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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 25/09/18 (1) - ver ahora
Transcripción completa

-¿Qué pasa con Merino?

Pues eso. Que se ve que ya tenéis más confianza.

Que cuando os he visto hablar, incluso discutir,

pues que me parece a mí que teníais una relación, ¿ómo te diría yo?

Más íntima.

Oye: que Reina me ha contado vuestra conversación.

-No quiero hablar de eso. -Yo solo quería decirte que...

Que es buena tía, y que ella no quería meterse por medio.

-¿Sabes qué pasa? Que desde que estoy en este hospital

no he parado de tener enfrentamientos con mis nuevos compañeros.

-Me dices que no me preocupe por ti.

¿Pero cómo no me voy a preocupar si cometes un error tras otro?

Tengo que dejar que se rían, que se aprovechen... ¡Todo!

¿Mamá?

¡Ayuda, por favor!

Está taquicárdica, se nos puede parar en cualquier momento.

¡Por favor, rápido! A Reanimación 1.

-Juan: ¿Qué ha pasado? -¡Mierda!

-Juan, tranquilo, tranquilo. ¿Qué ha pasado?

-¡Que mi madre está mal!

-Bueno, pero no te preocupes, porque todo va a ir bien. ¿Me oyes?

-¡Que no, que la he empezado a gritar y la he dicho de todo, tío!

-Tranquilo. No es culpa tuya. Necesitas tranquilizarte. ¿Me oyes?

-Reina, una cosa: ¿A ti qué te pasaba con Merino?

-Bueno... Lo que te decía: que yo con los nuevos no...

-¿Le conocías de antes? -No.

-Vale, yo te dije que no quería salir con ninguna jefa.

No con compañeras de trabajo.

-Eso es. Con la doctora Vega.

Por cierto: que... hoy no ha venido por aquí, ¿no?

-No lo sé, no me he fijado.

-Pero ¿sigue en el hospital? -¿Por qué lo preguntas?

-No, no, no, por nada.

-¡Oye! ¿Qué estáis haciendo, eh? ¡Que lleváis un rato detrás de mí ya!

-¡Que me des el bolso! -Oye, que voy a llamar a la policía.

-¿Tú eres sorda, o qué? -¡Ahora mismo llamo a la policía!

-¿Qué pasa? ¿Por qué me sigues? Voy a llamar a la policía, ¿sabes?

-¡Ah! ¡Auxilio! ¡Socorro! Ah... Ah... Ah... Ah...

-Tío, en serio, vámonos. Venga. -Que no, que no nos vamos.

¡Que me des el bolso! -¡No! ¡Que no!

-¡Dame el bolso! -¡¡¡No!!!

-Negro, tío, déjala, tío, que le va a dar algo, colega.

-¿Que le va a dar algo?

-Ah, ah... ¡Socorro! ¡Policía! ¡Ayuda!

-Tranquila, tranquila, tranquila, tranquila, tranquila.

¿Qué le ha ocurrido? ¿Qué le ha ocurrido?

-El bolso. Me han... Me han robado, y me han tirado al suelo...

-Bueno, bueno, bueno, bueno. Calma, calma, calma.

Está teniendo usted un ataque de ansiedad, ¿de acuerdo?

Tiene que respirar despacio. Despacio. ¿Puede? Inténtelo.

-No...

-Siente hormigueo. De acuerdo, un momento.

-Ah... ¡Ah! Ay...

-Vamos a ver. Va a respirar dentro de esta bolsa. Muy despacio.

-¿Quién es usted? -Soy médico. No se preocupe.

Mire, al respirar aquí dentro,

se reequilibran los gases que se han estado desequilibrando

por respirar tan aceleradamente, ¿entiende?

Y así... Por eso tiene mareo y hormigueo.

Vamos a ver. Muy despacio. Así. Muy bien.

Ya verá cómo pronto se encuentra mucho mejor. ¿Tiene dolor?

-Sí. -¿Dónde?

Bueno, voy a tener que llevarla a un hospital. ¿Eh? Estese tranquila.

Un momento. Muy bien. Muy bien. -¡Ah! ¡Ay!

-¿Hola?

Hola, soy la doctora Vega.

Por favor, mándame una ambulancia a la Calle de los Olmos, 10. Rápido.

-Ah... ¡Ah! ¡Ah! -No, no, no.

Apártense, necesita espacio para respirar. Por favor.

Gracias. Muy bien. Mejor. No nos hemos presentado. ¿Cómo se llama?

-Pilar. -Pilar. Pilar, yo soy Ángela.

-Hola.

-Voy a ocuparme de usted. ¿De acuerdo? Muy bien, Pilar.

Tranquila. Tranquila. Muy bien.

-¿Malas noticias?

Muy malas.

No he podido desayunar. Estoy famélica.

¿Has visto la planilla? No. A ver...

Pues mira.

¡Los turnos rotativos! Huy, yo no... Esto no lo voy a poder hacer.

¡Si no soy persona! -Podrás, Pepa. Podrás.

Piensa que yo llevo tres años con turnos rotativos,

de mañana, tarde, noche...

Y mal.

Yo no quiero desmoralizar a nadie, pero eso de no tener vida social...

Es que te pilla que, cuando quieres hacer algo,

estás destruida o estás currando.

Yo hace que no voy al cine...

-Claro, es que librar entre diario, menuda gracia, ¿no?

-Pues sí. Aunque para mí lo peor es el turno de tarde.

El turno de mañana, bueno, pues trabajas como todo el mundo, ¿no?

Y en turno de noche, pues ya duermes en tu casa.

Pero el turno de tarde... me parte la vida. No puedes hacer nada.

Ya ves, pero nada, nada.

Pues fíjate que a mí el turno de tarde sí me va.

A mí no me importa salir tarde. Si luego duermo en casa, claro.

-Ya, bueno. Es que yo me chuto café en vena, así que...

Pero también os digo que aquí las noches,

pringas hasta la una o las dos, más o menos, pero luego,

tranquilito hasta las cinco o las seis.

Ah, ¿sí? Pues mira. Está bien saberlo.

Porque me traigo mi tablet, y a ver una serie.

¡Qué moderna, Clara! A ver, ¿y qué quieres que haga?

Ya sabes que a mí dormir aquí no me va, así que...

En fin. Es más: os digo una cosa.

Que yo el turno de noche lo cambio por lo que sea. Y si es necesario...

¡Eh, te tomo la palabra ahí! ¿Eh?

Pues mira. Ya lo hablaremos.

Eso sí, por favor, tenemos que esperar por lo menos tres mesecitos.

¡Ay! ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?

Qué tonta. -Venga.

-Eh... ¿El recogedor dónde está?

-No. No, no, no. No te preocupes. No, yo... Yo me encargo.

No, yo aviso a Limpieza. -¿Seguro?

-Que sí... De verdad...

Iros, iros. De verdad. Lo primero es...

-¿Pero cómo te vamos a dejar esto así?

-Pepa, por favor, anda. Iros. De verdad.

Venga. Pues sí, vamos, anda. Vale.

De verdad, es que no nos despertamos, ¿eh?

Como no sea con un buen café...

Venga, hasta ahora. Hasta ahora.

-¿Qué ocurre?

-No lo sé. Tengo que comprobarlo.

Sal, por favor.

-¿Qué le pasa a mi madre? ¿Por qué está así?

-Aún no lo sabemos. No puedes estar aquí.

-Yo me encargo. Venga. Vámonos. -Que no me voy.

-Por favor. Que... -¡Que no voy a dejar a mi madre sola!

-Vale. No puedes estar aquí. Por favor: sal.

-Que no me voy a ir, joder.

-Vamos a ver. Míralo de esta manera:

cuanto antes nos dejes hacer nuestro trabajo,

antes sabremos lo que tiene y la podremos tratar. ¿De acuerdo?

Confía en nosotros. Venga. Por favor. Venga.

-Mierda. Lo que me temía. Voy a llamar a Rayos.

Hay que hacerle un TAC urgente.

-A mí me da igual lo que me diga la enfermera.

Mi madre está así por mi culpa. La... La he empezado a gritar y... Bua.

No la tenía que haber dicho nada. Además, ¿a mí qué más me da?

Que haga lo que quiera. Que esté con quien le dé la gana.

Pero claro, que no me mienta. Porque eso me raya.

Tampoco es fácil vivir con una persona que...,

que te está mintiendo todo el rato.

-Hola. -Buenos días.

-Perdona.

Mira, he dejado a un paciente que está un poco alterado

en la sala de espera.

¿Le echas un ojo? Es un chico jovencito. ¿Vale? Gracias.

-Tienes una pestaña en la cara. -Ah, ¿sí?

-Justo aquí. Aquí.

-¿Qué haces? -No lo puedo evitar.

-Radiografías de Pilar.

Bueno. Yo me voy. -Hasta luego, Pepa.

-¿Qué? Lo ves igual que yo, ¿no? -Sí.

-Pues vamos.

-¿Qué tal? -¡Ah! Qué bien que hayas venido.

Porque quería disculparme por lo quejica que he estado antes

en el parque, ¿eh? Pero es que...

-¿Cómo se encuentra, Pilar?

-Eh... Pues la verdad que mejor.

Con esto que me habéis puesto para el dolor,

la verdad es que es mano de santo, oye.

-Él es el doctor Silva: el cirujano.

-Encantada, pero... ¿es que me tienen que operar, o algo?

-Eh... Bueno. Mire. Fíjese en esta zona de aquí.

-Sí.

-Esto lo que nos indica es que, debido a la caída que ha sufrido,

tiene una fractura en la cadera.

Por lo tanto, sí. Hay que operar.

-Vaya por Dios. Con el miedo que me dan a mí los quirófanos.

-Es una fractura considerable, Pilar.

No se lo aconsejaríamos si no fuera necesario.

-Sí, claro. Me imagino. Supongo que sí.

-La operación en quirófano consistirá en implantar unas piezas metálicas

para que los huesos se pue...

-¿Cómo estás, cariño? -Hola.

-¿Te encuentras bien? -Eh... Bueno, estoy un poco mejor.

Pero... Me tienen que operar.

-¿Qué? ¿Que te tienen que operar? -Sí, sí, cálmate, cálmate, Tomás.

-Como coja a esos hijos de... -Tranquilo, tranquí... Mira.

Te voy a presentar a Ángela. Bueno, a la doctora Vega.

Ella me ha salvado la vida. -No, yo no la he salvado.

Yo... solo he hecho mi trabajo. -No, no.

-Él es el doctor Silva: el cirujano que va a operar a su mujer.

-Hola. Muchísimas gracias. No sabe cómo se lo agradezco.

-No, no. Por favor. -No, le tengo que dar las gracias.

¿Ustedes ven normal que a mi mujer le tengan que operar

porque unos desgraciados le han robado en plena calle?

-Eh... Perdone, doctor Sil...

Ha dicho que me iba a poner la cadera bien, ¿verdad?

Pero es que una prima mía se operó de lo mismo no hace mucho y...

La verdad es que no quedó muy bien del todo.

-Ya. -¿Podré volver a andar?

-Eh... Sí, en principio, sí.

Lo único que, después de la operación,

tendrá que hacer una rehabilitación y empezarla lo antes posible.

-Claro. Claro, pero... ¿Me puedo quedar coja?

Quiero decir: ¿Tendré que ir con bastón o cosas así?

-Verá: a priori no le puedo avanzar

cuáles serían las posibles secuelas físicas tras la operación.

-Ya, claro.

-Bueno, yo me pongo en el lugar de Pilar,

y no es solo el susto que se ha llevado la mujer.

Es el miedo a tener que usar el resto de su vida un bastón.

Porque... claro: todos queremos ser autosuficientes,

no depender de nadie, y más aún a esas edades.

El trabajo en quirófano

consistirá en implantar unas piezas de titanio, para que...

-Me cago en la leche. ¿Ustedes ven justo que mi mujer tenga que pasar...

por todo esto, porque unos desgraciados...?

Y lo peor es que esto no es nada nuevo.

Desde hace unos meses, todos los días pasa algo así en el barrio.

-Ah, ¿sí? Yo vivo allí y no sabía.

-¿No? -No.

-Pues... ha aparecido en todos los periódicos.

-No, bueno, Tomás. No... Mejor es que no hablemos de esto ahora.

Además: has vuelto a interrumpir al doctor, hombre.

-No, no importa. -Perdone.

-El caso es que... a un chico le han dejado en silla de ruedas.

Y a una chica le han seguido durante toda la semana,

para al final atracarla y robarle todo.

A los nietos de mi amigo Pedro les asaltaron a punta de navaja.

Es una barbaridad lo que está ocurriendo.

Dicen que es una banda de chavales que no son del barrio.

-Y ¿por qué no llaman a la policía? -¿A la policía? ¿Para qué?

Eso es lo que hacemos todo el rato.

Denunciar, denunciar, pero no hacen nada.

Dicen que, mientras no los cojan con las manos en la masa,

no los pueden detener.

-Ya. Bien, bueno, yo debo irme,

que tengo que atender a otros pacientes.

-Sí, yo también. Ya les avisaré cuando sea la intervención.

-Bueno, muchísimas gracias, ¿eh, doctores? Muchas gracias.

Adiós. -Hasta luego, adiós.

-Te prometo que voy a encontrar a los que te han hecho esto.

Les voy a partir la cara. ¡Se van a enterar esos malnacidos!

-Vamos a ver, Tomás. No hagas ninguna tontería, hombre.

¡Que ya no tienes 20 años!

Hay que hacer lo que ha dicho el doctor:

hablar con la policía y ya está.

-No, la policía no va a hacer nada. Yo, sí.

-¿No te das cuenta que lo que quiero es olvidarme ya

de todo lo que me ha pasado, hombre?

Cariño, por favor, que ya no eres el militar que eras de joven.

Bastante tengo con lo que tengo yo ahora

como para andar preocupada por si te ocurre algo, o no.

Por favor. Prométeme que no vas a hacer nada.

Solo hablar con la policía, y ya está.

Prométemelo.

Hazlo por mí.

-A mí esto de quedarme con los brazos cruzados y poner la otra mejilla

no me va.

Nunca lo he hecho, y ahora, menos.

Como me llamo Tomás González que esto no va a quedar así.

Hola. -Hola.

-Qué maravilla de temperatura, ¿eh?

Ya tendremos tiempo de estar ahí metidos todo el día.

-Hay que respirar un poco de aire puro de vez en cuando.

-Sí. A mí ahí dentro me da la sensación

como que me falta el aire, a veces.

Bueno, ¿cómo lo llevas? -Bien.

-¿Sí?

¿Y con la gente, qué tal? -Bien, bien.

-Oye, Merino: que... Que el otro día no hablábamos de ti.

-¿Cómo? -Con Reina. En la cafetería.

-¡Ah! -Que no hablábamos de ti.

-Tranquilo. Oye: y perdona por la salida de tono.

Estaba un poco nervioso con el caso.

Y además tengo la oreja fina.

Demasiado, me meto en conversaciones ajenas.

-Ya. Bueno, que sepas que era una mera conversación.

-Ya, ya. Ni me acordaba.

-No, en realidad estábamos hablando de los roces que hay

entre los antiguos y los nuevos.

Como hemos venido un grupo del mismo hospital, pues eso.

-Ah, ¿y qué pasó con eso, por cierto? Que he oído de todo.

-Pues que lo cerraron.

No sé. Empezaron con los recortes,

luego empezaron a vacilar con los turnos y... pasó lo inevitable.

-Ya.

-Y como esto es de la misma red, pues aquí hemos terminado.

-O sea, que cierran uno para luego andar ampliando otro.

-Pues eso parece, sí.

¿Y tú cómo terminaste aquí? -Yo, nada. Me cansé del clínico.

Bueno. Tuvimos diferencias con un caso.

-Pero ¿algo grave? -Ahora estoy aquí.

-Ya.

Oye, ¿tú a Reina la conocías de antes?

-¿A Reina, por qué?

-Bueno. Es que el otro día me dio la sensación de que...

Pues que os conocíais.

-Sí que nos habíamos visto alguna vez, sí.

¿Qué, te comentó algo ella?

-¿Eh? No, no, no, qué va. Para nada. -¿Sois amigos?

-No. No, no. Somos compañeros, nos acabamos de conocer. ¿Por?

-No, por nada.

-¿Habéis tenido algo?

-No, ni mucho menos.

Terreno despejado.

-Oye, no, Me... Merino, que no me refería a eso, ¿eh?

¡Oye!

-¿Pero en serio me estás diciendo que no hay ningún cirujano libre?

-Silva está con una operación de cadera.

Y el de guardia ha tenido un problema personal grave

y se ha tenido que marchar.

-Pero a Leticia hay que operarla ya, Pepa.

-¿Y si pruebas con él?

-¿Tú crees?

-Lleva horas en el quirófano

y hace dos que debería haber acabado su turno.

Pero, por probar... -Gracias.

-Suerte. -Gracias.

¿Qué tal? Soy... Soy la doctora Marco.

-Estoy ocupado.

-Pero si todavía no te he pedido nada.

-Y yo no quiero saberlo.

-Herrera, tengo una paciente de 40 años con una rotura de esófago.

Lo hemos visto en el TAC.

Y también hemos visto un neumomediastino

y un enfisema subcutáneo.

-Perdona por mi bostezo, pero es mi particular manera de decir que no.

-A ver, es que no hay ningún otro cirujano libre.

-A ver, querida. No estoy de guardia.

Acabo de salir de una operación de cinco horas,

y he acabado pronto para poder descansar.

Lo que menos me apetece es meterme otras cinco horas en quirófano.

-Te entiendo perfectamente. Pero de verdad que eres mi única opción.

Si no, no te estaría pidiendo esto así.

Además, me han dicho que eres el mejor cirujano del hospital.

-Eso es una obviedad. Pero sigue siendo un no.

-¿Y qué tengo que hacer para que me digas que sí?

-Callarte.

-¿La vas a operar?

-Mi ranking semanal de operaciones está por debajo de mi media.

Has tenido suerte.

-Muchísimas gracias, de verdad. No sabes cuánto te lo agradezco.

-Me debes una, querida. Por cierto: soy de gustos caros.

Así que, ya que lo tienes, vamos. -Sí, la tengo en Reanimación.

-¿Sí? Pues vamos. Está todo firmado.

-Adelante.

-¿Molesto? -No, no, pasa.

-Es para preguntarte si le pasa algo al sistema.

Le he dado de alta a un paciente con apendicitis y... no me sale.

No me aparece.

-¿Sí? Qué raro.

Voy a buscarlo. ¿Cómo se llama? -Fernando Casado.

¿Qué pasa?

¿Estabas mirando el perfil de algún ex, o qué?

-Aquí está.

-Pues qué raro. Será el ordenador en el que lo he mirado.

-Llamaré a los informáticos, sí... -Vale.

¿Estás bien? Que te veo más rara de lo normal.

Esta mañana han atracado a una mujer cerca de mi casa.

La he traído al hospital

y me ha dicho que hay una oleada de asaltos en el barrio.

-¿En el tuyo? -Sí.

El caso es que, a la misma hora, y casi en el mismo sitio,

me ha dado la sensación de que alguien me seguía.

-A ver, ¿te ha dado la sensación, o te estaban siguiendo de verdad?

-Me seguían. Un hombre. -¿Cómo era?

-Pues no sé, normal, mayor...

-¿Pero le has visto la cara? ¿Cómo..., cómo iba vestido?

-Estás haciendo muchas preguntas. ¿Por qué?

-No, por nada, por... Por si se podía ayudar a la policía.

Supongo que estarán investigando los asaltos.

Luego, si quieres, cuando salga te puedo acompañar a casa.

Me pilla de camino. -Sé cuidarme sola. Gracias.

-Cierra la puerta, por favor.

-Por supuesto.

-Pero no quiero que me entiendas mal,

porque yo, en lo estrictamente profesional, sí que estoy contenta.

Porque ahora tengo menos responsabilidades

desde que ya no estoy con lo de la fundación y tal. Pero...

-Vamos. Que no te acabas de adaptar.

Pero si es que lo que tienes que hacer

es coger confianza poco a poco, Marco.

Mira, por ejemplo tú a mí al principio me caías mal.

Y ahora me caes peor.

Es broma.

Y aquí estamos ahora compartiendo zumos.

-Ya.

-A ver. Piensa que... Que tienes que tener paciencia.

Y habrá gente que no valga la pena, pero habrá otra que sí.

Yo por ejemplo, ya he encontrado gente que... Que me cae bien.

-Ah, ¿sí? ¿Quién?

Pues mira, Esther, la celadora, me cae muy bien.

Y... Y Reina. -¿Reina?

-No estás de acuerdo.

-Parece que va un poco de reina del hospital.

-Pues no es por llevarte la contraria.

Pero a mí me parece una chica... No sé. Bastante maja.

-Vamos, que te parece un pibón.

-Pero ¿qué dices?

-Que tienes un gusto para las mujeres, Dacaret...

-Hala. Ya empiezan las leches gratuitas en toda la cara.

Pero si solo he dicho que es simpática.

-Ya.

Vale, perdona. Igual estoy un poco nostálgica.

Pero es que echo de menos nuestro antiguo hospital,

¿qué quieres que te diga?

-Y yo. Y yo. Obviamente.

Pero lo que tenemos que hacer ahora es intentar hacer un esfuerzo.

Porque seguro que hay una cosa, aunque solo sea una,

que sea positiva.

Aparte de que trabajas menos, que eso es evidente.

Piensa...

-A ver, por ejemplo: Herrera...

Ha aceptado operar a una paciente mía,

que estaba crítica y que no le tocaba.

-Muy bien. ¡Muy bien!

-Pero me llama querida. Y me trata como si fuera subnormal.

-Error. Esa no es la actitud.

-No, quien no tiene la actitud adecuada es Herrera.

-Error otra vez.

-Muy bien. Me quedo con que ha aceptado operar a la paciente.

-Muy bien.

Así, sí. Pero sigues trabajando muy poco. Demasiado poco para mi gusto.

-Tú sí que trabajas poco. Que te escaqueas más que... Madre mía.

-Yo, sí... A mí me gusta.

-Succión aquí. Ay, de verdad. Esto no puede ser.

Cámbiate con ella. -Pero ¿por qué?

-Porque no quiero a gente torpe al lado mío en un quirófano.

-Parece que hay signos de infección.

-¿Sabes desde cuándo esta mujer está así?

Tendría que haber entrado en quirófano hace horas.

Aquí está la rotura. Madre mía...

Solo hay dos clases de médicos: los buenos y los inútiles.

Parece ser que todos los nuevos están en la segunda clase.

Voy a suturar.

-...Curva. -De 14.

-¡Está perdiendo presión arterial! -Sé leer un monitor, gracias.

¡Está entrando en shock! ¡No os quedéis ahí parados! ¡Vamos, rápido!

Venga, vamos a por ello. Vamos.

Ay, de verdad.

Pinza Rochester...

-Y resumiendo: a esos malnacidos ya les ponemos cara.

-Ay... Pero ¿qué me quieres decir con eso?

-Pilar, no voy a ir solo.

-Pero por favor, Tomás, me lo habías prometido.

-He hablado con otros vecinos. Vamos a unirnos en esto.

Estamos hartos.

-Pero por favor, si es que tomarse la justicia por la man...

¡Nunca funciona! -No podemos seguir así.

¿Qué va a ser lo próximo? ¿Que maten a alguien?

-Yo ya tenía un plan en la cabeza.

Pero para llevarlo a cabo necesitaba tirar de contactos.

Por eso he hablado con un amigo poli jubilado,

y me ha dicho de quién sospechan.

Si la poli no puede hacer nada sin pruebas,

no nos queda otra que actuar.

-Ay, deja. Deja que la policía haga su trabajo.

-¿Para qué? ¿Para que los cojan y a los dos días

estén de nuevo en la calle?

Esos solo conocen la mano dura. -Dios mío, Dios mío.

-Cariño... Te vas a poner bien. Aguanta.

-¿Sí?

-Que venga alguien. Por favor, mi mujer está mal.

-Enseguida.

-Ay... -Te vas a poner bien.

-¿Qué le pasa? -No lo sé. Ha estado tosiendo y...

Y ahora le arde la frente. ¿Qué le pasa?

-Pues, podría tratarse de una infección.

-¿Una infección? ¿De qué? ¿De qué?

-Bueno, en ocasiones una cirugía puede complicarse

debido a una infección provocada por las propias bacterias

que tenemos en la piel.

No es lo habitual, pero puede ocurrir,

sobre todo, en personas mayores.

-Si le pasa algo a mi mujer, me da igual cuántos sean.

Van a lamentar haber nacido.

-Hay que ver.

Panda de inútiles, de verdad. Estos nuevos.

¡Eh, tú! ¡Marco! -Doctora Marco.

-Sí, ya. Lo de doctora parece que sobra.

-¿Qué? -¿Qué? No. Por qué.

Hemos operado con éxito a tu paciente.

Pero ha tenido todo tipo de complicaciones:

un neumotórax, una infección...

Y todo esto, gracias a ti.

-Pero ¿cómo ha podido ser? -Te lo voy a explicar fácilmente.

Paciente grave, más médico en la inopia,

más pérdida de tiempo, igual a... desastre.

-Perdona, pero no sabes de lo que estás hablando.

-No quiero saber nada más.

-¿Cómo está Leticia? -Estable.

-Hola. Perdona. He escuchado que... Que hablabais de mi madre.

¿Cómo está? ¿Se va a poner bien?

-Pues la paciente, sí, se va a poner bien,

pero es gracias al equipo de Cirugía, no se te olvide.

-¿De verdad que está bien? ¿Cuándo puedo verla?

-Juan: Vamos para allá, nos sentamos y hablamos tranquilamente.

-No me fío de nada de lo que me ha dicho la doctora.

Ella y el otro médico

estaban discutiendo por algo que ha salido mal.

Lo presiento. Joder, y todo por mi culpa, tío.

-Quítate esa idea de la cabeza porque tú no tienes la culpa de nada.

Una rotura de esófago no se produce porque alguien esté enfadado.

-¿Cuándo puedo verla?

-Tu madre todavía no está recuperada del todo,

así que va a estar unos días más ingresada con nosotros.

-Y entonces, ¿por qué le ha ocurrido la rotura esa?

-Una rotura de esófago tiene múltiples causas.

Como, por ejemplo, un traumatismo, tragarse un cuerpo extraño,

una úlcera, vómitos violentos...

¿Has visto a tu madre vomitar últimamente?

-No. Bueno, aunque tampoco podría decirte lo que hace

todas esas veces que va al baño.

-¿Va mucho al baño?

-Pues yo creo que como todo el mundo, ¿no?

Bueno, aunque suele ir después de comer, eso sí.

-¿Y qué tal come tu madre? -Pues come muy sano.

Bueno, a veces se pega unos atracones que flipas, pero...

Es normal, ¿no? A todo el mundo le pasa de vez en cuando.

¿Qué, qué, qué pasa? -No, nada. Nada. No te preocupes.

-La doctora Marco se... Se ha dado cuenta de algo sobre mi madre.

Claro. Como es normal no me lo quiere decir, pero... Pero me da igual.

Yo lo voy a descubrir.

-¿Qué haces aquí?

-Estaba dando una vuelta por la zona antes de ir al hospital.

-Ya. Justo por mi barrio, ¿no?

-Bueno, ya te dije que vivía por aquí.

-No cuela. -Oye, Vega. De verdad.

¿No estarás pensando que y...?

Pero... O sea, me dejaste muy claro

que no querías que nadie te protegiera.

-Este es el problema de esta sociedad.

-¿El qué? ¿Pasear es un problema social?

-Sabes que no estoy hablando de eso.

-Pues no sé de qué estás hablando, no te sigo.

-Pues que lo que estás haciendo es un claro ejemplo de machismo.

-¿De machismo?

-Sí, porque todos los hombres os pensáis

que las mujeres necesitamos que nos protejáis.

-Vale, gracias.

Gracias por responder a mi preocupación por ti

con una acusación de machismo.

-O sea que estabas preocupado. Por eso estás aquí.

-No. No.

Vale, lo siento mucho, perdóname. -Si no pasa nada.

Lo único que quiero es que entiendas que no voy a permitir que esta,

ni ninguna otra circunstancia, haga que yo dependa de nada ni de nadie.

Pero bueno, ya que estamos aquí. ¿Por qué no me acompañas al hospital?

No yo a ti. Tú a mí.

-Tú crees que todo se arregla con un chiste, ¿verdad?

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Centro médico - 25/09/18 (1)

25 sep 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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