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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 22/06/18 (1) - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Isabel llega al hospital citada por el doctor Cabrera

para hacerse unas pruebas preoperatorias.

¡Bueno!

¿Qué te iba a decir, Raquel, me puedes hacer un favor?

-Sí. Dime. -He dejado ahí la bici

aparcada en la farola, a ver si le puedes echar un ojo.

-Vale. -Acuérdate de la última vez que vine.

-Sí. -Me la robaron y menuda odisea

se montó. -Ya me acuerdo.

-Me tuve que pagar un taxi y casi pierdo el autobús para ir al pueblo.

-Madre mía... -Que no pase nada otra vez.

-No te preocupes, que yo te la echo un vistazo.

-Vale, gracias.

-Y por cierto, Isabel, que vaya todo muy bien.

-Vale. Gracias. -Venga. Hasta luego.

-Bueno, Isabel, yo seré el que me encargue

de hacerle las pruebas para el preoperatorio.

-Ah, muy bien. ¿Y también me va a operar?

-No. No la operaré. Estaré en quirófano,

porque me toca rotar en el servicio de anestesia.

Yo es que soy médico residente. -Ah...

-Pero tranquila, tengo un médico adjunto

que me está controlando. -No. Yo estoy muy tranquila.

Yo confío plenamente en ti. -Mm.

Por lo que puedo ver, nada de hábitos tóxicos,

ni embarazos ni antecedentes patológicos.

-Nada de nada. -Quítese el pañuelo, por favor.

¿Le duele? -No. Más que dolerme, me molesta.

Me molesta saber que está ahí. Que lleva tanto tiempo conmigo

que al final le he puesto hasta nombre; Charlie lo he llamado.

No puedo decir que no me sienta acompañada en la casa

tan solitaria en la que vivo. -Eso está muy bien, ¿eh?

Que se lo tome con humor está muy bien.

Así le ayudará a sobrellevarlo. Pase por aquí, Isabel.

Vamos a echar un vistazo...

A ver.

¿Come usted mucho pescado?

-Bueno, comer, comer, mucho no. La verdad es que si conociera

los productos de mi tierra, se daría cuenta que a mí el mar

me pilla un poco lejos. -¿Sabe por qué lo digo, Isabel?

Porque los productos del mar, que son ricos en yodo,

y además el uso de sal yodada, es muy recomendable en pacientes

con esta patología. -Ya. Si lo sé, pero...

Yo qué sé.

-Bueno, no pasa nada. Descálcese y vamos a pasar aquí al lado.

-Vale.

-El bocio, cuya causa más común es el déficit de yodo,

es el aumento de tamaño de la tiroides,

que es la glándula que se encarga de regular el metabolismo.

Esta carencia de yodo puede provocar desajustes

a niveles de hormonas tiroideas y puede causar daños en el cerebro,

incluso en pacientes, que están embarazadas,

puede causar daños en el desarrollo del feto,

anomalías congénitas, incluso aumentar el número de abortos.

(Llaman a la puerta)

¿Qué tal Natalia? Me has llamado, ¿no?

Sí. ¿Puedes cerrar, por favor, la puerta?

Claro.

Dime. Pues, siéntate, por favor.

Bueno, pues cuéntame.

Bueno, sabes que yo no soy de... de andarme con rodeos, ¿no?

Y lo que te voy a decir no es algo que sea fácil para mí.

Pero me gustaría que fueras una de las personas que se encargue

del control de calidad interno.

¿Perdona? Tú me conoces, Natalia. ¿Tengo yo aspecto

de ser una chivata? Pues claro que no.

Ni eres una chivata ni nada por el estilo. Eres una mujer justa.

Y una mujer que necesito a mi lado.

Porque es una situación difícil para mí también.

Y creo que, como mujer justa que eres,

pues vas a saber diferenciar entre un informe de un compañero y otro.

Pues te lo agradezco mucho, pero no... no me veo espiando

a mis compañeros. Lo siento.

Me esperaba tu respuesta. Porque probablemente yo habría dicho

lo mismo, pero...

No puedo obligarte. Es decir que,

que lo que digas lo tendré que aceptar y ya está.

Pues lo siento, Natalia, pero no quiero formar parte de este tinglado

que están montando los de arriba, ¿sabes?

Y yo entiendo que a ti no te queda otra que capear el temporal,

y además te lo agradezco, por todo lo que estás haciendo;

pero yo no lo voy a hacer. Lo siento.

¿Algo más? No.

Vale.

(Música)

Tienes un poquito de sobrepeso. -Sí.

-Pasa por aquí. Vamos a seguir la exploración.

-Vale.

Una cosa que le quería preguntar. ¿No habrá visto a la Pepa,

a la enfermera? -No. ¿Por?

-No. Porque le he traído un frasco de miel y un queso, que se lo prometí.

Y me gustaría verla.

-Ah, vale. Bueno, pues si yo la veo, la avisaré. Pero vamos,

estaría muy bien también que se los regalara, ¿eh?

Porque los productos del pueblo, Isabel, no nos ayudan.

Tenemos que hacer un poquito más de ejercicio y una vida más sana.

-Ya, ya. Tutéeme, aunque sea solo para regañarme, anda.

-Ya. Bueno, pues abre la boca.

Venga, muy bien.

Vamos a ver... eso es.

Ahí está.

Túmbese y ábrase la camisa. -Vale. De todas maneras,

una cosa que le voy a decir: yo antes salía todos los días a caminar

por la aldea con mi amiga. -Ah, qué bien.

-Y estaba hecha una jabata, vamos.

Lo que pasa es que desde que me mudé ahí, en esa casa, pues yo qué sé.

Es que me da pereza salir. -Sí.

-Eso es lo que tiene vivir sola. Aunque lo elegí yo, ¿eh?

-Ya. ¿Y siempre has vivido sola? -Pues no.

Yo antes vivía en el pueblo de al lado.

Lo que pasa que el ayuntamiento me ofreció una casa ahí,

en una pedanía abandonada, y entonces me dijo: tú vete para allá,

me la rehabilitas y la pueblas. Y dije: pues allí que me voy yo

con mis gallinas y mis vacas. Y ya está.

-Oye, estoy pensando que te podrías venir con la Pepa.

¡Sí, un día...! Yo os enseño la aldea y ya está. Una visitita.

-Pues te agradezco mucho la invitación, Isabel.

Pero la verdad es que no puedo. Aquí, en el hospital estoy a tope.

Si no paro. Te puedes incorporar. -Vale.

-Pasa por aquí... -Una cosa le voy a decir,

si quiere probar mis productos, le doy una tarjeta.

Y si no, también los vendo por internet.

-Muy bien. -Gracias.

-Pues se lo agradezco. -Muy bien.

-Lo tomaré en cuenta. Te comento.

-Dime. -Vamos a pedirte una analítica

de sangre, y te vamos a pedir también una radiografía de tórax,

un electrocardiograma y unas pruebas funcionales de tiroides.

-Vale. -Antes de la operación.

Eso sí, te vas a tener que quedar ingresada, por lo menos

hasta que tengamos los resultados de las pruebas.

-Ya me lo imaginaba yo.

Menos mal que le he dicho a mi amiga Lourdes

que me echara un vistazo a los animalicos.

-¿Sí? -Bueno, pues nada,

por fin me quedaré en el hospital y probaré su comida,

a ver si está tan mala como dicen. (RÍE)

La paciente está pendiente de una tiroidectomía.

Esta intervención consiste, básicamente, en extirpar la tiroides,

que se encuentra ubicada en la parte baja del cuello.

A pesar de que esta intervención tiene buenos pronósticos,

Isabel va a tener que tomar pastillas de hormonas tiroideas de por vida.

(Música)

Gonzalo ha acudido a una consulta programada

por su dolor crónico en la parte derecha del cuerpo,

un dolor que arrastra desde hace años

y que cada vez va a más.

¿Qué tal, Gonzalo?

El paciente sufrió un infarto cerebral cinco años atrás,

consecuencia del cual arrastra una leve parálisis

de las extremidades derechas.

Sin embargo, esto no es lo que más le ha incapacitado.

¿Cómo empezó el dolor, Gonzalo?

-Pues, eh... Más o menos un año después del ictus,

me dio como una especie de latigazo en la parte derecha del cuerpo,

que era muy punzante, en el brazo y en la pierna,

y ya me quedé con él.

Llevo cinco años así, pero la cosa ha ido a peor

y es que ya no puedo más.

-¿Qué tratamiento has tomado para el dolor en todo este tiempo?

-Pues de todo: analgésicos, antiinflamatorios corrientes,

luego opioides...

-¿Codeína, tramadol...? -Sí, pero nada.

Ahora estoy con morfina y con derivados.

-Doctor, ¿cuál es el siguiente paso?

Quiero decir: ¿qué otros fármacos le puedo dar a mi padre?

-Bueno, los opiáceos que está tomando tu padre

están en el tercer escalón y último de la escala de analgésicos,

así que me temo que habrá que buscar otra solución.

No la hay. -¿Ya estamos? Como siempre.

-Del 1 al 10, Gonzalo, ¿cómo catalogarías tu dolor?

-Pues, cuando se me pasan los efectos, un 10,

y bajo los efectos de los fármacos, pues...

Un 6, un 7, según el día.

-A lo mejor, si pensases en otra cosa que no fuera el dolor,

te dolería menos, papá. -Claro, hijo, será eso.

-Doctor, a mi padre el dolor le tiene bloqueado.

No hace absolutamente nada,

se pasea por casa como si fuera un fantasma,

no baja a la calle ni a por el pan, ni siquiera escribe ya.

Es que no hace nada.

-Soy escritor y, más o menos, vivía de ello,

hasta que gané un premio hará unos siete años.

La verdad, que ahí empezó a irme todo muy bien.

Tenía buenas ofertas para hacer la siguiente novela

y la empecé incluso,

pero entonces... llegó el ictus.

-Veo que estás diagnosticado de depresión

y que llevas tres años en tratamiento. ¿No es así?

-Sí, llevo tres años y...

Pero bueno, ni los fármacos ni las terapias

han ido muy bien, la verdad.

-Igual tienes que poner un poco más de tu parte.

-Javier, no es algo tan sencillo, ¿mm?

Gonzalo, voy a estudiar tu caso.

Vamos a hacer una evaluación neurológica

para saber de dónde viene ese dolor.

Y, si me lo permites, me gustaría hablar con tu psiquiatra.

Creo que en tu caso concreto, el dolor crónico

y la incapacidad podrían tener mucho que ver con la depresión.

(SUSURRA) -De acuerdo.

(Música)

Como paso previo a la tiroidectomía,

el doctor Cabrera realiza una radiografía de tórax a Isabel

para valorar si hay alguna alteración cardiopulmonar.

Ay.

(Llaman a la puerta)

¡Hola! -¡Hola!

-¡Isabel! -¡Ay, Pepa, cariño!

-¿Qué tal? -Muy bien, aquí...

-¿Cómo estás? -Qué gusto verte.

Pensaba que ya no te iba a ver. -Que sí, el otro día

no me puede pasar porque no estaba trabajando.

-Ya, me lo imaginaba. Oye, escúchame.

-¿Qué? -Mira ahí en la bolsa,

que te he traído lo que te prometí. Hay un frasco de miel y un queso.

-¿En serio? A ver. -Que sí, que sí, que te lo he traído.

¿Qué te parece? -¡Ah!

-Lo he hecho con mucho cariño, que te lo mereces.

-¡Pero bueno! ¡Muchas gracias! -De nada, todo para ti.

-Qué buena pinta, hija. (RÍE)

-¿Qué tal el bocio? -¡Shh! Calla, calla,

que está durmiendo, no lo vayas a despertar.

(RÍEN)

Y tú por el hospital, ¿qué? -Muy bien, trabajando mucho,

ya sabes. -Ya, muchas horas, como siempre.

-Sí. -Que sepas que eres mi "ídola",

eres mi referente, yo te sigo igual.

Estaba muy ocupada, con las vaquicas y las gallinas, para allá, para acá.

(SUSPIRA) No sé, se me está haciendo muy largo el invierno, nena.

-¿Ah, sí, por qué? ¿No tienes gente? ¿Te aburres?

-Sí, si gente tengo, tengo uno que no se separa nunca de mí.

¿Sabes cómo se llama? Wi-Fi. (RÍEN)

Pero si tú ya me conoces, Pepa, yo me encierro ahí con mis animalicos

y mi internet y ya pueden caer meteoritos

que ni me entero. -Y ya que pase el tiempo, ¿no?

-Pues claro, fíjate.

-Hola. (AMBAS) ¡Hola!

¿Cómo te encuentres, Isabel? -Muy bien.

-Mira. -¡Ah! Tú tienes mucha cara.

(RÍEN) A ver, te comento.

Ya está todo listo y preparado para la intervención,

trataremos de hacerlo hoy mismo. -Pues genial,

porque mis animalicos y yo pero vamos a agradecer muchísimo.

(RÍEN) Oye, una preguntita,

¿ustedes de qué se conocen? -¡Uh! Años ha.

¿A la Pepa? Pues yo qué sé, porque ella sabe de lo mío

desde el principio. -¡Ah!

-Me ha acompañado en todas las pruebas.

Si es que esta niña... Esta niña vale su peso en oro.

Es un ángel, un ángel. -Di que sí, di que sí,

Pepa vale mucho, la verdad es que sí, y ahora más con esto que tiene aquí.

-¡Eh! Esto es mío, ¿eh? -Uy, qué celosillo.

(RÍEN) Oye, que me tengo que ir a trabajar,

pero antes de la intervención me paso.

-Vale, genial, pues si te pasas, vamos,

seguro que va a ir todo bien entonces.

-Dame un besito. -Dame un besico.

-¡Muac! -Ahí.

-Adiós. -Nos vemos.

-Te dejamos para que descanses. -Vale.

-Pepa, ven aquí. (RÍEN)

(SUSPIRA)

(Música)

Tras una evaluación neurológica completa de Gonzalo,

el paciente con dolor crónico y depresión,

el doctor Molina se ha reunido

con el equipo de neurocirugía funcional del hospital.

La neurocirugía funcional comprende aquellas intervenciones

cuyo fin es modificar diferentes aspectos funcionales

del sistema nervioso, tanto para tratar el dolor,

trastornos del movimiento o del tono muscular,

crisis epilépticas o determinados cuadros psiquiátricos.

Gonzalo, ¿cómo te encuentras hoy? -Igual.

-Ya...

¿Quieres que esperemos a tu hijo y te cuento?

-No, hoy mi hijo no ha podido acompañarme,

tenía lío en el trabajo

o, por lo menos, eso es lo que me ha dicho.

En realidad, es porque se desespera conmigo.

-¿A qué te refieres?

-Que mi hijo tiene la sensación de que me lo invento todo:

los dolores, la depresión...

Cree que está todo relacionado porque tengo miedo al fracaso

después de haber ganado aquel premio de novela.

-Y eso no es fácil para ti, claro. -No, para mí nada es fácil

y mucho menos la incomprensión de mi hijo hacia mí.

-Gonzalo, te voy a ser completamente sincero.

A mí la vida personal de los pacientes me da exactamente igual,

solo me preocupa su enfermedad.

Si en cualquier otro caso un paciente me hubiera contado

sus problemas paternofiliales, hace mucho que le hubiera cortado.

Pero es que creo que, en tu caso, los problemas personales

tienen mucho que ver con tus problemas de salud.

Gonzalo, tu hijo tiene que entender que tu abatimiento, tu apatía,

son síntomas de una enfermedad llamada depresión.

-Ojalá fuera tan fácil que lo entendiera.

Bueno, ¿y ha llegado a alguna conclusión sobre los dolores?

-Sí.

Gonzalo, he encontrado una manera de acabar con los dolores.

-No sé si fiarme, he oído eso tantas veces...

-Ya.

En este caso, es un último recurso que se utiliza solo en casos extremos

y cuando las terapias conservadoras han fallado.

Estoy hablando de una cingulotomía anterior bilateral estereotáxica.

La cingulotomía es una técnica neuroquirúrgica

que secciona las fibras de sustancia blanca,

el cableado, para que nos entendamos, de una región del cerebro

para desconectar los circuitos que intervienen en el dolor consciente.

-Me da igual. ¿Dónde tengo que firmar?

-No tienes por qué decidirlo ahora, puedes pensarlo tranquilamente.

-No tengo nada que pensar, quiero hacerlo y cuanto antes.

De verdad, es que ya no aguanto más.

-Vale.

Tengo aquí un consentimiento informado

que deberás traer firmado, ¿de acuerdo? Y...

¿Ni siquiera quieres leer los riesgos de la operación?

-Me da igual.

Me da igual todo con tal de que puedan quitarme el dolor.

-Vale.

Lo gestionaré todo cuanto antes y te pediré que vuelvas

para que te hagas las pruebas preoperatorias, ¿mm?

-¿Y no podría hacerlo ya que estoy aquí?

-Sí, claro, bueno, podemos. Me pongo a ello.

-Gracias, de verdad, muchas gracias.

-Gonzalo, vamos a ir paso a paso. No será fácil, ¿vale?

Y dejemos las gracias para cuando todo esté resuelto.

-De acuerdo.

(Música)

La enfermera Pepa termina los cuidados preoperatorios

suministrando a Isabel relajante muscular endovenoso.

Un poquico nerviosa, la verdad.

Una cosica... -Sí.

-¿De verdad que funciona esto de la anestesia?

-Sí. No te preocupes, verás que te hace efecto bien.

-Vale.

-¿Le has puesto ya midazolam de 2 mg? -Sí, ya se lo he puesto.

-Muy bien, ahora nos vemos en el quirófano.

-Muy bien. Gracias, doctor.

-Es un relajante muscular para que estés más tranquila.

-Vale, gracias. -Bueno, Isa, te dejamos

y nos vemos luego, ¿de acuerdo? -Venga.

(Música)

Gonzalo se somete a las pruebas preoperatorias

previas a la intervención

que va a tratar de poner fin a su dolor crónico e invalidante.

Gonzalo, tengo información sobre la cirugía.

-¿Cuál?

-Enfermera, ¿te parece que esos electrodos están bien puestos?

-Disculpe.

-Eres nueva, ¿verdad?

Ajá. ¿Y te llamas? Esther. Se llama Esther.

Clarita, gracias por la información. De nada, hombre, es que...

Está sustituyendo a Carmen, como se ha prejubilado...

Pero bueno, esto es un despiste sin importancia.

¡Anda que no he tenido yo despistes de estos! ¡Bueno!

Ya... Muy bien.

Gonzalo, si las pruebas preoperatorias son normales

y no hay que repetirlas porque se dé un despiste sin importancia,

haremos la cingulotomía esta misma semana.

-Gracias, doctor. -No hay de qué.

Esther, ¿verdad?

Muy bien.

No te preocupes, no pasa nada, mujer, ¿vale?

Mira, ¿ves cómo están? Pues ahora nos venimos...

Disculpe, caballero. Nada, nada.

Mira, ahora tienes que ver exactamente dónde empieza la línea

y ahí justo lo clavas para cuando empiecen las pulsaciones, ¿vale?

Es muy fácil, no te preocupes.

(Música)

Tras la tiroidectomía, que ha transcurrido sin incidencias,

Isabel ha sido trasladada a planta.

Ya estás en la habitación.

(CON DIFICULTAD) -Entonces...

¿Me habéis quitado la tiroidea?

-Sí, ya te lo hemos quitado, en nada estás en casa.

(LLORA) -No.

-Ey, ey, ey. Isa, Isa, tranquila, ¿eh?

Que porque te notes afónica, no pasa nada,

forma parte del proceso, ¿de acuerdo? Porque te han tocado esa zona.

-No quiero volver a ese maldito pueblo.

-Pero ¿qué dices, Isa? ¿Qué pasa?

-Que odio la aldea.

-Eh... A ver, Isabel, tranquila,

estás bajo los efectos de la anestesia, ¿de acuerdo?

Dale tiempo un poquito a que el cuerpo pueda metabolizarla.

-Me siento muy sola y me voy a morir.

Y me van a picotear las gallinas por todos lados.

¡Por favor! -Pepa, rápido, prepara un electro.

Tranquila, Isa. (CARRASPEA) Tranquila, tranquila.

No pasa nada, ¿eh? Tranquila.

El electrocardiograma de urgencia que le hemos realizado a Isabel

nos ha mostrado cambios en el estímulo nervioso del corazón.

Además, la paciente presenta bradicardia,

es decir, una frecuencia cardiaca baja e hipotensión.

Por lo tanto, vamos a tener que suministrarle un medicamento

que nos ayude a poder revertir esta situación.

Isa, en estos momentos, Pepa te está poniendo atropina

y soluciones cristaloides, ¿de acuerdo? ¿Qué tal te encuentras?

-¿Y eso? ¿Qué me pasa?

-Vamos a ver, has sufrido una bajada de tensión y de ritmo cardíaco.

Probablemente se deba a una hipocalcemia,

pero tenemos que confirmarlo todavía.

Hemos tenido que suministrarte fármacos para estabilizarte.

-Qué bonicos sois.

Qué bien me cuidáis. -Y tú que te portas muy bien.

-Pepa, cuando puedas, sácale sangre para confirmar la hipocalcemia.

-Vale.

-Gracias.

-Hablamos de hipocalcemia

cuando los niveles de calcio en la sangre están bajos.

El calcio es fundamental para el tejido óseo,

pero también para el correcto funcionamiento de los músculos.

Por eso, si se confirma el diagnóstico,

Isabel va a tener que reponer sus niveles de calcio mediante dieta

y, posiblemente, con suplementos de calcio y vitamina D.

(Sirena, música)

Antes de la intervención que iba a tratar

de acabar con su dolor crónico, Gonzalo llega a Urgencias

con lo que parece una sobredosis de pastillas.

(NERVIOSO) He ido a su casa para ver cómo estaba

y me lo he encontrado tirado en el baño con el...

El bote de las pastillas ahí tiradas.

Jamás pensé que mi padre podía ser capaz de hacer algo así.

-Chicos, perdonad un segundo, por favor.

Acompáñame, Javier.

¿Sabes qué ha pasado? -No lo sé, doctor,

pero el bote de pastillas estaba vacío.

¿Cómo está mi padre?

-Afortunadamente, no ha entrado en coma.

El vómito ha reducido el número de pastillas que se ha podido tomar

y no ha hecho falta poner antídoto.

Le hemos hecho un lavado de estómago y lo hemos dejado monitorizado

y, en principio, en observación, pero creo que sería conveniente

dejarlo ingresado hasta que se produzca la cirugía.

Y creo que deberíamos adelantarla, Javier.

-¿Y eso por qué?

-Porque me da a mí que el dolor de tu padre ha ido a más.

Mira, tanto si ha sido un intento autolítico, como si no,

creo que la ingesta de pastillas viene dada por el dolor intenso

que está sufriendo tu padre.

Cuando puedas pasar a verlo, te aviso, ¿de acuerdo?

-Está bien.

(Música)

Isabel continúa en planta recuperándose de la bradicardia

y de la hipotensión que sufrió después de ser operada.

Bueno, te voy a dejar, que estoy muy cansada, ¿vale?

Venga, un besico, amor. Adiós, adiós.

-¿Qué tal, Isa? ¿Cómo te encuentras?

-Ay, pues muy bien.

Ya con ganas de irme a mi casa con mis animalicos y mi gente.

-Claro. -Me ha dicho Lourdes

que me echa de menos y yo también los echo a ellos.

-Normal, es normal.

Pero hasta que no estés recuperada del todo, no te podrás ir.

Por otro lado, tenemos aquí los resultados de la analítica

y nos confirman la hipocalcemia. -Vale.

-Así que voy a avisar a Pepa para que te ponga un tratamiento

para estabilizar los niveles de calcio.

-Vale. -¿Ok?

-¡Madre mía, madre mía, qué médico que me ha tocado!

Desde luego, tengo una suerte... (RÍEN)

Oye, una cosa, que lo de la plaza del médico en el pueblo sigue en pie.

Que yo hablo con el alcalde y en un día lo tenemos apañado.

-Vale, muchísimas gracias. Estoy muy halagado, Isa,

pero sería un cambio demasiado drástico para mí.

-¡Buah, qué exagerado!

Seguro que estarías encantado como yo en dos días.

(RÍE) -Bueno, hace un momento no pensabas lo mismo, ¿eh?

-¿Por qué dices eso?

-A ver, no, cuando estabas bajo los efectos de la anestesia,

dijiste alguna que otra cosilla, que lo odiabas... Cositas de esas.

-¿Cómo voy a decir yo eso, hombre? Yo eso no me lo creo.

Pero si a mí me encanta mi pueblo,

estoy encantada con mis animales, mi tranquilidad, en casa...

De verdad, que no entiendo qué...

Doctor. -¿Qué?

-Que siento como... -¿Qué ocurre?

-Como hormigueo aquí en las manos. -A ver.

-Se me está durmiendo la boca. -¿Sí?

A ver, incorpórate un momentito, Isabel.

-Ay, ay. -Descuelga las piernas.

A ver, con cuidado, ¿eh? -Ay.

-A ver.

A ver por aquí...

-¡Ay! -Vale.

A ver... -Doctor. No la puedo mover.

-Cuanto más bajos son los niveles de calcio en el organismo,

más rápido se produce el descenso

y peor aún y más graves pueden ser los síntomas.

En este caso, tenemos los neuropsiquiátricos

y los neuromusculares, tales como sensación de hormigueo,

calambres en boca, manos, pies...

Algunos casos graves de hipocalcemia,

el paciente puede pasar de la irritabilidad y la confusión,

a las crisis convulsivas y al coma.

(Música)

¿Cómo estás?

¿Cómo has podido hacerlo?

-¿A qué te refieres? -¿A qué va a ser?

Coger el camino fácil, el de los cobardes.

-Hijo, no sabes lo que estás diciendo.

-Lo sé, perfectamente además, papá.

Y precisamente tú eres la persona que me ha enseñado

que en la vida nunca hay que rendirse, ¿eh?

Que no tire la toalla. Acuérdate, eso era lo que me dijiste

cuando terminé la carrera y nadie quería contratarme.

Cuando fracasé con mis primeros diseños, ¿eh?

¿O no te acuerdas?

-Puedes creerme o no, me da igual, pero yo no he intentado suicidarme.

Simplemente, el dolor era tan insoportable

que pensé que podía tomar más pastillas.

Pero, por lo visto, me pasé de la raya.

-¿Tú esperas que yo eso me lo crea? -Me da igual.

Me da igual que me creas o no, pero aunque hubiera sido buscado,

tú no eres quién para juzgarme,

porque no eres capaz de entender lo que me pasa, Javi.

(LLORA) ¡Estoy enfermo!

¡La depresión es una enfermedad, no es un capricho!

¡Y lo peor es que no puedo hacer nada para dejar de sentirme así!

¿Es tan difícil que puedas entenderme?

-Papá...

(LLORA)

-Vale, perdóname, ¿eh?

(LLORA) Lo siento.

Estoy aquí contigo ahora, ¿vale?

Perdóname.

-Bueno, Isabel, esto ya está.

Cuando estén los resultados de los análisis,

ya te pondrá el doctor un tratamiento.

-Ya.

Oye, Pepa. -Dime.

-¿Es verdad lo que he dicho antes?

-¿El qué? -Que odio la aldea.

-Ah. Sí, sí que lo has dicho, pero no te preocupes,

porque la anestesia muchas veces confunde.

-No ha sido por la anestesia,

sabía perfectamente lo que estaba diciendo.

Pepa, que me arrepiento mucho de haberme ido a vivir a esa aldea.

Si es que ni salgo de mi casa,

que me paso el día comiendo, durmiendo

y maldiciendo el día en que cumplí mi sueño y me mudé ahí.

-Pero, Isabel, entonces, ¿por qué te fuiste?

-Pues yo qué sé.

Como no tenía familia ni na, era algo nuevo...

Y el alcalde me dio una casa para rehabilitarla y para poblarla

y eso me hacía a mí sentirme importante, ¿sabes?

Yo no sabía que aunque viviera a 3 km de mi pueblo,

pues eso, que iba a ser tan triste y tan solitario.

Ay, Pepa... (SUSPIRA)

-Cuidado con lo que deseas, porque se te puede cumplir.

(Música)

La neurocirugía transcurrió sin complicaciones

y Gonzalo se ha sometido a distintas pruebas

para valorar posibles complicaciones.

En un primer momento, los efectos de la intervención

no son palpables, así que nos hemos limitado

a confirmar mediante un TAC que no se han producido

complicaciones hemorrágicas postquirúrgicas.

Si me perdonáis...

A continuación hemos confirmado que tampoco presenta

ninguna focalidad neurológica,

salvo una ligera lentitud en el curso del pensamiento,

algo que se ha ido normalizando con el tiempo,

y la leve parálisis que ya presentaba en la parte derecha del cuerpo.

Afortunadamente, en lo referente al dolor,

Gonzalo ha pasado a catalogar el dolor a casi la mitad

de lo que lo sufría antes de la intervención.

Esto nos hace ser lo suficientemente optimistas como para pensar

que en unos meses el dolor haya podido desaparecer por completo.

Si sigues así, vamos a bajar

la ingesta de analgésicos paulatinamente.

-Todavía no me creo que el dolor vaya a desaparecer.

Vamos, de hecho, pensaba que iba a estar más feliz, pero, claro,

imagino que la depresión es lo que tiene, ¿no?

-Sí, eso me temo.

Está claro que en algún punto la depresión superó al dolor

como elemento incapacitante.

Es verdad que la depresión venía generada

por la incapacidad que te provocaba el dolor crónico,

pero que hayamos acabado con él no significa que la depresión

vaya a desaparecer así, sin más.

Gonzalo, creo que sería conveniente que siguieras en psicoterapia.

Y que, por supuesto, siguieras el tratamiento

que te mandara tu psiquiatra.

-Bueno, el hecho de que vaya remitiendo

me imagino que ya es un paso. -Gonzalo, es un gran paso, créeme.

Grande. Sé que vas a poder con esto, Gonzalo.

Y para cualquier cosa, sabes dónde estoy.

Que vaya muy bien. -Muchas gracias, doctor.

-A ver, Isa. Eh... Los resultados de la analítica

nos han confirmado que los niveles de calcio sérico están a 4,6.

(ASIENTE) -Y esto nos confirma

que tienes una hipocalcemia aguda postiroidectomía.

-Ya, pero es que a mí eso me suena todo a chino.

A ver, ¿cuál es el siguiente paso? -Bueno, pues el siguiente paso será

ponerte un tratamiento restituyente con gluconato de calcio al 10 %.

Te haremos revisiones cada seis horas para ver qué tal

lo va asimilando el organismo.

(Música)

Un tiempo después, Gonzalo sigue ingresado

pero presenta una clara mejoría de sus síntomas.

(Continúa la música)

Me lo has traído, ¿verdad?

Es que me apaño mejor con el teclado.

-Pero... ¿Has vuelto a escribir?

-Creo que ya va siendo hora de terminar esa novela

que dejé a medias.

Me va a costar, lo sé, pero bueno, poco a poco.

-¿Lo ves, papá, como no era tan difícil?

Si es que la cosa es ponerse.

-Sigues sin entenderlo, ¿verdad? -Ya empezamos otra vez.

-No, tranquilo.

Ahora estoy triste,

que no es lo mismo que estar deprimido.

Pero imagino que tú, de algún modo,

también has sido una víctima de mi depresión

y necesitas tu tiempo.

-Lo sé.

Y lo siento, papá.

(Música)

El principal problema al que nos enfrentamos

las personas que sufrimos depresión

es la incomprensión de los que nos rodean

y no solo la de nuestros seres queridos,

que tarde o temprano acaban entendiendo,

es la sociedad en su conjunto la que tiene que concienciarse.

(Música)

Isabel, ya recuperada, es dada de alta.

El doctor Cabrera y la enfermera Pepa

le dan unas últimas recomendaciones.

Tendrás que tomarte los suplementos de vitamina D y de calcio.

Como son efervescentes, se pueden disolver muy fácil en agua.

-Que sí, que ya me lo has dicho más de 100 veces.

-Lo siento mucho, pero te lo tengo que recordar.

-Vale. -Y acuérdate de la dieta baja en sal,

Isabel. -Ya. ¿Algo más?

-Sí, ejercicio físico. -¡Uy! ¿Y para qué está la bici?

Porque no está ahí pintada, ¿eh? Que, por cierto,

seguirá ahí aparcada, ¿no? ¿No me la habrán robado?

-Sí. -Bueno, tranquila,

todo el mundo en este hospital sabe que esa bici es intocable.

-Vamos. -Vale.

Bueno, Pepa, quedamos para el crucerico, ¿eh?

Para lo de las charlas. -Quedamos, quedamos.

Sí, sí. -Vale.

¿Y tú qué? -¿Yo qué?

-¿Que si no te animas? -¿Eh?

-¿Al pueblo dices? -Claro.

-Eh... ¡Pff! (RÍEN)

¡Que es broma, hombre! Que ya sé que tú eres de ciudad.

-De ciudad, ¿no? -Sí.

-Pues mira tú por dónde, igual va y me apetece ir a tu pueblo.

-¿Ah, sí? -Hombre, como me has vendido tanto

que si los quesos, que si la miel, que si tal,

que lo tendré que probar. -Pero ¿de verdad?

-Hombre. -¿Os vais a venir los dos?

¡Ay, qué idea más buena! Pues ya está, preparo los carteles,

hago la publicidad por internet... -Un momento, un momento.

Lo primero, el cocido, ¿eh? -Bueno...

-Por partes. -Bueno, lo primero, el cocido.

-Hombre. -Para los tres.

-Claro. -Venga, hecho.

Bueno, pues nada, Pepa.

Gracias por todo, cariño. -Cuídate.

-Venga. Doctor Cabrera... -Isa.

(RÍE) -Igualmente, cuídate mucho, ¿eh?

-Venga, adiós y gracias. -¡Adiós!

-De nada, hasta luego.

(Música)

Romero. Sí.

Oye, ¿tienes un momentito? Eh... Sí, dime.

Vamos a ver, es que te quería hacer una pregunta...

¿No será por casualidad Molina uno de los encargados

del control de calidad?

Bueno, eso es...

Es información confidencial, Clara.

A ver, Natalia, por favor, sí o no.

Por favor.

Vale, voy a hacerlo.

Pero con una condición.

¿Cuál?

Que sea yo la única que pueda hacer el informe

de los enfermeros y las enfermeras, nadie más.

Y, especialmente, Molina.

Gracias.

Gracias. Venga.

(Continúa la música)

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Centro médico - 22/06/18 (1)

22 jun 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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