Cuéntame cómo pasó La 1

Cuéntame cómo pasó

Lunes a viernes a las 14.30 horas en La 2. Rodando la 16ª temporada, próximamente en La 1

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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T1 - El retorno del fugitivo - Capítulo 1

Subtitulado por TVE. Cuéntame tú que has vivido el despertar de un tiempo que nos cambió. Volverás a ser un niño al recordar las largas tardes de sol. Háblame de lo que has encontrado en tu largo caminar. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. (NARRA) A su regreso de Sagrillas, mi padre pareció darse cuenta de que definitivamente San Genaro era su hogar. Ni en el pueblo ni en el barrio de Salamanca. Era en San Genaro donde los Alcántara estábamos destinados a echar raíces. Allí no solo estaba su casa, donde habíamos crecido sus hijos, sino también sus negocios, sus vecinos de toda la vida, sus amigos. En definitiva, San Genero era, para bien o para mal, nuestro barrio. Cuéntame cómo te ha ido. (NARRA) Y si San Genaro se distinguía por algo a finales de 1981, era por ser un barrio pionero en lo que al negocio del video doméstico se refiere. Y es que en Celuloide 2000 uno podía alquilar todo tipo de películas. Llaman a la puerta. Música saxofón. -¿Se puede? -¿Es usted el desatascador? -Así me llaman. ¿Dónde tiene la emergencia? -Aquí mismo. ¿Ha traído la herramienta? -Nunca salgo sin ella. -Qué hombre más profesional. Leches. -Que para eso le pago. -Bueno, ¿qué os parece? En primerísima calidad. (RÍE) -¿Pero esto legal? -Como el Valle de los Caídos. -O quizás, por aquí. (GIME) -Qué poca vergüenza. -¿Qué poca vergüenza? Pero tú no quitas el ojo, mamón. Venga, hombre, que ya estamos en Europa. No vayas tan rápido, Desiderio, que Europa es más que culos y tetas, hombre. -Ya, pero por algo se empieza. ¡Hala! -¿Bueno, qué? ¿Os lleváis alguna o qué? No me llevo yo esa cochinada. No tengo edad yo para eso. -Por eso, de aquí a nada, todos calvos. -A mí me vas a poner esta. -Sublime. Muchísimo argumento. -A mí el argumento me da igual. Lo que quiero es que tengan... -En este caso, llévate "Colegialas". -Ahí va. -Sublime. Alcántara, ¿y tú? No, no. Te he dicho que no puedo meter eso en casa. ¿Cómo lo hago? -Pero si está todo pensado, coño. Mira, la vamos a meter... Aquí. En "El puente sobre el río Kwai". Ahí no, que ya la he visto. -Por eso mismo. Aquí las mujeres ni miran. Vamos, no sospecha ni el Tato. Hola. -Hola. Hola. ¿Qué pasa, Merche? Antonio. ¿Tú no tenías mucha prisa, que tenías una reunión? Te he dicho que bajaba devolverle la película. No sé dónde tienes la cabeza. Está aquí. Ah, que no te la he traído. De verdad. -Bueno, ¿qué? ¿Te llevas "El puente"? Que no, que no me llevo "El puente". Ya la he visto. -Decías que tenías muchísimas ganas de verla. Es tu favorita. Dame. Me la llevo. Me voy al centro. Adiós. Ay, de verdad. Joder, qué gracioso eres. ¿Por qué no haces teatro con Garisa? (NARRA) Pero a pesar de tanta libertad, en cuanto a información seria acerca de los misterios del sexo, seguíamos un poco perdidos. Shere Hite había desvelado lo que había en la mente de las mujeres en los 70. Y ahora en los 80 llegaba al turno a lo que teníamos los hombres en la cabeza. Y decía que los hombres, a pesar de lo que parece, no estábamos pensando todo el rato en lo mismo. -Paqui. -¿Qué? -Que mira lo que dice aquí. Los chavales cuando son pequeños, se tocan entre ellos. -Por favor. ¿Cómo va a poner eso un libro? -Lo dice Shere Hite. Mira. -Déjate de tonterías, de verdad. Yo no sé si voy a saber enchufar este grifo. -¿Pues Paco dónde está? -¿Paco? En el médico está. Qué vaya hombre más flojo. Cada día le pasa algo. -Yo creo que es de los que parecen flojos, pero luego en la cama son unos fieras. -De verdad, qué imaginación, ¿eh? Qué imaginación y qué obsesión. No me extraña, con las cosas que lees. -Como tú estás servida con el fantasmólogo. -Pero serás tonta. Mira lo que dice. A ver, échame una mano con el barril. A ver si... ahora lo podemos enchufar. -Venga, tú coge de ahí. -Esto pesa como un muerto. Te lo aviso. -Cuidado con la espalda, ¿eh? -Espera. Que está ahí mi tío. ¡Tío! ¿Nos puede echar una mano con un barril? Voy. Esta es la última. Las cervezas mejor ponlas en esa. Teléfono. -No, no, espera. Espera. Es para mí. Fly Representantes, dígame. Sí, le pongo. He dado este número. No te importa, ¿verdad? (CARRASPEA) (CAMBIA LA VOZ) Sí. Hola. Hola. ¿Qué tal? Por supuesto. -Lo siento. Se han caído. No pasa nada. ¿Te has hecho daño? -No. Lo recojo yo. -Yo me apaño. Venga, no te vayas a cortar. -Carlos, no soy una enferma, joder. Bueno, perdona. -Perdóname tú a mí. Me estoy tomando unas pastillas para dormir que no me están sentando bien. Me tienen de bajón. Bueno, no pasa nada. -Adiós. -Le he conseguido una prueba a tu hermana. Me marcho. Voy a prepararlo todo. ¿Cómo que te marchas? ¿Tú vienes aquí a hablar por teléfono o a trabajar? -No te mosquees. Lo hago por tu hermana. Bueno, pero estate aquí una hora antes de que abramos, por lo menos. -¿No te lo he dicho? Esta noche no puedo. Tengo un compromiso. Es el santo de mi madre y tengo cena en familia. Pero, bueno, Karina puede echarte una mano. Gracias, Karina. Chao. El santo de tu madre... Vaya jeta tienes. -Joder, cómo estaba el baño, macho. Casi echo la pota. ¿Pero por qué es tan guarra la gente? -¿Qué pasa, tíos? ¿Cómo va este antro, socio? Qué sorpresa. -Eh, Karina. Eh, tú cada día estás más guapa, ¿no? ¿Cómo tú por aquí? -Pues nada, he pensado que ya era hora de que viniera a echar un vistazo, a ver cómo me cuidas el business. Bueno, a todo esto. Van a venir unos amigos míos esta noche, gente con pasta. Así que a ver cómo me los tratáis. Voy a ir al servicio, que me estoy... -Oye, ten cuidado que lo acabo de fregar. -O sea, que lo pillo limpito, limpito, ¿no? -Cómo viene este, ¿no? Vaya gilipollas. Eso es. -Menos mal que estaba usted ahí. Eso es. -El grifo. A ver. -Sí, ahora hay que poner... Esto es pinchando. Yo creo que es pinchándolo ahí. Joder, aquí no hay grifo desde "tinín". A ver. -Sí, que lo he montado yo esta mañana. Ahí, a presión. No. Esto es a rosca, Paca. ¡Me cago en la leche! (GRITAN) ¡Me cago en la leche! Perdona. -Pero, tío... Pero, tío, por favor, cierre eso. Pero, tío... Me cago en la leche. (RÍE) ¡Me cago en la leche! -Pero, tío, por favor, cierre eso. ¡Tío, por favor, que la cerveza cuesta dinero! Pero, Dios santo bendito. (RÍE) Perdona, Pili, hija. -Bueno. Eh... A ver, voy a secarme en el baño. Eh... -Perdón. Pensé que al volvernos del pueblo se iba a adaptar peor, pero qué va. Si está encantado. Como pez en el agua. Desde luego, con todos los años que llevo con él, no deja de sorprenderme. En el pueblo no teníamos nada que hacer. Yo me puse mala. Malísima, vamos. Los inviernos allí son muy duros, hija. Tanto que "me quiero ir al pueblo". Con eso terminas de estudiar la dichosa carrera. Sí. A ver si la termino. Teléfono. Está sonando el teléfono. Cógelo. Voy, voy. Desde luego... ¿Sí, dígame? ¿Quién? Ah, sí. Ah, un momentito. Un momentito, por favor. Mercedes. ¿Sí? Ven. ¿Quién es? Susana. ¿Susana? Yo creo que es la mujer de don Pablo. ¿Diga? Susana, cuánto tiempo sin hablar contigo. ¿Cómo estás? Vaya. Lo siento muchísimo, de verdad. ¿Cómo ha sido? Claro que sí. Yo se lo digo a Antonio. Adiós, Susana. Adiós. Que se ha muerto don Pablo. Vaya por Dios. Pues era un hombre joven, ¿verdad? Pobre. Antonio lo va a sentir. Hombre, ya te digo cuando se entere. -Me llamo Inés Alcántara. Tengo 29 años. Y estos son mis perfiles. -Empieza, por favor. (INSPIRA) (EXPIRA) -Dámelo ahora mismo o no respondo de mis actos, ¿eh? Es la última vez que tocas mis cosas y ahora te quiero fuera de mi casa. ¿Me has entendido? -Un momento, por favor. -¿Pasa algo? -Eh... Un segundo solo. No sé yo si es la de... Inés Alcántara, ¿no? -Ajá. -¿Hiciste la película "Agujas de hielo"? -Bueno, Inés, pues muchas gracias. -Sí, con esto es suficiente. -Ya te llamaremos con lo que sea. -Esto es por lo que salió en "Interviú", ¿verdad? -Muchas gracias, Inés. Puedes irte. -No, hombre, no. De nada. Gracias a vosotros. Radio. -Por cierto, Antonio. ¿Qué hacemos con lo de la peña Atlética? Les hacemos rebajilla, ¿no? Pues sí. Pero que paguen el 50% por adelantado, que si no, luego, si nos devuelven el pedido, que no será la primera vez, nos quedamos con el culo al aire. ¿Qué hay, Merche? Cariño. Ha llamado Susana. ¿Qué Susana? Susana, la mujer de don Pablo. ¿Qué pasa? Pues... Que don Pablo se ha muerto. Joder. ¿Y de qué se ha muerto? Parece que de un ataque. Ay. Joder. Pobre. Así de repente... Lo voy a echar mucho de menos. Mucho. (NARRA) Don Pablo, un hombre que nos acompañó durante muchos años. Un personaje que marcó muchos momentos de la vida de mi familia. El dichoso don Pablo, que fue la causa de algunos de los peores momentos en la vida de mi padre. Y también el que le enseñó muchas cosas que él nunca olvidó. Era difícil creer que había muerto. -España y yo somos así, Mercedes. ¿Qué le vamos a hacer? ¿De qué se habrá muerto? Seguramente, del corazón, Milano. Vaya. De verdad que hay persona que parece que no se vayan a morir nunca. Sí, tan joven. Con la cantidad de ratos que hemos pasado con él. Sí, desde luego. Buenos y malos. Yo prefiero quedarme con los buenos. Pues sí. Debe ser aquí. Sí. Aquí es. ¿Qué hay? Buenos días. Buenos días. -Hola. Buenos días. ¿Familiares de Pablo Ramírez Sañudo? -No, aquí no es. Es ahí enfrente. Ah, sí. Tiene razón. Les acompaño en el sentimiento. -Muchas gracias. Ahí está. Qué raro que no haya nadie. Eso te iba a decir. Pero, vamos a ver, ¿no te habían dicho a ti que hasta las 2 no lo llevaban a su pueblo? Eso me dijo Susana. Pero todavía está aquí. Por eso. Qué extraño. ¿Este quién es? -Hola. Buenos días. -Buenos días. ¿Don Pablo Ramírez Sañudo? -Sí. ¿Son ustedes de la familia? Familia exactamente no. Fuimos muy amigos. Yo fui su empleado y su socio. Además, conocemos mucho a Susana. -Qué pena que doña Susana no esté. ¿No está? -No. Se encontraba indispuesta y su hijo la ha acompañado a casa. Ah. ¿Quién se va a encargar de todo, del traslado, del funeral? -No se preocupe. El seguro se encarga de todo. Ah. -Esta tarde lo llevan a Cuenca para el entierro. Ya. -A él le hubiera gustado ver que por lo menos ha venido alguien. Tenía muy pocos amigos últimamente. Pues yo fui muy amigo. -Perdón, no me he presentado. Soy Arturo Reviriego, su asesor fiscal. Señora. Arturo, encantado. Antonio Alcántara Barbadillo. Tengo que ir un momento al baño. Ah. -Está ahí, a la derecha. Gracias. No te preocupes. -Antonio Alcántara. Sí, yo soy Antonio Alcántara. -Precisamente, yo tenía que hablar con usted de un asunto de negocios. Iba a llamarle en cuanto le enterrásemos. ¿De negocios con don Pablo? Qué raro. Yo tuve negocios con don Pablo, pero creí que los tenía todos liquidados. -Pues me temo que eso no es exactamente así. ¿Ah, no? -Hay una sociedad que tienen en común que sigue operativa. Una sociedad sigue operativa. Dios santo bendito. Con Pablo nunca se sabía nada. Perdóneme, pero me voy a despedir de él. Yo le quise mucho. -Vaya. Bueno, Pablo. Qué pronto te has ido, hijo. Buenas. ¿Estás bien? -No. No estoy bien. Vaya. Lo siento muchísimo. Te acompaño en el sentimiento. -No, no es por eso. Quiero decir, que es una mujer muy mayor. Una amiga de mi madre a la que apenas conocía. Es por... por la cremallera, ¿sabes? No me la puedo subir. Ah. -No puedo cerrar el vestido. No te preocupes. A ver. Te puedo ayudar. Igual se te ha enganchado. No. Me parece que se te ha roto. Creo que te voy a poder ayudar. -Qué suerte tengo. Eso es ir preparada para la vida. A ver lo que puedo hacer. -Vale. Lo importante es que no sea vea el sujetador. No te preocupes. -Es ortopédico y lo odio. ¿Estás operada? -Sí. Vaya. Yo también estoy operada. -¿Sí? Qué casualidad. -No se te nota nada. Con lo joven que eres, vaya por Dios. No te preocupes. Esto lo arreglo en un momento. -En una tienda, no dejo que la dependienta entre en el probador. Me da vergüenza que me vean con esto. Es que son feísimos, la verdad. -Es como llevar un cartel que diga: Estoy operada. ¿A ti no te pasa? Bueno, yo... tengo mis truquillos. Cuidado, no te pinches. Mira. Le coso un bolsillo a mis sujetadores y así meto la prótesis dentro. ¿Lo ves? -Es genial. Bueno, igual es un poco inapropiado... Es que tengo una colección de sujetadores fantásticos. Igual podrías hacer lo mismo con los míos. Claro que sí. -¿Sí? Gracias. -Bueno. ¿Qué tal la prueba? -Pues casi no me la hacen. -¿Cómo que casi no te la hacen? -Que ni me han querido ver. -¿Cómo? Oye, no te preocupes, ¿eh? Peor para ellos. Es una productora de mierda. Verás cuando empecemos a rodar la peli. Van a venir de rodillas. -A este paso, como no la hagamos en el asilo... -Es difícil encontrar dinero y más después de haber cortado una peli justo antes de empezar a rodar. -Me da una rabia... -No te preocupes. Bueno, a ver. Oye, tú ya sabes que me encanta tu casita. Pero, no sé... ¿Qué te parece si te vinieras a la mía unos días? -Con Marisa. Tenéis una relación abierta pero a mí estas cosas me hacen sentir incómoda. -Marisa no está. Se ha ido con unas amigas a esquiar. -¿Ah, sí? Jolín, como viven algunas, ¿no? -Tú vivirás así también. Ya verás cuando estrenemos la peli. Vamos a llenar una bañera de champán. -¿Ah, sí? ¿Y eso cuánto cuesta? -Pues lo que cuestan 200 botellas de champán francés. -No, idiota. El rodaje. ¿Cuánto cuesta iniciarlo? -No demasiado. Ya verás. Hay que encontrar a alguien que sea listo. Puede ganar mucho dinero. Además de ser tu sobrina, sigue siendo tu cuñada. Pero desde que ha marchado mi hermano, no hace más que darme la tabarra. Con tal de no contratar a un técnico para no pagar... Ya estamos aquí. Ya, hija. ¿Cómo ha ido el velatorio? Pues muy mal. Me he quedado sorprendido. No había nadie. Ahí estaba el hombre solito. Desde luego, hijo, Dios castiga sin piedra ni palo. Teléfono. Y que lo digas. Dígame. Hola, hija. ¿Mañana? Bueno, lo tengo que hablar con tu padre. Venimos del velatorio de don Pablo. Hija, por Dios. No digas esas cosas. Un respeto. Bueno, pues yo lo hablo con él y te llamo. Hala, adiós. ¿Qué dice? Nada. Que si mañana vamos a comer a casa de su novio. Claro. Cómo no. Qué ilusión. Me hace una ilusión conocer a ese muchacho como tener una úlcera, fíjate lo que te digo. A mí sí me hace ilusión. Porque eres una ingenua. Ingenua no, que me apetece. Ya. Sí. Pues claro. Anda, Mercedes, vamos a comer, hija. Timbre. Gracias. Ya abro yo. ¿Quién será ahora? -Tía, hola. Bueno... -¿Está el tío? Sí, pasa. ¿Quieres comer? -No, ya he comido, gracias. Que aproveche. Tío. ¿Qué pasa? -Está toda la cocina encharcada de agua. Se sale por el fregadero. No para. ¿Y qué quieres que haga? -¿Qué quiere que haga yo? Miguel se apañaba, pero yo no sé qué hacer. Bueno, no te preocupes, que subo ahora un momentito. Timbre. -¿Abro? Abre, abre. ¿Tú qué vas a subir? Si no sabes nada de fontanería. Nada. Subo, le echo un ojo y le digo que traiga a un fontanero. Por Dios. -Hola. Pili, hija. ¿Qué pasa? -Me he tenido que ir de mi casa. Es que no me lo creo. Han empezado a salir grietas por todas partes y nos han desalojado. ¿Quién? ¿La Guardia Civil? -Han sido los bomberos. Me he tenido que ir. Que se está hundiendo la colonia y van a apuntalarlo todo, pero que no es seguro. Es que no tengo a nadie aquí. Está toda mi familia en Segovia. -No digas eso, Pili. No te preocupes. Estas casas modernas las hacen como papel de fumar. -Esta casa no es moderna. Es de la obra sindical, que tiene más años que Matusalén. -Pili, tú te puedes quedar en mi casa cuando quieras. Si no te importa dormir en el sofá, que es lo que tengo. -Un sofá, media cama. Muchas gracias. Y aquí. Te saco la cama turca y ya está. -Muchas gracias. Pues, bueno, yo creo que si me quedo en tu casa, te cuido a las niñas y te hago un favor. -Un favor sí que me haces. ¿Has comido? -No, ya pico algo arriba, que tengo el estómago... ¿Seguro? -Pues me subo a Pili. Tío, ¿va a subir a mirarme el grifo, por favor? Si no, llamo a un fontanero de las Páginas Amarillas. No llames a un fontanero, no sea que se saque un sarpullido. No te preocupes, que subo yo a ver qué puedo hacer. Claro que sube. -Bueno, pues gracias. Hala, adiós. Qué seguida es la loba. -¿Me ayudas con la maleta? -Sí, trae. Yo creo que es la goma esta de la junta. Pili, anda, hazme un favor. -Sí, sí. Dale al grifo, a ver si sale. -El grifo... Se abre el grifo. ¿Paro ya, Antonio? Sí, sí, Pili. Ya no sale. -Bueno, mira, ¿sabes qué? Voy a aguantarlo más porque este grifo tiene muchos años y no me fío nada. Bueno, ¿qué? ¿Sale o no sale? Aquí no sale nada, Pili. -¿No? Qué bien. Pues voy a cerrar, ¿eh? Aquí no sale nada, chica. -Ay, pues qué bien. Ya está arreglado. ¡Ah! -Antonio, ¿estás bien? Sí, mujer. -¿Estás bien? Sí. -¿Seguro? Déjame ver. Bueno, sangre no hay. Huy, vas a tener un chichón. Claro que voy a tener un chichón. -Pero a ver, no te levantes por si acaso te mareas o algo. Que puede haber conmoción. Qué va a haber conmoción. -Yo he hecho un cursillo con la Cruz Roja y puede haber conmoción. Ah. -Que es un golpe en la cabeza. Que no, Pili, por Dios. Gracias. -¿Seguro? Bueno. -Está estupendo, Mercedes. Te voy a meter una pinza. -No sé cómo agradecértelo. Voy a empezar por preguntarte el precio. No digas tonterías. -Quiero pagarte. Es un trabajo muy bueno y no quiero que sea el único. Ya no me dedico a la confección. -Es una pena, porque eres una profesional. Era una profesional. Tuve hasta mi línea de ropa. -¿Sí? Ajá. -¿Pues sabes qué estoy pensando? Que esto no se puede quedar aquí. Podemos ayudar a muchas mujeres en nuestra situación. Ya. Ya lo sé. ¿Pero yo qué puedo hacer? -Pues mira. Podemos hacer una línea de ropa interior. O podemos hacer una línea de ropa de baño. Tengo muchos contactos en el mundo de la moda. Ya no desfilo, pero están ahí. Tú eres una modista estupenda. Ya no soy una modista. Y además, yo tengo mucho trabajo con la casa y mi trabajo en la Asociación Contra el Cáncer. -Es que justamente la Asociación Contra el Cáncer podría promocionarlo. Mercedes. Estos sujetadores son feos y caros. La ropa interior bonita debería estar obligada por prescripción facultativa. Se siente mejor cuando la llevas. Desde luego, tú estás guapísima. -De verdad. Creo que podemos y debemos ayudar a otras mujeres como nosotras. Merche. Antonio, por Dios. Perdón. Si es que estoy arriba con el cacharro. Anda, anda. ¡Joder! Es que... perdóname, que no tiene pestillo. Es mi marido. Teléfono. ¿Sí, dígame? Sí. ¿De parte de quién? Un momento, por favor, que ahora le aviso. Antonio. ¿Sí? Arturo Reviriego. Dígale que no estoy, que me he marchado. Mire, acaba de salir. Sí, sí. Si usted quiere, le dejo el recado. De acuerdo. Adiós. Muchas gracias, Herminia. Sabes que no me gusta decir mentiras. Esto es una mentira piadosa. No volverá a ocurrir. No se preocupe. Bueno. Está bien. Y esto. Voy a dejarlo aquí. Ya te llamo cuando los tenga. Mira, te presento a Antonio, mi marido. Perdona, no sabía nada. -Mucho gusto. Encantado. -Encantada. Bueno, tienes una mujer estupenda. No he visto nada. No me ha dado tiempo. -Muchas gracias. Yo me marcho. Adiós. -Y piénsatelo, por favor. Sí, yo me lo pienso, pero, vamos, que... Adiós. -Adiós. Por Dios, Antonio, ¿cómo se te ocurre entrar sin llamar? No sabía que estabais ahí. ¿Por qué no me avisas? Yo qué sé. ¿Qué te ha parecido? Está muy guapa. Como tú. Si la única modelo que hay en esta casa, eres tú. No digas tonterías. Déjame que te has dejado aquí una marca. Anda, quita. Te ha dejado una marca, mujer. Estás todo sudado. Sí, porque he estado en casa de Paquita. Ay, a estas alturas... ¿Qué te ha pasado ahí? Me he dado un golpe, pero no te preocupes, Teléfono. que no es nada. No lo cojas, Merche. Es seguramente Reviriego. A lo mejor es importante. Dígame. Sí. Sí, un momento. Ahora se pone. Lo siento. Más loco que... No me ayudas nada. Te digo que no puedo y no puedo. Venga, anda. Buenas tardes, Reviriego. Soy Alcántara. Dígame. Sí, pero ya le dije que yo con don Pablo no tenía ningún asunto ya. Pues si queda una sociedad, se liquida, por favor. Es que no tengo tiempo. Ando muy ocupado. Bueno, mire, no se preocupe. En cuanto saque un minuto, le llamo y paso por ahí. Sí, sí, urgente. No se preocupe. Adiós. Y muchas gracias, Reviriego. ¿Qué pasa? Pues Reviriego, que me llama por un asunto de don Pablo, pero no quiero meterme en líos. Lo que sea, lo vas a tener que solucionar. Este don Pablo no te va a dejar tranquilo ni después de muerto. Desde luego, qué caridad la suya, Herminia. Por Dios. La caridad empieza por uno mismo. En fin. Te voy a poner un poco de hielo ahí. Sí. Es que me he dado un golpe. Música pop. No hay mucho lío. Vete a casa si quieres. -Prefiero estar aquí, que en casa sola me agobio. ¿Estás segura? -¿Qué pasa, socio? Nos vas a poner cuatro whiskies On the Rocks a mis amigos y a mí, ¿vale? Este es Carlos, mi socio. Son Javi, Tito y Álex. Bueno, y esta es Karina, que como veis, le da clase y elegancia al garito. Carlos, estamos ahí. Felipe. -Esta es la gente con pasta de la que te he hablado. Si les gusta el sitio y corren la voz, nos forramos. No son nuestro tipo de clientes. -Bueno. Se puede cambiar, ¿no? Nos va bien como estamos. -Ya hablaremos, que ahora pienso estar más atento a lo que pasa por aquí. ¿No decías que el mundo de la noche no iba contigo? ¿Que habías sentado la cabeza? -Mira, estoy hablándote en plan hombre de negocios. Lo que no puede ser es que lleves tanto tiempo sin venir y ahora vienes aquí de jefe. -No te mosquees, Carlos. ¿Tú qué eres, una ballena y un tiburón? ¿Qué dices? -Macho, que las ballenas se van a extinguir, por muy grandes que sean, da igual. Es el momento de los tiburones. Hay que moverse, si no, ¡pam!, te comen. ¿Y tú y yo sabes qué somos? Tiburones, macho. Así que muévete rápido y le damos. Te espero ahí. Nos lo acercas. -¿Y este qué? ¿Se va a quedar aquí todo el día? Es socio. -Se nos va a llenar esto de pijos. El día que pinche Mecano, yo paso. -Ay, Asier. -¿Qué? -Pues que... -¿Qué pasa? -Que no. Mira, esto no son maneras de hacer las cosas. -Ay, Paquita, ya lo sé, coño. Pero es que no hay otra. Que ya lo hemos hablado, que mi casa de la sierra está muy lejos. Esta es la única manera. -Ya. A mí así no me gusta. -Por cierto, mi madre, que me ha dicho que vayamos mañana a comer. -¿Tu madre? -Sí. Es muy buena señal que te quiera conocer. -Hombre, no sé. Así... de repente. Yo... -¿Qué? ¿Qué? Di que sí. Di que sí. -Bueno, bueno, sí. Dile que sí. (RÍE) Que voy. -Oye, una cosa solo. Mi madre es... una mujer un poco tradicional. -¿Y? -Bueno, nada. Que tú... Tú que eres muy... muy exuberante y tal... pues... estaría bien que a lo mejor fueses... no sé, pues vestida así como discreta. -Oye, mira, Asier, yo sé perfectamente cómo me tengo que vestir para ir a comer con tu madre o con el Rey de Inglaterra. -No, no. Que sí, Paquita, que sí. Ya lo sé. Solo te digo que mi madre es un poco especial. Está enferma y no la quiero sorprender en exceso. -Ya. ¿Y yo a quién le tengo que gustar? ¿A ti o a tu madre? -No. A mí, cariño. A mí. Pero... Bueno, es que a mí me gustas de cualquier manera. Música pop. (RÍEN) (CANTAN EN INGLÉS) -Oye, la música de tu garito es un poco macarra, ¿no? -Sí, un poco. Pero, bueno, le pongo las pilas a mi socio y arreglado. -Bien. Podrían pinchar Mecano. -Sí. Vinilos de Mecano hay arriba. Hablamos con Josete. -Oye, guapa. ¿Por qué no nos pones otra ronda? ¿Eh? El mío con un poco más de whisky, por favor. Y si tú quieres, yo te invito a una copa. -¡Pero quita, joder! -¿Pero qué haces, tía? -¿Qué haces tú con la manita? -¿Esta tía es tonta del culo? Ni te he tocado. -Ni me roces. -A ver, Karina, que habrá sido sin mala intención. -Felipe, que no me toque. ¿Qué ha pasado? -¿Qué ha pasado? Esta tía, que me ha dado un manotazo así porque sí. Felipe, dile algo, joder. -Carlos... no sé. No hay pasado nada. Una broma. -Felipe, que tienes una mierda de garito. -No me jodas, Javi. -Lo siento. Lo siento, no. Son unos pijos gilipollas que ya se van a ir. No te preocupes. Me voy a por cervezas. -¿No vas a decirle nada o qué? -Sí, Javi. Esto lo arreglo yo. Tranquilo. ¡Carlos! -¿Pero qué ha pasado? -Nada. -¿Tú eres imbécil o qué? ¿De qué vas? Te he dicho que esta gente era importante. ¿Y eso les da derecho a hacer lo que les da la gana? -Si no han hecho nada. Karina no piensa lo mismo. -No me jodas con Karina porque está chiflada. En el momento es la liberada y después es una estrecha. Intentó violarla su padrastro. Así que cállate y deja tus gilipolleces. -Joder, no lo sabía. Y perdona, pero tampoco es para ponerse así. Karina parece muy fuerte, pero últimamente está muy mal. -¿Por qué no me lo has dicho? ¿Cuándo quieres que te lo diga? Si hace meses que no vienes. -Vale. Tienes razón. Pero entiéndeme tú también a mí. Tengo derecho a elegir qué tipo de clientela quiero en mi local. Que no es tu local. Me vendiste tu parte. -No. Pero aún me debes dinero. Sigo siendo tu socio. Eso lo arreglamos ahora. -Joder, que tampoco voy por la pasta y lo sabes. Yo le tengo cariño a este local. Me gusta estar aquí contigo. Ayudándote, macho. Pero es que no sabes llevar a la clientela. ¿Ah, no? -Desde luego, a los importantes no. ¿Quieres empezar con las cosas bien? Controla a tu gente. Pues mira, socio. Te quedas tú colocando las cervezas. Yo me marcho. Haces la caja y cierras el local. -¿Qué pasa? Me marcho. Cierra esto. -¿Ya? Llaman a la puerta. Muy buenas. -¿Es usted el desatascador? Así me llaman. ¿Dónde está la avería? -Pues aquí mismo. ¿Ha traído usted la herramienta? Nunca vengo sin ella. -Qué hombre tan profesional. ¡Mi amor! Música. -Bueno, chicos, me voy, que pierdo el bus de las 4. -Espérate, que yo me voy contigo y me cojo un taxi. -Espera. Te acerco yo. -No hace falta. -Que sí, mujer. -No. -Gracias, Josete. -Hasta luego. -Buenas noches. Chavales, hemos cerrado, ¿vale? Venga. Buenas noches. Karina, que te quería pedir perdón por lo de antes, ¿vale? Mi amigo se ha pasado y yo tampoco sabía nada. -¿Nada de qué? -De lo de tu padrastro. Me lo ha dicho Carlos. Un marrón. -Pero, bueno, ¿él para qué te dice nada? -Porque somos amigos. -Que no quiero hablar del tema. Me cojo un taxi. -Que no. Hago caja y nos vamos. No tardo nada. Pero perdóname. No quiero que estés enfadada conmigo, mujer. Va, te invito a unos chupitos para hacer las paces. No pongas esa cara, mujer, que ya sé que no me tragas y que crees que soy un gilipollas, que no te falta razón. Pero nos conocemos de hace años. Venga. Un brindis. Por el amor y la amistad. Música. Bueno, ¿eh? Mira. Llevamos un buen ritmo. -Sí. (RÍE) -Joder, ya me he perdido otra vez. 5500, 2, 500, 3... -A ver, quita, manazas. Quita. -Que no. Esta vez lo tengo. Esta vez no me voy a equivocar. ¡Joder! Me lías, Karina. Joder, que no puede ser así. -Trae. Dámelo. Trae. -Joder, cómo sois las mujeres. Hay que hacerlo como queráis vosotras siempre. Estoy harto. -Sobre todo algunas. -Venga, anda, cuenta. -500. -500, 2, 20 millones, 800... Venga, anda. Te voy a servir otro chupito, que es lo que te hace falta. -No. Felipe, no. Que estoy muy cansada. Vamos a casa ya. -Que no. Solo una más. -Que estoy que me caigo. -¿Estás que te caes? -Sí. -Yo tengo la solución. -¿Qué? ¿Me vas a comprar un coche? -Pues sí. Mucho mejor. Un resucitador. -¿No me digas que te estás metiendo esa mierda? -Vas a ver que va a empezar la fiesta de verdad. Música techno. -¿Qué haces? -A ver, tranquila, esto no es ninguna mierda, ¿vale? -Ya lo que te faltaba a ti, vamos. -Karina, no te equivoques, esto no es como el caballo, esto es una cosa que es para despejarte, ¿sabes? Te da lucidez, te activa, te despeja, y ni engancha ni mierdas como el caballo ese. Mira, esta para ti y esta para mí. Esto se lo meten ejecutivos, se lo meten médicos y no tiene ningún problema, es para aguantar el día y ya está. Una y, uf, para arriba. Da marcha. ¡Ah, ah! Toma. Karina, confía en mí, si fuera malo no estaría tomándolo. Y si estás de bajón, créeme, esto es lo mejor, te hace sentir de puta madre. -Ah... ¡Ah! Ah... ah... -A ver, a ver, a ver, a ver... A ver esa carita bonita. ¡Eso es...! -Estoy mareada, Felipe. -Cierra... (RÍE) -Ah... -A mí me va bien solo, o sea que... (TOSE) ¡Pero tú eres un hijo de la gran puta! -¿Qué pasa? ¿Que qué pasa? ¿Hay alguna tía que me guste que no te hayas tirado? -Joder, tío, se te está yendo la cabeza, Carlos. ¿Qué parte no entendiste de que Karina no está en buen momento? -Ah, oye, a ver qué te estás pensando, ¿eh? Que ha sido de muy buen rollo, para que lo sepas, una cosa para aliviar la tensión y punto. A ella le apetecía, a mí me apetecía... Y ya está. -¿Cómo que ya está? ¿Qué tiene de malo? Felipe, deja a Karina tranquila. -Fuiste tú quien me dijo que no erais nada, ¿recuerdas? ¿Qué pasa todavía te mola? Haberlo dicho, soy un caballero, no me hubiera metido de por medio. ¿Qué cojones caballero? No va por ahí. -A ver, ¿te mola o no te mola, eh? Decídete, macho, pareces una tía. No me cuentes tu vida, deja a Karina. (RÍE) A ver, Carlos, que no es cosa mía... -Vamos a ver, ¿qué te has creído? Ah, ¿lo ves? -¿Yo? -¿Qué te has creído tú, Carlos? ¿Eres mi padre? Karina, no me jodas, te está tomando el pelo. -Que es mi vida. -Ya es mayorcita, macho. -No, y tú cállate que hablabas de mí como si fuera una moto. -Oye, pero una moto dabuten, Karina. Jo... ¿Y el azúcar? No hay azúcar. Ah... ¿Qué hay, cómo estás? ¡Por Dios! -¿Qué pasa, Antoñito? Cuánto bueno por aquí. -Oye, me acabo de enterar, macho. ¿De qué? -¿Cómo que de qué? De lo de don Pablo, coño. Ah, sí, chico... -Uf. Fíjate tú, le ha dado un tantarantana y ahí se ha quedado el pobre. -Pobre, ¿eh? Oye, por cierto. Sí. -¿Has visto la película o qué? Ah, no he tenido tiempo. -Que no has tenido tiempo... Me cosa ponerme a ver la película. -Pero, coño, un poquito de sal y pimienta en la vida nunca viene mal. De sal y pimienta. -Hablando de pimienta. -Ay, tío... Hola. -Tío... ¿Qué pasa, Paca? -Pues que... Bueno, a lo mejor es abusar un poco de usted, y yo lo sé, pero como estoy sola no sé qué hacer. No te preocupes, ¿qué pasa? -Se me ha colado un calcetín tras la lavadora e intenté moverla, pero no hay manera, no puedo moverla. ¿La lavadora? -Sí. No, subo luego. -Gracias, tío. De nada, mujer. -Adiós. Qué le ronca la mandarina, chico. -¿Sabes que en algunas tribus de África cuando palma el marido, el hermano se queda con la parienta y...? Pero es que mi hermano no ha palmado, Desiderio, y no soy africano ni Paca, somos de Sagrillas, ¿sabes? -Ya, joder... Pues eso te digo. -La Pilar esta cada vez está más buena, macho. Qué cambio ha pegado, joder, como de la noche al día. Ah... Qué caramba. ¿El qué? -Que si... no, que si te habías fijado. ¿Qué me voy a fijar yo? No tengo otra cosa que hacer que fijarme en Pili que es como... como si fuera mi sobrina. -Sí. Desiderio, estás enfermo, tienes que ir al médico y decirle: "De tanto ver películas porno en mi videoclub, se me está poniendo cara de nabo". -¿Qué tendrá que ver el culo con las témporas? Eso te digo. -Yo me voy. Hasta luego, Desiderio. Sonido de flauta. Que no, que no, de verdad que no puedo, pese... Perdona un momento. Hija, por Dios, deja un momento la flauta que no oigo nada. (DEJA DE TOCAR LA FLAUTA) Perdona, mi hija está aprendiendo a tocar la flauta, hija mía. Sonido de flauta. Pues... eh... Si ya lo sé, que ya lo sé que es buena idea, pero no puede ser. Si es que no tengo tiempo, de verdad. Otra vez será. Ay, qué tonta. Ah... Bueno, adiós. Ya nos veremos. Sonido de flauta. ¿Quién era, hija? Estefanía. Ah... Esa chica tan guapa que vino ayer. Sí... Sonido de flauta. ¿Qué quería? Pues, mira, quiere que hagamos una línea de ropa interior especial que ella también está operada. Ah... De bañadores. Pero yo... hace mucho tiempo que no diseño, no quiero. ¿Por qué no, hija? Porque no, porque no tengo tiempo y, además, con la casa y Antonio y todo, y que tengo que terminar la carrera, hombre, por Dios. Bueno, tú sabrás, ¿tú se lo has dicho a Antonio a ver qué le parece a él? Pues no, pero vamos, que no me hace falta. Sonido de flauta. Madre mía qué lata nos va a dar esta con la flauta, ¿eh? ¿Ah, sí? Pues, mira, una de las ventajas de llegar a vieja es que se queda una medio sorda. (RÍE) Pues, mira, dichosa tú que no escuchas. -Oye, eh... mi madre todavía no sabe que estás separada y que tienes tres hijas. -¿Por qué? -Ah, bueno, porque está muy mayor la pobre y tampoco le quiero... ¿Sabes? -No sé qué tiene que ver que esté mayor. -Ya, eh, es que no se lo quiero contar todo a la vez, ¿sabes? Quiero ir poco a poco, si se lo digo todo de golpe, a lo mejor no te quiere ni ver y no... bueno, tú no te preocupes que va a ir todo bien, ¿vale? (LLAMA AL TIMBRE) Estás guapísima. Le vas a encantar. Hola, mamá. Eh, esta es Paquita. -¡Paquita, huy! Qué nombre tan original. (RÍE) Pasad, pasad, hijos míos, pasad. -Buenos días. -Buenos días. ¿Te quito el abrigo, nena? -Ay, gracias. (RÍE) Pasa, pasa, guapa, pasa, pasa. -Mira, mamá, este es el salón. Madre mía. (RÍE) Dios santo bendito, qué casa más bonita, hija. Está puesta con muy buen gusto. -Bueno, voy a llamar a Mario que está en la cocina. Música clásica. ¿Has visto qué casa, Merche? Ajá. Claro, en este barrio qué esperas. Mira. ¿Y esa quién es? Pues debe ser su ex mujer. Joder, pues la debe querer mucho, Merche, porque la tiene por todas partes, mira, ahí y ahí disfrazada de dama de Elche. Se deben haber separado hace poco, digo yo. Pues eso te estoy diciendo, que este es director de cine y separado. Sí, pero le va muy bien, porque menuda casa. Pues mejor. -Perdonad, estaba liado en la cocina. Ah, ahora ya sabemos de dónde le viene la belleza a Inés. (RÍE) -Encantado. Encantada, igualmente. Hola, Mario. -Buenas noches. Soy Antonio Alcántara. -Encantado. Toma, te he traído un vino para la comida. -Genial, ya me dijo Inés que tienes una bodega. Bueno... -Quien ama el vino, ama la vida, ¿verdad? El vino y yo aún estamos conociéndonos, para el mío hay que esperar, pero te traigo este. -Muchas gracias. -Eh, la pularda no... -Pues sí, parece que sí. Pularda... -Perdón, vamos. Menos mal que hay Pularda, Merche, porque si llega a haber pescado, el vino tinto no pega. Guapo, cocina... Es un poco pijo, pero vamos, pinta bien. Ah, no digas bobadas, mujer, anda, no digas bobadas. -¿Un poco más, Juanita? -Paquita, mamá, se llama Paquita. -No, no se preocupe, estoy muy bien, gracias. -Ay... No te ha gustado, pues me he pasado toda la mañana preparándolo en la cocina y eso que no me encontraba nada bien, ¿eh? Porque esta pierna me está matando. Ay... Bueno, ¿y qué? ¿Cuándo os casáis? Porque supongo que os casaréis pronto, ¿no? Y me dejaréis sola, pero, bueno, es lo natural. -Mamá, es un poco pronto. -Sí. -Oh, yo diría que es más bien un poquito tarde, porque a Juanita se le va a pasar el arroz. (RÍE) (TOSE) -Paquita. -Es que... yo quiero tener nietos antes de morirme, y ya me queda muy poco, ¿eh? (LLORA) Me encuentro muy mal. -Mamá, mamá, ¿te pasa algo? -Ay, hijo, hijo, tráeme las gotas que están en el aparador de tu padre. Ay... ay... No, tranquila, tranquila, tranquila... Gracias. Ah... Ah... ¿Te lo piensas llevar, no, so puta? -¿Qué? -Ah, ¿y después qué, a meterme en un asilo? -¿Pero qué dice? -Mamá, no quedan, ¿quieres que baje? -No, tranquilo, hijo mío, me encuentro mucho mejor, ya se me pasa, hala, siéntate. Ay... Ay... Ay... No, no, no, siéntate, bonita, siéntate, tú no te molestes, siéntate, me tengo que acostumbrar a valerme por mí misma, hala, guapita de cara, vamos, ay... -Es... es un poco especial, pero tú no te preocupes que enseguida te va a coger cariño, ya lo verás. -¿Enseguida? Ah... Bueno... De momento, me acaba de llamar puta. -¿Cómo? Que me acaba de llamar puta, Asier. -Ah, no, tú no te preocupes, eso se lo llama a todas. -Pues nada, si esto es como un piropo, me quedo más tranquila. -Lo mejor fue ver a Charlton Heston vestido del Cid Campeador intentando averiguar dónde estaban las botellas de vino que le había regalado Samuel Bronston, el productor de la película, mientras el equipo nos corríamos una juerga de tres pares de narices. Pero, vamos a ver, ¿el equipo le habíais robado el vino al Cid Campeador? -Así es. (RÍEN) Pero debes conocer muchísimos famosos. -Bueno, fueron años estupendos, los grandes de Hollywood vinieron a rodar aquí y, bueno, muchos aprendimos todo lo que sabemos de ellos, claro. Vamos a probar el vino. Vamos a ver. -Ummm... Excelente. Sí, señor, muy bueno, pues es catalán. -Muy bueno. ¿Entonces, vosotros dos qué planes tenéis exactamente, hija? -Ah... -Ah... -Pues ninguno, no sé, así como estamos, estamos bien. -Sí. -Mmm... -Ah... Bueno, Inés, creo que tus padres quieren saber si soy de fiar, ¿no? No, no, no es eso, Mario, no, es que nunca sé lo que van a hacer mis hijos y para una oportunidad que tengo, me gustaría saberlo. -Bueno, pues ahora en serio, yo quiero mucho a Inés. (RÍE) Y, además, tengo mucha confianza en ella como actriz, supongo que ya sabéis que va a ser la protagonista de mi próxima película. ¿De esa película de época? -No, no, no, esa la va a hacer otro director al final. -Sí, no, este es otro proyecto más... más personal... Y había pensado Antonio que, no sé, a lo mejor te gustaría invertir algo en la película. ¿Yo? -Ajá. Hombre, para eso hace falta mucho dinero, debe ser muy caro. -Ah, sí, es cierto, el cine es caro, sí, pero, bueno, yo ya tengo financiada más del 70% de la película, es cuestión de añadir un poco más, pedir un crédito y empezar la preproducción. Mercedes, ¿tú qué dices? Sí, mejor que hable Mercedes porque es la economista de la familia. -Ah, muy bien. Bueno, tendría que ver mejor los números. -Mi última película estuvo en la listade las 10 más vistas, concretamente hizo creo que en tres meses unos 80 millones de pesetas. Joder. -Sí. ¿Y de beneficio neto? -Ea, pues, mira, ahora... -Pues exactamente cero. -Marisa. -Sí. La nieve estaba fatal en Baqueira y he decidido adelantar la vuelta. ¿Qué? ¿No me vas a presentar? -Claro. -Espero que este te guste, ¿eh? Porque es el plato preferido de Asier. -Sí. -Huevos rellenos... (RÍE) -¡Uh! -¡Oh, perdona, perdón, perdón! Perdón, por Dios... -No se preocupe, no pasa nada, no, no, déjelo. -Sí, sí. -Déjelo, si es que da igual. -No, esto con vino. -No, déjelo, ¡por favor, déjelo! -Huy... Ay... ay... -Paquita, mi madre solo intentaba ayudarte. -Ay... -Sí, ya... Ya... lo siento. -Asier, vete a la farmacia de abajo que está de guardia y tráeme las pastillas. Ay... ay... -Asier, ¿dónde vas? -Voy a la farmacia, pero es un momento, ahora vuelvo, ¿vale? -Bueno, no, espera, espera, no hace falta, ella tiene razón, puedo aguantar. -Si es un momento. -Bueno, yo no he dicho nada. -Vigílamela, por favor, bajo en un momento, ¿vale? Mire, yo no sé qué pretende usted de mí, pero... -¿Pero pensabas quitarme a mi hijo y pensabas que yo lo iba a consentir? (RÍE) No le he criado para que se lo lleve una fulana. -¿Pero... pero está usted mal de la cabeza? -No, bonita, la que está mal de la cabeza eres tú, no pienso consentir que te lleves a mi hijo. (RÍE) Gorda, puta y, encima, separada. -¡Uh...! ¡Pero...! Bueno, o sea... ¡Yo no sé eso cómo lo sabe, pero es que me da igual! ¿Tiene usted algún problema? -No, el problema es tuyo que ahora tienes que buscarte a otro tonto a ver si pica, porque mi Asier no necesita nada de segunda mano. -Ah... Asier a quien no necesita me parece que es a usted. -Oh... -Sí, se lo pienso contar todo. -Mira... -Porque es que usted... Si es que está loca. -Ay... -Mire, me voy de aquí. -Oh, oh, oh... -Oh, oh, échele cuento, sí, usted es una bruja, eso es lo que es, una bruja. -Ay... -Así que lo que tiene que hacer es desaparecer de aquí en cuanto pueda. -Pero, Asier, ¿la estás oyendo? ¿Oyes lo que le está diciendo a tu madre? -¿Qué haces aquí? -Había venido a por una receta. -Bueno, Asier, tu madre... -No, calla, calla, que yo no sé qué se te pasa por la cabeza, ¿cómo puedes hablarle así a una señora mayor? Que es mi madre. -Gracias, hijo mío. (LLORA) -Será mejor que te vayas. -No, pues claro que me voy, claro que me voy y tú deberías venirte conmigo. -Ay... Asier, llama al médico, que me ahogo. Oh, oh... -Vete, por favor, vete. -Ay... -Mamá, tranquila, ¿vale? Eh... Estoy aquí, estoy aquí, respira, respira, por favor. (LLORA) -No pasa nada, ¿eh? -Sí. -Respira como te enseñé. -Sí, ay... Sí, despacito, despacito, despacito. -Te llevo a la cama... -Ay, ay... -Y llamo al doctor. -Vamos, vamos, sí, con cuidado, ¿eh? -Umm... Muy agradable este vino. ¿Te gusta? -Sí. Es catalán. -Sí. Por cierto, me encantó vuestra hija en "Agujas de hielo", debo confesar que la película me pareció un espanto, pero es una actriz de raza, en serio, lo hiciste muy bien. -Gracias. -Mario siempre ha tenido mucho ojo para sus actrices, claro que para los negocios no puede decirse lo mismo. -Bueno, Marisa, a nosotros nos ha ido muy bien. -No, claro, mientras ha estado mi dinero para cubrir las pérdidas de tus películas. Hombre... ¿Y entonces los 80 millones de taquilla en tres meses? Es mucho dinero. -Calderilla comparado con todos los gastos extra que tuvo el señor director. -¿Qué gastos? A ver. -Pues qué gastos, una semana más de rodaje, cinco de montaje. -Y qué, es normal. -Siempre se las arregla para que se disparen los costes. -Bueno. -Pero, bueno, no quiero estropear con asuntos de dinero esta comida, ¿qué sería, familiar? Ah... -De amigos, Marisa. -Mario, tú no tienes amigos. -Sí tengo amigos, no digas que no tengo amigos. -No, tú tienes productores, tienes actrices, amantes, pero no tienes amigos. -Claro que tengo amigos. Me parece que nos vamos a tener que ir. Pues sí, esta comida ya ha dado de sí todo lo que tenía que dar, ¿no? -No, no se vayan, esperen, Mario tiene muy buena mano con los postres. No, muchas gracias, tenemos un poco de prisa, de todas formas, gracias por enseñarnos vuestra casa. -Es mi casa, me alegra que os guste. -¿Me podéis acercar? Claro que sí, cariño, vámonos. Vamos. -¿Tú también te vas? Sí, no me encuentro muy bien. ¿Te vienes, hija? -Sí. (CARRASPEA) -Gracias por venir. No, encantado, muchas gracias. -Mucho gusto. Marisa, encantado, una casa preciosa. -Sí. -Bueno, ya conocéis la salida. Sí. Sí... -Ah... Bravo, Marisa, bravo, te has pasado. -Mario, no, el que se ha pasado eres tú. -¿Yo? -Sí, a mí no me importa que tengas amantes, aventuras, me da igual, pero traer aquí a sus padres... Desde luego, hija... -Lo siento mucho, de verdad, supongo que os ha parecido todo muy raro. Pues claro que nos ha parecido raro, qué quieres que te diga, raro no, rarísimo, sobre todo el Mario ese, me parece a mí que tiene mucha cara. -No, papá, Mario es un buen chico, la situación es muy extraña, pero... Nosotros estamos bien juntos. Qué ingenuidad. ¿Y este qué venía también a darme a mí el sablazo? Con lo de la producción, joder, qué manía con quitarme dinero, ¿me ven cara de tonto o qué? -Bueno, bueno... Eso es lo que dice la mujer. Ah, sí, ya... Que me ha parecido muy lista, por cierto. -Ah... ¿Es que alguna vez le ha dejado de mantener? Mira lo que dijo, que se pule 80 millones en no sé qué cosas. Qué poca cabeza tiene esa hija nuestra. Ay... Si quiere hacer una cosa mal, le sale peor, ¿no va y dice que el tío está separado? ¿Qué va a estar separado? Ese tío está casado, ¿no te has dado cuenta? Tiene más cara... Y ella, ella sí que es lista. No te preocupes, mañana hablo con ella tranquilamente. ¿De qué va a servir? Hablas con ella desde que se daba besos con el de Galerías Preciados. -Hola. Hola. -Hola, Mercedes, Antonio, que... te quería pedir un favor. ¿Qué pasa? -A ver si puedes subir un momento a ayudarnos a mover la lavadora que no podemos. Tengo que imprimir. -Bueno, si no te importa... No, mujer. -¿Sí? Ah, gracias, lo intenté, pero me duelen los riñones y digo: "Antonio...". Luego decís que por qué llamo loba a mi cuñada, porque es una loba. Ah... -¿Ya está? Sí. -Ay, pues muchas gracias, Antonio. Uf, hay que ver lo que pesa, vamos, como un muerto. Es lo que digo, hay que tener un hombre cerca, aunque sea para estas cosas, pero hay que tenerlo sí o sí. Huy, Paquita, ya está aquí Paqui, que tenemos el calcetín. Ah... Ya está. -¿Cómo que ya está? ¿Ya habéis acabado con esto? -Ya está. Creo que esto ya está. -¿Lo habéis puesto bien? -Ajá. Sí. -Habéis puesto la manguera bien, si no se sale el agua. Puse la manguera y le di una vuelta además. -A ver... A ver... Es que no veo nada, tío, mueva esto, por favor, que no lo veo. Ah, joder. -Para atrás, espere, que le ayudo. No, no, Paca. -Quite, que yo... Paca, por Dios... -Quite que le ayudo. (GRITA) ¡Paca, la mano, por Dios! ¡Párate quieta ya, pesada! ¡Joder! ¡Que está puesta la manguera! (LLORA) ¡Joder! (LLORA) Vaya... (LLORA) Lo siento, lo siento, lo siento, tío, lo siento, lo siento. Es que ya sé que le pido muchas cosas, que soy muy pesada, voy a intentar no pedirle ninguna más, de verdad, es que... es que... es que desde que se ha ido Miguel yo no... no puedo con todo... Si no es lo que pides, Paca, hija, es cómo lo pides, ¿entiendes? Es cómo lo pides. -Lo siento mucho. (LLORA) Anda, María, no pongas esa película que es de guerra y es muy fea. -Pues a mí me gusta, abuela. Ay... Ah... (TV) Házmelo... Hazme el amor. ¿Pero esto qué es? Gemidos en la TV. ¡Ay, santo cielo, no veas esto, hija, por Dios! ¡Qué barbaridad! -Abuela... Que no. -Déjame ver. (TV) Hazme tuya... Que no, hija, que no, que no tienes edad de ver estas cosas. Gemidos en TV. Qué día llevo... ¡Antonio! Si me lo quería perder... Ven aquí, anda, mira, mira lo que hay en la televisión. ¡Santo bendito, Herminia, por Dios! ¿Pero cómo se te ocurre traer estas cosas a casa? Gemidos en TV. Dios santo... A ver... (APAGA LA TV) Aquí, ya, ya, ya. Ya. -Abuela, ¿hacer es raro? Ay... Mira, tú y yo nos vamos a ir a jugar a las muñecas. -Abuela, ¿pueden jugar a la guerra? Sí, claro que pueden jugar a la guerra. Eh... ¿Pero será posible con mi madre y con la niña? Pero que no lo he hecho yo, Merche, lo metió aquí Desiderio, lo trajiste y lo puso la niña. ¡Venga ya, hombre! No he abierto nada. ¡Vamos! Ahora vas a hablar con la niña. No, hombre, con la niña hablas tú que eres su madre. De eso nada, es una cosa de dos. ¿Y qué le digo yo a la niña? Porque a mí me sacas de cogitatus y no sé qué decir. Cogitatus no. -Ah, me voy a hacer footing. Ah... Seguro que no quieres que me quede. -Ah, ¿para qué? -Pues para cantarle las 40 a ese idiota... -Ah... Ya no le voy a dirigir más la palabra, no te preocupes. Timbre. -Ya voy yo. Ah... Inés no quiere volver a verte. -Marcelo... -¿Qué haces aquí? -Ah... -Me he ido de casa para siempre. -Ah... ¿Que te has ido o que te han echado? -No, me he ido yo. Me ha preguntado si lo nuestro iba en serio y... le he dicho que sí. -Ah... ¿Lo nuestro va en serio? Eso depende de ti. (SUSPIRA) ¿Puedo pasar? -Sí, claro, no te vas a quedar en la calle. -Gracias. Vamos a ver, María, mi amor, tienes que olvidarte de la película esta del vídeo, que no es una película de hacer el amor, es una película de guerra, ¿comprendes? Y entonces ahí se... -Sí. Hacer el amor, ¿eh? Para hacerlo, ¿entiendes? Eh, hacerlo hacerlo, eh... -¿Hay que quererse? Eso es, hija, hay que quererse, eso es. -¿Como yo y mamá? No, como mamá y yo porque es una cosa de quererse hombres y mujeres, ¿comprendes? -Como Carlos y Karina. Hombre, no creo yo que Carlos y Karina hagan el... bueno, es igual, eh, es de... es de quererse. ¿Entiendes? -Y también de estar desnudos. No, mujer, no hace falta estar desnudos, ¿pero quién te ha dicho eso? Para hacer el amor no hace falta estar ni desnudos, ni vestidos, ni nada, porque no se hace para eso, se... es muy sencillo, ¿para qué se hace el amor? -Para los bebés, ya lo sé, me lo ha dicho Manolito y vamos a tener uno. ¿Y quién es Manolito? -Uno de mi cole. Bueno, eh... Merche, explícaselo tú, anda, que va a tener un hijo con Manolito y me acabo de enterar, bueno, olvídate de cogitatus, hija, ahora te lo cuenta tu... Anda, anda, anda, venga. Vamos a ver, hija, que tú eres muy pequeña para tener un bebé. -No, ya voy al cole de los grandes. Ya, ya, ya... Pero es que, para hacer el amor, y para tener un bebé pues... pues hay que dejar de ir al cole. -Pero Manolito lo hace en los columpios. ¿Manolito? Pues yo no sé lo que hace Manolito, desde luego, pero... pero así no se tienen los bebés. -¿Entonces cómo se hacen? Vamos a ver, ¿tú sabes lo que pasa cuando metes una semilla en una maceta? -Sí, que crece y sale una planta. Bien, pues es lo mismo, cuando un papá y una mamá se quieren y quieren tener un bebé, el papá mete una semillita dentro de la mamá. (CARRASPEA) -Coño, Paquita. -Hola. -Hola, ¿qué haces aquí? ¿Has venido a pedirnos perdón? -Ah... Pues no exactamente, he venido más bien a que me lo pidas tú a mí. -¿Perdona? -Y, además, también he venido a decirte que te pasas la vida buscando marcianos y fenómenos paranormales, y no te has dado cuenta de que el mayor de todos lo tienes ahí dentro. -Ah, ¿ahora estás hablando de mi madre? -Sí, estoy hablando de tu madre, totalmente, vamos. -Muy bien hablado. -Sí, hablo de tu madre y que no lo digo por mí. -Calla un momento, aquí no, vamos dentro y me lo cuentas. -Ahí no entro. -Con los vecinos no se puede y mi madre estará en misa, no te preocupes. -Mira, Asier, yo no te lo digo por mí, te lo repito, te lo estoy diciendo por ti, es que te lo digo por ti, ¿sabes por qué? -¿Por qué? -¿Sabes por qué? Porque te quiero, por eso te lo digo, por eso, porque, mira, yo quiero ser feliz como todo el mundo y tú deberías intentarlo, pero aquí no vas a poder. -Vale, ¿ya? -¿Ya qué? -¿Que si ya eso es todo lo que tenías que decir? ¿A eso has venido? -Pues más o menos. -Muy bien. Adiós. -¿Cómo? -Que adiós. Pasos. -Bueno... Ah, las llaves. Asier... ¿Pero tú no te habías ido de viaje? -Sí, sí, pero he tenido que volver, mamá. -¿Y con la guarra? -¿Cómo has dicho? -Ah, pues mira, Asier, ya ves que tu madre no está tan enferma como parecía. -Ya lo veo, ya. -¿Te quieres venir a comer al bistró que ahí, desde luego, vas a comer mucho mejor porque yo cocino muy bien. -Estoy segura, bonita, porque tienes pinta de chacha. -Oye, oye, mamá... Mamá... -Volveré tarde. -¡Mamá! Portazo. Música pop en inglés. (MEZCLA DOS CANCIONES) Música pop en inglés. Música pop en inglés. (NARRA) El libro de Shere Hite hablaba de muchas cosas, de lo que nos gustaba y no nos gustaba, pero, claro, no hablaba de algo fundamental, algo más importante que hacer que una chica en la cama conozca tus secretos y los suyos, y es cómo conseguir que te miren como tú quieres que te miren o, simplemente, que te miren. Música pop en inglés. Felipe, ¿podemos hablar un momento? -Claro. Socio, ahora voy. ¿Vas en serio con Karina? -Joder, Carlos... (RÍE) Mira que estás pesado con el tema, ¿eh? Lo digo en serio, solo me importa ella. -Ah, no me vengas con ese rollo, que no cuela. ¿Dónde está? Mírala, ¿vale? Mírala bien. Con Karina, si eres tío, solo tienes tres opciones: Opción número uno, te la quieres tirar y punto. No te pases. -Te lo estoy diciendo de buen rollo, Carlos, opción número dos, quieres casarte con ella, tener hijos y envejecer juntos pasando los veranos en San Sebastián. Y la opción número tres que es la peor de todas, que seas gilipollas, claro, y te creas todo el rollo este de la amistad chico-chica. Lo que yo te diga, eso no existe. Punto. Lo siento. Así que te vas a tener que decidir entre una de las tres opciones, y ahora, si no te importa, voy a ir a cuidar a la clientela. Música pop. Yo creo que esto... Ah... Ay... es... la goma de la junta del desagüe, voy a apretarla. Ah... Ya está. A ver, abre el grifo, ay... Ah... A ver... ¿Vas a tardar mucho? Porque quiero jugar al jardinero y las semillitas. Ah... Ah, huy... (RÍEN) (RÍEN DE FORMA ACELERADA) (RÍE) Eh... eh... eh... Eh... ¿Qué? Que te estabas riendo a carcajadas. Ah... (RÍE) (RÍE) Estaba soñando una cosa muy graciosa. Ah, ya lo veo. (RÍE) Me alegro que sueñes cosas tan risueñas. Ah, gracias. (RÍE) Oye, ahora que te has despertado, ¿qué haces mañana? Es que tengo que ir a ver Reviriego y me gustaría que me acompañaras para que no me meta en líos. ¿Mañana? Mañana, sí. Justamente mañana he quedado aquí con Estefanía. ¿Quién es Estefanía? Ah, Estefanía, la guapa. Ah, ¿la modelo? Sí. ¿Vas a hacer por fin eso con ella? Pues al final yo creo que sí. Ropa interior. Sí. Ah, hola. -Buenos días, Herminia, he quedado con Mercedes. Pase, pase, por favor. -Gracias. ¡Mercedes! -Hola, Mercedes. Estefanía. -Qué bien que hayas dicho que sí. ¿Queréis un café? -Sí, por favor, uno solo. Yo también, madre, gracias. -Ahora mismo. ¿Quieres sentarte? -Gracias. A ver... ¿Por dónde empezamos? -Pues, mira, tengo la lista de contactos y de proveedores que nos pueden interesar. Bien, ¿y no sería mejor empezar por los diseños? -Para eso te he traído unos ejemplos de las colecciones pasadas, a ver si te inspiran. Ah... -¿Qué te parecen? Modernos desde luego. -Pues sí que se ha hecho usted de rogar, aquí lo tenemos. Usted y don Pablo dieron de alta una sociedad limitada llamada Alcantañudo S.L. ¿No? Sí... Sí, pues, hombre, pues porque lo dice aquí, pero la verdad es que no recuerdo, es verdad que dimos de alta varias y pensé que estaba todo liquidado. -Pues no, don Pablo tenía un poder para hacer y deshacer a su antojo y la dejó abierta. Ya... -Usted tiene una participación del 50% de los beneficios o, en su caso, de las deudas. Ah, muy bien. (CARRASPEA) ¿Y esto cuánto se supone? -Eh, durante el último año fueron 2 300 000 pesetas aproximadamente. (RÍE) 2 millones y pico... Vamos a ver, yo no he estado muy al tanto de este negocio, entonces tampoco me veo tan obligado a pagar la parte que me corresponde, ¿entiende? -¿Pagar? Sí, pagar. -Son beneficios. ¿Los 2 300 000 son beneficios? Ah, coño. O sea, que a mí me corresponde 1 150 000 -Y otro tanto para su socio, en este caso socia, doña Dolores Soto Pardo. Dígame, ¿a qué se dedica este negocio? -La verdad es que no lo sé, pero parece un tipo de hogar o restaurante. Ay... -2001 se llama. Digo una cosa, este negocio es una mina de oro, ¿verdad? Muchas gracias. ¿No me vas a hablar nunca más? -¿Me pasas el azúcar? Karina, yo no sé qué decir para arreglar... -Un "lo siento" no estaría mal para empezar. Lo siento. -Ah, no me lo creo, no lo sientes. No, no lo siento, me reventó verte con Felipe. -Ah... Mira, Carlos, vamos a dejarlo. Ah... No. No, no, quiero que me lo expliques. Sabes que utiliza a las tías, lo has dicho mil veces, que es un pijo, un facha, un gilipollas, ¿qué es lo que viste en él? -Es que no es lo que vi yo en él, sino lo que vio él en mí. Una tía buena a la que tirarse. -Pues eso mismo, Carlos, eso mismo es lo que yo buscaba, porque el cabrón de Gerardo no me miraba como me mira mi madre, me miraba... sucio, con unos ojos que daban asco. Sí, pues como los de Felipe. -No, Felipe era claro: "Me gustas y quiero hacérmelo contigo". Punto. Y él me lo propuso y yo acepté y me sentí libre, Carlos, me sentí... dueña de mi cuerpo, y eso me gustó, y ni él me utilizó ni yo le utilicé, bueno, sí, nos utilizamos los dos, no sé, ¿pero qué quieres que te diga? Me dio confianza. O sea, que ha tenido que venir Superfelipe para hacerte sentir bien, yo no te valía. -No, Carlos, tú me tratas como si fuera una cosa delicada, como si fuera una diosa, parece que tengo que ser perfecta, que nadie me toque. ¿Y eso es malo? -No, no es malo, es genial y me ayuda mucho, pero... yo necesitaba que me miraran como lo que soy, como una mujer, necesitaba sentir mi piel y no estar toda la vida metida en una caja de cristal. Pero Felipe, Karina, joder, no os parecéis en nada. -Pues por eso mismo, Carlos, porque yo quería una persona de la que yo supiera que no me iba a enamorar nunca, de la que no sintiera nada hacia él, vamos, que Felipe era perfecto para eso. O sea, que resulta que le has utilizado tú a él. -Ah... Carlos, deja de hablar como el padre Froilán y pásame el azúcar. Es tu vida. -Pues sí, Carlos, es mi vida. (NARRA) Karina y yo nos conocíamos desde pequeños, pero nunca, ni siquiera tras haber leído a Shere Hite, fue capaz de comprender lo que pasaba por su cabeza, y mucho menos desde que su vida se había convertido en un infierno. Poco podíamos imaginar entonces que las cosas iban a ir aún peor para ella y también para mí. Canción pop en inglés. Cuéntame, tú que has vivido el despertar de un tiempo que nos cambió. Volverás a ser un niño al recordar las largas tardes de sol. Háblame de lo que has encontrado en tu largo caminar, cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. (NARRA) Noviembre de 1981 fue un mes sin buenas noticias: la guerra de Irán e Iraq, la guerra en Afganistán, la contra en Nicaragua, la anexión administrativa de los Altos del Golán por parte de Israel, los desaparecidos en Argentina, la guerra en el Sáhara y la amenaza perpetua de los arsenales atómicos con capacidad para arrasar la Tierra 50 veces. Básicamente miedo. Pero todo ese horror se desvaneció por completo cuando me llegó uno inesperado, cercano, pero que me hizo sentir como si un SS-20 me hubiera explotado dentro. ¿Hola? Karina. Karina. ¡Eh! ¡Eh, eh, Karina! Karina, ¿qué pasa? ¡Eh, Karina! Karina, ¿qué has hecho? ¡Por favor, por favor, ayuda... por favor, que alguien me ayude! Tranquila... ¡por favor! Llaman a la puerta. Llaman a la puerta. Llaman a la puerta. -Buenas noches. Perdona que venga tan tarde. No he querido llamar al timbre por si dormíais. ¿Ocurre algo? -¿Me puedes dar el teléfono del bar de Carlos? ¿Pero para qué lo quieres, ha pasado algo? -Es que Karina me llamó hace un rato y estaba rara... Que la estoy llamando a casa de Carlos y, o no hay nadie o no me lo coge. Bueno, pasa. ¿Te lo apunto? -¿Puedo llamar desde aquí? Es que Gerardo... ya sabes. Anda, toma. -Gracias. Tono de llamada. ¡Nada, que no me lo cogen! Suele pasar, que no escuchan el teléfono, con la música alta... -¿Te importa que me quede un rato y llamo luego? Bueno, pues quédate. Es que tengo mucho trabajo. -¿Qué ha pasado? La encontré en el sofá pero no pude despertarla. -¿Sabes si ha tomado algo? Sí, estas pastillas. -¿Sabes cuántas? No sé, pero tomó alcohol también. -Y algo más, ¿verdad? ¡Venga, no es momento de andar con tonterías! Algo de coca, creo. -Vale. Quédate por aquí, te iremos informando. Vamos. ¿Se va a poner bien? -Ven conmigo. Haremos todo lo que esté en nuestras manos, ¿de acuerdo? Venga, tranquilo. Acompáñame. ¡Ven, acompáñame! Vamos, ven conmigo. A ver, necesito tus datos, ¿de acuerdo? ¿Tu nombre? Carlos Alcántara. -Carlos Alcántara. ¿Y el de ella? Esa no es la solución. -No lo será, pero me ayuda, Carlos. -El de ella. Karina. -Karina qué más. Karina Saavedra. -¿Y tu dirección? La dirección. Travesía Tito Fernández, n” 3. -Tito Fernández, n” 3. ¿Y el teléfono? ¿El teléfono? 32101... -Tranquilo. 76. -¡Que eres un muermo! ¡Carlos! -¿7, 6? ¿Los dos últimos números son 76? Sí, 76. -76. Vete a la sala de espera y ahora te avisamos. Tranquilo. Que sí, no te preocupes que mañana estoy ahí a las diez. Bueno, adiós. Luego dejas todo eso donde estaba. Sí, mamá. Oye, ¿tú sabes si estas son todas las películas que tenemos? Pues no lo sé, eso lo sabe tu padre. ¿Qué buscas? Una tontería. ¿Una tontería de qué? Nada, hombre, una chorrada. Pero dímelo y así te ayudo. Si no sé ni si te acordarás. Es un corto que hicimos cuando éramos pequeños. ¡Cómo no me voy a acordar! Y Mayka y Karina. Pues ese, en el que sale Karina. Es que hoy es su cumpleaños y creo que le haría gracia. Pues me parece que es este. Ah, pues sí que es este. ¿Cómo está? Pues no muy bien, la verdad. Vaya. Cuídala porque es una chica estupenda. Sí. Para eso estamos los amigos. Y la suerte que tiene de tenerte. Marcelo, ¿no ves que no puedo estar en dos sitios? Encárgate tú del vecino pesado. Venga, anda, luego te llamo. Marcelo, no se lo digas a nadie. No se lo digas a nadie. Adiós. Tono de llamada. (SUSPIRA) -Estaba muy rara, Mercedes, ¡me ha dicho unas cosas...! ¿Pero qué es lo que quieres, de verdad? ¿Qué pretendes? -Que me escuche sin que discutamos, nada más. Cada vez que hablamos por teléfono nos decimos unas cosas... que no deberían decirse una madre y una hija. Pues habla con ella y escúchala. Y mírala a los ojos, a ver si te dice la verdad. -Que yo no digo que Karina tenga mala fe. Pero ha malinterpretado las cosas y me ha hecho mucho daño, a los dos, a Gerardo y a mí. Pues nada, tú sabrás. Hala, buenas noches. -Mercedes, quiero ir a hablar con ella, ¿puedes venir conmigo? ¿Ahora? -¡Por favor! A mí no quiere escucharme. No creo ni que me abra la puerta, pero a ti... ¿Pero tú sabes qué hora es? -Ya sé que nunca hemos sido amigas, pero que Karina para vosotros es como de la familia. No lo hagas por mí, hazlo por ella. Perdón, ¿sabe dónde está el 2001? -¡El 2001 es único, maravilloso! Música en el local. Muy buenas, ¿este es el Club 2001? -Depende. ¿Depende de qué? -De lo que busque. Es que llevo dos horas buscándolo, ¿usted sabe dónde está? -Sí. ¿Y es este? -Depende. ¿De qué? -¿Viene de parte de alguien? Claro. Vengo de parte de Pablo Ramírez Sañudo, don Pablo. -Menos cachondeo que don Pablo está muerto. Por eso vengo. Soy Antonio Alcántara su socio y su mano derecha mucho tiempo. -Haberlo dicho antes. No, hombre, está muy bien. -Hola. Hola. -Soy Wanda, ¿y tú? Antonio Alcántara. -¿Me permites tu abrigo? Sí. -Antonio. Me gusta tu traje, si me permites decirlo. Te permito decir lo que quieras. -¿Quieres tomar algo? Pues sí, me gustaría. ¡Dios santo...! De tú, Antonio, de tú, de tú... -Champán, para Antonio y para mí. ¿Champán? -Hazme caso, te va a gustar. Hola. ¿Puedo hablar con Yolanda? Sí, soy Carlos Alcántara. Es sobre Karina. Espera, espera, escúchame un momento. Espera, escucha... ¡déjame hablar un momento, Gerardo! Gerardo. ¡Gerardo! -¡Eh, eh, eh! ¿Qué pasa, estamos locos o qué? Que vas a joder el teléfono. Pitido continuo. Sirena. Pitido continuo. Buenos días. (APAGA EL TELEVISOR) ¿Qué pasa, Felipe te ha vuelto a hacer una de las suyas? -Felipe se fue hace tres horas, Carlos, no seas pesado. Que no duermo, ya está. ¿Y las pastillas? -Pues me atontan, pero no me duermen. Ya. Está amaneciendo. -Pues qué bien. ¡Pues yo creo que sí! Feliz cumpleaños. Son unas cuantas canciones de Parálisis y Gabinete, que todavía no están en la calle. Creo que te van a gustar. Dicen que son como los Joy Division españoles. Y esta noche... ¿lo celebramos en el bar? -No, gracias, Carlos, pero no tengo ganas ni de fiestas ni de tartas... ¿No? Una tarta, aunque sea pequeña. -Que no. Timbre. ¡Que sí...! Espera. -¡Carlos! ¡Hombre! ¿Cómo estás? -¡Joder, ya no me acordaba del frío! Pensé que llegarías más tarde. -Si te viene mal, me voy... Calla. -¡Vaya...! ¿Cómo estamos? -¡Vaya! ¿Y así abraza un marinero? -Calla, que tengo mañana el examen y no distingo babor de estribor. ¿Quieres dormir un poco? -Pues no me vendría mal, macho. Venga, pues te sacamos el sofá. -No, métete en mi habitación. -¿Seguro? -Sí. Tira. -Bueno La de la derecha. -Hasta mañana. Hasta mañana... ¿Y a ti, se puede saber qué te pasa? -Nada, Carlos, que no duermo. Ya está. Felicidades. -Gracias. Música punk. -Siento algo dentro de mi cuerpo... -¿De verdad que no te molesta? -Qué va, me encanta. -A mí también. Podría estar escuchándola millones de veces. ¿Qué haces? -Nada, repasando lo de mañana. -¿Eso qué es, una pajarita? -No, no es una pajarita. Toma. Feliz cumpleaños. -Karina 2. -Sí, es como un intento pero... pero no ha llegado a buen puerto. -Pues no podría estar más de acuerdo. -¿Perdona? -¿Tú no tienes miedo? -¿A qué? -Pues... a naufragar, a morir ahogado. -Te mueres antes de frío. -¿Cómo? -Pues eso, de hipotermia. Si te caes al agua en invierno, tienes diez minutos. -¡Diez minutos en mitad del mar y luego desaparecer...! Pues no parece mala forma de morir. Dejarse ir poco a poco y desaparecer. -Hombre, yo preferiría algo más tranquilo y con alguien cerca. -Pues sí. Es una suerte tener a alguien cerca. -Bueno, yo voy a seguir con esto. -¡Gracias! -¿Por qué? Ah, de nada. -No... De nada no. -No puedo más... -Eh. ¡Chis! ¿No tendrás un piti? No fumo. -¿Y fuego, tienes fuego? Que te he dicho que no fumo. -¿Familiares de María del Río? -Yo. -Tu novia está bastante mal. Entonces... -A ver. Vamos a ver... perdona, Wanda. ¿Me has dicho Wanda? -Sí, sí. Es que no me estás escuchando. -No. Pues eso, que tengo que hablar con alguien y no puedo quedarme. -¿Puedo sentarme con vosotros? Sí, siéntate, me tengo que ir. -Gracias. -Bueno, ¿quién la abre? -Yo, dame. A ver, porque esta botella... Cuidado, cuidado. Cuidado. -¡Ay! Pues sí. Cuidado, que esto se desparrama. -Bueno, pues habrá que brindar. -Sí, ¿por quién? Pues brindamos por vosotras, porque yo tengo mucha prisa. -No, no, no, no. Mejor brindamos por Antonio. -Por Antonio. -Mejor por vuestro nuevo jefe. Perdonad. ¡Dios santo bendito...! -¡Antonio! ¡Lola, Lola...! ¡Huy qué alegría! -¡Cuánto tiempo! Mucho tiempo, mucho tiempo... ¡uf! ¡Acaba de entrarme escalofrío por la espalda! Pero vamos a ver, ¿qué haces tú aquí? -Bienvenido al Club 2001, socio. Ah, ya... don Pablo. -Trae champán del bueno a don Antonio. No, no, champán no, yo prefiero güisqui. -La botella de Scotch. -¡La botella de don Pablo! -Bueno, ahora es la botella de don Antonio. -Espero que seas un jefe muy bueno. Sí. -Y yo espero que seas un jefe muy estricto. -Chicas, el güisqui. Vamos a ver, ¿cuánto tiempo llevas aquí? -Deja que te cuente. ¿Qué hacéis aquí? -Marcelo nos lo ha contado. ¡Joder, se le caen las cosas de la boca! -Carlos, que somos tus amigos. Si no nos los dices a nosotros... -¿Cómo está? Pues no lo sé porque desde que he llegado, nada. -¿Has preguntado? Me han dicho que saldrían. -A esta gente, os les metes caña o pasan de ti. Voy a ver, eh. -¿Qué ha pasado? -¡No paro! ¡Quieta...! Esta tarde me pasé. ¡Pero, joder, no pensé que...! Me pasé y ya está. -Pues sí, a lo mejor te pasaste. Pero desde lo de Gerardo, Karina no ha sido la misma. Tú lo sabes. Sí. -Es que no sé por qué venimos tan pronto hoy. Ya te lo he dicho, Marcelo no podía abrir. -¡Joder con Marcelo, es la leche, menuda jeta tiene...! (AMBOS) ¡Sorpresa! -¡Felicidades, guapa! ¡Felicidades! -¡Felicidades! -Bueno, ¿y esto qué es? -Una tarta de cumpleaños. Importante: pensar un deseo. ¿Lo tienes? ¡Venga, sopla! -Venga, vamos ¡Bravo! ¡Chupitos! Música. Risas. A ver, chupitos. -Señor. Música punk. Murmullo en el local. -Karina. Que no la has probado y es tu cumpleaños. ¡Está muy buena! -Gracias. -De nada. (LUIS) Vale, de acuerdo. Muchas gracias. Nada, que ahora sale el médico, le están haciendo pruebas. Pero, Carlos, tú no te preocupes, que al final no será nada. -¿Y Felipe, le has avisado? ¿Para qué voy a avisar a Felipe, qué quieres de Felipe? Prefiero esperar. Anda, sentaos. Timbre. Carlos me dejó unas llaves, por si algún día las necesitaba. ¿Carlos? ¿Carlos? Carlos, hijo... Aquí no hay nadie desde luego. -¡Le ha pasado algo a Karina! No digas eso, hombre. -¡Que sí, que estoy segura! ¡Hay que llamar a la policía, a los hospitales...! Espérate un momento, vamos a llamar al bar. Pues desde aquí desde luego no vamos a poder llamar. Ah, ¿que se ha ido con Yolanda? ¿A buscar a Karina? ¡Joder con Yolanda! Espero que no sea nada, Herminia. Mire, yo le llamaba para decirle que voy a llegar un poco tarde, que me he encontrado con unos clientes. Sí, sí, en cuanto termine, voy, no se preocupe. Pero muchas gracias. Adiós. Ya he hablado con mi casa. Tengo un poquito más de tiempo. Así que cuéntamelo todo desde el principio. -¿Te gusta sentarte ahí? Pues sí, es muy cómodo. -¡Qué curioso, don Pablo se sentaba siempre ahí! ¿Aquí se sentaba también Pablo? Bueno... el que lechón nace, cochino pace. -¡Ay, Antonio, le echo tanto de menos! Y yo, Lola. -Sin él, esto no es lo mismo. Dime una cosa, ¿al final él y tú qué...? -Bueno, después de todo el lío de construcciones Nueva York, terminamos fatal, Antonio, ya sabes. Pero es que entre él y yo siempre hubo algo... especial. Y ya ves, cosas del destino, nos volvimos a encontrar. Pues no sabes cómo me alegro. Bueno... y hablando de esto, cuéntame la verdad, ¿aquí las chicas por fin qué hacen? -Que no, aquí no se hace nada indecente. Las chicas se llevan un porcentaje de las consumiciones. Lo que hagan con los clientes... ¿Pero lo hacen o no lo hacen? -Yo no me meto. Si suben a los apartamentos, es cosa de ellas y los clientes. O sea, ¿que del apartamento no nos llevamos nada? -Lola, ¿puedo hablar con usted? -Antonio, te presento a Sandra. Lleva con nosotros poco tiempo. Encantado, señora. -¿Es el amigo de don Pablo? Pues sí, soy el amigo de D. Pablo. -Ay, le acompaño en el sentimiento. Gracias. -¡Él era tan bueno y tan cariñoso y tan...! Muchas gracias... muchas gracias. ¡Era... era muy cariñoso! -Sí, sí. -Bueno, Sandra, ¿qué querías? -Que a uno de mis clientes se le olvidó la cartera. Quiere hablar con usted. -¿Pero de cuánto es la cuenta? -No, de 4000 pesetas. -¿Es uno de los habituales? -Sí, es mi amigo el flaquitín, el que se pone tan nervioso; que quiere tanto palique pero después... -Sí, ya sé, dile a Blas que deje la cuenta, que ahora voy. No, mejor tráelo, quiero conocer a los clientes que no pagan -Sí. ¿Es habitual olvidarse la cartera? -Es muy raro. Lo bueno de este negocio es que todo se cobra. ¡Perdón...! ¡Coño! -¿Qué coño haces aquí? ¡Qué susto me has dado! Pero vamos a ver, que qué hago aquí, desgraciado... ¿Qué haces tú aquí? -¿Que qué hago yo aquí? Pues lo mismo que tú, ¡no te digo! Lo mismo que yo no, que yo no soy cliente, Desiderio, que soy socio. -Ah, sí, hombre, socio... Pues claro, pregúntale a Lola. -Sí, Desi, es socio. -Bueno, pues qué callao te lo tenías. A ver. -Nada, viva la libertad, chico. ¡Voy a ponerme una copita! Escúchame... -¡Camarera, lo de siempre! Desiderio, que esto no es un bar. No levantes la voz y escúchame, que no te lo voy a repetir. Por tu bien, te voy a hacer un favor, Desiderio. Las consumiciones que debes no te las voy a perdonar. No, no, te anoto la cuenta y más adelante te hago una rebaja. Pero esta la pagas. -Disculpa, pero me he dejado la cartera... -Con Antonio no hay problema. ¿Pero, escucha, que vienes aquí a diario? -Doctor Ares, por favor, doctor Ares, Cardiología. -¿Cómo está? ¿Qué haces tú aquí? -Me ha avisado Marcelo. ¿Qué ha pasado, qué le has hecho? -¡La has echado tú, joder! ¿A mí qué me cuentas? Perdona... -¡Eh, macho, el foco, hombre, el foco! ¡Hombre, enfoca! Risas. -¡Anda que...! -¡Huy, huy, huy...! -¡Mira, mira, la mano al par, Carlos! -¡Mira ahí Josete, qué pinta! -¿Qué dicen los médicos? Que hay que esperar. Felipe, ¿qué hiciste luego con ella? -De verdad, no pasó nada raro. Cuéntamelo. Cuéntamelo todo. Música punk. -No, el equipo, el equipo, que suena de puta madre, ¿no? -Sí, bueno, y el disco también, que está muy bien. ¿Qué? -Acábatelo. -Siento algo dentro de mi cuerpo... -Oye... ¡joder, cómo se ha puesto Carlos! -Ah, es idiota. -¿No le dirías que te la paso yo? -No, yo no tengo por qué darle explicaciones. -Claro que no. -Además estoy harta de poner copas. A él, a ti y a tus amigos, que son imbéciles y unos pijos como tú. -Oye, a ver si te va a dar el bajón. Estamos celebrando tu cumpleaños. -Sí, Felipe, pero no he hablado con mi madre. Siempre me despertaba el día de mi cumpleaños cantándome "Feliz en tu día". -Bueno... -Voy a llamarla. -¿Ahora? -Sí, ahora. Mamá, que soy yo... Nada, que es mi cumpleaños, por eso te llamo. -Tuvieron una discusión de cojones, no sé qué se dijeron, algo del violador este gilipollas. Gritos de Karina. ¡Qué dices de elegir! ¡Por favor, no me cuelgues, mamá! ¿Mañana? Mañana a lo mejor es tarde. Mañana no sé si estaré aquí, mamá. ¡Mamá, por favor, no me cuelgues, mamá! Se corta la comunicación. ¡Mamá...! -¿Quieres que me quede un rato? -¿Un rato? ¡Vete a la mierda! Mejor te vas con la pija que os tiene agarrados por los huevos. -¡Eh! ¿Qué pasa? -¡Me pasa que no puedo con más mentiras, eso me pasa! Familias de mentira, amigos de mentira, es que no puedo más, ¡me dais asco todos! ¡Quita! -Mujer, que no es... (GRITA) -¡Que no me toques! ¡Ni me roces, lárgate! -¿De qué vas? ¿Qué quieres? -¿Tuyo? Nada, mira. ¡Eso es lo que quiero, nada! ¡Vete! Que te vayas. -¿Qué haces? -Felipe, lárgate. -Claro que me largo, ¡joder! Pero cagando leches me largo. Tú estás muy mal, hazte mirar. -¡Que te largues! ¡Que te vayas de aquí! -¡Que no me empujes! -¡Claro que me voy, que te den! -¡Joder! Si cierra la puerta de un golpe. ¿Y te fuiste dejándola así? -Me echó a patadas, macho. ¿La dejaste sola en casa? (RESOPLA) ¿Y luego qué hiciste tú? -Carlos, cómo iba a saber, ¿eh? Música de baile. Jaleo. -No me enteré de nada, llegué tarde y Josete apenas me contó nada. ¿En qué hospital están? -En el Clínico. -Está loca, la niña está loca. Anda, vámonos. -¿Por qué me hace esto, por qué? ¿De verdad te preguntas a estas alturas porqué? -¿Lo ves? Anda... -Esto es lo que ella quiere, que todos se pongan en contra nuestra. Nunca ha podido soportar que esté con nadie. Gerardo tiene razón, no está bien de la cabeza. Por Dios, no voy a discutir lo que piensa Gerardo, vámonos. Música en el local. ¡Yolanda, vamos! -Yo solo quería tener una familia normal. ¡Ahora alguien de tu familia te necesita, vamos! -Llamadme en cuanto sepáis algo. Jaleo. -¿El dueño del local? -¿Qué os pongo? -¿Qué nos pones? Estamos de servicio. ¿Vienes cada dos por tres? -Cada tres por cuatro, pero un rato, me tomo una copa y me piro. ¿Tú estás tan necesitado para eso? -No es por eso, es por la conversación. ¡Ah! ¿Aquí te dan conversación? -Es por lo bien que escuchan. (RÍE) ¿También escuchan? -Yo llego a mi casa y no me hace caso ni el Tato. Digo: "Buenas noches" y todos viendo la televisión. Cuento un chiste y no se ríe ni Blas, y si me pongo serio me toman por un cantamañanas. Sin embargo aquí, mira qué guapas. Aquí dices cualquier cosa y te toman por el más listo, el más enrollado y hasta por el más guapo. Tú que te lo crees, Desiderio. -Bueno, ¿quién es el simpático que me va a invitar a champán? -Yo mismo, si te valgo, porque paga el jefe. No te vengas arriba. Que no se venga arriba. -Qué preciosos ojos tienes hoy, parecen dos zafiros luminosos. -Desiderio, qué poético. Tú sí que sabes hacer derretirse a una mujer. ¡Ay! (RÍEN) -¡Ay, qué frío, por Dios! -Y yo qué caliente. -Bueno, pero qué picarón estás hoy. (RÍE) Bueno, yo me voy a ir marchando. -No, Antonio, no te vayas. Sí, sí. -No, no. No, no, Sí. No. -Te acabo de preparar el whisky. ¿Lo tiramos? ¿Me has preparado un whisky? -Claro. Te voy a decir algo: Cuando me prepares un whisky no lo hagas así, prepáramelo en un vaso pequeño, gordo y con un hielo, que esto no... -Como don Pablo. -No soportaba los vasos de tubo. ¿De quién crees que aprendí yo?, de don Pablo. Ponme un whisky en un vaso pequeño. -Vale. Te lo cambio y ahora vengo. Gracias. Si no hace falta. -Es costumbre de la casa. Que sí, que sí. -Qué suerte tiene tu mujer contigo. La suerte la tengo yo. ¿A qué sí, Desiderio? -Ya te digo. -Pues yo no... Yo no tengo suerte. -Familiares de... Karina Saavedra. (NARRA) Y en aquel tiempo se paró. Nunca unos pocos metros me parecieron tan lejanos, ni tan cuesta arriba ni tan terroríficos. -Golpes, golpes, ¿dónde están tus golpes? Oh, sí, corazón, ¿dónde está mi dolor? Cuando las señales de tu amor hiriente son mil cardenales de pasión. Golpes, golpes, ¿dónde están tus golpes? Oh, sí, corazón, ¿dónde está mi dolor? Golpes, golpes, ¿dónde están tus...? Oh, sí, corazón, ¿dónde está mi dolor? Oh, mi vampiresa, ¿dónde están tus golpes de amante posesa y voraz? Golpes, golpes, ¿y dónde están tus golpes? Oh, sí, corazón, ¿dónde está mi dolor? ¿Cómo está? -Es pronto para poder dar un diagnóstico. Por favor, sea sincero, ¿qué va a pasar? -Tendría que haberse despertado ya pero no sabemos cuántas pastillas se ha tomado y si las ha mezclado con otras sustancias... Es una cuestión de tiempo. ¿Cómo que de tiempo? -Cuanto más tiempo esté así más fácil es que entre en coma, las próximas horas son decisivas. Entiendo. ¿Hay algo que yo pueda hacer? -Si eres creyente, rezar. Ya... ¿Y si no? -Si no; tienes una máquina de café en el pasillo. La maestra se da la vuelta y dice: "¿quién me ha visto algo?, el que me haya visto algo, le castigo", y dice: "Luís, ¿tú qué has visto?", y dice Luís: "No, yo no vi nada, un poco de pantorrilla", "¿Ah, sí?, pues un día castigado". ¿Y, tú, Jaimito", y dice Jaimito: "Yo... Señores, hasta el curso que viene". (RÍEN) -Qué gracioso que es usted, don Antonio. De tú, Sandra, de tú. -¿No te sabrás de los de Lepe, que me hace mucha gracia? Que va, si me sé muchos, y me tengo que ir. (AMBAS) -No, no... Sí, sí, sí. -No, no te vayas. Queremos conocerte un poco mejor. Me tengo que ir, me estará esperando mi mujer en casa -¿Cómo se llama? -Mercedes. Guapísima. Pero espera, tomemos un poco más de champán. ¡Camarera, un poco más de champán que estamos secos...! -Que el desierto del Amazonas. Que no... -A ver si conocemos a tu mujer. Tráela un día por aquí. ¿Quién yo, a Merche aquí? No, mejor no. Yo creo que no vendré mucho, no creo que haga falta, Wanda. -No atosiguéis a don Antonio que tenemos cosas de que hablar. Venga, a trabajar, mirad quién ha llegado. Wanda... La media que la llevas torcida, hija. -Está en todo, como don Pablo. -Hola... ¿Qué tal? ¿Cómo está? -Hola. Murmullo. -¿Qué tal? Lola... ¿Ese que está con Wanda no es...? -Sí. Sí es, pero nada de nombres, Antonio. Nada de nombres. ¿Qué hacéis aquí? Hola, hijo. -¿Cómo está? Nos han dicho que tenemos que esperar. -¿Y el médico? Está dentro. Ahí está la enfermera. -Mercedes... Felipe. -Perdón, mi hija, Karina... Luís, cuánto tiempo sin verte. -Mal sitio para reencuentros. Desde luego. Murmullo. -Le llamamos cuando haya noticias. -Gracias. Todavía no saben nada. (RECUERDA) -Hola. Hola. -Hola. -Vaya silencio, creía que no había nadie. Este no me deja poner música. -Tengo el examen mañana a las ocho. -A mí sí me deja. ¿Ah, sí? -Oye, Carlos, ¿no ha llamado nadie? No. -¿Seguro? -Claro, llevo aquí todo el rato. Timbre. ¿Tenía que llamar alguien? -¡Que alguien me ayude, que esto pesa un huevo! ¿Qué pasa? ¿Qué es esto? -¡Joder, cómo mola! -Coge de ahí arriba, Luís. -Venga. -Ahí va. -¡Con cuidado que me ha costado una pasta! -¿Y esto? -Tu regalo de cumpleaños. ¡A ver...! -Dejadla aquí mismo. -¡Cuidado, que la vais a romper y es nuevo! (SUSPIRA) -Acompañantes de María del Río. -Yo. -Lo siento. (LLORA) -¿No tendrás unas monedas? Teléfono. (RECUERDA) (GRITA) No le escucho. -O bajáis la música y paráis este escándalo o llamo a la policía. Ya bajamos la música una vez, no podemos bajarla más. Jaleo y música. -¿Te crees que soy imbécil? Si vive en un segundo, es imposible que escuche ruido. -¿Quieres subir y lo compruebas? Pues no, la verdad. -Espere un momento. ¡Carlos! -¡Bajáis la música o llamo a la policía! Yo mañana tengo que ir a trabajar. Vale, ahora la bajo. -¡No! Jaleo. ¿Sí? ¿Qué quieres? -¿Sabes qué se ve desde nuestra ventana? Pues no, ni idea. ¿Para eso me llamas? -Carlos, por favor, no me hables así. Ahora no. ¿Te has metido algo? ¿Estás con Felipe? -Carlos, que estoy muy cansada, no quiero discutir. Solo quería darte las gracias. ¿Las gracias por qué? -Porque eres la única persona que me ha querido, Carlos. La única que me ha querido de verdad. Karina, eso no es verdad. -Solo se ve oscuridad. Desde nuestra ventana solo se ve oscuridad. Jaleo. ¿Qué estás diciendo? -Carlos, solo quiero descansar, nada más. Así que no te culpes, por favor, tú no. Yo no estoy ni enfadada ni rabiosa... Solo quiero dormir. Llevo días sin poder dormir y solo quiero descansar. ¿De qué hablas, Karina? -Carlos, yo lo siento mucho... Siento no haberte querido como me has querido tú pero... ¡Qué tonterías estás diciendo! -Adiós, Carlos. -¿Bajáis la música? ¡Tengo prisa! -Prisa tengo yo, que tengo que ir a trabajar. (AL TELÉFONO) -Hola, ¿quién es? Lola, yo no digo que no sea un buen negocio y que no dé dinero pero no sé dirigirlo. -Da dinero, Antonio, si no fuera un negocio Pablo no lo habría montado. ¡Bueno, bueno! Pablo a veces montaba negocios como le daba la gana. -Lo sé, pero esto es diferente. Es lo que te decía antes. En el 2001 todo se cobra al contado. Ya lo sé, menos mi amigo que se deja la cartera en casa. -Para un perro que maté, mataperros me llaman. Mañana vengo y lo pago. Es que me ha pillado de sorpresa. No sé cómo reaccionar, cómo lo cuento en casa a Merche, tú la conoces. -No tiene que enterarse, al menos de momento. Haremos una cosa: No tienes porqué pasarte por aquí, cada semana te hago llegar la caja. ¿Cada semana? -Sí. ¿De cuánto dinero hablamos, Lola? Para que yo me oriente. -Pues eso depende. Unas 200 mil pesetas. ¿A la semana? -Sí. ¡Joder! -¿800 mil pesetas al mes? 800 mil pesetas al mes. -Yo pego el cerrojazo al video club y me vengo a currar. (RÍE) ¡Joder! Me ha sorprendido. Vamos a ver... Déjame que me lo piense, Lola, que así de sopetón... Lo voy a pensar. -¿Qué vas a pensar? Lo voy a pensar. Y mientras tanto vamos a organizar este negocio un poco a mi manera. A mi amigo, le pegas a la factura que tenía de antes, con celofán, las copas de ahora. -¡Oye, oye! (LOLA RÍE) -Que eres mi amigo. Tú también eres amigo mío y me cobras en el videoclub. Y por el aparato, ¡me ha cobrado ciento y pico mil por el aparato! -Es que el negocio es el negocio. Esto también lo es, métetelo en la cabeza, cuídalo. -Lo de esta noche serán más de 12 mil pesetas, Desi. (TOSE) Vamos a aliviarle un poquito, por ser amigos. Te lo dejaré en 600 mil. Y que conste que te hago un favor, Desiderio, a ti y a tu familia, fíjate lo que te digo. -Anda, págate la penúltima... -Hola... Las chicas. -¡La alegría de la huerta! Pero bueno... -¿Has traído a tu hermana? Pues muy bien... -¿Qué tal, chicas? Qué poco habéis tardado. Risas y murmullo. ¿Cómo me voy a ir, mujer? Risas y música en el local. (MURMURA Y RÍE) -¿Qué pasa, cómo está? -Hay que esperar. Siéntate. -Buenas noches. (SUSURRA) No me lo puedo creer. (GERARDO) ¿La has visto? (YOLANDA) No pudimos entrar. Vete a casa, anda, seguro que la abuela está preocupada. Y papá ya debe haber llegado. En cuanto sepas algo me llamas. Cuídate mucho, hijo. Adiós a todos. (AMBOS) Adiós. -Hasta ahora. -Mercedes... Muchas gracias, de verdad. No te preocupes, que seguro que va todo bien. -¿Has visto? Gerardo ha venido. Lo está pasando muy mal también. (RÍE) No tengo para darle a la sin hueso toda la noche, Desiderio. Y mucho menos contigo... Ya me he enterado que eres un degenerado. -Que no, no soy un degenerado. Sí, un degenerado. -Que no. Todos los días, macho. No, es una cosa inocente. ¿Ah, sí? ¿Ves cómo no tienes remedio? Encima crees que es inocente. -Hay gente que va al psiquiatra para arreglarse. Sí. -Pues yo voy ahí, ¿qué más dará? Sí que da, al psiquiatra no lo invitas a champán, ¿entiendes? -Pero te mete unas minutas que te cruje. (RÍE) Eso es verdad. -Pero, ¿qué coño me estás contando? Yo voy porque soy cliente, pero ¿y tú? Si tú eres el capo de un puticlub, ¿me entiendes? ¡Qué dices! -200 mil semanal, chaval. (RÍE) Vamos... un proxeneta. Que yo no soy un proxeneta, ¿Cómo voy a ser yo un proxeneta? ¿Tú estás tonto? Me he encontrado con un negocio y sin comerlo ni beberlo lo tengo ahí, y un negocio que no tiene nada que ver conmigo, porque soy una persona casada, igual que tú. -Pero qué tiene que ver el culo con las témporas. Yo quiero a mi mujer, para mí es una santa y me arrepiento cuando voy a casa pero me encanta ir ahí porque, aparte de estar buenas para aburrir... -Hola. Buenas noches. -Aparte de estar buenas para aburrir... son muy buena gente. Son unos ángeles de la guardia, no te jode. -Sobre todo la morena esta... ¿Quién, la que estaba contigo? -Sí. ¿Sandra? -¡Uf, qué pedazo de mujer! Qué manos tiene, qué masajes me da en la espalda, me la tiene niquelada. ¿También te da masajes? -Sí, terapéuticos. Y otra cosa, cuando subís arriba, ¿sirven champán? -¡Y vuelta otra vez! ¡Que yo no he subido nunca! ¿No has subido seguro? -Que no, joder. Yo tengo que subir, Desiderio, tengo que subir. -¿Y a quién te subirías? Subir para ver qué sirven. -No, si me refiero que quién te gusta de las chatis. Ninguna. -Ya... Como es santo Tomás. Si es por hablar, venga. ¿Quién te gusta? Hombre, así,... a primera vista la que está más buena es Wanda. -¡Qué cañón de piba, eso te sienta como un guante! ¿Y tú por qué lo sabes? -Lo intuyo. Ya. -Eso... Eso es medicinal. Ya... -Pone joven... No te jode. -Y por cierto, ahora que me confiesas esto: ¿qué descuento me vas a hacer? Megafonía. ¿Quieres? -Gracias. Todavía no he llamado. ¿Qué coño les voy a decir? Era yo el que conducía y ella... (SUSURRA) Joder.. -Daría lo que fuera porque esto no hubiera pasado. Lo que fuera. Yo también. Sonido de las llaves. Joder. Wanda... -Carlos, tío, me tengo que ir, tengo el examen en dos horas, si no el próximo es en seis meses. Claro, hombre. Mira... Esta es la de abajo, es la que más se atasca, empuja fuerte y ya está. -En cuanto termine me vengo. No, hombre, ve a casa y descansa. -No, prefiero pasarme. Haz lo que quieras. Y aprueba, mucha mierda. -Eso es para los actores. ¿Y qué dicen los marineros? -Yo que sé... Que tengas buena mar. Pues buena mar. Que es justo lo que no tenía Karina, tenía una mar de mierda y la ha dejado ahogarse. O pero, le quita el chaleco. -Que no, Carlos, que no... Que yo creo que Karina ya lo tenía pensado. (RECUERDA) (KARINA ESNIFA) ¿Qué haces? -Nada. ¿Qué es eso? ¿Te estás metiendo esta mierda? -Carlos, que no duermo y esto me despeja, ya está. Después de lo de mi hermana... ¿No has aprendido nada? -Esto no tiene nada que ver con el caballo, sirve para estar bien. Además, lo toman médicos, empresarios... Y cantantes y famosos... Esa no es la solución, Karina. Esa no es la solución. -¡Pero me ayuda, Carlos! Yo estoy mal, joder, estoy mal. Lo que no me ayuda es que estés como un alma en pena dándome sermones. Eres un muermo... ¡Carlos, ¿qué haces?! Dámela que es mía. ¡Para! -¡Carlos, joder! ¡Trae, dámela! ¡Para ya! ¿Qué estás haciendo? ¿Qué estás haciendo? -¿Qué haces? ¡Para ya! ¡Ah! -¡Que no me estoy quieta! Música en la lejanía. Escúchame... -Carlos, que me dejes en paz. Yo puedo meterme lo que quiera, beber lo que quiera, y acostarme con quien me dé la gana. Escúchame. -¡Que no te acerques! No eres ni mi padre, ni mi hermano ni mi novio, eres mi jefe. ¿Sí? -Sí. ¡Pues se acabó, ya no soy ni tu jefe! Fuera de aquí, no quiero drogatas en mi bar. ¡Fuera! -¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¡Que le he dicho que se largue! -¿Qué le has hecho? Vete a la mierda. -Vete tú a la mierda. (GRITA) ¡Karina! (SUSURRA) Antonio... ¿Qué haces aquí? ¿De dónde vienes a estas horas? Del hospital con Carlos... ¿Del hospital? ¿Qué ha pasado? Carlos está bien... Es Karina, todavía no se sabe nada. ¿Qué pasa? Que se ha intentado suicidar. ¿Que se ha intentado suicidar? Chis, cállate, hombre. Lo peor es que todavía no se sabe nada. ¿Esta niña está tonta o qué? ¿Qué les pasa a estos hijos? Los hemos educado haciendo lo que les da la gana y mira cómo terminan, coño. Estaba visto para sentencia, es que últimamente... ¡Por Dios! Ven, anda, ven. ¡Joder! ¿Y a ti cómo te ha ido con el negocio ese de don Pablo? Bien... Bien, Merche, bien. Es un bar. ¿De qué tipo? Uno muy bonito, Merche. En Capitán Haya. ¿En Capitán Haya? Un bar de esos de copas donde va la gente a tomar copas, muy elegante, ¿comprendes? Con camareras. ¿Camareras? ¿Cómo que camareras? Chicas, Merche, chicas que sirven, como en los restaurantes vascos. ¿Que es un restaurante vasco, de pinchos? De pin... Con copas. ¿Y qué vas a hacer? Pues en cuanto pueda traspasarlo y venderlo, si es un buen negocio... ¿Te estás tomando un whisky? Sí, estaba un poco mal del estómago y me he tomado un whisky. Y lo has usado como bicarbonato. No, hombre, no. Ese es el whisky de los pobres, yo me tomo whisky de ese inglés que me trajo Rodolfo, es muy bueno. -¿Me das un poco? Sí. -¿Qué te ha dicho Luís? ¿Y si lo tenía todo planeado? -Eso no tiene sentido. Josete y Luís dice que les avisó y a mí también, se estaba despidiendo. -Karina no estaba bien, pero todo cambió cuando habló con su madre. ¿Qué fue lo que se dijeron? -Ya te lo dije, si quieres saber todo pregúntale a ella. Sí. A lo mejor sí. ¿Te dijo que llamé? -Sí, pero no me podía imaginar... No hablo contigo... -No es momento de peleas. Hablasteis por teléfono, quería saber qué te dijo. -No sé... Discutimos, como siempre. No... Como siempre seguro que no. Teléfono. (GERARDO) ¿Quién es a estas horas? (YOLANDA) No sé. ¿Dígame? -Mamá, que soy yo. -Karina, hija, ¿cómo estás? -Que es mi cumpleaños, por eso te llamo. -Ya lo sé, cariño, ¿cómo no lo voy a saber? Me estuve acordando todo el día, quería llamarte, pero... (GERARDO) -¿Quién es a estas horas? -¿Por qué no vienes a casa? Ven y lo celebramos. -¡No, mamá, no volveré mientras esté ese ahí! -Hija, ¿no crees que si habláis...? -¡No voy hablar con él, yo sé lo que hizo! -Cariño, ¿cómo puedes seguir diciendo eso? ¿No comprendes que estás equivocada? Él me lo explicó todo y ya oíste al juez. -¡Qué me importa lo que diga él o el juez, me tienes que creer a mí, que soy tu hija! -¿Quién es? -Es Karina. -No dejes que te haga esto... No puedo más, Yolanda, no puedo más. -Mamá, ¿está ahí contigo? ¿Puedo hablar contigo sin que ese hijo de puta esté presente? -Hija, estás muy nerviosa. Mejor te llamo mañana. -Yolanda, cuelga ahora, no te dejes chantajear. -Mamá, le estoy oyendo, no me cuelgues. -No me hagas elegir, no me hagas esto. -¡Pero qué dices de elegir! ¿Qué dices? Por favor, no me cuelgues, mamá. -Mañana hablamos. (LLORA) -Mañana a lo mejor es tarde. ¡Mamá! -Karina, hija, te quiero... -¡Mamá, por favor, no me cuelgues, mamá! ¡Mamá...! Se corta la comunicación. Televisión de fondo. -Tiene un problema y lo sabes, un problema psiquiátrico. Y tú, por mucho que la quieras, no la puedes ayudar. Y menos apoyando ese comportamiento. ¿Karina un problema psiquiátrico? -Tu amiga no está bien y esto que hizo es una muestra de que tengo razón. -¡Ya está bien! ¿No os da vergüenza? (SUSURRA) No puedo más. -Yoli... -Déjame, por favor, déjame. Déjala, déjala que piense a ver si se entera de algo. -Estoy empezando a hartarme de vuestras indirectas. No son indirectas, eres un puto violador y ya está. -Córtate, niñato. Soy inocente, lo dijo la justicia. ¿Qué justicia? Todo lo que le pasó a Karina es culpa tuya. -¿Que esa loca mimada intente matarse es culpa mía? Yo no soy el que vive con ella ahora, igual eres tú el que se pasó. Pero lo entiendo, porque tu amiga es bastante calientapollas. ¿Qué dices? -¡Eh! ¿Qué dices? -¡Eh! La única culpa que tengo yo es intentar que esa cría pasara un buen rato, ¡y uno muy bueno que hubiera pasado, te lo digo yo! -¿Un buen rato? ¡¿Un buen rato, hijo de puta?! ¡No me toques! ¡No quiero volver a verte en toda mi vida! -Familiares de Karina Saavedra. ¿Cómo está? -Está despierta. -¿Puedo pasar a verla? -Sí, en unos minutos. ¿Y yo? -No, lo siento, solo una persona. ¿Y qué puedo hacer? -Mira, si quieres ayudarla vete a buscar algo de ropa, un cepillo de dientes y vuelves, y cuando ella ya esté en la habitación te dejo subir a verla, ¿vale? Venga. (SOLLOZA) -Solo tenía 26 años, tío. Lo siento. -Gracias, tronco. (ENTRECORTADO) Hola... Sí, sé que no son horas, pero... soy Sebas... Ha... Hemos tenido un accidente. Sí. Gracias. Gracias a Dios. Adiós, adiós, buenos días. ¿Habían llamado por teléfono? No he oído nada. No, llamé yo al hospital, no sé, me desperté con una sensación muy rara aquí. Como si fuera a pasar algo malo. ¿Qué te han dicho? Pues que se ha despertado. Que Karina está bien. ¡Ah! Bueno, Merche... Menos mal. ¿Te das cuenta que eres un poco aprensiva? No sé, me desperté con una sensación muy rara. ¿Sabes por qué es eso, mi amor? Porque no has dormido nada. ¿Por qué no cerramos un poco los ojos? Al final lo bueno es que no pasó nada. Sí, eso espero. (SUSPIRA) Pero ¿qué haces tú aquí? ¿No tenías un examen? ¿Qué te pasa? ¿Quiénes son ustedes? -¿Carlos Alcántara? -Policía Nacional. -Dicen que encontraron droga en el Fly. -Calla, que te comes el marrón. -Acabo de llegar. ¿Qué dice? -¿Es usted Carlos Alcántara? Sí. -Queda detenido, dese la vuelta. ¿De qué droga me hablan? -Contra la pared, ¡coño! ¿Y esto? ¿No sabes de qué hablamos? -No hay más que ver la casa para saber de qué vas. Si dices que no es tuyo, ahórratelo. No se lo digan a mis padres. Pitidos del monitor. (LLORAN) -Lo siento, cariño, lo siento mucho. Lo siento... (LLORA) -Perdóname. (LLORA) Perdóname. ¿Y Carlos, dónde está Carlos? -Siento algo dentro de mi cuerpo, una extraña sensación. Siento algo que se mueve dentro, no sé bien lo que siento. Tengo un pasajero dentro de mi cuerpo. Tengo un pasajero dentro de mi cuerpo. ¡Aaah! La sangre me está ardiendo, algo se me mueve dentro. Tengo ganas de vomitar, creo que lo voy a echar. Tengo un pasajero dentro de mi cuerpo. Tengo un pasajero dentro... ¡Aaah!

Cuéntame cómo pasó - T1 - El retorno del fugitivo - Capítulo 1

13 sep 2001

La familia Alcántara, ha comprado su primer televisor y esperan ansiosos la llegada del aparato y su instalación. A Inés, le han traído unas pastillas anticonceptivas procedentes de París que guardará en la mesilla de su habitación. Herminia las cogerá, creyendo que son pastillas "Piramidón" y se las dará a Carlos para curar su resfriado.

Carlos no mejora y se decide avisar al médico. Don Vicente descubre que las píldoras que ha tomado Carlos, son pastillas anticonceptivas. A Inés se le viene el mundo encima. Ya por la noche, Mercedes abronca a Inés por su conducta y le dice que esas pastillas dan cáncer de matriz y que puede morir. Carlos oye toda la conversación. El día que el antenista instala la antena, Inés encuentra una nota escrita por Carlos en la que cuenta, que como va a morir por haber ingerido las pastillas de Inés, ha decidido huir y dejar el poco dinero que tiene, para que su hermana se opere en América.

Mercedes ante todo pide calma, lo más importante es que la noticia no llegue a oídos de Antonio ni de Herminia. Carlos está en el camión desvencijado con sus amigos. Ha decidido huir como el doctor Kimble, su personaje de televisión favorito. Además comunica a Josete y a Luis, que le queda poco tiempo de vida. Mientras tanto, en la casa de los Alcántara la tensión aumenta. Nadie sabe donde puede encontrar a Carlos. Se decide ir a casa de Josete a ver si éste sabe algo, cuando suena el timbre de la puerta. Se trata de Josete, que viene acompañado de su madre. Éste, se niega a descubrir el escondite de Carlos, en ese momento llega el Cervan y cuenta que ha visto a Carlos en el camión. Toni se acerca al descampado y habla con su hermano pequeño, contándole toda la verdad y llevándole de nuevo a casa.

Finalmente, la familia Alcántara al completo más Jesús, el novio de Inés, se congregan en torno al televisor para seguir el festival de Eurovisión. La vencedora es Massiel con su "La,la,la". Eso sí, Don Antonio Alcántara, nunca se enteró del incidente.

Histórico de emisiones:

13/09/2001

05/11/2014

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