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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 18/01/19 (1) - ver ahora
Transcripción completa

¿Sabes, Ainhoa? Llevas dos días en el hospital

y te ha faltado tiempo para convertirte

en el correveidile de Herrera.

-Sé que Herrera no es la persona más maravillosa del mundo,

pero yo tampoco soy una chivata. -Pero te está usando. Lo sabes, ¿no?

-Perdona, pero a mí no me usa nadie.

-Y llevo bastante tiempo en lista de espera para que me operen...

-Bastante tiempo no, papá. Dilo bien. Seis meses, doctor.

-A ver, me temo que ha habido un problema administrativo.

He estado pensando y te veo bastante bien, así que, si te parece,

te mando a casa con el alta. -¿Ya? Pero si le acaban de operar.

-Sí, pero creo que tu padre estará mejor

pasando el posoperatorio en casa. Estará más tranquilo y mejor.

-Que sí, doctor. En casa, mucho mejor.

-¡Es demasiado pronto para que le den el alta!

Pero nada, como aquí todo el mundo sabe mucho, ¿eh?

Porque aquí ha habido una mala praxis y lo están intentando ocultar.

-Hijo, te lo pido por favor, ¡vete!

-Tengo una duda muy grande que no me deja dormir

y quiero que tú me la resuelvas.

-¿Y qué te pasa? ¿Por qué no puedes dormir?

-¿Qué pasa con Ortega?

-Me enteré de lo de Iker.

-Quería convencerme de que estabas muy arrepentida

de lo que pasó entre tú y él.

-Me has besado, te has acostado conmigo, y luego me echas a la calle.

-¿Crees que podrás perdonarme?

-Sigo pensando que no podemos estar juntos.

-Entiendo.

-¿Y a ti qué te pasa? -Que a mi ex acaban de ingresarlo,

y mi otro ex es el que le está atendiendo.

-Los análisis muestran indicios de sepsis.

-¿Y eso qué significa?

-Que vamos a tener que amputar un dedo.

-Parece que la amputación no ha sido suficiente.

La infección se ha debido extender por todo el cuerpo.

-Ha entrado en shock séptico. -No. No, no puede ser.

-¡Espera, espera! ¡No puedes entrar, no puedes entrar ahora!

-¡No!

-Déjales que hagan su trabajo, por favor. Tranquila.

-Es que no puedo más, doctor. No puedo más.

-Paco, no fuerces, ¿vale?

-Hola.

-Nosotros nos ocupamos. Hay que sondarle, ¿vale?

Lleva horas sin orinar y tiene un dolor insufrible.

-Hola, papá. -Carlos, no puedes estar aquí.

-¿Cómo estás, papá? -Mal, mal, mal.

-Espérate fuera, por favor. -¡Mira, me tenéis hasta las narices!

¡Llevo no sé cuánto tiempo esperando, y ahí fuera nadie sabe nada

o no quiere saberlo! ¿Te sigue doliendo?

-A ver, Carlos...

-¿Papá? -Escúchame.

-¿Qué?

-Espérate fuera y en un minuto te informo.

-Estaréis contentos, ¿no? Menuda chapuza le habéis hecho.

Ahora, le digo una cosa,

¡esta vez no voy a permitir que lo traten como una mierda!

-Por favor, Carlos... -¡Pero, papá, si es que es verdad!

-Vete, vete. -¿A ti te parece normal cómo estás?

-¡Vete! ¡Que te vayas! ¡Que te vayas! -Pero, papá...

-¡Vete de una vez! ¡Fuera, y no vuelvas! ¡Fuera!

-Pero si yo solo quiero...

-Doctor, deme algo para el dolor, por favor.

-Ana, sóndale ya, por favor, ¿vale? Ahora notarás alivio, Paco. Pasa.

¿No te das cuenta que la prioridad es curar a tu padre

y lo estás entorpeciendo?

-¡Es que no puedo verlo así! ¡No puedo!

-Tranquilízate, porque con esta actitud está claro que no ayudas.

-¡Me cago en mi vida! ¡Si todo lo que hago lo hago por él!

-Carlos, tienes que intentar controlar esa ira, ¿vale?

Porque le estás poniendo nervioso.

Yo no sé si tú has intentado nunca controlar esto

o ponerte en manos de un profesional, ¿vale?, pero aquí te podemos ayudar.

Tenemos una psicóloga que es muy buena. Se llama Lucía Velázquez.

Y si vas a recepción, te dan sus referencias.

-Ya estamos con los loqueros, ¿no? Menudos sacacuartos.

-Sacacuartos no. Escucha, date una oportunidad.

-¡Ay! ¡Pero...! -¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

-Madre mía. -Aquí no puedes estar.

-¡No, no! ¡Yo quiero entrar! -¡Carlos, aquí no puedes estar!

¡Espérate allí!

¿Qué pasa?

-Pero ¿qué quiere que haga el matasanos este?

¿Que le lea el periódico a mi padre mientras se retuerce de dolor?

Ahora, que mi padre también... Vamos, tiene lo suyo mi padre.

Vuelvo a casa para ayudarle, ¿y así me lo paga?

Mira, voy a ver a la loquera, que, total, ya me han hecho perder el día.

-Que le estaba sondando y ha salido toda la orina a presión.

-Sí, veo que hay coágulos de sangre.

Seguramente es de la herida de la operación.

A ver, ayúdame a levantarle. Venga, vamos allá.

Vale, también se ha defecado. A ver.

Paco. Paco, ¿me oye?

Tómale la tensión otra vez, ¿vale?

Paco. Paco.

Hola. Hola.

¿Qué tal? ¿Se encuentra bien? ¿Sabe dónde está?

-¿Qué ha pasado? -A ver, ¿recuerda su nombre?

-Sí, Francisco del Río Casajuana. -Muy bien. ¿Y sabe dónde estamos?

-Pues... en el hospital. Por lo de la próstata, ¿no?

-Muy bien. Fenomenal. Vale, tranquilo.

Hay que ponerle la sonda y también le damos analgésicos, ¿vale?

-Vale.

-Ana, si quieres, vete a cambiar. Yo me encargo.

-No, no te preocupes, luego me cambio.

-Muy bien. Pues gracias.

Paco ha sufrido una evacuación explosiva

como consecuencia de la retención aguda de orina.

Esta retención viene dada por las molestias

y los dolores postoperatorios,

que suelen afectar a los músculos

relacionados con el vaciado de la vejiga.

Si usted quiere orinar y no puede,

lo que tiene que hacer es ir al médico para que le pongan una sonda

y eliminar la orina retenida.

Y en el caso de que tenga esa retención de manera crónica,

lo que hay que hacer es evitar sobre todo el alcohol

e ir al baño en cuanto se sienta la primera necesidad.

-Sí, eso es, Francisco del Río. En la 310. Vale, perfecto.

Lo subo a planta en un momento. Venga, hasta ahora.

Reina... Oye, que me he enterado de lo de Iker, que lo siento mucho.

-Gracias.

-Vamos a ir a tomar unas cervezas para lo de la despedida y tal.

¿Te quieres venir? -¿Ya te vas?

-Sí, mañana cruzo el charco.

-Me alegra que consiguieras lo que querías.

-Bueno, quería estar con mi hija y..., y para allá que voy.

Bueno, que te veo luego.

-No creo que pueda, pero gracias por la invitación.

-Bueno, que sepas que estaremos allí a las siete.

Si te lo puedes montar, pues vente. ¿Vale?

-Reina, ¿estás bien?

-Sí. Sí, sí, claro. -Vale. Hasta ahora.

-Ey. ¿Todo bien con él? -Sí. Sí, sí, sí.

-¿Se puede saber qué haces aquí?

¿Tanto te cuesta cogerte unos días libres?

-¿Para qué, Esther? ¿Para que se me caiga la casa encima?

-Bea, yo sé que lo de Iker es todavía muy reciente...

-Esther, Iker... Iker está muerto.

Iker ya no está, y aquí por lo menos me siento más útil, hago algo.

-Pero ahora eres tú la que necesitas que estén por ti, ¿no te das cuenta?

-Mira, eres un cielo, de verdad, pero estoy bien.

¿Sabes que..., que se marcha Daca ya? -Sí, sí.

Bea, de verdad,

vete a casa y descansa. Estás agotada.

Por favor, hazme caso.

-A ver, que igual es... por todo esto que está pasando.

-¿El qué? ¿Qué te ocurre?

-Tengo un retraso.

-Pero... ¿Pero de muchos días? -Casi una semana, Esther.

-Bueno, Bea, pero..., pero tú lo has dicho, están pasando muchas cosas,

y ya sabes que...

-Esther, nunca me pasa. Soy como un reloj, lo sabes.

-Mira, si..., si quieres salir de dudas, yo te acompaño a la farmacia

y lo hacemos juntas. Ya sabes, son diez minutos.

-Mira que si..., que si estoy...

-Ven.

Toda va a salir bien. ¿Me oyes? Sea lo que sea.

-¿Qué pasa, Clara?

Entró con un dolor muy fuerte en el pecho

y ahora también le duele el brazo izquierdo.

Esta taquicárdico y también hipotenso.

Y, además, mira cómo respira.

Vale. ¿Cómo te llamas? -Martín.

-Martín, soy la doctora Marco. Dime, ¿desde cuándo tienes el dolor?

-Desde hace una hora, más o menos. Estaba en casa y no podía...

Le hemos hecho un electro.

¡Ah!

Es un infarto, ¿verdad? -No lo sé.

A ver, Clara, vamos a hacerle una analítica de sangre

con marcadores cardiacos de dímeros, una placa de tórax,

y habla con los cardiólogos para que le valoren y vean

si le quieren intervenir. -¿Interve...? ¿Tan grave es?

-Vamos a ir poco a poco, pero es mejor que te vean los especialistas.

Por cualquier cosa,

vamos a administrarle 300 mg de ácido acetilsalicílico, ¿vale?

Vale.

¿Quieres que avisemos a algún familiar?

-¿Familiar? No, no, no. No hace falta.

-¿Estás seguro?

-Sí, sí. Soy hijo único, y... mi padre murió en febrero,

y... mi madre está... Bueno, es muy complicado.

Mejor lo dejamos estar. -Vale.

-Gracias. -Venga, hasta ahora.

Hasta ahora.

Martín, tienes que tomarte esto, ¿vale? Abre la boca.

Toma un poquito. Gracias.

Martín, si necesitas que llame a tu madre,

yo estoy encantada de hacerlo, ¿eh?

Seguro que la mujer quiere estar aquí contigo en este momento.

No. No creo que sea buena idea, la verdad.

Está en una residencia y tiene principio de Alzheimer.

Vaya, lo siento muchísimo.

Hay días que está mejor que otros, pero... por lo general...

El futuro no es muy prometedor, la verdad.

Qué enfermedad más dura, por Dios.

Bueno, de todas maneras, si cambias de opinión,

voy a estar por aquí, ¿vale? No tienes más que decírmelo.

Vale.

A lo mejor te apetece que venga, aunque sea un momento.

¿Por qué? No me voy a morir, ¿verdad?

No, hombre no, no digas eso.

Ya has oído a la doctora,

que, por suerte, lo hemos pillado a tiempo.

Tú ahora descansa, ¿vale? Enseguida vengo para sacarte sangre, ¿vale?

Dos años lleva la pobre así.

Mi padre sí que iba a verla todos los días, pero yo...

No sé ni las semanas que llevo sin pasarme por la residencia.

No puedo verla así.

Es que no parece mi madre.

Si al menos me reconociera, pero...

-¿Qué voy a hacer ahora? -Tranquila.

-¿Qué hago, Esther?

-Bueno, para empezar, tranquilízate. ¿De acuerdo?

Y date tiempo para asimilar la noticia.

-Se lo tendré que decir a Carlos.

-Sí, claro, pero... tampoco tienes que decírselo hoy.

-¿Y si no es él?

-¿Cómo que "y si no es de él"?

Bea, ¿es de Carlos o no es de Carlos?

-Bueno... Esther, podría ser de Iker.

-Bea, pero...

-No puede ser. -Pero tomaste precauciones.

-Claro que tomé precauciones. Con los dos.

Pero... está claro que algo salió mal.

-Ya. Bueno... Bea, tú tranquila, porque... Oye, mírame.

Yo no me voy a mover de tu lado, ¿de acuerdo?

-¿Y qué hago? ¿Se lo digo o no se lo digo a Carlos?

-A ver, se lo tienes que decir. Pero... date tiempo, ¿de acuerdo?

Pero tienes que hablar con él, porque imagina...

que él es el padre, y un embarazo no se puede ocultar.

No quieres que se entere por otro, ¿verdad?

-No.

-Tranquila.

-¿Qué más quiere que le cuente? Ya le he dicho que era un bala perdida.

Ya sabe, lo típico.

Pues malas compañías, peleas, tonteos con la bebida o con alguna droga...

Pero todo eso terminó.

-¿Por qué crees que tu padre sigue sin fiarse de ti?

-Yo qué sé. Oiga, yo estoy aquí porque el médico que le lleva me dijo

que usted me podía ayudar,

así que deme un tranquilizante o lo que sea y yo me voy.

-Para eso te tendría que derivar al psiquiatra,

y antes de medicarte hay que hacerte un diagnóstico.

-Otra que me está liando. -¿Perdón?

-Mire, no es la primera vez que vengo el psicólogo, ¿sabe?

Ya me llevó mi madre una vez cuando...

Bueno, en fin, que fue tirar el dinero.

-Si dices que has cambiado, ¿por qué crees que ha sido tirar el dinero?

No habrás tirado el dinero, ¿no? -Ya le digo yo que sí.

-¿Se puede saber por qué te llevó tu madre?

¿Había algún hecho en concreto? -¡Bah!, chorradas.

Un día que, en fin, yo quería salir de fiesta y mi padre no me dejaba.

Entonces, yo le empujé, se tropezó, se cayó...

Pero, bueno, no le pasó nada.

-¿Puede ser que tu padre esté asustado por ese Carlos de antes?

-Si eso fue hace un montón de años.

Después de eso, yo me fui de casa,

y he vuelto hace dos días, como el que dice.

-Hombre, es que si has vuelto hace dos días,

tu padre solo conoce a ese Carlos de antes.

Le falta por conocer al Carlos de ahora, ¿no?

-No sé. Igual con esto de la enfermedad...

Sí, con esto he de reconocer que me he alterado un poco,

no se lo voy a negar.

-Pues está muy bien que reconozcas las situaciones

que te pueden hacer perder el control.

-No. Un momento, un momento. A ver.

Que control tampoco es que pierda, ¿eh?

Lo que pasa que yo con las injusticias no puedo, ¿entiende?

No puedo.

Por eso, cuando veo que lo tratan como un don nadie,

pues me ponen como me ponen. -Ya. ¿Qué te ha pasado en la mano?

-Ah, eso pregúnteselo a sus colegas de las batas blancas.

-¿Eso te lo ha hecho un médico?

-No, ellos lo que hicieron fue sacar a mi padre del hospital

antes de tiempo,

y así está como está.

-Mira, Carlos, si quieres que te ayude, me tienes que decir la verdad.

¿Qué te ha pasado en la mano?

-Le di un puñetazo a una pared, ¿vale?

-Vale.

-Lo llevan de un lado a otro como si fuese un mueble viejo.

El hombre muriéndose de dolor,

y los médicos mirándonos como si nos perdonasen la vida.

-Entiendo que tiene que ser muy difícil ver a un padre sufrir, ¿no?

-Pues sí, lo es. Bastante mal lo está pasando el hombre,

y no quiero que sufra más, ¿lo entiende? ¡No quiero!

-Sí. Estamos aquí para ayudar.

Para ayudar a tu padre, para ayudarte a ti,

pero tienes que estar dispuesto a colaborar, claro.

-¿Dispuesto? ¿Pero cómo no voy a estar dispuesto,

si ese viejo es lo único bueno que me queda en esta vida?

-Tienes que darle tiempo, porque tiene que conocer al Carlos de ahora.

-Yo por mi padre hago lo que sea, de verdad. Lo que sea.

-Pues lo primero es que, cuando vayas a verle, tienes que estar tranquilo,

tomarte las cosas de otra manera.

-Vale.

-Carlos es una persona muy impulsiva.

Y aunque crea que controla su agresividad, pues no lo hace.

A mí me da bastante miedo que le pase algo a su padre,

porque Carlos se siente muy culpable por lo que le ha hecho en el pasado,

y tengo miedo de que, si le ocurre algo a su padre,

pierda el control.

A pesar de la sueroterapia, sigue hipotenso. 7,3.

¿Has visto ya el último electro? Sí. Sigue inestable.

Te han dicho que van a venir a por él, ¿no?

Sí, estarán al llegar.

Al parecer, van a hacerle un cateterismo,

a ver si ven una coronaria obstruida y la destaponan.

Mira, ya están aquí.

Chicos, por favor, hay que llevarle a hemodinámica.

Ve y avisa a la doctora de que ya está todo listo, ¿vale?

Vale, muy bien. A ver, yo me encargo del oxígeno y del pulso, ¿vale?

Por favor, por favor...

Vamos a ver, no puedes quitarte la mascarilla de oxígeno,

¿vale, Martín?

Por favor, avisa a mi madre. Avisa a mi madre.

Residencia Los Sauces. Vale, no te preocupes, yo la llamo.

Pero, por favor, no te quites la mascarilla, ¿vale? ¿De acuerdo?

Venga, rapidito chicos, por favor. Enseguida voy yo.

-Pues no nos queda nada. -Seis horitas de nada y para casa.

-¿Seis horitas? Seis horazas. ¡Eh, cuidado!

-Por Dios, ¿qué les dan en el bocadillo a los celadores?

Porque yo quiero uno. -Yo qué sé.

Luego se mosquean cuando les llaman los "correcaminos" del hospital.

-Sí. ¿Quién les ha puesto ese mote? Porque lo ha clavado.

-Pues nuestro amigo Dacaret.

-Siempre le gustó ponerle motes a la gente.

-Oye, vamos esta tarde, ¿no?, al bar de Rafa.

A despedirle como merece.

-Yo no voy a ir.

-¿Pero por qué?

-Pues porque estoy muy cansada.

-Perdona, me acabas de decir que seis horitas no son nada,

¿y ahora me vienes con que estás muy cansada?

-Ya... No sé, Esther, es que...

-A ver, Rocío, ¿tú al final hablaste con él o no hablaste con él?

¿Por qué? Pero si estabas superconvencida.

-Ya, porque, a ver, fui a hablar con él,

pero cuando empezaba la conversación,

le llamó su hija y me cortó todo el rollo.

-Bueno, ¿y qué? ¿Y vas a dejar que se vaya así, sin más,

sin decirle lo que tú sientes?

A ver, Rocío, ¿vas a hablar con él o no?

-Es que, en el fondo, creo que lo mejor es no darle más vueltas

y olvidarme del tema, ya está. -No te creo.

-De verdad que yo creo que es lo mejor para mí.

Es que yo lo he pasado muy mal con estos temas del pasado,

y no quiero volver a pasarlo mal.

De verdad, creo que lo mejor es que cada uno se vaya por su lado

y ya está, y mejor así.

-Bueno, si es lo que tú quieres...

Porque es lo que tú quieres, ¿no? -Lo tengo clarísimo.

Y nada, me voy al lío, que tengo un montón.

-¿Cuántos kilómetros habrá de aquí a Estados Unidos? ¿5000? ¿6000?

Me da a mí que va a ser el número de veces que Rocío va a arrepentirse

de no haberle dicho nada a Dacaret.

En fin... Es su decisión, así que...

-¿Está todo bien? -Muy bien.

-Muchas gracias por todo, ¿eh? -De nada.

-¿Se puede? -Hola, hijo.

-¿Cómo estás? -Mejor, mejor.

-¿Sí? -Sí.

Perdóname por todo lo que te dije antes.

No sabía ni lo que decía, de verdad. -Pero si no me extraña, papá.

Con ese dolor, lo raro es que no me hayas mandado antes a tomar por saco.

He ido a ver a una loquera, ¿sabes? De aquí, del hospital.

-¿Te ha visto una psicóloga?

-Sí. Me ha dicho lo de siempre,

que tengo mucho metido dentro, mucha rabia,

que tengo que controlarme y blablablá.

Pero, bueno, fíjate, esta me ha caído bien y la voy a hacer caso.

-¿Ah, sí? Me alegro de verdad.

-Yo lo único que quiero es que no te falte de nada, papá.

Que bastante te he hecho sufrir ya.

A ti y a mamá, en paz descanse la pobre.

-Eso es agua pasada, hijo.

-Pues yo lo tengo todo aquí, en mi cabeza, ¿sabes? Aquí.

Y cada vez que pienso todas las canalladas que os hice, es que...

me partiría la cara a mí mismo.

No me crees, ¿verdad? Claro, ¿cómo me vas a creer?

Pero he cambiado, papá. Te juro que he cambiado.

-A ver, hijo, yo estoy contento por ti y por mí.

Pero tienes que entender que necesito un tiempo.

-Eso me dijo la loquera. Tiempo, que necesitabas tiempo.

Y tómate todo el tiempo que quieras,

pero ya verás que no soy el imbécil de antes.

De verdad, papá. Ya lo verás.

-Hola. ¿Se puede? -Adelante, doctor.

-Hola, Paco. ¿Qué tal? -Bien.

-Vengo a ver cómo estás y también a despedirme,

porque mañana es mi último día en el hospital.

-¿Ah, sí? ¿Nos deja? -Sí, sí.

Bueno, y él es el doctor Herrera, que se encargará de tu caso.

-Encantado. -Pues un placer.

-Sí. Te dejo en buenas manos, ¿eh?

Aparte de ser un buen médico, es el director del hospital, así que,

si te apetece repetir de postre, este es tu hombre.

-Muy bien. Es un placer. -Un placer. Encantado.

-Van a echar mucho de menos al doctor Dacaret.

-Ya lo creo que sí. Ya lo creo que sí.

Ahora, si me disculpan, tengo mucho trabajo.

-Muy bien.

-Hechas las presentaciones, hasta luego.

-Hasta luego. -Chao.

-Adiós, adiós.

-Bueno, Paco, ¿cómo estás? -Mejor.

-¿Sí? -Sí.

Ya me ha dicho la enfermera lo del drenaje continuo ese.

-Sí, te estamos haciendo lavados de la vejiga

con la sonda que llevas puesta, ¿de acuerdo?

Y también te hemos hecho una analítica.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo estoy? Más para allá que para acá, seguro.

-No, Paco. Estás más para acá que para allá, ¿vale?

Lo que sí que parece que tienes es anemia,

pero es lógico porque has perdido mucha sangre.

-Es que he estado muy mal, doctor. Yo creía que me moría.

-Ya, ya lo sé. Bueno, lo que tienes que hacer ahora es reposar

y esperemos que desaparezca esa anemia.

-¿Y si no desaparece? ¿Si va a más?

-Bueno, si no desaparece, querrá decir que hay una hemorragia.

Entonces tendríamos que volver a operar.

-Me cago en...

-A ver, no nos pongamos en lo peor, ¿vale?

Esperemos que todo vaya bien. -Muy bien. Muchas gracias, doctor.

-De nada. -Aún lo veremos mañana, ¿no?

-Hasta luego.

-¿Qué pasa, hijo? -Nada, papá. No pasa nada.

El estirado ese, el director.

Ese es el que no quería operar a mi padre

y el que nos ha dado puerta a la primera de cambio.

Una sanguijuela que solo viene a por el dinero y no por las personas.

Pero, bueno, me voy a controlar, que me conozco

y le he prometido a mi padre que no la iba a liar.

-¿Y bien? -Pues parece que todo bien, sí.

-Pues menos mal, porque, como te dije el otro día,

ahora me siento un poco más viejo.

Y como tengo que ir a jugar al fútbol sala con mi cuñado

todos los sábados, pues...

Bueno, perdona, que te estoy molestando aquí con mis tonterías

mientras que tú... -Nada, nada. No te preocupes.

-¿Sigues sin saber nada de Ortega? -Nada.

Y... pensé que serían un par de días, pero no ha sido así.

-A ver, que yo me aclare, ¿todo esto cuándo ha sido?

-Pues justo antes de que empezara a trabajar aquí.

-O sea que hace poquito, entiendo. ¿Y el niño? ¿No lo ves?

-Sí.

Ella lo lleva a casa de mi hermano,

que yo me estoy quedando allí,

y hace todo lo posible para que no coincidamos.

-Ya.

-Que entiendo que necesita su espacio y su tiempo, pero...,

pero es que no saber nada me está matando.

-Normal.

-¿Qué piensas tú de todo esto? -¿De qué parte exactamente?

-No sé, de todo.

-Pues mira, todos cometemos errores, Ainhoa, y...

no te voy a decir que tener un desliz sea una tontería, porque no lo es,

pero yo creo que, más allá de los dos besos tontos en sí,

lo que le está fastidiando a Ortega es haber perdido la confianza en ti.

-Pues gracias.

Pero, vamos, si llego a saber que eres tan directo, no te pregunto.

-Bueno, chica, espera, que ahora viene la parte positiva.

Mira, Ortega tú y yo no hemos coincidido mucho,

pero pocas veces he visto una pareja

que tenga tanta complicidad como vosotras,

y mira que he visto parejas. Más que croquetas.

Es lo que tiene trabajar en un bar.

Yo creo que todo ese amor que teníais sigue estando ahí.

Lo que tienes que hacer es darle tiempo a Ortega para que se dé cuenta

-Pues sí.

-Bueno, y ahora dame esas analíticas tan requeteestupendas que tengo,

que se las voy a llevar a mi cuñado para restregárselas por los morros.

¿Qué pasa? -Pues que estoy viendo aquí...

que hay hematurria y no lo había visto antes.

-¿Eso qué es? No me asustes. -Es sangre en la orina.

-Pues yo no he visto nada, ¿eh?

-No, bueno, porque a veces no se ve a simple vista.

¿Recuerdas si te has dado algún golpe?

-Pues no sé... Puede.

Hombre, juego de portero con mi cuñado.

Ay, madre, pero si hace dos minutos me has dicho que no tenía nada.

-Tranquilo, Rafa. Vamos a ver si hacemos alguna prueba más, ¿vale?

-Bueno. -¿Te vienes conmigo?

-Vale. -Venga, vamos. Venga.

-Martín, he estado hablando con la cardiológica

que te ha hecho el cateterismo y han descartado que sea un infarto

porque no han visto ninguna coronaria obstruida.

-¿Y entonces?

-A ver, esa era una de las posibilidades.

Y ahora lo que creen es que tienes un tromboembolismo pulmonar.

Lo creen así porque han encontrado una alteración

en el ventrículo derecho,

y esto es porque el corazón seguramente se esté encontrando

con una resistencia a nivel pulmonar,

que tengas una hipertensión pulmonar.

Y esto puede ser porque haya trombos. Así que vamos a hacerte un angioTAC.

En caso de que encuentren trombos,

tendrán que volver a intervenirte, claro.

Silvia.

Perdona. Dime.

Oye, que está aquí la madre del paciente. ¿La dejo pasar?

Hombre, pues ahora mismo su estado es crítico.

No sé si es lo mejor, Clara.

Pues viene acompañada de una cuidadora de la residencia.

Por lo visto, ha sido una odisea llegar hasta aquí, ¿eh?

Vale.

Martín, tu madre está fuera. ¿Quieres verla?

-Sí, por favor.

-Vas a tener poco tiempo, ¿vale?,

porque tenemos que hacerte el angioTAC.

-Vale. Gracias.

-Que sea rápido. Vale.

Asun, puede pasar.

-¿Qué está pasando? ¿Qué hacemos aquí?

-Hemos venido a ver a Martín, tu hijo.

-¿Martín? -Sí.

-¿Qué Martín? -Martín. Tu hijo, Asun.

Que nos ha llamado porque tiene muchas ganas de verte.

Martín. Si nos hablas mucho de él.

-¿Cuándo nos vamos a casa? ¿Hoy no jugamos a las cartas?

-Mamá, mamá... Soy yo, tu hijo. Martín.

-Me quiero ir a casa. -Ahora nos vamos. Ahora nos vamos.

-Llama a José Manuel.

-Hola.

-Hola.

-Carlos, tenemos que hablar.

-Bea, ya sé lo que te dije, pero, aun así, de verdad,

a mí se me hace un poco duro estar encontrándome siempre contigo

y hacer como que no ha pasado nada.

Aunque estemos trabajando juntos, necesito un poco de espacio.

-Estoy embarazada.

-¿Estás segura? -Sí.

-¿Y es mío?

-No lo sé. Podría ser de él. -Ah, claro.

También puede ser de Iker, claro.

-Lo siento. Carlos, lo siento mucho. Yo no quería que pasara esto.

-Nosotros tomamos precauciones. Tiene que ser suyo.

-También las tomé con él.

-¿Y entonces?

¿Qué vas a hacer?

¿Piensas tenerlo?

-No, no lo sé... No... No pensé en ello. Solo quería decírtelo.

-¿Decírmelo? ¿Y para qué?

Porque si ni siquiera sabe si es mío ni si lo vas a tener,

no entiendo para qué.

¿Desde cuándo lo sabes? No, da igual, da igual. Qué más da.

Es que no me lo puedo creer. ¿Cómo no puedes saberlo?

-No lo sé, Carlos. No lo sé.

¿Dónde vas?

-A algún sitio donde esté tranquilo.

-Mamá...

-Ha ido todo muy bien, José Manuel.

-No soy papá, soy Martín, tu hijo. -Qué tonto eres, José.

Tú siempre de broma.

-Sí, yo siempre de broma.

-¿Pero a qué viene esa cara? Si ha ido todo muy bien.

Este viernes quiero que me lleves al baile.

-Lo que tú digas, gordita.

-Ay, no me llames así, que sabes que no me gusta.

-Vale, vale. Perdona, gordita. -Qué tonto te pones.

-Oye, ¿y Martín dónde está?

¿No está contigo? Es que quiero verle.

-No sé... Estará en el colegio.

-Ah, claro. Claro, claro, en el colegio. Qué tonto soy.

Le quieres mucho, ¿eh? ¿Más que a mí? ¿Eh?

-¿Tú qué crees? Es mucho más guapo que tú, eso seguro.

-Eso sí. Eso sí.

-¿Sabes lo que me ha regalado el Día de la Madre?

-No. ¿El qué? -Un collar.

-¿Un collar? -Con muchos colores.

-¿Martín? Se las sabe todas, ¿eh? Al final me voy a poner celoso y todo.

-Pues ponte como quieras, pero a mi Martín no me lo toques.

Tengo unas ganas de que llegue del colegio para achucharlo...

-Buenas. Está todo bien, ¿verdad? -Sí.

-Muchas gracias.

-¿Qué pasa? ¿Ya está la cena?

-No, no pasa nada. No pasa nada. Tranquila, Asun.

-Estabas hablando conmigo, gordita.

-Corre, llévame al comedor, que me quitan el sitio.

-Vale. Tranquila, tranquila, tranquila.

¿No quieres despedirte antes de Martín?

-¡Vámonos, vámonos, que me cierran!

-Mamá.

-Oye, dile a José Manuel que acerque el coche.

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Centro médico - 18/01/19 (1)

18 ene 2019

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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