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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 30/11/18 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-Ay, perdona. Que no sabía que estabas aquí. No quería despertarte.

-No, no, no. Si no estoy dormida. Estaba descansando.

Porque tanto estar de pie...

-Pero sigue, sigue. Que me voy a otro sitio. No hay problema.

-No. La que se va soy yo.

-¿Cómo estás de la pierna?

-Mejor. Ya no me ha vuelto a fallar.

-Me alegro. -Vale.

-Oye, ¿quieres que hablemos...?

-¿Hablar? ¿De qué?

Si ya lo tenemos todo hablado, ¿no?

-¡Uy! Perdón, pareja. ¿Interrumpo algo?

-No. Yo ya me iba.

-A ver, oye. Que conmigo no hace falta que os cortéis, ¿eh?

Que si estáis teniendo una conversación privada o algo,

me lo decís y yo me voy a otro lado. Tenía que mirar una cosa.

-Mm. Hasta luego.

-¿Qué le pasa? -No lo sé. Estará cansada.

-Ya. ¿Y a ti? ¿A qué viene ese careto?

¿Estabais discutiendo o qué? -No. Discutir no.

Si he llegado un minuto antes que tú. -Bueno, me alegro.

Porque os ha costado mucho superar vuestros problemas.

-Matías, no hemos superado nada. Pepa y yo ya no estamos juntos.

-¿Cómo? -Que lo hemos dejado.

-¿En serio? ¿Y eso por qué? -Es una historia muy larga.

-Bueno, yo siempre tengo tiempo para escuchar las miserias de un amigo.

Venga, ahora en serio:

vamos a la cafetería, te invito a algo y me cuentas.

-Es que me da mucha pereza hablar de esto, en serio.

-Bueno, pues no hables; me acompañas a comer,

que te estás quedando en los huesos. Vamos.

-Qué pesado eres. -Bueno...

-¡Ah, ah!

-¿Qué tal, cómo va el dolor? -Constante.

No veo la hora de que me quitéis el apéndice.

Perdón, que me quiten. Que no le gusta que la tutee.

-Eso venía a decirle. Que ya le van a operar.

-Menos mal. Porque ya me estaba volviendo loco aquí dentro. ¿Vamos?

-No, no, no. Es que no es ahora mismo.

-Pero... -No. No es ahora mismo.

Lo normal es que le operen aproximadamente en una o dos horas,

en cuanto quede un quirófano disponible.

-¿Lo normal? -Sí, lo normal.

Porque si de pronto entra otra cirugía que es más urgente,

tendrá prioridad y usted tendrá que esperar.

-¿No es urgente? Tiene bemoles la cosa.

Aparte de los dolores, yo no me puedo permitir quedarme una noche aquí.

-¿Cómo que no? Una noche la va a tener que pasar seguro.

¿No ha hablado ya con su mutua para gestionar la baja?

-No. Porque no sabía que en este hospital se requiere de varios días

para una operación de apendicitis.

Estoy por irme a otro sitio... -Como usted considere.

Pero ahora tengo que hablarle de otra cosa.

Tengo que hablarle de su problema. -¿Qué problema?

-Su problema con el alcohol.

-Otra.

¡Qué manía tenéis en este hospital de creer que soy un alcohólico!

-Es que no es una obsesión.

Cuando ingresó tenía una tasa de alcoholemia superior a la permitida

para conducir un coche.

No sé cuál es la permitida para pilotar un avión. Pero...

-Era el cumpleaños de un compañero

y nos tomamos una copa de champán durante el vuelo. No pasa nada.

Si prácticamente los aviones van solos.

-Pues me alegro de que lo tenga tan claro

porque así se lo puede explicar perfectamente a sus superiores.

-No veo por qué tienen que enterarse.

-Pues porque yo todo esto lo tengo que reflejar en el informe;

es mi obligación. -No puede hacerme esto.

-Perdone: no se equivoque, pero yo no le estoy haciendo nada.

Es usted el único responsable de esta situación.

Que es quien ha bebido alcohol llevando un avión con pasajeros.

Ahora lo mínimo que puede hacer es reconocer que tiene un problema

y ponerse en tratamiento. -¡Yo no tengo ningún problema!

-Caballero, que a nosotros no nos puede engañar.

Que hemos visto en la ecografía que tiene un hígado graso.

¿Y entonces qué? ¿Suspendemos la cirugía y se va a otro hospital?

-No. Ya que estoy aquí me espero.

¡A ver si puede ser esta tarde!

-Y eso. Lo dejamos la semana pasada. -¿Y por qué no me habías dicho nada?

-Pues hombre, Matías,

últimamente tampoco es que estemos tú y yo en plan amiguitos,

que te cuente todas mis intimidades.

Y bueno, supongo que en el fondo

tenía la esperanza de que acabáramos volviendo.

-¿Y qué pasó?

-Pfrr. Nada en concreto.

La relación ya estaba dañada

y con todo lo que ha pasado en los últimos meses, pues ya está.

-¿Vas a volver con Begoña? -No sé. No tengo ni idea.

La verdad es que ahora mismo no puedo pensar en eso.

-Bueno, es normal. Hay que pasar un luto cuando se termina una relación.

Pero una semana, ¿eh? Que te quiero ver a tope otra vez.

Hay que tocar fondo, ¿eh? Para tomar impulso hacia arriba.

-Ya. Bueno, pues igual necesito más de una semana.

-Bueno, a ver: que sois dos personas adultas y responsables.

Si habéis tomado esta decisión, que no creo que haya sido fácil,

será para bien, ¿no?

Lo que sucede conviene, Andrés. -¿Lo que sucede conviene?

-Sí.

-Eso ¿qué lo has sacado, de un sobre de azúcar?

-No. lo he sacado de una tía mía que se murió con cien años.

-Bueno, igual algo de la vida sabía.

-Bueno, ya te digo que más que tú y yo juntos, seguro.

-Ya. Pues eso espero. Begoña se va recuperando poco a poco y no sé,

supongo que es bueno que las cosas vayan volviendo a la normalidad.

-Claro que sí, hombre.

Y hablando de normalidad: ¿te apuntas a un partido de pádel?

-¿Cuándo? -Ahora.

-¿Ahora? -Sí, sí. Si tenemos tiempo

antes de que termine nuestra hora de comer para volver.

-Pero vamos a ver: si es que no..., no hemos reservado pista ni nada.

Yo no tengo ropa.

-Bueno, es que me han llamado del club

y me han dicho que se les ha caído una pareja. ¿Vamos?

A ver, yo tengo ropa, tengo dos palas, te puedo dejar todo.

Venga, Andrés. Por los viejos tiempos.

¿Te vas a vestir de corto o no?

-Venga, va. -¿Sí? Venga.

-Se me ha hecho un poco raro tanta amabilidad viniendo de Matías.

Lo conozco y, con este nunca se sabe.

Tan pronto te da una coz como se convierte en tu mejor amigo

según le convenga a él.

Y ahora de repente me deja hasta su ropa...

No sé, ya veremos por dónde sale.

-¡Oh, ah, ff, oh!

¡Uf! Le ha subido la fiebre.

Clara, ¿a ti también te huele a alcohol?

Sí. Y te aseguro que tengo el olfato muy entrenado

por los años que me ha dado mi hija.

Pero ¿cómo puede ser? No ha salido del hospital, ¿no?

Que yo sepa no. ¿Y ha venido alguien a verle?

Es que no sé cómo lo ha podido conseguir.

-¿Queréis no hablar de mí como si no estuviera delante?

No he bebido..., no he bebido nada, ¿vale?

Ya. Mira, César, todo lo que estás echando es alcohol.

Así que, por favor, no me digas que no has bebido nada, ¡hombre!

Se debió quedar en el estómago y, como no he comido nada...

¡Uy!

¿Y esto?

Estaba nervioso.

Y como me dijisteis que igual no me operabais hasta mañana...

-Pero César, de verdad, no me lo puedo creer.

¿En serio te parece una idea estupenda beber antes de una cirugía?

A ver, déjame que te explore. -¡Ah, ah, ah, ah, ah...!

Está en tabla. Bueno...

Clara, tiene una peritonitis. Tenemos que operarle ya.

Al final he conseguido lo que quería.

-Yo también quería que te operaran lo antes posible, ¿eh, César?

-Si no lo digo por eso.

Lo digo porque al final he conseguido que nos tuteemos.

¡Fff!

Lo que has conseguido es que una cirugía

que era relativamente sencilla se complique

por haber bebido alcohol antes de la operación.

El anestesista va a estar encantado cuando se lo digamos, ya verás.

A ver, Clara. Voy a necesitar una analítica de sangre

con los niveles de alcohol

y hay que pasárselo ya a Cirugía.

Pero ¿no vamos a esperar a que se le pase?

No podemos esperar. ¡Uf! Pues voy ahora mismo, venga.

Yo ya notaba que esto se me estaba yendo un poco de las manos.

Pero en cuestión de horas.

Puedo perder mi trabajo. Y no solo eso: también mi vida.

Al parecer mi apendicitis se ha convertido en una operación de riesgo

por culpa del alcohol.

Me he hecho una promesa:

si salgo de esta,

me voy a tomar en serio el tema del alcohol.

Aunque me tenga que apuntar a un grupo de ayuda de esos.

-¡Uf, me tengo que dar prisa!

En 15 minutos tengo que estar en el quirófano.

-Venga. A ver si ahí tienes un poquito más de tino que en la pista.

Oye, espera. Que..., bueno, que te quería agradecer lo de hoy.

Me ha venido muy bien desconectar un rato, la verdad.

-Claro que sí; tenemos que hacerlo más a menudo:

quedar, salir, hacer cosas juntos. ¿Nos apuntamos al torneo del club?

-¿Cuándo es? -El próximo fin de semana.

-Uf. Creo que curro el sábado. Pero bueno, igual lo puedo cambiar.

-¡Di que sí!

Hacemos un gran equipo. Dentro y fuera de las pistas.

-¿Qué quieres decir con eso? -No, nada. Ya te contaré.

-Matías, no te hagas el misterioso, ¿qué?

-A ver: tengo planes para los dos.

-Vale. Muchas gracias, me siento alagado, la verdad.

Pero no sé si me veo preparado para empezar una relación sentimental

y menos aún contigo.

-Muy gracioso, muy gracioso.

Pero creo que entre los dos podríamos convertir este centro

en un hospital de referencia en neurología.

-No te sigo.

-Vamos a ver: estoy pensando en crear un departamento

para investigar con células madre.

Ya sabes que para mí es muy importante y para mi hermano también.

-Pues claro que sí. Cuenta conmigo, vamos. De cabeza.

-¿Sí? -Sí.

-Bien. Lo único es que tenemos un problema.

Hay que pasar por encima de Vega. Porque no está muy por la labor.

-¿Se lo has dicho ya? -Sí.

Pero me ha dicho que de momento no.

-Vega es un muro de hormigón, ¿eh? Infranqueable.

Vamos, no va a dar su brazo a torcer. -Ya lo sé. Pero por eso te necesito.

Creo que entre los dos sí que lo podemos llevar...

-No me lo puedo creer. -¿Qué pasa?

-¿En serio? O sea, ¿que de ahí viene todo el buen rollito de hoy, no?

¿Para qué te ayude a ponerle la zancadilla a Vega?

-Eh, vamos a ver, Andrés. No te vuelvas paranoico, ¿eh?

Que una cosa no tiene nada que ver con la otra.

-Flipo contigo, de verdad. O sea: no puedes ser más manipulador, en serio.

-Andrés, por favor...

-Aquí están los resultados de la alcoholemia.

-¿Has confirmado la peritonitis? -Sí. El TAC.

-Me parece increíble cómo a alguien se le puede ocurrir

beber antes de una operación.

-¿Y si te digo que es piloto y que ha bebido en el avión?

-¡Menudo elemento! ¿De verdad?

-Sí. Pero bueno: es lo que tienen las adicciones, ¿no?

Que dominan a las personas.

Al menos espero que todo esto le haya servido

para darse cuenta de que tiene un problema.

-Ya. Y yo espero que supere la operación.

Porque si no, ni arrepentimiento ni buenos propósitos ni nada.

Estate especialmente pendiente. ¿Vale?

Señor anestesista, vamos a quirófano. Empieza el baile. Hasta ahora.

-Hemos estado consultando con los asesores jurídicos.

Porque yo, al menos, daba por hecho

que César tendría algún tipo de responsabilidad civil.

Pero al parecer el centro no está obligado a informar

a la compañía aérea.

Sino que debemos limitarnos a tratar sus problemas de salud.

Es decir, podemos tratar su alcoholismo e incluirle en terapia.

Pero el único que puede comunicar su problema de salud a la mutua es él.

-¿Y cuando el tío se descuelga de la azotea con una mochila

y entra por la terraza, sin que nadie le vea?

-Sí, sí. Ahí se han pasado un poco.

-En vez de un ladrón parece un ninja de esos, vamos.

El tío sabe escalar, sabe abrir cajas fuertes, pelear...

Vamos, vamos.

-En España no tenemos delincuentes tan bien preparados.

-Ah. ¡Aaah! Y encima el tío funciona muy bien en la cama, ¿eh?

Porque menuda faenita de dos orejas y rabo que le hace a la inspectora.

-¡Calla! Que no he llegado ahí todavía.

-Ah, vaya, perdona. Es que... Pero se veía venir.

-¿Cómo se va a ver venir que el malo intima con la inspectora?

-¿El malo? No. Querrás decir el bueno. Porque el malo es el policía.

-Creo que lo vemos desde distinta perspectiva. ¿Eh?

-Va a ser eso. -Ah...

-¿Tú ves? -Buenas.

-Hola. -Hola.

¿Qué tal, listo para el quirófano?

-Si te digo que no, no me vas a dejar pasar una semana aquí, a mesa puesta,

¿verdad? -Pues no. Porque nos están esperando.

Así que... -Bueno...

-Tranquilo, Chiripa, que esta gente sabe lo que hace.

-Espero que sí.

Mira, llevan llamándome el Chiripa toda la vida.

Espero que ahora no me abandone la suerte cuando más la necesito.

-Que no, hombre, no.

Tranquilo, de verdad; si va a ser un visto y no visto.

Mira, antes, cambiar una válvula aórtica suponía abrir el esternón,

bueno, un lío.

Y ahora, una cicatriz en la pierna y listo.

-¿En la pierna? Pero vamos a ver: ¿no me iban a operar del corazón?

-Sí. Sí, sí. Pero desde la pierna.

Por ahí llegamos a la aorta y después al corazón.

¿No te lo han explicado? -Sí. Pero no me he enterado bien.

Es que mira, prefiero no saberlo, ¿sabes?

-Vale. O sea, que me callo, ¿no? No sigo hablando.

-Vamos al lío.

-Venga: está el celador fuera esperándonos con la silla de ruedas.

-Vale.

Gracias.

Ey, guárdamelo, ¿eh? Que quiero enterarme del final.

-Claro. -¿Vale?

Eh...

-Es al revés. Primero la cabeza, luego abajo,

a la izquierda y a la derecha.

-Ah. ¡Ay, pero mira que eres pijo, ¿eh?!

-Pero vamos a ver, si hay un Dios,

¿tú te crees que le va a importar si va primero la barriga o la cabeza?

¿Vamos? -Sí.

Venga. -Hasta luego, Juan.

-Te cuento luego.

¿Me puedo sentar?

-Sí, claro. -¿Sí?

-Espero que no sea para insistir

sobre el nuevo departamento de investigación neurológica.

-No, no. Qué va. Si no tengo tiempo para eso.

Quería comentarte que ya he solucionado el problema

de la doctora Marco.

Sí, bueno. A ver, que me ha dicho que tuvo que acudir a mí

porque, por lo visto, tú no la podías atender.

-Ah, sí. La derivé. Pues te lo agradezco.

-De nada. -¿Eso es todo?

-No. Quería comentarte otra cosa: verás, es que...

Ángela, me preocupa tu actitud.

Tú siempre has dicho que debe de primar

lo profesional sobre lo emocional.

Bien, y así es cómo has llevado este centro siempre.

Pero es que últimamente parece que has trasladado tu despacho

a la habitación de tu padre.

-Pero ¿tú quién te crees que eres para pedirme cuentas

de lo que hago con mi tiempo, Herrera?

-A ver, que yo no te estoy pidiendo cuentas.

Yo te estoy comentando como compañero y como subdirector de este centro

lo que se va comentando en el hospital.

-Esto es algo eventual.

No creo que dure mucho.

Pero si tienes alguna queja, la puede exponer en la próxima junta.

-No, no. Para nada.

A mí lo que me pasa es que me preocupo por ti, Ángela.

-Ya. -En serio.

-Pues no te preocupes tanto, ¿eh? Que ya soy mayorcita para cuidarme sola.

Me voy a mi despacho.

-¡Hola! ¿Qué pasa? -¿Qué tal?

-Bien.

-Yo ya me voy.

¿Te espero o...?

-No, no, no. Yo qué va. No...

Yo hoy todavía tengo un montón de cosas por hacer, sí.

-Ah. Bueno, pues nada. Hasta mañana. -Bueno...

Venga. -Adiós.

-Chao.

-¡Hombre! Te estaba buscando, quiero hablar contigo.

-Ya. Pues yo contigo no. -Pues te aguantas.

Porque tengo que aclararte una cosa,

y no me voy a ir de aquí hasta que me oigas.

-¿Vas en serio? -Sí, voy en serio.

Solo va a ser un momento.

Decirte que yo no me acerco a ti para sacarte nada, en la vida.

-Ya. ¿Me vas a decir entonces que ya no quieres que te ayude

a quitarte de en medio a Vega? -Claro que quiero.

Pero no tiene nada que ver con que nos vayamos a comer, ¿eh?

O que hayamos jugado al pádel, Andrés.

-Es que es mucha casualidad, Matías,

que hace meses que no tenemos muy buena relación,

y que justo ahora que necesitas mi ayuda con Vega

de repente me invitas a comer y estás de lo más amable.

-Mira, eso es injusto y lo sabes perfectamente.

Si hemos estado durante todo este tiempo separados,

es porque se lo has dedicado a ser parejita con Pepa, ¿eh?

Y yo te he dado el espacio que tú necesitabas

o que yo creía que tú necesitabas. -Vale.

¿Y qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión

con respecto al espacio que necesito con Pepa?

-Porque te he visto triste, Andrés.

Y me preocupo por ti, ¿sabes?

Y bueno, porque... Porque en el fondo te echo de menos.

¿Sabes? A ver, que nosotros no vamos a dejar de ser amigos

por mucho tiempo que llevemos sin hablar.

-Ya.

-Y bueno, lo de Vega me he atrevido a decírtelo,

pero vamos, si llego a saber que te pones así,

no te lo hubiese dicho. -Sí, que esa es otra cosa igual.

Qué obsesión tienes ahora con Vega.

Porque eras su subdirector, su hombre de confianza.

¿Qué pasa, ya no sois amiguitos? -A ver: no es santo de mi devoción.

Pero no es por lo que quiero que deje la Dirección.

Es una cuestión profesional.

Yo quiero crear un departamento de investigación

y me parece lo más lógico y lo más importante en un hospital.

Y a ella no. Es solo eso. -¿Solo eso?

-Bueno..., tengo una motivación especial por lo de mi hermano.

Y ahora, me tienes que reconocer que Vega no es la directora

que vaya a conseguir grandes cosas para el hospital.

-Ya.

-Y bueno, no lo hizo antes de que estuviera su padre,

mucho menos lo va a hacer ahora,

que me está delegando absolutamente

todas las responsabilidades de su cargo.

Pero bueno, no quiero hablar de esto.

Lo único que quería decirte es que nuestra amistad

no tiene nada que ver con esto.

-Vale. Bueno, entonces, ¿ahora qué pasa con Vega?

-Bueno, ya lo hablaremos. Si me quieres ayudar, bien.

Y si no, no pasa nada. ¿Vale?

Yo voy a seguir siendo tu amigo.

Y puedes contar conmigo para lo que quieras.

¿Vale? -Vale.

-Bueno, pues que tengas un buen día, ¿vale?

-A ver, quiero pensar que no está utilizando a su hermano como excusa.

Porque la verdad es que para Matías siempre ha sido su mayor prioridad.

Pero es que con este nunca se sabe.

Lo que sí que tengo claro es que no pienso defender a Vega.

Que le faltó tiempo para intentar echarme del hospital.

Pero tampoco voy a defender a Matías.

Vamos, que no sé muy bien qué hacer, la verdad.

César. ¿Qué tal, cómo estás?

Pues la doctora, que ha estado hace aquí un momento, dice que bien.

Y que le mande un jamón al anestesista,

que al parecer ha hecho milagros.

¡Ah, mira! Pues te digo una cosa:

no puedes seguir tentando a la suerte, ¿eh?

Porque hoy te ha salido bien.

Pero como sigas comprando boletos, un día te toca.

Bueno, ya está bien, ¿no?, de la cancioncita.

Mm. Por favor, que...

¿Tú te acuerdas de lo que me has dicho

antes de entrar en quirófano o no?

Mm... Sí. ¿Que a ver si me despertaba a tiempo

para ver el final del partido?

Mm. Que si salías de esta,

ibas a hablar con la compañía para darte de baja.

Y que ibas a empezar un tratamiento. Sí, claro que me acuerdo.

¿Y? Pues que lo voy a intentar.

Dice la doctora que cuando me dé el alta,

pues me va a explicar los pasos a seguir.

Pues me alegra muchísimo oír esto, de verdad.

¡Qué vergüenza!

¿Cómo se lo voy a explicar yo a mi familia, a los compañeros...?

A ver, César.

Lo más importante es reconocer que tienes un problema con el alcohol.

Y te digo una cosa: eso no lo hace cualquiera.

Eso es de valientes, reconocer algo así.

A la fuerza ahorcan. Bueno, pero mira.

Ya has dado ese paso, que es el primero y el más importante.

Pero que en nada estás otra vez pilotando, ya lo verás.

A ver si es verdad.

Porque ahora mismo lo que me pide el cuerpo es...,

un lingotazo.

¿Un lingotazo? Pues mira: aquí tienes: agüita,

toda la que quieras, ¿eh?

Y cuando se te acabe te traigo más.

¿Sabes cuándo me dan el alta? Pues no. No lo sé.

Pero, ¿no lo has hablado con la doctora?

Se me ha pasado.

Vaya. Hombre, yo me imagino que en unos días.

Oye, por cierto: ¿has hablado ya con el seguro de tu compañía

para decirle que vas a estar fuera un tiempo?

No. Lo iba a hacer ahora. Ah, pues muy bien. Muy bien.

Pues nada. Entonces te dejo y, cualquier cosita que necesites,

ahí tienes el timbre, que voy a estar por aquí, ¿vale?

Muchas gracias, Clara. Que me alegro muchísimo, de verdad.

Pero muchísimo, muchísimo. Gracias.

Hola. Soy César Veguilla. Sí. Pues ya me han dado el alta.

Sí. Al final no era nada. Bueno, sí, parece que eran gases.

Nada, una pastilla y para casa.

Así que me puedo reincorporar cuando queráis.

Sí. Seguro.

Pues ponedme en el vuelo a Nueva York.

Sin problema.

-Creía que no leías mientras estabas de servicio.

-Solo cuando mi vigilado está inconsciente

y bajo los efectos de la anestesia. -Ah.

-¿Cómo estás? -En la gloria.

Tengo más droga en el cuerpo que el día de la boda de mi primo el Tirito.

-Joé.

-¿Tu primo es el Tiritos? -El mismo.

¿Tú también le has detenido alguna vez?

-Pbrr. Hace tiempo que no, pero..., en los noventa, no paraba el tío.

-Pues si lo ves ahora, no lo conoces. Está el tío formal.

Con su camisita, sus zapatitos, su trabajo, en una oficina. ¡Ay!

-¿Y tú? -¿M?

-¿Por qué no te buscas un trabajo? -Yo ya tengo un trabajo.

-Uno legal.

-¿Te crees que no me gustaría?

Pero..., pero no sé hacer otra cosa. -Seguro que eso no es verdad.

Además, que para descargar cajas en el mercado o reponer en un súper,

tampoco hace falta tanta preparación.

-¿Tú crees que alguien me iba a dar curro a mí en un súper?

-¿Y por qué no? -Porque, ¡porque no pego!

Vamos, ¿quieren, quieren bolsitas para llevar?

¡Tenemos la oferta de los melones! Vamos.

¿Te crees que no lo he intentado? ¡Joé!

Que he hecho un montón de entrevistas de trabajo de esas.

Y siempre, siempre se han reído de mí.

¿Te han dicho algo de la operación?

-Ahora vendrá el médico y te lo contará.

-Pero ¿qué ha pasado? ¿Han visto algo chungo?

-No, qué va, qué va. Me han dicho que ha salido todo bien.

Aunque, por lo visto, al poco de terminar la operación,

los médicos que te han operado han visto que,

que en la pierna por la que te han entrado a la vena esa...

-Sí. -Pues que estaba muy pálida.

Y han tenido problemas para cogerte el pulso.

-¿Y eso qué, qué quiere decir? -Pues ahora te lo explicarán.

Pero por lo que yo he podido entender,

como que se te había hecho un tapón ahí

y, y te han tenido que poner medicación para romperlo.

-Entonces, ya estoy bien, ¿no? -Pf, como nuevo.

-Y, y puedo... ¿correr ya? -Pues no lo sé. Supongo que sí.

Espérate que venga el médico y se lo preguntas.

-Juan, ¿te puedo pedir una cosa? -Sí, hombre, dime.

-¿Por qué no me lees un poco, eh?

Es que quiero saber si al final se escapa el, el bueno.

-El malo. -Bueno... Como quieras. ¿Me lees, eh?

-Sí, hombre, sí. Pero es que yo no sé por dónde ibas.

-Da igual. Por, por donde vayas tú. -Bueno...

"La inspectora sabía que bajo la coraza impenetrable de aquel hombre

que jadeaba exhausto frente a ella,

en realidad se encontraba un niño indefenso.

Que lo único que buscaba era alguien que pudiera ayudarle en esos momen...

-Hola.

-¿Todavía estás aquí?

Si no tienes..., ¿no tienes nada mejor que hacer?

-No. Nada mejor que cuidarte.

¿Cómo te encuentras? -Bien.

Bueno, bien..., teniendo en cuenta que tengo las horas contadas...

-No digas eso. ¿Eh? -¿Es que no es verdad?

-Papá, no tienes por qué esforzarte más.

-¿Qué quieres decir?

-Carlos me ha dicho que lo estás pasando mal.

-Hombre, tú no creerás que estoy disfrutando. La comida no es mala.

Pero, aunque seas la directora, este no es el top 3

de mis hoteles favoritos.

-Me ha hecho muy feliz conocerte, ¿sabes?

-Pues mira, entonces, todo esto, los dolores, la enfermedad,

los disgustos...

pues ha sido para bien.

-No. Pero no tenemos por qué prolongarlo más, papá.

Ni que tengas que aguantar estos dolores tan fuertes.

-Bueno, tampoco es para tanto.

-Escúchame.

Podemos dormirte y acabar con ellos.

Pero tienes que serme muy sincero.

-He intentado aguantarme, ¿sabes?

Pero..., cada vez me cuesta más.

Me gustaría descansar.

Lo siento. -No, no. No digas que lo siento, ¿eh?

Yo no quiero que sufras más.

Me has hecho un regalo tan bonito viniendo a despedirte...

Gracias. -Gracias a ti, hija.

Estoy listo. ¿Podemos hacerlo ahora?

-¿Ahora? -Sí.

-Claro, papá.

Te quiero.

-Le hemos encontrado en unos setos, ahí escondido.

-¡Estás loco, largándote así! Podrías cascarla aquí, en mitad de la calle.

-En el TAC se muestra que usted tiene el colon entero inflamado.

Por falta de suministro de sangre y hay que operarle.

-Pues ya puede buscarse otro apaño, porque este que está aquí no...,

no lo abrís.

-Mire, Antonio, se lo voy a explicar claro para que lo entienda

y no haya ninguna duda: o se opera, o se muere.

-Voy a cenar con una, ¿m?

Y luego igual me voy a casa de la otra y me acuesto con ella.

-Insostenible completamente, vamos.

Ahora, también te digo una cosa, ¿eh? Yo pagaría por estar en tu pellejo.

-Pues no pagues tanto.

-Los ricos a dieta y los pobres pasando hambre.

-Tengo un dolor aquí en el costado hace ya tiempo,

y pensaba que era muscular.

-Vale. Ya veo que le das duro al gimnasio, ¿no? ¿Qué haces, pesas?

-Soy atleta profesional.

¿Qué pasa?

-Pues estoy viendo una formación quística en el hígado.

Que seguramente sea el origen del dolor.

-Pero ¿puede ser un tumor?

(Teléfono)

-¿Por qué tiene mi marido un montón de llamadas tuyas en su teléfono?

-Vale. Yo creo que es mejor que hables de esto con Andrés.

-¡Que no digas más Andrés! -Perdóname, por favor.

-Eso quiere decir que te estás acostando con mi marido.

Subtitulación realizada por Teresa García Román

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Centro médico - 30/11/18 (2)

30 nov 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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