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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 23/10/17 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-Mar, ¿has visto a mi padre?

-Pues no, pero seguro que estará por su consulta.

-Vale.

-Mira. Ahí lo tienes. -Ay, gracias.

-Hasta luego, guapa.

-¿Qué haces aquí? ¿Estás bien? -Sí, yo sí. Sí, sí.

Que he venido con una amiga. -Ajá...

-Virginia. No sé si sabes quién es. -Ni idea.

-Bueno, da igual.

Dice que le duele el oído, y vamos a verte.

Pero... se ha ido a retocar el ojo, dice.

-Vale, bueno.

-¡Ay, ya estoy! Es que tenía unas pintas...

¡Hola! -Hola.

-Yo soy Virginia. -Dacaret.

-Encantada. -Ah. Encantado.

Vale. Bueno, pues acompáñame a consulta.

-Vale. -Y... Marta, ¿me esperas por aquí?

-Sí. Sí, sí. -Venga. Ven.

-Adiós.

-Vale. Ya sé que Virginia y yo podemos parecer un poco distintas,

pero... no sé,

es que fue de las primeras que me habló cuando

llegué nueva al instituto,

y nos hemos hecho amigas.

-Pues eso, que nos hemos hecho superamigas.

Vamos, como uña y carne. Es que no nos separamos, ¿sabes?

-¿Sí? Sí, bueno.

De hecho, Marta... me ha hablado mucho de ti.

-Ah, ¿sí? -Sí.

-Oye, que digo, que qué guay, ¿no?, que seas médico.

Vamos, es que, a mí, me encantaría ser médico.

-Además, me quedaría muy bien la bata, ¿no?

-Mmm... Ya. Sí, sí, sí, sí.

Oye. Por cierto: Que no hay supuración de pus.

-Ah, pus. Qué asco, ¿no?

-Pues sí que serías buena médico tú.

-Ay, ya. Es que eso..., bueno.

-Ya. Bueno.

Vamos a ver qué tal está la audición.

-Vale.

-Para medir la disminución de la capacidad auditiva

se realizan dos test: el de Rinne y el de Weber.

Ambos con un diapasón.

Que... es... Es este aparato de aquí.

Con esta prueba,

conseguimos saber si la disminución auditiva

ocurre en el oído interno, o bien en el externo.

Vale, pues no parece que haya ningún problema con la audición.

No tienes fiebre, y el aspecto en general está bien.

-¡Gracias!

-No me refería a eso. ¿Eh?

Escucha: ¿Últimamente ha pasado alguna cosa extraña, inusual?

-Eh... No, pero... Bueno.

Mis padres están de viaje de..., de trabajo.

-Entonces me estoy quedando con mi abuela, que vive en la sierra.

-Y como allí hace frío,

pues a lo mejor me he puesto mala por eso. No lo sé.

-Bueno.

-Pero vamos. Que todo muy oportuno.

Ahora que viene... la fiesta de Pili. O sea, la gran fiesta.

-Y ¿quién es Pili? -¿No sabes quién es Pili?

-Pues no.

-Pero... A ver:

Pili es la chica que hace la fiesta más importante de todo el año.

¿Es que no sabes quién es?

Marta te ha tenido que hablar de ella seguro.

-Ah, pues, ahora que lo dices, igual sí.

Sí, me dijo que tenía una fiesta. Sí, un fiestón.

Pues mira. Igual sí que era Pili... De esta fiesta.

-Sí. Pues seguro que era esa.

-Vale, sí.

Bueno. Escucha: Voy a comprobar el cartílago.

-Dime si te duele, ¿vale? A ver.

-¡Ay! ¡Ay, ay! -Vale, vale, vale. Ya está, ya está.

A Virginia le molesta lo que llamamos el signo del trago.

Que consiste en presionar la porción de cartílago

que está en la entrada del conducto auditivo.

Hemos llegado a la conclusión de que tiene otitis,

así que le voy a recetar ibuprofeno y antibióticos.

Bueno, Virginia.

Y si te encuentras peor, ya sabes dónde estoy. ¿Vale?

Oye, ¿estás segura que no quieres que avise a tus padres

o a tu abuela,

para explicarle bien las pautas?

-No, no, no, no, de verdad que no hace falta.

Es que... Mira.

Mis padres están muy ocupados, y mi abuela está mayor.

Y no quiero darle disgustos.

-Bueno. -Oye, ¿y si se queda a dormir a casa?

Porfa, venga. Papá.

-Hombre, si tú me vigilases,

yo, claro, me quedaría mucho más tranquila.

-Claro, y está más segura. Porfa, venga.

-Venga, va, vale. Está bien.

-Pero no quiero tonterías. ¿Eh?

A las diez, en casa.

Rosario acude a la consulta de la doctora Romero

porque tiene varias lesiones en la piel

y siente picores por todo el cuerpo.

-Rosario Nieves, ¿no? -Sí, correcto.

-Yo soy Eduardo Jiménez. -Muy bien.

-Soy el jefe de Rosario. -Ajá...

Bueno, pues cuéntame tus antecedentes.

-Bueno, doctora.

-Tengo aquí algunos de sus papeles y algunos informes clínicos.

He estado mirando, y he visto que le diagnosticaron esto hace cinco años.

Pero... No sé yo si será muy fiable.

Porque fue en un hospital de Perú...

-Bueno, pero... Porque sea de Perú, no significa nada.

Tengo grandes profesionales allí como amigos, ¿no?

A ver, polidermatomiositis hace cinco años,

y con un tratamiento a base de corticoides, ¿no?

-Sí, correcto.

Lo que pasa es que yo hace casi un año que no tomo nada

porque dejé de sentir toda esa maluquera, y yo no lo vi necesario.

-Vale. Pues mira,

pasa a la camilla, que te voy a hacer una exploración.

Gracias. -De nada.

-¿Prefieres que él esté aquí o que espere en la salita?

-Eh... No, él puede quedarse, doctora.

-Mm...

¿Y llevas mucho tiempo en España? -Bueno, yo casi un mes...

-Me la he traído de Lima hace poco.

La he fichado como cocinera

para un restaurante de comida peruana que acabo de abrir.

-Sabores Andinos se llama. Tome, le dejo una tarjeta.

-Sí, sí. Vale.

-Se la dejo aquí.

-Si te puedes... Mm...

-Y en el brazo también...

-A ver...

-Y en la cabeza también. -Ajá...

Rosario tiene sequedad, escamas y picor en varias zonas del cuerpo.

Pero además, he podido ver, en el cuero cabelludo,

una secreción amarilla que le está provocando una alopecia difusa.

¿Has tomado algún otro tratamiento?

-A ver, doctora, yo he probado todo:

antihistamínicos, vitaminas, crema corticoides... De todo.

Terramicina...

Hasta mi abuela me hizo unos medicamentos caseros.

Pero nada me ha funcionado. Nada.

-Están inflamados, ¿eh?, los ganglios...

Eso significa que... las lesiones se han sobreinfectado, ¿vale?

-Doctora, pues a ver si la pueden desinfectar rapidito.

Es que no me puedo permitir tener una mujer con la piel así,

manipulando los alimentos de la cocina.

No sería muy agradable para los clientes, además,

si me viene Sanidad,

es que me pueden meter un buen puro.

Bueno, pues en Sabores Andinos hemos apostado por un rollo fusión.

Sobrio, minimalista...

Nuestro principal objetivo

es disfrutar de la magia de la cocina peruana,

pero sin renunciar a la sofisticación del mundo desarrollado.

Bueno, si quieren les doy una tarjeta.

-Bueno.

Las uñas están bastante rotas y frágiles, ¿eh?

-Bueno, eso no me preocupa tanto,

porque se puede disimular con algún tipo de calzado o algo

que le tape los dedos de los pies, ¿no?

-Vamos a ver.

Podrían ser varias cosas.

Podría ser psoriasis, una infección por hongos, ¿eh?,

pero tenemos que hacer pruebas para saberlo.

Siéntate, si quieres...

A ver.

Bueno, lo primero que vamos a hacer

son unas muestras de piel para analizarlas.

Eso por un lado.

Vamos a hacer una analítica de sangre y orina,

muestra de heces,

y una radiografía de tórax, ¿vale?

-Vaaa-ya...

Venga. Quita esto...

-¿Le echas perejil a la tortilla?

-Sí.

Oye, esa camisa es mía.

Devuélvela, anda.

-Pensaba que no te iba a importar.

-Ea, pues sí. Sí, sí que me importa.

No me gusta que la amiga de mi hija revuelva mis armarios.

Así que ya sabes lo que te toca. Venga.

-¿Sabes? No... No pareces un padre.

-Ya, pues resulta que sí lo soy.

De Marta, tu mejor amiga. ¿Te acuerdas?

Venga, anda. Vete a la habitación, ponte el pijama y duérmete.

Y devuelve la camisa donde estaba. Vengaaa!!!

-¿Y no prefieres que me la quite ahora?

-No. No, no. No..., no quiero que te quites nada.

Quiero que te vayas a la habitación ahora mismo.

Sí. Por ahí. Venga.

¿Qué...? ¿Qué miras tanto?

-Papá.

Que lo mismo sí que tengo un poco de hambre.

-Perfecto, pues te hago una tortilla. -Vale.

-Oye, por cierto: Escúchame una cosa.

Mañana, en cuanto despierte tu amiga... Virginia,

la acompaño a casa, ¿vale?

-¿Por? -Porque sí.

-No, ¿y su oído, qué pasa?

-No, su oído está perfectamente y mañana la acompaño a casa

porque soy tu padre y se acabó.

-Que no, ¿porque tú lo digas? Papá. -Sí, porque yo lo...

-¡Papá! -Tortilla.

-Que no, papá. -Tortilla.

-No te entiendo. De verdad, ¿eh? -Vale.

-Bueno, Rosario.

Pues recuerda que tienes que tomarte los antihistamínicos,

los corticoides orales, y aplicar la pomada,

que es antibiótica, en todas las zonas afectadas.

Una vez al día.

-Vale. -¿Te vas a acordar de todo? ¿Sí?

-Sí. -Que son muchas cosas, ¿eh?

-Doctora. -Sí.

-He visto que le ha mandado la prueba del VIH.

-Mm... -¿Qué tiene? ¿Sida?

-No, lo que pasa

que es un mero trámite que tenemos que hacer

para descartarlo. ¿Vale?

-Voy al baño.

-¿Que sois pareja?

-No, doctora, qué va. No. Nosotros no somos pareja.

Lo que pasa es que yo llevo muy poco tiempo en este país.

Y él, la verdad que se está portando muy bien conmigo.

Incluso me está dejando vivir en su casa.

Además, que ya me ha dicho que aquí compartir piso no es fácil,

y no quiere que nadie se aproveche de mí.

La gente aquí parece que no es de muy buen corazón.

Yo le estoy muy agradecida.

-Claro.

Bueno, la verdad es que no sé si habrá tenido algún tipo de...,

de trauma, ¿no?, Eduardo.

Pero, desde luego, aquí hay muy buena gente

y te lo aseguro, ¿eh?

-Rosario, tenemos que irnos, que llego tarde.

-Muchas gracias, doctora, de verdad. Le agradezco mucho toda su ayuda.

-De nada, es mi trabajo.

-Gracias.

-Eduardo es un tipo muy listo.

La primera vez que me dijo

que la gente era capaz de llegar a pagar hasta 20 euros

por un plato de pescado de cebiche, yo no me lo podía creer.

Pero es verdad.

Y el truco está en que,

entre menos pescado le pongas al plato,

pues se puede pagar más.

La gente, parece que le gusta.

Virginia se fue a su casa con un tratamiento para su otitis.

Pero poco tiempo después vuelve al hospital con su madre.

-Hola. -Hola.

-¿Qué.., qué haces aquí?

-Pues nada, que me duele mucho el oído,

creo que lo tengo mal y vengo a que me lo veas.

-Ya.

¿Y has seguido el tratamiento?

-Sí, sí, sí, he hecho todo lo que me dijiste.

Ella es Carla, mi madre.

-Hola. -Dacaret.

-Encantada. -Encantado.

¿Estás bien? -Sí.

-¿Seguro? -Sí, sí, estoy bien.

-Vale, pues acompañadme.

Parece que Carla está

bajo los efectos de algún calmante o ansiolítico.

Bueno, he hablado con ella,

y ella insiste en que tiene la receta.

O sea que tampoco voy a insistir mucho tiempo.

Pero que quede claro

que hay que tener mucho cuidado con este tipo de sustancias.

Y en cuanto a Virginia, pues no lo sé.

Porque me dice que le duele mucho, pero...

No sé si creerla, la verdad.

-He intentado mirármelo en el espejo, pero no he conseguido ver nada.

Creo que lo tengo hinchado.

-Ah, deja que lo vea. -Me duele mucho.

Qué tacto tienes.

Era una broma.

-No, no, no, Virginia. Si no ponía esa cara por eso.

Es que está bastante peor. -¿Sí?

-Está rojo y brillante.

Carla, ¿te fijaste ayer si lo tenía así?

-Ayer fue un día muy complicado para todos.

-Pues sí, sí que lo fue. Eh..., te voy a explorar.

Bueno, pues...

Virginia no estaba mintiendo.

La situación se ha agravado,

y ha evolucionado en una otitis media aguda.

Esto quiere decir que la infección es más grave de lo que yo pensaba.

Así que tendremos que empezar con antibióticos más potentes.

Y solo espero que siga mis instrucciones.

Bueno. Aquí tienes.

Tienes que estar atenta, tenéis que estar atentas las primeras 24 horas.

Y si veis que empeora, pues... volvéis y te echo un ojo.

-Vale. Bueno, muchas gracias. -De nada.

-Yo me voy al coche, ¿vale? y te espero allí.

Que me encuentro un poco mal.

Eh... ¿Podrías, mamá, hablar con...?

Bueno. Da igual.

-Bueno. ¿Estás bien? -Sí.

Oye, que...

¿Por qué nos vamos a ir? Si nos podemos quedar.

-¿Cómo?

-Tienes una boca... preciosa.

Y un pelo que me encanta.

Y esta bata... es muy sexi. Pero igual sin ella...

estás mejor.

-Carla, Carla, escucha.

Oye que... esta situación está siendo un poquito violenta.

-Sí. Perdón.

Mejor nos..., nos tomamos algo.

-Claro. Exacto. Nos tomamos algo, y...

luego ya...

-Bueno.

-Hasta luego.

-Vaya familia...

-¿Cuánto es? -4,50.

-Pues venga.

Pues te voy... a dar esto, y te quedas con la vuelta,

aunque no me hayas comprado ningún cupón. ¿Eh?

-¡Huy, cómo ha sonado eso! Sí. -Gracias.

-Nada, hasta luego.

-Oye, te acuerdas que te hablé...

Bueno, pues de que quería hacer una cena,

con la gente de la urbanización y todo eso, ¿no?

Que yo creo que ahí puedes vender un montón de cupones.

¿Y qué quieres que te diga?

Que también hay hombres..., pues libres, sin hijos...

-Claro. Y llego yo y les digo:

Hola, soy Lucía. Soy psicóloga. Y mira: Mm...

Te voy a empezar vendiendo los cupones de mis hijos.

-Ese no es el planteamiento.

Tú les tienes que decir:

Primero vendes los cupones. Tú eso, afiánzalo.

Y luego ya, le explicas todo lo demás.

-Ya, pero lo de los cupones,

¿de qué le digo que son los cupones? Pues de mi hijo para ir a esquiar.

-Pues no especifiques.

Tú dices: Tengo cupones que vender. Y ya está.

Pero ¿qué necesidad, dar tanta información?

-Pues sí.

¿Y tú qué tal estás?

-Pues hasta arriba de trabajo, Lucía.

Y mira que tengo a Arce,

que me está ayudando con la dirección del hospital,

pero no doy a basto.

Ahora, eso sí:

Javier, no te puedes imaginar lo que me ayuda con la niña.

O sea: Pero mejor que yo, de verdad, ¿eh?

-Es más majo... -Sí.

-De verdad, está apoyando muchísimo a Ramón.

Yo me quedo mucho más tranquila, porque queda con él, habla...

Javier apoya a Ramón y tú me apoyas a mí.

-Pues normal, somos amigos igual.

¿Eh? -Sí.

-¿Que me está sonando a..., a peloteo?

¿Quieres que te compre más de dos cupones?

-En efecto. En efecto.

-Pero ¿cómo se puede tener tanto morro?

¡Pero bueno!

-Pero si es que me tenía contra la pared.

Y es que no sabía qué hacer. Estaba acorralado.

¿Qué hago? No sabía cómo reaccionar.

-Hombre, yo qué sé.

Tampoco se lo tendría muy en cuenta, ¿no?

Porque la mujer,

pues estaba hasta arriba de ansiolíticos.

-No, desde luego.

En ese momento, muy bien no estaba. Nada bien, vamos.

-Hombre de todas formas,

lo mismo, hasta la próxima vez que te acorrala una mujer,

pues puede que hasta te guste y todo, ¿eh?

-Ah... Ya, pues no. No, no me interesa.

Además, Marta está viviendo en casa, o sea que no...

No sé, no quiero.

-Venga ya.

¿Me estás diciendo que pones a Marta de excusa para no conocer a nadie?

-No, no, no es una excusa.

Mira yo te agradezco que te preocupes por mí,

pero ahora mismo, no quiero forzar las cosas.

¿Vale? -Vale.

-Espera.

Urgencia. -OK.

Rosario viene a conocer los resultados de sus análisis.

Sus lesiones no han mejorado.

Y ahora padece también fiebre y astenia.

-Bueno.

Pues tengo ya los resultados, ¿eh?

-Ay, Dios mío.

-A ver, tienes anemia,

y también la velocidad de sedimentación globular

elevada.

-¿Y eso qué quiere decir?

-Pues eso indica un proceso inflamatorio.

También veo que tienes leucocitosis, que eso indica un proceso infeccioso.

Entonces de momento no sabemos de qué se trata,

pero podría ser una alergia

o una infección provocada por una infestación de parásitos.

-¿Parásitos? Ay...

-Todos los días congelando el pescado

para que no entren parásitos en el restaurante,

y ahora resulta que me los va a traer de serie la cocinera.

¿Qué voy a tener que hacer? ¿Congelar a los trabajadores, o qué?

-¡Ay, no! Doctora, me estoy sintiendo muy mareada.

-Vamos a ver.

Quiero que te tranquilices, y que respires aquí, despacio, despacio,

eso es.

-Doctora, ¿se sabe algo de los resultados del VIH?

-Bueno, han sido negativos,

pero ahora mismo creo que no es el momento para hablar de resultados,

y si puede esperar fuera, por favor...

Eso es. Muy bien, Rosario, muy bien... Eso es.

Rosario ha sufrido una crisis de ansiedad.

Para evitarlo, hay técnicas de control de la respiración,

y también prácticas,

como, por ejemplo, la meditación o el yoga.

Pero si estas crisis son frecuentes, lo mejor es acudir al especialista.

¿Mejor? -Sí.

-Vale.

Bueno. Quiero que sepas que,

cuando te encuentres mal, puedes venir aquí, ¿vale?,

al hospital sin pedir cita, ¿vale?

-¿Aunque sea extranjera? -Sí, claro. ¿Por?

-Bueno, porque a mí Eduardo me dijo muy clarito

cómo son las leyes en este país.

Y que yo no puedo ir apareciéndome así al hospital solita.

De hecho, yo no puedo ir a ningún sitio público sin un español.

-Pero es que eso no es verdad.

Aquí cualquier persona tiene derecho a la sanidad pública.

Además, tú estás trabajando,

tienes una nómina, Seguridad Social...

En fin, que es que...

-Bueno, doctora. La verdad es que...

Así como nómina, nómina,

es que también me ha explicado

que aquí en este país

el Gobierno se quiere quedar con toda la platica que uno trabaja muy duro.

Y yo, pues para que me alcance un poquito más la plata, pues...

Me está pagando en..., en negro. -Claro.

Vale. Bueno. Déjame un segundito, que voy a por unos impresos. ¿Vale?

Tranquila.

-¿Cómo se encuentra?

-Pasa, pasa.

-¿Y a esta qué le pasa?

-Pues que me ha dicho que yo puedo venir al hospital solita

sin tener que estar agarradita de la mano.

-Sí, claro, si no es obligatorio venir con nadie.

Si yo lo hago por tu bien.

Te puedo asegurar que, siendo extranjera y viniendo tú sola,

todavía estarías sentada en el pasillo.

Esperando a que te atendiesen. -Ya.

-Aquí tienes, Rosario. -Gracias, doctora.

-No. Gracias, no. Es para ella, si no te importa...

-Bueno.

-Gracias, doctora. -Nada.

Antes de que pasasen las 24 horas estipuladas,

Virginia y Carla tienen que volver al hospital

porque la chica se ha desvanecido en una cafetería

mientras desayunaba.

-Es que todo esto es demasiado ya.

Yo quería explicarle a Virginia

la situación tan difícil por la que estoy pasando.

Y antes de empezar a hablar, pues... se cayó al suelo.

-Virginia:

¿Sigues teniendo la sensación de que todo da vueltas

a tu alrededor?

-No. No, pero no oigo bien. -Vale. A ver.

Bueno. Parece que no tienes fiebre.

A ver la oreja...

Ff... Pues parece que ha empeorado, ¿eh?

El eritema se ha extendido y además está un poco inflamado.

No tiene muy buena pinta, la verdad.

-Fff... Yo..., yo se lo dije a mi madre. Pero es que...

parece que pasa de mí.

-Mira, tendremos que hacer analítica y un TAC craneal.

-¿Qué?

-Para ver hasta dónde llegan las lesiones.

-Voy a preparar. ¿Vale?

-Dacaret.

Perdón.

Quería pedirte perdón por el...,

por el comportamiento de mi madre.

Es que no sé qué le pasa.

Últimamente está rarísima.

-No pasa nada.

Seguramente que reaccione ahora viéndote así, y se centra. Ya está.

El reflejo vertiginoso con el que ha venido Virginia

puede ser debido al empeoramiento de la mastoiditis.

Y eso es justo lo que queríamos evitar.

Aunque esté estable y no tenga problemas neurológicos,

tenemos que asegurarnos

de que no está progresando la infección.

Si me lo permitís, voy a hablar con..., con la madre de Virginia.

Mira, Carla, lo que te intento decir es que...

creo que tienes que empezar a tomar conciencia

de lo que está pasando con tu hija.

Y tendrías que intentar apoyarla un poco más.

-Ya. Ya, ¿y de mí quién se ocupa, Dacaret?

-Pues mira.

Yo no sé cómo habéis llegado a este punto.

No sé quién tiene la culpa...

Pero... tienes que empezar a cuidar de ella.

-Mira Virginia es una niña, nada más. Y...

yo estoy pasando el peor momento de mi vida.

Y no sé... qué hacer.

-Pues creo que lo que tendríais que hacer es apoyaros la una con la otra.

Mira curiosamente, yo también tendía a pensar que mi hija era una cría.

Y que no sabía lo que hacía...

Pero con el tiempo me ha demostrado que es muy madura.

Y tiene más fuerza de la que yo pensaba.

Bueno, no sé, si... te apetece,

te puedo invitar a un café y charlamos un rato más.

-Vale. Gracias.

-Bueno. ¿Sabes que soy la última

en el ranking de madres vendedoras de cupones?

-Ah, ¿sí? -Sí. Estoy harta. De verdad.

-¡Pobre!

-¿Qué haces, cariño? Que te veo muy nerviosa.

-Pues que... no hago más que tener problemas...

Madre mía, en el trabajo.

Si es que... Todavía no he llegado y ya estoy.

Ya estoy como...

-Si te lo he dicho yo.

Con lo de la comisión gestora estaba igual.

Es que es un rollo.

-¿Sabes lo que pasa?

Que llevo toda la vida deseando este momento.

Y ahora que lo tengo me doy cuenta de que me roba muchísimo tiempo:

el tiempo de estar con Javier. Tiempo de estar con Andrea.

¿Tú me entiendes?

-Pues te entiendo perfectamente

porque nunca se está a gusto del todo.

Pero para lo que necesites aquí estoy.

-¿Te estás...? ¿Te estás riendo de mí?

-Pues no, cariño. No.

-De verdad que estoy hasta arriba.

Oye una cosa: Eh... Te vienes a la cena, ¿no?

-No, cariño. No me apetece nada, de verdad, ¿eh?

-¡Venga, por favor!

-¡Que no, Natalia!

-Lucía, es que te lo vas a pasar muy bien.

-A ver, Natalia. Por favor. ¡No! ¡No quiero ir!

¡No quiero conocer a nadie!

De verdad. Lo siento. Perdóname. Tengo la cabeza hecha un lío.

Perdóname.

-Vale, vale. -¿Vale?

-Sí, sí. Sí... -¿Eh, cielo?

Rosario regresa al hospital

para conocer los resultados

del raspado de piel que le realizó la doctora Romero.

-Rosario, yo no te puedo tener trabajando en el restaurante

con la piel así.

Salvo luego por la noche, cuando ya se vayan los clientes,

limpiando la cocina.

Ten en cuenta que todo esto me está costando el dinero,

te pagué el billete de avión a España

y de momento no estás siendo productiva.

Pero bueno. No te preocupes, que todo tiene solución.

Yo ese dinero te lo descontaré del mes poco a poco.

-Pero usted todavía no me ha pagado a mí nada.

-Bueno, por eso.

-Perdón. Hola, Rosario.

Tienes cita con la doctora Romero.

Así que, cuando quieras, ya puedes subir,

que te está esperando. ¿Vale?

-Muchas gracias. -Hasta luego, disculpad.

-¿Cómo estás?

-Bueno.

-Te tendrías que haber quedado en mi casa.

Es que no entiendo a mi padre, de verdad.

Le dan ataques de repente... -No, no, no.

No, a tu padre no le dio ningún ataque.

-¿Cómo? -A ver, es que...

Tía, me comporté como una niñata y le hice sentir incómodo.

-¿Por?

-Tía, es que tu padre está muy bueno.

-¿Qué? Espera, espera. ¿Que mi padre está muy bueno?

-¿Mi padre el médico? ¿El de la bata serio?

-Sí, el de la bata serio.

-Pero ¿qué dices?

-A ver, es que es tu padre y tú no lo ves.

Pero créeme, está muy bueno.

-Tía... No. -Sí.

¿Ves?

Tu padre es superguay. Es que... -Bueno.

-Ojalá yo tuviese unos padres tan guais.

Y que no pasasen de mí y me tratasen como si fuese idiota.

Fff... Mira, de verdad. Por mí, es que se podrían morir.

Y que me dejasen en paz.

-Virginia, no digas eso nunca. Pero nunca.

Tú no sabes lo que es.

A ver. A mí... me pasó con mi madre.

-¿Qué? -Se murió y no...

Es muy duro, para que lo sueltes así.

-Yo pensaba que... -No.

-Se habían separado...

-Conté eso porque...

Pues porque no me apetecía ir el primer día diciendo que...,

que tenía una madre, que se había muerto...

Bueno, todo el rollo, ¿sabes? Pero...

Que es duro. Así que no pienses eso.

Nunca.

¿Vale?

-Perdón.

-Doctora,

¿usted me está diciendo que yo tengo ese bicho de patas

en mi piel?

-A ver, se trata de un ácaro. ¿Eh?

Que te está provocando una enfermedad que se llama sarna noruega.

-¿Sarna?

-¿Noruega? ¡Pero si es peruana!

-La sarna no es una enfermedad erradicada.

Normalmente los pacientes suelen responder bien al tratamiento.

Pero en el caso de personas con inmunodepresión, como Rosario,

el picor puede durar bastantes semanas.

Siéntate, por favor, Rosario.

-No te me acerques mucho por si acaso.

La sarna noruega es una variante rara de la sarna común.

-¿Y esto me lo pegó un animal?

-No. El contagio es de persona a persona.

Entonces lo que voy a hacer va a ser recetarte una pomada,

que tendrás que aplicar una vez al día. ¿De acuerdo? Y...

estarás recuperada en unas seis semanas.

-Ay, Virgen santa.

-A ver. Por cierto,

es importante que contactes con todas las personas

con las que has convivido últimamente. ¿Vale?

-La madre que te parió. Mira.

Como me lo hayas pegado te vas a enterar, ¿eh?

-Ay, doctora. -Disculpa, doctora.

-Ay, doctora, yo no me quiero meter en problemas, de verdad.

Yo voy a hacer todo lo que usted me está diciendo. Yo no sé por qué...

Gracias, doctora.

-En caso de sarna,

es muy importante

lavar la ropa que se ha utilizado los últimos días a 60 grados.

Y el resto de la casa, desinfectarla muy bien,

aspirarla, bien alfombras, peluches, muebles...

Con el fin de acabar con el ácaro.

Ya que los problemas en el oído se habían agravado,

Virginia fue sometida a un TAC

para ver si la infección se había extendido.

-El TAC ha confirmado que se trata de una mastoiditis.

Es la infección del hueso mastoideo, debido a la otitis media.

Lo que tenemos que hacer ahora es ingresar a la paciente

y administrarle antibióticos intravenosos.

Mira, Virginia,

además de los antibióticos,

también quiero hablar con el especialista. ¿Vale?

Para saber si es necesario hacer una meringotomía.

Es una intervención que consiste...

-¿Qué? No, no, no, no. A mí no me vais a operar, ¿eh? No.

-A ver. ¿Me escuchas?

Es importante que solucionemos el problema del todo. ¿Vale?

-No, no, no. Que me da igual. ¡Que no me quiero operar! ¡Que no!

-La meringotomía consiste

en hacer una incisión en la membrana del tímpano

para eliminar la acumulación de líquido

y colocar un tubo de drenaje.

No se considera una intervención demasiado arriesgada.

-¿Nos dejas solas un segundo, por favor?

-Sí. Por supuesto.

-Mamá me da igual cómo os pongáis.

Que no quiero. Que no me vais a operar. No, no, no.

-Virginia: Tranquila.

Tranquila. Tú puedes tomar tus decisiones.

Te llevo tratando como una niña... demasiado tiempo,

y no es justo.

Te pido disculpas por ello.

-Gracias.

-Con todo el..., el lío con tu padre,

me he distanciado muchísimo de ti. Y no quiero.

Quiero que estemos juntas.

-Yo también.

¿Por qué me habéis dejado de lado, mamá?

-Virginia, yo no...

No tengo excusa.

No... No está bien hecho. Pero ha sido para protegerte.

Ya este..., este viaje con tu padre,

yo creía que iba a arreglar las cosas.

Creía que...

íbamos a volver a ser como antes.

Pero...

Él me dijo que había tenido una aventura...

Y yo no puedo asumirlo. No.

Es que siento que lo pierdo todo.

-No, no. No, mamá. Me tienes a mí. Te quiero muchísimo.

Pero vamos a poder, ¿vale?

Y juntas.

-Pero me tienes que prometer una cosa:

Que vas a dejar de tomar esas pastillas que te estás tomando.

-Sí.

Mira en esta vida todos nos tenemos que enfrentar a pruebas, y...

Y lo vamos a hacer. ¿Vale? Juntas.

-Vale, mamá.

-Ven aquí.

-D. Eduardo.

-Mira: Esto me pasa por imbécil.

Te abro las puertas de mi casa.

Te doy trabajo en el restaurante, y ¿cómo me lo agradeces?

Trayéndome una plaga.

Como me hayas llenado de..., de bichos el restaurante,

es que no te lo voy a perdonar en la vida.

-Por favor, por favor.

-Y como me hayas contagiado a mí, menos.

-Vamos a ver. -Doctora, tranquila.

Un momento: Si le he llegado a pegar alguna cosa o estos bichos,

se lo tiene bien merecido.

¿O acaso fui yo la que insistí tantas veces en que compartiéramos la cama?

-Tampoco te negaste a lo contrario.

-Usted ¿cómo puede decir eso? Usted es...

¡Usted es muy atrevido! Es lo peor que he conocido.

¿Sabe qué? Que le quede bien claro. Que usted como amante no vale nada.

Vale igual que sus platos:

cuatro veces menos de lo que usted dice que valen.

-¿Sí?

Pues hoy mismo haces las maletas y te vas de casa. ¿Eh?

Y no me vayas a venir dentro de dos días, ¿eh?

Suplicando y que te abra la puerta, ¿eh?

-Por favor, por favor.

-¡Porque te voy a dar con ella en las narices!

-¡Por favor!

Bueno, la verdad es que venía a ayudarte,

pero te has defendido muy bien. ¿Eh?

-Me ha costado. -Ya. Ya me imagino.

Rosario, he hablado con una amiga mía

y necesita una pinche de cocina.

-¿De verdad, doctora? -Sí. Es un bar humilde, pero...

-No, para mí todo está bien. ¡Muchas gracias!

-¿Sí?

-De verdad que yo estoy intentando ahora mismo, no sé,

empezar una nueva vida en este país.

Yo quisiera agradecerle por todo, de verdad, doctora.

Y es que, como dice mi abuela: No hay mal que por bien no venga.

-Bueno. Quiero que sepas que, si sigues mis recomendaciones,

en seis semanas, como ya te comenté, pues te vas a recuperar. ¿Vale?

-Ay... Muchas gracias, doctora. -Y te deseo mucha suerte.

Mucha suerte. ¿Eh? -Muchas gracias.

-Déjame que haga una cosita, vente...

-¿Doctora? -¿Qué?

-¿Usted le está escribiendo a Sanidad?

-No, es mucho peor.

Las redes sociales. Que hacen mucho dañito.

-Sí. -¡Me da susto!

-No. Te digo una cosa, ¿eh? Si no..., no le denuncio,

es precisamente para no perjudicarte. ¿Vale?

-Que sí, que sí, si... lo sé.

Si lo voy a tener que empezar a decir ya.

No, claro,

es que la barriga se me está...

Sí, es que se me está empezando a notar un poquito.

Ya. Bueno, que ahora te veo, ¿vale?

Venga. -Rey.

-Un beso.

Eh... Sí. Un besito, chao.

¿Qué pasa? -¿Qué tal?

-Bien, iba a casa de Juanra.

-Oye, que te quería dar las gracias, por hablar con Marta.

-¡Ah! Bueno, nada, no te preocupes.

Ya sabes, típica charla de amigas y... Y ya está.

-Bueno. Pues gracias.

-¿Todo bien, ya? -Sí, bueno, he hablado con ella y...

Se ve que ya le comentó Virginia lo que pasó y... todo bien.

-O sea, ¿te refieres al tema este del acosamiento y del...?

-Que no es acosamiento.

Simplemente, pues la chica no supo gestionar bien...

sus sentimientos.

Y la madre tampoco, desde luego. Vaya dos.

-Mira yo en el fondo, si te soy sincera,

me dan un poco como... Como de lástima, ¿sabes?

-Pues que no te la den. Porque... no sé. Estarán bien.

-Ya.

Bueno en el fondo no lo digo por eso, ¿eh? Lo digo porque... No sé.

Al querer liarse contigo las dos,

a lo mejor tienen algún tipo de enfermedad genética, o...

-Ya. Qué graciosa, ¿no?

Oye, ¿tú por qué estás tan contenta últimamente? Me... Me alegra...

-La verdad es que sí.

Sí, no sé. Es que... no sé.

Hacía tiempo que no me encontraba tan bien. Me siento como... plena.

Quería comentarte una cosa, porque... -Rey. Rey, Rey, Rey: Te veo venir.

Mira si me vas a decir otra vez

que meta a alguien nuevo en mi vida, déjalo.

Porque mi hija está igual que tú. Sois muy pesaditas.

Y además, en este momento de mi vida, si tuviera que meter a alguien...

Que da igual.

Que no quiero meter a nadie y ya está. Se acabó el tema.

Es lo que me querías comentar, ¿no?

-Sí, sí.

-Lo sabía.

Bueno. Nos vemos. ¿Vale?

-Pues yo creo que está bien, ¿no?

¡Genial!

¡Hola! -Hola.

Oye, ¿qué tal...? ¿Qué tal lo de las papeletas?

-Genial, no me queda ninguna.

-Ah, ¿no? -Las he comprado yo todas...

-Que te quería pedir disculpas, que antes he estado muy pesada y...

Con el tema de la cena y eso, y...

Mira pues si no quieres venir, pues ya está, como tú lo veas.

-Que no pasa nada.

Lo que... Lo que ocurre es que..., bueno. Es una tontería.

Que... Estoy conociendo a una persona, pero...

-Pero que tampoco... -¿Le conozco?

-Tampoco hay nada, Natalia.

-Pero ¿cómo que no es nada? -Oye...

Por eso no te lo conté. Ah... -No, escúchame...

Eso es que sí.

-¿Dacaret? -¡Ah!

-Estás en forma.

-Bueno, es que últimamente subo por las escaleras,

en lugar del ascensor,

que es como... más saludable.

Bueno, que nada, venía a agradecerte, pues...

todo lo que has hecho por nosotras.

-¡Ah!

-Y a disculparme por... mi comportamiento. -Ya.

-Yo no soy así, ¿vale?

-Bueno. No te preocupes. Podemos hacer una cosa.

Desde cero. Soy Hamman Dacaret.

-Soy Carla Alonso.

-Y... no te preocupes, que le pasa a cualquiera.

-Vale.

-Bueno. Pues nada. -Me voy a ir.

-Muy bien. -Bueno.

-Ah... -Que te voy a hacer caso:

Voy a ir por la escalera. -Bien hecho.

-Adiós. -Adiós.

-Carla: ¿Estás bien? -¡Ay, ay, ay! ¡Sí!

-¡Un celador, por favor!

-¡Ah! ¡No me muevas! ¡No me muevas!

-A ver, a ver. Déjame ver el tobillo.

-¡No, no, no, ay! ¡Que no puedo! ¡Que no puedo moverla!

-A ver.

-¡No, no, no...! -Déjame. Déjame ver.

-¡No! -A ver. ¿Te duele ahí?

-Muchísimo. -Vale. Tranquila. Tranquila.

-¿Meningitis?

-A ver, de momento no lo sabemos.

Le vamos a mantener ingresado y en aislamiento.

Y... hay que poner tratamiento antibiótico a..., a su acompañante

a Lidia.

-A ver, mira:

Voy a ponerte un tratamiento para...

evitar un posible contagio de meningitis meningocócica. ¿Mm?

-Reconozco los síntomas. Se los vi a Nacho. Y tú también.

-Eso no quiere decir que tenga leucemia. ¿De acuerdo?

-Pablo. Pablo, tranquilo. Tranquilo, tranquilo.

Mira. Te vas a sentir mucho mejor, espera.

Vengo de recoger los resultados de los análisis, y...

He visto que tiene leucocitosis...,

podría tratarse de un proceso tumoral.

-¿Te duele ahí? -Y eso no es bueno, ¿no?

-Pues hasta que no te vea el..., el médico de urgencias,

no lo podremos saber.

-La inmovilización va a durar unas semanas. ¿Vale?

Y luego después, pues tendrás que volver a...,

aquí a la consulta...

-¿Qué te han dicho? ¿Está roto?

-Sí.

¿Te puedo invitar a cenar? ¿Comer?

-Vale, vale. Venga, pues... ¿Mañana? -Vale.

Así que ¿vosotros dos salíais juntos?

-¿Os apetece un vermut a alguien? ¿Pago yo?

-Eh... No, muchas gracias.

-¿Y os lleváis bien? ¿Sois amigos?

-¡Venga, que sí, que te pago uno! ¡Que no pasa nada!

-¡Que no quiero! ¿Vale? ¡Ya está! ¡Déjame en paz!

¡Que estoy embarazada y no puedo beber alcohol!

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Centro médico - 23/10/17 (2)

23 oct 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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