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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 13/12/18 (1) - ver ahora
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Sé cómo evitar

que te den la invalidez por la esclerosis.

Estamos mirando

cómo nos podemos quitar de en medio a Vega.

De Herrera me lo puedo espera. ¿Pero de ti?

El otro día pasé por aquí y vi que estaba Dacaret contigo.

-Sí, sí. -¿Tenéis algo o...?

No se puede decir que tengamos nada serio.

Pero sí que, que hemos empezado algo, ¿sabes?

Que bien...

Han salido positivos

unos marcadores que indican lesión miocárdica.

Bueno, lo que me faltaba ahora mismo.

¡Este señor de aquí es tu padre, que lo ha dado todo por ti, ¿vale?

-¿Sí? ¿Lo has dado todo por mí? -Mario ...

¿No te das cuenta de que te tiene miedo?

Mira, que me dejes en paz, ¿vale? ¡Déjame tranquilo!

Lo más importante es lo que has hecho,

que has dado el primer paso.

¿Cuál crees que es ese paso?

Reconocerlo.

Pues reconoce que tienes un problema, claro.

Yo siempre te voy a querer.

Pero es que no me conoces, de verdad,

es que no soy de fiar.

Que han robado en casa.

Y por si había alguna duda de quién lo ha hecho,

lo tienen todo grabado en vídeo.

¿Y esto?

Es para que te reincorpores de inmediato, si te parece bien.

Si no,

tendría que pedirle a Clara

que rehiciera los cuadrantes y es un lío tremendo.

La verdad es que ...

no entiendo muy bien de qué va todo esto, pero ...

gracias.

El contacto de mi abogado.

Es quien me lleva el tema de la custodia.

¿Tú también?

Mi hija. Raquel.

Es buen abogado.

Pregúntale lo que quieras; dile que vas de mi parte.

¿De acuerdo?

¡Ay, de verdad, es que no...! ¡¡Ay, mierda!!

-Ay, Dios mío... -¡De verdad!

-Mujer, que todos los problemas sean estos, ¿eh?

-Gracias, Lucía. -Nada.

Si como sigas teniendo tanto trabajo vas a tener que crearte un clon.

-Pues sí, la verdad. Me vendría bien.

¡Ay! ¿Qué estás, con las cuentas de la Consejería?

-Yo he tenido pesadillas con ella. -¿Y eso?

¿Y eso?

A ver quién te crees que ayudaba a Ramón ...

¡Es verdad,

que él era director del anterior hospital!

Él director y yo la que lo sufría.

Pero ¿no se entregan a final de mes?

No, si no es solo eso. Es que tengo ...

otro problema.

Bueno, no es un problema.

No se puede decir que sea un problema, tampoco.

Tampoco hace falta que me lo cuentes, ¿eh?

No, si no pasa nada.

Mi hija viene a pasar unos días conmigo.

¡Ah, no tenía ni idea de que fueras mamá!

Sí. Cuando me dejan, claro.

Mi ex tiene la custodia.

Ahora entiendo lo del nuevo abogado de Ramón, claro.

Claro, es que yo no sabía que él ...

bueno que estamos igual, al parecer.

¿Entonces estás trabajando

para ver si tienes más tiempo para estar con tu hija?

Cumple 12 años

y ahora justo se revisa la custodia, ¿sabes?

Ahora puede decidir con quién quiere vivir.

Pues es una decisión importante; a ver si tienes suerte.

El caso es que nuestra relación no es muy buena, ¿sabes?

Fue mi culpa.

Metí la pata hasta el fondo

y mi ex se sigue aprovechando de eso.

Ángela en las relaciones no hay culpables.

Somos responsables de nuestros actos,

nuestros actos tienen consecuencias,

pero lo intentamos hacer lo mejor posible, ¿no? siempre.

Aunque luego no nos salga bien, ¿no te parece?

Ya sé por qué te contraté.

Lo siento, de verdad;

es que tengo una deformación profesional...

No, es verdad lo que dices.

Es cierto.

Pero bueno,

igualmente mi hija no quiere estar conmigo.

Es así. Son las consecuencias.

Bueno, cariño.

Tú eres su madre y las cosas cambian también.

Puede que esta vez sea distinto. ¿No?

Eso espero.

A ver si le gusta el cumpleaños que le he preparado.

-Seguro que sí. -Me voy. Debe estar al llegar.

Una cosa,

¿y por qué no le dejas algo de trabajo a Herrera,

ya que es el subdirector

y así deja de protestar por los pasillos?

-Debería, ¿no? -Sí.

Lo pensaré. Gracias.

Estaba en la calle, inconsciente.

Unos peatones nos dieron el aviso.

¿Qué hacemos, Rocío, la llevamos a Boxes?

-Sí. -Venga, vamos.

Está hipertensa y con la consciencia comprometida.

¿Dónde estoy?

-Estás en un hospital, tranquila. -¿Cómo te llamas?

-Tati. -Vale, Tati, vamos a...

Pero ya me encuentro bien, ¿eh? Ya me puedo ir.

Mujer, ¿Adónde vas?

Que no puedes ni con tu alma, tranquila.

Si te encontraron inconsciente en la calle.

¿Te acuerdas qué ha pasado?

¿En la calle?

Mi bolso... ¡Ay, mi bolso!

Bueno, tranquila.

Esther se puede ocupar de tus cosas,

de tu bolso y de tu abrigo, ¿verdad, Esther?

¿Pasa algo?

No, no. Perdón, perdona.

Sí, no te preocupes; confía en mí, yo me encargo.

-Venga. Pues vamos, rápido. -Vamos.

Hola.

¿Sigues enfadada conmigo por lo de Vega?

Vale, enfadada no, ¿decepcionada, tal vez?

No le he dicho nada a Vega

de los planes que tienes con Herrera para desbancarla.

¿Es eso lo que quieres saber, no?

Gracias.

No me des las gracias porque se lo iba a decir.

Lo que pasa es que al final no se lo he dicho.

No sé por qué, pero no se lo he dicho.

¡Pero que conste que me parece una cochinada!

¿Una cochinada?

¿Y lo que nos hizo ella a Matías y a mí

con el caso de la deportista?

¿O es que no te acuerdas? Pepa, ¡que nos echó a los leones!

Bueno, es que te oigo y no te reconozco.

Pero claro, la idiota soy yo.

Porque me has tratado como un trapo, y aun así ...

me das pena.

¿Sabes por qué me das pena?

Porque vas directo a chocarte contra un muro.

¡Que a Herrera solamente le importa Herrera!

¡Pues sí, solamente le importa Herrera

y no le va a temblar la mano en pasar de ti

cuando ya no te necesite! ¡Es que ha pasado más veces!

No, te equivocas, ¿vale?

Matías tiene sus motivos para hacer esto

y yo tengo los míos.

Sí, claro,

¡seguro que lo hace por el bien del hospital!

Pues sí.

Porque va a crear un laboratorio de células madre.

Que sí, Pepa.

Vamos a ver,

¡que Vega es un mueble; que no está haciendo nada!

¿Herrera te vende humo y tú se lo compras?

Esto no es una cosa altruista;

seguro que tiene algún motivo.

¿Ves?

Lo sabía.

Lo sabía.

Pues tú mismo. Tú mismo.

A ver, escúchame.

Bueno, mira,

que estamos en el mismo barco, ya está.

Pues espero que no sea el mismo barco

en el que ibais cuando lo de la deportista.

Pues no. Esto es distinto.

Créeme, Pepa. Te lo prometo.

Además, que se lo debo a Matías, ¿vale?

No ... no te lo dije en su momento.

Pero fue Matías

quien nos salvó al hospital y a mí de la demanda.

¿Qué?

O sea,

¿te echa el marrón y encima le das las gracias?

¡Escúchame tú a mí; que no le debes nada!

A... A ti Matías te cae mal, ¿vale?

Pero no lo conoces igual de bien que lo conozco yo.

Sí, sí. Está claro que no lo conozco.

Pero a ti sí te conozco.

Y esto lo estás haciendo por venganza.

¡Lo estás haciendo por rabia, Andrés!

-¿Qué dices? -Pues sí, por Vega,

porque se ha enterado de lo de Begoña y, y por eso, porque habló con ella.

Que no. Que esto no tiene nada que ver.

Que no es lo mismo.

Vega y Begoña son amigas, es normal que se ...

Sí, vale, que sí, que sí, que sí.

Yo también he tenido represalias por parte de Vega por lo de Begoña.

¡Pero no monto un golpe de estado!

Bueno, pues razón de más para que te pongas de nuestro lado,

¿no crees?

Pero ¿Qué lado, Andrés, qué lado?

Pero ¿tú te has parado a pensar lo que va a ocurrir

si Herrera se sale con la suya?

Pues que todo cambiará, por fin.

Pero ¿a qué precio?

¿Enfrentando a unos compañeros con otros?

-nadie va a saber nada. -Pero lo vas a saber tú.

Lo voy a saber yo.

¿A ti eso no te afecta?

Si eso no te afecta ...

está claro

que no eres la misma persona que conocí.

No puedo confiar en ti. Lo siento.

¡Es que no me lo puedo creer! ¡No parece la misma persona!

Es que ¿me está diciendo todo esto de verdad?

No sé,

igual me está mintiendo para protegerme;

es que no ... no lo entiendo.

Es que no, no parece el mismo.

Bueno, pues sigues hipertensa.

¿Sigues también con el dolor de cabeza?

Poca cosa.

Y ¿recuerdas algún momento de tensión previo al desmayo?

No. Iba, iba a dar una vuelta, de compras y ...

bueno, que mira.

Lo de la tensión es normal en mí, digo.

Llevo un mes ya tomándolas.

-Espironolactona. -Sí.

-¿Dices que llevas un mes tomándolas? -sí.

Pues está claro que no te ha hecho mucho efecto.

¿Tienes algún antecedente familiar de hipertensión?

No.

Y está claro que obesa no eres.

Así que, ¿tienes alguna enfermedad?

Hace unos años un dolor abdominal

y me suele salir muy bajo siempre lo de la tensión.

¿Cómo Se llama, lo de los plátanos?

-El potasio. -Eso.

Pero por lo demás todo normal.

A ver, perder el conocimiento en mitad de la calle

es todo menos normal.

Así que voy a hacerte una serie de pruebas cuanto antes

para averiguar lo que te pasa.

¿Cuanto antes puede ser otro día, verdad?

-No. -Mira, le prometo que vuelvo mañana.

Pero hoy es que tengo muchas cosas que hacer

y no me puedo quedar aquí todo el día.

No, si yo, Tati, te entiendo perfectamente.

No creo que me entiendas.

Tengo que hacer algo muy importante.

No ... es que no ...

Vale, vale, vale.

Pues nada,

en ese caso te voy a preparar los papeles del alta voluntaria.

-¿Vale? -Gracias.

Porque si te vas en estas condiciones,

pues lo más probable es que vuelvas a perder el conocimiento

y que incluso sea mucho peor.

Y yo no me voy a hacer responsable de esta situación.

¿Lo entiendes, verdad?

Claro, claro.

Bueno, pues nada.

Pues ya te atenderé

cuando vengas otra vez a ingresar por Urgencias.

Espera ...

-Dime. -OK. Me haré las pruebas.

Vale. Muy bien. Sabia decisión.

Intentaré acelerarlo todo lo que pueda, ¿vale?

Vale.

Yo no entiendo

cómo los pacientes

siempre tienden a minimizar los desmayos.

Piensan que es algo pasajero y que tal y como vino, se irá.

Pero la verdad es que siempre hay una causa objetiva.

Y en el caso de Tati, pues ...

no me quedo tranquila

hasta que no averigüe qué es lo que pasa.

Porque si no tiene factores de riesgo

y tiene la edad que tiene ...

está claro que algo pasa, pero no sé el qué.

-¡Nada, esto es un trasto! -Déjalo ya.

-Por lo menos no se lo llevó. -¿Para qué?

si eso no lo quiere nadie.

¡Me fumaba un paquete de cigarros ahora mismo...!

¡Pues no hay!

¿Te quieres estar quieto ya?

En un rato tengo que ir a ver el vídeo de lo del robo.

Ojalá que no sea Mario.

Pues claro que ha sido él. ¿Quién va a ser si no?

-Hola. -Hola.

-¿Cómo va todo? -Este dolor no se me va ni a tiros.

Sigue exactamente igual.

Bueno, habrá que aumentar la dosis de analgésico.

Porque tú te lo has buscado.

¡Es que, doctor,

se pasa el día tirado en el sofá con el trasto ese!

¡Y fumas como un carretero!

Perdóneme doctor, pero es que clama al cielo.

Bueno, no pasa nada.

Oye mira ¡, trabajo como un animal, ¿eh? Tengo derecho a ...

Además, no tengo por qué darle explicaciones a nadie.

Me lo he ganado y punto.

Mira, bueno, vamos a aumentar la dosis de analgésicos.

Lo único que me consuela es que, si hubiese sido un infarto,

ya estaría en el otro barrio.

Bueno, digo yo que, si lleva la vida que lleva,

no será por gusto.

A ver vamos a poner los analgésicos intravenosos

con nitroglicerina, ¿de acuerdo?

Pero, por favor, no se altere porque no ayuda.

Sí, sí, sí. Ya lo sé. Pero está difícil.

Pues intente desconectar del trabajo, haga lo que pueda.

No, no, no, no. Si no es el trabajo. Es Mario, mi hijo.

Bueno, voy a buscar a alguien

para que pongan analgésicos en la vía, ¿de acuerdo?

Hasta ahora.

¡qué vergüenza!, delante del doctor ...

¿Teníamos que llegar a esto?

Pero ¿llegar a qué?

¡A estar de los nervios por nuestro hijo, a tenerle miedo!

Pero ¿qué insinúas? ¡Habla claro!

¿Cuántas veces te dije que le consentías demasiado, eh?

¿Cuántas veces?

¿Y a qué viene esto ahora, eh?

¿Acaso me estás echando a mí la culpa

de que nuestro hijo sea un drogadicto y que nos haya robado?

Pues mira, sí.

Ya que lo preguntas, sí.

Oye mira, pues Mario es tan hijo mío como tuyo.

-Hola. ¿Puedo sentarme? -Sí, claro.

-¿Cómo estás? -Bueno, un poco sensible, pero ...

pero todo bien.

Todavía tienes un poco de miedo, ¿no?

Un café, por favor. Gracias.

Como para no.

Cada vez que pienso en que Belén ha intentado ...

Bueno, mira, mejor no pensarlo porque ...

Oye, perdona, ¿eh?

Que si no te apetece hablar de esto conmigo, que ...

No, no, no.

Si soy yo la que tiene que cambiar el chip.

No puedo estar todo el rato pensando en lo mismo,

ni pensando que me están persiguiendo por las esquinas

ni viendo cosas raras, porque,

porque no quiero ni puedo vivir con miedo.

Pues sí.

Porque, a fin de cuentas, si cambias tu vida, ¿qué?

Belén consigue lo que sea que quiera conseguir.

Pues sí.

Y además mira, que yo nunca he sido cobarde

y no voy a serlo ahora.

Me parece perfecto.

Además, la está buscando la policía. ¿Tú crees que vendría al hospital?

Ya, no.

Y aparte pienso

que a la última persona a la que se acercaría sería a mí.

¿Y a ti qué? ¿Qué es lo que te pasa?

Nada. Nada en particular.

Es por Tati, ¿verdad?

Es que os he visto raras cuando la hemos atendido.

Bueno, sí, sí.

Pero lo de Tati es, es otra historia.

En realidad yo quería contarte algo, Rocío.

Pero es que no sé ni por dónde empezar.

Pues hija he sobrevivido a Belén. Tan malo no puede ser.

Ya. Es verdad.

Mira, que Dacaret está saliendo con las dos.

¿Cómo?

Bueno, a ver.

Conmigo salir, salir ... no exactamente.

Es más bien otra cosa. Pero bueno, para el caso es lo mismo.

-Pero ¿estás segura? -sí. Estoy segura.

No me esperaba eso de Dacaret, la verdad.

Ya, yo tampoco.

¿Y estás segura de que ha sido a la vez?

Porque a ver: picaflor puede ser,

pero que sea con las dos a la vez ...

Es que he estado atando cavos

y a ver:

¿no salió corriendo de una cena contigo?

Sí.

Pues porque había quedado justo después conmigo.

Y como esa unas cuantas.

¡Vaya tela!

¿Y..., y desde cuándo?

A ver yo lo supe cuando,

¿tú te acuerdas cuando estabas ingresada,

que vine a tu habitación y estuvimos charlando un rato?

Pues eso.

Bueno, y el spa.

-¿Que, no me digas que...? -Sí. Era un regalo de Dacaret.

Rocío, siento soltártelo así, de sopetón.

Pero ...

No, no, no. Al revés. De verdad, gracias. O sea, gracias.

Gracias por ser tan honesta.

Sí que estoy,

estoy alucinada porque

yo empeñada en que Silvia abriese los ojos

y resulta que yo, por otro lado, estaba ciega.

¿Y qué vas a hacer ahora?

Pues no sé.

Pero ...

sea lo que sea,

lo que tenía con Dacaret, se ha acabado.

Lo mío también.

Cuando Rocío me dijo que salía con Dacaret,

me quedé ... de piedra.

A ver, que yo sé cómo es,

y que tampoco pretendía casarme con él.

Pero ... igualmente...

Y le he dado muchas vueltas antes de decírselo a ella.

Pero no sé,

me he puesto en su lugar y ...

a mí me hubiera gustado que me lo contasen.

¡Que no, que no lo tengo!

Que es que si me hubiese llevado el dinero,

te habría cogido el teléfono.

¡Pues porque no pude!

Ah, ¿sí?

¿Y cómo sé que no lo tienes tú, Julio?

Mira, Julio, haz lo que quieras.

¡Yo no lo tengo!

Claro, es que ahora llevas el pelo rubio,

por eso me ha costado reconocerte.

¿Qué pasa, Tati, no sabes quién soy?

¡Eres la hermana de Felipe!

Y tú la amiguita que le metió en el mundo de los trapicheos.

Perdona pero no tengo ese mérito.

Tu hermano ya venía torcidito de serie.

¿Sabes?

Susurrar no te ha servido de nada,

porque he escuchado todo lo que has dicho.

¿Ah, sí?

¿De qué dinero hablabas? ¿Y quién es ese tal Julio?

No es asunto tuyo.

Cualquier delito cometido dentro del hospital

es competencia del personal, o sea, mío.

Yo no he cometido ningún delito aquí.

Al menos reconoces que has cometido alguno.

-Yo no he dicho eso. -Ni hace falta.

¿A quién has robado? ¿A una casa, un negocio...?

¿O has subido de categoría y te dedicas a atracar bancos?

-¿No vas a decir nada? -¿Y qué quieres que diga?

¿Acaso no ves cómo estoy?

Y además no tengo ningunas ganas de discutir.

Si yo no quiero discutir. Yo quiero hablar.

Si hubiéramos hablado antes, otro gallo nos cantaría.

Sí, la Traviata, ¿no te digo?

además, mira por favor,

déjalo, que me estoy empezando a sentir mal.

Mira, Mario

está así porque no supiste atarle en corto.

-¿Yo?

¿Y tú? ¿Y tú qué?

Mira, ¿quién le mandó a un colegio privado

cuando empezó a suspender?

Y cuando se escapaba,

¿quién le mandó al extranjero? ¿Yo? Yo no lo hice.

Lo decidimos los dos.

A mí no me dejaste decidir. No me diste opción.

Pues que yo sepa no eres precisamente muda.

Así que podrías haber dicho lo que te hubiese dado la gana.

¿Tú crees que el dinero lo arregla todo, verdad?

Le diste todos los caprichos.

Mira cómo ha terminado.

Me he matado a trabajar para darle lo mejor a mi familia.

¿Qué hay de malo en eso?

¿Sabes lo mejor?

Que Mario toma drogas por ti.

¿Por mí?

Oye, mira.

Yo consumía de pascuas a ramos.

¡Y de eso hace siglos!

Pero él se acuerda de todas tus batallitas

y encima le encubrías.

¿Que yo le encubría?

¡Que yo le encubría...!

Oye, mira

de acuerdo que quizás

al principio no le di la importancia que tenía.

Pero de ahí a encubrirlo ...

Además, cuando tuve que asumir mis responsabilidades

saqué todo eso de mi vida. ¿O no?

-Sí. -Y él lo sabe perfectamente.

Pero con Mario no ha resultado así.

Y encima tú le reías las gracias.

Cuando le viste fumando el primer porro,

le tenías que haber sentado y decirle lo que fuera.

Ya. ¿Y tú qué?

-Has sido muy permisivo con Mario. -Sí. Sí. ¿Eh?

te has volcado en tu carrera.

Y en la agencia de viajes después.

Que le echas más horas, ¡que ni que fuese tuya! ¿Eh?

¿Dónde estabas, eh? ¿Dónde estabas tú?

Mira si Mario está como está, ¿eh?, los dos.

¡Los dos somos responsables!

-¿Se puede? -Sí, sí, sí. Por favor...

-Hola. ¿Qué tal estás?

-Bueno... -Que me han comentado ya lo del robo.

-¿Creéis que ha sido Mario? -Fue él.

-No..., no, no, no. Todavía no lo sabemos.

-Entiendo la gravedad del asunto. -Lo dudo.

Oye, Rosa, por favor. ¡Por favor!

Rosa, sé que te parece muy complicado que yo me pueda poner en tu lugar.

Pero creo que la prioridad ahora

es que nos pongamos en el lugar de tu marido.

Porque necesitas estar muy tranquilo ahora.

Ya sabes que cualquier disgusto puede empeorar tu estado.

Sí, sí, sí. Yo..., lo voy a intentar.

Lo primero es la salud, ¿eh?

Bueno, si me necesitáis, ya sabéis dónde estoy, ¿no?

-Gracias. -Usted ya hizo lo suyo.

Rosa...

Bueno, ya sabéis dónde encontrarme. Cuídate.

-¿Has atracado un banco? -Yo no he dicho eso.

-¿Has atracado un banco, sí o no? -¿Estás loca? ¡Que te van a oír!

Que no, que no he atracado un banco.

Dime una cosa, Tati,

¿mi hermano está metido en eso contigo y con tu amiguito Julio?

¡Dime la verdad!

Pues no.

Mira, se lo propuse, pero no quiso.

¿Dónde está el dinero?

-Lo tiene mi colega Julio. -Dámelo.

Sobre mi cadáver.

Total, ¿qué puede haber ahí?

Mucho.

Ahora un millón en billetes de 500 pesa un kilo.

-¿Has robado un millón de euros? -¡Ch! ¿Estás loca? que te van a oír.

Tu hermano no habrá ido a la universidad.

Pero tú, desde luego, no eres la lista de la familia, ¿eh?

Voy a llamar a la policía ahora mismo.

¿Ah, sí? venga, llámales;

y les digo unas cositas de tu hermano.

Me acabas de decir que él no tiene nada que ver.

Bueno, pero eso podría cambiar.

Si llamas a la policía iré presa. Y mi hija acabará en un centro.

Tiene solo dos añitos.

-Pero ¿tienes una hija? -Sí. ¿No lo sabías, no?

Ese dinero lo necesitamos y bastante.

Así que no sé, ¿qué vas a hacer?

-¿Te aburres mucho?

¿Quieres que te diga la verdad o que sea educada?

La verdad siempre es mejor.

No estoy aburrida, Ángela; pero gracias por preguntar.

Preferiría que me llamaras mamá. Porque soy tu madre, ¿no?

Bueno, papá te llama Ángela;

y es el nombre que viene en tu DNI, ¿no?

Ya, pero es raro.

Y tú casi siempre me llamas Raquel, no hija.

¿Sabes lo que sí sería raro?

Que te llamara doctora Vega. Pero Ángela...

Bueno, llámame como quieras.

Eso no va a cambiar el hecho de que sea tu madre.

Ya casi termino, ¿m?

En tu espacio/tiempo no hay normas.

-¿Qué? -Nada.

Que ya venía mentalizada para esto.

-¿Para qué, exactamente? -Para no ... tu trabajo.

Al menos has dejado de fumar.

¿Quieres la tablet

para jugar un poco hasta que termine?

Ya tengo una.

Papá me la regaló por mi cumpleaños.

Es verdad, que es tu cumple, ¿eh? Podremos celebrarlo como quieras.

-¿Qué te apetece? -Estar con papá.

Con él no me aburro.

Tenemos conversaciones muy interesantes, adultas.

Ya. Pero papá no puede estar.

Vamos a estar tú y yo, las dos solitas,

madre e hija...

Espero que no me lleves a un spa.

Odio los masajes. No me gusta que me toquen.

Y si mi padre no puede estar aquí,

es porque está de viaje, trabajando.

Herrera, quiero pedirte un favor:

¿puedes hacer tú las cuentas de la Consejería?

No te lo pediría si no fuera ...

Gracias.

¡Libre!

Ya podemos celebrar tu cumple como quieras

-¿Una hamburguesa? -No me gustan.

-Pero si te encantaban de pequeña. -Antes, ¿cuando tenía cinco años?

Pues ya no.

Ahora a papá le gustan otras cosas.

Ya, bueno.

Pero se trata de saber lo que te gusta a ti.

Las hamburguesas no. ¿Nos vamos o qué?

-Comeremos lo que tú quieras. -Escoge tú, no tengo hambre.

-¿Qué haces aquí? ¡No es tu turno! -Se lo he cambiado a Clara.

Te voy a asistir yo. ¿Algún problema?

-¿No tengo otra opción? ¿De verdad? -No.

Bueno, todo el mundo preparado. Vamos a empezar.

Un momento.

Quiero hablar contigo; será un segundo.

Mira si tienes problemas para trabajar conmigo en quirófano,

te puedes ir.

Te doy permiso.

No es eso. Yo soy una profesional.

¿Y?

-Sé lo que quieres hacerle a Vega. -Silva habla demasiado.

Es una pena que confíe en la gente equivocada.

Mira, en eso estamos de acuerdo.

A ver, ¿qué quieres, Pepa?

-Quiero que hagas lo que te dé la gana, pero solo.

Que no utilices a Silva para echar a Vega.

Lo primero:

yo no necesito a Silva para nada.

Lo segundo: no lo estoy usando.

Se ha venido a mi equipo porque ha querido.

Bueno a lo mejor es porque cree que te lo debe

después de la demanda de la deportista, ¿no?

Pero bueno,

si él se siente en deuda por ello...

-Estamos listos. Podemos comenzar. -Vale. OK.

Vamos a hacer nuestro trabajo

y por tu bien olvídate de todo lo demás.

-¿Me estás amenazando? -¡Qué dramática eres, de verdad!

Mascarilla.

Bueno, empieza el baile, todo el mundo concentrado.

Ahí estamos.

Está claro que no puedo hacer cambiar de opinión a Herrera.

Pero tengo que intentar que Andrés

se desvincule de los planes de este tío como sea.

-¿A que sé en lo que estás pensando? -Es que me siento tan idiota...

-Bueno, Rocío.

Si te sirve de consuelo,

piensa que Dacaret

es mucho más idiota que tú y que yo juntas.

Ya. ¿Tú cómo haces para que no te afecte?

Bueno, no sé.

Se me ha pasado de todo por la cabeza, ¿eh?

Contratar un sicario ...

-Pues esa me parece muy buena idea. -¿A que sí?

Hasta desaparecer del mapa,

porque yo también me siento un poco idiota.

Pero decidí que un tipo como ese no merecía que yo perdiera mi tiempo,

así que él se lo pierde.

Pues sí.

Yo no es que me sienta dolida, que bueno, un poco también.

Es que no sé, me gustaría que él ...

-¿Quieres venganza? -Sí.

Te entiendo perfectamente.

Porque desde que yo lo descubrí,

solo deseo que le pasen cosas malas.

Soy un poco psicópata, ¿verdad?

No, no, no.

Me suenas más cuerda que nunca. Te lo digo.

-Ya. ¡Ay, el humor nos hará libres! -Sí.

Oye, ¿y tú sigues sintiendo algo por Daca?

-No. -Que si quieres...

Bueno, te iba a decir que no contestases, pero...

No. No te preocupes.

Si es que no... Es que no sé. A lo mejor.

Pero es que lo nuestro era un poco más... ¿Sabes?

-Ya, ya, ya. -¿Y tú?

-Pues a ver, a mí me gustaba mucho.

Pero ...

también lo nuestro ha sido muy precipitado

y, no me está costando mucho cambiar el chip

porque, después de todas las cosas que me has contado...

Oye, Rocío,

¿y esa venganza de la que hablábamos?

No, no.

Pero si te lo decía por, por desahogarme.

Que no es mi estilo.

Ya, bueno.

Pero piensa

que si no aprende la lección podría reincidir.

A ver si te sientes menos culpable, cambiemos venganza por, ¿escarmiento?

¿Así que estamos hablando de hacerlo por una buena causa?

-Claro. -Ah, me parece muy, muy buena idea.

A ver, ¿qué me propones?

¿Qué es lo que más le duele a Dacaret?

¿Que parece que es familia del tío Gilito

porque es muy agarrado?

Pues, a partir de ahora,

a ti y a mí

se nos van a antojar cosas muy, muy caras, amiga.

-¡Lo veo! -Y eso solo es el principio.

Lo mejor sería pasar página y olvidarse de todo.

Pero lo que Dacaret nos ha hecho a Rocío,

a Reina y a mí..., tela.

No. Yo no digo que sea mala persona.

Pero sin mala intención también se puede hacer mucho daño.

Y lo que ha hecho ...

yo no pienso hacer como si nada.

¿Y?

¿Pero estás segura de que es él?

¿Te crees que no conozco a mi propio hijo?

Y encima no se tapa la cara.

Saluda a cámara y se ríe.

-Mario no está bien. -Ya.

Tenemos que ingresarle como sea en ese centro.

¡No podemos dejarle solo!

Si es precisamente eso

lo que tenemos que hacer para ayudarle.

¡Dejarle solo!

Pero ¿qué dices, Rosa?

¡Que estoy harta de encubrirle, de que tú le encubras! ¡Estoy harta!

Si te hubiera robado cualquier ladrón,

-¿le denunciarías? -Sí, claro.

Pues hazte a la idea de que así ha sido,

porque voy a denunciar a Mario.

¡No, no, no! No puedes hacerle eso, Rosa.

¡Es nuestro hijo!

Sabes que tiene antecedentes y que le llevarían a la cárcel.

Sí, que va a la cárcel. Pues eso es lo que quiero,

¡que se estampe contra el suelo

y que se remonte él solo, por su propio pie!

Rosa, eso es ir demasiado lejos.

¿Demasiado lejos? Pero ¿qué dices?

Demasiado lejos es lo que ha hecho él.

¿Qué será lo próximo, matarnos?

-Oye, Rosa, por favor. -¿Matarnos para cobrar la herencia?

¡Por favor, no hables así de Mario, es nuestro hijo!

-¿Cómo que no? -Rosa, ¿qué te pasa?

¡Ya no te reconozco!

¡Me digas lo que me digas!

¡Le voy a denunciar, me digas lo que me digas!

Rosa. Rosa, por favor.

Es que mírate,

¡mira lo que ha hecho con nosotros!

Rosa, vamos a pensarlo con calma.

¡Seguro que hay una solución!

¡Todo por permitirle todos los caprichos!

¡Mejor!

Le consentiste todo y mira cómo ha terminado.

-¡Por favor es nuestro hijo! -¡Sí, es nuestro...!

-¡Es nuestro hijo! -¿Qué pasa?

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Centro médico - 13/12/18 (1)

13 dic 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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