Conversatorios en Casa de América Canal 24H

Conversatorios en Casa de América

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Conversatorios en Casa de América - Horacio Castellano - ver ahora
Transcripción completa

Hola, ¿qué tal?

Nuestro protagonista de hoy

tuvo que abandonar su país

solo por escribir.

Dicen que, después de leerle,

nada sigue igual.

Bienvenidos a los "Conversatorios en Casa de América".

(Música)

Horacio Castellanos, ¿qué tal, cómo está?

¿Qué tal, Julio, cómo está?

Encantado de tenerle aquí, en la casa de América.

Muchísimas gracias por invitarme, un placer, un honor.

¿Cómo comienza su historia? Porque usted es hondureño.

Pero a los cuatro años se fue a vivir a El Salvador,

donde pasó una buena parte de su vida.

¿Usted se considera hondureño, salvadoreño,

centroamericano de alguna manera o simplemente una apátrida

como ha dicho alguna vez?

Un poco de todo,

pero el eje de mi juventud,

de mi primera juventud y mi infancia es el Salvador,

donde adquirí como los...

Amigos, los enemigos,

las ideas fundamentales sobre la vida.

Nací en Honduras, mi madre es hondureña,

mi padre, salvadoreño.

Entonces, después de cuatro años que estuvo allí mi padre,

ya se mudaron a El Salvador y yo me mudé a El Salvador,

pero yo en realidad soy salvadoreño también por nacimiento,

porque de acuerdo con la Constitución salvadoreña,

cualquier hijo de salvadoreño nacido en el extranjero

es salvadoreño por nacimiento.

Así que, en ese sentido, tengo las dos nacionalidades.

Luego viví ahí hasta que iba a arrancar la guerra civil,

hasta los 21 años estuve en El Salvador.

Luego comencé a girar por el mundo,

porque la guerra civil hizo implosión y sacó a mi generación.

La generación que teníamos

entre 18 y 24 años cuando explota la guerra civil,

esa generación teníamos dos opciones.

O nos involucrábamos en la guerra a combatir o nos íbamos al exilio.

Y yo soy de los que se fue al exilio.

Y entonces, mi exilio comenzó:

México, Costa Rica, Canadá...

Y... fue al revés.

Fue Canadá, Costa Rica y luego México,

donde me establecí 10 años.

10 años mexicanos,

que fueron los años en que más desarrollé

mi trabajo periodístico en México.

Pero eran los años de la guerra civil también,

cuando vivíamos todos los centroamericanos,

en este caso salvadoreños,

porque había conflicto en Nicaragua,

en El Salvador, en Guatemala...

Honduras estaba fuera del foco.

No había guerras...

Pero en El Salvador era una guerra civil intensa

con dos ejércitos peleando diariamente

en distintos territorios nacionales.

Mi trabajo periodístico, en buena medida,

era permanecer atento a eso, cubrir eso,

informar y editar sobre eso.

Eso era lo que le iba a preguntar.

Una vez ya definido de origen,

estaría bien definir su profesión.

Ha trabajado durante 20 y pico años de periodista,

también es escritor,

es ensayista por la última obra de la que hablaremos ahora.

¿Usted qué se considera?

Pues mira,

yo creo que el ser humano tiene muchas facetas en su vida.

Hay personas que escogen y se quedan con una faceta.

Yo comencé escribiendo literatura.

Me explico, es decir...

Yo comencé escribiendo literatura desde el final de mi adolescencia.

Y mi idea era seguir escribiendo literatura

y seguí escribiendo literatura, pero en el ínterin vino la guerra.

Yo no terminé la universidad por la guerra,

porque los militares ocuparon el campus universitario

y no se podía seguir.

Y cuando salí, me tuve que ganar la vida.

¿Y cómo me gané la vida? Con el periodismo.

Entonces, la vida me hizo periodista.

Y me gustó.

Seguí escribiendo literatura,

seguí escribiendo ficciones en un carril paralelo,

pero viví... 20 o 25 años de periodismo.

Básicamente, fui editor.

Alguna vez hice "reportier".

Pero probablemente, por mi pasión por el lenguaje,

siempre me metieron en las cocinas de los periódicos,

a estar editando.

Y trabajé en agencias de prensa, en periódicos, trabajé en revistas,

fui director de periódico en el Salvador,

coordinador de corporativos periodísticos en México...

Que ahora tiene veinte periódicos, en esa época eran cuatro.

Entonces, viví distintas facetas en distintos países.

Pero alrededor de 2003-2004,

surgió la oportunidad

de una residencia para escritores en Alemania.

Y tuve que renunciar al empleo que tenía,

yo era editor político y del equipo de investigaciones especiales

de un periódico en Guatemala.

Un periódico...

bastante mal querido,

si no testado por el gobierno.

El director andaba con seis guardaespaldas

y había atentados con alguna frecuencia.

Y dije: "No, ya me cansé.

Me voy a ir con esta residencia".

Y era muy jugosa en el sentido de que me permitía sobrevivir,

mantener mi compromiso con mis hijos y escribir,

solo dedicarme a escribir.

A partir de ahí, dejé el periodismo.

Y después, me dediqué a dar clases.

Ahora doy clase de periodismo y de literatura.

¿Se arrepiente de haberse quitado del...

De la primera línea...?

No, yo creo que son etapas en la vida,

yo no me arrepiento de nada.

La vida te pone un carril, luego te mueve,

luego te lleva más allá...

La idea es que el escritor,

cada empresa en la que se ve envuelto,

cada experiencia que tiene, la procesa como escritor.

Tú estás trabajando como periodista, como policía,

como médico, estás trabajando como abogado,

pues evidentemente,

toda esa acumulación de experiencias te van a servir en tu literatura.

Porque la literatura es,

precisamente, construir mundos,

construir ficciones a partir de tus acumulaciones,

de experiencias, de cómo has conocido al ser humano.

Entonces yo, en ese sentido,

el periodismo se cerró cuando se tenía que cerrar.

Este año ha publicado "Envejece un perro tras los cristales".

Dicen que es su libro más personal...

Eso suena un poco a tópico,

¿o realmente usted lo considera así?

La diferencia entre este libro y los demás

que han estado en el mercado español es que este libro,

los anteriores,

todos los que yo publiqué, antes con Tusquets

y ahora con Random House,

son libros de ficción.

Son novelas, cuentos básicamente.

Y este es un libro de apuntes personales.

Son dos libros en un solo tomo.

Un libro se llama "Cuaderno de Tokio",

que lo escribí durante seis meses que viví en Tokio, en Japón.

Y el otro libro se llama "Cuaderno de Iowa",

que es el que escribí ahora hace un par de años estando en Iowa,

aún vivo en Iowa pero cerré un periodo de mi vida ahí.

Probablemente, el envejecimiento del perro.

(RÍE) Entonces...

Están juntos, y se trata de pequeñas reflexiones,

aforismos, anécdotas...

Impresiones sobre la vida, fundamentalmente,

alrededor del hecho de ser escritor,

alrededor de la soledad y alrededor de envejecer,

pero el envejecer de cara al deseo.

De cara al placer.

Habla, efectivamente, de que el libro tiene dos partes.

Y que reflexiona dos escenarios diferentes,

en Japón y en Estados Unidos en dos épocas

de la vida diferentes también, ¿no?

En dos épocas,

"El cuaderno de Tokio", que tiene un título que es...

"Los cuervos de Sangenjaya",

esa era una época de mi vida en que yo

había terminado una residencia en Estados Unidos,

me invitaron la Fundación Japón y la Universidad de Tokio

a que fuera seis meses allá a hacer un pequeño estudio.

Y del cual escribir un ensayo sobre el premio Nobel Kenzaburō Ōe

en ese período.

Pero yo no sabía para dónde iba después.

Iba a regresar a Estados Unidos, porque ahí tenía mi residencia,

pero no sabía ni en qué iba a trabajar ni nada,

ya no me planteaba regresar a trabajar de periodista.

Y entonces es una situación de mucha incertidumbre en mi vida.

Los seis meses los tenía muy garantizados,

tenía un apoyo muy bien establecido,

bastante jugoso para los niveles de vida que yo he tenido.

Y ese espíritu de incertidumbre permea el libro.

Sobre el futuro, la incertidumbre sobre:

"¿Qué voy a hacer después, qué hago,

cómo es la vida, qué sigue?".

Luego regresé a Estados Unidos y...

conseguí este empleo como profesor,

que es el que actualmente tengo.

Y el otro cuaderno está más establecido

con otras preocupaciones.

Porque la preocupación sobre la incertidumbre aminora

y crecen las preocupaciones alrededor del envejecer,

la soledad, una cultura extraña...

El paso del tiempo.

El libro se llama "Envejece un perro tras los cristales",

es metafórico.

Es metafórico, claro,

porque está escrito desde...

un estudio donde esté un escritorio

y enfrente, hay unos cristales,

la calle y un parque.

Entonces,

todas las reflexiones de quien escribe el libro están relacionadas

con ver pasar a la gente,

ver pasar a las estudiantes, ver pasar adistinto tipo de personas,

aunque hay otras reflexiones también.

Hay otro tipo de... de textos.

En ese libro se ve que se desnuda

hasta el punto de que reconoce sus propias dudas sobre sí mismo.

Claro. Es un libro que...

Implica un ejercicio de impudicia.

Un ejercicio de impudicia

en cuanto a que el escritor...

hace un striptease...

En torno a sus pensamientos, a sus emociones, a sus deseos,

a sus imposibilidades, a sus incapacidades, a sus taras...

Y eso va guiando el libro.

Es como un hilo invisible que hay en el libro.

No es un libro de apuntes y de diarios típico

que cuenta anécdotas.

No es: "En la mañana tomé café,

a mediodía fui a una librería y me senté

y pasó siento tipo de gente...

En la noche cené con tal y hablamos

sobre esto..." no es un diario en ese sentido.

Eso no es algo que a mí me...

me interese.

Hay escritores a los que le sale muy bien, pero no es mi interés.

Mi interés es más estados emocionales, ¿no?

Los estados mentales, esa duplicidad,

esa cantidad de seres humanos que hay en cada ser humano.

Cómo en el mismo escritor hay tantos escritores

y tantos hombres, contradictorios a veces.

Que hay uno que quiere una cosa y el otro que quiere otra,

y cómo sucede el tránsito de las asociaciones mentales

que lo llevan a uno de desear

algo intensamente a aborrecerlo intensamente

en un periodo de segundos.

En un periodo de segundos.

Es un ejercicio de impudicia en el que nos confiesa sus dudas.

¿Cuál es su mayor duda?

Bueno, mi mayor duda es qué hago aquí, en el planeta.

Es decir, por qué me trajeron para acá.

Por qué no... ¿Por qué? ¿Por qué la vida?

Creo que ese es el sentido fundamental de mi duda.

¿De qué sirve todo este sufrimiento?

¿De qué sirve estar en este planeta desconectados de todo?

Perdidos en un rincón de una galaxia perdida.

Y además,

creyéndonos los únicos, es que es fabuloso.

Y creyéndonos los mejores también. Todo eso es mi gran duda.

¿Usted cree que hoy en la sociedad está bien visto dudar

o que se castiga a los que dudan porque no parecen fuertes?

Mire, no es la sociedad, es el poder.

El poder no tolera la duda.

El poder y la duda no se llevan bien.

Porque la duda corroe al poder.

Entonces, a los poderosos,

a quienes ejercen el poder y el poder

como una entidad abstracta como lo es el mal,

la duda no le hace ninguna gracia.

Ni la risa.

Son dos elementos que al poder le fastidian mucho.

La risa y la duda.

Y a través de todos los tiempos, hoy como ayer.

Bueno.

Pertenece usted a un grupo de escritores

que ha tenido que dejar su propia tierra por sus palabras,

por escribir.

Cuéntenos esa historia.

La verdad es que yo procedo de una región bastante convulsa,

Centroamérica es una región convulsa en el sentido

de que no ha resuelto...

Relaciones elementales

de la convivencia entre los seres humanos

a través de medios institucionales.

Nosotros tuvimos una guerra civil en El Salvador de 10 años

porque habíamos tenido antes 60 años de regímenes militares.

Es decir,

que el único partido político

durante 60 años en El Salvador fue el ejército.

Y el ejército controlaba los tres poderes del Estado,

controlaba el poder electoral,

hacía elecciones para que ganara el coronel

al que le tocaba ganar y todos los demás teníamos que aplaudir.

Entonces, evidentemente,

un sistema político de esa naturaleza tiene que colapsar.

Y tiene que crear situaciones de convulsión social.

Porque la gente...

aunque uno a veces pueda dudar de ello,

tiene un sentido de la libertad y de sus derechos.

Y después de la guerra civil,

la guerra civil fue la mayor expresión

en el país de la ruptura institucional.

¿Por qué?

Porque una guerra civil

lo que hace es quebrar la institución básica

de una familia, como sucedió aquí en los 30, 36.

¿Qué es lo que rompe?

La familia. Uno se va con un lado y el otro con el otro.

Y al romper la estructura,

la célula básica

de las instituciones humanas es la familia.

Entonces,

si usted de la célula básica de las instituciones humanas,

evidentemente, se comienza a corroer todo el cuerpo social,

se comienza a descomponer.

Y luego viene el proceso de sanación.

Que es la paz, la reconstrucción,

la construcción democrática en el caso de El Salvador,

un país que tiene la democracia bastante fuerte, creo yo,

luego de la guerra.

Pero con el problema de que la guerra

no resolvió ciertas cosas.

Resolvió el problema de la democracia,

fíjese, es un país que llega a la democracia gracias a la guerra.

¿Por qué? Porque nadie la ganó.

Aquí no se llegó a la democracia gracias a la guerra, ¿por qué?

Porque la ganó alguien.

La ganó un bando que impuso sus leyes.

En El Salvador,

los dos bandos militares no podían ganar.

Tuvieron que negociar internacionalmente

y construyeron un sistema democrático acorde a los patrones

que se tienen en el occidente.

Y funciona, tiene 30 años funcionando.

Tenemos un nuevo presidente desde el 1 de junio.

Que incluso derrotó a los dos partidos tradicionales

que venían de la guerra civil.

Así es que en estos países pueden funcionar

las instituciones democráticas

pero tienen una gran cantidad de retrasos en el área social,

educativa y en el área de la seguridad pública.

Entonces, son democracias cojas, porque solo funciona lo político,

no funciona lo social ni lo económico.

Usted ha dicho que "democracias tullidas".

Tullidas he dicho yo también, sí. Son democracias...

No son estados fallidos, son estados tullidos de...

Lo cual lo sostengo.

Eso crea situaciones de diversa índole

que tienen que ver con la violencia,

con la dificultad de vivir en esos países.

Por eso es que...

No es que los escritores salgamos de esos países.

Es que la gente se va de esos países.

Los escritores somos...

Y hay algunos que no se van, hay gente que tampoco se va.

Pero el fenómeno migratorio, de vivir el exilio,

el fenómeno de emigrar,

no es porque la gente no quiere estar en su país,

es porque el país no quiere que la gente esté ahí.

Y eso es una gran diferencia.

Yo voy a El Salvador una o dos veces al año.

Pero las condiciones de vida son duras.

Y la gente se sigue saliendo del país, cruzando Guatemala,

México y Estados Unidos a buscar oportunidades.

Entonces, creo que los escritores no somos

excepcionales en el sentido de vivir el exilio.

No somos excepcionales en el sentido de que,

por un tipo de privilegio que no se nos dio, no nos quedemos del país.

No, el 25% de la población salvadoreña vive en Estados Unidos.

Uno de cada cuatro salvadoreños vive en Estados Unidos,

es una realidad.

Entonces es normal que los escritores

o algunos escritores también emigremos.

Pero en su caso hay un detonante,

es la publicación de una novela, ¿verdad?

En mi caso hay un detonante,

yo en realidad he salido de El Salvador en dos ocasiones.

Primero me fui al comienzo de la guerra civil,

precisamente por lo que le comentaba,

que la guerra civil implicaba...

involucrarse, pelear,

tomar partido o largarse.

No había terreno en medio.

Yo me fui en los 80 y regresé a El Salvador en el 91.

Con muchos proyectos, fundamos una revista semanal,

una revista mensual, un periódico semanal...

Y al 97 me tuve que volver a ir.

Porque me amenazaron por un libro

que hacía críticas sobre la cultura salvadoreña.

Y ya no volví a vivir en el país.

Eso fue un caso que tiene su particularidad,

aunque hay otros escritores que han sufrido situaciones parecidas.

Lo paradójico es que el libro no fue prohibido,

no querían que yo estuviera ahí.

El libro se siguió publicando y se siguió vendiendo.

Después, se publicó en España y sigue vendiéndose.

Pero a mí me tenían, ciertos sectores,

con un poco de mal de ojo, como dicen.

Porque yo era director de un periódico, "Primera Plana",

y éramos el primer periódico de la posguerra.

Y bueno, informábamos,

investigábamos y opinábamos cosas que no les gustaban

a los sectores de poder

que estaban acostumbrados a ejercer la impunidad.

Ya no sucede más eso.

Ahora hay una prensa de otra naturaleza en El Salvador,

hay, sobre todo en el área web, hay iniciativas muy novedosas,

fuertes e independientes.

Yo le estoy hablando de mediados de los 90, hace 25 años.

¿Y en qué notaba usted que querían que se marchase del país?

Primero,

cómo nos asfixiaron como periódico.

La derecha decía que éramos comunistas

y la izquierda decía que éramos de la CIA

en una sociedad polarizada donde,

por menos de eso, se mataba a mucha gente.

Y por tanto,

la derecha no nos daba publicidad,

porque éramos comunistas,

nos cerraban las agencias de publicidad que queríamos tocar

y entrar al mercado y nos cerraban los circuitos de distribución.

Era muy difícil sobrevivir en esa circunstancia.

Y la izquierda, como decían que éramos de la CIA,

nos cerraban las posibilidades de la cooperación

incluso con la misma...

El Parlamento Europeo que existía entonces, no existía la Unión,

era la Comisión Europea.

Que tenía proyectos para financiar iniciativas

de apoyar la democracia, como lo sigue teniendo.

Entonces, digamos,

que mucha gente dice que a mí me amenazaron no por el libro,

sino que el libro fue la excusa, la cereza del pastel.

Como que en el libro les di la excusa.

"No te queremos aquí, vete".

Usted ha dicho, ha escrito,

que existe una primera época de escritores latinoamericanos

que han cantado las bellezas de su tierra

y con ellos se han convertido en portavoces de ese mundo, ¿no?

Y luego una segunda época, los que llegaron más tarde

diciendo: "Esto apesta".

Creo que es un proceso natural y no es tan esquemático

como está dicho ahí.

Es decir, en la literatura, lo más importante son los matices.

Los blanco y negro, los grises, los colores finos,

los gestos pequeños...

Entonces,

Latinoamérica vivió la primera mitad del siglo XX

aún con el encanto y la ilusión de convertirse en algo mejor.

Los pensadores latinoamericanos de principios de siglo XX,

Henríquez Ureña, República Dominicana,

José Ingenieros, en Sudamérica,

Enrique Rodó, Uruguay, argentinos...

José Vasconcelos en México...

Eran pensadores que creían

que Latinoamérica era el continente del futuro.

Me explico, que la raza latinoamericana,

como la llamaba Vasconcelos, la raza de bronce,

que era una mezcla de lo indígena y el occidente a través de España,

era la llamada a conquistar el futuro.

Y la expresión política de eso fue la revolución mexicana,

del 10 al 17, de alguna manera, que acaba con el latifundio.

Vasconcelos se hace ministro de educación...

Y hay toda una idea

de que Latinoamérica puede crear lo nuevo.

No tiene por qué ser el vagón de cola de la cultura occidental.

Todo esto viene a culminar a mediados del siglo

en dos momentos.

En dos expresiones, perdón.

En un solo momento, pero estos expresiones.

Por un lado, la política, y por el otro lado,

la artística literaria.

La expresión política fue la revolución cubana.

Que creó sueños, expectativas de que,

a través de la implantación del socialismo

en tierras latinoamericanas,

se estaba llegando a esa conversión en el continente del futuro.

Paralelamente,

años después, pocos años después,

explotó el gran boom de la narrativa latinoamericana.

No estoy diciendo que uno se deba al otro,

lo que estoy diciendo es que tienen orígenes similares.

Entonces, por supuesto, ese boom, de alguna forma,

heredaba esa actitud de autodescubrimiento

y de creer que...

contar lo nuestro desde ciertas perspectivas

era lo importante y lo era en la época.

¿Pero qué pasa?

Los años de después y el sueño desde la política

y desde lo social se derrumba.

Hizo lo que la literatura.

Entonces, la literatura, si es fiel a su época,

solo puede contar el derrumbe de esa ilusión.

Entonces...

Todo esto viene a culminar

en la revolución cubana en el lado de lo político

y el boom del lado de la literatura.

Pero muy pronto,

está ilusión de que el continente latinoamericano

se iba a convertir en algo nuevo en el continente del futuro,

comienza a flaquear y se desvanece.

Y se viene el desencanto,

la desilusión y la literatura refleja eso.

¿Por qué?

Porque la literatura es reflejo del espíritu de la época.

Entonces, si la época era en torno a la ilusión

de crear un continente nuevo, la literatura lo reflejaba.

Y ahora,

si la situación es que el espíritu de la época marca una desilusión,

la literatura vuelve a lo íntimo, vuelve a lo familiar,

vuelve a un círculo más cerrado y se deshace de lo épico.

Nos tenemos que ir ya despidiendo, ha pasado esta media hora volando,

señor Castellanos,

pero sí me gustaría hacerle una última pregunta.

Porque todas las críticas coinciden en que,

después de haber leído libro suyo, nada es igual.

Todo lo vemos de manera diferente y que es posiblemente usted

el novelista más comprometido de Centroamérica.

¿Con qué hay que estar hoy comprometido?

Yo creo que el compromiso es con el ser humano.

El compromiso es con la integridad del ser humano.

El compromiso no puede ser con ideologías

ni con políticas precisas.

En cuanto a que las políticas y las ideologías

responden a intereses.

El ser humano, en su dignidad, está más allá de los intereses.

Creo que el escritor debe tener el compromiso de profundizar

lo más posible en las emociones,

en los pensamientos, en las formas de ver el mundo,

y al mismo tiempo, debe comprometerse con retratar,

reflejar cómo ese ser humano se relaciona con su sociedad.

Pero debe hacerlo desde una perspectiva crítica

e independiente y no siendo portavoz de ideologías

o de pensamientos políticos parciales.

Horacio Castellanos, novelista, centroamericano,

salvadoreño afincado en Estados Unidos, muchas gracias

por estar en los "Conversatorios en Casa de América".

Muchas gracias, Julio, por la entrevista, un placer.

Hasta la próxima ocasión.

Y a ustedes les emplazamos la semana que viene aquí,

a la misma hora, en el mismo lugar, seguiremos conversando.

(Música)

Conversatorios en Casa de América - Horacio Castellano

12 ago 2019

Un programa de entrevistas a personajes de reconocido prestigio que pretende profundizar en la riqueza y la diversidad de las sociedades latinoamericanas.

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