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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 14/09/17 (2) - ver ahora
Transcripción completa

La doctora Marco hace una visita de control a Belén

para comprobar que sigue estable,

mientras llegan los resultados de sus análisis.

-¿Qué tal, Belén? ¿Cómo has dormido?

-Pues la verdad es que me encuentro muchísimo mejor.

¿Me puedo ir ya?

-No, Belén. Aún no puedes irte.

Además, aún no tenemos los resultados de los análisis de tóxicos en orina.

Aunque preferiría que fueses tú quien me dijese si has tomado algo o no.

-Pues ya te he dicho que no.

-Muy bien. En ese caso, los resultados serán negativos.

Pero voy a tener que seguir haciéndote pruebas

para saber por qué te has quedado inconsciente.

-Marco, te están esperando en tu consulta.

-Claro.

Miriam ha venido a Urgencias con su compañero Pablo

porque se ha torcido un tobillo practicando paintball.

-¿Qué ocurre?

-Nada, que estábamos jugando al paintball

y mi compañero me ha disparado y he tropezado.

-Que no ha sido nada.

Que no está en forma y el juego se le ha hecho muy duro,

pero es un golpe tonto.

-Vale, eso lo decido yo. ¿Me acompañas, por favor?

Usted espere en la sala.

Carlos, por favor, una silla.

Pero si era el juego ese de tirarse pintura con pistolas,

que lo organiza la empresa para fomentar el compañerismo.

Pero si es duro para un hombre, imagínate para una mujer.

Aparte, Miriam no es que esté muy preparada que se diga.

Pero, chica, el juego es el juego. Si no sabes jugar, no juegues.

¿Sí? ¡Qué pasa, jefe!

Sí. Nada, un golpe tonto de nada. No se preocupe.

Miriam Guerrero.

Guerrero, sí. Sí,

mucho honor a su apellido no le ha hecho.

-Por suerte, no parece que haya fractura.

Si no estás acostumbrada a estos ejercicios tan intensos,

deberías buscarte otra actividad.

-Si ya me gustaría,

pero es que no tengo otra opción. El jefe nos obliga.

-Ya.

-Entonces, ¿es un esguince? -Sí.

-Pues menos mal,

porque pensaba que iba a tener que pedirme la baja,

y con todo el trabajo que tengo ahora mismo atrasado...

-De todos modos, haremos una radiografía,

Pasaremos a boxes y te administraremos analgésicos.

-Bueno, pero será rápido, ¿no?

-Sí, será poco tiempo. No te preocupes.

Por el tipo de hinchazón y las dificultades para caminar,

todo apunta a que es un esguince de grado dos.

En estos casos, el protocolo marca

que hay que comprobar que no hay fractura

con una radiografía de la zona.

-Abel, ¿qué haces aquí? -He venido a ver a Belén.

-¿Y cómo has sabido que estaba aquí?

Porque yo misma le pregunté si quería que llamase a alguien

para que viniera a acompañarla,

y me dijo que no.

-Me dejó un mensaje en el contestador.

Y parecía que me quería comentar algo,

pero al final acaba diciendo que era una idiota

y que no quería volver a molestarme.

Claro, me preocupé.

Y la volví a llamar, pero es que no contesta.

Escuché muchas veces el mensaje de Belén.

Y en una de ellas me di cuenta

de que se oía de fondo

la voz de la recepcionista del hospital llamando a un médico.

Me asusté por lo que pudiera haberle pasado.

Aunque ya no estemos juntos, me sigo preocupando mucho por Belén.

Que también entiendo que es lo normal, ¿no?

-Lo que está claro

es que Belén está pasando por una situación muy complicada.

Llegó al hospital con una intoxicación alcohólica.

Y ahora, lo que creo que le pasa es que se ha tomado algún tóxico,

alguna droga o algún fármaco.

Pero no me quiere reconocer nada.

-¿Podría pasar yo a verla?

-Sí, claro. -Gracias.

Miriam, que había acudido a Urgencias

por un golpe en el tobillo

espera los resultados de la radiografía

para conocer el alcance de su lesión.

-A ver, Miriam, he hablado con el jefe.

No te lo vas a creer.

Que lo que le entregaste ayer no le gusta nada.

Quiere que rehagas la presentación

y la quiere para esta tarde.

-¿Pero cómo voy a hacer una nueva presentación?

Si todavía tengo trabajo de la semana pasada,

y está lo del expediente que me pediste que mirara para ti, y...

-Ya lo sé. -Y estoy en el hospital.

-Chica, yo qué sé, mírale el lado positivo

¿No querías demostrar lo que vales? Pues adelante.

-Mira, vamos a hacer una cosa.

Como yo te estoy ayudando a ti con lo del informe,

lo justo es que tú me eches un cable a mí con esto.

Así que, en cuanto me den el alta, nos vamos a mi casa para prepararlo.

-No sé si es lo más indicado en tu estado, la verdad.

-Es lo que tenemos que hacer.

-Yo, si quieres, le llamo y se lo digo.

No tengo ningún problema.

-He dicho que es lo que vamos a hacer, ¿vale?

-Pues es lo que hacemos, Miriam. No pasa nada. Ahora se lo digo.

Hola. -Hola.

-Doctor, a ver si le puede dar algo

para las chapetas esas rojas que tiene.

Que hay que mantener la imagen con los clientes.

Le llamo.

Oye, el trabajo es el trabajo, y en esta empresa hay que apretar.

Y al que no le guste, aire.

Voy a hacer una llamada, ¿vale?

-Pues así todos los días.

Hace unos meses que todo el mundo en la empresa me llama Heidi.

Incluso el jefe un día me pidió que fuese a su despacho

y me dijo que, por favor, me maquillase, que daba mala imagen.

Pero ni así.

-¿Tienes alguna otra molestia?

-Lo normal. Sofocos, bochornos... Pero es todo el estrés.

Es que trabajar en el departamento comercial

te pone al límite.

Y soy mujer, soy la única chica y la más joven de la empresa.

Y bueno, estoy al mando, vamos. El combo perfecto.

-Sí, me suena eso de las mujeres esforzándose para ser respetadas.

-Bueno, pero... Entonces, ¿mi tobillo cómo está?

-Pues mira, la radiografía confirma que no hay fractura. Solo esguince.

Así que seguirás con analgésicos y reposo, ¿de acuerdo?

Y ahora te vendarán el pie.

-Vale, pero ¿pueden vendármelo deprisa, por favor?

Es que mi compañero y yo tenemos que sacar un informe.

-Tienes la tensión un poco alta.

-A ver, quiero comprobar una cosa.

-¿Qué está mirando?

-Quiero ver si tienes bocio.

En un principio,

creía que las mejillas enrojecidas podrían ser por el ejercicio.

Pero el aumento del sofoco y la tensión alta

me hicieron pensar en que tal vez podría ser un problema de tiroides.

Sin embargo, en la palpación

no aprecié que la glándula tiroidea estuviera aumentada de tamaño.

-¿Todo bien?

-Ajá.

Bueno, vamos a hacer una exploración.

Tienes la zona del hipogastrio un poco distendida.

-¿Eso qué quiere decir?

-Voy a auscultarte.

-¿Qué pasa?

-Tienes un soplo que sale de tu corazón cuando se cierra,

y esto no es normal en alguien de tu edad.

-Pero ¿eso qué quiere decir? ¿Qué tiene que ver con mis coloretes?

-Vamos a ver, lo de tus coloretes se llama “flushing”,

y parece estar relacionado con algo circulatorio.

Lo que aún no tengo claro

es si está relacionado también con lo del corazón,

por eso tenemos que seguir haciendo pruebas.

-No. Más pruebas no.

Vamos a ver, que me venden el tobillo,

y yo, cuando pueda, vengo a mirármelo tranquilamente.

Pero es que ahora no puedo, de verdad. Tengo que trabajar.

-Miriam, tan importante es el trabajo

como saber parar cuando es necesario.

Y ahora lo es.

Así que ya le estás diciendo a tu compañero

que empiece él el trabajo, ¿de acuerdo?

Descansa.

-Gracias.

-Sí.

-Oye, ¿sabes algo de Romero? Porque parece un ministro.

Le estoy llamando, no me contesta.

Le dejo mensajes. Ahora no está en su despacho.

-Le surgió una reunión de ayer a hoy y ha tenido que salir de la ciudad.

¿Hay algún problema?

-Pues sí, necesito saber quién es el responsable de medicina interna,

porque tengo que hacer el calendario de cirugía.

-Precisamente ayer estaba

programando y organizando esos cuadrantes,

pero desde que Rey pidió un permiso

para irse a hacer un proyecto de investigación

con la herencia de Luisa,

pues ahora Natalia

tiene que organizar todos los puestos de trabajo.

Y bueno, supongo que lo tendrá solucionado,

porque ayer ya barajaba la posibilidad de tres internistas.

-Vale. Pues, por favor,

cuando hables con ella, dile que me llame,

porque es importante.

-Por supuesto, sí.

-Muy buenas.

-¿Qué haces aquí? -¿Puedo pasar?

-Le dije a la doctora Marco que no te dijera nada.

-No, no. Nadie me ha dicho nada. Vengo yo porque quiero.

¿Me dejas entrar?

-Sí, claro. Pasa.

-¿Cómo estás?

-Pues... No estoy muy bien. Abel... No...

No sé cómo...

Es que tengo la sensación de que todo lo que toco lo estropeo,

¿sabes? Es como si

cualquier cosa que viniera a mí se fuera al traste.

Me siento una desgraciada.

-No, no, no. Tú no eres ninguna desgraciada.

Y yo también te tengo que decir una cosa.

He hablado con mi hermana y me ha contado la verdad.

A mí Belén me dijo que no podía sostener una relación estable,

y, sin embargo, luego le dijo a mi hermana Vicky

que el problema era que no podía tener hijos.

Pero yo ya le había dicho que no me importaba que no pudiera tener hijos.

Pero nada, pensaba que tarde o temprano

se convertiría en un problema.

-Abel... No se trata de lo que te ha contado tu hermana.

Es que hay algo más.

No he sido valiente para decírtelo antes,

pero...

Qué difícil. -Tranquila.

-Siento hacerte daño, de verdad.

-Pero ¿por qué?

-¿Te acuerdas de mi exmarido? -Sí.

-Hace tres meses...

estuve viéndome con él.

De verdad, no significó nada.

Yo te quiero a ti, Abel.

Estaba confundida y...

no sabía muy bien lo que hacía, de verdad.

Pero... quiero que me creas.

Cariño, yo te quiero. ¡Abel, por favor!

¡Abel! ¡Abel, te quiero!

-Bueno, si nos vamos, vámonos ya, Miriam,

que tengo el coche en doble fila.

-Pues es que al final no me puedo ir, Pablo,

porque me tienen que hacer unas pruebas.

-¡Uf! Pues no le va a gustar un pelo a quien tú sabes.

No sabes cómo se me ha puesto al teléfono, Miriam.

-Ya, pero el doctor dice que es importante.

-Por supuesto que es importante.

Solo te lo digo porque sé cómo son.

Y tú también lo sabes, Miriam,

que aquí lo único que importa es el trabajo, y punto.

Pero por supuesto que lo primero eres tú,

no me entiendas mal.

Si yo no sé cómo puedes, Miriam.

El nivel de estrés que llevas te aseguro que yo no podría llevarlo.

¿Por qué no hablas con ellos? Que no pasa nada.

Habla con ellos y diles que no puedes con este ritmo,

que no puedes con plazos de entrega de 12 horas. Que no puedes.

Y no pasa nada. No eres ni la primera ni la última.

Y aparte, hay que ser muy valiente para admitir que uno no da más de sí.

Y no pasa nada. Es un trabajo.

-Mira, vamos a hacer una cosa.

Como yo no puedo irme a casa,

lo que vamos a hacer es que tú vas a la oficina,

me traes el material y trabajamos aquí mientras esperamos.

-Vamos a ver, ¿tú no has escuchado nada de lo que he dicho?

-No, tú no me has escuchado a mí.

Si estoy al mando, estoy al mando.

-Por supuesto que estás al mando.

-Pues nada más que decir.

-Es solo un consejo.

-Pablo, vete a por el material y no me discutas más.

-Pues nada, pues voy.

-O sea que tu tren llega a las siete.

Bueno, pues a las ocho nos vemos puntuales

en la puerta del restaurante. ¿De acuerdo? ¿Te va bien? Vale.

Sí, yo también tengo ganas de verte. Y estar a solas un ratito contigo.

Que sí. Sí. Por cierto, antes de que se me olvide.

Soto lleva tiempo intentando localizarte, ¿de acuerdo?

Parecía importante.

Ponte en contacto con ella.

Bien. Sí, sí. Vale, vale.

Hecho. Directamente en la puerta.

Sí, sí. En la puerta a las ocho.

Vale. Muy bien. Pues un besito y buen viaje. Chao.

-Estupendo. Gracias. -De nada.

-Hola. -¿Qué tal?

-¿Qué, cómo van tus pies? -Estoy mejor.

Ya me he puesto los zuecos y estoy mucho mejor. Gracias.

-Me alegro.

-Álvaro. ¿Tienes un momento?

-Claro.

-Quería agradecerte toda la preocupación y el interés

que estás mostrando por mí.

Eres un gran apoyo y,

desde luego que, en mi situación,

ninguna mujer podría poner ninguna pega.

-Intuyo que ahí hay un pero.

-Tú todo esto lo estás haciendo por el bebé, ¿verdad?

-¿Que si lo estoy haciendo por el bebé?

Sí, y...

-Vale, vale. Estupendo.

Es que a mí ahora mismo es lo único que me importa.

Así que me parece bien.

-Claro. Es evidente que a ti y a mí lo único que nos une es este niño.

-Genial.

-¿Qué estás haciendo?

-Estoy intentando adelantar trabajo

porque mi compañero se ha ido, me ha dejado sola,

y yo necesito sacar esto ahora.

La verdad es que aquí no me puedo concentrar.

¿Me puedo ir a casa, por favor?

-Lo siento, pero no.

La analítica muestra que tienes anemia.

Y eso, junto al soplo y a los sofocos,

indican que hay algo.

Y tengo que seguir profundizando para saber qué es.

-Pero vamos a ver, si es que esto es lo de siempre.

Se lo digo yo, es el estrés, que siempre me pasa.

Las diarreas, el estómago cerrado... El estar tan cansada

que no tengo ganas de comer.

Lo de siempre.

-¿Las diarreas son constantes? -Sí, supongo.

-¿Has perdido peso? -Un poco, sí.

-Voy a hacerte una exploración ginecológica y un tacto rectal.

-¿Un...? ¿Eso es lo de...?

-Es eso, es eso.

Voy a avisar a una enfermera.

Con la pérdida de peso, el cansancio y la diarrea,

estamos incorporando elementos

que podrían llevarnos a un diagnóstico

que no me gusta.

Bueno, ni en la exploración ni en el tacto

he notado nada anómalo,

así que voy a ampliar el estudio.

Te quedarás ingresada.

-¿Ingresada? Pero ¿usted cree que es necesario?

-Miriam, veo que eres una chica

comprometida y responsable con el trabajo.

Pero ahora lo importante es tu salud.

-Que sí, yo lo entiendo.

Lo que pasa es que ahora mismo tengo mucho trabajo

y mi compañero Pablo no me está ayudando...

-Miriam, perdona que te interrumpa,

pero aquí hay algo que no me cuadra.

La actitud de tu compañero Pablo, cómo te trata, cómo te habla;

y luego está lo del trabajo.

No sé, parece que quiera que sigas aquí toda la vida.

-¿Qué quiere decir?

-A ver, estás convaleciente en un hospital,

y él no deja de traerte trabajo

cuando lo suyo sería pensar en tu salud.

Que lo importante ahora mismo es que te recuperes.

-La verdad es que últimamente todo viene filtrado por Pablo.

Él es ambicioso,

mi puesto es jugoso...

Voy a llamar a mi jefe,

a ver si esto del informe es cierto o me la está jugando.

Desde que Abel, su exnovio, se ha marchado,

Belén tiene dificultad para respirar

y siente un fuerte dolor en el pecho.

-Belén, ¿estás bien? -No, no me encuentro bien.

-¡Anuc! ¡Ven, por favor! -No puedo respirar.

-¿Dónde te duele? -Aquí, en el pecho.

-¿Y Abel? -Se ha ido para siempre.

-Tranquila, tranquila. Tranquila.

Está arrítmica.

Hay que hacerle un electro urgente. Vamos, trae el electro, rápido.

El electrocardiograma ha visto

que Belén tiene una arritmia muy peligrosa.

Es una taquicardia ventricular, y tenemos que actuar ya.

Lo que vamos a hacer es sedarla

y restaurar su ritmo cardiaco

mediante una cardioversión eléctrica.

Gel y cárgalo a 100 julios.

¿Lo tienes?

¡Fuera!

A 160. Venga, rápido.

-Natalia, soy yo. Estoy en la puerta del restaurante.

No sé nada de ti. Si te ha pasado algo,

si te has liado en el trabajo. Por favor, llámame, ¿vale?

Estoy preocupado. Adiós.

-Tenías toda la razón.

No tengo nada que hacer con Silvia.

-Álvaro, el tiempo pondrá las cosas en su sitio.

Si entre Silvia y tú tiene que pasar algo,

pasará sin que tú lo fuerces.

Camarero, una de lo mismo para este.

Con el objetivo de establecer una conexión

entre los distintos síntomas de Miriam,

el doctor Blanco decidió someterla a una radiografía de abdomen.

-Se observa el asa del intestino delgado, distendida.

-¿Y eso qué quiere decir?

-Que podríamos estar ante un cuadro oclusivo o ante algo más grave.

-Grave... ¿Grave como qué? ¿Como un cáncer?

-Aún es pronto para decirlo, pero podría ser, sí.

Miriam, no hay nada confirmado.

-A ver, es que no sé qué voy a decirle a mi jefe.

-¿Perdón?

-Es que yo le había llamado

para ver si lo del informe era cosa de Pablo o no,

pero me dijo que no,

que lo había ordenado él y que me diese prisa además,

porque la empresa ahora mismo está en movimiento y yo no puedo...

-Miriam, escúchame.

Acabo de decirte que existe una posibilidad real

de que tengas cáncer,

y tú estás pensando en qué va a decir tu jefe.

Esto no puede ser, por favor. No puede ser.

Has entrado en un juego obsesivo con el trabajo

que parece que nunca es suficiente.

Parece que te están forzando al límite para ver si caes,

y eso no puede ser.

Siento decírtelo así, porque desde fuera es lo que veo.

Perdona si me meto en tu vida, pero es lo que hay.

-Hola. -Hola.

-¿Y esa cara? -Nada, estoy bien. ¿Tú qué tal?

-Bien, bien. Conseguí hablar con Natalia.

Así que genial, porque ya está todo organizado.

-Me alegro.

-Oye, ¿qué tal fue la cenita de anoche?

-No hubo cenita. Hubo plantón. -Ah.

-Se complicó la reunión y ha tenido que quedarse un par de días más.

Así que lo celebraremos el fin de semana.

-Bueno. Mira, es lo que tiene estar casado con alguien muy importante.

-Sí, el precio de la cima.

Belén ya se recupera después de sufrir una taquicardia ventricular.

La doctora Marco ya tiene los resultados de sus análisis de orina.

-Los resultados de los tóxicos son positivos.

-Tengo algo que contarte.

-Belén ha terminado sincerándose conmigo

y me ha contado que se tomó un montón de ansiolíticos,

que coincide con los resultados de los análisis.

Y me ha explicado que lo que quería era desaparecer

y poder olvidarse de todo.

Después de un rato hablando con ella,

me ha prometido que va a empezar a ir a terapia para tratar su depresión,

que, junto con la medicación, suele ser la mejor solución.

-Doctora. ¿Puedo pasar a ver a Belén, que necesito hablar con ella?

Tras comprobarse que padece cáncer,

Miriam ha sido sometida a una nueva analítica,

y ahora espera para ampliar el estudio de imagen.

-¿Se puede? -Gracias por venir.

-Por Dios, faltaría más.

Y no he llegado antes porque había mucho tráfico.

¿Qué pasa, no trabajas? -No estoy en condiciones.

-Tú no te preocupes,

que ahora llamo yo

y le dijo que se encargue otra persona, que no pasa nada.

No puedes y punto.

-Pablo. Me han dicho que tengo cáncer.

-De tobillo, no te fastidia.

¿Va en serio?

Pero si era un golpe de nada, ¿cómo va a ser un cáncer?

No sé qué decirte, Miriam. Lo siento mucho.

No... No sé, si puedo hacer algo por ti...

-Sí. Sí hay algo.

Podrías decirme la verdad.

-Sí, claro. ¿La verdad sobre qué?

-¿Qué pasa conmigo en la empresa?

Me están poniendo al límite para ver si dimito.

-No te rayes con eso, que la presión es la misma para todo el mundo.

-Si te queda un poquito de humanidad, dime la verdad.

-Pero te juro que yo no tengo nada que ver.

El jefe me llamó un día al despacho

y me prometió un puesto mejor si le ayudaba.

-Pero ¿por qué?

-Para no indemnizarte.

Si te vas tú o si el despido es procedente, ellos no pagan.

Lo siento mucho, Miriam.

De verdad que no es nada personal contra ti.

-Tengo los resultados. ¿Puedes esperar fuera, por favor?

-Sí, claro.

No, claro que no me siento orgulloso de lo que he hecho.

No me considero tan mala persona.

Lo que pasa es que conozco a mi jefe,

y o estás con él o estás en su contra.

No hay punto medio.

Y tal y como está la vida, con una hija pequeña,

una hipoteca de 1100 E al mes,

te dicen que te van a ascender, ¿y qué haces?

¿Le llevas la contraria a tu jefe? ¿Tú? ¿Y tú? Pues eso.

-Los resultados de la nueva analítica,

junto con las pruebas anteriores,

nos llevan a un síndrome carcinoide.

Tienes unas masas tumorales en el intestino,

y el soplo del corazón es un efecto secundario.

Hay que operar esa oclusión intestinal.

Si no, podría tener consecuencias graves.

Y una vez que abramos, ya veremos qué nos encontramos.

-O sea... que si no me muero de esto, me moriré del cáncer.

-No, no tiene por qué ser así.

-Perdón, ¿puedo pasar cinco minutos?

-¡Déjame en paz!

¿Primero me haces bullying

y ahora vienes aquí porque te sientes culpable?

-Dos minutos, Miriam. -¡Déjame, por favor!

-Miriam, dos minutos. Por favor. Dos minutos.

-¿Quieres que pase?

-Me da igual.

-Estaré en la puerta por si pasa cualquier cosa, ¿de acuerdo?

-Solo quería decirte que lo siento, Miriam. De verdad que lo siento.

Yo qué sé, me cegó la ambición.

Que tengo una niña pequeña, que tengo una hipoteca que se lo traga todo.

Que necesito ingresar, Miriam.

Que no es nada personal contra ti. Tú hubieras hecho lo mismo.

-¡No! No, yo no hubiera hecho lo mismo.

Llevas meses viéndome pasar todo tipo de horrores,

y solo porque ahora tengo cáncer, ahora te arrepientes.

Pero ¿sabes una cosa? Que os voy a denunciar.

-¿Denunciar? Pero si no tienes nada, Miriam.

“Te juro que yo no tengo nada que ver. Te lo juro.

El jefe me llamó un día al despacho

y me prometió un puesto mejor si le ayudaba”.

-“Pero ¿por qué?”.

-“Pues para no indemnizarte.

Si te vas tú o si el despido es procedente,

ellos no pagan”.

-Si vienes a reprocharme, te advierto que puedes hacerlo,

aunque yo ya me he fustigado lo suficiente.

-No he venido a reprocharte nada.

Lo primero, te pido perdón por mi reacción del otro día.

-No necesito que tengas compasión de mí, Abel.

Mira, escúchame.

Voy a salir sola de esto.

Llevo saliendo sola de todo durante toda mi vida.

-Lo sé. Me alegro de que tengas fuerzas.

Pero no te perdono por compasión,

te perdono porque te quiero.

Y escúchame, de verdad, que creo que eres la mujer de mi vida.

Y yo sé que no eres perfecta, y yo tampoco soy perfecto,

y que nos costará superarlo. Nos costará.

Pero si estamos juntos, seguro que podemos hacerlo. ¿No crees?

Dada la urgencia de la situación,

Miriam fue intervenida de su oclusión intestinal

y ya se recupera.

-Aunque encontramos lesiones de aspecto tumoral,

no había metástasis.

Y la biopsia ha confirmado que no había cáncer.

Eso sí, tendrás que vivir con ese soplo en el corazón.

-Doctor, quiero darle las gracias por las molestias,

tanto médicas como personales.

Me ha abierto los ojos.

Estaba trabajando tanto

que ni siquiera veía lo que me estaba pasando.

-Siento que te hayan intentado echar de esta manera.

-No lo sienta.

He hablado con un abogado y les voy a denunciar.

Tengo la confesión de Pablo grabada en el móvil.

Y ya está bien de intentar demostrar a los demás lo que valgo.

A partir de ahora, voy a pensar en mí misma.

-Pues te deseo toda la suerte del mundo.

-Gracias.

-Además, ya tienes mejor cara.

-Hablé con Natalia al final.

-¿Ah, sí? ¿Y qué tal? -Bien.

Estuvimos hablando bastante rato,

porque pensé que estaría un poco sola en la habitación del hotel.

-Bonito detalle.

-Sí, bueno. Me di cuenta de que, por muy fuerte que sea,

lo que le pasa es que tiene mucho miedo

a no hacer las cosas bien.

Por eso le está dedicando tanto tiempo el trabajo.

-Lo sé. Por eso intento apoyarla en todo lo que hace

y en todo lo que puedo, claro.

-Tal y como ha sido su nombramiento, la van a mirar con lupa.

Van a estar esperando a que cometa algún fallo.

Así que le esperan momentos muy estresantes.

Y supongo que a ti también.

-Sí, supongo que a los dos.

Yo estoy preparado, pero...

lo que peor llevo es que no voy a poder pasar momentos,

por ejemplo, como este que estoy pasando contigo.

¿Sabes? Desde que tuve el cáncer,

quiero vivir intensamente todo lo que hago,

y me voy a perder cosas con ella.

Pero bueno, brindemos porque ha sido un día intenso,

por la amistad y por Natalia. -Brindo por eso.

-¿Qué tal?

-Hola. Pues un día infernal.

Suerte que ya está terminando.

-Te entiendo perfectamente.

Yo también he tenido un día muy complicado.

Menos mal que al final parece que ha triunfado el amor.

-Afortunados algunos.

No quería decir eso, es que...

En fin, que no sé por qué lo he dicho.

-Y... ¿qué es lo que querías decir?

-Verás, Silvia.

Es que no... No estoy seguro.

-¿Álvaro Mendieta no está seguro de algo?

Eso sí que es una novedad, ¿no?

-Es que no se me dan bien este tipo de cosas,

y tampoco las quiero forzar.

-No sé muy bien de qué me estás hablando, pero...

vale. Me voy a casa.

-Bien. Hasta mañana.

-Álvaro.

Que yo no me arrepiento del beso.

-¡Seré cobarde!

-¿Qué haces aquí?

-Bien. Bueno, llevo unos días pachucho y por eso he venido.

-Ahí te duele, ¿no? -Sí.

-Dolor en el hipocondrio derecho.

No hay lugar a dudas, tienes hepatitis.

Lo que no sabemos es qué tipo de hepatitis.

-La hija de una compañera del hospital estaba buscando trabajo.

A lo mejor la podrías colocar en algún sitio.

-Muchísimas gracias por lo de tu amigo el actor,

que quedé con él. Es supermajo.

Me ayudó con el currículum.

¿Estás con él de rollo o algo? ¿Estáis...?

-¿Por qué lo preguntas? -Curiosidad, nada más.

-¿Qué ha pasado?

-Pidió el alta voluntaria, y mira lo que ha pasado,

que el tratamiento no funciona. Así que, bueno...

-¿Por qué estás tan borde?

¿Estás celosa por lo de Curro?

-Curro estaba en la UCI, y a lo mejor no pasa de esta noche.

-¡Marco! ¿Qué pasa?

-Que he vomitado, he tenido algún retortijón

y me duele un poco la cabeza.

-La doctora Marco tiene el abdomen distendido, blando, depresible

y con dolor a la palpación en el hipocondrio derecho.

-Amelia. Hola. Sí, soy Álvaro.

Oye, mira, que Silvia no está aquí, en el trabajo, está en casa.

-Marco debería saber todo lo que te preocupas por ella.

-¿Estará bien?

-Sí. Estará todo bien, no te preocupes.

-¡Marco! ¿Qué ha pasado?

  • Centro médico - 14/09/17 (2)

Centro médico - 14/09/17 (2)

14 sep 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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