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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 27/09/17 (2) - ver ahora
Transcripción completa

Después de recibir el alta,

la madre de Dacaret vuelve a Centro Médico

porque ha vomitado y se siente mareada.

-Cuidado, mamá. Siéntate aquí. Eso es.

-Hola, ¿qué ha ocurrido?

¿Habéis encontrado la señora en la calle?

-No, hombre, no, es mi madre y ella es mi hija.

-Ah. -Hola.

-Hola, ¿qué tal? Alejandro Cabrera, un placer. Ya me encargo yo.

-Que no, ni hablar, me encargo yo.

-No, hombre, déjame, que las atiendo yo con todo el cariño del mundo.

-Escucha, que no lo estoy cuestionando,

que me encargo yo y punto. Ya está, ¿vale? -Vale.

-Marta, espérate aquí.

-Eh, así que hija de Dacaret, ¿eh? -Sí. -Lo siento mucho.

-Vamos a ver, mamá, ¿tú estás segura

de que estás siguiendo correctamente el tratamiento?

-Pues claro. Oye, por favor, no me trates como una niña pequeña,

que no soy tonta.

-A ver, mamá, yo no he dicho que seas tonta,

pero te puedes haber equivocado con la medicación.

Además, tienes la frecuencia cardíaca baja

y hay algunos medicamentos que causan eso.

-Pues no, no me he equivocado, tomé lo que me mandaste.

-Vale, vale, pues nada.

Bueno, pues te dejaremos ingresada otra vez

para hacer un estudio completo.

-No, ¿otra vez? -Sí, mamá, sí.

-¿Y Marta? -Deja a Marta,

no te preocupes por ella.

-Por favor... -A ver, nos centramos en ti, ¿vale?

-Los betabloqueantes son unas medicinas bastante frecuentes

que ayudan a disminuir la frecuencia cardíaca.

He estado hablando con mi madre

y me ha comentado que no los ha tomado,

aún así prefiero hacer un tac y un ecocardiograma para asegurarnos.

-Un café cargadito para la directora más competente de España.

-Madre, mira que habláis alto los andaluces, ¿eh?

-Ya estamos con los tópicos. -Bueno, pues también tienes razón.

Bueno, ese café, ¿es para mí? -Sí.

-Pues venga. Vamos rapidito que hoy hay muchísimo trabajo, ¿eh? ¿No?

-Sí, hay un poquito de trabajo, la verdad.

¿Le puedo hacer una pregunta? -Sí, dime.

-¿Por qué ha decidido ser mi supervisora hoy?

-Bueno, porque siempre me gusta tener un caso con el residente.

-Entonces, no es que yo haya hecho algo malo, ¿no?

-¿Has hecho algo malo? -No, no, qué va,

lo que pasa que como soy nueva...

-Pues a lo mejor digo: "Igual he hecho yo algo

y ha recibido usted una queja..." -Que no, que no.

-Pero yo sin querer... -Que no, que hay mucho trabajo, venga

-Hola, Alberto, ¿qué tal? -Hola. -Hola.

-A ver, te presento a la doctora Rocío Jiménez.

-Encantada. -Encantado.

-Es residente de primero y, bueno, cuéntanos qué es lo que te ha pasado.

-Una caída muy tonta, estaba limpiando la ventana, me despisté,

y como soy un poco torpe...

-Y qué apañado, ¿eh? Limpiando los cristales.

Anda que me he encontrado yo uno que limpia los cristales de mi casa.

-Eh, vale. Paula, se encarga la doctora Jiménez del paciente, ¿eh?

Gracias. -¿Yo?

-Sí. -¿Del...?

-¿Un problema? -No, no, para nada, ninguno.

-Perfecto, pues nada. Gracias, Paula.

¿Y qué hacías tú limpiando los cristales?

-Pues que me dio el sábado por la mañana.

Estaba en casa aburrido y me dije: "Pues venga".

-Sí. -Los guantes.

-Ay, perdón. -Claro.

-Lo siento.

-Bueno, Alberto, puedo estar tranquila, ¿no?,

con respecto al marcapasos.

-Sí, no he vuelto a tener más arritmias.

-Pues fenomenal, ¿no? -Sí.

-Hace unos meses pusimos un marcapasos a Alberto

porque sufrió una grave arritmia.

Ahora mismo, aunque nos vamos a centrar en su evolución,

lo primero es detener esa hemorragia.

-Hola, chicas. -Hola.

-Raquel, te traigo los resultados del tac de Gorka Ruiz.

-De acuerdo, doctora, gracias. -Marina.

-Hombre. -Hola.

-¿Qué tal? ¿Qué haces por aquí?

-Nada, que mi abuela ha empezado a vomitar.

Se ha puesto muy mal y esta mareada. -¿No me digas?

-Me ha dicho mi padre que espere aquí, así que aquí estoy. -Bueno.

-Yo que sé, lo mismo se piensa que me voy a hacer otro piercing

o que me tatúo algo.

-Pues por eso te iba a preguntar, ¿qué tal? A ver. -Me lo he quitado.

-¿Cómo que...? Ah, se te ha infectado un poco.

-Bueno, pues ten cuidado, ¿eh? -Pues me dolía, ¿eh?

-¿Sí? -Bastante.

-Bueno. -Así que nada.

-Pues nada, voy a echar un vistazo a ver si me entero algo de tu abuela.

-Vale, ¿y qué te parece que comamos juntas hoy? ¿Te viene bien o...?

-Pues... Es que me encantaría, de verdad, pero es que no...

No voy a poder, lo siento mucho.

-¿Y si invitamos al médico cubano y se viene con nosotras?

-¿Al médico cubano? -Sí.

-Pero... -¿Qué?

-Que no sé, ¿desde cuándo te interesa a ti

la medicina exótica y esas cosas? -No sé, a ver, es majo.

-Ah, es majo. -Ya está.

-Ya. Bueno, pórtate bien. -Vale.

-Eh, tranquila. -Hola.

-Tú relájate.

Si quieres que te dé la bebida, tienes que tratarla con cariño.

¿Y? Voilà, aquí tienes. -Gracias.

-Oye, escucha, ¿por qué no aprovechas y que sales ahora

a tomar un poquito el aire?

Y así si hay alguna novedad, ya salgo yo mismo a buscarte.

-¿Sí? -Sí.

-Vale. -Muy bien.

-Bueno, lo que podíamos hacer es, si quieres, te doy mi móvil

y así luego si no me encuentras, pues me llamas.

-No, no será necesario.

-No, de verdad, que a mí no me molesta.

-¿Sí? -Sí, sí, toma.

-Vale. Apunta. -A ver... Dime.

-6, 23. -Sí.

-46. -Sí.

-28, 52.

-Bueno, Alberto, te voy a recetar

unos analgésicos para el dolor, ¿vale?

-Gracias. -De nada.

-Ea, pues ya me he deshecho yo de las pruebas del delito.

-Doctora, Alberto sigue aquí. -No se preocupe, me hace gracia.

-Gracias, apañado.

-Bueno, pues aquí tienes.

A ver, Alberto. Déjame, déjame. ¿Y esto cómo lo tienes así?

-Lo tengo así desde ayer, pero con el golpetazo se me había olvidado.

-¿Has visto? Está inflamado y además está caliente y rojo.

¿A qué podría deberse?

-Yo creo que puede indicar un coágulo en un vaso sanguíneo,

ya que tiene puesto un marcapasos, es muy probable, ¿no?

-¿Cómo va el corazón, Alberto? Cuéntame. -Muy solitario.

-Ya, no he vuelto a tener más episodios de arritmia.

-Vale, de todas formas, te vamos a hacer una venografía

para ver si hay trombos y también análisis para ver la coagulación.

-Pero que no pasa nada, vamos a hacer las pruebas y luego vemos,

no hay de qué asustarse, ¿vale?

-Alberto, ¿qué tal el otro asunto? -¿Qué asunto?

-El de la disfunción eréctil.

Es que he mirado tu historial cuando he ido a tirar las gasas,

pero que no te moleste. -Es mi médico, qué le voy a hacer.

-La disfunción eréctil y la enfermedad cardiovascular

comparten factores de riesgo,

como es la hipertensión arterial, la arterosclerosis,

o el consumo de alcohol o de tabaco.

¿Bien?

-He aprendido a llevarlo bien.

Me he acostumbrado y tampoco es que lo eche mucho de menos, sinceramente.

-Pero, Alberto, ¿no te has planteado acudir a la psicóloga del centro?

-Ay, a la psicóloga...

-Alberto, ¿cuántas veces te lo he dicho? -Un montón.

-¿Y me has hecho caso? -No, nunca.

-Pues ahí lo tienes.

-De verdad que no es necesario. Me he acostumbrado,

sé que puede ser difícil de entender,

pero la verdad que yo tampoco he tenido nunca mucha vida sexual,

así que está bien, ¿no? -Bueno.

-Hace tiempo que no salgo con nadie,

o sea, que tampoco estoy perdiéndome mucho.

Mi única preocupación ahora es que éste siga bombeando.

-Ey. -Hola.

-Te estaba buscando. Que me acabo de cruzar con Marta

y me ha comentado lo de tu madre. -Sí, sí, bueno,

es que creo que se ha hecho un lío con la medicación,

pero ya la conoces, me lo niega todo el rato.

Le estamos haciendo un estudio completo.

-¿Y con Marta qué tal, bien?

-Sí, sí, más o menos bien. Gracias por preguntar.

-De nada. -Venga.

-Doctor, doctor, la paciente. -¿Qué pasa?

-Fátima, Fátima. Tráeme el electro y vamos a monitorizarla, por favor.

Tómala el pulso. ¡Tómala el pulso! Vamos, reacciona.

Respira con dificultad.

Fátima se había quedado inconsciente y tenía el pulso muy bajo,

lo cual pues, evidentemente, no es muy buena señal,

así que vamos a esperar a ver cómo evoluciona.

-No sé qué me ha pasado, estaba tan normal.

-Mira, Fátima, lo que te está ocurriendo es que

tu corazón ahora mismo va muy lento

porque hay algo que está bloqueando los impulsos eléctricos normales.

-Pero ¿por qué es eso? -Pues, mamá, hay dos opciones, una,

que haya afectación secundaria de algún medicamento, o bien,

como creo que es tu caso, que te has pasado con la dosis.

Pero como eres tan cabezota no me lo dices. -Que no.

-A ver, ¿cómo que no? Mamá, que te conozco. -Que no.

-Que me cuentes ya qué ha pasado con el medicamento.

-Que, que no, hombre, que no he tomado nada.

-Sé un poquito más suave, por favor.

-Más suave ni nada, que la conozco perfectamente, Rey.

Mamá, mírame, mamá, cuéntame lo de la medicación.

-Está bien, ¿vale? Pues sí, tomé más porque tenía mareos.

-Ya, ¿y por qué no me lo has dicho antes?

-Pues porque no puedo estar mala... por Marta.

Te pasas el día en el hospital y yo no puedo dejar que la niña

se paseel día en una sala de espera.

-Bueno, eh, Fátima, escúchame, no te alteres, ¿vale? Tranquila.

Vamos a ver, te vamos a poner suero, ¿de acuerdo?

Y te vas a quedar ingresada

hasta que se elimine por completo el fármaco. Venga, os dejo solos.

Probablemente, la crisis de Fátima viene provocada

por el abuso de un medicamento,

así que vamos a intentar remediarlo administrándolo un suero.

De esta forma, la concentración del fármaco en sangre

irá desapareciendo poco a poco

y recuperará la normalidad en sus constantes.

-Lo siento, siento haberte hablado así.

-Mamá, no digas tonterías, claro que te perdono,

si además, es que es mi culpa, tienes razón.

Que es mi hija y soy yo el que tengo que estar con ella, no tú.

-Es que es muy difícil asumir responsabilidades,

pero es que la niña te necesita. -Pero si ya lo sé.

Pero es que, no sé, hago todo lo que puedo.

-Pues es que, no sé, tienes que tomar la iniciativa

y si no, deja que alguien te ayude, Marina...

-Mamá, escúchame, olvida ese tema, ¿vale? Ya está hablado.

-Mira, yo sé que los dos os preocupáis el uno del otro,

si yo os veo.

No sé por qué te empeñas en mantenerla alejada.

-No, a ver. -Sí.

-Mamá, ¿me escuchas? Yo no alejo a nadie, ¿vale?

Marina y yo ya hemos comentado este tema mil veces y está decidido.

Tenemos la relación que tenemos que tener, ¿vale?

Así está todo bien.

Así que céntrate en esto ¿vale?

Tienes que pensar en ponerte bien y ya está, nada más.

¿Vale o no vale? -Vale, vale, vale.

Los análisis han confirmado

el aumento de la coagulación en sangre de Alberto,

y tras hacerle una venografía de tórax

y otra de miembros superiores,

las sospechas de la doctora Romero se han confirmado.

-Bueno, al parecer uno de los electrodos del marcapasos

ha provocado un trombo

y está afectando el brazo derecho de Alberto,

así que lo que tenemos que hacer es quitar la obstrucción

y cambiar el marcapasos.

-Marta, escucha, soy Marina, oye,

que finalmente sí que puedo comer contigo, ¿vale?

Así que nada, cuando escuches el mensaje avísame, dame un toque.

Venga, un besito, chao.

-Hola. -Hola.

-Oye, Rey, que gracias por todo. -De nada, pero ¿qué pasa, estás bien?

-Sí, pero antes con lo de mi madre me he quedado paralizado

y si no llega a ser por ti, no sé qué hubiera podido pasar.

-Ah... Nada, nada, tranquilo. Ya está, no pasa nada.

-¿Estás bien? -Sí, sí, perdona, es que...

-¿De qué creías que estaba hablando? -No, estaba pensando en otra cosa.

Perdona, me has pillado un poco en... -Vale.

-Eh, me voy, ¿vale? Disculpa, es que tengo prisa.

-¿Comemos luego y me cuentas todo lo del proyecto?

-Es que no puedo, es que hoy... no puedo.

-Bueno. -Hasta luego. -Adiós.

-Pues la intervención ha ido muy bien,

hemos eliminado el trombo y hemos cambiado el marcapasos.

Y ahora pues se está recuperando. -Pues me alegro.

A mí me encantaría ayudarle con la disfunción eréctil,

pero si él no quiere es que yo no puedo hacer nada

por intentar que venga a terapia. -Ya.

Y llevamos aquí un rato hablando y no te he contado lo mío, como siempre.

Pues a ver, que me ha vuelto a pasar. -¿Lo de la sangre?

-Es que tú no sabes la sangre que había en esa nariz, Dios mío.

Yo he aguantado como he podido,

pero he estado a punto de echarle la manteca colorada del desayuno

al pobre muchacho.

-La verdad es que eres la primera médico que conozco

que tiene fobia a la sangre.

-Y te agradezco en el alma que no se lo cuentes a nadie.

-No, mujer, eso es secreto profesional

y, de todas formas, tampoco contaría nada, ¿eh?

Lo que sí que tenemos que seguir haciendo es

pues acercamientos pautados a la sangre y poquito a poco.

-Ya, pero si todo eso está muy bien,

pero ¿cómo le digo yo al muchacho que está sangrando a chorros

que yo tengo que acercarme pautadamente?

-Ya. La verdad es que me llama la atención

que hayas decidido ser médico con esta fobia a la sangre que tienes.

¿O te pasó algo después? -¿Sabes qué creo que me tengo que ir?

Porque Romero seguro que me está buscando,

Alberto seguro que se ha despertado ya.

-¿Y eso cómo lo sabes? -Pues porque yo tengo un don,

huelo las broncas, ¿no te lo había dicho?

-¿Y esto? -Porque tengo otro don,

el saber cuándo alguien necesita un mimito.

-Ay, gracias. -A ti.

Con la sospecha de que el origen de sus dolencias está

en el abuso de un fármaco,

a Fátima, la madre de Dacaret, le han puesto suero,

pero su estado no mejora.

-Muy bien.

¿Qué tal, cómo te encuentras? -Bueno, no muy bien, pero...

Oye, gracias por preocuparte de tu exsuegra.

-Bueno. De nada. Pero que conste que

primero eres mi paciente antes que mi exsuegra.

-No, en serio, que independientemente de que ya...

Dacaret y yo no estemos juntos,

ya sabes que yo siempre te deseo lo mejor.

-Eres una mujer maravillosa. Lástima que... Hamman y tú...

-Ya. ¿Vale? Vamos a dejar el tema, por favor, de verdad,

que además tu hijo y yo ahora mismo, pues estamos mejor así.

-Ya lo sé, mucho mejor.

Teléfono

-Ay, mira, es tu nieta.

Marta, ¿sí?

Escucha, es que no te oigo bien.

-Dile que venga, dile que venga a verme.

-Vale. A ver, tienes mala cobertura.

Eh, luego pasamos a verte. Sí, dime, ¿dónde estás?

-¿Qué tal, Daca? Hola, ¿cómo vas? Escucha, cuéntame, ¿qué tal tu madre?

-Pues mira, he estado revisando los resultados

y los niveles de los fármacos siguen estando elevados.

Además, sigue teniendo bradicardia, o sea que... No sé qué ocurre. -Sí.

Escucha, ¿qué te iba a decir yo?

¿No crees que a lo mejor te estás centrando mucho

en el abuso de medicamentos y puede haber otras posibilidades?

¿Sabes lo que te digo? -Pues no, no estoy pensando en eso.

Estoy seguro de que es porque consume muchas pastillas y ya está.

-Hombre, Daca, confiarás en mi criterio, ¿no?

-¿Me lo estás diciendo en serio?

-¿Qué pasa? ¿No te acuerdas que puse la otra mejilla por ti?

¿Se te olvidan las cosas? -Eh...

-Mira, voy a hacer lo que tengo que hacer, ¿vale?

Un ecocardiograma, un estudio holter y una ergometría,

así que hasta luego. -Vale.

-Escúchame, una cosita más,

no sé exactamente qué rollito te llevas con mi hija, ¿vale?

Pero mejor que lo dejes estar. ¿Vale? -Yo... Pero...

Alberto ha sido sometido a una intervención quirúrgica

para eliminar un trombo de una vena de su brazo derecho

y sustituir su marcapasos.

-¿Qué tal, Alberto, cómo estás?

-Bien, pero si no la viera durante un tiempo, lo agradecería.

-Bueno, no ha habido ninguna complicación en la intervención

y con el tratamiento que vas a tomar,

yo creo que nos vas a dejar de ver durante mucho tiempo.

-Di que sí. A ver, el tratamiento consiste en Warfarina y heparina,

¿de acuerdo?

Y el tiempo, pues la verdad que depende un poco

de la vida que lleves.

-Así que ya sabes, nada de comida grasa, ejercicio físico.

-Ojo con el alcohol, la sal mejor ni verla.

-Se lo sabe, ¿eh? -Es que eres más apañado...

-¿Marta? Marta, Marta, ¿me oyes? Marta, escúchame.

Marta. Marta, soy Marina, ¿me estás oyendo?

-Marina... -¿Desde cuándo lleváis bebiendo?

Vamos, incorpórate, por favor. -Muchísimas gracias por...

-Escúchame, necesito que te levantes, ¿vale? Vamos, venga.

Al hospital. ¡Vamos!

El doctor Dacaret somete a Fátima a una prueba de esfuerzo.

-Mamá, mamá. Oxígeno. -Sí.

-¿Me oyes? Mamá, eh, despierta.

Es que no lo entiendo, algo le está pasando al corazón de mi madre,

eso está claro.

Le hemos puesto oxígeno, está monitorizada,

y lo que tenemos que hacer ahora es analizar las enzimas cardíacas.

Y no lo sé, no lo sé.

Puede que me haya equivocado en el diagnóstico y...

Y algo se me haya pasado por alto. No lo sé.

-Daca, que me acabo de enterar de lo de tu madre. ¿Qué tal estás?

-Pues me cuesta bastante lidiar con la situación, la verdad.

Porque es una persona demasiado importante en mi vida,

como... Como para perderla.

No sé, solo de pensarlo me vengo abajo.

-Tranquilo, tranquilo, compadre. No te castigues por ello,

tú vas a ver que todo va a salir bien y se va a recuperar. ¿OK?

-Vale, gracias. -Tranquilo.

-Hola. -Hola.

-¿Querías algo?

-Nada, no, tranquilo, nada, no es nada urgente.

-Vale. Oye, por cierto, ¿has visto a Marta?

-No -Bueno...

-Oye, escucha ¿por qué no aprovechas y te vas a la sala de personal

y descansas un poco y te recuperas y ya me encargo yo de Fátima?

Cualquier cosa que haga falta

te doy un toque al móvil y te vienes corriendo. ¿Te parece?

-Vale. Sí, te voy a hacer caso, me irá bien descansar un rato.

-Sí. -Cualquier cosa me llamas, ¿vale?

Hasta luego. -Vale, sí, por ahí.

Después de recibir el alta,

tras una operación para cambiarle su marcapasos,

Alberto tiene que acudir de nuevo al hospital.

-Hombre, Alberto, ¿qué haces aquí?

¿Estás bien? -Sí y no.

-Bueno, a ver, explícanoslo.

-Tengo una... Una... -¿Una arritmia?

¿Una hemorragia? ¿Colitis? ¿Qué? -Creo que se refiere a otra cosa.

-Bueno, eso no es un problema, ¿no? -Lleva así día y medio.

-Ese es el problema. -No, qué va, si estoy como nunca,

después de tanto tiempo sin que esto funcionase...

-El priapismo es una erección mantenida del pene

sin estimulación sexual.

Y puede ser consecuencia, entre otras cosas,

del efecto secundario de ciertos medicamentos.

-Sé que esto no puede ser normal,

pero en realidad no he venido por eso. -¿Entonces?

-Tengo una manchita roja en los pies.

-¿Y tienes las mismas manchitas rojas en el pene? -No.

-A ver, Alberto,

¿estas manchitas aparecieron a la misma vez que la erección?

-No lo sé, evidentemente,

lo primero que noté fue eso, hace día y medio.

-Vale. Día y medio.

Pues pasa a la camilla que te vamos a explorar.

¿De acuerdo? Un segundito. ¿A qué crees que puede deberse?

-Puede deberse al tratamiento de la Warfarina, ¿no?

Es un efecto secundario poco frecuente de la Warfarina,

pero puede ocurrir.

Los primeros síntomas suelen ser el cambio de sensación.

Luego aparecen petequias, ampollas hemorrágicas

y, finalmente, lesiones necróticas.

-Bueno, Alberto, lo que vamos a hacer es retirar la Warfarina,

aunque vamos a continuar con la heparina.

Yo creo que con eso, en principio, tendría que ser suficiente.

-Entonces, ¿la alegría también desaparecerá, no? -Pues sí.

-De lo contrario empezaría a ser doloroso

y te podría pasar lo mismo que en los pies, en el pene.

-Sí, con la consiguiente necrosis. -¿En serio?

-Así que, nada de alegría.

-Además de retirar la Warfarina

le vamos a hacer una revascularización de los pies

para evitar las ampollas hemorrágicas y la posterior necrosis,

así que se va a tener que quedar ingresado para ver cómo evoluciona.

Tras sufrir una nueva crisis

mientras realizaba una prueba de esfuerzo,

el doctor Cabrera le comunica a Fátima

los resultados de su estudio cardiaco.

-El análisis de enzimas cardíacas no ha mostrado signos de infarto,

pero... Pero mi madre sigue teniendo mucho dolor.

Así que, hemos pensado que lo mejor es hacerle un cateterismo.

-Con el cateterismo queríamos ver las arterias coronarias por dentro

por si hubiera algún tipo de estrechez

que fuera necesario corregir,

pero no hemos encontrado nada.

Por lo tanto, pues, los problemas de Fátima tienen otro origen.

De hecho, viendo todos los síntomas en su conjunto,

voy a hablar con el doctor Dacaret, porque creo saber

qué le ocurre a su madre.

Fátima, ya sabemos lo que tienes. ¿De acuerdo?

Se trata del síndrome Stokes-Adams,

así se denominan los episodios de pérdida de consciencia

que has tenido hasta ahora.

Y esto es provocada por un bloqueo cardiaco que tienes

y la baja frecuencia de tu corazón.

-Mamá, lo que quiere decir es que

el problema no ha sido que hayas consumido demasiados medicamentos,

sino que el corazón no bombeaba suficiente sangre al cerebro

y eso produjo que te desmayaras.

Vamos, que... Que me equivoqué con el diagnóstico.

-Hombre, eres humano,

además últimamente has estado sometido a mucha presión.

-Ya, pero en parte me siento culpable.

Porque yo te estoy sometiendo a ti

con muchas responsabilidades sobre Marta,

y no tendría que haberlo hecho.

-Soy tu madre, yo estoy aquí para ti. ¿Vale?

Para lo que necesites y ahora me necesitas.

-Pero bueno, vamos a ver, de todas maneras ya sabemos lo que tiene, ¿no?

Y eso son buenas noticias.

Así que vamos a centrarnos en corregir este problema,

¿de acuerdo, Fátima?

Y para ello vamos a tener que implantarle un marcapasos.

-Ay, pero eso suena a viejos, ¿no? -¿A viejos? Pero ¿qué dices?

Que no, mujer. Que no.

Vas a ver que después del implante vamos a tener un mejor diagnóstico,

¿de acuerdo? -Vale.

-Fátima, venga, os dejo, chicos. -Muchas gracias. -Hasta luego.

-Lamentablemente, la solución para el síndrome de Stokes-Adams

pasa por el quirófano.

Así que, vamos a implantar el marcapasos a la madre de Dacaret

porque esta enfermedad tiene una alta tasa de mortalidad en el primer año.

-Bueno, a partir de mañana te va a supervisar el doctor Ramírez.

Y también te vas a encargar de Alberto, ¿de acuerdo?

-Entonces es que he superado el test de la doctora Romero.

-Bueno, igual con ese tipo de comentarios cambio de opinión.

-Bueno, pues entonces yo, punto en boca,

le sigo invitando a café y tan amigas.

-Justo eso. Punto en boca. -Punto en boca.

-¿Vale? Que te pierde ese carácter. -Vale. -Eso.

-Ya me callo y ya, se acabó. No se preocupe ¿eh?

Cuéntamelo todo.

-Lo que tenemos que hacer es colocar el marcapasos debajo de la piel.

En unos días te recuperarás y podrás hacer vida normal.

Mamá, escúchame, lo más importante es que no te preocupes por nada. ¿Vale?

-Vale. Tú tampoco, que parece que estás tú más preocupado que yo, ¿eh?

Que todo va ir bien, no te preocupes. Yo confío en vosotros. -Ya.

-¿Qué pasa?

-Es que me ha dado la sensación de que te perdía, mamá,

y no... No me ha gustado nada.

-Si es mi niño pequeño...

No pasa nada. Ya verás. Hala, ya está. Venga. Venga... ¿Marta?

-Yo que sé. La he llamado mil veces, pero no me coge.

-¿Y la doctora Rey? A lo mejor ella sabe dónde está.

-Tampoco lo sé. Pero bueno, ahora que lo dices

voy a ver si la encuentro. -Venga, vamos.

-Te quiero mucho, mamá. -A trabajar, venga. -Vale.

Tras la revascularización

y la retirada del tratamiento de Warfarina,

tanto las petequias en los pies de Alberto

como su erección permanente, han desaparecido.

-¿Cómo estás? ¿Ya mejor, no? Si la Warfarina...

-Sí. Sí. -¿Verdad?

-Sí, sí. -Bueno, pues cuéntame.

-Bueno... Supongo que bien. Pero no. En el fondo no estoy bien.

Es que después de todo lo que ha pasado,

me he dado cuenta de todo lo que me he estado perdiendo.

Y encima ahora he conocido a una chica.

-Pero eso son muy buenas noticias. Qué bien.

-Se llama Elena. Pero ¿dónde voy yo ahora con ella?

-¿Y por qué dices eso?

-Es la chica del edificio de enfrente.

Por eso me caí mientras limpiaba. -¡Ah!

-Llevaba semanas observándola. Y ella ese día me miró, me sonrió,

y yo... -Claro.

-Me la metí contra la mesilla. -Pues normal. Normal.

-No pude hacer más el ridículo.

-Bueno, y dime ¿la has pedido salir o estás...?

-Sí, sí, se lo he pedido.

Pero si no llega a ser porque Rocío, la doctora Jiménez,

me insistió para que lo hiciera, no lo hubiera hecho.

-¿Cómo? Vale. Bueno, te pido disculpas en nombre del hospital,

porque la verdad es que un médico

no debe meterse en la vida de los pacientes de esa manera, así que...

De verdad que disculpa. -No exagere.

Rocío, simplemente, hizo lo que yo en realidad quería hacer

y me dio un empujoncito.

Estoy muy agradecido. Y le pido por favor que no lo pague con ella.

-No, si pagarlo no lo voy a pagar,

simplemente voy a hablar con ella sí o sí.

-Yo no le voy a decir cómo tiene que hacer su trabajo,

pero tenga en cuenta que Rocío me ha convencido

para que vaya a terapia por lo de mi disfunción eréctil. -¿Sí?

-La doctora Jiménez me caló desde el primer momento.

A ver, no estaba limpiando la ventana,

estaba mirando a la vecina de enfrente.

El caso es que cuando me fui el primer día,

la doctora me pilló por banda antes de salir del hospital,

y hasta que no le conté todo

y no le prometí que invitaría a salir a mi vecina, no me dejó en paz.

Es buena gente la doctora Rocío. Peleona, pero muy buena gente.

-Marina... -¿Qué?

-Que lo de antes ha sido una tontería, ¿vale?

Así que... Prefiero que lo olvidemos. -¿Que lo olvidemos?

-Sí, a ver es que no pensaba que me iba a poner así.

-¿Cómo? ¿Así de borracha?

-Sí, pero... A ver, que ya estoy mejor.

-Ya. -Porfa...

-Pero que estés bien no significa que haya sido correcto lo que has hecho.

-Ya, pero... Pues no decírselo a mi padre, porfa. Porfa.

-Marta, no puedo.

-De verdad, que es que no es para tanto.

-¿No es para tanto? -No.

-Mira, lo siento mucho, pero no puede ser. -Que no, porfa.

-Entonces, o se lo dices tú o se lo digo yo. -No.

-Marta ¿qué haces aquí?

Te he llamado 20 veces y no me coges el teléfono.

-Eh... Ya. Porque... Porque me he ido a comer fuera. Con Marina.

-Con Marina. Ya. Bueno, escucha,

tenemos que operar a la abuela, y quiere verte. -¿Ahora mismo?

-Sí, ahora mismo. Tenemos que ponerle un marcapasos

y quiere que estés con ella. -¿Como que un marcapasos?

Pero ¿se va a morir? -No, Marta, no se va a morir,

¿por qué tienes que pensar de esa manera?

Venga, acompáñame, vamos. Venga.

Luego hablamos tú y yo.

-¿Un segundito?

Rocío, ¿tienes un segundito? Porque es que quiero hablar contigo.

-A ver, jefa, yo solo vi que Alberto necesitaba un empujón y se lo di.

Y ahora está mucho más feliz, tiene una relación,

va a empezar a ir a terapia.

-Sí, pero los médicos no podemos hacer eso.

No nos podemos meter en la vida de los pacientes de esa manera.

Y tú lo sabes, Rocío. ¿Qué quieres que te diga?

¿Que lo has hecho bien? No puedo decirte eso.

Pero sí te puedo decir que te controles,

y que cuando necesites consultar cualquier cosa, lo hagas conmigo,

tú cuenta conmigo. ¿Vale?

Pero no te lances porque es que te pierde ese carácter.

No quiero más problemas. -Lo siento.

-Venga, vale. -Y muchas gracias.

-De nada, hasta luego.

-Ah, estás aquí. -Hola.

-Hola. ¿Qué tal? Te estaba buscando. ¿Y tu abuela?

-Pues ahí está. Sigue esperando a que le pongan el marcapasos.

-Ya. ¿Tú qué tal estás? -Bueno. Ya... Ya la he visto.

Pero vamos, que prefiero no acercarme.

-¿Y por qué? ¿Qué pasa? A ver, tranquila. Cuéntame, ¿qué pasa?

-Tengo miedo. No sé por qué pero...

Me da pánico que todas las personas que quiero estén enfermas.

-Ya. Entiendo muy bien esa sensación, Marta.

Yo es que he pasado por esto, mi mujer también estuvo enferma.

-¿Y qué pasó?

-Ya, ¿ves? Que todo acaba mal.

-Hombre, a ver, no siempre tiene por qué tener el mismo desenlace.

Es que esto es así, según la persona, hay muchas variantes.

Pero una cosa sí te digo,

de hecho estoy seguro, que tu abuela vaa salir de esto.

¿Y sabes qué le va a venir muy bien? -¿El qué?

-Pues que vayas a verla, por ejemplo, la va a venir muy bien tenerte cerca.

Y no solo a ella, también a tu padre. Te lo va a agradecer muchísimo.

Mira, Marta, ahora mismo tienes la llave en tu mano

para hacer que las cosas vayan mejor. Aprovéchala.

-Gracias. -¡Uh! De nada.

-Pues me voy a subir, ¿vale? -Claro que sí, venga ese ánimo arriba

Gracias a la doctora Jiménez,

Alberto ha empezado la terapia con Lucía

para intentar solucionar su problema de disfunción eréctil.

-Dejando a un lado los problemas cardiovasculares, hormonales,

o las enfermedades de tipo crónico, se estima que entre un 20 y un 30 %

de las disfunciones eréctiles tienen un origen psicológico.

He estado hablando con Alberto y parece que este es su caso

y que le voy a poder ayudar.

-Voy a hacerle caso y voy a contarle a Elena mi problema.

-Pues me parece muy bien, porque, además,

para los hombres que tenéis disfunción eréctil,

el mejor aliado siempre es la pareja.

Y por eso hay que tener comunicación. -Claro que sí.

-Bueno, ¿cómo ha ido la terapia hoy? -Muy bien. Gracias por todo. -Nada.

-Y ahora el apañado se va que ha quedado.

-¡Oh! Qué bien. Me alegro mucho. -Sí. Chao.

-Chao. -Venga hasta luego.

-Bueno, Rocío, tú sabes que yo no juzgo a la gente y que sé escuchar.

-Hombre, claro, ¿cómo no lo voy a saber si eres mi psicóloga?

-Pues es que si quieres que la terapia funcione

vas a tener que abrirte un poquito más, ¿eh?

-No sé a qué te refieres.

-Pues a que cuando te pregunté

que si el miedo que tenías a la sangre se debía a que habías tenido

algún problema, alguna situación traumática, te cerraste.

-A ver, estaba nerviosa porque... Por Alberto,

y porque Romero me estaba supervisando, tú sabes.

Me puse un poquillo así... -Ya.

-Bueno, ¿la semana que viene a la misma hora?

-Ya lo había apuntado. -Muchas gracias.

-¿Qué quieres que haga si tu hija prefiere llamarme a mí

en vez de llamarte a ti? A ver.

-Pues, Rey, a ver, para empezar, no mentirme.

Si te pregunto por mi hija y me dices que no sabes dónde está

y resulta que habéis estado comiendo juntas, pues no lo entiendo.

-Vamos a ver, ¿tú no te das cuenta

de que yo estoy ahora mismo entre la espada y la pared?

¿Qué me estás diciendo, que me aleje de tu hija,

pero sin embargo ella prefiere llamarme a mí cuando tiene problemas?

Llaman a la puerta

-¿Sí? -Hola.

-Hola. -Hombre.

-Bueno, pues ya que estás aquí, cuéntaselo.

-No. -¿Cómo que no?

-Que no, que no, que no pasa nada.

-A ver, a ver. ¿Que me cuente qué? -Nada.

-Marta y yo no hemos comido juntas.

Me llamó porque... Porque estaba borracha.

-Marina... -¿Cómo que estabas borracha?

A ver, ¿y se puede saber por qué no me lo has contado a mí?

-Yo creo que es evidente, tu hija es una adolescente

y lo único que pretende es llamar la atención.

-Ah, llamar la atención. Pero ¿de quién? ¿De ti o de mí?

Mira, Rey, nunca tendría que haber dejado

que te involucraras en mis problemas, ¿vale?

-¿Ves? Si al final siempre soy un problema.

-Marta...

-Dacaret, es tu madre. Se ha desmayado.

Tiene otra bradicardia.

-Estoy llevando los casos de Marco y no doy abasto.

Por cierto, ¿tú conoces a alguien que podría sustituirla?

-Ah... -¿Y por qué no la sustituyes tú?

-¿No te das cuenta que ese niñato no te dejaba lucirte, hombre?

-¡Y por eso te tienes que poner a dar leches a toda la grada!

-Tiene usted una fractura en la décima costilla.

Respira despacio.

-Óscar ha tenido una crisis respiratoria

y le hemos llevado a reanimación para ponerle oxígeno

y hemos aprovechado, también, para hacerle un electro

porque estaba taquicárdico.

-No quiero que mi padre muera por mi culpa.

-Pero vamos a ver, Samuel, no es tu culpa.

Tu padre ya estaba mal cuando vino.

¿Tú has ofrecido a Arce un puesto aquí en el hospital?¿Por?

A ver, ya trabajo aquí con mi hija

y no está siendo fácil como para encima meter a mi novio a trabajar.

-Hola. -¿Qué tal? ¿Querías hablar conmigo?

-Eh, sí, bueno.

-¿Se puede saber que tienes que hablar con Cabrera?

-Cuéntame, ¿Marta dónde anda?

-Pues mira, sé perfectamente que no va venir a verte.

Y te pide disculpas.

-Que la niña lo tiene que estar pasando muy mal.

-A ver, Marta quiere hablar contigo.

Pero para eso hace falta que esté relajado acá.

-Tienes que meterte en tus asuntos.

Y dejar a mi familia en paz, por favor.

-¿Qué te pasa? -¡Ay! Me duele.

-Fátima, ¿qué te duele? A ver. ¡Fátima! Por favor.

Por favor, abuela, abuela.

  • Centro médico - 27/09/17 (2)

Centro médico - 27/09/17 (2)

27 sep 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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