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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 04/01/19 (1) - ver ahora
Transcripción completa

-¿Sabes dónde iba cuando...,

cuando me atropellaron?

Pues me iba a comprar harina, para hacerle un bizcocho.

-Por favor, dime dónde está. -No.

-¡Belén, dime dónde está! -¡Silvia! ¡Ya está, ya está!

-Que yo tendría que haber sido fuerte por las dos

y haberte prohibido venir a este hospital.

-Es que no me dice dónde está el niño, Ángela. ¿Qué hago?

-Pero eso es lo peor.

Porque ahora, si la perdemos, ¿qué? ¿Eh? -¿Tan mal está?

Clara, tenemos que llevarla a Rayos.

Porque igual ha vuelto a sangrar el hematoma, Clara.

¡Hay que hacerle un TAC, urgente!

¿Seguro? ¡Clara, por favor, vete ya!

Belén: ¿dónde está mi niño?

Por favor, no te mueras, Belén, ¿dónde está?

-¿Estás intentando desacreditarme?

-¿Desacreditarte? Para eso tendría que haber alguien aquí delante.

-Ya... Oye, tú por alguna extraña razón te crees más importante que yo.

-¿Estás hablando del caso o te refieres a otra cosa?

-Vega se está creando problemas ella sola.

Y si vienen aquí a husmear, bueno,

solo van a encontrar cosas que la perjudican a ella.

-Pareces muy seguro de que vas a ser el próximo director del hospital.

Pero a lo mejor no tienes tanta suerte. -Suerte, no.

Lógica.

-Te lo voy a decir una vez. ¿Vale? Y solo una.

Te lo pido por favor,

no me sigas buscando, porque al final me encuentras.

Y tendremos más que palabras tú y yo.

-¿Qué pasa? ¿Que me vas a pegar, o qué?

-Por si acaso, no tientes a la suerte. ¿Vale?

A partir de ahora, evita hablarme así.

Y cuando tengas que decirme algo me lo dices a la cara.

-Te ha llamado la Secretaria de Sanidad, para concertar una cita.

-Sí, una visita que traerá consecuencias, y ninguna buena.

Te felicito.

-El mérito no es solo mío, ¿eh?

-Eres el único que está contento con todo esto.

-No me había fijado que este despacho fuera tan grande, la verdad.

-Es lo único que te importa, ¿eh?

-Me subestimas, Ángela.

-Perdona el plan, si estuviéramos en mi despacho

te hubiera ofrecido un café. -Nada, tranquila.

Me viene bien que me dé un poquito el aire.

-¿Has hablado con Pepa?

-¿De qué? -De nada.

Mira, Andrés, he pensado lo de tu dimisión y no la voy a aceptar.

No me parece justo.

Además, fuiste tú quien me puso sobre aviso

y el problema es Herrera, claramente.

-Te confieso que...

Que me gusta oír lo que dices.

Es muy frustrante ver cómo siempre cae de pie como los gatos.

-Ayúdame a sacar esto adelante. No nos dejes solos con él.

-Pues lo estás arreglando, Ángela.

Si hay algo que tengo clarísimo

es que no quiero volver a currar con Matías, pero vamos, por nada.

-¿Seguro? ¿Por nada?

-Me imagino que una subida salarial

no está en la mesa de negociación. -Podría ser.

-No lo entiendo, Ángela. ¿Qué..., qué te ha hecho dar marcha atrás?

-Bueno, hay trenes que pasan una vez en la vida y...

Y que vuelven, marcha atrás. -¿Pepa?

-Nunca da problemas.

Siempre es muy discreta,

pero cuando se trata de defenderte no se lo piensa, no.

-Lo sé.

-Y ahora me toca a mí defenderte también.

Haría incluso que no...,

coincidieras con Herrera en ningún turno. Lo podríamos firmar.

-Mira, Ángela, te...

Te agradezco mucho la oferta, ¿eh? De verdad.

Pero...

Sintiéndolo mucho, la voy a rechazar.

Tengo otra oferta laboral y... Voy a aceptarla.

-Vaya.

-¿Qué tiene Matías contra ti? O sea, ¿por qué no puedes despedirle?

Vamos, Ángela, tengo un pie fuera del hospital. No puedo perjudicarte.

Dímelo. -Mejor que no. Tengo miedo, Andrés.

-Vaya. Sí que tiene que ser grave, sí.

Hasta ahora pensaba que...

Que Matías nos manipulaba solo a Pepa y a mí,

pero veo que a ti también te tien...

Disculpa. Bueno, Ángela. Te deseo toda la suerte. De verdad.

-Y yo a ti.

He de reconocer que me he hecho un poco el duro delante de Ángela,

porque la verdad es que me ha tentado y... Y bastante.

No por el dinero, ¿eh? Es...

porque hacía mucho tiempo

que no me sentía valorado en el hospital y...

Y ella lo ha hecho. Tal vez sea porque está desesperada.

Bueno, me voy, que me está esperando el doctor Dacaret.

Mil gracias, Carmen. ¿Eh? Nada, Clara.

Venga.

Carmen, ¿tienes los resultados de la biopsia del paciente de la 215?

-Sí. -Vale. Genial.

Silvia, ¿cómo estás? ¿Sabes algo de Aníbal?

No, no se sabe nada.

La policía sigue investigando, pero no se sabe nada.

Ya. ¿Cómo está ella?

¿Belén? Sí.

Pues... Sigue en la UCI. Pero sigue inconsciente, ¿no?

Claro que sigue inconsciente.

Imposible sacarle ninguna información así.

A ver, Marco, por favor. ¿Por qué no te has quedado en casa?

Ya te dijimos que te avisábamos si pasaba algo,

si había alguna novedad, mujer.

Pero Clara, que quiero estar aquí.

Quiero estar aquí cuando se despierte. ¿No lo entiendes?

Voy a seguir haciendo cosas. Venga.

Bueno. Te estoy esperando.

Ya, mira. Toma. Esto es para ti. Es que estaba hablando con Marco.

¿Está aquí? Oye, ¿se sabe algo del chaval?

Bueno, pues la policía está en ello. Parece que han encontrado una pista.

Pobre Marco, ¿eh? Menuda tortura. Ya te digo.

Vamos, eso no se lo deseo yo ni a mi peor enemigo, fíjate.

Ya. Desde luego. Bueno. Vamos a terminar la ronda.

Venga. Venga.

A ver. Nos queda... Amalia. Mm...

¿Qué? Sí, Amalia. Menudo fin de fiesta.

Bueno, ya sabes que a mí me gusta

dejar lo mejorcito para el final, Clara. ¿Eh?

Pues te has dejado la joya de la corona, fíjate.

A ver, qué exagerada. Que igual es un poco extravagante, la señora.

Pero vamos, que hay mucha gente que da muchísimos más problemas.

Que se quejan más, ¿eh?

Cómo se nota que tú solo estás con ella cinco minutos al día, guapo

Pero si la mujer no da ningún tipo de trabajo.

Si... Si no tiene ganas de nada, la señora.

Mira, pregúntale a las enfermeras del turno de noche.

Que las tiene fritas.

Se pasa toda la noche con el timbre arriba, timbre abajo.

Claro, y luego van, y como no se entiende lo que habla, pues fíjate.

Bueno, a ver. A veces pasa.

Igual es que tiene el ciclo del sueño un poco alterado y ya está.

Si tuviese alterado solo eso...

¿Sabes qué pasa?

Que se enfada, como no se entera de nada,

y después se pone a pegar voces, allí a todo el mundo,

que... parece una loca.

Bueno, tendrías que ver la cara que pone.

Parece que se le salen, así, los ojos de las órbitas.

Pues mira, como yo ayer a las tres de la mañana. ¿Eh?

Que me llamó mi hija para hablar por teléfono.

Y se me puso la cara... así. ¡Así! Mira, no pongas esa cara, ¿eh?

No pongas esa cara,

que me da un pánico terrible cuando me acuerdo de ella.

Y encima... que no se entiende nada de lo que dice,

esas palabras tan raras... No puedo con ella.

Bueno, a Luisa...

La auxiliar...

El otro día, mientras la llamaba bruja, literalmente, le tiró, así,

la bandeja de comida, encima. -¡Hala! ¡Así!Así.

Bueno. Pues venga, hacemos una cosa. Visita exprés, ¿eh?

Vale.

Ve entrando tú, y miras si está la bandeja del desayuno.

Vamos, ni de coña...

¿Huy? ¿Qué ha pasado aquí?

Ni idea, pero ¿dónde se ha metido esta mujer?

A ver.

Oye, ¿no huele raro aquí?

Sí que huele raro, sí.

Es por aquí, ¿no?

No sé.

¿Esto qué es?

Huy, parece sangre, ¿no?

¿Pero qué es eso?

Un corazón, Clara... ¿Pero y esto?

Toma, este también es del día 11... Gracias.

(Teléfono)

Y ahora el teléfono.

Oye, es Esther.

Qué raro, si se pidió el día libre.

Ya, bueno, pues no sé, se habrá equivocado.

Además, si lo cojo ahora, no acabamos nunca.

Ya. Oye. Eh... ¿Sabes cuántos faltan?

Eh... Sí. Quedan... seis.

No, quedan siete. ¿Siete?Mm...

Madre mía. Y luego dicen que en España no nacen bebés.

Y todas querrán que les lleves tú el parto.

Sí, pues menuda la gracia que me hace.

Además, no sé qué mosca le habrá picado hoy a la directora,

que quiere todos los informes de alta de la semana pasada para hoy.

Gracias. Ya, pues...

lleva un tiempo un poco nerviosa.

¿Un poco nerviosa? ¿Y tú sabes qué le pasa?

No, pero sus motivos tendrá.

Ya, claro. Como todo el mundo. No te digo...

(Teléfono)

Ay... Oye, es Esther otra vez.

A ver qué quiere.

Esther, oye, estoy en la consulta con Pepa.

Que tenemos mucho lío. ¿Vale? ¿En qué puedo ayudarte?

He puesto el manos libres.

Sí, sí, sí, sí, sí, puedes. Por eso te he llamado.

-Tú has llamado para darnos envidia. -No, no, no.

Es que estoy con mi profesora de yoga, y bueno.

Es que estábamos en medio de una clase, ¿no?

Y de rep...

¡Es que no..., es que no tenemos tiempo! ¡Es que no hay tiempo!

Esther: tranquilízate. Eh...

¿Qué le pasa a tu profesora? ¿De qué no hay tiempo?

Que está de parto. Que está de parto ahora mismo.

-A ver. Calma. ¿Has llamado a una ambulancia?

-No, no, es que estamos en medio de..., de un parque,

y estamos muy apartadas, y... No llegaría a tiempo, y...

Ve, ve con ella. Ve con ella, por favor.

Y parece que..., que el bebé ya..., ya está aquí. ¿Qué..., qué hago?

Eh... ¿Tiene contracciones?

-Sí, sí, tiene, tiene, y muy dolorosas.

¿Cada cuánto tiempo las tiene?

-No, no, yo qué sé. Tiene muchas, y... así, frecuentes.

-A ver, Esther: ¿Cómo se llama tu profesora?

-Minerva. Se llama Minerva. No, no. No estoy sola.

De acuerdo. Sí. Sí, sí. ¿Qué...? Sí. Lo pongo. Sí.

¿Escucháis ahora? No tengo mucha batería.

Te oímos perfectamente.

-Vale. Minerva, lo estás haciendo muy bien.

¿De acuerdo? El doctor Landó es ginecólogo y nos va a ayudar.

-¡Ah! -¿Vale? Muy bien. Ahí. A ver.

¿Qué..., qué hay que hacer?

Escucha, Esther. Dile que respire todo lo profundo que pueda.

-Vale. ¿Lo has oído? Tienes que respirar. Profundamente, ¿eh?

Lo mismo que nos..., que nos pides tú en las clases. ¿De acuerdo?

-¡Ah! -Estate tranquila, Minerva.

Que todo va a salir bien. -Tú confía en nosotras, ¿de acuerdo?

Va a salir todo estupendamente. -A ver, Esther:

¿Tienes por ahí algo limpio que le puedas poner debajo?

-Sí, bueno. Lo primero que he hecho es ponerle la esterilla,

y me he lavado las manos.

-Muy bien. Ah, muy bien. Lo estás haciendo genial.

-Venga. -¡Ah!

Escúchame, Esther, el bebé está haciendo presión para salir.

Así que tienes que colocar tu mano en el perineo para que no se rompa.

-¿Qué? Vale. Minerva.

Lo estás haciendo muy, muy, muy bien. ¿De acuerdo?

Ahora tienes que respirar hondo... -¡Ah!

-Y empujar. ¿De acuerdo? Respirar hondo, y empujar, empujar.

Sin forzar, Esther. Sin forzar.

La madre tiene que hacer toda la fuerza que pueda.

-Vale... Un poquito más... Un poquito más.

-¡Aaaah! -Ahí, muy bien.

Muy bien, Minerva, muy bien, muy bien.

El bebé ya está aquí, es que le veo la cabecita.

Sobre todo, no fuerces. No tires de la cabeza del bebé.

-Vale, vale. De acuerdo.

Bien, Minerva, sigue, muy bien, un poco más... Un poco más.

Calma, Esther. Calma. Calma.

-Es que... Es que el bebé no...

No acaba de salir. Es que no acaba de salir.

¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Le aprieto el abdomen?

No, no. No lo hagas. No lo hagas.

Lo que tienes que hacer es intentar que se calme, y que empuje ella.

¿Me oyes?

-¿Se ha cortado?

No lo sé. Espera. Creo que no.

Esther. Esther, ¿me oyes? ¿Estás ahí?

Cálmate... Respira profundamente.

Así, y a la de tres, empujas. ¿Sí? Una, dos, dale. Tres...

-¡Aaaah! -Ahí, muy bien, muy bien.

¡Muy bien, muy bien! ¡Que ya está aquí!

¡Bien, bien, bien, Minerva! ¡Bien! Acércame la toalla, por favor.

Ya está, lo has conseguido. El bebé está aquí. Ya está.

Doctor. Pepa. Es... Es una niña. No sé... Parece que está bien.

-Vale, enhorabuena, Esther. A ver. ¿Dónde estáis?

Que os mando una ambulancia. -Pues en... En el parque del Molinar.

Justo detrás del estanque principal. -Vale. Voy a hablar con Emergencias.

Vale. Esther, Esther, escúchame una cosa.

Todavía no hemos terminado. ¿De acuerdo?

Tienes que coger el cordón umbilical. ¿Lo tienes?

En una situación como esta,

lo primero que deberemos hacer es pedir ayuda profesional.

Y a continuación, tratar de relajar a la madre.

Si el parto ya está en una fase avanzada, es decir,

cuando el cuello del útero está completamente dilatado

y las contracciones son uniformes y seguidas,

entonces deberemos prepararnos para la segunda fase.

Lo primero y fundamental, lavarse bien las manos.

Y a continuación, ayudar a la madre a estar cómoda para recibir al bebé.

Lo que está claro es que Esther,

esta clase de yoga no la va a olvidar en su vida.

-¿Y va a venir hoy al hospital?

-Esta tarde. Imagínate por qué. -¿Por qué?

-Me están acorralando, Carlos. Me quieren fuera.

Si no, ¿a qué viene tanta prisa? -Ay, no sé, no tengo ni idea.

Pero tampoco hay que ponerse en lo peor.

-Con Herrera, siempre hay que ponerse en lo peor.

Después de lo que le soltó a Tévez...

Y este, que no ha perdido ni un segundo

en ir a contarle todo a la Secretaria de Salud...

Me van a echar. Está clarísimo. -Venga. No te agobies.

A lo mejor... No sé, yo creo que tú lo tienes muy fácil.

-¿Yo? ¿Más fácil? Pero...

¡Pero si no sé ni qué les voy a decir!

-Pues diles la verdad, antes de tomar una decisión

querrá oír tu versión, digo yo. -¿Y por dónde empiezo?

¿Por la falsa manipulación de las cuentas?

¿Por las medallas que se ha puesto Herrera

por habernos salvado de una demanda millonaria o...,

o por cómo he contratado al nuevo psicólogo? ¿Eh?

-Bueno, a ver, Ángela, aquí,

el que más tiene de lo que arrepentirse

y que esconder es Herrera. -Sí. Pero ha jugado mejor sus cartas.

-Bueno, pero no te anticipes.

Espérate a ver qué te dice la secretaria de Salud y luego vemos.

A lo mejor viene a darte un aumento de sueldo,

por lo bien que llevas el hospital.

-Claro, voy a poner champán en la nevera.

-De verdad. Anímate. Va.

-Hola, Vega...

Blanca. Mira, hemos mandado una ambulancia al parque del Molinar.

Llama, y que te confirmen que han encontrado a la paciente. ¿Vale?

Que está en un sitio un poco apartado, Esther está con ella.

-¿Está bien Esther? ¿Le pasa algo? -Eh... Sí, sí, está bien.

Es su profesora de yoga,

que se ha puesto a dar a luz en mitad de una clase.

-Anda... -Sí.

Landó la está asistiendo por teléfono, así que lo siento,

pero nos vamos a retrasar con los informes.

-Claro, lo primero es lo primero. ¿Pero qué ha pasado?

¿Un parto prematuro, o qué? -No se sabe mucho.

Ha sido muy rápido. Eh... ¿Me avisas con lo que sea?

Me voy a la consulta.

Voy a hablar con Esther. -Voy contigo.

-Vale.

Esther, ¿me oyes?

Comprueba que el cordón umbilical no lo tiene enroscado en el cuello.

-No, no, no, no, no lo tiene. El cordón umbilical está bien.

Es que la niña no respira.

-¿Cómo que no respira? -No, no, no, no.

Ni respira ni se mueve. Por Dios, ¿qué hago?

Decidme lo que tengo que hacer, por favor.

-Bueno, tranquila.

La ambulancia está llegando. No puede tardar mucho.

-Esther, escúchame. Soy Ángela.

Mira, seguramente esté recibiendo oxígeno

a través del cordón umbilical. ¿De acuerdo?

-Vale, muy bien, pero... Pero ¿cómo puedo comprobarlo? ¿Co...,

¿Cómo puedo saberlo? El color.

¿Qué tono tiene la piel del bebé? Si es...

Si tiene un aspecto normal, todo va bien.

Así que cálmate. -No, es que...

Es que tiene muy mal color, de verdad. Es que...

¡Es que se está poniendo azul!

Esther, no hay tiempo que perder. Tienes que empezar a hacerle una RCP

-Sabes cómo se hace, ¿verdad, Esther?

-Bueno, a un adulto sí, pero es que... Es que a un bebé no...

No sé, no lo he hecho nunca. Por favor, ¿cómo lo hago?

-Sí, sí, sí vas a saber. Es muy... Es muy parecido.

Lo que pasa es que vas a utilizar solo dos dedos,

en lugar de toda la mano, para ejercer presión.

-Por Dios, que llegue ya la ambulancia.

Vero, quédate con ella. No, Minerva. Por favor, Minerva.

No... No te muevas. No te muevas, por favor.

Esther, no hay tiempo que perder.

¡Tienes que empezar ya! -Venga, Esther, tú puedes hacerlo.

-A ver. La ambulancia está llegando. De todas formas,

cualquier duda que tengas nos la vas preguntando.

-Lo intento, de verdad, que lo estoy intentando.

Esther. Esther, ¿me oyes?

Esther: ¿Estás ahí?

-Pues hay que hacerle un TAC y una resonancia.

Y los análisis de control, también. Voy a revisar todo esto. ¿Vale?

Vega. Perdona, ¿tienes un minuto? -Gracias.

Pues no, no lo tengo.

Si no es muy urgente... Bueno, juzga tú misma.

Mira.

-¿Y ese corazón, de quién es? -No tenemos ni idea.

-De algún sitio habrá salido, ¿no?

Sí, de la habitación de Amalia Calvo.

Ella no estaba, y en su lugar nos hemos encontrado este corazón.

Clara, no estoy para adivinanzas, ¿eh?

-No, a ver. Clara y yo estábamos haciendo la ronda.

Y hemos entrado a la habitación 211, que es la de Amalia.

Pero Amalia no estaba.

Lo que sí que había es un corazón debajo de la almohada.

Y luego nos hemos enterado

de que Amalia murió por la mañana a primera hora, de repente.

-Sí. Entonces fui a hablar con el doctor Larrea, que estaba de guardia,

y me ha confirmado lo que yo ya suponía.

Es que el corazón de Amalia, pues... que sigue en su cuerpo.

-¿Y entonces de quién es? Mm...

-Que no tenemos ni idea.

-Pues habrá que averiguarlo, ¿no?

-¿Y..., y cómo lo hacemos? -Pues no sé, Clara,

ve preguntando por el hospital, a ver si... alguien te dice algo.

Bueno, voy a ver lo que puedo hacer. -Y tú, pues... Mira, analízalo.

Disecciónalo. Alguna pista nos dará. Le voy a decir a Merino que te ayude.

Que se le dan bien estas cosas.

A mí es que... lo de este corazón me parece cada vez más misterioso.

A ver. Al parecer, Amalia murió precisamente

por un problema cardiaco.

Pero no se le ha realizado la autopsia.

Así que, infartado o no, ese corazón tiene que estar,

pues donde tiene que estar: en el cuerpo de Amalia.

Y, además, observándolo, eh...

No sé, se ve perfectamente que fue extirpado hará apenas unas horas.

Y además, hablando con Anatomía Patológica y con Cirugía,

nadie lo ha echado de menos. Así que no sé.

Lo único que queda es esperar a ver si...

Si al analizarlo, pues obtenemos alguna pista.

Y, además, no sé. Ya... Como que ya no tengo sueño.

Pero claro, cuidado, que también puede ser

porque estoy trabajando todo el día con Merino.

Aguántale.

-Gracias por fastidiarme el día. -De nada, un placer, ¿eh?

Pero que sepas que a mí me hace la misma puñetera gracia

que a ti estar aquí.

-Quizá si estuvieras más pendiente de los pacientes que se te mueren

y de los que no, no tendríamos que estar aquí.

-Vamos a ver, que mi paciente murió en el turno de noche.

Que estaba en mi casa intentando dormir. ¿Vale?

Y cuando he llegado esta mañana, nadie me ha dicho nada.

¿Qué culpa tengo yo?

-Pues imagínate yo, que no sabía ni siquiera quién era.

La próxima vez vas a tener que poner una etiqueta

a los órganos de tus pacientes con su nombre,

para que no vayas perdiéndolos por ahí.

-A ver, escúchame.

Que este corazón no es de mi paciente.

Ya te lo he dicho.

Y estoy esperando tu opinión, si es que la tienes.

-¿Sobre tu profesionalidad o sobre el corazón?

-Ah... Espera, que voy a por una sonda vesical, que me...

Me... Vamos. Me meo de risa contigo.

-Este hospital es muy grande. Y pasan cosas muy raras.

Pero estoy seguro

de que, si preguntas a las personas adecuadas, resolverás el misterio.

-Ah, pues muchas gracias.

Es todo muy concreto, ¿eh? Me has iluminado muy bien, Yoda. ¿Eh?

¡Preguntar hospital tienes corazón! -¿Querías mi opinión?

Pues ya la tienes. -¿No veis estos?

-Eso son ramificaciones ventriculares, ¿no?

-Sí, ¿no ves nada extraño? -Pues, a primera vista, parecen un...

No sé, un poco más pequeñas de lo normal.

-Claro. Son más pequeñas de lo normal porque esto no es un corazón humano.

-¿Cómo?

-Es el corazón de un cerdo. ¿Verdad, doctor?

-Exacto. -Ay...

Si te hubieras fijado, cosa que no eres mucho de fijarte,

ya me he dado cuenta, te darías cuenta

de que este corazón es un poco más pequeño de lo habitual.

-O sea, ¿que esto es el corazón de un cerdo?

Y yo por ahí, buscando al dueño...

-Ya te hemos resuelto parte del misterio.

Ahora, ¿podrás quitarte los guantes tú solito, o también necesitas ayuda?

Por mucho que alguno se haga el listo,

no es tan fácil distinguir un corazón humano al de un cerdo.

De hecho, se parecen tanto que en muchas ocasiones

se ha intentado hacer un trasplante con un corazón de cerdo a un humano.

La principal diferencia es el tamaño.

Pero claro, en el caso de Amalia, como era tan menudita,

pues era difícil darse cuenta.

A menos que seas el doctor Merino, claro.

¿Me lo dices en serio?

¿Pero y qué hacía un corazón de cerdo en la cama de Amalia?

A ver, Clara, que hay veces que los pacientes del hospital

se quejan de que la carne del menú está un poco cruda.

A ver si el corazón de cerdo va a ser un segundo plato poco hecho...

Mira, cállate, ¿eh? No digas guarrerías,

que menudo cuerpo me ha dejado a mí esto.

Bueno, a ver, vamos a centrarnos. ¿Has sacado algo en claro, o no?

Bueno, pues he estado hablando con gente de otros turnos,

y me han dicho que nunca ha venido nadie a verla.

Vamos, que la mujer estaba más sola que la una, la pobre.

Eso parece. Eh, pero te digo una cosa, no me extraña.

Mira esto. ¿Qué es eso?

Esto son los únicos enseres que tenía.

Los únicos efectos personales. Estos pendientes...

Y esta foto.

Que solo verla, te dan escalofríos, fíjate.

Pues sí que da un poco de cosita, sí.

Oye, ¿tú crees que el tipo que está a su lado es su marido?

No tengo ni idea. Pero, desde luego...

Tú fíjate bien en él. A mí me recuerda al diablo, fíjate.

Y dale la vuelta. Dale la vuelta y verás.

-6/6/96.

Ahí lo tienes, ¿Cuántos seis hay? Tres exactamente.

6 de junio del 96, Clara. Claro, y no había otra fecha

ni meses ni días que esos: 6 del 6 del 96. ¡Hombre...!

Y luego mira, por favor. Esas miradas y tan pálidos...

¡Uuuh, qué miedo!

Tú te estás montando una película, Clara que...

Sí, claro, entonces,

¿qué explicación le das tú a lo del corazón en la cama?

Pues no lo sé. No tengo ni idea.

Oye,

a ver si es que es un mensaje de Amalia.

Claro, igual está enfa...

No, te lo digo en serio.

Es que igual está enfadada con nosotros

porque no le hemos podido curar lo de su corazón

y nos ha enviado este como venganza. ¡Venga, ya, venga ya!

Clara, por favor.

Sí, tú tómatelo a broma.

Pero no tenemos otra explicación más clara de momento.

Bueno, a ver, escucha, vamos a centrarnos, ¿eh?

Porque esto no tiene sentido.

Déjate de mensajes de ultratumba y de demonios, ¿eh?

¿Tú has hablado con Urgencias? ¿Hablar de qué?

Pues ¿De qué va a ser? De si vino sola, si la trajo la ambulancia...,

que yo ese día no estaba.

Oye, perdona, pero yo no puedo estar en todo. ¡Vamos!

Bueno, vale, da igual. Toma.

No, de eso nada, yo esto no lo pienso tocar. Te lo quedas tú.

¡Vamos! Ah...

¿Qué quieres que te diga?

A mí es que estas cosas me dan mucho respeto.

Y esa mujer, lo que se dice normal no era, ¿eh?

Yo no sé explicar qué tenía, pero había algo muy raro en ella,

en cómo miraba, cómo hablaba...

¡Y esa foto, por el amor de Dios!

Pero si ya parecía un cadáver ahí.

Ay, mira, yo prefiero no seguir hablando de esto.

Claro, luego llego a casa y me asusto hasta cuando cruje el parqué.

Bueno, ya me dijo Pepa lo que hiciste.

-Sí, mira, cuando nos llamaste desde la ambulancia fue un subidón...

Porque es que no sabíamos lo que había pasado.

Pero que lo has hecho muy bien, ¿eh? -Bueno...

¿Qué tal? ¿Cómo están?

Mejor pasamos a REA con la madre y te cuento.

Vale. Hola, soy el doctor Ramón Landó.

Enhorabuena. -Gracias.

Oye, estamos aquí para ayudaros. Tanto a ti como a tu bebé, ¿eh?

Discúlpame, ¿cómo te llamabas? -Minerva.

De acuerdo. ¿Me dejas un segundito que vea a la pequeña?

Ya la cojo yo... Gracias. (Llanto de bebé)

Hola... Hola, chiquitina.

Llevárosla a Neonatología, ¿de acuerdo?

-Vale. Venga, ahora os veo en un rato.

-Vámonos.

-No, estás de broma, ¿no?

-No, no. De verdad. Un corazón de cerdo era.

-Pero ¿cómo ha ido a parar eso a una habitación de este hospital,

por favor? -No tengo ni idea.

Dacaret está en ello.

Pero por lo menos hemos resuelto parte del misterio.

-No, si es un detalle que le va a encantar a la Secretaria de Salud.

Mira, Pilar, en este hospital la gente no solo se muere de repente,

sino que decoramos las habitaciones con vísceras de cerdo.

-A ver, por favor, céntrate en lo..., en lo positivo.

No te pongas siempre en lo negativo.

-Me centro en el día a día de este hospital de locos.

-A ver, ¿no ves que eso es lo que te está bloqueando?

¿No te das cuenta?

-Por favor, ¡que esa mujer está a punto de llegar! ¿Qué le digo?

Espero que no se haya corrido la voz con todo esto.

-Por favor, piensa en lo positivo.

Los puntos fuertes de tu gestión. -¿Puntos fuertes?

-Mm. -¿Qué puntos fuertes, Merino?

-A ver, Ángela.

¿Tú no te acuerdas la chapa que me diste

cuando nos conocimos? Que si las infecciones hospitalarias

habían bajado no sé qué tanto por ciento,

que el departamento de investigación

estaba entre los tres principales centros de España,

que los residentes se mataban por venir a este hospital...

-¿Todo eso te dije?

Algo querría de ti.

-Sé honesta.

Diles que llevas unos días de locos,

pero que la sensación global es buena.

El hospital tira para adelante. -¿La sensación global es buena?

Porque a mí me parece un desastre, la verdad.

-Ya estamos otra vez, a ver, Ángela.

Si hay algo que odian los que mandan,

es que llenes su despacho de desesperación.

Tú deberías saberlo mejor que nadie.

No os gusta, no podéis soportarlo. -¿Qué quieres decir?

-Quiero decir que a la Secretaria de Salud le da igual

que haya un corazón de cerdo rulando por el hospital.

Ella ya sabe que hay mil problemas en un centro como este.

Ella lo que quiere es a alguien que solucione esos mil problemas.

¿Y sabes por qué?

-No. Pero me lo vas a decir, ¿a que sí?

-Sí. Te lo voy a decir.

Porque los que mandan quieren ser felices.

Y para eso, necesitan a alguien que se lo ponga fácil.

Y tú eres una currante nata. Tú se lo pones fácil.

Porque te dedicas a ello en cuerpo y alma.

Y ellos seguirán siendo felices contigo.

-Oye, ¿por qué no vas tú en mi lugar? Eso sí que me haría feliz.

-Suerte. Va a ir bien, ya verás.

Ángela es una persona proactiva.

Además, sabe cómo mandar. Le gusta mandar.

Ya lo creo que le gusta.

Por eso la eligieron para dirigir este hospital.

Lo que pasa es que, con todas las puñaladas que ha sufrido últimamente,

parece que se le ha olvidado a ella misma.

Solo espero que en la reunión con la Secretaria de Salud

no se venga abajo.

Porque si detectan su inseguridad y la destituyen,

este hospital va a ser un caos.

Pues yo consultaría con Cardiología a ver qué nos dicen.

Ya hablé con el doctor Ochoa, así que, cuando quieras,

subes a la paciente, ¿vale? Gracias.

¿Estás bien?

-Más o menos.

-Esther, hiciste lo que tenías que hacer.

No, hiciste mucho más de lo que tenías que hacer.

Así que deja de preocuparte, por favor.

-Me encantaría, pero no puedo.

-¿Por qué no vas a casa a descansar?

Pediste el día para eso. -Sí, pero prefiero esperar aquí.

-¿Esperar a qué? Si la niña está bien, ya lo sabemos.

Le hicieron un montón de pruebas y no encontraron nada grave.

-Ya, bueno... Por ahora está bien pero...,

a saber, dentro de no sé, ¿media hora?

¿Y si le he provocado un daño cerebral, Bea?

Esto no se puede saber ahora mismo. -Ay, ¡mira que eres, ¿eh?!

Que te estoy diciendo que hablé con Neonatología

y que la niña está bien, Esther. -Bea, no soy médico.

Pero trabajo en un hospital.

Y sé que los pacientes están bien hasta que...,

hasta que dejan de estarlo. -Y dale.

-Es que es tan pequeña, es tan...

Es tan poca cosa..., y estuvo tanto rato sin respirar,

y yo allí sin saber qué hacer,

esperando a que llegase la ambulancia.

-¿Te parece que hiciste poco? -Pues sí, sí me lo parece.

Y, además, no soy la única que lo piensa.

¿Has visto a Ramón, has visto cómo me ha mirado cuando hemos llegado?

¿Es eso?

Esther, no creo que Ramón te eche la culpa de nada, de verdad.

-Bueno, tú no lo puedes saber.

-Sí, sí; fue él quien me advirtió

sobre el cáncer de retina de mi sobrina.

Y de primeras puede parecer un poco seco.

Pero te aseguro que, cuando le conoces es un sol.

-Ya, bueno, pues Bea, a mí..., a mí no me lo ha parecido.

-A ver, escúchame.

Ramón es ginecólogo y sabe perfectamente

que la niña entró en parada de forma natural,

no porque tú hicieras algo mal.

-Es que era la primer vez que hacía algo así y...,

y seguro que cometí algún error. Es que no...

No tengo experiencia, yo hice lo que pude. -¡Ay, Esther!

Mira, ¿por qué no se lo preguntas tú y sales de dudas?

Hola. Esther, ¿tienes un momento? -Sí, sí, claro.

¿Está bien la niña, todo bien? La niña está muy bien, sí.

¿Sí? ¡Menos mal! Es Minerva.

¿Qué le pasa a Minerva?

Ha sufrido una inversión uterina aguda.

¿Una qué? ¿Qué es una inversión uterina?

Una inversión es cuando el útero se invierte y asoma por la vulva.

Esto es debido a la excesiva presión

que se da sobre el fondo uterino durante el parto.

Lo sabía. Si es que lo sabía. -Bueno...

-Sabía que había... -Esther, no te preocupes,

que seguro que el pronóstico de Minerva es bueno, ¿verdad, Ramón?

Bueno, ahora mismo tenemos un problema,

y es que se ha formado un anillo de constricción

que impide que el útero vuelva a su posición natural.

Y eso, ¿eso es grave?

Verás, ahora mismo está con suero, le hemos hecho una transfusión

porque la hemorragia fue muy abundante,

y ha entrado en shock. -¿Cómo?

Verás, ahora mismo la están llevando a quirófano, ¿de acuerdo?

La vamos a intervenir.

Yo ahora os tengo que dejar porque voy para allá.

Cuando termine te busco y te voy contando cosas.

Sí, por favor. Sí. Gracias. ¿Vale? Tranquila.

La inversión uterina

es una complicación posparto poco frecuente

y que suele darse un tiempo después de expulsar la placenta.

En el caso de Minerva estamos intentando estabilizarla,

le hemos dado analgésicos para el dolor

y, por desgracia ha perdido mucha sangre.

Así que la situación es crítica.

¡Ay, Silvia, por Dios!

Perdona, no quería asustarte.

No, mujer, no pasa nada.

Es que tengo yo también el día un poquito raro hoy.

¿Ha habido suerte? No.

Es que me acaba de llamar la policía porque estaban...,

en una casa donde, donde sospechaban que podía estar Aníbal.

¿Y lo han encontrado o no, o...?

No. La casa estaba vacía. Estaban siguiendo una pista falsa.

Lo siento muchísimo, de verdad.

Voy a la UCI. ¿Adónde vas?

Me voy a la UCI porque mi hijo tiene que estar por ahí, en algún sitio,

igual está solo, igual está con alguien...

Silvia...

Y la única que me puede ayudar es Belén.

Silvia, sabes que allí no vas a poder hacer nada, cariño.

Pues voy a hablar con los médicos de la UCI, Clara,

pero alguien me tiene que ayudar.

Vale. Te acompaño si quieres. Que no, que voy sola.

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Centro médico - 04/01/19 (1)

04 ene 2019

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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