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Para todos los públicos Cocina con Sergio - Lasaña de mejillones y espinacas - Ver ahora
Transcripción completa

Hoy, familia, marchando una lasaña, muy casera, económica, fácil,

con espinacas, piñones y mejillones,

y al final, un toque de aroma muy rico con pimientos y albahaca.

La pinta es espectacular,

pero, ¿qué tipo de pasta has usado, fresca o seca?

Tan fresca como tú, es más,

rodillo en mano y ya sabes lo que te espera,

amasar y amasar con un poquito de harina.

Y hablando de pasta y de harina, ¿tú eres de buena o de mala pasta?

Según como me pillen. Buena respuesta.

Es que según a lo que te refieras, si te refieres a pasta,

la cosa no está muy allá, y mala pasta...

Me refiero a calidad humana, y te cuento, en tiempos,

ser de buena pasta no significa lo mismo,

significaba ser un poco blandito.

Luego evolucionó, ahora ser de buena pasta es ser buena gente.

El refrán que yo me sé es que mohína es la casa sin harina.

Claro, si en una casa no hay harina, no hay nada qué comer,

se vuelve un poco triste, mohíno.

Hay otro, donde no hay harina, todo se hace tremolina.

Claro, si no hay dónde comer se arma una gorda.

En cualquier caso, tenemos agua, tenemos huevo, tenemos harina,

la pasta fresca está garantizada hoy.

Pasta fresca, que además tiene una historia bien bonita.

Sí, señor. Todo el mundo cree que la pasta tiene su origen en China

y que fue Marco Polo quién la trajo a Europa, pues no es real.

Un siglo antes, cuando los griegos conquistaron Nápoles

y fundaron la ciudad, ya se dieron cuenta

que los indígenas hacían una especie de pasta con cebada molida.

Mucho antes de ellos la llamaban Macaria,

en el siglo III a. C., en Roma, ya se hablaba de laganum,

tiras de pasta largas. Y los que la hacían, los lasañari.

Luego ya llegaron los fidelari,

y empezaron a hacer la pasta en forma larga, de fideos.

En Génova eran muy famosos los macarrones con queso

durante la Edad Media, muy posterior,

y todo esto se hacía a mano, porque la primera fábrica de pasta

no se inauguró hasta el siglo XVIII y en Venecia.

Así da gusto.

Es un alimento económico, que nos dan miles de combinaciones.

¿Cuántas veces no nos ha pillado el toro

y hacemos en casa un plato rápido de pasta?

O también da como resultado de platos muy elaborados.

Yo, todos los veranos, espero el mes de agosto como agua de mayo,

cuando mis primos italianos me traen pasta artesana, de Turín,

y disfruto un montón. Se nota.

¿Nos ponemos con la cocina?

Necesitamos un ingrediente hoy especial.

Que le va a ir muy bien, una hierba que va de la mano.

¿Qué podría ser?

Muchas veces empleamos otro tipo de hierbas para otras elaboraciones,

hoy una que huele...

Me vuelve loco la albahaca, lo reconozco.

Simplemente, mover un poquito las hojas y sale un aroma...

Huele. Muy rico y directo a la cocina.

Vamos a ver en primer plano cuáles son los ingredientes que necesitamos

para hacer el plato de hoy, que suena muy bien.

Eso que oíamos de harina de media fuerza, ¿qué es eso?

Empezabas llamándome blandito y ahora media fuerza,

me está poniendo... Yo no te he llamado nada.

Media fuerza, la mitad, harina de fuerza y la mitad,

harina normal, floja.

Harina de fuerza es la que tiene más gluten

y que se emplea por lo general en las elaboraciones de panes,

de bollería, para fermentar,

si queremos que tenga cierta consistencia.

Ya en los supermercados se ve harina de fuerza, harina floja...

podemos combinarla en casa y ahí la tenemos.

Y nos vamos a la escuela de pastelería,

porque han llegado muchos emails y cartas

agradeciendo que aprovechemos esos dulces navideños que sobran

para reconvertirlos en postres de primera.

Os gusta el reciclaje, ¿no?

Chupitos de turrón, ¿te acuerdas? Buenísimos.

Pues hoy vamos a ir con ingredientes parecidos,

pero el resultado final va a ser diferente,

con una espuma de turrón. Mirad qué buena pinta.

Si tú sabes que a mí me priva en turrón,

sabes que me encanta el dulce, y luego te quejas

de que me tire en tromba a los postres.

¿Y qué quieres que haga? Algo que no me guste.

Cambiamos la escuela de pastelería por la escuela de tallar frutas.

Mira, más ligero sería.

Coge el rodillo, Pepa, que nos vamos a por el paso uno de la receta.

Vamos a hacer la lasaña,

por un lado fabricaremos nuestra propia pasta, la cortaremos,

la herviremos y ya tendremos nuestras láminas.

Por otro lado, haremos el sofrito, ese relleno,

los piñones, y remataremos con la salsa que veíais al principio.

Lo primero, Pepa, ponte al fuego en el recipiente pequeño.

Lo que quieres es que yo suelte el rodillo.

Luego te dejaré jugar con el rodillo, no te preocupes.

Vamos a darle un poco de color a los piñones, aceite de oliva.

Y en cuanto se doren, que ya sabes que se doran visto y no visto,

tienes la cebolla troceada al lado, por tanto, no hay ningún riesgo.

No hay excusa para que hoy a Pepa se le quemen los piñones.

No quemar, no quemar. He entendido a la primera.

Y en ese paso uno, mientras Pepa hace el sofrito,

tranquilos en casa, que no se le quemará, confiamos en ella,

vamos con la pasta fresca.

Lleva básicamente tres ingredientes, muy sencilla.

Huevo, tengo aquí uno batido, pongo un toque de sal.

En casa, habitualmente, se hace un volcán con la harina,

hacemos un hueco en el interior y añadimos sal y huevo.

Pero os hago la versión bol porque manchamos menos la encimera,

y 100 g de harina de media fuerza.

Vamos trabajando bien, cuando veáis que hemos puesto toda la harina

y que esta masa se nos convierte en una masa homogénea,

que empieza a estar espesa,

se vuelca en la encimera de trabajo y amasar unos minutos.

Sin miedo, presionando bien, trabajando bien.

Mirad cómo va cogiendo poco a poco la harina,

pero todavía le falta algo más.

Esto en casa lo trabajáis bien... A mí me huele a piñón tostado.

Tostado, que no quemado. Ah vale, qué tranquilidad me da eso.

Bueno, toda esta mezcla, cuando lo trabajéis muy bien en casa,

nos va a quedar unida y homogénea, como esta que tengo aquí.

Me salto un paso para ahorrar tiempo.

Mirad, la tengo tapada con film porque es muy fácil que se reseque,

que sufra y que luego no haya quien la trabaje.

Ahora, en la encimera de casa echamos un poco de harina.

La encimera muy bien desinfectada y fregada,

la hemos secado perfectamente, y ahora con el rodillo,

ponemos un poco de harina, primero golpeamos un poco así a lo largo,

otro poco a lo ancho, y empezamos a extender la mezcla.

Siempre, muy importante,

si veis cualquier riesgo de que se vaya pegar,

de vez en cuando levantáis y le dais vuelta,

pero es muy importante amasar bien para que no haya grumos,

para que no se nos rompa y para que sea tan maleable

y fácil de trabajar.

Esto lo haces con los peques, ¿eh? Vale.

Les va a gustar. Seguro que sí.

Ese vale no me ha convencido demasiado.

Que no, que les encanta. Está concentrada con sus piñones.

Cuanta más guarra esté la cocina, más divertida y más les encanta.

Extendemos bien y es muy importante, cuando hagáis en casa pasta fresca,

si la dejáis muy gruesa, tras la cocción,

quedará muy basta y no os va gustar demasiado,

por eso, extiendo mucho hasta conseguir aproximadamente 2mm.

Lo que más me interesa es que veáis con qué facilidad se puede manejar.

Si queréis hacer unos tallarines, muy sencillo,

solo tenéis que enrollar la masa hacia allá y hacia el otro lado

y cuando se crucen en la mitad,

cortamos con un cuchillo y sacaríamos tiras largas

pero como lo que queremos es lasaña, ya la tenemos estirada.

Cojo un molde y cortamos porciones.

Es importante que las porciones sean de igual tamaño

para que luego nos queden uniformes.

Un molde, tengo este con forma de flor.

Vamos a ir cortando porciones.

Agua hirviendo, con sal,

la cocción es exactamente igual que cuando compramos pasta fresca.

Tenemos el agua hirviendo con un toque de sal,

y cuando vemos que la pasta flota,

la refrescamos y así ya tenemos nuestra pasta fresca.

Podríamos haber hecho círculos, cuadrados, lo que más os guste.

No tiene ningún misterio.

Si veis que la masa se ha quedado muy espesa, unas gotas de agua.

Lo bueno que tiene esta masa es que podemos coger lo recortes...

Vamos a rematar esta bien.

Si veis que en la masa no ha quedado demasiado hidratada,

que está muy seca, coged los recortes

y los volvéis a amasar con un poco de agua, no hay ningún problema.

Salen todas las formas sin ningún problema.

Ahí al lado tienes agua a punto de romper a hervir, ¿verdad?

Sí. Subimos el fuego a tope.

Y nada, no llega a un minuto de cocción.

A su vera tengo preparada una placa con agua fría,

porque como luego tenemos que montar la lasaña,

damos un ligero hervor, veréis cómo flota,

y una vez que flote, retirada,

refrescamos, y así podemos hacerlas con la forma que más nos guste.

Todo el mundo tiene molde en casa.

Y si no tienes no pasa nada, cogemos la boca de un vaso.

Bajo el fuego. Me voy a quedar, Pepa, con la cocción.

Mirad cómo empieza a flotar,

es echarlas y las primeras ya van flotando.

Me quedo con la cocción de la lasaña, en cuanto flote,

con la espumadera retiro.

Yo me voy para allá para seguir contando curiosidades de la pasta.

Perfecto, aquí te espero.

Gracias a la pasta, los tenedores son como los veis,

con por lo menos tres púas o cuatro.

Hasta hace no mucho, los tenedores solo tenían dos púas,

porque solo servían para pinchar,

pero gracias a la pasta evolucionaron, hubo que inventar

más púas para poder enrollarla más fácilmente y poderla comer.

Es una de las curiosidades de la cocina,

o de los utensilios de cocina, que le debemos a la pasta,

que nos ha acompañado durante tantos siglos

y nos ha ayudado tanto en la cocina.

Más cosas, datos de salud. Es una fuente de carbohidratos,

y eso significa que es la gasolina que necesitamos para el cuerpo,

a más integral, esa gasolina nos dura más,

es decir, no es que engorde menos, es que nos dura durante más tiempo

y nos alimenta más, entonces, comemos menos cantidad

o necesitamos comer cada menos tiempo.

En cuanto a producción y consumo,

nos comemos 178 millones de kilos de pasta al año, y la mayoría,

nos la comemos en forma de pasta seca.

Nuestras preferencias, a la cabeza, los macarrones,

después comemos muchísimos espaguetis, tallarines,

y en último lugar, fideos.

El resto es pasta fresca, que cada vez, es verdad,

se va imponiendo más en la cocina.

Y si algún día os sobra pasta hervida, muy sencillo,

hemos refrescado la pasta, la ponemos en un bol,

pulverizamos con poco de agua, unas gotas de aceite,

removemos bien, tapamos con film,

porque la pasta absorbe rápidamente otros colores de la nevera,

y cuando llega el momento de utilizarla

se saltea directamente.

O bien, si nos ha sobrado un poquito de pasta hervida,

secamos muy bien con papel de cocina

y freímos en aceite hirviendo,

¿te acuerdas de esa pasta crujiente que hicimos?

Sí, y está buenísima, deberíais probarlo en casa.

Una guarnición, pero en cualquier caso fijaos

si tenéis variedad para elegir, escoger y cocinar.

Bueno, la verdad es que la pasta, se ponga como se ponga

y sea del tipo que sea, fresca, seca, bueno,

de cualquier manera está riquísima.

Te gusta todo, ¿no? A mí, sí.

Como los postres. Como todo.

Ella misma, familia, no hay más. Vamos con el paso tres.

Teníamos por aquí los piñones, la cebolla, como veis,

bien dorados, y vamos incorporar una pizca de harina,

que la vamos a rehogar ligeramente

para ayudar a que nos quede un poco más espeso, más denso,

y luego sea más fácil que espese,

que esté cremoso y podamos rellenar la lasaña.

Rehogamos un poco. Vemos como la harina va sonando poco a poco,

es decir, se va cocinando, subimos un poco más.

Primero, ligeramente rehogamos, una pizca que voy a poner,

mínima cantidad de pimienta, un poquitín.

Y tan poquitín... ¿Qué quieres, que pique mucho?

Claro... Cómo se lanza.

Vamos incorporar nata, y rápidamente va a empezar a reducir.

Vemos cómo rompe a hervir y se va reduciendo poco a poco.

Con la presentación que vamos a hacer

esa cantidad es más que suficiente.

A continuación vamos a incorporar unas cuantas espinacas

y te vas a encargar de ir mezclando esas espinacas,

que ya están hervidas, con toda la mezcla, vas removiendo.

Si ves que tiene mucha temperatura, bajamos un poco el fuego.

Eso por ahí, muy bien.

Tenemos que dejar que quede un poco espeso.

Si no sería muy difícil rellenar como lo queremos hacer.

Si va a ser una lasaña en un molde y la vamos a dejar en el horno,

un golpecito y reposar, podríamos prescindir de la harina.

Rompe bien, voy a bajar el fuego para que se entremezclen.

Aparte vamos a hacer una salsa que le va a dar mucho aroma,

una salsa sin ningún misterio, aceite de oliva que tengo por aquí,

otro toque mínimo que vamos a poner de pimienta, albahaca,

que nos va a dar mucho aroma y nos va a ayudar a reducir también

en parte el consumo de sal, los pimientos del piquillo...

Os podéis imaginar el aroma, aceite de oliva virgen,

las hojas de albahaca, el toque de pimienta,

una pizca de sal y lo voy a triturar bien. ¿Cómo va quedando?

Yo creo que ya tiene toda la pinta de estar homogéneo.

Pues un chorro más para que nos quede más cremoso,

y eso va a quedar...

Y eso que no lo veis por la tele, huele de lujo.

Pues os podéis imaginar cómo sabrá.

Bueno, ahora simplemente vamos a triturar esto,

un golpe de titulado, una salsa que se hace muy rápido.

El pimiento, la albahaca, el aceite de oliva,

la sal y la pimienta va a quedar como si fuera una versión

de salsa fría tipo gazpacho, tipo salmorejo,

pero no tiene nada que ver, claro está.

Es muy aromática.

Nosotros se la vamos a poner por encima a la lasaña como toque final.

Ahí está, que quede todo bien triturado.

Por otro lado los mejillones, mirad,

los he partido por la mitad y están previamente hervidos

para que sea más fácil rellenar la lasaña.

Esto ya lo tenemos listo para aromatizar,

para napar, para salsear. Fijaos qué rápida de elaborar.

En el paso cuatro vamos a empezar con el montaje del plato,

un montaje muy sencillo.

Nosotros lo vamos a poner para que se vea bonito,

pero en casa en una fuente de cristal vamos poniendo capas, capas,

y terminamos dando un golpe de horno,

y luego ya esa lasaña caliente la llevamos a la mesa,

salseamos y jugamos con las temperaturas,

pero para verlo bonito vamos a empezar a presentarlo

en el paso cuatro.

Esa mezcla ya la puedes poner aquí y listo para disfrutar de la lasaña.

Mirad, las láminas que hemos hecho nosotros, muy sencillo,

una vez refrescadas les hemos puesto un poco de aceite.

Ponemos la primera capa.

Sobre ella vamos a repartir una primera mezcla con las espinacas,

los piñones, que decía Pepa lo bien que olía.

Necesito papel de cocina, que se ha caído un poco.

Ponemos esta mezcla de espinacas, ahí está, piñones, la cebolla,

muy cremoso.

Mi consejo para las lasañas,

personalmente me gusta que lleguen a la mesa muy cremosas,

que no estén demasiado espesas

y que nosotros vayamos rompiendo cada porción

y vaya saliendo toda la crema. Para mí eso es una buena lasaña.

Colocamos un poco más, y ahora sobre ella, los mejillones.

Repetimos con otra capa de pasta, una pasta muy fina,

muy bien estirada, recordad lo importante que era estirar esa capa.

Vamos a poner aquí otra, marchando, que encajen más o menos los dibujos,

y ahora vamos a colocar aquí los mejillones.

Al abrirlos por la mitad has aprovechado para limpiarlos

lo máximo posible.

Y porque así va a ser más fácil rellenar

y que nos quede cerrada, que no se nos vaya a romper.

Si no quedaría muy gordo. Bailarían las capas de lasaña

y al final sería muy difícil llevarlo a la mesa.

Por eso mi consejo es partirlos por la mitad.

Vamos a poner uno en el centro y marchando otra capa.

Vamos con la última.

Ponemos una última capa de pasta por aquí, marchando.

Otra más de espinacas, terminamos con la última de pasta,

salseamos y listo para llevar a la mesa.

Si me puedes acercar del cajón de la derecha una cuchara para salsear

y llevar a la mesa.

Fijaos, una lasaña diferente.

Habitualmente las hacemos de carne, que está muy ricas, pero bueno,

podemos dar otro giro y combinar la huerta, las espinacas,

y el mar, los mejillones, en versión lasaña.

Con esto es suficiente. Vaya pinta tiene.

Otra lámina y recordad mi consejo,

lo suyo sería darle un golpe de horno,

pero nosotros vamos a llevarla así a la presentación.

Ahora ponemos parte de la salsa de lado a lado,

esa salsa y marchando, a disfrutar de una lasaña

con un toque diferente, cargada de aromas y muy sencilla.

Mira, parece del Atlético de Madrid, así, rojiblanca.

Colchonera, sí, señor.

Vamos a poner un toque de albahaca por encima y listo para llevar.

Así de sencillo es elaborar esta lasaña,

que además podemos cambiar las espinacas por otra verdura,

o en lugar de mejillones, langostinos, gambones,

es decir, podemos utilizar muchas alternativas.

Golpecito de horno y lista para servir.

Observando con detenimiento lo que el ojo no ve

nos deja claro que tenemos una lasaña muy jugosa.

Vemos ahí esa mezcla de espinacas, piñones, la nata, todo ha espesado,

ha quedado muy hidratado.

Los mejillones también están perfectamente hervidos

para encontrarlos entre capa y capa.

La pasta, al dente, como tiene que llegar a la mesa,

y rematamos con todo el aroma que nos va a aportar

el pimiento rojo y la albahaca.

Bueno, familia, programa de servicio público donde vuestras dudas,

cuestiones, sugerencias, ideas, vuestras fotos,

que también nos gusta un montón que nos las mandéis,

van llegando al correo, Pepa lo va gestionando y dice,

venga, vamos a resolver la siguiente duda.

Y además os voy dando un poco de envidia

por los lugares desde donde nos escriben.

Mirad qué imágenes, Riviera Maya, anda que no nos iríamos todos allí

a darnos una vuelta y a disfrutar de ese sol,

esos paisajes y esa historia, porque tiene mucha historia que recordar,

pero vamos a la pregunta que nos manda Oti desde allí.

La firma una mallorquina que te ve desde siempre.

Muchas gracias.

Bueno, lo primero, cuando hacemos una cocción al vapor

ni más ni menos que es un recipiente con agua,

sobre ese agua, una rejilla con las distintas hortalizas,

tapamos, se concentra el vapor y se cocinan.

Claro, algún nutriente, algo de sabor,

algo de jugo cae a ese agua.

Por ejemplo que tenemos un poco de agua de haber cocido hortalizas.

Tiene menos de sabor que si fuese un caldo convencional de verduras

pero de tóxico, nada.

Lo podríamos aprovechar porque al fin y al cabo

esas hortalizas que hemos cocido al vapor son las que nos vamos a comer.

¿Se puede reutilizar, por ejemplo, para una sopa?

No habría ningún problema.

Puedes estar tranquila y utilizar ese caldo.

Tenemos otra consulta que nos manda Elisa Bernal,

y es muy graciosa.

Venid con nosotros. Muy bien, oye, unas cuantas.

El problema es que le han subido poquito.

Y quiere que le suban más. Claro, digo yo.

Mi consejo, puedes rellenar un poco más el molde, no tengas miedo.

Incorpora a la mezcla una pizca más de harina.

Si ves que no suben bien, un poco más de harina.

El horneado, un poco más de 12 minutos, llévalo hasta 14 minutos.

170° es una temperatura bastante buena

para que vayan creciendo poco a poco, vayan subiendo,

y cuando ya estén hechas, nada más terminar el horneado,

no pasa nada por dejarlas unos 30 segundos en el interior del horno,

termina la cocción y las sacas.

Mi consejo para saber si están hechos es sacar una,

ábrela sin miedo cuando haya pasado el tiempo

y verás que ha quedado esponjosa, con cuerpo y que no se baja,

porque muchas veces creemos que están

porque la temperatura es elevada, las sacamos de golpe

y nada más sacarlas se vienen abajo.

Un poco más de harina, más tiempo en el horno

y una cocción más moderada.

Bueno, Elisa, un saludo para ti, para tu hijo y para tu marido,

a los que saludas en la carta, una carta por cierto muy simpática.

Desde aquí te mandamos un beso.

¿Dónde nos podéis mandar estos correos,

dónde podéis consultar todas las recetas?

¿Dónde podéis ver esa página interactiva

que nos presentan cada día?

En nuestra página web, estupenda.

La tengo aquí y tenemos la escuela de pastelería,

todo las recetas que tenemos previsto hacer,

las que ya hemos hecho, que llevamos más de 200,

una página que tenéis que visitar si os gusta la cocina y este programa.

Además podéis imprimir todas las recetas,

las vais archivando y os haréis una colección tremenda.

Y también están los vídeos, por si queréis recordar más fácilmente

cómo se hace cada cosa.

Claro que sí, y ahora en la escuela de pastelería,

¿qué vamos a hacer?

Nos habéis mandado muchos correos cuando hicimos el chupito de turrón.

Decíais que era buena idea eso de gastar el turrón o el mazapán,

en fin, cualquier dulce navideño,

y pedíais otra elaboración con turrón.

Bueno, pues vamos con ella.

La otra vez hicimos el chupito

y ahora vamos con una espuma de turrón.

Por un lado he puesto 100 g de turrón con agua a fundir,

a fuego suave, y me ha quedado una crema.

¿Lo tienes al tres? Sí, moderado.

Una vez fundido y tengo esta crema de turrón,

apago el fuego, y para que la espuma tengo un poco de consistencia

voy a añadir una lámina de gelatina que tengo ya remojada en agua.

Con la temperatura rápidamente se va a fundir.

¿Veis cómo se mezcla?

Se mezcla en un momento, y como todavía hay temperatura de sobra

voy a añadir una yema de huevo,

y aquí tengo una crema de turrón que cuando se enfríe va a gelificar,

va a coger un poco de cuerpo.

Cuando la crema esté fría, en caliente, nunca,

se la vamos a añadir a 200 gramos de nata que he montado.

En principio no voy a poner nada más de azúcar,

la que aporta el turrón.

Si en casa os gusta más dulce en esa salsa se puede añadir

un poco más de azúcar.

Cuando veáis que la nata para montar empieza a hacer formas

y se queda consistente vamos incorporando poco a poco

esta salsa de turrón, mezclamos bien y nos lo vamos a llevar a la nevera,

que la gelatina haga su trabajo.

Va a gelificar ligeramente, y una vez que nos quede bien homogénea

y todo se haya mezclado, el turrón va a darle sabor

y esta misma espuma, después de 10 o 12 minutos en la nevera,

es esta que tenemos aquí, una espuma como su nombre indica,

en el interior, aire, el sabor del turrón, y la gelatina, poca,

haciendo su trabajo, manteniendo consistencia.

¿Nos haces el resumen del plato de hoy?

Yo quería probarla, pero bueno... Si la vas a probar, lo sabes...

Atentos en casa, que repasamos cómo hemos hecho el plato de hoy

y luego probamos la crema.

Estos son los ingredientes que necesitamos para hacer

la lasaña de mejillones y espinacas, y esta, la receta paso a paso.

Paso uno, sofríe los piñones y la cebolla picada

en un recipiente con aceite.

Por otro lado vierte en un bol harina, sal y un huevo,

y mezcla bien hasta obtener una masa homogénea.

Paso dos, estira la pasta con un rodillo,

córtala con ayuda de un molde y hierve en agua con sal.

Cuando esté al dente refréscala en agua fría.

Paso tres, añade al sofrito de piñones una pizca de harina,

las espinacas, nata y deja reducir.

Paso cuatro, parte los mejillones por la mitad

y monta la lasaña colocándolos entre dos capas de espinacas y pasta.

Salsea con un triturado de aceite, pimientos del piquillo,

albahaca y sal.

Bueno, pues hoy vamos a dedicar el programa

a una espectadora que nos ve desde Colombia

y que nos he escrito un correo muy cariñoso.

Se llama Liliana María García Escobar y nos escribe.

"Soy una fiel admiradora suya porque usted cocina delicioso

y enseña perfectamente sus comidas.

Siempre vemos el programa, le seguimos desde hace muchos años.

Feliz tarde y mil felicidades.".

Un beso, Liliana. El programa tiene sentido porque estáis ahí,

porque lo veis no solo en España, Canal Internacional,

porque lo veis no solo en España, Canal Internacional,

en todos los rincones del mundo, y platos como el que hemos hecho hoy,

postres y sencillos en la escuela de pastelería.

Vuestras sugerencias, vuestras dudas,

trucos que van saliendo...

Sábados y domingos... ... "Cocina con Sergio".

No os lo perdáis, porque os vamos a estar esperando

y vamos a pasar lista, así que cuidado.

Y ahora sí que sí, si no le doy la espuma de turrón,

luego se enfada conmigo. Familia, os esperamos.

Hasta el próximo.

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