es pasado. Ya está. -Pues sí, es pasado. Ahora soy yo otra vez. Y tengo ganas de ser feliz y de cuidar a mi niño y... Y sé perfectamente lo que quiero para mi vida. Ahora, eso sí. La persona que me quiera, me va a tener que querer como soy. -Bueno, pues... entonces te lo voy a tener que volver a decir. Te quiero. Te quiero. Te quiero. Te quiero. Ay, de verdad, Pili, no me podía imaginar cómo era este hombre. Cómo es posible que me haya tenido engañada tantos años. -Pero si es que eso nos pasa a todas. Cada vez que me gusta un chico, solo le veo las cosas buenas. Pero tú no sabes lo que había esta mañana en casa del notario. Un harén. Te digo que tengo todo el día una rabia dentro... -Fíjese que parecía así tan... tan modosito, tan buena gente. Pues a la chita callando... Tenía más mujeres que Barba Azul. Y agárrate. ¿Sabes quién se presentó a última hora? -No. ¿Quién? Valentina. -¿Valentina? ¿Pero qué me está diciendo, doña Herminia? ¿Que Valentina y Alfredo...? Si me pinchan, no echo sangre. Y además, entró con la cabeza muy alta. ¿Tú sabías algo, Pili? -¿Yo? ¿Pero yo qué voy a saber? Ahora, que me lo está usted diciendo y no me extraña. Porque Valentina está medio loca. Loca por los pantalones. -Ni que lo diga. Eso no se hace. Yo lo tengo clarísimo. Los novios o los amigos de las amigas son intocables. No se tocan y punto. Ya está. Vamos. Buenas. -Hola. ¿Y Clara? -Pues no sé dónde está. Vaya. Madre, qué guapa te estás poniendo. ¿Has decidido al final de ir a la cena? Pues sí. Estaba en casa y pensé: Mira, me voy a ir a decirle un par de cosas a Valentina. Pues me parece muy bien. Además, Alfredo quería que estuvieras. Ya. Igual terminamos como el rosario de la Aurora. Pues tú en su sitio. Tranquila. Por Dios, qué dolor de pies. Me he pasado la tarde enseñando pisos a una pareja cariñosísima. Él llevaba anillo y ella no. -Si es que todos los hombres son unos canallas. Bueno, algunos no. Pero vamos. Alguna excepción sí que hay, pero pocas. -Nada. Ninguno. -Hola. -Hola. -Ha sido él. Que me ha pedido que le ayude con las banderas, como está solo. -Claro. Sí. Por cierto, ¿sabemos algo de Antoñito? Sí. Que se quedan a dormir en Sevilla, que van a cenar con unos clientes. -Ah, claro, con Rocío. ¿Con Rocío? ¿Quién es Rocío? -Rocío, la clienta de la... La que ha encargado las banderas. La política andaluza. -Sí, que, por cierto está jamonísima. Ah, que no. Ahora que me acuerdo, que había quedado con su padre. Con el padre de la jamona. Bueno, yo me voy. ¿Y tú, qué, que ahora trabajas para estandartes y banderas? -Entrad. Bueno, el día ha estado bien, ¿no? Ha estado estupendo, Rocío. Qué casa más bonita tienes. Mira qué patio. -¿Te gusta? Mucho. -¿Entramos? Sí. -Por aquí. Pues mira, esta casa la encontró mi marido, el petardo de mi marido, a través de un amigo que tenía hace ya mucho tiempo. Llegamos y dijimos: Bueno, qué maravilla. Buenas tardes. -Buenas tardes, señora. -Ella es Angustias. Los señores se quedan a cenar. Y las vas a preparar las habitaciones de invitados, las pequeñas. -Lo que usted mande, señora. -Pues, hala, a trabajar. Estáis en vuestra casa. -Ya me gustaría a mí que fuera mi casa, Rocío. Vaya casa. -Bonita sí, ¿verdad? Pero muy grande. Aparte de Angustias, estoy más sola que la una. Ya sabes lo que dicen en mi pueblo: Mejor solo que mal acompañado. -Huy, cuánta razón tienes, Antonio. Pero ahora no es el caso. Me vais a esperar aquí. Me voy a poner cómoda y os traigo algo de beber. ¿Os apetece? Sí. -Bueno. Una copita. (SILBA) Joder. Oye, ¿esta Rocío no era socialista? Socialista olivarera, Miguel. -¿Y eso qué quiere decir? Pues nada, que levanta el puño. Que cuando lo baja, es para prensar 250 hectáreas de olivar. -250 hectáreas de olivar. 250 campos de fútbol de olivos. Así, como lo oyes. No es la primera persona con posibles y de izquierdas que conozco. ¿Has oído hablar de la Duquesa Roja? -Claro que he oído hablar de la Duquesa Roja. Pero no me vas a comparar a la Duquesa Roja con Rocío. Físicamente digo. Ni pretendo. Luego está tu casa, que ese es otro. ¿No eres comunista y tienes dos negocios? -No te jode. ¿No eres tú de derechas y estás en una cooperativa? Pues también es verdad. Guapa Rocío, ¿eh? -Ah, sí. Y rica. Y sola. (HABLAN A LA VEZ) -Herminia, no me está usted comiendo nada. No, hija. Desde esta mañana tengo cerrado el estómago. -¿Le puedo coger un langostino? Ah, sí. Sírvase usted, mujer. -Gracias. -Herminia, está usted muy seria. Anímese un poco. Valentina, usted y yo tenemos que hablar. -Herminia, no me lo tome a mal. Lo mío con Alfredo fue un arrebato. ¿Un arrebato? -Surgió. ¿Qué se le va a hacer? Y además, fue cuando lo suyo flojeaba. Ah, encima se lo voy a tener que agradecer. -En parte sí. Yo fui su válvula de escape. ¿Qué quiere usted decir? -Alfredo era muy pasional. Usted le arrojó en mis brazos. Acabáramos. -Claro. Con usted iba de paseo, al teatro. Y el hombre tenía sus necesidades. Y yo también. ¿Y por qué no me habló nunca de sus necesidades? -Porque en su familia son de dar muchas bofetadas. Y además, usted nunca le dio pie. No me seas ridícula, Valentina. A nuestra ya no estamos para traqueteos. -¿Será posible? Lo que hay que oír. -Además, usted no le daba ni besos. Ni besos. Y conste que Alfredo daba unos besos, que te tumbaba. Así. Risas. Como si fuera a desnucarte. -Perdone que me meta en la conversación. ¿Usted también sabe cosas de Alfredo y mías? -No, no. ¿Se va usted a acabar el jamón? No. Es que es del bueno. -Gracias. Y aquí, la amiga, tiene toda la razón. Porque eso de que se fuera de viaje y durmieran en cuartos distintos, yo solo lo he visto hacer con usted. ¿Y eso cómo lo sabe usted? -Anda esta. Una noche en la cama. ¿O dónde se cuentan estas cosas? ¿Es que todo el mundo sabe todo de mi vida privada? -Pues claro. -Herminia, todas tenemos envidia de usted. Porque usted era el gran amor de Alfredo. -Perdón. El gran amor platónico. ¿Se va usted a acabar el pan? ¡Ay, no! Para usted. -Qué mona. Guapa, simpática, elegante. Y qué saber estar. Mucha clase sevillana se llama eso. -Ya lo creo. Hay que ser imbécil para casarse con una mujer así y separarse. Todavía no sabemos si la que se separó fue ella. ¿De qué te ríes? -Nada. Una tontería que se me ha ocurrido. Pues dila, hombre. -Que no quiero. Dila, que te conozco. Dila. -O me lo parece a mí, o tú a Rocío le haces tilín. ¿Yo? -Sí. ¿Tú crees? -Venga, por favor. ¿No me digas que no te has dado cuenta? Pues no sé, Miguel. No me he dado cuenta. Bueno, sí me he dado cuenta que me mira con ojitos. Pero es que tiene unos ojos preciosos. -¿Ojitos? Pero si cada chiste que dices se ríe. Porque es muy risueña y yo soy muy gracioso. -Claro. Y nos ha invitado a cenar a su casa porque tú eres muy gracioso. Por favor, Antonio. Así se las ponían a Felipe II. Que se cree el ladrón que todos son de su misma condición y no es así. -Yo solamente quería que supieras que lo entendería. ¿Que entenderías el qué? -Por favor, Antonio. Que esta mujer es un bombón. Vamos, que es un bombón relleno de licor. ¿Qué estás diciendo? -Lo que estás oyendo. Hay veces en la vida que se presenta una oportunidad única. Es como un tren, que pasa delante de uno y se tiene que subir. Si no te subes, llega un momento en que te arrepientes. Pero para el tren. ¿Te das cuenta la película que me estás montando solo porque se ha reído con dos chistes? -Lo único que quiero que sepas, es que lo entendería. Y si ese tren pasa, yo hago mutis discretamente y me aparto. Y, por supuesto, quiero que sepas que tienes mi discreción. Soy una tumba. Lo que corresponde entre hermanos. Corresponde con un barba azul como tú que se los has puesto a todas tus ex. -No les he puesto los cuernos a mis ex. Algunas se lo habrían merecido. Ya. ¿Ni a la francesa tampoco? -Nunca. ¿Nunca? -Nunca. ¿Y tú a Merche? ¿Yo? -Sí. ¿Tú qué crees? -Que no. Pues eso -Pero que si le has puesto los cuernos... -Hola. ¿He tardado mucho? (AMBOS) No. -Ya estoy lista. ¿Y vosotros? -Listos. -Vamos a cenar. Muy rica la manzanilla. -Hombre, Antonio, para ti... para vosotros, lo mejor. Seguidme. -"Para ti", ha dicho. "Para ti". Es el tren, Antonio. Que ya lo sé. Música pop. -¿Qué pasa, macho? Nada, que estoy hecho un lío. -A ver. ¿Qué problema tienes? Imagínate que pudieses decir: Dentro de x años quiero estar haciendo esto. Y se cumpliese. ¿Tú qué dirías? -Hombre, yo creo que es más fácil saber lo que no quieres, ¿no? ¿Como por ejemplo? -Por ejemplo, no quiero tener un negocio propio, porque es una esclavitud. Prefiero trabajar para una empresa grande. Me da igual cuál. Pero grande. Y no quiero casarme. Quiero vivir con una chica, pero sin casarme. Ahí estoy de acuerdo. -Aunque lo tuyo está más claro. Tú vas para empresario. Bueno, de hecho, ya lo eres. Sí, ya lo soy. Pero de un negocio propio y pequeño. Además, tengo que estar todo el día encima de él. -Pero te va bien. Es lo importante. El negocio va muy bien, pero mi padre me dice que esto es pan para hoy y hambre para mañana. Un día te despiertas y está lleno. Y al día siguiente el bar está vacío. -Mi padre dice que de lo único que se arrepiente, es de no haber estudiado. Que luego es demasiado tarde. Aunque por otra parte, mira tu madre. A su edad y acabando una carrera. Joder, estaba hecho un lío, pero tú me has rematado. -A ver, esto es mucho más sencillo. Tú piensa qué es lo que quieres hacer en la vida. No pienses en su padre ni en nadie. Piensa en ti. Si no quieres hacer algo, por mucho que los demás se empeñen, es que no lo vas a hacer. -Anda, invítame a una copa. Y tú, quita esta mierda de música. ¿Qué quería yo? Como si fuera tan fácil. Porque lo bueno de tener que hacer lo que te manden, es que si sale mal, siempre puedes echarle la culpa a alguien. Pero cuando el que elige eres tú, qué difícil. De alguna forma una decisión empezaba a abrirse camino en mi mente. Pero era una decisión de consecuencias inimaginables. (HABLAN A LA VEZ) -¡Un momento, por favor! Un momento, un momento. Silencio. Que quiero pedir un brindis. Coged vuestras copas. Un brindis por Alfredo. Herminia, por favor. ¿Yo? -Claro, quién mejor. -Venga, Herminia, láncese. -Sí. Ay, bueno, no sé si me va a salir, porque yo... no tengo costumbre de beber y creo que estoy un poco piripi. Bueno. Quiero que brindemos a la memoria de Alfredo. Un hombre estupendo que nos quiso mucho a todas. -No sea modesta. A alguna la quiso más. -Sí, pero a otras nos quiso más de cerca. Bueno, a cada una a su manera. Por Alfredo. -Muy bien. (TODAS) ¡Por Alfredo! -Vámonos. Valentina, me tengo que sentar. En serio, porque creo que estoy un poco mareada. -De eso nada, ahora nos vamos todas a bailar a la sala Windsor. ¿Pero qué se nos ha perdido a nosotras en la sala Windsor? -¿Dónde cree usted que Alfredo conoció a todas estas señoras? ¿Alfredo? ¿Bailando? -Sí, sí, sí. Bailando. Porque supongo que tampoco sabe lo de la asociación nudista. -Muy rica la cena, Angustias. -Como siempre. -Bueno. ¿Angustias, has dejado los pijamas donde te he dicho? -Sí, señora, donde usted me mandó. -No te enfades, hija. -Qué solomillo al güisqui. -Su especialidad. -Y las papas aliñadas, las puntillitas, el poquito gazpacho, el vinito. Oh, qué cena. Qué cena. -Mucha comida, ¿no? -No, lo justo. Yo me he quedado muy a gusto. -Esta es tu habitación, Miguel. -Gracias. -Aquella es la tuya, Antonio. Ah, la del fondo es la mía. -Y aquí tenéis los pijamas. Espero que os queden bien. Esto va a ser muy grande para mí, Rocío. -Que no. ¿Pero cómo? Mira. -Qué detalle. -Pues la verdad es que sí. Un poquito. ¿Sabes qué pasa? Es que mi marido era un hombre recio. Pues fíjate, oye, qué bien le queda a tu hermano. Si era recio, aquí encontró la réplica. -Hay que ver qué curiosa coincidencia de hechuras. -Bueno, era tan alto como tú, eso sí. De verdad. -Venga, cógelo. Por si refresca. Bueno, habrá que irse a acostar. -Pues sí. -Qué cena. Qué cena. -Bueno, venga, cada mochuelo a su olivo. Muchas gracias, Rocío. -Buenas noches. -Buenas noches, Rocío. Y muchísimas gracias, de verdad. Dime una cosa, desgraciado. ¿No habíamos quedado en que a la mínima tú te dabas el piro? -Antonio, me daba el piro si se terciaba, pero es que no se ha terciado. Eso lo dirás tú. -No soy adivino. Haberme hecho una seña. He estado todo el tiempo haciéndote señas. -Yo creía que era por la puntillita. No, hombre, la seña del mus. Mía, mía. -De verdad que lo siento. Bueno, vamos a dormir. Es igual, desgraciado. -¿Pero cómo no me he podido dar cuenta? Hasta mañana. -Hasta mañana. Miguel. -Ay. ¿Pero dónde vas? -Lo mismo que tú. Pero si no te has quitado ni la chaqueta, coño. -Ni tú tampoco. Bueno, porque yo salía a ver a qué hora viajamos mañana. -Lo mismo que yo. ¿A qué hora salimos? Dilo tú, que eres el que conduce. -¿A las nueve? A las nueve. Muy buena hora, Miguel. Nueve en punto. -Vale. Hasta mañana. Que descanses. -Que descanses. Miguel. -En punto, ¿eh? Ah, bueno, en punto. -Hasta mañana. Hasta mañana. Risas. -Herminia, no sea así, que es muy prontito. No se vaya. No se vaya todavía. ¿Por qué no se viene a la sala Windsor con nosotras? -Herminia, anímese, que igual es su noche y le sale novio. No, no. Yo ya no estoy para estos trotes. Bueno, que os divirtáis. Buenas noches. -Ay, Herminia. Adiós. Hala, ya nos hemos quitado a la muermo. -En la sala Windsor no hay más que viejos. ¿Por qué no nos vamos al Pasapoga, chicas? ¿Eh? Joven, al Pasapoga. (TODAS) ¡Al Pasapoga! Se cierra una puerta. Ya voy yo. ¿Otra vez usted? -Es que trabajo todos los días, señora. Costumbres que tiene uno. Trabaje usted un poquito menos, porque cada vez que viene, me echo a temblar. -Mercedes Fernández. Mercedes. Es para ti, hija. ¿Qué pasa? Un certificado. Ah. -Que no sea muy grave. Gracias. Adiós. Buenos días. ¿De dónde es? Del Banco de España. ¿Del banco? ¿Y qué dice? ¿Y yo qué sé, madre? Ay, madre mía. -¿Qué pasa? Ay, Dios mío. -¿Qué? Que nos dan las 500 000 pesetas del Fondo de Compensación. (GRITAN) Miguel, ¿estás dormido? -Estoy intentándolo, Antonio. Estaba yo pensando que si te pregunta Merche, hemos dormido en un hotel. ¿Estamos? -Estamos. Te parecerá una tontería, pero no quiero malentendidos ni problemas. ¿Me entiendes? -¿Malentendidos contigo? Por Dios, si eres el casto José. Precisamente anoche estaba yo pensando en aquello que me dijiste de las posibilidades y lo de Rocío. -Nada, tranquilo, Antonio. Eso lo dirás tú. -Te lo digo en serio, que no tenías ninguna oportunidad. ¿Pero tú qué sabes? -Lo sé yo. ¿Y lo sabes? -Lo sé. ¿Tú? ¿Rocío y tú? -Rocío y yo. Joder, qué mamón. ¿Pero por qué te elige a ti? -Pero, hombre, por favor, Antonio. ¿Pero no te diste cuenta del pijama que llevaba? Pero si se veía a la legua que a Rocío lo que le van son los hombres ibéricos, con hechuras. Serán anchos, Miguel. -He dicho ibéricos. Sí, de bellota, no te jode. -Oye. Tú de esto... No te preocupes, hombre. Me lo llevo a la tumba. -Te estoy hablando en serio. Yo también. Lo que pase en Sevilla, no sale de Sevilla. Ni falta que hace. -Me parece bien. Hace un rato estaba pensando en desviarme por Albacete y llegar a Sagrillas. -Creo que es mejor que te pares aquí a comer unos bocadillos. No me importa ir a Sagrillas. -A mí tampoco me importa que pares a tomar unos bocadillos. Serás mamón. -Pues anda que tú. (SILBA UNA SEVILLANA) ¿Ya lo tienes todo preparado? -Creo que sí. No te creas tú que me hace mucha gracia que te vayas a Ibiza. -Mamá, no va a pasar nada. Porque me fío de ti. Ay. Desde luego, con la cantidad de sitios que hay. -Ya. ¿Te has cogido un bañador? -Sí. Sí, lo llevo. Pues úsalo. -Vale. Venga, adiós. Pásalo muy bien. -Tú también, guapa. -Carlos, eres el tercero en la exposición. ¿Qué haces que no estás ahí dentro? No voy a entrar. -¿Cómo? Que lo dejo. -No estás hablando solo de la asignatura, ¿verdad? Dejo la universidad. Quería que fueses la primera en enterarte. También he venido para pedirte perdón por cómo me he portado contigo últimamente. -Que no, Carlos. No dejes la universidad, por favor. Estar aquí no es lo que quiero. Es lo que quiere mi padre. Y por eso no funciona. Además, si me quedase, tiraría cuatro años de mi vida y perdería mucho dinero. -Que no, que puedes aprobar alguna asignatura. Incluso puedes entrar y defender tu trabajo. El trabajo. Pero si no sé ni de qué va. Es un trabajo de mi madre. Sí. Cogí un trabajo de mi madre y le cambié la primera página. -Eres un jeta. Sí. Es patético, pero es así. Estoy harto de mentir a los demás. Sobre todo estoy harto de engañarme a mí mismo. (NARRA) En aquel momento, mientras abandonaba una universidad en la que nunca llegaría a graduarme, sentí que me quitaba de encima un enorme peso. -Alcántara. Alcántara. (NARRA) Volví a volar libre hacia un futuro que yo mismo iba a elegir. -Mercedes, ¿a ti te importaría venir conmigo a ver una promoción? No. ¿Por qué habría de importarme? -No. Bueno... porque la promoción esta de marras está fuera de Madrid. Ah. Que vamos a empezar a vender fuera. -No, no. Es una cosa puntual. Yo, la verdad, es que con la casa y los niños y Antonio, pues preferiría no viajar. Pero bueno. -Esta gente lo que quiere en realidad es que lo veamos y que seamos sus representantes en Madrid. Pues en ese caso... Trabajo es trabajo. -Eso es. Trabajo es trabajo. Bueno, pues nada. Cuando tengamos más datos, ya concretamos la fecha. Muy bien. Tú me dices. ¿Y tú no quieres ir? -Sí, sí. Pero supongo que prefiere que vayas tú. Que eres más... vistosa. A Beatriz también se la llevaba. Qué gracioso. Yo no voy a lucir palmito. Voy a trabajar. ¿Lo entiendes? -Herminia, dígale adiós a todo el mundo de mi parte. Se lo diré. ¿Cuánto va a estar en Marbella? -Lo que me duren las 500 000 pesetas. Y como a mí también me devuelvan el resto del dinero, no me ven el pelo más por aquí. Ay, por favor. Cuídese. Y modérese. Que ya no estamos para según qué cosas. -Pamplinas. ¿Sabe usted qué es lo único que de verdad arruina la salud? El aburrimiento, Herminia. El aburrimiento. -Buenos días, Valentina. Qué bien la veo, ¿eh? -Sí. Vamos. -Herminia. Sin rencor. Por lo de Alfredo, digo. Ay, no me lo recuerde. No me lo recuerde. Bueno. Suba. Ande, suba al taxi. -Sí. Sí, ya voy, Ramón. Huy. Huy. Valentina. Diviértase. Disfrute, usted que sabe. -Sé no, Herminia. Que quiero. Y si usted quisiera, también podría venirse conmigo ahora. Vaya a casa. Coja sus cosas y... y véngase. No puedo. Aquí me necesitan. -¡Marbella está llena de ardientes jeques árabes! ¡Si encuentro a uno que tenga sitio en el harén para las dos, la llamo! (RÍE) Hola. ¿Hay alguien en casa? Hola. Golpes. Inés. Inés. -¡Siempre me pasa lo mismo! ¡Idiota! ¿Qué pasa, hija? -Nada, mamá, que no ha venido. ¿Pero habéis discutido o qué ha pasado? -¿No te estoy diciendo que no ha venido? No hemos discutido. No ha dado tiempo. No hace falta que te pongas así. -¿Qué quieres que te diga? Si entras diciendo si hemos discutido, como si la culpa fuera mía. Yo no tengo la culpa de que no haya venido. No digo eso. Lo que te digo es qué ha pasado. -¿Pues qué va a pasar, mamá? Que se ha asustado. ¿Se ha asustado de qué? -De lo mío. ¿Cómo que de lo tuyo? -Le conté lo de Jaime, lo mío con las drogas... Todo. Me dijo que no pasaba nada, que estaba todo bien, que no había ningún problema. Y hoy no me coge el teléfono ni en el hospital ni en casa ni en ningún sitio, el muy cerdo. Has hecho lo que tenías que hacer, decir la verdad. -¿Ah, sí? Pues más me valdría la pena haberme callado la boca. Mira cómo me ha lucido el pelo. Ahora, para la próxima, ya lo sé. Vaya. A lo mejor no es el momento, pero él se ha comportado como un cobarde. -¿Ah, sí? Pues hace nada os parecía el novio ideal a todos. Un médico además. ¿Pues sabes qué te digo? Que a la mierda el médico, a la mierda el cine y a la mierda todo. Teléfono. Como sea él, se va a enterar. ¿Diga? No, está de viaje. -¡Ya lo cojo yo, abuela! Pero, hija... -Hola. -¿Inés? ¿Pero tú no estabas de viaje? -Hola, Pascual. Sí, no, todavía no me he ido. Que... Dime, ¿qué? -Perdona, iba a dejarte un mensaje. Esta noche han entrado a robar. Bueno, a robar y a joder la marrana. Perdona la expresión, pero es que estoy que trino. -Bueno, ¿y quién ha sido? -Pues un vecino ha visto saltar el muro a un chico con un ojo amoratado. Ha sido Javi, Inés. -Mierda. -En su casa no saben nada de él. -Oye, mira, ahora te tengo que dejar, ¿vale? Que te llamo más tarde y hablamos. -Inés... -Sí, hasta luego. -Inés. ¿Qué te pasa, hija? -De todo, abuela, me pasa de todo. ¿Pero tú no te ibas a Ibiza? -No, no me voy a Ibiza. (LLORA) No me voy a Ibiza. Anda, siéntate aquí, mi vida. Cuéntale a tu abuela qué te ha pasado, mi vida. (LLORA) Ay, abuela. No llores. No llores. No pasa nada. De verdad. -¡Mamá, que ya están aquí! Anda, vamos abajo y le damos una sorpresa. Corre. -Ya están aquí. -Hombre, mis expedicionarios. -¿Qué tal? -Muy bien. Hola, Desiderio. -¿Cómo os ha ido? Pues mucho mejor de lo que esperábamos, Desi. Nos traemos otro encargo de la Junta de Andalucía. Cuéntales. -Atento al contrato, Desi. 3000 banderitas pequeñas de las de la peana y 4000 de las otras. Para los estamentos oficiales. Juzgados, hospitales, escuelas... Todo. Y además, mira. -Esto es imparables, tíos. Qué te voy a contar. Este pedido nos lo han pagado al contado. Aquí tienes el cheque. 600 000. Ingrésalo tú. Por cierto, veníamos mi hermano y yo hablando, que con este dinero deberíamos empezar a pagar a las cosedoras, guardar un poco para amortizar y hacer un poco de reparto. Por orden de necesidades. Y primero tú, luego él. Y yo voy a esperar, que tengo un remanente. -Muchas gracias. Es lo que te mereces. Pepe. -¿Qué tal? Perdona que haya llegado un día tarde. Era por causa de fuerza mayor. -No se preocupe. Usted a mandar. Me preocupo. Mi hermano y yo hemos pensado que te vamos a pagar un día extra. -Hombre, es lo justo. -Es lo justo y necesario. De abonar un día más ni hablar, don Antonio. Pero vamos a ver, Pepe, si yo te digo que te abono un día más, te abono un día más. ¿Estás contento? -Sí. Pero antes, voy a echarle un vistazo. Joder, qué pedazo de animal, Pepe. -Para un día que podía quedar yo bien. Es que no tiene clase, don Antonio. Te voy a dar yo a ti. Milano, ¿cómo estás? Ven aquí. Milano, ¿qué pasa, que te vas a casar conmigo otra vez o qué? Anda. -Toma, papá. A ver. ¿Qué dice, hija? Es que no llevo las gafas. ¿No llevas las gafas? El Banco de España. Ah. ¿Sí? Sí. No. Las 500 000 pesetas. Ah. Nos las ingresan mañana. ¿Y lo otro? Están trabajando en ello. Mira. Continuamos trabajando. Que sigan trabajando en ello. 500 000 está bien. ¿Sabes qué te digo? Que con estas 500 000 y el poco trabajo que tenemos, nos vamos a quedar aquí en el rinconcito de Ordoñez, que estamos muy cómodos, a aguantar hasta el final. Alegra esa cara, mujer. Vamos a tomar una copa donde el tío. Venga. Vamos a tomar una copita. -Venga, os pago una fiesta. Un momento. Ya está pagando y nada más tienes un poco de cheque. ¿Por qué no aprovechamos que está la loba en la montaña y que el propietario nos invite? Tienes mucho que celebrar. -Sí. Tengo mucho que celebrar. Todos para dentro a beber gratis. Olé. -Y viva Sevilla. -Viva, viva. -Que hay motivo. Por cierto, ¿y quién es esa Rocío? ¿Rocío? Ahora te lo explico... Ay, mira. Inés, guapa. Ven a tomar una copa con tu padre, que estoy muy contento. ¿Qué pasa, Merche? Nada, luego te cuento. Joder, qué poco dura la alegría en la casa del pobre. Anda, vete a tomar algo. Corre. Que yo subo a la niña y bajo enseguida. (NARRA) Aquel mismo día, el Presidente de la Junta andaluza dejó su huelga de hambre. Y poco después se celebró un referéndum que no contentó a nadie, pero marcó el camino para el nacimiento de la comunidad autónoma andaluza. La nueva España se estaba forjando. Y es que el cambio histórico era imparable. Como imparable era mi propia autonomía. Lo más fácil, dejar la carrera, ya estaba hecho. Y ahora tenía que encontrar la forma y el momento para decírselo a mi padre. Todo cambio crea desconcierto y, a decir verdad, yo estaba bastante confundido a todos los niveles.

Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 224

10 nov 2011

Febrero de 1980. La fiebre autonomista ha llegado al país y Antonio no quiere dejar escapar el momento. La empresa de banderas afronta su primer gran pedido y todos apuran al máximo para poder tenerlo a tiempo. Un imprevisto de última hora, una huelga de Renfe, pone en riesgo que la mercancía llegue.

 

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  1. Gab

    Hola musa, entras a rtve.es, te vas a tv y buscas por el titulo del programa. Te aparecen todas las temporadas y ves la que quieras

    14 dic 2013
  2. musa sillah

    Por favor alguien me puede decir en que programa puedo descargar para poder mirar la temporada 4 que no la mire por que estaba en Francia y me gustaría verla porfavor si aalguien sabe que me aconseje plisss

    15 ago 2013
  3. LILIA SANROMAN

    quien me puede decir como se llama la pieza que tocan en el capitulo 224 de la temporada 13 en el minuto 49 cuando van llegando a Sevilla?

    08 oct 2012
  4. Alicia

    Argentina, C.A.B.A. 23-12-2011 ¿NO FUE ESTE JUEVES "CUENTAME"? ES MUY BUENA Y LA VOY A EXTRAÑAR ESTE DOMINGO, QUE ES CUANDO LA DAN EN LA ARGENTINA. Alicia.

    24 dic 2011
  5. Yo

    Pues tanto como habeis criticado la imagen de los andaluces que da la seria y menuda campaña de navidades habeis hecho vosotros mismos. Peor imagen aún...

    04 dic 2011
  6. Fernando

    Olé por esta serie..Todo un acierto!! Si tuviera que contar mis memorias no podria hacerlo mejor. Un retrato en blanco y negro de nuestra identidad.

    28 nov 2011
  7. francy

    Hola soy FRANCY, en la temporada anterior, en el ultimo capitulo y los recientes son particularmente para mì, como relatar la vida de mi familia.....el creador de esta serie tiene que ser un genio, una gran persona con bastante conocimientos. Realmente me a llegado al corazòn por sus escenas dramàticas, por presentar una problemàtica bastante dura para esa època, como es la adicciòn a las drogas, la revelaciòn del hijo menor, de abandonar los estudios y el mayor alejado de los padres, la enfermedad del padre, la madre siempre sufriendo por sus hijos.. Podria seguir hablando y hablando, resumiendo FELICIDADES a todos los actores de la serie.

    18 nov 2011
  8. petra

    imanol...te quiero

    17 nov 2011
  9. KEIKO

    Y QUIEN DIJO QUE ESTA DIVERTIDA Y HUMANA SERIE ERA UNA CLASE MAGISTRAL DE HISTORIA...NUNCA SE VERA CON ESE ANIMO ..ES QUE HAY QUE VER ...COMO ES LA GENTE ..critican por criticar ..estoy completamente enamorada de esta serie y cuando la pillo po la tele española la veo ya que vivo por estos lares latinoamericanos un beso grande a todos los CUENTAMES ..SALUD

    17 nov 2011
  10. Karina

    Hola soy Karina y vivio en Montevideo Uruguay, sigo la serie desde por internet porque me parece muy buena, además me hace recordar a mis abuelos y la forma que tenían de organizarse como familia cuando vinieron de España. Si bien la serie tiene otros temas a tocar a parte de lo familiar para mi es un lindo recuerdo, principalmente a fines de los 60 y principio de los 70. Se parecen tanto la sociedad Uruguya con la Española en la lucha del día a día, los defalcos financieros, la hora del almuerzo, los tabúes, etc.

    15 nov 2011
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