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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 31/10/18 (1) - ver ahora
Transcripción completa

¿Un desprendimiento de retina?

-Tú no te preocupes. Te van a operar rápidamente.

-No puede ser. Tenemos los clasificatorios ya mismo.

-Bueno, el doctor Silva es un excelente profesional.

-Seguro que sí.

Pero, seguro que tampoco sabe que un día más o un día menos

es la diferencia entre llegar a los clasificatorios o no.

-Al doctor Silva le han invitado a la gran cena de gala

que organiza la Federación de Atletismo,

¡para celebrar sus logros! Feliciten a su compa.

¡Merecido!

Ya te lo dije. Esta intervención iba a marcar un antes y un después,

tanto para ti como para el resto del hospital.

El éxito es efímero: viene y va.

Y ahora lo tienes tú y lo tiene este hospital.

-Te dejo, que tengo que atender a unos pacientes.

-Venga. -Hasta luego.

-Hola.

-Cuánto tiempo, ¿no?

-Sí que hace tiempo, sí. -¡Qué bueno!

Oye, y me iba a tomar un café ahora.

Podríamos desayunar juntas y nos ponemos al día. ¿Eh?

-Pues mira, no. Porque tengo mucho curro hoy.

-Delante de mí le hicieron un desplante que ni te lo creerías.

Yo hablo por mi experiencia, y esa chica, yo qué sé. Mmm... Mm.

Tenemos un tratamiento experimental para ti.

-Se trata de inocular el virus de la viruela,

modificado en laboratorio,

para que ataque a las células cancerosas

y no a las sanas. -¿Qué? ¿Qué te parece?

-¿Acaso tengo otro remedio? -¿Es un sí?

-Bueno. -¡Vaya, qué bien!

Esperábamos un no rotundo, Imanol. -Sí. Nos has pillado desprevenidos.

-Quería agradecerte...

que te preocupes tanto por el tema de Imanol, ¿sabes?

Gracias, de verdad.

-Perdona. Ah... Ha sido un impulso.

Sirena.

Muy buenos días.

-¡Uy! ¿Y esa cara de felicidad? -Las ganas que tenía de verte, Rafa.

-Venga. A ti te ha pasado algo, ¿no? Algo bueno.

-¿A mí qué me va a pasar? Estoy como siempre.

-Que no. Que estás como más guapo, hombre.

Que no sé por qué, pero estás como... Como con el guapo subido.

Más luminoso. Como... ¡Con un brillo especial!

-Sí, que me he cambiado de champú. Anda...

Ponme un café y una tostada, Rafa.

-Que sí, que te lo pongo, pero que a mí no me engañas, ¿eh?

A ti te ha pasado algo. -Ya.

-Buenos días, doctora Vega. ¿Qué le pongo?

-Buenos días. Un café. Rápido, que tengo prisa.

-Marchando.

-Hola.

Buenos días. ¿Qué tal el finde? -Bien, normal.

-¿Solo normal? -Mm...

-Qué lástima. El fin de semana hay que aprovecharlo para conocer gente.

Salir, hacer contactos... ¿Mmm?

Igual has tenido la suerte...

de conocer a algún tipo súper irresistible,

y te has besado con él locamente, en el banco de un parque.

Por ejemplo. -No me suele pasar.

-Ah, ¿no? -No.

-Lo tomaré como un cumplido. Mmm.

-¿Te importa? Está entrando gente del hospital.

-Perdona.

(A LA VEZ) -Buenas. -Buenas.

-Por cierto, ¿qué tal Imanol?

¿Está respondiendo bien al tratamiento?

-Es pronto para saberlo.

Hoy tendremos los primeros resultados de las analíticas.

-Mmm. Podemos revisarlos luego. -Uy, no tengo tiempo.

Además, ahora ya es tu paciente. ¿Mmm?

-Mire: ¿Qué le parece el corazoncito que le he puesto?

Estoy haciendo estas chorraditas y a los clientes les gusta mucho.

¿Qué pasa? ¿Que no le gusta?

-Muy bonito, Rafa.

Pónmelo para llevar, anda. Que tengo prisa.

-Es que, si se lo pongo para llevar, se va a estropear el dibujito.

-¿Sí?

-¿Qué pasa? ¿Que he metido la pata con el corazoncito?

-No, no, no te preocupes.

Pero la próxima vez ponme uno a mí también, ¿no? ¿O qué?

-¡Uy! Es que no se puede ser generoso en esta vida, de verdad.

-Ay... Generoso...

-¿Cómo vas? -(SUSPIRO).

-Vale, Teresa. Ya estamos aquí. Ya llegamos. A ver.

Espérate aquí sentada, ¿eh?, y yo voy a ir a buscar a un médico.

¿De acuerdo? ¿Te encuentras mejor? -Creo que sí.

-¿Sí? -Mejor que en el avión.

-¡Ah, pero si estás ardiendo, por favor!

Vale. No tardo nada, ¿eh?

Uy, ¿tienes ganas de vomitar? ¿Te..., te traigo una bolsa?

-No. Vete, vete. -Vale, vale, pues espera.

Por favor, necesito un médico para mi suegra.

(MEGAFONÍA:... acuda a Sala de Personal, por favor).

Este fin de semana ha sido mi despedida de soltera.

Y todo iba súper bien

hasta que nos hemos subido en el avión de vuelta.

Y mi suegra se ha puesto malísima.

Ha vomitado dos veces,

y decía que le dolía mucho la garganta.

Yo pensé que era por el mareo del avión.

Pero..., la he tocado y por lo menos está a 40 de fiebre.

Así que nada: nos hemos venido directas desde el aeropuerto.

Vale, muchas gracias.

¡Paula! Estamos aquí.

-Las chicas ya se han ido para casa. Pero te mandan un beso enorme, mamá.

Y he traído ropa para cambiarnos luego.

-Ay, muchas gracias.

-Oye, chicas: en cuanto me ponga bien contratamos al streaper, ¿vale?

Nunca se ha visto una despedida de soltera sin streapper.

-Anda, que estoy yo ahora como para streapers.

-¿Has llamado a Pablo? -Iba a hacerlo ahora.

-No, Paula. Ni se te ocurra llamar a tu hermano.

-¿Cómo que no? Hombre...

habrá que decirle que me llevé a su madre de despedida de soltera,

y se la devuelvo vomitando y con fiebre.

-No hace falta, Marta.

No hay ningún motivo para preocuparle.

Además..., Pablo nos espera mañana.

No quiero que le preocupemos. ¿Vale?

Hacedme caso.

Bueno, y si me muero le decís que todo ha sido culpa mía.

-Teresa, por favor, qué cosas... Eh... ¡Teresa!

-¡Mamá! Perdona: ¿Alguien que nos pueda ayudar?

-Teresa.

-Bueno. Pues con esto debería notar mejoría en un par de días.

De todos modos, si tiene alguna molestia,

venga y lo miramos.

-Doctor Silva, quiero hablarle de mi hija.

-Eh... Espere un momento, que estoy ocupado.

-No, no me espero. Usted me dijo que estaba bien.

Es evidente que no lo está. Y lo va a comprobar usted mismo.

¡María, ven. Ven que te vea el doctor!

-Sssh... Baje la voz, que esto es un hospital.

-Ah, ¿sí? Pues, para ser un hospital parece que no curan demasiado.

¿O cree que estoy aquí por gusto?

-Disculpe. Mauricio: nos vemos en dos semanas.

A ver, dígame: ¿Qué le pasa a María? -No lo sé. Dígamelo usted.

¡Anda. Entra!

-Perdón por el numerito de mi padre. Intenté evitar que entrase, pero...

-No te preocupes. Siéntense, por favor.

-Sí.

-A ver, cuéntame: ¿Qué te pasa?

-He hecho todo lo que me dijo, doctor. Se lo juro.

Apenas me he levantado de la cama desde la operación.

Y no sé, no he hecho ningún esfuerzo. Pero es que...

-Pero hace unos días, sintió un dolor en los ojos.

Yo pensé que era conjuntivitis, porque en ella es bastante normal.

-Pero no. Yo sabía perfectamente que no era conjuntivitis.

Porque además, he empezado a ver menos.

-Menos...

Pasa un momento conmigo a la camilla, por favor.

A ver. Cuando... Cuando dices que ves menos, ¿qué es?

¿Como lo de la otra vez? ¿La mosca en el ojo?

-No. No, no, no. Ahora es diferente.

Ahora veo menos, y es que además es por los dos ojos.

Si es que esta mañana, casi me caigo dos veces de la cama.

Porque no veía dónde terminaba.

-Por favor: dígame que es un efecto secundario normal.

Y que pronto verá como antes.

-¿Te duelen los ojos?

-No, bueno. Me duele un poco la cabeza.

-Vale. Vamos a ver.

-¿Qué tiene?

-Pues no lo sé, y no lo sabré si no me deja trabajar. Por favor.

María, voy a cancelar todas mis citas de hoy. ¿Vale?

Y te voy a atender a ti en exclusiva. -Vale.

-Pero bueno. No te preocupes, que no...

No creo que sea nada grave.

No quería preocupar a María, pero... desde luego esto no es normal.

En una operación de este tipo, sin ninguna complicación aparente,

esto no debería estar pasando. Y me preocupa bastante, la verdad.

No sé. Si es que...

Yo sabía que nos estábamos precipitando.

-¿Qué tal? Qué carita. ¿Todo bien?

-Pues no, no exactamente.

-¿Pero y esto? ¿Por qué tu casero te echa del piso?

-Una tontería. Tontería...

-¿Pero qué tontería, Belén? ¿Tienes problemas de dinero?

-No, no, no, qué va, no es eso, no es eso.

Digamos que... Que no he cumplido el..., el contrato. Pero bueno.

-¿Pero por qué?

-Es que mira: hace un tiempo me encontré un...,

un perrito, súper mono, abandonado, que estaba ahí enfermo, el pobre,

en un polígono abandonado y..., y me lo llevé a casa.

Y lo cuidé, lo alimenté, lo peinaba...

Y al final se curó.

¿Y qué estuvo en casa? ¿Dos..., dos semanas?

-Ya... y en tu piso no te dejan tener animales, ¿no?

-Eso es.

Es que lo que me da rabia es que,

si no fuera por un vecino asqueroso y chivato,

el casero no se hubiera enterado, oye. Qué rabia.

-¿Y no puedes hablar con tu casero y explicárselo todo bien?

-Es que es el típico machirulo, que le gusta marcar territorio.

Y se piensa que porque vivo sola, pues me voy a asustar o algo.

Cuando nada que ver.

Acabamos a gritos, vamos.

Y no me arrepiento en absoluto.

No me gusta nada esta clase de tíos.

De verdad...,

es que lo tendría que haber hecho hace muchísimo tiempo.

-¿Y qué vas a hacer ahora? ¿Dónde vas a vivir?

-Pues no sé. Un hostal... Ya encontraré algo.

-¿Y por qué zona buscas?

-Por aquí cerca. Pero claro, está todo tan caro... Pfff...

Y ya me veo cogiendo el AVE para venir a trabajar, ¿sabes?

-¿Y llevabas mucho tiempo en el piso, o qué?

-15 años, o sea, se dice pronto. 15 años. De verdad.

Pero bueno, no pasa nada. Ya encontraré algún sitio.

O sea, si me echan de este piso

es porque hay uno maravilloso que me está esperando. Eso seguro.

En fin, guapa. Que me voy.

A ver si por el camino me encuentro un abuelo moribundo,

que me deja su piso en herencia. Que nunca se sabe.

-Es que me fascina Belén.

Porque se lo toma todo con una filosofía...

A mí me echan de un piso en el que llevo viviendo 15 años,

de un día para otro y me da algo.

Y ella, sin embargo, como que no pierde el buen humor.

Me hubiera encantado ver qué es lo que le dijo al casero.

Si es que todas deberíamos ser un poco más Belén.

-Por favor, mi suegra se está desmayando.

-Pásala a la camilla. ¿Qué es lo que ha pasado?

-Pues nada, que estábamos en el avión y... Y bueno, de...

De repente ha empezado a vomitar,

a decir que le dolía muchísimo la garganta y no sé...

-A ver, espera, espera un segundo.

Me has dicho que estabais en el avión.

-Ah, sí, perdone. Es que venimos del Algarbe. De...

De pasar el fin de semana.

-Sí, es que era la despedida de soltera de Marta y, bueno...

por eso llevamos estas pintas.

-¿Sí? Vale. ¿Cuándo han empezado los síntomas?

-Pues justo cuando estábamos despegando.

De repente la he mirado y estaba blanca como el papel.

Y nada, a los dos minutos había sacado el desayuno.

-¿Y me has dicho que le dolía la garganta?

-Sí.

-Bueno, esta mañana me he levantado con dolor, pero...

No le he dado ninguna importancia. Como ayer estuve cantando...

-Vale. Abre la boca, di a...

-Aaa... -Muy bien.

-Aaa... -Y eso de cantando, ¿cómo es?

-Bueno, fuimos a un karaoke,

a Marta le gustan mucho y nos desgañitamos un poco.

Pitidos -Doctora, ¿qué cree que le pasa?

-Pues todavía no lo sé, pero tiene la fiebre bastante alta.

Ignacio, ¿puedes ir a buscar a un enfermero, por favor?

¿Consumiste alcohol? -Bueno, unos mojitos. Lo normal.

-¿Lo normal cuántos son?

-No, no, no más de tres, doctora. Se lo prometo.

-¿Y tomas medicación para algo,

consumisteis allí algún tóxico, alguna droga?

-No, no, no. No, no, no, no. Era una despedida de tranquis.

-Sí, si no, no nos la habríamos llevado.

-Ya. ¿Has viajado a algún país tropical recientemente?

-No, no, solo ha estado en Portugal. -¿Y en verano?

-Qué va, qué va, no. Si...

Si Teresa ha estado pegada a mí en el último año,

ayudándome a preparar todo lo de la boda.

No, ¿por qué lo pregunta?

-No, no, es una pregunta habitual que hacemos

cuando alguien viene con fiebre muy alta sin un foco aparente.

-Ya.

-Teresa es tu nombre, ¿verdad? -Sí.

-Teresa, voy a hacerte una analítica de sangre,

una analítica de orina y unos cultivos.

Y te vas a quedar en observación. -(SUSPIRA).

-¿Mmm?

-Vale. Yo voy a llamar a Pablo, ¿eh?

-Marta..., no, por favor.

-Teresa, que sí. No digas tonterías.

Pablo tiene que saber que estás en el hospital.

Si no se lo cuento me mata.

-Que no le llames, Marta, por favor. -¡Mamá, mamá!

-¡Teresa! ¡Ay, por favor!

-Chicas, salid fuera,

y en cuanto tenga los resultados de los análisis iré a buscaros.

Venga, salid, por favor, que la tengo que explorar.

-Marta, no... Ay...

-Venga. Teresa, tranquila. -Ay...

-No hable ahora...

-No sé. No..., no entiendo qué ha podido pasar.

Ayer estaba la mar de bien, dándolo todo en el karaoke.

(SUSPIRA). Si es que estas cosas solo me pueden pasar a mí.

Llevarme a mi suegra de despedida y que le dé un chungazo.

Solo de pensar la cara que va a poner Pablo cuando se lo cuente...

Si él ya me lo dijo. Que no me la llevara.

Pero yo... Yo insistí. Soy más tonta.

Y todo esto, a una semana de la boda.

(MEGAFONÍA: Doctora Marco, por favor, acuda a Enfermería).

-Muy bien... A ver... Sigue mirando al frente...

-¿Qué ve? ¿Hay algo?

-Ah... Parece que hay... un edema en ambos ojos.

-¿Y eso qué es?

-Pues verás, eh...

En el ojo, en el centro, tenemos la papila, que es...,

bueno, por donde sale el nervio óptico.

Y se aprecia una pequeña hinchazón justo ahí, en la papila.

-Por eso ha perdido algo de visión, ¿no?

-Exacto.

-Pe... Pero esta hinchazón, ¿cómo se quita?

-Bueno, lo primero que tenemos que hacer es llamar al especialista

para que te haga un examen oftalmológico completo.

-¿Al especialista? Creía que el especialista era usted.

-Papá. -No, bueno...

Yo soy el especialista en cirugía. Pero, es el oftalmólogo

el que ha de valorar su capacidad visual, no yo.

-Perdone... Es que estoy un poco nervioso.

-Ya veo.

-Vamos a ver, usted me dijo que María podría entrenar pronto.

Pero, no solo no entrena, sino que está mucho peor.

-Bueno, por desgracia la Medicina no es una Ciencia exacta.

Le tenemos que hacer más pruebas

hasta saber cuál es, precisamente, la causa del edema.

Lo siento, María, pero esta noche te tendrás que quedar ingresada.

-¿Otra vez? -Mm...

Hasta que no tengamos un diagnóstico, no te puedo dar el alta.

-Escucha, María, escucha...

Eres una campeona, dentro y fuera de la pista.

Naciste para ganar

y ganarás todo lo que se te ponga por delante. ¿Eh?

Ya sea una carrera, una infección ocular lo que sea.

Así que no te preocupes.

Y en un par de días, te volverás a calzar las zapatillas, ¿mmm?

¿A que sí, doctor? -Sí, claro que sí.

-Bueno...

Tengo que hacer un par de llamadas.

Pero vuelvo enseguida, ¿vale? -Mmm...

¿Le puedo hacer una pregunta?

-Sí, claro.

-Ahora que no está mi padre, dígame la verdad:

¿Voy a volver a competir?

-Claro que sí, María. Seguramente, se debe solo a...,

bueno, al posoperatorio. Y en unos días bajará la inflamación.

-¿Y si no es por la operación?

¿Podría ser algo más grave?

-Bueno. Tú por eso no te preocupes.

Sea lo que sea, lo vamos a encontrar y lo vamos a tratar.

De verdad. Lo único que, hasta entonces,

pues igual te mareamos un poco con tanta prueba.

-Cuando me operasteis, fue todo muy rápido.

Pero, no lo entiendo.

Ahora, por una simple molestia,

¿me vais a analizar hasta el color del iris?

-Bueno, a ver. ¿Aquí qué es lo importante?

¿El número de pruebas que te hagamos o el número de tu marca?

Tranquila, no te preocupes.

Me voy a poner en marcha ya, porque no hay tiempo que perder.

Que esa medalla de oro no se va a ganar sola, ¿verdad?

Enseguida vuelvo.

¿A que no sabes quién ha vuelto al hospital?

-¿Quién? -María Velázquez. ¿Te suena?

-¿La atleta? -Mm...

¿Sabes por qué ha vuelto? -Obviamente, no.

-Pues ha vuelto por pérdida de visión.

Y que no puede seguir entrenando.

¿Te parece eso un buen titular para la prensa?

-Bueno, vamos a ver, Andrés.

Siéntate y haz tres respiraciones profundas, anda.

El diagnóstico de María Velázquez era clarísimo.

Lo único que te pedí es que operaras a una chica que lo necesitaba.

¿Dónde está el problema? -¿Que dónde está el problema?

El problema es que tú querías operar ya. Sí o sí.

Porque si no, se iban a otro hospital.

Y claro: adiós a la buena publicidad, ¿no?

-A ver, se trataba de frenar un desprendimiento de retina.

Fue su padre el que quería operarla cuanto antes

para retomar el plan de entrenamiento.

Si no, se la llevaba a otro hospital.

Y lo hicimos porque era una operación sencilla.

Hicimos lo correcto, Andrés.

-Que no. Que no, la chica no debería tener esos síntomas, Matías.

Náuseas... No tiene sentido. Un edema tampoco.

Vale que tenga un poco de dolor de cabeza,

pero lo demás no es normal.

-¿Has pensado que quizás sellaste mal la operación,

y tuvo un desprendimiento?

-Que no. Que eso no puede ser y lo sabes.

-Pues será un problema derivado de la operación.

Habitualmente se inflama la zona. ¿O no?

-Si, bueno, eso podría ser.

-A ver, el doctor Ramos, el oftalmólogo, ¿qué ha dicho?

-No lo sé. Sigo esperando a que Clara me traiga los resultados.

-Bueno, pues entonces tranquilo. Deja que la gente haga su trabajo.

Regla de oro: no te puedes preocupar antes de tiempo.

Si no, vas a sufrir mucho.

-Si tal vez solo sea eso: un problema derivado del posoperatorio, y...

Y en unos días desaparezca la inflamación.

-Eres muy buen médico.

De lo mejorcito que yo me he encontrado, ¿eh?

Pero, te involucras mucho con los pacientes.

Eres demasiado emocional.

Venga. Vamos a salir al jardín, que necesitas airearte, y hablamos.

-Sí. Voy a ver si me da un poco el aire...,

pero, si no te importa..., prefiero otra compañía.

-Claro, hombre. Claro que sí, por supuesto.

Dale recuerdos a Begoña.

-De tu parte.

-De mi parte. Eso es.

Estoy teniendo mucha paciencia con el doctor Silva.

Esos agobios, esas preocupaciones.

Ha sido siempre así. Pero, cada vez le soporto menos.

Va de íntegro, y se la está pegando a su mujer...

con una enfermera.

En fin..., que no doy crédito.

-¿Se puede? ¿Cómo estás, Imanol?

-No tan bien como tú.

¿Qué has hecho, que tienes tan buena cara?

¡Dímelo! Recétamelo, que yo también quiero.

-Ojalá se pudiera recetar eso. ¿Cómo te encuentras?

¿Has seguido teniendo fiebre?

-Sí, aquí tiene el registro, doctor.

-A ver.

Anoche te pusiste en 38 y medio.

Y te has mantenido en esa temperatura.

¿Antipirético? -Y metamizol intravenoso.

-Sí, también le he pedido que me dé dos chupitos,

pero intravenosos. Ja... Pero, esos no me los ha puesto.

-Eso para después. Gracias. Me quedo yo.

¿Te duele? -No...

No, lo que me duele es perderme el partido de esta noche.

-Mm, mm. -Bueno, y... Y que Ángela...

me sigue tratando como un bicho raro.

-Bueno, ya sabes que este tratamiento es largo y un poco pesado.

Pero, hay que confiar en que la evolución sea positiva.

-No, no, Carlos. Que yo me conozco.

Y sé que mi cuerpo no lo está tolerando bien.

Y también te conozco a ti y esa cara que pones.

-¿Qué cara pongo?

-Mm... Pues la del doctor que sabe que su paciente...

la está palmando.

-No, no, no, no. A ver, Imanol.

Estamos haciendo un tratamiento experimental, nuevo.

Para tratar tu cáncer.

Tenemos que esperar.

Aún es pronto. No sabemos qué resultados va a tener.

-Carlos... -¿Qué?

-No quiero pasar mis últimos días... en una cama de hospital.

Solo y... sin poder moverme.

Prométeme... que no dejarás que eso suceda.

Prométemelo.

-¿Quieres que paremos?

¿Que no sigamos con el tratamiento?

Tú decides, Imanol.

-No... Que lo decida Ángela.

Si ella quiere seguir..., seguiré.

-No me importa mentir a un paciente, cuando es necesario.

Pero, en el caso de Imanol, me cuesta.

No va bien. No está tolerando el tratamiento.

Y entiendo sus razones para dejarlo, porque yo en su lugar haría lo mismo.

Pero... tengo que consultarlo con Vega.

Es un paciente especial,

por mucho que ella se empeñe en decir lo contrario.

-Pablo. -¿Dónde está?

-Sigue en observación.

Le han dado medicación para ver si le bajaba la fiebre.

-¿Puedo verla?

-No. Ahora no. Han dicho que nos esperemos.

Que en un ratito vendrán y nos explicarán todo.

-¿Y Paula?

-Está hablando por teléfono con tus tíos. Ahora viene.

Pablo, Pablo, te prometo que ha sido un fin de semana súper tranquilo.

-¿Súper tranquilo? Sí, seguro.

¿Qué hicisteis para que mi madre termine en el hospital?

-Te juro que no hemos hecho nada, cariño.

No sé, estuvimos en la playa,

luego fuimos a que nos dieran un masaje y por la noche el karaoke.

-Pues ya me explicarás cómo es posible

que el viernes estuviera perfectamente,

y después de la despedida esté así de mal.

-No sé.

Entiendo que esté nervioso. Porque... una madre es una madre.

Y... Y además, Teresa es una mujer muy vital, que nunca está enferma.

Y claro, pues algo así... asusta.

Pero nunca imaginé que se pondría como se ha puesto.

Culpándome a mí de todo.

Pero, ¿por qué cree que su madre está mala?

¿Qué cree? ¿Que..., que le he metido droga en la bebida o algo así?

Es que no sé.

Y ni... Ni un beso, ni un abrazo, ¡nada!

¿Quieres un poquito de agua?

-Mira que te lo dije, ¿eh?

Que no te llevaras a mi madre a una despedida que no pinta nada.

Y tú, erre que erre, con que tenía que ir.

-Pablo, ¿me escuchas, por favor?

Que tu madre esté mala,

no tiene nada que ver con la despedida.

-Te conozco, Marta,

y sé cómo te pones con tus amigas en plan loca total.

Seguro que le fuisteis dando bebida,

como si fuera la atracción de la noche. ¿A que sí?

-Pero ¿tú te oyes?

¿Tú crees que yo me voy a llevar a tu madre a mi despedida

para reírme de ella, y con tu hermana allí también?

Si me las llevé, fue precisamente para que vieras

que iba a ser una despedida de soltera de tranqui.

Que no iba a ir a desparramar.

Para que te sintieras a gusto y confiado.

-Mm...

-¿A que no le dimos nada de beber a tu madre?

No, díselo a Pablo, que no me cree.

-Qué va, Pablo.

Ay, de verdad. Mamá se ha puesto mala y ya está.

No nos agobies más de lo que ya estamos.

-Vale. ¿Y qué pasa con la boda?

-¿Cómo que qué pasa? -Yo sin mi madre no me caso.

-Pero...

Pero Pablo, ¿qué..., qué estás diciendo?

¿Por qué te pones en lo peor?

-No me pongo en lo peor.

Solo digo que no caminaré solo hacia el altar

si no es acompañado por mi madre.

-Pablo: la boda es el fin de semana que viene.

Para entonces, mamá ya estará bien.

-Vale, pero ¿y si no...? Yo lo siento.

Pero si mamá sigue ingresada, el sábado no me caso.

-No te agobies, tonta.

Si ya sabes cómo se pone cuando está nervioso.

Además, si le van a dar el alta hoy, ya lo veréis.

¿O no?

-Marta, perdóname: Paula tiene razón.

Estoy muy nervioso.

Nadie tiene la culpa de todo esto.

Algo de culpa sí que tiene, porque yo se lo dije.

Le dije que no se llevase a mi madre.

Que conozco a sus amigas,

y aunque digan que van en plan tranqui,

luego todo eso se desfasa.

Pero ella, no.

Quería llevársela, que iba a ser una despedida de relax,

de playa y de spa.

Mira qué spa tenemos ahora.

A lo mejor alguna de sus amigas, las locas,

quiso hacer la gracia y le puso algo.

No me extrañaría nada.

Todo esto no habría pasado si me hubiera hecho caso.

-Hola.

-¿Qué hay?

-Te estaba buscando. -Mm...

-Era por si te apetecía acompañarme fuera para tomar algo rápido.

Me vendría bastante bien desconectar un poco del trabajo... contigo.

-Pues no. No, no puedo,

porque justo ahora me tengo que leer unos informes.

-Ya. Te pillo liada, ¿no?

-Mmm, me tengo que poner al día. Llevo tiempo retrasándolo.

-Vamos, Pepa...

A ver, que estás así por lo de Herrera, ¿no?

-No quiero hablar de eso, ¿vale?

-Ya, yo tampoco quiero hablar de eso.

Pero... si he venido es porque estoy un poco...

Estoy un poco asustado.

-¿Asustado?

-¿Te acuerdas de María, la...,

la chica deportista que operamos por el desprendimiento de retina?

Pues está en observación.

Y creo que me va a tocar ingresarla otra vez.

-Ah, ¿sí? -Mmm...

-No te había preguntado nada porque pensé que todo iba bien.

-Yo también. La operación fue bien,

pero vamos, está claro que hay algo que no funciona.

Va, Pepa, acompáñame fuera un rato, no sé...

Necesito estar a solas contigo.

¿Qué es, por lo que te dije el otro día?

Es que yo creo que igual me malinterpretaste.

Porque lo que yo que...

-Que..., que..., que ¿qué? ¿Que te malinterpreté? No.

Lo que dijiste fue exactamente lo que dijiste:

que qué ibas a hacer tú, si eras un hombre casado. ¿No?

-No sé ni lo que dije.

Pepa, tú eres la única que sabes cómo me siento.

Y la única que me comprende.

Por eso, pues lo nuestro es especial y... Y es diferente.

-Ya...

Ay, Silva, te estaba buscando.

Mira. Ya tengo el informe del oftalmólogo.

-Uf... -¿Qué dice?

-Que hay pérdida de visión en ambos ojos.

Más intensa en el ojo izquierdo.

-¿Le vas a hacer un TAC? -Mmm...

Pepa: si te quieres quedar tú con esta paciente, por mí no...

No, no, no. -No, no, no.

Vale, vale. Que no quiero escaquearme, ¿eh?

Como veo que Pepa está más al corriente...

Ya. Pues...

Nada, Clara. Tranquila.

Pues voy a hablar con el padre de María.

-Venga. Hasta ahora, Pepa.

Adiós. -Hasta ahora.

(MEGAFONÍA: Doctora Vega, acuda a Urgencias, por favor).

Puerta

Hola. ¿Podemos hablar un momento? -Por supuesto.

Bueno. ¿Qué es lo que tiene? -Bien. Eh...

Está claro que algo le sucede, en los nervios ópticos.

Necesitamos hacer un TAC para poder verlo con claridad.

-Se han equivocado, ¿verdad?

Han operado mal y no lo quieren asumir.

-No, no, no, no es eso.

-Mire a mi hija.

Ha perdido el apetito, apenas puede dormir por las noches.

Ayer... ¡Ayer la oí llorar! ¡Es mi hija! ¿Me entiende?

¡Dígame, por favor, qué quiere que le diga a mi hija!

María... María no puede ser una paciente más.

Está a punto de clasificarse para los Juegos.

Cada minuto que pasa en esta habitación

la aleja de sus sueños, ¿lo entiende?

-A veces no sé si el que habla es su padre o es su entrenador.

Parece que la última vez

también tenía mucha prisa por que la operáramos.

-¿Me está culpando a mí de lo que le sucede?

-No, no...

-¡¡¿Quién es el médico aquí? ¿Eh?!!

¿Usted es padre, doctor?

-No. -Se nota...,

porque si lo fuera, sabría que todo esto no lo hago por mí.

Quizá no lo entienda, pero mi hija no se merece esto.

No sé qué habrá pasado.

No sé si habrán metido la pata en algo.

¡Pero le pido que lo solucionen!

¿Me ha oído?

¡¿Lo van a solucionar?!

Pe... Perdone que le diga, pero...

estamos haciendo todo lo que podemos, de verdad.

Entendemos su preocupación.

Pero tiene que tener un poquito de paciencia...

Perdone, perdone. Creo que no estoy hablando con usted.

Ah... María. María...

María, ¿estás...?

Clara, dos miligramos de diazepam. ¡Ya!

-Por Dios, ¿qué está pasando?

-Vale, vale, tranquila, tranquila, María, vale, vale...

Espera, espera. Se le ha pasado.

¿Que por qué me callo y no le planto cara?

Pues, porque no puedo.

Porque en el fondo, tiene razón.

Yo soy el culpable de lo que le pase a María,

porque ella es mi paciente.

No sé, era... Era una operación sencilla.

No se tenía que haber complicado, pero...

Nos precipitamos.

Nos precipitamos y ahora mira.

¡Es que yo me tenía que haber plantado!

Eso está claro.

Me tenía que haber plantado

y no ceder ante la presión de Herrera

ni ante la presión de su padre.

Algo se nos ha escapado.

Ahí, algo no fue bien y no sé qué es.

Pero el hecho de que tenga convulsiones

implica que tiene el cerebro afectado.

(MEGAFONÍA: Doctor Merino, acuda a Enfermería, por favor).

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Centro médico - 31/10/18 (1)

31 oct 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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