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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 18/12/17 (1) - ver ahora
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-Ya estamos aquí metiendo el dedito en la llaga.

-¿Qué voy a meter el dedo en la llaga? Por favor.

Pero si es que estáis todo el rato Lucía y tú “que si, que si, que...”.

-Vamos a ver, Landó:

Respecto a lo que has escuchado antes en el pasillo, tranquilo, ¿eh?

Que eso ya no tiene importancia.

¿Y qué quieres? ¿Que lo olvide?

Porque creo que sí es importante.

Eh... Landó.

Lo que verdaderamente es importante

es que nos vamos a tener que ver todos los días.

Y a mí, sinceramente, no me apetece nada

que cada vez que tengamos un encontronazo estemos sacando el tema.

Quería terminar la conversación del otro día.

Landó, de verdad. Como te dije los otros días.

No pasa nada. Olvídalo. Escúchame.

Entiendo lo que sientes por Lucía.

De hecho lo entiendo mejor que nadie.

Si alguien sabe lo que significa sentir algo por ella, ese soy yo.

Pero no te lo voy a poner fácil.

¿Y eso qué significa?

Eso significa que haz lo que creas para intentar conquistarla.

Que yo ya sabré lo que tengo que hacer.

Sí, lo pasé genial.

Estuve en mi casa, con mi hijo pequeño, ayudándolo con un examen...

Anda, calla. Que... me coge el móvil,

y resulta que ve una foto tuya y mía...

-Ah, ¿sí?

-Y se pensaba que eras un cantante que hay muy famoso de reggaetón,

y que yo era fan tuya.

-Hombre, yo un cantante de reggaetón, no. Pero perreo como el que más.

-¿Sí? ¿Sabes perrear? -Sí. Perreo, Lucía, que sí.

¡Oye, por favor! ¿Dónde os creéis que estáis?

¿A ti tus supervisores no te enseñaron que esto es un hospital?

¿Que hay que guardar silencio?

Hay pacientes que quieren descansar.

-Perdón, se nos ha ido un poco la voz, sí.

Mari Carmen ha llegado a Urgencias tras sufrir un pequeño mareo.

Le acompaña Marcos: el hijo pequeño del doctor Landó.

¿Estás mejor? -Sí, un poquito mejor.

Marcos, hijo: ¿Qué haces aquí?

-Nada, yo estoy bien, papá.

Es Mari Carmen, que se encuentra un poco mal.

¿Y usted quién es?

Mari Carmen: la profesora de repaso de su hijo.

¿No lo sabía?

Sí, sí, claro. Bueno...

No, la verdad es que no. Bueno. El caso: ¿Qué ocurre?

Pues nada, que estábamos en medio de clase y...

Y de repente le ha dado como un vahído, como un mareo, y se ha caído.

-Estoy fatal.

Ya, bueno. Acompáñeme a Triaje.

Y tú ve a la sala de espera y dile a mamá que estás aquí.

Cuénteme, Carmen: ¿Es la primera vez que le ocurre esto?

Bueno. Últimamente me siento muy fatigada. Así, en general.

Desde hace unas semanas.

Pero es que cada día peor. Mmm...

¿Suele toser mucho?

Ya.

¿Tiene algún otro síntoma que pueda contarme?

Pues he perdido el apetito.

Y... incluso he bajado de peso.

Ya. ¿Hay algún tipo de enfermedad,

de antecedente, que pueda...?

Me... Me trataron una depresión hace ya algún tiempo.

Y tengo una dermatitis atópica.

Me han dado una..., una pomada con corticoide.

Bien.

Y una arritmia cardiaca.

Fibrilación auricular. Crónica. Vaya.

Bueno. La voy a auscultar. ¿De acuerdo?

La fibrilación auricular es de las arritmias más frecuentes,

y las personas que la padecen

multiplican por dos su riesgo de mortalidad.

Por eso, si nota palpitaciones, cansancio, ahogo

o sensación de falta de aire, por favor: acuda a su médico.

Muy bien. Ya hemos terminado.

Bueno, Carmen. Verá. Tiene una frecuencia cardiaca de 120.

¿Eh? Y además es arrítmica.

Luego, por otro lado, también he percibido

poca ventilación pulmonar en la base del pulmón izquierdo.

¿Y eso... qué significa?

Pues esto, hasta que no tengamos más datos,

¿eh?, vamos a hacer algunas pruebas.

Entre otras, le voy a pedir una analítica de sangre

y una radiografía de tórax.

¿De acuerdo? Y ya vamos viendo.

De acuerdo, gracias.

Nada, no se preocupe.

Los síntomas de la paciente podrían tener numerosas explicaciones.

Pero, con los datos que ahora mismo disponemos,

podría tratarse desde una infección respiratoria, o un derrame pleural,

o, en el peor de los casos, un proceso tumoral oculto.

Así que vamos a esperar el resultado de las pruebas.

Ay... ¿Huy? Pero bueno...

-¡Hombre! -Virginio, ¿qué tal estas...?

-¡Marinita! -Perdóname. Estoy un poco resfriada.

¿Te importa que te dé dos besos? -No, no, no, no, no te preocupes.

-¿Qué tal? -Muy bien. ¿Y tú qué tal estás?

-¡Muy bien!

-¡Bueno! ¡Más bien debería preguntar de cuánto estás!

¡Enhorabuena! -Gracias. Ya, de unos cuantos meses.

-¡Ya veo, ya!

Tus padres estarán contentísimos de que van a ser abuelos.

-Mmm... Bueno. Digamos que todavía no..., no lo saben.

Es que, bueno. Tuvimos un percance familiar y...

Y llevo un tiempo sin hablar con ellos.

Pero... -Ya.

Bueno, yo también hace mucho que no les veo, ¿eh?

-Ah, ¿sí? -Sí, sí, sí, sí.

-Y... ¿Y qué tal estás? ¿Estás bien?

-Sí. Sí, sí, sí. He venido a hacerme un..., un control, del azúcar.

Para la diabetes, ya sabes.

-Ah, es verdad, que eras diabético.

-Claro, claro. -Sí, yo también soy diabética. -¡Ah!

-Sí. Pues nada, muy bien.

Ya sabes que los diabéticos tenemos que hacernos siempre los controles.

-Vale, ¿y venías a una de estas consultas? -Sí, sí, sí. Aquí.

-Muy bien.

Pues nada. Aguanta aquí un momentito y ahora saldrán a buscarte.

-Muy bien, pues nada. -¿Vale?

-Encantado de saludarte, Marinita. -Sí, me alegro de verte.

Marinita...

Bueno, cuídate mucho. -Venga.

-Chao. -Igualmente. Y enhorabuena otra vez.

Ya sé que se suele decir que a los de mi edad nos encanta ir al médico,

y pasar el día quejándonos.

Pero yo, ni lo uno ni lo otro.

Ya tengo que estar mal, mal, para venir.

Encima... Esto que me pasa...,

pues uno no se siente cómodo contándoselo a nadie.

Marcos.

¡Marcos!

¡Marcos! ¿Qué?

¡Quita los pies, hombre! ¡Que aquí no se puede estar así!

¡Qué chapas, tronco!

¿Qué haces aquí? ¿Qué?

Que qué haces aquí.

Estoy esperando a que salga mamá, para irme a casa.

Oye. ¿Qué?

Que no sabía que necesitaras una profesora de apoyo.

Pues ya lo sabes.

(CARRASPEA)

¿Qué quieres, papá? ¿Qué música oyes?

¿Qué la música?

Que no les vas a conocer. Es de rock.

¿Quiénes son?

Los Iron Believers.

No sé. No sé. ¿Pero están bien? ¿Molan?

Sí, es el grupo que más me gusta.

De hecho, la semana que viene tocan en Madrid.

Y bueno. Van todos mis colegas a verles.

Pero, como yo no tengo ni un pavo,

pues me tendré que quedar en casa, jugando al PC.

Eh... ¿Qué vale la entrada?

¿La entrada? Una pasta. Como 35 pavos.

Ah, bueno.

Vamos a hacer una cosa.

Para el concierto.

¿Vale?

Estás de coña, ¿no?

No, en serio. Toma. Toma. ¿En serio?

Sí, sí. Papá, muchas gracias, de verdad.

¡Te juro que muchísimas gracias!

Ya verás cómo... se va a poner el Cuco cuando se lo cuente, tío.

¡Madre mía!

Oye, oye, escúchame una cosa.

¿Qué te parece si luego te espero y te llevo a casa con la moto,

y así damos una vuelta?

Vale, vale, sí, sí, perfecto.

Perfecto. ¿Sí?

Sí. Se lo voy a contar a Cuco.

¡Cuco!

¿A que no sabes quién va al concierto?

Pues ¿quién va a ser, tronco? ¡Pues yo!

¡Que me ha soltado mi padre pasta!

¡Claro, tío, claro! ¡Bua, chaval! ¡La que se va a liar!

-Cuénteme, ¿qué le pasa? -Mmm... No es nada. Una tontería.

-¿No le pasa nada?

-Pues mire usted. Yo no soy de quejarme por nimiedades.

-Mmm... ¿Y no me lo va a contar?

-Eh...

-Sí, mire. Yo estoy encantado con recibir su visita

y con estas charlas, pero...

Tengo una lista interminable de pacientes que atender. ¿Sabe?

-Claro, claro.

Lo que pasa es que... Es que he perdido el apetito.

-Mm...

¿Ha adelgazado rápido, últimamente? -No. No.

-¿Ha dejado de comer del todo,

o simplemente es una reducción de ingesta?

-Qué va. ¡Si como como un oso!

¡Ja! ¡Menudos platos gourmet me preparo!

-Ajá.

-Yo siempre me he dedicado a la cocina. ¿Sabe usted?

A mí la cocina me ha traído muchas alegrías.

Primero, mi propio restaurante.

Pequeñito, sí. Pero siempre hasta los topes.

Y la segunda... La segunda se llama Belén.

-A ver si me queda claro.

Tiene usted una pérdida de apetito, pero come como un oso.

¿Me lo explica?

-A lo mejor son ardores... -Ya.

-O la hora de la cena. Es que yo cada día ceno a una hora distinta.

¿Sabe usted? -Claro.

-Mm... Bueno. Mm... No tenía que haber venido.

Perdone. Perdone las molestias.

-¡Hombre, Virginio!

-¡Hola! -Otra vez nos vemos. -Sí.

-¿Qué tal? ¿Ha ido bien la consulta?

-Mm... Pues bien, bien.

-¿Sí? -Sí.

-¿Seguro? ¿Seguro?

-Es que no he estado yo muy a gusto con el médico. Pero bueno.

-Ya. -Es igual.

Si me pongo peor, ya vendré otro día.

-Espera un momento. Pero... Ah, que has estado con Molina.

-Sí, sí.

-¿Y te ha hecho los controles del azúcar?

-Mmm... No. No, no.

-No me lo puedo creer. Bueno, no pasa nada.

Acompáñame. Que te lo hago yo. ¿Vale? -¿Tú?

-Sí, yo. ¿No ves que soy médico? -Sí, claro.

-Venga, vente conmigo. Que esta es mi consulta.

Ahora hablaré yo con..., con el doctor Molina. ¿Vale?

Después de tomarle una muestra de sangre

y a la espera de los resultados,

el doctor Landó le realiza una radiografía de tórax a Mari Carmen.

Según la radiografía que le hemos realizado a Carmen,

se aprecia un derrame pleural en el pulmón izquierdo.

Es decir: la acumulación de líquido entre el tejido que cubre el pulmón

y la cavidad torácica.

Esto posiblemente esté relacionado con su insuficiencia cardiaca.

Perdón. Sí.

Tiene leucocitosis.

Ah. Gracias. Es decir, que hay un proceso infeccioso.

Eh... Mar, por favor: Llevadla a una habitación,

porque se va a quedar ingresada.

Mm... Muy bien. Gracias.

Carmen: La voy a dejar ingresada un tiempo.

Para poder tratar mejor el derrame.

¿Ingresar?

Si yo lo que necesito ingresar es dinero.

¡Que soy autónoma!

Escúcheme: Espero darle el alta muy pronto, ¿eh?

Pero sobre todo es por prevención.

¿De acuerdo? No quiero que su pulmón empeore,

y además esto podría derivar en una insuficiencia respiratoria,

lo cual es bastante más grave.

Además, tenemos que controlar esta arritmia.

¿M? Así que hemos empezado con medicación intravenosa,

y así podemos ir viendo cómo va evolucionando su frecuencia cardiaca

Bueno, pero podré hacer un par de llamadas.

Ya tenía unas clases yo pactadas, de refuerzo.

Sin problema.

A ver, Virginio, cuéntame:

Realmente no vienes por lo del azúcar, ¿verdad?

-No.

Es que no es fácil hablar de esto, y menos a ti.

Lo que pasa es que he perdido el apetito... sexual.

-Ya. -Yo creo que es algo normal.

Porque, con la edad, todo va perdiendo fuerza.

Unas cosas más que otras.

-Hay muchos mitos erróneos sobre el sexo a ciertas edades.

Pero lo cierto es que ni el interés

ni el deseo desaparecen en las personas mayores.

Vamos a ver.

Lo que sí que se puede modificar

es el modo de cómo se ejecuta esa sexualidad.

Pero si uno se encuentra bien de salud y le apetece,

puede disfrutar del sexo a lo largo de todo el ciclo vital de la vida.

-Pues lo que decía: Que en la canción “Por ti”

hay un momento que la batería,

como que rompe, hace: “¡Pa, pa..., pa!”. Y ya. ¡Flipas!

-Marcos: Sube a casa, que tengo que hablar con tu padre.

-Mamá, pero yo ya tengo una edad. Me puedo quedar aquí.

No pasa nada. -¿Qué te he dicho?

Vamos. Chao, rey. Hasta luego.

-¿Le has pagado el concierto?

Sí. ¿Y cómo te has enterado tan pronto?

Porque me ha llamado una madre,

y vamos a controlarlos, a hacer un grupo para controlarlos.

Ya, bueno, ¿y qué problema hay?

Pues que tu hijo no da palo al agua.

Y le había dicho que no puede ir al concierto.

Y una cosa es Ramón, que ya es mayor de edad

y puede hacer lo que le dé la gana,

pero otra cosa es Marcos, que es pequeño y necesita disciplina.

Sí, sí, no, si estoy de acuerdo. Pero...

No sé. Es que Marcos está en edad de hacer cosas con los amigos.

Y... Bueno, y discúlpame,

pero es que no sabía que tú le habías dicho que no.

Así que...

No sé. Tampoco me he saltado ninguna autoridad por tu parte.

Bueno, has tomado una decisión unilateralmente sin contar conmigo.

¿Que he tomado una decisión unilateral,

sin tenerte en cuenta?

¿Cuando justo hoy me entero que mi hijo saca malas notas

y tiene una profesora de apoyo?

¿Y qué querías que hiciera? Pues consultar conmigo.

Que es la educación de mi hijo, y todavía soy su padre.

Vale. Y si saca malas notas, ¿qué harías tú?

Pues ponerle un profesor de apoyo. -¡Pues eso, Ramón! ¡Eso!

Bueno, Lucía. No discutamos más, por favor.

Si es que estamos hablando de lo mismo.

De verdad. Es que... No sé.

Me hacía mucha ilusión ver al chaval tan, tan emocionado

con el tema del concierto. Ya.

Yo lo único que te pido es que, si vas a tomar una decisión,

cuentes conmigo. ¿Vale?

Que yo también voy a intentar contar contigo.Vale.

Y sobre todo, que le digas que no puede ir al concierto.

Porque es que, si no, me va a tomar al pito del sereno.

De acuerdo. -¿Vale?

Venga, pasa un buen día.

-Bueno, y...

Cuéntame. ¿Te..., te has casado? -No, no.

He tenido muchas pretendientes en mi vida.

Pero... ya sabes cómo éramos tu padre y yo.

Que si el espíritu libre, que si perseguir nuestros sueños,

que si cero ataduras... -Ya.

-Lo que pasó es que tu padre conoció a tu madre,

y como son los dos iguales, pues todo bien.

-Hombre, es que yo creo que una cosa

no tiene por qué estar reñida con la otra, ¿no?

Una persona puede ser perfectamente de espíritu libre,

y tener una pareja estable.

-Sí. Lo que pasa que es que yo no he encontrado todavía

con quien sentar la cabeza.

Ya me entiendes. -Ya.

Y... ¿tienes novia...?

-Mmm... Digamos que estamos saliendo.

-Mm... Qué bien.

Y... perdóname que te pregunte esto, Virginio:

¿Habéis mantenido ya relaciones sexuales?

-Mm... (CARRASPEA)

Pues, debido a mi problema, no. -No.

-No. -No. -OK.

Yo, por lo que me cuentas, creo que se trata de un problema psicológico.

Entonces, tenemos muchos psicólogos aquí en el hospital, pero bueno.

Yo tengo especialmente una amiga que se llama Lucía,

que es una psicóloga excelente, es maravillosa,

y si quieres te puedo poner, pues en contacto con ella.

-Esto no es psicológico.

Igual es que no me he explicado bien.

No es que no me apetezca. Es que no puedo.

-Entiendo.

-El soldadito no se me pone firme.

-Ya.

Bueno. Pues mira.

Entonces lo que te ocurre se conoce como una disfunción eréctil.

¿Vale? A ver.

Esto puede ser provocado por diferentes causas,

pero tranquilo, porque sí que se puede tratar.

¿OK?

Lo que voy a hacer es que te voy a realizar unas pruebas,

y si no hay ningún tipo de problema ni contraindicación,

te voy a recetar unas pastillas, que se conocen como sildenafilo,

y quiero que te tomes una media hora antes de...

De mantener la relación sexual. -Ajá.

Mientras está ingresada, la tensión arterial de Mari Carmen

sigue sin normalizarse.

Y su saturación de oxígeno es más baja de lo habitual.

Carmen, con estas gafas nasales irá mejorando esa sensación de ahogo.

¿De acuerdo? Vale, gracias.

Bueno. Y ahora que estamos solos. Hablemos del tema:

¿Qué le parece Marcos?

Hombre. Yo... Yo hago todo lo que puedo.

Mm.

Pero el chico, pues no pone mucho de su parte.

Ya.

Le hace más caso al monopatín que a mí.

¿Al monopatín?

Mm.

Se pasa la vida pensando en el monopatín.

Ah, no sabía.

Bueno.

Es que, a estas edades, los chicos

cambian de amigos, de hobbies..., cada día.

Claro.

A decir verdad, Marcos está siendo mi mayor reto

en los últimos años de docente.

Tiene muchas cualidades y capacidades.

Pero le falta actitud.

Claro, que está el chico en medio de un divorcio.

Y eso...

Hay que darle tiempo.

¿Y usted?

¿Qué tal lleva el divorcio?

Pues le agradezco el interés,

pero no me gusta hablar de este tipo de temas.

Imagino que como cualquier divorciado, supongo.

Le entiendo.

Mis padres también se divorciaron en su momento.

Así que sé muy bien cómo afectan estas situaciones

a todos los miembros de la familia.

Ya.

Bueno. Volviendo al caso médico.

Verá. Vamos a ampliar el estudio,

y le voy a realizar un TAC de tórax

para saber por qué esta mala evolución.

¿De acuerdo?

Y mientras tanto, vamos a seguir con la medicación intravenosa.

Así que voy a ir a prepararlo todo.

Gracias.

Virginio, el paciente diabético que sufría disfunción eréctil,

regresa al hospital con una fuerte presión en el pecho.

A ver, Virginio, cuéntame.

¿Desde cuándo llevas sintiendo el dolor en el pecho?

-Desde hace una hora más o menos.

-¿Una hora? -Sí.

-¿Y qué es lo que estabas haciendo?

-Estaba jugando a la petanca con los amigos del barrio.

-Mm...

-Pero pensé que se me pasaría.

Pero el elefante sigue aquí sentado.

¡Offf!

¡No me estará dando un ataque al corazón!

-Muchas personas que experimentan dolor torácico

de repente sienten mucho temor

porque piensan que están sufriendo un ataque cardiaco.

Pero lo cierto es que esto puede ser provocado por diferentes causas.

Podríamos estar hablando, desde una crisis de ansiedad

hasta tener ardor de estómago.

Por esta razón, no conviene alarmarse de primeras,

pero sí que es aconsejable acudir al médico lo antes posible.

A ver. Tranquilo. Escúchame.

¿Te duele la cabeza o sientes náuseas?

-No. -¿No?

-Vale. Perfecto.

Hola, Paula. Le vamos a tomar la tensión, por favor.

En cualquier caso,

me gustaría hacerte también una radiografía de tórax

y un electrocardiograma.

¿Vale?

Procura respirar con tranquilidad, y ahora no hables.

Virginio no tiene fiebre,

y tampoco es hipotenso, tal y como nos ha comentado él,

aunque ahora mismo sí que presenta la tensión arterial baja.

Por otro lado, hemos visto, en el electrocardiograma,

que está sufriendo un infarto en las caras anterior e inferior

del corazón,

así que necesito realizarle más pruebas

para dar con la causa de lo que le ocurre,

y sobre todo, ponerle un tratamiento adecuado.

Ante la mala evolución de Mari Carmen,

la profesora de repaso de su hijo Marcos,

el doctor Landó ha decidido realizarle un TAC torácico.

Mira. Se aprecian múltiples ganglios inflamados.

Y me preocupan esas adenopatías.

Además, fíjate. En la parte baja, la parte final de los bronquios.

Esos ganglios inflamados me hacen temer por un proceso tumoral.

Aunque también podría tratarse de una simple infección.

Así que, para salir de dudas,

le vamos a realizar a la paciente una fibrobroncoscopia.

Y de este modo, aprovecharemos para hacer una biopsia

de todo lo que encontremos.

Después de someterse a una fibrobroncoscopia,

Mari Carmen recibe la visita del doctor Landó,

que llega para comunicarle los resultados de la biopsia.

Gracias, Mar.

Carmen, ¿Qué tal? ¿Cómo se encuentra?

Un poquito mejor.

¿Sí? Eso es que el tratamiento está haciendo su efecto.

Verá, venía a comentarle los resultados de la biopsia

que le hemos realizado durante la fibrobroncoscopia.

Y hay algo que me llama la atención.

Y es la presencia de eosinófilos y células mononucleares.

Le explico: Este es un tipo de células de la sangre

que están asociadas al sistema inmune.

Y su presencia en el organismo lo que nos indica es que están

combatiendo contra algún tipo de infección.

¿Qué infección?

Pues, en su caso,

una neumonía idiopática intersticial asociada a una bronquiolitis.

Verá.

Vamos a comenzar con un tratamiento

tanto de antibióticos como de corticoides por vía intravenosa,

y yo espero, en un par de días, pues poder darle el alta.

¡Ay, qué bien!

¿Sí? Eso sí, tendrá que seguir con un tratamiento en casa.

Bueno.

¡El caso es seguir con mis clases!

El rollito este de hombre tranquilo y contemplativo

¿te ha funcionado alguna vez?

Relajarse de vez en cuando no viene mal.

Igual deberías probarlo.

Pues no te digo yo que no, ¿eh?

Pero este hospital tiene demasiadas cosas que mejorar,

y a mí me faltan horas para gestionarlo todo.

Así que...

Anda, no exageres.

El hospital va bien.

Y no menosprecies el trabajo de la doctora Romero, ¿m?

¡La doctora Romero!

¿En casa también la llamas así?

¿Sabes?

La respuesta es no.

Pensé que ahora me ibas a confesar

que en casa seguís con el rollito este médico

y que jugáis con el estetoscopio.

No, me refiero a..., a lo del puesto de jefe de Servicio de Oncología.

La respuesta es no.

Ya.

Fíjate por un momento pensé que me ibas a sorprender

y que ibas a aceptar.

Estoy un poquito decepcionado.

No sabes cómo lo siento.

Espero que no te importe. No.

A mí me importa este hospital.

Y este hospital sería mejor si tú fueras jefe de Oncología.

¿Vas a insistir mucho más?

No, no.

Si no supiera reconocer cuándo algo es una pérdida de tiempo,

no sería tan bueno en lo que hago. ¿No te parece?

¿Sin rencores? Sí.

Siempre y cuando me confieses que en casa jugáis con el fonendo.

Anda, tira si tienes tanto trabajo.

Después de constatar por medio de un electrocardiograma

que Virginio ha sufrido un infarto,

la doctora Rey le realiza una radiografía de tórax.

Ah... Oh...

-¡Avisa a una enfermera! ¡Rápido! -Oh...

-Vale, Virginio. ¿Qué pasa? A ver.

Déjame. Déjame ver. Déjame ver, déjame ver.

Vale, tranquilo. Tranquilo. -Ah...

Hemos conseguido reanimar a Virginio, pero la verdad

es que nos hemos llevado un buen susto.

Ahora mismo le estamos trasladando a la UCI para que se recupere,

y en cuanto pueda, me gustaría hablar con él para preguntarle

si realmente estaba jugando a la petanca

cuando le ha comenzado el dolor en el pecho,

ya que... No sé. Hay algo que no me cuadra.

Verás, le he estado llamando un par de veces.

Pero nunca me coge el teléfono.

Además, tengo mucho lío aquí en el hospital, Lucía.

¿De verdad no has podido hablar con tu hijo en todo el día?

Ramón. Yo, por lo que no quiero que vaya a ese concierto

es porque está sacando unas notas pésimas.

Y porque además está con unos amigos que no me gustan nada.

No estudian...

Ya, claro. Y no es momento de darle caprichos.

Pues yo creo que no, sinceramente.

De verdad. Tenías que haberlo visto el otro día

lo contento que se puso cuando le dije que podía ir al concierto.

Pero está bien, está bien, tienes razón.

Hablaré con él y le diré que no puede ir.

Y no sabes cuánto te lo agradezco, de verdad.

Bueno. Me voy. Que he quedado.

¿Has quedado con Cabrera?

Ramón.

Vale. Perdona.

Pásalo bien. Igualmente.

Tras superar la parada cardiorrespiratoria,

Virginio se recupera en la UCI.

-Hola. -Hola.

-¿Qué tal? ¿Cómo te encuentras?

-Bien. Pero... he pasado mucho miedo.

Pensé que no volvería a ver a Belén.

-Ya.

Bueno. Pues no te preocupes por eso, porque no va a suceder.

A ver, Virginio, me gustaría preguntarte una cosa:

¿Tú realmente estabas jugando a la petanca

cuando te comenzó el dolor en el pecho?

-No. -No, ¿verdad?

Habías quedado con Belén, ¿verdad?

-Sí. Habíamos quedado para comer.

Y después Belén me invitó a su casa a tomar un café.

-Ya.

Y ¿tuviste necesidad de tomarte una pastilla de las que te receté, o no?

-Sí.

Pero no fue una pastilla.

Fueron cuatro.

-¿Cómo que cuatro?

-Me tomé la primera pastilla como tú me dijiste, media hora antes,

pero, como no me hacía efecto, me tomé otras tres.

-Virginio, no me lo puedo creer.

Pero tú sabes que lo que has hecho es una auténtica locura, ¿verdad?

A ver, escúchame.

Si yo como médico te receto una pastilla,

es para que te tomes una pastilla, no para que te tomes cuatro.

Mira. No te quiero regañar, ¿vale?

Pero es que...

Que sepas que el ataque cardiaco que has sufrido

ha sido provocado por una sobredosis.

-Si al menos hubiera servido para algo...

-Escúchame. Necesito hacerte un cateterismo.

Y si todo está bien,

te voy a poner un tratamiento y te podrás ir a casa.

-Reconozco que he sido un inconsciente,

y no he pensado en las consecuencias.

Solo quería cumplir con Belén.

-Ya. Sí, si a ver, si yo lo entiendo, Virginio.

Pero que sepas que ese cumplimiento casi te cuesta la vida.

-Nunca he tenido suerte con las mujeres.

Nunca.

No sé qué tengo, que no les gusto.

Pero si ya en el instituto...

las chicas me hacían el vacío.

Solo dos me han hecho caso en la vida.

Una cuando estuve en el servicio militar.

Que digo yo que sería por el uniforme.

Y la otra, Belén: la mujer de mi vida.

-Mira, yo, si me permites,

el mejor consejo que te puedo dar como mujer y como médico

es que seas honesto con ella.

Habla con ella, le dices: “Mira, Belén.

Tengo este problema”.

Y ella lo va a entender, va a saber a qué atenerse,

y seguro que las cosas entre vosotros dos,

pues van a fluir de una manera,

pues mucho más relajada y mucho más tranquila.

-Ya.

Lo principal es que no se debe ocultar nada importante

a las personas que quieres.

-Efectivamente.

-¿Verdad, Marinita?

-Pues sí, tienes razón.

-¿Cómo decías que estaban tus padres?

Tras ser dada de alta, Mari Carmen, la profesora de Marcos,

regresa al hospital tras sufrir algunos cambios drásticos

en su físico.

¡Hola, Carmen! Hola.

A ver, discúlpeme...

¿Este enrojecimiento de la cara?

A ver, déjeme ver los párpados...

Además, los tiene hinchados.

Tiene un edema palpebral bilateral,

¿eh? Esto significa que los líquidos

le están impidiendo abrir los párpados con normalidad.

Y me ha salido vello por la cara,

y estrías en la tripa...

Bueno. Déjeme un momento, por favor...

Vale. A ver, un segundo...

Disculpe...

¿Este cúmulo de grasa en los hombros?

Sí, me lo descubrió...

un alumno de una clase particular, que empezó a llamarme búfalo.

Eh...

Carmen, no habrá sido Marcos.

Verá. Tengo que hacerle alguna prueba más.

Así que le voy a pedir una nueva analítica de sangre.

¿De acuerdo? Ahora vengo.

Señora directora. -Ah, Molina.

Bueno, si quieres que revisemos algo, ahora no es el momento, ¿vale?

Tengo muchas cosas que hacer fuera del hospital.

Bueno, en realidad tengo una vida, fuera del hospital.

-Sí, sí, sí, sé que tienes una vida. Y un marido que no entra en razón.

-Yo ya te dije que no quería el puesto, ¿verdad?

-Sí, me lo dijiste.

Pero no lo entiendo, porque cualquiera mataría por ese puesto.

-Bueno, es que Javier no es cualquiera.

-Sí, lo sé.

Y también sé que a ti te gustaría que hubiera aceptado.

¿O me equivoco?

Ah, mira, qué bien.

Por fin estamos de acuerdo en algo.

Nuestra primera vez.

-Bueno, en realidad no estamos de acuerdo en nada, Molina.

Quiero que sepas que Zapardiel va a continuar siendo el jefe de Servicio,

porque es buen médico y porque es buen jefe. ¿Vale?

-Claro.

¿Sabes qué me fastidia más que tener a un mal médico en mi hospital?

Tener a uno brillante que no quiere explotar su potencial.

Y sé que a ti también te pasa.

Pero bueno. Te dejo,

que... tienes una vida.

El doctor Landó acude a recoger los resultados de las pruebas

que le ha practicado a Mari Carmen.

La nueva analítica realizada a la paciente

nos revela alteraciones a nivel endocrino.

Sus niveles de cortisol basal están demasiado bajos,

lo que implica una insuficiencia suprarrenal.

Estos datos, junto con los valores bajos de otro tipo de hormonas,

también relacionadas con las glándulas suprarrenales,

me hace sospechar en un síndrome de Cushing.

Disculpa.

¿Tienes los niveles de glucosa de esta paciente?

Gracias.

Claro, están elevados.

Podría tratarse, o de una diabetes,

o de un tumor de la hipófisis,

Pero no hay ni rastro de estos valores aquí, en las analíticas.

Los corticoides.

Los corticoides.

¡Los corticoides!

Un exceso de corticoides

es lo que ha provocado el síndrome de Cushing.

Verá: En algunas personas, el exceso de corticoides

hace que la glucosa se descontrole, provocando esta enfermedad.

¿Y qué es eso de Cushing?

Verá. Es un conjunto de síntomas

que se dan en el organismo cuando hay un exceso de cortisol.

¿Eh? También se lo conoce como la hormona del estrés.

De manera natural,

el organismo la genera.

Pero, en su caso concretamente, la causa es exógena.

Es decir: La cortisona que nosotros le pusimos

para paliar y remediar la neumonía

se ha sumado a la que usted ya se estaba aplicando,

con esa crema que se estaba dando para la dermatitis.

Esto ha provocado que la glucosa se dispare,

y ha provocado, precisamente, pues esta enfermedad.

Pero ¿tiene solución? Sí, sí. Claro que tiene solución.

En el momento que vayamos retirando paulatinamente los corticoides,

lo cambiaremos por un nuevo tratamiento,

se encontrará mejor y le podré dar el alta.

Carmen, ¿pasa algo más?

Voy a dejar de dar clase a Marcos.

Ya, de verdad. Yo le ruego mil disculpas.

Me gustaría seguir.

Pero yo no creo que sea ahora la persona más adecuada

para ayudar a su hijo.

Y no me refiero solo a lo académico.

La entiendo perfectamente.

Bueno.

Vamos a seguir con el nuevo tratamiento,

y en la medida que vayamos reduciendo sus niveles de cortisol,

pues se encontrará mucho mejor y la podré mandar a casa.

De acuerdo. Luego la veo.

Gracias.

Hola, papá.

Sí. Sí, ya lo sé, ya sé que hace un montón de tiempo que no hablamos.

No. No, tranquilo. Todo...

Todo bien. ¿Vosotros bien?

Vale.

Que no. Escucha: Es que...

Es que tengo que daros una noticia muy importante y...

¡Bua, tío! ¡Esto va a quedar guapísimo!

¡Métele ahí un poquito de chichía o algo, que se está quedando muerto!

¡Bua, tronco, levanta...! ¡Tío!

¿Tú qué haces aquí?

Eso digo yo.

Qué haces aquí perdiendo el tiempo, en lugar de estar estudiando.

Es que Mari Carmen está en el hospital.

Yo no puedo estudiar sin Mari Carmen.

Escúchame: Mari Carmen ya no es tu profesora,

porque le has faltado al respeto.

Pues hasta luego, chico. ¿Qué quieres que te diga?

Marcos: ¿Me quieres decir qué te pasa?

Que no me pasa nada, papá.

Estoy aquí, con Cuco, pasándomelo bien.

Después de clase, como siempre.

Lo que no sé es qué haces tú aquí.

Marcos. ¿Qué?

No vas a ir al concierto. -¿Cómo? ¿Por qué?

¡Primero, porque no me dijiste que mamá te lo prohibió!

Y después. Has sacado muy malas notas.

Y ese comportamiento que tienes con Mari Carmen,

¿a ti te parece normal?

Papá: Yo a Mari Carmen no le dije absolutamente nada.

Y tú haces siempre todo lo que quieres sin consultarme.

Ni a mí ni a mamá.

¿Y sabes una cosa?

No pienso escuchar a un borracho.

Es un pringao, tío.

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Centro médico - 18/12/17 (1)

18 dic 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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