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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 19/06/17 (1) - ver ahora
Transcripción completa

-¿Sabes qué pasa? Que...

Que me he enterado

que los jefes de Servicio tienen una lista,

y la están barajando, con gente para expulsarla.

Ya sabes: Lo típico. Una lista negra para echar a gente a la calle.

Pues lo típico, siempre:

los problemas financieros del hospital.

Y me tiene... de cabeza.

-Como estás tan agobiado, si quieres, puedo hablar con Pepa,

que está en la comisión gestora, a ver si me entero de algo.

-¿Sí?

-Sí, claro, no me cuesta nada.

-OK, OK, te lo agradecería muchísimo. De verdad.

-A ver, Mónica:

¿Me quieres explicar cómo ha llegado esto a tus manos?

-Ahora estoy trabajando en un hospital

que está gestionando por este holding.

Y me consta que, como consecuencia de este informe negativo,

han hecho una oferta para ocuparse de la gestión de Centro Médico.

A ver, yo no quiero perjudicar al holding.

Pero... creo que, si os vais a enfrentar a ellos,

como mínimo tenéis que saber a lo que os enfrentáis.

-Álex: Que he hablado con Pepa por fin.

-Ah, ¿sí? Cuéntame: ¿Qué te ha dicho?

-Sí que ha reconocido que las cosas están un poco revueltas.

-Pero me ha dicho que todo el tema de los despidos son rumores.

Rumorología. ¿M?

-Mm. ¿Y tú la has creído?

-Ahí, la verdad es que me pillas.

Porque... Yo pienso que hubiese respondido lo mismo,

tanto si fuese verdad como si no.

-¿Dónde estabas? Escucha:

Me has dado un susto de muerte.

-No te he visto en el aeropuerto.

Y me he tenido que volver en taxi.

Vamos. Que yo también me alegro de verte, ¿eh?

-Tienes que entender que tienes que darme tiempo para organizarme.

Esta situación es muy nueva.

Y además, ¡que tengo mucho trabajo que hacer!

-Ya. Como siempre, el trabajo lo primero.

-Como siempre el trabajo lo primero,

¿qué quiere decir? -Me dejaste tirada. ¿Eh?

A mí, y a mamá. Cuando más lo necesitábamos.

No te voy a perdonar en la vida esto.

-¿... Necesario montar este circo?

-La silla, la silla. -¿Dónde vas con eso?

¡Quita! ¡Puedo andar perfectamente! ¿Quién me atiende?

-Bueno. Tendría que pasar un momentito a la sala de espera,

y ahora mismo le atiende un médico.

-¡Ah! Querida: Sala de espera.

Yo quiero que me atienda alguien ya para poderme ir cuanto antes.

-¿Te quieres calmar, por favor, Rosalía?

-Venga. Vamos. -Perdón, perdón...

-¡Rosaría, por favor!

-Que no, que tengo que volver al teatro, querida.

-Perdón.

A ver... Disculpe. ¡Rosalía! -Buenas, querida.

-¡Rosalía, por favor! -Pero Pepa, ¿y esto?

-Perdona. Es que... he intentado detenerla,

pero es que no he podido. No me ha hecho caso.

-Discúlpela: Es que está un poco nerviosa porque...

Porque mañana tiene el estreno de teatro clásico, y claro.

Ha tenido que...,

que dejar el ensayo general por este pequeño percance que ha tenido.

-¡Qué exagerada eres, Marga!

Percance, no. Ha sido un... dolorcillo de nada en la tripa.

-Sí, un dolorcillo de nada.

¡Pero si has vomitado encima del escenario!

¡Rosalía, por favor! -Y ¡tú qué sabrás lo que me pasa!

Eres mi asistente; no deberías llevarme la contraria.

-A mí esos síntomas que ella ha dicho

no me parece que sean de un dolorcillo de nada.

-¿Ves? -¡Ah!

-Ahí ya te molesta. -¡Ay, sí!

-¿Tienes alguna enfermedad importante?

-Tiene diabetes tipo 1.

-Mm... -Desde hace 20 años.

Y bueno, claro:

Como no sigue muy a rajatabla el tratamiento, pues bueno.

Ha tenido múltiples ingresos por... ce..., cetoa...

-Cetoacidosis diabética. -Eso. Diabética.

-Vale. Pues vamos a hacerle una glucemia digital lo primero, Pepa.

Es fundamental que un diabético tipo 1

siga de forma estricta su tratamiento con inyecciones diarias de insulina.

Además, también debe comprobar los niveles de azúcar en sangre

ajustarse a un plan de comidas,

y realizar actividad física de forma habitual.

-Mira, Marta. Escúchame. He estado pensando. ¿Vale?

Y creo que no me parece muy buena idea

que hagas una fiesta en casa de tu amiga,

y sin que haya ningún..., ningún adulto. Es que no me parece bien.

Tran... Tranquila. Mira:

He estado pensando también que... Bueno. Que la podemos hacer en casa.

¿Vale? Y así estoy yo y... Y...

Marta... Marta, dime que estás ahí.

Que me ha colgado.

A ver. A ver si me ayudas, Palacio:

¿Tú dejarías que tu hija fuera a una fiesta

donde no hay supervisión de adultos,

y..., y que no sabes lo que puede pasar allí?

-¿Y por qué no? -Pues hombre.

Porque Marta acaba de pasar por una situación complicada.

Ha perdido a su madre y... Y ahora está desorientada,

está perdida, y ella, pues...

-Y no te fías de ella, ¿no? -Pues no. No me fío de ella.

Y me gustaría mucho más que la fiesta fuera en mi casa,

con mis reglas, con mi supervisión.

-Ya, pero es que una fiesta con tu padre vigilándote,

pues no es una fiesta.

-Ya. Pero a ver, si es que...

Yo no sé hasta qué punto tengo que ponerle límites. ¿Vale?

Yo no quiero ser un padre carca,

pero tampoco quiero que esto sea “ancha es Castilla”,

y que haga lo que quiera la niña. ¡Porque no puede ser!

-Pero tranquilízate, que no pasa nada.

-Espérate. A menos de que me ponga en contacto

con alguno de los padres de las amigas de Marta,

y que se pasen por la casa de vez en cuando para...

Para controlar un poco. ¿No?

-Pero vamos a ver. Que es una fiesta. Que no es para tanto.

-¿Que no es para tanto, dices?

Marta. Deja que te haga una pregunta:

¿Tú eres madre? -No.

-Vale. Y entonces, ¿de qué me estás hablando?

-Doctora: Es... Es cierto que..., que no me cuido mucho.

Pero que no es por gusto. Es porque no tengo tiempo.

Tengo mucho trabajo,

y no puedo dedicarle a estar pendiente de...,

de los medicamentos.

Usted me entenderá porque su profesión es vocacional, como la mía.

Así que le agradecería que me diera algo para el dolor,

así, rápido, para volver a..., al teatro.

Los actores... nunca abandonan el escenario.

-Ya. ¿El dolor ha empezado de repente, o llevas días con él?

-No. Llevo... unos diez días. -Sí, diez días.

-Con dolor de tripa. -¿Y fiebre has tenido?

-No... -Alguna tiritona... Diarrea.

-Aparte es que, con la diarrea,

la verdad es que tampoco ha comido demasiado.

-¡Y tú qué sabrás!

-¿Cómo tiene el azúcar? -263.

-Lo tienes alto.

Vamos a hacerle una gaso venosa también, por favor.

-Tu nombre era... Es que, bueno: No nos hemos podido presentar, claro.

¿Cómo te llamas? -Rosalía Reigades.

-Vale. Rosalía: Échame el aliento, por favor.

-¿El aliento? ¡Qué valor!

-Vamos, Rosalía.

-Una glucemia alta significa que el azúcar está descompensado.

Y esto, unido a los antecedentes de Rosa,

me hace pensar que tiene otra cetoacidosis diabética.

Sin embargo, cuando ella me ha echado el aliento, no olía a manzana,

como suele ser lo habitual en estos casos.

Así que lo que voy a hacer es pedir algunas pruebas complementarias.

Para confirmar el diagnóstico y descartar otras afecciones,

hacen a Rosalía, la paciente con dolor abdominal

y el azúcar descompensado,

una analítica completa de sangre y orina, y una radiografía de tórax.

-Gustavo Campos llega al hospital en ambulancia.

Estaba en un restaurante con su hijo Roberto

cuando se ha desmayado.

-Vale. A Reanimación.

-Sí, sí. Gustavo es mi padre.

Siempre le llamo por el nombre de pila.

No nos vemos mucho,

y hoy habíamos quedado para comer, bueno.

Porque mi madre murió hace unos meses, de...,

de cáncer, y estábamos discutiendo qué hacer con...,

con la casa que nos dejó en herencia. Y bueno:

Se ha desmayado. Entonces, he tenido que llamar a la ambulancia.

-Tiene las constantes vitales conservadas.

-Vale. -¿Qué pasa?

-Hola, Gustavo. -Pero ¿por qué estoy en un hospital?

-Tranquilo. Sufrió un desmayo. ¿De acuerdo?

Y su hijo llamó a la ambulancia, y le trajeron hacia aquí.

-¿Mi hijo? -Sí.

-Me alegro. Es que, conociéndolo...

-Lo normal es que me hubiese dejado tirado.

Mi hijo y yo nunca hemos tenido mucha relación.

Reconozco que siempre he estado absorbido por mi trabajo.

Y él nunca me lo ha perdonado.

Cuando cumplió la mayoría de edad se fue de casa.

Y ahora, como ha muerto su madre,

pues nuestra relación es más distante, si cabe.

-Luz: Está orientado y consciente. ¿De acuerdo?

En principio, no hay ningún problema neurológico.

No tiene síntomas cardiovasculares ni respiratorios. ¿Vale?

-¿Qué tal la glucemia? -Pues... la tiene bastante baja.

-Mm... De acuerdo.

Gustavo: La glucemia está bastante baja.

Puede haber sido la causa del desmayo. ¿De acuerdo?

Lo que vamos a hacer ahora es un electrocardiograma

y una analítica. ¿Vale?

-Muy bien. Ay, ¿y mi hijo? -Está fuera, esperando.

-¿Seguro? -Sí.

-¿Seguro que sigue ahí? -Sí. Sí, claro.

-No se habrá ido... -No, no.

-Si sigo aquí es porque quiero solucionar el tema de la casa

de una vez por todas.

Mi padre quiere venderla; y no entiendo el motivo.

Porque se supone que tiene que tener suficientes ahorros para...,

para estar tranquilo toda la vida.

Y no iba a deshacerme de la casa donde mi madre me crio.

Si borramos sus recuerdos, ¿qué nos queda?

-Ah... Plástico. -¡Bueno! ¡Qué guapa te han puesto!

-Sí, el azul siempre me ha favorecido.

-Pero no hay peluquería ni nada.

-Bueno. Acabo de hablar con el empresario de la obra.

Dice que tienes todo su apoyo,

que no te tienes que preocupar por nada.

-Qué majo. -Y bueno:

Vamos a suspender hasta que te recuperes. ¿De acuerdo?

-Mal. Mal, porque vamos a empezar con mala prensa.

¿Eh? No me hace ni pizca de gracia que...,

que tengamos que suspender.

-Rosalía, es por tu propio bien. ¿No lo ves?

-¡Ay! Que yo estoy bien. ¡Que es que yo estoy bien!

Yo le voy a decir a la doctora que me dé algo y nos vamos.

Venga. -¿Y esto? ¿Qué es esto, Rosalía?

-Ay, pues esto es un tentempié. Un tentempié para..., para luego.

-¿Un tentempié? Pero ¿te ibas a comer eso?

-¡Es que no me lo puedo creer! De verdad,

te tienes que cuidar la diabetes.

¿Cuántas veces te lo he dicho? ¿Eh? Cuidarte la alimentación, el peso...

¿Qué no lo entiendes, que es por tu salud?

-¡Ay, vale ya! ¡No seas tan pesada!

¡Deja de darme la brasa, que eres mi asistente, no mi madre!

-¡Te lo estoy diciendo como amiga, Rosalía!

-¡Es que me da igual! ¡Que me da igual estar gorda!

-Perfecto. Ah, ¿sí? ¡Muy bien!

-¿Vale? Sí. Porque gracias a eso, ¿eh?, tengo mucho trabajo.

Y no me falta. ¿Eh? Como a otras. ¿Eh?

¡Ah, y es más!

Entre otras cosas, puedo pagar el sueldo tuyo.

-¡Muy bien!

-De asistente. -¿Sí?

-Así que deberías alegrarte de mi gordura...

-Y no ponerte tan pesada y dejarme en paz.

-Muy bien, perfecto.

Me voy a tomar un café. -Pues vete a tomar un café.

-Pero volveré, ¿eh?

-Aquí te espero. ¡Si no me dejan moverme!

-¿Un café? Una tila es lo que necesito.

Es que de verdad, ¿eh?

Hay veces que..., que pienso que..., que no sé.

Que cualquier trabajo sería mejor que este.

Pero cualquiera, ¿eh?

Lo que me echen.

De verdad, es que cada vez la aguanto menos.

-Tenemos los resultados. ¿Quieres pasar?

-Sí, claro. -¿Sí?

-¿Te encuentras bien? -Sí. Todo bien.

-Hola. -Buenas.

-Rosalía, ya tengo los resultados de las pruebas,

y confirman que has tenido otra cetoacidosis diabética.

Muy probablemente, desencadenada por una infección pulmonar.

-Bueno, pues ya está, ¿no?

Ya sabemos lo que tengo, me puedo ir a casa.

-No, no. No te puedes ir a casa, ya decido yo cuándo te doy el alta.

No te puedes ir.

-Pero es que yo estoy bien. -Eh... Rosalía:

Lo que tienes es grave, y tienes que ser consciente.

Y sobre todo, tienes que hacer caso a los médicos.

Es que, si no, te va a pasar como...,

como a esos actores que se mueren en el escenario.

No quieres, ¿no?

-Ay... No, no. Eso no, eso no.

Mire, doctora: Usted es la que entiende.

Así que, si usted considera que me tengo que quedar ingresada,

me quedo ingresada.

-Estupendo.

Vamos a ponerle, en principio, suero con insulina,

un antibiótico de amplio espectro, y hay que sacarle hemocultivos.

-Vale.

-Para ver qué bacteria está provocando la infección.

-Estás contenta, ¿no?

Después de realizarle un electrocardiograma

y una analítica a Gustavo,

el doctor Dacaret recibe los resultados de las pruebas.

-Dacaret. -Hola.

Los niveles de potasio en sangre de Gustavo son más bajos de lo normal.

Esto puede querer decir que es una sudoración excesiva,

o bien, que tiene un trastorno alimenticio.

Por otro lado, el nivel de glucosa baja

ha provocado que el cerebro diera una señal de aviso,

poniéndose en standby y provocando una lipotimia.

Tendremos que ingresar al paciente.

-Entonces ¿por qué quieres vender la casa, si no es por dinero?

-No todas las decisiones

tienen que estar basadas en criterios económicos, ¿no?

-Ah, ¿no? ¿Entonces por qué es?

-Pues para empezar de cero, y sumar calidad de vida, por ejemplo.

-Por eso tienes que borrar los recuerdos de mamá del mapa, ¿no?

-Hola. -Hola.

-Hola. -¿Qué tal, Gustavo?

-No, ahora no puede abrir la boca. Además hoy no ha probado bocado.

Lleva varios días sin comer, y no puede hablar.

-Ya. ¿Y cuántos días hace exactamente que está así tu padre?

-No lo sé, lleva un tiempo así. No lo sé.

-Todo ha empezado después de la prejubilación.

-Es como una descarga eléctrica. Es insoportable.

-A ver, a ver. Tranquilo.

Existe un nervio en la zona de la mandíbula,

que percibe y recoge la sensibilidad táctil

de la piel en la cara.

Este se llama trigémino.

Así que cabe la posibilidad de que Gustavo esté sufriendo una neuralgia.

-Esto, a veces, me empieza espontáneamente;

otras veces se activa con el movimiento.

-Al masticar, al cepillarme los dientes, al afeitarme...

Por eso son cosas que, siempre que puedo, las evito.

De ahí que tenga barba y haya adelgazado.

Esto... Esto me está afectando a mi vida.

-Ya. Eh... Gustavo:

¿Cómo describiría el dolor que siente, del cero al diez?

-Un nueve.

-Un nueve. Vale. ¿Y estás tomando analgésicos?

-Sí. Sí, pero vamos: Como si nada, ¿eh?

-Bueno. Igualmente intentaremos reducir el..., el dolor. ¿De acuerdo?

Le damos analgésicos, ansiolíticos y suero glucosado intravenoso.

Para confirmar el diagnóstico de la neuralgia de trigémino,

se valoran los criterios de la International Health Society;

para lo que se entrevista al paciente.

Este dolor que siente, ¿normalmente dura menos de dos minutos?

-Sí, menos.

-¿Sí? Vale, bueno.

Por lo que me ha contado,

parece que está relacionado con los factores desencadenantes.

Porque te duele al cepillarte los dientes,

intuyo que al lavarte la cara, al afeitarte...

-Sí. -Incluso al hablar.

Y el tipo de dolor que sientes, ¿cómo lo describirías?

¿Como intenso, agudo, punzante, superficial...?

-De todo menos superficial.

-Si usted también respondería que sí a una o a varias de estas preguntas,

vaya al médico.

Porque es posible que esté sufriendo una neuralgia.

-Perdona. ¿Cuáles son las causas de la enfermedad?

-Bueno. Normalmente,

la neuralgia de trigémino

está causada porque un vaso sanguíneo comprime un nervio.

Y lo que provoca es el desgaste del revestimiento del mismo nervio,

provocando el dolor.

-Bueno. -¿Alguna pregunta?

-No. -Bueno. Luego os veo.

¡Silvia! Ven.

¿Puedo hablar contigo un momento? -Sí, claro.

-Mira: Ayer cuando viniste a preguntarme sobre los despidos,

no te conté todo.

Entonces: Hay un holding inmobiliario

que está amenazando con comprar el hospital.

Y eso va a traer como consecuencia los despidos que tú me mencionaste.

-Pero ¿lo estás diciendo en serio? -Sí. Entonces,

¿tú crees que tú podrías hacer una contraoferta,

para solventar esta situación?

-Pero Pepa, ¿cómo voy a hacer yo una contraoferta?

-Tú eres la única persona que tiene una posición económica

como para hacerla.

-Ah... Pero ¿te estás refiriendo a la fundación?

-Sí. Sí, me estoy refiriendo a eso.

Pero... Pero piensa en la cantidad de puestos de trabajo

que podemos salvar.

-Ya, Pepa. Pero es que ese dinero es como si no fuera mío.

Ese dinero me lo dejó mi padre para destinarlo a lo que él deseaba.

Que es luchar por el avance de la medicina.

-Ya. Lo entiendo. Lo sé; lo he pensado. Pero...

Piénsalo, por favor. Valóralo.

Ya sé que la fundación es importante.

Pero... Pero piensa en la gestión del hospital y en los puestos de trabajo.

Piénsalo, por favor.

-Doctora. ¡Doctora, doctora, doctora!

Doctora: Rosalía está muy mal.

¡Se está ahogando, por favor! -Venga, vamos.

-Pepa, se está ahogando.

Llama a un celador para llevarla a Rea, por favor.

Rosalía: Tranquila. -Rosalía, calma.

-Que no, Marta. Escúchame:

Hemos tenido esta conversación 1500 veces. ¿Vale?

Que no... ¡Oye, Marta! Por favor, esc...

Que no. A ver. ¿Me oyes? Mar... ¡Marta!

Que me ha colgado.

-Te ha colgado, ¿no? -Sí, me ha colgado.

Oye: Gracias por recoger este desastre.

-Nada. -Es que no conoces a esta niña, ¿eh?

Cuando se le mete una idea en la cabeza,

va, va allí, como un burro, y no para.

¿Sabes qué le he dicho? Que la voy a encadenar alrededor.

¿Y sabes qué me responde?

Que si hago eso, me denuncia por malos tratos.

-Tendría razón. -Tendría razón, ¿eh? Es verdad.

Oye: Eh... Perdóname por lo de antes. ¿Vale?

Que me he puesto un poco nervioso, y no pretendía ofenderte.

-No te preocupes. Es evidente que estás un poquito estresado.

-Sí. Sí, estoy un poquito estresado.

Pero ¿sabes qué es lo peor?

Que me la imagino: en su habitación, y saltando por la ventana,

y escapándose y yendo a la maldita fiesta.

Porque es lo que ella quiere. ¡Ir a la fiesta!

-A ver: ¿Quieres que hagamos una cosa?

Intento hablar con ella. Solo un intento.

-¿Hablar con mi hija? -Sí.

-Pues mira, sí.

Porque no se me ocurre otra cosa... O sea que...

Oye: Tengo que irme a trabajar. ¿Vale?

-Vale. Te... Es... Sí.

-Gracias. -Nada.

-Rosalía. Rosalía, no. Rosalía,

tienes que dejarte poner la ventilación.

Mira... ¡Que es una urgencia! -Suelta, por favor, Rosalía.

No, no, no, tranquilízate, por favor. -Venga. Yo la sujeto por aquí.

Venga, Pepa.

-Rosalía: Mírame. Mírame a los ojos. Mírame a los ojos. Mírame a los ojos.

Respira despacio. Tranquila. Respira despacio.

-Vamos. Ahora, ahora. Pónsela ahora.

-Respira, mírame. A ver, respira... Ahí.

Venga. Respira, respira, respira. Tranquila, ya está, ya está, ya está,

ya está. Ya está. Respira... Ya está, ¿eh? Ya está.

¿Mejor? Venga: Respira... -Respira despacio.

-Despacio y profundo. Venga. Suelta, coge aire, despacio...

Al final, hemos conseguido aplicarle el oxígeno

con el dispositivo de ventilación mecánica no invasiva,

Rosa ha comenzado a respirar con normalidad,

y por fin, ha cesado la tos.

-Sí. -Disculpa. ¿Se puede?

-Sí, claro. Pasa. Siéntate.

-Vale. -Dime.

-Nada. Que te... Te quería hacer una pregunta.

-Es que es sobre la supuesta enfermedad de Gustavo.

-De... tu padre, quieres decir.

-Sí. No, a ver, na..., nada.

Que me... Me parece raro que todo empezara con la prejubilación y...

que se agrave ahora, con la muerte de mi madre.

-Vale, un momento. ¿Qué quieres decirme exactamente?

-Pues..., pues eso:

Que a lo mejor lo que... Lo que quiere es llamar la atención. No sé.

Que le demos un poquito más de..., de cariño... Vamos:

Cosa que él no supo dar, claro.

-Eh... Mira, Roberto:

Lo que dices no carece de sentido. ¿Vale?

Pero me acabo de documentar sobre la neuralgia de trigémino,

y resulta que no es una enfermedad psicosomática.

Así que yo lo que te recomendaría es que saques a tu padre de casa.

Que vayas al parque a pasear, que...,

que le invites a cenar a un restaurante... En definitiva:

Que le saques por ahí. Que le distraigas. ¿Vale?

Porque así los pinchazos pasarán más desapercibidos.

Y a él le irá muy bien.

¿Qué tal se encuentra ahora, por cierto?

Roberto: Que qué tal se encuentra tu padre.

-Bien. Bien, imagino. -¿Imaginas?

-Bueno, al menos ahora le han quitado el aparato ese.

Bueno, no se lo van a tener que volver a poner, ¿no?

Ya. Pero si yo ya sé que le va a sentar mal.

Pero es por su propio bien.

No, ahora su salud es lo más importante.

Ya, ya.

Vale. Venga, adiós.

-¿Qué es lo que me va a sentar mal?

-He estado hablando con el empresario.

Y le he contado que...,

que vas a tardar un poquito más en..., en estar mejor.

Y me ha dicho que va a tener que poner a una sustituta para la obra.

-Pero ¡a ti quién te manda que hables con el empresario!

-Es por tu propio bien, Rosalía.

-¿Y para qué le dices que estoy tan mal?

Por tu culpa me he quedado sin trabajo.

-¡Pero si vas a poder volver cuando estés mejor!

No te preocupes. O vas a encontrar otro trabajo;

no pasa nada. Ahora tu salud es lo más importante.

Tienes que... Que cuidarte, llevar una alimentación saludable,

adelgazar un poco, Rosalía.

-¿Y para qué quieres que adelgace, eh?

¿Para que me pase como a ti?

Pasas ahí el día metida en el gimnasio;

no te llaman de ningún sitio.

-Bueno: Tampoco hace falta que me recuerdes que soy una fracasada, ¿eh?

-Te molesta, ¿eh?

Te molesta que me meta en tu vida.

Pues yo tampoco necesito que te metas en la mía.

-Pues tú me estás pagando para que lo haga.

-Pues igual es mejor dejar de hacerlo.

-¿Me estás despidiendo? -No sé, tú sabrás.

-Pues no sabes el peso que me quitas de encima.

Después del tratamiento analgésico

que el doctor Dacaret pautó a Gustavo,

este se encuentra mucho mejor.

-¿Estás mejor, con el analgésico?

-Bueno... -Bueno, ¿qué?

-Sí. -Un poco mejor, ¿no?

-Sí. -Escúchame:

Poco más podemos hacer nosotros.

Así que te vamos a dar el alta,

y te voy a dar unos fármacos anticomiciales. ¿De acuerdo?

-Bueno, pues haré un esfuerzo para abrir la boca y podré tomármelos.

-Espero que lo hagas, ¿vale?

Escúchame: Tendrás que empezar con 200 miligramos,

y tendrás que llegar hasta 800 miligramos. ¿Vale?

-Muy bien. Muy bien.

-También vamos a programar un TAC

para descartar causas neurológicas que hayan dado pie a la neuralgia.

-Pero... ¿Un tumor, por ejemplo?

-¿Eh? No, no, no. Nadie está hablando de un tumor. Tranquilo.

Es simplemente para descartar. ¿De acuerdo?

Poco tiempo después de su primera crisis,

Rosalía Reigades empeora presentando delirios y fiebre alta.

-38 y medio. ¿Cómo lo ves? -Pues no lo entiendo.

Hay que pedirle una nueva analítica de sangre,

Pepa, por favor, y una placa de tórax.

Mira: Me voy a pasar antes por el laboratorio,

a ver si están los resultados de los hemocultivos. ¿Vale?

-Venga. -Y luego vengo a hacerle esto.

-Gracias, Pepa. Pepa:

Que al final me he podido acercar yo también.

-Ah, ¿sí? Ah, pues mira. Estos son, justamente.

A juzgar por tu cara, la cosa no va bien.

-Míralo tú misma.

La glucemia y los leucocitos han aumentado,

al igual que la acidosis.

Y esto lo que quiere decir

es que ni los antibióticos ni la insulina están funcionando.

Y no lo entiendo.

Y aquí están los resultados de los hemocultivos.

Y lo que tiene es una Pseudomonas aeruginosa.

Bueno: Al menos ya sabemos qué está provocando la infección.

Esta bacteria suele afectar a los pulmones,

y causar neumonías

que precisen ventilación mecánica no invasiva para superarla,

como le ha ocurrido a Rosa.

Pero ahora que por fin sabemos a lo que nos enfrentamos,

podremos ponerle un antibiótico específico para erradicarla.

-Silvia: Mm... ¿Te has pensado eso que te comenté, de la contraoferta,

para hacerte cargo del hospital?

-Pepa: Sí que me lo he pensado, pero...

Es que es una situación muy complicada para mí.

Tú entiende que mi padre me dejó el dinero

para algo muy concreto. ¿Vale?

Yo también entiendo la situación,

pero... Necesito más tiempo.

-Ya. Pero tú piensa que nosotros tampoco tenemos tiempo.

Mira: Si dependiese de mí, yo no lo dudaría ni un segundo.

-Muy bien. Me lo pensaré.

-Vale. Gracias.

-Bueno, Gustavo. Cuídate mucho. ¿De acuerdo?

-Gracias; lo haré.

-Que vaya muy bien. Hasta luego. -Hasta luego.

-Marta: ¿Has hablado con mi hija?

Al día siguiente, Rosalía Reigades empieza a sufrir convulsiones.

Y para controlarlas,

la doctora Marco le pauta benzodiazepina intravenosa

y antiepilépticos.

-Pepa: Trae diazepam. Que está convulsionando; venga.

Hay que ponerlo intravenoso.

Una vez hemos logrado estabilizar a Rosa,

he solicitado una nueva analítica y un TAC cerebral.

Porque tenía la sospecha de que se estuviese acumulando líquido

en el cerebro;

a causa de la cetoacidosis diabética.

Y efectivamente, el TAC ha confirmado que Rosa tiene un edema cerebral

por acumulación de líquido.

Ahora, para reducir el edema, le he pautado dexametasona.

Sin embargo, algo no encaja.

Porque aunque en la última analítica

los niveles de azúcar se han normalizado,

Rosa no termina de mejorar.

Y eso es porque hay algo que se nos está escapando.

-Perdone: ¿Algún médico, por favor? -Sí.

-Es que he traído a un cliente. -¡La camilla, rápido!

-He traído a un cliente y está muy malamente, ¿eh?

-¿Qué ha pasado? -Pues no lo sé.

-¡Una camilla! -Estaba como... Está como asfixiado.

No sé. Se ha metido unas pastillas ahí, en el bolsillo,

y un papel. -¿Aquí?

-Sí, ahí, ahí, ahí. -Vale.

-Espere: ¿Le ayudo? -Venga. Le subimos...

-Venga, vamos... Tranquilo.

-Eso es; vamos... Venga. Arriba...

Muchas gracias. -De nada.

-Venga. A Reanimación.

Hay que darle salbutamol e hidrocortisona. ¿De acuerdo?

-Muy bien.

-Gustavo ha empezado a sentir síntomas de ahogo

cuando estaba en su casa.

Rápidamente ha cogido un taxi para acudir al hospital.

-Venga, adentro. Eso es. -Venga, a la de tres...

-Venga, vamos allá... -Una, dos, y tres.

-Muy bien. Perfecto. Luz: El ambú. Rápido.

-Vamos. -Vale...

-Pepa. Pepa. -Sí.

-¿Cómo..., cómo está Rosalía?

-Pero ¿y tú por qué no estás con ella?

-Bueno, porque... Porque me ha despedido.

Esta, es que claro:

Esta tiene un carácter, también.

Pero bueno, ¿cómo..., cómo está?

¿Cómo..., cómo se encuentra?

-Pues sigue estando grave, la verdad. -Sí, ¿eh?

-Es que mira que se lo tengo dicho, que se tiene que cuidar.

Que es por su propio bien.

Pero es que no me hace caso. Pero es que encima me miente, ¿eh?

-¿Cómo que te miente? -Que me miente; que me miente.

Que... mira, por ejemplo,

el otro día. Me dijo que tenía el ensayo final de su obra...

-Y resulta que al final me enteré

que se había ido a comer una mariscada con el empresario

de..., de la obra.

-Espera, espera un momento. ¿Una mariscada?

-Esto tiene que saberlo la doctora Marco. Ven, acompáñame.

-Sí, sí, sí, acompáñame. -Vamos. Vamos, vamos.

-Al enterarme de que Rosa se había comido una mariscada,

todo ha empezado a cuadrar.

Como no mejoraba,

estaba planteándome que hubiese podido consumir drogas, o tóxicos,

pero lo del marisco lo aclara todo.

Ha sido un ataque de gota.

Rosalía: Marga me ha confirmado

que tú ya habías tenido varios ataques de gota antes.

-¿Y por qué no me dijiste nada cuando te hice la historia clínica?

-No sé; se me olvidó.

Tampoco pensaba que fuera importante.

Se me alivia rápido con los medicamentos.

-Y después de la mariscada tuviste dolor, claro.

-Y tomaste colchicina para el dolor.

-Sí. Tomé varios comprimidos de esos. Me fueron fenomenal.

-Sí, pero ¿cómo que varios comprimidos?

Especifica un poco, por favor. ¿Cuántos comprimidos?

-En los últimos días habré tomado unos..., unos 40 comprimidos.

-¿40 comprimidos?

Un consumo de colchicina por encima de diez miligramos

se considera dosis tóxica. O incluso mortal.

Rosalía se ha tomado 40 comprimidos de este medicamento.

Lo que supone que ha ingerido 20 miligramos:

el doble de la dosis considerada peligrosa.

Por suerte hemos llegado a tiempo al diagnóstico y vamos a poder tratarla.

-Bueno, Luz: Muy buen trabajo, ¿vale?

-Después del masaje está mejor, ¿eh?

Y el salbutamol y la hidrocortisona están funcionando perfectamente.

Así que, de verdad: Gracias. ¿Vale? -Nada, ya ves.

-Gustavo: Ha sufrido un shock anafiláctico.

Ha tenido una reacción alérgica al medicamento que le receté.

Pero no se preocupe, porque está fuera de peligro. ¿De acuerdo?

-Doctor. -Sí.

-¿Puede llamar a mi hijo? -¿A su hijo? Sí. Por supuesto.

-Gustavo ha sido sometido a un TAC craneal que tenía programado,

para descartar cualquier lesión que justifique la neuralgia.

El doctor Dacaret trae los resultados.

-Bueno. A ver, te cuento.

He mirado los resultados del TAC. ¿De acuerdo?

Y no aparece ninguna alteración.

Eso quiere decir que el dolor que sufres

es debido a la neuralgia de trigémino, tal y como sospechaba.

-¿Y qué puedo hacer para controlar las crisis?

-Bueno, pues esperemos que el tratamiento funcione

a medio-largo plazo.

Tenemos que tener paciencia porque puede que veas una evolución,

en unas semanas o incluso..., incluso meses.

-Por otro lado, vamos a cambiarte también el medicamento. ¿Vale?

Porque no queremos que sufras otro shock

como el que ya sufriste.

Y si este no funciona,

pues lamentablemente tendrás que pasar por quirófano.

-Bueno, pues... Si no queda más remedio...

Entonces, ya, ¿me puedo ir a casa? -Sí. Hasta luego.

-De acuerdo. Hasta luego.

-Gustavo. A ver: ¿Seguro que estás bien?

-Sí, sí. -Mírame. ¿Seguro?

Vale. Bueno: Cualquier cosa que necesites, ya sabes que estoy aquí.

-De acuerdo. -Venga.

La verdad es que en el caso del neuralgia de trigémino,

ni siquiera una cirugía garantiza una solución definitiva al dolor.

Ya que, en el 30 o 40% de los casos, este reaparece.

Al día siguiente, Rosalía se encuentra más recuperada,

y la doctora Marco le da los resultados de sus últimos análisis.

-Estás fenomenal, Rosalía.

De hecho, en los últimos análisis,

lo que se ve es que la bacteria ha desaparecido por completo.

Y eso significa que en breve te daremos el alta, ¡por fin!

-Ay, gracias.

-Por fin. -¡Gracias!

-Pero Rosa, por favor:

Quiero que seas consciente de lo afortunada que eres.

-Porque una intoxicación así tiene un elevado porcentaje de mortalidad.

-Ay, vale. Sí. Soy consciente, doctora. Muchas gracias.

-Bueno. Y cuídate con la diabetes. -Sí.

-No hagas locuras. -Lo haré.

-¿Te vas a portar bien? Bueno. Confío en ti.

-Confíe. -Voy a formalizar el alta.

-Muchas gracias. Ay...

Ah... Mira quién viene. Si sabía yo que ibas a volver.

A ver. Llama al empresario y consígueme una cita.

Que tengo que recuperar mi trabajo.

-¡Vaya! ¿No me habías despedido? -Ay, cómo eres, Marga, de verdad.

Eso fue una discusión sin importancia: un arrebato.

-Que ya me conoces. Que me dan prontos,

pero se me pasa enseguida.

-Ya, pero a mí no. A mí no se me pasa.

-¿Por qué?

-Para mí sí que tuvo importancia esa discusión.

Mira, Rosalía:

Yo he venido aquí porque eres mi amiga. ¿M?

Porque me preocupo por ti.

Pero no voy a volver a ser tu asistente.

-Ay... Mira, Marga: No te entiendo.

Si es por un tema económico... -Que no.

-Que yo te subo el sueldo. Que te pago más.

-No tiene nada que ver con el dinero. No tiene nada que ver con el dinero.

-Pues entonces... -¿Me puedo sentar?

-Siéntate. -Mira: Mm...

Yo te agradezco mucho que me dieras este trabajo, ¿m?

Pero creo que este trabajo es justamente el problema.

Yo quiero ser actriz, Rosalía.

Y me da igual si no lo consigo, pero lo quiero volver a intentar.

-Pero... Pero a ver. Que es que yo te necesito. Que...

-Que tú tienes que estar conmigo. Que no me puedes dejar.

Porque es que...

-Para hacer lo que te da la gana, no necesitas un asistente.

-Ay, que no, que eso no va a seguir siendo así.

Que... Que me voy a cuidar. -Ah, ¿sí?

-Que me voy a cuidar. Sí. Que esta última crisis me... Me ha asustado.

-Rosalía: No voy a volver a ser tu asistente.

-Disculpa. Perdona que te interrumpa.

¿Se puede? -Pasa.

-A ver... Que te quería preguntar: ¿Cómo..., cómo está Gustavo?

-Bien. Bien; si le he dado el alta hace un rato.

-Ah, vale. -Llámale.

-No, no. Si está bien, ya está. Vale. Gracias.

-Escúchame, Roberto: Eh...

Me ha dado la sensación de que no se quería ir solo.

Además, me ha preguntado varias veces por ti.

-¿Te puedo decir una cosa?

Creo que tu padre necesita que estés un poco por él;

que te preocupes. Aunque sea poca cosa.

-Cuando yo necesitaba un padre, Gustavo nunca estuvo ahí.

Él volvía exhausto del trabajo, y yo era un cero a la izquierda.

Pero ahora parece que se ha dado la vuelta a la tortilla,

y es él el que necesita mi ayuda.

Pero ni siquiera es capaz de pedírmelo directamente.

Porque sabe perfectamente, igual que yo,

que no se lo merece.

-Mira: No creo que valga la pena guardarle rencor a un padre. ¿Vale?

Y además creo que la educación es algo bastante complicado.

-No. ¿Sabes que ha decidido vender la casa que mi madre nos dejó,

sin mi consentimiento?

-No, no lo sabía.

-Le he dicho mil veces que no lo haga.

Pero no: Él quiere su casita en la playa.

Además, no se conforma con el alquiler.

Él quiere un..., una casa en propiedad.

Le he explicado de mil maneras lo que esa casa significa para mí.

Pero a él le da igual. Como siempre.

¿Tú tienes hijos?

-Sí. Sí, tengo una hija adolescente.

-Pues muéstrale todos los días que la quieres. Todos los días.

Yo solo pedía eso: un poquito de cariño.

Pero ahora ya es tarde.

Así que no dejes que te pase lo mismo.

-Tú lo que tienes que hacer es elegir el mejor restaurante del mundo,

Porque te voy a invitar a una mariscada, vamos:

Que ni te lo imaginas.

Escucha: Es que me ha llamado Marta.

Y me ha dicho que ha accedido a venir a mi casa, a hacer la fiesta.

Así que... Que muchas gracias.

-Ay, pero yo pensaba que no..., que no te parecía bien.

-¿Cómo no me va a parecer bien? Si es lo que yo quería.

Estar en casa y... Y estar allí controlando.

-No. A ver.

Es que creo que a Marta se le ha olvidado voluntariamente

comentarte algo.

-¿El qué?

-Pues que ha accedido a hacer la fiesta, pero sin ti.

-¿Cómo? -Sí.

-Pues olvídate de la mariscada.

Y el beso no te lo quito porque no puedo.

-A ver. Piénsalo bien. ¿Vale? Es tu casa.

-A tus vecinos les conoces.

Pues si pasa algo te pueden llamar en un momento dado.

Y quitas el alcohol, y tampoco lo veo tan grave.

-Bueno. Puede que tengas razón. Es mucho mejor que fugarse, ¿no?

-Pues sí, eso creo yo. -Ya.

-Pero vamos: Tú eres el padre, tú decides.

-Lo único que tengo que hacer ahora es elegir un bar

que esté por mi zona, para poder controlar. Porque no...

No me fío un pelo. -Eh... Una cosita.

-Que el beso te lo devuelvo. -¿Eh?

-¿Vale? Toma. Aquí lo tienes. -Mm.

-Pero... con la mariscada, me quedo.

-Vale. Vale. -Venga.

-Marta: Una cosita.

Tú eras de las que hacías sufrir a tus padres, ¿verdad?

-Hasta luego. -Adiós.

-Silvia, Silvia. Silvia.

Perdona. ¿Podemos hablar un momento?

-Pepa, por favor, no me presiones más con el tema.

-Pero de verdad:

¿Qué es lo que te estás pensando? ¿Es que no lo ves?

Es la mejor opción para tomar las riendas del hospital.

A ti todo el mundo te conoce y te respeta.

Y tú también conoces a todo el mundo.

No les vas a dejar en la estacada.

-Pepa, pero ¿tú a quién quieres que salve?

¿Al hospital o al personal del hospital?

-¿Es que acaso no es lo mismo?

-La fundación fue creada para la investigación.

No para salvar puestos de trabajo.

Entonces no vas a hacer ninguna oferta, ¿no?

-No, no voy a hacer ninguna oferta porque la fundación no es una ONG.

-Bien, no te voy a insistir más, vale.

Estás en tu derecho de no hacer ninguna oferta.

Pero piensa: que si los del holding llegan al hospital,

las cosas no se van a quedar en unos cuantos despidos.

Va a ir mucho más.

¿Y has pensado si puede afectar a la fundación de tu padre?

-¿Qué tal? ¿Cómo va la espalda?

-Pff... Pues es que tengo aquí un dolor...

-Huy, espera...

-¿Lo tienes todo listo para el viaje?

-No. Yo creo que en casa podría descansar mejor.

Igual, si le diésemos ya el alta...

-Tu madre no se encuentra en condiciones de irse a casa todavía.

-Cuando tienes 18 años,

no piensas más que en ti mismo; y ya está.

Cuando veo actitudes como la de Álex, se me quitan las ganas de ser padre.

-O sea que alguna vez has tenido ganas de ser padre, ¿no?

-No. No, no Cla... Yo no he dicho eso.

-Oye: Pero ¿qué le..., qué le está pasando?

-Estamos activando el Código Ictus. Sal fuera, por favor.

-Pues nada. Estos últimos días

he estado con una..., con una quemazón en la boca,

que me subía desde el estómago.

-Darío, tengo los resul...

-Lola está en el hospital. Resulta que ahora es voluntaria.

Darío: Los resultados de los análisis

indican que tienes el hígado inflamado.

Darío: Vas a estar en las mejores manos.

-La persona que está detrás de los anónimos y que te sigue es Lola.

-No sé quién me está enviando los anónimos y me quiere meter miedo.

¡Pero desde luego, Lola no es!

¿Quién ha escrito eso?

Esa letra y ese símbolo son los que estaban...

en el anónimo de mi taquilla.

¡No te acerques a mí!

-Vete del hospital.

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Centro médico - 19/06/17 (1)

19 jun 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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