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Para todos los públicos Mañanas de cine - Les llamaban calamidad - ver ahora
Transcripción completa

Hola.

He dicho: "Hola".

Cállate, imbécil.

¿Qué desea? Algo de beber.

¿Güisqui? No, leche.

¿Leche?

Sí.

No, una botella.

¿Una botella? Sí, una botella.

Déjale, el tren no puede tardar.

Eh, tú,...

¿Cómo te llamas? ¿Yo?

Sacramento.

Me cargan los tipos que beben leche.

¿Y a ti? -También.

¿Prefieres el güisqui?

Le llevo esto a mi amigo y enseguida vuelvo.

Despacio, Rayo, ¿qué, estás cansado?

¿No te gusta? Si te pones así, me la bebo yo.

Eres gandul hasta para beber... Anda, bebe.

Déjale en paz, Rick, ha dicho que fuera tiene un compañero.

Y, a lo mejor, son más.

A este le veréis beber güisqui.

Quieto, Rayo, me están esperando.

Está buena, sí, señor.

Sírvele un güisqui doble.

No, cuatro botellas.

De leche... De güisqui. ¿Güisqui?

Una, dos,...

Y tres.

¿Os gusta el güisqui?

A mí, también, a vuestra salud.

(Eructa)

¿Qué pasa,... No bebéis?

Invito yo.

(Pitido de tren)

¿Qué sucede?

Déjanos en paz, otro día.

¿Otro día?

¿Quién sabe si otro día estaréis vivos?

Os pido que os lo terminéis hoy.

Vamos, ya queda poco.

(Eructa)

Así me gusta, que obedezcáis, vamos, vamos, ya queda poco.

Vamos, bebe, chico, bebe.

¿No te gusta el güisqui?

Pues aprovecha, yo te invito.

¿Qué ocurre, no podéis? Os pido que hagáis un esfuerzo.

Estos no han venido.

Vamos, hay que acabarla toda.

Eh, tú, cobra.

Es mucho dinero, señor.

No importa, es gente muy espléndida.

Seguid bebiendo...

(Pito de tren) Está todo pagado.

(Pito de tren)

Vámonos.

Deja...

Eres un hijo de...

Vamos, sube.

Eres un hijo de... ¡Ohh!

(Pitido de tren)

La comida, el tren no puede tardar.

¿Hemos de comer, no? -Solo nos faltaría eso,

eso, quedarnos sin comida.

La paz sea con vosotros, ¿qué tiene de comer?

Nada, reverendo, lo que tenía se lo serviré a esos hombres.

Los libros sagrados dicen: "Compartirás el pan

con tu hermano hambriento y así nunca nacerá la violencia".

Comamos, hermanos.

Come.

Come.

Tú no eres un predicador, eres un cerdo.

No me hables cuando como.

Comed, está muy bueno.

Comed,... Comed.

Come.

Os han traicionado.

¿Quién?

Los que tenía que coger el tren, se emborracharon y han hablado.

No hay que fiarse de esa gentuza, pero, tengo un plan.

¿Qué plan?

Iré yo solo y repartiremos.

No me fio de ti, estúpido.

¡Ohhh!

Con la comida no se juega.

Come, hermano.

Salud, reverendo.

Estos, tampoco han venido.

Aquí tiene.

Me da 10 dólares y solo son 3.

Quédese el cambio,

es gente espléndida, buen provecho, hermano.

Vas a perder el tren, gandul.

(Pitido de tren)

Hay que irse preparando,

reverendo, su pueblo está en la próxima parada.

Gracias, hermano.

Y recuerde lo que le dije: "Controle las fuerzas del mal".

No lo olvidaré, reverendo.

Esos idiotas nos han dejado solos.

Con el miedo que tenían, ¿qué esperabas, que vinieran?

No ha apartado los ojos

de la biblia desde que salimos de Tuxon.

Qué tranquila se viaja con hombres de tanta fe.

La carne es débil, con permiso.

Sí, reverendo.

Hay que actuar.

Esperemos a que regrese el reverendo.

La paz sea contigo, hermano. ¿Qué desea?

Asegurarme de que los sagrados tesoros están bien guardados.

No sé de qué me habla, solo transportamos correo y dinero.

Dinero, solo sirve para envilecer almas.

Sí, pero, hay que vigilarlo.

¿No cargasteis unas cajas en Tuxon?

Sí, pero la etiqueta pone: "Llaves de precisión".

Para abrir el reino de los cielos, hermano, es una consigna.

Nada tienes que temer de este pobre

siervo, abre, evitemos la violencia, hermano.

Esto es un atraco, que no se mueva nadie.

Oh... Qué ocurre, Dios mío.

Llévate a la chica.

Tú, ven aquí. -Oiga, no consentiré que...

No consentirás, ¿qué?

Y si alguien quiere más,...

No tiene más que decírmelo.

Tú, despierta, que te pagan por vigilar, vamos.

Nos llevamos el dinero del banco que son más ladrones que nosotros.

Vamos, abrid la puerta.

Imposible, no nos está permitido.

Entonces,... Despedíos de esta preciosidad.

Nos entregamos, soltadla.

Si no sueltas a la chica, te liquido.

Y yo os liquido a los dos.

Así me gusta...

Que seáis obedientes.

Y, ahora, si no os importa... ¿Por qué no soltáis las armas?

Pasa, hermana, aquí estarás a salvo.

No usemos la violencia.

Yo no lo pensaría mucho, a lo mejor, te quedas sordo.

¿Quiere hacer detener el tren, reverendo?

¿Quieren bajar, señores?

Por favor.

Quietos, ya tendréis tiempo de caminar.

Guarda tu arma, hermano, no es lícito usar la violencia.

Vigilad al otro, del cura me encargo yo.

¿Por qué te metes en esto, reverendo?

Dice el evangelio que cuando te golpeen en una mejilla,

debes ofrecer la otra.

Pero, también, dice que con la vara que midas, serás medido.

(SONRÍE) Je, je, y, ahora, chicos, seguid camino.

Atravesando esa montaña,

encontraréis un pueblo, avisad al sheriff.

Alguien tiene que denunciar el asalto del tren.

Vamos, andando.

Eh, un momento.

Las botas.

Quitaros las botas.

No preocuparos, chicos.

Sólo son 5 millas.

Tú, ayúdame.

Ya nos encontraremos.

Eh, Jim, no nos dejemos el dinero, sería un asalto un poco raro.

Por cierto, ¿dónde está tu padre?

Deprisa, señora, abajo, vamos,... Abajo.

Espere, un momento, déjeme bajar a mí primero, yo, primero, eso es.

Ya, el tren ha sido asaltado, pero, hemos castigado

a los bandidos, no se detenga,

ande, allí, todos juntos, agrúpense, vamos.

Gracias, amigo. -Esto es un atraco.

Fea palabra, señor. Muy amable, señora.

Esto solo es una compensación por nuestros servicios.

¿Pero qué servicio? -¿Qué servicios van a ser?

Si no es por mis amigos, esos tipos roban el tren, seguro.

¿Sus amigos? -Sí, ellos son muy tímidos

y les da vergüenza venir, yo soy como su cobrador, ¿sabe?, sí.

Bueno, señores, si nos les importa,

yo les dejo y que tengan un feliz viaje.

Sí, adiós a todos, ¡feliz viaje!

¡Adiós! Esto es suyo. Y esto de usted. Sí, tenga.

Todo fue una broma, amigos. Aquí están sus cosas, tengan.

Y les repito que tengan un buen viaje. Adiós.

Hala, fuera. Lárguense. Gracias.

Eso es, sí.

Hola, hijo. Este Padre es mi hijo. ¿Qué haces?

Devuélvelo, muchacho. Toma ejemplo de tu padre.

(Disparos)

Buen viaje, amigos.

No te entiendo, hijo mío. Yo soy el cerebro.

Planeo todo el atraco, te enseño cómo hay que hacerlo,

tú lo haces y no sé por qué te empeñas en repartir

con tu compadre. Deja en paz a Sacramento.

Si no fueras mi padre te diría que eres un cerdo.

Ah, no. Eso no lo digas.

¿Estabas hablando de mí? No, no.

Creo que hay unos señores a los que

les gustaría saludarte.

Ah, ¿sí? Mira hacia tu izquierda.

Despacio.

Estáis detenidos.

Esperad, amigos, somos buena gente. Es la primera vez

que lo hemos hecho. Aquí está todo el dinero.

No hagáis locuras. Si disparáis saltamos todos.

Faltan 5 segundos.

Uno, dos, tres, cuatro...

Es un pueblo extraño.

Sí, no he visto una sola mujer. Será mejor que nos vayamos.

No pensarás en mujeres con lo que llevamos encima,

¿verdad, compadre? Es en lo único que vale

la pena pensar, Tequila.

¡Eh, tú! ¿Has leído lo que dice ahí?

(LEE) No se permite la entrada a perros y mejicanos".

Estos malditos gringos, hijos de la tiznada.

Bueno, todos hijos de la tiznada menos tú.

Quédate aquí fuera, Tequila. Está bien. Pero entonces

tampoco entra este hijo de su padre.

Hombre, por ser tu hijo tendría que quedarse fuera,

pero teniendo en cuenta que su madre era ciudadana

de la Unión. Pero yo tengo sed, hermanos.

¿Dónde bebo? ¿Eh?

¿Y para eso te he enseñado a robar trabajando día y noche

para darte un oficio? Eres un desagradecido, hijo mío.

Nadie me ha demostrado que seas mi padre.

Maldito piojoso. Te voy... ¡Ay, mi pie!

¿Quién ha puesto ese letrero?

Yo, y no lo pienso quitar. ¿Has oído, Jim?

Mientras esté ese cartel ahí hay que respetarlo.

Además, lo ha puesto él. Hace tiempo que no entra

en mi local uno de esos sucios mejicanos.

¡Serás asqueroso!

¿Me dejan que les invite a un güisqui?

Sí, no hay inconveniente. -Lo que usted quiera.

Tequila, entra.

¿Qué?

¿Este es el dueño?

Ahí tienes tequila. Bebe.

Ah, no hay nada como el tequila.

Bonita habitación.

¿Qué hacemos con el dinero, Tequila?

Enterrarlo en el cementerio. La gente es supersticiosa,

no le gustan los muertos.

¿Y quién lo llevaría? Oh, pues yo mismo.

Vosotros descansad, ya habéis trabajado bastante.

¿Tú te fiarías de tu padre?

Tratándose de dinero...

No.

Ya no se respeta nada, ni la edad ni la familia.

Anda, vete a dormir.

¿Y vosotros os quedáis aquí con el dinero?

No, compadre. Yo duermo aquí. Aunque sea en el suelo.

Vaya que sí. Aquí en el sofá.

Ha sido un buen golpe, muchachos.

Tequila tiene un cerebro importante.

En este momento tu madre... Deja en paz a mi madre, charlatán.

Sin insultar, que era también mi mujer.

Duerme, Tequila. Oh, tu madre estaría orgullosa

de nosotros. No cuentes siempre

la misma historia. Eres un ingrato, Sacramento.

¡No tienes sentimientos! Como todos los gringos.

¿Te acuerdas aquel día? Sudabas. Los buitres, la cuerda...

La cuerda apretada en tu cuello dispuesta...

En aquel momento mi mente trabajó como caballos al galope.

(IMITA EL GALOPE)

Y dije a Panchito: "Hay que salvar a ese chico".

El resto tú lo conoces como yo.

Han pasado 15 años y siempre te he tratado

como si fueras mi hijo.

No dejes nunca a Panchito. Es un buen chico

pero no tiene cerebro.

Nunca aprenderá a robar bien. En cambio tú has nacido ladrón.

A ti te viene de raza, como tu padre.

Si algún día tuviéramos que separarnos, que ojalá no,

yo seguiré pensando en vosotros dos.

Estad siempre unidos, y no dejes a Pancho.

Es igual que un niño.

Que no le falte la comida.

¡Tequila!

¿Dónde vas?

Nada... A dar una vuelta.

No podía dormir y me dije...

(SUSURRA) Malditos piojosos, haciéndose los dormidos.

Me dejan que les cuente toda la historia. Cochinos.

El tren ha sido asaltado. -Naturalmente ¿Para qué

creéis que os contraté?

Es que, no es eso, señor Cray.

Está bien.

¿Dónde está el dinero? -Es que no lo tenemos.

Conmigo no se juega.

¿Dónde lo habéis escondido? -Lo robamos y luego nos lo robaron.

(RÍE)

Lo robasteis y luego os los robaron.

(RÍE)

De todos modos, los colonos no podrán pagarle, señor Cray.

¡Cállate, imbécil!

¿Dónde está el dinero?

¡Ah!

¡Ay!

Vamos, Tequila. Vas a pasar la noche en el establo

que es lo que te mereces.

Ah...

Ahí dormirás más fresco.

Ja, ja, ja. Roncabas demasiado.

¡Eh! ¡Eh!

¡No!¡No me dejéis aquí! ¡Malditos ladrones!

¡Desgraciados! Sois capaces de robar a vuestro padre.

(LLORIQUEA) Sin ti la vida no merece la pena, Marián.

¡Eh, amigo! ¿Qué le ocurre? -Los muertos se levantan

en el cementerio. -¿Los muertos?

¿En el cementerio? ¡Ah, sí claro!

Güisqui. Deme, deprisa. -El dinero.

Yo le pagaré, Blinky. Necesito beber.

Es un problema de muertos. -El dinero.

Sírvale, yo le invito.

¿Qué decía de los muertos? -¡Tres! Eran tres.

Enterraron a uno. Y los otros salieron de la tumba.

¿Y cómo eran esos muertos? -¡Muy grandes!

¿Grandes? ¿Altos? ¿Uno con mucha barba?

¿Tú has estado en el cementerio? -No, pero voy a tener que ir.

¿Vas a ir allí? -Bueno, no ahora. Quiero decir

que un día u otro todos tenemos que ir allí.

Sí. Hijos de su tía.

Ahora van a saber quién es el viejo Tequila.

Déjate de presumir y habla ya.

¿Cuándo nos repartimos el dinero?

No sabes entender la vida. Además del dinero, ¿qué nos falta?

Comida.

Y mujeres. ¿En este pueblo hay mujeres?

Dígaselo usted. En la primera esquina,

la segunda puerta. ¿Y qué tal?

Lo mejor del estado. Además, no hay más hoteles.

Está como una tapia.

Gracias, abuelo. Adiós.

La barba y arreglar un poco el pelo.

No son del pueblo, ¿eh?

Se nota, sí.

Aquí tienes un perfume.

Se nota enseguida. Entonces no sabrán lo que ha ocurrido, ¿eh?

Han robado el tren.

No... Sí.

¿Se sabe quién ha sido? No, pero pronto se sabrá.

Estos tipos se descubren solos.

Empiezan a gastar dinero.

A presumir.

Bebida, mujeres, juego...

Aquí quisiera tener yo a los que se han llevado el dinero.

Toda la cosecha de los agricultores.

Llegan unos desalmados y ¡zas!, se lo llevan todo.

¿Ese dinero era de los agricultores?

¡Claro que sí!

Y alguien habrá que se estará alegrando.

¿Qué quiere usted decir? ¡Es otro que quisiera tener aquí!

Con la navaja... Muy buen trabajo, amigo.

Muy buen trabajo.

Tome, vamos a perder el tren.

Con que habíamos robado al estado, ¿no?

Tienes un padre que da unos informes...

Por cierto, no le he visto esta mañana.

Ayer no pegó ojo. Estará dormido. Es muy fácil dar órdenes.

Hay que encontrar el dinero.

¿Pero dónde? -Vete a saber dónde estarán

ese par de piojosos.

Me dejaría cortar una mano para saber dónde están

y poder aplastarlos.

Y yo.

Ya están aquí esos sucios agricultores.

Tú, ¿por qué no vas a vender tus coles a otro pueblo?

¿Has oído lo que te han dicho o es que eres mudo?

Eh...

Vaya... Es una mujer.

Yo la vi primero.

Eh, fijaos quién está aquí. ¿Nunca han visto una mujer?

Desde hace un mes, no. Pues sigan teniendo paciencia.

Es una gran virtud, chicos. Déjeme en paz.

No necesito que me ayude.

He venido para ir al banco.

Vamos.

Apártense, voy con mi novia.

¿Quién os habéis creído que sois? ¡Estúpidos!

Eh, yo soy el hermano de la novia.

Tómese una copa. No quiero beber,

quiero ir al banco. Le sentaría bien.

Habrá que retrasar la visita, ¿no le parece?

¡Largo de aquí! Que se te va a ensuciar el traje.

Pensándolo bien son muchos. Será mejor que se la lleven.

Sí, tienes razón.

Ya sabía yo que estos tipos tan elegantes..

¡Perro sarnoso!

Os he dicho que no me toquéis. ¡Aah!

Ya te dije que ahora no podías ir al banco.

A esta mujer la vimos nosotros.

¿Por qué no nos explica qué ocurre en este maldito pueblo?

¡Ah! -No ocurre nada.

Habría que volar el pueblo.

Es solo un atajo de bares. -¡Ah!

Pues, si hay que volarlo, puede usted contar conmigo.

(Relincho de caballo)

Ah, ¡qué pesado!

¡Espere un momento!

Usted sabe que nuestro deseo es pagarle.

-Sí, lo comprendo.

Pero yo no puedo conceder más aplazamientos.

-En cuanto vendamos la próxima cosecha...

-Lo siento, Jenny, yo también tengo mis obligaciones.

Si en el plazo de ocho días no habéis liquidado al banco,

me veré obligado a echaros de vuestras tierras.

-¿No le importa lo que les ocurra a todas las familias

que vivimos en el valle? -Esto es un banco, Srta. Mckinley,

no una casa de caridad. -Si no hubieran asaltado el tren,

no tendríamos que pedirle nada. Y lo sabe.

¿Quién está tras esos forajidos?

-¿A qué se refiere usted?

-Se lo diré el día que esté segura.

(Se oyen pasos acercándose)

-¿Desean algo los señores?

Eh, pues veníamos a depositar una fuerte cantidad de dinero.

Lo que ustedes deseen, pasen. No nos interesa.l

E banco ofrece poca garantía.

¿Qué dices ustedes? Es el más seguro del estado.

Muy poca vigilancia, un guardia solo y, además,

completamente dormido.

Pero, escuchen, señores... ¡Oigan!

Volveremos otro día.

¡Despierta, imbécil!

Hemos oído que han asaltado el tren.

¿Eso a ustedes les importa? Podríamos ayudarles.

¿Ayudarnos a qué? ¿Tienen acaso ustedes el dinero?

No, no. Pero quizá podríamos averiguar

quiénes fueron los asaltantes. No se molesten,

los hombres del banquero. Ah...

Fueron ellos, ¿está segura?

Entonces no hay problema, ya los encontrarán.

Yo les haré decir dónde está el dinero.

No creo que lo logres, a lo mejor te cierran la boca antes.

Son mala gente. Sí, quizá sea mala gente,

pero seguro que son cobardes. No insultes,

que te arranco la cabeza...

¿Qué ocurre? ¿De quién están hablando?

No, no... ¡Nada!

Este pueblo es peligroso, ¿la acompañamos?

Eh, gracias, otro día.

Está bien, si no quiere, usted se lo pierde.

Esta es para mí.

Hace tiempo que no beso a una mujer.

-Ya se lo contaré a tu mujer, hipócrita. ¡Ah!

Sacramento, no pienses cosas extrañas.

Toma. Con pan, los huevos fritos entran mejor.

¡Eh! ¿Dónde esa pata de cordero?

Trae...

(DISPARA) ¡Ah!

¡Ay, mi pierna!

La próxima vez te haré un agujero

entre las dos cejas, ¿de acuerdo?

Sigue comiendo tranquilo, pero no te muevas.

Soltad las armas.

El dinero, he dicho el dinero.

¿Cómo? ¿El dinero?

¡Ah, sí, el dinero...!

(RÍE) ¿Tú sabes dónde está?

¿Yo? No.

¿Lo ve? No se haga el gracioso

o le va a sentar mal la comida.

No hay que molestarle cuando come,

cree que se lo van a quitar y se enfada.

¿No iréis a hacer caso a estos estúpidos?

¡Vamos! Soltad las armas o volamos todos.

¿Os gusta la idea?

¿Otra vez la dinamita? -Es un truco muy viejo.

Sabemos reconoce cuando un cartucho es falso.

(RÍE) Esta vez se han dado cuenta.

¡No pasa nada, venid! ¡Venid!

(Explosión)

Te dije que los comprases más potentes.

(Explosión)

Con lo buena que estaba la pata de cordero.

Ya te lo dije, Bill, este whisky es dinamita.

¿Dónde estará ese maldito dinero?

El único que sabía dónde estaba eras tú.

No me gustan las bromas.

Siendo hijo de tu padre...

(Aullidos)

¡Tequila!

Ah...

(Música animada de guitarra)

Toma, hermano, toma todo esto y no estés tan triste.

Guárdalo bien. Repártelo entre la familia.

Y dale algo a mis sobrinos, ¿eh?

Mientras esté Tequila, no os faltará nada.

(APLAUDE) ¡Bravo, bravo, muchachitas!

Sentaos aquí conmigo. Eso es.

Sí. (RÍE) Todo este dinero

es para vosotras.

Para ti también habrá.

-Cómo se nota que es un rico hacendado.

-Y de noble alcurnia. -¿Dónde dijo que tiene la hacienda?

-¿Una hacienda? Yo lo único que tengo es dinero.

-¿Entonces de dónde lo sacó?

-Del mismísimo cementerio.

Eh, quiero decir, de donde fueron mis parientes.

Ah, oh...

Pero no hablemos de cosas tristes.

Bebamos.

-En esa taberna podrán decirnos si lo han visto.

-Si no, regresamos al pueblo, estoy harto de ir tras el viejo.

-¡Dinero y amor, Rosita!

Levantaos, chicas.

-Buscamos a un viejo paisano tuyo.

-¿Para qué lo buscan?

-Es un delincuente.

-¿Ese quién es? -El más rico hacendado de aquí.

-No me gusta esa gente. Avisa a tus amigos

y échalos de aquí. -Enseguida, hermano.

Eh, oigan, a mi hermano no le gusta beber donde hay gringos.

Así que fuera ahora mismo.

-¿No habría manera de arreglarlo? -Ya se me están rajando.

-¡Dámelo! (RÍEN)

(Golpes)

-¡Ven aquí! ¡Ah!

(Gritos)

-¡Tequila! ¡Tequila!

Es mejor que lo arregles con dinero.

-Si lo quieren, pues... Yo no quería,

pero me convencieron para que lo llevara a México y...

No me harán nada, ¿verdad?

¡Hijo! ¡Estoy aquí!

¡Eh!

¡Eh, no aguanto más!

¡Eh! Descansaremos un rato,

vamos a hacer un poco de café.

Sí, no es mala idea.

Dame un cigarro.

¡Eh, estoy aquí!

¡Eh!

¿Qué hacemos, Sacramento?

Pues... ¡Eh!

Tengo un plan.

Puedes hablar tranquilo,

no creo que haya un alma en 10 millas a la redonda.

Soltadme, hijos de perra, que no aguanto más.

¿Tú crees que el banquero

estará detrás de todo esto?

¡No, no!

Yo creo... que sí. ¡No!

Hizo asaltar el tren para quedarse con las tierras del valle.

Sí. Pero el dinero nos lo llevamos nosotros.

Sí, pero no sabíamos absolutamente nada.

Nosotros no, pero el que se llevó el dinero del cementerio sí.

¿Dónde te parece que estará ese dinero?

¡Os lo diré! ¡Os lo diré!

¿Has oído algo? Os lo diré.

No.

Os juro que os lo diré.

Os lo juro.

(Disparo) ¡Ah!

¿Dónde está el dinero?

Me lo robaron.

Agradezco que estéis aquí, pero volved con vuestros maridos

o con vuestros novios. Os lo he dicho mil veces.

Así no conseguimos nada. -Yo estoy de acuerdo contigo.

Llevamos aquí más de un mes y... -Tú cállate.

Fuiste la primera en quererte marchar.

-Sí, pero el tiempo pasa y aquí no arreglamos nada.

-Tienes razón, el banquero nos echará de estas tierras.

-Yo de aquí no me voy y, si vienen los hombres del banquero,

los recibimos a tiros.

-¿No hablabas de ellos? Ya puedes ir cogiendo el rifle.

(CARGA EL RIFLE)

Espera. Y dispara solo para asustarles.

(Disparos)

(Relincho) -¡Ah!

(Disparo) ¡Cuidado!

Que son los hombres del banquero. No continuéis, es peor.

Levántate. ¿Pero para quién?

Sal del agua, Tequila, que vas a envenenar los peces.

¡Malditos piojosos, sois un par de locos!

¿No oís los tiros?

(Disparo)

Camina, gandul, vas a coger una pulmonía.

¡Esperadme, malditos!

-Estos dos tipos no hace ningún caso a los disparos.

-No dispares más, creo que sé quiénes son.

-¡No dejéis a vuestro padre! Solo veo mujeres.

¿Tú que ves? Yo no veo nada.

Tengo hambre. (RÍE)

¿Pero adónde vais, hijos míos?

¿Queréis meteros en la boca del lobo, eh?

-¡Alto o disparo!

¿Es así como recibes siempre a las visitas?

¿Qué quieren?

Enseñarle a disparar, tiene mala puntería.

Será mejor que se marchen si no quieren que lo demostremos.

-Yo creo que esta chica tiene razón, y un rifle.

Vámonos. Nos iremos cuando nos expliquen

lo que está ocurriendo.

¿Y eso a ustedes qué les importa?

¡Quita, Rayo!

¿Cuántas familias viven en este valle?

¿Le preocupa mucho?

Ah... Buenos pastos.

Ahora comprendo que les quieran echar.

¿Y usted de qué parte está?

Ah, de la ley. ¿No serán agentes federales?

No, no diga eso. (RÍE) ¿Si somos...? ¡Oh, no!

¿Cuánto tiempo hace que los hombres y las mujeres

viven separados? Un mes.

Yo creo que es mejor que sigamos nuestro camino.

Sacramento, acuérdate de lo que ocurrió la última vez.

¡Un momento, un momento! Tenemos que hablarlo con calma.

Encontraremos la solución.

La solución es encontrar el dinero. Les ayudaremos.

(Trote de caballos acercándose)

Mejor déjenles acercarse, no les perderemos de vista.

Escondeos.

-Ahora nos podemos divertir.

-Ahí está la testaruda de Jenny.

-Vamos.

-¿Qué haces aquí sola? ¿Te gusta presumir de valiente?

-Váyanse de aquí. Y díganle al banquero

que sabemos quién nos ha robado el dinero.

Y que de este valle no nos iremos.

-¿Dónde están las otras mujeres? Diles que salgan.

-Me lo puede decir a mí.

-No sé lo que hacemos aquí. -Yo les correría a tiros.

Espera. Tenemos que saber dónde está el dinero.

Y eso, a tiros no se consigue.

No perdamos más tiempo.

-O se largan de estas tierras,

o todo el valle se llenará de cruces.

-Y sería una lástima.

Según de quién fueran las cruces.

Y me temo que serían vuestras.

Hemos venido a saber una cosa. ¿Dónde está el dinero?

(DISPARA)

(Disparo)

Aunque no os guste, vais a tener que hablar.

¿Qué preferís? ¿A tiros o a puñetazos?

A puñetazos.

Habéis escogido un mal camino.

Yo sé quién tiene ese dinero.

¿Y a qué esperas? Sam.

¿Tú te acuerdas quién robó el tren?

-Sí. Un viejo borracho,

un tipo fanfarrón...

-Y un gordo con pinta de cerdo.

Te voy a aplastar como a un escarabajo.

Un momento. No puede referirse a ti.

Sí. Nos referimos a él.

Vosotros robasteis el tren.

Eh... No, no.

Pero vosotros me lo robasteis a mí.

¿Con que queríais ayudarnos?

Un momento, Jenny. Yo te lo explicaré.

¡Eres un canalla, como todos los demás!

¡No, Jenny, te lo explicaré todo!

¡No dispares! ¡No, no!

(GRITAN)

(DISPARA)

¡Vete de aquí o te mato! (DISPARA)

¿Te has fijado? Come como un cerdo.

¿Qué estás pensando? Habla claro.

Muy sencillo de entender. Claro, que es difícil

que tú lo entiendas. Nos robaron el dinero

y hay que recuperarlo. Pues claro.

Con lo que sufrimos para ganarlo.

Y cuando lo tengamos, ¿qué?

Lo repartimos a partes iguales. Muy bien pensado.

A partes iguales entre los granjeros.

No me interesa.

¿Pero qué estás diciendo, hijo mío?

¿Quién habla de dar dinero a nadie?

Conmigo no contéis. El día que asalte un banco, será para mí.

Hasta la vista, amigos.

Me voy a algún sitio donde el dinero se gane más fácilmente.

Espera. Tengo una idea. No. Ya tuvisteis la del tren.

¿Y nos dejas solos?

¿Y dejas a Sacramento, tu mejor amigo?

Mi mejor amigo soy yo mismo.

¿Y a tu padre también? Eres un ingrato, Pancho.

He pasado años enseñándote a robar,

inculcándote los principios más beneficiosos

para un hombre para que no tuvieras que trabajar como un mulo.

Que tengáis suerte.

Sin ese tipo, nos va a ser más difícil.

Tú y yo lo hacemos solos.

Ese chamaco no sirve.

Yo le enseñé muy bien, pero no tiene casta.

A veces, dudo de que yo sea su padre.

Tequila, suelta a esos tipos. ¿A esos hijos de perra

que me dejaron colgando de un árbol?

Suéltalos.

¿No irás a matarles como a conejos?

De eso se encargará el banquero.

¿Qué quieres decir? ¿Los matará el banquero?

Conozco muy bien a Cray.

He oído decir que esta noche piensa escapar.

Os mandará lejos y se irá con el dinero.

Entonces, ¿no nos liquida?

Pues eso depende de lo que corráis.

(DISPARA)

(Disparos) ¡Eh!

Que os olvidáis los caballos.

No entiendo nada, compadre.

Mi hijo me abandona y me deja con un loco.

Vas a ir a llevar un mensaje al banquero.

¿Qué?

No pienses, cerebro. Eso no es lo tuyo.

¿Malas noticias? -¿Qué te lo hace pensar?

-Su cara. -Te equivocas. Muy buenas.

Esta noche no os voy a necesitar. -¿Y quién guarda el banco?

-¿Lo asaltaron alguna vez?

-¿Y los que asaltaron el tren? -Deben estar en Méjico.

Llega el juez y no conviene que nos vea aquí.

Es mejor que os vayáis. -¿Cuándo cobramos?

-El juez solo estará aquí un día.

Os espero mañana en el banco.

-Bien. -Ya lo habéis oído.

-Di que lleven el dinero a la taberna mejicana.

-Yo creo que lo que os dijo aquel tipo, es cierto.

-Este cerdo quiere librarse de nosotros.

-¡Rick, Sam, venid aquí!

-¿Qué otra encerrona nos estará preparando?

-¿Qué ocurre ahora?

-Tengo malas noticias. -¿No decía que eran buenas?

-La situación ha cambiado.

Os quedáis esta noche guardando el banco.

He sabido que esos hombres están muy cerca.

-¿Cree que intentarán asaltar el banco?

-Estoy seguro. Tú y Jack vais a sacar el dinero de aquí.

Llevadlo a la taberna del mejicano.

-¿No estaría más seguro aquí? -No.

Puede haber un registro judicial. Quietos.

Mientras haya peligro, os quedaréis aquí conmigo.

-Esto debe ser una encerrona de Cray.

-¿Y si nos lleváramos el dinero?

(RÍEN) Eso es una buena idea.

Pasen. ¿Por qué no tomamos un trago juntos?

Vamos, obedeced, ladrones.

Queríais robar al banquero, eh.

¡Pasa! Mira lo que se querían llevar estas cucarachas.

¡Entra, vamos!

El dinero. No lo tenemos

Conque haciéndote el gracioso, ¿eh?

Le juro que no lo tenemos.

-Y si lo tuviéramos, no te lo daríamos.

¿Por qué no me lo ibas a dar? Porque me caes muy mal.

¿Conque te ibas, eh?

¿No estarás buscando esto?

No me has hecho quedar mal, Panchito.

Te lo decía, compadre. Este hijo mío tiene mucha casta.

Trae ese dinero.

El plan lo hice yo.

Sí. Lo sé. Lo hiciste tú.

Pero el dinero lo tengo yo.

Bueno, chicos, repartimos entre los tres.

No. No hay reparto.

¿Esto cómo lo ventilamos? ¿A puñetazos o a tiros?

A tiros no. No quiero ventajas.

Eres demasiado lento para mí.

¡Fuera de aquí! O me lío a bofetadas.

Empieza tú.

Vamos, pega. ¿Cómo pega? Ya te ha dado.

Ah.

Te vas a romper la muñeca.

¡Fuera y entregaos!

¡No interrumpáis! ¡Entrad a tomar una copa!

(Disparos)

¡Devolved ese dinero y yo mismo os defenderé ante el juez!

¿Y qué haría con ese dinero?

Entregárselo a su dueño, el señor Cray.

No creo que los granjeros estuvieran de acuerdo.

¿Y ellos qué tienen que ver con esto?

Pregúntaselo al que te paga, al respetable señor Cray.

Habla demasiado, sheriff. Hay muchos que esperan esa placa.

Sáqueles de ahí. -¡Fuera con ellos!

-Os damos una hora de tiempo.

Si no entregáis el dinero, volamos la casa.

Si esos tipos se escapan, será mejor

que desaparezca de este estado.

-Vigilad las salidas de la calle.

¡Vamos, deprisa! ¡Levantad barricadas!

Me voy a dormir. Avisadme antes de la explosión.

¡Eh, Jim, despierta!

¿Eh? Tu padre y yo podríamos salir.

Tú comes demasiado.

Este gordo, cuando no come, duerme.

Qué bien cocinan estos mejicanos. Tequila, acércate.

Estas judías están deliciosas.

Qué sabor tienen.

Déjame probarlas. Claro.

¿Cómo las encuentras? ¿Un poco picantes?

(RÍE)

Panchito, mira esto. Mira.

¡Panchito!

Perdona, hijo, pero no quiero que te quedes huérfano.

¡Ay!

Tened cuidado conmigo.

-¿De cuánta dinamita disponemos? -Hay suficiente.

Tenemos ocho cartuchos. -¿Solo ocho?

Busca al dueño del almacén y trae toda la que encontréis.

Steve, vete con él. -Vamos.

-Venga.

Andando.

La dinamita. -Solo tengo dos cajas.

-Con una basta para hacer saltar a esos hijos de perra.

-Ha transcurrido el plazo. ¿A qué esperas?

-Eh, vosotros.

¿Me escucháis? Transcurrió el plazo.

¿Vais a salir o volamos la casa?

Oh, ¿dónde está la otra?

Yo no la tengo. ¿La tienes tú? No, la tienes tú.

Yo tengo esta. ¿Pero y la otra?

Ten, voy por la otra.

Eh, ¿adónde vas? ¡Que van a volar la taberna!

¡Ya!

Desapareció el cerebro.

¡Eh, sacadme de aquí!

¡Tequila!

No hay quien acabe contigo.

¿Está todo el dinero?

(RESOPLA)

Siéntate y descansa.

De esta se van a acordar.

¿Qué estáis mirando?

Ya nos habéis matado, ¿qué más queréis?

Otra vez ese truco. -Cuidado, acuérdate del salón.

Sois mala gente, chicos, demasiado violentos.

Soltad las armas.

Obedeced.

Tire ese cartucho.

Podemos hablar.

¿Hablar de qué?

De dinero.

No llegaremos a un acuerdo, lo queremos todo.

Supongo que no se le ocurrirá tirar ese cartucho.

Pues no esté seguro, ustedes nos tiraron uno.

(Silbido)

No explotó.

Es fácil presumir contra hombres desarmados.

Si es por eso...

Tú.

La tuya.

¿La mía?

¡Ah!

Toma.

¡Le quedan tres segundos! ¡Suerte, chicos!

(Explosión) ¡Mi banco!

(Relinchos)

A ese cerdo dejádmelo a mí.

No tocarme que os arrepentiréis.

Es cierto, no lo hagáis, que después se enfada.

¡Te voy a matar, cerdo!

¡Ah!

¡Ah!

Me has tirado el cigarro.

Qué pesado.

¡Ah!

Con permiso...

¡Vamos, liquidadlos!

¡Son una carroña!

¡Los quiero vivos!

(GRITAN)

He dicho que no me toquéis.

¡Toma, toma y toma!

¡Eh, estoy aquí!

¿Dónde estará ese hijo de perra?

Aquí.

Cuidado, no te hagas daño.

¡Ah!

¡Ah!

Duro.

¡Ay!

(Golpes)

¡Eh, Jim, arriba!

¡Qué pesado!

¡Venid!

¡Os he dicho que acabéis con ellos, que sólo son dos!

¡Vamos, Pancho, tira fuerte!

¡Vamos, tira!

¡Salta, Sacramento!

(GRITA)

¡Ah!

¡Ah!

Largo de aquí, Tequila, que te van a matar.

¡A este le deshago el estómago!

De nada. (GRITA)

Ven aquí.

¡Aaaaah!

¡Eh, Jim, arriba!

¡Otro!

¡Ahí va otro!

Bajad de ahí, que el dueño de la casa no os ha invitado.

¡Apártate, Tequila!

Ahí os va un regalo, chicos.

En mi próximo pueblo...

usted no será el sheriff.

Ahora ya no te escapas.

No.

Eh, ¿qué os parece, será falso este cartucho?

¡Tequila, sal corriendo! ¡Sí!

(Golpes)

¡Ah!

(Golpes)

¡Yo te mato, gordo!

¡No me toques!

¡Y no me llames gordo!

(Golpes)

¡No me toques, repugnante!

Vamos, Jim, dejemos que se peguen.

Vamos a por ellos, que vean que somos valientes.

¿Para qué querías tú estas tierras?

Ahora lo averiguaremos. Y va a ser a puñetazos.

¡No, a puñetazos no!

¡A puñetazos no!

Ah, caballos para los vencedores.

(Relinchos)

¿Y si son refuerzos del banquero?

Yo ya no doy un puñetazo más.

¡Estamos perdidos!

¿Qué haces, loco? Vas a volar el pueblo.

Ahí tienes los refuerzos del banquero:

las mujeres del pueblo.

¿Puede decirme qué es lo que ha ocurrido?

Pueden estar contentas, los hombres del pueblo

han derrotado al banquero y a su banda.

¡Bravo, Rick! ¡Sabías que eras un valiente!

¡No me has defraudado, Joe, te quiero!

¡Rick, sabía que lo harías!

¡Serás el orgullo de Canyon City, amor mío!

Tendrán que edificar otro pueblo.

¿Cómo van a hacerlo sin dinero?

¡El dinero! ¿Dónde estará ese viejo zorro?

¡Tequila!

(Música)

Hijo, te enseñé a robar pero nunca aprenderás,

te falta el cerebro de tu padre.

Sacramento y tú tenéis mucho que aprender.

Sois unos buitres.

Ánimo, Tequila.

¿Dónde me llevas?

¿Qué quieres hacer? Eres un loco.

Mi amigo ha conseguido recuperar todo el dinero

y quiere entregárselo a ustedes.

¡No, no!

Tome. Gracias.

El último cartucho.

¡Petróleo! -¡Ha salido petróleo!

¡Nos quemará todo el pueblo! -¡Edificaremos otro!

¡Somos ricos, tendremos un pueblo mejor!

(Gritos de júbilo)

¡Petróleo!

Hasta la vista, Sacramento.

Eh, tú, ¿adónde vas? ¿Dónde quieres que vaya?

A donde me dejen robar tranquilo.

¡Ah! ¡Vámonos, Sacramento!

Vámonos de este pueblo, que todo son disgustos.

¿Pero qué hace? ¡Un momento!

Adiós, Jenny, vendremos muy pronto a verte.

Mañanas de cine - Les llamaban calamidad

21 ago 2019

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