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Para todos los públicos Cine en TVE - La mula - ver ahora
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¡Rogelio! ¡Rogelio!

-¿Qué coño quieres? ¿Qué pasa?

¿Que no se la puede cascar uno a gusto o qué?

-¿Qué habéis cenado anoche? -Lentejas con chorizo.

-Querrás decir conejo con gusano, desgraciado.

Nosotros estofado de papas con carne de buey.

-Con buey, ¿eh?

-Mándale a la mierda al fascista, que lo único que quiere

es mearnos la moral.

-No, no, no, escucha, diles que hemos comido jamón.

-No, arroz con liebre y de postre, tocino de cielo.

-Callarse, hostia, que me estáis haciendo la boca agua

y así no puedo replicar, cojones.

-Rogelio, ¿dónde te metes? Es que estáis acojonados, ¿o qué?

-Acojonado lo estará tu padre el cura.

-Coño, ¿eso es lo que os enseñan en las milicias de la cultura?

-Cabestro, ¿qué sabréis vosotros de cultura?

Fascistas mierdosos.

-¿Y qué sabréis vosotros de un buen estofado de papa con carne de buey?

De buey, bu.

-Con carne de tu puta madre, illo.

De tu puta madre.

-Si no fueseis hijos de la Pasionaria,

a lo mejor sabríais quién es vuestro padre,

que no me cago en vuestro padre porque a lo mejor...

-Esa boca pide polla. -Tu culo es el que pide polla.

(Música)

(Disparos)

Coño.

Los rogelios ya se han levantado cantando la mañanita, tiene huevos.

(Música)

(Disparos)

La virgen santa, que nos van a matar a todos.

-Ni virgen ni hostias, que me cago en Dios.

-Al que me chaquete lo fusilo, ¿me habéis oído, maricones? ¡Venga!

(Disparos)

(Música)

Aire, señores, que es para hoy.

Desde ahora quedan anulados todos los permisos.

A ver dónde coño está el cabo Castro.

-Cogiendo setas para el teniente coronel.

-Cagüen la leche, no son setas son espárragos

y si no, cardillos o borrajos.

¿Qué piensa? ¿Que estamos de excursión o qué?

(Música)

Tranquila, bonita.

(Música)

¿Qué haces aquí, guapa?

(Música)

Una buena mula.

Calzada como una marquesa, sí señorita.

¿Qué dice, cantimplora?

No tengas miedo, ¿vale?

Te vas a pasar a los nacionales, ¿qué dices?

(Música)

Qué año llevo soñando contigo, bonita.

(Música)

Granada recién estallada, Granada recién estallada.

-Joe.

Ya era hora, Castro.

¿Tú qué te crees, que esto es el ejército de Pancho Villa o qué?

Lleva a ese hombre al hospital de sangre

y que le saquen los artificieros el pepino ese.

Ese hombre puede explotar.

A ver si es verdad y así te pierdo de vista de una vez.

A sus órdenes, mi sargento.

Las setas del teniente coronel, sargento.

Sargento, verá que esta noche el teniente coronel

nos había dado permiso. Vete a la mierda, Castro.

(Música)

Qué, mi sargento, ¿nos trae la merienda?

-Agacha la cabeza, me cagüen tus putos muertos.

(Disparo)

(Música)

Como cronista del mundo social, supongo que tiene usted oportunidad

de ir a muchos conciertos, ¿no, Benavides?

¿Te gusta la música? -Sí, teniente coronel, mucho.

(Música)

¿Da su permiso, teniente coronel? -Adelante.

(Música)

¿Y a usted, sargento, le gusta la música?

-Sí. -¿Cuál?

-La música americana, naturalmente.

-Eso no es música, hombre.

Barrionuevo, te presento al señor Benavides,

del "ABC", que vino para hacer un reportaje sobre la vida en el frente.

Te pones a sus órdenes y le llevas donde quiera.

Trincheras, lo que sea. -A sus órdenes.

(Disparo)

¿Sabes? Creo que no hace falta ir a las trincheras aún.

-Esto no es nada, hombre.

Los rogelios tienen que pegar unos cuántos tiros,

hacer un poco de ruido.

Si no los comisarios se mosquean, ¿verdad?

Hubo muertos, ¿sargento?

-Alguna baja, evidentemente coronel, pero por asomancia.

-¿Lo ve?

-Con su permiso, mi teniente coronel.

-Buen sujeto este sargento, ¿eh?

Aunque uno no debería fiarse

de una persona a la que no le gusta la música.

Si hubiera más música, ay...

Habría menos guerras, ¿no le parece, Benavides?

(Música)

Vamos.

Es que si te doy agua, puede ser peor.

(Música)

¿Te gustaría entrar ahí, donde las monjas?

-Imagínate cómo tiene que oler. -El olor.

¿A incienso? No, hombre.

Lo que hay en los talleres de modistas.

¿Almidón? No, tonto.

El olor a coño que se lía cuando se juntan todas.

Todas las mujeres, coño. Pero si las monjas no tienen coño.

¡Quieta! ¡Quieta!

Que la sujetes.

Quita, bonita, quieta, quieta.

(Música)

Este hombre está muerto.

Tú, tú, llevadlo al cobertizo. ¡Venga cojones!

So, quita, quieta.

(Música)

Cabo, ¿dónde te has apañado esa mula?

Me la han prestado de la segunda bandera.

(Disparo)

¡Joder!

Mula.

Quieta aquí.

Él es El Chato, es de Andújar, como yo.

Está un poco tonto, pero es buena gente.

¿Qué pasa, mula? Te he mentido, Chato.

La verdad es que me la encontré perdida en medio del campo.

¿Entonces no pertenece a la Segunda Bandera?

Aquí entre tú y yo, esta es mía.

¿Que te la vas a quedar? La voy a esconder con la otra.

Cuando acabe la guerra, pues me la llevo a la quintería.

Tú estás loco, Juanillo,

que eso es robarle al ejército, que nos fusilan seguro.

Y a mí contigo.

Chato, ¿tú no sabes lo bien que nos puede venir esta mula

después de la guerra?

¿Cómo se llama? Yo qué sé.

y¿Y por qué no le ponemos Paquita, como mi madre?

Porque entonces cada vez que veamos una mula

nos vamos a acordar de tu madre y va a ser peor.

Sí, eso es verdad.

Mira, ya sé cómo le vamos a poner.

Le vamos a poner Valentina. ¿Valentina por qué?

Porque es valiente.

Valentina, ¿te gusta el nombre?

Te gusta, eso es.

A ver cómo va la campaña, ¿hay novedad? ¿Alguna baja?

17 mulas y cinco caballos, lo de siempre.

¿Y la mula de la segunda bandera? La devolvemos ahora.

Bonita,

en la casa de la quintería tú vas a vivir como una reina,

vamos, como una reina. Ya verás.

Bueno, más que una casa, es una choza,

pero que mi madre la blanquea todos los años

cuando viene la marquesa, ¿sabes?

Aquí, aunque seamos pobres, tenemos el honor

que servimos al marqués de toda la vida.

(Música)

Vamos, vamos.

Vamos, capitana.

Mira, Juanillo, Churri, otra vez.

Quieta, bonita.

El zeppelín, que va a Sevilla.

¿No te gustaría volar esa cosa, Chato?

¿Tú qué dices? ¿Estás tonto?

¿Cómo podría ser una cosa tan grande en el aire sin caerse?

(Música)

¿Eh?

¡Me cagüen la puta mula! Quieta, quieta.

Churri, Churri, despacito.

Ven aquí, despacito, despacito.

Quieta, tranquila.

A veces pienso que la mula eres tú, Juan.

Churri. Dime.

Cuando encontremos un par de buenas mozas y nos casemos,

tendremos una yunta a medias.

Sí, hombre, el cuento de la lechera.

¿Una yunta si no tienes tierras?

Coño, el marqués, que viene de Madrid.

(Música)

¿Da mucha guerra, mi alférez? Ninguna.

Solo me quedaba Derecho Procesal para terminar la carrera.

Hace cinco meses me llamaron a filas y me metieron en la academia

para el curso de alférez. Anda.

¿No deberíamos escondernos? No, tranquilo, mi alférez.

Eso es de los nuestros, de reconocimiento.

Los conocemos por el ruido, ¿sabe usted?

Vaya.

¿Entiende algo de zeppelines, mi alférez?

No mucho, ¿por qué?

Verá, es que lo que yo no sé es cómo pueden moverse por el aire.

Es muy fácil. ¿Sí?

La llenan de un gas que pesa menos que el aire.

¿Tú has visto los globos de la feria? ¿Que si los sueltas, se van al cielo?

Claro que sí, mi alférez.

Todo lo que pesa menos que el aire sube

y todo lo que pesa más, baja.

No me estará usted tomando el pelo. Que no.

El aire, ahí donde lo ves, pesa, pero hay gases que pesan menos.

Lo meten en un armazón de aluminio y hule y sube.

No veas lo que es el conocimiento, lo que tendrá usted en esa cabeza.

Todo lo que sé es por los libros.

No tiene mayor importancia. Eso es lo que decía Churri.

¿Churri? ¿Quién es El Churri? Espere, espere.

(Aviones)

¡Las mulas, hostias! ¡Valentina!

(Música suspense)

Chato, Chato.

Coge a Valentina, coño.

¿Está bien, mi alférez? Sí, ¿cabo?

Sí, es que disfrutan.

Tengo aquí en el macuto un uniforme de respeto.

No, mi alférez, de verdad.

Te lo presto, le quitas los galones y ya está.

Mi alférez.

De verdad, que no, que no.

Que sí, hombre, sí. Que no.

Para ti. Muchas gracias, mi alférez.

Así seguro que te vas a echar un polvo esta noche, ¿eh?

(RÍEN)

(Música toros)

Ya la hemos jodido.

Vámonos de putas. No, yo no me voy de putas.

Yo ya me había hecho ilusión de mojar churro.

Oíd, el alférez del segundo batallón vino la semana pasada

y le dio a una tres tabletas de chocolate

y le dijo que eran de la fábrica de su padre.

¿Su padre tenía una fábrica?

No seas tonto, ¿qué fábrica va a tener?

Se lo dices para que vean que eres un tío rico.

Eso es lo que buscan todas, un tío con parné.

Se lo tragó y él se la tiró.

Después de eso...

No veas qué tía más ardiente.

(Aplausos)

Señoras y caballeros, a continuación vamos a interpretar,

con el permiso de la superioridad, el bonito pasodoble

que lleva por título, "Gallito", a petición de un buen amigo,

el sargento Arjona.

-Ya ves cómo se me da la del vestido de lunares.

(Música)

Viene a por nosotras. Lo conozco, se llama Antonio.

Hola, Antonio. -Hola, Pepi.

Con su permiso. ¿No me presentas a tu amiga?

-Conchi, te presento a Antonio; Antonio, te presento a Conchi.

Es mi prima.

-¿Quiere usted una chocolatina? No, gracias.

Es usted muy apañada, ¿me concede este baile, señorita?

No, gracias. Yo sí.

-Pepi, ahí tengo un amigo que quiere bailar contigo.

Es un poco corto y no se atreve a sacarte.

-Bueno.

(Música)

¿Qué ha pasado? -Nada, ¿qué va a pasar?

Le he gustado y ya está.

Chato, a la otra le gustas tú. ¿De verdad? Pues no está nada mal.

Voy contigo, Chato, a ver si funciona el uniforme.

No vais a pillar na.

Señora, ¿puedo sacarla a bailar? (ASIENTE)

¿Puedo, señora?

A ver si El Chato tiene más suerte que los otros.

-¿Qué otros? -Los que salen con ellas,

toda la pasma, ya lleva tres.

¿Te importaría, señorita? ¿Qué me importaría?

Si quiere bailar esta pieza conmigo, señorita.

No me apetece.

¿Puedo sentarme, señorita? Bueno.

(Música)

¿Es usted del pueblo, señorita?

No, pero mi padre tiene aquí un hotel.

Yo soy de Jaén, ahí tengo una finca.

Pero eso está en el lado de los rojos, ¿no?

Sí, señorita,

pero cuando acabe la guerra recuperaré mis tierras.

Ya veremos lo que me encuentro, ¿sabe usted?

(Música)

Tenía una finca con 12 pares de mulos, tenía caballos.

Tenía un coche, un coche de estos de baque,

y un coto de caza estupendo para cazar muflón y jabalí.

Qué lástima, ¿y no le da pena a usted matar animales tan lindos?

Bueno, yo llevo en realidad cazando poco.

Porque es una pena.

(Aplausos)

A continuación, autoridades y selecto público,

vamos a interpretar, a petición del teniente Calzadilla,

el sentido y aclamado pasodoble "España cañí".

(Aplausos)

¿Quiere usted que bailemos esta pieza, señorita?

Si insiste.

(Música)

No te jode,

qué mentira le habrá contado para que la haga chipi.

Me hubiera gustado conocerla de otra manera,

ya sabe, fuera de la guerra.

Sí, la guerra nos saca a todos de quicio.

Con lo guapa que es usted, tendrá muchos pretendientes.

Alguno, pero no te puedes fiar de ninguno,

porque los militares buscáis lo que buscáis.

Bueno, todos no, señorita, algunos lo que queremos

es encontrar una mujer que nos comprenda, hacerla feliz.

No sé si creerle.

De todas formas, yo no soy como esa, que yo no soy como mi prima Pepi.

No es que ella sea mala,

lo que pasa es que no ha tenido suerte con los novios,

está un poco decaída.

(Música)

(Aplausos)

Bueno, Pepi, yo tengo que irme, que tengo que estar en casa a las 9.

Conchi, yo me quiero quedar un ratito más.

Bueno, yo si quieres la acompaño para que no vaya sola, señorita.

Bueno.

(Música)

¿Por qué va con estos garrulos? Bueno, ya conoce a El Chato.

Él es en realidad mi criado, ¿sabes? Me alisté para cuidar de él.

¿Te puede escribir? ¿Tú quieres ser mi madrina de guerra, Conchi?

Si estamos al lado.

A mí me haría mucha ilusión. Además que aquí yo estoy muy solo.

Estoy muy solo, Conchi.

No tengo más familia que mi padre,

que tuvo que escaparse de los rojos el pobre.

Está en Francia.

¿Podrás escribirme el viernes, que es mi santo?

(Música)

¿Me contestarás si te escribo? A lo mejor.

(Música)

¿Quién es ese muchacho? Lo he conocido en el baile.

Dice que es un señorito rico.

¿Rico? Pero si no es nada más que cabo.

Dice que tiene una finca, un coche y 12 pares de mulos.

No sé yo si será verdad.

Desde luego, el uniforme es de los caros.

¿Y te ha gustado? No lo sé. Tiene pinta de cateto.

Ay, hija, ten en cuenta que los hombres en el frente

se estropean mucho y pierden la finura,

pero este muchacho tiene finca, a lo mejor es un buen partido.

A lo mejor. Dice que me va a escribir.

Pues si te escribe, tú le contestas, que nunca se sabe.

Chato, me he enterado que tenemos una mula blanca nueva.

¿Es verdad eso?

¡Me cagüen la puta! Que por poco me afeitas.

Me voy a cagar en los cabrones de los Pacos.

Coño, Juan, estoy que no me llega la camisa al cuerpo, mira.

¿Y esto? Un tiro, una balada perdida.

Si llega a venir más rasante, me deja seco.

A ver si va a ser verdad. ¿El qué?

Que los que van con la Pepi la palman.

Eso me dijo Antonio.

Me cago en los muertos ¿y me mandó bailar con ella?

¿Te la has cepillado? No, tengo que trabajar un poquillo.

Entonces no hay peligro, no hay peligro.

Pues conmigo que no cuente, ¿eh?

Manolo, que su prima me está volviendo loco.

Pues olvídate, que esa señoritinga no piensa más que en los oficiales.

Le he dicho que tengo finca en Andújar,

como si yo fuera el hijo de don Federico.

Cuando se entere de la verdad, ¿cómo te vas a apañar?

El día que termine la guerra

a lo mejor ya me la camelo por quien soy.

No sé yo, me da a mí que ese tipo de mujer no cambia nunca.

Por eso le he dicho que tú eres mi criado

y que no me enchufan en otra parte por no separarme de ti,

que te tengo mucha fe, como nos criamos juntos.

(Música)

Toma, como siempre, sin novedad.

¿Y la mula de la segunda bandera? Ya la hemos devuelto.

Oye, ¿tú podrías escribir?

A la novia, ya sabe. No sé.

Mira, también tengo este verso que me ha escrito mi amigo Antonio.

No se entiende la letra, que el jodido escribe como los médicos.

Vamos a ver.

(LEE) "En mí enloqueciera el canto y del ano, el instrumento,

para expresar lo que siento en el día de tu santo".

Estás de coña, ¿no? No.

El instrumento es el pollón del borrico.

¿Eso ha puesto el hijo de puta?

¡Me cago en los muertos de Antonio! ¡Me cago en sus muertos!

¿Eso quería que le pusiera a la señorita?

¿Sabe qué? Es un maricón, no me perdona que tenga trato con ella.

Claro, como a él le dio calabazas, está jodido.

Pues ya ves.

Tenemos que poner otra cosa.

Yo me sé unos versos bastante finos.

(RECITA) Entrando por los jazmines y saliendo por los rosales,

oí una voz que decía: "Tesoro, felicidades".

Eso está mejor. Lo escribo.

Por cierto, Troitiño ordena que bajéis líneas al hospital de sangre.

No hay problema, la llevaré yo.

Ya me figuraba que querrías hacer tú el trabajo.

(Música)

Castro.

(Música)

Eso es, maestro.

Alférez, le he traído el uniforme. Lavado y todo.

Muchas gracias, Castro.

Tómate una copita conmigo, ¿no?

Mi alférez, ¿usted me podría dejar el uniforme un poquito más?

Pues claro que sí, ¿por qué? Porque me he puesto de novio.

Hombre, eso está bien.

Con una muchacha del pueblo, muy guapa, muy guapa.

Lo que pasa es que está un poco durilla

y no acaba de dejarse ir, pero bueno. No pasa nada.

Mira usted la carta que le he escrito.

A ver. Tengo aquí una copia.

Castro, esto está muy bien.

La poesía es muy bonita. ¿Verdad que sí, mi alférez?

Luego a ver si se ablanda que no me deja ni cogerle la mano.

Ten paciencia que todo llegará, ya verá.

Las mujeres nacen sabidas de muchas cosas

que los hombres tenemos que aprender. Por eso sospechan.

Es el día de su santo por lo que veo. Sí, mi alférez.

A las mujeres les gustan mucho los regalos.

¿Y qué le puedo regalar yo que no sea muy caro?

Pues algo de oro o de plata.

Una pulsera, un anillo. ¿Unos pendientes?

Unos pendientes, estupendo.

(CANTAN)

(Aplausos)

Mi alférez, deberíamos irnos. Llámeme Pepe, ¿no? ¿No somos amigos?

Claro que somos amigos, pero a mí me gusta llamarlo

mi alférez, mi alférez. Llámame como quieras, ¿eh?

¿No dicen que el primer sueldo de un alférez es provisional

para el uniforme y el segundo para el funeral?

Sí.

Pues este es el segundo y yo lo quiero gastar con mi amigo Castro.

(Música)

Espere, espere.

Te tengo mucha admiración. ¿Por qué mi alférez?

Porque tuviste los cojones de pasarte.

Fue para salvar al marqués, mi alférez.

Hágame el favor, con dos huevos.

A mí me faltan esos cojones para pasarme.

Pero si usted ya ha estado con los nacionales, mi alférez.

A mí me faltan los cojones para pasarme a la república, Juan.

Ahí es donde tenía que estar yo, defendiendo la libertad.

Alférez, no diga usted eso.

Con este asunto no se juega, a ver si lo oye alguien

y tenemos un problema gordo, ¿eh?

Yo no bromeo, Juan, no bromeo.

La república puede cometer errores,

pero es mucho mejor que la pandilla de criminales y traidores

que se han alzado contra ella

porque quieren mantener sus privilegios.

Los banqueros ladrones, los aristócratas holgazanes.

Los militares. Por lo que más quieres, calle usted,

que si nos oye alguien la liamos y nos fusilan a los dos.

(SUSURRA) A ti por decirlo y a mí por oírte.

Serán los pimientos de esta mañana, mi alférez,

que le habrán sentado mal.

¿Qué pimientos? Yo no he comido pimientos.

Sí, le han sentado fatal.

No sabes lo que es la libertad, porque has nacido para servir

a los que te explotan.

Es como un pájaro. ¿Qué dices?

Eres como un pájaro que teme a la libertad

y vuelve a su jaula.

Mi alférez, por lo que más quieras, cállese,

que nos va a traer la ruina a usted y a mí.

No me estás entendiendo. Bueno, usted lo ha querido.

Venga aquí.

(Música)

(RADIO) "El 18 de julio del 1936,

contra los rojos que quemaban iglesias,

maltrataban a las monjitas buenas y los sacerdotes,

contra los que a traición mataban...".

(Música)

"Amigo Juan, veo que te gusta escribir

y me encanta que sepas escribir a máquina.

Si te digo la verdad, me gusta que pienses en mí tanto como dice

y que nos estemos conociendo.

No me impresionan las riquezas y no busco un rico,

sino un hombre que sea honrado y cristiano,

que me quiera y me haga feliz.

Me han cortejado algunos, pero siempre los he rechazado,

porque no eran restos.

Espero que tú no seas como los demás,

te ruego que esta carta no se la enseñes a nadie.

Conchi.

Viva Franco, viva José Antonio Primo de Rivera,

¡arriba España!"

Me alegro de verte, ¿vas a comprar la gallina buena?

No, no quiero la gallina.

(Música)

Tienes de todo, cabo.

¿No quieres condones buenos para follar?

¿Son de confianza, Mohammed?

Tu saber mucho,

condones de Mohammed ser de mucha confianza.

Italianos, solo usados una vez.

Bien lavados, con vinagre bueno.

Una peseta, un condón, barato. ¿Una peseta?

Anda con el moro, te viene una perra chica por eso vas que ardes.

Por perra chica solo un condón.

Tú ir al hospital y poner inyección en el pito.

Y doler mucho, tú poner el grito en el cielo.

Yo antes cuando me quedaba solo me ponía a cavilar

lo que iba a hacer cuando volviera.

Si echar gallinas o hacer una casa nueva a mi mujer.

Ahora, por el camino que van las cosas, no sé yo.

-Qué sé yo, los que no tengáis delitos de sangre

no tenéis nada que temer cuando termine la guerra, digo yo.

-Ya veremos.

¿Y pendientes tienes? ¿Pendientes?

Sí, zarcillo. Zarcillo, buenos y baratos.

(Música)

Pone barato, 100 pesetas.

¿20 duros? Sí.

Tú estás loco, Mohammed.

Te doy cinco. ¿Cinco duros? Tú me robas, cabo.

Tú no tener corazón.

Yo tengo ocho moritos en Marruecos y tres mujeres

que quieren comer, pobrecitos.

80 pesetas. No, seis duros, no se hable más.

Mohammed no bajar de 15 duros.

Bueno, y yo subo de siete.

12 duros. Ocho.

Diez. No.

Bueno, está bien, está bien, diez.

Tú me robas, cabo.

¿Tú no tener lástima de mis moritos?

Yo querer máquina de coser, buena, barata, mucho mejor.

Churri. ¿Qué pasa, Juan?

¿Cómo te va? Ahí he estado, bañándome en el Ebro.

De vacaciones.

¿Llevas tabaco?

Vaya mierda de guerra, ¿eh?

El papel de fumar en un lado, el tabaco en otro

y nosotros jodidos en medio.

Has estado en el pueblo, ¿no? ¿Cómo está mi gente?

Tu padre sigue en la cárcel, pero, vamos, que está bien, Juan,

no te preocupes, que he estado viendo.

Lo siento, Juanillo.

Te voy a decir una cosa. Dime.

He puesto novio con Jacinta. Tengo una foto.

Jacintilla, cómo ha enruchado, madre mía.

Está hecha una mujer, ¿no?

Pensamos casarnos cuando acabe la guerra.

Yo me he puesto novio. ¿Con quién?

Con la Conchi. ¿Tienes foto de ella?

No, todavía no.

Tengo una mula. Una mula mía.

Se llama Valentina, la encontré en medio del tiroteo.

Y si somos cuñados, ya tenemos media yunta.

Habrá que apañársela otra media y buscarnos la vida, ¿no?

Siempre he dicho: "Mira, Juanillo, está enamorado de sus mulas,

aunque sean mulas facitas, ¿qué coño importa?".

Ey.

Sabes cómo me alegro de verte, Juan.

Yo también me alegro de verte, Benito.

(Música)

Hemos perdido la guerra, la república se va a la mierda.

Tus generales son todos unos fascistas,

pero es que a los nuestros les faltan huevos,

porque son todos unos señoritos.

Entonces, ¿por qué no te pasas? Yo te avalo.

Diré que eres un buen hombre, Churri.

¿Tú sabes el cuento del castor? No.

Una vez, iba el castor escapando del cazador

y como veía que no lo podía despistar

y que el cazador lo iba a matar,

decidió cortarse los cojones y dejárselos al cazador.

¿Los cojones?

¿Para qué quería el cazador los cojones del bicho?

Pues porque los cojones del castor tiene una cosa

que sirve para hacer un perfume muy caro.

Al cortarse los cojones, el castor se desangró, ¿no?

Y se murió.

¿Eso qué quiere decir?

Eso quiere decir es mejor que me cojan muerto que vivir sin libertad.

(Música)

Tú, tú, tú.

¡Viva la República! ¡Viva!

-Señor Márquez, ¿dónde está ese cabrón?

-Se fue hace unos días, se ha ido a su casa en Francia.

-No te creo, llevárselo. Tú, que te lo lleves.

-No te lo lleves, no te lo lleves.

Suelta a mi padre, suelta a mi padre.

Quieto, Juan. ¿Qué haces, Churri?

(Música)

No.

Juan, tu padre.

(LLORA) Juan.

Juan.

Coño, Juan, quítate de ser esclavo de los fascistas

y vente a defender a la república, que tú eres un obrero, coño.

¿O es que no te estás dando cuenta, Juan?

No, Churri, yo no soy esclavo de nadie.

Además, que aquí siempre nos han tratado muy bien y tú lo sabes.

Estás traicionando a tu propia clase, Juan.

(Música)

Juanillo, que sí tengo el permiso. Ya se van los camiones.

Toma. ¿Una granada?

No, mira.

(Música)

Mira, Chato. ¿De dónde has sacado ese zarcillo?

Se lo he comprado a un moro.

¿Tú sabes que los moros se lo arrancan de la oreja a las rojas?

Ya, pero no se lo vayas a decir a la Conchi, ¿eh?

Escúchame, escucha.

Tú le dices que es un recuerdo de mi madre, que en paz descanse.

Recuerdo de tu madre que en paz descanse.

Eso es. Venga, yo te hago el favor.

Chato. ¿Qué?

Llévale también unas flores. ¿Y de dónde las saco?

Del campo, de donde sea.

(Música)

Ay, Valentina, espero que no la líe.

Con lo torpe que es.

(Música)

Hola, militar. ¿Y esto? Unas flores.

Unas flores.

De parte de mi señorito para la señorita Conchi.

¿Quién es tu señorito?

Juan Castro, de parte de Juan Castro.

Gracias.

Pero pasa, mamá, no te quedes ahí.

¿Quieres un vaso de vino?

Bueno, señorita, la verdad es que traigo sed.

Ea.

Una copa de vino.

El señorito no ha podido venir, porque está con el comandante

discutiendo las operaciones. Pero él solamente es cabo.

Cabo porque él quiere, que si quisiera,

sería más, sería por lo menos teniente.

Pero él no quiere.

Yo creo que es por no apartarse de mí.

Como nos hemos criado junto en la quintería.

Bueno, yo soy solo el criado de la casa.

Pero don Federico, el padre del señorito,

es como un padre para los pobres.

Tiene toda la familia muy buena condición, ¿sabe usted?

Y mire usted que son ricos. Coches, caballos, yuntas de mulo.

Tienen hasta un enterramiento en la iglesia.

Yo no sé el dinero que tendrán, pero son gente muy sencilla.

Pues él no parece tan rico. Porque es muy sencillo, ya le digo.

En las trincheras, después de tres años de fatiga,

todos parecemos iguales, pero yo sé que cuando acabe la guerra

cada uno va a ser lo que es y yo seguiré de criado, ¿eh?

No me quejo, que mejor que Federico no se puede tener.

Ay, se me olvidaba, que este estuche es para usted.

Qué detalle.

(Música)

Ábralo, señorita.

(Música)

Ay, unos zarcillos, ay, qué bonitos.

Es el regalo por su santo, señorita.

Fueron de la madre del señorito, que cuando se estaba muriendo,

se los dio para cuando se echara novia.

Qué bonito.

Están manchados de sangre.

Esto debe de ser que como se los quitó cuando la madre se murió,

con la emoción del momento se lo arrancó malamente,

pero yo se los lavo en un momento.

No hace falta, ya los lavaremos nosotras.

(Música)

Con el sentimiento del momento,

como tenía los ojos llenos de lágrimas,

se los sacó de un tirón.

Se nota que es un hombre con mucho ímpetu.

Este se lo arrancó a la madre moribunda...

Eso no me lo creo yo ni aunque lo viera.

Estos pendientes vienen de una roja,

se los han quitado del tirón. Madre, ¿usted cree?

No sé, hija, a mí todo esto me da muy mala espina.

Anda, toma,

por si me equivoco.

Esta mula se llama Valentina. No es del ejército, es del Chato,

se la he comprado yo para que tenga algo después de la guerra.

Está un poco sin domar y tiene una poca de mala follá.

Sí, pero es una buena mula.

Lo que pasa es que hay que tratarla como se merece.

Vamos a coger majoletas, Manuel.

(Música)

He pensado mucho en ti. ¿Sí?

Anda, túmbate aquí un poco conmigo y descansa.

No, si yo no estoy cansado.

Es que me da cosa. Anda, no seas arisco.

No es que no me gustes, Pepi, pero...

Yo soy un caballero. Anda ya.

Ven.

(Continúa música)

Juan, si fueras un caballero no harías esto.

Y soy un caballero, Conchi, mira.

Lo que pasa que después de tres años de guerra,

pues uno necesita una mujer, que no somos de piedra, ¿eh?

Y los militares, ¿no vais con mujeres malas?

Otros sí, pero yo nunca.

Además que...

Desde que te conocí no puedo mirar a otra.

Estoy todo el día pensando en ti, todo el día.

Conchi...

Que te quiero mucho. Pues si me quieres, respétame.

¿Y qué estoy haciendo? Te estoy respetando, ¿no?

Pues no me pongas la mano encima, que eres muy atrevido tú.

Bueno, pues será la falta de cariño que tiene uno.

Oye, venirse, que la mula, esa cabrona,

se está comiendo los filetes.

¿Qué dices? Los filetes.

Hostia... ¿Qué clase de bicho es esta mula?

Se ha comido los filetes empanados.

Eso va a ser que ha visto el perejil y se ha cegado,

es que lo verde le gusta mucho, ¿sabes?

Y medio mantel bordado, con lo bonito que era.

Valentinilla, a ti te meto yo un correctivo.

Chato, llévatela de mi vista.

Nos deberíamos ir yendo.

Vamos...

Es una misión sagrada...

Cabo, esa mula, tráela p'acá. A su orden, mi sargento.

A ver, su usía, ¿qué le parece esta, eh?

Buena mula. -El blanco es el color de la pureza.

De la limpieza de corazón.

Dará una imagen muy viva del ministerio episcopal.

-Bueno, pues ya lo estás escuchando, Castro, a cepillarle,

que esté bien limpita para mañana.

Su usía va a ir a la trinchera como el jodido Jesucristo,

montado en un burro. Pero esto es una mula, mi sargento.

Castro, esto será lo que el señor obispo diga

que tiene que ser, ¿estamos? Venga, cepilla a la mula.

A la orden, mi sargento. Vamos...

(Música)

Sargento... -Señora.

-Oiga, sargento, ¿usted no conocerá al cabo que estaba aquí hace momento?

-¿A Juan Castro Pérez, el acemilero? Sí, claro que lo conozco.

Es de Andújar, sí.

-¿Le puedo preguntar una cosilla, sargento?

-Por supuesto, señora, dígame.

-Es que tengo entendido que es de una familia muy rica.

-¿Juan Castro?

"Juan, desde ahora no me fiaré ya más de los hombres.

Yo de siempre tenía la vocación de ingresar

en las monjas carmelitas,

porque me atraía la vida religiosa, apartada del mundo.

Este desengaño me ha hecho comprender mi verdadera vocación.

En cuanto pueda abrazaré la vida religiosa.

Que sepas que te he perdonado,

aunque lo que has hecho, tenga poco perdón.

Te deseo que tengas suerte.

Ojalá que no engañes a más mujeres como me has engañado a mí.

Que Dios todo lo ve y ha de juzgarnos estrechamente.

María de la Concepción Ramanula.

Viva Franco. Viva José Antonio Primo de Rivera.

Arriba España".

Mira si viene este año temprana la primavera.

Ya tenemos aquí una rosa abierta.

Y la más bonita.

(Música, campanas)

"In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti. Amén".

"In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti. Amén".

-Calma y no ponerse nerviosos, que todavía faltan dos minutos.

Y que nadie me asome la jeta hasta que no truene la artillería.

(Continúa música)

¡No, Valentina! ¡Valentina! (GRITA) ¡Qué me mata!

¡Detengan a esta jodida mula!

-¿A qué esperéis, coño? ¿A qué esperéis? Vamos.

¡Vamos!

(Música)

Coño...

Mi teniente, mire aquello.

Me parece que estoy viendo al Papa montado en una mula blanca.

-¿El Papa? -Sí.

-¿Qué coño dices?

Cagüen Dios...

Un obispo en mitad de las trincheras fascistas.

El muy cabrón...

Tirano, ¿eres capaz de acertarle al obispo con una píldora?

-Teniente, es que faltan dos minutos para que empiece el bombardeo.

-¿Qué coño importan dos minutos? Somos anarquistas.

-Pues vamos a intentarlo, mi teniente.

(Continúa música)

(Explosiones)

(Gritos de guerra)

¡Valentina!

No, preciosa, no. ¡Valentina!

Deténgame a ese caballo. -Es una mula, mi coronel.

(Música)

La madre que me parió...

(Avioneta)

La hostia puta...

¡Valentina!

¿Dónde te has metido, cantimplora, con el fregao que viene, hostia?

Mierda...

(Explosiones)

Mierda... ¡Valentina!

(Continúa música, explosiones)

Me cagüen la leche...

¿Se puede saber que pollas haces aquí, Juanillo?

Hostia, Benito.

¿Qué haces en un carro? Soy el comandante de un T 26.

El mejor carro del mundo.

¿Qué pollas haces tú aquí en medio del tomate?

Que se me ha perdido la mula. Tengo enfilado al fascista,

¿le meto una ráfaga? -¿Qué ráfaga ni qué pollas?

¿No ves que es amigo mío? Tú tira para abajo.

¿Ahora qué hacemos? ¿Qué vamos a hacer, Juanillo?

Tú te quitas de en medio y me dejas pasar.

¿Qué? Que te quites de en medio

y me dejes pasar. Le estamos dando pa'l pelo a los fascistas.

Muchas gracias, Benito. Ni gracias ni pollas.

Salud y suerte, amigo. Venga, nene.

(Explosiones)

(Rebuznos)

(Tiros, explosiones)

(SUSURRA) Valentinilla...

¿Cómo estás?

¿Cómo está mi niña?

Bien...

Vaya disgusto que me has dado, Valentinilla.

Sí...

¿Cómo estás? ¿Eh?

Guapa.

(Música)

Valentina, tú no tienes ninguna consideración conmigo.

No ves el canguelo que tengo. Ya me dirás tú qué falta hacía

pasar este trago, dímelo.

¿Dónde están los otros?

No hay nadie más. Estoy yo solo. ¿Y qué pasa aquí?

¿Perdón? ¿Que qué haces? ¿Qué haces tú aquí?

He salido a buscar esta mula, se me había perdido, la pobre.

¿Pero tú eres falangista? ¿Yo?

Sí. Yo soy jornalero, lo que pasa

que me pilló la guerra en el otro lado y ya sabe usted,

que la he tenido que hacer con los fascistas pero que...

Que soy de Jaén. Y antes de la guerra,

yo estaba apuntado en el comunismo. Pues nada, de puta madre.

Yo no sé que os pasa a los fascistas, pero es caer en el garlito,

y resulta que sois de izquierdas. No...

No sé si eres de derechas o de izquierdas,

ni me importa, pero lo que queremos es que nos cojas prisioneros

y acabar esta guerra sin daño.

Prisioneros. Sí, eso es, prisioneros.

Vamos que queremos terminar la guerra antes de que nos apiolen.

¿Y qué hago yo? Además que yo no tengo ni chopo ni nada.

¿Cómo que no? ¿No tienes chopo?

¿Vas tú por ahí sin chopo? Me cagüen Dios...

Ten mi naranjero, anda.

Apúntame.

¡Que me apuntes!

Vamos. ¡Venga!

Vamos, Valentina.

(Alarma)

En buena mierda he venido a caer.

Valle de los Pedroches... ¡Valle de los cojones!

Eso que viene es el muerto...

En plena Guerra Civil, le pega un tiro

y espera que venga yo... Mal circo...

(Alarma, explosiones)

Que salga yo de esta, y te juro que dejo de irme de putas, de juerga

y de mal vivir, te lo juro.

(Tiros, explosiones)

Cabo.

Cabo. ¿Dónde coño te metiste?

Ve a ver al comandante Valiñas. Y le preguntas si ya interrogó

a los prisioneros que trajo el acemilero, ¿oíste?

-A sus órdenes, mi teniente coronel. -Venga, andando.

(Música)

Perdone un momento, cabo, soy el repórter del ABC.

¿He oído que un acemilero ha hecho prisioneros?

-Sí, es verdad. -Pero los acemileros no tienen

servicio de armas, ¿no? -No, señor, pero este ha traído

nueve prisioneros rojos.

-¿Y dónde puedo encontrar a ese jabato?

-Oiga usted, se asoma el teniente coronel y me ve charlando

y me empaqueta.

¿Americanos? De hecho, sé bien poco.

Se llama Juan Castro Pérez, y si tiene suerte le encuentra

en el almacén de intendencia.

-¿Y cómo lo reconozco? -Es un mulero más sucio

que un esparadrapo en el dedo de un mecánico

con una bolsa de algarrobas colgando del hombro.

Bueno, ahora que lo pienso, son todos iguales.

Juan Castro Pérez. Yo.

Gracias a Dios que te encuentro.

Soy Fulgencio Benavides. Repórter del ABC, Sevilla.

Tengo que hablar contigo, es urgente. ¿Conmigo?

Tú cogiste ayer nueve prisioneros rojos, ¿no?

Bueno, más que cogerlos se me entregaron ellos solos.

¿Cómo dice? Eso.

Yo iba con mi mula que se me había perdido la pobre,

entonces, se me presentan, hacen así... "Toma",

me entregan el arma y vamos, que lo que querían era rendirse

aprovechando el lío, entonces, ya me los traje para acá, apunte.

Lo que tú has hecho es una hazaña. Que no, hombre, que no,

que lo que querían era entregarse y quitarse del tomate y ya está.

Claro.

A ti no te conviene decir eso.

Tú eres un soldado nacional, no puedes deslucir así una victoria.

Si tú te dejas aconsejar, puede ser un héroe.

Puedes alcanzar honores. Medallas. Yo no quiero ninguna medalla, ¿eh?

Ninguna, lo que yo quiero es que acabe pronto la guerra

y volver a mi pueblo, eso es lo que yo quiero.

Yo te puedo hacer un héroe.

¿Tú has pensado en los agasajos?

En que las mujeres te perseguirán,

que se te entreguen abiertas de patas.

¿Ah, sí?

No.

Que no, hombre, que no, que yo no quiero líos, de verdad.

De verdad, que no, que yo...

Por lo menos déjame que te haga una foto, ¿no?

Ven para afuera.

¿Y esto va a salir en el periódico?

Esa es la idea. Hombre, pues si puede ser,

que no salga mi nombre. Verás, es que yo tengo

a toda la familia en el otro lado y no vaya a tener que lamentarlo,

que ya bastante disgusto se llevaron cuando me pasé.

¿Tú te pasaste de los rojos? Sí, señor, me tocó con ellos,

como soy de Jaén, ya a la primera ocasión me pasé.

Un héroe que se resiste a serlo.

Venga, ahí, derecho.

Venga, valiente.

Usted con la mula, con la mula. Eso es.

Va, valiente.

¡Franco! ¡Franco!

¡Franco! (AMBOS) -¡Franco!

-¡Franco! (AMBOS) -¡Franco!

-¡Primo de Rivera! (AMBOS) -¡Primo de Rivera!

-¡Arriba España! (AMBOS) -¡Arriba España!

-¡Arriba! (TODOS) -¡Arriba!

Muy bien, Juan Castro. Viva Castro.

Gracias. Ahí estamos, sí, señor.

Sí, las posiciones del Cerro del Médico y de Mano de Hierro,

aguantan bien, mi general. Pero, en las avanzadas de la ermita

de la Antigua, tenemos muchas bajas, ya perdimos dos pueblos.

(Explosión)

¿Cómo dice? Disculpe...

Pues no sé de dónde sacan tanto material,

de Madrid, supongo.

Sí, claro, por supuesto, tenemos que levantar la moral

de la tropa como sea... ¿Oiga?

A sus órdenes, mi general.

En tres años de guerra, siempre en pos de la noticia,

hemos tenido la ocasión de conocer a muchos héroes

del glorioso ejército nacional, pero nunca a un héroe tan sencillo

y modesto como el que hoy presentamos.

"Su nombre, Juan Castro Pérez.

Mientras el azote rojo, en su última desesperada agonía,

lanzó sus garras contra nuestro ejercito glorioso.

El cabo, sintió hervir en sus venas el antiguo valor de una racha

que en otro tiempo conquistó el mundo".

"Los milicianos, al contemplar el frío valor del héroe

que ante ellos se erguía, sintieron flaquear las rodillas

y dejaron caer las armas".

No está mal. Sale guapetón en la foto.

"Esto es un español, esto es un soldado, esto es un hombre".

Teniente coronel, ¿qué ese hombre pone ahí?

¿Qué dice...? Es una orden.

A sus órdenes, mi teniente coronel. Yo sé, Castro, si lo sé.

Sé lo buena persona que tú eres.

Pero la gente necesita héroes.

Llevamos tres años de guerra, ya todo el mundo está cansado

de sufrimientos, de privaciones...

Harás un gran servicio a la causa nacional

si te aprendes esa historia y la cuentas tal como ahí la pone.

A sus órdenes, mi teniente coronel. Hoy debes ir a la oficina central

del general Franco a recibir tu medalla.

¿El mismísimo general? El mismo.

Cuánto te voy a echar de menos, bonita.

Escúchame lo que te voy a decir, lo que diga el Chato,

va a misa, a misa, ¿vale?

Y me cuidas de él.

Míralo, que aunque sea muy buena gente,

tiene menos tornillos que un cántaro, el pobre.

Eso sí, Valentina, si hay tomate, te alejas de él,

que este es capaz de haberse cepillado a la Pepi.

Igual es antojo mío,

pero me malicho que algo malo va a pasar

y nos van a separar.

Adiós, bonita.

Juan, Juan.

Juan, qué angustia, Juan. Creíamos que te habían herido.

Qué alegría verte. Hemos leído lo del periódico.

Estoy orgullosa de ti. Ya sé que vas a ver a Franco,

nada menos que al Caudillo. ¿Cuándo vuelves?

¿Tú y yo no habíamos terminado? Qué tonto, que eso fue solo

un enfado porque me sentó mal que me engañaras.

Como si yo solo fuera contigo por tu dinero.

No sabes cuánto he sufrido, no sabía cuánto te quería.

El día del ataque de los rojos, de pronto pensé que te perdía.

Ten cuidado con las de la capital que hay mucha lagarta.

Conchi,

¿tú de verdad me quieres? ¡Cabo! Venga, que nos vamos.

(Música)

No te olvides de mí que te estaré esperando.

(CANTAN) "Carrascal, carrascal, ¡qué bonita serenata!

Carrascal, carrascal...

Carrascal, carrascal...". -Alto, alto.

-¿Qué pasa? -Es medio grave.

Tenéis que dejarlo en el hospital de Fuente Agria.

-Vale. -Que se ha estropeado la ambulancia.

Venga, rápido, que es urgente. ¡Venga!

Alférez, alférez, ¿me oyes?

Que soy yo, el cabo Castro. Cabo...

Quédate con el uniforme, yo no lo voy a necesitar.

No, mi alférez. No pasa nada, lo vamos a llevar

al hospital, ¿vale?

Castro,

que no te quiten tu libertad.

(Música)

¿Quién era?

Buen hombre.

(Música)

¿Un poco de coñac? Muy agradecido, joven.

Yo tengo dos nietos como usted.

En filas.

Hasta la presente, han escapado bien.

Si ustedes no tienen inconveniente,

les voy a recitar unos versos de mi invención,

para amenizar el viaje a la distinguida audiencia.

"Aunque he sido campesino sin poderlo desechar,

a mi vejez, componiendo poemas para la España Nacional.

Escuchen todos a una. Todos pongan atención.

A estos versos que recito, y que brotan del corazón.

Desde encima de la vaca se divisan chaparrales,

olivares, algarrobos, y también los retamales".

(Aplausos)

Muy bien.

-"Todos venimos al mundo sacados de un dulce vientre.

Y unos se ponen las botas, y los otros que revienten".

-Oiga usted. ¿No le parece que eso tira un poco a rojillo?

-¿Qué me dice usted?

Yo soy del Movimiento Nacional.

(DUBITATIVO) Lo que pasa es que usted no me ha entendido.

Ahora... Le voy a decir unas versos en donde está más claro.

"Entonces el que tiene dinero, es suyo, su capital.

No hay derecho a fusilarlos por no querer trabajar".

(Aplausos)

Así que aniquilaste a una sección de milicianos en el frente de Córdoba.

Y volviste con nueve prisioneros. Sí, señor, eso son cojones.

¿Y en la vida civil qué haces? Soy mulero, mi teniente.

Los trabajos civiles están bien,

pero supongo que pensarás en reengancharte

y seguir con nosotros en el ejército.

Jabatos como tú es lo que necesitamos.

Sí, mi teniente.

Déjame presentarte a los otros, que van a recibir medallas contigo.

Sírvete lo que quieras.

Seguid, seguid, seguid.

El sargento Zafra. Novio de la muerte.

Se encaramó a un tanque marxista, forzó la escotilla con una palanca

de las de cambiar las llantas de los camiones

y tiró dentro una granada de aceite.

El cabo Reduan Siufiza, del tercer Tabor de Regulares: un héroe.

Venido de tierras de infieles, pero adscrito a nuestra causa.

El Requeté Alcobendas.

Que sin más arma que su pala de trinchera decapitó

a un comisario rojo luchando cuerpo a cuerpo.

No es mía.

(Corneta)

¡Atenta la Compañía!

¡Firmes!

He dicho firmes. Saca pecho, hombros atrás.

(Himno a España)

¡Presenten armas!

(Himno a España)

¡Descansen armas!

-España. (TODOS) -¡Una!

-España. (TODOS) -¡Grande!

-España. (TODOS) -¡Libre!

-¡Arriba España! (TODOS) -¡Arriba!

¿Qué pasa, Castro? Ya de vuelta, ¿eh?

Nada, poca cosa. Me han jarruchado un poco por ahí y ya está.

He vuelto a la mierda. ¿Cómo está el tomate?

Los Rojos, que están en la última. Ya son pan comido.

¿Qué dice por ahí radio macuto? Yo qué sé.

Coño, que te codeas con generales,

¿no te enteras cuándo acaba esto? Y qué saben ellos.

A verla. ¿Qué?

La medalla.

Qué grande eres. Hala.

(Música)

Juan.

Más guapa que nunca. Tú has estado muy perdido.

Bueno, mujer, después de aquello...

No paro de pensar en ti. No sabes la angustia que pasé.

Y sin saber de ti.

(Música)

¡Joe!

¿Cuándo has aprendido a besar así? En las películas.

Ay, Juan, cómo nos hemos alegrado de que el Caudillo te ponga

la medalla.

Te presento al teniente Camacho, que se hospeda en nuestro hotel.

-Te felicito por la hazaña, cabo. Gracias, mi teniente.

El coronel Gardin me ha dicho que tienes una estupenda carrera

por delante si decides quedarte en el ejército.

Bueno, señoras, si me disculpan, debo de ir al Estado Mayor.

-Y yo os dejo solos, que tendréis mucho de qué hablar.

(Música)

Conchi...

Que no quiero quedarme en el ejército.

Nada que... Que después de tres años de guerra yo ya tengo bastante.

Mira, cuando acabe todo esto,

nos vamos tú y yo, ¿eh? Con la Valentina, a la quintería.

Ya verás, que vamos a ser muy felices.

¿Con la mula? Claro, con la Valentina.

A mí no me gusta la sujeción de la vida militar.

Yo quiero ser libre.

Ah.

¡Valentinilla! ¡Mula!

¿Qué dices? Mula.

¿Qué pasa, bonita? ¿Cómo estás?

Mira.

Ni caso.

Esto es una medalla, Valentinilla.

Esto para las personas es... ¿Cómo te lo explico?

Como si a ti te dieran unas puertas de algarrobas.

La rehostia, vamos.

Ya verás cuando vayamos a la quintería con la Conchi, la medalla,

y las 400 pesetas que nos quedan.

Pero coño, Castro, ¿ya estás aquí, desgraciado?

¡Qué dices!

Eh, salid, que ya está aquí el jefe. (GRITAN)

-A ver la medalla.

-¿Y cómo es Franco? ¿Franco?

Franco es... Recortadito. Muerto no es. "Pasoncete".

Vamos, que cuando lo ves andar,

Parece que las borlas del traje le van a llegar al suelo.

Ahora, que tiene un poderío...

Manda con un gesto.

Hace así. Levanta una ceja.

Y es que los generales de alrededor se cagan.

Como si fuera Dios, pues igual.

Pero lo que más llama la atención,

es la vocecilla que tiene, que tiene una vocecilla así fina como de...

Fina.

(RÍEN) -Bueno, qué, ya has follado, ¿no?

-Eso ni se pregunta, hombre.

-Cuéntamelo ya, que me enfado nada más que de pensarlo.

(RÍEN)

(RADIO) "Parte oficial de guerra.

Del cuartel general del Generalísimo.

Correspondiente al día de hoy, 1 de abril de 1939.

Tercer año triunfal.

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo,

han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares.

La guerra ha terminado. Burgos, 1 de abril Burgos, de 1939.

Año de la victoria. El Generalísimo, Franco".

-¡Que se ha terminado la guerra!

¡Que los rojos se rinden! ¡Viva España! ¡Se ha terminado!

Se ha terminado.

-¿Qué cojones pasa? -A sus órdenes, mi sargento.

Que la guerra se ha terminado. -¿Y eso quién lo ha dicho?

-Lo han dicho en la radio. En el pueblo. El speaker ha leído

el parte del Generalísimo. La guerra se ha terminado.

-A ver si es verdad de una puta vez.

(Gritos y vítores)

Hemos salido vivos, Chato. ¡Que no nos hemos herido en la puta guerra!

Igual ahora me puedo follar a la Pepi.

¡Chato!

(Música)

Castro, esto es para ti.

(Música)

(Pasodoble)

¿Qué he hecho? No, si no me has hecho nada.

Pero es que yo no puedo seguir. Escucha, por favor.

No, no me interrumpas. Déjame hablar que bastante trabajo me cuesta.

Ahora nos queremos mucho. Y todo va muy bien.

Pero lo nuestro no puede durar.

¿Por qué? Pues porque ahora somos jóvenes,

y todo es muy bonito. Pero a ver qué va a pasar.

¿Qué quieres que pase?

Eh, mira, nos casamos. Tenemos hijos.

Pues lo de todo el mundo, ¿no? Que sí, Juan. Sé que eres muy bueno.

¿Pero qué porvenir nos espera en un cortijo?

No pasa nada. Podemos vivir los dos en el pueblo.

Lo que quiero decir es que tú eres del campo, eres mulero.

Y nunca me vas a dar otra vida. ¿Qué vida?

Pues la vida que a mí me gusta, Juan. Caprichos, vestidos,

no sé... Mira, amor mío.

Yo tengo estas manos.

Estas, para que no te falte de nada. Ni a ti, ni al hijo que tengamos.

Lujos no puedo darte, lo sé.

Pero lo que pueda. Además, tú tampoco eres una mujer de lujos,

Conchi. ¿Quién te dice a ti que no?

Lo que pasa es que me has conocido en medio de toda esta miseria.

Yo lo que quiero es tener hijos y criarlos decentemente,

no en medio del campo entre marranos y gallinas.

Pues así me he criado yo. Pues por eso, Juan.

Porque yo no quiero que mis hijos sean como tú.

Yo aspiro a otra cosa.

¿Entonces? Mira.

Es mejor que no nos veamos más.

Adiós, Juan.

No te parezco pobre, ¿verdad?

Tú no estás conmigo por interés.

Tú estás conmigo por quién soy. ¿No, bonita?

Valentina...

Que la Conchi se ha ido con otro.

Así que a partir de ahora pues...

Habrá que trabajar y buscarse la vida,

pero ya sin tiro.

Nos vamos a ir a la quintería.

A hierba fresca de río.

Ya verás lo bien que vas a vivir en el cortijo.

Pero tenemos que tener cuidado.

Tengo un plan.

No queremos que se nos joda, ¿eh?

¿Sabes lo que va a pasar?

Mañana por la mañana vamos a liberar al Marín.

Allí nos licencian. ¿Y las mulas?

Van a revisar las mulas y los caballos.

Luego los mandan a Cádiz en tren, con el regimiento.

Y allí embarcan para las Canarias.

Cuando llegues a Jaén, le llevas esta carta a mi primo Pedro.

Está en la calle Hurtado número 1, y te lo traes de vuelta en el camión.

No tengas cuidado, Castro.

Muchas gracias, hombre. Gracias a ti.

¿Has visto la carta, Valentina?

¿Sabes para quién es? Para el primo Pedro.

Cuando lleguemos te escondo, y él que llevará a la quintería.

En un par de días nos licencian y estaremos juntos otra vez, tú y yo.

Si Dios quiere también licenciarán al Churri, guapa.

Mi teniente coronel.

Hemos estado revisando el material, y falta de todo.

Faltan morteros; faltan ametralladoras; faltan fusiles.

Faltan bayonetas. Falta de todo.

Las mulas no las hemos inventariado todavía.

-Brigada, tres años de guerra desgastan muchísimo el material.

¿Verdad que también faltan soldados? -Sí, mi teniente coronel.

Pero es que no hay ni un parte de baja de nada.

Cuando se pierde un arma hay que entregar un parte de baja,

mi teniente coronel. -Lo sé, brigada, lo sé.

Lo recordaré la próxima vez. Cuando estemos en medio del combate.

(Claxon)

Cabo. A sus órdenes, mi brigada.

¿Eres tú el que lleva la cuenta de las acémilas?

Sí, mi brigada. Has firmado por 17 mulas.

Sí, mi brigada. Son las que pone el parte, mi brigada.

(Música)

Venga, cuéntalas.

No falta ninguna, mi brigada. Cuéntalas.

A mí me salen 17, mi brigada. Analfabeto.

Hay 18. Que los muleros las pongan en grupos de tres. ¡Ya!

Tres, seis, nueve, 12, 15, 18.

Imbécil.

Firme aquí.

¡Firma!

(Música)

(RELINCHAN)

Déjame solo, Chato.

La hemos perdido ya, Juan.

No.

Esa mula se viene con nosotros por cojones.

¿Tú estás loco? ¿Tú quieres que nos fusilen?

¿No ves que las tienen contadas? Me la suda que las tengan contadas.

(Música)

(Aplausos y vítores)

(Música)

Los cabrones de los moros, que se están cargando a los prisioneros.

Chato.

Churri. Churri, Churri, ¡eh!

Churri, ¿me oyes? Soy el Juanillo.

Escúchame, te vamos a llevar al hospital, ¿vale?

Descargádmelas, nos lo llevamos. No tiene remedio, cabo.

Si lo mejor es... ¡Que cargues la mula, hostia!

¡Me cago en la puta!

¿Qué hacéis aquí parados?

-Aquí mi cabo, que se ha encontrado a unos de su pueblo heridos

y los quiere llevar al hospital. -No podemos. Y menos a un Rojo.

Es como si fuera mi hermano y me lo llevo al hospital.

No te lo vas a llevar. Y vas a cumplir las órdenes.

¡Y no voy a dejar a mi amigo, mi sargento!

(Disparo)

(Música)

Boadilla, que te has buscado la ruina.

Carga esa mula ahora mismo, cabrón. ¡Qué!

¿Por qué se ha parado la columna? -A sus órdenes, mi teniente coronel.

Este desgraciado, que quería salvar a un Rojo.

-¿Qué pasa, Castro, lo conoces?

Castro. Mi teniente coronel...

Para el Juanillo... El Curri era como su hermano.

Y el sargento le ha pegado un tiro.

(Música)

Castro, con las tripas fuera no tiene salvación.

Le han ahorrado un buen sufrimiento. Quédate aquí con otro y lo enterráis.

El resto despejad y marchando. -A sus órdenes, mi teniente coronel.

Ya lo habéis oído, ¿atenta la Compañía? ¡Marchen!

-Lo siento, Castro.

(Música)

Me cago en la puta guerra, Chato.

¿Por qué siempre tienen que morir los mejores?

Juanillo, esto ya se ha acabado.

Castro se está desangrando.

Eso quiere decirque es mejor que me cojan muerto que vivir sin libertad.

Te vas a ir con el regimiento a Canarias.

Mejor para ti, ¿verdad?

Claro que sí.

Además que en la quintería, Valentina, lo único que nos espera,

es mucho trabajo.

Y deslomarnos.

Porque don Federico querrá que los pobres le paguemos los platos rotos.

Todo lo que ha perdido.

En Canarias va a haber más.

Una montaña de agua en la que no se ve el fin, bonita.

(Música)

Por lo menos eso es lo que te llevas.

Porque yo...

Con tanta guerra,

mira que se ven cosas...

Pero yo nunca he visto el mar.

Igual te parece extraño, bonita.

Pero me han tocado los cojones.

Adiós.

(Música)

Mula.

(Música)

Bueno, Chato, nos volvemos con lo que teníamos al principio.

Por lo menos tienes la medalla de Franco.

(Música)

(Música)

Ahora ya estamos como estábamos.

Chato. Dime, Juanillo.

Te voy a contar el cuento del Castro.

(Música)

(Música créditos)

Cine en TVE - La mula

11 ago 2018

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