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Subtítulos de Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 31

-Te aseguro de que si hubiera tenido... ...la más mínima sospecha de que esto iba a pasar... Cállate. ¿Qué dices? Llevaba media hora diciéndote que dejaras de pasar la revista. -Pero ¿qué le han hecho? -Oh. -Hala, ahí le tenéis... ...y mucho cuidado que os estamos vigilando. -¿Lo de anoche... ...estuvo bien? Eso dijiste, ¿no? -Dije: "me ha gustado mucho". Sí. -A mí también. Sólo que... no creo que sea algo que se tenga que volver a repetir. -Ajá... -Digo, que no sería conveniente. -No es conveniente, claro, don Fabián. Pero dígale que la echo de menos. Que pienso en ella en cada momento,... ...que su recuerdo me mantiene en pie. ¿Se lo dirá? Dígaselo. -Sí, se lo diré. Tranquilízate. Se lo diré. (SUSURRA) ¿Es de...? -He venido para eso, hijo mío. Para traerte su palabra. Tú has hecho la revista porque es lo que querías. Y por eso te la juegas, ¿no? Pues bien, yo quiero a mi mujer. Y he decidió jugar bien por ella. -Lo que quiero decir es que... Casémosles en la cárcel. Según el sacramento de la Santa Madre Iglesia,... ...permitámosles ser legítimamente felices. -Hay que insistir, es la única manera. -Sí, pero a los pobres nadie les hace caso. -No diga eso, Elpidia. Estos procesos son siempre lentos. Esto pasa por muchas manos. El día menos pensado, esto le llaga a un alto mando... ...más humano que los demás e indultan a Antonio. -También cualquier día puede fusilar a mi hijo. -Marcelino, te traigo más. (SUSURRA) Ten cuidado con Rafael. Lleva toda la mañana preguntando a los vecinos por ti. Que quién va a tu tienda, de parte de quién van. Hubo que aprender a llevar y a tener... ...el corazón y el alma heridos. Días de avidez, de hambre y escasez,... ...de vencedores y vencidos. Amar en tiempos revueltos. Tiempos de ruina y lamento. Amar en tiempos revueltos... ...por vientos que trajo un mar. De batallas por contar. -Maldita sea. Pero, hermana, ¿qué haces así vestida? Nos están esperando en el portal, vamos a llegar tarde. Es que me lo he pensado mejor. -Piénsate lo peor porque no pienso permitir... ...que te quedes en casa. No me apetece ir al teatro. -Ya sé que es un esfuerzo; pero te sentará bien, ya verás. Y ya es tarde para arrepentirse, contamos contigo. Es que no me apetece, de verdad. Mira, es de todas formas, id vosotros y divertíos. -Pero ¿por qué? Una comedia te va a sentar muy bien, ¿vale? Es justo lo que necesitas. ¿No te das cuenta que no te puedes quedar en casa? No ves la cara de lápiz que tienes. Perdona que no me ponga a cantar y a bailar;... ...pero no veo claros los motivos para hacerlo. -Tranquila. Lo que te quiero decir es que debes hacer un esfuerzo... ...por tener mejor presencia de ánimo. ¿O quieres enfermar? ¿Es eso lo que quieres? Claro que no. -Entonces el primer paso es que vayas a tu cuarto y te vistas. (SUSPIRA) Es que de verdad no... No estoy de humor. Lo único que haría es amargaros la fiesta. Id vosotros y divertíos. -Por favor, no te quedes en casa sola. Es lo único que me apetece. Te prometo que mañana nos vamos a dar un paseo. -Mira, no... No es sólo para que distraigas por lo que quiero... ...que vengas al teatro. ¿Qué? -Verás... He hecho todo esto y he comprado las entradas... ...y he organizado esta reunión porque... Me apetece estar a solas con Consuelo. Y... Como eres su amiga, a lo mejor me podrías echar... ...un capote. Estás colado por ella. -Sí. No sabes lo torpe que soy cuando estoy a solas con ella. Por eso te necesito. Si hubieras empezado por ahí, no te hubiera costado... ...ni un minuto convencerme. -¿De verdad? Claro. ¿Te vienes? Esperadme abajo. Estoy lista en un minuto. -Vale. Ven... Suéltame, que si no no llegamos. -Pero ¿cómo que tres cuartos de aceite por persona y mes? -Plácida, yo no he inventado el racionamiento. -Pero si es que cada día tenemos menos que comer. ¿Tres cupones las lentejas? -A mí me parece una barbaridad. -Estamos peor que en guerra, Paloma. Antes no había esta escasez. -No. Pero tú decías que después... ...de la guerra todo iría a mejor y ya ves cómo estamos. -¿Te has enterado de lo de los viejos de esa casa? -Calla, que me lo dijeron el otro día. -Muertos de hambre les encontraron. Nadie se enteró, claro, tan mayores. Ay, Virgencita de la Vega. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar así? ¿Hasta cuándo? -Pues las revistas alemanas que tengo son preciosas. Tienen un montó de fotografías. "Signal" se llama la publicación, ¿la conoces? -No. -Pues vienen muchas fotos... ...de Magda Schneider. ¿Sabes que en Alemania se hacen las mejores películas de Europa? Yo pienso que tiene que ser un país maravilloso. -Pero que puede meternos en otra guerra. -¿Tú crees? -Ojalá los alemanes se dedicaran... ...a hacer cine, pero no, Hitler está provocando a Europa. Nadie se le resiste y Franco está comprometido con él. Me encantaría equivocarme, pero creo que nos meteremos... ...en esa guerra en la que nada nos va ni nos viene. -Como si no hubiéramos suficiente con la nuestra. -Exactamente. -Qué horror, no digas eso. -Hola. -Rodrigo. -Mario. -Hola. -¿Andrea no viene? -Sí, está terminando de arreglarse. Pensé que ibas a traer el automóvil. -Lo tengo aparcado a la vuelta. -Bien. Estás guapísima. -Gracias, es un vestido arreglado. -Pues estás preciosa con él. -Gracias. Hola. Perdonad el retraso. -Andrea, la espera ha merecido la pena. Estás radiante. Las actrices se morirán de envidia. El público te admirará a ti, no a ellas. Preferiría que no, pero gracias por el cumplido. -No, no es ningún cumplido. Es la pura verdad. Creo que nunca te había visto tan guapa. Eso es porque te acuerdas de cuando salíamos los cuatro juntos. Entonces sí que lo pasábamos bien. -Entonces sí eran buenos tiempos. -Bueno, ¿nos vamos? Llegamos tarde al teatro. Bueno, vamos. -Venga. -Disculpa, Paloma. Si quieres, vuelvo en otro momento. -No. No, lo siento, estaba a mis cosas. -Estar a tus cosas es lo más importante que puedes hacer. Escucha, no me gusta interrumpir. -¡Que no! Da igual, Germán. ¿Qué querías? -Nada, solamente una caja de cerillas, ya ves tú. Una nimiedad comparada con lo que estarías pensando. Muchas gracias, ¿eh? -Germán. Querría hablar contigo. ¿Tú crees que...? A ver cómo te diría. ¿Sabes el dicho ese que dice: "Quien roba a un ladrón..."? -Escucha, yo personalmente, no creo mucho en los refranes. La sabiduría popular es, a veces, muy reaccionaria. Si supiera exactamente a qué te refieres. -¿Sabes quién es Rafael? -¿Y quién no? -Anda de chulo por el barrio. Y ahora, está metiendo las narices en mi negocio. Me ha amenazado y me veo venir algo gordo. -Ya. Supongo que porque guardas en este almacén... ...cosas que no son productos de ultramar. -Supones bien. Pero sabes que no soy una potentada. -Y si lo fueras, qué, no es asunto mío. -Esta tienda es todo lo que tengo en el mundo. Sólo quiero que sea lo más rentable posible. No le hago daño a nadie. Al contrario. Todo lo que se vende aquí está en la calle. Lo que está prohibido no es porque escasee. Es porque a muchos les conviene que esto sea así. -Vale, por mí amén. Sólo quería saber cómo era de grave el asunto. -Si le da por escarbar,... ...me va a dar un buen disgusto. -Y has pensado que puestos a golpear, ¿por qué tú no primero? -Algo así. -Vale. Pues si tienes con qué hacerlo, hazlo. -Ya, pero hay algo que me echa para atrás. Entiéndeme. No quiero ser como ellos, Germán. No quiero entrar en una de esas redes de intereses,... ...de negocios soterrados y de favores inconfesables. -Entonces, prepárate para morirte de hambre. Escucha, esta tierra se está convirtiendo en un país de lobos. Un país de lobos, hija. Y no puedes ir por la vida de cordero porque te devoran. Sí, no me mires así. Hace algunos años, meses, quizá me hubiera dado... ...vergüenza hablar de esto, pero... A estas alturas, viendo cómo está la calle... Cada día, me convenzo más de que con estos... ...no se puede andar con remilgos. Han metido en la Policía a la peor escoria. ¿Crees que lo hacen para velar por el cumplimiento de la ley? Lo hacen para que tengamos muy claro con quién nos la jugamos. Y tiran a matar, Paloma, a matar. -Sí. -Por eso, en cuanto puedas quitarte de encima... ...a ese hijo de perra, no lo dudes. Él no lo haría, ¿eh? Es más, así le haces un favor a otra gente. Mientras el enano del Ferrol siga en el poder,... ...aquí pintan bastos, hija. -Gracias, Germán. Me has sido de una gran ayuda. -Dale duro. -¿Sabes lo que me ha dicho Enar? -¿Qué? -Que Andrea y Rodrigo se han ido a pasear. Y que Andrea se ha arreglado. ¿Lo ves? Ya se está animando. -Natural. Ya te lo decía yo. No puede estar siempre así de mustia. ¿Se ha puesto guapa? -No sé. Voy a ver qué vestido eligió y si se puso pendientes. Timbre. -¡Enar! ¿Qué haces aquí? ¿Estás loca? -Necesito tu ayuda. Ha pasado algo muy grave. -Sea lo que sea, me lo dices luego, pero ahora vete, por favor. -Es que es muy urgente. Si no, no habría subido. -Vete, por Dios. -Es que... -Hola, Paloma. -Hola. -¿Nos dejamos algo en la tienda? ¿Está todo pagado? -Sí, sí que lo está. He recibido unos cigarrillos distintos a los que pidió Fabián. ¿Le valen estos o tengo que hacer otro pedido? Como tardan tanto en servir. -Me vale ese. -Muy bien. Pues los recoge cuando usted pueda. -Ahora bajo. Gracias, Paloma. -Adiós. -Si todavía te quedan en el armario. -Sí, pero los quiero para cuando se me acaben. -No sé yo si te hará bien fumar tanto, Fabián. No sé. -Cada vez que aparecía el marido vestido de torero,... ...me hacía una gracia. -Ya, ya lo he notado. -Es que no podía parar de reír. -Es que era muy buen actor y con esa pose taurina. -Como todas las comedias de Jardiel, también me gustó,... ..pero a veces es inverosímil. -Supongo que esa era la intención del autor. Pues yo no la entendí. Sinceramente, no sé dónde le veis la gracia. No me he reído ni una vez. -Bueno, es una comedia, Andrea. Están para reírse. Perdonad si os estoy amargando la fiesta. Pero a mí me ha dado 100 patadas. -¿Amargarnos la fiesta? No, en absoluto. Si lo sé, me quedo en casa. Me entran unas ganas de gritar cuando veo a todo el mundo riendo. Con la de barbaridades que están pasando en España. -Ay, no seas agonía. ¿Te tienes acordar de eso ahora? Me acuerdo todo el tiempo. Soy una de las personas que siguen sufriendo injusticias aún. No me llames agonías. Sois vosotros los que os portáis como inconscientes. -¡Andrea, por favor! Consuelo no ha querido ofenderte. Recuerda que estás diciendo cosas que ni se deben... ...ni se pueden decir en España. ¿Y qué quieres que haga, que cierre los ojos? ¿Que sea un borrego esperando mi turno en el matadero? -¡Aunque seas mi hermana, no te consiento...! -Por favor, esto es un malentendido. Como todavía es pronto, podemos ir a mi casa. Tengo aquellos discos de los que os hablé. Podemos sentarnos, escucharlos, tomar algo y ya está. Yo prefiero irme a casa. -Vamos, mujer, anímate. No dejaré que nadie se ría ni esto, ¿eh? Vamos. -¡Venga, camina! -¡Andrea! ¿Por qué lo detienen? -No se meta en esto. Le he hecho una pregunta. -Me obligará a detenerla. No le haga daño, se lo suplico. -¿Dónde crees que vas? Se lo suplico. -¡Señorita! -¡Ni la toques! -¡Ay! ¡Andrea! -Vamos a llevarla a tu casa. -Habría que dar explicaciones. -Vámonos a la mía. Vámonos a mi casa. -Es un familiar muy querido por mí. Y como ser Rosa y yo fuimos tratados tan bien en esta casa... -Sabe, Padre, que aquí no tiene problema. Y baste que sea un familiar suyo para que se le reciba con cariño. -Muchas gracias, doña Pura. Pero aunque sea por unos días... ...viene en calidad de huésped... Y se atendrá a las normas de la casa. -Ya me dirá cuánto hay que abonar. -Bueno, eso ya lo hablaremos. De momento que venga. Yo le prepararé una habitación. ¡Ay, Dios mío! ¿Pero qué ha pasado? -Nada. Le ha dado un vahído al salir del teatro. -¿Cómo ocurrió? -Lleva un par de días sin comer... Y está nerviosa... -Trae las sales. -Sujétala, por favor. -Sí. -Y ahora lo que necesita es tranquilidad y un poco de aire. Ay... -Y ahora si nos perdonáis... Sólo debemos estar nosotras. (TODOS) Sí, sí... -Hay que aflojarle la ropa y despejar esto. -Estaremos fuera por si nos necesitan. -Menos mal que has venido. -¿Estás loca? ¿Cómo se te ocurre subir a mi casa? -Tampoco ha sido para tanto. -¿Cómo que no? ¿Qué pretendes? ¿Que nos descubra mi mujer? -Yo no pretendo nada. ¡No te confundas! Si te sientes culpable es cosa tuya. ¡Nadie puede llamarme indiscreta! -Perdona, tienes razón. -En circunstancias normales no habría llamado a tu puerta. -Pero, sinceramente, estoy muy sola y muy asustada. -¿Qué pasa? ¿Por qué tienes miedo? -Es Rafael, no deja de molestarme. -¿Rafael Serrano? ¿Mi antiguo empleado? -Sí, ese guardabotes. No sé, desde que está en la Policía cree... ...que puede hacer de su capa un sayo. Me pidió dinero, para protegerme. Le dije que no. Mandó a unos amigos a registrarme y se me llevaron detenida. -Maldito canalla. -Entonces accedí a pagar. Y él se acerca más a mí y me acosa y se me insinúa... Y una noche... ...intentó abusar de mí. Me defendí como pude. Pero... No deja de merodear por aquí. Se planta ahí, me mira, se ríe... Pero lo peor fue esta noche. Se coló aquí no sé ni cómo, ni por cuánto tiempo. Porque dejó un cigarro apagado en el mostrado para que lo viera. Sabe que estoy asustada y yo sé que volverá. Yo sé que va a volver, lo sé. -Tranquila, no tengas miedo. -Fabián, yo lo siento, pero no sabía a quién iba a acudir. ¿Quién iba a ayudarme? -Tranquila, cariño, descuida. -Ese malnacido no te hará daño. Te lo aseguro. De eso me encargo yo. Estoy avergonzada, Padre. No sé lo que me pasó. De repente, perdí el control y me enfrenté a todos. Hasta he insultado a Consuelo, mi amiga del alma. Que no ha hecho más que preocuparse por mí. Y también con mi hermano. Pero cuando vi a ese policía con ese detenido. Yo sólo podía ver a Antonio. -Es el precio que pagas por la tensión acumulada. Sólo somos seres humanos y todos tenemos un límite. Tú has alcanzado el tuyo. No puedo más, Padre. Pienso en Antonio en cada minuto. Hay un sueño que se me repite constantemente. Lo veo en la cárcel a punto de morir. Y está gritando mi nombre y no puedo hacer nada. Yo sin él no quiero vivir. No puedo. -Lo sé, lo sé, créeme. Me hace sufrir mucho observar tanto dolor... En personas que se quieren como vosotros os queréis. He pensado mucho en los dos. Y no paro de darle vueltas a una idea. ¿Qué idea, Padre? -Hay un camino. Un camino que permitiría la salvación del alma de Antonio... ...y que os permitiría veros. ¿Y qué camino es ese? -Casaros por la Santa Madre Iglesia. Convertiros en un matrimonio legítimo ante los ojos... ...de la sociedad y de Dios. Si os casarais por la Iglesia... La Justicia os permitiría veros porque seríais un matrimonio legal. Y vuestras almas estarían a salvo... ...acogidas bajo el Santísimo Sacramento. Padre, eso no es posible. -Lo sé, lo sé, sé que Antonio va proclamando su ateismo... Pero si accediese a esta boda... Dios, Nuestro Señor, en su infinita misericordia... ...le marcaría el camino para hacer de él un buen cristiano. En cuanto a ti, has sido educada en la fe. Tú no tendrías por eso mayor problema. Ese no es el único inconveniente. El problema es mi padre. Jamás permitiría esa boda. Y sin su permiso... no podríamos hacer nada. -Pues mira, Andrea, en eso tengo que decirte que te equivocas. La oposición de tu padre no cuenta. Según las normas de la Santa Madre Iglesia, la única traba... ...es que los contrayentes no alcancen la edad canónica,... ...y no es vuestro caso. Únicamente vosotros, en este caso tú, puede decidir sobre vuestro... ...matrimonio. ¿Te das cuenta, Andrea? Si tú me pides que os case, yo no puedo negaros el sacramento. -¿Se puede saber por qué estás tan nervioso? -Mira, Gonzalo, estoy a punto de hacer algo que me puede... ...traer problemas. -Una mujer. -Que no, hombre, que no, que va... -En ese caso no son problemas, son trabas, dificultades,... Nada comparado a los problemas que te puede dar una aventura. Sobre todo a ti que no tienes madera de donjuán. -Se trata de la policía. -Coño, ¿estás metido en un lío? -Yo no, un amigo que tiene la policía detrás. -¿Qué ha hecho? -Nada. Bueno, no es un auténtico policía, sino uno de estos de ahora. -Uno de esos que le han dado una pistolita para jugar a indios... ...y vaqueros. -Algo así, algo así. Parece que ya sabe quién va a hacer de indio. Me gustaría ayudar a mi amigo, pero no sé qué hacer. Ese policía es un canalla. Le dieron una placa y eso le protege. Había pensado en contratar unos matones, pero... Es una locura, ¿verdad? -No. -Es lo mejor que podrías hacer si no fueras tú. No es tu estilo. Es muy delicado y podría estallarte en las narices. Optaría por la vía diplomática. Cuando volví a Madrid después de la Guerra... ...habían encarcelado a mi abogado. Lo acusaban de haber colaborado con la República. Todo porque una vez trabajó como asesor de Hazaña. -¿Y era verdad? -Claro, pero eso no convierte a nadie en rojo. Todo fue un error: la detención, la acusación,... Todo. -Pero ya sabes cómo son las cosas. Meter a alguien en la cárcel... ...es fácil, pero sacarlo es otra cosa. Yo sin mi abogado era incapaz de levantar la empresa. -¿Qué hiciste? -Fui al ministerio a buscar al asesor actual. Le dije que tener en la cárcel a un predecesor... ...no decía nada en favor de su gestión. -¿Y? -Parecía que lo tenían para evitar comparaciones. Lo soltaron a los tres días. -Mira, la historia es interesante, pero no tiene nada que ver. Aquí es la propia Policía la que está extorsionando. Y no hay ningún error. -¿Ese tipejo le está pidiendo dinero? -Más de lo que puede pagar. Lo acosa, lo espía, le ha amenazado con cerrarle el negocio... Le juro que a veces he pensado en coger mi propia pistola. -Macho... Empiezo a pensar que se trata de una mujer. -¡Gonzalo, que esto va en serio! -Tiene razón, no debería bromear. -Y aún no te he contado lo peor. Ese policía... Es un ex empleado mío... Que eché a patadas hace mucho tiempo. (RÍE) -Lo siento. Sé que no debería bromear, pero te buscas unos líos que... Bueno, vamos a ver... Lo mejor es que te olvides de él. Él es solamente un peón. Tú eres un alfil. No te rebajes a su nivel. Apunta hacia arriba. -¿Hacia adónde? Es su palabra contra la mía. Sin pruebas. -Puede que la Policía y la Administración se llene... ...de advenedizos sin escrúpulos, pero queda gente decente. Muchos funcionaros que tienen más experiencia que los enchufados. Y además se mueren de ganas por pillarles. -¿Crees entonces que si lo denuncio le pararán los pies? -Sí, pero no vayas a una comisaría. Darías con algún amigo suyo. Ataca por donde saber, por los despachos. Busca algún político que pueda ponerse una medalla... ...al sacar la manzana podrida del cesto. -Estoy pensando en alguien. Y de hecho... Lo voy a ir a ver ahora mismo. -Pero no le digas que se trata de una amiga tuya. Bueno, perdón, de un amigo tuyo. No vaya a pensar que también buscas favores. -Comprendo. -Hazle saber que se trata de un abuso de autoridad. Déjale que se sienta un poco héroe. -Gracias. (RÍE) -Mario, ¿otra vez trabajando en el salón? Esto no es una buhardilla. ¿Para eso te hemos puesto un despacho? -Necesito estar cerca del teléfono, madre. -Vale, pero no me gusta que trabajes aquí. Teléfono. -Mire. -Siempre igual. (MARIO) ¿Sí? -Sí, Mario Ayala al aparato, dígame. Pero, ¿por qué no puedo hablar personalmente con el juez? ¿Que no conoce a ningún teniente jurídico llamado Ayala? Dígale que cuando me conoció era el alférez Ayala. El mismo que le ayudó a cruzar la frontera en el 36. Y si es incapaz de acordarse de quien le salvó la vida... ¿De verdad le ha dicho eso? Pues dígale usted... Nada, dígale que gracias por nada. -Otro juez que no colabora. -¿Será posible? Ni siquiera se ha puesto. Le ha dicho a su secretaria que está dispuesto a salvarme,... ...pero no a interceder por un rojo. -¡Qué barbaridad! -Sí, es una barbaridad. Pero deberías tomar nota, Mario. Porque ese tipo de actitudes te llevan a ser juez. Es por esas actitudes por las que no quiero ser juez. Una vida es una vida y no tiene ningún crimen sobre su conciencia. -Ah, ¿no? -No. -¿No estuvo luchando con los rojos? ¿O fue de capellán militar a la Guerra? -No sabe nada de ese hombre ni de lo que es una guerra. Disparar en una batalla no es un crimen. Es lo que se espera de un soldado. -Así que ese hombre, Antonio... No tiene las manos manchadas de sangre. No más que yo. -Bueno, este sería el único rojo que no las tuviera. De todas formas... No entiendo por qué lo defiendes. -Porque... Si nosotros hubiéramos perdido, y estuvimos muy cerca,... ...sería yo el condenado a muerte. ¡Sería yo! Y me encantaría que hubiera alguien intentando defenderme. -Sí, muy emotivo, cariño. Has estado muy emotivo. Pero no olvides quién eres, ni el apellido que tienes. Porque nosotros, los nobles, tenemos ciertos privilegios. Pero también debemos predicar con el ejemplo. Mi abuelo y mi padre decían que deberíamos ser intachables. Algunos pueden caer en desgracia y otros despilfarrar sus fortunas. ¡Pero nosotros no perdemos las guerras, Mario! No lo olvides. ¡La nobleza siempre permanece! -¡Oh, sí! ¡Escondida en las embajadas estuvo durante los años de Guerra! -Te agradecería que guardaras tu ironía... ...para cuando estés borracho. Eres menos aburrido. -Lo haré cuando te guardes tus opiniones políticas... ...para el jardín de infancia. -Mira... -Y recuerda que aunque tengas un título... ...no debes a hablar en nombre la nobleza. Y recuerda que muchos de ellos... ...fueron detenidos y ejecutados en Madrid. Y no pueden participar de esta discusión... ...porque, entre otras cosas, querida, están muertos. Pero algo me dice que en aquella época... ...les habría gustado tener un abogado de verdad. Como tu hijo... Que sabe poner la justicia por delante de las ideas políticas. Y ahora, si me disculpáis, me voy al club a tomarme un copazo. A mí esto de hablar de sangre, por la mañana tan temprano,... ...me da un poquito de aprehensión. ¡Aunque sea sangre azul! Adelante, hijo, ¿de acuerdo? Adelante. Querida... -Venancio, gracias por venir. Siento tener que robarte tanto tiempo. -Fabián, no creo ni en el amiguismo ni en el intercambio de favores. -Lo sé. -Pero lo que has contado es grave. Un representante de la autoridad extorsionando a un comerciante. -No me atrevería a pedirte un favor personal otra vez. Espero que hayas olvidado malos entendidos anteriores. -Está todo olvidado, Fabián. Háblame de ese policía. -Bueno, debemos ser discretos, porque puede estar por aquí. -No te preocupes, no llamaremos la atención. -Mira, la tienda de enfrente. -Y aquella debe ser la tendera. -Sí, Paloma, amiga de la familia. -Jamás pensé que los Robles hacían amistad con los tenderos. -Entiéndeme, no es que mi esposa y esa mujer sean íntimas,... ...pero confiamos en ella. Se ha portado muy bien con la gente del barrio. No se merece esto. Sentémonos aquí. Y no creo que sea la justicia lo que lleva a Rafael a molestarla. -¿Quieres decir? -Ha intentado violarla. -¿Un policía? Eso es intolerable. -Bueno, no es un auténtico policía. Entró por enchufe. Hizo méritos hasta que le dieron una pistola y se creció. -Había oído de otros casos de extorsión, pero a una mujer... -Desgraciadamente será imposible probarlo, claro. -Es la palabra de ella contra la de él. -¿Seguro que ella no tiene nada que ver con el estraperlo? -No se me ha ocurrido registrarle la trastienda. Pero vender un par de medias bajo cuerda... ...no es motivo para chantajear ni violar a nadie. -En eso tienes razón. -Además es una mujer decente. Viuda de un héroe de África. -Sí, no me cuentes más. Ese Rafael recibirá una dura amonestación? no lo dudes. Hablaré con mis compañeros de la policía. No la volverá a molestar. -Este siempre ha sido un barrio tranquilo. Y con un tipo así, ¿dónde podemos ir a parar? -No te preocupes. Soy yo quien te da las gracias. Como bien sabes, dedico mi tiempo y mis energías... ...en construir una nueva España. Donde no caben ni los buitres, ni los facinerosos. -Me alegra oírlo. -¿Te quedas o te acerco a algún sitio? -Voy a la fábrica, no te molestes. No es molestia, me pilla de paso. -Gracias, Venancio. Mamá. -Sí. ¿Has visto un anillo? -¿Un anillo? No sé, hija, no tengo ni idea. Es que estoy desesperada buscando mi alianza de bodas. -Calla, un momento, me parece que sé dónde está. ¿Sí? -Sí, creo que en una caja de plata que me regaló tu padre. Voy a mirar. Ojalá. -¿Es esta? Ay. Menos mal. Perderla me habría dado un mal presentimiento. Ahora está todo bien. -Andrea Robles... ¿Quieres por esposo a Antonio Ramírez... ...en la salud y en la enfermedad... ...en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte os separe? Sí, quiero. -Antonio Ramírez... ¿Quieres por esposa a Andrea Robles... ...en la salud y en la enfermedad... ...en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte os separe? Sí, quiero. -¿Los anillos? -Los anillos. No tengo anillos. Los anillos, claro. -La de mi difunto y la mía. Si no os importa que sean de segunda mano... Muchas gracias. Gracias. -Bien. Con la autoridad que me otorga el Gobierno de la República... Yo os declaro marido y mujer. Enhorabuena, hijos míos. Timbre. Mario. -Andrea. Pasa, por favor. -¿Cómo te encuentras, recuperada? Sí, mucho mejor. Ya en casa de Consuelo me fui serenando poco a poco. Y se me fue pasando el ahogo. Siéntate, por favor. -Gracias. Qué vergüenza. La que os hice pasar en un momento. -No te preocupes. Estás entre amigos. Precisamente. Vosotros esforzándoos por alegrarme y mira yo cómo os lo pago. Lo siento. Pero no sé qué me pasó. -Fueron muchos factores. Imagino que lo peor fue ver cómo golpeaban a aquel hombre. Sí, me sentí fatal. Era como si me hirviera la sangre por dentro. -Te debió recordar a lo que pasaste en la cárcel. ¿A lo que pasé yo? No. Yo tuve suerte. Por lo menos estoy viva... Con mi familia y tengo amigos que me cuidan. Me recordó a lo que sigue pasando Antonio. El gritar fue como descargar toda esa energía acumulada. -Sí, sí. Claro, claro. Es bueno dar rienda suelta a lo que llevamos dentro... ...y nunca nos atrevemos a exteriorizar. Sí, la verdad es que sí. No sé, ahora incluso me encuentro más calmada. Hasta más optimista. -Cuánto me alegra oírte decir eso. Es la mejor noticia que me podrían dar. Lo sé, Mario. -Pues vengo a proponerte algo que te va a terminar de animar. Espero que no sea otra obra de teatro. Ya has visto que no me sienta muy bien. -No voy a insistir en el tema de espectáculos, por si acaso. Pero sí una manera de que puedas ver a Antonio. ¿Lo estás diciendo en serio? -Sí. No te lo había propuesto antes porque es una cosa especial... No estaba seguro de que a ti te hiciera bien. Mario, ver a Antonio es lo que más deseo en este mundo. Y lo único que me puede ayudar de verdad. -Lo sé, Andrea, lo sé. Ayer me di cuenta. Y por eso te voy a ayudar. ¿Por qué haces todo esto por mí? -Yo... En realidad... Para mí eres como de la familia y la familia lo es todo. Mario, si consigues que pueda ver a Antonio... Te estaré agradecida el resto de mi vida. Escúchame. Podrás pedirme lo que quieras, porque te prometo que lo haré. -Yo me conformo con que de vez en cuando... Me enseñes esa sonrisa. Claro. -Te lo digo yo, que no suelo equivocarme. Paloma tiene más mano en las alturas de lo que parece. -En qué altura, Rafael, ¿en el cielo? -Hijo, cuando quieras nos vamos al confesionario. ¿Yo? -Me han dado el aviso de que querías hacer uso... ...del sacramento de la confesión. -Joder, con la tendera. -¿Cómo que no está mi marido? Tengo que hablar con él inmediatamente. Ah, que no ha estado en todo el día... Es lo más humillante que he hecho en mi vida. -Andrea, tú no estás en tus cabales. No puedes hablar en serio. Antonio está preso, está condenado a muerte.

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 31

08 nov 2005

Rafael interroga a varios vecinos sobre las actividades de estraperlo de Paloma, y se cuida de que la tendera sea consciente de que va a por ella. Paloma tiene razones para pensar que, cualquier día, Rafael irrumpirá en su tienda y le causará severos problemas.

Antes de que eso ocurra, Paloma solicita ayuda a Don Fabián quien, a pesar de temer que los vean juntos, accede a protegerla de su antiguo empleado.

Rodrigo continúa tratando de acercarse a Consuelo, y consigue invitarla al teatro. Pero ella, en última instancia, incluye en los planes a Mario, de quien sigue enamorada. Andrea se suma a la cita ante las súplicas de Rodrigo de que asista para ayudarle con Consuelo, pero nada sale como estaba planeado: a la salida del teatro, Andrea tiene un alarmante encontronazo con un policía, y acaba sufriendo un ataque de nervios.

Atendida en casa de Pura, Don José Enrique habla con Andrea, y achaca lo ocurrido a su necesidad de ver a Antonio. En esas circunstancias, el cura aprovecha para proponer su idea de una repetir la boda, esta vez por el rito católico. Andrea no lo ve tan claro: Antonio siempre ha sido ateo¿

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