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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 21/06/18 (1) - ver ahora
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Elena Prieto acude al hospital

para recoger los resultados de una analítica de control de su anemia.

-¿Y qué tal, Elena? ¿Cómo has pasado estos 15 días?

-Pff... Regular.

-¿Regular?

De la anemia ya estás bien. Pero es que te veo más delgada.

-Sí, es que últimamente he perdido mucho el apetito.

-¿Y eso por qué?

¿Hay algo que te haya desestabilizado?

-Se me ocurrió volver a trabajar. -Pero eso es una buena señal, ¿no?

Eso es que te notas más confiada y...

-Eso pensaba yo.

Pero el primer día acabé con una crisis de ansiedad,

encerrada en el baño llorando.

La paciente ha venido a la consulta

por una anemia de la que por fin se ha recuperado.

Sin embargo, también está diagnosticada

de un síndrome ansioso-depresivo crónico que no evoluciona bien.

Y por mucho que lo he intentado,

no quiere que la derive al psiquiatra.

Ay, ¿y eso por qué? ¿Qué te pasó?

-Por casualidad escuché a un compañero hacer un chiste sobre mí

Resulta que soy una broma recurrente.

Motivo de guasa.

-Ya. Pues lo siento pero ya sabes que tienes que tener paciencia.

En este país, todavía por desgracia hay mucha ignorancia

y mucho desconocimiento sobre las enfermedades mentales.

Y es algo que va cambiando, pero poco a poco.

-Dímelo a mí, que llevo toda la vida oyendo lo de:

"Venga, chica, anímate, sal un poco". Como si estuviera en mi mano.

-Hombre, sí que sería buena idea que te relacionaras más

con la gente de tu trabajo y con la gente en general.

-Va a tener que esperar, porque he vuelto a pedir la baja.

-Pues lo siento.

Me saqué la plaza de funcionaria de Hacienda hace casi 20 años.

Cuando era muy joven.

Y por desgracia, el 90% del tiempo, pues no he podido trabajar.

Mis compañeros se creen que soy la típica caradura,

que se escaquea y se queda en casa, cobrando la nómina.

Pero es que ellos no lo entienden.

A mí, hay días que salir de la cama...

se me hace imposible.

Como...

Como escalar el Everest.

Mira, yo te agradezco mucho

el interés que tienes en derivarme a Psiquiatría,

pero ya te lo he dicho otras veces,

si el tratamiento consiste en pastillas, no contéis conmigo.

Las pastillas no funcionan y te destrozan la vida.

-Elena, de verdad, es que no entiendo tu actitud.

Las dos acabamos de decir, y estamos de acuerdo

en que la depresión es una enfermedad,

al igual que puede serlo una diabetes.

Y como una diabetes, requiere un tratamiento específico.

Y es que, en la mayoría de depresiones,

hay un desajuste en los procesos químicos del cerebro.

Y los antidepresivos ayudan mucho.

-Mira, no he tomado pastillas nunca y no voy a empezar ahora.

-Bueno, mira, no estamos de acuerdo,

pero no me queda otra que respetar tu decisión, así que...

A ver, de la anemia ya estás bien, así que tú y yo ya hemos terminado.

Y ahora, la única persona que creo que te puede ayudar es Lucía.

Es una de las psicólogas del hospital.

Si quieres te acompaño y vamos a verla ahora.

-Está bien.

-Elena, ella es Lucía. -Hola, encantada.

Me ha dicho la doctora Marco que has hecho terapia otras veces, ¿no?

-Sí, toda la vida.

-Bueno. Yo sigo la línea cognitivo-conductual,

no sé si la conoces...

Bueno, pues lo que haremos en las primeras sesiones

será una entrevista, te pasaré algunos test,

para ver tu estado general,

y después intentaremos frenar esos pensamientos negativos,

automáticos, y modificar la conducta.

-Bien, yo, mientras no haya pastillas de por medio, me parece todo bien.

-Yo soy bastante reacia a las pastillas,

que lo sabe la doctora Marco,

a no ser que sean absolutamente necesarias.

¿Vale?

-Entonces, te acompaño a Recepción, ¿y pedimos la primera cita con Lucía?

-De acuerdo.

-Bueno, si ves que te encuentras peor antes de la cita, me llamas,

que te dé mi teléfono.

Venga. Ánimo. -Gracias, Lucía. -Nada.

Lucas se ha lesionado el brazo.

Su vecino Arturo le ha hecho el favor de traerle al hospital.

-Escúchame un momento.

¿Por qué antes de que te vea el médico no me firmas el papel? ¿Eh?

A ver si te vas a pasar ahora dos meses aquí dentro.

-Pero ¿qué dices? Esto en una hora ya está ventilado. Ya verás.

-Sí, ventilado... ¿Cómo va a estar ventilado en una hora?

¿Pero tú te has visto? -Hola, buenas.

-Dígame.

-Mira, quería que me viese el médico de guardia que haya.

-De acuerdo, un momento.

Dígame su nombre.

-Lucas... -¿Sí?

-Castejón.

Ahí está.

-Muy bien. Pues voy a avisar. Un momento, por favor.

-Muchas gracias.

-A ver... Vamos a intentar estirarlo...

-Ahí vale.

-¿Y para arriba? -Vamos.

-Venga. Yo te ayudo.

-¡Ay, no puedo! Ahí me... Ahí me duele.

-¡Pero qué flojo que eres! ¡Eres un flojo!

-Vale. Ya está, ya está. -Ah...

-¿Y cómo te has hecho esto?

-Haciendo ejercicio.

En la exploración, lo único destacable

es una pequeña inflamación del brazo derecho,

y que el paciente casi no puede hacer movimientos ni fuerza con él.

Pues no sé qué tipo de ejercicio estarías haciendo,

pero te has hecho polvo el brazo.

-Bueno, doctora, no ha sido haciendo ejercicio.

Yo me dedico al campo y hoy estaba con este cargando alpaca.

-Alpaca, ¿sabes?

-Que las alpacas son esos bultos

que resultan de empacar la paja, después de...

-De paja, que van todos atados así y...

Y pesan un montón: 20 kilos o más cada una, más o menos.

-Sí, sí, sí, sé perfectamente lo que es una alpaca.

Lo que no entiendo es cómo te has hecho daño solo en un brazo.

-Porque nosotros, desde que somos chavales,

tenemos ya la manía de coger la alpaca

y levantarla con un solo brazo. ¿Sabes?

-Claro... Es costumbre en el pueblo.

Desde pequeños, ya estamos ahí...

-Pues para hacerlo desde que sois pequeños,

te has hecho polvo el brazo.

Te has hecho una tendinitis que no veas.

-No me diga. -Ah, ¿sí?

O sea, que por culpa de esa tendinitis,

crees que no va a poder levantar alpacas durante un buen tiempo, ¿no?

-Bueno. Va a estar incapacitado por una larga temporada,

para levantar alpacas, y ni siquiera, vamos, un bolígrafo.

-¡Anda! Mira tú qué notición.

O sea, qué notición más triste, ¿eh, Lucas?

-¡Ah! -Y tú del brazo bien, ¿no?

-Yo bien, yo bien, yo estoy bien.

Yo, vamos, a mí me duele un poquito, pero mira. Mira.

Del brazo estoy estupendo. Y para acá, yo lo levanto.

Y levanto los dos. Sí. -Muy bien.

Yo en principio no veo por qué hacer más pruebas,

lo que sí, Paula, la enfermera,

te va a poner medicación intravenosa, ¿vale?

Te va a poner analgésico para el dolor,

y antiinflamatorio. ¿Vale? -De acuerdo.

-¿Sois hermanos?

-¿Hermanos?

¿Con este?

Por favor, ¿tú me has visto a mí y lo has visto a él?

No, no, qué va, vecinos. -Vecinos.

-Vecinos, y no sé yo ni por qué. -Aunque nos pese.

-Sí. -Pues nada. Os dejo con Paula.

-Venga. -Gracias, doctora.

-Adiós.

El Arturo y yo somos del mismo pueblo.

Nuestras familias viven parcela con parcela desde hace...

Pues por lo menos 100 años.

Y entre nuestros abuelos, y después entre nuestros padres,

pues siempre ha habido tiranteces.

Porque los Castellanos son... muy pijos.

Les gusta mucho el dinerito.

Lo mío, mío, y lo tuyo, como te descuides, mío también.

Me explico, ¿no?

Si es que son unos cazurros.

Los Castejón han sido unos mascahierbas toda la vida.

Vamos, solo tienes que ver la pinta que tiene Lucas,

que parece que venga del campo de comerse las piedras.

Y bueno, los genes son los que son.

Ah, bueno, y la envidia que le tiene su familia a la mía,

ya ni te cuento.

Y nosotros, pues bueno, ya se ve, tenemos clase.

¿A que tú me entiendes, guapa?

Bueno, Lucas, va. Ya está, derrota total, acéptalo.

Acéptalo y fírmame ya el papelito, ¿vale? Que has perdido, se acabó.

¿No ves que estás tullido? -Qué va, qué va, qué va.

No, no, no. -¿Qué va, que no, qué?

Las reglas eran muy claras,

si no puedes levantar la alpaca con el mismo brazo, pierdes.

Y tú has perdido.

-Sí, pero es que una lesión... es fuerza mayor.

¿O es que acaso tú has visto que, en un partido de fútbol,

se lesione un jugador y se acabe el partido? ¿Eh?

-Pero ¿qué tendrá que ver esto con un partido de fútbol?

-¡Que no, Arturo! ¡Que esto hay que posponerlo!

¡Que es lo justo! -Vamos a ver. Escúchame un momento.

Que es un maldito árbol, ¿vale? Que no te pongas así por un árbol.

Que firmes y ya está... -Mira. ¿Sabes lo que te digo?

-¿Se acabó, el qué? -Mira. Vamos a echar un pulso, venga.

-Pero ¿qué haces? ¿Hoy te has vuelto loco, o qué?

-Te juro que, como no nos lo juguemos a un pulso,

no te cedo el almendro en lo que me queda de vida. Venga.

-¿Si gano este pulso me cedes el almendro? ¿Eh?

¿Qué te piensas, que no me atrevo, o qué?

-Venga, vamos, échale valor. -¿Sí? ¿Eso quieres?

-Pues no te preocupes. Venga. A la de tres, ¿eh, tío listo?

(A la vez) -Una, dos, y tres.

-La mano atrás.

-Ah...

¡Ah...! Ah...

-Oye, ¿qué te pasa? Cállate, coño, cállate.

-Hola. ¿Qué ha pasado? -Ah... Nada.

-Ah... -Nada.

-¿Y el grito entonces de qué ha sido? -Que me duele el brazo.

-Bueno, es normal. Tienes el brazo mal, así que...

-Pero este, me duele este ahora.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

-A ver. Vamos a echar un vistazo. Trae para acá.

Pues sí, tienes el brazo bastante...

-Aaaa...

En la exploración hemos visto

una inflamación general del brazo izquierdo, del hombro y del tórax.

Por otro lado, no hay signos de enrojecimiento

ni de aumento de la temperatura.

Así que vamos a tener que recopilar más datos

para dar con la causa de lo que le está pasando a Lucas.

Bueno, ¿qué ha pasado? -Ah...

A ver, es que, si no nos decís qué ha pasado, pues no podemos ayudaros.

-Ah...

Pues que hemos echado un pulso.

-Hay un tema pendiente entre nosotros desde hace tiempo.

Hay un almendro justo en el borde de nuestras parcelas...

-Y nuestras familias siempre están discutiendo

a ver de quién es el almendro. Y así llevamos un montón de años.

-Yo estoy ya del almendro hasta los mismísimos.

-Ah, ¿sí? Pues mira, fírmame el papelito.

Así no estarás hasta los mismísimos. -Eso es lo que tú quisieras.

-Y esto es lo que ha pasado. -Básicamente.

-¿Puedes tú sola? -Sí.

-Bueno.

Bueno, un placer. -Gracias, Cabrera.

-De nada. Adiós.

-A ver. Vamos por partes.

Yo no tengo tiempo para disputas familiares.

¿Estamos?

Y aquí se acabaron las apuestas.

Fuera del hospital hacéis lo que os dé la gana.

Pero aquí no quiero apuestas. ¿Entendido?

-Entendido. -Entendido.

-A ver, tienes un edema repentino. Así que...

seguramente hay algún problema.

Tendrás, a lo mejor, un problema de obstrucción,

de algún vaso sanguíneo, no lo sé.

Así que voy a hacerte una analítica de sangre,

y en función de los resultados, pues te haré una serie de pruebas.

-Eso. Eso, sí, hágale muchas pruebas, porque yo no lo reconozco.

Este tío está... Está medio muerto. ¿Eh?

Y luego si quieres nos tomamos una cañita tú y yo. ¿M?

-Mmm... No.

Voy a prepararlo todo y enseguida vuelvo.

-Lo que usted vea conveniente, doctora.

-No, háblame de tú. -Gracias.

-Nada. -Has visto, ¿no?

Ese no qué quiere decir que sí. ¿No?

-Sí. La tienes en el bote... -Claro que está en el bote.

-En los análisis que le hemos hecho a Lucas, el dímero D,

que es un valor que determina

si hay algún tipo de problema en la coagulación de la sangre, está alto.

Le hemos hecho una ecodoppler inmediatamente después

del brazo izquierdo, pero no nos ha revelado nada.

Así que voy a ingresarle y a seguir haciendo pruebas.

-Vale, sí, pero es que ahora mismo estoy en el trabajo y estoy liada.

Vale, sí, en cuanto pueda me paso a recogerle, sí.

Vale, muchas gracias. Chao.

Pffff... -¿Qué pasa?

-Nada, que me acaban de llamar de la guardería,

que Aníbal tiene algo de fiebre, ha vomitado... Ya sabes.

Que los niños a estas edades se lo pegan todo

y están cada dos por tres enfermos. -Ya, ya. Pues vete a recogerle, ¿no?

-Ya, pero es que tengo guardia en media hora.

-Pues te la cubro yo, que acabo de terminar mi turno.

-Pero entonces estarás agotada. -Pero que estoy bien.

Me espabilo en un momento. Me hago un café cargadito, y ya está.

Venga, que te la hago yo, de verdad. -¿En serio?

-Claro, cariño. -Ay...

-Vete.

-Pues muchas gracias, Diana, de verdad, me haces un favorazo.

Me voy corriendo. Gracias. -Venga. Que se recupere.

Elena, la paciente con problemas psicológicos,

acude a su primera sesión de terapia con Lucía Velázquez.

-Me irrito más ahora que antes, no me irrito más ahora que antes,

c, me siento irritada todo el tiempo; y d, me irrito menos ahora que antes.

-De verdad,

el test de depresión de Beck otra vez, lo he hecho 40 veces.

¿No nos lo podríamos saltar, por favor?

-Pues no, Elena, porque es que yo no te conozco

y necesito saber cuál es tu estado general.

-¿Y qué vendrá ahora, la escala de "Golman"?

-Goldberg. Sí. Es una herramienta muy útil.

-Mira, llevo toda la vida haciendo estos test.

Y no me han ayudado absolutamente nada.

Estoy harta.

-Bueno, pues...

-Perdóname, perdóname.

Si es que llevo días durmiendo fatal y...

Y no me aguanto ni a mí misma. -No te preocupes, de verdad.

Si te entiendo perfectamente.

Además quiero que aquí te expreses libremente.

-Está claro que es la C. Estoy irritada todo el rato.

-Todo el rato. Vale. -Y sobre todo, triste.

El trastorno mixto ansioso-depresivo

es un cuadro que está dominado por una tristeza persistente,

acompañada de otros síntomas, como la alteración del sueño,

pesimismo, baja autoestima, entre otros.

-Decidí volver a trabajar después de dos años de baja.

Y... pensé que estaría bien.

Pero en cuanto llegué a la oficina

me di cuenta de lo equivocada que estaba.

Han cambiado el sistema informático,

yo no me entero absolutamente de nada,

empecé a tener la sensación

de que todos mis compañeros se reían de mí, porque soy una inútil.

No sirvo para nada.

-Pues Elena,

eso es lo que vamos a intentar cambiar,

que paren esos pensamientos negativos, porque, si no,

es que te metes en un círculo vicioso y es muy difícil parar.

-Es que no sé cómo hacerlo. -Pues entrenando.

Estos pacientes, a veces se sienten amenazados y optan por aislarse.

Con lo que perciben el entorno como más amenazante.

Y lo que tenemos que intentar hacer es parar este círculo vicioso.

Elena, a veces podemos modificar lo que sentimos,

parando los pensamientos negativos, y otras veces, modificando la conducta.

Te voy a pedir que hagas un ejercicio muy sencillo.

La próxima vez que vayas a trabajar...

-No, no, no, yo no voy a volver a trabajar,

he vuelto a pedir la baja, no pienso volver.

-Estás aquí porque quieres mejorar, ¿no? Elena.

Pues de verdad, huir de los problemas

no hace ni que mejoren ni que desaparezcan.

Y te voy a pedir que confíes en mí, que es un ejercicio muy sencillo.

Simplemente es que el próximo día que vayas a trabajar,

te tomes un café con un compañero o una compañera con la que...

Bueno, hayas tenido confianza en el pasado.

-No sé. Podría intentarlo con Merche. Es muy maja, me cae bien.

-¿Sí? Bueno. Pues el próximo día me comentas qué tal te ha ido.

Sobre todo lo que tienes que pensar es que tu problema en el trabajo

es solo la punta del iceberg

de un problema que llevas arrastrando más tiempo.

Porque llevas ya años con un cuadro bastante complejo de...,

de ansiedad y de depresión.

Y tenemos que ver cuál es la raíz del problema.

Cuál es la causa.

Y bueno, puede haber algún tipo de causa genética.

¿Tu padre o tu madre tienen algún tipo de enfermedad mental, o...?

-Mi padre está bien y mi madre falleció hace muchos años.

-Pues lo siento.

¿Y se puede saber de qué falleció?

-De cáncer.

Mira, la verdad es que se me está haciendo muy tarde.

Y me tendría que marchar, si no te importa...

-No, no, no, no, no, no. -¿Seguimos otro día?

-No me importa. ¿El jueves a la misma hora, quedamos?

Haz el ejercicio, por favor. es lo único que te pido.

-Gracias. -Nada.

-Hola, Rocío. -Hola.

-¿Tienes un momento? -Sí...

¿Tú has visto un cepillo de dientes que yo tenía ahí en el primer cajón?

-¿Un cepillo? No.

Pero si quieres te consigo uno.

-No, no, si es que ese es el que necesito.

Porque tenía ya las cerdas ablandadas

y lo uso para limpiar el teclado del ordenador.

Y es que siempre lo dejo en el mismo sitio, y ahora, pues no está.

-Me estás asustando un poco, ¿eh?

Me recuerdas un poco a Rey y sus manías.

-Hola. -Hola.

-¿Qué tal, chicos? Me toca...

-Por cierto, ¿tú has visto un cepillo de dientes

que yo tenía en el primer cajón?

-Sí, uno viejo que había allí, sí. Lo he tirado. ¿Por?

-Pues, si no te importa,

la próxima vez antes de hacer algo así me avisas. ¿Vale? -Ah, vale.

-Sí. A ver...

Ah, que lo utiliza para limpiar el teclado. -Ah...

-Y otra cosita: que...

¿Te acuerdas que te comenté el otro día,

que cuando acabe tu turno, si puedes me dejas las cosas recogidas? ¿Vale?

-De acuerdo. ¿Alguna otra cosa? -No, no. Hasta ahora.

-Tú no puedes ir tirando las cosas de la gente, así, a lo loco. Hay que...

pensar un poco, Cabrera, ¿eh? -Pero...

Lucas Castejón se somete a un TAC cervicobraquial

para detectar la causa que explique

la inflamación repentina en su brazo.

-Bueno, mira, como lo tuyo va para largo

y a mí se me está acabando un poco la paciencia,

y un caballero es un caballero,

así que no falto a mi palabra, aquí tienes, ¿vale?

Toma.

Dinerito.

Contante y sonante.

Para que...

Bueno. Esto quizá es demasiado para ti, ¿eh?

Aquí lo tienes. Para que te agarres un taxi.

Supongo que habrá suficiente con esto, ¿no?

-Anda, ¿por qué no te coges ese dinero y te largas de una vez?

-Que no, que no pienso coger el dinero.

Que te lo dejo aquí para la...

-Me da miedo dejaros solos con las apuestitas. ¿Y eso?

-Dinero. Sí... Dinerito. Mira, ¡eh! Sí.

-Yo ya os he advertido del tema de las apuestas.

Pero vamos, ustedes veréis. A lo que vamos,

el TAC muestra que, efectivamente,

tienes una trombosis de la vena subclavia izquierda.

-¿Y eso en cristiano?

La trombosis es la aparición de un coágulo dentro del vaso sanguíneo.

Esto puede provocar una lesión en el vaso,

o también impedir la correcta circulación de la sangre.

A ver, te vamos a poner una medicación, que se llama heparina,

intravenosa, para deshacer el tapón.

-¿Y eso lleva mucho tiempo?

Porque yo tengo mucho trabajo en el pueblo.

¿Sabes lo que tengo ganas, doctora?

Es de quitarme en encima a este pesado.

-Tú tranquilo, que ya me voy, no te preocupes.

-¡Es que no paras, joder! -Ya, ya, sí, sí.

Oye, ¿y tú? ¿Te apetece venirte conmigo, o qué?

-Nnn...

No. -¿No?

-No. Eh... Vamos a ver.

Me gustaría hacerte más pruebas porque...

es importante saber el por qué se ha producido este trombo.

-No sé, doctora, pero si cada vez

que este y yo hacemos el mendrugo nos saliera un coágulo de esos,

tendríamos ya unos cuantos. -Correcto.

Hay varias causas que pueden desencadenar un trombo,

una lesión en la pared vascular,

que tengamos un flujo sanguíneo ralentizado,

o una tendencia a tener una mayor coagulación,

por un factor genético, por ejemplo.

Bueno. Voy a hacerte una flebogammagrafía...

-Una, ¿qué?

-Una "fermamamagrafía", ¿no lo has oído, o qué?

-Una flebogammagrafía. -Eso he dicho. Sí, claro...

-Es una prueba con contraste,

para ver hasta dónde llegan los daños por la trombosis.

Y también me gustaría pedir un estudio genético.

-¿Genético? ¿Esto puede venir de herencia?,

pues cuidado, que con este no vais a rascar un duro, ¿eh? Ya veis.

-Bueno. Yo me marcho ya, voy a ir a prepararlo todo. ¿Vale?

-Muchas gracias, doctora. -Nada.

-Oye, oye, y... lo ¿lo nuestro? ¿Esa cañita después, qué? ¿No...?

¿Eh? -Nnn...

No. Y si no te importa, me tratas de usted. ¿Vale?

-Mm... ¿Usted? ¿De usted? De usted.

-Pero ¿por qué no te callas? Que estás haciendo el ridículo.

¿No ves que pasa de ti? -Pero ¿quieres callarte,

que no te enteras de nada, que cuando dice que no es que sí?

¡Que está en el bote, que te lo digo yo!

Mira. ¿Sabes qué? Que de momento me voy a quedar aquí contigo

a que te saquen el tapón ese. ¿Eh?

Y te hagan la "finononogramofia" esa, que no te enteras de nada. Así que...

-¡Que no me...! -Cálmate. Cálmate, cálmate, joder.

-Es que... de verdad, jugarse a un pulso un almendro.

Es como del siglo pasado, ¿no? -Pues sí, pero bueno.

Esos dos optan oficialmente al puesto de mayores cuñados

que han pasado por el hospital. Y eso no es fácil, ¿eh?

Porque por aquí ha pasado cada uno que no veas.

-¿Qué pasa, chicos? ¿Qué tiene tanta gracia?

-Nada, dos que estaban fatal, ¿eh, vamos?

-Ya. Oye, que no quiero interrumpir, ¿eh? Por si estáis aquí, en algo...

-No, qué va, si yo ya me iba, en verdad.

Así que nada, os dejo. -Adiós.

-Venga, hasta luego. Oye, Daca.

-Espera, Cabrera. Oye, Rocío, una cosa...

Elena acude a otra cita con la psicóloga Lucía,

para continuar su tratamiento por depresión.

-Es como que me falta el aire y me duele muchísimo...

-¿El aire? -Al coger aire, sobre todo.

-Bebe un poco de agua.

Pero ¿qué ha pasado?

-No lo sé.

Estaba en la sala de espera...

-Sí. -Y he visto a una mujer...

que no sé, me ha recordado muchísimo a mi madre cuando era joven.

Y tenía una niña pequeña en brazos.

Y de repente ha empezado a faltarme el aire,

y a darme como un pinchazo...

-Creo que te está dando un ataque de ansiedad.

Pero en unos minutos se te va a pasar.

Intenta inspirar, profundamente, despacio...

Parece que el recuerdo de su madre afecta mucho a Elena.

Cuando se tranquilice un poco, voy a intentar averiguar por qué.

¿Te encuentras mejor?

Me gustaría que me hablaras de tu madre,

porque veo que te ha afectado bastante su muerte.

¿Ha estado enferma mucho tiempo?

-Es que mi madre no murió de cáncer.

Murió de una sobredosis de barbitúricos,

cuando yo era adolescente.

-Por eso tienes aversión a las pastillas, ¿no?

Elena, eso no te tiene que pasar a ti, tú no eres tu madre.

-Pero me da mucho miedo.

A mí todavía me duele mucho.

-¿Te duele ahí? -Sí.

-¿Al respirar? Espera, que voy a llamar a un médico.

Como yo sospechaba, la madre de Elena padecía depresiones.

Todo comenzó con una depresión posparto,

a raíz del embarazo de Elena,

y parece que esto ha hecho que Elena se sintiera culpable

durante toda su vida.

Se agravó en la adolescencia, cuando su madre se suicidó.

El hablar de ello parece que le ha tranquilizado,

pero sigue teniendo un dolor bastante persistente en el lado derecho,

así que voy a hablar con un médico.

Lucas, el paciente con trombosis, se recupera

mientras la medicación disuelve el coágulo que le encontraron.

-Uf...

Se acabó. ¿Vale? Ya no puedo más, tío, se acabó, se acabó.

Se acabó. De esta farsa yo ya estoy cansado.

-Pero ¿qué haces? -¿Pues no lo ves?

Te voy a ceder el maldito almendro, porque estoy harto ya.

Harto del arbolito, harto de este hospital,

y sobre todo, harto de ti. ¿Vale?

-Para quieto. -¿Que pare, por qué?

-Porque me lo estás dando por pena.

Me ves aquí tan convaleciente...

Vamos, lo que me faltaba a mí es tener la lástima

y la caridad de un... -¿De un qué?

-¡De un mafioso! ¡Robaovejas! ¡Pijo!

-Pero vamos a ver, ¿encima te estás poniendo así?

Que te estoy diciendo que te lo estoy dando. ¿Qué más quieres?

-¡Métete el almendro por donde te quepa!

-Eres un fracasado, eso es lo que te pasa, ¿eh?

Sí, sí, sí, un fracasado, como toda tu familia.

-¿Un fracasado? -Sí.

-Qué fácil decirlo para ti,

que lo has tenido todo regalado en la vida, ¿eh?

Pero, quien ha tenido siempre que buscarse las habichuelas,

y ha estado siempre a dos velas...

-Sí, claro, yo por lo menos tengo amigos que me quieren, no como tú.

¿Que sabes lo que tienes tú?

Un tapón, eso es lo que tienes tú, un tapón.

(Llaman a la puerta)

-¡Qué gusto, veros tan formalitos!

Bueno, traigo los resultados del estudio genético.

Y ha resultado positivo.

Así que tu trombosis tiene un componente genético.

-¿Ves? Ya decía yo, si es que estaba claro.

-Genial.

Lucas padece el síndrome de Paget.

Es una condición genética rara,

en la que el paciente tiene una mayor predisposición

a desarrollar trombosis en varias zonas de los brazos.

Aunque generalmente aparece por un ejercicio físico intenso,

también puede aparecer de una forma espontánea.

Vas a seguir con el tratamiento anticoagulante oral,

con ácido fólico y vitamina B,

hasta que se restablezcan tus niveles de homocisteína,

que es una encima que está relacionada

con este tipo de problemas, de trombosis.

-¿Y cuándo me podré ir?

-Pues, como no hay signos de empeoramiento,

seguramente te daré el alta en unas horas.

-¡Qué bien!

Muchas gracias, doctora.

La verdad es que es un gusto llegar a la ciudad

y encontrarse un trato tan cercano. De verdad.

-De nada, lo que sí que...

Que me pica muchísimo la curiosidad,

¿qué va a pasar al final con el almendro?

-¿Con el almendro? Pues que mira, se lo voy a entregar ahora mismo.

Fíjate. -¡Anda, enhorabuena!

-Hala.

-Bueno, yo me voy.

-Bueno, oye, ¿y ya que le he cedido el almendro y todo,

no te apetece venirte al pueblo, un tiempecito?

Ahí tengo tierras, tengo cabras, tengo ovejas, tengo de todo.

-Pues te lo agradezco, pero no. -¿No?

-No. Y me hablas de usted. -¿Estás segura?

Sí, hombre, claro que te hablo de usted.

Sí, sí, sí, por supuesto.

Lo que yo te diga, Lucas, en el bote.

La tengo en el bote. -En el bote la tienes. Se ve a...

Se ve a leguas que la tienes en el bote.

-Lo que yo te diga, que no te enteras de nada.

-Bueno, pues al final el almendro es mío.

Parece mentira.

Lo que fue la amargura de mi abuelo y de mi padre, y ahora es mío.

Genial.

Ahora hay una cosa,

si el almendro es mío, por añadiduría,

las almendras también son mías.

Entonces, yo creo que no puede ser

que tú te quedes con las almendras que caigan en tu terreno.

-Vamos a ver, Lucas, vamos a ver.

Las almendras que caigan en mi terreno son mis almendras.

Y las que caigan en el tuyo son las tuyas, vamos a ver.

-Las almendras son mías porque son de mi almendro.

Si caen en tu terreno, mala suerte.

-No, no, no. Escúchame un momento. Que las almendras que...

Bueno, da igual, ya lo vamos a arreglar de alguna manera.

-Sí, pero hay que arreglarlo. -Bueno, pues hay que arreglarlo.

Pero no... -Pues lo arreglamos.

La doctora Ortega explora a Elena

para determinar por qué le cuesta respirar y le duele el tórax.

-Vale. Vale. Ya está. Puedes descansar.

Elena, tienes la frecuencia cardiaca elevada. Y la respiración, agitada.

-¿Eso no puede ser por un ataque de ansiedad que he sufrido hace un rato?

-Ya me ha contado Lucía, pero es que... dudo que haya relación.

Porque he detectado una anomalía.

No se escucha bien el paso del aire

en la parte superior derecha del pulmón.

-¿Y eso qué significa?

-Pues no me quiero precipitar.

Lo que parece es que se ha acumulado aire en la pleura.

La pleura es la membrana que recorre los pulmones. ¿Vale?

No te preocupes.

Te voy a hacer una analítica y un electro.

-Vale. -Tranquila.

El electrocardiograma ha confirmado

la taquicardia sinusal de nuestro paciente.

Es decir, su corazón va rápido,

aunque dentro de lo normal,

la analítica, por otra parte, está bien,

y los gases venosos, en cambio,

sí que son compatibles con una alcalosis respiratoria.

Gracias.

Pues mira.

Esto viene provocado por la hiperventilación.

Que desajusta el equilibrio de los gases venosos.

Para compensarlo, te voy a poner una mascarilla cerrada.

Para que respires tu propio CO2. ¿Vale?

Te voy a dejar con la mascarilla,

y mientras tanto voy a hablar con Rayos.

Porque la radiografía sí que va a determinar

si mi diagnóstico es el correcto o no.

A ver.

A ver.

¿Bien? -Sí.

-Eso es.

-¡Hola! -¡Hombre! Enhorabuena.

-¿Por?

-No, porque estoy viendo aquí la valoración de los pacientes,

y aquí tienes el tuyo. El del pulso.

Es que te ha dejado por las nubes, vamos.

-Ay, qué mono, por favor... -Sí, sí.

-Por cierto, Rocío, han dejado esto para ti.

-¡Bueno...!

-¿Y ese, qué? ¿El de pulso también, o qué?

-Ay, no. El que venía con él, que también está fatal,

y nada, que quiere que me vaya con él a vivir al pueblo.

-Pues esa sí es buena.

Mmm...

-¿Y a ti qué es lo que te pasa? -¿Qué? Nada, nada.

Estaba yo aquí pensando.

Que ¿sabes? Que la verdad es que no...

No me gusta nada

cómo el hospital está gestionando esto de los despidos.

Sí. La verdad es que... No sé.

Enrarece mucho el ambiente de trabajo.

Y además, crea una competitividad que me parece fuera de lugar.

-Ya, bueno. Pero no tenemos por qué competir.

Daca dijo que podíamos estar tranquilos, así que...

-Ya. Eso dijo Daca, ¿no? -¡Sí!

-Ah, tranquilo ¿quién? ¿Los dos, o solo tú?

Elena Prieto se somete a una radiografía torácica,

para averiguar qué ocurre en su pulmón derecho.

-Mira, Elena, tengo los resultados de la radiografía,

y he decidido dejarte ingresada, porque se ha confirmado mi sospecha.

Es un neumotórax, es decir, hay presencia de aire en el pulmón.

Lo que te he explicado antes. ¿Vale?

Por eso tienes dolor, y dificultad respiratoria.

-No suena nada bien.

-Ya sé que no suena bien.

Por eso no te lo quería decir hasta estar completamente segura.

Pero era mi sospecha desde la auscultación.

-¿Pero es grave?

-El 25% del pulmón derecho está colapsado.

Lo que pasa es que me ha sorprendido bastante

descubrir que el neumotórax es bilateral.

Es decir, afecta también al pulmón izquierdo.

Cosa que yo no había percibido en la auscultación, la verdad.

No quiere decir que sea el doble de peligroso.

Simplemente es más raro.

Lo que pasa es que sí que me obliga a seguir indagando,

en busca de alguna enfermedad que tengas de base,

u otro posible origen.

No sé, ¿has hecho alguna actividad fuera de lo normal?

¿Fuera de tu rutina habitual? -Bueno, pues...

Mi vida tampoco es que sea un carrusel de emociones fuertes.

No sé.

Bueno, he ido a una sesión de acupuntura, hoy,

antes de venir a mi sesión con la psicóloga.

¿Puede tener que ver algo?

-La acupuntura bien hecha no tiene por qué ser peligrosa.

-Ya, pues no sé si ha sido mi caso, la verdad.

Yo no soy muy amiga de este tipo de terapias, pero...

me convenció una compañera del trabajo, Merche,

y cuando he llegado a la consulta, pfff...

No me ha dado muy buena espina, la verdad.

Ha sido ponerme la primera aguja y he pensado: Uf...

Esto no es lo mío. -Pero ¿por qué? ¿Te...?

¿Has notado algo raro, te ha hecho daño? ¿Qué ha pasado?

-Sí, ha sido raro.

No sé.

Al introducir las agujas en la sesión de acupuntura,

se ha perforado la pleura.

Permitiendo la entrada de aire y llegando así a colapsarse.

Para el drenaje de ese aire vamos a colocar un tubo de tórax.

Mira, te hemos puesto un tubo de tórax.

Sirve para reequilibrar la presión del pulmón derecho. ¿De acuerdo?

Que es el que tienes más dañado.

El izquierdo no lo voy a tocar.

Voy a esperar unos días,

a que el aire se reabsorba por sí mismo.

-De verdad, ¿eh? Yo no sé quién me mandaba a mí meterme en esto, ¿eh?

-Bueno, Elena, tampoco tú sabías que te iba a pasar eso.

Tranquila. Después te vamos a subir a una habitación.

Donde estarás en reposo, con analgesia y con oxigenoterapia.

La psicóloga Lucía Velázquez visita a Elena, su paciente,

que se recupera del neumotórax bilateral que ha sufrido.

-Me ha dicho la doctora Ortega que estás estupendamente.

-Sí.

-Venía a decirte también que, gracias a ti,

la policía ha detenido al acupuntor que te trató.

-La verdad es que... igual me lo tendría que haber imaginado.

Yo cuando entré a aquella consulta, no sé, no me dio muy buena espina.

-Es que hay que tener cuidado con estas cosas.

A saber a cuánta gente más le ha hecho daño.

-¿Sabes lo que es curioso?

Que...

Que mientras he estado preocupada por el dolor físico,

la tristeza ha pasado como a un segundo plano.

Es como...

Ha habido momentos en los que casi ni me he acordado.

Y me he dado cuenta de que me quiero poner bien.

-Pues eso es un gran paso, de verdad.

¿Entonces te veo este jueves, a la misma hora?

-Sí, lo estoy deseando.

-Ya verás cómo te pones buena muy pronto.

-Toma. Ya está. -Muy bien. Gracias.

-Gracias, Raquel. -Toma.

-Oye, perdona, ¿sabes si la doctora Ainhoa Cortel trabaja esta tarde?

-Sí, está de turno. -Gracias.

-A ti. Chao. -Chao.

-¿Todavía estás aquí? -Sí.

-Venga, anda. Cámbiate, y te invito y vamos a tomarnos algo por ahí.

-No. Voy a hacer el turno de tarde.

-Diana, como sigas a este ritmo,

te vas a quemar y vas a dejar de hacer bien tu trabajo. ¿Lo sabes?

-Marco, estoy bien.

¿Aníbal está mejor?

-Sí, sí, está mejor. Gracias.

-Me alegro. Nos vemos otro día, ¿vale?

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Centro médico - 21/06/18 (1)

21 jun 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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