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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 10/01/19 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-De momento me gustaría hacerte una resonancia del seno cavernoso

para evaluar las posibles causas vasculares,

también me gustaría hacerte un TAC cervical,

uno de abdomen y otro de tórax. ¿Vale?

Y también comenzar

con un tratamiento antibiótico, para ver cómo respondes.

Yo sé que todas estas cosas que...,

que os he dicho, pues pueden asustar un poco.

Pero, por favor, no os preocupéis, de momento.

Vamos a ir haciendo pruebas y vamos paso a paso. ¿Vale?

-Muy bien.

-Así que nada. Luego me paso en un rato, a veros.

-Gracias, doctora. -Nada.

-¿Me vas a dejar?

-Ahora, lo importante es que te recuperes, Justo.

Después hablaremos tú y yo de lo que vamos a hacer.

Voy a ir fuera un poquito.

-Concha. -Necesito un poco de aire.

-Concha, por favor. ¡Concha!

Teléfono

Hola, Jorge.

Bi... Bien. Sí, bien. Estoy bien.

¿Cómo te has enterado de que estaba en el hospital?

Creía que Concha no había dicho nada en el trabajo.

¿Perdona?

¿Cómo que Berlín?

¿Que Concha había sido la elegida en la empresa

para ir al congreso de Berlín?

-¡Ey!

-¡Hola! -¿Qué tal?

-Bien, ¿por?

-No, no, por nada, por... Por saber qué tal todo.

-Ah, me imagino que lo dices por Belén.

Pues bueno, ahí... Ahí vamos.

-Bueno, sí. Por Belén y por... Por todo en general.

-Pues el trabajo bien. Y la familia bien, no sé.

¿Y tú qué tal? -Yo, bien. Yo sin novedad.

-Vale, pues nada, me alegro mucho. -Sí, espera.

-¿Qué pasa?

(SUSPIRA) -Vale, te lo voy a decir.

¿Qué tal con Dacaret?

-Ya lo sabes. Capítulo... finiquitado.

Vamos, que... Que sí que me dio un poco de palo...

despedirme de él y eso, pero... Eso, que... finiquitado.

-¿Seguro? -Seguro, ¿qué?

-Pues que ayer te vi salir con él del hospital,

y no parecía que te diera palo nada, ni que estuviera finiquitado.

-Pues porque no me voy a pasar la vida enfadada con el mundo.

Y más después de estar aquí 12 horas metida.

-Mira, en eso te voy a dar la razón. -Y, además, que...

Que no gano nada dejando que se vaya de mal rollo.

Y encima, después de lo que me ha pasado a mí con Belén...

Que me he dado cuenta que hay que tomarse la vida con Filosofía.

Y ya está.

-¿Sabes qué creo, Rocío?

Que tú te has dado cuenta de otra cosa, pero...

te cuesta reconocer.

-¿De qué?

-Pues que sientes algo por Dacaret.

-¿Qué..., qué...? Qué va. No, no, vamos, para nada. Que no...

-¿A ver, perdona?... Mírame a los ojos.

-Oh... A mí no me gusta... No me gusta...

No me gusta él, ni me gusta nadie, además.

Y que... Que es que...

estoy aprendiendo a ver la vida de otra manera. Estoy súper liada.

De verdad, te dejo.

-Esto de acompañarme se está convirtiendo en una costumbre.

¿Tenías otra reunión?

-No, tenía ganas de venir contigo.

Bea...

No te preocupes.

No voy a decir nada.

-¿Cómo?

-Que sabía que te arrepentirías si pasaba esto.

-¿Sí?...

¿Qué más sabías?

¿Sabías que íbamos a volver a estar juntos?

-No.

Yo solo vine a pedirte el divorcio, Bea,

no quería entrometerme en tu vida.

Pero sí. Sí. Cuando me besaste, pensé que te podías...

-Yo no quería hacerlo, Iker. No... No sé qué me pasó.

-Ya lo sé, no te preocupes. Ya está.

-Mira. De verdad, que...

No me arrepiento. Pero...

No sé, no... No imaginaba que íbamos a acabar...

como acabamos. -¿En la cama?

-Sí, en la cama.

-Bea, mira...

Te mentiría si te dijera

que no me ha gustado a mí volver a estar así contigo.

Pero yo no tengo ataduras.

Y en cambio, tú ahora estás en otra situación.

-Ya, ese es el problema.

-Sí. Bueno, pues entonces no digas que no te arrepientes.

-Es que todo es más complicado que eso, Iker.

-Pues a mí me parece bastante simple.

-Estoy hecha un lío. No...

-Eso es diferente.

Una cosa es que no sepas lo que quieres,

y otra muy diferente es... que las cosas sean complicadas. ¿No?

No sé, Bea.

Eres tú la que tiene que ver qué quieres.

Mira, mejor te dejo a solas, ¿eh?

-Hola. ¿Eres... Margarita Delgado?

-Sí. ¿Ha pasado algo?

-No. El doctor Merino me ha pedido que venga a buscarte.

-Eh... ¿Me puede mirar si me ha hecho algo reacción?

-Eso tiene que hacerlo el doctor, pero no te preocupes,

que en un rato te echa un vistazo.

-Vale. -¿Vale?

Lo bueno es que ya me encuentro bien, ¿eh?

-Bueno, eso es una buena noticia.

A veces nos ponemos enfermos y no sabemos por qué.

¿Y te digo un secreto? Ni los doctores lo saben.

Teléfono

-Me están llamando. Perdón. -Vuelvo en un rato.

-Dime, Ledesma.

Sí, enseguida voy.

En cuanto el médico me dé el resultado de las pruebas.

¿Cómo?

Eso te lo ha dicho Noemí,

que sabe mucho mejor que yo lo que me pasó en el incendio, claro.

Sí, a mí no me puedes creer, pero a ella sí.

Hombre, creo que estoy en mi derecho de molestarme.

Es que me intoxico y encima tengo que estar dando explicaciones.

Que no sé por qué me pasó eso; por eso estoy en el médico.

No, no te entiendo. No te entiendo.

Yo...

Mira, os incumbiría si estuvierais corriendo peligro por mi culpa,

pero es que no es el caso. ¿O es que tienes alguna queja de mí?

Mira, Ledesma: si quieres evaluar mi puesto de nuevo, hazlo.

Haz lo que quieras.

Está claro que lo que yo diga no le importa a nadie.

Sé que a veces me pongo un poco pesada y a la defensiva

cuando creo que se está produciendo una situación machista en el trabajo.

Pero ¿y ahora qué?

Parece que todo el mundo estaba esperando que tuviera una debilidad.

Eso es lo que más me fastidia.

Bueno..., eso y que Noemí me haya hecho esto.

(MEGAFONÍA: Por favor, señor Torres,

acuda a la Consulta del doctor Hernández, Consulta 203,

repito: 203).

-¿Qué lees tan ensimismada?

-Hola.

-¿Qué son? ¿Los papeles del divorcio?

¿Desde cuándo los tienes?

-Desde hace un..., unos días. Me los das?

-¿Los has firmado? -Carlos.

-Los has firmado. Mm... Me alegro.

Bueno, esto hay que celebrarlo, ¿no?

Pensaba que no se iba a cerrar nunca este capítulo de Iker.

¿Te parece esta noche?

-¿Esta noche? -Sí, ¿por qué no?

Vamos a cenar por ahí y luego tomamos algo. ¿Eh? Tú y yo.

-Claro. Claro, claro. Elige tú el lugar.

-¿Elijo yo? Ah, eso suena a reto, ¿eh?

Vale. Buscaré uno que esté a la altura.

(CARRASPEA).

-A lo mejor es una tontería, pero... me da la sensación

de que este pequeño paso de firmar el divorcio

puede suponer un... un gran paso para Bea y para mí.

Algo que consolide un poco más nuestra relación.

Ya sé que lo de ella con Iker estaba acabado,

pero, aun así, hasta que no he visto las dos firmas en esos documentos,

no me he quedado tranquilo del todo.

-Hola, Carmen. -Hola.

(AMBAS) Hola.

-¿Cómo está mi marido? ¿Ha pasado algo?

-No, no, no, al contrario.

Está respondiendo muy bien al tratamiento antibiótico.

-¿Sí?

-Sí, ha recuperado la movilidad de la cara y de los ojos.

-Ay... ¿Eso quiere decir que va a curarse?

-Bueno, hemos descartado otras causas,

así que sospecho que lo que tiene es una enfermedad inflamatoria,

así que vamos a hacerle una resonancia cervical, ¿vale?

-Ay... Menos mal.

-Bueno, y... yo te quería presentar a Lucía,

que es una de nuestras psicólogas y que bueno,

tuvo una charla el otro día con tu marido.

-Hola, ¿qué tal? Encantada.

-¿Con Justo? No me dijo nada.

-No, no. Porque fue una charla informal,

pero bueno, me contó un poco cómo se sentía.

-Sí. A mi marido le gusta mucho contar lo mal que se siente.

-Por lo que he visto,

tu marido tiene síntomas claros de depresión.

-Bueno. Justo sabe exactamente cómo dar esa sensación, ¿eh?

Así que no se dejen engañar.

-A ver. Lucía es muy buena psicóloga.

-Muchas gracias. Pero, sobre todo,

lo que somos es especialistas en detectar mentiras.

Y más las mentiras que nos decimos a nosotros mismos, ¿no?

Y en el caso de Justo, pues yo lo que veo

es que está exagerando unos síntomas depresivos

para ocultar su depresión.

-¿Eso qué significa?

-Es como cuando alguien intenta aparentar que está muy bien

y lo exagera mucho y nadie le cree...

Pues en el caso de tu marido,

al exagerar tanto los síntomas depresivos,

pues lo que está consiguiendo es que... no le crea nadie.

Es que no se cree ni él a sí mismo.

-De verdad, Concha, que Lucía sabe de lo que habla.

-Gracias. Me estuvo comentando también

que la comunicación entre vosotros últimamente estaba peor, ¿no?

Desde que le dieron la incapacidad laboral.

-No. Lo que pasa es que Justo lleva mal

que yo sea la que trabaja en la agencia.

Y teme que yo sea mejor que él. Eso es lo que pasa.

-Bueno, pues deberías hablar con él y contarle cómo te sientes

y que él te cuente también cómo se siente, ¿no?

Yo lo que sí le dije es

que le vendría muy bien empezar terapia.

Pero se ha negado rotundamente. -Ya.

-Ahora, cuanto más tarde en pedir ayuda,

más se va a enquistar la enfermedad. Eso es lo que te puedo decir.

Y nada, nada más, encantada de conocerte, Concha.

-Gracias.

-Luego nos vemos. ¿Vale? -Muy bien.

Si es verdad que Justo tiene depresión,

no entiendo cómo no me ha contado nada.

Ni tampoco cómo no me he dado cuenta antes.

Es verdad que Justo siempre se hace la víctima.

Pero es que yo pensaba que... era por llamar la atención.

Ay... Aunque ambas cosas son compatibles, desde luego.

A lo mejor es que yo no he querido verlo. No.

(MEGAFONÍA: Doctor Dacaret, acuda a Recursos Humanos, gracias).

-Dale eso a Esther, si quieres.

Te puedes ir quitando la camisa, por favor...

Esther: ayúdala a tumbarse. -Claro. ¿Boca abajo?

-Sí. -Eh... No hace falta, gracias.

-Como quieras.

-Te voy a quitar

todo lo que te he puesto antes, ¿de acuerdo?

Esto es alcohol... Lo digo por si escuece un poco.

-¿Ha salido algo positivo?

-No. Ha salido todo negativo.

¿Has podido observar si tienes algún...?

Qué te pasa? ¿Estás bien? -Me ahogo, Me estoy ahogando.

-Está bien. Ponte ahí...

Se te está enrojeciendo la piel también.

-¿Quieres que avise a alguien?

-No. De momento, déjame eso, por favor. El oxímetro.

-Voy. -Ok.

-Me cuesta mucho respirar, ¿eh? -Vale. Respira lentamente.

Quizás con esto tengamos la clave de lo que te pasa.

-Ha sido justo cuando le estabas limpiando la espalda.

-Sí. Puede que sea una reacción al alcohol

o un síndrome de sensibilidad química.

Está bajando la saturación de oxígeno.

(Respiración agitada).

Si sigue así, vamos a tener que intubarla.

-Merino, se está ahogando.

-Ve a avisar a un enfermero por si acaso.

Yo voy a intentar controlarlo con adrenalina.

(Respiración agitada).

Tranquila. Tranquila.

(Respiración agitada).

Ya está, ya está, ya está, ya está.

¿Mejor?

OK. Déjame que te escuche.

Incorpórate un momentito.

Ahí. Ya está.

-¿Qué tal?

-Mejor. Parece que se va normalizando la respiración poco a poco.

-Bueno, menos mal.

-Bueno, por lo menos ya sabemos qué es lo que te pasa, ¿eh?

-¿El alcohol?

-Así es. Eso explicaría también tu reacción en el incendio.

Y no tiene nada que ver ni con el estrés ni con la ansiedad.

-Bueno, ya se lo puedes contar a tu jefe.

-Y a Noemí y a todas. -Claro.

-Bueno... Por lo menos es una buena noticia.

-No lo sabe usted bien.

-¿Ves esta zona granulomatosa? -Mm...

-Bueno. Pues gracias a esto, ya podemos definir un diagnóstico.

-¿Qué es?

-Bueno, lo que tienes es una enfermedad inflamatoria

que se llama síndrome de Tolosa-Hunt.

Lo que significa, básicamente,

es que tienes una inflamación del seno cavernoso.

-¿Y es muy grave? -No, no.

Eso se trata con corticoides para todo el organismo.

Y como tu respuesta inicial ha sido buena,

pues yo intuyo que irás mejorando progresivamente.

-Mm... ¿Y no se ha visto en ninguna de las otras pruebas?

-No, porque como estaba todo tan inflamado,

pues no podíamos hacer una resonancia global

como la que te hemos hecho ahora.

-Bien. ¿Y cuándo me podré ir a casa, entonces?

-Pues yo creo que muy pronto.

De todas maneras, te derivaré a Consultas Externas,

para ver cómo vas evolucionando y cómo llevas la medicación.

-Mm...

-¿No estás contento?

-Sí. Sí, sí. Estoy contento, que no sea grave.

Pero la que estará contenta es mi mujer.

Que ahora seguramente le dará tiempo a llegar al aeropuerto

y coger su avión a Berlín.

-A ver. Yo no conozco mucho a tu mujer.

Pero... me imagino

que lo más importante para ella es ahora tu salud.

-Mm...

-La he visto antes en el pasillo, esperando los resultados,

y la verdad es que estaba bastante preocupada.

-Pues no. No conoce a mi mujer.

Solamente está preocupada

por ser la número 1 en ventas del sector inmobiliario.

-¿Y no crees que igual podrías considerarla un poquito más,

entenderla? -¿Y por qué no me entiende ella a mí?

-A ver, Justo, esto no... No es una carrera.

Intenta... hablar con ella.

Bueno. De momento, quédate con la buena noticia,

que ya sabemos lo que tienes y que te vas a curar.

-Es verdad, doctora, tiene toda la razón.

Muchísimas gracias.

-Muchísimas de nada.

Venga... A descansar.

-¿Tú quieres uno? -No. No, gracias.

-Oye. Que ahora no hay mucho lío.

¿Por qué no nos sentamos un rato? ¿M...?

(MEGAFONIA: El dueño del coche matrícula 1013,

repito: 1013 KFR, pase a retirarlo, por favor).

Ay, Bea...

Si es que yo sabía que esto iba a ocurrir.

-No, eso ahora no importa, Esther. ¿Y tú qué me aconsejas?

-Pues no sé, a ver.

Depende de lo que sientas por cada uno.

-Ah... Mira qué lista. Es que ese es el problema.

-Ya, vale, pero es que esto solo lo puedes saber tú.

-Es que, si hubieras visto la..., ay, la...,

la cara de ilusión de Carlos cuando...,

cuando vio los papeles del divorcio...

No quiero hacerle daño, Esther. Es que no se lo merece.

-Ya. Pff...

-No me puedo ni imaginar su cara cuando se lo cuentes.

-¿Y qué hago? ¿No se lo digo? -No... No.

Se lo tienes que decir.

-Sí, eso... Lo que tengo que hacer es...

Es lo justo y es lo que me pide el cuerpo.

-Aunque sabes que le harás daño, ¿no?

A ver...

A ti Carlos te importa.

¿Sí? -Mucho.

-Vale. Pues entonces, se lo tienes que decir.

No puedes tenerle engañado.

A ver, Bea. Si algo aprendí de lo que nos pasó con Dacaret

es que las cosas es mejor decirlas.

Aunque cueste, pero hay que ser sincero.

-Ya. Ah, o sea que, si volviésemos a estar en la situación,

¿tú me lo contarías?

-Pues sí...,

aunque me costara la vida.

Y es lo mismo que te va a pasar con Carlos.

Será difícil, será un mal trago, de acuerdo;

pero yo creo que es lo que tienes que hacer.

Míranos a nosotras. -Sí ya...

No nos ha ido tan mal, ¿no? -Ya, pero...

No creo que lo que hay entre Carlos y yo

sea tan fuerte como lo que hay entre nosotras.

-Bueno, pues, aunque sea la mitad de sólido, yo creo que...

Que lo entenderá.

Ay, amiga...

Mañana será un día mucho mejor, ya verás.

-¿Tú crees? -Hombre.

A ver. Hoy te has divorciado

y le vas a contar a tu novio que le has engañado con otro.

Mañana tiene que ser mejor por narices, ¿no?

(MEGAFONÍA: Enfermera Monteoliva, acuda a Consulta del doctor Iglesias)

-¿Qué haces aquí?

-Bueno, en... en el parque me han dicho

que no habías vuelto todavía y... quería saber si estabas bien.

-Pues no. No estoy bien.

Pero para tu información:

no tengo ni ansiedad, ni estrés ni fobia al fuego.

-Bueno, ¿y saben ya lo que tienes?

-Me han diagnosticado síndrome de sensibilidad química.

Por lo visto, no tolero algunas sustancias

que otra gente tolera perfectamente. -Lo siento.

-Te dije que no me había quedado paralizada, pero no me creíste.

Todo fue por culpa del humo que, aunque para ti no era mucho,

a mí me afecta un montón.

-Bueno, pero a ver, Marga, esto no lo tenías antes, ¿no?

-Por lo visto, lo he ido desarrollando con el tiempo.

-Bueno, ¿y no tiene cura?

(MEGAFONÍA: Lucía Velázquez, acuda a Enfermería, gracias).

¿Y ahora? ¿Ahora qué? -Ahora nada.

No puedo volver a acercarme al humo.

Al final habéis conseguido mandarme a las oficinas.

-No, Marga. Yo no quería eso.

Mira: ojalá... hubieras tenido ansiedad.

-Eso es lo que te gustaría: tener la razón.

-No, Marga. Me refiero que, si tuvieras ansiedad,

pues aprenderías a controlarla.

-¿Y qué más me hubiera dado en la oficina?

Me iban a mandar igual, por culpa de tu informe.

-Lo siento. Lo siento mucho, Marga, pero no podía hacer otra cosa.

-Sí, sí que podías.

Podías esperarte al resultado de las pruebas. Te lo dije.

-Lo siento. -Pues me da igual, ¿sabes?

Ya sabía que te creías superior a mí.

Pero esto que ha pasado

me ha demostrado que eres una prejuiciosa.

-No, Marga, no. No, eso no es verdad, ¿eh?

-Sí, sí lo es. -No.

-No tenías por qué desconfiar de mí, pero lo hiciste.

-Marga, perdóname, por favor.

Mira. Hablaré con Ledesma o con quien haga falta.

-Ya da igual. Voy a tener que quedarme en la oficina.

(MEGAFONÍA: Los padres de la paciente Victoria Oliva,

acudan a recogerla a la Sala de Curas).

-(SUSPIRA).

Marga tiene razón.

En el fondo yo creía que ella era débil.

Y tiene que ver con su aspecto.

He aprendido la lección.

No voy a juzgar a ninguna mujer ni a ningún hombre antes de tiempo.

Es que, realmente, lo que me duele no es que ella esté enfadada conmigo.

Lo que me duele es que no pueda volver a salir del parque,

porque ella, realmente, es una buena bombera.

Y no es justo.

No es justo que se tenga que quedar en la oficina.

-Hola...

¿Cómo te encuentras?

-Me han dicho que no tengo nada importante

y que me curaré pronto.

-Mm... Eso ya lo sé.

Preguntaba por ti, por cómo te sientes.

-Hacía mucho tiempo que no me hacías una pregunta así.

-Mm...(SONRIENDO). Porque sabía la respuesta.

Sabía que me ibas a decir que te sentías mal.

Pero, eso no quita para que... siguiera intentándolo.

A lo mejor, así me daba cuenta de que estabas deprimido.

-¿Has hablado con la psicóloga? -Mmm... Y creo que tiene razón.

Lo que no sé es cómo no nos hemos dado cuenta antes.

-Es normal estar deprimido cuando tu mujer te engaña. ¿No crees?

-¿Por qué dices eso? -Lo sé todo. He hablado con Jorge.

Y me ha contado todo lo del congreso de Berlín.

Sí. Poniéndome la excusa de la boda de tu prima.

Porque tu prima se casa, ¿no? -No.

-Pero, ¡¿por qué me mientes, Concha?! ¿Qué te crees?

¿Que si me enteraba, me iba a hundir? ¿Crees que no me puedo alegrar,

por algo que le pasa bueno, a mi mujer?

¿Crees que no me alegro de que te hayan elegido a ti

para ir al congreso de Berlín entre todos los de la empresa?

-Pero es que no te alegras, Justo. No es así. Dime la verdad.

¡¿Por qué no te puedes alegrar por mí?!

¡Sabía que si te lo decía,

es que te lo ibas a tomar como algo personal!

Mira, no sé si es envidia, no sé si es rencor. No sé qué es.

¿Por qué no te puedes alegrar por mí? -¡No lo sé!

-Sí lo sabes.

-Mira, siempre había pensado que iba a tener...,

un trabajo fantástico, una casa maravillosa...

-Y la tienes. ¿No es suficiente? -¡No, no es suficiente!

¿Has visto a mis compañeros de Facultad?

¿Has visto los cochazos que tienen? -¡Me importa un bledo, la verdad!

-Ya. Nunca pensé que iba a terminar trabajando en la inmobiliaria.

Pero lo que jamás se me pasó por la imaginación

es que no podría trabajar en nada. -Y yo sí, ¿no?

-Tú eres la única que estaba por debajo de mí.

Perdona.

-Está claro que no estás bien, Justo.

-No sé si tengo depresión o si necesito terapia.

Lo que... Lo que sí sé es que estoy permanentemente mal.

-Eso suena bastante a depresión.

-Hay veces que lo único que quiero es desaparecer.

-Pues no lo hagas.

-Hola, Justo. -Le he dicho que venga.

-Podías haberme preguntado, ¿no? -Perdona.

-¿Y ustedes los psicólogos no eran como los curas,

que guardaban el secreto profesional?

-Me pareció bien decirle cuál era tu diagnóstico a tu mujer,

porque creo que necesitas tratamiento.

-Ella ha hecho bien, Justo.

Mira...

Vale que siempre has sido una persona ambiciosa,

pero es que ahora eso te está matando, cariño.

Te está envenenando y no puedes salir solo de ahí.

-No sé si quiero ir a terapia.

-Sí quieres.

Y sí quieres salir de ahí.

Te conozco muy bien. Siempre quieres más.

-Bueno. Os dejo solos.

Me encantaría que vinieras a terapia conmigo,

pero, si no, pues puedes buscar otro psicólogo.

Yo creo que es la mejor opción, ¿vale?

-Muchas gracias. -A vosotros.

-Mira, Justo. Tienes que ser fuerte e ir a terapia, ¿mmm?

-Pero es que... Es que no quiero que me receten cosas raras.

Yo quiero seguir siendo yo mismo.

-Mira. Tú empieza por ir a terapia.

Y deja que sea la psicóloga

la que decida si necesitas medicación,

o ir a otro especialista.

Y no quiero que nos volvamos a mentir, ¿de acuerdo?

No más mentiras.

Ni siquiera a nosotros mismos.

Y lo que no voy a permitir, Justo,

es ponerme por debajo de ti para que tú te sientas mejor.

-No... no... -Eso no.

-No... Lo que he dicho antes, no quería...

-Te he entendido perfectamente y te he oído, Justo.

Y si en algún momento has pensado eso,

estabas muy equivocado.

Yo nunca he estado por debajo de ti.

Eso son cosas que no tienen que ver con el sueldo ni con el puesto.

-Lo sé.

Si es que en el fondo...

no sé por qué le doy tanta importancia.

-Ay, cariño.

-Está...

Está claro... que necesito terapia.

Ah... ¿Qué hora es?

-Pues es que...

-Sí, da igual.

Lo mismo llegas al aeropuerto

y puedes coger el próximo avión a Berlín.

-Pero qué va...

-Seguro que llegas a los últimos días del congreso.

-Yo no voy a ninguna parte, ahora. -Que sí, que sí, que tienes que ir.

Te va a venir muy bien, vas a aprender un montón

y encima te los vas a comer con patatas.

-Eso sí. -Ay, por Dios.

Os va a venir muy bien a los dos: al congreso, y a ti. Te conozco.

-Cariño...

-Tendré que ir asumiendo...

que mi mujercita es una rock star del mundo de las inmobiliarias.

-Pues sí. (RÍE).

-¿Me dejarás ser tu manager?

-Mmm... Me lo tengo que pensar.

Tacones

Puerta

-¡Bueno, bueno! ¿Qué pasa aquí? ¡Cuánto misterio!

No, no, misterio, ninguno. ¿Ninguno?

¿Y ese mensaje de "vente aquí sola, a la consulta"? ¿Qué pasa, doctor?

¿Que me quiere explorar?

(CARRASPEA) Verás.

¿Qué haces? Ay, ¿qué haces? Por favor, Ramón.

Lucía. Escúchame. ¿Qué?

Eh... No pienses que esto lo hago sin pensar, que es un arrebato,

porque no es así.

Te quiero.

Te he querido siempre

y quiero que todo el mundo lo sepa.

No tendría que haberme separado de ti nunca.

Y espero no volver a hacerlo.

Así que...

Ramón, por favor, levántate de ahí. ¿Qué haces? Levántate, anda.

¿Tú te acuerdas... cómo me lo pediste la vez anterior? ¿Dónde?

Sí, claro. Estábamos en el coche. Así, de sopetón. No te lo esperabas.

¿Cómo me lo iba a esperar? Si es que no... No pegaba nada.

Ya, pero ahora es distinto, Lucía. De verdad. Créeme.

Pero, ¿lo has hecho por los niños?

Verás. Lo de los niños me... Me ha hecho pensar.

Y es que todo lo que pienso me lleva a esto.

No quiero que nadie dude de nosotros. Nadie.

Tú me conoces mejor que nadie.

Y yo te conozco solo con mirarte.

Sé que eres lo mejor que me ha pasado en la vida,

y de verdad, yo no quiero perderte.

Quiero cuidarte..., y estar contigo toda mi vida.

Ay... (RÍE).

Eso es lo que quiero yo.

Tú... no sé. Yo, ¿qué? Mira. (RÍE).

Que espero que vuelvas a casarte conmigo.

Y que esta vez sea la definitiva.

Es que tú antes no decías cosas tan bonitas, ¿eh?

(RÍE).

Bueno. A más canas...

Más ganas.

(RÍEN LOS DOS).

¡Ay!... ¡No me hagas eso!

(RÍE).

¿Eso es un sí?

¿A ti qué te parece?

-¡Guau! Vaya pibón que se viene a cenar conmigo.

-¿Dónde piensas llevarme?

-Es una sorpresa.

Y es una sorpresa, además, a lo grande.

Que la ocasión se lo merece.

Bueno, perdona. Que igual, me estoy pasando.

Que a mí Iker me cae bien. No... No quiero ofenderle.

Lo que pasa es que estaba un poquito con la mosca detrás de la oreja.

Ya sabes. -Ya.

-Y no te lo merecías.

-Bueno..., a lo mejor sí.

-¿Cómo?

-Carlos...

Mira: yo quiero que sepas que estoy muy a gusto contigo.

Y que quiero que esto vaya adelante.

Pero... creo que no tenemos que ocultarnos...

nada el uno al otro.

Me gustas... mucho.

-Y tú a mí.

-Bueno, antes de...

De decir eso deberías saber algo.

Ojalá no hubiera pasado, pero pasó.

Yo... no tendría que haberlo hecho, pero... no tengo excusa.

-¿Qué ha pasado, Bea?

Dime qué ha pasado. -Lo siento muchísimo, Carlos.

-¿Con Iker?

Te has acostado con él.

-Lo siento mucho.

-¡No me toques! -¡Vale, vale, vale!

-Perdón. Eh... No sé qué pasa aquí.

-Eh... -¿Usted está bien?

-Eh... Bueno, estábamos en la calle y... Y, de repente... Bueno, mírelo.

Que... Que se cae, que se cae.

-Ya, lo estropeé todo, pero...

-¿Tienes algo más que contarme?

Pues entonces me vas a perdonar, pero tengo mucho trabajo que hacer.

-Te acostaste con otro. Merino tiene que...

No sé, que gestionarlo. -Ya, ya lo sé.

-¿Estás bien? -Sí, sí. Estoy bien, no ha sido nada.

-¿Qué tal, Alicia? ¿Cómo estás?

-Pues así, así. Tengo un mal cuerpo...

Casi me alegro de no haber ido al teatro.

-¿Sabes que le hemos fichado para el hospital?

-¡Ay, qué bien!

-Bueno, todavía no me han llamado, ¿eh?

-Bueno, te va a encantar.

-Tienes la tensión baja. Puede ser por el presíncope,

o por la medicación hipotensora que estás tomando, ¿vale?

Lo que sí me preocupa es que estás respirando muy rápido,

pero tienes la saturación de oxígeno muy baja: al 89%.

-¿Ya tiene los resultados?

-Es una enfermedad de transmisión sexual.

-Eduardo y yo nunca... nunca habíamos tenido esto.

-¿No? -Esto quiere decir que...

que mi marido lo ha traído a casa. ¿De fuera?

-¿Estáis aquí? -Ay, buenas.

-Os estaba buscando.

-Aquí estábamos, intimando un poco más.

-No, no le hagas caso.

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  • Centro médico - 10/01/19 (2)

Centro médico - 10/01/19 (2)

10 ene 2019

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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