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Conversatorios en Casa de América - Alejandro Roemmers - Ver ahora
Transcripción completa

Hola, ¿qué tal?

Es una "rara avis" argentina,

un poeta metido en el mundo de la empresa,

un empresario sumergido en la poesía.

Bienvenidos a los "Conversatorios en Casa de América".

(Música)

Alejandro Roemmers, ¿cómo está?

Bien, muy bien, ¿qué tal?

¿Cómo se define Alejandro Roemmers?

Bueno, como un ser humano.

Y creo que eso es mucho decir, porque...

el hombre cada vez se parece más a la máquina,

y los robots se parecerán cada vez más a nosotros.

Entonces, mantener realmente

la característica de humano

creo que es todo el desafío,

creo que el estar acá, por ejemplo, en la poesía,

es todo tratar de rescatar

esos valores humanos que hacen

que el hombre sea capaz, a veces, de cosas atroces,

pero también de cosas maravillosas, solidarias...

Es, tal vez, una de las pocas especies

capaz de dar su vida no solo por la vida

de otro ser querido, sino por una causa

que interprete que es superior a sí mismo;

el ser humano puede dar su vida por una causa.

Creo que el ser humano es algo maravilloso

y a veces no lo apreciamos.

Nos involucramos en la defensa de especies,

en la ecología, especies vegetales, animales...

Pero creo que la principal especie que habría que cuidar

es el hombre, porque si está mal interiormente

va a destruir todo su entorno.

Después me gusta...

me gusta sentirme poeta.

Considerarme poeta.

Creo que es una sensibilidad que estuvo conmigo desde chico,

escribo desde chico,

y fue como mi ventana

a la libertad.

sobre todo a la libertad interior también.

Y, después, lo que sea.

Me gusta también mucho la música,

y como actividad he tenido también la actividad empresarial,

pero lo ve más como...

una actividad donde uno tiene que ganarse la vida.

Y, sin embargo, dentro del empresario pude rescatar

lo profundamente humano de la empresa,

porque en la empresa lo importante es el grupo humano;

y si ese grupo de personas

no siente que tiene un objetivo ulterior,

una misión más del simple hecho

de que la empresa gane dinero y subsista,

tiene que sentir que hay una misión,

algo que va a contribuir a su entorno, a su sociedad.

Entonces, me involucré mucho en esa parte de la empresa:

abrí los pasillos para que algunos pudieran exponer sus pinturas,

sus fotografías...

Hemos dado participación a los vecinos,

a veces, para poder hacer el Día del Niño

dentro de los jardines de la empresa,

con artistas...

Por ejemplo, en una empresa en Brasil

les pusimos nos caballetes y pintura

para que los chicos de la villa cercana

pudieran pintar los sábados,

cada uno tiene su nombre ahí,

y pinta.

Eso hace que, justamente, que la empresa también pueda ser

bien humana.

Y no solo los que trabajan dentro de ella.

sino los que están fuera también puedan apreciar eso.

Lo empezamos a hacer hace muchísimo, hace décadas.

Nos involucramos, por ejemplo, con la ecología;

editamos el primer libro para enseñar

el cuidado del medioambiente en los colegios,

y en una época en la que todavía

la responsabilidad social y empresaria

no era algo tan común como es hoy en día,

donde las empresas se preocupan porque, claro,

los consumidores pueden opinar con un "like", ¿no?,

y pueden criticar una compañía y ponerla en riesgo

por un mal servicio, por un mal producto.

Lo hicimos antes por eso,

porque yo quería infundir lo máximo posible

esta característica de humanidad.

Usted se define como un ser humano...

un poco heterodoxo, en el sentido de que entre los empresarios

es el empresario-poeta,

entre los poetas es el poeta-empresario.

Sí, yo creo que todos somos especiales.

Cuando hablo a veces y leo los poemas

digo: "Qué increíble y qué maravilla es la creación",

que somos miles de millones en este planeta

y que no hay dos seres humanos exactamente iguales.

Eso realmente es increíble, porque nosotros podemos crear

una máquina que replique algo, un producto, hacerlo igual,

pero hacerlo diferente cada vez

es maravilloso.

Y a mí me gusta pensar

que los seres humanos somos como notas

de una gran sinfonía universal.

Entonces, cuando te llega tu momento

tienes que dar esa nota tuya distintiva, clara.

Si logras hacer eso, toda tu vida se justifica.

Si en ese momento en que toca darla no estás preparado

o no estás atento,

creo que se ha desperdiciado un poco tu vida.

Por eso me gusta mucho,

por un lado, ahora ser muy consciente,

desde hace muchos años, de cada momento de mi vida,

con total conciencia,

cómo aprovechar ese momento de la mejor forma,

y trato de transmitir esto ya a los jóvenes

porque después a veces es tarde.

Miras para atrás y te das cuenta

de que se te han pasado oportunidades

o que te has metido en caminos que no son lo tuyo,

no te sientes a gusto con tu vida.

Entonces, evitar eso desde el principio.

A veces digo que en la vida

se podría pensar de atrás hacia adelante.

Es decir, como en un viaje.

En un viaje piensas adónde quieres llegar,

y entonces sales

con ese rumbo y ese propósito de llegar.

Si la vida la pensáramos así,

qué quiero lograr en mi vida,

cómo quiero llegar al momento de mi muerte,

podríamos retrotraerla y decir

cómo tengo que vivir hoy

para, en ese momento, llegar al fin de mi vida

y sentirme bien con lo que he hecho.

Como la película de Benjamin Button, ¿no?,

que nace de anciano y poco a poco va

recorriendo su vida a la inversa hasta llegar a bebé.

¿Lo importante al final de la vida

es el destino de la vida o el trayecto en sí?

Bueno, la vida es el trayecto, es el viaje.

A veces me gusta hablar de la felicidad

y digo que la felicidad no es un lugar al que se llega,

sino una forma de viajar,

es un estado conciencia y una decisión también.

Y la vida, obviamente, es el trayecto;

pero una vida que no tenga un propósito y un sentido

es como un barco que fuera sin una brújula y un poco...

dejándose llevar por las mareas, por las olas.

Creo que uno tiene que saber

qué quiere lograr.

Y cuando sabe qué quiere lograr, bueno,

es cierto que a veces tienes que aplicar

pequeños cambios de rumbo, adaptarte a los tiempos,

pero luego vuelves a poner siempre tu proa

hacia el objetivo.

Esto es importante.

Sobre todo hoy en día, donde nos bombardean

todo el tiempo

la imagen, las posibilidades, el entretenimiento...

Y a veces uno pierde...

Este día, ¿para qué lo aproveché realmente?

¿Qué hice realmente hoy

¿Qué aporté a mi vida durante el día de hoy?

¿Solamente estuve constando y reaccionando

a los estímulos o realmente construí algo de valor?

Habla del aprovechar el tiempo, el "carpe diem"

que ya estaba en los versos de los clásicos latinos.

¿Cuándo empezó usted con la poesía?

¿Cuándo empezó a leer poesía, a escribir poesía...

a sentir que necesitaba eso?

Yo empecé a escribir,

a leer mucho después.

Empecé escribiendo.

A los ocho años escribí mi primer poema.

Hay poetas que disfrutan mucho escribiendo,

otros disfrutan mucho habiendo escrito,

una vez que está publicado el libro.

Otros disfrutan mucho leyendo, tal vez porque tienen capacidad,

Pablo Neruda, por ejemplo, en esto no era el mejor.

Usted es de los que leyendo transmite.

Sí. ¿Le importaría leer

esa oda a la poesía,

esos versos en los que explica

lo importante que es para usted la poesía?

Yo soy un agradecido a la poesía.

Para mí fue un camino místico la poesía,

pero también una gran compañera en la soledad.

Sufrí bastante el desarraigo.

Cuando nos vinimos a vivir a España

dejé de ver a mis compañeros del colegio,

casi todos ellos por 40 años.

Los he visto 40 años después.

En aquella época no había los móviles,

las posibilidades de comunicación.

Y... ¿A qué edad era eso?

Yo tenía 15 años.

Y, entonces...

bueno, así, en una Semana Santa

mi padre decidió que era más seguro para la familia no vivir allá

por el clima que se vivía

de la guerrilla permanente, secuestros...

Entonces, no vinimos así,

a vivir a España.

Fue un desarraigo grande,

dejar todos los amigos atrás,

la casa, todo lo que uno se acostumbra a vivir,

y empezar de vuelta.

Y después, cuando volvimos para allá,

que ya estaba muy contento acá en España nuevamente, ¿no?

Y esos amigos quedaron 40 años.

Y, en ese momento, la poesía fue

una compañera, una compañera buena

en momentos así, de más melancolía.

Se agarró a la poesía

y la homenajea así. Sí.

Por eso le dedico como una oración

de agradecimiento.

Y se titula "Dios te salve, poesía".

"Dios te salve, poesía,

llena eres de gracia,

de alamedas, caracoles y alboradas.

El Amor está contigo,

y su Verdad, más profunda que el silencio.

Y su Misterio, más grande que la Vida.

Humilde tú eres entre todas las artes,

y bendita es la palabra de tu vientre.

Salva, poesía, y redime a quien te invoca.

Ven a nosotros, errantes soñadores,

ahora, en la pasión del canto ardiente

y en la noche de nuestros versos más tristes,

para conducirnos al umbral del día".

Entonación poética,

el homenaje de Alejandro Roemmers a la poesía.

Ahora, últimamente, se ha dedicado a los sonetos.

Acaba de publicar

"Sonetos del amor entero".

Sí. ¿Por qué los sonetos?

Bueno, eso porque, en principio,

la editorial Visor

me pidió un libro de sonetos

de una temática y, bueno,

realmente el mayor tema mío es el amor.

Entonces, agrupé, por un lado,

sonetos que me gustaban de libros anteriores,

y hay una mitad del libro que son poemas nuevos

que escribí para este libro.

Lo titulé así porque se refiere al amor en todas sus facetas,

no es solamente el amor pasional

o el amor hacia una persona,

sino que es el amor también por la vida, por el prójimo...

Bueno, el amor a Dios de los que tenemos fe...

Puede ser el amor a todas las criaturas vivientes.

Es el amor entero

en todas esas vertientes diferentes.

Y el soneto es el tipo de poema

más encorsetado, al menos:

ABBA ABBA CDC DCD. Sí.

¿Cómo lleva usted ponerse a escribir el soneto?

A mí siempre me gustó el soneto.

Tiene algunas ventajas el soneto.

Por un lado, yo, muchas veces,

cuando me viene una idea de escribir algo,

porque mis poemas no son inventados,

surgen de la vida, de las situaciones,

a veces no tengo un papel o algo para escribir,

entonces lo voy recordando, y es mucho más fácil

recordar un endecasílabo o con rima, armarlo y recordarlo en la cabeza,

que otro tipo de poesía.

Después, la ventaja que también tiene es

que cuando empiezas sabes dónde termina.

Son 14 versos y ahí va a terminar.

Y eso por un lado es un desafío,

pero, por otro lado, te acota

y te ayuda, sabes cuándo has terminado.

Me ayuda a armarlo mucho.

Dice el académico Luis María Anson,

periodista que escribió el prólogo de este libro,

que en sus poesías hay ráfagas de Miguel Hernández,

tantas como de Borges o de Neruda.

¿Qué ha aprendido de cada uno de ellos?

Bueno...

De Neruda diría la pasión.

Es un apasionado, un gran poeta.

Borges es mucho más intelectual.

Me sentí bastante menos atraído por la poesía de Borges,

porque me gusta más la poesía que es emoción, esencialmente.

Yo concibo el poema como transmitir

una emoción que yo siento

a ¡¡a alguien que va a leer o escuchar ese poema.

La gente, algunos llevan sus diarios,

otros hacen fotografías cuando viajan;

yo lo que trato de mi vida es guardar

emociones de ciertos momentos

y lo hago con los poemas.

Y Miguel Hernández...

a mí me gusta mucho.

Hay dos poemas, dos sonetos justamente,

que le dediqué y que suelo poner en los libros,

que están en este libro,

porque me parece que Miguel Hernández

junta dos cosas:

por un lado, obviamente,

él tiene que tener una formación para escribir así;

pero después escribe casi como si no la tuviera.

Es decir, le gusta mucho esto de sentirse pastor

y verse

como muy sencillo, muy humilde.

Entonces logra un poema muy descarnado

y que te emociona.

No parece un poeta,

digamos, escribiendo poesía,

sino más bien como si fuera un labrador,

un pastor escribiendo poesía,

y eso atrae mucho.

Hay escritores que lo que hacen es

sentarse enfrente del folio en blanco

y echarle horas hasta que les llega la idea.

Otros lo que hacen es caminar,

vivir, y de repente baja la musa

y lo apunta en una servilleta

¿Usted de qué tipo es?

Yo, generalmente,

hay una situación que me impacta a escribir

y a veces no lo hago en el momento.

Me la guardo y digo:

"De esto voy a escribir en algún momento".

Después, cuando tengo momento tranquilo

me siento, evoco la situación y la escribo.

Pero algunas veces es al revés, sí que digo:

"Bueno, tengo un rato libre, estoy tranquilo,

quiero escribir algo",

y realmente no sé qué voy a escribir.

Y me siento y escribo.

Y tengo esa facilidad

de que siempre que me sentado he escrito algo.

No sé, pero debe ser muy rara una oportunidad

en la que yo haya que describir y no haya podido hacer un poema.

Soy yo más bien el que no le da oportunidad.

A veces ha sido al revés,

tengo una necesidad enorme de escribir

y no puedo,

sobre todo cuando estaba trabajando más en el día a día, en la empresa,

y no podía no podía parar a veces de escribir.

Es como un torrente, que cuando la compuerta sale.

De chico también me atraían las rimas de Bécquer,

incluso me sabía de memoria algunos de los poemas de Bécquer.

Creo que la música rescata mucho la poesía.

Si bien tengo mucho verso libre y sin rima,

para recordarlos generalmente los que recuerdo son

los que tienen rima.

Es más fácil recordarlos también.

La poesía sin rima es más difícil de memorizar.

Sin embargo, es paradójico, porque usted es un poeta

que va a ser recordado sobre todo por un libro de prosa,

que es "El regreso del joven príncipe":

más de tres millones de ejemplares vendidos en 32 lenguas.

Cuéntenos esa historia. Sí.

(RÍE) ¡Y el único por ahora!

Pero, bueno, estoy con la idea a lo mejor de escribir alguno más,

pero por ahora es el único que no es de poesía.

Sí, esto surge en realidad por un pedido,

una mezcla

de un pedido de mis amigos, que quería que les cuente

cómo había pasado de ser una persona melancólica,

como yo les decía, que había tenido una época más triste en mi vida,

a ser alguien que siempre está de buen humor y contento

y no se enoja;

y que si bien es empresario siempre tenía tiempo

para ver a mis amigos, jugar con ellos y ser cálido,

no soy una persona negociadora en mi vida.

Entonces, decían: "Este es medio raro,

los empresarios nos los imaginamos de otra forma.

Nos tienes que contar cómo hiciste este camino

de estar siempre feliz".

Yo soy una persona enormemente feliz.

Por otro lado, de chico, cuando en el colegio leímos

"El principito” de Saint-Exupéry,

me dio una enorme tristeza el final del libro,

cuando el principito se iba,

y yo sentí que era el principito que había vuelto a este mundo.

Fue como una intuición:

"Tengo que continuar esto

y decirle este señor Saint-Exupéry,

que escribió este libro, que estoy de regreso".

Él decía que alguien le escriba si lo encontraba.

Muchos años después, creo que alrededor de los 20 o así,

volví a leer el libro y volví a tener la misma sensación:

Dije: "Este libro en algún momento lo tengo que continuar".

Pero claro, hacer no una continuación argumental,

que no la hice, sino espiritual de "El principito"

requería vivir una vida

y, además, superar esa situación que había tenido Saint-Exupéry

cuando escribió el libro,

que era la misma en la que yo estaba en ese momento los 20 años,

que era como una desilusión

respecto al mundo, de la vida,

como una tristeza, de que todo pasa, todo se va,

que todo es, de alguna manera... todo esfuerzo un poco inútil,

y qué importa lo que vas a lograr en la vida

si finalmente todo se va a convertir en polvo.

Me llevó lo mismo...

la misma edad, más o menos, que él, pasados los 40,

que escribí "El regreso del joven príncipe".

En ese momento ya llevaba 10 años realmente muy feliz.

Me di cuenta de que el camino que había hecho

entre los 20 y los 30 podría sintetizarlo,

pasar de la cabeza al corazón.

Realmente era lo que tenía que hacer,

era lo que me había llevado a vivir la vida con plenitud,

poder disfrutarla, encontrarle sentido a cada momento.

Eso es lo que volqué en "El regreso del joven príncipe".

La historia es un viaje de tres días por la Patagonia,

con un diálogo

entre un hombre un poco mayor y un joven,

pero en realidad es el aprendizaje de mi vida

que está de alguna manera contado en esa historia.

El libro, además, creo que es un libro

que para la persona que lo lea, además de la historia

y de que a lo mejor rescatas alguna frase

que te pueda parecer interesante o sabia,

es antidepresivo en sí,

es un libro que te levanta, que te da energía

y que te hace bien.

Creo que es lo más importante.

Lo escribí totalmente de corrido,

en nueve días,

y salió de adentro.

Creo que justamente por eso lo puedes leer todo tan bien

y te produce ese efecto que me produjo me cuando lo escribí.

Me dejó realmente en estado...

No sé, sentí como una...

como que flotaba sobre el piso durante un tiempo.

Así que el primer beneficiado soy yo por haberlo escrito.

Después, la gente que lo lee

tiene esa sensación

y creo que es lo que vale del libro.

No tenía ningún objetivo literario,

ni comercial ni nada;

simplemente era volcar una experiencia de vida

y que el que la lea mejore algo

y le pueda servir, le pueda hacer reflexionar.

No solo se conforma con escribir poesía y prosa,

sino que ahora también está escribiendo series para televisión.

Sí, pero el objetivo siempre es el mismo.

No es entretener, porque muchas veces me han dicho:

"¿Por qué no escribes novela?", y podría hacerlo.

Pero realmente no siento

que ser escritor sea la profesión

que yo elijo, sino que es más hacer una reflexión

sobre la realidad, sobre la vida,

y tratar de comunicar eso a otras personas.

Si escribo algo siempre es por el contenido de lo que escribo,

no simplemente como distracción, como entretenimiento.

Entonces, las series, una se llama "Una razón para vivir".

Justamente, tiene que ver con esto.

Necesitas una razón para vivir, para vivir bien,

para sentirte feliz, para sentirte bien contigo mismo,

contento de levantarte cada mañana.

Y la otra es la vida de San Francisco de Asís.

A mí me ha interesado mucho,

porque es una persona

que obviamente tuvo una formación,

la familia de él era, bueno,

muy rica.

En el pueblo era burgués,

era rico el padre,

y él se da cuenta de que el trabajar en la tienda de su padre,

el disfrutar de esa situación

no lo iba a hacer feliz, no lo llenaba.

Y cuando veía la situación de otras personas

sentía mucha compasión

y no encontraba cuál era realmente el sentido de su vida.

Y le llevó bastante tiempo encontrarlo,

porque en un momento lo buscó dentro del heroísmo,

tratar de conseguir como una nobleza

a través del heroísmo, de la guerra,

y se dio cuenta de que a través de la guerra

y matando a otras personas

no podía lograr el sentido de su vida.

Entonces, finalmente, encuentra su verdadera vocación.

Es muy interesante porque no es una vocación religiosa común,

él no es sacerdote ni monje siquiera,

sino que él, como laico,

decide ponerse en la actitud más humilde,

como si fuera un hermano menor al servicio de todas las personas.

Yo creo que en el servicio a los demás

es de las mejores formas de encontrar

un sentido a nuestra vida,

ser útil a los otros.

Por eso me interesó mucho San Francisco,

porque tengo mucho en común en eso, en tratar de ser siempre útil.

Creo que hace muchos años

la mayor parte de mi tiempo,

y también recursos de todo tipo,

pero energía, recursos económicos, los pongo al servicio de otros.

Eso me da mucha felicidad.

Es decir, una persona que tiene talento

y que no puede expresarlo, no tiene oportunidad.

Entonces, darle la oportunidad

de que se forme, de que lo exprese, artistas de todo tipo:

músicos, escultores, pintores, escritores...

Por eso soy presidente de la fundación

Argentina para la poesía,

porque editamos libros de poetas que no tienen recursos

y las editoriales, la poesía... bueno,

no es un negocio, es la Cenicienta de las artes.

Nadie puede vivir de la poesía.

Ni siquiera Borges lo conseguía.

Todo este tipo de cosas... O darle a alguien un techo,

un trabajo...

Estar al servicio de los otros creo que es una linda forma

de andar por la vida.

"Franciscus", que es, por cierto, el nombre

que ha elegido como Papa el primer Santo Padre argentino,

Bergoglio.

Se nos acaba el tiempo, Alejandro Roemmers.

Sí me gustaría que antes de despedirnos

pusiese usted el epílogo al programa.

Bueno, el epílogo podría ser

el epílogo a una vida también.

También.

Y lo que te decía, que cada vida tuviera

un sentido, también una forma de andar por la vida.

Bueno, voy a tomar entonces un poema que hay aquí,

que se llama "Epitafio", porque, de alguna manera,

si uno tuviera que resumir en una estrofa,

una pequeña estrofa, una vida...

Tú me has preguntado al principio: "¿Cómo te defines?".

Creo que eso tendría

que quedar expresado en una vida.

Yo creo que el mejor poema

tendría que ser una vida bien vivida.

Bueno, he escrito este poema del "Epitafio"

queriendo, de alguna manera,

sentir que este podría ser un resumen

de mi vida.

"Que una sencilla estrofa me recuerde

sobre el regazo maternal del suelo

pidiendo una sonrisa por mi duelo

bajo un árbol frondoso, siempre verde.

Aquel que me trató quizás concuerde:

servir fue mi propósito y mi anhelo.

Hacer feliz, mi único desvelo.

Creí que quien más ama nunca pierde,

pues cumpliendo los sueños del hermano

encontré mi sentido y mi consuelo.

Quién la pidió, siempre encontró mi mano,

que extendida al amigo y al extraño

sirvió en la Tierra como manda el Cielo,

haciendo el bien,

aunque nos hagan daño".

Alejandro Roemmers, poeta, gracias por estar

en "Conversatorios en Casa de América".

Hasta la próxima.

Gracias a ti, Julio, encantado.

A ustedes, la próxima semana, en el mismo lugar

y a la misma hora seguiremos conversando.

(Música)

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Conversatorios en Casa de América - Alejandro Roemmers

19 ago 2019

Un programa de entrevistas a personajes de reconocido prestigio que pretende profundizar en la riqueza y la diversidad de las sociedades latinoamericanas.

Entrevista al poeta Alejandro Roemmers.

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