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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 24 - Ver ahora
Transcripción completa

-Don Fabián, usted puede hacer algo.

Tiene contactos, gente importante.

A lo mejor puede localizar al niño.

No le digo que no le vaya a ser difícil, pero no es imposible.

-Tengo que marcharme. Tengo muchas cosas...

-Don Fabián, escuche... ¡piénselo!

¿Tú no puedes traerla, por la noche, a escondidas?

-No creo. Ella nunca va a casa de sus padres.

Mira. Le he escrito una carta.

Entrégasela en mano, por favor.

Por lo que más quieras. -Yo me encargo.

-Eres una bellísima persona. -No.

-Bueno, mucho más de lo que parece a simple vista.

¿No te importa que te diga esto? -No, en absoluto.

Rodrigo, tu padre no me ha dado ninguna respuesta.

¿Tú crees que hará algo?

-A los de casa no nos ha hecho caso.

A lo mejor a ti si te escucha. Siempre le has caído muy bien.

Aunque, bueno, como tú eres de la familia, claro...

-¡Es que eres...!

-Ahora me vas a escuchar tú a mí. Yo sigo siendo Fabián Robles.

Y tengo amigos en todos los cuerpos del Estado.

Así que, procura no sobrepasarte en tus atribuciones.

Esto también es una advertencia.

(LEE) Mi querida Andrea, me gustaría abrazarte...

...y susurrarte estas palabras al oído.

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

-Buen día, señor. -Buenos días.

-¡Pero coño! ¡Paloma! ¿Pero qué ha pasado aquí?

¿Estás bien?

-Todo lo bien que se puede con esto.

-¿Qué ha pasado, te han atracado?

-Me he encontrado la sorpresita ahora, al abrir.

-Y qué, ¿se han llevado mucho?

-Pues llevarse, nada. El dinero que dejé anoche.

Pero se han ensañado con lo demás, los sacos, la comida...

-Esto no es venir a robar, es venir a joderlo todo.

-Exacto.

-No lo entiendo. Aquí nunca han pasado estas cosas.

Llama a la policía.

-¿La policía? La policía es la que ha hecho todo esto.

-¿Qué quieres decir?

-Ha sido Rafael, Marcelino.

Como me exigió dinero y no se lo di.

Le mandé a hacer puñetas y este es el resultado.

-¡Qué hijo de puta! A mí también me pidió dinero.

-Y no debemos ser los únicos, debe estar extorsionando a todos.

-Que Marcelino no es trigo limpio, lo sabemos, pero que haga esto...

-Es que él es un bárbaro y la gente que lo protege más.

¿O te pensabas que si no le pagabas se iba a enfadar?

¿O no nos hablaría?

-No. Pero es la policía, se supone que podemos confiar.

-Esta es la nueva policía.

Un atajo de canallas prepotentes, chulos de merendero.

Gente mal pagada que hace estas cosas para conseguir dinero.

-Y no podemos denunciarlo a un superior, claro.

-Son los que han ganado la guerra.

Van de casa en casa buscando republicanos para fusilar.

La gentuza como Rafael medra muy bien entre ellos.

Marcelino.

Esto es un asunto entre Rafael y yo, eh.

Así que, chitón.

-Y abre o échame una mano,...

...a recogerlo todo antes de que venga alguien.

-¡Hay que joderse con Rafael!

-Hola, hija. No me atrevía venir a verte pero...

Tenemos que hablar. Claro.

Tienes mala cara. ¿Quieres una tila?

-No, no, siéntate, Andrea.

Verás, yo no quiero preocuparte pero...

Creo que vamos a tener problemas con ese amigo tuyo...

...que te ayuda con Mario.

¿Con Mario? -Sí, está muy metido en eso...

...del juicio de... Antonio. Ya sabes, y...

Y yo tengo miedo.

No te preocupes, Mario es de fiar.

-Sí, puede que sea de fiar pero, ¿y nosotras?

Nosotras tenemos mucho que ocultar.

Y se puede enterar de que defiende a una persona que no es Antonio.

Ya lo sé, Elpidia, ya lo sé.

-Y ahora, tu hermano también se ha metido a ayudar en el juicio.

Por Rodrigo no te preocupes.

Sólo puede hablar con su jefe de la Falange.

Para intentar que interceda. -Ya, sí.

Mario Ayala es abogado y está ayudando al abogado de Antonio.

Bueno, al soldado.

¿Pero tú has pensado en lo que puede pasar...

...si Mario se presenta en el juicio y ve a Villegas?

No, no, Elpidia. Mario no se presentará.

-¿Y tú cómo lo sabes?

(TEMEROSA) Porque... no me ha dicho nada de ir.

-Pero, bueno, se le puede ocurrir ir.

Ir a un interrogatorio...

Andrea, tienes que pedir a tu amigo que deje de ayudarte.

No. No, Elpidia, no puedo hacer eso.

Mario es mi única esperanza para recuperar a Liberto.

-¿Pero tú qué quieres, perder a tu marido, que te encierren?

¿Que todo, Antonio, tú, yo, acabemos...?

No, quiero recuperar a mi hijo. -¡Y yo a mi nieto!

Pero tenemos que hacer algo antes del juicio.

¡Por Dios, que lo perdemos todo!

¡Ay, por favor...!

Timbre.

-¡Cómo está Madrid, Mario!

Ayer estuve dando una vuelta y, de verdad, se me cayó el alma.

-¿Ahora se entera de cómo está? -Ya, pero, es al ver las cosas...

...que te importan, cuando se te rompe el corazón.

Fíjate, por ejemplo, la calle Alcalá, ¡está de pena!

Ah, por cierto, ¿sabes cómo la llamaban durante la guerra?

Lo iba contando una mujer a su hijo.

Era roja, ¿sabes?, no había más que oírla hablar.

Bueno, ¿qué? ¿Cómo la llamaban?

-Avenida de la reforma agraria. -Exactamente.

Avenida de la reforma agraria.

Pero ¿no te parece increíble? Vamos, parece que se le ocurrió...

...a tu padre el nombrecito, qué vulgaridad.

Con lo elegante que es calle de Alcalá.

¿Y la Cibeles?

Aquella mujer decía que la llamaban la linda tapada...

...porque resulta que estaba cubierta con sacos.

¿A quién se le ocurre cubrir con sacos una fuente tan bella?

-Era para protegerla de los bombardeos, madre,...

...no la taparon por gusto. -Yo no estaría tan segura.

Porque aquella mujer lo contaba con un orgullo, con una soberbia.

Pero, bueno, si iba en alpargatas, ¿a qué venía tanto orgullo?

¿Qué pasa?

¿Qué dice el periódico, Mario?

Timbre. ¿Ha ocurrido algo?

-¿Qué? No. Nada.

-Pero si te ha cambiado la cara.

Hijo, no sé por quién me tomas.

-No es nada, pero me tengo que ir.

-Buenos días, había quedado con el señorito Mario.

-Pasa, pasa.

-Hola, buenos días. -Buenos días.

-Lo siento, sé que habíamos quedado para ir...

...al Retiro, pero me acaba de surgir un imprevisto...

...y tengo que ver a una persona. -No pasa nada.

Oye, si quieres te acerco, tengo el coche en la puerta...

...y yo hasta mañana no tengo nada que hacer.

-No sé... -Pero cómo que no sabes.

Si dice que te acerca, pues te acerca.

-Madre, por favor.

-Anda, vamos. -Sí, anda, vamos.

-Pero qué torpe.

-Siento mucho no haberte podido avisar antes.

-Es igual. ¿Y es muy importante? -Sí, muy grave.

Me acabo de enterar por el periódico.

¿Recuerdas la mujer de la que te hablé?

-Tu historia de amor, ¿no?

-Han cambiado al presidente del tribunal militar...

...que juzgará a su marido, ahora estará al frente...

...el coronel Monforte. -¿Y qué?

-Monforte es un tipo inhumano.

Poco amigo de analizar a fondo el código militar,...

...cuando ve la mínima oportunidad aplica la pena máxima.

¿Sabes cómo le llaman los presos?

-No. -Coronel tiro de gracia.

-O sea, que vas a defender al marido de la mujer que amas.

-Si puedo sí.

-Eres todo un caballero. -No tengo otras opciones.

Si no lo hiciera sería un miserable, ¿no te parece?

-Sí, pero no todo el mundo estaría dispuesto a hacer lo mismo.

Aquí está. -Caray, ¿este es tu coche?

-¿Te gusta? -Es muy bonito.

-Gracias. -¿Y es fácil de conducir?

-Sí, la verdad es que es fácil.

¿Y dónde te sacaste el carné en España o en Suiza?

-¿El carné? ¿Y para qué lo quiero?

-Estarás de broma, ¿no? -Anda, sube.

-No vuelvas a comprar esa marca de café.

Más de la mitad es achicoria. -Me dijeron que era puro café.

-Ya, ya, puro, puro el que traían de Portugal.

-Puedo ir a la tienda de Paloma a ver si me vende...

...de estraperlo. -Hola.

-No me gusta. Da una vuelta por el barrio...

...a ver si lo encuentras si no vas allí.

-Sí, señora.

-¿Qué tal, cariño, qué has hecho?

-Pues de todo.

He estado todo el día de contactos, entrevistas y pesquisas.

-¿Y cómo te ha ido?

-He ido a ver a Aniceto del Olmo, que es la mano derecha...

...del secretario del ministro.

-¿Y qué te ha dicho? -Le he contado todo...

...y él, encantador, amabilísimo, me ha acompañado...

...por todos los departamentos del ministerio.

Hemos visto documentos, fichas de matrimonios,...

...sentencias en firme.

Y listas de niños recogidos.

Y nada, no aparece por ningún sitio.

-¿Qué vamos a hacer ahora? -Espera, mujer.

Como no aparecía y, al parecer eso es frecuente...

...porque hay un caos tremendo en estos momentos,...

...mi amigo me ha conseguido una cita...

...con el director de la cárcel de mujeres donde estaba Andrea...

...cuando le retiraron al niño.

-Seguro que ese hombre sabrá algo.

-Supongo que sí, porque sino... Ya no sé a quién recurrir.

Pero no te preocupes, estoy seguro de que en esa cita...

...me van a dar la información que estamos buscando...

...y encontraré al niño. De hecho, Aniceto lo cree así.

-Fabián, prométeme que harás lo que haga falta para encontrarlo.

-Desde luego. ¿No lo estás viendo? -Lo veo, estoy muy orgullosa de ti.

-Loreto, yo sé lo que significa la familia para ti,...

...pero ten en cuenta que para mí no es menos importante.

-Lo sé.

-Y sólo te pido que... no juzgues a la ligera mi conducta.

Sé que a veces soy severo e intransigente;...

...pero lo hago porque lo que quiero es...

...el bien de todos.

Y aunque no lo parezca, a veces, las cosas me afectan.

No soy un desalmado.

-Hola, ¿qué hay? ¿Qué pasa?

Lo tuyo te lo estoy mirando. -Muy bien.

Me lo solucionas entonces, ¿no? -Confía en mí, hombre.

-Sí, pero no me falles. -Nos vemos luego.

¿Qué pasa? ¿Alguna novedad, algo que deba saber?

-Pues algo hay, sí.

Tú dirás. -¿Tú crees que la petulancia,...

...el abuso y la chulería te hacen parecer más fuerte,...

...respetado por todos?

Que por la fuerza y la provocación vas a hacer que todos te teman.

Que eres mucho más grande. Te lo voy a decir.

-Dímelo. -Nada ha cambiado.

Sigues siendo el mismo individuo miserable,...

...el mismo mierda de siempre. -Chis...

-Tan pequeño como siempre. -Cuidadito, Paloma.

-El dinero que me pediste...

...para protegerme. Te lo voy a dar cada mes,...

...no sé durante cuanto tiempo.

Sólo espero que... más tarde o más temprano,...

...te encuentres con alguien como tú y se acabe tu historia.

-Espera, mujer, para el carro.

Si tanto te escuece darme el dinero,...

...podemos estudiar otra fórmula de pago.

Algo que te resulte más placentero.

-En realidad, algo sí que ha cambiado...

Ahora me das más asco que nunca, cerdo.

-Perdona que te haya molestado; pero es urgente.

-¿Y no me lo podías decir por teléfono?

Me iba al despacho.

-Hay cosas que es mejor hablarlas personalmente.

-Es el despacho de mi padre; pero no está en casa.

Siéntate. ¿Quieres tomar algo?

-Me siento, pero no quiero nada, gracias.

-Estás nervioso, ¿seguro que no quieres tomar algo?

¿Un cigarrillo? -Ahora no, gracias.

-Cuéntame. ¿Qué eso que tienes que decirme?

-A Antonio le han cambiado el juez.

-¿No es el general Atienza? -No, venía en el periódico.

En su tribunal estará el coronel Monforte.

-Monforte. (MARIO ASIENTE)

-Pues sí.

No es una buena noticia.

Pero no sé qué esperas de mí.

-Que hagas algo, Rodrigo, que hables con algún alto cargo...

...para que le detengan antes de que le manden fusilar.

-¿Qué dices? No se puede influir sobre la adjudicatura...

...y en la justicia militar menos. -Todos sabemos cómo funciona esto.

Cuando hace falta las sentencias y las condenas las dictan...

...los ministros y los altos cargos.

-Estás hablando de la gente que dirige este país.

-No acuso. Sólo digo lo que sabemos.

¿O no es verdad, Rodrigo? ¡Por favor!

Tienes acceso a personalidades importantes, te conocen.

Tienes contactos, hazlo que sea, pero no dejes que le maten.

-No es tan fácil. Es cierto que, a veces, se puede...

...influir en algunas sentencias pero no a un juez.

-A ver, también sé que, a veces, hay que convencer con algo más.

Si hace falta pasar un sobre bajo mano, cuenta con ello.

-Mario, mide tus palabras. Estás hablando de algo muy serio.

-Eso se llama soborno y está a la orden del día.

Y si quieres te digo nombres que reciben sobres cada día.

-Basta ya. ¿Estás loco? No te tolero que hables así.

Y ten mucho cuidado dónde y con quién hablas.

Si te escucha quien no debe, puedes terminar acompañando a Antonio.

Venga, vamos.

-Pase, pase.

-Buenas tardes. Fabián Robles.

-Ya sé quién es usted, le esperaba.

Aniceto me ha insistido mucho para que le reciba.

-Es un buen amigo y sabe que esto es importante para mí.

-Sí, también es muy buen amigo mío.

Y sólo por ser recomendado por él, le recibo.

-Gracias por su atención.

Como comprenderá, está todo desbordado, no damos abasto.

Demasiada gente en las cárceles.

-Sí, sí, eso parece. Tal vez, en lugar de detener a tantas...

-mire, le digo una cosa, el único motivo por el que,...

...desgraciadamente, está quedando libre tanta gente,...

...es por la falta de sitio.

Ese es el único motivo.

Porque, posibilidades y motivos para detenerles hay de sobra.

-Sí, eso supongo que sí.

-En qué puedo ayudarle. Me pilla en mitad de varios asuntos...

...y no dispongo de mucho tiempo.

-Pues, verá... mi hija, Andrea Robles.

Hace tiempo fue detenida y la trajeron a esta prisión.

-¿Qué delito cometió? -Ninguno, no lo ha cometido nunca.

-¿La detuvieron por error? -No, no... Bueno, mire, sí.

Porque ella no ha hecho nada, sólo trabajó en el Prado.

-Entonces colaboró con la República.

-Sr. director, corríjame si me equivoco, pero...

...el museo del Prado existe desde hace más de 100 años.

Desde Fernando VII, si no recuerdo mal.

Así que, a lo mejor, deberíamos considerar que mi hija...

...es una gran defensora de la monarquía.

-Pues ahora corríjame usted. ¿Acaso el Prado no fue saqueado...

...por los rojos que querían vender sus obras a los bolcheviques?

-Esa fue una decisión política y ella era sólo una empleada.

No hizo nada, sólo trabajar para poder vivir, nada más.

De todas formas, no es ese el asunto que me trae aquí.

-Pues vaya al grano, porque estoy muy ocupado.

-Verá...

Mi hija, cuando ingresó, venía con su hijo,...

...con mi nieto. Y estando aquí, la separaron del niño...

...y no hemos vuelto a saber de él. -Ya.

Pues siento mucho tener que desalentarle, Sr. Robles,...

...pero no es nada fácil hacer el seguimiento.

-Pero ustedes sabrán a quiénes entregan los niños...

...cuando los separan de las madres.

-Sí, saberse se sabe, en primera instancia.

Pero el problema no es ese.

Son muchas las reclamaciones que recibimos...

...para recuperar a esos niños. Nos llaman, nos escriben.

Incluso algún abogado se ha atrevido a amenazarnos.

Todo muy desagradable, ¿entiende?

La superioridad ha tomado la decisión de no dar ningún dato.

Entre otras cosas, por su propio bien.

Ya que esos pequeños, estando con sus padres,...

...han vivido bajo la influencia de ideas y principios reprobables.

Ahora están en instituciones...

...donde se les adoctrina en la rectitud y el amor al país.

-Oiga, mi nieto tiene 2 años, no sabe ni hablar.

De qué adoctrinamiento me habla.

-¡No se exalte, que con eso no va a ganar usted nada!

-Verá...

Yo soy un empresario afecto al régimen.

Estuve en Salamanca durante la guerra,...

...colaborando con el ejército nacional.

Puede estar usted seguro de mi lealtad.

¡Tiene que ayudarme! Ese niño necesita estar con su familia.

-Lo entiendo y lo lamento. Pero, desgraciadamente,...

...nada de lo que me pide está en mi mano.

Las altas instancias deciden tener esos niños a buen recaudo.

Y yo, desde aquí, no puedo contravenir las órdenes.

-Bien.

O sea que, para usted,...

¿las altas instancias merecen su respeto y no deben ser molestadas?

-Moralmente. Si no, figúrese cuál sería mi destino.

-No habrá que figurárselo, podremos verlo.

¿Porque no sé si sabe que mi hijo es la mano derecha de V. Rueda?

Y seguro que en Falange no hará ninguna gracia...

...su falta de colaboración en este caso.

-Dígame, cómo se llama su hija.

-Andrea Robles.

-Me crié con él, conozco a su familia de toda la vida.

Su madre trabaja en mi casa; ese hombre es inocente.

Venancio, esos hombres desertaron; le dejaron solo y los fusilaron.

Él ya no estaba.

-Pero era el mando responsable, ¿no?

-Cómo se le puede pedir a un suboficial responsabilidades...

...sobre unos hombres sin control.

Yo puedo entender que se le inculpe por perder el mando de su unidad.

Pero de ahí a fusilarlo me parece un despropósito.

-Con su permiso. El código militar señala penas para ese caso...

...penas de entre un mes y dos años.

Incluso se puede obtener libertad sin cargos, como es el caso,...

...que hubo intención de impedir la sedición.

Todo depende del juez que dicte la sentencia.

-Pero el juez es el coronel Monforte.

-Pero, vamos a ver, Rodrigo, ¿sabes por qué han puesto...

...en ese tribunal a Monforte?

Arriba están hartos de que presionen...

...a los tribunales militares.

Por eso han puesto a un tipo rígido.

Para que se puedan dictar sentencias sin coacciones.

-¿Justicia? Lo que ese hombre hace no es justicia.

Es firmar sentencias de muerte una detrás de otra.

¿Es esa la justicia por la que luchamos en la guerra?

Hemos estado juntos desde la clandestinidad.

Lo hemos pasado muy mal. Y siempre nos mantenían fuerte los ideales.

Usted conoció a José Antonio, habló con él.

¿Es esta la justicia que él quería?

¿Es esto lo que él nos enseñó?

-A José Antonio le mandó fusilar un tribunal que impartía...

...justicia de esa forma arbitraria.

Si no somos como ellos, ¡por amor de Dios, demostrémoslo!

-Voy a intentar hablar con el secretario de Monforte.

Veré qué se puede hacer.

Por favor, Cruz, ponme con Alfonso Urquijo.

El capitán Urquijo, en Capitanía.

Ah, Cruz, quedo a la espera, ¿entendido?

-Se lo agradezco. Sé que esto no es fácil.

-Así es pero, si podemos influir en algo...

Teléfono.

-Gracias.

Alfonso, soy Venancio.

Muy bien, todo muy bien.

Mira, te llamo para interesarme por el caso de...

Antonio Ramírez Grande.

Está a punto de ser juzgado y quería que...

¿Cómo?

Ya.

¿Y no se podría hablar con el...?

Ya.

Vaya.

Bueno, gracias de todas formas, Alfonso.

Adiós, adiós.

(SUSPIRA) Lo siento...

Pero me ha dicho que ya ha comenzado el juicio...

...y que es imposible hablar con el juez.

-¿Y si se dicta sentencia?

¿Qué podemos hacer?

-Será bastante difícil pero...

De todas formas, si veo la menor posibilidad de hacer algo...

No dudes que lo haré.

Y ahora, si me perdonáis... -Con mucho gusto.

Venancio, muchas gracias.

-Un placer conocerte, Mario.

-Lo mismo digo.

(SUSPIRA)

-Perdone, pero me ha dicho: "Quedo a la espera", ¿verdad?

-Sí, has oído bien.

-Me ha extrañado que estando con Rodrigo...

...me pida una llamada falsa. -¿Y qué puedo hacer?

Es mi amigo, pero no me ha dejado otra alternativa.

No sé qué le pasa, pero cada día está más blando...

...y me pide cosas que no pueden ser.

He tenido que fingir que hacía una llamada al tribunal militar.

-¿Qué? ¿Qué te han dicho?

Fabián.

Fabián.

Fabián, que me estás asustando.

¿Qué te han dicho?

No puede ser.

(SUSPIRA)

-Lo siento, Loreto.

(LLORA) -Creo en Dios padre, todopoderoso,...

...creador del Cielo y de la Tierra.

Creo en su único hijo, nuestro Señor.

-En estos momentos tenemos que ser fuertes.

(SUSPIRA) Estar al lado de nuestra hija y apoyarla.

(ELLA SUSPIRA)

-No debe sentirse sola.

-Mi niño.

Creo en Dios padre, todopoderoso,...

...creador del Cielo y de la Tierra.

Creo en su único hijo, nuestro Señor,...

...que fue concebido por obra y gracia de la Virgen María.

Fue sacrificado por Poncio Pilatos.

Y al tercer día resucitó de entre los muertos...

...y está sentado a la derecha del padre.

-Por teléfono parecías preocupada. ¿Te ocurre algo?

Sí, quería saber si hay alguna noticia.

-Estaba a punto de venir cuando has llamado.

He hablado con Venancio Rueda,...

...pero me ha sido imposible contactar con el juez.

Además, no hemos tenido suerte con el magistrado.

¿Qué quieres decir?

-Es un tipo implacable convencido de que hay que limpiar...

...España de rojos.

(SUSPIRA) ¿Quieres decir que...?

-No, a ver, el juicio es dentro de unas horas.

Como no quiere hablar conmigo por teléfono, iré en persona.

No. -No te preocupes.

Soy teniente jurídico, tengo una autoridad.

Él no me puede negar la palabra.

Mario, por favor. Mira, eres una buena persona...

Y te has portado conmigo mejor que nadie.

Pero se acabó.

-No lo entiendes. Ese hombre, ese Monforte...

Es un carnicero, ¿sabes cómo le llaman?

Tiro de gracia, ¿por qué crees que tiene ese mote?

¡Basta! Basta.

Ya has hecho todo lo que has podido.

Ahora sólo nos queda esperar.

-No lo entiendo, ¿quieres rendirte?

¿No te das cuenta de que puede ser la única oportunidad de Antonio?

Antonio está de acuerdo. ¿Cómo?

¿Has hablado con él?

No.

No me hace falta.

Sé cómo es él y estaría de acuerdo.

Mario, si insistes en defenderle,...

Si desafías al juez, podrías convertirte en sospechoso.

-Me da igual, te dije que te ayudaría.

Te necesito para encontrar a mi hijo.

Si te acusan de desacato, o algo así, podrían detenerte.

No puedes arriesgarte.

No podemos arriesgarnos por...

Por una causa perdida.

Ahora lo primero es pensar en Liberto.

Y esperar que Antonio tenga suerte.

-Espere un momento, Plácida.

¿Qué tal? ¿Cómo te van las cosas?

-Pues ya ve, tirando,...

...y llenando el puchero con lo que se puede.

-Sí, la verdad es que la cosa está difícil.

No te preocupes, mujer.

Ya verás como dentro de poco llenar el puchero será más fácil.

-Dios le oiga. -Oye...

Supongo que sabes que soy policía. -Claro, bueno, es lo que dicen.

-Ayudé a los nacionales durante la guerra y...

Quedaron tan satisfechos con mis servicios que...

Se han empeñado en que siga colaborando con el alzamiento.

-Pues nada, si insistieron tanto... -Pues sí, la verdad es que sí.

Y como pienso que hay que ayudar a defender el país...

He decidido aceptar.

Ahora mi misión es velar por la seguridad de todos...

...y ayudar al Estado contra sus enemigos:

rojos, bolcheviques, masones...

Los enemigos son muchos y cobardes.

No es fácil verlos, pero están ahí.

Hay que estar muy atento a sus movimientos.

Por eso he pensado en ti.

-¿En mí? -Claro, Plácida.

Porque desde tu puesto de portera estás todo el día a pie de calle.

Ves entrar y salir a todo el mundo.

Hablando con unos y otros... Por eso estás bien informada.

Y la información es muy importante en esta lucha, ¿comprendes?

¿Entonces, qué?

¿Puedo contar contigo?

-¿Conmigo? ¿Y yo qué tendría que hacer?

-Nada, mujer, simplemente informarme.

Tenerme al corriente de todo lo que veas y escuches.

Enterarte de todo lo que puedas.

Que seas mis ojos y mis oídos en el barrio, ¿de acuerdo?

-Bueno, ¿y yo qué sacaría de todo esto?

-Plácida, estarías colaborando con la cruzada.

Ayudando a la patria, ¿te parece poco?

-Es que a mí la política no me interesa.

Lo que quiero decir es que no entiendo mucho...

-Sí, sí, sí, sí te interesa, porque verás...

Hay otra cosa que estarías haciendo además de ayudar a la patria.

Estarías echándole una mano a tu marido.

Claro, Plácida. Si tú me ayudas a mí...

Te estaría agradecido y sería fácil decirle...

...al que corresponda que aunque tu marido...

...estuvo en contacto con masones, ya pasó.

Ahora es un buen ciudadano, católico.

Como tu hijo, ¿no?

Que ahora es chófer de un obispo.

-Pues eso. Pero claro, si tú no me ayudas.

¿Con qué ánimo?

Y sobre todo, ¿con qué cara me presento yo a interceder por nadie?

-Por favor, don Rafael, mi marido no trata con esa gente.

Eso fue hace tiempo. -Que sí.

Pero si lo sé. ¿Por qué crees que quiero ayudaros?

Pero lo importante es que quede claro para todos.

Que nadie piense que sigue siendo uno de esos masones...

...a los que el régimen tiene que eliminar.

¿Me explico?

Pues por eso, había pensado que...

Podríamos trabajar juntos, ¿no crees?

-Claro.

-Bueno, pues nada.

Eso era todo. Espero tus noticias ¿eh?

Llaman a la puerta.

-Va, va.

-Hola. -Hola.

-¿Puedo pasar? -Sí, claro, cómo no, pasa, pasa.

-Tengo... una mala noticia que darle.

-Pase.

Pues usted me dirá.

-Verá, el juicio...

Bueno, hubo un cambio de última hora y el coronel que presidiría...

...el tribunal que juzgaba a su hijo fue sustituido y...

Y el que pusieron en su lugar es uno muy duro, es...

Es el más duro, yo...

Lo he intentado todo.

He planteado su defensa con toda mi fe, pero...

Pero no he podido salvarle y le han condenado a muerte.

-¡Dios mío!

-Hice todo cuanto pude, se lo juro.

He usado el código militar en cuanto se me permitía, pero...

El coronel Monforte ya tenía la sentencia decidida.

Siempre lo hace, es... famoso por ello.

-Es espantoso.

¿Y ahora qué podemos hacer?

-Yo ya he apelado y pienso seguir haciéndolo hasta el final, pero...

No hay que hacerse ilusiones.

Casi ninguna apelación es aceptada y...

La mayoría acaban siendo ejecutados.

Creo que también debe saber eso.

-¿Cuánto tiempo le queda?

-Para resolver la apelación unos días.

Y después, si deciden desestimarla...

La ejecutarán en cualquier momento.

Hay veces que tardan meses o semanas o... días.

-Pero eso es horrible, una tortura.

-Sí, lo es. Algunos no pueden soportarlo.

Le diré lo que tiene que hacer para ir a verle.

-¡Andrea!

¡Andrea!

Timbre.

Ven, por favor, sujétame la silla.

¿Por qué no dejas que suba yo?

-¿Por qué? Porque soy más alta, Consuelo.

-Anda, mírala, qué maja.

Timbre. Cómo dice que es más alta.

Bueno, voy a abrir yo. Vale.

-¡Doña Loreto!

¿Qué ha pasado? No me asuste, por Dios. ¿Ha pasado algo?

-Hija...

Te prometí que te ayudaría...

...a averiguar el paradero de tu hijo y...

Por desgracia, tengo noticias...

Terribles.

De las peores.

Tu hijo ha...

Ha muerto hace unas semanas.

No.

-El director de la cárcel...

Me contó que cuando lo retiraron de tu lado y lo llevaron...

...a las dependencias donde tienen a los hijos de las reclusas...

Algunos tenían gripe y contagiaron a los otros.

Cuando se dieron cuenta de que era una epidemia era demasiado tarde.

Muchos... murieron de la fiebre.

Y Liberto entre ellos.

Lo llevaron a un hospital infantil, pero no pudieron hacer nada.

Las fiebres eran muy altas y...

Y él tan pequeño.

Lo enterraron con los demás en una fosa común en el cementerio.

No.

Por favor, no...

-Lo siento, hija, lo siento en el alma.

(LLORA) No, no, no...

¡No!

-Te vamos a cuidar mucho.

Y te vas a poner muy gordito.

Gordito por aquí el nene. ¿Eh?

Oye, oye, escúchame.

Escúchame, escúchame.

Y te tenemos que poner un nombre.

Te tenemos que poner un nombre.

A ver, vamos a ver...

Te vamos a llamar Miguel.

¿Te gusta?

¿Te gusta Miguel? Como el Arcángel, cariño.

Que es precioso. -¡Mamá!

Como tú, con esos colores. No llores, mi vida, no llores.

Tiene razón.

No estoy sola.

-¿A dónde vas?

Tengo que hacer una cosa...

Que no puede esperar.

-Nadie conoce mejor a un hombre que su madre.

Y te digo que es capaz de cualquier cosa.

Bastante miedo me da que le digamos lo de Liberto.

¿Por qué quieres arriesgarte también a perder a tu marido?

Nuestro hijo, Antonio...

No.

-El padre de Andrea ha hecho averiguaciones y no hay dudas.

¡Era él!

-¿Qué pasa, se ha muerto alguien? -¿Por qué?

-Coño, la hora que es y Marcelino con el cierre echado.

-Habrá ido algún recado.

-¿Y Pelayo?

-Y Pelayo, pues... ¿Qué esto un interrogatorio?

Habrá ido con él.

-Me parece que alguien se está metiendo en un lío. ¿Qué pasa?

¿Guardamos algo en el almacén?

-Antonio.

-¿Y qué ha hecho si puede saberse?

Nada. No he hecho nada.

Pero ya va siendo hora de que haga algo.

-¿Pero de qué habla?

  • T1 - Capítulo 24

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 24

02 nov 2005

Paloma comienza el día con mal pie: al entrar por la mañana en su tienda, la encuentra completamente destrozada. Alguien ha entrado durante la noche a robar, y se ha ensañado con todas las pertenencias. Paloma comprende que se trata de una advertencia de Rafael, y ella también acaba pagando el impuesto.

Mientras las noticias en torno al juicio del supuesto Antonio empeoran, Elpidia y Andrea se conjuran para evitar que Mario y Rodrigo descubran el embuste. Finalmente, las gestiones de éstos no han servido para nada: Antonio (o sea, Villegas) es condenado a muerte.

Y no es la única muerte: Don Fabián, tras entrevistarse con el Director de la prisión en que separaron a Andrea de Liberto,  comunica una terrible noticia a su familia: el hijo de Andrea está muerto...

Histórico de emisiones:

02/11/2005

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