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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 21/06/17 (1) - ver ahora
Transcripción completa

-Necesito que me acompañes, es algo superimportante.

De no ser así, no te lo pediría.

Por favor: Acompáñame. Luego lo entenderás todo.

-Escúchame. Lo que ha ocurrido esta noche, no se puede repetir.

Y además, tienes que dejar este tipo de actividades nocturnas.

Lo único que espero, por tu bien,

es que de verdad tengan todos los permisos.

Sí, sí, sí, sí. Que eso lo tienen.

-Te voy a estar vigilando.

Y si cometes cualquier error,

yo mismo me voy a ocupar de despedirte.

-OK.

-Cabrera.

Olson me ha dicho que te saldría caro irte de allí.

-Bueno. -Te está chantajeando, ¿verdad?

¿Qué es lo que pasa? Quiero ayudarte.

Dime qué es lo que está pasando.

¿Y esos nervios tienen que ver con Olson?

-Sí.

-¿Te ha vuelto a amenazar?

Es que, si es así, tienes que denunciarle.

-Ortega: Tú no sabes de lo que es capaz este tipo. ¡Si este está loco!

-No, no lo sé. Solo sé que te está chantajeando con algo.

-Muy bien.

-¿Olson? ¿Qué haces aquí?

-Tranquilo, Cabrera. Que no he venido a verte a ti.

Tengo una revisión médica;

y ya que estabas por aquí,

no quise pecar de grosero y no saludarte.

-La cita la tengo con la doctorcita

esa tan chévere que me atendió el otro día.

-Sí, con Ortega. ¿Y qué pasa? -Esa misma.

Y seguro que estará encantada de saber

que el doctor Cabrerita no es tan bueno como lo pintan.

Mira: Vamos a hablar fuera, que va a ser mucho mejor.

-¡Nuria! Avisa a Seguridad, por favor.

-¡Que me quites...! ¡Suéltame!

-¡Eh, eh, eh! ¡Apártate de Cabrera inmediatamente!

-¡Tú no te metas! ¡Esto es entre Cabrera y yo!

-¿Qué tal? ¿Estás bien?

¿Qué pasa, que no me puedes contar por teléfono?

-A ver, Ortega.

Yo confío en ti,

y pienso que,

después de todo lo que hemos vivido todos estos días juntos,

debo de ser sincero contigo.

Sobre todo, en algunos aspectos... de mi pasado.

-Tiene que ver con las amenazas de Olson, ¿verdad?

-Sí. Sí. En efecto.

-¿Cómo no le has denunciado, después de lo que te hizo el otro día?

-No puedo, Ortega.

-¿Por qué?

-No puedo. Es muy complicado.

Y además, como has podido ver,

Olson es un tipo... bastante complicado, como poco.

Y con este tema me tiene contra la pared.

En mi país...,

ayudé a morir a mi mujer.

Bueno. Igual ahora prefieres no haberlo sabido, pero bueno;

te entiendo. Es normal.

Olson lleva mucho tiempo chantajeándome con esto y...,

desvelar esta información y, bueno:

pues así poder... acabar con mi carrera como médico y con mi vida.

Porque vamos... Acabaría con mi vida.

-¿Por qué?

-Porque es la única forma que tiene

de asegurarse de que siga trabajando para él gratis,

por una miseria o...

Bueno. -¿Qué vas a hacer?

-Pues no lo sé. No lo sé.

Ni siquiera sé... si puedo hacer algo al respecto.

-¡No puedes decir “sí, guana” a un chantaje así!

De verdad, tienes que ir con la verdad por delante.

-En serio. -Ya.

-Ve a la comisión gestora y explícales lo que te está pasando.

Así ganarás aliados.

-¿Tú crees?

-Decir la verdad siempre es lo mejor. Siempre.

Carlos ha llegado a Urgencias

porque ha sufrido una agresión con un arma blanca,

que le ha producido una pérdida de consciencia y tetraplejia.

-¿Qué ha sido? ¿Una agresión?

-No, bueno. No sé.

Al parecer, su mujer le ha clavado un cuchillo.

-Seguramente que se cansó de sufrir sus malos tratos.

-Me voy a morder la lengua para no decir lo que pienso.

-Hola. A Reanimación. Rápido. -Venga, vamos.

-Si está sufriendo malos tratos

o cree que alguien puede estar siendo maltratado

o en situación de empezar a serlo,

llame al 016.

Es una llamada que no deja ningún tipo de registro,

y se pueden evitar tragedias.

Bueno, voy... Bueno, está inconsciente.

-Mm... Vale... -A ver... Vale.

El tono muscular está bajo generalizado. ¿De acuerdo?

A ver la herida? Vale.

Es de unos tres centímetros aproximadamente,

con líquido cefalorraquídeo hemorrágico.

-Vale. -Escucha.

Tenemos que hacer analítica urgente. ¿Vale?

-Ya la tengo hecha.

Si quieres puedo desinfectar la herida.

-Sí, vale. Fenomenal.

Míralo bien, y si invade cuero cabelludo, le rasuras. ¿De acuerdo?

-Vale, perfecto. Muy bien. -Venga.

El paciente no solo presenta presión arterial y frecuencia cardiaca bajas,

sino que también tiene problemas respiratorios y respiración ineficaz.

Así que tendremos que intubarle.

Vale, Luz: Hay que ponerle analgésicos,

antibióticos de amplio espectro, suero, y también corticoides.

-Mientras esperamos a llamarlo a Neurocirugía,

vamos a aprovechar el tiempo.

Haremos un TAC cerebral, una radiografía del cráneo,

y también un TAC pos-mielografía craneocervical. ¿De acuerdo?

-De acuerdo, lo preparo. Venga, rápido.

-¿Otra vez este?

Preferiría que se lo llevara otro compañero.

Quiero estar lejos de gente de esta calaña.

-Escúchame, Juanjo.

No es el momento de complicarme la vida. ¿Vale?

Así que venga; haz tu trabajo.

-Vale, vale, lo hago.

Pero preferiría mil veces hacer otra cosa.

-¡Vamos, Juanjo!

-Nunca es fácil atender un maltrato.

Ya sea la víctima, o sobre todo, el agresor.

Nuestra labor como médicos es muy clara:

intentar atender al paciente con la máxima profesionalidad,

dejando los juicios y las opiniones de lado.

Benito Mendizábal acompaña a su padre, Cayetano, al hospital,

porque tiene sudores

y siente un dolor agudo en la zona genital.

-Tú ten el coche preparado, que en cuanto podamos nos piramos de aquí.

-Cuéntame, Cayetano.

-Bueno, pues yo tengo... Tengo un malestar general,

y... Y sudor frío, y mal cuerpo,

y, sobre todo, me duele mucho la..., la zona de la...

De la genitalia. La genitalia.

-Ajá, ¿cuánto tiempo hace que tienes ese malestar?

-Pues desde hace unos cinco días, más o menos.

Pero sobre todo me duele por la noche. ¿A que sí?

-Por la noche, sobre todo. -Sí.

-¿Encuentras alguna relación entre el dolor

y algo que te haya pasado, en el trabajo, por ejemplo?

-¿A qué se dedica, Cayetano?

-Bueno, yo soy funcionario.

Tengo un trabajo muy aburrido y... No... No hay...

Yo creo que no hay ninguna relación.

Eh... Yo, por cierto,

me tengo que ir

porque me están esperando en el trabajo, y soy insustituible.

Y entonces, tengo que irme.

-Bueno. Pasas por la camilla primero, y te hago una exploración.

-Bueno, hombre.

Yo, si me tiene que echar un vistazo una chica tan guapa como usted,

no tengo... No tengo ningún inconveniente.

-Cayetano no presenta fiebre.

Pero en la palpación

he observado que tiene varias adenopatías.

Es decir: abultamientos, en la zona inguinal,

de dos centímetros de diámetro y de consistencia blanda.

Lo que podría indicar que sufre un proceso infeccioso.

Pasa. Te puedes sentar. -Gracias.

¿Qué es lo que tengo, doctora?

-A ver: Creo que puede ser una orquitis. ¿Vale?

Es una infección testicular.

Pero hay que confirmarlo con una analítica.

Analítica, por favor, sí.

-Ya, pero yo me tengo...

-Yo creo que lo mejor es que te quedes ingresado

y ponerte un tratamiento antibiótico.

-Yo no me puedo quedar ingresado.

-Papá: Si te está diciendo que te quedes, te vas a quedar.

-Cállate, y tú vete a preparar el coche, hazme el favor.

Yo no me puedo quedar. No me puedo quedar.

-Yo no recomiendo que te marches.

-¿No me puede estar dar la..., la pastilla como para llevar? ¿No?

-A ver: También le podemos poner un calzoncillo suspensorio.

Para reducir el dolor, bueno, pues... producido por la gravedad.

-Estupendo, pues póngamelo también para llevar, ¿vale? Si no le importa.

-Juanjo, ¿te puedo comentar algo?

Escúchame: Ya sé que lo sabes. Pero antes no has sido profesional. ¿Vale?

Son nuestros pacientes, y hay que atenderlos y punto.

-¡Bah! -¿Cómo que bah?

-¿Te pasa algo? -Nada, nada.

La próxima vez que venga un tipo así,

me limitaré a llevarle y ya está.

-Tú a mí no me engañas. Tú le conoces de algo.

-No, no le conozco de nada.

Pero no soporto a los maltratadores.

-No puedo con ellos.

-¿Y te crees que yo sí?

Son una lacra de la sociedad. Pero ¿y qué podemos hacer?

-No sé. -Pues mira: Yo sí que lo sé.

Voy a hablar con los familiares

para ver si pueden proporcionar algún tipo de ayuda.

Vale. Gracias, Juanjo.

-Perdone. -¿Sí?

-¿Es el doctor Dacaret? -Sí, soy yo.

-Soy el hijo de Carlos: el paciente de la herida en la cabeza.

-Vale. Pues está con el neurocirujano. ¿Me acompañas?

-¿Cómo está? -Bueno. Está estable.

Pero está grave, la verdad.

-¿Sí? ¿Pero se va a morir, o...?

-Pues no te puedo decir nada.

Tenemos que ver cómo evoluciona, y a ver lo que dice Neurocirugía.

¿Tú estás bien?

¿Estabas en el lugar de los hechos? -No. No estaba allí.

No vivo con mis padres.

Me llamaron de la comisaría,

diciéndome que mi madre estaba allí, con mi tía, y...

-Yo me he venido al hospital a ver a mi padre.

-Vale. ¿Me acompañas? ¿Vienes?

-Y le cuento todo esto...

porque, como compañero y trabajador,

quiero que haya transparencia con respecto a mi pasado.

Y estoy dispuesto a asumir...,

pues cualquier responsabilidad por lo que hice.

Aunque, si me permite,

debo añadir que,

aunque en mi país es algo legal,

puedo entender que el hospital pueda tener algún conflicto al respecto,

y si yo no pudiera seguir ejerciendo aquí la medicina,

le repito: lo comprendo perfectamente.

-Todo esto que me estás contando,

¿tiene alguna relación con ese episodio

en el que estuvimos atendiendo a estos inmigrantes

en aquella consulta aquella noche?

-En efecto.

El dueño de ese consultorio era el que me estaba extorsionando.

Bueno: el que me chantajeaba con filtrar esta información.

-Ya. ¿Has dejado este tipo de prácticas?

-Sí, sí, sí, sí, sí; por supuesto.

Ya hace ya bastante tiempo.

-Verás: Yo, como miembro de la comisión gestora,

lo más que puedo hacer es darte las gracias,

por tener este acto de honestidad, y... No sé.

Podría haber sido más fácil para ti callártelo y mantenerlo en secreto.

-Aunque bueno. Siendo honesto, debo...

Debo decirle que he seguido el consejo de una buena compañera,

la verdad.

-Ya. A título personal,

decirte que me parece terrible todo lo que me cuentas,

y lo lamento mucho.

Por otro lado, bueno,

aquí no has infringido la ley.

Y por lo tanto,

no veo ninguna razón para que no puedas seguir ejerciendo la medicina

en este hospital.

Eso sí: siempre y cuando

esto no influya en tu rendimiento profesional.

-Pues claro que no. Por supuesto que no.

Puede estar tranquilo con ello.

-De acuerdo. Entonces..., volvamos al trabajo.

-Muchas gracias, doctor. Gracias

por..., por su apoyo y por su comprensión, de verdad.

-No, no te preocupes.

Por todo lo que me cuentas,

bastante mal lo has pasado como para, encima, encontrarte obstáculos.

-Muchas gracias. -Nada.

-Estoy esperando a que me diga algo el médico.

Pero ¿mi madre ha hablado con su abogado?

¿Cómo que no?

Es que no sé. No sé si ha sido buena idea, tía.

Tía, te tengo que colgar. Vale. Luego hablamos.

¿Cómo está?

-Bueno. Ha recuperado la consciencia.

Escúchame. Le hemos hecho una nueva exploración,

y tiene afectados los nervios glosofaríngeo e hipogloso.

-¿Eso qué quiere decir?

-El padre de Diego no tiene percepción del gusto,

y tampoco puede mover la lengua, ni para tragar ni para hablar.

Por otro lado, por debajo de la segunda vértebra cervical,

no tiene sensibilidad.

-Tengo una pregunta. -Dime.

-¿Le va a afectar a la memoria? ¿Tendrá amnesia?

-¿Amnesia? No. No, no, no.

En principio, esa parte del cerebro no está afectada.

Y además, no creo que ocurra.

Mira: Lo que vamos a hacer ahora, el siguiente paso,

es hacer una serie de pruebas de imagen. ¿De acuerdo?

¿Estás bien?

Oye, escúchame.

Yo no sé cómo está la situación en tu familia ni lo que ocurre.

Pero, si en algún momento necesitas hablar con alguien, o...,

o con un psicólogo, aquí estoy. ¿Vale?

-Eh... Estoy bien. Voy a la sala de espera.

-Muy bien.

Cayetano Mendizábal,

el paciente que padece de dolores en la zona genital,

regresa al hospital acompañado por su hijo

porque su estado ha empeorado gravemente.

-¿Cayetano? ¿Estás bien? ¡Amaya!

-Es que se ha desplomado.

Estábamos en el campo y de repente se ha caído.

Y no sabía qué hacer.

Lleva todo el día con fiebre, y...

-Vale, vale. Tranquilo, tranquilo.

-Está pálido.

-Ya está. Vamos, vamos. A Boxes,

por favor; a Boxes.

-Siéntate, papá. Siéntate.

-Ahí, Cayetano. Tranquilo. Ya está. Venga.

Vamos. Vamos para Boxes. Gracias, Amaya.

-Tiene 40 de fiebre.

-¿Desde cuándo tiene esa fiebre? -Desde ayer por la noche.

Oscilaba entre unos 39 grados. Subía, bajaba...

Pero claro. Toda la noche en el campo llenos de barro...

-Pero ¿por qué habéis estado en el campo llenos de barro?

-Porque... nos hemos ido de campo.

Al cam... Hemos hecho un camping allí.

-¿Con fiebre, de camping?

Vale. Perdona. Cayetano:

Necesito saber qué es lo que sientes.

-Pues... tengo mucho dolor en..., en las articulaciones y en las caderas.

-Y en todo lo que viene siendo el culo.

-Vale. Luz, por favor.

-Doctora: Sea lo que sea lo que tengo,

yo tengo que volver al campo, sí o sí.

-No puede ser. Lo siento.

Te tienes que quedar en observación.

Necesito: analítica, hemocultivo, urocultivo y radiografía de tórax.

-De acuerdo; lo preparo. -Gracias.

-¡Ay! Doctora: ¡Me duele mucho la rabadilla!

-Pero ¿se ha golpeado el cóccix?

-No, no. -No.

-Necesito también ecografía, para saber por qué le duele el cóccix.

-Vale. -Gracias.

Tras efectuarle al paciente herido por un arma blanca

varias radiografías y un TAC cerebral,

el doctor Dacaret le está realizando

una nueva tomografía posmielografía craneocervical.

-Esta prueba se realiza

después de introducir un contraste en el interior de la médula espinal.

Para valorar la integridad del circuito del líquido cefalorraquídeo.

Esperemos que esta prueba aclare algo.

-Sí. Hacía mucho tiempo que no hablábamos.

Sí, que no pase tanto tiempo ahora, ¿eh?

Bien. Ya sabes, Carmen, que aquí me tienes para todo lo que necesites.

Sí; gracias a ti también.

-Oye, Juanjo, yo no quiero meterme donde no me llaman.

Bueno, mira: En realidad sí que quiero.

Porque mira. Yo soy así.

Y supongo que sabes que me tienes aquí para lo que necesites, ¿verdad?

-Gracias, Dacaret. Eres un amigo.

¿Sabes? Estaba hablando con Carmen. -Mm...

-Una antigua vecina que sufría maltratos por parte de su marido.

Era como de la familia.

Su hijo y mi hijo Rubén eran amigos de pequeños.

Jugaban al fútbol en el barrio, y, cuando acababan, subían al piso,

y merendaban y jugaban, y todas esas cosas.

-No sé por qué me imaginaba que habías pasado por algo así.

-Carmen a veces venía,

con la excusa de pedirme sal, a la casa,

para escapar de ese tipejo.

-Mira, la verdad que entiendo lo que dices, pero...

Pero, por suerte,

nunca he tenido que estar en contacto con nada igual.

-Ya. Pero la suerte es reaccionar y saber qué hacer llegado el momento.

Esa es la suerte.

-Ya. ¿Y tú qué hiciste?

-Yo, lo único,

evitar que..., que mi hijo fuera a la casa de mi vecina.

-Dacaret. -Hola.

-Ya están los resultados de Carlos.

-¿Son estos? -No. Pero puedo ir a buscarlos.

-Ah, vale.

-Que... voy a hablar con..., con el hijo. ¿Vale?

-Claro. -Venga. Hasta ahora.

-Hasta luego, Juanjo. -Hasta luego.

A Cayetano le están haciendo una ecografía,

para determinar qué le ocurre

en la zona de la espalda y el cóccix,

donde sufre un dolor muy agudo.

-¿Todo va bien?

-Tienes mucho líquido libre.

-¿Y eso qué..., qué significa?

-Pues podría ser un problema sistémico.

Desde luego,

ya no parece algo específico de los testículos.

-Lo siento, pero te tienes que quedar ingresado.

-Yo no me puedo quedar aquí, doctora.

Tengo que irme al trabajo; no puedo quedarme. ¡Ay!

-Respira. Respira tranquilo. Respira, Cayetano.

-Doctora: Yo no me puedo quedar aquí.

Tengo que volver al trabajo.

¡Sea como sea! ¡Tengo que volver!

-Cayetano, de verdad: Te tienes que quedar ingresado.

Es importante que te quedes, por favor.

-Papá, ¿qué te han dicho?

¿Nos deja usted un par de minutos a mi hijo y a mí? Por favor.

-Un minuto. -Vamos.

-¿Qué te han dicho?

-Me han dicho que me tengo que quedar en observación,

y yo no me puedo quedar aquí internado.

-Pues te quedas.

No vamos..., no vas a ir otra vez

para que te vuelva a dar fiebre y tener que volver otra vez.

Es que me niego.

-No podemos dejar a los clientes allí tirados,

con la pasta que están pagando.

-Vale, pues otro día. Quedas con ellos otro día.

-Esa gente paga una pasta,

porque tiene que hacer un determinado tipo de pieza,

y no los podemos dejar allí tirados con lo que pagan.

Yo estoy de deudas hasta el cuello;

ya lo sabes tú.

-Lobos. Lobos...

-Pero ¡qué más da que sean lobos o jabalíes!

-Cazar lobos es ilegal, papá.

-Da lo mismo. Da lo mismo.

Tenemos que volver y nos tenemos que hacer cargo...

-Vamos...

Bueno, eh... Yo, doctora, de verdad, no me puedo quedar.

Yo me tengo que ir.

-A ver, por favor: No te puedes ir.

Cayetano, por favor: ¿Qué está pasando?

Es que necesito que me contéis qué está pasando.

Si no, no puedo ayudar a tu padre.

-Yo se lo contaré. Se lo contaré más adelante.

Pero tú tienes que volver al hostal y recoger a los clientes.

-Vale. Que no quiero. Que no quiero. No quiero.

-Te lo pido por favor. -Vale.

¡Ah...! -Vamos.

El doctor Dacaret informa a Diego

de los resultados obtenidos de las pruebas de imagen

que le ha realizado a su padre.

-Hola, Diego.

Tras todas las pruebas que le hemos realizado a Carlos,

hemos podido comprobar que no existe ninguna fractura en el cráneo.

Lo cual es buena noticia.

Sin embargo, hay presencia de aire en el cerebro,

y eso es algo más preocupante.

Bueno, vamos a ver.

Mira, tengo los resultados del TAC. ¿De acuerdo?

Y hemos encontrado...

una fístula de líquido cefalorraquídeo.

-¿Una fístula?

-Sí. Una fístula quiere decir que...,

que existe un agujero

por donde puede pasar líquido entre dos zonas

que no tendrían que estar comunicadas.

Con esto te quiero decir

que tendremos que someterle a una operación.

¿Quieres hacer alguna pregunta?

Escúchame: Ya... Ya te lo he comentado,

pero, si quieres hablar conmigo o con un psicólogo...

-Estoy bien.

-Vale. Pues nada más.

-Gracias.

Tía: Dile a mi madre que voy a confesar que fui yo.

Sí, sí, díselo, que lo voy a hacer.

Ya. Además, dile que ahora la condena va a ser menor.

No es lo mismo un cargo por asesinato que..., que por intento de asesinato.

Y si tengo que ir a la cárcel, pues va a ser poco tiempo.

Si es que, además,

está recobrando el conocimiento, y va a decir que fui yo y no mamá. ¿Sabes?

Vale, me calmo.

Espero, sí. Pero habla con mi madre, por favor.

-Hola. ¿Molesto? -Hola.

No, no, pasa. Dime. -Nada.

Solo quería agradecerte el tacto que has tenido con Cabrera.

-Ah... A ver, Diana. Verás:

Yo entiendo que la situación de Cabrera ha sido bastante terrible.

Pero tengo sentimientos encontrados.

-¿Por qué?

-A ver, Diana:

¿Recuerdas el lema del juramento hipocrático?

La vida por encima de todo.

-Ya, Landó.

Pero a ver, su caso fue especial.

-Sí, lo sé,

por eso lo he dejado pasar.

Sé que los detalles y cómo ocurrió todo

solamente Cabrera lo sabrá.

Pero no es el mejor pie para empezar.

De hecho, si te soy sincero, lo voy a estar vigilando.

-Bueno. Te agradezco que seas sincero conmigo.

Tú siempre lo eres.

-Escúchame. Eh...

¿Por qué te tomas tantas molestias con él?

-Pues es un compañero en una situación difícil.

Lo haría por cualquiera.

Si vosotros, mis compañeros,

me hubierais juzgado en lugar de ayudarme,

yo nunca habría salido adelante.

-Vale. -Gracias. Voy a seguir currando.

Hasta ahora.

-¡Ey! -¿Qué tal?

-Bien. Muy bien. ¿Y tú qué tal? -Bien. Bien.

-Oye, eh... Por cierto. -Mm...

-Me gustaría invitarte a comer. ¿De acuerdo?

Por el grandísimo favor que me has hecho con Landó. De verdad.

-Claro. Cuando quieras; claro que sí.

-Bueno, y así ya de paso aprovechamos,

y me vas contando un poquito más sobre ti, ¿no? Y... tus malas épocas.

-¡Uf! Entonces necesito que compartamos muchos turnos juntos.

Porque me ha pasado de todo, últimamente.

Pero bueno, sí.

Esa comida es una excusa perfecta para empezar a...,

eso que dices tú: “A ventilar la habitación”. ¿M?

-Hombre, claro, claro. A ventilar la habitación, mami. Eso siempre.

-Ay, papi.

-Por favor, ven. Cayetano está mal.

-Vale. Perdona. -Ven, rápido.

-¿Te duele el pecho? -Pecho. Mucho.

-Te duele el pecho. Vale. Tranquilo.

-Tranquilo. -¡Aaaay!

-Respira tranquilo. A ver. Déjame un segundo...

-¡Oh! Quiero hablar con mi hijo.

-A ver, por favor, no hable. No hable.

-Un segundo. -Un momento. Ahora le avisamos.

-¡Hay que hacer un ecocardiograma urgente!

-Voy a por él. -Rápido, por favor, Luz.

-Sí, sí, sí. Tranquila.

-Doctora, necesito hablar con mi hijo.

-Tranquilo.

-¡Que llamen a mi hijo, por favor! -Tranquilo.

Le llamamos enseguida. No te preocupes.

-Muy bien.

-Ahora lo importante eres tú. Mírame, respira tranquilo.

Cayetano sufre una pericarditis.

Los análisis han descartado

que sea fruto de una enfermedad de transmisión sexual

o de un proceso reumatológico,

como una espondilitis anquilosante o un lupus.

La evolución del paciente es bastante desconcertante, la verdad.

El equipo de neurocirugía

está realizándole a Carlos

la reparación quirúrgica de la herida por arma blanca,

que ha sufrido en la zona suboccipital.

-La operación ha ido bien.

Lo que tenemos que hacer ahora

es tratar al paciente profilácticamente con antibióticos,

y ver cómo evoluciona durante las siguientes 48 horas.

Porque no ha salido del peligro para nada.

-¿Me puedo sentar? -Sí, claro, Juanjo.

¿Estás bien?

-Sí. Solo... quería pedirte

que no me juzgues

por no haber sido capaz de ayudar a mi vecina.

-Que no, hombre, que no.

Yo no te juzgo.

Ni se me ha pasado por la cabeza.

Además, que seguro que tú hiciste todo lo que estaba en tus manos.

-La verdad es que solamente te he contado la mitad de la historia.

La otra mitad es que me enfrenté a su marido, para ayudarla;

para intentar ayudarla, claro.

-¿Y qué pasó?

-Pues que me pegó un puñetazo en el ojo

y estuve un mes con el ojo morado.

Algo que a Carmen también le había pasado algunas veces.

¿Sabes qué pasa?

Que con esta gente es muy difícil dialogar, Juanjo.

-Bueno, y... ¿Y cómo terminó la historia?

-Pues al final acabé llamando a la policía.

-Bueno. Qué otra cosa podías hacer...

-Sí. Pero... esta vez llamé a la policía porque me habían pegado a mí.

Pero, cuando lo hizo con Carmen, no fui capaz de hacerlo.

-Bueno. Por lo menos ahora ella está tranquila,

sin temor a lo que le pueda hacer su marido.

-Pues... todo solucionado, entonces.

-Sí. Creo que sí. Gracias. -De nada. Ya ves tú.

Cayetano, el paciente que sufre una pericarditis,

se ha recuperado tras agravarse su afección.

Aunque la doctora Ortega

aún no tiene claro qué le está produciendo estos síntomas.

Este crío no contesta.

No tenía que haberlo mandado... a hacerse cargo del trabajo.

-Pero vamos a ver, Cayetano:

¿Tú no eras..., no eras funcionario? Es que no... No entiendo.

No..., no sé.

¿Qué..., qué os traéis entre manos? Dime la verdad.

-Yo no soy funcionario, doctora. ¡Soy cazador!

-¿Cazador? -Sí.

-Pero ¿por qué no me lo has dicho antes?

-Pero ¿qué importancia tiene? ¿Por qué?

-Toda. Tiene toda la importancia, Cayetano. Toda.

Evidentemente, es muy habitual

que la afección de un paciente se haya contraído en el trabajo.

En el caso de Cayetano,

la caza podría estar relacionada con una serie específica de enfermedades.

Tengo una sospecha de lo que puede ser,

y voy a pedir una serología para confirmarlo.

El doctor Dacaret y el neurocirujano

le están retirando la medicación a Carlos:

el paciente al que han sometido

a una reparación de una herida en la nuca.

-El paciente ha comenzado a tener sensación superficial

en el lado izquierdo del cuerpo.

Esto es un claro indicio

de que está recuperando la función del sistema nervioso central.

Así que vamos a retirar la medicación,

para comprobar si puede respirar por sí mismo,

y aunque hay que esperar a ver cómo reacciona,

todo parece indicar que va a recuperarse.

-¿No esperabas mi visita, o qué?

Tranquilo, que no voy a hacerte daño.

Eso es lo que tú querrías.

No sabes cómo te odio.

Ojalá te quedes en una silla de ruedas toda la vida.

Y te tengan que limpiar el culo.

Que te tengan que dar de comer.

Ahora vas a sufrir por lo que has hecho a mi madre.

Todos estos años vas a sufrir ahora.

A mí nunca me puso la mano encima.

Pero desde mi cuarto escuchaba lo que...,

lo que le hacía a mi madre.

Lo que le decía.

Hasta que el otro día, cuando llegué a casa, pues...

Tenía la nariz rota.

Y la tenía con la cabeza en el váter.

Le estaba diciendo de todo.

No pude soportarlo y...

Es que nunca debí dejarle con ese animal.

¿Qué quieres? ¿Pegarme?

No me vas a pegar, ni a mí, ni a nadie.

Porque tú puedes ser mi padre.

Pero yo no soy un cobarde como tú.

Voy a confesar que fui yo quien te apuñaló.

Y con orgullo.

Ojalá te pudras aquí dentro.

Tía. Que voy a comisaría.

Que voy a confesar.

-No hay manera. No hay manera.

-Hola. -Hola.

-¿Qué tal, Cayetano? -Nada, por aquí.

-Mira: Tengo los resultados de la serología.

Y, efectivamente, tal y como sospechaba,

tienes brucelosis.

Ahora Luz te va a poner un tratamiento,

para combatir la enfermedad.

-Eh... ¿Eso de la brucelosis, qué es?

-La brucelosis, o fiebre de Malta,

es una enfermedad infecciosa del ganado caprino, vacuno y porcino.

Que se transmite al hombre por la ingestión de sus productos.

En especial, los derivados lácteos.

Otras vías de infección son:

la respiratoria, por inhalación, la cutánea o conjuntival,

por inoculación.

Lo que necesariamente implica

un contacto directo con los animales infectados.

¿Por qué la..., la caza?

Perdona, ¿eh? Que..., que te pregunte.

Pero es que... es una actividad que no... No he entendido nunca.

-Vamos a ver:

La caza es una de las actividades más antiguas del ser humano. ¿No?

Y... Y tiene un momento muy bonito,

que es la relación que hay entre..., entre el animal y el cazador.

-Ya. Yo, es que...

prefiero las relaciones que no impliquen matar al otro.

-Claro. A usted le gusta comerse el pollo, pero no pensar en matarlo.

-No, Cayetano, no es lo mismo.

Es para com... O sea, es mi opinión, ¿eh? Esto es para comer, y...,

y la caza es, pues por ocio, por..., por divertirse.

-Pero tú al animal lo matas de todas formas.

Sea por necesidad o sea por placer.

-No es comparable.

-No. Para mí no es lo mismo tampoco.

-Ortega. -Sí.

-Te necesitan.

Está de camino una ambulancia que trae a un cazador

con una herida por arma de fuego.

-Vale. Gracias, Marta. Hasta ahora. Eh... Luego volvemos. Tranquilo.

-¿Cómo está?

-Pues ha perdido muchísima sangre, doctora.

-Vale. Avisa a quirófano. Y prepara sangre para transfusión.

-De acuerdo.

-También hay que dar parte a la Policía.

-Sí, sí; yo me encargo.

-Benito. ¡Benito, hijo mío! -¡Señor, señor!

-¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado, Benito?

-Disculpe. Venga, tiene que ir fuera. Venga...

-Benito. Benito, ¿qué es lo que ha pasado?

-Que le acompañe alguien.

Cayetano: Tienes que descansar.

Vuelve a la habitación, por favor.

-Por favor, acompáñeme.

-¡Hijo!

-Cabrera: ¡Hay que llevarle a quirófano ya! ¡Se nos va!

-Sí. -¡Rápido!

-Me han disparado a mi hijo.

¡Algún malnacido le ha pegado un tiro!

Pfff... Como le pase algo, yo... ¡Yo me muero!

Benito, el paciente que llegó con una herida en el hombro,

ha despertado tras su paso por quirófano.

Su padre, Cayetano, se acerca a visitarle.

-¿Cómo estás, niño? -Lo siento, papá. La he cagado.

-Pero... -Perdóname.

-Pero ¿por qué?

-Cuando estábamos en la batida,

uno de los cazadores ha encañonado a un lobo.

-Y era ya el cuarto, papá. Era el cuarto lobo.

Y no sé por qué, me puse delante.

Fue como un reflejo.

-Pues el tío y yo empezamos a discutir,

él se envalentonó, y cuando me quise dar cuenta,

se había disparado la escopeta.

Lo siento, papá.

-No te preocupes.

Llevo ya un tiempo pensando que esto lo vamos a dejar.

Porque es peligroso para ti,

y yo estoy mal y no me puedo hacer cargo. Lo dejamos.

-Sí. -¿Vale?

-Sí.

¿Qué pasa?

-Nada. Nada; que me preocupa...

Me preocupa que esta gente pueda tomar algún tipo de...,

de medida legal contra nosotros.

Pero bueno. Que no pasa nada.

-No pueden, papá. -¿Por qué?

-Me he hecho fotos con ellos posando con lobos.

-No me digas.

-Mm. Si queremos los podemos denunciar.

-¡Este es mi niño! -¡Papá, papá!

-Perdona, perdona, perdona, perdona. Perdóname.

-Oye. Juanjo:

¿Te has enterado de cómo ha acabado la historia de Carlos y su hijo?

-Mmm... Sí.

El chaval va a ir a la cárcel. Y la madre también.

Por encubrirle y por mentir.

La vida y la justicia no siempre van de la mano, ¿sabes?

-Bueno, ¿y qué me dices del padre?

Cuando salga de aquí, le caerá un puro por malos tratos que no veas.

-Ya. ¿Sabes? No...,

no puedo evitar acordarme de Carmen.

-Ya. Bueno: ¿Has hablado con ella?

-Sí, ayer hablé con ella y la verdad es que ahora está muy bien.

-Pues entonces, quédate con eso. -Mm.

-¿Vale? Es lo que tienes que hacer.

Además, ser la víctima de una historia de estas

no tiene que ser muy agradable.

Y para un amigo, tampoco.

Escúchame: Lo que no tienes que hacer es culparte.

Porque hiciste todo lo que está en tu mano. Y ya está.

-Ya. Gracias por tu apoyo.

¿Diego está bien?

Bueno. Ya sé que lo que hizo no tiene excusa.

Pero, en su situación, todo esto es muy difícil de digerir.

-Sí, es complicado.

Le ofrecimos ayuda desde el hospital, pero... Pero se negó a aceptarla.

Y bueno.

Supongo que sabe que en un futuro

tendrá que superar el trauma de alguna manera.

Te agradezco, Dacaret, haber podido hablar de esto tan abiertamente.

-Ya ves tú. Un placer. -Mm.

-Juanjo:

Los amigos son para los buenos momentos,

pero sobre todo, para los malos.

Y escúchame una cosa:

Eso Carmen, tu vecina, estoy seguro de que lo sabe. ¿Vale?

Venga. -Gracias.

-Tiene fractura abierta distal de tibia y peroné con desgarro cutáneo.

-La radiografía confirma una rotura con desplazamiento.

Hay que hacer una reducción del hueso.

Sujetarlo con una placa metálica y una varilla.

-La operación ha ido bien y el pronóstico es bueno.

-Tengo la lengua como dormida.

-¿Puedes abrir un poco? -No.

-¿No puedes abrir más la boca? -No.

-Silvia tiene una fractura de hioides.

Es un hueso, en forma de herradura,

situado en el cuello, debajo de la lengua.

-¿Por qué se ha producido? ¿Por la intubación, o...?

-No, no, no. Esa fractura es del accidente.

Es... un deporte de riesgo.

La cuerda, al dar un tirón, rompería el hueso.

-Te debo una disculpa. -¿Por qué?

-Pues porque tú me avisaste que Lola no era de fiar, y yo no te hice caso.

-De repente me ha dado un pinchazo en el pecho, y...

-Tienes una... cardiopatía hipertrófica;

no podemos descartar nada.

-¿Qué ha pasado?

-El bebé está bien; tranquilo.

-Es el corazón.

-Acabas de proponer en la comisión gestora

que se cierren departamentos para ahorrar costes, ¿no?

-Sí, claro.

-Y sabes que el Departamento de Psicología

va a ser el primero que caiga.

-Estamos juntos, ¿vale? Los tres. Todo va a salir bien.

-¿Sabes quién tiene una entrevista en la Clínica Psicológica CTM?

-Es que no lo entiendo.

Primero te quieres cargar el Departamento de Psicología,

¿y ahora esto, o qué?

FIN

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Centro médico - 21/06/17 (1)

21 jun 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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