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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 17/01/19 (1) - ver ahora
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-He hablado con Matías.

Ya ha dado el visto bueno para que te hagan una revaluación

de la esclerosis.

Me voy a encargar yo de ello.

-Pues yo no creo que sea lo mejor. -¿Por qué dices eso?

-Porque preferiría alguien imparcial, sin vínculos emocionales conmigo.

-Hablaré con neurología para que busquen al neurólogo

más imparcial y objetivo de todo el hospital.

-¿Podría caminar? -Sí, sí, claro.

-Adelante. -Ahora, ¿sí? Vale.

-El ambiente aquí en el hospital no es demasiado bueno.

No sé si has escuchado algo. -No, la verdad es que no.

-Porque yo intento hacer las cosas bien para el hospital

y llevo tiempo haciéndolas bien, pero la gente no lo entiende.

-Si yo puedo ayudarte en algo... -Sabía que no me equivocaba contigo.

-Aquí, a día de hoy hay que ir con mucho cuidado

con lo que hacemos y con lo decimos.

-Sé que Herrera no es la persona más maravillosa del mundo,

pero yo tampoco soy una chivata.

-Bueno, pero ahora te ha contratado,

y yo qué sé, te habrá hecho creer que es tu amigo, tu colega, lo que sea,

pero te está usando, ¿lo sabes, no?

-¿Hay algún problema con ella? -No, contigo.

-¿Conmigo?

-Tus experimentos nos están costando mucho dinerito.

La próxima que consumas recursos del hospital inútilmente

la que va a ser descartada vas a ser tú.

-Aquí nadie se fía de Herrera. Con él las cosas nunca son lo que parecen.

De ahí que desconfiamos todos de él.

-Son malos, lo sabía, son malos.

No quería de la verdad y de verdad

que lo peor de todo es que tú sabes que yo estoy capacitada

para hacer mi trabajo.

-El informe es favorable.

Enhorabuena, estás capacitada para seguir trabajando.

-Estás flipando, ¿no?

Madre mía. Pero bueno. Racionar los apósitos...

¿Esto qué es, la posguerra?

No, es que eso no es lo mejor de todo.

Ahora, el señor director ha decidido aprobar personalmente

todas las cirugías que no estén programadas.

Madre mía, si yo sabía que esto iba a pasar con él al poder.

Vamos, lo tenía clarísimo. Iba a limitar todos los presupuestos

Perdona. ¿Y limitar el cambio de toallas?

No puede ser, de verdad.

Yo te digo que este no va a durar porque con todas estas medidas,

la gente se le va a acabar amotinando.

Y no me extraña, perdona que te diga.

Te digo una cosa, si no quieres que se te amotinen a ti...

hay una señora que lleva un ratito ya en urgencias.

¿Quieres que te la pase? Sí, ¿quién es?

Una mujer que dice que se encuentra mal

porque últimamente no tiene apetito y está muy decaída.

Vale, ¿y cómo se llama?

Ah, pues mira, te digo. Rita Montes.

La ladrona. ¿Qué ladrona?

Que sí. Esa contable que se llevó un montón de millones de unos seguros,

¿no te acuerdas? No sé, me suena, pero no...

Que sí, mujer. Si salió en televisión y todo,

que hubo un juicio y no la pudieron condenar

porque no encontraron el dinero. Eso fue muy sonado.

Ah, sí. Se llevó un montón de millones.

Es verdad, salió en la tele.

Que no aparecieron. La misma, sí.

Perdonad, es que no sé dónde tengo que ir. Vengo buscando a mi madre.

Ah, ¿cómo se llama? Rita Montes.

-Pues mira, casualmente yo soy la doctora que la va a tratar.

Soy la doctora Jiménez. Me puedes llamar Rocío.

Todavía no la he tratado, así que, si quieres,

puedes pasar a la sala de espera que ella te va a acompañar.

Claro, sí, sí. Gracias.

Vente conmigo, ¿vale? Venga...

Claro que sé quién es a Rita Montes.

Si es que al principio no caía. Pero eso fue sonadísimo.

Salió en todos los lados.

Todo el mundo opinando porque esa mujer, supuestamente,

había robado un montón de millones de una aseguradora

y dejó a un montón de gente con una mano delante y otra detrás.

El caso es que salió escaldada la mujer,

y eso que la declararon inocente.

-Hola, pasen, por favor.

-Con las 12:30. Tenemos cita hace tres cuartos de hora.

-Sí, ya lo sé,

pero a veces no sabemos el tiempo que requiere cada paciente

y es un poco lío. ¿Es usted Paco del Río?

-No, Paco soy yo. Él es Carlos, mi hijo.

-Muy bien, encantado. Siéntense, por favor.

Bueno, a ver...

Paco, cuénteme, ¿qué ocurre?

-Vera, doctor, yo padezco, a ver si lo digo bien,

hiperplasia benigna de próstata. -Perfectamente.

-Llevo bastante tiempo en lista de espera para que me operen...

-Bastante tiempo no, papá, dilo bien. Seis meses, doctor.

Ni uno ni dos, sino seis.

¿Cuánto tiempo más van a dejar sufriendo a este pobre hombre?

-Carlos, por favor.

-Vamos a ver, papá. Es que tengo razón.

Es que no puedo entender como alguien puede estar esperando tanto tiempo

para una operación así, de verdad, es que no lo puede entender.

-Vale, Carlos. Pero ¿ahora me dejas hablar con el doctor, por favor?

-Vale, está bien. Ya me callo.

-Bueno, entonces tengo que entender que han venido

para tratar de adelantar la operación.

-Pues sí, estaría bien.

-No, doctor. Yo entiendo que tiene que haber una lista de espera

y que al fin y al cabo, lo que yo sufro es algo común.

-Pero si se cae de dolor. ¿Eso es normal?

-Continúe, Paco, por favor.

-Que me cuesta mucho orinar, doctor. No me sale.

Después de mucho rato, unas gotas nada más.

-Vale, pase a la camilla que le voy a explorar.

-Pero tengo razón. Y alguien se lo tiene que decir a los médicos.

Porque mi padre, el hombre, el pobre se queda callado, sin decir nada

y así nadie te hace caso. Yo se lo tengo dicho.

Papá, te tienes que quejar, porque si no te pisan.

Pero nada, es que él es así.

Él ahora está jubilado, pero cuando trabajaba de fontanero

le tomaban el pelo cada dos por tres.

No le pagaba las facturas o se las pagaban dos años más tarde

y él no decía nada. Él tragaba y punto.

Y me preocupa, porque cuanto más mayor sea, más se aprovechan de él.

Y no puede ser.

-Me levanto cinco o seis veces cada noche con ganas de orinar, pero nada.

Que no me sale tampoco. -¿Y toma algún tipo de medicamento?

-Sí, unas pastillas que me recetaron, que no me acuerdo cómo se llaman.

Algo para la próstata, pero creo que no me hacen nada.

-De momento, Paco, veo que no hay globo vesical.

-¿Y eso qué quiere decir?

-Quiere decir que no hay retención de líquido.

-Ya, claro, que te van a mandar para casa otra vez, supongo.

-No, no. Eso quiere decir que no hay retención aguda de orina.

-Ya, claro. ¿Y la operación?

Porque claro, tocarle la barriga a mi padre yo también sé.

-Carlos...

-No, papá, vamos a poner las cosas en su sitio.

Tú necesitas urgentemente que te operen de la próstata

y aquí el doctor se está escaneando.

¿Cuándo podrá entrar mi padre en quirófano?

-A ver, Carlos, es que tienes que entender que yo no sé

cuándo va a entrar al quirófano. -Ya, claro, ya sé cómo va esto.

A los ancianos los ponen últimos de la lista,

a ver si con un poco de suerte se ahorran la operación, ¿no es así?

-Doctor, perdone a mi hijo.

Está un poco nervioso porque llevábamos mucho tiempo sin vernos.

-Exacto. Y llego y me encuentro a mi padre superdolorido

sin poder ir al baño.

Tiene la operación, le dan largas...

-A ver, Carlos, ya lo he entendido. No te preocupes.

Voy a averiguar qué ha ocurrido y a ver si podemos avanzar la operación.

-Muchas gracias, de verdad. Es usted muy amable.

-Nada. Voy a avisar para preparar el preoperatorio

y así vamos avanzando poco a poco.

-Espero que el doctor no se haya molestado mucho con mi hijo.

Carlos es un buen chico, de verdad. Tiene un buen fondo.

Lo que pasa es que, cuando le da el pronto,

se pone muy nervioso.

Y esto no es de ahora, le ha pasado siempre, desde pequeño.

Es como si el mundo estuviera en su contra, siempre de mal humor.

Sus notas durante la carrera fueron brillantes

y además acaba de terminar el MIR

y creo que sería una gran oportunidad,

porque sería un gran fichaje.

Bueno, que me mande el currículum y cuando haya que incorporar a alguien,

lo tendré en cuenta.

Es que, precisamente te lo digo por hacerlo ahora.

Sobre todo para cubrir la baja que Dacaret ha dejado

por irse a Nueva York, ¿no?

Además, y eso es lo difícil que es contratar buenos médicos

para hacer sustituciones.

Pero Dacaret está ya cubierto. Ah, ¿sí?

Sí, por eso está aquí Ainhoa.

A ver, pero yo creí que Ainhoa estaba aquí para cubrir a Vega.

También. ¿Cómo que también?

¿Ainhoa va a hacer el trabajo de dos personas?

A ver, está claro que no.

Una persona no puede hacer el trabajo de dos, sería demasiado.

Lo que va a pasar aquí es que cinco van hacer el trabajo de seis.

En esta planta había seis médicos y se han ido dos.

Ahora entra una nueva.

Cinco van a hacer el trabajo de seis.

Exacto. Vamos a conseguir un 20 % más de productividad. Eso espero.

Ya. ¿Y vas a subir los sueldos un 20 % más también?

Creo que no lo pillas. No te ha llegado la circular, ¿no?

No. No sé nada de ninguna circular. Mira, aquí la tienes.

¿Los quirófanos se cerraran las tardes de jueves y viernes?

Así los médicos, los cirujanos tendremos un puente de vez en cuando.

¿Qué te parece?

-Ya, pero cerrar los quirófanos dos tardes va a suponer generar

una lista de espera inasumible.

Bueno, solo las operaciones menores.

Las operaciones mayores van a seguir igual.

¿El tiempo de cada paciente se reducirá de ocho a seis minutos?

Sí, porque si estás más tiempo cogen confianza y al final

uno enfatiza mucho y te acaban invitando a su boda,

como me ha pasado a mí. Y no puede ser.

El tema de consulta es el tiempo de consulta.

¿No habrá cápsulas de café en la sala de personal?

Sí, estoy muy sensibilizado con la batalla contra el plástico

y no sabes lo que contaminan las cápsulas de café.

¿Me puedes decir a qué viene todo esto?

¿Qué tipo de recortes son estos? Si haces las cosas así...

Que no lo voy a poner aquí a discutir contigo

ni voy a entrar en debate contigo sobre esto.

Escúchame, vale. No quiero que discutamos. Pero... No sé.

Al menos por entender los motivos de todo esto.

Sí, eso sí. Te puedo explicar los motivos.

Aunque en realidad solo hay un motivo.

Quiero hacer de este centro un centro pionero en la investigación

con células madre.

Para conseguir este reto, hay que recortar en otros sectores,

porque el dinero no nos ha caído del cielo.

-De acuerdo. ¿Y se puede saber de dónde nace la idea

de estudiar ahora las células madre de la noche a la mañana?

Bueno, porque lo he decidido yo, que soy el director.

¿Cerrando los quirófanos y sobrecargando a la gente de trabajo?

Pero Herrera, ¿no te das cuenta que...?

Que no lo voy a discutir contigo. Herrera, no se hacen así las cosas.

Es decir, no puedes perjudicar otros departamentos solamente

porque tú quieres investigar sobre la parálisis cerebral.

Claro que se puede hacer. Y no solo eso.

Sino que el Consejo de administración y el coordinador de zona ama la idea

y me han dado el visto bueno, así que...

si no tienes más que decir...

-Tiene una arritmia. También ha dicho que tiene estenosis mitral

y una fibrilación auricular.

¿Está tomando alguna medicación para eso?

-Sí, un anticoagulante. -¿Y algo más?

-Pues no...

-Sí que hay otra cosa, mamá. Se la tienes que contar a la doctora.

A mi madre la diagnosticaron depresión crónica.

Aunque toma antidepresivos diariamente,

no termina de salir del bache. -Está pasando por una mala época.

-Deje de disimular. Si sé que me ha reconocido.

Soy la famosa Rita, la ladrona. -Mamá, deja de decir eso.

-Qué más da. Si todo el mundo me mira

y cree que soy la mangante que se llevó el dinero de la aseguradora,

¿a que sí? ¿A que estaba pensando eso?

-No, la verdad es que no estaba pensando en eso.

-Y usted por qué me mira de reojo?

Seguro que está pensando que por mi culpa,

la familia aquella la que se le quemó la casa se quedó en la calle.

¿A que sí? No me diga que no.

Mujer, yo no la estaba mirando de ninguna forma.

Qué más da. Si como usted es todo el mundo.

Creo que ya me he acostumbrado. A los comentarios, a las miraditas...

Pero no me importa. Lo prefiero a los insultos por la calle

o a esos periodistas apostados en la puerta de mi casa día y noche.

Eso sí que era un infierno.

Suerte que tengo a mi hija. Siempre me ha creído.

Y bastante caro la ha costado, porque tuvo que cerrar la guardería.

Nadie quería tener nada que ver con ella ni conmigo.

Nos hubiéramos mudado si hubiera tenido dinero, pero...

Con la depresión esta que arrastro, no puedo ni trabajar.

-Hoy viene porque se encuentra muy cansada, ¿no?

-Muchísimo. No tengo fuerzas para nada. Ni siquiera para comer.

-Sí, de hecho ha adelgazado cuatro kilos en el último mes.

-Lo que me pasa es que también a veces tengo un ahogo en el pecho.

Siento una presión que no me deja respirar.

Cualquier cosa me hace llorar.

-Vamos a tomarle la tensión, ¿vale? Vale.

Eso que me cuenta podría ser una recaída de su síndrome depresivo.

En cualquier caso, eso debería determinarlo un psiquiatra.

Nosotras, por nuestra parte, vamos a medirle las constantes

para que se quede tranquila. -Gracias, doctora.

-Lo único que sí que os pediría es que la próxima vez

pidáis consulta externa porque su caso no se considera una urgencia.

-Disculpe, es que yo pensé que estando...

Ahora no hable, por favor.

90-70. Está muy baja.

Tiene subictericia.

Voy a palparle el abdomen, ¿vale? No debería dolerle.

Tiene una hepatomegalia.

Tiene el hígado aumentado de tamaño.

Tome, tome un poquito de agua.

Tiene disnea.

Vamos a ver, Rita, no le voy a dar el alta todavía

porque me gustaría hacerle una serie de pruebas.

-Vaya, a ver si al final va a resultar que sí que era una urgencia.

-Eso tendrán que determinarlo las pruebas.

Vamos a hacerle una analítica con gasometría venosa

y también la pondremos oxígeno. Muy bien.

-Quédese aquí tranquila, que enseguida vendrá un celador.

-Vale, hasta ahora.

-No, si siempre es la misma historia.

La gente da por hecho que mi madre es una mentirosa y la tratan como tal.

Hubo un juicio y la declararon inocente,

pero eso a la gente le da igual.

Lo importante es que alguien pague el pato,

y si es una mujer viuda y desvalida, pues oye, mucho mejor.

Mi madre está enferma por culpa de toda esa gente

que se ha dedicado a difamarla, llamándola ladrona cuando no lo es.

Pero esto... Esto no va a quedar así.

Puede que a ella no le queden fuerzas, pero a mí sí

y no voy a parar hasta que se haga justicia.

-¿Cómo que no hay café?

Pues lo que oyes, que ahora si quieres uno,

tienes que bajar a la cafetería.

Se conoce que gastaban demasiadas cápsulas.

Así estoy yo, zombi pérdida.

Y luego dirán que gastamos mucho tiempo en el bocata de mediodía.

No, si nos ha caído el gordo, ¿eh?

Es que siempre nos llevamos la peor parte, ¿te has dado cuenta?

Que controlemos el uso de las gasas, que no gastemos tantos apósitos.

Hombre, por favor. Ya está bien.

Pepa, ¿qué te pasa? Nada, nada, nada.

Oye, estás muy pálida. ¿Quieres que llame a Dacaret?

No, no, no. Se me pasa, se me pasa.

-Chicas, ¿me echáis una mano con una fractura de tobillo?

¿Alguna de las dos? Ah, sí, vale. Ya voy yo, ¿vale?

Gracias. Luego vengo.

Que se ha vuelto loco.

Sí, un 20 % de productividad más. No es normal.

Lo único que va a lograr con eso es que empeore el servicio

y que la gente acabe quemándose.

Pues sí. Y que sepas que a mí me dijo

que estaba intentando que el hospital fuera mejor

y que la gente no lo entendía.

Pero vamos, a mí esto no me parece lo mejor para el hospital

y entiendo que la gente se moleste.

Se está poniendo a todo el mundo en contra.

Si no se le paran los pies, va a cargarse este hospital

y alguien tiene que hacerlo. Ya, ¿pero quién?

Alguien que no esté metido en las guerras internas. Alguien como tú.

¿Yo? No... Sí, Ainhoa, tú. Tú acabas de llegar.

Tú no estás metida en ningún lío de aquí.

Bueno, yo ya he tenido una movida por hablar algo con Herrera.

¿Qué ha pasado? Nada, un malentendido con Esther.

Pero vamos, la cosa es cómo tratamos esto con Herrera.

¿No tiene ningún amigo?

Tiene a Silva, que es al único al que este tipejo le hace caso.

Bueno, ¿y por qué no hablas con Silva?

No, yo no puedo hablar. ¿Por qué no?

Porque no, porque hemos discutido y no puede ser.

¿Y no te hablas con él? No.

¿Y Pepa? ¿Por qué no hablamos con Pepa?

Sí, es una opción. Pero es que con todo lo que ha ocurrido con Silva,

no creo que sea lo más conveniente que yo hable con ella.

¿Por qué no hablas tú?

Bueno, sí. Podría hablar con Pepa para que hablara con Silva

para que Silva hablara con Herrera, pero vamos...

Madre mía, vaya circo.

Pues sí. Y todo esto para hacer que Herrera entra en razón,

que la verdad, lo veo bastante difícil.

Bueno, yo creo que es la única posibilidad que tenemos ¿de acuerdo?

Es una rendijilla, pero vamos a aprovecharla. Yo soy optimista.

Yo también soy optimista, así que confiemos en esa rendijilla.

Claro que sí. Oye, luego te veo, ¿vale?

Chao.

-Herrera, ¿tienes un minuto? -No, pero ya has entrado...

-A ver, te cuento. Tengo un paciente que tiene hiperplasia de próstata.

Le tenían que haber operado hace tres meses,

pero hubo un problema con los papeleos y no pudo ser.

Ha venido esta mañana con molestias

y he decidido adelantar la operación a mañana.

Me han dicho que avise a todas las operaciones no programadas,

así que aquí estoy, informándote. Toma.

-Un momento....

-No, no autorizo la operación.

-¿Cómo que no?

-Ya me has oído. Que espere, como el resto de los pacientes.

-A ver, escucha. Tendría que haberse operado al menos hace seis meses.

He mirado los horarios y hay quirófanos libres.

No entiendo por qué no puedo operar. -He dicho que no.

Una hiperplasia de próstata no es algo grave.

De hecho, algún día la tendrás tú, la tendré yo,

tenemos que venir aquí tendremos que esperar la cola

como el resto de los humanos.

-A ver, escucha. Que no estoy intentando colar a un paciente,

estoy intentando subsanar un error administrativo que cometimos aquí

para que este señor deje de sufrir, ¿lo entiendes?

-Dacaret, no entiendo por qué te compliques tanto la vida,

si dentro de dos días te vas para Estados Unidos.

-Ya, pero resulta que sigo aquí.

-Yo de ti, aprovecharía estos últimos días que te quedan

para despedirte.

Para darte un paseo por los pasillos, hablar con las enfermeras,

para no pegar sello, vamos.

Eh, pero yo no te he dicho nada, ¿vale?

-Ya. Yo lo único que sé es que este señor necesita operarse.

-Y yo lo único que sé es que necesito que te vayas.

Bueno, con ese rollito que llevas

de médico superimplicado con los pacientes

te va a ir muy bien en Estados Unidos.

Allí se estila mucho ese rollito. Un montón.

¿Cómo te van a llamar allí? ¿Doctor "Deiqueret"? Algo así, ¿no?

Buen viaje.

-Mamá, no te preocupes.

A ti siempre te parece que estás a punto de morirte,

ya verás como no, mujer.

-Que no, Eloísa, que no. Esta vez tengo un mal presentimiento.

-Eso es porque estás deprimida, no porque tengas algo grave.

-Hola. Venía a comentaros los resultados de las pruebas, ¿vale?

En la ecografía de abdomen sí que hemos visto

que el hígado está aumentado de tamaño.

En la analítica de sangre hemos visto una intensa leucocitosis.

Eso quiere decir que el número de glóbulos blancos está alto.

Eso me hace pensar que podamos estar ante una infección.

-¿Una infección? Pero ¿de qué?

-A ver, yo al principio pensaba que podría ser una infección respiratoria

porque también noté alguna alteración en la auscultación pulmonar,

pero la radiografía de tórax no me encaja con ese diagnóstico.

-¿Entonces?

-Entonces fui a pedir que hagamos TAC de tórax de alta definición.

Así podremos ver mejor ante qué estamos.

-Doctora, por favor. Usted dígame la verdad. Yo tengo algo grave.

-A ver, Rita... De momento no te puedo contestar a eso.

Vamos a hacer las pruebas y vamos a tener un diagnóstico primero.

Os dejo y ahora vendrá un celador a por ti para hacerte las pruebas.

-Gracias. -Nada.

-No ha dicho que no tenga nada grave. -Claro, porque todavía no lo saben,

pero mamá, no te preocupes, que te lo van a decir cuando sepan algo.

-Que no, Eloísa. Que si fuera una tontería lo sabría ya.

Esto es algo mucho peor. Si yo tenía un presentimiento.

Pero... ¿qué pasa? -Me han concedido el crédito.

No me lo creo... -Pero... ¿qué crédito has pedido tú?

-Quería que fuese una sorpresa. Pero bueno, da igual.

He pedido un crédito para pagar un abogado.

Vamos a demandar a los medios que te difamaron, mamá.

Llevo meses hablando con bancos y no había manera,

pero hoy por fin me han dicho que sí, que me lo dan, que me dan el dinero.

El infierno se va a terminar, mamá.

Vaya, pensaba que te haría ilusión. -Sí... sí... de verdad, hija.

Perdona, es que estaba...

con lo que me acaba de decir la doctora y...

Pero es muy buena noticia. Sin duda.

Hola, cariño. -Hola.

¿Qué tal, estás bien? -Sí. Oye, te quería preguntar...

¿Cuando hicieron mi evaluación salió todo bien?

-Sí, ya te dije que sí. -¿Seguro?

-Bueno, estuve hablando con el neurólogo y me dijo

que todo estaba dentro de la normalidad,

que podías hacer bien tu trabajo.

-¿Y no puede ser que se hayan equivocado,

hayan cometido un error, no sé, contando los puntos, por ejemplo.

-No, Pepa, no. ¿Me dices qué pasa? -Vale...

Te voy a hacer una última pregunta, pero no te enfades.

¿Tú has falseado mi evaluación?

-Pepa, ¿vas en serio? ¿Cómo me dices una cosa así?

-Bueno, no sé. Con buena intención... Para protegerme,

para que no me enfrentase a la realidad...

-Pues no, jamás haría una cosa así y lo sabes.

Además, ¿a qué viene este interrogatorio? ¿Ha pasado algo?

-Pepa...

-No... Ah, Ainhoa, ¿qué tal? Me habían dicho que me buscabas.

-Sí. -Os dejo que habléis, pero luego...

-Espérate, porque realmente la buscaba a ella

para que hablara contigo.

Es sobre... Sobre el tema de los recortes.

¿Habéis visto la nueva normativa de Herrera, supongo?

-Sí, yo no he entendido nada. -Está loco.

-Es que alguien tiene que hacerle ver

que no puede destinar todo el dinero de todos los servicios

solamente para la investigación de neurología. Es que no puede ser.

-Sí, eso está claro, pero ¿quién? -Tú.

-No. No, no. Yo prácticamente no me hablo con Matías.

-Pero si eres el único médico al que respeta de todo el hospital.

-Que no, que no. Eso a lo mejor era antes,

pero las cosas han cambiado mucho. Ya no somos amigos.

-A lo mejor tú no le reconsideras como un amigo, pero ¿él a ti?

-Él está muy solo y a ti te aprecia, así que seguramente te va a escuchar.

-No lo sé, no lo sé, chicas.

Es que está obsesionado con esa investigación.

No creo que le pueda hacer cambiar de parecer. Ya sabes cómo es.

-Inténtalo... aunque sea por tus compañeros.

-Venga, sí, por el hospital, por favor.

-¿Y qué son adenopatías, doctora?

-En ese caso nos referimos a los ganglios linfáticos inflamados,

y en tu caso, hemos visto varios en el tejido que sostiene los pulmones.

-¿Qué me está diciendo? ¿Qué han encontrado bultos en mis pulmones?

-A ver... podría decirse que sí.

-¿Pero y eso por qué pasa? ¿Qué tengo? ¿Un cáncer?

-A ver, estamos hablando de ganglios inflamados,

no estamos hablando de tumores.

Sí que es verdad que existe una posibilidad

que si hay mucha adenopatía en el mediastino,

que es la parte que está entre los pulmones y el corazón,

habría que descartar linfoma.

-¿Un linfoma? ¿Pero y eso qué es?

-Un cáncer que se origina en el tejido linfático.

-Ya lo sabía yo...

Si ya se lo he dicho yo antes a mí hija,

que teníamos que estar preparados para lo peor y...

yo me lo temía que tenía que ser algo grave...

Tenía un mal presentimiento.

-A ver, podría ser eso, pero podría ser un problema de hígado

que esté afectando a los pulmones o también un tipo especial de neumonía.

-Pero, si se confirma que es cáncer, doctora, ¿cuánto tiempo me quedaría?

-A ver, Rita. No voy a hablar ni de cáncer ni de tiempo

hasta que no tenga un diagnóstico.

-Sí, ¿pero eso cuándo será?

Yo no puedo seguir viviendo con esta angustia, eso se lo digo...

-Lo más pronto posible. De momento, te vas a quedar ingresada

con oxígeno y antibiótico. ¿Tu hija se puede quedar contigo?

-Sí, ha salido un momento pero ahora viene.

-Vale, pues en cuanto venga te subimos a planta.

-Vale. -A ver, Rita, yo sé que...

una de las opciones que te he dado da miedo,

pero también hay otras opciones.

Ahora tienes que estar tranquila

porque tienes que pensar que tus pulmones tienen que descansar.

-Bueno, Paco, a falta de cultivo parece que no hay infección,

así que aumentaremos los alfabloqueantes,

que básicamente, son las pastillas que estás tomando,

pero subiremos la dosis. -Vale, vale...

-Y con esto conseguiremos que el conducto de orina esté abierto

hasta que podamos operarte. -¿Y la operación será cuándo?

-Me temo que ha habido un problema administrativo.

He intentado adelantarlo, pero bueno...

Como les he comentado que es una dolencia leve, no ha habido manera.

-¿Qué ha habido un problema?

-Sí, a veces, con la gestión de la cirugía pueden pasar cosas,

pero no te preocupes. Ya me he encargado de que esté en lista.

-¿O sea que me está diciendo que mi padre lleva meses sin poder orinar

porque algún incompetente ha introducido mal sus datos?

-Lo que te estoy diciendo es que ha habido un error

y que ya está solucionado,

así que en unas semanas, como mucho...

-No, no, no. Ni hablar. Ustedes han cometido el error,

ustedes lo solucionan

y de aquí no nos vamos a ir hasta que operen a mi padre, ¿queda claro?

-A ver, por favor, Carlos, no te pongas nervioso.

-Pero papá, vamos a ver.

¿No te das cuenta de que nos están tomando el pelo?

Ahora resulta que ha habido un error. Pues muy bien, que lo solucionen.

-Bueno, Carlos... Eso he intentado, pero no he podido.

-No, no, no. Claro que va a poder porque si no les va a caer un puro

que se van a enterar de Paco y Carlos del Río.

-Perdone a mi hijo, es que está un poco alterado.

-¿Perdonar de qué, papá? ¿Perdonar de qué?

Es el hospital el que te tiene que pedir perdón a ti

y operarte hoy mismo

si no quiere una denuncia por negligencia.

-A ver, Carlos, escúchame. Yo entiendo que estés enfadado.

Si quieres denunciar, denuncia, pero esto no es una negligencia médica,

es un error administrativo y denunciando no vas a conseguir nada.

-¿Ah, no? -Déjame terminar.

Y menos conseguirás que la salud de tu padre mejore.

-Carlos, el doctor tiene razón. Yo puedo esperar una semana.

No pasa nada.

-Pero si no se trata de eso, papá, no se trata de eso.

Está claro que puedes esperar porque está claro que no te estás muriendo,

pero vamos a ver, es una cuestión que...

-Mira, mira, es verdad. Mañana te vamos a operar.

-¿De verdad?

-Sí, además el preoperatorio está hecho,

así que te puedes ir a casa y mañana te operamos.

-Muchas gracias. -Esto es increíble, esto cómo va.

¿Primero dice que no puede adelantar la operación

y ahora resulta que no hay ningún problema?

-A ver, Carlos, ¿vale ya, no?

-Sí, vale ya, porque también podemos volver a ponerle en cola.

-No...

-En recepción te darán la citación de mañana, ¿de acuerdo?

-Muchas gracias. -De nada.

Esto te saldrá caro... pero caro, caro, caro.

-Mamá, vale ya. No me voy a quedar con el gato porque no te vas a morir.

-No, hija. Negarlo no sirve de nada. Mejor asumirlo de entrada.

-Qué pesada eres, de verdad.

¿No te ha dicho la doctora que puede ser una neumonía

o un problema del hígado? Pues tú tranquila, ya nos dirán.

-Sí, ahora me van a hacer una prueba horrible.

-¿Qué prueba?

-Una que meten un tubo por la tráquea y bajan a los pulmones

para ver cómo está todo.

Encima me cogen con una pinza una muestra para hacer una biopsia.

-Bueno, vale, pues a ver qué sale. -Qué va a salir. Va a salir mal.

Va a salir mal porque seguro que encuentran células malignas.

-Mamá, no digas tonterías. -No sé por qué, me lo estoy oliendo.

Porque sí.

-Espero que sea por la depresión que dices estas cosas.

-No, no es por eso.

-Tú tranquila porque eso va a cambiar, ¿sabes?

Pienso denunciar a todos los que te han hecho estar así

y entonces saldrás con la cabeza bien alta.

Volverás a recuperar la esperanza y las ganas de vivir, mamá.

-Hija, no sé si vale la pena.

Imagínate que algo sale mal y no ganamos el juicio.

Tú te podrías arruinar pagando las costas.

-Pero mamá, qué va a salir mal, si tenemos la razón.

-Hija, hay algo que debes saber. -¿El qué?

-Pero antes yo quiero que tú sepas

que lo más importante de mi vida eres tú,

y que todo lo que he hecho lo he hecho por ti y por mí,

por si algún día yo faltaba, que tú no te quedaras sin nada.

-Mamá, habla más claro porque no te entiendo.

-Tengo un dinero escondido. -¿Cómo?

-Mira, lo único que tienes que hacer es llamar a la abogada

y ella te dirá cómo y dónde conseguirlo. Ya está.

-¿Qué abogada?

-La que me defendió en el juicio.

-Mamá, ¿esto es una broma, no? ¿Qué dinero es ese? ¿De dónde sale?

No me lo creo...

-Luisa, solo tienes que llamar a la abogada y ella te explicará todo.

Te explicará la manera de conseguirlo, ya está.

-¿Por qué me haces esto? Me muero de la vergüenza. ¿Cómo has podido?

-Pero no te preocupes, si no lo sabe nadie... Solo la abogada tú y yo.

-No lo entiendes. Me muero de vergüenza de ser tu hija.

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Centro médico - 17/01/19 (1)

17 ene 2019

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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