www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
3326623
Para todos los públicos Cocina con Sergio - Pisto de pimientos con huevos y pasta filo con avellanas - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Familia, vamos a aprender a hacer un pisto a los tres pimientos

con su huevo y todo.

Fíjate, Pepa, la pinta y el aroma que tiene este plato.

Pinta y textura. A ver qué huevo has utilizado para que tenga

ese aspecto espumoso.

Bueno, de corral, ecológicos.

La verdad que fijaos todos los que tenemos.

De oca, de codorniz, blancos, morenos...

Cualquiera de ellos me valdrían para el plato que acabáis de ver.

Pero vas a usar unos de gallina... Exacto.

Unos de gallina.

Y de esa manera que habéis visto especial,

que no es un huevo frito ni escalfado al uso.

Tenía una forma rara, ¿verdad? Bueno, luego veremos...

He vuelto por mis fueros. He vuelto a buscar refranes

que tengan que ver con gallinas, con huevo...

Estabas un poco relajada, ¿eh?

Te dejo disparar. O empiezo yo, venga.

Empieza tú.

"Nadie sacia su apetito con solo huevo frito".

Otro, por ejemplo: "No rompas tus huevos

antes de hacer la tortilla". "Cacarear o poner huevos

no es nada bueno". ¿De dónde has sacado el refrán?

Del "Refranero español".

Cuidado cuando se vayan a hacer tortillas,

que lo peor que podemos hacer es que alguna cascarita se cuele.

Eso sienta fatal.

Tú eres un oólogo, ¿no? O algo así.

Vamos, que no tienes ni idea de lo que significa.

Pues significa experto en huevos, que lo sepas, para la próxima.

Como vas presumiendo por ahí de que te lo sabes todo.

Te diré una cosa. Yo crié muchos canarios...

¿Eso se te daba bien? Es un lujo.

Los miraba al trasluz para ver si tenían pollo o no.

Y cuando estaba a punto de nacer y todavía no rompía el huevo,

una tacita, agua tibia, metía el huevo

y si vibraba un poco, el pollo estaba vivo.

En fin...

Creí que te comías los huevos de los canarios...

Nunca jamás... Ay, Dios mío, que me pongo mala.

Qué fama tiene uno. Vamos con un poco de historia.

Si hablamos de huevos y de literatura,

tenemos que hablar de Esopo, porque tiene una fábula

muy bonita, relacionada con las gallinas.

Vivían en un corral varias gallinas, una gordas y bien cebadas,

otras, por el contrario, flacas y desmedradas.

Las gallinas gordas, orgullosas de su facha,

se burlaban de las flacas, pero el cocinero,

listo para preparar la cocina de Año Nuevo,

bajó al gallinero y eligió las mejores que ya había.

Viendo las gallinas gordas su fatal destino,

envidiaron la mejor suerte de las gallinas flacas.

De ahí la moraleja.

No desprecies a los débiles porque quizás tengan

mejor suerte que tú.

Así es la vida. Yo compré un pollito hembra pensando que se haría

una gallina y pondría huevos y no, salió macho.

Salió macho.

Salió rosa... No, salió un pedazo de gallo

que no os quiero ni contar... Vamos a seguir un poco

porque se nos va un poco... No, son anécdotas.

Huevos, gallinas. ¿Quiénes podrían saber más hace muchísimos años...

de gallinas, para quiénes era vital? Para los conventos.

Para los religiosos.

Tanto las monjas... Producción propia.

Claro, exactamente. Era un poco la mejor despensa.

No eran los únicos, ¿eh?

Y si hablamos de huevos y hablamos de conventos,

¿qué se nos viene a la memoria? ¿Qué producto riquísimo...?

Unas yemas. Unas yemas de Ávila o Santa Teresa...

Yemas de Santa Teresa... En Ávila están ahora de cumpleaños.

500. 500 años.

La verdad es que está preciosa la ciudad.

Si tienes un huequecito, un fin de semana ahí, la verdad es que...

Estaría estupendo.

Seguimos hablando de historia, pero tenemos que remontarnos

un poquito en el tiempo a los tiempos de Colón.

Todo el mundo ha oído hablar de lo del huevo de Colón, ¿verdad?

Sí. Pues la historia no se parece mucho.

De hecho, no se sabe siquiera si es exacta.

Volvía Colón de sus viajes.

Estaba reunido en una mesa con un montón de nobles españoles.

Y dijeron: "Como en España hay muy buenos descubridores,

si no hubieras sido tú, hubiera sido cualquier otro".

Él pidió un huevo y dijo: "Vale. Intentad ponerlo de pie

cualquiera de vosotros". Todos fallaban, a todos se les caía,

a todos les rodaba.

Él cogió con mucha delicadeza, lo cascó un poquito...

Y todos dijeron: "Es facilísimo, lo podemos hacer".

Es así la vida. El primero es el primero.

Claro... De hecho, el mérito lo tiene él y no lo tiene otro.

Colón ya se sabía el percal y en su segundo viaje, en 1493,

llenó los barcos de gallinas para tener despensa también.

Yo me los imagino desembarcando en las costas americanas,

en lugar de con ese empaque de descubridores, no, no...

Con las gallinas, con los cerdos, un cuadro.

Pero claro... Había que comer...

Importante...

Y si hablamos de huevos, también tenemos que hablar

del megahuevo.

No es que sea muy habitual en los supermercados,

pero esos huevos de avestruz.

Son los campeones, junto al ñandú.

¿Sabes cuánto puede llegar a pesar un huevo de avestruz?

Pues pasa del kilo... 1,300 kg, por lo menos.

Ahí está el tema.

Sí que hay algún sitio por Madrid donde se puede tomar tortilla.

Creo que son así... Yo no he ido, ¿eh?

Sí, hombre. Uno da para unas cuantas raciones.

10-12 raciones.

Bueno, familia. En cualquier caso, producto muy sencillo,

popular, de andar por casa, que nos da mil y una elaboración.

Claro, ¿junto con el huevo sabes qué va muy bien?

A ver. Aromas.

Iba a decir pan... Hombre, el pan, contad con ello.

Pero aromas.

Hoy vamos a poner un toquecito de romero a nuestro plato

porque, juntar el aroma del romero y algo de pimentón

que tenemos por ahí con el fruto seco,

nos va a ir muy bien. Pero si Pepa no nos cuenta los ingredientes...

Venid conmigo. Leemos la lista a ver si lo tenéis en casa

y podéis cocinar a la vez que nosotros.

Venga.

En primer lugar necesitamos...

Todo esto cargado de sabor. Ese pisto con muchos sabores,

con el huevo, la pasta filo crujiente entre medias

y aromas, muchos aromas, pero luego de postre

o para el café, si os apetece, con hojaldre,

vamos a aprender a hacer estos lacitos, estos retorciditos

que tenemos por aquí.

Algo muy sencillo que lleva un toquecito de avellana.

No os quiero ni contar, esto recién salido,

así calentito o una vez frío, estos retorciditos

lo ricos que van a estar.

Elaboraciones de hojaldre muy sencillas,

muy fáciles y con las cuales vais a triunfar.

Mira, me recuerdan a mí y a mi madre.

Luego te vas a llevar los que hay aquí para tu madre,

pero luego llamaré y le preguntaré si han llegado cinco,

medio o las migas...

Y será capaz y lo contará. Hombre, claro.

Pero mi mamá es mi mamá y me quiere mucho.

Ya, ya, ya... Pobre mamá. Vente conmigo, anda.

Vamos a por el paso uno del plato. Muy sencillo.

Vamos a ir sofriendo todas las hortalizas y un poco de bacón.

Algo de avellanas que vamos a poner para reforzar más el sabor.

Por lo tanto, ponemos aceite.

La cuchara, no te preocupes, te la doy yo...

Yo ya estaba buscando... Te la doy yo porque...

Si la acercas allí la podemos liar.

Solo lo tiré una vez. Bueno, ya...

Pero ya sabes que... Para un perro que maté...

Vamos a empezar con el ajo.

En cuanto el ajo dore un pelín, añadimos el bacón.

¿Ya puedo, no? Ya puedes.

Te voy a dar unas hojitas, no mucha cantidad,

que si no es muy fuerte, de romero,

para que también vaya depositando ya aroma.

Poquita cantidad. El romero... ojo.

Lo podemos añadir a los guisos, pero nos va a aportar mucho sabor,

por lo tanto, tened siempre cuidado.

El ajo se va haciendo.

Verás el agua que suelta el romero en breve.

Si ponemos algún fruto seco, vamos a reforzar.

Es una manera de encontrarnos distintas texturas.

Encontrarnos un poquito de frutos secos en este pisto.

Importante, si hay peques en casa, y tienen menos de tres, cuatro años,

no pongáis frutos secos, por aquello de que haya

cualquier problema con alergias alimentarias.

Con eso siempre vamos a tener cuidado.

Las voy a romper un poquitín, no más.

Marchando por ahí un poco de esas avellanas.

Piñones también le va bien. Almendras, nueces...

Algunos son más duros, otros son menos duros.

Elegid el que más os guste.

En este caso, la avellana va a reforzar bastante el sabor.

Venga. Una tanda más y marchando.

Más cositas.

Mientras se va haciendo el ajo y las avellanas,

fíjate qué aroma sale.

El aroma que está saliendo ya es espectacular.

Qué pena que no lo podáis oler en casa.

Algún día seguro que inventan algo. Está nuestro realizador

dando vueltas a ver qué diseña para que este aroma

pueda entrar en las casas.

Confío en que encontrará alguna manera de hacerlo.

Ahora subo el fuego.

Lo siguiente que pondremos es un toquecito de la cebolla,

los pimientos y al final algo de pimentón. Así de sencillo.

Jugamos con distintos colores de pimientos.

Unos son más amargos, otros son un poquito más dulces.

Simplemente, si nos alegra la vista y nos alegra el paladar, perfecto.

En este caso, vamos a ir del más suave al que es un poco más fuerte,

el verde, que es el más intenso de todos.

Si no tenéis pimientos de colores, aunque es fácil encontrar bandejas

que te vienen de colores. Además, justo, uno de cada.

Uno de cada o en la frutería. Los fruteros tienen

distintas variedades. Le pides uno de cada y no hay problema.

Nosotros vamos a jugar con los colorines

que nos aportan los pimientos y también, como no, el sabor.

Un plato cargado de hortalizas.

Fijaos la cantidad de productos que vamos a introducir

en la cazuela.

Todo esto luego, sin darnos cuenta, en un plato, nos estamos llevando

una ración a tope de hortalizas.

Mira qué buena pinta tiene. Huele rico.

Avellana, bacón, ajo, romero...

Esto la verdad que...

Ya si de por sí, un toque de pimentón

y podemos añadir ahí unos huevos, estaría de lujo.

Nosotros todavía le vamos a aportar mucho más sabor.

Vamos a incorporar la cebolla, le vamos a ir dando.

Le pongo un poquito. Venga, ponle un poquito...

Y los pimientos. Marchando ahí.

Y también el último que tenemos aquí troceado.

Si habitualmente hago hincapié en eso de tener cuidado,

que los cortes sean muy...

Muy bonitos, que no machaquemos el producto,

que queden con sus aristas, pues en este caso, que es,

ni más ni menos, un sofrito de todas las hortalizas,

os podéis imaginar lo importante que es.

Mira qué buena pinta.

La verdad que eso, fíjate. Muy buena pinta.

Mira qué color, claro que sí.

Vamos a hacer los tomates.

Lo que voy a hacer con ellos es rallarlos, ni más ni menos.

Los voy a rallar...

Y cuando hayan caído todas las hortalizas,

lo que haremos será el toquecito de pimentón,

añadir el tomate rallado y dejar cocer.

Decíamos, Pepa, que se notaba principalmente porque pasaba

del color rojo intenso a un naranja más apagadito,

pero es señal de que ha cocido. Sal le pusiste, ¿verdad?

Un poquito, pero creo que le tendría que poner más

porque luego vas a añadir más pimiento.

Puedes subirle al nueve, no te preocupes,

hemos puesto muchísimo producto. Mirad, el radiador.

Lo bueno que tiene es que el tomate, una vez partido a la mitad,

lo vamos rallando, como veis, apuramos a tope

y nos queda la piel sin más.

Es una manera de no encontrarnos ese hollejo de tomate

que hay a quien no le gusta encontrarse en los guisos.

Yo lo entiendo también.

A veces, cuando no hemos pelado bien un pimiento asado,

o, por ejemplo, en un guiso, no hemos quitado la piel al tomate,

da mucha rabia encontrárselo.

Venga, apurando por ahí. Enseguida pondremos ese toquecito de pimentón.

Las formas que veíais con... los huevos hechos

sobre el teppanyaki. ¿La gracia que tenía cuál era?

Muy sencillo, ahora lo vais a ver.

Claras y yemas, van a ir por separado.

Las claras se van a cuajar sobre el teppanyaki

y cuando esas claras a punto de nieve...

Por eso estaban tan bonitas, ahora lo vais a ver,

cuando estén medio hechas, vamos a poner la yema encima.

De esa manera, llegará la yema jugosa y sabrosa.

Pero antes de nada, en cuanto eso esté un poquito más hecho,

el pimentón en 30 segundos lo vamos a poner ahí.

Ese toquecito de pimentón. Podéis poner dulce

o picante, que tampoco le va a ir mal.

Al fin y al cabo es jugar con los sabores.

¿De aceite qué tal vas? Yo creo que bien.

Vale, muy bien. De momento, está liberando juguillo.

Importante, eso por ahí. Mientras que...

Pepa sigue haciendo el sofrito, ¿qué voy a empezar a hacer?

A montar, ni más ni menos, las claras.

Claras que ya tengo yo desclaradas.

Me las voy a llevar allí y las vamos a montar

a punto de nieve, ni más ni menos, a base de batir...

O bien con varilla, con una varilla eléctrica o a mano.

Lo mismo da.

No quiero un merengue perfecto. No quiero un merengue...

como cuando aplicamos el merengue italiano o para hacer milhojas,

simplemente lo que quiero es montar las claras

y las iré repartiendo sobre el teppanyaki.

Veréis qué graciosas se quedan.

Si tenéis peques en casa, también van a disfrutar

porque en la presentación, en la decoración,

también está el gusto de los platos.

Desde luego. A ellos, lo que les entre por los ojos,

seguramente les acabe entrando por la boca.

Tenedlo en cuenta. Dos varillazos...

Voy a dar un poquito más y esto ya está, pero antes, Pepa, pimentón.

Marchando un toquecito de pimentón. Dale ahí bien.

Para reforzar sabores y el tomate.

Ahora sí que sí, ya puedes bajar el fuego.

Hay temperatura de sobra. Y que se vaya haciendo.

Eso en el paso uno. En el paso dos, ni más ni menos.

Batir, batir, batir bien la clara. Fijaos cómo va emulsionando.

Importante, siempre lo digo.

Que la clara no tenga nada de yema porque como tenga yema,

no conseguimos nada y, junto con la clara que ya tengo semimontada...

Mirad lo que voy a hacer. Tengo aquí papel de horno.

Voy al teppanyaki y he cortado papel de horno en cuatro porciones.

Voy a poner aceite por un lado en el teppanyaki.

Voy a colocar el papel de horno por ahí...

Aguanta bastante este papel de horno.

Vamos a poner aquí también otro. Este por aquí y este por aquí.

Sobre el papel de horno, chorrito de aceite.

Para que luego se pueda separar.

Antes de que te marches a darnos datos de los huevos,

saca dos cucharas, por favor. A ver.

Saca dos cucharas soperas. Mirad, la clara.

Seguimos batiendo un poquito más.

Ahora, ni más ni menos, dejamos que esta clara se vaya haciendo

poquito a poquito.

Mirad.

Damos medio varillazo más. Ahí está. Ya lo tenemos.

Suficiente. Con esta textura suficiente.

Ahora mirad. Vamos a coger con cuidado y voy poniendo así la clara.

Para que luego nos decore.

en el centro, hacer un pequeñito hueco para que la yema

pueda encajar perfectamente.

Si te parece, Pepa, sigo repartiendo la clara en el teppanyaki

y tú nos das algún dato.

Tengo datos muy interesantes que contaros, como por ejemplo,

¿cuándo se inauguró la primera granja de gallinas industrial?

Fue, ni más ni menos, que en 1896 en la localidad de Arenys de Mar

en Barcelona.

Anda que no ha llovido...

Nuestra producción anual... La verdad es que es importante.

760 000 toneladas al año.

43 millones de gallinas ponedoras tenemos.

Les toca poner a las pobres en el orden de 261 huevos al año.

Menudo esfuerzo.

En cuanto a consumo, de cada 1000 huevos,

los que nos comemos de granja son 890,

otros 100 son de gallina campera y el resto entre codornices,

oca, pavo... Por eso tenemos una representación.

Tenemos huevos de oca, de codorniz. Hemos huevos de codorniz escalfado.

Hervíamos el agua así en circular y ellos mismos se moldeaban.

O, por ejemplo, cuando hacemos el huevo escalfado, ni más ni menos,

envuelto en papel.

En cualquier caso, mira que nos sacan de ese momento

que llegas a casa y dices: "¿Y qué hago para cenar?".

Huevos siempre hay.

A consumir, a potenciar. Los nutricionistas muy a favor

de introducir en la dieta de una vida saludable los huevos.

Y nosotros vamos a terminar con los nuestros.

Que pusimos la clara montada, no sé si te acuerdas,

y ya está empezando a coger cuerpo. Estoy deseando ver

cómo consigues poner la yema sin que pase nada.

Espero que no pase nada, vamos a intentarlo.

Vamos con el paso tres.

Lo que voy a hacer ahora, lo que os prometí antes.

Incorporar la yema justo en el centro.

Qué bonito.

Vamos a dejar que se termine de cuajar.

La ponemos en el centro.

Aquí tengo las yemas desclaradas.

Ahí esa otra.

Ni más ni menos, es una forma de presentación.

Mi consejo en casa, si lo hacéis así,

poned encima una tapa y el vapor lo que va a hacer

es que termine esa yema de cocinar.

Qué bonito, me encanta. Nosotros la vamos a dejar un poco.

Para que se termine... La clara está un poco tostada por abajo.

Pero ahora ya, con este toquecito... Mira qué bonitas quedan, ¿eh?

Precioso. Parece niditos. Pastelitos, ¿verdad?

En ese paso tres, ni más ni menos, que os vamos a dejar tranquilamente,

repito, si los tapáis, mejor que mejor.

Incluso si queréis, los podéis regar un poco por encima con aceite.

Le puedes poner una pizca de sal.

Mirad qué maravilla.

Vamos a dejarlos, que se vayan haciendo.

Por lo menos en casa pues... la clara está dorada por abajo.

Para que el calor llegue a las yemas y se hagan un poco más,

para tenerlo unos tres o cuatro minutos.

Sabéis que hay a quien le gusta la yema más hecha, menos hecha...

Sobre todo, donde hemos puesto la yema, como ya está caliente,

esa yema se va a cocinar muy rápido y va a llegar a temperatura.

Estas dos se van a hacer muy rápido. Vale.

Seguimos, por otro lado. Mirad qué pinta va teniendo ya esta mezcla.

Esto lo voy a quitar por aquí.

Fijaos cómo ha ido reduciendo. Cómo ha cambiado de color.

Os podéis hacer una idea.

En casa, cuanto más tiempo lo tengáis a fuego lento,

ese chuc chuc que decimos siempre, pues mejor que mejor.

Mirad cómo mantiene ese toquecito al dente.

Con ese color naranja.

La avellana aparece por ahí entre medias.

Es una manera de disfrutar de un plato económico

y muy elegante.

Pero para que siga teniendo textura, para que nos siga quedando bonito,

nos falta la pasta filo, que en ingredientes la diste.

Me da igual que compréis o que utilicéis pasta filo

o que empleéis pan que sobró ayer en casa.

Perfecto. Una opción u otra me parece estupendo.

Voy a coger parte de la pasta filo y vamos a cortar unos rectángulos.

Por ejemplo, por aquí...

Veis que cojo a la par varias láminas de pasta filo,

y ahora, para que me haga formas, voy a hacer así.

Voy a cortar a la mitad.

Todo el montante que veis de láminas lo voy a dividir en dos mitades.

Y, sin ponerle nada directamente en la bandeja de horno,

voy a dejar, ahí está, la mitad por un lado, la mitad por otro.

El horno en torno a 160, 170 grados. Vamos a dejar que se vaya horneando.

Cómo nos va a quedar esta pasta filo

que dejó ahí atrás en el horno. Unos minutos, tampoco demasiados.

Nos va a quedar como esa que tengo por ahí.

Una pasta filo. Ahí está. Cuatro o cinco minutos.

Nos va a quedar como si fuese un libro medio abierto.

Ha quedado dorado, se ha retorcido. Es para la presentación.

Para la decoración.

En el paso cuatro vamos a ir pensando

en presentar este plato.

Por un lado, vamos a retirar la pasta filo

que nos va a servir luego como de tejadillo.

Como queda muy crujiente, podéis seleccionar...

A ver, Pepa, cuál es la que más te gusta a ti.

A mí las de arriba, que parecen las páginas de un libro.

Vamos a empezar en el paso cuatro con la presentación...

Si os queda un poquito fuerte, ácido el guiso,

lo corregimos con una pizca de azúcar.

El tomate nos ha podido aportar un pelín de acidez,

bueno, pues tiene corrección.

Vamos a añadir así, mirad qué buena pinta.

Vamos a intentar formar, más o menos, un rectángulo,

para poder colocar esa pasta filo que se ha dorado en el horno,

por encima.

Mirad qué bonito, qué sencillo,

un plato que, al uso, no tiene ningún misterio,

pero que nuestros comensales van a agradecer un montón.

Venga, ponemos así... un poquitín,

vamos a colocar una pizca más por aquí.

Cómo huele, ¿verdad, Pepa? Riquísimo, sí, señor.

Fíjate qué sencillito que es llevar a la mesa algo muy bonito.

Antes de poner, más o menos, medimos.

Vamos a poner un poquito más por aquel lado

y no te preocupes que seleccionaré la que tú me has dicho.

Digo: "Basta que me pregunte, para que coja la otra".

No, era para medir.

Pues venga, ahí estaba bien.

Lo que sí te voy a decir que elijas qué huevo,

de todos los que tenemos allí, creo que los que están delante.

Sí, este de aquí me parece precioso.

Vale, pues vamos a poner así la pasta filo.

Vamos a colocar aquí que salga un poquitín,

para dar pistas... Qué bonito.

Vamos a encontrar el sabor de ese romero.

Este de aquí o este. Este está muy redondito.

Pues mirad, gracias a ese papel, ¿lo veis?

Claro, no sufre nada. Se separan muy fácilmente.

¿Veis cómo la yema ha empezado a cambiar de color?

Si la queréis más hecha, más hecha, si la queréis menos hecha, menos,

os lo dejo a vuestra elección.

Lo voy a poner ahí.

¿Veis qué bien sale?

Sale tan fácilmente por una sencilla razón,

porque esa clara se ha cuajado por abajo,

está cocinada y resbala, ni más ni menos.

Simplemente, vamos a poner por aquí un toquecito, un montoncito,

otro poquito al lado del huevo

y creo, Pepa, que despejamos aquel lado,

despejamos la parte donde tenemos el mantel,

y esto ya está listo para que en casa os preparéis.

Preparaos para disfrutar

de esta versión de pisto con este huevo emulsionado

y hecho, como veis, en el teppanyaki.

Qué buena pinta, ¿eh?

Lo que el ojo no ve nos muestra un desfile de texturas.

Por un lado, ese toque espumoso de la clara,

el toque cremoso de la yema que va cayendo poco a poco,

para pasar a los pimientos, dados de pimientos

con el tomate y la cebolla, que están al dente,

muy bien combinados, cargados de aroma,

que llevaba romero, recordad,

para terminar con el toque muy muy crujiente de la pasta filo.

Ya sabéis que nos gusta estar en contacto con vosotros.

No solo ver recetas de cocina y que las hagáis con nosotros,

sino tener un poco de consultorio y recibir vuestras dudas,

sugerencias, vuestras fotos de vuestras recetas,

para que Sergio se luzca un poquito y nos haga de profe.

Servicios público 100 %. 100 %.

¿Y quién se encarga de seleccionar los correos?

Aquí está. Sí.

Vamos con el primero que he seleccionado hoy.

Nos lo manda Silvia, desde Guatemala.

Un beso muy fuerte, lo primero, para Guatemala.

Claro que sí. Ahora, a ver, ¿cómo va?

Es cierto que la gran familia, las magdalenas, muffins,

las cupcakes que se han puesto tan de moda,

decoradas de mil y una forma.

En cualquier caso, es una masa con ese toque abizcochado

que, según si se le pone chocolate, canela, vainilla,

mil y una terminación.

No obstante, en nuestra web podrás encontrar

gran variedad de recetas de magdalenas.

Con aceite de oliva, con mantequilla, con aromas...

Ya llevamos unas cuantas,

por lo tanto, puedes pinchar en la Escuela de Pastelería,

buscar la magdalena, imprimes y la tienes para siempre.

En cualquier caso, una vez que tenemos hecho la masa,

metemos en su cápsula, el horno bien caliente

para que esas magdalenas estén de lujo.

Magdalenas que supongo también se pueden hacer con fruta,

pero en este caso,

seguro que le interesa mucho las de sin fruta a Ana Santiago.

Nos ha escrito un correo en el que nos cuenta:

Cómo no te vamos a entender. Claro que sí.

Además, cuando nos dices "De por vida".

La fructosa, ese azúcar procedente de las frutas,

de la familia de las frutas, el primer punto que te diría

es que hagas mucho hincapié

en la trazabilidad y los ingredientes,

es decir, un postre que igual ha sido endulzado con fructosa,

pues hay que leerlo. Ingredientes, fructosa, cuidado.

En nuestra web, te digo lo mismo, te remito a la web

donde encontrarás muchos postres

sin fructosa ni ningún tipo de fruta.

Hay muchas combinaciones.

No obstante, la mayor parte de las recetas

en las que ponemos fruta, la podemos quitar sin problemas.

A veces, una salsa con un poquito de manzana

o un salteado, lo podemos quitar.

No obstante, lo tendremos en cuenta

y siempre nos gusta aportar todo lo que podamos,

sobre todo, cuando hay una alergia o una intolerancia.

¿Dónde pueden seguir dejando dudas, cuestiones y disfrutar de esto?

¿Y dónde pueden ver esas recetas

a las que hacías mención y que serán muy útiles

para nuestros espectadores? Pues en www.rtve.es/cocinaconsergio.

Una página abierta para vosotros.

Tenéis que dedicarle un ratito, están todas las recetas.

Tenemos también un blog. Sergio, te toca actualizar.

Dentro de nada, toca. Y un diccionario de cocina

con todos los términos básicos y un poquito más elaborados.

Claro que sí. Y un "making of".

Le tenéis que dedicar un ratito y lo disfrutaréis mucho.

Vamos a por una propuesta muy sencilla,

unos lacitos de hojaldre retorcidos, algo muy fácil, rápido y muy rico.

Una plancha de hojaldre rectangular, la he partido a la mitad

y una mitad la voy a pintar ligerísimamente con agua,

un poquitín de agua.

Sobre esta mínima cantidad de agua, una mínima cantidad de azúcar,

muy poquita cantidad de azúcar que voy a poner por aquí.

Un poquitín solo.

Ahora, sobre esta, pintada y con azúcar,

voy a poner la otra mitad del hojaldre.

Si el hojaldre ya de por sí crece,

como son dos capas en una, os podéis imaginar.

Vamos a cortar un rectángulo largo, aproximadamente, de 1,5 cm.

Terminaríamos toda la plancha.

Cogemos de un extremo y del otro, le damos la vuelta

y mirad, ya tenemos uno por ahí y así, simplemente,

iríamos haciendo todos los que queráis,

todo lo que os cunda esta masa.

Retorcemos así, bien.

Ahora, únicamente, volvemos a dar una pasadita,

unas gotitas de agua por encima.

Podemos espolvorear con una pizca de azúcar por fuera

y si queréis algún fruto seco,

ya que teníamos en el plato un pelín de avellana,

le podemos poner un toquecito de avellana.

La tengo medio molida. Ponemos un poquitín de avellana.

El horno, 190-195 °, calor arriba y abajo.

Los repartimos en una bandeja de horno,

metemos en el horno.

Aproximadamente, en 9-10 min

vamos a tener estos retorcidillos de hojaldre muy muy crujientes

y con el toque de la avellana.

¿Nos haces el resumen y compartimos?

Te iba a contar que mi madre no los hace así,

tengo que probarlo, a ver cuál está mejor

y hacemos un concurso, pero mientras, en casa,

vamos repasando el plato, así que apuntad.

Estos son los ingredientes que necesitamos para hacer

el pisto a los tres pimientos con huevos batidos

y esta la receta paso a paso.

Paso número 1: sofríe el ajo con el romero,

añade el bacón, la cebolla y los pimientos en dados pequeños

y mantén hasta que estén tiernos.

Añade una pizca de pimentón y el tomate rallado

y continúa la cocción 10 min más a fuego medio.

Paso número 2:

desclara los huevos y monta las claras a punto de nieve.

Repártelas en la plancha sobre papel de horno aceitado

y dejando en medio un pequeño hueco,

cuando la base se dore, coloca encima las yemas y deja cuajar.

Paso número 3:

corta la pasta filo en rectángulos y hornea a 170 ° hasta que se dore.

Paso número 4: sirve una base de pisto,

decórala con un tejadillo de pasta filo

y remata el plato con los huevos batidos.

Hay muchísima gente que dedica el fin de semana

a cocinar para la semana

y luego se lleva esa comida al trabajo.

¿El pisto es una buena idea para hacer en fin de semana

y luego poderlo llevar? Magnífica idea.

Dejamos enfriar, metemos en un recipiente hermético,

bien tapadito en la nevera y al día siguiente

haríamos un huevito a la plancha y listo para llevar.

Platos, postres como el que habéis visto hoy,

ya lo sabéis, los fines de semana... "Cocina con Sergio".

No os lo podéis perder, os estaremos esperando.

Además, con cosas tan ricas como estas. Me habías prometido...

Tú toma eso... Tú te llevas el "tupper"...

Y este va a la nevera. Me llevo los torciditos.

Déjalo ya, que son para tu madre. Adiós, familia.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Pisto de pimientos con huevos y pasta filo con avellanas

Cocina con Sergio - Pisto de pimientos con huevos y pasta filo con avellanas

17 oct 2015

En el programa de hoy el plato principal que se cocina es: Pisto de pimientos con huevos y pasta filo con avellanas.

INGREDIENTES:
4 huevos
Romero
1 cebolla
4 dientes ajo
300 g pimientos de colores
3 tomates
50 g beicon ahumado
1 rollo pasta filo
20 g avellanas
Aceite, pimentón, sal

PASO 1. Sofríe el ajo con el romero. Añade el bacon, la cebolla y los pimientos cortados en dados pequeños y mantén hasta que estén tiernos. Añade una pizca de pimentón y el tomate rallado y continúa la cocción 10 minutos más a fuego medio.
PASO 2. Desclara los huevos y monta las claras a punto de nieve. Repártelas en la plancha, sobre papel de horno aceitado y dejando en medio un pequeño hueco. Cuando la base se dore, coloca encima las yemas y deja cuajar.
PASO 3. Corta la pasta filo en rectángulos y hornea a 170º hasta que se dore.
PASO 4. Sirve una base de pisto, decórala con un tejadillo de pasta filo y remata el plato con los huevos batidos.

ver más sobre "Cocina con Sergio - Pisto de pimientos con huevos y pasta filo con avellanas" ver menos sobre "Cocina con Sergio - Pisto de pimientos con huevos y pasta filo con avellanas"
Programas completos (265)
Clips

Los últimos 358 programas de Cocina con Sergio

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios