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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 12/12/18 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-La radiografía está bien. No hay alteraciones significativas.

Pero en la analítica de sangre... -¿No está bien?

-No. En la analítica de sangre han salido positivos unos marcadores

que indican lesión miocárdica. -¿El miocardio?

-Sí. El miocardio es el músculo cardiaco.

Seguramente que el dolor que sentiste

se corresponde con un pequeño infarto que has tenido.

-Bueno, lo que me faltaba ahora mismo...

-A ver, tranquilo.

Lo que nos importa de todo esto es que el flujo de sangre

de las arterias que nutren tu corazón

está obstruido en algún punto.

Pero ya te hemos puesto un tratamiento

para deshacer cualquier posible trombo.

Y ahora te vamos a pasar a la Unidad Coronaria.

-Bueno, no tengo mejor sitio adónde ir ahora mismo.

-Pues tú tranquilo, porque ahí vas a estar muy bien vigilado y atendido.

-¡Hombre, aquí estás, no te encontraba!

¡Qué recibimiento! Aunque bueno;

¿qué puedo esperar de alguien que ni siquiera me coge el móvil?

-Mario, Mario. -¿Eres su hijo?

-Sí. Soy su hijo.

-Pues tu padre ahora mismo está en una situación muy delicada.

Así que, por favor, mantén la calma.

-¿Para qué has venido?

-¿Que para qué he venido? Pues para verte. ¿No estás tan malo?

-Bueno, mira, Mario; no te enfades,

pero ahora prefiero que te marches, ¿vale?

Ya hablaremos fuera en otro momento.

-Sí. Esto es mejor que lo habléis en casa o en otro sitio...

-Mira, ¡cállate! ¿Vale?

-Ah, que me calle.

-Es mi padre y puedo estar aquí, tengo derecho.

-No, Mario. No tienes derecho a nada, a nada.

-¿No tengo derecho? -¿Qué pasa?

-No. -No. ¡Ya lo has dejado muy claro!

-Pero hijo...

-¡Lo habéis dejado super claro! A mí que me apesten, ¿no?

¿Eh? ¡Como si me muero! -¿Qué haces?

-¿Qué hago? Mira, ¡no me deja ni siquiera entrar en casa, ¿sabe?!

Y ¿qué? ¿Eso de hijo, de qué?

-¡Sí, soy tu madre, por mucho que me avergüence de ti!

Y este señor de aquí es tu padre, que lo ha dado todo por ti, ¿vale?

-¿Sí? ¿Lo has dado todo por...? -Mario...

-¡¿No te das cuenta de que te tiene miedo?!

-Mira, ¡¡que me dejes en paz, ¿vale?!! ¡¡Déjame tranquilo!!

-¡Mario...!

-¿Estás bien? -Sí. Gracias.

-Ese árbol es un poco grande, ¿eh?

No, yo creo que por mucho que te esfuerces no lo vas a tirar mirándolo

Prueba con esa plantina de ahí, más pequeña a ver.

-Tú dame un par de minutos. Que cosas más raras hemos visto hoy.

-Conseguí sorprenderte, ¿eh? -Tú y el alelado.

-Dicho por ti suena distinto, ¿eh? -Ya.

-Oye, lo siento. Tenía que habértelo contado.

-Bueno, nadie es perfecto.

Yo vivo con mi madre y tú eres una adúltera de manual.

¿Cómo fue la historia? Cuéntamela. Bueno, si te parece.

-Pues nos casamos a los 20 años. Sí, a esa edad parecía una buena idea.

-Si estabais muy enamorados...

-Bueno, la verdad es que me deslumbró.

Yo de aquella todavía era seria, cauta,

y él era imprevisible, tenía ya el carisma que tiene ahora.

Y..., y no paraba. Empezó derecho,

luego siguió por empresariales, económicas...

-Muy centrado el tipo, ¿eh?

-No, no era muy centrado, pero era muy emprendedor

y era muy divertido y muy buen amigo.

Pero vamos, a mis padres no les hubiera hecho ninguna gracia

que fuéramos a vivir juntos sin más,

y yo de aquella todavía quería agradarles.

-Ya, no como ahora.

Que puedes ir tranquilamente cambiando colchones

en la vida de la gente.

-En serio. Que nada, que yo qué sé se enfrió y,

que tenía que haberlo visto desde el principio.

Estuvimos como dos años así,

él me apoyó mucho en el divorcio de mis padres y, no sé,

la cosa se enfrió. Nos distanciamos y..., nada más.

-¿Y por qué no os divorciasteis? -Pues por nada.

Por, por dejadez, de verdad.

¿Te has enfadado? -No, qué va.

Está todo bien; no pasa nada.

Eso sí: la manta de ganchillo de mi madre se tiene que quedar.

Es la única que ha hecho la pobre en su vida.

-Se quedará en casa de tu madre, no en la mía.

-Si tuviera casa...

Ah, por cierto:

¿venían mañana con el colchón nuevo al mediodía?

-Sí. Sí, mañana. -Porque yo no. yo no voy a estar.

Ya había quedado con Vega y se me ha olvidado.

Bueno, quedar, quedar, quedar..., no.

O sea: vamos a ir al cementerio, ella tenía que hacer unos papeleos

y yo ya aprovecho para llevarle unas flores a Imanol.

-Vale. Sí, sí. No pasa nada, me parece bien.

-¿Sí? -Sí. Sí, claro.

Regular. Me parece regular, la verdad. Pero ¿qué le voy a decir?

¿Qué le voy a decir al pobre con lo que acaba de comerse?

Que sí, que no me hace ninguna gracia la relación que tiene con Vega

y que se vean tanto y...,

pero bueno, por lo menos ellos no están casados, ¿no?

-¿Con qué empiezas hoy? -Con un síndrome coronario agudo.

¿Te acuerdas el chico que te comenté, el del empujón?

-Ah, sí. -Pues su padre.

-Viene fuerte la mañana, ¿eh? -Pues sí.

A ver qué tal responde a la fibrinólisis.

-Ya.

-Oye, Vega, que quería comentarte una cosa que me preocupa un poco.

-Dime.

-Es que creo que, creo que hay alguien

que está cogiendo algo de medicación y de material médico del hospital.

-Mm. -Y tengo indicios de quién puede ser.

-¿Quién?

-A ver, es que es solamente una ligera idea, tampoco...

-¿Lo dices por Esther?

Porque ella tiene llave del armario y me ha informado.

Así que no hay problema. -No..., no es por Esther.

-¡No me lo puedo creer! ¿Será falso el tío?

-¿Pasa algo?

-¿Qué pasa? Que mi marido, que me pide una pensión.

Viene aquí con todo sonrisas,

yo pensando que quería volver a retomar la relación,

y lo que quiere es dinero. -Pero ¿tú estás casada?

-¡Y me manda esto, de su abogado! ¿Os parece normal?

-No lo entiendo. Pero ¿tienes hijos?

-Pero ¿qué vamos a tener hijos? Lo que me faltaba.

No sé, lo pedirá por su cara bonita, por a ver si cuela, imagino.

¡No tengo ni idea!

-Si quieres el contacto de mi abogado...

Aunque hoy parece que llevo comisión.

-No me lo puedo creer.

Mira quién está ahí.

-¿Es él? -Sí.

Iker, ¿estás bien? -Qué va, estoy fatal.

Me he mareado de repente y tengo el corazón un poco acelerado.

-¿Podéis avisar a un calador, por favor?

-Yo me encargo. -Vale.

-¿Nos sentamos? -Sí, sí, sí.

-Venga.

-¿Cómo te encuentras? No muy allá, ¿no?

-No.

-¿Te han explicado esto que te pasa y...? ¿Sí, no?

Cómo te vas a sentir... -Sí.

-Tienes dolores, algún escalofrío, ¿no?

-Sí, sí.

-Luego te voy a explicar que hay tratamientos que ayudan a paliarlo,

¿vale? O sea que no te preocupes.

Pero lo más importante es lo que has hecho, que has dado el primer paso.

-¿Qué primer paso? -¿Cuál crees que es ese paso?

-Reconocerlo.

-Pues reconoce que tienes un problema, claro.

-Pues tengo un problema.

-Bueno, me gustaría que me hablaras de ti y de cómo te sientes.

-Es que la verdad es que no estoy mucho para hablar, ¿sabe?

-Entonces ¿te derivo directamente al psiquiatra?

-Bueno..., tampoco es para eso; no sé.

-Hay alguien que quiere hablar contigo.

¿Le digo que pase? -Ah.

Sí, supongo que sí. -Pasa, pasa.

Hola, Rosa. -Hola.

-Mario, ¿tú qué crees que siente tu madre?

-Pf, pues..., de todo, supongo.

Asco, vergüenza...

-Y Rosa, ¿tú qué es lo que sientes?

-Mario, levántate, por favor.

-¿Y tú qué sientes, Mario?

-¿No se ve ya?

-Sí. Pero ayuda decirlo en alto.

-¿Me perdonas?

-Pero ¿cómo no te voy a perdonar? Si ya te lo he perdonado todo, mi amor.

-Empecé con los porros en el instituto, lo típico.

Luego ya en la carrera todo el mundo me parecía imbécil y bueno,

un día me invitaron a una fiesta y probé ciertas cosas que..., lo flipé.

Lo flipé tanto que incluso llegué a conocer a una chica

que nunca la hubiera hablado si no hubiera tomado esas cosas.

El caso es que, por una cosa o por otra, acabé volviendo a probarlo y,

bueno, al final..., al final todo se vuelve más complicado.

-Sentaros, por favor. -¿Estás bien, Rosa?

-Sí. -¿Sí?

Aquí Mario, lo importante no es el sufrimiento que han pasado tus padres

que también han sufrido lo suyo.

Es el daño que te estás haciendo tú a ti mismo.

-Sí. Eso es lo que más me duele a mí. Porque yo siempre te voy a querer.

Yo siempre voy ser tu madre. -Ya, ya.

-Eso no va a cambiar. -Ya lo sé, mamá.

Pero eso lo dices ahora. Pero..., pero es que no me conoces, de verdad.

Es que no soy de fiar. -¿Cómo que no?

-Pues porque no. Porque yo no soy como la demás gente, ¿vale?

Yo..., joé, es que no merece la pena que perdáis el tiempo conmigo, ¿vale?

-Mario, es normal que te sientas así. Y, y en los casos como el tuyo,

hay profesionales que te pueden ayudar

y que te van a dar herramientas que te van a servir.

-¿Algo así como, como un centro? -Centro de desintoxicación.

Será solo un tiempo, tú eres un chico muy joven y...,

y luego tienes toda la vida por delante.

Pero para eso tienes que confiar en ti.

-Yo, yo sí me fío de ti, de verdad.

-Pero tienes que ser tú el que esté convencido, ¿eh?

-Vale. -¿Sí?

-Vale.

-Bueno...

Puede ser muy difícil reconocer una adicción en el entorno familiar

por miedo o por vergüenza.

Y a veces también tenemos estereotipos y pensamos

que porque un chico vaya bien vestido o pertenezca a una buena familia,

pues no va a estar en riesgo.

Si notamos cambios de humor

o gastos de dinero desproporcionados o mentiras,

podemos encontrarnos ante un problema de drogadicción.

Y en ese caso, podemos pedir ayuda, como lo está haciendo Mario.

Toma, la lista de los pacientes. Teresa de Miguel no se ha presentado.

Luego la llamaré.

Clara, ¿has escuchado lo del cambio de turnos?

¿Qué te pasa? Nada.

Una paciente, que no ha venido a por los resultados.

Sí. Dime, dime; algo he oído.

Quiero que me ayudes a diseñar el cuadrante provisional

para cubrir la ausencia de Landó.

¿Cómo la ausencia de Landó? ¿Le ha pasado algo?

Bueno, Ramón va a estar un par de semanas fuera.

Se ha pedido un descanso.

Ya. Por lo que pasó en la sala de espera, ¿no?

Pues te digo la verdad, no me parece justo.

¿Qué no es justo, Clara? ¿Hay algo que debería saber?

Pues hombre: es que está en una situación personal...

Pero vamos, que si él no te ha dicho nada, yo tampoco voy a...

Pero ¿no os dais cuenta que si no me lo decís parece todo muchísimo peor?

¡No sé a qué viene tanto misterio! Pero que yo pienso lo mismo que tú.

Pero es que luego, si digo algo,

enseguida me dicen que soy una bocazas

y que solo me dejo llevar por los temas sentimentales,

así de claro. ¿Es algo sentimental, entonces?

Bueno, mira. No pasa nada;

a ver que te echo una mano con el cuadrante, ¿vale?

¿Has pensado en llamar a alguien de fuera o...?

Clara, no me cambies de tema, por favor. Aquí estamos para ayudarnos.

Especialmente en los momentos difíciles.

Ya. Bueno... Unos más que otros.

Vamos a ver, Vega.

¿De verdad quieres saber lo que le pasa a Landó?

Claro Pues yo te lo puedo decir.

Eso sí, aquí no, claro. Vamos a mi despacho.

Venga.

Marta, gracias.

-Que no hace falta. Si está claro, si es el azúcar otra vez.

-¿Volviste a beber? -No.

Te juro que no.

-No hace falta que me jures nada, Iker. No te voy a creer.

-¿Has visto la carta, no? -No me saques el tema, por favor.

¿Te saltaste alguna comida? -No.

-¿Algo fuera de lo habitual..., ejercicio?

-Sí. Eso sí. Bueno, ejercicio.

Que se me estropeó el coche y tuve que bajar empujando.

Luego es que me ha arrancado de golpe y casi no lo cojo, ¿sabes?

Ha sido gracioso. -Ya.

¿Se puede saber por qué no fuiste a un taller?

-Pues ¿tú qué crees, Bea?

Por lo mismo que te he mandado la carta.

-Que no me saques el tema, por favor.

Vale. Bien, está bien.

¿Se puede saber a qué viene todo esto?

Porque pensé que te iba mejor que nunca.

-Porque yo quería que lo pensaras.

Eres la única persona que se acuerda de cuando era yo

quien daba trabajo a los demás.

Bea, no me sale trabajo.

Tengo dos préstamos, empeños, le debo dinero a todo el mundo.

Mis amigos están hartos ya.

Pero a ti no quería.

Si he estado a punto de llamarte 500 veces para tomar un café.

Y si no lo he hecho ha sido precisamente por esto.

Porque tenía miedo a acabar metiéndote un sablazo.

Lo he perdido todo. Todo.

-¿Y el coche?

-No, el coche no. Todo no. Perdí la casa. O sea que...

-¿Estás durmiendo en el coche?

Ya.

Ya me parecía. Nunca fuiste un fan de la limpieza.

-No. Si es que encima me tengo que despertar

con todo el parabrisas lleno de porquería,

ya lo que me faltaba, me pego un tiro.

Oye, mira. Eh..., Bea, por favor. Tienes que perdonarme todo esto.

Olvídate de todo, ¿vale? -Iker, Iker.

-¿Qué? -¿Estás comiendo bien?

-Es que no tienes que preocuparte por eso.

-Iker, por favor. -¿Qué?

-Por favor.

Como, como.

Pero no me preguntes dónde, por favor... Déjalo.

Déjalo ya.

Oye, ¿puedes dejarme solo un poco? -Sí. Claro.

Vamos a ponerte un tratamiento vía oral, ¿vale?

Y ahora te traerán zumo y galletas para la hipoglucemia, ¿de acuerdo?

-Gracias.

Mejor dejarle un ratín solo. Se iba a deprimir más.

Mi historia con Iker es una historia muy antigua

y yo siempre creí que seríamos amigos, siempre.

Pero no estuve pendiente de él.

Y ni sabía ni me imaginaba que estaba en esta situación.

Y casi que preferiría que fuera un caradura de repente,

que ya no me apreciara... Porque esto es muchísimo peor.

La verdad es que no entiendo muy bien a qué viene tanta urgencia.

Pero bueno, por otro lado, tampoco tengo nada mejor que hacer.

De eso precisamente quería hablarte.

Por favor, firma ahí.

¿No me lo podías haber enviado por e-mail?

No.

¿Y esto?

Es para que te reincorpores de inmediato, si te parece bien.

Si no, tendría que pedirle a Clara que rehiciera los cuadrantes

y es un lío tremendo.

Ya, pero, a ver: no entiendo nada. ¿Qué ocurre con la suspensión?

Porque...

Porque atañe a algo tan importante en la vida que,

si te lo quitan, te matan.

Además, lo de ayer no se va a volver a repetir, ¿a qué no?

Te aseguro que no.

Pero...

Si no te importa, tengo un poco de prisa

y tú tienes pacientes que atender.

Ángela, gracias; no...

La verdad es que no entiendo muy bien

de qué va todo esto pero..., gracias.

El contacto de mi abogado.

Es quien me lleva el tema de la custodia.

¿Tú también?

Mi hija. Raquel.

Es buen abogado. Pregúntale lo que quieras. Dile que vas de mi parte.

¿De acuerdo?

Gracias.

¿Gracias por qué? Supongo que por nada.

Exacto. Que tengas un buen día, Ramón.

De acuerdo.

La verdad es que me ha sorprendido.

Ayer discutí su decisión porque me pareció desproporcionada.

Por otro lado, tampoco tenía mucho margen para negociar.

Y hoy, sin embargo me perdona,

y además descubro que tenemos más cosas en común

de las que yo me imaginaba.

Ángela está separada, tiene una hija...,

no sé;

la verdad es que nunca me lo hubiera imaginado.

-Enseguida viene la doctora. -Gracias.

-¿Qué tal, Iván, cómo estás? -Mejor. Mejor.

-¿Sí? A ver qué tal vas respondiendo a la fibrinólisis.

-Ya. Eso es por el atasco, ¿no? -Exacto.

Esto es para restaurar el flujo sanguíneo.

-Ya.

-¿Has vuelto a tener dolor en el pecho,

bueno, dolor epigástrico, por el que viniste?

-No. No, no.

-¿Y en otro lugar del pecho? -No, no, no, nada.

-Vale. ¿Náuseas...? -No, no.

-¿Sudores fríos...? -No, no. Todo bien, gracias.

-Muy bien. Y te cuidan bien aquí, ¿a que sí?

-Sí. La verdad es que estoy muy bien, gracias.

-Hola. -Hola, Rosa.

-¿Qué tal? -¿Qué tal?

Os dejo solos, que no habéis tenido mucha tranquilidad últimamente.

-Además de verdad. Muchas gracias.

¿Cómo estás? -Muy bien.

-Mm... Por fin solos, ¿eh?

-¡Uffff! -Pobre Mario.

-Sí. Pobre Mario y pobres nosotros, ¿no?

¿Hace cuánto tiempo no salimos a cenar tú y yo solos?

Con lo que hemos sido...

-Bueno, es que habiendo pizza a domicilio...

-En cuanto te den el alta, te invito a cenar.

¿Al francés ese de las velitas, ese? ¿Te acuerdas?

-Que..., ¿qué te ha parecido el centro de desintoxicación?

¿Es como una cárcel? -Muy agradable.

Tiene muchos jardines, pistas de tenis...

-¿Y Mario?

-Bien. Está tranquilo.

Le queda mucho camino todavía pero... -Es un buen principio.

(Teléfono)

Nada, tranquilo, es una centralita. ¡Uuff!

¿Sí, dígame?

Sí. Ya...

Sí, dígame la descripción.

Sí, lo conozco, sí.

Está bien. Ahora no puedo hablar. Luego les llamo. Gracias.

-¿Qué..., qué pasa? -Que han robado en casa.

Y por si había alguna duda de quién lo ha hecho,

lo tienen todo grabado en vídeo.

-¿Y ahora qué?

-Pues eso digo yo, Iván. ¿Y ahora qué?

Se acabó.

Es que no ha hecho ni un intento.

Pensaba que esta vez sería distinto. Pero...

Y sé lo que va a decir Iván. Que pobrecito, que pobre Mario.

¡Siempre, pobre Mario y a dárselo todo sin rechistar!,

aunque nos destroce.

Estoy segura de que con un padre más firme

no habríamos llegado hasta este punto.

Pero alguien tiene que ponerle fin a esto. Alguien tiene que reaccionar.

Verás, yo básicamente lo que quería era información

antes de comenzar un proceso que... Exacto.

Exacto; veo que nos entendemos a la perfección.

Así es.

De acuerdo. Sí, sí, sí. Tengo todos los datos.

Bien. Pues entonces nos vemos.

Me alegro. Pues un abrazo. Gracias, un abrazo; adiós.

Hola. Hola.

Te estaba buscando, mi ángel de la guarda.

¿Y eso? Quería darte las gracias.

¿Por qué?

Has estado hablando con Vega, para que me readmita, ¿no?

No me ha dado tiempo. ¿Te han readmitido?

Sí. ¿Sí? ¡Enhorabuena!

Ya me imagino yo quién ha hablado con Vega.

Bueno, es igual. El caso es que la noticia es maravillosa.

Y otra cosa.

He encontrado un abogado que me va a gestionar todo el tema

de la custodia de Julia. Bueno, muy bien.

Mientras no empieces una guerra...

No. No, no. Solamente es información.

Ahora mismo es asesoramiento para que no empecemos el proceso y...

Muy bien. Y bueno, así que...,

como ya estoy readmitido, ¿qué te parece si cenas esta noche

conmigo y te lo cuento todo? ¿Eh?

Pago yo, que voy a cobrar todo.

O sea, vamos a ver: te pones un traje, me invitas a cenar...,

¿qué pasa, que tú quieres algo o qué? Lucía, por favor.

¿Qué haces?

Ramón, ¿qué haces?

Ni se te ocurra. Ramón.

¿Me quieres hacer el favor? ¿Qué?

¿Te quieres callar? Ramón, por...

¿Un minuto? ¿Te puedes callar? Que no puedo...

Ramón, ¿qué tal, bien? Bien. Fenomenal, sí.

Vale. ¿Tú sabes algo de la política del hospital con respecto a esto?

¿Calvinila cálcica? Sí.

Mm...

Sí, a ver: que ya sé que se utiliza en terapia en alcoholismo.

Sí. Yo nunca lo usé, ¿eh?

Pero se utiliza para que lo aborrezcas, el alcohol.

Ya, sí. ¿Qué quieres saber?

Que es un antabús.

¿Tú sabes si se guarda con mucha seguridad?

Es que ha aparecido en un sitio donde no tenía que estar.

Ya. Pues debería porque ya sabes que es muy tóxico.

Vale. Vale, gracias.

Clara. ¿Qué te pasa?

Que Belén ha intentado envenenar a Rocío con esto.

¡No puede ser! Tenemos que encontrarla.

Vale. Vale.

Yo busco aquí y sube tú a la primera planta.

Venga. Vale, vale, vale.

-Gracias por acompañarme. -De nada.

Lo malo es que haya que volver a trabajar.

-Bueno, yo casi lo prefiero. -¿Estás bien?

-Sí.

(Teléfono)

-Bea...

¿Estás en el hospital?

Vale. Ahora no puedo hablar. Luego te llamo.

-Te veo luego, ¿eh?

-No, no, no. Espera, espera, espera, dime, dime.

Sí.

¿Qué pasa, nada? ¡Nada!

¡Madre mía! ¿Has buscado en Personal?

Sí. ¿Y los baños? No, en los baños tampoco.

Bueno, bueno, bueno... En la azotea.

Ya también he mirado. Nada. ¡Fff! En las taquillas.

¡Venga!

Nada.

Esta es su taquilla. Esa es.

Está cerrada, ¿no?

Vamos a ver: Marco: ¿allanas tú, o allano yo?

Sí. ¿Y con qué abro?

Déjame.

Toma. ¿Con una horquilla?

Una horquilla. Tú abre, anda.

¿Va a funcionar? Mírame, corre. Inténtalo.

¡Fff! Esto no va a funcionar.

¡Dale, dale! Clara, que esto no funciona.

Venga.

Dale. ¡Ah!

Ya está. Ya está. Pero ¿dónde están sus cosas?

¿Se ha ido?

¡Madre mía, se ha ido!

¡Ff! Hay que encontrarla como sea, de verdad.

Con esta mujer no se puede saber. ¡Fff!

¿Tienes un móvil? Sí.

Voy a llamar a la policía. Venga.

Llámala.

Marco... Mira esto.

Es que se me ha puesto hasta la piel de gallina. Es que es aterrador.

Espero no tener que volver a verla en mi vida.

Porque ya he tenido bastante.

-¡Ey, alelado!

-¿Qué te cuentas, nena?

-¿Qué te cuentas, nena?

-Me ha quedado un poco chulo, ¿no?

Para ser un muerto de hambre que no tiene ni para un café...

-Bueno, muy bueno lo de la cafetería, por cierto, ¿eh?

-Sí... -Muy elegante. No sospeché nada.

-Tengo práctica. -Ya.

¿Te encuentras mejor?

-Lamentablemente voy a sobrevivirte.

-Oye, estuve pensando sobre esa marcianada estúpida de la pensión.

-Ya. ¿Y me la vas a dar, entonces? -Sí. Bueno, no.

No te voy a dar una pensión, pero te voy a ayudar.

Un regalo sin abogados y sin recibos. -No.

-Iker, solo hasta que remontes un poco.

Que seguro que en unos meses o menos ya tienes tu oportunidad.

-Bea, que no puedo. Que no.

Ya te he dado bastante la lata y ni siquiera te debo nada. Déjalo.

-Ya. Pero yo a ti sí.

¿Tú te acuerdas en segundo de carrera, de mi carrera, eh,

no de todas las tuyas?

-En segundo. Concretamente en segundo de tu carrera.

-Sí. En segundo de carrera se suponía

que yo te estaba ayudando en El Rey del Bocata,

¿recuerdas ahora? -Sí.

-Pues empecé a faltar lunes y martes porque tenía muchas troncales,

luego jueves, porque tenía prácticas...

-¿Y qué tiene que ver todo esto? -Pues que tú hacías como si nada.

Éramos un equipo pero eras tú el que ponía todo el dinero, Iker.

-Mira, era diferente. Tú en ese momento eras una cría;

no tiene absolutamente nada que ver. -Tú también eras un crío, Iker.

-Fff.

-¿Lo tienes claro entonces? -Clarísimo.

Y me hacías hasta la cena. -¡Pero eran bocatas!

-Sí, bocatas. Bocatas, pero muy ricos y gratis.

-Bueno, eso sí.

Sí, sí. Mira, como mi abogado, el de la carta.

-¿Gratis, encima, lo tienes?

-Claro, es igual que yo, pero con bigote.

-No. -Sí.

-Distinguida señora Reina... -¡Noooo!

-Tengo que pedirle por la presente,

que le mande una pensión compensatoria al Sr. Iker Suárez.

-¿Cómo te llamas? -Tati.

-Vale, Tati. Vamos a... -Pero ya me encuentro bien, ¿eh?

Ya me puedo ir. -Mujer, ¿adónde vas?

Que no puedes ni con tu alma.

-¿Recuerdas algún momento de tensión previo al desmayo?

-No. Iba, iba a dar una vuelta, de compras y..., bueno, que mira:

lo de la tensión es normal en mí, digo.

Llevo un mes ya tomándolas.

-Espironolactona. -Sí.

-Pues está claro que no te ha hecho mucho efecto.

-Ya.

-Este dolor no se me va ni a tiros.

-¡Porque tú te lo has buscado!

Es que, doctor, se pasa el día tirado en el sofá con el trasto ese.

¡Y fumas como un carretero!

-Vamos a aumentar la dosis de analgésicos.

-Lo único que me consuela es que, si hubiese sido un infarto,

ya estaría en el otro barrio.

-Mi hija viene a pasar unos días conmigo.

-¡Ah, no tenía ni idea de que fueras mamá!

-Mi ex tiene la custodia.

-Ahora entiendo lo del nuevo abogado de Ramón, claro.

-Claro. Es que yo no sabía que él...,

bueno, estamos igual, al parecer. -Sí.

-No le he dicho nada a Vega

de los planes que tienes con Herrera para desbancarla.

¿Es eso lo que quieres saber, no? -Gracias.

-¡La idiota soy yo! Porque me has tratado como un trapo

y aun así... Me das pena.

-Quería contarte algo, Rocío.

Pero es que no sé ni por dónde empezar.

-Tan malo no puede ser. -Ya, es verdad.

Mira, que Dacaret está saliendo con las dos.

-¿Cómo?

Subtitulación realizada por Teresa García Román

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Centro médico - 12/12/18 (1) - ver ahora

12 dic 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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