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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 07/11/18 (1) - ver ahora
Transcripción completa

-Sí, los pequeños derrames que hay en los ojos son petequias.

Que ya sabes que se pueden producir por muchos motivos.

Y el estrangulamiento es uno de ellos.

-Yo imagino que me entran dudas porque...

me parece un buen hombre y yo creo que la quiere.

-No te dejes guiar por las apariencias, ¿vale?

-La noche en la que te la encontraste en coma discutisteis. Es así, ¿no?

-Sí. -¿Pasó algo más?

-¿A qué viene esto?

(Llaman a la puerta)

-Lo siento.

Vente conmigo, y luego así ves a la peque, un rato.

-¡Mira que no comprarle pañales...!

Tú y yo lo hemos pasado muy bien juntos. ¿Verdad?

Bastante. Bastante bien.

Lo del otro día estuvo muy bien.

-¿Bien? -Fue bestial.

-Ah..., sí.

-Pero lo que te quería decir es que yo no quiero confundirte.

Y que te pienses cosas que... -¡Uy, uy, uy...!

Que creo que el que se está confundiendo eres tú.

-Andas tú muy perdido últimamente, ¿no?

-No. No sé, no habremos coincidido. -O me estás evitando.

Tengo así como un poco de miedo a que te sientas presionado, ya sabes.

-Cuando quieras y donde quieras. -¿Seguro?

-Mm. Prueba.

-Oye, Daca, que esta noche

he reservado a las diez en el Charcot, te va a encantar.

Luego te mando la ubicación. -Ya, pero oye... ¡Escucha!

(Música)

¿Me pasas la mantequilla? Toma.

No sé cómo puedes hacer eso.

¿El qué?

Beberte ese zumo.

Que lo único que tiene de naranja es el color.

Pues a mí me parece que está bien.

¿Tienes mucho lío hoy?

Ramón...,

tranquilo, ¿vale?

No sé por qué dices eso, yo estoy tranquilo.

¿Podemos dejar de comportarnos como si no hubiera pasado nada ayer?

Bien. Si es que..., bueno.

Solo quería que no pensaras que...

Lo que hicimos estuvo fatal, estuvo mal.

Y por eso estamos hablando hoy de tostadas y de zumo de naranja, ¿vale?

Ya. Tampoco dan para mucha conversación, ¿no?

Qué desastre, Lucía.

Ramón, por favor, no te castigues, ¿eh?

¿Vale?

Tuvimos un desliz y ya está.

No va a volver a pasar.

Pero por favor, es que quiero que confíes en mí, que estés tranquilo.

Yo no voy a decir nada, ¿eh?

Verás, yo te agradezco la discreción,

pero es que no es eso lo que me preocupa.

Lo de anoche estuvo muy bien.

Ya me entiendes. Ya, ya.

Pero...,

es que yo anoche

me sentí francamente bien.

Ramón, mm...

¿Podemos dejar esta conversación para dentro de un tiempo?

De acuerdo, claro.

Está bien. Está, está todo bien.

No, Ramón, no está bien, no está todo bien.

¡Ya, ya lo sé! ¡Ya lo sé! ¿Y qué hacemos? ¿Eh, qué hago?

¿Seguimos hablando de las tostadas, del tiempo, del zumo de naranja?

Ramón, por favor. ¿Es eso lo que quieres?

Por favor, te lo pido, ¿eh?

Por favor...

Lucía...

No, Ramón.

Ahora no, ¿eh?

Vale, está bien, como quieras.

Como tú quieras.

Luego nos vemos en el hospital, ¿vale?

¿Te vas a marchar?

-Vamos a ver, doctora,

vuélvamelo a explicar porque no lo entiendo.

¿Qué narices hace mi hermano detenido por la policía?

-No está detenido.

Solo le están haciendo unas preguntas.

-¿Unas preguntas sobre qué?

¡Pero si mi hermano Manuel es incapaz de hacerle daño a nadie!

-Ya, bueno No sé... -Y mucho menos a su mujer, por favor.

¿Cómo le pueden acusar de malos tratos?

-No, tranquilícese; siéntese, por favor.

A ver,

aquí nadie está hablando de malos tratos.

Determinar si existen o no es cuestión de la policía.

-Pero alguien habrá tenido que llamarles, vamos, digo yo.

-Sí. Por supuesto, el equipo médico

detectó indicios de malos tratos durante el examen

y es nuestra obligación ponerlo en conocimiento del juzgado de guardia.

-Vale. ¿Y cuáles son esos indicios?

¿Podría ser un poquito más específica?

-Pues la mujer de su hermano presenta signos de estrangulamiento.

-¿Cómo que estrangulamiento?

-Sí, y, bueno, aún lo estamos investigando

pero puede que eso esté en relación

con el estado en que llegó al hospital.

-No, no. No puede ser verdad eso.

-Lo siento mucho, de verdad.

Estamos siguiendo escrupulosamente el protocolo.

-¿Puedo ver a mi cuñada? -No, no. Todavía no.

Tenemos que hacerle un angiotac para ver el alcance de las lesiones.

Pero en cuanto sepamos algo se lo comunicaremos. No se preocupe, ¿vale?

-¿Y a Manuel? -Ahí ya no puedo ayudarle.

Imagino que tendrá que esperar a que terminen de tomarle declaración.

Pero eso ya queda en manos de la policía.

Si para nosotros como médicos

ya es duro tener que dar este tipo de informaciones sobre malos tratos,

es que no puedo ni imaginarme lo que tiene que ser para un familiar

asimilar que alguien a quien quieres es capaz de hacer algo tan atroz.

-Menudo rollo.

¿Cuándo nos vamos?

-Cuando venga una señora con bata blanca

y me diga que no me voy a morir.

-¡Qué exagerado! Si solo tienes un poco de fiebre.

-Ya has oído a la enfermera, ¿no? Vamos a esperar a la doctora.

-No me gusta dejar tanto tiempo solo a Gustavo.

-¿Miras por Gustavo?

Yo pensaba que te preocupabas por mí, por tu padre.

-Qué egoísta eres. -Sí.

-Hola. Soy la doctora Giménez. -¡Menos mal!

-Discúlpela.

Que llevamos mucho tiempo esperando y no le gustan los hospitales.

-Si por mí fuera, yo también pasaría más horas en este hospital, de verdad

Carlos, ¿no? -Eso es.

-Por lo visto llevas varios días con fiebre muy alta.

¿Tienes algún otro síntoma?

-Me duele la cabeza y las articulaciones.

Vamos, que tiene pinta de gripazo.

-Sí, parece que sí pero vamos a ver.

¿Has podido comer algo fuera de lo habitual

o algo que te haya sentado mal...?

-Pues anoche cenamos unas croquetas congeladas, ¿verdad Álex?

-¿Algún viaje últimamente?

-No. Y no por falta de ganas. Más bien por falta de dinero.

-¿Fumas o bebes? -No y no.

Como ve, soy un tipo muy interesante. -¿Aquí hay Wifi?

-Sí. Pero no es público. -¿Me pasas la clave?

-No. No puedo pasarte la clave.

Te voy a dar algo para que te baje la fiebre,

y de todas maneras voy a hacerte una analítica de sangre

para quedarnos más tranquilos. -Perfecto.

-¿Vale? ¿Te puedes desabrochar la camisa?

-Sí, claro.

-Eh, dame tu móvil, que tengo que llamar a Bea

para decirle que no puedo quedar.

-Ahora no, Alejandra. Espérate.

-Ahora vendrá un enfermero para sacarte sangre, ¿vale?

-Pero, si me caigo de la impresión,

por favor, me vuelven a subir a la camilla, ¿vale?

-Vale, vale. Ya puedes abrocharte.

Hasta hace dos días mi hija se reía con todas mis tonterías.

Pero desde que llegó ese monstruo llamado pubertad, pues todo cambió.

Ahora, cuando le toca venir a mi casa un fin de semana, es un drama.

Ella no viene a ver a su padre. Ella viene a la cárcel.

Pero bueno, parece que desde que está Gustavo está un poco más contenta.

Y por lo menos no tiene todo el día la cara de ajo que tiene.

-Imanol no quiso ni oír hablar de la quimio.

No está dispuesto a pasar por ahí.

-Ya, bueno. Es su decisión, tendremos que respetarla.

-Un cortadito por aquí. -Gracias.

-Eh, la tortilla hoy es sin cebolla. ¿Te gusta así?

-Sí, perfecto. -Venga, vale.

-Él decidió cómo quería vivir y ahora decide cómo quiere morir.

-Es que es su vida.

¿Estás enfadada con él? -No, enfadada no.

Pero tampoco me alegra que alguien deje de luchar.

-Oye, este interés que tienes ahora en su tratamiento,

¿tiene que ver con el resultado de la prueba?

-Pues claro que no.

Además, los resultados no han llegado todavía.

-¿Cómo que no? ¿Cuándo los has pedido?

-¡Pues hace unos días!

Al principio estaba muy segura,

luego me entraron dudas y tardé en llamar al laboratorio.

Pero vamos, que ya está, ya van a llegar.

-Y cuando lleguen los resultados, ¿qué te gustaría que...?

-Le he puesto tomate al pan, ¿eh? -Muy bien.

-No. Es que hay a gente que le molesta; por eso te lo digo.

-Vale. Rafa, no es el tomate lo que me molesta.

-Bueno, vale.

Tampoco hace falta que te pongas así, que solo te he hecho una pregunta.

-Vale, disculpa. Está bien así, gracias. -De nada.

-Rafa, dime qué te debo. -4,25.

-¿Te vas a ir ahora? -Cóbrame eso también.

-Vale.

-¿Qué me vas a dejar, comiéndome aquí...?

Oye, ¿qué te pasa? De verdad, Ángela...

Si quieres no te pregunto nada, no hablamos más del tema.

Pero vamos, creí que querías que habláramos de ello.

-Lo que quiero es que me apoyes. No que me cuestiones.

-¿Qué sientes, que te estoy cuestionando?

-¿Que si...? Todo el tiempo.

Me cuestionas y me juzgas. Tú sabrás por qué.

-¿Cómo que yo sabré por qué? No, no, no.

Oye. Espera, espera, no te vayas ahora así.

¿Me vas a explicar qué quieres decir con eso?

-Te criaste sin padre ¿no?

No tuviste ningún problema y lo llevaste muy bien.

Sin embargo ahora ¿te metes en esta historia como si fuera tuya?

Háztelo mirar, ¿m?

-Se me ha quitado el hambre, Rafa.

-No. Ya veo, ya. Ya.

-¿Se sabe algo del marido de la chica?

-No, qué va. Pero el hermano está en shock.

Jura y perjura que Manuel es incapaz de ponerle la mano encima.

Normal.

Es que tiene que ser muy duro aceptar

que tienes un hermano maltratador.

-Bueno, ¿qué quieres que te diga, Clara?

Pero es verdad que aquí vemos de todo.

Pero a mí el tipo me parecía muy tranquilo

y estaba preocupado por ella. Ya. Pero no te puedes fiar, ¿eh?

Algunos parecen corderos cuando salen a la calle,

pero luego, de puertas para dentro...

-Bueno, de todas maneras intentemos no hacer juicios de valor

y centrémonos en los datos médicos.

Lo demás se lo dejamos a la policía. Eh, sí, claro.

-Vaya, no estamos de muy buen humor hoy. ¿Problemas con Vega?

-¿Por qué iba a tener problemas con la directora?

-Bueno, antes os vi en la cafetería, estabais bastante serios.

-Es por Imanol. -¿El paciente especial de Vega?

-Sí. Bueno, le podríamos llamar así, sí.

-Si necesitas ayuda... -Gracias, estoy bien.

Bueno, luego nos vemos. -Ya.

(Mensaje)

Lo tenemos.

¿Buenas noticias?

Pues ahora te digo.

Pues sí, sí. Parece que sí.

No hay lesiones cerebrales de gravedad.

Así que todo depende de cuánto tiempo haya estado el cerebro sin oxígeno.

Bueno...

Se está despertando.

¿Hola?

Ana...

¿Ana? Ana.

Alejandra, sabes perfectamente que tu madre no puede venir a recogerte.

¿Dónde vas?

-A dar una vuelta.

¿Qué quieres, ponerme un GPS? -Vale. Pero no salgas del hospital.

Como máximo la puerta.

-¡Uy! Perdón. -Perdón.

-Por lo menos le ha pedido perdón.

Discúlpela.

Bueno, ¿me trae buenas noticias

o me hace falta más que el paracetamol, eh?

-Traigo los resultados de la analítica,

y los niveles de plaquetas son bajos y además también tienes anemia.

-Eso no suena muy bien, ¿no? -No. No son muy buenas noticias.

Y la fiebre te ha subido. -Ya. Me di cuenta. Lo noto.

La verdad que estoy fatal. Pero no quería asustar a mi hija.

-¿Te molesta la luz?

-Sí.

-¿Sigues teniendo dolor en la articulación?

-Un poco sí, la verdad.

-Pues tienes fotofobia.

Así que lo siento por ti y por tu hija,

pero te vas a tener que quedar ingresado.

-No. No me puede hacer eso. No, no, no.

Yo vengo la semana que viene y me hacen las pruebas que haga falta.

-¿Puedes incorporarte?

A ver...

-¿Qué hago yo con mi hija?

O sea, la madre está fuera, de vacaciones, no...,

yo no tengo familia..., ¡Fff!

No sé dónde dejarla, no... -¿Te duele?

-Sí. No, bueno... No, no.

¿Si le digo que no, me dará el alta, no?

¿O sí? O no, no sé...

Bueno, me duele, sí.

Pero mira, déjeme que me vaya a casa y, si la cosa va a peor,

pues me vuelvo corriendo. -Es que la cosa ya se ha puesto peor.

Voy a mirarte los reflejos.

No, no, no, de eso nada,

que yo ya me he dejado embaucar en el pasado por pacientes

que me han hecho creer que se sentían mejor para que les diese el alta,

y no, no, los médicos estamos aquí para curar a los pacientes,

no para arreglarles los problemas personales.

Así que Carlos se queda.

Y la niña, por desgracia, también.

Que es un poquito..., insoportable, la verdad,

¿para qué nos vamos a engañar?

-Al final va a ser algo más que una gripe, ¿verdad?

-Podría ser una meningitis. -¿Meningitis?

De eso se muere la gente, ¿no? -A ver, tranquilo.

Vamos a hacer una punción lumbar para ver si es eso,

lo que pasa que los resultados tardarán un poco.

-¿Y qué hago yo con mi hija?

-Pues, si no tienes con quién dejarla,

pues tendrá que pasar la noche aquí. -Ff.

A ver cómo se lo explico yo para que no me la arme.

-Los sofás cama de aquí no están tan mal.

Y al menos tiene la televisión para entretenerse.

-Esta no se queda una semana más completa conmigo en la vida, vamos.

-Mire, yo me tengo que quedar aquí toda la noche.

Así que, si quiere, le puedo echar un ojo.

-Ok, muchas gracias.

De todas formas, si no me mata la fiebre, me va a matar ella.

Así que...

-Hombre, a mí no me gusta meterme donde no me llaman.

Pero ¿igual la niña está un poquillo consentida?

-¿A qué padre separado conoce

que tenga una hija que no esté consentida?

-Ya.

-Si te casaras conmigo...

Lo mismo la niña...

Hay sofá y eso.

-Bueno, vamos a hacer la punción lumbar... -Vale.

Anda que lo he clavado.

Para una semana entera que me deja mi ex a la niña, voy y me pongo malo.

Pero aún no ha llegado lo peor, porque la conozco.

Cuando vuelva del viaje, me meterá la bronca:

que si no te cuidas, que si estás muy dejado,

que si tienes a la niña desatendida...

Y ella en Cancún, con el novio. Y yo aquí muriéndome.

¡Oh!

-Todavía no ha llegado nadie. -Ah, pues vaya.

-¿Es urgente? -No. En realidad no. Es... Bueno.

-Anda, trae.

Siempre, siempre, mira en este cajón a primera hora de la mañana.

-Ah, ¿sí? -Sí.

Todavía no me conozco los rincones secretos del hospital.

-Bueno, yo te los podría enseñar.

Pero paso de que me des calabazas otra vez.

-Oye, no seas así, que me llamó mi hija y hacía días que no la veía.

-Ya, ya. -Que en serio, que me pidió consejo.

No la podía decir que no. -Que sí.

Mira, si algún día no te apetece quedar porque estás agobiado,

porque tienes que hablar con tu hija o porque has quedado con otra chica,

eso a mí no me importa.

Lo único que te pido, por favor, por favor, es que no me mientas.

-Esther, no lo he hecho.

Sabemos perfectamente lo que hay, ¿por qué iba a mentirte?

-No lo sé. Dímelo tú.

-No sé. Pero está claro que no me conoces.

-Ya.

Pues nada, que, si quieres, tengo un descansito de diez minutos,

si quieres tomar un café. -Ya.

Pero es que tengo que ir a ver a unos pacientes y ahora no puedo.

-Pero ¿se están muriendo? -No. No, pero tengo que ir.

-Pues entonces.

Por algo les llaman pacientes. -Mira, me encantaría, de verdad.

Pero tengo un día muy complicado. Tengo mucho lío.

-Pues nada, que disfrutes salvando vidas.

Hasta luego.

-¿Y tus pacientes?

-No creo que pase nada porque esperen diez minutos, ¿no?

-Eh, doctora. -Sí. Dime.

-Tengo un problema muy gordo. -¿Qué te pasa?

-No tengo batería. -Ah, pues sí, sí que es gordo.

-Pues sí. ¿Tienes un cargador?

-Pues... sí, te puedo dejar el mío si quieres, porque usamos el mismo...

-Vale. Y... ¿me puedes llevar a casa? -No.

-A ver, es que Gustavo está solo. -¿Quién es Gustavo?

-Mi mascota.

-Pues no, no te puedo llevar a casa, y además,

es que no puedes traer aquí animales.

Que suficiente tenemos aquí con los virus

y las bacterias que ya hay. -Pero que está solo.

-Pero que tu padre también está solo, en la habitación. ¿Te acuerdas?

-Sí. -Bueno, mira, vamos a hacer una cosa.

Te vienes a hacer la ronda conmigo, y así te entretienes un poquito. ¿Vale?

-Vale. -Venga, vamos.

Ay, mira.

-Hola. -Doctor Dacaret,

la nueva residente en prácticas, Alejandra.

-Hola, Alejandra. Encantado.

Bueno, os dejo, que me tengo que ir. ¿Vale?

-Acuérdate de la cena. -Eh... Sí. Sí, lo tengo presente.

Te llamo y concretamos un día. -Venga.

Vamos. -¿Estáis liados?

-No, no. No.

-Pues yo lo he visto bastante nervioso. -¿Sí?

-Y vamos, él está bastante bueno. -Es medio mono, sí.

La niña es un poquito... cargante.

Pero claro, es que tiene 13 años. ¿Qué se le va a pedir?

Que el caso es que luego es simpática.

Y lo espabilada que ha estado cuando ha visto a Dacaret, ¿eh?

Que yo también me he dado cuenta

que se ha puesto un poco nerviosito, al verme.

-¡Ey!

A ver cuándo coincidimos otra vez de guardia. -A ver.

-Este hospital tiene rincones muy oscuros

que tú todavía no conoces.

-Pues nada, me haces un tour un día y ya está, ¿no? -Cuando quieras.

-Vale. -Hasta luego.

-¡Pero bueno!

¡El doctor Excusas! -Hola.

A ver, ¿se puede saber por qué nadie me cree? ¿Por qué?

-Ah, ¿que no soy la única

a la que pusiste la excusa de la videoconferencia?

-Que... No, no, no. No. Que estoy hablando en general.

¡Pero es que no me cree nadie! ¡Pero nadie, nunca!

-Pues tú sabrás. Piénsatelo. ¿Y qué?

¿Qué planes tienes hoy? Di: Tengo conferencia,

partido de baloncesto con los colegas,

estás incubando una gripe...

Lo digo porque podíamos hacer algo. -Es que... estoy agotado.

La guardia ha sido muy dura y me quiero ir a casa.

-Bueno, podemos hacer un plan tranquilo y... ya vemos.

-Ya, te lo agradezco mucho.

Pero es que de verdad que estoy molido.

Prefiero descansar. -Ya. Bueno.

Pues a descansar.

Eso de estar pendiente de las horas que faltan para ir a trabajar...

es algo que no me había ocurrido nunca.

No, no, ni... Ni cuando empecé.

Bueno, estoy pendiente de las horas,

pero también de los doctores que van a estar conmigo de guardia.

Que a mí me gusta mucho mi trabajo, pero...

Hay cosas que...

también me gustan.

-Tranquila, ¿eh? Es normal que tosas.

Tienes la garganta irritada de la intubación.

-¿Dónde estoy? -Estás en el hospital.

Soy la doctora Reina y estoy llevando tu caso.

¿Sabes decirme tu nombre? -Ana Ruiz.

-Ana. Muy bien. ¿Y sabes en qué mes estamos?

-En octubre. -Perfecto.

¿Y sabes por qué estás aquí? -No.

-Ya. Bueno, llegaste inconsciente al hospital, Ana.

¿Recuerdas qué te pasó antes de perder la consciencia?

-Estaba en el sofá y... me quedé dormida, creo.

-Mm, eso nos dijo tu marido.

Verás, Ana.

Te hicimos un TAC, y encontramos lesiones internas

compatibles con un estrangulamiento.

¿Sabes cómo te lo hiciste, o te lo hicieron?

-No. No, no. No, no, no me acuerdo de nada.

-Ya. Bueno, eso también es normal. ¿Eh?

-Oiga, ¿Dónde está..., dónde está Manuel?

¿Dónde está mi marido?

-Ahora no está en el hospital, pero seguro que no tarda en llegar.

-Y ¿le puede avisar, por favor? Quiero verle.

-Bueno, tú ahora tienes que descansar. Y...

¿Ves? Tienes que descansar.

Y ya verás cómo poco a poco recuperas la memoria. No te preocupes.

-Y ¿tiene un teléfono? Me gustaría llamarle.

-No, lo siento.

No hay ningún teléfono aquí, pero está tu cuñado fuera.

¿Quieres que le avisemos? -¿Mi cuñado? -Sí.

-Pero ¿dónde está Manuel? ¿Está bien? -Sí, está bien, Ana.

Ya verás cómo pronto está aquí contigo.

Yo nunca miento a mis pacientes.

Pero me pareció que el caso de Ana, que está recién salida del coma,

pues una mentira piadosa era lo más adecuado para su recuperación.

Y... que además, no sé, pero el hecho de que no recuerde absolutamente nada

de lo que pasó antes de perder la consciencia,

no creo que le beneficie mucho a su marido, la verdad.

-Hola. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

-Estoy. Estoy.

-Dile a tu padre de dónde venimos. -Del laboratorio.

-Sí, y hemos visto los resultados, de la punción lumbar,

y no hemos encontrado nada. -¿Nada de nada?

-Así que hay que empezar desde el principio.

Vamos a ver, tienes que hacer memoria.

¿Has podido tomar algo que te haya sentado mal

o algo fuera de lo habitual, que tú recuerdes?

-Déjame. -Ya sé que soy un poquito pesada.

Pero es que es muy importante que hagas memoria.

Porque igual has estado en contacto con alguna persona enferma,

o a lo mejor has podido tomar...

-Claro que me quiere. Claro que mi hija me quiere.

-¿Estás bien? Carlos... -Papá...

-Marisa, no te la lleves. -Carlos...

-¿Qué..., qué le pasa? -No te preocupes. No pasa nada.

¡Una enfermera, por favor! -Quédate conmigo. ¡Alejandra!

-No, mírame, mírame. Nadie se va a llevar a Alejandra.

¿Te puedes hacer cargo de Alejandra, por favor?

-Quédate aquí. -Sí, no te preocupes. Mírame. Mírame.

-Papá... -A ver.

Tranquila, que enseguida vais a estar con Gustavo en la casa.

No os preocupéis. De verdad.

Un momento, un momento, ¿qué animal es Gustavo?

-Un kinkajú. ¿Por qué?

-Prepara el cultivo para enfermedades exóticas, por favor. Carlos, mírame.

-Vente, por favor. -Papá...

-Soy la doctora Jiménez. Estás en el hospital. ¿Vale?

-La doctora, sí. -¿Sí? ¿Te acuerdas? -Sí.

-Cógeme la mano. ¿Eh? Tranquilo. -La mano.

-Muy bien. Muy bien. -Alejandra, ¿dónde está?

-No, a Alejandra se la han llevado, pero viene ahora. Viene ahora.

-No se lleve... -Ahora la traen, ahora la traen.

Hay que tener mucho cuidado con las mascotas.

Porque, si no siguen los controles sanitarios pertinentes,

pueden transmitir muchas enfermedades.

Enfermedades, incluso, mortales.

El kinkajú, por ejemplo, es un pequeño mamífero,

propio de las zonas selváticas de Centroamérica.

Este tipo de mascotas exóticas,

sacadas de su hábitat no siempre de forma legal,

son un potencial foco de transmisión.

Así que, antes de adquirir una mascota,

hay que consultar con las autoridades sanitarias, por nuestro propio bien.

Hola, Ramón. Hola.

Siento haber tardado tanto, pero es que estoy así, de pacientes.

Sí, sí, no. Gracias por venir.

Yo también estoy un poco hasta arriba.

-Vale. ¿Le ha pasado algo a Julia?

No, no. Julia está bien.

Se trata de mí.

¿Estás bien?

No. No, no estoy bien. No estoy bien.

Eh... Verás: es que no...

No puedo dejar de pensar... en la otra noche.

Ramón,

habíamos dicho que teníamos que dejar un tiempo, ¿no?

Para que las cosas reposasen. Sí, sí, lo sé. Y por eso no...

No he querido sacar el tema.

Pero de verdad, es que necesito saber

si tú sientes lo mismo que yo. Ramón...

Escúchame, solo es un segundo.

Y si me dices que no, yo me vuelvo a mi consulta,

y no vuelvo a sacar el tema nunca más.

Punto. Ya está.

Es que me estás poniendo en una situación muy incómoda.

Lucía, solo necesito una palabra.

Una.

Solo te pido eso.

Vale...

Ramón, me estoy volviendo loca.

Bueno. Menos mal, ¿no?

¿Te alegras...

de que no dé pie con bola?

No. No, no, no lo digo por eso.

Si te digo yo la semana que llevo, no...

¿Quieres que quedemos luego, y hablamos?

Vale.

Yo termino a las siete. ¿Nos vemos en la puerta?

Mejor en la esquina de allí. ¿Vale? Bien, vale. Como tú quieras.

Ya cuento los minutos.

Sí, y yo los pacientes que me quedan.

Vale. Vale. Pues...

Vete tú antes, anda.

Que no quiero que nos vean entrar juntos.

Bueno. Te veo luego. ¿Vale? OK.

¡Tira!

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Centro médico - 07/11/18 (1)

07 nov 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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