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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 23/11/17 (2) - ver ahora
Transcripción completa

- Tú sabes que me encanta verte aquí, fuera del hospital, ¿eh?

En este ambiente así, más relajado, con buena ondita...

Si es que el hospital es un marco demasiado triste

para una obra de arte tan bonita como tú.

- (ACENTO CUBANO) ¡Huy!

¡Demasiado azúcar veo yo por aquí! ¿Eh?

- Ponme otro café. Que mañana vuelvo a trabajar, por fin

- Como todo buen bar que se precie, este tiene su párroco oficial.

- Yo lo conozco, ¿eh? Se llama Eusebio.

Y es conductor de autobuses.

¿Lo conoces tú? - Mm.

- Bueno, tiene más relación Ramón con él que yo, pero es muy majo.

- Ya. Dime con quién andas, y te diré quién eres.

- ¿A qué te refieres?

- Hombre, Lucía. A ver.

Yo no me subiría nunca en una guagua con Eusebio.

¿Sabes cómo le llaman aquí? El Penúltimas.

Porque cada copa que se pide, según él, siempre es la penúltima.

Que te va...

- Escúchame. De momento no está bebiendo alcohol.

Y me parece fatal la comparación con Ramón, ¿eh?

- Bueno. Pues lo siento mucho. Pero eso es lo que dicen todos.

¿Qué? ¿Qué te he dicho?

(Música)

- Ay... Hola, Raquel.

- Hola. ¿Qué tal?

- Pues bien. Bastante liada.

- Vaya.

- Oiga, perdona. ¿Podría ayudarnos? Es que no se encuentra muy bien.

- Sí, un segundo.

¿Le puedes dar esto a la doctora Marco, por favor,

que es toda la documentación para la residencia de ancianos?

- De acuerdo, yo se la doy.

- Venga. ¡Uf!

Es tu padre, ¿no?

- No, no es mi padre. Es mi profesor.

Nada, es que ha empezado a sudar de repente,

y le cuesta respirar.

- Mm...

- No, estoy bien. No...

- Vale. ¿Te puedes incorporar?

- Sí, sí, sí, sí.

- ¿Sí? Bueno, un segundo. Espera, aguanta un momento.

- Ay... - Un celador, por favor.

- Ay... - Vale.

- ¡Au, ah!

- Quiero doctorarme en Literatura Española.

Concretamente, en Cervantes.

Y había quedado con el profesor García

para enseñarle un borrador de mi tesis, y bueno,

estábamos hablando de lo mucho que me había gustado cuando,

de repente, se ha empezado a encontrar muy mal.

Y bueno, que espero que no sea nada.

-(TOSE) ¡Huy! ¡Ay!...

- A ver. Cuéntame:

¿Desde cuándo llevas con esta sensación de falta de aire?

- Ay... Hace unos cuatro días que tengo un poco de fiebre.

Dolores musculares, eh... Escalofríos... Todo eso.

- ¿Mm? Vale.

¿Y la fiebre la tienes más por la mañana,

durante todo el día, por la noche...?

- Sobre todo por la mañana.

- No tiene fiebre.

- ¿No tiene fiebre?

- No.

- Gracias, Mar.

- Seguro que es un catarro.

Paso muchas horas bajo el aire acondicionado de la biblioteca.

Necesito que me dé algo para esto, doctora.

Tengo que entregar un artículo a la revista para la que trabajo...

Antes de mañana, y tengo mucho que hacer.

- Oiga, que si necesita ayuda con el artículo,

yo tengo un amigo en la editorial.

- No. No, gracias, no. Nunca he necesitado ayuda.

Y menos, de un alumno.

Oye, perdona.

Perdón, eh...

Mira, te agradezco todo lo que haces por mí, pero...

ya te puedes ir, ¿eh? Estoy bien.

- No...

Prefiero quedarme hasta saber qué le pasa.

- Si me disculpáis, voy a continuar con mi consulta.

Vale. Jaime: ¿Te has notado algún otro síntoma más?

- Un...

He tenido algo de diarrea. Pero... no sé si eso...

- ¿Diarrea? Vale.

Necesito que te incorpores, vamos despacito, los pies para allá,

por favor... Venga, tranquilo.

La dieta es clave para paliar los efectos de la diarrea.

Cuando ya comencemos a tolerar los líquidos,

podemos ir comiendo, poquito a poco,

arroz blanco, pollo, pescado hervido...

Después, podemos ir introduciendo yogur, jamón York y manzana hervida,

y si todo va bien, podremos comer alimentos a la plancha,

y finalmente plátano,

hasta que lleguemos a tener una dieta completamente normal.

Algo muy importante es que no podemos ingerir nada de leche

hasta que estemos totalmente recuperado.

Vale, ya está.

Dime: ¿Tú eres fumador?

- Sí. Fumo, pero muy poco.

Seis o siete cigarrillos al día, solo.

- Vale.

Pues mira. He notado que tienes taquicardia,

y también crepitaciones en el pulmón,

lo cual me indica un posible problema respiratorio.

- ¿Y qué tipo de problema respiratorio?

- Pues seguramente sea una infección respiratoria de las vías bajas.

¿Vale? Aunque también podría tratarse de un derrame pleural unilateral,

pero, teniendo en cuenta tu historia clínica,

pues yo creo que puede ser más una infección tipo neumonía.

- Neumonía...

- Neumonía, sí. Vale. No hables más. Tranquilo.

Eh... Levántate, por favor.

Ya hemos acabado.

- Ay... Gracias. ¡Uf! Ah...

- Ok.Voy a hacerte una serie de pruebas, ¿vale?

- De acuerdo.

- Vamos a ver. Voy a hacerte... un electrocardiograma,

una radiografía de tórax, y analítica de sangre y de orina.

- Gracias. Pero, por favor.

Dense prisa con las pruebas, por favor, que tengo mucho que hacer.

(Música)

Eusebio acude al hospital porque ha perdido el equilibrio

cuando bajaba de su propio autobús,

y se ha golpeado la cara contra el suelo.

- Eusebio. ¿Qué ha pasado?

¡Ay! ¿Que hemos aliñado mucho el café hoy, o qué?

- Yo no he bebido nada.

Que me he caído al bajar del autobús.

- Anda. Venga conmigo.

Venga por aquí. ¿Le duele mucho?

- Sí.

- Eso es, mantenga la cabeza hacia delante.

Para que no se trague la sangre.

Bueno, doctor, pues ya le mantendré informado.

Venga. Hasta ahora.

Bueno, Eusebio. Pues todo parece dentro de lo normal.

¿De acuerdo?

Excepto por el hematoma que tiene en la frente,

y bueno, por la hemorragia

que hemos contenido en la nariz, lo demás está bien.

- ¿Y ese que se ha ido, quién era?

- Es mi supervisor. ¿Por?

- ¿Cómo..., cómo que supervisor?

- Ya, bueno. Yo es que, aquí en España, estoy como residente.

- Ah. Acabáramos. Ahora lo entiendo. Claro, por eso no tienes ni idea.

- A ver. Eusebio. Cuénteme. ¿Qué le ha ocurrido?

¿Cómo se ha caído?

- Pues mire: Iba en el autobús, y he parado.

Y cuando iba a bajar, me ha dado un mareo

y me he caído desde el escalón de arriba. Contra el suelo.

- Sí, una pregunta.

¿Estaba conduciendo en estas condiciones?

- ¿Cómo que...?

¿En qué condiciones? ¿Qué está insinuando?

- Eh... D. Eusebio: ¿Usted no es consciente de las vidas

que estaba poniendo en peligro

estando en el autobús, estando usted bebido?

- No, no, no, mire. Se está usted confundiendo, ¿eh?

Me está usted llamando borracho, y yo no bebo nada.

Llevo mucho tiempo que ya no bebo más que café.

O sea que por favor: No se pase usted, ¿eh?

- Antecedentes de enolismo crónico.

- ¿Cómo? ¿Eso qué es?

- Es una forma elegante, digamos, de llamarle...

a la adicción al alcohol.

- Oiga, bueno, ¡ya está bien de faltarme al respeto! ¿Eh?

Yo quiero que me atienda un médico de verdad.

Y no un residente que no tiene ni idea,

¡y que encima me tiene manía y me está llamando borracho!

- Eh, eh, tranquilo. Tranquilícese.

Y por favor, siéntese, que se va a desangrar la nariz.

Anda. Siéntese. A ver, tranquilo.

¿De acuerdo? A ver.

Que al final va a terminar haciéndose más daño del que ya tiene.

- Ah...

- Yo quiero que usted entienda una cosa, Eusebio.

Yo no estoy aquí para juzgarle. ¿Ok?

Que aquí ante todo somos profesionales.

¿Ok? Con cuidado. Sujete ahí.

Le voy a mandar una radiografía para la nariz.

En el caso de hemorragia nasal, se recomienda respirar por la boca.

Inclinar el cuerpo hacia delante,

sobre todo para evitar que la sangre baje por la garganta.

También se recomienda apretar o taponar las fosas nasales

para detener la hemorragia.

- Creo que el capítulo 3 no me termina de convencer.

Así que creo que el 5 lo podemos desarrollar un poco más, y...

- Oye, por favor, déjame un momento, ¿eh? Déjame un momento, por favor.

- Vale.

- Déjame solo.

- Vale, perdón, le dejo escribir en paz.

- ¡Vaya mierda!

(Teléfono)

Uftf...

Hola, Fernando: Dime.

Ya, ya, pero me disteis una prórroga, ¿no?

Ya sabes que se me ha juntado

con las evaluaciones de la universidad, y...

Y... No, pero... Pero ¿cómo quieres...?

No, no, no, no, no. Ni hablar.

Como pronto, mañana por la noche.

Y no me presiones más, por favor. No me presiones más.

Adiós.

(Respiración agitada)

Fernando: Oye.

Perdona por el tono de antes, ¿eh?

Pero es que ando muy liado, de verdad. Ando muy liado.

Oye. Eh...

¿Te va bien si te mando un avance en un par de horas,

y el resto por la noche?

Sí, sí, sí, te lo... Lo tendré seguro.

La idea funciona. Solo hace falta darle forma.

Pues gracias. Te debo una. Hasta luego.

(Respiración agitada)

(Música)

- ¡Marina!

...- Dime.

Oye: Me acaba de decir Silvia que tenéis de plazo hasta mañana

para presentar toda la documentación

para el proyecto de la residencia de ancianos.

- Sí, lo que pasa, que es ahora mismo estoy que no doy abasto.

Es que, con todas las consultas que tengo...

- Ya.

- Mira, hacemos una cosa:

Entre paciente y paciente os lo voy enviando.

- Sí. Lo que pasa es que viajamos a Camboya esta noche.

Y me dice Silvia que, por esto de la residencia,

igual tiene que quedarse y viajar después.

- Pero no... Ella no me ha dicho nada de eso.

- Oye...

Preferiría que Silvia no viajara sola.

Hasta llegar a la aldea de Ko-Rong

hay que hacer dos escalas de avión,

coger un coche, una avioneta, y... Y un burro.

- ¿Un burro?

- Sí, sí, sí. Ya sé que suena a cachondeo, pero es así.

Yo tengo que ir ya. Con el ingeniero,

para empezar a preparar toda la instalación

de la depuradora de agua.

Pero... después hay que coordinar a un montón de gente

Y Silvia lo va a hacer muy bien.

Es un proyecto muy importante.

De verdad.

Dependen muchas vidas de ello, y no puede salir mal.

Por favor, haz todo lo que puedas para...

Para que mi mujer viaje conmigo. ¿Vale?

- Vale, te lo prometo.

Voy a hacer todo cuanto esté en mi mano.

- Perfecto. Gracias.

(Música)

- Muchas gracias, Anuc.

Bueno, D. Eusebio: Pues, efectivamente, mira,

aquí tengo una radiografía.

Como puede ver, ha tenido una fractura de la nariz,

pero no tiene desplazamiento del tabique.

¿De acuerdo?

Así que le voy a recetar unos antiinflamatorios,

para bajar un poco esa inflamación,

y antes de salir pide una cita

para volver dentro de dos semanas.

Para quitarle la férula de la nariz.

- ¿Y no me podía atender otro médico?

- No, D. Eusebio.

Lo siento mucho, pero esto es lo que hay.

Venga por aquí.

Ah, y de más está decirlo.

Pero procure no beber.

O al menos no cuando esté conduciendo el autobús.

- Y dale. Me está estresando tanto con lo de beber

que, al final, voy a salir a tomarme dos cañas

para tranquilizarme un poquito.

- D. Eusebio: A mí este no me parece un tema para tomarlo a broma.

Conozco a muchas familias destrozadas por el alcohol.

- ¡Que no he bebido nada! ¡Venga ya, hombre!

(Música)

- Eh, eh, ey, bueno, cuidado. - D. Eusebio: ¿Está usted bien?

- Sí, estoy bien, sí. Está bien. Pesados.

- ¡Ey, cuidado!

- A ver. Usted no se puede ir así a ningún sitio. Vamos a Triaje.

- Sí. Venga. Ande. Despacio. Con cuidado. Eso es.

(Música)

Tras hacerle una analítica y un electrocardiograma,

la doctora Rey le hace una radiografía de tórax a Jaime:

el paciente del que sospecha que tiene una neumonía atípica.

- En el electro, he visto que todo está correcto. ¿Vale?

Luego. En la radiografía de tórax

hemos visto un patrón compatible con una neumonía. ¿Ok?

Y en la analítica,

hemos visto que tiene signos de infección o de inflamación,

y en la de orina,

los antígenos nos han dado negativo para neumococo,

y nos han dado positivo para legionella.

- Eh... Todo eso se traduce en...

- Pues se traduce en que tienes una neumonía

por legionella o legionelosis.

La enfermedad del legionario recibe este nombre en 1976 en Filadelfia,

a raíz de una epidemia,

donde afectó principalmente a los participantes

de una convención de la Legión Americana.

Después, se denominó a esta bacteria con el nombre de legionella,

y más tarde, se cambió el nombre de la enfermedad por legionelosis.

- ¿Y es contagioso?

- En realidad no está demostrado que sea así.

A ver. Lo cierto es que este tipo de bacterias,

pues suelen encontrarse, o bien en los suministros de agua,

o también en los sistemas de aire acondicionado, ¿sabes?

De los edificios que son muy grandes, y digamos que tienen el sistema,

pues un poquito deficiente.

- Pues dime el tratamiento, que me voy.

Que tengo mucho que hacer.

- Lo siento, pero no te lo puedo dar.

Y no te puedes marchar a casa. ¿Vale?

Te tienes que quedar ingresado.

Sí. Escúchame.

Tenemos que ponerte un tratamiento antibiótico,

por vía intravenosa, ¿vale?

Y, además también, te vamos a poner oxígeno con gafas nasales.

- No, no, no, eso es imposible, doctora.

No, yo ya no me puedo quedar ingresado aquí, ¿eh?

- Oiga. Que si es por el artículo, seguro que lo puede terminar aquí.

Que no va a haber ningún problema.

- Mira, por favor, calla y vete de una vez, ¿eh?

Calla y vete de una vez. Además, no voy a llevar tu tesis.

- ¿Cómo? Pero si me ha dicho que le ha encantado el planteamiento.

- Es mediocre. Y no aporta nada nuevo.

Vete, por favor, vete.

- Perdonadme, pero...

No me quiero meter,

pero es que este no es lugar para este tipo de..., de discusiones.

- Lo siento. Lo siento, doctora.

(Música)

Tras ese segundo incidente de pérdida de equilibrio,

el doctor Cabrera y el doctor Landó

le realizan una nueva exploración a Eusebio.

- Bueno. Pues Eusebio: Las constantes están dentro de lo normal.

Sí. Además, el examen neurológico también es normal.

Mar, por favor.

Prepáralo todo para ponerle una vía con suero y antieméticos.

- ¿Para qué?

Pues para evitar tanto los mareos como las náuseas.

- También le vamos a hacer una analítica de sangre.

- ¿Y para qué?

- Hombre... A ver.

Aparte de la sangre, hay que hacer también una de orina.

Básicamente de la orina es para... Bueno.

Contrastar que no hay sustancias tóxicas en el organismo, ¿no?

- Eh... No, no, no, me niego.

¡Me niego absolutamente! ¡Ya le he dicho que no he bebido!

¿Eh? Este residente está queriendo ver un problema donde no lo hay.

¡Ya está bien, hombre! ¡Que no soy un borracho!

Yo no sé si hablo en chino o qué.

Ya no sé cómo decir que no he bebido ni una gota de alcohol.

Ni en las últimas 24 horas, ni en los últimos dos meses.

Eusebio: Si no ha bebido, la analítica dará negativa.

Y no habrá ningún problema.

- Pero es que este residente tiene muchos prejuicios contra mí.

Porque desde el principio ya está diciendo que he bebido.

¡Y eso es falso!

¡No he bebido, coño!

¡Y así que no le aguanto más!

A ver. - A ver, tranquilo.

Túmbese, túmbese, que se está mareando. Túmbese.

Mar. Mar, cuidado.

- ¿Lo ves? Está ebrio como una cuba.

(Música)

- Sí, hola, Sebas, tío. ¿Qué tal? ¿Qué tal por la revista?

Sí, sí, sí, el... El profesor García.

Sí, nada, estamos trabajando en el mismo tema: en Cervantes.

Que no, hombre. Que es normal que coincidamos.

¿Cómo?

No, no, no, no, no, que eso...,

que eso lo he escrito yo, tío.

¡Es mío, joder!

Vale. Vale, vale, gracias, Sebas, tío. Gracias...

Ahora. Ahora mismo. Vale. Gracias.

¡¡¡Dios!!!

Cabrera. Escucha: Creo que Eusebio está sobrio.

- Sí. Seguro.

Escúchame una cosa.

Te lo digo porque lo he visto borracho muchas veces.

Mira. Creo que no estás siendo objetivo.

¿Eh? Además: Creo que estás estableciendo un prejuicio

sin estudiar a fondo el caso, y eso no te deja verlo con claridad.

- Mm. Pues yo estoy seguro de que el alcoholismo, Landó,

está detrás de los problemas de Eusebio.

No. Los mareos que tiene Eusebio no son mareos de borracho.

No son mareos de borracho.

Los episodios de vértigo que él refiere,

todo ese movimiento de cosas a su alrededor... piensa una cosa.

Siempre han ocurrido cuando él ha girado la cabeza

hacia la izquierda de manera rápida.

- Pues a mí me parece un intento de querer negar lo evidente. ¿Mm?

Porque no te veo que estás siendo objetivo.

¿A qué te refieres?

- Pues eso. Que a lo mejor eres tú el que tienes el juicio nublado.

Mira. Déjalo, de verdad. Déjalo.

- Hola. - Hola.

- ¿Necesitas hablar? - Eh...

- Sí, necesitas hablar. Nos vamos a tomar un café.

- Bueno.

(Música)

Tras iniciar el tratamiento con antibióticos,

Jaime ha presentado fiebre, por lo que le dan suministrado paracetamol.

- ¿Qué haces aquí?

Ya te he dicho que te vayas. Que no voy a llevar tu tesis.

¿Qué haces aquí como un pasmarote? ¡Vete!

- Lo sé.

- ¿Qué sabes?

- Que está usando mi trabajo como si fuera suyo.

¿No va a decir nada?

- Tú... Tú no sabes lo que es el peso del prestigio.

- ¿Tanto como para usar el trabajo de un alumno mediocre? ¿Mm?

Pero ¿qué se cree? ¿Que no me iba a dar cuenta?

- Tu trabajo va a acabar publicado.

- Si encima le voy a tener que estar agradecido y todo.

- Oye. Podemos llegar a un acuerdo, ¿eh?

- No, tarde. Ya le he denunciado a la revista.

Y sabe perfectamente que puedo demostrar el plagio fácilmente.

Es usted un fraude.

- Oye. Huy... Oye.

Oye...

- ¿Se encuentra bien?

- Ay... Ay. Ah... Eh...

- Eh... Oiga.

¡Enfermera! ¡Oiga! ¡Enfermera, por favor!

- Yo con el Landó, me vas a disculpar, ¿eh?

Pero yo no entiendo nada.

El tipo, no sé de qué va.

Si es que este no es su caso.

No sé por qué se está metiendo todo el rato.

En fin, da igual. El paciente, por otro lado, dando la brasa.

El tipo, que no, que si eres un residente,

que tú no te enteras de nada...

Yo estoy ya un poquito harto ya de tanto prejuicio, ¿eh, Lucía? Yo...

- Bueno, a lo mejor tú tampoco estás libre de prejuicios, ¿no?

- ¿Qué quieres decir?

- No, que me da la sensación

de que estás proyectando sobre este paciente

la manía que le estás cogiendo a Ramón.

- ¿Qué estás? ¿Defendiendo a Landó?

Porque vamos, Lucía.

Me parece muy fuerte que precisamente lo vayas a decir tú,

con lo mal que se ha portado él contigo.

¿O es que acaso tú eres masoquista?

- Pues no.

Y no me pongo de parte de nadie.

Pero me parece que, en esta situación,

hay que tener un poquito de madurez.

- Ya está. Ahora encima soy inmaduro, ¿no? Ah, inmaduro. Bueno...

- No. No te es...

- Déjalo, Lucía.

- Vale.

- Déjalo. Venga, hasta luego.

(Música)

Jaime, el paciente con legionelosis, ha empeorado.

Y la doctora Rey le está atendiendo.

- ¿Qué le pasa?

- Pues a ver. Está con 39 de fiebre, y la presión arterial está muy baja.

¿Sabes si tiene familiares aquí?

- No tiene. - ¿No? Vale.

Pues necesito que salgas un momentito de la habitación, por favor.

Ya te aviso luego.

- Mm...

- Vale, Anuc: Necesito que le pongamos una sonda

para medir el nivel de orina. ¿Vale? Gracias.

Sospecho que Jaime está entrando en un shock séptico.

Un shock séptico es una afección grave

que ocurre cuando una infección pasa al torrente sanguíneo,

y lleva a que se presente una hipotensión arterial peligrosa.

Y dado que la sepsis puede causar la muerte,

tenemos que llevarle inmediatamente a la UCI, porque su vida corre peligro.

- Hola.

Venía a ver si estabas lista para marcharte,

pero... ya veo que no.

- Qué va, cariño.

Es que al final a Rey se le ha complicado un paciente

y no ha podido ayudarme con nada.

La pobre está estresadísima.

- Ven conmigo igual, ¿eh?

- Ya, Álvaro, pero no puedo dejar todo esto colgado.

Me comprometí con el Consejo.

- Silvia: Sabes que, si estuviera en mi mano, yo retrasaría el viaje,

pero... no puedo. Hay mucha gente que depende de ello.

- Ya. Y a mí me pasa lo mismo.

Tenemos que reconstruir esa residencia de ancianos

después de la explosión que tuvieron.

- Ya.

- Y si no presento toda la documentación como toca,

sé que me van a echar para atrás, es que lo sé.

Lo entiendes, ¿no?

- Sí, sí. Claro que lo entiendo.

Tú tienes que ayudar a unos ancianos...

- Y tú, salvar a un pueblo en Camboya.

Si es que somos una pareja de superhéroes.

- No, no. Tú eres la heroína.

Y resulta que tu superpoder

es hacer que los que están a tu alrededor sean mejores personas.

- ¿Te tienes que ir ya? ¿Estás seguro?

- Sí. Sí, me voy.

Oye... Mándame fotos de Aníbal,

¿vale? Que lo voy a echar mucho de menos.

- Vale.

Llámame cuando llegues a Sianuk Vil.

- Mm, claro.

- ¿Vale?

- Sí.

- Álvaro.

Que te quiero.

- Lo sé.

(Música)

El doctor Cabrera ya tiene los resultados de los análisis

que le ha realizado a Eusebio.

- O sea, que ¿el sujeto no tiene alcohol en sangre?

Entonces va a tener razón Landó, con lo del vértigo.

Gracias, Enrique.

Eusebio.

- Sí.

- ¿Qué tal? ¿Cómo se encuentra?

- Bueno, mejor.

- Bueno, pues estoy aquí con los resultados de los análisis.

Y la verdad es que debo reconocer que estoy un poco... desconcertado.

Porque, como bien decía usted, no aparece alcohol.

- Vaya. Menos mal que por fin me hacen caso.

Llevo todo el rato diciéndoselo,

y..., y perdiendo aquí un tiempo...

Yo creo que lo que te falta es un poco de experiencia.

Bueno, y maneras, ¿eh?

Y... Y que no tienes pinta de médico.

- Ya, eso me lo han dicho más de una vez.

Pero sí lo soy. Sí soy médico.

(Teléfono)

- Atienda. Que le están llamando.

- Del trabajo. Sí.

Sí, sí, estoy aquí todavía.

Bueno, no, parece que estoy mejor, pero...

Me tienen que seguir haciendo pruebas.

Sí. No, el autobús se quedó ahí.

En la parada 3.

Sí, porque me trajeron al hospital...

¿Cómo? Pero...

Pero ¿cómo que una excusa?

¡Venga, hombre, no!

- ¿Qué? ¿Problemas en el trabajo?

- Sí.

Que no me creen. Igual que usted.

- Ya. Es que es complicado, D. Eusebio.

Pero mire: Usted no se preocupe.

Yo le aseguro que vamos a encontrar qué es lo que le pasa.

Probablemente se trate más de un problema de vértigo.

Y lo vamos a demostrar. ¿Ok?

- Bien. - Tranquilo.

Hay muchas posibles causas para un vértigo.

Desde ciertos tipos de lesiones, infecciones,

incluso alteraciones psiquiátricas.

Para ir descartando opciones,

vamos a hacer una exploración más exhaustiva.

- Hola. ¿Cómo va? A ver.

Vale. Está hipotenso...

¿No ha orinado nada?

Vale. Entonces es que no le está llegando suficiente sangre al riñón,

y tampoco está reaccionando a la reposición de líquidos.

Escúchame: Vamos a comenzar una perfusión con un vasopresor.

¡Rápido!.

Le vamos a suministrar un fármaco para aumentar la presión arterial,

la frecuencia cardiaca y la contractilidad del corazón,

con el fin de que le llegue más sangre a los órganos vitales,

y así esperar que su organismo reaccione,

ya que, en este instante, su vida corre peligro.

- ¿Está bien Jaime?

- Bueno, la verdad es que se encuentra bastante grave.

- Pero ¿va a sobrevivir?

- No te lo puedo confirmar. Lo siento. Pero bueno.

Cuenta con que estamos haciendo todo cuanto está en nuestra mano.

- Ese hombre ha sido más inspirador para mí que mi propio padre.

Siempre le he admirado, pero me ha fallado,

y... le he tenido que denunciar.

- ¿Cómo que denunciar?

- Mi maestro me ha plagiado.

- Bueno, escúchame. Tranquilo.

Tranquilo: Respira. ¿Vale? Respira.

Vamos a ver. Si verdaderamente ha sido así, has actuado bien.

- Vale.

- ¿Vale? Respira. Vale. Cálmate.

Escucha.

Yo tengo que seguir atendiendo a Jaime.

- Vale.

- ¿Vale? Pero quiero que estés tranquilo.

- Vale. Gracias.

- ¿Ok? - Gracias.

- Venga, hasta ahora.

(Música)

- Cabrera explora el oído externo de Eusebio

y la membrana timpánica con un otoscopio.

- Vamos a centrarnos en el octavo par,

que es el encargado del equilibrio y la audición.

- Vale.

- Vamos a ver qué tal...

Dígame si escucha esto.

- Sí.

- ¿Por aquí?

- Sí, sí. Muy bien... ¿Y esto?

- La verdad es que el chaval cuando se pone,

se ve que entiende de lo suyo, ¿eh?

Pero, como vivimos en un mundo

en el que son tan importantes las apariencias...

En fin. A mí lo que me parece rarísimo

es que a mí me tiemblen las piernas

y me digan que el problema es en el oído.

Es como si en el autobús se me pincharan las ruedas

por tocar mal la bocina.

- Bien. O sea que la rama coclear está bien.

El problema lo tenemos en otro sitio.

Vamos a echarle un vistazo a la rama vestibular, qué tal está.

Para ello le voy a hacer la prueba de Romberg.

Póngase de pie.

- ¿Y eso qué es?

- Bueno, es una prueba. Lo va a ver. Colóquese ahí, de frente a mí...

Junte las dos piernas.

- Por muy médico que sea, a mí hábleme en cristiano,

que si no, no me entero.

- No se preocupe. Se lo voy a dejar bien masticadito.

Junte las piernas. Eso es. Y ahora, cierre los ojos.

Eh, eh... Ya está. Eso es. Muy bien.

Abra los ojos...

Ya está. Tranquilo. Vamos a hacer una prueba de marcha.

Quiero que venga andando en línea recta hacia mí,

por esta línea que tiene aquí en el suelo.

Eso es. Póngase ahí...

Venga hacia mí. En línea recta.

Es... Tranquilo, eso es, muy bien.

Vamos a hacerlo para allá...

Vaya en línea recta...

Eso es. Ya está. Ya está. Muy bien.

Ya está.

Bueno, pues nada. Ha pasado la prueba.

Vamos a tener que seguir haciendo más pruebas.

Tras comprobar que Eusebio tiene nistagmos oculares,

he llegado a la conclusión de que tiene dañado

el canal posterior izquierdo.

Forma parte de la anatomía del oído interno,

que controla el equilibrio.

El diagnóstico es vértigo paroxístico posicional benigno.

(Música)

Tras tener una mejoría,

la doctora Rey le está realizando una radiografía de control a Jaime:

el paciente con shock séptico.

- Bueno, Jaime.

Decirte que, aunque todavía continúes con las gafas nasales

y con la sonda puesta, ya estás mucho mejor. ¿Vale?

- Gracias, doctora.

- De nada. Parece que ya estás superando el shock.

Y, de verdad, no hace falta que me des las gracias,

porque simplemente he hecho mi trabajo.

- Perfecto.

- Y... bueno, una cosita más:

Necesito que te quedes ingresado

hasta que finalicemos el tratamiento de la legionelosis.

- Muy bien.

- ¿Ok? Pues nada.

Te dejo descansar, y voy a ver a otros pacientes.

- Muy bien.

- Hola.

- Hola. ¿Cómo se encuentra?

- Mucho mejor, gracias.

- He retirado la denuncia.

- Lo sé.

¿Sabes?

Tu ensayo ha gustado mucho a la revista. Mm...

Les he contado la verdad.

Vas a ser su nuevo colaborador.

- No... ¿Por qué ha hecho eso?

- No sé.

Mientras me recuperaba

he tenido tiempo de pensar en todo lo ocurrido,

y creo que ya va siendo hora de hacer las cosas bien y...

de dar paso a los nuevos talentos.

- ¿Talento?

- Sí.

No pierdas el rumbo por mucho que te lo digan constantemente.

- No, no, no, no. No voy a perder el rumbo

porque ahí va a estar mi tutor de tesis, para darme los capones.

- ¿Aún quieres que te lleve la tesis?

- Por supuesto.

- Madre mía...

- Gracias.

- Nada. Gracias a ti.

(Música)

Con el diagnóstico de vértigo paroxístico posicional benigno,

el doctor Cabrera está seguro de poder mejorar al paciente,

realizando la maniobra de Epley.

- Ahora me va a ayudar. Escuche:

Si nota que se intensifica el vértigo, es normal, ¿eh?

Forma parte del proceso.

- Noto un mareíllo, y sin vino ni nada, ¿eh?

- Tranquilo. A ver.

Ahora vamos a girar el cuerpo hacia acá.

Gire el cuerpo de lado, eso es, ladéese, muy bien...

Ya está. Perfecto.

Y ahora, incorpore, baja las piernas...

Incorpore el cuerpo. Muy bien. Estupendamente.

¿Qué tal? ¿Cómo se siente?

- Bueno, un poco mareado.

- Ya, normal.

Lo siento mucho, pero vamos a tener que repetir esta acción varias veces.

- Lo que haga falta, doctor.

- Este tipo de vértigo es provocado por unas pequeñas piezas de calcio,

que flotan dentro de los canales semicirculares en el oído interno.

Dichas piezas envían un mensaje confuso al cerebro

sobre la posición del cuerpo.

Entonces, practicamos la maniobra Epley para recolocar dichas piezas.

(Música)

También evita girar a la izquierda,

sobre todo, que es donde te provoca los problemas de vértigo.

Bueno, en realidad evita cualquier tipo de ejercicio de cabeza,

que te va a venir mucho mejor.

- Muchas gracias, doctor.

- Hombre. Calcula que, más o menos en una semana,

ya podrás coger tu guagua y ponerte a lo tuyo.

- Bueno. Que el problema es que, en mi empresa,

no se creen que yo ya no tengo problemas con el alcohol.

- Ya. Es que eso es muy complicado.

- Y ahora es verdad.

Porque antes sí, la verdad es que tenían razón.

Pero entonces no me pillaban, ¿eh?

Y eso que me lo merecía. Pues eso es lo que pasa.

- Ya. Mira, Eusebio:

Lo que importa es el presente.

El pasado, pasado está.

De verdad, sinceramente: Lo que importa es el ahora.

Pero bueno, ya sabes cómo es esto.

Esto es “cría fama, y acuéstate a dormir”.

Mira, voy a hacer lo siguiente.

Voy a ir a hablar con tus jefes.

- ¿De verdad?

- Hombre, claro.

Y si me lo permites, les enseño también la analítica,

pues para que vean y comprueben que no eres ningún borracho

y que no tienes ningún problema de sustancias tóxicas.

- ¡Pues claro! Yo te autorizo, sí.

- ¿Seguro?

- ¿Cómo no voy a hacerlo?

- Venga, pues lo hacemos así. - Muchas gracias.

- Venga, hombre, un abrazo.

Y ya me subiré en tu guagua las veces que haga falta, ¿eh?

Pero eso sí: siempre va a ser la penúltima.

- Muchas gracias. - Venga, cuídate. Hasta luego.

- ¡Hola!

- ¡Ey! ¡Hola! Que... ¿qué tal? ¿Te vas ya, o qué?

- Sí, sí, sí, ya me voy.

- ¿Nos vamos al Ventanuco a tomar algo?

- No, no me apetece. Hoy no es el día, de verdad.

- Oye, no estarás enfadada por lo de antes, ¿no?

- ¡Que no!

- ¿Segura? Porque de verdad que lo siento mucho.

No fue mi intención.

Es que llevo un mal día, Lucía.

De verdad. Tengo un día...

- No pasa nada.

Yo también tengo, últimamente, algunos días complicados.

Que... otro día tomamos algo, ¿vale?

- ¿Segura?

- Sí. Venga. Chao.

- Venga.

- Pues ya está todo, ¿no? Esta era la última.

- Ay, sí. ¡Uf!

No puedo más, de verdad, ¿eh?

¡Oh! ¡Oh, madre mía!

Bueno, ya sabes lo que pasa

cuando tu madre no hace los deberes a tiempo, ¿eh?

Oye, que me siento fatal, de verdad. Me siento fatal.

Lo siento muchísimo.

Es que...

En fin, no hemos podido hacerlo a tiempo. Y...

- Nada, Marina, tranquila, no pasa nada.

Sé cómo se ha dado todo y...

Sé que no es culpa tuya. No pasa nada.

- ¿Tú estás bien?

- Sí, sí, estoy bien.

Lo que pasa es que Álvaro me tenía que llamar

y todavía no tengo noticias de él.

- Bueno, hombre...

- No me quiero preocupar, pero...

- Pero escúchame: es completamente normal.

Si es un viaje muy largo.

Tenía que coger, ¿cuánto? Dos aviones, un bur...

(Teléfono)

- Ese es él.

- Oye, guapo.

Que aunque seas Supermendi, eso no te da derecho.

Sí, sí, soy yo.

(Música)

¿Qué?

Vale. Vale, gracias.

- ¿Qué pasa?

Marco: ¿Qué pasa?

- La avioneta de Álvaro.

- ¿Qué?, ¡¿Qué?!

¡Qué!

- Que me acaban de decir que se ha estrellado.

- ¿Cómo que se ha estrellado?

(Música)

A ver.

Yo por lo que me dices,

creo que simplemente es un dolor de cabeza pasajero.

Muy bien. Pues aquí tienes, David.

- ¿David?

- ¿Os conocéis vosotros?

(A LA VEZ) - Es mi hermano.

- Y a lo mejor podía haber hecho algo también por evitar que...

Que Álvaro cogiese el avión, y...

- A ver. Rey, Rey, Rey, Rey, Rey.

Escúchame: Le propusiste a Marco

que te ayudara con el proyecto de residencia.

Así que tú impediste que cogiera el avión.

- Es que se murió papá, y el que se quedó con mamá

y con nuestra hermana fui yo.

Tú, te largaste como un niñato, tío.

- Bueno, pues tan niñato no seré

cuando estoy aquí montando un negocio, ¿vale?

- A ver, David: Te hemos encontrado una masa dentro del cráneo,

que no sabemos lo que es, pero que no...debería estar ahí.

- Se ha empezado a encontrar mal hace un rato en casa.

Íbamos para el hospital.

- Perdona.

¿Tú no eres la..., la hermana de Gloria,

la que estudiaba para médico?

- ¿Has estado en contacto con algún producto químico, últimamente?

- Sí, claro, es que tenemos una floristería.

- ¿Eres, o no eres la hermana de Gloria?

Yo es que, vamos, estoy casi convencido,

que nos presentó en el club.

- ¿Qué..., qué es eso del club?

- Pues nada, que la conocí en un club deportivo.

- Venga, hombre.

- Tienes lo que llamamos metahemoglobinemia.

En principio solo necesitarías que te administrásemos el antídoto...

- Conoces a la doctora Jiménez, ¿no?

- Imagino que ya sabrás, ¿no? Desde...

- No sé.

- Desde que, vamos, que la encerraron.

(Música)

Subtitulado por: Mari Carmen Casado Rubio.

  • Centro médico - 23/11/17 (2)

Centro médico - 23/11/17 (2)

23 nov 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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