Dirigido y presentado por Manuel Pimentel y dedicado a la arqueología, abordará la evolución humana, el nacimiento del arte rupestre o el final de Tartessos. La búsqueda del Maestre del Temple, Arnáu de Torroja y de la tumba de Boabdil, completan una serie que se ha rodado en España y varios países como Tanzania, Marruecos, Italia, Alemania o Portugal.

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Para todos los públicos Arqueomanía - El código ancestral - ver ahora
Transcripción completa

Hace muchos miles de años,

un artista, un chamán, no sabemos,

aprovechó la forma de esta roca

para tallar y dibujar un bisonte en vertical.

Lanzaba un poderoso mensaje a sus contemporáneos,

cuyo eco llega hasta nuestros días causándonos asombro.

Nacía el arte rupestre.

¿Qué significan las pinturas? ¿Qué quieren decir los grabados?

¿Hay un simbolismo detrás? ¿Es religioso?

¿Es simplemente naturaleza?

Hay un vivo debate abierto.

En "Arqueomanía queremos responder a esta cuestión

y saber si detrás del arte rupestre, más allá del mensaje que evoca,

hay un lenguaje que puede ser interpretado

a la luz de la actualidad.

Contemplamos con asombro el arte rupestre

y surgen las preguntas evocadoras.

¿Cómo supimos de las viejas historias?

¿Cómo se conservó la crónica de los primeros viajes

y de las grandes migraciones?

¿Quién rememoraba las gestas de los antepasados?

¿Cómo se recordaban los nombres

de aquellos que vislumbraron el valle por primera vez?

¿Quién fue el primer cazador?

¿Quién la primera exploradora

que se adentró en la oscuridad de la cueva?

¿Cómo era posible mantener vivo

su recuerdo entre las gentes del clan?

Hasta ahora se pensaba que, en aquellos tiempos lejanos,

las historias y los recuerdos solo podían

cabalgar a lomos de la tradición oral.

No se escribía y las historias eran contadas

por los ancianos y juglares sin otro soporte que la memoria.

Las epopeyas, las gestas y las elegías

elegías se recitaban a la luz de la lumbre

en aquellas largas y frías noches paleolíticas.

Pero el arte rupestre nos reta desde sus trazos singulares.

Existe otra posibilidad.

Quizás las pinturas y los grabados de las cuevas

custodiaran la memoria colectiva,

quizás contaran una historia, relataran un mito

o lanzaran una advertencia.

Quizás compusieran un relato primigenio

en un lenguaje que solo los iniciados

alcanzarían a conocer.

O, tal vez, esa forma de expresión fuera participada

por el grupo, a modo de lenguaje visual compartido.

Porque las pinturas rupestres no solo son arte,

son, sobre todo, mensaje

y nosotros queremos descubrir su código ancestral.

Y la pregunta queda en el aire:

¿se considera a la pintura rupestre como una forma de escritura?

¿Se podría leer por tanto?

Vamos a comenzar con un posible relato prehistórico

cuyo significado hasta ahora desconocemos.

El Tajo de las Figuras domina, desde el alto,

al embalse del Celemín, en Benalup ― Casas Viejas, Cádiz.

Se trata de una cueva pequeña,

al modo de una capilla suspendida,

de apenas diecisiete metros cuadrados.

Sus paredes y techos componen un mural de 962 pictogramas.

De ellos, 208 corresponden a tipos diferentes de aves

perfectamente identificables.

Los investigadores creen que comenzó a pintarse

durante el paleolítico y se utilizó como lienzo

hasta la Edad del Bronce.

Los pintores sabían muy bien lo que hacían,

no solamente contar un relato, sino comulgaron con el paisaje

y crearon un espacio sagrado.

Detrás, se encuentra la necrópolis megalítica del Celemín,

con más de 20 dólmenes conocidos.

Por tanto, estamos en un espacio sagrado

al cual vendrían de toda la comarca

probablemente a conocer ese relato ancestral

que nos habla de la vida y la muerte.

A la cueva se accede por una escalera empinada.

Arriba nos aguarda el prodigio de sus figuras.

Por fin dentro de la cueva.

Sobrecoge pensar que en este lugar sagrado

durante miles de años, los sacerdotes, artistas o maestros

contaron el mismo relato utilizando esta pintura rupestre.

Hoy, desgraciadamente, hijos de la industrialización

no logramos comprender su significado.

Por eso creo que lo mejor que puedo hacer ahora

es, desde el respeto profundo a nuestros ancestros,

callarme y dejar que las pinturas hablen al interior de mi ser,

al interior de nuestro ser.

Y en silencio observamos las pinturas.

Sabemos que nos quieren contar algo,

pero no logramos entenderlo.

¿Qué relato componen?

¿Es esta cueva un gran libro de piedra abierto al paisaje?

Algunos autores llegaron a proponer

que la composición del Tajo de las Figuras

relataría el mito fundacional de Gárgoris y Habis,

aunque eso nadie lo puede demostrar.

Cuando he subido a la cueva, he tenido una doble sensación.

Por una parte estaba comulgando con el paisaje.

Veíamos al fondo el embalse.

Es un tajo que es visible desde lejos

y es un mensaje paisajístico.

Pero al ver el retablo, sentía que contaban una historia,

que los maestros de la prehistoria querían contar.

¿Es así? -Efectivamente.

Ellos, mediante las figuras que aparecen representadas

en ese gran panel,

vemos animales, vemos humanos,

vemos números o signos...

Y en ellos se aprecia, por una parte,

la importancia de determinadas especies.

Sobre todo destacan las aves.

Esto es algo extraño

dentro de lo que es el arte rupestre

porque no hay una cueva con tantas pinturas.

Y, además, nos muestran escenas de la vida de las aves.

También en los humanos hay representaciones

que nos hablan de la fertilidad.

El sexo de los animales también queda muy claro.

Marcan el macho y la hembra.

Todas son escenas que representan una época estacional,

de la primavera al otoño.

-Son pinturas que hablan de fertilidad, del ciclo de la vida

y la muerte.

-Dentro del ciclo de la vida está la muerte.

El ciervo también es un animal muy vinculado al mundo de la muerte.

-Dentro de la muerte, hay una cosa que me llama la atención.

Las aves están mirando normalmente a la salida del sol, a la vida.

Sin embargo, hay una figura que parece un muerto,

una persona tendida muy rígida donde emerge, de su pecho,

una grulla que mira hacia el oeste, la puesta del sol, la muerte.

¿Podría haber un mensaje de la otra vida?

-Nosotros hemos planteado la hipótesis

de que esa relación también de la grulla con el muerto

puede también simbolizar lo que marcamos en los ciervos

y otros animales de la muerte.

De marcar ese tránsito.

En todo caso,

la cronología del arte rupestre del Tajo de las Figuras

es muy extensa,

lo que nos demuestra la pervivencia del posible relato

durante muchas generaciones

y, quien sabe, si su actualización a lo largo de los siglos.

Los murales rupestres no solo muestran animales y personas.

A veces, su discurso gráfico incorpora

otros elementos que enriquecen su relato.

Así ocurre, por ejemplo, en la Laja Alta,

un santuario rupestre cercano al Tajo de las Figuras.

Su retablo presenta una serie de secuencias narrativas

las que destacan los paneles con barcos.

Estas naumaquias, si se nos permite la expresión,

nos conducen hasta otro debate en ciernes todavía:

el origen de la navegación,

que podría resultar ser mucho más antigua

de lo hasta ahora pensado,

o al menos así lo evidencian estas pinturas,

con unas dataciones que rondan los seis mil años de antigüedad.

Hemos realizado una reconstrucción virtual

de uno de los barcos y su modernidad.

Para ser del neolítico, resulta asombrosa.

Si se dominaba la navegación en una época tan temprana,

los intercambios entre pueblos lejanos serían

muy anteriores a lo aceptado hasta ahora.

Eso habría influido, por ejemplo,

en la transmisión de los códigos culturales

y de las protoescrituras,

que podrían adelantar su origen centenares de años.

Este hipotético lenguaje reflejado en las pinturas

podría, por tanto, ser global y no tan solo local.

Hay otros muchos murales que contienen un relato,

como Valonsadero, en Soria,

donde parecen recogerse actividades ganaderas,

Sésamo en los Ancares leoneses, con motivos similares,

o la Cueva de la Victoria en Málaga,

donde tal vez se reproduzcan los méritos de un difunto,

como se vería siglos después en las tumbas

del Valle de los Reyes en la antigua Tebas.

La fauna más repetidas en el paleolítico

son los caballos y las ciervas.

Ya hemos visto que otros muchos animales

fueron representados sobre las paredes de las cuevas.

Pero queremos detenernos en una cavidad singular

por cuanto podría suponer, según algunos autores,

un canto al mar y a sus criaturas.

La Cueva de Atlanterra domina, desde un crestón arenisco,

la línea del horizonte en la que atunes y orcas

transmigraron desde el pasado remoto.

Ubicada en el corazón de una urbanización

sobre Zahara de los Atunes, en Cádiz,

parece un milagro que haya logrado llegar

en razonable buen estado de conservación

hasta nuestros días.

¿Se quiso narrar en su interior un canto al mar

con la representación esquemática de la poderosa orca?

La delantera es un abrigo tipo taffoni

que se abre sobre la roca arenisca y, en este caso en concreto,

pues se abre con claras miras, con claras vertientes,

hacia el mar, hacia la playa.

Esto ha hecho que algunos investigadores,

Mario Morcillo, por ejemplo, interpretase algunas de las figuras

que encontramos en esta cueva como representaciones de orcas,

representaciones esquemáticas de orcas.

Si bien no podemos negar esta vinculación

de la cueva con el mar, es totalmente innegable,

a día de hoy no tenemos pruebas feacientes o sólidas

que corroboren estas hipótesis.

Es cierto que es muy interesante y nos hace plantearnos a nosotros

por qué sí se representan los ciervos esquemáticos

en momentos paleolíticos,

o el propio caballo.

¿Por qué no se pueden representar las orcas?

La cueva tiene una cierta continuidad,

en lo que a las manifestaciones gráficas se refiere,

desde el Paleolítico Superior

con los motivos figurativos de ciervos y caballos.

Y esa continuidad hacia la Edad del Bronce.

La zona marítima del Estrecho de Gibraltar

es un lugar de especial interés para la arqueología

de todas las épocas y para el paso de los humanos

desde África a Europa y viceversa,

una auténtica encrucijada de personas y culturas.

En ambas orillas se localizan numerosos abrigos con arte.

¿Pudieron transmitirse por este brazo de mar

los motivos y significados

representados en sus pinturas rupestres?

En el interior mismo del Peñón de Gibraltar

han documentado expresiones gráficas de época neandertal.

Este grabado, que se publicó hace unos años,

es la manifestación plástica más meridional de Europa

y una de las más antiguas.

Algunos científicos consideran al Estrecho

demasiado peligroso

como para permitir la navegación prehistórica.

Decidimos comprobarlo, y embarcamos en Tarifa

con la intención de grabar su compleja singladura.

También queríamos documentar la presencia de cetáceos y atunes

para comprender la impresión

que causarían a los primeros navegantes,

que quizás los plasmaran en algunas de las pinturas de la zona,

como sería el caso de la cueva de Atlanterra.

En las proximidades de Tánger

podemos observar los modos de pesca tradicional del atún.

Se trata de pescadores marroquíes

que, desde una simple patera,

usan tan solo anzuelo e hilo con piedras para llegar a fondo.

Este chambel es suficiente para capturar peces de gran tamaño.

Puede que esta sea una forma de pesca

que se haya mantenido viva desde la Prehistoria.

Por eso, algunos investigadores afirman,

como ya vimos en el caso de la cueva de Atlanterra,

que algunos cetáceos,

como estos calderones o las temidas orcas,

podrían haber sido inmortalizados sobre sus paredes.

Quién sabe.

El caso es que hemos podido grabar signos similares en otras cuevas,

como la del Arco, en Cieza, Murcia,

pero, en este caso, se asocian inequívocamente

a la figura de un macho montés.

Sea, en su caso, la orca en el mar y la cabra en la sierra,

fuimos los humanos los que nos adaptamos

a cada ecosistema, los que quisimos dejar testimonio

de nuestro dominio sobre el territorio.

¿Cómo?

Pues si hoy nos identificamos a través de huellas digitales,

lo pudimos hacer con el grito al vacío de unas manos pintadas

sobre las paredes de las cuevas.

Las pinturas rupestres siempre quieren decirnos algo.

Y una de las formas de las expresiones antiguas

y más eficientes son las manos en negativo.

Aquí, en el techo de las manos de la Cueva del Catillo,

siento cómo me abrazan con esa tremenda voz a la eternidad

que supone.

Si uno las observa en silencio y con respeto,

puede escuchar y percibir

el eco de la fuerza y asombro de aquella humanidad ancestral.

Uno de los iconos con mayor fuerza

y más representativos del arte paleolítico son las manos.

La mano es señal de identidad y de capacidad.

El género humano es lo que es por lo que puede fabricar

y manipular con sus manos hábiles.

Además, las manos son el primer término de nuestra visión.

Mucho ha hablado la neurociencia de esta relación

y de las capacidades denominadas visoespaciales.

La mente y las manos nos hacen como especie

y nos permiten expresarnos a través del arte

desde la más remota prehistoria.

Hemos podido filmar manos junto al abismo de la Cueva de la Garma,

allí donde el río interior resuena bajo el precipicio.

En la Cueva del Castillo o en la Pileta.

En la Cueva de Ardales, en Málaga,

se han datado como elementos muy antiguos, quizás neandertales.

Y tienen la particularidad

de que los dedos no aparecen completos,

puede que amputados o, simplemente, doblados.

Recientemente se ha publicado

que es posible que existieran rituales de mutilación de dedos,

que serían inmortalizados sobre las paredes.

Las manos de pequeño tamaño indicarían, a su vez,

que este tipo de arte de las cavernas

habría sido plasmado por niños o por mujeres.

Nada de lo anteriormente dicho se puede confirmar.

Lo que sí se puede asegurar es que las manos

son un motivo gráfico representado en todo el planeta

y en todo tiempo.

Y que durante el arte paleolítico forman parte

del repertorio más antiguo.

Probablemente son el grito de identidad

más poderoso desde la noche de los tiempos.

La fauna es el motivo del arte del Paleolítico Superior.

La fauna va cambiando a lo largo del tiempo.

Al principio se pintaban más felinos,

después, en el momento central del arte rupestre

pusieron a ciervos, caballos...

Y al final, dependiendo de la zona,

pues, por ejemplo, en el Cantábrico,

se dibujan muchos más bisontes.

Pero independiente del tipo de fauna,

hay un debate sobre su significado.

¿Cada animal representaba algo

o realmente los artistas querían recrear

la naturaleza que los rodeaba?

Hay arqueólogos que interpretan una y otra

y otros que entienden que es un mezcla.

En todo caso, los pintores del Paleolítico

son grandes artistas.

Hablamos de personas que consiguen trasmitir

no solamente una realidad, sino también una emoción.

Estoy en la cueva cántabra de Covalanas, una cueva bellísima,

y estoy disfrutando de este panel que tengo en frente.

Es un grupo de ciervas que parecen vivas,

tienen un dinamismo vital.

Reflejan la emoción, el miedo,

la cabeza girada parece que está herida.

¿Y cómo consigue el artista este efecto de vida?

Porque usa los huecos, los volúmenes, las grietas,

para hacer un retablo que refleja la propia tensión

de la naturaleza.

Por eso, más allá de lo que significa,

consigue el efecto artístico de la emoción y la admiración.

¿Se ubicaban estos animales al azar o seguían un patrón?

Bueno, para la consideración del arte rupestre

como una forma de comunicación,

es fundamental, en este sentido,

el planteamiento de que el arte rupestre

no se ejecutaba en una cueva de forma azarosa,

que pitaban en cualquier sitio,

sino que hay una organización dentro del arte rupestre de estas cuevas.

-Nosotros hemos llegado a llamar

a los paneles de las cuevas y del exterior "páginas".

Porque tienen un contenido cerrado.

-Lo que se plantea es que muchos conjuntos paleolíticos,

del arte paleolítico, es que hay una zona de entrada,

hay una zona central y, luego, hay zonas secundarias.

Y los temas del arte, los animales, los signos,

se distribuían de forma diferente entre esas zonas.

Hay figuras, diferentes figuras de animales

y en su conjunto el bisonte y el caballo.

En el caso cántabro podemos pensar también en el caballo y la cierva.

Y en fases más avanzadas, en el caballo y el reno.

Vemos que se repiten en los paneles centrales

de varias cuevas. Estas figuras repetidas

en zonas centrales de los paneles indudablemente significa

que las personas que hicieron esas figuras,

esa asociación que se repite les resultaba significativa.

-El código del arte paleolítico es repetitivo

por el que se puede contar todo.

Ahora bien, que su contenido exacto

fuera el mismo en todos los sitios es discutible.

Probablemente hubiera variantes suficientes.

Eso sí, en todos los casos, capaces de narrar

aquello que los grupos humanos querían narrar.

-Cuando hablamos del arte rupestre, hemos de ser conscientes del tiempo

que abarca.

Estamos en un panel muy especial de la Cueva del Castillo.

Es una tentación para el pintor; un panel blanco y liso.

Y en este mismo retablo vamos a encontrarnos estas manos,

que tienen alrededor de 4000 años y unos bisontes que tienen 15 000.

Quiere decir 25 000, 30 000 años de duración,

los pintores han estado pintando en este panel.

Una enormidad, casi 30 000 años.

Y cuando al mismo tiempo hablamos de arte rupestre,

no prehistórico, pero para nada es un arte antiguo.

Cuando uno ve este bisonte, se asombra.

Con pocas líneas, unas líneas naturalistas,

logran que identifiquemos perfectamente a un bisonte

usando el propio relieve de la cueva.

No necesitan pintura para que el bisonte

salga de la cueva.

Quiere decir que es un lenguaje, es la propia naturaleza

la que se expresa, el pintor solo le ayuda,

con una línea muy delgada,

para sacar el bisonte de la cueva.

En 2018 se publicó que tres cuevas españolas:

Ardales, en Málaga, Maltravieso, en Cáceres,

la Pasiega, en Cantabria,

tenían pinturas con una edad aproximada de 65 mil años,

lo que las situaba, por carecer la Península Ibérica

de presencia de Homo sapiens en esas cronologías,

en la jurisdicción de los neandertales.

Esta posibilidad ya se había apuntado previamente,

aunque sobre los cuarenta mil años,

en los llamados pisciformes de la Cueva de Nerja.

Últimamente, también se ha afirmado

que algunas de las pinturas de las cuevas

podrían haber sido, en realidad, mapas del cielo, planos estelares.

En todo caso,

la idea de la existencia de un código ancestral,

de un relato intencional a través del protolenguaje de grabados

y pinturas toma fuerza progresiva para los arqueólogos.

El problema es que este código requería

de tantos signos como objetos, resultando poco útil

para trasmitir ideas complejas.

Así que se pasó de una escritura pictográfica

a una ideográfica,

del gran arte paleolítico al arte esquemático del neolítico

y de la edad de los metales.

El nuevo arte esquemático conservaba imágenes y signos

usados en el paleolítico, como los soliformes,

los ramiformes, los triángulos y los zigzags.

Pero se dejaron de pintar motivos figurativos

para usar con profusión símbolos abstractos, capaces,

probablemente, de fijar una comunicación más rica y compleja.

Ya sabemos que las pinturas rupestres

pudieron suponer un protolenguaje

a través del que se comunicaría un relato.

Pero queremos indagar aún más.

¿Podían haber evolucionado sus signos y motivos,

algunos usados desde el Paleolítico,

para dar lugar a una especie de alfabeto?

Sería un proceso análogo al paso de la escritura jeroglífica

a la ideográfica y, de ahí, a la alfabética.

Qué duda cabe de que se trata de una hipótesis sugerente,

aunque todavía muy arriesgada.

Una vez que aceptamos que es posible que tengan algún tipo de sentido

o comunicado,

es posible, también, en su grado de esquematismo,

un grado, mayor o menor, de intento de codificación.

Entiendo que va por ahí la investigación,

cuando propone que algunas pinturas codifiquen algún tipo de mensaje.

Yo creo que la cuestión está, precisamente,

en el tipo de codificación que se realiza.

Lo que sí que entiendo es que no realizaron

una codificación propiamente de la lengua,

y por eso no podemos hablar de escrituras,

al menos en lo que se refiere a los artes esquemáticos.

El Levantino, por ejemplo, donde parecen existir signos

que tenían algún tipo de significado,

pero no un significado que permitiese

su lectura con el sentido propiamente de escritura.

La mayoría de las lenguas no se han escrito nunca.

Para aprender a hablar no hay que ir a ninguna escuela,

pero para aprender a escribir, a codificar y a leer

es necesario un sistema educativo.

Quizás los maestros de las primeras escrituras

utilizaran las paredes de las cuevas

como la pizarra de un aula.

Y desde las cuevas, la escritura habría pasado

a todo tipo de soporte.

¿Y cuál es la lengua escrita más antigua

de la Península Ibérica? El tartésico,

lengua semisilábica encontrada en estelas

del final de la Edad del Bronce y comienzos de la del Hierro.

Probablemente es una lengua muy antigua

que se remonta, al menos, al tercer milenio y más.

Pero no tenemos testimonios,

porque hay que compararlos con otras lenguas

y no quedan testimonios de lenguas similares.

Lo que sí sabemos es que, a través de las imágenes

que los tartésicos eran capaces muy bien,

aprenden la iconografía de los fenicios, la asimilan,

y, a través de esas imágenes, expresan sus propias ideas.

Vemos que tenían una literatura muy desarrollada.

-Donde la vemos en funcionamiento,

la escritura más antigua de la península,

tartésica o del suroeste, es, por ejemplo, semisilábica,

lo que significa que, conceptualmente,

introdujeron algún tipo de variedad,

lo que tampoco es extraño.

Conocemos otros casos en la escritura alfabética.

Aunque nos parece la mejor posible y la que más cómoda nos resulta,

es perfecta para una sociedad como la nuestra.

Pero una sociedad en la que la población

que accedía a la escritura no era mucha,

tampoco era tan importante

la reducción de los símbolos del alfabeto

y su facilidad de aprendizaje. No es imposible

que, desde los fenicios, se desarrollase

este sistema silábico.

Es verdad, también, que dan nuevos valores a los signos,

pero pasa también en el mundo griego.

También cambia el tipo de orden.

Quizás había influencias en estos alfabetos griegos,

pero no parece posible eliminar

la escritura fenicia de la ecuación.

Es más, parece necesario que sea el fenicio

el lector fundamental.

En el sur peninsular los motivos esquemáticos prehistóricos

perdieron su significado simbólico

y podrían haber pasado

a ser usados como signos fonéticos de tres tipos:

silábicos, consonánticos y vocálicos.

Es posible, por tanto,

que el arte rupestre, principio de la comunicación visual,

hubiera pasado a convertirse

en la primera lengua escrita de la Península Ibérica.

La eficacia de las nuevas escrituras

relegaría a las viejas pinturas rupestres

al olvido de las penumbras.

Pero, desde el interior de las cavernas,

seguirían con su función de memoria colectiva

de la humanidad ancestral.

Solo comprendiendo su significado,

podremos algún día llegar a entender

a nuestros antepasados remotos.

Las paredes de cuevas como esta han albergado, en miles de años,

el mensaje que nos legaron en forma de punturas rupestres.

Queremos finalizar trasmitiendo nuestro homenaje

a aquellos artistas prehistóricos

cuyos dibujos, punturas, grabados y signos

continúan admirándonos y asombrándonos hoy en día.

Arqueomanía - El código ancestral

27:31 24 may 2019

Veremos los rastros de la actividad humana en cuevas, exploraremos desde el paleolítico con la mirada puesta en la pintura de las cuevas como una forma de lenguaje. Recorreremos algunas de las grandes catedrales del arte rupestre peninsular. Una moderna teoría afirma que los primeros signos del alfabeto tartésico y del ibérico provienen de las grafías del arte rupestre, que esta ¿escritura¿ habría pasado de las cuevas a los megalitos y de ahí a las estelas tartésicas. Trataremos de aclararlo.

Veremos los rastros de la actividad humana en cuevas, exploraremos desde el paleolítico con la mirada puesta en la pintura de las cuevas como una forma de lenguaje. Recorreremos algunas de las grandes catedrales del arte rupestre peninsular. Una moderna teoría afirma que los primeros signos del alfabeto tartésico y del ibérico provienen de las grafías del arte rupestre, que esta ¿escritura¿ habría pasado de las cuevas a los megalitos y de ahí a las estelas tartésicas. Trataremos de aclararlo.

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