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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 09/06/16 (1) - ver ahora
Transcripción completa

(Sirena de ambulancia)

¡Ayuda, por favor, ayuda! ¡Mi novio tuvo un accidente!

-¡Una silla, por favor! -¡Vamos!

Ha habido un accidente en las cercanías del hospital,

un motorista ha resultado herido.

A ver, me acababa de dejar en el portal.

Yo escucho un frenazo, me doy la vuelta

y veo que es Edu que se estampó contra una furgoneta.

Y mira que le dije veces que tuviese cuidado,

que le iba a pasar una desgracia.

-Tenemos un accidente de moto, luxación en el hombro derecho.

-Vale. -Cuidado.

Eso es. -Poco a poco.

-Ah... -¿Cómo te llamas?

-Ahí está... -Eduardo.

-Eduardo, bien.

¿Has perdido el conocimiento en algún momento?

-No. -¿No? Un golpe en la cabeza.

-No, fue en el hombro del golpe. -Échale un ojo a la mano.

-Vale, vamos a ver.

Tranquilo. Tiene una amputación traumática

en el primer dedo de la mano. -¿Amputación?

-No, nada, Edu que se ha dado un piñazo con la moto

que casi se mata, ¿sabes? Ya, es que he visto mucha sangre,

estoy superasustada, no... Espera.

-Escucha, acompáñame.

-Ya, ya. -Acompáñame, ven conmigo.

-Vale, vale, cari, sí, muy bien.

-No, eso no puede ser. -No te preocupes, tranquilo.

Primero hay que cortar la hemorragia.

Vale, póngale una vía, por favor, enfermera.

-Monitorice. Y un pulsioxímetro.

Vale, tranquilo.

Para reducir una hemorragia, lo mejor es comprimir la herida

con un pañuelo o una pieza de tejido limpia

que tengamos a mano. Hay que intentar mantener

el miembro sangrante en alto para reducir el flujo sanguíneo.

En casos extremos, podemos hacer un torniquete,

pero solo como último recurso,

porque la compresión prolongada

puede dañar ligeramente nervios y tejidos.

Roberto viene al hospital acompañado de su madre, Asunción,

y de su hermano, Manuel, por un corte en la mano.

Señorita. -Dígame.

-Buscamos al Dr. Mendieta. Mi hijo se hizo un corte grande.

¿Le puede avisar, por favor? -Sí, ahora le aviso.

-Gracias.

-Mendieta es el hijo de la Puri, ¿eh?

La de la farmacia.

Ese niño desde chico se veía que era de otra pasta.

Estaba siempre estudiando, estudiando...

Muy responsable y, claro, así ha llegado tan lejos.

-Bueno, tampoco tan lejos, que estamos a seis paradas en metro

del barrio, tampoco es que sea astronauta, verás.

-Mire, por favor, llevamos un rato aquí,

me dijo que vendría el Dr. Mendieta y aún no ha bajado.

-Ya le he avisado, está bajando de planta.

-Es un simple corte, no pasa nada.

No hace falta llamar a todos. -Bueno, pero...

-Mi madre se pone un poquito histérica.

-No se preocupe. -Oye, mamá, que yo os espero fuera.

-¿Adónde vas a ir ahora? -Ahí fuera.

-Déjalo que salga, que le dé el aire.

-Manuel... -Sí, déjalo. Ahora te veo.

-A ver, ¿qué pasa? -¡Ay, Álvaro! Mira...

-Hola. -Eh, vengo porque mi hijo Roberto

se ha cortado en casa, entonces a ver si le podrías mirar.

-Eh, ya, es que yo no le voy a poder atender, soy neurólogo.

Esa no es mi especialidad.

Tengo consultas. Que lo vea el médico de urgencias.

-Ah, vale. -Bueno, venga, hasta luego.

-Muchas gracias. -Que te mejores.

-Gracias.

-Espérame aquí, ¿vale?

He encontrado el dedo. -¡Mi dedo!

-Muy bien, déjalo ahí, luego lo llevamos al laboratorio.

-¡Qué impresión me ha dado verlo!

Sabía que era el dedo de Edu porque tenía el anillo de oro

que le regalé por San Valentín.

-Charly. -Dime.

-Ha sido amputado hace unos minutos,

quieren reimplantarlo. Ve a por hielo, por favor.

-Vale, sí, sí. -Ante un accidente de este tipo,

haríamos un gran favor si tenemos la sangre fría

de ir a buscar el dedo y ponerlo en hielo.

Pero es muy importante que el miembro

no toque el hielo directamente.

Hay que envolverlo en tela,

meterlo en una bolsa con aire y un poquito de agua.

Esta bolsa se mete en otra que contenga hielo

y corriendo al hospital.

(LEE) Edu y Jessi.

Que la reimplantación sea factible

depende mucho del tipo de corte que se haya producido.

Si el corte es limpio y sin muchas irregularidades,

es posible reimplantar. Pero si el dedo está aplastado,

desvitalizado o contaminado es difícil que sea viable.

La última palabra la tiene el cirujano especialista

en cirugía plástica y reparadora.

-Se ha hecho un corte muy profundo en casa.

No me gusta el aspecto que tiene y pensé en venir al hospital.

-¿A ver? Déjame verlo. -Solo se lo he lavado con agua.

-Ya, pues has hecho muy bien, mueve los dedos, por favor.

Cuando se hagan un corte profundo hay que mantener la calma

a pesar de la sangre. Lo segundo, lavar la herida

con agua y presionar hasta que la hemorragia desaparezca,

pero nunca con algodón ni pañuelos de papel,

porque sueltan pelillos que se adhieren

alrededor de la herida y la pueden infectar.

Lo más aconsejable son las gasas estériles.

¿Cómo te lo has hecho?

-Eh, bueno, se ha roto una ventana de la cocina

y, al quitar los cristales, me enganché y se ha hecho el corte.

-La ventana no se ha roto sola, no.

No es como lo ha contado él.

Mi hijo Roberto vino a pedirme dinero, ¿eh?

Para... Vino a pedirme dinero

y le dije que no se lo daba.

Y se ha enfadado.

Le pegó un puñetazo a la ventana y se cargó el cristal.

Y mira lo que se hizo.

Este hijo mío...

Es un niño muy bueno, la verdad, es un buen chaval,

cuando está bien, claro.

Pero a veces pues...

Cuando está mal...

-¿Sabes lo que pasa? En realidad es que mi madre,

cuando no me quiere dar dinero,

se pone muy tonta y muy pesada. Y...

Y a mí no me gusta portarme mal, no me quiero poner así,

¿pero qué quieres que te diga? Yo necesito el dinero.

Necesito el dinero para tirar para adelante y...

Por eso me pongo así. -Mi hermano es un drogadicto.

Empezó hace tres años cuando se quedó sin curro,

pero hasta hace un año y medio no nos enteramos

porque ya ni disimula.

Y esto es un infierno.

Mi madre es que no puede seguir así.

-Silvia, sí, es para una sutura.

Gracias.

-Ahora cuando te lo cosan vamos a hablar con el Dr. Mendieta,

que no me ha gustado lo que le dije, se ha molestado.

-Qué pasada. Es un estirado de mierda, ¡déjalo ya en paz!

-No hables así de él, Roberto. -¿Conocéis al Dr. Mendieta?

-Sí. -Trabajo de asistenta en su casa.

-Ah... -Le conozco desde niño.

Alvarito. (RÍEN)

-Y, bueno, le he preguntado que si podía atender a mi hijo,

pero me ha dicho que no se dedica a esta cosas,

que lo hacía usted. -Pues nada.

Lo que haremos, en cuanto te suturen,

te explico cómo lavar la herida

para que no se te infecte. -Vale.

-¿De acuerdo? -Gracias.

(MEGAFONÍA) Sergio Cánovas, recoja los resultados.

Tras hacerle una radiografía, Ferrer va a darle a Eduardo

el diagnóstico del hombro accidentado.

¿Cómo va, Edu? -Todavía me sigue doliendo.

-¿Sí? Es normal que te duela.

La radiografía muestra que tienes una luxación.

Es normal, a pesar de los analgésicos.

-¿Y mi dedo? -Ahora están valorando

si pueden reimplantarlo o no, vamos a esperar.

-Esto está siendo una pesadilla, no recuerdo el accidente,

solo sé que este hombro me está matando.

Y me han dicho que he perdido un dedo.

Y eso no me lo puedo permitir porque es mi trabajo.

-Realmente Edu, para lo joven que es, es buenísimo

Este look me lo ha hecho él. ¿A que está guay?

Me está enseñando a cortar el pelo,

porque queremos montar nuestra peluquería,

Pero, claro, ahora si no tiene dedo no...

No sé cómo lo vamos a hacer, sinceramente.

Solo de pensarlo me da grima.

-No sé por qué todavía siento el dedo, si no lo tengo.

-Eso es normal, porque los nervios todavía

mandan una señal al cerebro del dolor.

-Ajá. -Hola.

(TODOS) ¡Hola! -Jessi, por favor,

¿nos puedes disculpar un segundo? -Claro.

-Chao, cari. -Te quiero.

-Lo más probable es que tengas que entrar en quirófano

lo antes posible, ¿vale? Para reimplantarte este dedo.

Deberíamos colocar la luxación lo antes posible.

Entonces, Dacaret te va a traccionar con una toalla

por debajo de la axila y, mientras,

voy a mover el brazo de derecha a izquierda lentamente

hasta que te quede el hombro colocado.

-¿Y eso me va a doler mucho?

-Bueno, un poquito sí, pero es un segundín.

-Sí, te va a doler un poco, sinceramente.

Pero es algo rápido, no te preocupes.

-Vale.

-La luxación se produce cuando un hueso sale de su articulación.

La más común es la del hombro, cuando la cabeza del húmero

pierde contacto con la escápula.

Duele mucho, porque los músculos y los nervios de la zona se tensan

y recolocarlos tampoco es una experiencia muy placentera.

Vale, para arriba. Para abajo.

Hacia fuera. Más, más, más, más...

Vale, ahí. Hacia dentro.

Vale, descansa.

-Muy bien, te has portado como un campeón.

(Suena el móvil)

-¿Sí?

Vale, bien, vale, gracias. Gracias.

Hasta luego.

Edu, buenas noticias, parece que van a intentar

reimplantarte el dedo, ¿vale?

Bien, ¿eh? -Sí

-Mendieta, un segundito, un segundito.

Tienes un segundo, ¿no? -Sí.

-Bien. Es que estoy atendiendo a Asunción y a Roberto,

que se ha cortado la mano.

¿Sabes quiénes son? -Sí, ¿pero me lo cuentas por...?

-Porque tenéis confianza, ¿no?

-Asunción es mi asistenta, pero tenemos una relación escasa.

Así que no es de mi interés lo que le pase a su hijo

y, más, si es un simple corte. -Fíjate.

Pues, nada, si no te interesa, no te cuento nada más.

-Pues muy bien.

Voy a seguir trabajando, ¿de acuerdo?

-Hala, continúa.

-Hola, Jessica. -Un momento, por favor,

que estoy buscando accidentes de dedos...

-¿Podemos hablar un segundo?

-Sí, dime. -El cirujano le ha visto el dedo

y van a operarle para intentar reimplantarlo.

-Qué fuerte, no sabía que se podría volver a pegar.

-Sí, se puede intentar. -¿Y quedará como antes?

-Bueno, harán todo lo posible, pero existe riesgo de secuelas.

-Uf, pues vaya...

¿Qué te iba a decir? Al reimplantarle el dedo

le teníais que haber quitado un anillo,

¿sabes tú dónde está? -Eh, no, sé que se lo han quitado.

-Vale, ¿me lo podríais dar a mí? Es que me encantaría guardarlo,

es que es de oro de 24 quilates y, claro, pues...

Me gustaría tenerlo yo. -Claro. Y, además,

tendrá valor sentimental, ¿no? -Claro, claro, por supuesto.

-Bueno, me voy a ver si está en quirófano.

-Muy bien, vale, vale. Chao.

Unos días más tarde, Roberto, el paciente del corte en la mano,

ha vuelto al hospital porque le sangra el oído.

Hola, perdona, ¿podrías avisar a la Dra. Romero, por favor?

Me duele muchísimo el oído y he sangrado un poco.

-La voy a avisar ahora mismo. -Vale.

-Sí, Dra. Romero, por favor, ¿puede bajar a recepción?

-Está avisándola.

-Tengo aquí a un paciente. ¡Gracias!

Ahora mismo viene. -Vale, gracias.

-Tiene la presión normal y no tiene fiebre.

-Ah, vale. Muchas gracias, ¿eh?

-Gracias. ¿Sabe una cosa, doctora?

Yo he venido porque quería volver a verla

y de los nervios me ha sangrado hasta el oído.

-Bueno...

Vamos a ver ese oído.

-¿Qué tal? -Bueno...

Aparentemente bien.

¿Te has dado algún golpe? -No.

Esto ha sido mientras me limpiaba con un bastoncillo.

-El uso inadecuado de bastoncillos puede provocar rotura del tímpano.

Lo mejor para limpiarlos es, bajo la ducha con agua tibia,

mojarlos y, luego, con una gasa bien seca, toda esta zona

de la parte externa de la oreja limpiarla muy bien.

Desde luego, nunca, nunca introducir

ningún objeto en el oído, por favor.

¿Tienes algún otro síntoma como dolor de cabeza

o que te duele el oído? -No.

-¿No? -Bueno...

Anoche y esta mañana he meado sangre.

-¡Roberto! ¿Has meado sangre? No me lo has dicho.

-Tranquila, no pasa nada. -¿Cómo voy a estar tranquila?

-Es una tontería, no pasa nada. -Ya está, mamá.

-¿Has tomado alguna medicación? -No.

Bueno, de vez en cuando, un caramelito para la tos, pero no.

-¿Qué tiene, doctora? -De momento no lo sé,

pero le mandaré unos análisis de sangre y orina.

-¿Eso tardará mucho? -Espero tener los resultados hoy.

¿Vale?

-Debería decirle a la doctora que Roberto consume droga,

pero es que no me atrevo.

Se va a poner hecho una fiera.

Me ha dicho que no se lo diga.

Y, como se enfade, cuando venga a mi casa

es que me lo tira todo.

(MEGAFONÍA) Doctora Romero, acuda a consulta cinco, por favor.

(Se oye un silbido)

-Dacaret, ¿qué te pasa?

-Nada, nada. Estoy bien.

-¿Sí? Pues no lo parece, tío. -Ya.

-Oye, que gracias por la ayuda de antes.

-Nada, ya ves tú, cuando lo necesites.

Hacemos buen equipo. -Equipazo.

-Por cierto, ¿qué tal la operación?

-Bueno, supongo que bien, hay que ver cómo se desarrolla.

-Ya. Al final tenemos 20 dedos. -Sí.

-Peor sería perder un ojo, que solo tenemos dos.

-La cantidad no es lo más importante.

Hay gente que pierde cabello y se deprime, vamos...

Y eso que tenemos miles de pelos por todo el cuerpo.

-También es verdad.

-Si tuvieras que elegir un sentido que perder,

¿cuál sería? Por ejemplo:

No sé, la vista, perder un ojo y que te afecte a la vista,

o perder un dedo y que te afecte al tacto...

-¡Vaya pregunta!

Eh... El olfato, supongo.

-¿Seguro? -No, el olfato no,

me acabo de imaginar un bocadillo de jamón de bellota.

No, el olfato no. Déjame que piense.

Eh... -Oye, ahí te dejo, ¿vale?

Con la gran cuestión.

¡Ánimo! -Pero, hombre...

-Vale, pero antes quiero ver...

Roberto, el paciente con hemorragia en el oído y orina,

ha vuelto al hospital a recoger sus análisis.

Los resultados dicen que tienes un problema de coagulación.

-¿Y eso qué es?

-¿Eso qué significa? No tenemos ni idea.

-Tranquilos, os explico: Cuando hay una lesión

en un vaso sanguíneo se produce una hemorragia,

entonces, la pared de ese vaso se contrae para intentar que salga

la menos cantidad de sangre posible.

Y es ahí cuando las plaquetas actúan a modo de tapón.

Ese proceso es el que tú tienes alterado.

Entonces, Roberto, mi pregunta es, insisto:

¿Estás tomando algún tipo de anticoagulante?

-¿Yo? No, ¿para qué iba a tomar de eso? En serio.

-Vamos a ver, entonces, si no se le corta la sangre,

se podría desangrar. -Lo primero que vamos a hacer

es ingresarte y ponerte un tratamiento con vitamina K.

-¿Ingresarme? -Sí.

La vitamina K se conoce como la de la coagulación,

es uno de los componentes necesarios

para que la sangre coagule.

-Vamos a ver, le quiero hacer una pregunta,

¿esto que le está pasando a mi hijo

puede tener que ver...? -Mamá, por favor,

deja de hacer preguntas y deja que ella trabaje.

-Lo que vamos a hacer, entre otras pruebas,

es un estudio completo de factores de coagulación

y de marcadores tumorales.

-¿Cómo que tumorales? ¿Puedo tener un tumor o qué?

-Yo no pienso nada, y vamos a tranquilizarnos,

que no pasa nada. Solo son pruebas que debo hacer

para saber por qué tienes ese problema.

No sé por qué, pero tengo la sensación

de que la madre oculta algo

sobre el problema de coagulación de Roberto.

Creo que lo más conveniente

es que esperéis en la sala de espera, ¿eh?

Y yo voy preparando el ingreso.

Muchas gracias, doctora, por todo.

-De nada. -Hasta ahora.

Por poco se te escapa. -Se me tenía que haber escapado,

lo que tienes es de lo mismo.

-Lo que me pasa no tiene que ver con eso.

No quiero que se entere y punto. Así que se acabó.

-Nano, quédate con la mama, ¿vale? Voy al baño, ahora vengo.

-Sabes perfectamente dónde va este.

-Pobrecito... -¿Cómo que pobrecito, mamá?

Lleva toda la vida así.

-Con todo lo que tiene encima y ahora está enfermo.

-No sé cómo puedes decir eso, lo que le pase lo tiene merecido.

Todo. -¿Cómo vas a decir eso, Manuel?

Que se puede morir, ¿sabes?

Como tu hermano se muera...

Es que me lleva a mí por delante. Por Dios, Manuel, no me digas eso,

pobrecillo. -Bueno, ya, mamá, ya...

-A ver, Edu, cuéntame. ¿Cómo estás?

-No muy bien. -Ya...

¿Te duele?

-No.

A Eduardo le reimplantaron el pulgar de la mano derecha

tras una amputación traumática en un accidente de moto.

Hoy vuelve para ver su evolución.

Lo lleva tapado porque se lo he pedido yo.

Tiene el dedo superfeo y no era plan

de que lo llevase para que lo viese todo el mundo.

-Edu, no hemos conseguido la revascularización.

-¿Ha sido por culpa de la venda?

-Hombre, pues no ha ayudado mucho, la verdad.

La sangre no ha llevado suficiente oxígeno

a las células y se han ido muriendo.

Tendré que extirparlo.

-No, no. No me puedes hacer eso.

-Es lo que tengo que hacer. -Si me quitas el dedo,

me quitas mi trabajo. Me he esforzado mucho

para poder reunir el dinero que tengo para la peluquería.

Es mi sueño tener mi propia peluquería.

No me puedes quitar el sueño por el dedo.

-Cari, no te preocupes. La peluquería la puedes montar.

Me enseñas a cortar el pelo

y tú te dedicas a recepción o a lavar cabezas.

-¿Y ahora qué? Mi vida es el estilismo.

Que yo no tengo estudios de otra cosa.

Lo único que sé hacer, es cortar el pelo.

Lo intenté con la izquierda, pero no puedo.

-A ver, chicos. Hay una solución. ¿De acuerdo?

-Una cosa, doctor, antes de que se me olvide.

El otro día, Edu tenía un anillo de oro.

Quería saber si lo tenía usted. -Ah, sí. Espera un segundo.

-Ya decía yo que no se podía haber perdido, cari.

-A ver dónde lo puse.

-Gracias. -Yo creo que no es buena idea

que lo tenga él, porque te recordará el accidente.

Así que mejor me lo guardo yo y está más seguro.

-A la Jessi la veo muy rara.

Después del accidente, ya no me mira igual.

Tengo la sensación de que no le gusta que le toque.

-Hasta mañana. -¿Tienes un segundo?

Ha vuelto Roberto, porque tiene un problema de coagulación.

Me da la sensación de que su madre me está ocultando algo.

¿Tú sabes algo? -¿Y por qué piensas que debería

haberme dicho algo a mí? -Trabaja para ti, ¿no?

-Exactamente. Por eso mismo. Trabaja para mí.

No nos vamos de copas juntos.

Soy su jefe y ella mi empleada. No somos amigos.

-Me parece que tú no sabes lo que es un amigo.

-Mira, Romero. Ese comentario ni merece una respuesta.

A lo mejor, deberías preocuparte un poco más por tus pacientes

y menos por mis amistades. -313. Está en la 313.

Te lo digo por si quieres ir a verle y ejercer de buen jefe.

Hasta luego.

Ha pasado un día desde que la doctora Romero

ingresara a Roberto, el paciente

con problemas de coagulación.

Roberto está a la espera de que la doctora

le dé los resultados de las pruebas.

Bueno, pues tengo ya los resultados.

Y salvo por el problema de coagulación,

el resto está bien. -Eso significa que esto bien, ¿no?

-No. El tratamiento que te hemos puesto

con vitamina K no está mejorando. -¿Qué coño me pasa, doctora?

-Primero, nos vamos a tranquilizar. Eso es lo primero.

Y yo te vuelvo a insistir. ¿Tomas anticoagulantes?

-No. Ya le he dicho que no. No estoy tomando de eso.

-Roberto, por favor. Díselo a la doctora, por favor.

-¿Qué me tienes que contar?

-Pues... que, de vez en cuando, consumo...

consumo heroína.

-Tú sabes que las drogas las adulteran, ¿verdad?

La heroína, como la mayoría de las drogas,

pasa al menos por tres manos que al adulteran,

antes de adquirirla en la calle.

¿Con qué la adulteran? Con lactosa, azúcar,

antihistamínicos, incluso, matarratas.

Y esto último es un anticoagulante.

-Bueno, como os iba diciendo,

existe la posibilidad de poner otro dedo.

-No, no. Perdona. A mi novio no le vais a poner

el dedo de ningún muerto. -No. No hablo de una donación.

Estoy hablando de un dedo tuyo.

-¿Cómo que otro dedo de mi cuerpo?

-Sí. Es posible implantar el dedo gordo del pié,

en lugar del pulgar.

-¿Estás de broma o qué? -No.

-¿Cómo me pondrán un dedo? -No.

Es una operación que se hace

desde hace muchos años y con buenos resultados.

La sustitución de un dedo amputado de la mano

por el dedo de un pié puede sonar extrañar,

pero es común. Parece un poco fuerte

cortar el dedo gordo de un pié que está sano.

Pero casi no afecta a la movilidad del paciente

y los beneficios de la operación compensan.

El primer dedo o dedo pulgar es la pieza clave

en la capacidad humana para manejar instrumentos.

Casi todas las personas a quienes se les ofrece esta opción,

suelen responder de la misma manera.

-Ah.

Pues si esa es la solución, como si me tengo que quedar cojo

del pié, a mí me da igual. -No. Cojo no te vas a quedar.

El cuerpo es muy inteligente y suele resolver

ese tipo de carencias bastante bien.

-¿Y podré usar la mano igual que antes para cortar?

-A ver. No te prometo nada. He visto recuperaciones increíbles.

Pero es difícil que todo vuelva a ser como antes.

-Te prometo que voy a luchar fuerte para recuperar la movilidad.

-Esa es la actitud.

Esa es la actitud, amigo. -¿A que sí, cari?

-Sí. Claro, claro.

-Ya. Si yo sé que esta vida que llevo,

es una mierda de vida. Sí.

Si yo lo sé. Y sé que me la estoy jugando

constantemente y que cualquier día no lo cuento.

Pero... no puedo evitarlo. No puedo.

No. Si yo lo reconozco. Yo reconozco que le he robado

a mi madre. Le he robado a mi madre el poco dinero

que se ha ganado la pobre limpiando.

Limpiando suelos y escaleras.

Le he robado a mi hermano también. También le robé.

Y ya sé que les he hecho muchísimo daño.

Lo sé. Soy consciente de ello. ¿Crees que no me doy cuenta?

Pero es que no puedo evitarlo.

Para mí, meterme un pico es...

Para mí, meterme un pico es casi como respirar.

Lo necesito casi tanto como el aire.

-¿Tienes el síndrome de abstinencia?

-No.

-O sea, que te has metido aquí en el hospital.

-Sí. Sí.

-Bueno, pues ya sabes lo que tienes que hacer.

-Dásela. Dásela, hijo.

-Cógela. Está ahí, en el bolsillo del pantalón.

-Venga. Eso, lo primero. Y lo segundo, voy a mandar

un análisis toxicológico de urgencia

para saber con qué está adulterada y, sobre todo,

si es eso lo que te provoca el problema de coagulación.

Qué pena, Roberto. Qué pena.

-Lo siento.

-Ya está. Ya está.

Ya está.

Eduardo perdió un pulgar en un accidente

y el cirujano plástico lo ha sustituido,

implantándole en la mano el dedo gordo de su propio pié.

Bien. Todavía no me creo

que me pusieran el dedo del pié en la mano.

Queda un poco raro. No me importa, porque puedo

hacer lo que me gusta, que es tener mi propia peluquería.

-Cari, no tiene dedo. -Está aquí.

-Ahora vengo, ¿vale?

Qué repelús. O sea, solo de imaginármelo,

ya me pongo mala. A mí con ese dedo no me toca. No.

-Se va a poner bien tu hermano, ya verás.

Que sí. Que lo van a curar.

-No, mamá. -Que sí, hijo. Que sí.

-Le he echado matarratas.

-¿Qué?

-Que sí. Que le he echado matarratas en la heroína, mamá.

Llevo tanto tiempo viéndote tan mal,

viéndote llorar a escondidas, que ya no sabía qué hacer.

El otro día, con la abuela,

me dijo que sería mucho mejor si se muriera para todos.

-Pero esas son cosas que se dicen en caliente.

¿Pero qué disparate me dices?

Por favor. No se lo digas a nadie, eh.

Manuel, mírame. No se lo digas a nadie, ¿vale?

Ay.

-Edu, vamos a hacer una cosa juntos, ¿vale?

Tú eres diestro, ¿no? -Sí.

-Igual que yo. Vamos a hacer un experimento.

Te pido que cortes el perímetro

de todas las figuritas con la mano izquierda.

-¿Te piensas que tengo cinco años? -Yo tengo cinco, como tú.

Así practicamos los dos y vemos qué tal nos queda.

-Venga. -¿Vale? Con actitud, eh.

Así ejercitas la izquierda para, en un futuro, cortar el pelo.

-Vale. -Qué raro se me hace esto.

Eduardo perdió un pulgar y, en su lugar, le implantaron

el dedo gordo del pié. Ahora está en observación.

Mira. He venido a cortar con Edu en persona.

No está. Yo necesito seguir con mi vida. Me tengo que ir.

Todos estos días lo he estado intentando,

pero ha sido ver el dedo y tener ganas de vomitar.

No puedo. No puedo. Voy a escribirle ya mismo.

Tengo que seguir con mi vida.

(RÍEN) -Me ha quedado mejor que la tuya.

-A ver. Edu, tú piensa que hay gente que pinta

hasta con los pies. Eso es cuestión

de ir ejercitando poco a poco y ya está.

-En dos semanitas, yo creo que lo tengo.

-De todos modos... ¿Dos semanitas? Igual, un mes y medio.

(Suena el móvil) -O dos años.

-Hay que practicar más. Pero no está mal.

-No puede ser. Joder.

La doctora Romero ya tiene los resultados

de los análisis toxicológicos de urgencia de Roberto.

Bueno, efectivamente, la droga, lo que me imaginaba,

estaba adulterada con raticida.

Y el componente principal anticoagulante es la bromadiolona.

-O sea, que me estaba enchufando matarratas.

La madre que los parió. -Efectivamente.

Vamos a poner un tratamiento que consiste en suero,

carbón activado para absorber los tóxicos que tengas.

Y también, continuamos con vitamina K.

Y, por supuesto, controles semanales.

Y dada tu adicción, pues es

recomendable derivarte a Psicología.

-Sí. Ya lo he hablado con mi madre y con hermano

y quiero salir de esta historia.

Además, doctora, esta vez me quiero desenganchar de verdad.

-Pues, Roberto, yo, tanto a ti como a tu familia,

os deseo muchísima suerte. No va a ser nada fácil,

pero, desde luego, creo que merece la pena.

A veces, no es fácil identificar que un miembro de la familia

está teniendo problemas con las drogas.

Por ejemplo, podrían ser indicadores,

el cambio de humor, el excesivo gasto de dinero,

la agresividad sin motivo aparente.

Deberíamos estar muy pendientes

de estos signos para poder identificarlos

y saber que la persona tiene un problema de drogadicción.

Si llegan a confirmar sus sospechas,

deben acudir a su médico o a centros especializados,

donde les proporcionarán la ayuda para enfrentarlo.

-Jessi. -Edu.

-Acabo de leer el mensaje. -Lo siento.

-No me puedo creer que me hayas dejado por esto.

-Ya, tío. De verdad, que no eres tú. Es tu dedo.

¿Vale? -Encima, me lo mandas por mensaje.

-Estoy aquí. ¿Qué crees que hago?

-¿Por qué no viniste y me lo dijiste en persona?

-Vine a dejarte en persona. Pero no estabas y me fui.

Tengo prisa. Tengo que seguir con mi vida.

-¿Y ya está? ¿Así? ¿Por la cara?

-Claro. Sí. Ya está. Lo siento mucho.

No puedo más. No puedo. -¿Pero qué?

-No puedo. Me supera tu dedo. Lo he intentado, pero no puedo.

¿No entiendes? No puedo. -¿Te da asco? ¿Te doy asco?

¿Eso es lo que te pasa? -Tío...

Si lo quieres ver así, como tú quieras.

-Si no te gusta el dedito, a lo mejor, te gusta este.

-¿De qué vas? ¿Sabes qué te digo?

Te vas a quedar con tu anillo.

Te lo doy ahora mismo. -Vale.

-Pues no. ¿Sabes lo que voy a hacer con él?

Voy a ir a una casa de empeño

y me saco unos duritos. No me vienen mal.

-¡Jessi!

-Doctora. -Hola, Asunción. ¿Qué tal?

-Bien. Mejor. Ahora que sé que Roberto está aquí

y está atendido, estoy tranquila. -¿Y con el doctor Mendieta?

-Estaba hablando con él para ver si me podía dejar

algunos días para poder atender a Roberto. Me ha dicho

que me puedo tomar dos días libres. -¿Dos días?

Ya. Bueno, es un proceso muy largo, Asunción. Y no sé.

No me quiero meter donde no me llaman,

pero, igual, podrías pedirle unos días más.

-Huy. Como están los trabajos, doctora,

y pensé que no me daría ninguno.

-Puedo intentar hablar con él, si quieres.

-¿Ah, sí? -Sí.

-¿Y cree que lo convencerá? -Eso ya no lo sé.

Pero lo puedo intentar. -Pensé que no me daría ninguno

y ha sido todo un detalle. -Ya. Un detalle.

Pues nada, Asunción. Te deseo muchísima suerte.

Y cualquier cosa, ya sabes dónde estoy.

-Muchísimas gracias, doctora. -Gracias a ti. Hasta luego.

-¿Qué tal, Edu?

-Pues aquí, jodido. Que me ha dejado la Jessi por esto.

-¿Te ha dejado tu novia? -Sí.

-¿Has hablado con ella? -Qué va. Me mandó un mensaje.

-¿Cómo que un mensaje? -Me dejó por mensaje.

-¿Te manda un mensaje y estás triste?

Tendrías que estar contento. Lo que te quitaste de encima.

Una chica que te deja por mensaje, no tiene valor de hablar contigo.

Bueno, además, a mí me pasó algo peor.

Una chica me dejó por fax. Por fax.

Que tuve que ir andando 500 metros

para ir a buscar el fax, encima. Imagínate.

O sea, que lo tuyo tampoco es tan grave.

-Vaya dos pringados. -Ya te digo.

¿Qué tal, Ferrer? -Bien.

-Un café, por favor.

Ah, por cierto. El olfato.

-¿Cómo el olfato? ¿Qué quieres decir?

-Lo que hablamos de los sentidos.

-Ah. -He elegido el olfato.

Sí. -¿Seguro?

-Cómo huele esto. No, el olfato no.

Mira. Te voy a decir una cosa.

Deja de hacerme esas preguntas trascendentales.

Me tienes frito y no duermo por las noches.

Hazme una pregunta fácil, de sí o no.

-A ver. ¿Quieres porras? -¿Lo ves, qué fácil es?

Sí. Quiero una porra. Sí. Cojo una, eh.

-Coge, coge.

-Es que llevo dos días con dolor de tripa, vomitando.

Y cuando vomito, es como color muy extraño, como muy oscuro.

-Los vómitos oscuros se producen cuando contienen sangre.

-¿Algún antecedente importante? -Tengo insuficiencia renal.

Y tengo una prótesis en la aorta.

-¿Cómo estás? -Bien. La doctora Ortega

me vio lo de la aorta tras el accidente.

-Lo tengo controlado. -Si necesitas algo, me dices.

-¡Ah! ¿Esto qué es?

-Estoy segura que mi hijo es anoréxico.

-A ver. Que no soy anoréxico. Son cosas de mi madre.

No le hagas caso. -Te daré pautas de alimentación.

-Por cierto, ¿cómo está la niña?

Tiene displasia pulmonar.

Está Laura ahí. No le digas nada.

¿Vamos al peso? Vale.

50 gramos. He visto que vas siempre con una botella de agua.

Algunas personas anoréxicas ingieren masivamente agua.

Bebes entre siete y ocho litros al día.

He visto a los médicos preocupados. ¿Qué pasa?

A ver, Laura. Hay un problema.

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Centro médico - 09/06/16 (1)

09 jun 2016

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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