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Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey de 2016
Transcripción completa

Subtitulado por TVE.

Buenas noches.

En estas horas de la Navidad quiero desearos,

junto a la reina y nuestras hijas, Leonor y Sofía,

unas felices fiestas y nuestra esperanza de que el 2017

sea un año mejor para todos.

Y en una noche como la de hoy, a tantas familias que han sufrido

las recientes inundaciones en nuestro país,

quiero decirles especialmente que las tenemos muy presentes.

Navidad es nacimiento,

y celebrar con alegría lo que nace es tener fe en el futuro.

Es en momentos como estos,

cuando los sentimientos personales y colectivos de afecto,

de amistad y de fraternidad,

creados a través de nuestra convivencia,

nos recuerdan el gran patrimonio común que compartimos.

Un patrimonio que merece el cuidado de todos

y que todos debemos ayudar a proteger

como lo mejor que tenemos y somos, como lo mejor de lo que nos une.

Como es tradición, permitidme esta noche

que comparta con vosotros algunas reflexiones sobre nuestro presente

y sobre nuestro futuro, procurando extraer de todo lo que hemos vivido,

especialmente durante este 2016, aquello que mejor nos ayude

a seguir adelante.

Siempre se ha dicho que los momentos más difíciles de la vida

son las mejores oportunidades

para descubrir nuestra fuerza interior,

para comprobar nuestro carácter, nuestra verdadera dimensión.

A lo largo de este año

he estado en diferentes lugares de nuestra geografía nacional.

Y tengo que deciros que en todo ese recorrido

por nuestros pueblos y ciudades, he visto dificultades y problemas

para muchos de nuestros compatriotas;

pero también trabajo duro, honesto, sacrificado;

mucha capacidad y talento; y, sobre todo, determinación,

ganas de salir adelante.

He comprobado, una vez más,

el valor que tiene en nuestra sociedad la familia,

porque su ayuda ha permitido a muchos

sobrellevar los peores momentos.

He conocido a trabajadores y profesionales,

hombres y mujeres que, con su esfuerzo sereno,

durante estos largos y difíciles años,

sin desfallecer ni resignarse, sostienen con gran dignidad y coraje

a sus familias, sus vidas y sus trabajos.

He visto, también, en muchos compatriotas la decisión

de asumir riesgos para crear o defender puestos de trabajo,

y el valor para levantarse y reemprender la tarea

después de haber visto destruidas obras hechas con ilusión

y gran sacrificio.

Podría dar, además, innumerables ejemplos de solidaridad.

Muchos de vosotros entregáis con generosidad

vuestro saber, vuestro tiempo y esfuerzo

y sobre todo vuestro corazón para ayudar a los demás;

sois capaces de reaccionar ante cualquier emergencia,

probando siempre que, allá donde haga falta,

allá donde se necesite una palabra de aliento o una mano amiga,

hay un español que demuestra con obras la grandeza

y el alma más profunda de nuestra tierra.

Como también he sido, y soy continuamente,

testigo de la labor de tantos servidores públicos

que, con una extraordinaria vocación de servicio a la comunidad,

garantizan nuestras libertades,

atienden nuestros hospitales o educan a nuestros hijos;

muchos compatriotas que, dentro y fuera de España,

velan por nuestra seguridad, defienden nuestros valores

y contribuyen al avance de la ciencia

y al enriquecimiento de la cultura.

Todos ellos son la imagen de nuestro país

y también hacen posible que nuestro Estado funcione

y que podamos celebrar un día como hoy.

Todo esto para mí, y para todos nosotros,

es un motivo para sentirnos auténticamente orgullosos;

y también es una razón para la esperanza,

porque una sociedad que mantenga estas actitudes,

estas convicciones y estos valores no puede tenerle miedo al futuro.

Estoy seguro de que nuestra memoria colectiva

reservará un lugar de honor en la historia

para estos tiempos de sacrificio y abnegación,

pero también de generosidad y superación.

Pero tenemos que seguir mirando hacia adelante

construyendo nuestro país, construyendo también Europa.

Tenemos que esforzarnos, paso a paso,

día a día y con espíritu positivo, para que la prosperidad

y el bienestar sean la base de una convivencia ilusionada.

Y por eso hay varios asuntos a los que, concretamente,

quiero referirme esta noche.

Es cierto que la crisis ha impuesto grandes sacrificios.

Hoy, sin embargo, vivimos con la esperanza

de la recuperación que ya hemos iniciado.

Todos deseamos que esa recuperación se consolide,

que nos permita, además, crear mucho más empleo y de calidad,

y también corregir tanto las desigualdades

derivadas de una crisis tan profunda como la que hemos vivido,

como fortalecer, en general, nuestra cohesión social,

que es una garantía para asegurar la estabilidad

y el equilibrio de nuestra sociedad.

En ese sentido, es muy importante para todos

que muchas familias puedan recuperar su nivel de vida

y que nuestros jóvenes puedan tener oportunidades

de futuro, de ilusión, de confianza;

que, sobre todo, las personas más desfavorecidas o más vulnerables

tengan la certeza de no se quedarán en la soledad del camino

que España tiene que recorrer en el siglo XXI.

Por otra parte, hemos superado una compleja situación política

que conocéis bien.

Es importante ahora que en nuestra sociedad

se haya recuperado serenidad

y que los ciudadanos puedan tener la tranquilidad necesaria

para poder llevar a cabo sus proyectos de vida.

Como igualmente es esencial, de cara al futuro,

que el diálogo y el entendimiento entre los grupos políticos

permita preservar e impulsar los consensos básicos

para el mejor funcionamiento de nuestra sociedad.

Y me gustaría insistir

esta noche también en la necesidad de que cuidemos

y mejoremos en todo momento nuestra convivencia.

Y la convivencia exige siempre, y ante todo, respeto.

Respeto y consideración a los demás, a los mayores,

entre hombres y mujeres, en los colegios,

en el ámbito laboral;

respeto al entorno natural que compartimos y que nos sustenta.

Respeto y consideración también a las ideas distintas a las nuestras

La intolerancia y la exclusión,

la negación del otro o el desprecio al valor de la opinión ajena,

no pueden caber en la España de hoy.

Como tampoco son admisibles ni actitudes ni comportamientos

que ignoren, o desprecien, los derechos que tienen,

y que comparten, todos los españoles

para la organización de la vida en común.

Vulnerar las normas que garantizan nuestra democracia

y libertad solo lleva, primero, a tensiones

y enfrentamientos estériles que no resuelven nada

y, luego, al empobrecimiento moral y material de la sociedad.

Porque el progreso, la modernización,

el bienestar, requieren siempre de una convivencia democrática

basada en el respeto a la Ley,

en una voluntad decidida y leal de construir, no de destruir,

de engrandecer y no de empequeñecer,

de fortalecer y no de debilitar.

Porque ahora es el momento de pensar en la España

que queremos para las próximas décadasm,

que será la de nuestros jóvenes de hoy,

y de forjarla con solidez.

Y para ello, debemos concentrar nuestras energías

en mirar hacia el mundo que nos rodea,

y darnos cuenta cabalmente de por dónde va.

Un mundo muy incierto,

con grandes desafíos políticos, sociales

o en materia de desarrollo y seguridad, por ejemplo.

Pero entre ellos,

hoy quiero detenerme en los avances de la tecnología

que, a escala global, condicionan cada día más

nuestras vidas cotidianas.

Vivimos una nueva realidad que ha cambiado la forma

de comunicarnos y relacionarnos entre nosotros;

de recibir información necesaria para formar nuestra propia opinión

y tomar decisiones;

que se ha introducido en nuestras empresas,

en nuestras fábricas y en nuestras industrias,

transformando los procesos productivos

y los empleos tal y como los conocíamos.

Incluso está transformando nuestros colegios, universidades

y centros de formación.

Nunca antes en la historia de la Humanidad

y en un espacio de tiempo tan corto,

se habían producido cambios tan grandes.

Hoy sabemos que no se trata ya solo de una revolución tecnológica:

es algo mucho más profundo.

Es un nuevo modelo del mundo

que traspasa fronteras, sociedades, generaciones y creencias.

En este contexto es evidente que debemos adaptarnos

a esa nueva realidad imparable

y desarrollar al máximo nuestras habilidades

para actuar con éxito en la ciencia, en la economía o en la cultura,

también en la industria y en la seguridad;

pero preservando siempre los valores humanos que nos identifican

y nos definen.

No debemos esperar a que esa nueva realidad se imponga sobre nosotros;

tengamos en cambio, la fuerza

y el empuje suficientes como país para anticiparnos

y asumir el protagonismo necesario

en la nueva era que se abre ante nosotros.

Y en esa tarea la educación es, y será sin duda, la clave esencial.

Una educación que asegure

y actualice permanentemente nuestros conocimientos;

pero que también forme en cultura, en lenguas, en civismo y valores;

que prepare a nuestros jóvenes para ser ciudadanos

de este nuevo mundo, más libres y más capaces

y que sepan aprovechar la experiencia de nuestros mayores.

Una educación que fomente la investigación,

impulse la innovación, promueva la creatividad

y el espíritu emprendedor como rasgos

y exigencias de la sociedad del futuro,

que es ya la sociedad de nuestros días.

No quisiera ocupar durante más tiempo vuestra atención

en una noche que debe ser de celebración familiar;

aunque no quiero terminar sin deciros

que creo sinceramente en una España consciente, solidaria,

firme en sus valores, alejada del pesimismo,

de la desilusión o el desencanto;

creo en una España decidida a superar las dificultades

que, aunque grandes, son también vencibles.

Y no tengo duda de que seremos capaces de superarlas

si entendemos que ya no vivimos tiempos

para encerrarnos en nosotros mismos, sino para abrirnos al mundo;

si tenemos claro que no lo son tampoco para fracturas,

para divisiones internas,

sino para poner el acento en aquello que nos une,

construyendo sobre nuestra diversidad;

son tiempos para profundizar en una España de brazos abiertos

y manos tendidas, donde nadie agite viejos rencores

o abra heridas cerradas.

Tiempos, en fin, en los que tenemos motivos

y razones más que poderosas para la unión,

para trabajar todos juntos,

desde cualquier lugar de nuestro gran país,

con ilusión, con ideales

y con proyectos para la mejor España.

Así lo siento y así lo creo.

Y con esa profunda convicción os deseo en esta noche

a todos y a cada uno de vosotros y a vuestras familias,

una muy feliz Navidad.

Eguberri on. Bon Nadal. Boas festas.

Buenas noches, y feliz y próspero 2017.

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey de 2016

24 dic 2016

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