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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 08/11/18 (1) - ver ahora
Transcripción completa

El doctor Silva estaba bastante liado.

Últimamente está muy nervioso, le cuesta hasta dormir.

¿Ah, sí? -Sí. Háblame de tú, soy Begoña.

Pepa. -Encantada, Pepa.

Bueno, pues ya le voy a decir a mi marido

que te he estado dando la brasa.

Hasta luego. Adiós.

No sé, a veces me gustaría que...

¿Qué? ¿Que te obligase a que rompieses con ella?

Pues sí, mira, algo así, sí. -Pues no lo voy a hacer.

Grítame, enfádate conmigo o algo...

Cabréate, dime cualquier burrada.

No, yo no te lo voy a poner fácil.

La decisión es tuya.

Es la primera vez que veo a un subdirector poner una denuncia

a su propia directora por considerar que se ha extralimitado

despidiendo a un colega.

Lo único que pido es que mi nombre quede en el anonimato.

Tévez me dijo que no fue Merino quien le avisó. -¿Ah, no? ¿Y quién fue?

Eso es lo que estoy intentando averiguar.

¿Tú no sabes nada de todo esto, verdad?

¿Yo? No, no tengo ni idea.

Por lo visto, el señor Tévez

estuvo hablando largo y tendido con el doctor Herrera. -¿Herrera?

Entonces la cagaste y has venido a que te perdone.

No me refería a eso... -¿Entonces a qué has venido?

Supongo que a darte ánimos,

si es que se puede dar ánimos a alguien en una situación como esta.

Pues no, no se puede dar ánimos a alguien que se va a quedar ciega.

He hablado con mi abogado y en cuanto salga, voy a hablar con los medios.

Voy a hacer lo imposible, ¿me enciende?

Lo imposible para que ninguno

de los dos vuelva a ejercer la medicina nunca más.

¿Cómo vas a creer lo que te diga un loco?

Es que no parece estar loco.

A tu padre lo enterré yo. Por favor, Ángela.

Te pido que pongas fin a esta locura.

A ver, Sebastián, quita el pañuelo.

Vamos a ver qué tenemos ahí.

Madre mía, qué trompazo te has dado, macho.

Parece una herida limpia. ¿Cómo te la hiciste?

Estaba en casa y... -Nada, que se ha desmayado.

Se lo puedo explicar yo. Muchas gracias.

¿Usted estaba allí cuando ocurrió? -Nunca.

Te puedes marchar cuando quieras.

Pero ¿cómo te voy a dejar así? No, hombre, no.

Pero... a ver. ¿Es familiar del paciente?

No, no, no... -Cuando he entrado en su casa.

Sin mi permiso.

Cuando he entrado en su casa, que también es mi casa, yo soy el casero.

Me lo he encontrado en el suelo desmayado, estaba sangrando.

Pero me estaba levantando ya.

Casi me desmayo otra vez cuando le he visto ahí e imagínese.

Que, por cierto, has entrado sin llamar.

No, he llamado con los nudillos, pero como no contestaba nadie...

Pues te esperas.

Mira, mientras yo pague religiosamente el alquiler,

sigue siendo mi casa, ¿está claro?

Sebas, la palabra no es religiosamente.

Hay meses que me paga el día 15 y yo no le he dicho nada nunca.

No, menos, no...

Bueno, lo menos, lo que tú quieras.

Oye, suerte que has tenido de que he entrado yo en la casa,

si no estarías en el suelo desangrándote.

Que me estaba levantando ya.

Bueno, ya está bien. Es suficiente.

Las cosas que tengan que arreglar las arreglan en casa y por favor,

espere mientras le atiendo.

Claro, no, por supuesto.

Si yo por eso le he traído corriendo, doctora.

Parece que te quedas en buenas manos.

Bueno, Sebastián, tranquilo, ¿eh? Vamos a limpiar,

desinfectar la herida y luego pondremos unos puntos de sutura,

¿vale?

Pero lo que me preocupa son los motivos del desmayo.

¿Ya te pasó alguna vez? -No, no, nunca.

Yo creo que ha debido ser por la lejía.

Que igual he echado demasiado en el cubo de la fregona,

y con los vapores se me ha ido un poco la cabeza, pero...

Puede ser, pero vamos a tenerte en observación unas horas, ¿vale?

Sí, una prueba de paternidad a nombre de Ángela Vega.

¿Y no me puede decir cuándo?

Mire, es que voy a pasar unos días fuera del hospital

y no quiero que lleguen los resultados

y esté el sobre por aquí dando vueltas.

Después le llamo, gracias. -¿Tan liada como siempre?

Sí, ¿y tú? -Pues... tan liado como siempre.

Me voy. -Pues siento decirte que te voy a liar un poco más.

A ver, qué pasa. - ¿Otra vez la contabilidad?

No, eso es otra guerra de tantas.

Por eso quiero que te encargues de un asunto delicado.

Claro, si puedo ayudar ya sabes que...

Quiero que te hagas cargo del tema de la demanda.

Pero a ver, Ángela... ¿Estás segura?

A ver, no es un tema delicado, es un tema muy delicado.

Ese señor ha denunciado al hospital.

¿Quién mejor que la directora...?

¿Quién mejor que el subdirector del hospital, que, por otra parte,

tiene una excelente relación con el coordinador de zona?

Seguro que tienes mano para evitar

que la imagen del centro se vea perjudicada.

¿Yo relación con Tévez?

Pero si le he visto un par de veces en plan de hola y adiós.

Va, te conozco.

Sé de lo que eres capaz entre un simple hola y un adiós.

Gracias por valorarme tanto. -¿Entonces? ¿No me vas a ayudar?

¿Es eso lo que me estás diciendo?

Lo único que digo es que el tema es lo suficientemente importante

como para que sea la directora la que lleve las riendas.

Yo, si hay problemas en contabilidad, pues bueno, te los puedo solucionar

y liberarte del marrón.

Que no, que eso es cosa mía.

Bueno, como veas. Ya ves que estoy intentando colaborar.

Además, sé que está Imanol en el hospital.

Y bueno, todo ese tema de la paternidad seguro

que te está robando mucha energía.

Te estará resultando difícil concentrarte en el trabajo, ¿no?

Eso también es cosa mía.

Pero el tema de la demanda, a partir de ahora es cosa tuya.

A ver, ¿qué se supone que tengo que hacer?

Lo dejo a tu juicio. Eso sí, haré carpetazo cuanto antes.

Esa chica no perdió la visión por culpa del hospital,

sino por culpa de un tumor.

Quiero que le quede claro a todo el mundo.

Es que fue por un tumor, no tengo ninguna duda.

Bueno, haré lo que pueda.

Gracias. Espero que eso incluya deshacerte de los periodistas

que hacen guardia en el hospital.

Alguien tiene que dar la cara. Ánimo, a por ellos.

Tengo que hacer una llamada. -Bueno, hasta luego.

Adiós. Pasadle este marrón a Herrera no tiene que ver

con que fuera él quien avisara al coordinador de zona

por el tema de Merino.

Sinceramente, creo que lo puede hacer bien... O eso espero,

porque desde arriba ya me están pidiendo que rueden cabezas...

como siempre, vamos.

A ver, Casimiro, ¿cuándo empezó el dolor?

Esta noche... Llevaba ya un par de horas en la cama.

Eran las 2:30. Gritaba tan fuerte que me ha despertado.

Qué exagerada eres. Lo de siempre.

Dolor en la espalda, me lo dijo otro médico.

Ya, a ver... Además del dolor, ¿tienes algún síntoma más?

Solo dolor, pero también de cabeza.

No es verdad. Además, te has pasado la noche medio mareado y con nauseas.

Y no digas que no, que te he oído vomitar en el baño.

Bueno, pero es por el dolor, ¿verdad, doctor?

No sé, tenemos que averiguarlo.

Escucha, has comentado que también padeces de lumbalgia...

Sí, el traumatólogo me dijo que tenía principio de artrosis, pero...

Pero explícale lo que me has dicho a mí, anda.

Esta vez el dolor igual era diferente.

Se me ha metido por aquí. Por esta zona, vale.

Voy a ver qué tal va el abdomen y me avisas si te duele, ¿de acuerdo?

A ver, vamos allá. ¿Nada? Vale... -¡Ay!

Vale, aguanta un momento.

¿Qué tiene, doctor?

No es normal que mi padre esté así por un simple dolor de espalda.

Dígale a esta pesada que no es nada grave.

A ver, para empezar el examen he visto que tienes bradicardia,

¿de acuerdo? -¿Bradi qué?

La bradicardia quiere decir

que tienes la frecuencia cardiaca más lenta de lo normal,

y también he visto la presencia de lo que llamamos una masa pulsatil

en el abdomen. -Hábleme en cristiano, que no le capto, por favor.

Sí, perdona. A ver cómo te lo explico.

He detectado como una masa en la boca del estómago

que es más dura de lo normal y que también palpita.

Eso quiere decir que tiene pulso.

Lo que voy a hacer es programar un angiotac

para descartar que haya algún problema con algún vaso sanguíneo

o alguna otra zona afectada,

¿de acuerdo? -Sí ya lo sabía yo, que me iban a encontrar algo.

No hay que venir al médico...

Papá, deja ya de quejarte...

Esto parece algo más serio que un dolor de espalda, ¿verdad, doctor?

Pues no lo sé. Tenemos que esperar a poder hacer un diagnóstico.

Para ello tenemos que hacer las pruebas, ¿vale? Voy a hacer una cosa.

Voy a ver si encuentro un hueco

y empezamos con las pruebas cuanto antes, ¿vale? -Vale.

Venga, hasta ahora. -Gracias.

Hay que fastidiarse. Yo aquí y mientras la carpintería cerrada.

Que no he acabado el pedido... -¿El mueble rinconero?

Había quedado mañana con el cliente para enseñarle varios diseños.

¿Y qué pasa conmigo? ¿Soy invisible o qué?

No es eso, mujer... Pero ya sabes que los rinconeros son muy puñeteros.

Con ese cliente, más todavía. -Esta noche me pongo.

Esta noche nos ponemos.

No, me pongo yo.

Tú, hasta que no sepamos qué tienes, no pones un pie en la carpintería.

¿Has llamado a tu hermana? -No...

Bien, bien. Esto no va a ser nada. Para qué asustarla.

Sí, claro.

Un año llevo trabajando con él en el taller. ¡Un año! Vale...

Empecé a ir porque no quería estudiar y tampoco sabía qué hacer,

pero es que me he dado cuenta de que la carpintería era mi vida.

Me encanta ver cómo mi padre trabaja la madera,

cómo usa las herramientas, las manos.

No sé, me siento cómoda. Además... lo sé todo sobre ese taller.

Podría llevarlo casi con los ojos cerrados.

Pero no, mi padre no quiere.

Bueno, pues esto ya está, Sebastián. -Gracias, doctora.

Es importante que controlemos

los síntomas las horas posteriores al traumatismo.

Puede que sientas nauseas, vómitos, dolor de cabeza,

somnolencia justificada. -Vale, lo tendré en cuenta.

Tu caso no parece grave, ¿vale? No te preocupes.

Pero bueno, está bien que conozcas los síntomas porque, por ejemplo,

si hubiese alguna lesión neurológica, que no lo parece,

podrías notar visión borrosa, doble,

fotofobia e incluso cambios de humor repentinos.

No creo que sea para tanto, si ya casi no me duele.

Ya bueno, eso es buena señal, pero no podemos olvidar, Sebastián,

que el golpe vino después de un desmayo.

Ya, bueno, pero eso fue por lo de la lejía, ya le dije.

En tu historial médico dice que eres fumador. -Casi dos cajetillas al día.

Ya... ¿Eres consciente de lo perjudicial que es el tabaco?

Claro, claro que soy consciente, pero... solo entre cigarro y cigarro.

Es que además tienes sobrepeso, Sebastián.

Entonces, si juntamos el exceso de kilos, con el tabaco,

es una bomba demoledora para la salud.

Ya, no, si... Trato de controlarme, pero es que la ansiedad me puede,

y además... El curro tampoco es que ayude.

¿En qué trabajas? -No, ese es el problema,

que no tengo trabajo y no tengo ingresos,

y me estoy puliendo los ahorros en tabaco y bolsas de patatas.

Pues estupendo...

Trato de cuidarme, pero es que cuando no es una cosa, es otra.

Bueno, está bien.

Vamos por partes, ¿sí? Ahora vamos a hacer algunas pruebas

para descartar las posibles causas del desmayo. -Suena superdivertido.

Te envío ahora a una enfermera para que te haga un electrocardiograma

y te tome una muestra de sangre para una analítica.

¿Qué tal? ¿Cómo va ese paciente? ¿Ya me lo ha cosido, doctora?

No hace falta que esperes, ¿vale? Si estoy bien.

Si tenemos que ir al mismo sitio.

Yo te espero, hombre,

y así te voy poniendo al corriente de las novedades.

¿Qué novedades? -Por favor, espere fuera.

Sí, si es un segundito, nada más.

Por eso llamé esta mañana a tu puerta, pero luego,

con todo el lío de la sangre, me dio cosa contártelo.

Sebas, te notifico que tienes 30 días para dejar mi piso.

Y yo le digo que, o se va, o llamo a seguridad.

Sí, que va a ser un segundo, de verdad.

Tío, que no me voy a marchar.

No me voy a marchar porque me queda por lo menos un año en el contrato.

Sí, sí. Yo también me lo he leído, te queda un año,

pero me he estado informando, y si es por causa de fuerza mayor,

puedo rescindir el contrato.

Pero ¿qué fuerza mayor? -Mi hijo, que viene de Inglaterra.

Estaba estudiando allí y le ha salido un trabajo,

y necesitamos el piso para que se instale.

Pero eso no puede ser...

¿Y dónde me meto yo ahora tal y cómo están los pisos de alquiler?

No lo sé, Sebas. ¿Algún amigo tendrás que te pueda echar un cable, no?

No, no conozco a nadie.

Yo no soy mala persona.

Bueno, la verdad es que mi hijo vive en Valencia y, que yo sepa,

no tiene ninguna intención de mudarse aquí.

Aquí lo que sucede es que me han venido unos tipos americanos

de un fondo de inversión

o no sé de dónde puñetas que me sueltan 290 000 euros por el piso.

Se dice rápido. Es que son casi 50 millones de pesetas.

Pero claro, lo quieren sin bicho.

Si el piso no tiene ninguna carga legal, me aguantan la oferta

hasta final de mes.

Y aquí la única carga que hay es Sebas, así que...

Yo, de verdad, lo siento mucho, pero... Bye, bye, Sebas.

Hello, americanos.

Avisado quedas.

Cuando llegues a casa, verás

que te he dejado la notificación en el buzón. Doctora, sí, ya me voy.

Perdóneme si la he molestado.

Es esto lo que tiene no cogerme el teléfono en semanas,

que al final te tengo que comunicar las cosas donde no procede.

Ya me voy. 30 días.

En fin... Bueno, Sebastián, pues eso.

¿Sabes por dónde andaba Laura?

Creo que esta semana andaba por Europa.

Qué bien. -Ese tonito, Cristina.

No está de paseo, precisamente.

Tu hermana es una Correa de las que no hay.

Vale.

Además, es lo que tiene ser jefa, la han subido el sueldo.

Mira, por mí se puede meter el dinero donde le quepa, ¿vale?

Total, es lo único que le importe.

Eso y que se note que manda.

Hola, Casimiro, ¿cómo estás?

Eso dígamelo usted si tiene ya los resultados.

Sí, sí los tengo. A ver, no son buenas noticias, ¿de acuerdo?

Hemos detectado una aneurisma de aorta infrarenal.

¿Qué es una...?

Una aneurisma es un ensanchamiento de una vena o una arteria.

En tu caso se trata de la arteria aorta.

Ciática, ¿no?

No, no tiene nada que ver con la ciática.

Es fundamental que evitemos que la aneurisma rompa la arteria,

porque eso daría pie a una hemorragia interna.

Así que tengo que decirte que tendrás que quedarte ingresado

y tendrás que pasar por quirófano, ¿vale?

Madre mía. Y dígame, doctor, y no me engañe... ¿La gente se muere de esto?

A ver, Casimiro, existen riesgos.

Pero lo hemos cogido a tiempo, así que estate tranquilo.

Además, el equipo de cirugía del hospital es magnífico,

así que no te preocupes.

Hija, tienes que llamar a Laura.

Papá, que no te vas a morir. ¿Verdad que no, doctor?

Hombre, la intención que tengo es... evitarlo, por supuesto.

Lo que está claro es que nosotros tenemos que seguir unos pasos

y tú tienes que seguir otros para conseguir que esto salga bien,

¿de acuerdo?

Está claro que esto va para largo

y hay muchos flecos para arreglar con la carpintería.

Las libretas con los pedidos y con todo.

Papá, que si quieres me encargo yo de...

Que no. Que tiene que venirse Laura y que se encargue ella.

Bueno, os dejo a solas.

En cuanto esté listo el quirófano para intervenirte, te aviso, ¿vale?

Perfecto. -Venga, ánimo.

Andrés... -Ey. ¿Cómo estás?

Pues estoy, que no es poco.

Ya he visto a los periodistas en la entrada.

Tengo la sensación de que están por todas partes.

Bueno, es que es la noticia del día, pero si te sirve de algo,

en mi antiguo hospital vivimos algo así

y al final se fueron a buscar carroña a otro lado.

Pues... eso espero.

No lo había pasado tan mal en toda mi carrera, de verdad.

Muchas gracias por animarme, te lo agradezco.

Bueno, hay que ser positivos.

Por lo menos esta crisis está ayudando a superar otra.

Me refiero a Begoña.

Pepa, lo siento. Es que últimamente no pienso...

No, no, no. De verdad, nada de disculpas.

Discúlpame tú a mí, de hecho. Ha sonado a reproche pero no lo era.

No te sientas culpable. Sigues teniendo mi apoyo y mi cariño.

Muchas gracias. Ven aquí.

Espera, Andrés.

No quiero confundirte.

Quiero decir que... a partir de ahora, por mucho que me cueste...

Solo me vas a tener como amiga, pero solo eso. -Claro.

Suerte con los periodistas. -Gracias.

Papá, ya me ocupo yo de todo, de los clientes, de los diseños. Mira.

Precisamente tengo estas propuestas.

¿Qué te parecen?

Te falta mucho oficio.

La estantería que pintaste de rojo la otra vez está más torcida

que la torre de Pisa y la mecedora tenía un balance irregular.

Ya te lo expliqué. Lo hice a propósito.

Era un diseño inspirado en “Lawhouse”. -¿Qué es eso?

Más bien parecía que estaba inspirado en la casa de los horrores.

Era moderna.

Mi carpintería es de barrio, ¿te enteras?

No una gran superficie de esas en las que te venden hasta croquetas.

Vale, era un churro de mecedora, pero era la primera.

Déjame que me ponga con otra y ya verás.

Que no. Quiero que te pongas a estudiar.

Vas a perder la oportunidad de ser alguien en la vida.

Mira a tu hermana Laura qué bien le va. -¿En serio? ¿Laura?

Mira, no quiero ser como Laura, ¿vale? ¿Te enteras?

No quiero ser como ella, punto.

Mira, papá, me voy a la cafetería a tomar algo y ahora vengo, ¿vale?

Cristina es una crack estudiando.

De sobresaliente. Pero lo que tiene de lista lo tiene de cabezota.

Se empeñó que no quería seguir estudiando y erre que erre,

que no era lo suyo.

Entonces... la pongo a trabajar en la carpintería

para que vea lo duro que es currar mucho y cobrar poco

y va y me suelta que la encanta y que la carpintería es su vida...

La leche. Yo creo que lo dice por orgullo. Su madre era igual.

Por eso no le hago ni caso.

Hola, Javier. Soy Cristina, de Carpintería Casimiro.

Vale. Vale, entonces quedamos en que es azul.

Sí, si ya le dijo mi padre,

que le iba a mandar unos diseños para la rinconera, ¿no?

Hola, Carmen. Soy Cristina. Sí. Perfecto, entonces trato hecho.

Venga, muchas gracias.

Adiós. Ahora le paso el presupuesto, sí. Adiós.

¿Qué tal, Sebastián? -Bien.

¿Pudiste descansar algo? -Bueno, más o menos.

La verdad es que, si mi casero pretendía ponerme nervioso

con lo del piso... lo ha logrado.

Estoy un poco mareado.

Bueno, yo te traigo buenas noticias.

Traigo los resultados y está todo bien.

Bueno, por fin buenas noticias. -¿Estás bien?

Sí, sí, sí. Estoy bien, estoy bien. Estoy bien, vale.

¿Esto es la primera vez que te pasa?

Bueno, antes he vomitado un poco, pero no...

Ya, Sebastián, échate.

Te voy a mantener esta noche en observación, ¿vale?

Esos vómitos después de un traumatismo craneoencefálico

hay que evitarlos. -¿De verdad que hace falta? Sí.

Es que no quiero volver a casa mañana

y encontrarme con que Fernando ya ha metido todas mis cosas ya en cajas.

Bueno, no te preocupes. No creo que se atreva.

Además, parecía más interesado

en que el piso estuviese libre el mes que viene.

Con la de casa que tiene... ¿Y tiene que meter a su hijo justo en la mía?

Ya... -¿Y ahora qué hago yo? ¿Dónde me meto, debajo de un puente?

Es terrible lo que está pasando con los alquileres.

Es que no me van a alquilar ni una habitación.

Si por lo menos tuviese un trabajo estable... pero es que ni eso.

Doctora, por favor, déjeme salir aunque se para dar un par de caladas.

Si es que al final me va a matar el ansia.

Y para comer, una bolsa de patatas fritas.

Lo que tienes que hacer es dejar de fumar.

Así mejorarás en salud y podrás ahorrar para buscarte otro piso.

Si es que lo hago todo mal. Fumo como un carretero, como fatal...

Nunca tengo un duro.

A ver, Sebastián, míralo por el lado bueno.

Tú piensa que después de lo sano que vas a cenar esta noche,

mañana vas a echar de menos esas bolsas de patatas fritas.

Ya. Y al menos duermo una noche más bajo techo, ¿no?

Nosotros, como médicos, nos pasamos todo el día advirtiendo

de lo perjudicial que es fumar y no llevar una dieta saludable.

Hay que reconocer que hay personajes como este tal Fernando,

que son igual o más nocivos.

Sobre todo para alguien que anda justo de dinero

y que necesita una vivienda digna.

¿A quién se le ocurre?

¿A quién se le ocurre entrar en urgencias y echar a la calle

a mi paciente, cuando está siendo atendido?

A él sí que tendrían que atenderlo... en psiquiatría.

¿Has conseguido contactar con tu hermana?

Tiene el móvil apagado. -Qué raro. A estas horas está trabajando.

Pues estará en el metro, yo qué sé. -Anda, déjame tu móvil.

No, hombre, no, tranquilo.

Ya lo intento yo luego otra vez,

que tú ya tienes bastante con lo tuyo.

Pero es para que se ponga cuanto antes con lo de los pedidos y eso.

Ah, papá, por cierto, hablando de pedidos. Tengo que contarte una cosa.

Hablamos luego, me va a estallar la cabeza.

Hola, Casimiro, ¿cómo te encuentras? ¿Mejor?

Me duele muchísimo la cabeza.

¿Cuándo van a operarme? -Pues justo para eso venía.

Tengo que decirte que tenemos que aplazar la operación.

¿Cómo?

He hablado con la enfermera y me ha dado las cifras de tu tensión

y está bastante alta, ¿de acuerdo?

Así que no puedes entrar en quirófano aún,

tenemos que esperar a estabilizarte. -Vaya tela. ¿Y cuánto van a tardar?

Si todo va bien, alrededor de un par de horas,

yo creo, pero tenemos que ir viéndolo.

Bien, si antes no me estalla la cabeza.

¿No puedes darme algo para el dolor? -Sí, sí.

Te podemos dar analgésicos, que en principio te van a calmar.

Bueno, y también podemos cruzar los dedos

para que te baje la tensión lo antes posible.

Pues mira, hazle caso. Es un buen consejo. Voy a avisar a la enfermera.

Hasta ahora. -Gracias.

El diagnóstico de aneurisma de aorta abdominal es, de por sí, una losa.

Hay que operar cuanto antes,

y el cirujano encargado tiene una gran responsabilidad,

ya que cualquier fallo o complicación que surja en la operación

puede ser fatal para el paciente.

Además, presenta dolor de cabeza que es muy grave, en estos casos.

Yo, sinceramente, espero que no sea el caso de Casimiro.

Ángela. Creí que no ibas a pasar a verme más.

He estado muy liada.

Vengo a informarte sobre las sesiones programadas de quimioterapia.

Son solamente una guía.

Muchas veces hay que adaptarlas al estado de cada paciente.

Parece una forma suave de decir que me va a dejar para el arrastre.

Bueno, cada persona es un mundo. Habrá que ver cuál es tu reacción.

Oye, ¿y por qué me hablas así? De pronto has cambiado el trato.

Es el trato adecuado ante un médico y su paciente, ¿no?

Pero yo creía...

que ya teníamos una relación distinta de médico y paciente.

Y yo creía que habías sido honesto conmigo.

¿Cómo? Pues claro que he sido honesto.

¿En todo? -¿A qué te refieres?

La pregunta es muy sencilla. ¿Has sido honesto conmigo en todo?

Dime de una persona que se pueda decir de ella

que ha sido honesto en todo. En todo. -Mira, ya está bien.

Dejemos este juego, ¿eh? -Pero Ángela, espera.

Yo soy culpable de muchas cosas, de un montón de cosas,

pero desde que he vuelto, siempre te he dicho la verdad.

Siempre. -Ya.

Pero bueno, ¿qué pasa? ¿Alguien te ha hablado? ¿Te han contado algo de mí?

Sí. Una persona muy cercana me ha dicho que desconfíe de ti

y que hay razones de peso para hacer lo que estás haciendo.

Pero ¿el qué? Dímelo.

Si no me lo dices, no tengo posibilidad de defenderme.

No, porque sé lo que me vas a contestar, Imanol.

Sé que lo vas a negar todo.

Vaya, pues perdona.

Entonces para qué vienes a decírmelo

si has decidido de antemano que no me vas a creer.

Para que me lo contaras tú. Adiós, me voy unos días del hospital.

Espero que te siente bien el tratamiento.

Nos vemos a mi vuelta.

Pero ¡Ángela! ¡Ángela!

¿Nos sentamos? - No hace falta... Venga.

¿Cómo están mis dos cirujanos favoritos?

A ver cuándo me traen una apéndice para que me hagan un llavero.

Ya estaba limpio, pero bueno. ¿Qué les pongo? -Un café.

Para mí nada, gracias. -¿Seguro que no vas a tomar nada?

Seguro. Y tampoco me apetece mucho hablar contigo, la verdad.

¿Entonces qué haces aquí?

Cumplir órdenes del subdirector, de mi jefe.

Está bien. El asunto es que yo también cumplo órdenes.

Vega me ha pedido que me ocupe de todo el tema de la demanda.

¿Tú? -Sí.

Pero si formas parte del equipo médico demandado.

Eres parte del problema.

Ella piensa que también tengo que ser parte de la solución.

Ya. ¿Y cuál es la estrategia para sacarnos de este embrollo,

si se puede saber?

A mí lo único que me importa es la imagen del hospital.

Ya... Y a los médicos que nos den, ¿no? ¿Esa es la estrategia, Matías?

¿Echarme a los pies de los caballos?

¿Y qué quieres que haga? Vega me ha puesto entre la espada y la pared.

Si tienes algún problema, ve a quejarte a ella.

Eso es lo que esperas tanto tú como ella. Que os dé una excusa.

¿Una excusa para qué? -No soy tan ingenuo, Matías, ya no.

Sé perfectamente lo que ella pretende poniéndote a ti

al frente de todo esto y también sé lo que quieres tú.

Que el pez grande se coma al pez chico, ¿no es eso? -No te sigo.

Vega se lava las manos haciendo que tú te comas este marrón, y tú,

en el fondo, haces lo mismo conmigo.

Queréis que yo me acabe comiendo toda esta historia.

¿O acaso te crees que no sé que quieren que rueden cabezas?

No digas tonterías.

Si estoy aquí y ahora hablando contigo es justamente

por lo contrario.

Me conoces de sobra.

Sabes que yo por los despachos

me muevo como un elefante en una cacharrería.

Lo siento, pero esta vez no pienso pringar.

Aquí nadie va a pringar.

¿No? ¿Puedes prometerme que está en tu mano que nadie acabe despedido?

Prométemelo y aquí tú y yo ahora mismo planeamos la estrategia

que te dé la gana.

Andrés, joder. Yo qué sé cómo va a acabar esto.

Pues ese es el problema, que yo sí que lo sé

y no pienso ayudarte esta vez, amigo. Toma, Rafa, cóbrate. -1,50.

Quédate con el cambio. -Gracias. ¡Bote!

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Centro médico - 08/11/18 (1)

08 nov 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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  1. Jaime

    El capítulo porque no lo ponen completo

    08 nov 2018