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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 03/04/17 (2) - ver ahora
Transcripción completa

No teníamos que haber venido. -Sí, sí, sí...

-Tampoco es para tanto, mujer. -Un momento, un momento...

¿Qué ha pasado? -Ha sufrido un síncope.

-Pero no es el primero que sufre, ya tuvo otro,

y hará dos semanas o tres, le dieron varios desmayos.

-Pero no tiene ninguna importancia, tengo que trabajar.

-Bueno, pero ¿habéis ido al médico por esos desmayos?

-Sí, después de mucho discutir conmigo, sí.

Y le dijeron que tenía accidentes isquémicos transitorios.

-Sí. Vale. Vamos a Reanimación, por favor.

Si es tan amable, por favor,

necesito que aguante un poquito aquí, en la sala de espera,

mientras atendemos a su marido. -No voy con él... no.

No, ah, pero si no es mi marido. Es mi mayordomo.

-Ah, pues discúlpeme por..., por la confusión.

-No pasa nada.

-¿Vale? Hasta ahora. -Hasta ahora.

(MEGAFONÍA: Recordamos a los señores pacientes

que no aparquen

en las zonas reservadas para las ambulancias, gracias).

-Hola, Nuria. -Hola.

-¿Tienes una hoja de altas, por favor?

-Claro. -Gracias.

-Esa muchacha... es buena profesional, ¿no?

-Sí. Sí que lo es, sí.

-Mayordomo es una palabra clasicona, antigua; pero no es cosa mía.

Es que a Gerardo le encanta... llamarse mayordomo.

Yo conocí a Gerardo hace ya muchos años, ¿eh?

Entonces, yo pasaba muchas horas en la tienda de..., de chaqués.

Y, pero mira por dónde, un día apareció Gerardo,

en el momento justo y en el lugar justo.

Y hasta hoy, ¿eh? Ay... Yo estoy segura que se va a curar.

Sí, señor.

-Doctora, necesito trabajar, tengo que irme a trabajar.

-Pues lo siento, Gerardo, pero no va a poder ser.

Vamos a ver: Estoy viendo que los impulsos eléctricos

no están llegando correctamente a los ventrículos del corazón,

y ese bloqueo es lo que te está causando

que la frecuencia cardiaca la tengas más baja.

-¿Y... es por eso que me... desmayo tantas veces?

-Efectivamente. Vale.

Pues vamos a ponerle un tratamiento intravenoso de atropina.

-Voy. -Gracias.

Al tener una frecuencia cardiaca tan baja,

la primera opción es ponerle un fármaco

para que se estimule el corazón, se contraiga más,

y aumente el número de latidos por minuto.

De lo contrario, podría sufrir asistolia,

o incluso una parada cardiaca.

Así que vamos a esperar y a ver cómo evoluciona.

Lorena, la paciente de la doctora Rey

diagnosticada de Huntington,

llega al hospital porque ha sufrido un accidente.

Papá. -Hola.

¿Qué ha pasado?

-Pues que se ha quemado. -Vale.

¿Las acompañas a Boxes, por favor? Ahora voy.

-¿Qué haces? Te lo digo porque sabes perfectamente que es mi paciente.

-Ya, bueno. También es la madre de mi hija y mi novia.

¿Te parece poco?

-Ya sabes cómo va la crisis. -Mm...

-Está fatal la cosa.

-Sí. Pues si sigues sin encontrar trabajo, llámame a este número.

Sin problema. -Ah.

-Que yo tengo muchos contactos

y estoy segura de que algo puedo hacer por ti.

-Ajá. -Guárdala y no la pierdas.

-No, no, no, no. Muchas gracias. -¡Ay, doctora! ¿Cómo está Gerardo?

-Bien, bien. Está estable, pero bueno...

Vamos a esperar a que le haga efecto la medicación.

-Pues tiene que hacerle efecto pronto,

porque él tiene un tema personal muy importante que resolver.

Verá usted: su padre está enfermo y tiene 90 años,

y hace mucho tiempo que dejaron de hablarse.

Por una discusión que tuvieron: una tontería.

Cosas de familia. -Ya... Bueno, a ver.

Yo es que, de momento,

no le puedo decir cómo va a evolucionar Gerardo.

-Pues usted tiene que curarlo para este fin de semana,

porque verá: su padre vive en Australia

y Gerardo ya tiene billete para esa fecha.

-Bueno, a ver: Yo creo que mejor vamos a mantener un poco la calma

y no decirle nada de un viaje porque...,

porque le podría alterar mucho.

-Ja, ja... Bueno, pues si es por eso, no se preocupe.

Si no sabe que tiene billete, ni de que se va a Australia,

ni de que se va a reconciliar con su padre.

Ese tema lo llevo yo en secreto.

-Ah. -Mm...

Doctora, ¿le preocupa algo?

Verá: perdone mi intromisión,

pero es que yo la he visto discutir... con ese doctor.

¿Algo va mal?

-Mmm... No, no... No. (Sonríe).

-Ya...

-Hasta ahora. -Perdone.

-Bueno, le hemos... le hemos echado agua fría,

que es lo que se recomienda. -Vale, bien hecho.

Cuando se produce una quemadura leve,

hay que enfriar la zona inmediatamente con agua fría,

durante 10 o 15 minutos, para tratar de bajar la hinchazón,

y luego hidratar.

En ninguno de los casos se aplicará hielo, mantequilla o dentífrico,

como la gente suele decir.

-Ay... -Bueno, ¿cómo ha sido esto?

-Pues nada: que... que al sacar la bandeja del horno,

no me he dado cuenta y me he quemado sin querer.

-O sea que estabas trabajando.

-Sí... Bueno, me apetecía.

Y además estoy bien. -Ya.

-Yo alucino. ¿Que estás bien y que te apetecía?

-A ver, a ver, un momento. ¿Qué me estoy perdiendo?

-Bueno, pues nada:

Que el tratamiento del Huntington me está dando efectos secundarios

y me da un poquito de somnolencia.

Entonces, al retirar la bandeja,

no me he dado cuenta y no he cogido ningún trapo ni nada.

-Ya... Bueno, es que yo no sabía que estabas con efectos secundarios.

-Bueno, mejor tener efectos secundarios

que tener la enfermedad, ¿no? -Pues supongo que sí.

A ver... Bueno, son quemaduras de primer grado, ¿vale?

Quiere decir que..., que son leves,

que no han afectado ni los vasos, ni los tejidos.

Tendremos que hacer varias pruebas: una analítica de sangre,

luego tendremos que hacer un lavado de la herida, ¿vale?

Tendremos que ponerte suero y antibióticos.

Y ya te aviso y no te va a gustar nada.

Pero, tendrás que estar en observación varias horas.

-¿Unas horas?

-Sí, porque el tejido de las manos es muy sensible.

Y tenemos que ver cómo evoluciona. ¿Vale?

-Bueno, si no hay más remedio... -Pues no. No hay más remedio.

Me voy, que tengo otro paciente. Luego os veo. ¿Vale?

-Vale, gracias. -Hasta ahora.

-Oye, quería... quería hacerte una pregunta, que bueno...

que llevo tiempo pensando y ahora, pues me viene al pelo.

-Dime. -¿Qué... pasa entre papá y tú?

-Nada, está todo bien. -Ya. Es que... eso no cuela,

porque hace mucho que no quedamos los tres, y...

y bueno... que ya no es solo eso... sino que vosotros dos tampoco.

Y se supone que estáis juntos, entonces, pues no sé...

Deberíais hacer cosas de pareja, ¿no?

-A ver, Marta, esta enfermedad lo eclipsa todo..., ¿entiendes?

Pero no te preocupes, que haremos cosas juntos.

Está todo bien, no te preocupes. ¿Mmm?

-Te he dicho que está todo controlado.

En la casa, en la tienda...

Tú ahora, lo único que tienes que hacer

es preocuparte por ponerte bueno y de nada más.

-¿De verdad, lady Luisa? -Ay...

-Es que yo quiero ir a trabajar.

Marifé no tiene ni idea de limpiar.

No..., no limpia el polvo, lo esparce; lo...

-Hasta en el hospital me tienes que llamar lady Luisa.

Te he dicho mil veces que lady Luisa no me gusta nada.

-Lo siento.

¿Sabe algo de mi padre? ¿Ha llamado usted o ha llamado él?

-No, no sabemos nada nuevo. Eso es que todo sigue igual.

-No es que me importe, la verdad. Es más: No me interesa lo más mínimo.

Pero era solamente por saber.

-¡Hola! -Hola, doctora.

-¿Qué tal estamos? -Regular.

-¿Regular? -Muy mal.

Me siento los latidos por todo el cuerpo.

Los siento... en diferentes partes del cuerpo,

los latidos del corazón.

-A ver, espera un momento.

Estás sufriendo una bradicardia.

Por favor, Luisa, necesito que salga.

-Sí, bueno. -Gracias.

A ver, Gerardo, tranquilo, ¿vale?

Creo que no..., no has tolerado correctamente la medicación.

Paula, vamos a suspender el tratamiento

y le vamos a colocar un marcapasos temporal, ¿vale?

-Vale.

-Ve a llamar a Cardiología. -Vale.

-En situaciones que revisten gravedad,

existe la posibilidad de colocar un marcapasos de forma temporal,

que nos permita mantener un ritmo cardiaco adecuado

por un tiempo limitado,

hasta que encontremos la causa de la alteración.

De lo contrario,

tendremos que implantar un marcapasos de forma definitiva,

si la situación es irreversible.

(MEGAFONIA: doctor... acuda a la Consulta 4).

-Hola. -Hola.

-Oye, perdóname, que no he podido venir antes.

Es que he tenido un día... -Vaya médico que tengo.

-Bueno, a ver... Estoy viendo en el informe..., mmm...,

las pastillas para el Huntington, ¿no?

-Bueno; mejor no darle vueltas a eso.

-Mira, si quieres, hacemos una cosa,

Como no te he podido hacer mucho caso... Ay, pobre.

Eh... Si quieres, pues le puedo liberar esta noche a...,

a Dacaret de la guardia, y así se queda contigo.

-¿Ya se lo has dicho? -No, no.

-Pues mejor no le digas nada.

Mensaje de móvil

-Vale, como quieras. Espera un momento.

Bueno; eh... Tengo que dejarte. ¿Vale? Que tengo una urgencia.

-Vale. Gracias. -Nada.

El equipo de Cirugía Cardiovascular

le está implantando un marcapasos a Gerardo,

el paciente con bradicardia.

El implante de un marcapasos se realiza con anestesia local

en la zona de incisión.

No es necesaria una anestesia completa.

Se realiza una incisión por debajo de la clavícula,

y se canaliza una vena

para pasar los cables hasta el corazón.

Debajo de la incisión se crea una bolsa,

donde va alojado el generador del marcapasos,

y donde van conectados los cables.

Una vez conectados los cables,

hay que ajustar los parámetros del marcapasos con un programador.

-Su ritmo está en pausa

y le ha bajado mucho la presión arterial.

-Tiene bradicardia extrema.

¡Un miligramo de atropina, rápido. Se nos va, se nos va!

-Bueno, ya verás cómo todo va a ir bien, ¿vale?

-Eso espero.

-Ha habido complicaciones. -Ay, Dios mío...

-¿Qué pasa?

-Ha tenido bradicardia extrema con síndrome de Stokes-Adams.

-Perdona, hija, pero yo no te he entendido ni una jota.

-A ver, Luisa, lo que quiere decir es que el corazón,

pues no le estaba bombeando bien

y ese bloqueo le ha provocado una pérdida de conciencia.

-Pero tranquila, porque ya está bajo control;

hemos conseguido ponerle el marcapasos con éxito,

y ya está funcionando, le están terminando de suturar.

-Vale.

-Perdona, hija, pero creo que necesitabas un beso.

Y a mí me encanta dar besos.

-Ah... Vale, no pasa nada..., no pasa nada.

-La razón por la que Gerardo y su padre se enfadaron

fue porque Gerardo es abogado.

Pues perdió su empleo.

Por los extraños avatares de la vida.

Luego, estuvo mucho tiempo buscando otro trabajo dentro de la abogacía,

y no lo encontró.

Pero, durante el tiempo que estuvo buscando,

descubrió cuál era su verdadera vocación.

¡Sí! Servir. Y quiso dedicarse a ello.

Pero, claro, el padre no comprendía cómo su hijo,

que era un gran abogado,

prefería trabajar sirviendo a los demás como mayordomo.

Gerardo intentó convencerlo de la dignidad de su trabajo.

Una y otra vez. Pero qué va, no hubo manera.

Discutieron y discutieron..., y nada.

Al final, el padre se fue a Australia con su hermano,

y no volvieron a saber uno del otro.

Hasta ahora,

que su hermano le ha contado que su padre está muy malito.

-¡Ah...!

Y entonces por eso le has comprado el billete

para que se vaya a Australia,

para que se reconcilie con su padre, ¿no?

-Exactamente, sí. -¡Ah!

¿Te puedo decir una cosa? -Lo que quieras.

-Es que... No sé. Te he estado observando y...

Me llama muchísimo la atención que ayudes así a la gente.

-Ah... Bueno, verás, no te creas que yo soy rica desde la cuna.

No, no, qué va, para nada.

Yo empecé a ser rica gracias a un buen matrimonio.

Y luego fui más rica,

gracias a los consejos de mis clientes banqueros.

Y claro, yo, será por las penurias que pasamos en mi casa,

cuando yo era una cría,

los sufrimientos de mi padre por culpa del dinero...

Mucha angustia...

que yo llegué a la conclusión de que la gente tenía que ser feliz.

Por lo menos, tenía que vivir, económicamente, tranquila.

Y si yo tenía medios para ayudar a conseguirlo, ¿por qué no hacerlo?

Si no hay mayor felicidad que ayudar a los demás.

¡No hay otra! Te lo digo de verdad.

Yo estoy encantada. -(Ríe).

-Hola. ¿Tienes un momento? -Sí.

-Ay, mira..., pues mira,

yo voy a ir a dar una vueltecita y a estirar las piernas.

-Perdona, ¿eh, Luisa?

-No. Nada, nada, nada. -Adiós.

-Dime. -Escucha:

¿Me puedes cambiar la guardia de hoy, que quiero cuidar a Lorena,

y así empalmo con el fin de semana, que tengo planes?

-Es que... no puedo, lo siento.

Es que ya me lo ha pedido Hernández, y no..., no voy a poder.

Lo siento, de verdad. -Vale. Pues nada. Muchas gracias.

-(Suspira) Jo...

-¿Todo bien?

-Pues sí..., muy bien, muy bien. ¿Te lo cuento?

Sí, mira, te lo voy a contar.

Resumiendo: Lorena, no sé por qué razón,

no quiere estar con Dacaret,

y él, en cambio, me está pidiendo que le dé la guardia libre.

Y para variar, yo en medio.

-Ya. -Ay...

-Sí, es muy incómodo estar en medio; sí.

-¡Es que lo hace con mala intención!

Lo que está haciendo es restregarme la jefatura de Servicio.

Y ojo. Que parece que se ha olvidado de que yo la apoyé, ¿eh?

-Bueno, mira: Si no lo ha hecho será por algo.

-¿Qué pasa? Que estoy siendo un plasta, ¿no? Reconócelo.

-No, no, no es que seas un plasta.

Pero..., es que yo no soy buena oreja para estas cosas.

-Pero, Soto, a mí me parece que lo haces bastante bien.

El problema que tienes, ¿sabes cuál es?

Que nunca cuentas tus movidas. Y cuidado, que seguro que las tienes.

-Como todos. -Ah, ¿sí? Pues..., cuéntame alguna.

Cuéntame, no sé: ¿qué tal con Lucas?, por ejemplo.

(Megafonía: Doctora Rey, acuda a Unidad de Cuidados Intensivos).

-Hasta luego.

-Lucas.

La doctora Rey ha acudido urgentemente a atender a su paciente

al que le acaban de implantar un marcapasos,

porque respira con dificultad y tiene agitación.

Tranquilo. ¿Qué tal está? -Tiene fiebre. 38 y medio.

-Vale. Le vamos a poner un antitérmico.

Hay que evitar que se mueva tanto,

porque podría mover el cable del marcapasos

que le acabamos de implantar,

y esto podría volver a provocarle otra bradicardia extrema o asistolia.

Además, estoy bastante preocupada,

porque creo que toda esta agitación se debe a problemas neurológicos.

Tranquilo, Gerardo, tranquilo. ¿Vale?

Todo va a ir bien, tranquilo. Tranquilo, tranquilo.

Las pupilas están midriáticas y arreactivas.

La piel está muy seca.

A ver, ha entrado en coma.

-Hola. -Hola.

Perdone..., pero es que... yo vengo buscando a la doctora Rey,

y me habían dicho que podría estar aquí.

-Pues aquí no está, lo siento.

-Qué guapísima eres, hija. -Muchas gracias.

-¿Qué te pasa en las manos?

-Nada, un accidente. Que me he quemado.

-Vaya por Dios. -Mm...¿Y usted?

-¿Yo? Lo mío no tiene cura; son los años que tengo. (Ríen).

Pero no te digo cuántos, que es una ordinariez. Oh...

-¿Algún familiar, a lo mejor? -Ah, sí.

Yo estoy aquí porque estoy pendiente de la evolución de un amigo mío

que ha tenido problemas del corazón.

-Mm... Hoy en día, ¿quién no los tiene?

-Verdad.

-Ah, mira. Mi hija. -¡Ay...! ¡También es guapísima!

-Hola. -Hola.

Bueno, pues ya no las molesto más. -¡No!

-Que se alivie, ¿eh? -Gracias, igualmente.

-¿Quién era?

-Nada, una señora que estaba buscando a la doctora Rey.

-Eh... He hablado con papá

y hemos quedado los tres este fin de semana.

-Pues muy bien, ¿no? -Sí, sí, la verdad es que sí. Bueno.

Unos amigos me habían dicho de ir a la sierra.

Pero bueno, que estaba el plan un poco en el aire, o sea que...

-Pero ¿ya habías quedado?

-Sí, pero da igual. Prefiero estar con vosotros.

-No, Marta. Entonces, no. Si habías quedado, haz tus planes.

Últimamente, con esto de la enfermedad,

pasas mucho tiempo conmigo y no me parece justo.

Es muy egoísta por mi parte.

-Ya, pero es que yo estoy encantada de pasar tiempo contigo.

-Si ya lo sé, pero lo que tienes que hacer es preparar tu saco,

que ya hago yo planes con tu padre.

-¿Seguro? -Seguro...

-Bueno, vale; pero tiene intención de llevarnos al chino.

Yo... Hay que decirle que nos horroriza. (Ríen).

-Yo voy con él. No te preocupes. (Ríen).

-Un besito.

-¿Puedo sentarme un momento? -Sí, sí, claro.

Ya me he enterado de lo de su mayordomo. Lo siento.

-Gracias. Sí. Me he encontrado con la doctora Rey,

y me ha dicho que todavía tienen que seguir haciéndole pruebas.

Pero, no te preocupes por mí, yo confío en ella.

Estoy segura que va a curar a Gerardo.

Bueno, ¿y a ti qué te pasa?

-¿A mí? -Mm...

-Nada. No se preocupe, que no necesito más besos.

-(Ríe). No sé yo. No lo tengo claro.

Venga... Cuéntamelo... Puedes decírmelo, sé escuchar.

-Precisamente es de eso, de escuchar.

Es que tengo dos amigos que tienen problemas entre ellos

y son un poco petardos,

porque han decidido contarme sus problemas a mí.

-¿Son de aquí, del hospital?

-Sí y yo estoy harta de estar en medio.

De que uno me diga: "Es que me ha dicho no sé qué,

me ha dicho no sé cuántos...". Yo no quiero estar en medio.

-Pues si lo hacen es porque piensan que tú sabes escuchar.

-No. Yo soy médico, no psicóloga.

-Pues entonces tu problema es que no sabes comunicarte.

-¿Y qué quiere que les diga?: "No quiero escucharos más".

No puedo decir eso. -No, no, no, no, para nada.

Sencillamente, les dices que quizás tú no seas la persona adecuada

para que te cuenten sus problemas. Ya está.

-Preparas el saco y todas las cosas que te tengas que llevar, ¿vale?

-Vale.

-Atención, atención, paciente a la fuga...

-(Ríe). Es que estaba un poco aburrida

y quería acompañar a Marta a la puerta.

-Ya. Bueno, pues te traigo la receta de antibióticos y el alta.

Así que, ya te puedes ir a casa.

-¿De verdad? -Sí.

-¡Aleluya! No veía el momento de salir de aquí.

-Oye, ahora que hablas de salir de aquí.

¿Te ha comentado Marta lo de quedar? -Sí, lo que pasa que ella no puede,

porque ha quedado con unos amigos para irse por ahí, con ellos.

-Vale. Bueno, sin problema. Pues lo dejamos para más adelante.

-No, no, no, no... no.

Eso no, no pasa nada. Quedáis los dos y ya está.

¿Verdad que sí? -Sí, pero si no puedes, no pasa nada.

-No, bueno, eh... Yo sí puedo.

Hoy, el problema que tengo es que tengo guardia.

Pero, vamos, que... que tengo que cenar igualmente.

O sea que, si quieres cenar en la cafetería del hospital,

por mí... -Hombre... Yo no quiero molestarte,

aquí en el hospital, ¿no? -Que no, que no.

-No, hombre, que... Si no molestas.

Además la cafetería es maravillosa. -Mmm, estupenda.

¿A las nueve y media?

-Vale. -¿Vale?

-Vale. -Venga. Genial. Luego te veo.

-Le hemos realizado una analítica,

un ecocardiograma y una radiografía de tórax,

y no hemos encontrado absolutamente nada.

Simplemente con el TAC,

pues hemos podido descartar

que fuese un tromboembolismo pulmonar o una trombosis.

Pero es que no, no... No lo sé, es que no lo sé.

Hay algo que se me escapa y no tengo ni idea de lo que es.

-Esta no es la despedida que yo tenía prevista para nosotros.

Me has hecho trampa, Gerardo.

¡Eres un tramposo!

(Llorando) No te vayas.

(Suspirando). Gerardo, no te vayas.

-Hola.

Me alegro mucho de no ser el único que se come la guardia.

-Mira, si vienes con ganas de discutir, lo siento mucho,

pero no tengo tiempo, ¿vale? -Vale, vale...

¿Te pasa algo?

-Pues que tengo un paciente en coma y no... Es que no sé qué hacer.

No, no, no..., no lo sé. No lo sé. Estoy atascada.

-Vamos a ver... ¿Sabes lo que te puede estar pasando?

Que los árboles no te dejan ver el bosque.

Lo que tienes que hacer es poner todos los síntomas en conjunto,

y eso puede que te dé alguna pista.

A ver: Paso a paso. ¿Qué síntomas tiene?

-Vale. Vamos a ver: Sequedad intensa. -Mm...

-Confusión, agitación..., midriasis,

fiebre..., depresión respiratoria...

-Vale. Y con todo eso, ¿qué puedes tener?

-Lo tengo. ¡Lo tengo, lo tengo, lo tengo, lo tengo!

-Gracias.

-Es muy probable que tenga una intoxicación por atropina,

que es el medicamento que le pusimos en el quirófano

para resolver la bradicardia extrema. ¿Vale?

Entonces, le vamos a poner 0,5 miligramos de..., de neostigmina.

¿OK? -Vale, voy.

-(Suspira).

-Le hemos puesto un antídoto para eliminar el fármaco.

Pero, como hay signos de toxicidad en el sistema nervioso central,

vamos a esperar, a ver cómo reacciona.

-Toma.

Menú para uno. ¿Vale? -Vale... ¡Qué triste!

Días después, Gerardo,

el paciente que entró en coma por una intoxicación de atropina,

se recupera en planta.

-¿Qué tal? ¿Cómo te encuentras?

-Bien, pero con muchas ganas de volver a trabajar.

-Bueno..., a ver.

Decirte que el marcapasos funciona muy bien. ¿Vale?

-¿De verdad? -Sí.

-Gracias a Dios. -A ver, necesito...

(Llaman a la puerta). Huy...

-Perdone. ¿Puedo pasar? -Por supuesto.

Un segundo...

Muy bien. Todo correcto.

-Lady Luisa, ¿cómo van las cosas en casa?

-Ay Gerardo..., menudo susto nos has hecho pasar.

-Ya. Eh... ¿Cuántos jarrones ha roto ya Marifé?

Teléfono

-¡Ay!... Espera.

-A ver, necesito echar un vistazo...

-Es una amiga para quedar.

Pero yo, mientras tú estés aquí, no salgo con nadie.

-Seguro que desde que falto, está todo manga por hombro.

-Oh...

-Qué ganas tenía de volver a casa, lady Luisa.

-Pues mira, mm...

precisamente tengo que decirte algo sobre el tema de volver a casa.

Es sobre tu padre.

-Perdón. Eh... Bueno, yo he acabado ya, ¿vale? Está todo correcto.

-Gracias, doctora.

-Os dejo solos. -Muy amable. Gracias.

¿Ha llamado usted o han sido ellos los que han llamado?

-Mm...

-Pues esto ya está. Gracias, hasta luego.

-¿Qué tal llevas la mañana? -Bastante bien. ¿Y tú?

-Bien. Oye... -Dime.

-Estaba pensando...

Em... ¿Te apetece que... comamos juntas?

-Sí. Sí, sí, perdona. Perdona.

Eh... ¿A qué hora? -A las dos, en la terraza.

-Vale. ¿Táper? -Muy bien.

-Genial. Chao.

-Hamman... -¿Tú qué haces aquí?

-Mírame las manos, que me duelen un montón.

-Vale, acompáñame. Ven.

Bueno, vamos a ver. -Cuidado, que me duele mucho, ¿eh?

-(Suspira).

-Pues normal que te duelan. Si están infectadas.

¿Te has quitado el vendaje? -No.

-Y te has tomado el antibiótico. -Sí.

-Lorena, ¿te has tomado el antibiótico?

-Pues no. No, porque ya estoy harta de tantas pastillas

y las he dejado todas.

-Ya, muy bien. ¿Y se puede saber en qué estabas pensando?

-¿En que no quiero estar todo el tiempo

como si fuera un zombi?

Mira Lorena, a mí me da igual lo que hagas en tu vida, ¿vale?,

pero, médicamente, tienes que hacerme caso a mí.

Y si te receto antibióticos es para que te los tomes;

no para que los dejes cuando te dé la gana.

-Bueno, me parece que estás mezclando dos cosas, ¿no?

La parte médica y la parte personal. ¿Qué estás enfadado?

¿Porque he dejado el tratamiento

o porque el otro día te dejé tirado a la hora de la cena?

-Mira. Vamos a retirar el tejido infectado quirúrgicamente, ¿vale?

La limpieza quirúrgica es lo más aconsejable,

porque si no, la infección podría propagarse a través de la sangre.

Y en el peor de los casos, podría conducir hasta la muerte.

Lo he dicho mil veces y no me cansaré nunca de repetirlo:

Cuando el médico da un tratamiento a un paciente,

nunca hay que abandonarlo.

Porque podría ser peligroso.

-Hola, Gerardo. -Hola. ¿Qué tal, doctora?

-¿Qué tal estás? -Bien. Aunque, si le digo la verdad,

un poco asustado por todo lo que ha pasado.

-Bueno, pues no te asustes, porque vengo con buenas noticias:

Voy a darte el alta. -¡Bah!

Si esto me lo hubiera dicho hace unas horas,

sería una gran noticia, pero, después de hablar con lady Luisa,

no lo es tanto, la verdad.

Vaya, yo... bueno, por mi parte,

quería decirte que siento muchísimo lo de tu padre.

-Ah...

¿Tiene un rato? -Sí... (Sonríe).

-Por favor.

Verá: Yo no sé lo que le habrá contado lady Luisa,

pero ella y su marido me salvaron de una tremenda depresión

y del desastre de vida que yo tenía hace un tiempo.

Porque... yo era un buen abogado.

Tenía grandes casos, mi vida iba bien, pero...,

por una serie de razones, todo se vino al traste y...

y ellos me acogieron en su casa, me dieron comida, me dieron techo...

Pero, lo que es más importante: Me dieron su cariño.

Ese cariño que mi padre siempre me ha negado.

-Pero, ¿ni siquiera en estas circunstancias

estás dispuesto a perdonarle? -Ya, ya, ya, eso me dice lady Luisa.

Y ella es... una mujer tan sabia...

-¿Y entonces...? -Ah...

-Creo que si me voy a Australia..., ella se va a quedar sola.

-Hombre, Gerardo, pero si te marchas unos días, tampoco va a pasar nada.

-Ya, pero no van a ser unos días.

Quizá sean semanas... meses o incluso años.

Y ella está completamente sola.

Esas llamadas son para pedirle favores.

Ella soluciona a muchísima gente sus problemas.

Les presta dinero, les regala cosas...

Y después, ni siquiera la llaman para tomar un café

o para pasar una tarde con ella.

Lady Luisa... está completamente sola.

-¡Ay...! ¿Y tu comida? ¿Qué pasa? ¿Que estás a dieta o qué?

-Bueno...

Hola. (Sonríe). -Hola.

-Veréis, es que esta es la única manera que se me ha ocurrido

de poder juntaros.

-Vale. ¿Me puedes decir qué está pasando?

-Vale. A ver cómo lo explico. Mm...

El otro día, tú me preguntaste que por qué no...,

no te contaba mis problemas con Lucas.

Y lo he estado pensando y, realmente, creo que es que es importante

contar los problemas y las preocupaciones

a las personas adecuadas.

Y creo que vosotros no lo estáis haciendo...

¿Me explico? -Sí.

-Genial. Pues... Os dejo.

-Ay..., como que... tiene un poquito de razón, ¿no?

-Sí. Oye: Eh...

Lo siento, porque he estado un poco a la defensiva contigo.

-¿Poco? -Bastante.

-Vale. Lo que no sé es...

No sé, no sé si es por mí o porque tú te encuentras mal o...

-Bueno, he discutido con Lorena

y lo peor es que es por un tema profesional,

porque no se ha tomado la medicación,

y estoy un poco preocupado, la verdad.

-Bueno. Pues por eso no te preocupes, porque hablo yo con ella. Tranquilo.

Y además, que discutir con la persona con la que estás no...,

que no es raro, ¿no? (Ríe).

-Y además creo que Soto tenía razón.

Es que lo mejor que podía hacer era hablar contigo.

Así que... nada, que gracias por los consejos. ¿Vale?

Me tengo que ir, que está a punto de llegar Marta y...

Quiero visitar a Lorena, ¿vale? Venga. Ahora subo a comer.

-(Lloriqueando) Vamos, vamos, vete ya.

Tras descartar secuelas neurológicas,

Gerardo es dado de alta.

-Ya está. Huy...

Qué alegría te entra por el cuerpo

cuando las cosas se van arreglando bien, ¿verdad?

Gerardo, rumbo a Australia.

Y tú, que ya has aclarado tus asuntos con tu ex.

Sí, sí, sí, sí. Ese doctor de los ricitos, sí.

-Pero a ver. Pero un momento.

-Que es muy guapito, muy guapito, ¿eh?

-Pero ¿tú cómo sabes que es mi ex?

-¡Uh, uh! Intuición. (Ríen). -¿Intuición?

(Ríen).

Bueno. Que..., ¿nos vemos mañana para merendar?

-Sí, estupendo. Por mí, encantada.

-Mua... -Hasta mañana.

-Hasta mañana. -Anda, venga... vete, vete.

-Bueno, Lorena, pues todo está bien, ¿vale?,

así que en un par de días te daremos el alta.

-Muy bien.

-Eso sí: Tendrás que seguir con el antibiótico,

y con el tratamiento del Huntington. ¿Vale?

-Pues esto habrá que celebrarlo en el chino que nos gusta tanto, ¿no?

-Pues claro que sí.

-Sí. Oye, ¿me traes agua, que no tengo?

-Sí...

Ahora vengo.

-Hasta luego.

-Bueno...

Tenemos que hablar.

-Buh... Una conversación que empieza con tenemos que hablar...

no suele acabar bien.

-Bueno, es que...

Le he estado dando vueltas a la cabeza estos días...

-Yo también he estado pensando cosas. -Espera, no..., no me interrumpas.

Déjame hablar, que lo que tengo que decirte... no es fácil.

En estos días que nos hemos visto menos,

pues, me he dado cuenta que...

que no te he echado de menos.

-¿No me quieres?

-Mm... Creo que esto ha sido una cosa circunstancial. Que...

Que nos estamos engañando.

Que ni yo estoy enamorada de ti, ni...,

ni tú estás enamorado de mí.

-Habla por ti, Lorena.

-Sí... Si estoy hablando por mí.

En este tiempo, creo que necesito estar sola.

-Vale.

-Dificultad respiratoria, tiene tos seca,

y padece EPOC desde hace ocho años.

-EPOC significa enfermedad pulmonar obstructiva crónica,

y se caracteriza por la obstrucción progresiva e irreversible

de las vías respiratorias.

Bien, la radiografía descarta una neumonía o edemas.

Pero, en los análisis, lo que he visto

es que hay una ligera infección.

-Sí, deberías dejar de fumar, ¿eh?

-¿Y qué propietaria de un club de fumadores no fuma?

-No me lo puedo creer. ¿Otra vez fumando?

-No, es que solo he abierto para que me diera un poco el aire.

-¿Qué opinas de los nódulos?

-¿Se puede saber qué pasa con tu amiga Paloma?

Dile que es la última vez que me deja colgado con un paciente esperándola.

-Palo, ¿se puede saber por qué no has ido a hablar con Mendieta?

Te ha estado esperando.

¿Estás bien? ¿Sabías que tienes un soplo?

-No.

-Tiene una infección respiratoria y un soplo de nueva aparición.

-Parece que, por una cosa u otra,

siempre me quedo con las ganas de ver trabajar a tu amiga: la crack.

-¿Estás poniendo en duda que mi amiga está enferma?

-Ya te dije que pensaba que Paloma no era trigo limpio.

-Hola. -Siento lo de esta mañana.

-De hecho, he estado hablando con Diana

que me gustaría que me confirmaras

la fecha en la que terminaste la especialidad.

Así que ya sabes:

O me lo confirmas tú o tendré que enterarme yo por mi cuenta.

  • Centro médico - 03/04/17 (2)

Centro médico - 03/04/17 (2)

03 abr 2017

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas de los doctores.

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