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No recomendado para menores de 7 años ¡Cómo nos reímos! - Gila. Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

Qué barbaridad, ¿le crecía mucho la barba?

Subtitulado por TVE.

Yo sé que muchos de ustedes me conocen.

Algunos mucho, otros poco, otros nada.

Pero hay toda una generación que no me conoce muy bien.

De una manera particular,

para aquellos que no me conocen, les quiero contar

la historia de mi vida, que es dramática, pero no tengo otra.

Les podría contar la de mi hermana, pero no le gusta.

Se cabrea.

La cosa es así.

Yo tenía que nacer en invierno.

Pero no me habían comprado el abrigo

y dije: "Me espero y nazco en el verano,

con el calorcito".

Pero sorpresivamente.

O sea, en cada ya ni me esperaban ni nada.

Mi madre había salido a pedir

perejil a una vecina, así que nací solo.

Bajé a decírselo a la portera.

Dije: "Señora Julia, soy niño".

Y dijo la portera: "Bueno, ¿y qué?"

Y dije: "Que no está mi madre en casa.

A ver quién me da de mamar"

Y me dio de mamar la portera. Poco.

Porque estaba la pobre ya que ni para un cortado.

Porque de joven había sido nodriza

y había alimentado a once niños

y a un sargento de caballería,

que luego ni se casó con ella ni nada.

Un desagradecido.

Que, además, me enteré y era un tragón.

Mojaba ensaimadas. Mojaba churros.

Mojaba ensaimadas. Mojaba churros.

Mojaba ensaimadas.

Bueno, fui a mi casa, me senté en una silla

que teníamos para cuando nacíamos.

Y cuando vino mi madre, salí a abrir la puerta

y dije: "Mamá, ya he nacido".

Y dijo mi madre: "Que sea la última vez que naces solo".

Entonces le escribimos una carta a mi papá,

que trabajaba de tambor

en la Orquesta Sinfónica de Londres.

Vino corriendo. Se puso muy contento

porque hacía más de dos años que no venía por casa.

Y dijo: "Ahora sí me voy a trabajar".

Ya éramos muchos en casa. Éramos nueve hermanos,

mi papá, mi mamá y un señor de marrón que no le conocíamos,

que estaba siempre en el pasillo.

Y como éramos muy pobres, mi madre nos fue abandonando

por los portales y a mí me dejó

en el portal de unos marqueses que eran riquísimos.

Tenían corbatas, tenían sopa.

Se hacían las radiografías al óleo.

Y por la mañana salió el marqués, me levantó,

me preguntó cómo me llamaba. Y dije: "Como soy pobre, Pedrito".

Y dijo: "Desde hoy te vas a llamar

Luis Enrique Carlos Jorge Alfredo".

Y luego me llamaban Chuchi, para abreviar.

Quería que estudiara bachillerato

para saber dónde están los ríos y las montañas

y el teorema de Pitágoras.

El teorema casi me lo aprendí.

-Teorema de Pitágoras. -Ah.

Dice Pitágoras... Dice... Va. Decía,

porque se ha muerto y no lo va a decir ahora.

Decía: "Toda mano sumergida en un líquido,

experimenta una sensación de que te la estás mojando,

en razón directa con la mano que te mojes".

¿Es así o no es así?

-No. -Me lo imaginaba.

Lo he dicho a bulto.

Pero a mí no me gustaba estudiar y me escapé.

Y me metí de ladrón en una banda,

pero lo tuve que dejar porque me puse enfermo del estómago

y todo lo que robaba, lo devolvía.

O sea, que antecedentes no hay.

Mi hermano mayor tampoco. Ese ni artista ni nada.

Ese era un mujeriego...

En cuanto veía una minifalda, se volvía loco.

Se casó con un escocés.

Y se dio cuenta por la gaita.

Mi padre era buzo.

No es pasión de hijo.

Y qué buzo era mi padre.

Empezó en un charco, muy modestamente.

Y luego ya le destinaron a un puerto de mar.

Y no es pasión de hijo, pero qué buzo.

Le llamaba el Temerario.

Metía el brazo en la boca de los tiburones hasta aquí.

Ahora le llaman el Manco.

Mi tía se murió porque tenía un padrastro,

empezó a tirar y se peló toda.

Y mi abuelo era un sabio. Era inventor.

Y murió loco. Porque quería inventar

la radio en colores.

Se pasaba el día asomado al balcón con una brocha

dándole brochazos al aire.

Diciendo: "El día que le coja la onda...".

¿Qué va a coger?

Una pulmonía que se lo llevó.

Bueno, decirles, cómo lo querían en el barrio

a mi abuelo, que cuando murió, tuvimos que enterrarle dos veces

para que pudiera ir toda la gente.

Yo descubrí lo del asesino ese famoso.

Lo habrán oído nombrar. El Jack el Destripador.

Lo descubrí yo.

La cosa fue así. Resulta que apareció

un hombre en la calle como dormido.

Pero como hacía más de un mes que estaba allí,

dijo el sargento: "No sé, pero mucho sueño para un adulto".

Entonces, llamamos al Forense, que ni era médico ni nada.

Tenía un Ford y le llamaba el Forense.

Vino corriendo. Se acercó.

Le pegó seis patadas en los riñones al tumbado

y dijo: "Una de dos. O está muerto

o lo que aguanta el bestia este".

Y estaba muerto. Y vino Sherlock Holmes

con la lupa y dijo: "Ha sido Jack el Destripador".

"¿Por qué lo sabes?"

"Porque soy Sherlock Holmes y a callar todo el mundo".

Me enteré dónde se hospedaba Jack el Destripador.

Me fui al mismo hotel. Y como a mí no me gusta

la violencia, le detuve con indirectas.

Nos cruzábamos en el pasillo y decía yo:

"Alguien ha matado a alguien".

Y se ponía colorado, colorado.

"Alguien es un asesino.

Y no me gusta señalar".

Hasta que a los 15 días dijo: "No puedo más.

He sido yo. Lo confieso". Y se entregó.

Trabajo para los Estados Unidos de mercenario.

Les cobro 8 dólares el muerto.

Y devolviendo el casco, dos dólares más.

Los chinos más barato, como hay tantos...

Yo a los chinos ni les mato. Les hago: ¡Ah!

Y les meto un susto.

Que el susto no te lo pagan, pero te diviertes.

O sea que...

Voy a llamar a este, a...

¿Es la fábrica de armas?

¿Está el señor ingeniero?

Que se ponga. De parte del ejército.

Señor Emilio, vamos a ver. Le llamo por un asunto

de reclamaciones. Que de los seis cañones

que mandaron ayer, vienen dos sin agujero.

Pues estamos disparando con la bala por fuera.

O sea, al mismo tiempo que uno aprieta el gatillo,

otro corre con la bala.

Pero se cansa y la suelta.

Pues no sabemos dónde, como no vuelven...

Le quería preguntar. ¿A cómo están las ametralladoras?

Joder. ¿Y si compramos dos?

No, no tenemos ametralladora. Estamos disparando

con un fusil normal y lo dispara un tartamudo.

Otra cosa. El submarino que mandaron

el jueves... de color, bien, pero no flota.

Nada. Lo echamos al mar después de comer

y todavía no ha subido.

No me diga que era un barco. ¡Jo!

Nos costó un trabajo hundirlo...

Y andamos mal. Tampoco tenemos tanques.

Estamos usando un 600 con un enano dentro.

Y en lugar de disparar, insulta.

No mata, pero desmoraliza.

Y en aviación nos queda un paracaidista,

porque solo sirven para una vez,

porque los tiramos sin nada, por ahorrar.

A pelo.

Que ahora hay que añadir el IVA.

Señorita, quiero hablar con los Estados Unidos.

Con todos no. Con uno.

Con Washington.

Pues no sé el número. Búsquelo en la guía. En la Wa.

¿Son los Estados Unidos? ¿Está el encargado?

El Reagan.

Sí, que se ponga.

Ojala no esté durmiendo, porque este,

cuando está durmiendo... Mientras busca la dentadura,

se la pone... Jo. Me cuesta a mí la conferencia...

Reagan, ¿cómo estás?

Sí. Bueno, pero tengo que pedir material.

De acuerdo. Dale un beso a la Nancy.

Pues no se lo des. Dice: "Me da asco".

¿A mí qué me importa?

Pues anda que él. Tiene arrugas en las arrugas.

Qué simpáticos los norteamericanos.

Siempre que hablo con ellos por teléfono,

dicen: "Yes, yes. Yes".

Claro, tiene su explicación.

El yes de los norteamericanos

vendría a ser como el sí nuestro.

Por ejemplo, si aquí le decimos a un señor:

¿Se quiere usted quedar a cenar?

Dice: "Sí". Y se queda, ¿no? Bueno.

En Estados Unidos no dice: Sí. Dice: Yes.

Y se queda igual. O sea...

Nos busca la ruina, pero el idioma es lo que cambia.

Y digo esto porque yo estoy estudiando inglés.

Que no sé si voy a seguir, porque me compré

un libro muy bueno que se llama "El inglés sin esfuerzo".

Es un inglés cómodo.

Pero no sé si voy a seguir,

porque empecé ayer por la tarde y dice:

(PRONUNCIA MAL) My taylor is rich.

My parents are poor.

Y me fui para el otro lado, te lo aclara,

porque el libro es muy completo.

O sea, aquí viene en raro y aquí lo aclara, ¿no?

Y dice: Mi sastre es rico.

Mis padres son pobres.

Y estuve pensando yo: "¿Y les importará esto

a los norteamericanos?"

¡Eh!

Mi sastre es rico.

Y mis padres son pobres.

Y me dice: "Y tú, un imbécil".

"¿Está su señora en casa?"

"Oh, no.

Ella no está en casa.

Está en el campo con el agrimensor".

"¿Su casa de usted es muy grande?"

"¡Oh, sí! Pero no es tan grande como la estación"

"Yo tengo el pupitre pintado de oscuro.

¿Tiene usted el pupitre pintado de oscuro?"

"Mi prima Margarita está en Holanda".

A ver en qué conversación meto yo esto.

O sea, que yo en los Estados Unidos tengo que buscar

a uno que tenga una prima que se llame Margarita.

Esperar a que esté en Holanda.

Así que lo voy a dejar.

Y es una pena, porque una de las cosas

que más me gusta a mí, es tener cultura.

Ahora, hoy en día, el que no tiene cultura,

es porque no quiere. Porque con esos viajes

que se hacen ahora a pagar en 24 meses...

El verano pasado hice un tour por Europa.

Recorrimos en 11 días 19 países.

Vamos, vamos, vamos, vamos.

Vamos, vamos, vamos, vamos.

Que me hago pipí en Holanda, señora. Vamos.

Se bajó las bragas en Bélgica y llegó justito.

Porque el guía lleva calculada la elasticidad de la goma,

la longitud de la pierna. Todo calculado.

Pero qué bien.

Ahora puedo hablar de la torre inclinada de Londres.

Puedo hablar del museo de la ubre.

Que yo la ubre ni la vi, porque a esa velocidad...

Venía un señor muy culto que quería visitar los inválidos

y le dijeron: "Mire ese manquito y rápido, ¿eh?".

Otros querían ver al Papa. Vieron al "pa". Así.

Estuvimos en el pueblo ese que las calles son de agua,

que venden los solares por litros cuadrados.

Estuvimos en el monumento al solar descolorido.

Y estuvimos viendo la tumba de Napoleón.

Que yo no sé si han visto ustedes.

Está la cama donde dormía Napoleón.

Que por la forma que tiene la cama,

yo creo que Napoleón se acostaba con Josefina,

el caballo y un cañón.

Está hundida toda.

Plaza de la "Fallete".

Y pasó un francés, un enano con una gorra

con un pompón encima,

dice: "Lafayette".

Digo: "La falló tu padre cuando te hizo".

El único país que no me gustó a mí fue Grecia.

Porque, bueno, sí, es un país que está ahí.

O sea, no puedes decir: Mira, Grecia no está. Está.

Pero... ¡Jo!

Todo roto. Todo tirado por el suelo.

Viejo, del año de la pera.

Claro que no lo vimos bien, porque llegamos con el avión

y preguntamos: "¿Qué país es este?" Dijeron: "Grecia":

"De nada". Y al avión otra vez.

A mí me gusta el avión porque es cómodo,

es rápido, es limpio, son precavidos.

Apenas te subes al avión, te atan un cinturón.

Que un día viajaba una vieja a mi lado y me dijo:

"Esto lo hacen para que no se desparramen

los cadáveres".

Y dije: "Cada uno tenemos asignado nuestro día".

Y dijo la vieja: "Pues como sea el día del piloto...".

Qué viaje me dio. Menos mal que luego me desquité,

porque era la primera vez que la vieja subía en un avión.

Dice: "Qué razón tenía mi nieto cuando decía

que desde el avión se ve a la gente como hormigas".

Dije: "Si son hormigas, señora. Si no hemos despegado todavía".

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  • Gila. Capítulo 1

¡Cómo nos reímos! - Gila. Capítulo 1

05 nov 2018

Fragmentos de los grandes momento de los cómicos en la historia de TVE.

Histórico de emisiones:
23/09/2016

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