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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 14/10/16 (2) - ver ahora
Transcripción completa

Hace un año, Alberto se quedó parapléjico a causa de un accidente,

y acude regularmente a rehabilitación.

-Aquí estamos. Sobre ruedas.

-Tú siempre igual. No cambias, ¿eh? -Hombre, yo siempre.

-Está bien el sentido del humor. -Por supuesto.

-¿Y qué tal? ¿Has hecho avances? ¿Has dado algún paso?

-¿Pasos? Pasos ninguno.

Pero bueno, por lo menos ya

he conseguido el número de la de rehabilitación.

Que de aquí al baile hay un paso.

-Eres un crack. Bueno, mucho ánimo.

(A LA VEZ) -Venga. Hasta luego.

¡Alberto! ¿Qué pasa?

¡Hombre! ¿Qué tal? ¡Qué guapa!

Mira, muchas gracias. ¿Qué? ¿Cómo estás?

Pues muy bien. ¿Y tú?

Yo, estupendamente. Pero... no tan bien como tú.

Bueno. Esta semana, ¿qué tienes?

¿Turno de día, o de tarde? Pues mira, los dos,

porque estoy haciendo horas extras.

¿Y tú...? (CARRASPEA) -Bueno, que...

Que digo yo. Que... Que podéis iros a la cafetería, ¿no?

A hablar de vuestras cosas y tal. -Muy bien.

Pues sí. Es buena idea.

Podíamos ir... a tomar algo a la cafetería, ¿no?

Si tienes algo de tiempo. -Sí.

Sí, pues a lo mejor luego tengo un ratito.

Vale.Lo miro, ¿vale?

Muy bien. -¡Venga, Juanjo!

-Mete la directa, que llegamos tarde.

Oye, que... Que digo yo, que aquí hay tomate, ¿no?

-Ah... Esto es un amor... ¿Cómo se dice? Platónico.

-Ah. Platónico.

-Los dos estamos muy a gusto con nuestra familia. -Sí, sí.

Yo también tuve una relación platónica.

Anselmo ha sufrido un pequeño desmayo al volante de su taxi,

y su hijo Rafa le ha traído al hospital.

-Te van a soldar a la mano, dame las llaves.

-Siéntate, te hacen las pruebas y nos vamos, y te las doy.

-Oh... Qué pesado. -Venga. Anselmo.

A la camilla. Eso.

-Ay... No, no ha pasado nada.

Solo que me he despistado un momentín, y bueno.

Pero he reaccionado a tiempo.

-No. Pues no.

Yo iba de copiloto, y a mi padre le ha dado un telele de los suyos,

como siempre, y he tenido que pegar un volantazo.

Porque nos íbamos derecho a una farola.

Y suerte que iba conmigo, y no con un cliente.

Andrea Soto es la encargada de la intervención de Maialen.

Un procedimiento que ha hecho cientos de veces antes.

-Muy buenas.

-¿Usted sabe lo que está haciendo? -Bueno, lo vi una vez por la tele.

Pero creo que me acuerdo. -Pero ¡qué me dice!

-Tranquila, soy experta en este tipo de hernias.

¿Dónde está el anestesista? -Pero...

Pero hay gente que se muere de esta operación, ¿no?

-Bueno, los riesgos ya se los han explicado,

y además estaban escritos en el documento de consentimiento

que ha tenido que firmar, pero es una cirugía sencilla.

No tiene por qué preocuparse.

-Ya. ¿Y usted es buena cirujana?

Porque eso es como todo. Habrá cirujanos buenos y malos.

Como fontaneros, electricistas, futbolistas...

-Ya, bueno, mire.

No se preocupe, porque le van a anestesiar,

y no se va a enterar de nada.

Una hernia inguinal se presenta

cuando una porción del intestino delgado

se introduce en el canal inguinal.

A veces se da que el intestino se queda atrapado en ese canal,

presentando compromiso vascular.

Es decir, cortando el suministro de sangre.

Es lo que llamamos una hernia estrangulada.

Todas las hernias inguinales se deben intervenir,

y las estranguladas, de urgencia.

¿Y la paciente? ¿Dónde está? -No sé, es que se ha ido.

(Jaime Ediburi, vaya a la sala de Diagnóstico, por favor)

-Se me ha escapado una paciente del quirófano. ¿Le has visto?

-Sí. Ha intentado salir,

pero al no conseguirlo se ha ido hacia allí.

-¿Por la escalera? -Sí.

-¿Has visto a una paciente corriendo? -Aquí, acaba de entrar.

-¡Abra la puerta, por favor! ¡Que se tiene que operar!

-¡Que no! ¡Que he cambiado de idea! ¡Que yo no me quiero operar!

-¡Por favor, deje de hacer tonterías,

que me está haciendo perder el tiempo!

-¡Pues no pierda más el tiempo y váyase!

¡Vamos! ¡Que no pienso abrir! ¡Que no!

¡Que seguro que entro en el quirófano, y no salgo!

(Francisco Pascual, preséntese en Boxes)

-Por cierto, mi padre tiene... Es diabético.

-Hola. Eh... Pepa, ¿sabemos la tensión?

-Sí. 9-6. -Vale.

-¿Y eso qué es? ¿Mucho o poco? -Un poquito baja.

-Bueno.

-Miramos el índice de glucemia, ¿verdad?

-Sí. -Vale.

-Un momentito... Un dedo, Anselmo.

-Sí. -Así. Un pinchacito va a ser, ¿eh?

-¿Sí? Vale. -Sí.

-Nada, es un segundito. -Sí.

A ver...

-65.

-65. Bueno, Anselmo. Es un...

Es un dato un poquito bajo. ¿Vale?

Lo que debería hacer es comer y beber para que suba. ¿De acuerdo?

-Ah, hablando de beber. ¿Puedo ir al baño?

-Claro. Sí, sí, usted mismo.

Las personas diabéticas tienen déficit en insulina.

Esta es la hormona que se encarga

de movilizar la glucosa hacia las células, y producir energía.

Cuando esta hormona es insuficiente,

lo que pasa es que se acumula la glucosa en la sangre,

produciendo hiperglucemia.

Y este es un trastorno que produce desmayos,

y complicaciones más graves.

-Doctor, a mi padre le han diagnosticado diabetes...

Pero no... No hace nada.

O sea, reacciona como si no tuviera.

-Ya. Bueno, en principio, siguiendo el tratamiento médico,

puede hacer una vida normal. No tiene por qué afectar la diabetes.

-¿Qué diabé...?

¿Otra vez estáis hablando de la diabetes?

Lo que pasa es que las farolas me han... enceguecido, o deslumbrado,

o yo qué sé.

Las encienden antes de que sea la noche.

-Un momento. ¿Se ha deslumbrado? ¿Le han operado de cataratas?

-Sí, de los dos ojos.

-Vale, porque es un síntoma bastante típico.

-¿Cuánto hace que me han operado de cataratas?

-Tres meses... Cuatro como mucho.

-Pero, Anselmo: Cuando te renuevas el carné de conducir...

-Sí. -¿No te ponen ninguna pega por eso?

-No, yo cuando el examen psicotécnico, pues voy al...,

adonde me dan la licencia para caza mayor.

Y con eso, "safi", como dice el moro, ya está.

Llevo casi...

50 años conduciendo.

Y tengo muchos kilómetros por delante todavía.

Mi vida es mi taxi.

-Maialen: Ha venido alguien a verte. -¿Quién es?

-Lucía. -La psicóloga del hospital.

-No, no, no, no, no.

Mira, ahorraros el esfuerzo, de verdad, ¿eh?

Que es que no voy a salir, ¿eh?

A no ser que me aseguréis que me vais a dejar ir.

-Nadie te va a obligar a hacer nada que no quieras.

Pero si no te operas, puedes morir. -No, no, no.

Si me opero es cuando voy a morir. ¡Oh! ¡Ah!

Pasar por una operación siempre suele generar miedos.

Que pueden ir desde que la anestesia sea excesiva,

hasta que sintamos dolor durante la operación,

o que implique un riesgo de muerte.

Maialen: ¿Por qué no sales un momento y hablas conmigo tranquilamente?

-Que no. Que no...

Que si salgo, la cirujana esa seguro que me lleva a la fuerza.

-No, nadie te va a obligar a hacer nada.

-¿Cómo que no? Yo tengo otras operaciones programadas.

O sea... No puedo perder el tiempo con una histérica.

Una histérica que, si no la opero, puede morir.

Y a ver cómo se lo explicamos eso a tu marido.

Aunque hay personas con una fobia real a entrar en un quirófano,

hay otras que tienen un miedo mucho más manejable.

Para ellas existen algunos consejos.

Por ejemplo: no pensar demasiado en la operación.

Y para ello no hay que buscar en Internet.

Y también, lo que podemos hacer es hablar con los profesionales

para que nos resuelvan todas las dudas que tengamos.

-¿De qué narices estáis hablando?

-Dame por lo menos una semana. -Imposible.

Hernia encarcelada, tiene indicación quirúrgica.

El tejido se puede necrosar, es que puede morir.

-Pues dame 48 horas. -Ni una más.

-¡Maialen! ¡Maialen...!

Ya puedes salir, que la cirujana se ha ido. -¿Seguro?

-Sí. -Ah...

(Doctor Dacaret, acuda a Cuidados Intensivos)

-Tranquila.

-¿De qué habéis estado hablando? -De nada.

Sal, ven conmigo.

¿Te encuentras bien? ¿Sí? -Ay...

-Ven, anda, ven.

48 horas para convencer a alguien

con fobia a los quirófanos de que entre a operarse, vamos.

Es que es algo que me llevaría semanas.

Voy a necesitar un milagro.

-Anselmo: No tienes que dejar pasar mucho tiempo entre comidas.

Para ti es importante que hagas cinco comidas diarias. -¿Cinco?

-Cinco comidas.

-Esa tos también es común en él.

-¿Sí? -Tose mucho.

-Anselmo: ¿Está bien? -Estoy bien, estoy bien, estoy bien.

-Escucha, una pregunta: ¿Usted fuma? -Sí.

-No. -Y mucho.

-No. No. Fumo a veces.

-Fumas mucho. -No, fumo a veces.

Cuando el taxi está con gente, yo no fumo.

Ahora, cuando el taxi está libre,

pues fumo porque eso me calma los nervios.

-Pero Anselmo, no me puedo creer que fumes mientras conduces.

¿Y si te da un ataque de tos como estos al volante?

-Bueno, pues no pasa nada. ¿Qué problema hay?

¿Puedo...? Perdone: ¿Puedo ir al baño? -Sí, claro.

Ya sabe dónde está, Anselmo. -Gracias.

-Y eso también, doctor, es muy común: va muchas veces al baño.

No sé por..., a qué se debe. -Ya.

-Esto le debe desconcentrar mucho también al volante, ¿no?

-Sí, ya se lo hemos dicho muchas veces.

Pero es que se para en cualquier lado a..., a mear y...

-Bueno, lo que tenemos que hacer es averiguar qué lo está causando.

¿Vale? -Vale.

Muy bien. -Bueno. A ver.

¿Y qué es...? ¿Qué es lo que me van a hacer aquí?

-Ahora va a venir un médico, Anselmo, y te vamos a hacer un tacto rectal.

-No, no, perdona, perdona. Un tacto no. Por favor...

-Sí, papá. Va a ser un momento, ¿vale?

-Pero ¿tú sabes lo que es eso? -Sí.

-¿Tú sabes lo que es un tacto?

-Sí, pero te lo hacemos en un momentito y nos vamos para casa.

-Es indoloro, de verdad. Y es una prueba necesaria.

-Es indoloro, sí. Pero es muy molesto, joder.

-Ah, pero que va a ser un momentito, papá.

-Bueno, está bien.

-Maialen, la paciente que ha huido del quirófano

justo antes de su intervención para reducir una hernia inguinal,

comienza una terapia express con Lucía:

la psicóloga clínica del hospital.

-¿Te apetece contarme algo de ti?

-Pues...

Tengo 39 años, y soy decoradora de interiores.

-Ay, qué bien.

-Y desde hace diez años, pues me dedico a...

A esquivar a la muerte. -¿Cómo?

¿Me puedes explicar eso un poquito más?

-A ver.

Yo iba a hacer un viaje con unas amigas.

En el coche, por la Costa del Sol, mucha marcha...

Ya sabe, lo típico.

Y, como diez minutos antes de pasar a recogerme,

pues empecé a sentirme muy mal.

Vamos, que tuve que decir que no iba.

Pues se estamparon en la carretera con el coche.

-Pero ¿murieron? -Todas. -Vale.

-¿Quiere que siga? -Sí, sí.

Yo sé que se trata de miedo.

Pero le aseguro: he tenido a la muerte cerca demasiadas veces.

Y sé reconocerla.

Y hoy he tenido esa sensación en el quirófano.

-¿Qué? ¿Más tranquilita?

Tengo un hueco en el quirófano, si nos damos prisa, comemos en casa.

-Pero ¡qué dice! ¿Esto qué es? ¿Una trampa?

-No, no, no, no, no, no, tranquila, la doctora Soto se va ahora mismo.

-¿Cómo? -¡Que te vayas inmediatamente!

Maialen, por favor,

ha sido un error, siéntate tranquila,

que voy a hablar ahora con la doctora.

A Anselmo, el taxista diabético que sufrió un desmayo al volante,

le han detectado un problema de próstata.

-Tiene hiperplasia benigna de próstata. ¿De acuerdo?

No es excesivamente grave,

pero lo que está claro es

que seguirá con esas ganas de ir al baño tan a menudo.

Y si a eso le sumamos la diabetes, que produce desmayos,

más la tos, porque usted fuma,

más el deslumbramiento por la operación de cataratas,

pues todo junto es una bomba de relojería.

Y, francamente, no le recomiendo que siga con el taxi.

-Mira, te lo he dicho, papá, mejor que lo dejes ahora.

-No, mire... A ver si nos aclaramos,

yo, si quiere, dejo de fumar pero el taxi no lo dejo.

-Pero Anselmo, piensa que, si tienes un accidente,

las consecuencias pueden ser muy graves.

-Claro, va a ser lo mejor.

-No, dame la llave. Dámela.

Ahí está.

Vale.

Pues muy buenas. Hasta luego.

Te espero, habla con el médico tú.

Bueno, pues la verdad

es que me ha gustado mucho tomar este café contigo.

Porque así también

hemos podido poner las cartas boca arriba.

Sí, yo también me he quedado muy a gusto después de hablarlo.

Y pensar que no hace tanto tiempo estuvimos a punto de...,

de liarnos, ¿eh? Faltó esto. ¡Huy! Eso, dice.

Mira, esto, esto faltó. Hay que ver cómo son las cosas, ¿eh?

Tú me pones a mí, yo te pongo a ti... Es normal.

Somos dos personas atractivas e inteligentes.

Dos almas gemelas.

Dos estrellas que brillan en la oscuridad,

en un mundo donde no existe el romanticismo.

Es normal que surjan chispas.

A ver, Juanjo, por favor, no sigas por ahí, ¿eh?

Ahora estamos en otro momento. Eso también es verdad.

Y aquello, bueno, pues fue una etapa, una crisis que pasamos...

Y no sé, ahora es otra cosa.

-Sí, la verdad es que así es, pasó.

Está... Está totalmente superado.

Totalmente. Totalmente.

Además, bueno, pues yo con Fidel, pues hombre, estoy bien.

Sí. Y yo también estoy mejor con Mariví, ¿eh?Ah, ¿sí? Mira.

Sí, estoy mejor. Pues fenomenal, oye.

Sí, estamos fenomenal. Los dos, estamos bien los dos.

Muy bien, ¿verdad? Muy bien, muy bien. Claro que sí.

Fenomenal. Ah... Sí.

Bueno, me tengo que ir.

Pero me alegro mucho de...

De poder haber hablado contigo. Ya.

Yo también.

Adiós.

¡Vamos a ver! ¿A qué ha venido eso?

-Eso me gustaría a mí saber. -¡Me diste 48 horas!

¡Y casi echas por tierra toda la terapia!

-Mira. Estoy harta de tener que perder el tiempo,

y encima quedar como la mala.

Si no se quiere operar, que no se opere.

Pero si quiere sobrevivir,

se le chuta anestesia general y se le opera.

¿Por qué hay que hacer las cosas de manera difícil?

-¿Tú te das cuenta que detrás de esos órganos que operas,

hay seres humanos, que tienen miedos y tienen ansiedades?

Porque cuanto antes te enteres, antes podrás ayudarles.

-Igual le das demasiada importancia a esos miedos y esas ansiedades.

-Bueno, es que a lo mejor somos... muy diferentes.

-Puede ser.

Estoy pensando que a lo mejor lo que podemos hacer es...

una simulación de la operación.

Porque estas cosas a veces ayudan.

Ver el proceso y eso les quita miedos.

-No cuentes conmigo para esa payasada.

Anselmo, el taxista, regresa al hospital.

Pero ahora, quien necesita asistencia es su hijo Rafa.

-¿Qué te ha pasado?

-Pues que mi padre me ha atropellado.

-¿Cómo? ¿Cómo...?

¿Me puedes contar eso, exactamente cómo ocurrió, por favor?

-Que se ha levantado mareado de la siesta,

y quería coger el taxi para trabajar.

Y ya se lo habíamos prohibido.

Me he puesto delante y me ha atropellado.

-Vale. Bueno, haremos una exploración neurológica y un TAC craneal

para ver que no haya ningún daño. ¿Vale? -Vale.

Eso se veía venir, mi padre es un peligro al volante.

Yo creo que...

Que ha querido pisar el freno en vez del acelerador,

y se me ha llevado por delante.

Bueno. Eso o...

O ha querido matarme.

-Bueno, Rafa.

Tengo los resultados del TAC, y no aparecen alteraciones.

¿Vale? Aun así preferiría que te quedaras 24 horas en observación.

-Es que tengo que trabajar. -Sí, entiendo tu preocupación,

pero prefiero que estés 24 horas con nosotros,

así cuando cojas el taxi estarás en plenas condiciones.

-Dame la llave.

-Que no te doy la llave, papá. -Que dámela.

Conduzco ocho horas si quieres.

-No. -Conduzco menos.

Pero dámela. Aunque sea, que trabaje un poco el taxi.

-Que hoy no trabajas.

Que hoy libra el taxi. ¿Vale?

-Bueno, no libra. Hoy no libra.

-¡Que no te las doy!

(Doctora Romero, acuda a Consulta 5, por favor)

Lucía cada vez tiene menos tiempo para ayudar a Maialen

a superar su fobia a los quirófanos.

Cada minuto que pasa, aumenta el riesgo para la paciente.

Así que tiene que recurrir a medidas contundentes.

Maialen, por favor, perdónanos por hacerte pasar este mal rato.

¿Estás bien?

Me gustaría que me acompañaras a un sitio.

-Bueno, pero...

Una tontería más de estas y yo me voy, ¿eh?

-Normal. ¿Te ayudo con el gotero?

-No. -Venga.

He pautado una serie de charlas

con pacientes que han sido operados por distintas causas.

Y espero que Maialen vea que están bien, y eso le pueda ayudar.

-Anselmo... -Sí. -Así no puedes seguir.

A ver si vas a tener un problema en los bronquios.

Yo creo que voy a llamar al doctor Dacaret

para que te haga una prueba de función pulmonar, ¿eh?

-Pero... por favor. María José, por favor.

-Pepa. -Pepa. Bueno, ¿más pruebas todavía, Pepa? -Papá.

-Pues las que hagan falta. -Las que hagan falta.

-A ver, a ver, coge aire...

La espirometría es la principal prueba

para evaluar la capacidad de los pulmones

para inhalar y exhalar.

Para realizarla correctamente,

hay que lograr que el paciente inspire y respire hasta el límite.

Las pruebas indican que Anselmo sufre una EPOC.

Es decir, una enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Esta es una enfermedad que causa una dificultad progresiva al respirar

y por desgracia, es irreversible.

Aunque con un tratamiento adecuado, se puede lograr que no vaya a más.

-Muchas gracias, Fuensanta. -De nada. -Gracias, Julio.

¡Hola, José Luis! ¿Qué tal?

-¿Quién tiene miedo a la cirugía? -Yo, yo.

-Te entiendo perfectamente.

Yo también estaba muy asustado.

Pero mírame ahora.

Dentro de unos días podré abrazar a mis hijos.

Que el miedo a la muerte no te impida vivir.

-Muchas gracias, de verdad, José Luis.

Y tú has venido sola a operarte. ¿No tienes familia?

-Bueno, sí, tengo a mi madre.

Mi madre, hace años que tiene Alzheimer.

Vive en una residencia.

Pero la cuidan muy, pero que muy bien.

De eso me encargo yo.

Es cierto que no voy demasiado a verla.

Pero es que casi nunca... me reconoce.

La verdad es que la echo de menos.

-¿Y por qué no lo haces por ella? -¿El qué?

-Operarte.

Porque si te operas podrás ir a verla.

Pero si no, quién sabe las cosas que vas a poder hacer...

¡Maialen! ¡Maialen, Maialen, tranquila, que no pasa nada!

Ha sido después de la operación, tranquila.

No me lo puedo creer, pero yo ¿por qué no la saqué antes de allí?

De verdad...

(Doctor Blanco, acuda a Urgencias, por favor)

-¿Qué tal, Rafa? ¿Cómo estás? -Bien.

-¿Ya estás mejor?

-Sí. Algo mejor, sí. -Bueno, pues ahora que estás mejor,

yo voy a aprovechar a fumarme un pito,

y me voy a fumar, el último cigarrillo que me voy...

Se lo juro. Es el último que me fumo.

-Pero Anselmo, hombre. Ya hemos hablado de eso.

¿Qué te pasa? -¿Eh?

-¿Qué te pasa?

-No, que está muy bajo el asiento, y no me puedo poner de pie...

-Pero a ver, Anselmo. Para un momento.

¿Te duelen las piernas?

-Se le duermen. -Jo, otra...

-¿Pero te duelen? -No, no me duelen.

Lo que las siento como acorchadas. No sé, como si tuvieran...

-A ver, déjame. -¿Ves? Que tú me tocas y yo...

No, no las siento. -Pero ¿te pasa muy a menudo?

-No, a veces.

Bueno, me pasa a mí, le pasa a todo el mundo que conduce.

8, 10, 12 horas, un camionero...

-¿Y qué notas? ¿Entumecimiento, falta de sensibilidad...?

-Sí, un poco. -Sí, ¿no?

-Un poco. A veces, sí. -Pues Anselmo.

A ver. Esto lo va a tener que ver un médico.

-Pero cómo te gusta hacer eso.

¿Qué? ¿Has conseguido algo?

Porque se te acaba el plazo.

-Nada, es que dice que la persigue la muerte.

-¿Que la persigue la muerte?

Esta no ha estado en Afganistán.

Tranquila, vengo desarmada. Sólo quiero hablar.

-¿De qué?

-Quiero pedir perdón porque no...

No he sido lo suficientemente empática contigo.

Aunque, en el fondo te entiendo.

Porque yo también, de alguna manera, he escapado de la muerte.

Y se ha muerto otra persona en mi lugar.

-¿A ti también te persigue la muerte?

-Bueno, eso es una manera de verlo. Otra... es pensar que...

la vida nos está dando otras oportunidades.

Mira, te propongo una cosa. -No, no, no, no, no, no.

No me vas a convencer de que me meta en el quirófano.

-Escúchame, nos metemos tú y yo solas en quirófano,

y hacemos una simulación de intervención,

pero sin intervención.

Para que veas que no es para tanto.

Si después de eso sigues sin quererte operar,

te prometo que te dejo en paz.

Eso sí, te llevo flores a la tumba.

La enfermedad arterial periférica

se caracteriza por el estrechamiento de los vasos sanguíneos.

Esta enfermedad puede permanecer asintomática durante mucho tiempo,

pero las repercusiones pueden ser muy graves.

Pudiendo llegar a causar amputaciones.

En los primeros estados de la enfermedad,

se limita mucho la movilidad de las piernas.

Es decir, que afecta mucho

a la capacidad para poder conducir un vehículo.

-Ya, ya me gustaría a mí jubilarme, como al que más.

Pero no puedo. Rafa tiene... tres hijos.

Una hipoteca.

Y yo no soporto...

ver el taxi muerto de risa en el garaje.

Mientras él descansa, claro.

-Ay, Juanjo: ¿Sabes dónde está Clara, que la tengo que pedir un favor?

-¿Por qué voy a saber yo dónde está Clara?

Bueno, quiero decir que no siempre sé dónde está Clara

pero ahora sí, está en la Sala de Personal.

-¿Está en Personal? -Sí.

-Vale. Pues muchísimas gracias. -Bien.

-Voy para allá. Venga.

-Eh, ¿adónde vais? Y tú. Quédate aquí.

Que el otro día me dejaste tirado, a la salida de rehabilitación.

-Perdona. Es que se estiró un poco el cafecito con Clara. -Ya.

-Bueno, ¿y a ti qué tal te ha ido? -Bien, nada.

Que estoy con la rehabilitación a tope

y, bueno, que de aquí al concurso de baile hay un paso.

-Campeón de España de baile. -Hombre, por supuesto.

-Jo, ojalá todos los pacientes tuviesen tu humor.

De verdad, Alberto, ¿eh?

¿Tú me acompañarías a conocer a un paciente?

-¿Eh... es una chica? -No. Pero ¿me acompañarías?

-Bueno, venga. Vale. -Me lo llevo, ¿vale?

-Pero porque eres tú, ¿eh? -Gracias, Alberto.

¡Eres un sol! Hasta luego.

-Hale. Adiós. -Gracias.

(Alejandro Merino, pase a Consulta 101)

Maialen, ¿estás lista?

La doctora Soto ha convencido a Maialen

de simular la cirugía de hernia inguinal,

para tratar de reducir su miedo al quirófano, de una vez por todas.

(Doctor Dacaret: Acuda a Consulta 2, por favor)

-¡Hola! -Hola. -¿Sigues por aquí?

-Sí, que, al final, he decidido que...

Pues que sí que me opero. -¿En serio?

-Ah... -Bueno, de verdad.

No sabes la alegría que me das.

Y es que tengo miedo

hasta a preguntarte algo por si te arrepientes.

-Venía a preguntarle si...

Si me puede enseñar alguna técnica de relajación para...,

para el quirófano. Es que... -Claro, mujer, por favor.

Mira, ahora mismo tengo una cita,

pero en media hora, es muy cortita, te puedes venir.

-Venga, muchas gracias. -Nada.

-Que muy buena idea lo de la simulación de operación, ¿eh? Sí.

Al final la doctora Soto... no es tan ogro.

-Hola.

-Hola. -Hola.

-Me gustaría presentaros a alguien.

Se llama a Alberto, y quiero presentároslo

porque tiene una historia que... a lo mejor te hace reflexionar.

-Bueno, lo primero de todo,

deja de mirarme con esa cara, por favor.

Que parece que se ha muerto alguien.

Si a mí siempre me ha gustado ir sobre ruedas.

Bueno, aunque hace un año,

las ruedas sobre las que iba montado era sobre una bicicleta,

porque yo estaba en la Federación Española Juvenil de Ciclismo.

-¿Y qué te ha pasado?

-Bueno, pues un día estaba entrenando en la carretera,

cuando de repente vino un coche y me llevó por delante.

-Oye, perdona. Pero ¿eso qué es? ¿Un rollo macareno? ¿O qué es eso?

¿Te lo ha dicho...? ¿La señorita Pepa, que...?

-¿Le quieres escuchar un momento, o qué?

-No, no, si... Si tiene razón, ¿eh?

No, si... Si es que nos ha pillado, ¿eh?

"Cachin la mar...".

Mire, yo soy parapléjico porque me da la gana, ¿sabe?

Vengo aquí en la silla de ruedas porque quiero.

-Pues no, la verdad es que no. No nos ha pillado.

La historia de Alberto es completamente cierta,

y es lo que pasa cuando alguien que no está en plenas facultades

se sube a un coche. -No, no, perdona.

Perdona, perdona, perdona. -Mire. El hombre, tras el accidente,

vino a verme, suplicándome que por favor, que por favor,

que le perdonase... Y yo ya le había perdonado.

Pero él aún no se ha perdonado a sí mismo.

Mire, el otro día me lo encontré en la consulta de Psicología

de mera casualidad.

Y el hombre me vino llorando en cuanto me vio. Y me dijo que...

Que ojalá que él pudiese dar su vida, con tal de que yo volviese a caminar.

-¿Ves, papá? Dame las llaves.

-Hola, ¿qué tal? -Hola.

-¿Qué tal, Anselmo?

-¡No me diga nada, que le acabo de dar las llaves!

¡Ya le he dado las llaves! -Pero ¡si no le he dicho nada!

-No, no. Porque viene con esa cara, como de interrogatorio,

todo el mundo haciendo interrogatorios...

-Que no, hombre, que no, escuche.

Que no hay ningún problema.

Que el TAC de control ha salido bien, así que no hay lesiones en la cabeza.

Te puedes ir para casa, pero cuidado, no conduzcas.

Y tú tampoco. -No pasa nada.

Conduzco yo, siempre he querido llevar un taxi. -Oye.

(Valeria Pérez, acuda a Triaje, por favor)

-Maialen, ¿estás lista?

Esta es la de verdad.

Maialen.

-Sí, sí.

El mar...

Maialen se recupera satisfactoriamente

después de la cirugía de hernia inguinal

que la doctora Soto le ha practicado hace unas horas.

-Maialen. -¿Cómo estás? ¿Cómo te encuentras?

-Pues la verdad es que muy bien. -¿Sí?

A ver. ¿Y no te ha sonado mi móvil por aquí,

que me parece que me lo he dejado cerca del intestino?

-Bueno. ¿Qué planes tienes ahora?

-Pues después de pensarlo mucho,

creo que voy a vivir la vida en plan extremo.

Voy a sacar a mi madre de la residencia y la voy a cuidar yo.

-Muy valiente.

Ánimo.

-Te dejamos, para que descanses. -Venga.

-Si te vibra el abdomen me avisas.

-Andrea, que...

Te quería pedir perdón por lo que te dije el otro día,

porque realmente has demostrado

que tienes muchísima más empatía de lo que yo pensaba.

-Me he sorprendido hasta yo...

Debe ser que eres muchísimo mejor psicóloga de lo que yo pensaba.

-Bueno, entonces ¿qué? ¿Ya somos amigas?

Pero es que mira que eres siesa, ¿eh? Ven aquí.

-¿Sabes que estoy pensando que... realmente tengo que llamar a Alfonso?

-¿A quién? ¿Al marido de tu amiga, la que murió?

Pero ¿no me dijiste que lo ibas a llamar el otro día?

-¿Tú me podrías enseñar algún truquito de esos para relajarme?

-Tú no necesitas ningún truco.

Lo único que tienes que hacer es marcar, y ya está.

Eh... Juanjo.

Quiero ser sincera contigo. ¿Vale?

Es verdad que antes me gustabas mucho y...

Bueno, ahora me gustas también, pero...

Yo no estoy en situación de romper mi familia.

Me ha costado muchísimo

volver a tener una buena relación con mi hija, con Elsa,

que ahora la veo que está más centradita,

y no quiero desestabilizarla.

Y por otro lado, bueno, Fidel.

Pues... Con sus cosas, porque las tiene, pero es un buen hombre.

Ya. Totalmente de acuerdo.

Yo también estoy ahora mejor con Mariví.

Y, desde que estamos juntos, mi hijo viene a verme más a menudo.

Ya.

A ver, que si las cosas fuesen de otra forma, pues no sé.

A lo mejor... podríamos estar juntos.

Pero... hay que ser realistas.

Y yo creo que no hemos llegado hasta aquí

para ahora de pronto comportarnos como dos adolescentes,

que hala, se dejan llevar por un arrebato. ¿No?

Claro, claro, claro que sí. Pero te voy a pedir un favor.

A partir de ahora, no más cafés. No, no más encuentros.

No más fingir ser amigos. Y cruzarnos lo menos posible.

Si no esto va a ser muy difícil.

Bueno. De acuerdo.

-¡Hola, tortolitos! ¡Qué bien se os ve juntos! ¿Eh?

-¿Por qué no vas a buscar a tu novio, a Dacaret?

-Tu hijo y yo ya no estamos juntos.

La inflamación que se intuye

tras haber palpado el abdomen de Fátima

me hace pensar que puede tener un posible origen infeccioso.

Tengo los resultados de tu madre, y yo creo que lo mejor es ingresarla.

-Gracias por lo que estás haciendo.

-De nada.

-A ver, si es que yo lo veo muy claro.

Y se ve, que siguen enamorados.

-Me inclino por una peritonitis primaria.

-Pues ya sabes lo que hay que hacer.

-Ha habido una complicación en la intervención.

-¿Qué ha pasado?

-Necesito el informe de la Unidad del Dolor.

-¿Qué informe?

-Esperaba que estuvieras un poco más implicada. -Pero...

-¿Qué haces por aquí?

No sabía que estabas... en España, digo.

-Yo era recepcionista en el hotel donde trabajaba Jaime.

Allí nos conocimos y estuvimos saliendo un tiempo.

-He escuchado el corazón un poco acelerado.

Pero me imagino que será por los nervios.

Y también he escuchado algunos ruidos en los pulmones.

-Dejé el hotel porque quería cambiar de vida y perseguir un sueño,

pero en realidad lo que quería era encontrar a Silvia.

-Jaime, que... Que tengo novio.

-Tienes dos internistas. ¿No es eso duplicar recursos?

-La doctora Rey es mi apuesta personal,

y si no le hubiera ofrecido este puesto,

no hubiera regresado al hospital. Y en cuanto a la doctora Marco...

Al fin y al cabo la Unidad del Dolor es idea suya.

-Tienes que quedarte con una sola internista.

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Centro médico - 14/10/16 (2)

14 oct 2016

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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