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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 21/09/18 (1) - ver ahora
Transcripción completa

No podemos seguir humillando a esa mujer. ¿Eh?

Yo estoy convencido que su hijo la va a ayudar a recapacitar.

Pero que esa chica, seguramente tiene una adicción.

¡Que no va a ser tan fácil!

¿Tú crees que esto puede ser que le recuerde a Berta?

O sea, ¿que Julia, de alguna forma...?

Por favor, vamos a darle un voto de confianza.

Que aunque se esté tomando las cosas a nivel personal,

pues es muy buen médico.

-Se ha puesto muy nerviosa y no me quiere devolver al bebé.

-Lo que queremos es que esté bien.

Queremos ocuparnos de él, Julia.

-Es lo único bueno que tengo en la vida, no me lo va a quitar nadie.

-Y he estado pensando eso de que...

De que siempre estamos tirándonos dardos.

-Mm.

-Quizá podíamos tener una relación un poco menos tensa.

-Podríamos empezar hoy mismo.

Yo pensaba darme un paseo antes de ir a casa. ¿Te apuntas?

-Pues empecemos a trabajar para destensar esta relación.

¿Y eso cómo se hace?

-No sé. Caminemos tranquilamente

y ya se nos ocurrirá algo agradable que decirnos.

Aunque eso va a ser difícil para ti, ¿eh?

(Música)

-Pues... no sé.

Yo creo que en principio seremos unos 20.

Bueno... A lo mejor llegamos a 40.

Pero como mucho, como mucho, seremos 60. ¿Vale?

Ya, bueno, pero ¿te lo tengo que decir ahora?

¿En serio?

Perdona. ¿Estás bien? -Ah... Sí.

-¿Sí? -Sí.

-Oye, dame un rato, y cuando lo tenga más claro te llamo.

¿Vale? Gracias. Chao.

(Música)

Perdone, ¿qué le ocurre? ¿Qué pasa?

Tranquilo. Respire tranquilo. ¿Qué pasa?

Ay, tranquilo. Esther, por favor, ayúdame. Dame una silla.

-¿Qué pasa? ¿Qué le pasa? No lo sé. Venga.

Procure respirar tranquilo. ¿Vale? Venga, ya está.

¿Puede levantarse? Venga. Arriba.

Vamos, tranquilo. Ahí va. Vamos para dentro. Venga.

-¿Qué tenemos? Disnea y taquicardia.

Ha llegado por su propio pie. -Sí, yo lo he visto fuera.

Parecía que le perseguía alguien. ¿Te puedes poner en pie?

-Ahora sí. -¿Sí?

Siéntate.

Te dejo en buenas manos.

-Gracias. -Gracias.

-Siéntate...

Vamos a ver.

Ahora la enfermera te va a tomar la presión arterial,

y yo te voy a auscultar. ¿M? Incorpórate.

Venga, respira hondo con la boca abierta, hondo.

No, no, no, ahora no hables. No hables, por favor.

Muy bien. Muy bien.

Hondo...

¿Ya?

Está hipotenso: 9/7.

-La frecuencia cardiaca y respiratoria están algo aceleradas,

y hay crepitantes en las dos bases pulmonares.

-¿Crepi, qué? -Crepitantes. Es como...

Como el sonido que hace la nieve cuando la pisas,

esa especie de crujido, pero tú tranquilo,

porque ahora te vamos a poner oxígeno

y vas a empezar a respirar mucho mejor.

-Y eso muy bueno no puede ser, ¿no? -Venga. Tranquilo.

Venga, ya verás cómo te vas a empezar a sentir mejor.

Respira tranquilo.

Pensaba que me estaban persiguiendo.

Y como ya me han robado otras veces, pues...

Bueno, me ha dado por correr, y...

Por lo que se ve, no estoy muy en forma.

-¿Mejor?

Entonces, ahora sí. Cuéntame: ¿Qué es lo que ha pasado?

Felipe: ¿Qué es lo que ha pasado? Yo soy Silvia.

-Pues nada, que he salido a correr, y...

-¿En vaqueros?

Felipe: yo estoy aquí para ayudarte, así que, por favor,

cuéntame la verdad. -Es la verdad.

-Entonces no te importará que lo compruebe, ¿no?

Porque hay dos policías ahí fuera,

que han preguntado si ha entrado alguien aquí, de tus características.

-No, espere.

Es que... he visto a la pasma... A la policía.

-Mm...

-Y me he puesto nervioso. Pero vamos, que yo no he hecho nada.

Lo mismo me han confundido con otra persona o algo.

Pero que yo no he hecho nada. Se lo juro.

-Y entonces, ¿por qué corrías? -No lo sé.

Es que lo pasé tan mal cuando estuve en la cárcel

que me habrá quedado un..., un trauma o algo.

-Ya.

-Es como cuando de pequeño te muerde un perro

y te queda el pánico para siempre.

Se lo juro.

-Bueno, lo siento mucho, Felipe.

Pero... yo voy a tener que informar a los policías.

Pero tú tranquilo, porque, si no has hecho nada,

no tienes nada de que preocuparte. ¿M?

Ponte la mascarilla, por favor.

(Música)

-Y ahora me dice la niña...

que no viene porque tiene problemas sentimentales.

Cualquier día la despido.

Su café con la leche muy caliente. -Perfecto.

-¿Tomar el café tan caliente es bueno para la salud?

Quiero decir: es porque quema las bacterias o algo así, ¿no?

-Me gusta y punto. -Ah, claro. No, era por...

Por aprender, ¿no? Es que ahora, por ejemplo,

están diciendo que comer bichos como...

saltamontes y cosas así, que es muy bueno para la salud.

Porque es todo proteína, y no tiene nada de grasa...

-Mejor un filete de ternera. -Eso mismo digo yo.

Hola, buenos días. -Hola.

Hola. Un café, por favor.

¿Qué tal? ¿Hay novedades? ¿Cómo está la ma...?

Es que no me acuerdo de su nombre, la madre.

¿La chica que consumía drogas durante el embarazo?

Eso. Julia. Julia.

Julia. Pues sufrió una crisis nerviosa.

De hecho, ahora voy a verla. Mm.

Y la verdad es que creo que me equivoqué,

indicando el tratamiento de piel con piel,

porque la chica no estaba psíquicamente preparada.

¿Y el bebé, cómo está? El bebé está bien.

Estable, aunque todavía tenemos que esperar a ver cómo va evolucionando.

-Hola. -Oye una cosa.

Que pasado mañana celebro mi cumpleaños en un bar del centro.

Cuento con vosotros, ¿no?

Huy, yo tengo mucho lío. -¿Por qué? ¿Tienes guardia?

-Porque... No, tengo informes de la semana pasada,

que tengo que terminar.

-Bueno, Ángela, pues te das prisa y llegas a tiempo. ¿M?

-No creo que los acabe. -Ah, muy bonito.

A un bar en el centro.

A mí solo me queréis para las penurias del hospital,

y para unos tristes cafés.

Pero cuando se trata de celebrar algo y tomar copas,

os vais al centro. Pues me parece fatal.

-A ver, Rafa. Que es un día.

Además, que sepas que tengo muchos amigos que tienen bares

y están celosos porque saben que tú eres mi favorito.

-Eso sí. -Así que, cuando cierres, te unes.

¿Y tú? Cuento contigo, ¿no? ¿O también tienes informes?

No, no, pero bueno, no sé si yo pegaré mucho con tus amigos.

-Huy, pues claro que sí. Si además va medio hospital.

-Hablando del hospital:

alguien tendrá que atender a los pacientes, ¿no? Digo yo.

-Sí, jefa. Yo acabo de llegar.

Voy contigo.

-Hola. ¿Se puede? -Claro.

Hola.

-¿Qué tal? ¿Te encuentras algo mejor?

-Un poco, pero tengo mucha ansiedad, no me dejan ver a mi bebé.

-Pues tranquila, que lo acabo de ver y está bien,

se acaba de quedar dormidito.

Te tiembla mucho la mano, ¿no? -Ya te lo he dicho.

Es que tengo mucha ansiedad.

¿No me podéis dar un tranquilizante o algo?

-Bueno, eso lo tengo que hablar con el psiquiatra. ¿Vale?

Que es el que está llevando la pauta de tu medicación.

-Ya, bueno, pero yo sé lo que me viene mejor a mí.

-Lo que te está pasando es que tienes síndrome de abstinencia.

En unos días ya verás cómo mejora.

Y luego, cuando hagas la rehabilitación,

te vas a encontrar muchísimo mejor.

-Lo siento.

-No pasa nada, cariño, de verdad.

-¿Tú tienes hijos? -Sí. Dos.

-¿Y también tenías miedo cuando los tuviste?

-Tenía miedo, y sigo teniendo miedo,

porque, una vez que eres madre, ya el miedo no se te quita nunca, ¿eh?

-Yo creo que voy a ser la peor madre del mundo.

-No.

-Si ya acaba de nacer y ya está malito por mi culpa.

-No, cariño, tú has cometido un error.

Pero lo importante es lo que hagas a partir de ahora.

-Y yo te juro que voy a cuidar a ese niño con toda mi alma

para que nunca le falte de nada.

-Y además estoy segura que lo vas a hacer. -Claro.

-Pero primero necesitas cuidarte tú, y curarte.

-Vale. -Tengo que comentarte una cosa.

-¿Qué le pasa a mi hijo? -No, tu hijo está bien, de verdad.

He hablado con Servicios Sociales,

y me han dicho que quieren que les entregues al niño

durante el tiempo que dure tu rehabilitación.

-No, no, no. De eso nada.

El niño se queda conmigo, que para eso soy su madre.

-Yo sé que para Julia esto es muy duro, pero... para mí también.

Lo que pasa es que es mi obligación llamar a los Servicios Sociales.

Ojalá tenga algún familiar que le ayude,

porque es que, si no, se va a tener que hacer cargo el Estado.

-O sea, ¿que les has dicho que consumo,

y que por eso mi hijo tiene problemas?

-Sí. Lo siento mucho, pero es que es mi obligación.

-No tienes vergüenza.

O sea que vienes aquí con tu sonrisita,

dándome la manita, como si fueras mi amiga,

como si fueras mi novia,

¿y ahora por la espalda me estás dando la puñalada?

-No. Lo que pasa es que tengo que pensar qué es lo mejor para el niño.

-Pues yo te digo lo que es mejor para el niño, estar con su madre.

-Y va a estar contigo, de verdad.

Que solo van a ser unos meses, hasta que te recuperes.

-¿Pero cómo que unos meses?

Pero que yo no puedo estar sin mi hijo.

Que me muero si no le veo.

-¿Tienes algún familiar que se pueda hacer cargo?

-No.

-¿Nadie, seguro?

-No, no tengo a nadie, estoy sola.

-Yo conozco las casas de acogida,

y de verdad que hay unos profesionales maravillosos.

Lo van a tratar genial.

-Y... ¿Y podré ir a verle? -Sí, claro.

Lo que tienes que pensar, Julia, es que van a ser solo unos meses.

Y luego vas a poder estar todo el resto de tu vida con él. ¿Eh?

-No me toques.

A mí me parece muy raro que no tenga ningún familiar.

Es que a lo mejor no se lleva bien con ellos.

No sé. Pero de ahí...

a preferir que se lo lleve una institución, pues...

No sé.

No sé.

-¿Qué ha pasado con la policía?

-Que tenías razón,

te habían confundido con otra persona.

¿Es la primera vez que te pasa? -No, ya me habían confundido antes.

-No, me refiero a la sensación que me has dicho que tenías

de que se te iba a salir el corazón. -Ah, bueno.

Últimamente me pasa bastante.

Pero vamos, yo creo que es porque he engordado, ¿no? ¿Puede ser?

-Puede ser.

Te voy a explorar.

(Música)

¿Sueles beber alcohol de forma habitual? -No.

Bueno, a ver, una cervecita, alguna copita el fin de semana...

Pero como todo el mundo.

Pero que no soy yo de beber alcohol todos los días, ni mucho menos.

-Vale. ¿consumes medicación para algo, o algún tipo de droga?

-No. Hace casi dos años que no pruebo nada.

Es que tengo un chiquillo, ¿sabe? Y bueno.

No he sido muy buen ejemplo para él.

Pero que ahora lo estoy arreglando.

¡Ah! ¿Qué hace? -¿Te duele ahí?

-Sí. -A ver, inspira, profundo...

-Ah... -Vale.

Vale, tienes distensión abdominal, y parece que el hígado está inflamado.

¿Y eso lo tienes hace mucho? -¿El qué?

-Pues que tienes un edema en los tobillos,

que los tienes hinchados.

-Ah... Pues no me había fijado. No sé, ¿no?

Supongo que será del sobrepeso también, ¿no?

-No, eso es una acumulación de líquido.

(Música)

Pásame la carpeta del doctor Merino, Candi, por favor.

(Música)

¿Julia?

-¿Dónde está mi hijo? -Vente conmigo.

-¿Dónde está mi hijo? Julia, ¿qué pasa?

-¡Dónde está mi hijo!, digo. ¡Eh, tranquila!

¡Tranquilízate, por favor! -¡Sois unos ladrones!

¡No, no me voy a tranquilizar, no me da la gana de tranquilizarme!

¡Por favor, Julia! ¿Dónde está mi hijo?

Nadie te va a quitar a tu hijo, ¿vale? Por favor.

¿Dónde está mi hijo?

Julia, si te calmas, luego podemos ir a verle.

¡No, no quiero, no quiero! ¡Quiero que me traigáis a mi hijo ya!

Tranquila.

Vamos a llevarla a la habitación. ¿Dónde está mi hijo? ¡Soltadme!

¡Quiero estar con mi hijo! Cálmate.

-¡Me hacéis daño! ¡Soltadme, por favor, soltadme!

¿Dónde está mi hijo? ¿Dónde está mi hijo?

¡Sois unos ladrones!

Julia ha tenido un ataque de ansiedad,

producido porque está pasando el síndrome de abstinencia,

y también tiene muchísimo estrés

pensando que le van a quitar a su hijo.

Pero bueno, es normal.

Porque es que está pasando una situación límite.

-Mamá, no seas plasta.

Estoy en casa de Fran estudiando. ¿No te lo crees?

¿Quieres que te pase con su madre?

Venga, vale. Hasta luego.

Pe... Perdón. -¿Sí?

-¿Sabe dónde está Felipe Maza? -No, lo siento.

-Gracias.

Papá... -¡Lucas!

Es mi hijo. -Ah, ¿sí? Ya lo había imaginado.

-¿Qué haces aquí? ¿No has leído mi mensaje?

-Sí, pero... no sé. Por verte y eso.

-Bueno, mira, yo os dejo un momento solos, que tengo que ir a...

hacer cosas. ¿M? Luego volveré.

-¿Sabe tu madre que has venido? -Qué va.

Le he dicho que estoy estudiando en casa de Fran. ¿Qué quieres?

¿Que me deje sin salir esta Nochevieja?

-Sabes que no me gusta que le mientas a tu madre.

-Vale, pues me voy. -No, hombre, no. Espera.

-Pues si quieres que nos veamos, no hay más remedio.

Me invento un cuento o se mosquea mazo.

-A lo mejor deberíamos hablar con ella.

-Ni de coña. Hazme caso.

Hasta que cumpla 18 es mejor que no sepa nada.

-Mi exmujer... no quiere darse cuenta

de que he dejado atrás los trapicheos y los malos rollos.

Y piensa que soy una mala influencia para Lucas.

Y a mí no me gusta que mi hijo le mienta.

Lo que pasa es que es la única forma que tiene de venir a verme.

-¿Qué te pasaba? -Todavía no lo saben.

Pero vamos, que... seguro que no es nada.

-¿De verdad que no lo sabes? -Hijo, sabes que a ti no te miento.

-Me lo llevo, que tenemos que ir a hacer unas pruebas.

(Música)

-Te quiero mucho, ¿vale?

-Vamos.

-Soy... Soy un desastre.

Bueno, mi vida...,

pues eso, mi vida es un desastre.

Nunca he tenido cabeza para nada.

Desde los 13 años, bueno.

Estaba más fuera del colegio que dentro.

Y mi madre, la pobre, ff...

Pero después fue peor.

Ahora sí.

Que hay una cosa que sí me ha salido bien en mi vida:

mi Lucas.

-Una tilita para la niña bonita. -Muchas gracias, Rafa.

-¿Has visto a mi amigo?

-¿Quién es?

-No tengo ni idea.

Pero últimamente viene mucho.

Lo que pasa es que no consigo que abra la boca.

-Será para no interrumpirte, como tú no callas...

-No, en serio.

Le he preguntado que si vivía por aquí, y ni me ha respondido.

He llegado a pensar que es extranjero,

y que solo sabe decir: Café solo.

-A lo mejor es un inspector de Sanidad, ¿eh? -Ah...

-Yo que tú cambiaba el aceite de la freidora.

-Oye, en esta casa no tenemos freidora, ¿eh?

Aquí solo hay tapas de alta cocina. -Sí, sí, sí.

-¡Hola! -Buenas...

No está hirviendo. ¿Te tomas algo conmigo?

-Sí, claro, un café solo, Rafa,

por favor, a ser posible, que no esté hirviendo, por favor.

Un café solo.

-Yo me estoy tomando una tila, porque de verdad...

que todo esto me está resultando bastante desagradable.

Bueno, Julia está más tranquila. Le hemos puesto un calmante.

Era justo lo que yo quería.

Nada, Lucía, ¿qué querías que hiciera?

A mí tampoco me gusta medicar, pero no la voy a atar a la cama.

No.

¿Estás bien? Sí, sí.

Lo que pasa es que este caso me... Me tiene un poco revuelto.

Bueno, a todos. Es que a estas cosas nunca te acostumbras, ¿no?

Ya.

Es que esta chica me recuerda... Me recuerda a Berta.

Ya.

Tú sabes igual que yo que los adictos nunca dejan de serlo.

¿Pero Berta ha vuelto a beber? No, no.

No ha vuelto a beber, desde que la internamos, no. Pero...

¿Mm? Acuérdate.

La última vez estaba embarazada. Ya.

Y todas las pruebas decían que el feto estaba bien.

Pero bueno, hay que esperar, a ver cómo...

Ramón, mírame. Tranquilo, de verdad.

Que va a ir todo bien. No, si ella está bien.

Desde que está con el tratamiento está bien.

Pero yo qué sé.

Mi miedo es que cualquier día pase cualquier cosa.

Ramón, cada uno podemos hacer lo que podemos hacer.

Y tú solo puedes hacer una cosa.

Bueno, no, puedes hacer dos.

La primera es apoyar a Berta cada día que no beba,

y demostrarle que la quieres, y la segunda, no recaer tú.

Ya, supongo que no me queda otra. Pues eso.

Un café solo. Y cuidado, no se queme, ¿eh?

(Música)

-Buenas.

-Hola. ¿Ahora entras?

-Sí. Ayer tuve una guardia, y hoy me toca otra.

-Pues vaya.

Oye, y pasado mañana, ¿qué vas a hacer?

-¿Pasado mañana? Libro.

Vamos, si llego a pasado mañana. -Ah, o sea que no tienes ningún plan.

-No. Irme a casa, verme una peli, y si me vengo muy arriba,

pedir una pizza y una cerveza. -Bueno, pues ya tienes uno.

Celebro mi cumple en un bar del centro.

¿Te animas? -¿En dónde?

-¿Y eso qué más da? Anda, anímese, por favor, por...

-Vale. Pero si luego me quiero ir pronto no os pongáis pesados, ¿eh?

-Te vas cuando te quieras ir. Sin rencores. Te aviso.

No vas a querer irte. Porque va a ser la leche.

-¿Quién va? -Pues... todo el mundo.

Bueno, menos los de Trauma.

Que, bueno, que los conocerás, porque son un cuadro.

Y Ángela, que tiene no sé qué de unos informes.

-¿Vega no va? -No. ¿Qué pasa? Que...

¿si no va la jefa te vas a rajar, o qué?

-No, yo no he dicho eso. -Ah...

-No pasa nada. No, que me extrañaba.

De todas formas estará bien conocer a la gente fuera de aquí.

-Claro que sí. Pues cuento contigo. Te mando la ubicación. -Vale.

-Pero tempranito, para no despertar al señor.

-Tengo guardia. -Es verdad.

-Sí.

(Música)

-Buenos días, doctora. -¿Qué tal?

¿Cómo estás, Felipe? -Más o menos.

-Más o menos... Ya tengo los resultados de las pruebas.

-¿Y? ¿Ya me puedo ir? -No, no te puedes ir.

Hemos visto que tienes líquido en el pericardio.

-Ya estamos con las palabras raras.

-El pericardio es la membrana que envuelve al corazón.

Por eso tenías esa sensación de que se te aceleraba el corazón.

Porque el líquido está generando una insuficiencia cardiaca.

-¿Y eso es grave? ¿Se cura fácil? -Bueno.

De momento hemos descartado

que se trate de una tuberculosis pericárdica,

y esa es la buena noticia. -¿Y la mala?

-La mala es que todavía no sabemos por qué es,

así que vas a tener que seguir ingresado

para que podamos continuar con las pruebas.

¿Qué pasa? ¿Que no te cuidamos bien aquí?

-Estupendamente.

Si estoy aquí mejor que en mi casa.

Lo malo es que... no sé si a mi jefe le va a hacer mucha gracia

que falte tantos días. -Ya. ¿Y tu hijo no viene hoy?

-Ah... Está con su madre. -Mm...

-Lo que pasa es que, cuando trapicheaba con las drogas, ¿sabe?,

mi parienta me abandonó.

Y bueno. Por aquel entonces, no estaba muy pendiente de mi chaval.

Así que... me prohibió verlo.

-Pero todo eso ya lo dejaste atrás, ¿no?

-Sí, pero... ella no se fía. Menos mal que mi chaval sí.

Y nos tenemos que ver sin que ella se entere.

-¿Ves? Parece que hacer las cosas bien a veces tiene su recompensa.

-Bien, bien del todo, tampoco las estoy haciendo. ¿Sabe?

Cuando estaba mal, enganchado, pues... hice algo terrible que...

Que él no sabe.

-Bueno, pero eso pertenece al pasado. Ahora eres otro, y él lo sabe.

-Sí. Ya. Soy otro.

Otro que no trapichea, que no consume,

que no le miente a su familia, pero hay algo que no le puedo contar.

-¿Por qué?

-Porque tengo miedo de que, si se lo cuento, no quiera verme más.

-Felipe, eres su padre.

Seguro que, sea lo que sea, te perdona.

-¿Y si no? Lucas es lo único que tengo.

-Ay, Felipe, mira, yo también tuve una relación complicada con mi padre.

Digamos que no tuvo un comportamiento ejemplar.

Pero yo le quise siempre. Hasta el final.

Es lo que tiene la sangre.

A un padre se le quiere siempre. Pase lo que pase.

-Ya. -Anímate.

Luego vengo a hacerte más pruebas.

-Hacéis más pruebas aquí que en las Olimpiadas.

-Venga, anda, no te quejes tanto.

(Llaman a la puerta)

-Hola.

¿No has comido nada? -No tengo hambre.

-Si te quieres curar, tendrás que comer aunque no tengas hambre.

-¿A qué has venido? ¿A ver si como?

Pues no, no como, gracias.

Ya puedes coger la bandeja y llevártela.

-He venido a ver si estabas mejor.

-Pero ¿cómo voy a estar mejor, si me quieres quitar a mi hijo?

-Tú sabes que eso no es justo.

Y además, uno de los primeros pasos que tienes que dar para rehabilitarte

es asumir tus responsabilidades.

-No tenéis ningún derecho a quitarme a mi hijo.

-Es que nadie te va a quitar a tu hijo.

Solo lo vas a entregar unos meses.

Pero tienes que ser consciente de que hasta ahora

no has demostrado que te puedas cuidar a ti misma.

Y tenemos que ver si puedes cuidar a un bebé.

-Todo lo que hice fue por él. Para que nunca le faltara de nada.

-Ya lo sé, cariño. Lo sé.

Y ahora lo vas a arreglar todo.

(Música)

-¿Tú sabes lo que pensé

la primera vez que me di cuenta de que estaba embarazada?

Dije: qué bien.

Ya no voy a volver a estar sola.

Y ahora me encuentro más sola que nunca.

Creo que por eso empecé a consumir.

Para olvidar lo sola que estaba.

Lo que pasa es que cuando me quise dar cuenta

ya no podía pasar sin ella.

Me han llevado a verle. -¿Sí?

-Y es muy bonito. ¿Tú le has visto? -¡Sí!

Es muy rico, sí.

-Tiene los mismos ojos que el desgraciado de su padre.

-Y ¿se puede saber quién es el padre?

-Pues un sinvergüenza con mucha labia, eso sí, que me engatusó,

y cuando se dio cuenta de que estaba embarazada... nos abandonó.

-Lo siento mucho. -Da igual.

-¿Y no le has vuelto a ver? -No.

Me dijeron que había conseguido trabajo y que estaba en Oviedo,

pero... vete tú a saber dónde andará ahora.

-¿Pero no tienes forma de localizarle?

-Qué va.

Mira, entre tú y yo, yo creo que tenía algún problema,

alguna deuda o algo.

Porque estaba siempre cambiando de número de teléfono y...

Y no tenía redes sociales, y eso es muy raro.

-Ya, pero... ¿no tenía ni un correo electrónico?

-Qué va. Que no, que no, de verdad. Que es que no tenía nada.

Yo he intentado localizarle, e imposible.

De todas maneras da igual.

El tío es un prenda y aunque le... No sé, aunque le localizáramos no...

No se iba a hacer cargo de su hijo nunca.

-Bueno, tú no lo sabes.

También tener un bebé a veces hace milagros, ¿eh?

-Pues con este prenda vamos a necesitar uno muy gordo, ¿eh?

-Bueno. Nosotros vamos a hacer todo lo que podamos.

-Mm. Como rezar. -No, bueno.

Rezar, si tú quieres y te ayuda, pues genial.

-Qué va. -Yo me refería,

pues a que hagas todo lo posible por curarte

y acabar cuanto antes la rehabilitación,

para que te den la custodia de Daniel.

Así que... no sé.

Yo creo que ese arroz te está mirando.

-¿En serio?

Creo que intentar dejar la coca es lo más duro que voy a hacer en mi vida.

Pero bueno.

También dicen que, cuando tienes un motivo por el que luchar,

todo es un poquito más fácil.

Y yo tengo el mejor de los motivos.

Tengo a mi hijo.

-A mí me parece muy raro.

Porque primero decía que no tenía familia,

luego, que no sabe cómo localizar al marido...

Que yo no quiero ser desconfiada,

pero es que está claro que me oculta algo.

Voy a ver qué hago.

-Sube, morena, que te llevo.

¿Cómo van esos informes? -¡Huy! Divertidísimos.

No te haces una idea. -Ay, querida.

Desde que eres directora te veo un pelín estresada.

-Cómo me conoces, ¿eh? -Mm... Son muchos años ya.

Por eso no puedes perderte mi fiesta de cumpleaños. -Ay... Sss...

-Vamos, Ángela, te va a encantar. Va a venir un grupo a tocar y todo.

-Pero si me apetece mucho pero el trabajo es el trabajo.

Ya lo sabes. -Ya. Corrígeme si me equivoco.

Pero ¿no eras tú la que decías

que teníamos que relacionarnos fuera del hospital

y que así no nos llevamos bien, no podemos hacer bien nuestro trabajo?

-Mm, es verdad. Pero esto tenía que estar para ayer.

-Anda. Va a venir todo el mundo, Ángela.

Bueno. Los de Trauma no porque... Ya sabes cómo son.

Pero también he llamado a Lupiz y Mayo;

que hace mucho que no les vemos. -Ah, ¿y cómo les va en la clínica?

-Bueno, ellos dicen que bien. Pero... ya me los conozco.

Mañana investigamos.

-Mm. -Merino también vendrá.

-¿Y? -Nada. Nada. Como tú.

Que tiene mucho trabajo, y está muy agobiado y...

Venga, por favor, Ángela, por favor, por favor.

Ya te encargarás de eso cuando te pase la resaca.

-No, a mí no me des de beber,

que sabes que no tengo costumbre y me pierdo.

-Eso quiere decir que vienes... -No, yo no he di...

-Te mando la ubicación. No me falles, por favor.

Gracias.

-¡Lucas! -Hola, viejo.

-Estaba preocupado. ¿No lees mis mensajes?

-No. La vieja me ha quitado el móvil.

¿Te han dicho ya lo que tienes? -Qué va.

No hacen más que hacerme pruebas.

Que si de orina, que si de sangre, que si toses, que si no sé qué...

Pero nadie me dice lo que tengo. -Seguro que no tienes nada.

-¿Adónde le has dicho a tu madre que ibas?

-A la biblioteca. A estudiar. Y... no le he mentido del todo.

Pero estudiar es de pringados. -No digas eso, hombre.

-Es la verdad. ¿De qué sirve? Mira mamá cómo ha terminado.

Se pasa todo el día trabajando. ¿Para qué?

¿Para ganar en todo el mes lo que tú te sacas en una tarde?

-¿Qué quieres? ¿Que me metan otra vez en el trullo?

-Tú has peleado para buscarte la vida y salir del barrio. Y eso lo respeto.

-Mira, chaval. Como te metas en un lío... Lo que sea, ¿eh?

Te doy una leche que te doy la vuelta a la cabeza.

-Tranqui. Yo no me meto nada. -Bueno, y a ver.

¿Por qué te ha quitado tu madre el móvil?

¿Se puede saber qué has hecho?

-Pues... suspender un examen de mates.

Es que justo preguntaron lo que no me sabía.

-Lucas, a mí no me la cuelas.

-Le dije que había venido a verte.

Pensé que a lo mejor, como estabas en el hospital y eso, no le importaba.

-Vaya. Lo siento. Mira, si quieres, puedes coger mi móvil. ¿Sabes?

Y puedes mandarle un mensajito a tus colegas.

-Papá, tu móvil es una patata, seguro que no tienes ni cobertura.

-¿Qué dices, chaval? Pero si mi móvil...

¡Mi móvil tiene unos juegos que son la caña!

-Sí, u... Una serpiente, ¿no? El de mamá también lo tiene.

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Centro médico - 21/09/18 (1)

21 sep 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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