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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 11/01/19 (1) - ver ahora
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-¿Qué tal con Dacaret? -Ya lo sabes. Capítulo finiquitado.

-¿Sabes qué creo, Rocío?

Que tú te has dado cuenta de otra cosa, pero te cuesta reconocer.

-¿De qué? -Pues que sientes algo por Dacaret.

-¡¿Qué, qué...?! ¡Qué va! No, no. Vamos, para... Que no...

-¿A ver? ¿Perdona? Mírame a los ojos. -No...

-Tengo otra oferta laboral y voy a aceptarla.

¡Vaya!

Te deseo toda la suerte, de verdad. -Y yo a ti.

-¿No te da miedo? Quiero decir, empezar de cero, ¿no te da miedo?

-Pues la verdad es que no.

Con todo lo que me ha pasado últimamente, la verdad es que no.

No tengo miedo.

-Eres una mujer increíble. No creo que nadie tenga que pensárselo mucho.

-Iker, Iker...

-¿Qué ha pasado, Bea?

Dime qué ha pasado.

-Lo siento muchísimo, Carlos.

-¿Con Iker?

¿Te has acostado con él?

-Lo siento mucho.

-Hola. ¿Pudiste imprimirme ya los informes que te pedí?

-Sí. Un momentillo.

Aquí lo tienes. -Gracias.

-Hola. -Hola.

¿Tienes un bolígrafo, por favor? -Sí.

-¿Qué tal estás?

Carlos, quería que supieras que Iker ya no vive en casa.

Le pedí que se fuera.

-Siento oír eso.

Espero que no tenga que volver a su coche.

-Oye, mira, que... Que sé que a lo mejor es tarde,

que igual ya lo estropeé todo.

Pero..., que entiendo que estés enfadado, que yo también lo haría.

-No estoy enfadado.

Toma. Gracias.

-¿No piensas ni mirarme?

-¿Ya?

-Carlos... -¿Tienes algo más que contarme?

Pues entonces me vas a perdonar, pero tengo mucho trabajo que hacer.

Gracias.

-Preferiría que, que me gritara, que me dijera lo que fuera.

Pero no soporto que haga como, como si no me conociera, como...,

como si se hubiera olvidado de todo lo que vivimos juntos.

Que yo entiendo que esté enfadado. Pero..., ¿pero esto?

Tenemos que hablar.

Tenemos que hablar, aunque sea para dejarlo porque...

Pero no podemos seguir así; esto no es sano.

-Pues nada: tú tranquilo, hombre. Si es un momento. Así lo miramos.

-Es que la tengo aquí, atravesada. -Pero no has comido pescado, ¿no?

-Es la espina de una tapa de merluza. -¿Una tapa de merluza?,

¿Cuándo ha sido eso?

-La pedí mientras te esperaba; tenía hambre.

Ya ves, por no esperarte.

-El karma te está castigando, amigo. Siéntate, anda. Y te lo miro.

-Vas a estar bien con nosotros. -¿Sí?

-Hombre, esto no está mal. Pero ya verás:

nuestro hospital tiene otra clase.

Los despachos son el doble de grandes. Y tiene una luz...

-¿Todos? -Todos.

Sí. Está más céntrico. Y a nivel de prestigio, ni te cuento.

-Bueno, aún no me han llamado, no celebremos todavía.

-Bah, está hecho.

El director es un buen tipo. Lo conozco desde hace 30 años.

Hablé con él. Bueno, no me voy a tirar flores.

Pero está hecho.

-No sé. Es que supongo que habrá un montón de candidatos.

Un hospital como ese...

-¿Te juegas una comida? Quien gane elige sitio.

-¿Entonces tú crees que la cosa...? -Te lo estoy diciendo.

-¿Sí?

-Antes de que acabe la semana estarás allí con nosotros.

-Pff, ojalá. Bueno, va. Vamos a mirar eso.

A ver...

No veo nada.

-¿No? -No.

-¿No? Está aquí. -A ver...

Pues no. Nada de nada. -Qué raro.

-Mira, ¿por qué no esperas aquí y voy a buscar al otorrino,

que te eche él un ojo? -No, no. Déjalo, déjalo.

-Pero ¿por qué? Así te lo quitas ya de encima, hombre. Si es un momento.

-No. No importa. Ya se bajará sola.

-Que es una eminencia en espinas, te lo digo yo.

No, en serio. Te lo quitas ya de encima y te quedas tranquilo.

-Qué mala pata, ¿no?

Quedo contigo y voy a acabar con una fibroscopia. ¡Madre mía!

-Bueno, serán diez minutos como mucho. Si ya sabes cómo va esto.

-Vale. Pero espera: voy a llamar a mi mujer. He quedado con ella.

No quiero rematar la tarde discutiendo con la parienta.

Sí, sí...

-Qué curioso; a veces la vida cómo funciona.

A Eduardo lo conozco desde hace tiempo.

Nos conocimos hace unos años en un congreso

y la verdad es que conectamos bastante bien.

Es una eminencia, un fuera de serie.

Las cosas que hace Eduardo la verdad

es que no las hace nadie en este país.

Y trabaja en el hospital de La Concordia.

Así que parece que por una vez he tenido un poco de suerte

porque justo ahora estaban buscando un jefe de Cirugía oncológica.

Así que, no sé: vamos a cruzar los dedos

y a ver si hay suerte y me dan el trabajo.

-Vamos, tranquilo, ¿no? ¡Suéltame ya!

-¿Seguro? -¡Que me sueltes!

-Pero ¿no te das cuenta, hombre, que si te suelto te caes?

-¡No me toques! -Vale, vale, ¡vale!

-Perdón. No sé qué pasa aquí. ¿Usted está bien?

-Bueno, estábamos en la calle y, de repente... Bueno, mírelo.

Que se cae. Se cae.

-Ignacio, por favor, una silla de ruedas.

Ayúdame.

A ver, siéntese aquí, por favor, con cuidado...

Así...

Señor, ¿cómo se llama usted? -Se llama...

-¿Lo conoce? -Sí. Se llama Pablo Sebastián.

-Sí. -Debe 10.000 euros, ¿eh?

Poca broma, poca broma. Le acompaño por eso, claro.

-Ah, vale. Bien.

Pero no me parece este ni el lugar ni el momento

para perseguir a una persona, la verdad.

-Bueno, yo solo estoy haciendo mi trabajo.

-Señor...

¿Está bien?

Llévalo a triaje, por favor.

-¡Déjame ya! ¡¡Pesado!! -Pero Pablo...

-Un momento. ¿Y usted dónde cree que va?

-A triaje. Tengo que seguir trabajando.

-No. Lo siento, pero a triaje no. -¿No?

-No. -¿Le espero en la sala de espera?

-Eh..., a ver, perdóneme. ¿Usted se llama?

-Miguel. -Bien, Miguel.

Por favor, le pido que se vaya del hospital.

Es que no quiero que me altere a más pacientes.

-No, no. No se preocupe.

Yo me voy a la sala de espera y no molesto a nadie, ¿eh? Prometido.

-No es por maldad ni nada, ¿eh? Es parte de mi trabajo.

Y ya me avisaron: ya me avisaron

que la gente se comporta de forma rara cuando te ve,

aunque no sean morosos.

Que a la gente no les gustamos, que se asustan.

Como si la deuda se fuese a contagiar.

Mire, a mí no me gusta molestar a nadie.

Pero tengo que hacer mi trabajo.

Y en este curro a veces hay que ser duro y frío, aunque a veces cueste.

Pero eso es así.

-Otra galaxia. Andrés, ya verás.

En un hospital así, sí que se puede crecer; no aquí.

Aquí uno está encadenado al sistema.

-Hombre, tampoco se está tan mal. -Bueno, pues quédate.

-Ah, no, no. Que yo encantado, ¿eh?, de irme a La Concordia. Solo que...

-Sí, sí. Te entiendo, de verdad.

Es difícil poner a parir a los que han sido tus compañeros tanto tiempo.

Hablamos en dos semanas. -Venga.

-Eduardo.

¿Estás bien?

-Sí, sí. Si estoy bien. No ha sido nada.

Siento haberte arruinado la noche de teatro.

-Ay, no seas tonto. -¿Qué tal, Alicia, cómo estás?

-Pues así, así. Tengo un mal cuerpo...,

casi me alegro de no haber ido al teatro.

-Lo dice para no sentirme yo mal. ¿No es un cielo?

¿Sabes que le hemos fichado para el hospital?

-¡Ay, qué bien!

-Bueno, todavía no me han llamado, ¿eh?

-Bueno, te va a encantar. Él está feliz, como nunca en su vida.

-Señor Marín, ya puede acompañarme.

-Venga, luego nos vemos. -Otra galaxia.

-Bueno, ¿qué tal, Alicia? ¡Cuánto tiempo!

-Mucho, Mucho. Mm. -¿Estás bien?

-Estoy rara. No sé, estaré incubando algo.

-Qué lástima que no tengamos ningún médico a mano.

-De verdad, tengo la tripa un poco revuelta y ya está.

-A ver...

Fiebre no tienes. ¿Seguro que estás bien?

-Bueno, ¿entre nosotros? -Claro.

-Llevo un par de días que me duele mucho al orinar.

Yo creo que voy a tener una cistitis.

-Vale. ¿Por qué no me acompañas y lo miramos?

-Em... Pero que no... -¿Qué más te sientes?

-Nada más. Eso. Que me duele al hacer pis.

Pero tú tendrás pacientes esperando, ¿no?

-Por mí no te preocupes, que es mi día libre.

Además, que con todo lo que está haciendo Eduardo por mí,

es lo mínimo, la verdad.

-Tienes la tensión baja. Puede ser por el presíncope

o por la medicación hipotensora que estás tomando. ¿Vale?

Lo que sí que me preocupa es que estás respirando muy rápido,

pero tienes la saturación de oxígeno muy baja, al 89 %.

Tienes las manos muy frías y podría ser por eso.

Pero bueno, yo, para quedarme tranquila

vamos a ponerle oxígeno, suero y vamos a hacer tres pruebas:

una analítica, una gasometría y una radiografía de tórax.

-Es tensión baja... ¿Qué pasa, que aquí regalan las pruebas o qué?

-No. Que solo quiero asegurarme.

Un síncope es un desmayo

y un presíncope es la sensación de que vamos a perder la consciencia,

pero sin perderla.

Lo primero que tendríamos que hacer con esta persona es tumbarla,

elevarle las piernas,

desaflojarle toda la ropa que le pueda estar apretando

e intentar que se relaje.

Lo que nunca tendríamos que hacer es:

ni moverla, ni echarle agua para espabilarla.

-Ya. Empiezan así y acabamos en el matadero.

-¿Le suena...?

-Ese hombre no está aquí por usted, ¿no?

-Sí.

Bueno, debo algo de dinero.

Pero no tanto como para que me pongan a este imbécil.

-Pablo...

-Bueno, en su situación no le conviene estresarse.

Así que voy a llamar a Seguridad. -No, no, no.

-10.000 euros, ¿eh? ¡10.000 euros!

-Es peor. Se pone... Monta unas escenitas...

-Pero es que este no es sitio para montar numeritos.

-¡Pablo!

-¡Aquí no es sitio para montar numeritos, ¿vale?! ¡Ya está!

-Perdone, pero... -¡No, no! ¡Me da igual!

Carmen. -Llévatelo.

-¡Sinvergüenza! -Que no te oigo. Y me da igual.

-Oiga, Pablo... -Debería...

-Pablo no... -¡Debería partirte la crisma!

-Pablo, mírame. -Que hay que hacerles pagar.

-Escúchame. No te conviene estresarte, ¿vale?

-Pero ¿cómo me voy a ir de aquí? -Por favor, acompáñeme.

-¡Ya está! ¡Fuera! ¡¡Ni Pablo ni nada!! ¡Que te vayas,

que le vas a borrar el nombre, hombre!

-Vamos a ver, que yo tengo que hacer mi trabajo.

-Ya, ya. Y yo el mío, por favor. -¡Que te vayas!

-Carmen, escúcheme un momentito, Carmen.

-Mírame. ¿Vale? Tranquilo. -Vamos a ver, ¡Pablo!

-¡Que ni Pablo ni nada! ¡¡Ya hombre, Carmen, por favor!!

-¡Que esto no es un circo para montar números!

-Perdone un momento, si es que no...

-¡Que no es un circo! ¡Esto es un hospital!

¿Me estás escuchando? ¡Que es un hospital!

-Que es un hospital. -Es que no la oigo.

-Bueno, se lo digo yo. -¡Se acabó! ¡Fuera!

-Que no...

-Mírame, ¿vale? Nosotros a lo nuestro.

Te vamos a poner el oxígeno, que así vas a empezar a respirar mejor,

vamos a ponerte el suero, vamos a hacer la gasometría y la analítica

y luego ya pasarás a la sala de espera

para que te avisen a la radiografía. ¿Vale?

-Gracias.

-Vamos a intentar relajarnos un poco.

Ya verás cómo así empiezas a respirar mejor.

-Si yo lo entiendo, Esther. Entiendo que esté enfadado.

Si yo también lo estaría. Incluso más.

Pero que no me diga nada... No sé.

Que haga como si no nos conociéramos...

-Chsss... Ya está, ya.

-¿Tienes los cafés que te he pedido? Gracias.

Hola. -Hola.

-¿Ves? Es que ni me mira.

¿Tú crees que me escuchó?

-No, no. No, no creo. Pero ándate con cuidado, que solo te falta eso.

-Mira, pues... Si me escucha, mejor. A lo mejor así reacciona.

-¿Quieres saber mi opinión?

-Depende.

-Cariño: te acostaste con otro.

Merino tiene que... No sé,que gestionarlo.

-Ya, ya lo sé.

-La gente, ante estas situaciones, reaccionamos como podemos. ¿M?

¿Tú cómo estás? -Pues hecha un lío, Esther.

-Ya. ¿Y con Iker?

-Le eché de casa. Lo único que tengo claro es que no quiero estar con él.

-¿Y dónde ha ido? -No lo sé, no le pregunté.

Pero, conociéndole, se iría fuera de la ciudad, seguro.

¿Qué hago, Esther?

-No sé, yo creo que... te toca esperar.

Merino tiene que asimilar lo que ha pasado y decidir qué quiere hacer.

Estoy de acuerdo contigo. ¿M? Tenéis que hablar.

Pero cuando él esté preparado.

Ten un poco de paciencia. Aunque cueste.

-Gracias, tía.

-¿Ya tienes los resultados? -Sí, sí.

-¿Y? No me digas que tengo una cistitis.

-No, la... La tira de orina ha salido negativa. Mm.

-Ah, ¿y qué tengo? -Bueno, pues... a ver,

todavía tengo que esperar los resultados del cultivo,

que tardarán unos días, pero...

Bueno, teniendo en cuenta los síntomas y descartando la cistitis,

todo parece indicar que tienes una chlamydiasis.

Pero bueno. Te voy a recetar unos antibióticos,

en teoría con esto, en unos días deberías estar bien. ¿De acuerdo?

-Silva, ¿esto..., esto se puede coger en la piscina o en el spa?

-No. No. Es... una enfermedad de transmisión sexual.

-No entiendo.

Eduardo y yo nunca... Nunca habíamos tenido esto.

-¿No?

-Esto quiere decir que... Que mi marido. Que... Que mi marido

lo ha traído a casa, ¿de fuera? -No sé, Alicia, no...

No sabría decirte, la verdad.

A ver, lo que está claro es que la bacteria

no ha llegado ahí por sí sola. -Perdona. Perdona, de verdad.

Vaya momento, perdóname. Discúlpame. -No te preocupes por mí.

Es solo que, claro. Es una situación un poco...

-Está todo bien. -¿Sí?

-Estáis aquí.

-Ay, buenas. -Os estaba buscando.

-Aquí estábamos. Intimando un poco más.

-No, no le hagas caso.

-¿Encontraron tu espina?

No, y es rarísimo. Me han recetado unos antiinflamatorios.

No sé por qué. Tengo que volver en unos días.

-Pero ¿tú la notas? -¿Que si la noto?

La tengo aquí, atragantada.

-Pero entonces, ¿el otorrino no te ha visto nada? Eso sí que es raro.

Ahora voy yo a hablar con él... Qué me dice.

-¿Y tú estás bien?

-Sí. Sí, sí. Silva me ha hecho un par de pruebas. Ahora te cuento.

-Muy bien. Vamos. -Sí, claro. Eh... Bueno.

-Ah... -Eres un cielo. Muchas gracias.

-Nada, mujer. No hay de qué.

-Ah, se me olvidaba. Acabo de hablar con el director.

Están a punto de decidirse. Estás a tiempo de aceptar mi apuesta.

-Entonces dices que el que gane elige el sitio, ¿no?

-Está hecho, hombre. Te lo digo yo. -Bueno. Ya veremos.

Venga, hasta luego. -Hasta luego.

-No es la primera vez que Eduardo hace algo así.

Le he pillado tantas veces...

El tiempo pasa, y te das cuenta de que no va a cambiar.

Y que tampoco es para tanto. Yo no me entero, él es discreto,

y bueno, por la familia, pues lo aceptas.

¿Qué vas a hacer? ¿Divorciarte?

Lo que me parece impresentable es que me traiga estos regalitos.

-Señora. ¿Ve a ese señor de ahí? Es un moroso.

Se llama Pablo Sebastián y debe 10.000 euros. Moroso. Moroso.

Te sigue el hombre de rojo.

-¿Aquí también? ¿No tienes vergüenza, o qué?

-¿Yo? Eres tú quien debe dinero.

-Como me haya puesto enfermo por tu culpa,

que sepas que te voy a denunciar.

Esto es acoso. Estamos en un hospital.

¿No sabes lo que es el respeto?

-Paga. Paga. Si pagas, no me volverás a ver en la vida.

-¿Y qué crees? ¿Que si tuviera el dinero no pagaría?

¿O crees que quiero tener una sanguijuela como tú

siguiéndome todo el día?

-No... No es necesario faltar, ¿eh?

-¿Faltar? Me estás acosando en la sala de un hospital,

mientras espero a que me atiendan, ¿y soy yo el que falto?

¿No crees que lo tuyo sí es faltar? -Ah, no, no, ¿eh?

Mire. Yo no he insultado a nadie, ¿eh? A nadie.

Yo solo estoy haciendo mi trabajo. Y esto no es personal.

¿O es que te crees que a mí me gusta hacer esto?

-¿Y qué clase de persona acepta un trabajo así?

Un miserable. ¡Y un cobarde!

-¿Y cómo quieres que me gane la vida? Esto está bien pagado.

¿Que no es el sueño de mi vida? Pues no. Pero... Pero no está mal.

Y no merezco que me insulten. -Te mereces... todo... lo peor.

-Este señor de aquí es un moroso. ¿Eh? Que lo oiga todo el mundo.

Es un moroso. Se llama Pablo Sebastián.

¡Moroso! ¡Moroso! ¡Pague al señor de rojo!

¡Moroso, moroso! ¡Pague al señor de rojo!

(Llaman a la puerta) -¿Sí?

-¿Se puede? -Adelante. Pasa, pasa.

Mira. ¿Te gusta?

-Tengo que hablar contigo. -Claro, siéntate.

-Estoy bien así. -Tú me dirás.

-He encontrado trabajo. -Me alegro por ti, Andrés.

-Gracias. Como sé que todavía me quedan unos días por aquí,

pues bueno. Te aviso porque... me acaban de llamar por teléfono

para confirmarme que es definitivo, así que, bueno,

me tengo que incorporar mañana, por lo tanto, hoy es mi último día.

-La verdad que me alegro. Mejor para todos.

¿Y dónde va a ser? ¿En otro centro médico? ¿Puede ser?

-En La Concordia. -¡Uaaaau! Top, ¿eh?

-Mm... -Bueno, un buen hospital.

¿Y te van a coger para suplir una baja, o vas a estar fijo allí?

-No, entro de jefe de cirugía oncológica.

-¿Cómo? Qué puestazo. Enhorabuena, Andrés.

-Gracias.

Las condiciones son todavía mejores que el puesto.

Pero ¿sabes qué es lo mejor de todo?

Voy a trabajar en un lugar donde se me valora.

Donde no se me menosprecia,

y donde la prioridad son los pacientes,

y no los puñeteros egos ni las luchas de poder.

-Me alegro que hayas encontrado un lugar como ese, entonces.

-Muchas gracias.

-Te deseo lo mejor, Andrés. De corazón.

Chao.

Bien.

-Oye, Esther: ¿Has visto a mi paciente, a... a Pablo Sebastián?

-¡Ah! ¿El que va con uno de rojo?

-¿En serio que el cobrador sigue aquí?

-Sí. -Es que no me lo puedo creer.

-Bueno, pues es majete, en el fondo. -Fff...

-Está en la 201.

-Vale, gracias. -De nada.

Rocío. -¿Dime?

-Mira, que... Que no quiero molestarte, ¿eh?

Pero quería comentarte algo sobre... Bueno, sobre Dacaret.

-¿Otra vez?

-Sí, es que... Bueno, el otro día me quedé con ganas de...

De decirte algo.

-Venga, va. Suéltalo.

-Yo sé que tú sientes algo por Dacaret.

-Mira, Esther. Es que de verdad: no me parece ni el momento ni el lugar.

-No, no, no, de verdad, déjame acabar.

Es que no es lo que tú crees.

Rocío: que yo no quiero reprocharte nada. Al contrario.

Que yo sé que los sentimientos no se pueden controlar

y que no podemos decidir de quién nos enamoramos y de quién no.

Y yo sé que tú sientes algo por Dacaret.

Y yo solo quiero decirte, como amiga...

Tú sabes que Dacaret se va a ir muy pronto, ¿verdad?

-Sí, lo sé.

-¿Y por qué no le dices lo que tú sientes?

De verdad, Rocío, es que creo que, si no lo haces, te vas a arrepentir.

-Ya, Esther. Pero es que Dacaret se va a Estados Unidos por su hija.

Y nada de lo que yo diga va a hacer cambiar eso.

Entonces, no sé qué bien le hace a él saber eso, o a mí decirlo.

De verdad que yo te lo agradezco muchísimo, pero es que...

-Es que... Que no se trata de lograr que se quede o que no se quede.

-Entonces, ¿de qué se trata? -Se trata de ser sincera.

Y de decirle lo que tú sientes.

Se trata de que la otra persona tome las decisiones que tome.

Con toda la información.

De verdad. Piénsatelo, Rocío, pero...

Creo que si no lo haces te vas a arrepentir. Y mucho.

Bueno. Te dejo. -Gracias.

Bueno, Pablo. Por los resultados de las pruebas,

podrías tener, una de dos. Podría ser una infección respiratoria...

Pero si fuese así, tendrías que tener fiebre,

y por otro lado podría ser un tromboembolismo pulmonar.

De cualquiera de las maneras,

me gustaría que te quedases ingresado para hacerte el resto de pruebas.

-¿Y cuánto tiempo me tengo que quedar?

-Bueno. Un par de días, mínimo. ¿Quieres que avisemos a alguien?

-No. No. -Vale. Bueno, y...

perdona que te pregunte, pero... ¿Te sigue molestando el...

personajillo de rojo? -No. No, se marchó hace rato.

Tendrá a otros morosos a los que perseguir.

-Sí. Bueno. Si te molesta, si viene a verte o lo que sea,

me avisas y llamamos a seguridad. -No hace falta, de verdad.

Lo he hecho alguna vez, y es peor el remedio que la enfermedad.

Lo tengo controlado.

-Bueno. Cualquier cosa, me avisas. ¿Vale?

-Gracias. -Nada.

-Joder...

(Llaman a la puerta)

¡Eh! Entra.

-¿Quién? ¿Yo? -Pasa aquí. Pasa.

-Bueno... No creo que sea muy profesional...

-Pasa. -¿De verdad?

-Pasa, pasa.

-¿Se..., se puede?

-Si me vas a seguir dando la turra, mejor entra.

Y así, no te oye nadie más que yo.

-Bueno, pero sin faltar, ¿eh? -Sin faltar. Pasa.

-Bueno, es que no sé... No creo... -Pasa.

-A ver, que no creo que eso sea muy profesion...

-Siéntate. Siéntate. -Sí, está bien.

-Vamos. -Está bien.

-Ponte cómodo. -Gracias.

La... La verdad es que vengo algo cansado, ¿eh?

Uffff... No me puedo quedar mucho rato, ¿eh?

Todavía tengo que seguir trabajando.

-Cualquiera diría que te encanta este trabajo.

-Bueno. No está mal pagado, ya te lo dije.

-¿Sí? ¿Y te pagan un fijo, o un porcentaje de lo que recuperas?

-No, no, un fijo. Un fijo. Y no está nada mal, ¿eh? Vamos.

No es un sueldo para hacerte rico, pero...

Pero, para los tiempos que corren, es un sueldo normal.

-Bueno. ¿Y cómo te metiste en esto?

¿O es que vienes de familia de sanguijuelas?

-Oiga. Si vamos a empezar a insultar, yo me marcho. ¿No?

-Que no. Que es una broma. Siéntate.

A ver si los hombres de rojo no vais a tener sentido del humor.

Cuéntame. Venga. ¿Cómo conseguiste este trabajo?

-Pues a ver. ¿Por dónde empiezo?

Mm... Monté un negocio que me fue fatal. Fatal, fatal, ¿eh?

-Bueno.

-Después, me quedé en paro, algunos años, no me salía nada y...

Y ya vas entrando en una edad en que cada vez es más difícil.

-A mí me lo vas a contar.

-Después, mi mujer me dejó por no tener trabajo.

Pensaba que era un perdedor. Y probablemente tenga razón.

-¿Te dejó por eso? -Como lo oyes.

-Mala mujer...

-La verdad es que me dejó hecho polvo, ¿eh? Es muy duro.

Muy duro, cuando tienes, o crees que tienes la vida hecha y...

Me dejó destrozado.

Después conseguí este trabajo por medio de un amigo y...

Y bueno, no está tan mal. Ahora estoy mucho mejor.

Por lo menos, puedo pagar el piso. -Te entiendo. Te entiendo.

Todos tenemos facturas que pagar. Y... nuestras mierdas.

No me lo esperaba, pero me está empezando a caer bien...

No sé cómo se llama.

-Alicia, cariño... Si quieres hablar, me parece genial, pero...

No tengo mucho tiempo. Tengo que volver al hospital.

-Tengo chlamydiasis.

-¿Perdona? -Que tengo chlamydiasis.

-C..., c..., ¿cómo?

-Pues eso me gustaría saber a mí, Eduardo. Cómo.

-Perdona, pero... pensé que serías tú la que ibas a decirme...

-No, no, no, no, cariño. Yo no tengo líos con nadie.

Y si los tuviera, te prometo que haría lo que estuviese en mi mano

para no pegarte nada.

-Hola.

-Nada...

-Carlos: No..., no te vayas. Por favor, tenemos que hablar.

-Tengo mucho trabajo que hacer...

-Por favor, vamos a hablar, solo un momento.

-Muy bien. ¿Qué historia vas a contarme ahora? ¿M?

Venga, ¿no quieres hablar? Pues dime.

Dime de qué quieres hablar. Empieza de una vez.

-Pues... de nosotros, de... de Iker. -¿De Iker? ¿De Iker?

¿Y qué me vas a contar?

¿Me vas a contar algo nuevo,

o simplemente vas a seguir dándole vueltas a lo mismo?

-Es que tú no dijiste nada todavía. -¿Pero qué quieres que te diga? ¿Eh?

No sé, dime, ¿qué quieres que te diga, para que tú te sientas bien?

¿Quieres que te monte un numerito?

¿Quieres que te grite, que me ponga a llorar? ¿El qué?

-No, quiero que seas sincero. Y... y que lo arreglemos.

-¿Que lo arreglemos? ¿Pero tú te crees que esto tiene arreglo?

¿En serio? -¿Tú no quieres?

-¿Yo? Perdona. Fuiste tú la que se acostó con otro. No yo.

Fuiste tú quien se lo llevó a su casa.

¡Quien se fue de fiesta con él!

Mira, no sé qué quieres de mí, de verdad.

¿Pero sabes lo peor de todo?

Que me has hecho sentir como un imbécil.

Y como un loco, por sentir celos.

Porque era tu amigo, ¿no? Eso es lo que decías: que era tu amigo, que...

Que no era tu ex. Era un amigo que necesitaba ayuda.

Y yo sintiéndome como un mierda, muerto de celos,

porque mi intuición me decía que ahí estaba pasando algo.

¡Porque eso se huele! ¡Lo noto! ¡No estoy ciego!

Pero te creí.

Tanto que no paraba de decirme que cómo no ibas a ayudar a un amigo que

estaba pasando por una mala racha.

Y eso es lo que más me jode. No que te acostaras con él.

Ni... Me da igual: el sexo es sexo.

Lo que me jode es que rompieras la confianza.

Porque la confianza, una vez que se rompe, ya no vuelve.

Eso te lo puedo asegurar.

¿Hay algo más que quieras hablar? ¿Eh?

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Centro médico - 11/01/19 (1)

11 ene 2019

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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