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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 14/03/17 (2) - ver ahora
Transcripción completa

Está inconsciente, pero respira y tiene pulso,

parece un coma etílico.

Por favor, vamos a prepararnos para pasarle a la cama.

Vamos, chicos.

Cuando yo diga tres. Una, dos... ahora.

No, la bata me la pongo luego.

Paula, hay que cogerle las constantes, ponerle una vía

y hacer una extracción de sangre para una analítica.

-Vale.

-Amaya, por favor, mira entre sus cosas,

a ver si encuentras algún teléfono con el que contactar

porque parece menor de edad.

Lamentablemente, no es la primera vez

que encontramos a un joven abandonado en la entrada

después de una noche de fiesta con síntomas de intoxicación etílica.

Y lamentablemente, mucho me temo que tampoco será la última.

Hay que administrarle suero glucosado al 5 %

y tiamina y piridoxina intravenosas.

Y aunque en la exploración no he visto

que parece que se haya dado ningún golpe en la cabeza,

tenemos que estar muy, muy pendientes de su nivel de conciencia.

-Vale.

-Voy a ver si han conseguido localizar a algún familiar.

-Hola, soy Carolina, la madre de Alicia, ¿cómo está?

-Está estable, pero todavía no ha recuperado el conocimiento.

-Pero, ¿sabe lo que ha pasado? -Parece un coma etílico.

Pero, es que no podemos estar aquí, podemos hablar fuera, si me acompaña.

-Es que sabía que esta niña acabaría dándome un disgusto.

-Ante una intoxicación etílica hay que estimular al paciente

para que no disminuya su nivel de conciencia.

Y también es recomendable darle alguna bebida azucarada

para compensar una posible hipoglucemia.

-Es que Alicia sale, prácticamente, todos los días.

Y sé que bebe, porque me la he encontrado varias veces borracha.

Es que estoy desesperada; es que no sé qué hacer con ella.

Desde que su padre y yo no separamos ha empeorado con las notas

y se queja constantemente para llamar la atención.

-¿Sabe qué tipo de sustancias consume?

-Que yo sepa alcohol.

Pero, a veces, veo a mi hija que está como ida

y me dice que tiene visiones,

y que ve el mundo como si fuera más pequeño.

Mira, yo no sé si serán las drogas o es cuento para llamar la atención,

no lo sé.

-Acabamos de cogerle una muestra de sangre

y, en cuanto recupere el conocimiento,

también vamos a cogerle una muestra de orina

para hacerle unos análisis de tóxicos.

Así saldremos de dudas. -Vale.

-De momento, vamos a subirla a una habitación,

y en cuanto pueda, pasaré a verla y la avisaremos.

Vamos a recepción para tramitar el ingreso.

-Vale, gracias.

El alcohol se absorbe muy rápidamente en el tubo digestivo;

y si se consume en ayunas, sus efectos sobre el habla,

sobre la marcha, sobre los reflejos y el nivel de conciencia,

pueden llegar a notarse en muy pocos minutos.

-Te lo he dicho muchas veces. -Vale, sí, tranquila.

Tú dices que no, pero es que yo también veo que el problema es mío.

-¿Cómo va a ser tuyo, cariño? Y además, yo te quiero mucho.

-Pero ¿qué tiene que ver? Si yo no digo que no me quieras.

Pero, es que antes a ti muy bien, y ahora no...

-Pero no hagas eso aquí, delante de todo el hospital.

-Pero ¡¿qué va a saber la gente qué es hacer así?!

-Bueno. ¡Pero no lo hagas! Joder, si ¡coño! Tampoco es que...

-¿Que qué? -¡Ay!

-Que nada, que nada. Ya, ya, ya.

-Ya está.

-Y además, que esto es una cosa de estrés, nada más. Ya lo verás.

-Bueno... o no. Yo qué sé. Habrá qué ver qué es.

Y yo me preocupo pensando que puede ser también por mí.

-Ya. Pero eso puede ser, a lo mejor,

por ser padre primerizo y por la edad.

-Sí, bueno, será por la edad.

-No es por presumir pero, yo tengo un historial impoluto.

Y de repente, ver que no funcionas, pues algo tiene que estar pasando.

Vamos, mi mujer está obsesionada con adelgazar y estar en forma...

-Bueno, no es que esté obsesionada.

Es que yo creo que es importante, ¿no?

Cuidarse, recuperarse del parto... Es importante.

-Claro, cariño. Por eso el problema no es tuyo. El problema es mío.

-Bueno, esto aún no se sabe.

Estamos aquí para saber si es tuyo o es mío.

Nos lo tendrán que decir. Nos lo tendrán que explicar, ¿no?

-Mujer, ya lo verás.

Bueno, yo venía porque...

Pues, a ver, llevo un par de meses,

cuando me pongo con mi mujer, pues que vamos, que...,

que no se me iza la bandera.

No sé si me entiende lo que quiero decirle.

-Sí, sí, sí, tranquilo.

Bueno, te digo

que es algo que le pasa con frecuencia a los hombres, ¿eh?

O sea, que no es algo que no sea común.

-Bueno, a mí es la primera vez que me ha pasado.

-Bueno, pues entonces vamos a intentar averiguar

por qué está pasando todo esto.

De todas formas, has hecho muy bien en venir al médico, ¿eh?

porque este tipo de cosas, al final causa daños mayores, ¿no?

sobre todo con la pareja.

-Claro, claro, por supuesto. Por eso he venido.

-Así que has hecho muy bien.

Bueno, te voy a empezar a hacer unas preguntas, ¿vale?

¿Fumas? -No.

-Vale. ¿Tomas alcohol con frecuencia? -De vez en cuando.

Bebedor social, vamos, como se dice. -(Ríe).

¿Tu alimentación cómo es?

-Buena, buena, sí. -¿Sí?

¿Ejercicio haces? -Sí.

-Vale. Bueno, pues... ahora vas a pasar a la camilla,

te voy a hacer una exploración física completa,

y al margen, te voy a pedir una analítica

que incluya antígeno prostático específico

y también una ecografía de próstata, ¿vale?

-Ah, ¿que no me van a hacer el tacto rectal?

-Bueno, eso entra dentro de la exploración física.

Digamos que, a partir de cierta edad,

hay posibilidades de tener hipertrofia en la próstata,

entonces, tenemos que descartarlo, ¿vale?

Las principales causas de la disfunción eréctil

son algunos medicamentos,

enfermedades crónicas, como la diabetes o la hipertensión,

el abuso del alcohol y el tabaco,

y en un 20 % de los casos, entran los factores psicológicos.

De todas formas,

hasta que no tengamos los resultados de las pruebas,

no podemos descartar nada.

Pedro, el padre de Alicia, llega muy preocupado,

sin saber qué le ha pasado a su hija.

Carol... -Que me han dicho...

-¿Qué pasa, dónde está?, ¿qué ha pasado?

-Espera, no levantes la voz, que estamos en un hospital.

-Vale, sí, muy bien...

Pero, ¿me vas a decir qué le ha pasado a mi hija?

-Bueno, pues que parece que ha tenido un coma etílico.

-Pero, ¿eso cómo puede ser? ¡Pero si es una niña!

-¡No es una niña, Pedro! ¡Ya no! Te lo dije.

-Te lo dije...

Tú no me has dicho nada, Carol, como siempre.

-Si es que no quieres escuchar.

Te dije que la niña salía mucho y que yo ya no sabía qué hacer.

-Ya, claro, sí. Tú siempre tirando balones fuera, claro.

-Ya pueden pasar a ver a Alicia, si quieren.

-Vale, gracias.

-¿Qué pasa, hija? ¡Vaya susto me has dado, ¿eh?!

-¡Cariño! -Mm...

-¿Voy a tener que regañar yo a la niña?

-¡Pero bueno! ¿Es que ni...? No es el momento, ¿no, Carol?

-No, podemos esperar a que le dé el segundo coma etílico, también.

Alicia, cariño. No puedes seguir así.

¿Y con qué clase de gente te juntas que te han dejado tirada allí?

-Eso son cosas mías, mamá. -No, no son cosas tuyas.

-Pero ¡para un poco, ¿no?!

Que no va a volver a hacerlo, ¿verdad hija?

-No sé si eres un ingenuo o un geta, no lo sé. Todavía no lo sé.

-Pero bueno, ¿es que ni siquiera aquí vas a dejar de machacarme?

-Alicia, cariño... -Ali, cariño, ¿dónde vas?

-No te puedes levantar. -No, no te levantes.

Cariño, no te levantes. -Cariño, ¿qué haces?

-Pero Ali. Ali, ¿dónde vas? -Alicia, ¿dónde vas?

Alicia, cariño.

-Mira ¿ves? Mira lo que has conseguido.

-Claro, ¡es culpa mía!

¡Todo lo que pasa siempre es culpa mía!

Ese es el bucle que provocó nuestra separación.

Yo dándole importancia a lo que me parece que es importante,

Pedro intentando quitársela,

y Alicia quitándose del medio para no escucharnos.

Tras realizarle varias pruebas

para comprobar el origen de la disfunción eréctil

que presenta KiKo,

la doctora Romero ya tiene los resultados.

-¿Qué tal, Francisco? -Muy bien, doctora.

-Bueno, tengo ya los resultados

y podemos descartar que la causa sea física.

-¡Madre mía, qué problema!

-A ver, Francisco, son buenas noticias.

-Ay..., buenas noticias... No son buenas noticias.

-¿Ah, no? -No.

-Hombre, normalmente, los pacientes no quieren estar enfermos.

-Pero es que, a ver, yo pensaba que el problema era mío.

Y claro, ahora me doy cuenta

que a lo mejor el problema es de mi mujer.

-No lo entiendo. O sea, ¿qué quieres decir, qué...?

-Mire... A ver. Hace dos meses, mi mujer dio a luz.

-Mmm... -Hace unos meses dio a luz,

y desde entonces no puedo funcionar. Rechazo físico a mi mujer.

-¿Rechazo? -Sí. Y tengo miedo de que me deje.

-Pero, ¿por qué la vas a perder?

-Mire, doctora:

¿Cuánto tiempo puede durar una pareja sin tener relaciones sexuales?

¡No dura, una pareja no dura así! -Ya.

Bueno, como el problema no es físico, yo creo que, viendo tu actitud

y viendo que verdaderamente estás afectado,

a lo mejor, el problema es psicológico.

¿Eh? Así que tenemos aquí un especialista

que yo creo que te puede ayudar mucho, ¿quieres?

-¿Usted cree que eso podría ser una solución?

-Sí. -Yo hago lo que usted me diga.

-Yo creo que sí. ¿Vale?

-Muy bien, de acuerdo. -Venga, nos vemos luego, ¿vale?

-Vale, vale, vale... -Tranquilo.

(MEGAFONÍA: Doctor Dacaret, acuda a Cuidados Intensivos).

-¡Alicia, cariño! -Ali, ¿cómo estás?

-(¡Iros, iros fuera!). -Ali...

-No, cariño, no nos podemos ir. -(¡Iros a discutir fuera!).

-Venga, sal, sal cariño. -Cariño, no puedes estar ahí dentro.

-(¡Que os he dicho que os vayáis!).

-Mira, Carol, creo que será lo mejor que nos vayamos.

-Pero ¿cómo que lo mejor?

¡Yo no pienso dejar a mi hija encerrada ahí dentro!

- Pues yo me voy.

-Cariño, ¡sal de ahí, por favor! -(¡Que no, que os vayáis!).

-No, cariño, ¡sal!

¡Alicia! -(¡Que os vayáis ya!).

-¡¿Quieres dejarla en paz?!

(Respiración ahogada).

-Hola, cariño. -¿Qué tal?

-Muy bien, cariño. -¿Bien?

-Sí, sí. -¿Qué?

-Ah, todo bien. -¿Bien?

Pero ¿qué te ha dicho? -Nada.

-Pero, nada, ¿cómo que nada? -Nada, nada, nada, nada.

Son... Eso es una cuestión de estrés, cariño. Y de cosillas.

-Pero ¿qué cosillas? -Nada, cosillas,

que se curan con descanso y ya está. Es lo que me ha dicho la doctora.

-¿Descanso y ya está? -Claro, descanso y ya está.

Vamos, un poco de tiempo y ya estoy, vamos, estupendo.

-Vale. Vale. -Muy bien.

-Bueno, pues entonces,

yo creo que me va a dar tiempo a ir a recoger a Alfonso

a casa de mis padres... -Ok.

-A que pase por el gimnasio... -Sí, sí.

-Y... y luego nos vemos en casa. -Muy bien, cariño.

-¿Vale? -Hasta luego.

-Venga. -Adiós.

¡Buf...!

-Pasen conmigo, por favor. Ustedes primero.

Unas horas después, la doctora Marco ya tiene los resultados

de los análisis de tóxicos de Alicia.

-Efectivamente, lo que Alicia ha sufrido es un coma etílico,

porque no hemos encontrado ninguna otra sustancia tóxica,

ni en sangre ni en orina. -¿Lo ves?

-Ahora, lo que te queda es pasar la resaca.

Así que, lo mejor que puedes hacer, es irte a tu casa a descansar, ¿mmm?

-Bueno, yo creo que lo mejor será que se venga conmigo.

-¿Y eso, por qué? ¿Porque crees que no estará bien conmigo?

-Oye, dejad de discutir ya, ¿no? -Bueno, pues está...

-Yo, mejor me marcho y así pueden ponerse de acuerdo.

-Gracias. No. Es que no entiendo por qué.

Si está viviendo conmigo, ¿por qué ahora se tiene que ir contigo?

-Pero bueno, ¡está viviendo contigo pero, soy su padre,

y también tiene un espacio en mi casa para ella!

-No, no. Ahora no. -La niña se viene conmigo y punto.

-Mira, a ver, me tienes un poco frita con tus insinuaciones ya.

-La que tienes frita eres tú a tu hija con tantas quejas.

-No, claro. Ahora la culpa es mía. Como siempre, ¿no?

-Sí, claro, como siempre, como siempre. Siempre...

-Cariño. Cariño, ¿estás bien? -¿Te pasa algo?

-¡Ah, no, no, no! -Perdón. ¿Están bien?

-No sé. -Oye. ¿Qué te pasa, estás bien?

-¡No lo sé! Lo veo todo muy distorsionado.

Muy pequeño las manos, lo veo todo muy lejos.

-Ya estamos otra vez.

-¡Un momento, un momento, un momento! ¿Cómo que otra vez?

-Pues que son cosas de la niña. Que ya no sabe qué inventar.

-No, no, no. Disculpe. Pero, estos síntomas no son normales.

Voy a estudiarlos. -Voy a pedir que avisen a la doctora.

-Sí.

Kiko, el paciente que padece una disfunción eréctil,

acude a la consulta de la psicóloga, por consejo de la doctora Romero,

que descartó un origen físico de su problema.

-Me comentas que los problemas de disfunción eréctil

comenzaron después del parto de tu mujer.

-Sí. -¿Cómo fue el embarazo?

-Hombre..., a ver, el embarazo fue bien. El embarazo fue bien.

El problema fue en el parto, que tuvieron que hacerle una cesárea,

entonces, pues tuvo una hemorragia muy sangrante y casi fallece.

La verdad que fue un susto. -Vale.

-Y cuando tienes relaciones con ella, -Sí...

me comentas que sientes un poco de rechazo,

pero, ¿es rechazo físico...?

-No. Mi mujer está muy bien, físicamente. No.

Lo que es que, cuando estamos en la cama y estamos desnudos

y le veo la cicatriz, pues se me baja...,

vamos, que se acaba.

-O sea, que es posible que estés relacionando

la cesárea con el sufrimiento de tu mujer

y eso te esté provocando miedo, ¿no?

-¿Miedo? ¿Miedo a qué?

-Pues miedo a perderla.

Podría estar recordándote eso.

Que cuando estás en la cama con ella, te acuerdas de la cicatriz

y que ha estado a punto de desangrase, y eso, bueno,

pues de alguna manera, no... te deje... excitarte sexualmente.

-¿Y eso es posible?

-Pues sí. Es muy posible. -¡Fff!

La psicóloga dice

que estoy proyectando una situación pasada traumática.

Y que la estoy llevando a nuestra habitación.

¡Vaya tela! Puede ser que tenga razón.

A ver si con los consejos que me ha dado,

soluciono esto de una vez.

Ante los nuevos síntomas de Alicia, la chica que sufrió un coma etílico,

la doctora Marco opta por realizarle un TAC cerebral.

¿A qué se debe esta rara visita?

-Vengo a ver un cerebro, mi especialidad.

-Sí, pero es que, es el cerebro de mi paciente.

-Pero Silvia, si sospechabas una lesión neurológica,

quizás, deberías haberme pasado a mí el caso.

-Álvaro, pero, como puedes ver en el TAC,

no hay ninguna lesión neurológica, por eso no te he pasado el caso.

-Ya, ya. Pero, sigues sin saber la causa de sus alucinaciones.

Y no deberías dejar que nuestros problemas personales

interfieran con los intereses de la paciente.

-¿Perdona?

A lo mejor deberías aplicarte el cuento.

-¡Ey! ¿Puedo salir ya? -AMBOS: Sí.

-Si intentas quitarme a mi paciente,

no me va a quedar más remedio que interponer una queja

a la nueva comisión gestora. -¡Ja!

Las alteraciones en la percepción, que presenta la paciente,

pueden deberse a una lesión neurológica

o un trastorno psiquiátrico.

Pero, lo que es evidente, es que no es un problema cardiaco.

Así que, yo soy el más indicado para tratarla.

Además, puede ser un caso muy interesante a nivel profesional.

-¡Ay, Lucía! Que quería hablar contigo.

¿Cómo está mi paciente? ¿El que te derivé?

-¿Francisco? -Sí, sí.

-¡Ah, Kiko! -Kiko.

-Bien. Bueno, le he dado unas pautas de relajación

y le he dicho que cambie un poco

el contexto de las relaciones sexuales y ya está.

-Ya... Bueno, pero me imagino

que su mujer podrá ayudar en algo, ¿no? ¿O no?

-Sí. En hacer los ejercicios que le he mandado a él también.

Pero, vamos, que el problema lo tiene él.

-Ya.

-Porque han pasado por una experiencia dolorosa

y, de alguna manera, él siente rechazo.

-Sí. Claro.

-Cariño, ¿estás bien? -Sí. Sí, sí, sí. No, no...

Está todo bien. Pero estaba pensando que...,

que está en las mejores manos, Lucía. Así que nada, que...

Gracias por todo, ¿eh? -A ti.

-Gracias.

(MEGAFONÍA: Jefe de Servicio, acuda a la Dirección, por favor).

-Vamos a ver.

Doctora Marco, a partir de ahora, yo me voy a hacer cargo del caso.

Ya lo hemos acordado con los padres de la paciente. ¿Algún problema?

-El doctor nos ha dicho que mi hija podría tener algo neurológico.

-Yo no he encontrado ninguna prueba de lesión neurológica.

Pero, en cualquier caso, respeto su decisión de escoger a otro médico.

Espero que no sea nada grave.

-Gracias. -Gracias.

-Sigamos.

Sigue mi dedo con la mirada, sin mover la cabeza.

Kiko, el paciente que padece disfunción eréctil,

de origen psicológico, regresa a terapia con Lucía.

Desafortunadamente, los consejos de Lucía no han funcionado.

-Hola, doctora. Mire. -¡Hola!

-Mire, de verdad, he probado lo que usted me ha dicho.

He probado lo de la meditación, diez minutos antes,

he probado lo de cambiar de habitación,

lo de poner velitas... Y no hay forma, doctora.

¡No hay forma! ¡No lo consigo!

-Bueno, a ver. Tranquilo, Kiko.

A lo mejor, es que tenemos que profundizar un poquito más

sobre lo que pudiste sentir, a raíz del embarazo y el parto de tu mujer.

Y deberías ser más específico. -¿Específico?

¿Quiere que le sea específico? Mire, tengo 50 años,

mi mujer tiene 35, a su lado soy un viejo.

¡Y encima no funciono!

¡Je! Y casi la mato.

-A ver, un momento... ¿Me puedes explicar eso?

-Tenía miedo, ¿vale?

Miedo de que me dejara por alguien más joven.

Por eso, se me ocurrió lo..., lo del niño.

Tener un hijo, te une de por vida.

Y después..., Jertru casi se muere.

Y todo es culpa mía.

-A ver, Kiko. Tranquilo.

La culpa es un proceso que es muy largo.

Pero, está directamente relacionado con la autoestima.

Si la autoestima se baja,

también esto afecta a las relaciones sexuales.

Con lo cual, te produce más culpa.

Y todo, porque tú crees que has obligado, de alguna manera,

a tu mujer a tener un hijo, ¿no? -Eso es verdad.

-Es que no es verdad. Es solo una versión de la verdad.

-Mire, doctora, todos los días la trae a casa, en un coche,

un cachas que viene del gimnasio. Y yo creo que ahí hay algo raro.

Algo raro tiene que haber ahí, porque no puede ser. Y yo necesito...

Necesito una solución ya. -Pues es que lo siento mucho, Kiko,

pero, en estos casos, no hay soluciones rápidas.

Tienes que tener paciencia.

-No puedo tener paciencia. Yo necesito una solución ya.

Muchas gracias, doctora.

(MEGAFONÍA: Álvaro López, pase a Triaje).

-¡Es que no sé qué le pasa!

¡Pero, es que igual se lo está inventando!

-Pero, ¡cómo se lo va a estar inventando...!

Unas horas después, Alicia vuelve a sufrir un episodio alucinatorio,

en el que experimenta trastornos complejos de la percepción visual.

-¡Llama a alguien, por favor! ¡Que venga un médico o algo!

-¡Por favor, que venga alguien! ¡Que venga un doctor, por favor!

-¡Alicia, cariño! ¿Qué te pasa? -No sé...

-Vamos, yo lo flipo contigo.

¡¿Cómo no me has avisado antes de estas cosas?!

-¡Porque pensaba que se lo estaba inventando!

-Pero, ¡cómo se lo va a estar inventando!

-¡A ver, por favor, silencio!

Alicia, Alicia, tranquila. Alicia. -Sí.

-¿Qué ves? -Lo veo todo muy pequeño.

¡Las manos las veo muy lejos! -Vale, vale, muy bien. Tranquilízate.

¿De acuerdo? ¿Ves mi mano? -Sí.

-Intenta cogerla. -Pero que no la muevas.

-Mmm..., no te preocupes. -No...

-Siéntate, siéntate. Bueno, relájate. Tranquila. Así. Cierra los ojos.

Enfermera, llame a un celador.

Hay que llevarla a Imagen

para hacerle una resonancia magnética funcional,

ahora que está en plena crisis. -Voy.

-Al haber sufrido una crisis estando ingresada,

le hemos podido realizar a Alicia una resonancia magnética

en pleno proceso alucinatorio.

Y en ella hemos visto claramente unas zonas de hipoactividad

en el córtex cerebral occipital que podrían ser las responsables

de sus trastornos visuales transitorios.

Es decir: que no está fingiendo.

Ahora, lo que tenemos que hacer

es averiguar a qué se deben esas zonas de hipoactividad.

Sirena

Kiko, el hombre con problemas de disfunción eréctil,

llega al hospital,

tras haber sufrido una parada cardiorrespiratoria.

-¿Qué es lo que ha pasado? -Pues que estábamos, y ffff...

Ahí, como venga, venga, un poco, haciendo el amor un poco, y...

-Ah. -Eh...

Has... -Vale. Tranquila, tranquila.

Vamos a Rea. -Si he venido...

-Mira, en la salita de espera, por favor...

-¿Ahí? -Sí, sí. Después salgo.

-Venga.

Después de administrarle unos relajantes,

Alicia se repone de su última crisis alucinatoria.

(Llaman a la puerta).

-¿Qué tal? Venía a ver cómo sigue Alicia.

-Pues está mucho mejor. -¿Mmm?

-Nos hemos asustado mucho.

Pero... el doctor Mendieta, parece que está cerca de dar con la clave.

-Sí. Es que...,

cuando el doctor Mendieta se propone algo, lo consigue.

No se preocupen, porque están en manos de un gran neuropsiquiatra.

-Bueno, como se te ve mejor,

¿qué te parece si tu madre y yo nos vamos a comer algo?

-Claro. -¿Sí?

-Mmm. -Volvemos enseguida. ¿Vale?

-Vale. -Venga, cariño.

-Hasta ahora. -Hasta ahora.

-Adiós. -Hasta ahora.

-Oye, pues muy bien, ¿no?

Que parece que se han dado una tregua.

-Sí, menos mal. -¿Sabes qué pasa?

Que en situaciones como esta

es cuando la gente se da cuenta de qué es lo que realmente importa.

-Ya, bueno, a veces se les olvida.

Yo es que, cuando se ponen así, no lo aguanto.

Hasta el asma me ha vuelto. Menos mal...

-¿Que has vuelto a tener crisis asmáticas?

-Sí, bueno, casi cada día.

Pero, me las apaño bien, estoy bien.

-¿Y cómo te las apañas?

-Pues, tengo una amiga que me ha dado unas pastillas,

y cuando me da la crisis me las tomo y se me pasa.

No se lo he dicho a mis padres por no escucharlos discutir.

Porque, a la mínima que les digo algo, ya es una excusa.

-Alicia, ¿y cómo se llaman las pastillas, te acuerdas?

-Eh... No, pero las tengo en el bolso.

-Las puedo ver, ¿no? -Mmm, claro.

-Comentaré esto con el doctor Mendieta,

porque hay algunos fármacos para el tratamiento del asma

que pueden provocar efectos adversos en el sistema nervioso,

como somnolencia, mareos o convulsiones

y trastornos psiquiátricos como irritabilidad,

ansiedad o alucinaciones.

-Es intolerable que se te haya pasado un detalle así.

¿Se puede saber en qué pensabas cuando hacías la historia?

-Álvaro, la madre me dijo que era asmática.

Pero, que hacía muchísimo tiempo que no tenía una crisis de asma.

¿O es que no has leído el historial?

-Claro que lo he leído, ¿mmm?

¡El que redactaste tú, que está incompleto!

-¡Sí, y también he sido yo quien ha averiguado lo de la pastilla!

¿Sabes por qué? Porque soy capaz de hablar con mis pacientes.

-Muy bien. Supongo que, al menos, le habrás dicho que deje de tomarlo.

¿No? -Sí, sí se lo he dicho.

Pero, de todas formas, no estaría de más

que se lo dijeras tú, que para eso eres su médico, ¿no?

-Pues a eso voy. -Muy bien.

(MEGAFONÍA: Doctor Dacaret,

le esperan en Planificación Familiar, gracias).

-¿Cómo..., cómo está?

-Tranquila, está estable, ¿eh? Está estable.

-¡Ay!

Perdona... Perdona.

-No, no, no.

Bueno, quiero que sepas algo muy importante.

Que gracias a tu rápida reacción, le has salvado la vida.

¿Eh? -Gracias.

Pero... Pero, ¿qué es lo que le ha pasado?

-Bueno, que ha tenido una angina de pecho.

-¿Una angina de pecho? ¡Pero si estaba fenomenal!

-Bueno, es posible que la tuviera y, ante un momento estresante,

pues ha salido a la luz.

No sé, ¿recuerdas qué estaba haciendo

justamente antes de que le diera la angina?

-Bueno, pues... Justo antes,

pues la verdad es que... estábamos haciendo el amor.

-Mm...

-¡Bua! O sea, que hacía mucho tiempo que no...

Y de pronto, ha sido como... un poco, fuegos artificiales, ¿no?

O sea, muy bien, ¿no? eh..., entregado y como estupendo,

y en ese momento, ahí, dándolo todo, se me ha venido encima.

-Ya.

-Y he dicho: "Pues será fruto de la pasión".

Pero no, porque no iba. No... No reaccionaba, pero claro.

-Ya.

-Entre unas cosas y otras, yo no sabía en qué estaba exactamente,

si en la emoción o en el ¡catapún! -Vale.

-Y ahí me he agobiado y ya digo: “Hay que hacer algo”.

-Bueno, pues mira:

que sepas que todo lo que has hecho lo has hecho muy bien.

Siéntate, tranquilízate y en cuanto puedas verle te avisan. ¿Vale?

-Vale. Venga. -Venga, hasta luego.

-Adiós, adiós, adiós.

Después de retirarle el medicamento para el asma,

Alicia permanece estable y no vuelve a presentar ningún síntoma,

por lo que es dada de alta.

Muy bien, pues Alicia, has sufrido lo que se conoce

como el síndrome de Alicia en el país de las maravillas.

Que es un trastorno poco frecuente

en el que hay breves episodios

de distorsión de la percepción de la imagen corporal, la forma,

el tamaño y la distancia de los objetos.

Y que estaba provocado por el medicamento

que estabas tomando a escondidas.

Aquí tiene la receta de otro medicamento.

Por si vuelve a tener asma.

-Muy bien. Gracias. -Muchas gracias, doctor.

Gracias por todo. -De nada.

-Bueno, Alicia, espero que hayas aprendido

que es muy peligroso automedicarse, ¿eh?

-Bueno, esto ya lo hablaremos en casa, ¿vale?

-Pero bueno, siempre te estás quejando de que eres el poli malo,

y ahora que digo algo, no es el momento.

-Bueno, es que no es el momento.

Ya lo hablaremos en casa, cuando lleguemos, no aquí, delan...

-O sea, tú tienes que decidir cuándo es el momento.

Es que no lo entiendo, de verdad. -Es que no es el momento.

-No, no es el momento. ¿Puedo llevarme la maleta de mi hija?

-Sí. -¿Es el momento de llevarme la maleta

-Sí, ¿no? Vale, venga. -Vámonos, cariño.

-El síndrome de Alicia en el país de las maravillas

es más frecuente en niños y en jóvenes,

y suele estar relacionado con migrañas, epilepsias,

lesiones cerebrales, infecciones o consumo de drogas o fármacos.

Generalmente, la evolución es buena y no suele dejar secuelas.

(MEGAFONÍA: Doctor Blanco, preséntese en Traumatología, gracias).

-Ay, Lucía. Que... Kiko ha tenido una angina de pecho.

-¡Qué me dices!

-No, pero bueno, tranquila porque está estable.

Pero... Pero fíjate lo que me ha dicho su mujer:

que estaban en la cama y que...

que estaba funcionando estupendamente. Estupendamente.

¿Es posible que en tan poco tiempo de terapia...? No sé.

¿Que estos avances sean tan rápidos?

-Pues sinceramente no. No lo creo. -Ya.

-El otro día se fue de mi consulta

diciendo que necesitaba una solución rápida...

-¿Rápida?

¿Piensas que a lo mejor ha buscado un atajo o algo así?

-Claro. -Vale. Pues me... Me voy.

-Te acompaño, te acompaño.

-Tranquilo. Tranquilo, que va a ir todo bien.

-Sí. Cariño, a pesar de...,

de lo malo, por lo menos he podido funcionar.

-¡Hombre que sí! Mi tigre (Rugido). (Risas).

-¿Sabes? Que el problema era mío.

-Ya, bueno. Yo que estaba agobiada pensando que era mío...

-No. Es mío.

Cariño, que a ver si me va a dar otro infarto. Ay...

-Ay, no, no, no. -Ah...

-Ya está. Ya. -Hola.

-Hola. -Hola.

-Eh... Jertru, nos gustaría hablar con tu marido a solas, si es posible.

-Claro. Sí, voy..., voy a llamar a mis padres,

a ver si han recogido a Alfonso del cole, ¿vale?

-Vale, gracias. -Gracias.

-Bueno, Francisco. -Mmm.

-A partir de ahora, vas a tener que tomar ácido acetilsalicílico

para evitar que te dé otra angina de pecho, ¿vale?

-¿Y para eso querían verme en privado?

-Francisco, no me voy a andar con rodeos.

Esa pastillita azul que has tomado,

me gustaría saber dónde la has conseguido,

porque yo no te la he prescrito.

Para eso, hay que hacer una serie de pruebas.

-No, yo... Yo no he tomado nada; ninguna pastilla.

-Sí la has tomado, porque ha salido en los análisis.

-Bueno, vale, sí. La he tomado.

Se la compré a un vecino que la compró por Internet.

-¿Por Internet? Pero vamos a ver, Francisco.

Que ya somos adultos. ¿Tú sabes el peligro que eso entraña?

¿Que te podías haber muerto?

Es muy importante saber

que los medicamentos ilegales o falsificados que se venden on line

esconden laboratorios clandestinos

que no cumplen las condiciones mínimas saludables.

Por tanto, consumirlos puede ser un grave problema para la salud.

-Eso es lo único que..., que me ha funcionado.

-Mira, yo lo único que sé es que no puedes tomar esas pastillas.

Has tenido una angina de pecho y está totalmente contraindicado.

Tiene muchísimos efectos secundarios, ¿vale? A lo mejor hay más opciones.

Igual tendrías, no sé... que hacer partícipe a tu mujer, por ejemplo.

-Mira, ese es el mejor consejo psicológico que te pueden dar.

Tienes que ser sincero con tu mujer.

La falta de sinceridad rompe muchas más parejas

que las disfunciones eréctiles.

Pese a que todo parecía solucionado, Alicia regresa,

asegurando que ha vuelto a tener alucinaciones.

La niña no está bien, hemos salido, y...

-La doctora Marco, creo que nos atendió.

Creo que fue la...

-No, disculpa.

Los medicamentos no son los que le provocan las alucinaciones

porque han vuelto y son más fuertes.

-Perdón, ¿cómo que más fuertes? -Sí, la veo peor, como desorientada.

Y dice que ve las cosas más pequeñas, y...

-Ya, ya, ya. Alicia, Alicia, ¿cómo te encuentras?

-Peor. -¿Sí?

-No sé me pasa.

-¿Ahora mismo ves las cosas distorsionadas?

Ya.

Vamos a pasar dentro, que te voy a hacer un reconocimiento.

¡Alicia!

Ven.

Creo que se te ha pasado un poquito la crisis, ¿no?

-Un poco, sí. -Ya. Ven conmigo, vamos a hablar.

Enseguida salimos.

Quizá los neurólogos no destaquemos

por nuestra capacidad de hablar y empatizar con los pacientes,

pero somos capaces de detectar a un impostor a la primera.

Bueno, creo que Alicia tiene algo que contarles, ¿no? Les dejo solos.

Estaré en mi consulta si me necesitan.

-Gracias. -Gracias.

Siéntate, cariño, siéntate.

-Pues quería deciros que no...

Que no aguanto más que..., que discutáis.

Que yo ya no puedo más.

Y que haría cualquier cosa para estar como antes.

Hasta inventarme que estoy fingiendo y que estoy enferma.

Lo siento, pero...

No sabía qué más hacer.

Y que aunque estéis separados, pues... seguís siendo mis padres.

Y yo os echo de menos.

-Tienes razón, cariño. Deberíamos ser un equipo.

-Y lo somos, claro que sí.

Lo que pasa es que tenemos que ajustar

algunas cosillas de la alineación, ¿verdad, Carol?

-Sí, los dos tenemos en común lo que más nos importa en la vida.

No debería ser tan difícil, ¿no?

-Tú eres lo primero para nosotros, cariño.

Mi amor... Ven. -Mm.

-Bueno, ¿qué te apetece hacer?

¿Quieres que vayamos a comer algo? -¿Los tres juntos? ¿Eh?

-Vamos.

-Que Alfonso está fenomenal.

Lo han recogido mis padres del cole, ya están en casa y todo bien.

Pero ¿tú? ¿Qué pasa? ¿Que te han dado una mala noticia?

-Más o menos. -¿Cómo que más o menos?

-¡Que no quiero que me dejes por otro!

-¡Pero bueno! (Ríe). Pero, ¿qué me estás diciendo?

Pero, ¿cómo te voy a dejar yo por otro?

-Porque no funciono, cariño. -Ah, es verdad, no funcionas.

¿Y lo que ha pasado antes en casa? ¿Qué ha sido? ¿Eh?

-Tengo 50 años. Tú tienes 35.

-¿Y... Y no tenemos una vida estupenda y un niño estupendo,

y una relación estupenda? ¿Qué tiene que ver?

-¿Y dentro de 15 años?

-¿Qué? ¿Qué? ¿Y dentro de 15 días, qué? Yo qué sé.

¿Es que no hemos aprendido nada de cuando di a luz?

Pues mira, a lo mejor dentro de 15 días estamos muertos.

-Sí, cariño.

-Pero una cosa te digo, ¿eh?

Si a mí me dicen que me quedan solo 15 días de vida,

yo lo único que querría es poder vivirlos contigo.

-Ay, cariño. -Mm...

-Ay, ¡te quiero!

-Ah, por cierto, que Kiko ha hablado con su mujer y va a volver a terapia.

-Ah, pues... Bueno, me alegro un montón, de verdad.

-Natalia, no sé por qué, me da la sensación

de que este caso te ha afectado un poquito más que los demás, ¿no?

-No, no, no. Porque... A ver, ¿por qué dices eso? No.

-Bueno, tú sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras, ¿verdad?

-¡Sí! Sí, pero está todo bien, ¿eh? De verdad.

-¿Sí? -¡Sí! Javier y yo estamos muy bien.

De verdad. -¿Sí? Me alegro.

-Sí. -(Suspira).

-¿Has derivado a Alicia a Psicología?

-Sí, a ella y a sus padres. A los tres.

-Ya. Qué quieres que te diga, pero...

yo puedo entender perfectamente que Alicia fingiese

que volvía a tener el síndrome,

si con eso sus padres dejaban de discutir.

Porque, tiene que ser bastante duro

que las personas que se supone que te tienen que cuidar,

estén todo el día peleando, ¿no?

Ya veo que no tienes muchas ganas de hablar.

Álvaro, ¿no te parece que lo mejor para el paciente

es que sus médicos trabajen en equipo?

-Sí. Sí, supongo que sí.

Silvia, no puedo olvidar

que tú fuiste una de las personas que intentaron echarme.

Así que, lo siento, pero...

Esto no se arregla con un apretón de manos.

-Como veas.

-La agorafobia es un trastorno de ansiedad

que está relacionado con el temor a los espacios abiertos o públicos

en los que pueden presentarse aglomeraciones.

Mírame a los ojos. Escúchame, Bárbara, tranquila.

-¡No puedo respirar!

-Me ha comentado Pablo que tienes agorafobia, ¿mmm?

-Sí.

-Yo, si quieres, te puedo ayudar con algunas técnicas de osteopatía,

para relajar un poco y calmar la ansiedad.

-Me gustaría saber

por qué habéis realizado una práctica osteopática a mi paciente

sin mi consentimiento.

-A ver, no te rasques.

-Me la debí hacer el otro día,

en una casa abandonada, que fui a grabar unas psicofonías.

-¿Esto que dices de las psicofonías, qué es?

¿Eso de grabar las voces de los fantasmitas?

-¿A ti no te ha pasado nunca que de repente parpadea una luz?

¿Puertas que se cierran de golpe?

-Bueno, traigo el resultado de la analítica.

Ha dado positivo en VIH.

-¿Sabes, realmente, por qué me metí en el mundo del más allá?

Mi hijo murió en este hospital.

-La verdad es que entiendo, perfectamente,

por qué Iñaki viene tan a menudo al hospital.

Él lo que pretende es grabar las salas y los pasillos para...

Bueno, para ver si consigue oír la voz de su hijo.

  • Centro médico - 14/03/17 (2)

Centro médico - 14/03/17 (2)

14 mar 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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