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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 11/10/18 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-Hola. -Hola.

-Bueno, ya te han contado, ¿no?

-Sí. Me han dicho que Julia está en Observación

y que se dio un golpe en la cabeza. -Sí.

-No sé cómo... se ha podido dar un golpe en la casa.

-Pues eso te quería preguntar.

¿Tú la has cogido o sin querer la has podido dar un...?

-¿Crees que no sé coger a mi hija? Fue de noche.

Seguro que lo que le pasó, le pasó de noche.

-Te lo digo porque a mí me pasaba con Marcos.

Que lloraba mucho y a veces..., bueno, pues te puedes desesperar,

entre que no duermes...

Y a lo mejor, pues sin querer, pues puede ser que le hayas cogido...

-¿Pero qué pasa? ¿Le pasa algo a la niña?

-Sí le pasa, Berta. Sí le pasa.

Tiene lesiones muy graves y no sabemos cómo se las ha hecho.

Hemos tenido que llamar a los Servicios Sociales.

-¿Que qué? ¿Has llamado a la policía? -Es el protocolo.

Van a venir aquí, hablarán contigo, con Ramón y con algunos médicos.

-¿Pensáis que la estoy maltratando? -No. No. No. No pensamos nada, Berta.

Pero es necesario que sepamos lo que le ha pasado a la niña

para poderla curar.

-¿Me la van a quitar? -Primero van a investigar.

-Ya..., pero... si es que el otro día...

Seguro que se ha caído de la cuna porque le he comprado una cuna,

que yo se lo dije a Ramón, que no cabía...

Que los barrotes son... -Berta, Berta.

Las lesiones que tiene Julia

son incompatibles con un golpe en la cuna.

-¿Tienes un minuto? -No.

-Es sobre Imanol.

-Pasa.

Dime.

-No acepta ningún tratamiento. -¿Cómo? ¿Por qué?

-Pues le he explicado los pros y los contras de la cirugía,

de la quimioterapia,

los posibles riesgos de morbilidad y demás

y su respuesta ha sido "Gracias, pero no".

-No entiendo. ¿Pero le has dicho que es su única opción,

que si no se Trata, se va a morir? -Lo tiene clarísimo.

-Ya. Bueno, ¿y qué le has dicho? -¿Cómo?

-A ver, tú obligación es curar a los pacientes, ¿no? Salvarles la vida.

-Sí, claro. Pero para salvar a alguien hace falta

que ese alguien quiera ser salvado. Vamos, digo yo.

-No siempre. Tú también sabes que los pacientes de este tipo de cánceres

toman las decisiones bajo un estrés y una presión muy grandes.

-No es el perfil de Imanol. -No le conoces.

Además, tu trabajo también es mostrarle que se está equivocando.

Que esto no es como decidir dónde va uno de vacaciones,

si al mar o a la montaña. No sé. Esto se trata de preservar su vida.

¿Te hace mucha gracia lo que estoy diciendo?

-Me hace gracia, sí. Me hace gracia que intentes encubrir

tu interés personal en este paciente con juramento hipocrático,

la misión de los médicos y bla, bla, bla.

-No estoy encubriendo nada.

Es un paciente de este hospital y por eso me interesa.

Ese es mi trabajo.

-Mira, para variar, no venía a discutir.

Solo venía a informarte. Así que informada quedas.

-Perfecto.

-A tomar por saco.

Hola. Soy Lidia Rueda.

No, no, no soy de ningún seguro. Soy la batería de Petróleo Rosa.

No, ni Niki ni Ana van a entrar en antena hoy tampoco.

Ya, una pena, sí. Si te vale, me puedes hacer la entrevista a mí.

¿Ahora mismo?

Vamos. Vamos.

-Ah...

¡Berta! ¡Berta! ¿Dónde la lleváis?

-A REA. -Ramón, Ramón...

¿Pero cómo...? Lucía..., ¿qué ha pasado?

Escúchame: le van a hacer un lavado gástrico.

¿Un lavado gástrico? ¿Por qué? Por sobredosis de antidepresivos.

¿Pero qué dices? No... Ramón...

¿Qué? Tienes que esperar.

No, no. Espérate.

Tienes que esperar a que le hagan el lavado de estómago antes de verla.

La verdad que... Esto es una pesadilla. De verdad.

Escúchame: Ramón, yo he hablado con ella.

Intenté hacerlo con el mayor tacto posible, te lo prometo.

No, no. Es que no es el momento de hablar, Lucía.

Pero es que tenía que avisarle de que habíamos activado el protocolo

y le dije que la íbamos a ayudar, que no iba a estar sola,

que había terapias...

¡Es que no es el momento de terapias, Lucía!

Yo solo estaba intentando ayudar.

Ayudarla a ella y ayudarte a ti también.

¡No! ¡Pues basta! ¡Si nos quieres ayudar, déjanos en paz!

Es que de ninguna de las maneras, ni en el peor de los casos,

me hubiera imaginado que iba a pasar algo así.

Yo es que... No puedo ver de esta manera a Ramón.

Porque son demasiados mazazos seguidos:

primero las lesiones de Julia, luego el protocolo de malos tratos,

ahora lo de Berta.

Y Ramón es un hombre muy fuerte, pero eso...

Que me da miedo que haya sobrepasado ese límite.

-¿Te ayudo? Mira... Tiene truco.

-Muchas gracias.

-Oye, para ser la batería del grupo, te veo con poca fuerza en los brazos.

-Ahora mismo no tengo fuerzas ni para tocar el triángulo.

-¿Y eso? Vamos a sentarnos.

-La verdad es que beber tanta agua no puede ser bueno.

-Gracias. Tú rock and roll hasta el final, ¿eh?

¿Cómo fueron las pruebas con la doctora Jiménez?

-Pues parece ser que tengo gastritis. -Ah, bueno.

Eso con un poco de dieta blanda y agüita de esa que tanto te gusta,

ya estarás como nueva. -Eso espero.

Me ha recetado un antiácido, un protector gástrico y mucha calma.

A ver si así evitamos complicaciones. -Seguro que sí.

Que Niki me ha contado lo de vuestra gira... Qué bien, ¿no?

Aunque menudo tute lleváis,

pero tiene que molar eso de tener un grupo con las amigas

y trabajar juntas.

Que se os ve muy distintas entre vosotras, ¿eh?

Pero... Bueno, no sé. Creo que a mí me molaría.

Pero no me quejo, ¿eh? Que aquí estoy muy bien.

Pues nada. Seguro que, si te relajas un poco,

te encontrarás un poco mejor. -A ver si es verdad.

-Sí. Oye, y poneros buenas, que tengo ganas de ir a un concierto vuestro.

-A ver, a ver...

-Te dejo que tengo que seguir trabajando.

Hasta luego. -Adiós. Y gracias.

-¿Cómo está Berta? -Bien, bien.

Con el lavado gástrico ha sido suficiente.

Por suerte, la pillamos a tiempo

y las pastillas no han llegado a disolverse del todo en el estómago.

-Ay, menos mal.

-Pues sí, menos mal que todo ha quedado en un susto porque...

-¿Has hablado con ella? -No. No.

Están ahora los psiquiatras con ella.

Pero bueno, que es normal que se haya desestabilizado.

-Ya, es que está diagnosticada con un trastorno límite de la personalidad.

-Ya. Ya lo sé. ¿Y de Ramón sabes algo?

-Nada, nada. Que sigue cerrado en banda.

-Es normal, ¿no? Son muchas cosas en poco tiempo.

-Es que tengo mucho miedo de que haya llegado al límite

y que tenga una recaída, ¿eh?

-Ya. El fantasma de la recaída, ¿no? Que siempre está ahí.

Bueno, por suerte, tanto Berta como Ramón te tienen a ti.

-Que no, que no. Que me ha dicho claramente que no quiere que me meta.

-Lucía..., no te lo tomes al pie de la letra

porque Ramón, ahora mismo, no está sereno.

Es obvio que necesita tu ayuda.

-¿Necesita mi ayuda?

¿Y me voy a hablar con Berta y a los cinco minutos intenta suicidarse?

Es que algo no he hecho bien y ya está.

-A ver, Lucía, eres una gran profesional.

Seguro que lo has hecho genial y, además, con todo el cariño.

No cometas el error de culpabilizarte, por favor.

-No. No. Ramón no opina lo mismo.

-Ya, pero es que Ramón ahora mismo no es Ramón.

Es un padre y un marido desesperado y está claro que necesita tu ayuda.

Necesita ayuda a gritos. -Que no.

Que me han dicho los dos que no quieren ayuda..., Marco.

-¿Y si fueran tus pacientes? ¿Les harías caso?

Tú tienes la ventaja

de que los conoces perfectamente a los dos, Lucía.

-Que yo eso no sé si es una ventaja o una desventaja.

-Lucía, por favor. Habla con ella cuanto antes.

-¿Pero tú crees que es el momento ahora?

-Cuanto antes, mejor. -Venga, voy. Gracias.

-Ánimo.

-Hola.

Cielo..., ¿cómo estás?

-Lo siento muchísimo. -Que no, cariño.

-Que yo no quería engañar a nadie, pero tenía mucho miedo.

-Ya lo sé. ¿Nos puedes dejar un momento solas, Ana, por favor?

¿Puedes cerrar la puerta?

Me ha dicho la doctora Marco que el lavado de estómago ha ido muy bien.

-Soy una madre horrible. -No...

-No estoy preparada. Julia no se merece una madre así.

Por eso, a lo mejor... Pero ni siquiera eso he sabido hacerlo bien.

-Berta..., que tienes una familia. Tienes una hija.

Y tu hija te necesita y Ramón te necesita también.

-Ramón no va a volver.

¿Quién va a querer estar con un monstruo como yo?

-Escúchame: tú no eres ningún monstruo, Berta.

-Llevaba una semana fatal. Llorando a todas horas.

Y yo le hiciera lo que le hiciera no paraba de llorar.

Yo necesitaba descansar. Llevo días durmiendo dos, tres horas...

A veces ni eso. Y me estaba volviendo loca.

-Berta, escucha. Que eso es más normal de lo que tú crees.

Yo también te comenté que lo había pasado muy mal con Marcos

porque es que no dormía nada. No hacía más que llorar, ¿entiendes?

-Que soy una madre horrible. -Que no.

-No lo entiendes... Si hubiera tenido una botella al lado

me la hubiera bebido de un trago. -Pero no lo hiciste.

-Pero hice algo mucho peor.

Perdí los nervios. Y empecé a...

La zarandeé por si dejaba de llorar y la chiquitilla lloraba más...

-Berta, cielo, escúchame: no lo hiciste bien.

-Cuando la dejé en la cuna ya no se movía.

-No lo hiciste bien,

pero lo importante es que has reconocido tu error. Y ya está.

-No me merezco vivir, Lucía. ¡Casi mato a mi hija! Casi mato a Julia.

-Berta, no se puede hacer nada con el pasado,

pero sí puedes cambiar el futuro, intentar luchar por él, ¿eh?

Y sabes lo que tienes que hacer. Sabes los pasos que tienes que dar.

-Es que yo no puedo más... No puedo más.

-Berta, mírame. -No voy a poder...

-Escúchame, mírame: confía en mí. ¿Vale? Confía en mí.

-Cuando volví a beber creía que había tocado fondo,

pero ahora me doy cuenta que al verdadero fondo se llega cuando...

Cuando eres capaz de hacerle daño a lo que más quieres en el mundo.

Yo sé que Ramón no va a volver.

No va a volver y no le culpo.

Por todas las veces que le he fallado.

Pero Julia...

Si me quitan a Julia me muero.

¿Qué va a ser? ¿El cafelito de por la tarde?

Eh, sí, por favor. No. No. Mejor ponme una manzanilla.

¡Marchando una infusión de flores blancas y amarillas!

¿Qué? ¿Un día de esos para olvidar, no?

Sí, un poco sí. Si es que lo vuestro no está pagado.

Seguro que le habéis salvado la vida a unos cuantos

y en lugar de poneros una medalla, ¿qué os ponen? Mas guardias.

¿Me equivoco o no me equivoco?

Buenas, señora directora. ¿Lo de siempre?

-Sí.

-Pues con usted tenía yo que hablar, ¿eh?

A ver si no me presiona tanto al personal,

que mire cómo me tiene al doctor Landó.

Me llegan los médicos reventados al bar

y solo tienen fuerzas para tomarse una manzanilla.

Y claro, así yo no hago caja.

-Llevamos unos días muy tremendos, Rafa.

¿Qué tal?

¿Y tu mujer? Me han dicho que está fuera de peligro. Me alegro.

Sí, está mejor. Gracias. Eh..., oye, sobre lo de ayer... Verás.

Es una situación muy difícil para ti.

Solo hay que intentar verlo con un poco de perspectiva.

Ya, imagino.

Es más fácil decirlo que hacerlo, ¿verdad?

Sí. De todas formas, somos profesionales

y no se puede discutir el diagnóstico de un compañero

porque el resultado de las pruebas no nos sea conveniente.

Pero tranquila, que hablaré con Silvia,

con la doctora Marco.

Supongo que somos médicos las 24 horas del día. Nos guste o no.

Sí, también se supone que somos padres

y yo, sin embargo, no puedo ver a mi hija.

Oye, no te has pedido ningún día por asuntos personales. Plantéatelo.

Tenemos tiempo para cubrirte de sobra. No sé...

Te podrías ir a casa y descansar un poco.

No. No. No. De verdad.

Casi prefiero trabajar y tener la cabeza ocupada en algo,

pero te lo agradezco.

Bueno, si cambias de opinión, ya sabes donde estoy.

-#En el fondo del bar...# -Guay. Me gusta. Sí.

Y ahí es cuando yo aguanto un poco

y entonces acaba Lidia con un redoble final.

-Ok. Vale. -Por cierto, ¿dónde está Lidia?

-Ah, pues se habrá ido a casa, ¿no?

Con el cabreo que llevaba

y que tampoco se encontraba muy bien la pobre.

-También está de un rarito... -¿Lo de "también" lo dices por mí?

-Eh, eh. Tiempo. Haya paz, ¿eh?

-¿Qué tal? -Hola.

-¿Cómo estás?

-Pues nada, aquí. Deseando saber qué dicen los resultados.

-Pues no mucho, la verdad. Parece que no tienes una enfermedad tropical.

-Pues nada, seguimos como al principio.

-No exactamente. Por lo menos hemos podido descartar varios diagnósticos.

-Sí, pero yo aquí sigo con la cara tiesa.

-Ya. Lo único que puedo decirte es que vamos a hacer

todas las pruebas posibles hasta que demos con la tecla.

-Además, no te quejes que a tu edad Jimi Hendrix y Janis Joplin

o estaban dando conciertos para los gusanos o poco les faltaba.

-Gracias por los ánimos, perra. -Es la verdad.

Además, estamos sacando una letra del viaje a Jamaica que lo va a petar.

-¿Ah, sí? -Sí.

-Ya veo que la inspiración puede llegar en cualquier momento.

¿Y de qué va la canción, si puede saberse?

-Unos jamaicanos que nos invitaron a ir de pesca en su barco y...

la liamos...

-Aquí la señorita heavy, que se puso a pescar un pez... Pero así,

y acabó en el mar, revolcándose con el pez.

¿Y tú? ¿En el camarote revolcándote con el jamaicano?

Bueno, al final, lo acabé pescando. Y nos metimos un papeo en tierra...

-Un momento, un momento. ¿Pescasteis en mar abierto

y os comisteis el pescado?

-Sí, pero a la brasa. No crudo, que no estábamos en Japón.

-Cuando os pregunté si habíais comido algo particular o extraño en Jamaica,

me lo tendríais que haber dicho.

-Es un pescado como los de aquí, con su morrito, sus escamas...

-Aquí no hay pescados tropicales. Creo que ya sé lo que te pasa.

-¿No tendré anisakis o alguna movida de esas chungas, ¿no?

-Podría ser una intoxicación por ciguatoxina.

-¿Perdón?

-A ver, la ciguatoxina es una toxina que se encuentra en los corales

y puede contaminar a pescados que no pasan controles sanitarios.

-Jo, como para adivinarlo, ¿sabes? -A ver, es una hipótesis.

Vamos a hacerte un nuevo análisis de sangre

y vemos si estamos ante una ciguatera, ¿vale?

Mi máxima preocupación siempre es la salud del paciente. Eso por supuesto.

Pero, la verdad, es que estaba un poco agobiada con este caso.

Entre que soy nueva en el hospital y que no daba con el diagnóstico...

Pero yo creo que con este nuevo análisis voy a dar en la tecla.

Enseguida vendrá una enfermera para sacarte sangre, ¿vale?

-Oye, en la portada del disco podríamos poner un pescado, ¿eh?

La ciguatera.

-Y parecería más un disco de salsa que de rock.

-Ya...

(Teléfono)

¿Hola? Gestmusic...

Sí.

¿Y eso por qué? ¿Cuándo...? No...

No, si yo estoy aquí con Ana y ella tampoco sabe nada.

-¿Qué pasa? -Tía, pasa que la hemos cagado, tía.

-¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué te han dicho?

-Contrato cancelado. -No me fastidies...

-Aquí Lidia que ha estado rajando mazo de nosotras en la radio.

Que si cada vez estamos más distanciadas,

que si no nos tragamos... -Será... perra.

-Y nada. Los de las discográficas han olido la sangre y dicen que nada,

que pasan de nosotras, tía.

(Llaman a la puerta)

-¿Puedo hablar con usted un minuto? -No sé. ¿Puedes?

-¿Puedo hacerte una pregunta?

-Ya le dije que podía preguntarme lo que quisiera sobre el tratamiento.

Aunque el doctor Merino ya me ha dicho

que no piensa someterse a ninguno.

-¿Estás siempre tan enfadada?

-No.

Solo cuando me dan noticias desagradables,

como que un paciente no se quiera tratar.

-Entonces podemos decir que es un enfado profesional. Estadístico.

-A mí me preocupa la salud de todos mis pacientes.

Es una gran responsabilidad curarles. Así que...

uno de ellos no se quiera tratar lo vivo como un fracaso, sí.

-Pues en mi caso, no lo vivo así.

Porque con tratamiento o sin tratamiento me voy a morir.

-No todos se mueren igual.

Algunos lo hacen luchando.

Ya veo que no es su caso.

No es cuestión de luchar o no luchar.

Se trata de... Yo decido vivir la vida. Lo poco que quede.

Mira, esto es un tratado de mecánica.

Hace años que tengo una cortadora de césped estropeada, en mi casa.

La voy a arreglar.

Y también voy a dejar algunas de mis pinturas

como gran legado a la humanidad.

-¿Y no cree que, a lo mejor, merece la pena luchar

por un poco más de tiempo?

No sé... A lo mejor tiene otras cosas que quiera hacer.

-Por lo único que valdría la pena vivir más tiempo

sería para compartirlo contigo.

Hija... -Por favor. Cállese.

-Mira, el que no quieras admitir las cosas...

no quiere decir que no sean así.

Yo, me guste o no me guste, me voy a morir.

Y a ti, te guste o no te guste, yo soy tu padre.

-Le mantendremos ingresado hasta que recupere las fuerzas.

Después le daremos el alta.

Hay otros pacientes esperando beneficiarse del tratamiento

al que usted renuncia.

Hola. Hola.

¿Te acerco a casa?

No. No hace falta, gracias. No hace falta.

¿Cómo estás, Ramón?

Mal. Mal. Muy mal.

Los pediatras me han dicho que las hemorragias de los ojos

se están reabsorbiendo y que está evolucionando bien.

No va a perder la visión. Sí. Lo sé. Lo sé.

Me ha llamado Galiano para contármelo.

Bueno, pero eso está muy bien, ¿no? Son buenas noticias.

Sí, sí. La verdad es que sí. Son buenas noticias, sí.

Y, además, me hacían falta.

Oye, Silvia, que...

Lamento mucho mi comportamiento contigo.

Ramón, por Dios. No te preocupes por eso.

No. Sí que me preocupo.

Sí que me preocupo porque no tenía que haberte tratado así. Lo siento.

Bueno, a ver..., cualquiera en tu situación estaría alterado.

Es lo normal. Ya, pero verás... Escúchame:

Cuando estamos dentro de las paredes de un hospital no somos cualquiera.

Somos médicos.

Y tú eres un excelente profesional. Nadie lo pone en duda.

Vale. Gracias. No digas tonterías...

No, no. Escúchame: es que lo que ocurre es que en estos días atrás

me he comportado más como padre que como médico

y de verdad que lo siento

porque tendría que haber estado a la altura de las circunstancias

y haber reaccionado en consecuencia. Y no lo he hecho.

Dios mío...

Ramón, cualquier cosa que necesites, estoy aquí. ¿Vale?

Lo sé.

Gracias.

-¿Mejor aquí? ¿Más cómoda? -Sí.

Ramón...

Hola. Estás aquí...

-Estaré fuera si me necesita. Gracias, Ana.

¿Cómo estás?

¿Cómo está Julia?

¿La has visto?

No. No la he visto. Pero está un poco mejor.

Con un poco de suerte yo creo que dentro de poco le dan el alta.

¿Puedo verla?

No.

Ahora no es posible.

Ahora tenemos que esperar. ¿De acuerdo?

Ahora mismo tenemos que ver cómo se arregla todo esto.

Perdóname, Ramón.

Perdóname.

Os he hecho tantísimo daño...

No estás bien, Berta. Necesitas ayuda.

Pero contigo y con la niña estaré mejor.

Juntos, ¿no? No, no. No. No, Berta. No.

Hacerlo nosotros por nuestra cuenta no funciona.

Necesitas ayuda profesional.

Y lo mejor es que entres en una clínica

de rehabilitación especializada.

Pero es que yo sin ti no puedo.

Te lo juro que sin ti no puedo vivir.

Y yo sin ti. Pero verás... Verás...

Dentro de muy poco tiempo tú te vas a empezar a encontrar mejor

y las cosas serán de otra manera.

¿Y Julia?

¿Qué va a pasar con Julia?

Julia va a estar conmigo y yo me voy a ocupar de todo.

Yo no quiero volver a fallarle.

No quiero. Te lo prometo.

Ni a ti tampoco.

Berta, lo que estamos haciendo es lo mejor.

Ahora lo importante que tú te pongas bien. ¿De acuerdo? ¿Eh?

Tengo que ir a arreglar unos papeles ¿vale? Luego vengo a verte.

Luego vengo.

58 años. Su hijo le ha atropellado el pie sin querer.

-Es que no le vi. Habíamos quedado para comer fuera.

Le dije que me esperase al lado del coche y al dar marcha atrás

me lo llevé por delante sin darme cuenta.

-Tranquilo, que esas cosas pueden pasar.

-La culpa es mía, que me deslumbré con el sol.

No veo bien desde hace dos días. -Gracias, Ainhoa. Ya me ocupo yo.

-Bueno, si necesita cualquier... -¿Tienes una consulta aquí dentro?

-Les envié el artículo hasta en tres ocasiones.

Y no solo no me lo publicaron, sino que ni siquiera contestaron.

-Vamos, que se te han adelantado, ¿no?

-Mira quién firma el artículo. -Merino...

-Imanol no quiere tratarse. Tenemos que respetar su decisión.

-No voy a dejar que se me muera un paciente así, sin más.

-¿Pero no ves que no quiere sufrir?

-¿Y tú no ves que tu labor es curarle?

-Sabes que no tiene opciones. Que no tiene solución.

-Ya lo sé. Pero ganaríamos tiempo. -¿Cuánto tiempo? ¿Para qué?

-Para vivir.

-No podéis dejar pasar una oportunidad así.

-Tiene razón. -Tía, ¡que les den!

-Habéis venido aquí para eso...

-¿Qué? ¡Ni de coña, tía! -¡Queréis matarme!

¡Habéis venido aquí para matarme!

-Lidia... -Lidia...

-¡Vais a matarme! ¡Vais a matarme! -¡Lidia!

-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? -No lo sé. Ha sido de repente.

Un gramo de diazepam.

Subtitulación realizada por Teresa García Román

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Centro médico - 11/10/18 (2)

11 oct 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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