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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 13/06/18 (1) - ver ahora
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SUBTITULADO POR ACCESIBILIDAD TVE.

Pues tiene una herida en el ojo. No sé si habrá que darle puntos.

De acuerdo. ¿El nombre es?

Enio Tejada. -Muy bien.

¡Ay, ay! -¡Eh, eh, eh, eh!

No, no, perdone, que es mi hijo.

¿Estás tonto o qué, te crees muy gracioso?

Pueden pasar a Triaje. Por allí.

El doctor Molina atiende a Enio, el hijo de Amanda,

que tiene una brecha ostentosa en la ceja debido a una pelea.

Tranquilo.

Me han llamado del instituto porque no paraba de sangrar.

Tenías que haber visto cómo ha quedado el otro. -Ya.

No hables así, de esa manera tan vulgar.

No sé en cuántas peleas se ha metido ya.

El típico rebelde sin causa.

El típico listo tonto.

¡Que no hables así, te digo!

No se preocupe, está en una edad complicada.

Sí, pero éste se lleva la palma, va a terminar siendo un delincuente.

No te preocupes, que cuando tenga los 18 años, me largo de casa.

Bueno, pues a ver si es verdad.

No te muevas ahora.

Yo ya ni me peleo con mi hijo, me he rendido.

Si quiere tirar su vida por la borda, que lo haga, ¡no puedo más!

Se pasa el día en el gimnasio, encerrado en su cuarto o en la calle.

Y si tiene amigos, yo no los conozco.

Aunque la mayoría de los golpes o impactos en la cabeza

no tienen consecuencias graves,

lo primero es descartar daños neurológicos,

ya que el golpe podría haber provocado hinchazón

o sangrado interno, o haber dañado los nervios o tejidos.

Gonzalo acude al hospital por un dolor repentino en el pecho,

que ha comenzado mientras se entrenaba con su amigo.

¿Qué haces? -Una foto, tío, para el grupo.

Para que vean los efectos del deporte en la tercera edad.

Bórralo inmediatamente. -¡Qué va, tío!

O la borras o los 6000 euros que se han gastado tus padres

en el máster se van a la basura.

Vale, tío, era broma. Lo siento.

Yo también estaba de broma.

Ya se me ha pasado. -Venga.

Esto ha sido un músculo pinzado.

Vamos para dentro, anda, que ya estamos aquí.

Que ya hemos llegado, venga.

El celador, de verde.

El que diseñó el vestuario de este hospital

debe de odiar al mundo entero.

Y además parece un pijama.

Bueno, ¿y tú qué harías?

Ante la duda, el color negro siempre funciona.

Y con unos toques de amarillo o naranja, le daría otra alegría.

Negro, ¿en un hospital?

Siendo tan joven deberías asumir riesgos.

Hola, buenas. -Hola, dime.

¿Qué tal? Mira, es que hemos tenido un...

Raquel, perdona. ¿Os puedo ayudar en algo?

Hola, sí. -Sí.

Mi amigo, que ha tenido un dolor fuerte en el pecho...

Nada, ha sido un pinzamiento.

Bueno, pues ¿me acompañáis y le echamos un vistazo?

¿Vale? -Sí.

Gracias, Raquel, me encargo yo. -De acuerdo.

Gracias. -De nada.

Gonzalo es mi profesor de diseño

en el máster de alta costura que estoy haciendo.

El tío es un máquina.

Y la verdad que estamos aprendiendo muchísimo.

El caso es que nos caímos bien, y le añadimos al grupo del máster.

Pues nada, quedamos, salimos... Es uno más, aunque sea un profesor.

Entre tú y yo, ¿vale? Le llamamos “el abuelo”.

Aparentemente, no hay ningún daño neurológico.

¿Has notado algún mareo, ganas de vomitar,

pérdida de equilibrio? -No.

¿Algún dolor agudo?

Ni me he enterado.

No me refiero al golpe en sí.

¿En algún momento has sentido algún dolor especialmente agudo?

A ver, lo que te han dado es un cate de toda la vida.

Qué? No entiendo el castellano antiguo. ¿Qué dices?

¿Pero dónde has aprendido a hablar de esa manera tan arrogante?

Bueno, vuelvo enseguida, voy a avisar a una enfermera.

Enio, ¿qué te pasa? Que tienes que cambiar esa actitud,

no puedes ir así por la vida.

¿Cambiar por qué, me iría mejor siendo un pringao?

Tú lo que quieres es que no me convierta en gentuza y ya está.

Porque te daría vergüenza, ¿a que sí?

¿Sabes lo que pasa?

Que si te hubiéramos llevado a un internado no estaríamos así.

¡Pero ya es demasiado tarde!

Anuc, por favor, ocúpate.

Y eso que, de pequeño, Enio era una joya.

Era disciplinado, listo, aplicado...

Se pasaba el día dibujando, le encantaba.

Le matriculamos en el mejor colegio que encontramos.

Pero desde que empezó la secundaria,

todo se ha dado la vuelta.

Mira, tanto dinero gastado para nada.

Los puntos de sutura deben mantenerse completamente secos

las primeras 24 horas.

Después, hay que limpiar la zona de alrededor una vez al día

con un poco de agua fría y jabón neutro.

Secarla bien y aplicar una crema antibiótica,

desde el centro hacia el exterior.

Gracias, Anuc.

No hace falta que disimules, ¿eh?, que esto duele.

Eso depende del umbral del dolor de cada uno

y de cuánto quieres que te respeten.

Bueno, no creo que para que te respeten

haga falta hacerse el duro.

Hombre, claro, para que te respeten es mejor ser un pusilánime.

Creí que no hablabas castellano antiguo.

Lo hago para que me entiendas o, si quieres, te hablo en slang.

Aunque no creo que te cosques de nada.

Ya, tengo una duda: ¿qué ganas con esta actitud desafiante?

Pues que no me toquen mucho las narices.

Pues parece que con los neurólogos no te funciona, ¿no?

Sí, la verdad que tú me estás tocando bastante las narices.

Un poquito.

¿Tienes un minuto? Acompáñame, quiero presentarte a alguien.

¿Le importa?

La gente quiere que todo el mundo

haga lo que ellos se han resignado a hacer,

para confirmar que no había otra forma.

Pero es una farsa.

Tampoco hay que ser demasiado listo para entenderlo.

¿Y el dolor que sientes es más como un pinchazo

o como una presión?

Es como una presión, pero fuerte. Y al rato se me ha pasado.

Me ha venido un poco ahí fuera, apenas hace unos minutos,

pero se ha vuelto a ir, así que no creo que sea nada grave.

Algo muscular, ¿no?

Bueno, eh... Estírame los brazos y los levantas.

¿Te duele así? -No.

Vale, pues ya puedes bajar los brazos.

Oye, pues a mi tío le dio como un pinchazo en el pecho

y el caso es que le dio un ataque al corazón.

No sé, a ver, él tenía otra edad, es cincuentón.

¿Qué le parece?

Los síntomas de un posible infarto son dolor en el pecho,

se siente como una fuerte opresión.

Este dolor puede extenderse hacia el brazo izquierdo,

también hacia los hombros, el cuello y la mandíbula.

También, otros síntomas son la sudoración fría repentina,

las palpitaciones, la falta de aire, las náuseas, los mareos...

Entre otras cosas.

Si usted siente alguno de estos síntomas,

no dude en acudir, cuanto antes, al hospital,

porque el tiempo de reacción puede salvarles la vida.

Bueno, ¿estabas haciendo ejercicio físico intenso?

No, el ejercicio no es que fuese muy grande.

A ver, estabas como “picao” conmigo, dándolo todo ahí a tope, ¿no?

Ya quisieras tú, que te quedan las mallas que ni a Peter Pan.

¿Cómo te encuentras ahora? -Perfectamente.

Bueno, con náuseas, pero es que los hospitales

me ponen un poquito nervioso, será eso.

¿Qué edad tienes? -39.

Pues en tu historial no pone eso.

Pues lo que ponga el historial está equivocado.

Bueno... ¿fumas?

No, lo dejé hace unos años.

Vale, bueno, túmbate, que voy a auscultarte.

Las constantes de Gonzalo están dentro de la normalidad

y en la exploración no ha habido nada que me haya llamado la atención,

salvo el fuerte dolor opresivo y las náuseas que dice que siente.

Voy a hacerle más pruebas, a ver si puedo recabar más información.

Bueno, pues pasamos a la mesa y os comento.

Me gustaría hacerte un electrocardiograma

y una analítica de sangre con enzimas cardiacas.

¿Cardiacas, de..., del corazón? -Sí.

No creo que sea eso, yo estoy en forma.

Llevo haciendo ejercicio intenso toda mi vida.

Y no he tenido nunca ningún problema.

Bueno, pero es que un dolor en el pecho

podría ser un problema cardiaco.

Así que yo me quedo más tranquila haciéndote estas pruebas.

Mejor no dejar ningún cabo suelto, ¿no?

Quizá deberías cortarte en el entrenamiento

a partir de ahora. -Eso, seguro.

Gonzalo, ¿se puede saber por qué has mentido a la doctora?

¿De qué me estás hablando?

Nada, olvídalo. -Mejor.

Ella es Lucía, una compañera. -Hola, encantada.

Psicóloga, ¿verdad? -Sí.

No será ni psiquiatra.

Y él es Enio, un chico un tanto...

Conflictivo, puede decirlo. -Sí, eso también.

Bueno, pues cuando quieras hablar conmigo, ya sabes dónde estoy.

Porque me imagino que no tienes ganas de empezar ninguna terapia,

ni nada por el estilo, ¿no? -Imagina bien.

A ver, yo creo que Lucía te podría ayudar.

Pero si no quieres, tú mismo.

He hecho lo que estaba en mi mano.

¿De verdad pensabas que accedería tan rápido

a ver a una psicóloga?

Me parece que la buena acción del día te ha salido un poquito mal.

Sí, eso parece, sí.

Lucía, gracias.

Molina, una cosa, mira.

Yo sé que igual es meterme donde no me llaman,

pero como tienes relación con Sonia,...

me gustaría saber si...

si tú sabes si hay algún cambio en la fundación ahora.

¿A qué te refieres?

No, que, como ella es directora de la fundación

y dependemos económicamente de ellos, pues que...

que no sé si va a haber algún cambio.

Mm... Ya.

¿Me entiendes? -Sí, perfectamente.

Y digo yo, si tienes tanto interés en saberlo,

¿por qué no le preguntas directamente a ella?

¡Hola! -¡Hola!

¿Qué miras con tanto interés?

No quieras saberlo.

Ea, pues ahora quiero saberlo doblemente.

Pues estoy buscando un complejo vitamínico

para regenerar el cartílago.

Tengo la rodilla un poquito mal.

Ya lo ves, un día estás saltando en parapente

y, al día siguiente, la rodilla hecha una pena.

Bueno, hijo, tampoco seas tan derrotista,

que tú estás hecho un chaval.

Bueno, si llamamos chaval a levantarse dos o tres veces

por la noche al servicio, pues sí, soy un chavalote.

Aquí está.

Por cierto, ¿qué tal tu paciente, el del chándal?

Bueno, bien, se puso un poco a la defensiva

con eso de que tenía que bajar el ritmo de vida,

pero es que... es lo que hay.

Por cierto, ¿tú qué edad le echas?

Pues más o menos los que yo.

Vale, ¿y esa qué edad es?

¡Buen intento, Rocío!

Pero no, no te voy a decir el secreto

mejor guardado de todo el hospital.

(SIRENA)

Enio regresa al hospital, esta vez acompañado por la policía,

después de que lo hayan encontrado tirado en un descampado,

junto a las vías del tren.

¿Qué ha pasado? -Déjame.

¡Eh, eh, Enio! Tranquilo.

¡Que me he caído, ya está!

No tengo que dar explicaciones a nadie de quién soy,

de lo que hago o de los años que tengo.

Me da igual que sea un poli o el papa de Roma, si quiere.

El doctor Molina realiza una radiografía a Enio,

para comprobar si hay fracturas o luxaciones.

Evidentemente, no hay fractura.

Vamos a inmovilizar el hombro con un cabestrillo

y vamos a administrar analgésicos para el dolor.

Así que te has caído.

Deberías tener cuidado porque esta vez no ha sido grave, pero...

Mira, no te voy a contar nada más.

Me has visto, punto, ya está.

¿Has estado pintando?

Las manchas de las manos parecen de grafiti.

Enio, hemos avisado a tu madre.

Hasta que no tenga 18 años, qué remedio.

Parece que tienes más miedo que ganas de cumplir los 18. -¿Qué?

Mira, Enio, por más listo que seas, que lo eres,

la edad es un grado.

Me he dado cuenta de tu necesidad de atención.

¡Eso son chorradas! -Seguro.

¿Se puede saber qué hacías en ese descampado?

Nada bueno, seguro.

Pues algo bueno, sí, o... o no.

Porque como no te enteras de nada...

No estarías vendiendo o consumiendo drogas...

¿Eso es lo único que se te ocurre de mí?

¡Pues sí, es lo único que se me ocurre!

¿Hay alguna manera de saber si está consumiendo drogas?

Bueno, sí, en este caso, como es menor,

solo necesito la autorización de un tutor

o, en este caso, un familiar, y puedo pedir un análisis

de tóxicos en orina.

Muy bien, pues tiene mi permiso. -De acuerdo.

Gonzalo, el paciente que sufrió un intenso dolor en el tórax

mientras realizaba deporte,

está siendo sometido a un electrocardiograma

para averiguar qué ha podido originar ese dolor.

Este no es ni el momento, ni el sitio más indicado

para hacer estas cosas. -Bueno, bueno.

Perdón, perdón.

Los resultados de las analíticas

que te hicimos de las enzimas cardiacas han resultado negativos.

Tanto las que te hicimos al principio como la que te hemos hecho ahora,

transcurridas seis horas después de tu dolor.

El electro también es normal,

así que, como ya no sientes dolor en el pecho,

podemos descartar que hayas sufrido un infarto agudo de miocardio.

¿Qué había dicho, gente de poca fe?

¿Has sufrido episodios parecidos, anteriormente?

No, nunca.

Bueno, pues esto es todo.

Si te volviese a dar el dolor, te pasas por aquí, ¿vale?

Doctora, entonces, los entrenamientos se acabaron, ¿no?

Sí, sí, sí.

Vale, es que, claro, no quiero sentirme responsable

de cargarme al profe del máster.

-Ah, pero si yo pensaba que erais padre e hijo.

Bueno, doctora, la dejamos. Vamos.

Bueno, adiós.

Hasta ahora.

Gonzalo, ¿qué te pasa? Tío, que estamos aquí.

No me gustan los hospitales.

Pero que ya está, que no ha sido nada, ¿eh? Que esto...

Mira, esta noche salimos, la liamos,

que ya he hablado con la gente del máster.

Ay, me he dejado...

Oye, no me esperes, tira para casa.

Vete a estudiar, que mañana hay examen.

Bueno, vale.

Perdón. -Sí.

¡Adelante!

¿Qué pasa? -Verá, es que antes no le he dicho la verdad.

Bueno, háblame de tú.

Antes no te he dicho la verdad.

El dolor del pecho no es la primera vez que me da.

Me dio otra vez, hace menos de un mes.

No quería decir nada delante de Mark.

No quiero que... mis alumnos sepan sobre mi vida privada,

y menos sobre mi salud.

Ya, entiendo.

Pues vamos a programar una serie de pruebas.

Vamos a hacer una ecocardio en reposo, una prueba de esfuerzo

y otra ecocardio de esfuerzo.

Lo que sí que es evidente, Gonzalo,

es que tienes que bajar el ritmo de vida, sí o sí.

Porque ya no tenemos 20 años.

No me gusta que me digan lo que puedo y lo que no puedo hacer.

Vale.

Entre los 40 y los 65 años de edad, es importante hacer ejercicio físico,

pero siempre priorizando la salud antes que el rendimiento.

Bastará con hacer semanalmente unos 150 minutos

de ejercicio físico moderado,

o unos 75 minutos de ejercicio físico más intenso.

Pero eso siempre va a depender de cada persona.

Perdón, ¿la consulta 112?

Eh... sí, eh... Por allí a la izquierda.

Vale, muy bien, gracias.

Que, oye... Que... Sí, sí, no, no, o sea, sí...

- Sí, la 112.

No, digo tú, que eres Manuel Feijóo.

¡Ah, sí, sí, hombre, alguien que se acuerda!

¡Claro, pero si yo era superfán, lo veía todos los días!

Pero tú ya no haces nada, ¿no?

Bueno, he hecho una serie nueva que se llama “Colegas”,

que nos hemos juntado varios de los actores de aquella época

y hemos hecho esta serie, que ha quedado divertidísima.

Son seis capítulos y los puedes ver.

¿Dónde, dónde los puedo ver?

En Internet, está hecha para Internet.

Tú te metes en Internet y pones “Ver serie Colegas”,

o Manuel Feijóo, o pleiz.es.

Pleiz.es.

Y ahí te sale la serie, y te lo vas a pasar pipa.

¡Ay, lo voy a ver seguro! -Muchas gracias.

¡Ay, qué bien! Oye, una cosita, ¿me das dos besos?

Es que me hace una ilusión...

- Sí, pero estoy con gripazo.

Pero yo soy médico y estoy curada de todo.

Pues nada, encantado, ¿eh? Un placer.

Rocío, Rocío.

Bonito nombre, Rocío. -¡Gracias!

¡Ay, qué ilusión! Nos vemos, ¿eh?

¡Ay!

La verdad que es una pena que este muchacho ya no haga nada.

Hemos estado hablando tu padre y yo.

Y los dos creemos que lo mejor es que te vayas a Múnich con él.

Yo ya no puedo más.

¿Cómo puedes ser tan egoísta?

Mira, Enio, ahora no lo entiendes, pero es lo mejor para ti.

Que te quede claro que no me voy a ir a ningún sitio. -Bueno.

¡Enio, Enio, ven aquí!

¿Qué pasa? -¡Nada, cosas mías, déjame!

El doctor Molina ya tiene los resultados

del análisis de tóxicos que le hizo a Enio,

el paciente que se lesionó el hombro al caer.

Amanda, Enio.

Tengo los resultados del análisis de orina.

Ha dado negativo para drogas.

Entonces, ¿por qué se comporta así?

Que si prefieres que sea un drogadicto,

solo tienes que decírmelo, ¿eh?

¡Lo sabía, lo sabía, lo sabía! -¿Qué pasa?

¡Que lo habéis fastidiado todo trayéndome aquí!

O me lo dices tú o lo miro yo.

¡Que te estés quieto!

Pero ¿qué es esto?

¡Enio!

¿Es verdad lo que dicen de ti?

¿Los grafitis de los trenes son tuyos? -¿Qué más da?

No sé, dímelo tú.

Si los haces, será porque quieres que se vean, ¿no?

No necesito el reconocimiento de nadie.

Ya, ¿seguro que de nadie?

Igual con esto tu madre ahora te entiende mejor.

Como quieras.

Eh, por cierto...

los grafitis son buenos, muy buenos.

De hecho, parece mentira

que los haya hecho un chavalito de tu edad.

Como todo lo que hago.

Genial.

Son estos.

Pues es que son muy buenos. -Sí.

De hecho, estuve viendo en la televisión

que estaban buscando al autor.

Ahora que ya lo ha encontrado la policía, le va a caer una multa.

Seguramente. A mí lo que me preocupa es la personalidad del chaval.

A ver, sé que no hace falta ser superdotado para pintar bien.

Pero tendrías que oírlo hablar:

sus reflexiones, la desmotivación, el aislamiento...

No tiene ningún amigo. Ninguno, ni siquiera en la calle.

Hombre, la desmotivación y el aislamiento,

sí es verdad que pueden ser características

de una persona superdotada.

Pero, vamos, que no se lo hayan detectado antes me extraña.

No, pues no lo han hecho.

¿Tú le podrías convencer para que hiciera

un test de inteligencia?

Si lo pico un poco, igual entra al trapo.

Yo me encargo. -Vale.

Las personas con altas capacidades

son aquellas que destacan en inteligencia general

y en otras áreas del conocimiento, que aprenden con mucha facilidad

y también tienen conductas por encima de lo esperable

para personas de su edad o de su entorno.

Y bueno, parece que el doctor Molina ha conseguido convencer a Enio

para que haga un test de inteligencia.

Gonzalo, el paciente que sufrió un dolor en el pecho,

está siendo sometido a una ergometría,

que medirá el rendimiento de su corazón

durante un esfuerzo prolongado.

¡Para!

¡Qué suerte que te encontré mientras que hacías footing!

Sí, una suerte.

Anda, ya que estás aquí, dame la toalla.

En el bolsillo grande, en la bolsa.

¡Crecepelo, qué fuerte!

“Hair Tonic" tonifica el cuero cabelludo.

Te he dicho en el bolsillo grande. -Vale.

Bueno, a ver, Gonzalo. Esta prueba está bien, ¿vale?

Pero como no llegas a la frecuencia cardiaca deseada

para que sea valorable, pues me gustaría hacerte otra prueba:

una ecocardio de estrés.

La idea es reproducir las condiciones de esfuerzo

que provocaron tu dolor.

Bueno, que puedo forzar la máquina si quieres, ¿eh?

No hace falta, vamos a administrarte un medicamento,

que se llama dobutamina, y con eso aceleraremos el ritmo cardiaco.

Gonzalo ya está listo para la ecocardio de estrés.

Como no conseguimos llegar a la frecuencia cardiaca deseada

con dobutamina, le hemos administrado atropina,

para, así, acelerar su ritmo cardiaco y aumentar la conducción eléctrica

por el nódulo auriculoventricular.

(PITIDOS)

¡Mar, por favor!

Vamos a hacerle un electro. -Muy bien.

¿Por qué no hacéis algo? ¡Haced algo!

Mar, betabloqueantes, Ya.

Tranquilo, tranquilo.

Vamos a ponerte un medicamento, vamos a...

Tranquilo, escúchame, escúchame bien.

Vamos a ponerte un medicamento, mira, ya te lo vamos a poner.

Te va a relajar, ¿vale?

Va a disminuir tu ritmo cardiaco.

Mira, ya, ya está, ya está, ya está.

Ya está, tranquilo.

Gonzalo sufre una angina de esfuerzo.

Su corazón no recibe el suficiente flujo de sangre y oxígeno

al realizar un ejercicio físico de intensidad moderada-alta.

Y esto puede ser la antesala de un problema aún más grave.

Bueno.

Pues, Enio, tienes un coeficiente intelectual de 154.

Eso quiere decir que estás claramente por encima de la media.

¡Qué bueno, Enio! Ahora me cuadra todo, claro.

Cuando Enio era pequeño, era un niño muy especial.

Empezó a leer y a hablar muchísimo antes que los demás.

Lo que pasa es que, bueno, no sé, siempre pensamos

que era por el tipo de educación que estaba recibiendo.

¿Y nunca sospechasteis que pudiera ser superdotado?

Pues la verdad es que una profesora insinuó algo una vez

y quiso hacerle unas pruebas.

Pero Enio se negó.

Y luego, nunca más volvieron a decir nada.

Fallaba aposta y disimulaba.

Bastante tenía con sentirme yo diferente

como para que, encima, ellos me vieran también así.

Cariño...

Y esto de ser superdotado,

¿es genético o...?

Bueno, es una mezcla entre factores genéticos y del entorno.

Por eso se dice que el superdotado nace y se hace.

Hay que seguirlo motivando para que siga progresando.

¡Qué maravilla, cariño!

Para evitar la desmotivación

y conseguir el máximo rendimiento en las personas superdotadas,

se suelen utilizar tres técnicas de intervención psicoeducativas.

Una es la aceleración en los cursos, otra son programas específicos,

adaptados a la evolución de cada alumno,

y la tercera, el agrupamiento en clases especiales.

Hasta ahora, la opción más utilizada era la aceleración en los cursos,

pero es verdad que no daba muy buen resultado,

porque las personas con altas capacidades

suelen aprender más rápido.

La otra opción, que tampoco parece muy buena,

es la agrupación en clases especiales,

porque, en algunos casos, puede generar desadaptación

por parte del alumno.

Yo creo que lo mejor es una intervención conjunta,

en el instituto, con un psicólogo,

que te enseñe cómo gestionar los conflictos,

y también con ejercicios, con programas,

que fomenten tu creatividad.

En fin, que te motiven.

Es que yo creo que en el instituto

no hay ningún programa, ¿no?

¿Tú qué opinas, Enio?

Bueno...

Gonzalo, el paciente que sufre de angina de esfuerzo,

ha sido ingresado y espera la visita de la doctora,

que le informará del tratamiento y las medidas

que tendrá que tomar a partir de ahora.

Nada, era mi padre, que viene ya en un rato, de camino.

¿Vives con tus padres?

Sí, tengo 22 años.

Claro.

Oye, ¿y tú no tienes familia? -No.

Tuve una novia, pero lo dejamos antes de empezar el máster.

Pensé que me iba a quedar ahí fuera.

Bueno, tranquilo, Gonzalo.

¡Buenas! -¡Hola!

¿Qué tal, Gonzalo, cómo te encuentras?

Algo mejor. ¿Qué es lo que me está pasando?

Bueno, os explico un poco.

Con el tiempo, los vasos sanguíneos pierden flexibilidad

y se vuelven más rígidos.

Esto nos pasa a todos, y si, además, tenemos enfermedades

como puede ser hipertensión, o fumamos, esto ocurre más.

También la grasa tiende a acumularse en los laterales

de las paredes de los vasos sanguíneos,

y si estos no son flexibles, pues disminuye el riego sanguíneo

y, por lo tanto, también el oxígeno.

He sido fumador durante 20 años.

Empecé a cuidarme cuando los 40 asomaron las orejas.

Pero, ahora mismo, la verdad es que lamento cada cigarrillo

que me he echado en la vida.

Voy a derivarte a cardiología,

porque lo que tenemos que hacerte, sí o sí, es un cateterismo.

Es una intervención

en la que estudiaremos mejor tus vasos sanguíneos coronarios,

y entonces valoraremos si te colocamos un stent.

Vamos, que va a entrenamiento, ¿no? -Sí.

Gracias, muy en especial por aguantarme con tanta paciencia.

No pasa nada, para eso estamos.

Gracias. -Nada, luego nos vemos un ratillo.

Hasta ahora. -Hasta luego.

Un stent es una especie de muelle

que colocamos en un vaso sanguíneo que está obstruido,

y así favorecemos el flujo de sangre.

Enio, el chico al que la psicóloga del hospital

ha diagnosticado un cociente intelectual muy elevado,

ha vuelto al hospital y acaba de salir de otra entrevista.

¿Por qué nunca me habías dicho nada de todo esto?

Bueno, porque no lo sabía.

No sé, pensaba que era más listo que los demás, pero...

Todos pensamos eso de nosotros mismos, ¿no?

¿Ves como sí que eres bien listo?

Pero ¿por qué me das tantos besos? -¿Qué pasa?

No recuerdo la última vez que me diste uno

y en estos días me estás dando 20.000.

A lo mejor es que es más difícil besar a tu hijo

cuando no paras de discutir con él, ¿no?

También parece que es más fácil dar besos a tu hijo

cuando es listo, ¿Verdad?

Mira que eres, ¿eh?

Bueno, ¿y qué te ha parecido esto que nos han contado de tus actitudes?

Suena bien, ¿no? -Bueno, pues...

A lo mejor te conviertes en un nuevo Einstein o vete tú a saber.

Bueno, no confío demasiado en el tema este de psicólogos,

pero tampoco pierdo nada por venir.

Yo creo que es mejor buscar un centro especial.

He estado mirando uno que tiene una pinta estupenda.

Solo atienden a alumnos

con una capacidad intelectual elevada, ¿eh?

¿Qué te parece?

¿Dónde está ese centro?

¡En Londres!

De verdad, no sé cómo he podido ser tan ingenuo contigo.

Pero ¿qué pasa?

Gonzalo, que te he estado observando.

Y no sé, siento como que no te gusta relacionarte con gente de tu edad

o más mayor. -Toma, ¡zasca!

Ya, lo siento, tío.

No importa. La verdad es que tienes más razón que un santo.

La gente de mi edad es algo más cerrada y tiene más prejuicios.

Me miran como un fracasado porque no tengo ni mujer ni hijos.

Contigo, con los alumnos, eso no me pasa.

Me siento más identificado con vosotros.

Además, la verdadera edad es mental y yo me sigo sintiendo joven.

A pesar de este maldito corazón.

Os prefiero. ¿Tiene algo de malo?

No. no, no, si de malo no tiene nada.

Lo que pasa que tienes que bajar un poco el ritmo

porque, como sigas así, te va a explotar la patata.

Es mi padre, que está abajo ya.

Oye, que vaya bien, ¿vale?

Que nos vemos, estamos en contacto.

Venga, mejórate.

Adiós.

¡Amanda!

Estoy buscando a Enio, no lo encuentro por ningún sitio.

No lo he visto, pero esto estaba en mi consulta,

creo que es para usted. -¿Esto?

“Superdotado o no, lo único que quieres es que me vaya.

Has ganado.”

Vale, Enio tiene razón, lo estoy haciendo fatal.

Bueno, ahora que se ha dado cuenta,

ya sabe por dónde debe tirar para recuperar la relación

con su hijo. -Ya.

Es buen chaval, Amanda. -Ya, ya, ya, ya.

Bueno, Muchas gracias. -No hay de qué.

¡Hola! -Hola.

¿Se sabe ya algo de Enio?

No, aún no ha aparecido.

Pero lo hará. Por más superdotado que sea, solo es un chaval.

Ya, bueno, pues nada, hasta mañana.

Oye, Lucía, una cosita. -Dime.

¿Llegaste a hablar con Sonia, sobre lo del futuro del hospital?

No, ¿por qué?

No, no, por nada, por nada.

¡Bah, tranquila! Seguro que todo sigue igual. -Sí.

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Centro médico - 13/06/18 (1)

13 jun 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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