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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 08/06/17 (1) - ver ahora
Transcripción completa

-Verás, estamos buscando nuevas inversiones.

-Eh..., Gladis, tienes un soplo sistólico ligero,

en borde external izquierdo, que podría ser patológico.

-Sí, pero eso ya me lo dijo el doctor Cabrera.

Lo recuerdo porque me dijo que era como una turbulencia

en la sangre. Y a turbulenta no me gana nadie.

-¿A qué te dedicas? -A lo que puedo, pues.

Limpiando, cuido ancianitos...

Este... Les preparo la comida, les baño...

Les doy plática. Les doy cariño, pues.

-¿Haces deporte? -No, deporte no.

Pero bailo, me encanta bailar.

Digo, si no me divierto, para qué tanto trabajar, ¿no?

-Es verdad. Bueno, Gladis. Pues a ver...

Te voy a hacer una analítica... -Ajá...

-Un electro y un electrocardiograma. ¿De acuerdo?

-Todo eso ya me lo hizo el doctor Cabrera. Y mi buena lana me costó.

-Eh... Bueno, aquí, te voy a repetir las pruebas. ¿De acuerdo?

Pero, desde luego, no te voy a cobrar.

-OK.

-Pocas veces un síncope está relacionado con el esfuerzo.

Cuando esto ocurre, puede deberse a un problema estructural del corazón,

a una arritmia o por hipotensión.

Por eso, lo preocupante no es el síncope,

sino la enfermedad que lo puede haber provocado.

La cardióloga Diana Ortega manda hacerle una radiografía de tórax

a Gladis Yareli, para averiguar si existe alguna anomalía cardiaca,

relacionada con el síncope que ha sufrido,

relacionado con el esfuerzo.

No tengo ni idea de cómo se han podido enterar.

Es extraño, sí.

Hola. ¿Pasa algo? -Sí.

Bueno, como sabes, la comisión gestora tiene problemas de liquidez,

y estábamos intentando solucionarlo,

antes de que las noticias llegasen a la Coordinación de Zona.

Pero, no sabemos cómo, se han enterado.

¿Sabéis de alguien que pueda estar en contacto directo

con el coordinador? Nosotros no tenemos ni idea, no.

-Bueno, a lo mejor el coordinador tiene acceso por otro lado

a las cuentas de los centros. -No creo.

En principio, esos resultados se publican semestralmente.

Y nosotros queríamos arreglarlo antes de esa fecha.

Pero no hemos llegado a tiempo.

Mañana tenemos una reunión con él, a ver qué pasa.

Pues a ver qué os dice.

Busca

Perdón, ¿eh?

Sí. Eh... Bueno. Tengo ya los resultados que esperaba.

Que... Venga. Hasta luego.

-Sí. Se confirma. Es una hipertrofia severa en el ventrículo izquierdo.

Vale.

Gladis, esto quiere decir que el lado izquierdo de tu corazón

está más engrosado.

Tienes que evitar cualquier tipo de ejercicio extenuante.

-Ya dije que no hago deporte, pues.

-Ya. Pero yo me refiero a cualquier tipo de actividad,

como, por ejemplo... -Lavar o cuidar ancianitos.

-Efectivamente. -O bailar.

-Mucho me temo que sí. -¿Ni siquiera una bachatita lenta?

-Lo siento, pero tu corazón no soporta los sobreesfuerzos.

Tienes riesgo de sufrir muerte súbita.

Dame. Un segundo. -Gracias.

-Ya está. -¿Y el doctor Cabrera?

Discúlpeme. No me lo tome a mal. Pero sé que él me entenderá.

-Ahora le aviso. Tranquila. -Yo siempre miro la vida de frente.

Y le echo ganas e ilusión a lo que se me ponga por delante.

Pero, ¿qué tipo de trabajo me voy a buscar yo ahorita,

que sea tranquilo y sin esfuerzo?

Que se me hace que de abogada no la voy a colar.

-Bueno, cari, ya te he dicho que perdón, ¿no?

-Perdón. -Mm.

-¿Perdón va con acento o sin acento? ¿O se dice tilde, Pablo?

-Bueno, qué..., qué más da.

Si ya te conoce media España, ya sabe todo el mundo cómo hablas.

-Mira, no entiendo cómo me has podido corregir delante de todo el mundo.

Oye, mira. Ya nos puede ir bien, ¿eh?

Porque quiero que nos llamen para la segunda parte del programa.

La de los tres meses después de la boda.

-Pues a mí tres meses me parece demasiado ya, ¿eh?

-Pues tú a lo mejor estás forrado, pero yo necesito la pasta.

-Ah, qué bonito, qué bonito. O sea, que solo me quieres por el dinero.

-Pero, ¿y cómo te voy a querer, Pablo? Si no nos conocemos de nada.

-Hola. -Hola.

Bueno, tengo ya los resultados.

Y la radiografía descarta que el hueso esté afectado,

y tampoco hemos visto restos del aguijón.

Pero en la analítica, lo que sí hemos visto es que tienes infección

y también necrosis de los tejidos blandos

que tendremos que retirar en quirófano. ¿Vale?

Por tanto, te quedas ingresado, y te vamos a poner un tratamiento

a base de analgésicos y antibióticos intravenosos. ¿De acuerdo?

-Pues tú si quieres aprovecha y vete a casa, a darte una duchita o algo.

Es que tiene que estar cansada, con todo el...

-No, no, no, no, no. Yo en lo bueno y en lo malo,

en la salud y en la enfermedad.

-Ah... -Ya. Bueno, pues nada.

Voy a ir preparando todo. ¿M? -Vale. Gracias.

-Eh... Gladis, siento decirte que el problema que tienes en el corazón

es genético.

Es decir, tus familiares directos se deberían hacer un estudio,

con un electrocardiograma y un ecocardiograma si procede.

Porque la mayoría de los pacientes con esta patología, pues bueno,

no tienen síntomas durante toda su vida,

pero tienen riesgo de sufrir muerte súbita.

-¿Y tus familiares directos, Gladis? -Pues no tengo hijos, pues.

Pero mi mamá y mi hermana viven en México. Yo les digo.

Mmm... ¿Y esto no tiene cura? -Eh... No, Gladis.

Te voy a poner un tratamiento con betabloqueantes orales,

que facilitan la relajación del músculo cardiaco,

previenen las complicaciones

y ayudan a reducir el riesgo de muerte súbita. ¿Vale?

Estate tranquila. Si no funcionan, entonces sí tendríamos que operar.

-¡No, Dios!

-Bueno, tranquila.

Si los fármacos funcionan, puedes tener casi la misma calidad de vida.

-Mm, ¿casi la misma calidad de vida sin trabajar y sin bailar, señorita?

Le aseguro que la calidad de vida así baja mucho.

-Bueno, bueno, Gladis. La verdad es que sí.

Te varía un poco la calidad de vida, pero bueno.

Tú eres una chica muy resuelta, ¿no? -Mm...

-Yo estoy seguro que encontrarás trabajo cuanto antes.

Y respecto al baile, no te preocupes.

Mira, la próxima vez que quedemos, te voy a preparar un CD,

con unas buenas salsas bien bonitas,

y una musiquita bien marcadita con letra. ¿Vale?

-¿Ve? Le dije que me entendería.

-Espero que la próxima vez que os veáis, sea aquí.

Y conmigo delante. -Mm...

-No en ese consultorio.

-Ortega...

Vente, que es que quería hablar contigo.

A ver, eh... Es que creo que te has llevado una impresión equivocada,

y por eso quería aclararlo. -Ah, ¿sí?

¿Me he llevado una impresión equivocada?

¿Es mentira lo que me ha dicho Gladis?

-¿Qué?

-¿No es verdad que cobráis a los pacientes, en el consultorio ese?

-Yo no he cobrado un dólar. -Pero, ¿cobran a los pacientes?

Vamos. Es que me parece increíble, por favor.

-Mira, vamos a dejarlo y ya luego cuando estés más tranquila.

¿De acuerdo?

-No, no voy a estar más tranquila con este tema, Cabrera.

Porque cobrar a quienes no tienen nada,

en vez de ayudarles a legalizar la situación,

me parece mezquino. Además de ilegal.

Para eliminar la infección de Pablo Láinez

en su tobillo derecho, un cirujano drena el material purulento,

y elimina el tejido necrótico en torno a la herida

que le causó la raya.

La única forma de que la piel se vuelva a regenerar

es quitar el tejido muerto. A esto se le llama desbridamiento.

Lo que pasa es que, en el caso de Pablo,

lo que hemos hecho es dejar expuestos al aire,

tanto el tendón de Aquiles, como la parte posterior de la tibia.

Así que tenemos que tener especial cuidado

para que la infección no vuelva.

-Bueno, a ver ahora qué nos dicen de Pablo, ¿eh?

Que es que vaya susto nos está dando a todos.

-Hola. Perdona, ¿esa cámara? -No, no, eh...

Es del programa en el que Pablo y yo nos casamos.

Que es que han pedido permiso al hospital y todo.

-¿Seguro? -Sí, sí, está todo bien.

Es que tenemos un susto en el cuerpo que madre mía.

-Ya. Bueno, a ver, Pablo está bien.

Lo que hemos hecho es unos cultivos de los tejidos,

bueno, pues para saber qué bacteria está provocando la infección.

Eso por un lado.

Entonces, como los resultados los tengo dentro de unos días,

le vamos a dejar en observación, con un tratamiento,

bueno, pues con un antibiótico de amplio espectro,

y vemos cómo evoluciona la herida. ¿Vale?

Así que tranquila. ¿De acuerdo?

-Avise al doctor Álex Cabrera. -Un momentito, sí.

-Señorita, es importante. -Vale.

Doctor. Cabrera, por favor. -¿Qué pasa?

Eh... Gracias, Nuria. Ya me encargo yo.

-Vale. -Muchas gracias.

¿Tú qué haces aquí, compadre? -Eso mismo me pregunto yo, Álex.

-Ssss... Ey, ey, tranquilo. Baja la voz. Lo primero.

¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí?

-¿Qué haces haciéndole pruebas a mis pacientes?

-¿Tus pacientes?

-Van a mi consultorio, son mis pacientes.

-Olson, a ver. No son tus pacientes. Simplemente son pacientes.

-Esto es mi negocio, mi hermano. Y estoy perdiendo dinero.

-¡Baja la voz! -¡Las cosas no son así, Álex!

¡No son así!

Conozco a Álex Cabrera desde que vivíamos en la Habana.

Cuando él lo decidió, se vino para acá.

A mí fue el primero que llamó.

Los dos nos hemos tirado un cabo cada vez que lo hemos necesitado.

Pero ahora parece que a él se le olvida,

y quiere darme lecciones de moral. Y yo no estoy pa' eso.

-Hola. ¿Algún problema? -Eh... No, no. No pasa nada, Ortega.

Ya está. Ya está todo aclarado. -Vale.

Este no es lugar para discutir. -Ya.

-Estamos en un hospital, por favor. -Ya, ya.

-No necesito que ninguna muchachita venga a decirme dónde estoy.

-Olson.

-Pues mira, igual, si no te comportas,

sí que necesitas que te lo digan, sí.

Perdona, voy a tener que avisar a seguridad.

-Eh... Ortega, mira, él es Olson, él es el gestor de...

Del consultorio que ya te hablé. -¡Anda!

-Y el que manda en todo. ¿No es así, Álex?

-O sea, ¿que tú eres el que se aprovecha de toda esa pobre gente?

-Ey, ey, ey, ey, ey. Yo hago mi trabajo, y ellos pagan.

¡No vengas a darme el berro, guapa! -Ch, ch, ch, Olson.

-No sé qué es el berro.

Pero sé que eso que estáis haciendo es ilegal.

-¿Es tu jevita? -Olson, mira.

-No soy su jevita. Por favor, un poco de respeto.

Soy la doctora Ortega. -Olson, mejor que te vayas. Vamos.

-No, no. Yo de aquí no me voy. Yo me voy de aquí...

-Ch, ey. -Cuando me dé la gana.

-Tranquilo. Olson, ¿estás bien? Eh. Eh. Vente para allá.

-Vale. Silla de ruedas, por favor. -Eh, eh. ¿Escuchas? Olson.

-Cuéntame, ¿qué te pasa? ¿Qué notas? -Tengo un dolor en el pecho.

Me coge los brazos y... -Te coge los brazos.

-Y el cuello. -Vale, por favor. A Reanimación.

Rápido. Vamos a sentarlo.

-Según una encuesta realizada por la Fundación Británica del Corazón,

ocho de cada diez pacientes que sobreviven a un infarto cardiaco

aseguran que no sabían que estaban pasando uno.

Y confundieron sus síntomas con los de una indigestión.

-¿Despejándote? Un poco. No dejo de darle vueltas.

Ya. Es por lo que nos ha dicho Pepa, ¿no?

Natalia, deberías confesar tu contacto con el holding.

Tal vez han sido ellos los que han pasado la información al coordinador

¿Tú sabías algo? -¡Pero que no!

Y aparte, ¿por qué han sido ellos? Pueden ser otras personas.

¿Y quién si no? Pues no lo sé. No lo sé.

Deberíamos decirles que hemos sido nosotros

los que hemos pasado la información,

pero que lo hemos hecho por el bien del hospital,

no por lo contrario. -Vamos a ver, cariño.

Ahora mismo, están buscando un responsable. ¿Eh?

Y yo creo que no es momento para contar nada.

Vamos a darles tiempo.

Y yo creo que, cuanto antes confesemos, mejor será.

Bueno, Olson, te comentamos.

Tienes la frecuencia cardiaca y la presión arterial altas.

Y la saturación en oxígeno, baja.

-Además, el electro indica que hay un posible infarto

en la cara inferior del corazón.

Voy a pedir una analítica con enzimas cardiacas para confirmarlo.

¿De acuerdo? Mar...

Eh... Necesito una analítica.

Y, mientras esperamos los resultados, que le pongas nitroglicerina,

morfina intravenosa, antiagregante oral y mascarilla con oxígeno,

por favor. Gracias.

-Doctora, muchas gracias.

-Reaccionar de inmediato a la primera señal de ataque cardiaco

puede salvarles la vida.

Señales como: presión o dolor fuerte en el pecho que irradia hacia brazo,

cuello o espalda.

Dificultad al respirar, sudoración, cansancio sin motivo aparente,

náuseas, y molestias similares a las de una indigestión.

Unos días después de la intervención en la que le retiraron

el tejido infectado de la herida del tobillo,

Pablo Láinez sigue sintiéndose mal.

Bueno, en principio, no tiene buen aspecto la herida, ¿eh?

Sigue segregando material purulento.

Voy a avisar a la doctora. -Gracias.

Perdona, majete, ¿os podéis ir, eh?

Que creo que ya hemos tenido suficiente por hoy, ¿no?

Es que no me encuentro bien. -Eh... A ver, es normal,

es una situación delicada, pero yo ahora mismo salgo

y os cuento todo, ¿eh?

-Mira, y tú si quieres, te puedes ir detrás de ellos, ¿eh?

Que parece que estás más pendiente del cámara que de mí.

-Pero, ¿por qué te pones tan estúpido conmigo?

Oye, Pablo, aquí los dos somos lo que somos, ¿eh?

No me eches a mí la culpa de todo y vengas de maridito digno.

-Mira, que te pires, ¿eh? Que me dejes en paz ya.

-Hola. -Hola.

-A ver...

A ver, tengo ya los resultados de los cultivos.

Y sabemos qué bacteria está provocando la infección que tienes,

que es el Estreptococo Piyogenes. ¿Vale?

Entonces, déjame un segundo. Gira, gira la...

Efectivamente, como me ha dicho Pepa. Mm. No evoluciona bien.

A ver, no podemos seguir solamente con fármacos. ¿Vale?

Por tanto, lo que vamos a hacer es operar de nuevo.

¿Silvia? ¿Todo bien?

-Se ha acabado.

La analítica confirma que Olson Ramírez,

el gestor del consultorio en el que colabora el residente Álex Cabrera,

ha sufrido un infarto de miocardio.

Y está siendo intervenido en la sala de hemodinámica

para hacerle un cateterismo.

Un cateterismo cardiaco consiste en introducir un catéter

hasta el corazón, para valorar el estado

y el funcionamiento de las arterias coronarias.

Al hacérselo a Olson, hemos descubierto un trombo,

que está obstruyendo una de estas arterias.

Debido a las características del trombo,

hemos optado por aspirarlo, usando el mismo cateterismo.

En lugar de aplicar un stent, que es el procedimiento más habitual.

Y consiste en aplicar una especie de muelle

que mantiene abierta la arteria.

-Enhorabuena, doctora.

La aspiración del trombo de Olson ha sido la mejor opción.

Es usted una gran profesional.

-Eh... ¿Qué era eso que ha dicho Olson, que él mandaba en todo?

Me ha parecido una amenaza. -¿Olson? No, nada. No le haga caso.

Es una larga historia. Nada. No le haga caso.

-Mira, no sé qué te traes con este tipo, pero me da muy mala espina.

¿Vas a seguir trabajando en ese consultorio?

-Vamos a ver, Ortega, de verdad. No quiero ser antipático, ¿eh?

Pero sinceramente, esto no es asunto tuyo.

Déjalo, este no es tu business. -Te estás equivocando.

Te la estás jugando, Cabrera.

Le puedo decir a Landó que le mentiste,

porque ese consultorio no tiene los papeles en regla.

Es algo muy grave.

Si sigues trabajando allí, te voy a tener que denunciar.

El cirujano plástico retira tejido necrótico

en torno a la herida del tobillo de Pablo.

-Vaya a la sala de espera, y en cuanto pueda le informo. ¿Vale?

Venga, hasta luego.

¡Ah! -¡Doctora!

-¿Qué tal? Dime. -¿Cómo está Pablo?

-Bueno, pues le están operando de nuevo.

-¿Y eso?

-Pues porque la herida no evolucionaba bien.

Bueno, pero tranquila. -No sé cómo le he podido dejar solo.

No, si la cámara, les he dicho que se vayan.

Pero no sé cómo le he podido dejar solo. Hoy, hoy...

-No te encuentras bien, ¿no? -No, no, no me encuentro bien.

-O sea, yo creo que tienes una crisis de ansiedad, ¿eh?

Así que vente conmigo, y sobre todo, respira despacio.

-No me encuentro bien. -Vale, vale.

Ya lo estoy viendo, ya lo estoy viendo.

Quiero que respires despacio conmigo.

Más despacio.

Más despacio... Eso es. Mucho mejor.

Gladis Yareli, la mujer a la que la doctora Ortega

le descubrió una miocardiopatía hipertrófica obstructiva

después de sufrir un síncope de esfuerzo,

vuelve porque se siente muy cansada.

Vale.

-Es que... Agarro sólo una bolsa de la compra, y estoy hecha polvo,

como dicen acá. ¿Así va a ser siempre?

-No, no, no. Tranquila. Es el efecto de los betabloqueantes.

Te voy a cambiar la dosis, y te encontrarás mejor. No te preocupes.

-OK. Ay, porque... Conseguí trabajo nuevo.

-¿Sí? -¿No se lo dije?

-¡No! -¡Ay, en una tienda de mi barrio!

-¡Pero qué bien! -Sí. ¡Y me hacen contrato!

-¡Enhorabuena! -¡Sí! ¡Gracias!

-¡Qué bien, me alegro muchísimo! -Gracias, gracias.

-¡Qué bien! ¡Ay! Tengo una cosa para ti. Espera.

-¡Ah! -Aquí está.

-¡Hoy..., el CD! -Cabrera me lo dio para ti.

-¡El CD de salsa lenta! ¡Qué lindo!

Es tan caliente ese hombre... Aparte de que es un bizcochito.

Usted ya me entiende. -¿Te gusta?

-Ay... Y hablando de calientes.

Me contó una amiga que estuvo aquí Olson.

Que estaba que se moría y que está hospitalizado en este hospital.

¿Es cierto? -Sí, sí, sí.

Le dio un infarto, en Recepción... -Ajá.

-Y está bien. Menos mal que fue aquí y le pudimos atender.

Ahora voy a ver cómo se encuentra. -Menos mal qué está bien.

No sé qué haría tanta gente si le llegara a pasar algo a ese hombre.

-Bueno. Gladis, bastante dinero saca de ellos.

-Bueno, con todo lo que se arriesga, como para que no cobrara.

Mientras la doctora Romero atiende a Silvia,

el cirujano plástico cubre la herida en la pierna de Pablo,

con un trozo de piel adyacente realizando un injerto.

Silvia Dopico, la esposa de Pablo, parece haber sufrido

un ataque de ansiedad al enterarse de la situación de su marido.

Vale. ¿Sientes náuseas o sudoración? -No, no.

-¿Se te pasa el dolor? -No.

-Por favor, Pepa, apunta... Hay que hacer un electro, hemograma,

bioquímica, y una analítica de enzimas miocárdicas de urgencia,

por favor. Te encargas, ¿no? -Sí, claro.

-¿Puedo ver a Pablo? -Sí, pero en cuanto Pepa acabe. ¿Eh?

-Oye, no le digas nada de esto a él, por favor, que bastante tiene.

-Vale. Ahora mismo, tranquilízate y piensa en ti. ¿Eh?

Que yo voy a ver cómo..., cómo evoluciona. ¿Eh?

-Vale. -Venga. Venga, hasta ahora.

-Hasta ahora.

-Muchísimas gracias.

La operación de Pablo ha terminado y es trasladado a una habitación.

Lo que ha hecho el cirujano plástico es sacar un trozo de piel

de la pantorrilla de Pablo,

y la ha colocado sobre la herida que tiene en el tobillo.

Ahora, si me perdonáis, voy a ver qué tal está Silvia.

-Los informes. -Gracias.

¿Cómo estás, Silvia? -Mejor.

-Me alegro. A ver...

Bueno, pues efectivamente todo es normal, ¿eh, Silvia?

Lo que has tenido es una crisis de ansiedad, como ya te comenté. ¿M?

-Son buenas noticias.

¿Le doy un ansiolítico de todas maneras?

-Sí, por favor. Al margen, te vamos a hacer una radiografía de tórax. ¿Eh?

Y que sepas que acabo de ver a Pablo y está muy bien.

-Ah, ¿sí? ¿Ha dicho algo? -Está dormido. ¿Eh?

Pero tranquila, que está muy bien.

-Gracias. -De nada.

Mm... Pepa, un segundito. -¿Sí?

-¿Qué tal ha ido la reunión con el coordinador de Zona?

-Ah, pues... No muy bien, la verdad.

No están nada contentos con la gestión del hospital

y desconfían de la capacidad de la comisión gestora.

La verdad que la persona que ha hecho esa filtración

tenía acceso a documentos privados. Una mala jugada, la filtración.

¿Verdad? -Sí, sí, la verdad es que sí.

Bueno, pues voy a... Voy a continuar con el resto de pacientes, ¿eh?

Hasta luego.

-¿Qué tal, Olson? ¿Cómo estás? -Estoy bien.

Gracias a la doctorcita esa tuya, captó rápido.

Y parece que me ha dejado limpias las arterias.

-Mm, ya. Ella viene ahora para acá, para hacerte un electro.

Escucha, Olson, eh... Dejo el consultorio.

-¿Qué es lo que estás diciendo, Álex? -Yo no puedo seguir así, Olson.

Yo no puedo seguir arriesgando mi trabajo aquí,

y además, como residente,

no me permiten tener trabajo con otras empresas.

Y la doctora Ortega ya me ha amenazado con denunciarme.

-A esa jevita te la ligas tú, y se le olvida todo.

-Olson, si no es ella, va a ser otro. Lo dejo, de verdad.

-¿Sabes lo que te juegas con esto, Álex?

-Eso depende de ti. -Alcánzame mi cartera. Trae.

Yo soy un hombre de palabra, Álex.

Y la única condición que te puse para no contar lo de tu mujer

era que trabajaras en mi consultorio, y para mí.

Y si ahora lo dejas, está claro lo que va a pasar, ¿no?

-¿Y eso qué es? -Tengo más, y bien guardados.

(Carraspea).

Llaman a la puerta

-Hola. -Hola, doctora.

(Carraspeo).

Bueno, yo... Me voy ya. Venga. Hasta luego.

-Venía a hacerte el electro de control.

Después de hacerle a Olson el cateterismo cardiaco

en el que aspiramos el trombo que le había provocado el infarto,

vamos a hacerle un electrocardiograma de control,

para comprobar si se ha corregido la alteración cardiaca.

Bueno, Olson, pues el electro confirma que se ha corregido

la alteración cardiaca, y la analítica también.

Hay un descenso de enzimas cardiacas,

así es que en unos días te puedes ir a casa.

-Parecen buenas noticias. Pero por su cara, nadie lo diría.

-Sí son buenas noticias, sí.

Bueno, a partir de ahora, tienes que seguir las recomendaciones habituales

en un episodio como el tuyo.

Bajar peso, hacer ejercicio de forma habitual,

tomar la medicación que te he pautado, ¿de acuerdo?

Y hacerte controles periódicos,

tanto de presión arterial, como de colesterol.

Existen factores de riesgo de infarto de miocardio que no son modificables.

Como la edad o la predisposición genética.

Pero hay otros que sí están en nuestra mano, y son decisivos,

como el alcohol, el tabaquismo, el sedentarismo y el sobrepeso.

La radiografía con la que la doctora Romero

espera descartar definitivamente cualquier anomalía de Silvia

revela algo muy preocupante.

Todas las líneas alrededor del corazón.

Espera un segundo.

Silvia. -¿Sí?

-Una pregunta, ¿qué hiciste el día antes de regresar a España?

-¿En el Caribe, dices? -Sí.

-Pues estuve buceando con Pablo.

Si cuando a él le picó la raya, yo iba con él.

-¿Y cuándo cogisteis el avión? -Pues pocas horas después.

-Claro. Pues eso lo explicaría todo.

Lo que le ha pasado a Silvia es que tiene un barotrauma,

que es una lesión pulmonar provocada por los cambios de presión

sometidos al cuerpo.

Por ejemplo, después de una inmersión de buceo

o de un ascenso a la montaña, no se puede coger un avión

si no han pasado antes entre 12 y 24 horas,

porque el cuerpo tiene que recuperarse

de esos cambios de presión.

Es por esta razón que la vamos a ingresar.

Así que ya sabes para la próxima vez. ¿M?

-Ya verás cómo con el oxígeno te vas a sentir mejor.

-Pero es importante que sepas que, si no mejoras,

habría que hacerte una toracotomía.

Es decir, extraer el aire del mediastino

a través de un tubo. ¿Vale?

De todas formas, luego me paso a ver qué tal vas.

Mm... ¿Seguro que no quieres que le diga nada a Pablo, eh,

de lo que te está pasando? -Sí, díselo, díselo.

-Bien. Hasta luego.

-Tranquila.

-Doctora, gracias por actuar tan rápido.

Sé que el tiempo de reacción en un infarto es decisivo.

-Sólo hago mi trabajo.

-¿Por qué no suelta un poco la cuerda?

-Mar, ¿puedes dejarnos solos un segundo?

Gracias.

Me parece muy mal, pero muy mal, lo que haces en ese consultorio.

-A usted, lo único que le parece mal es que yo cobre.

Pero, ¿acaso no cobra usted por lo mismo?

-Sí, yo cobro. Pero bueno, es que lo mío es legal. Y bastante diferente.

Desde luego, yo no cobro a personas enfermas que necesitan papeles,

ni me aprovecho de las desgracias ajenas, como haces tú.

-Bueno. Al menos estará contenta de haber conseguido que Cabrera

deje mi consultorio.

-¿Cómo? ¿Cabrera lo ha dejado?

-Sí. Y sabe que le va a costar bien caro.

-¿Por qué?

-Eso tendrá que preguntárselo al doctor Cabrera.

El hecho que yo trabaje al margen del sistema

no quiere decir que sea un chivato.

Al día siguiente de sufrir el barotrauma pulmonar

por bucear y volar sin respetar las horas de margen recomendadas,

la doctora Romero comprueba si este se ha resuelto.

En la radiografía de control, lo que he visto es que, ya,

se ha resuelto el barotrauma. Así que muy buenas noticias, ¿no?

-Menos mal. -Tengo otra más. Es una sorpresa.

-¿Sí? -Sí. ¿Quieres saber cuál es?

-Claro.

-Bueno. Os dejamos solos. ¿Vale?

-¿Cómo no me has dicho nada?

-Pues es que no quería preocuparte, que bastante tienes tú.

-¿Qué tal estás? -Bien, me acaban de decir

que me voy a recuperar pronto. ¿Tú cómo estás?

-Bien, bien, bien. Nada.

El cirujano me ha quitado un poco de carne aquí y me la ha puesto ahí,

chapa pintura, y... -Qué asco.

-Me encanta cuando te ríes así.

Me ha dicho que..., que me quede unos días en observación y... Y ya está.

-¿Y ya para casa? -Sí. ¿A nuestra casa?

-Si tú quieres, sí.

-Lo de la salud y la enfermedad va a resultar cierto.

Después de todo lo que hemos pasado, eso es que nos queremos de verdad.

-Es que no hay nada que una más que la adversidad.

-Pero qué bien habla mi marido.

-Hola.

Ah, por cierto, eh...

Me he encontrado con Gladis a la entrada.

Estaba supermotivada y muy contenta con lo del trabajo nuevo

y todo eso que tenía.

Bueno, y con el trabajo que usted había hecho con ella,

me volvió a dar las gracias de nuevo:

"Ah, dale las gracias a la doctora, por haberse hecho cargo de mi caso".

-Cabrera, estoy dándole vueltas a lo del consultorio.

Olson me ha dicho que lo has dejado.

-Bueno, usted me amenazó que, si no lo hacía, me denunciaría.

-A mí me parece que... Hay algo detrás de todo esto.

-¿Algo? ¿Como qué? -No sé. ¿Por qué trabajabas allí?

Tú no pareces ese tipo de personas que hacen eso.

-Ya, bueno. Yo creo que es muy sencillo.

A este señor le gusta enriquecerse a costa de las personas,

y hacerse de oro.

Y a mí me gusta ayudar a las personas.

Y prefiero estar aquí. Pero bueno. Vamos, que no hay nada más, ¿eh?

-Cabrera.

Olson me ha dicho que te saldría caro irte de allí.

-Mm.

-Te está chantajeando, ¿verdad? ¿Qué es lo que pasa? Quiero ayudarte.

Dime qué es lo que está pasando. -Mira, Ortega, de verdad,

no quiero ser mal agradecido, y mucho menos contigo,

porque tú no te lo mereces.

Pero sinceramente, esto no es tu business. No te metas en esto.

Bueno, Paqui, nos vemos la semana que viene.

¿Y esa sonrisa?

Bueno, me gusta cuando... Cuando triunfa el amor.

Tú siempre has sido muy romántica.

Ah... Unas veces más y otras menos, ¿no?

¿Sabes si Pepa se ha enterado de algo más?

A ver. Sé que está preocupada por lo del coordinador, pero...

Saber, saber, no sabe nada.

Pues espero que tu juego con el holding salga bien,

porque estamos en tus manos. Cariño, confía en mí.

Lo intento, pero... Me cuesta.

Bueno, voy para dentro.

  • Centro médico - 08/06/17 (1)

Centro médico - 08/06/17 (1)

08 jun 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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