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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 23 - Ver ahora
Transcripción completa

-Tú no eres así, nosotros no somos así.

-Pues a lo mejor ha llegado la hora.

Lo que hace ese policía es ilegal. Si le plantamos cara se achanta.

-Vete a saber quién está detrás de ese policía.

Lo que sí sabemos es quién está detrás.

Imagínate que hacen un registro. ¿Quieres que cojan a Antonio?

-Yo sólo le pido que entienda que Antonio...

...lo pudo ver venir, como lo hice yo.

Nadie le obligó a que se hiciera miliciano.

-Está bien, hijo.

Si no lo haces por Antonio, hazlo por Elpidia.

Y sobre todo por tu hermana Andrea.

¿Me lo prometes?

-¡Calla!

A lo peor aquí dentro no hay tanta.

Y cuanto menos sepas... mejor.

Pobre Elpidia, que sola te he dejado.

Lo conseguiré. Ya veré cómo, pero tendré sus cuartos.

-Hoy.

-Lo juro.

-Mi madre me enseñó a odiar a los que juran en falso.

Acuérdate.

-De verdad, señora, no... esperaba que se lo tomara usted...

...con tanta tranquilidad.

-¿Que no me importa mi hijo Antonio? Me importa y mucho.

¿Cuándo va a ser el juicio?

-Será muy pronto. Esta misma semana.

-Policía.

Documentación.

Si ni siquiera es buena la falsificación.

-¡Policía!

¡Ahora eres policía!

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

-¿Así que ahora te ganas la vida de policía, no, Rafael?

-La vida, Isidro, la vida. Ya sabes, a veces te descubre...

...caminos en los que no habías pensado.

-Menudo eres, Rafael.

Un hombre trabajador que se busca las lentejas donde sea.

-Bueno, no creas que fue todo cosa mía.

Conocía varios mandos y me insistieron...

...para que les ayude a limpiar el barrio.

-Pues han dado con la persona adecuada.

Un chato de vino, invita la casa.

Isidro.

-¿Y mire qué hago con los que tenemos pendiente?

-Muy bien hecho, que es un amigo de los de verdad.

-Aunque la falsificación no era buena,...

...a otro se la habría metido de doblada.

-Pues sí, menudos ladrones.

Qué desvergüenza, aprovecharse de la gente honrada.

Rafael, si no es por ti...

-Ese era un listo, pero no te creas que le faltaba razón.

-¿Razón, en qué?

-Hombre, está muy claro, ¿no?

Estamos atravesando un momento muy complicado.

Glorioso por una parte, pero delicado por otro.

Miseria, hambre, delincuencia.

-Bueno, yo me tengo que marchar.

Mi mujer me espera, ya sabéis que está enferma.

Rafael, Marcelino, Pelayo.

-Venga. -Adiós.

-Adiós. -Hasta luego, señor gerente.

-Que estamos a verlas venir lo sabemos todos.

Pero la policía está para evitar los abusos, no para cometerlos.

-No te digo que no. Pero vamos, que no podemos estar a todo.

Yo esto que acabo de hacer ahora lo hago porque eres tú,...

...porque te conozco y te aprecio.

Pero yo me estoy tomando un chato en otro bar...

Yo me inhibo.

-Coño, ¿y por qué?

-Porque es arriesgado. No sabes con quién te vas...

...a encontrar. ¿Y si saca una pistola y se lía a tiros?

-Ya.

-Lo que está claro es que en estos tiempos la protección...

...es muy importante y para los que tenéis sitios así mucho más.

-Y que lo digas. Estamos expuestos a que venga un ladrón...

...y nos busques la ruina. -Pero no os tenéis que preocupar.

Para eso estoy aquí, para velar por vuestros intereses.

Es más, a partir de hoy tendré aquí mi centro de operaciones,...

...mi oficina. Este barrio necesitaba un hombre de orden...

...como yo y aquí estoy. Y por los pagos no te preocupes,...

...ya hablaremos de eso. Venga.

Hasta luego.

-¿Sabe lo que te digo, padre?

Que hemos hecho un pan como unas hostias.

-Vas a tener que recurrir a mis ahorros, hijo.

Y ese malnacido no se vuelve a tomar un chato de gorra...

...en El Asturiano como que me llamo Pelayo. ¡Por estas!

Al enemigo ni agua.

-Ah, con tanto almidón en las camisas me irrito el cuello.

-Por quejarte que no quede.

-Díselo a Elpidia, por favor. Qué imagen voy a dar.

Con tantas rozaduras voy a parecer un nazareno.

-¿Quieres otra camisa? -No, quita, quita.

-Entonces ya será para menos tanto quejarse.

-¿A qué viene ese tono?

Llevas unos días con un humor de perros.

-Sabes perfectamente lo que me pasa.

Y si no quieres que la tengamos, no me preguntes.

Consuelo, ¿le pasa algo a Andrea? -No, no se preocupe, doña Loreto.

Quizá debí avisarle que venía. -No hace falta.

Como no te esperaba, me asusté. -No se preocupe.

-¿Quién es, Loreto? -Consuelo.

Anda, pasa y cuéntanos lo que quieres.

-Bueno, venía a hablar con su esposo.

Quería pedirle un favor. -Bueno, pasa, hija.

-Buenas, don Fabián. -Buenas, Consuelo.

¿En qué puedo ayudaros a ti o tu madre?

-Bueno, en realidad no es para mí, es para Andrea.

-Andrea...

O sea, que mi hija te envía de emisaria.

-Si lo hace así, algún motivo tendrá, Fabián.

-No, ella ni siquiera sabe que estoy aquí.

Don Fabián, ¿usted conoce a Mario Ayala?

-Sí, le conozco. He contratado sus servicios como abogado...

...para algunos temas de la empresa.

Al principio, me pareció un poco entrometido.

Pero luego vi que tiene los pies en el suelo.

Y es... es muy buen amigo de Andrea.

-Bueno, el caso es que hemos recorrido juntos un montón...

...de orfanatos para dar con su nieto y...

-A mi marido no le gustan que le recuerden que tiene un nieto.

-Déjala continuar.

-Don Fabián, he venido a verle porque todos nuestros esfuerzos...

...han sido en balde...

No damos con el niño. Nadie sabe de él.

Es como si se lo hubiese tragado la tierra o...

-Pues Consuelo, yo... yo no soy mago.

-Mire, don Fabián, yo ya no sé qué más hacer.

Y está muy mal, está muy angustiada.

Y o va a terminar enfermando o a buscarle...

-Y si sale, se meterá en líos y volverán los problemas.

Y yo no podré resistirlo, Fabián.

-Don Fabián, usted puede hacer algo.

Tiene contactos, gente importante.

A lo mejor puede localizar al niño.

No le digo que no le sea difícil, pero no es imposible.

-Tengo que marcharme. Tengo muchas cosas...

Don Fabián, escuche... ¡Piénselo!

-Despejado.

¿Y el niño? -Está en el coche, dormido.

¿Y Liberto? Está en el coche, todo listo.

Marcelino, deja el maletero abierto.

-Abierto, pero no del todo.

Eso es. Cuando estés listo, acelera tres veces. Será la señal.

-Tres veces. Cuando salgáis, echad el cierre.

Y no corráis. O llamaréis la atención. Suerte.

Bien. Vámonos...

Antes de que amanezca.

Debimos salir por la noche.

Demasiado peligroso. Es cuando más vigilan.

¿Podremos respirar en el maletero? Se nos molerán los huesos pero...

Tengo miedo por el niño. ¿Tú crees que Marcelino...?

No te preocupes. Sólo le pincharé con un alfiler para que llore.

Y si nos paran. Para que crean que está enfermo.

Lo sé, pero... Tu hermano nos consiguió...

...un salvoconducto. Viajamos a un hospital de Valencia.

Es un buen plan, amor, no te preocupes.

Vamos.

Motor de coche.

Por qué no acelera este.

Aceleran el motor dos veces.

La señal eran tres. ¡Chis!

Andrea, escóndete, escóndete. ¡Atrás, atrás!

¡Chis!

¡Antonio, Antonio!

-Antonio, Antonio, Antonio que soy yo.

¿Pero, coño, qué haces? ¡Para, quieto!

¡Relájate! ¡Joder, con la pistola!

¡Joder, que soy yo!

Perdona.

Perdona... estaba soñando que venían a por mí.

(TOSE)

-Pues yo sólo venía a traerte el desayuno.

Así que, relájate, no quiero que me peguen un tiro.

Y come algo.

Desde que vi a Andrea, no consigo dormir más de dos horas seguidas.

Y en ese rato sólo tengo pesadillas.

-Yo creía que estabas contento. Y lo estoy.

Pero ahora pienso mucho más en ella que antes, mucho más.

-Es como todo. Si no fumas, no fumas, pero como des una calada...

Y luego me pongo a pensar en mi hijo.

-Tendrías que ocuparte en algo.

Que el pensamiento libre y con tiempo, trae problemas.

Necesito verla, Marcelino.

Lo poco que me cuenta mi madre sólo consigue desquiciarme más.

Tengo que verla y hablar con ella. ¿Cómo están las cosas fuera?

¿Siguen los controles?

-Están saliendo policías como setas.

Así que, tú aquí, ten paciencia.

Que no sólo te pones tú en peligro que...

No quiero perjudicaros pero...

Como siga aquí me voy a acabar volviendo loco.

¿Tú no puedes traerla aquí, por la noche, a escondidas?

-No creo. Ella nunca va a casa de sus padres.

Mira. Le he escrito una carta.

Entrégasela en mano, por favor.

Por lo que más quieras. -Yo me encargo.

Oye. Hoy.

-Hoy. Y come algo, que se te está poniendo cara de espíritu miserere.

-He añadido dos botellas de chinchón.

Para los clientes especiales, si las quieres.

-Los especiales pagan, los demás, que se vayan.

-¿Las quieres o no? -Me las guardo y si se las beben...

-No sé para qué me preocupo yo por tu negocio.

-No te pongas así, las cosas están achuchadas.

-Para todos, que yo no tengo una fuente que mane reales.

-Oye, Paloma, no mires, pero Rafael no te quita el ojo de encima.

No sé si quiere charlar o, quizá, algo más.

-Me voy pitando. Te quedas con una botella,...

...la otra la dejo en depósito pero en mi tienda.

-Espera un momento, Paloma.

-Angelito.

Toma. Recoges todos los cascos que encuentres.

Los de gaseosa también me valen.

Y te quedas con lo que ganes. -Hay una carta.

-Guárdala. Es un recado que tienes que hacer.

Antes que nada, te vas a García de Paredes, 26.

Y lo entregas en mano a Andrea Robles.

Tú, pregunta cuando llegues allí.

-¿Es una carta secreta? -Es un recado muy importante.

Así que ten mucho cuidado al salir.

Que no te la pillen. Sobre todo el policía de la plaza.

-Veloz, como el correo del Zar. Permiso, permiso.

-Hala, por en medio. -Dime.

-Tómate un chato conmigo. -Que estoy con mucho tajo, Rafael.

Y para oír piropos hay que andar desahogada.

-Es una pena que una señorita como tú no tenga tiempo.

¡Que eres muy guapa! ¡Cada día estás más mujer!

-Malo sería que me empezara a salir barba.

Que me voy, que estoy muy liada.

-¿Qué pasa? Mucho trajín en la tienda, ¿no?

Y p'a cuatro legumbres que vendes, no lo acabo de entender.

¿No será que tenemos algo raro entre manos?

-No hay nada que entender. La gente tiene que comer y yo se lo vendo.

-Ya. Es que no sé si te has fijado.

El barrio se está llenando de gentuza.

No me gustaría que te dieran un susto, Paloma.

-A mí no me asustan ni los fantasmas.

Pero mira, en lo otro, tienes más razón que un santo.

Hay mucha gentuza por aquí. -Y estando como estás, sola.

-Claro. Me vendría bien que echaras un ojito, para mi seguridad.

-Eres una mujer de bandera. Y más lista que el hambre.

-La cuestión es que me defiendo muy bien solita. Y gratis.

-También tengo ganas de ir, pero luego.

He conseguido una honda.

-Luego no, los de Tetuán están ahora.

¿No los has oído?

Guerrilla, guerrón, los de la plaza piden perdón.

-Debo hacer una cosa muy importante.

-¿Más importante que el enemigo?

Eres un miedica.

-Que no, lo del Adriá te lo dije yo, tú ni lo sabías.

-Vale, te acompaño.

-No puedes, es un secreto y debo ir yo solo.

-¿Y dices que eres mi amigo?

En mi casa no vuelves... -Chis...

A ti te buscaba yo. ¿Qué pasa?

¿Dónde está la moneda de plata?

-¿De qué moneda habla?

Te vi en el bar.

Y después ha desaparecido. -No sé nada.

-¿Se la has dado a él?

-No... -¿Qué...?

-¿Qué llevas en los bolsillos? -Nada.

Piedras.

-¿Sólo piedras? Y yo soy cura.

-¡No! -Ven acá, dónde crees que vas.

Ahí, a ver, ¿qué es esto?

Vamos a ver a tu padre ahora mismo.

-¡Barquillos, barquillos!

¡Barquillos! ¡Tengo barquillos!

-Sí, póngame uno.

¿Cuánto es?

-P'a ti son diez céntimos.

-Para mí y para todos, ¿no?

-¿Me permites? -Ay, gracias, Rodrigo.

-Qué amable. -¿Qué debe?

-Diez céntimos. -Ponme media docena.

-No es necesario, sólo era un capricho.

-Precisamente ¿o no te mereces un capricho?

-Vengo ahora de tu casa.

-Imagino que no tengo la suerte de que hayas ido a verme.

-Vengo de hablar con tu padre.

Quería hablar de la situación de Andrea y pensé que...

Lo mejor era pedir ayuda a la familia. Está muy abatida.

-¿Tan mal está?

-Sí, Rodrigo, y no vale de nada engañarnos.

Andrea se muere como no encuentre a su hijo.

-¿Vas ahora a tu casa?

-Sí, no quiero dejarla sola mucho rato.

-¿Me permites que te acompañe?

Creo que es hora de que vea a mi hermana.

No sé, a lo mejor si hablo con ella consigo que se le suba el ánimo.

-Ven, con intentarlo no perdemos nada.

-Creo que te debo una disculpa.

-¿A mí por qué?

-No te he dado las gracias por lo que haces con mi hermana.

Por lo que has hecho este tiempo.

-Ella también lo haría por mí.

-Seguramente, pero tú lo estás haciendo ahora.

Eres una bellísima persona.

Bueno, mucho más de lo que parece a simple vista.

¿No te importa que te diga esto? -No, en absoluto.

-Rodrigo, tu padre no me ha dado ninguna respuesta.

¿Crees que hará algo? -A los de casa no nos hizo caso.

A lo mejor a ti sí te escucha.

Siempre le has caído muy bien.

Como a todos los de la familia, claro.

-Es que eres...

Timbre. -¡Enar, la puerta!

Esta chica nunca está cuando se la necesita, ya voy.

-Buenos días. -¿Qué haces aquí? ¿Quién te invitó?

-Nadie, pero puedo hacerlo porque vengo de servicio.

-¿Le pasa algo a mi hijo?

-No, pero si sigue por ese camino, le pasará.

Acabará siendo carne de cañón. -Pero qué bobadas estás diciendo.

-Estaba en la plaza armando jaleo con piedras en los bolsillos.

-¿Es verdad eso? -Claro que no, papá.

Mi amigo es Ángel y no es un ladrón.

-¿Y las piedras?

-Para jugar a guerras, íbamos a conquistar un monte...

Pero ni mi amigo Ángel ni yo hemos hecho nada malo.

-Espérame en el despacho, ya hablaremos.

Ya eres mayorcito para andar amedrentando a niños, ¿no?

-No se equivoque, don Fabián.

Si va con malas compañías, no tengo la culpa.

El amigo ese, me ha robado una moneda de plata, a mí.

-Rafael, vamos a dejar las cosas claras. ¿Qué pretendes?

¿Qué buscas molestando a mi familia?

-Lo único que hice fue proteger a su hijo.

-¿Protegerle?

-De los lío en los que se puede meter.

Estaré por el barrio y debo cumplir con mi obligación.

Y si su hijo me hace una perrería por muy hijo suyo que sea...

¿Me entiende? -Perfectamente.

-Esos dos me tocaron las narices, así que estaré atento.

Y entiéndalo como una advertencia.

-Ahora me vas a escuchar tú a mí.

Porque yo sigo siendo Fabián Robles.

Y tengo amigos en todos los cuerpos del Estado.

Así que procura no sobrepasarte.

Esto también es una advertencia.

Campanada.

Ay, Rodrigo. -Hermanita.

¿Cuánto tiempo? ¿Qué ganas tenía de verte?

Estás muy guapa, pero muy delgada.

-Como siga así, se va a quedar hecha un escuerzo.

Qué amiga más buena, pero qué pesada que es.

-Es una santa, ojalá todos tuviéramos una amiga como ella.

-Bueno, bueno, Rodrigo no seas crío por favor.

Anda, ven.

-¿Cómo estás?

Pues aquí estoy, encerrada.

Desesperándome. -Bueno, pues ten paciencia.

Mario y yo intentamos ayudar a Antonio.

Lo sé, Rodrigo, pero me cuesta tener esperanza.

-Pues haz un esfuerzo. Hacemos todo lo posible.

Conseguí salvoconductos para que Elpidia pueda ir a visitarlo.

El abogado está intentando hacer algo.

Te agradezco muchísimo todos tus esfuerzos, Rodrigo.

Ya sé que estás haciendo lo imposible por ayudarme.

-Bueno, Antonio y yo tenemos nuestras diferencias,...

...eso no te lo voy a negar.

Pero le aprecio.

Y sobre todo es el hombre que has elegido.

Yo ya no tengo nada qué decir.

Parece que todos lo entendéis.

Todos menos padre.

Si vieras lo duro que ha sido hablándome de Antonio.

Y no te cuento de mi hijo.

-Padre está desbordado.

No puedes pretender que cambie de la noche a la mañana.

Para él tu relación con Antonio fue inaceptable.

Lo del matrimonio, lo del hijo le terminó de desbordar.

No quiero hablar más de este tema, Rodrigo.

Ya sé que nuestras posturas son irreconciliables.

Y tengo que aguantarme.

Pero que padre no pretenda que esté con él como si nada hubiera pasado.

-Andrea, te quiere.

Y lo que hace lo hace pensando que es lo mejor para ti.

-¿Ya se han contado todos sus secretos...

...los hermanos Robles? (RÍE)

En cinco minutos.

(RÍEN)

Me hace mucha ilusión que estemos aquí los tres...

Como si nada hubiera pasado.

-Rodrigo, tienes que venir más a menudo, ¿eh?

No la había visto sonreír desde hace semanas.

(RÍE) -Claro que vendré más a menudo.

Lo prometo. (RÍEN)

-¿No tienes que contarme nada más?

-Papá, él no ha hecho nada. Ese hombre es un abusón.

Se metió con dos pobres niños. -Bueno...

No creo que tú y tu amigo seáis dos almas de la caridad.

¿Qué es eso de jugar con piedras? -Un juego.

-No me gustan los juegos de golfos.

¿Y si te dan con una piedra y te hacen una brecha?

-Te prometo que no me han dado, en ningún dedo.

Es que somos unos mantas.

-Ah, o sea, que has jugado más veces.

-Bueno, sí, una vez y muy poquito rato.

Y no tiré ninguna piedra.

-Bueno, en adelante, ni volverás a tirar piedras,...

...ni te alejarás de la plaza sin tu madre o conmigo.

¿Entendido?

-¿No me vas a castigar?

-Bueno, si no has hecho nada, como dices...

Mira, soy duro cuando tengo que serlo.

Porque es la única manera de que aprendas.

¿Lo entiendes?

Y ten cuidado con Rafael.

Mantente alejado de él lo más que puedas, ¿eh?

Y si se mete contigo, no le hagas frente.

Me lo dices a mí.

-Vale.

No pensé que los policías fueran tan malo.

-Y no lo son, hijo. Los policías no son malos.

Lo que pasa es que Rafael es especial.

Venga, choca la mano.

Para hacer la paz, ¿eh?

-Oye, papá, ¿puedo bajar un momento a la plaza a ver si ha llegado...?

-Que no, que se te da la mano y coges el pie.

Vete a tu cuarto y lees un rato, que se te van a olvidar las letras.

¡Mira el listo!

(SUSPIRA)

-Ojalá fueras siempre así.

Tan sosegado, tan razonable...

-Ni que habitualmente fuera un monstruo.

Lo que hago, por duro que parezca, es por el bien de mi familia.

-Y en tu familia, ¿también estará incluida Andrea?

-Por supuesto.

La primera.

-Entonces, como ha sugerido Consuelo,...

...no encontrarás mejor momento para ayudarla que este.

¿Verdad, Fabián?

Llaman a la puerta.

Hola. -Hola, buenas.

Traía un mensaje para Andrea Robles.

¿Está en casa? Sí, soy yo.

-¿Seguro que es usted?

Sí, claro, ¿qué pasa?

Mi querida Andrea:

Me gustaría abrazarte y susurrarte estas palabras al oído...

Pero como ese deseo es cada vez más difícil,...

...vuelvo a las cartas que tan bien nos hicieron...

...cuando estaba en el frente.

Quiero que cuando toques esta carta, sientas mis besos.

Quiero que cuando leas mis palabras,...

...recuerdes todas las veces que te he declarado mi amor.

Porque lo cierto es que te quiero más que el primer día.

Cuando fui a verte a casa de Consuelo,...

...me sentí el hombre más feliz del mundo.

Olvide mi encierro y el sufrimiento por la suerte de Liberto...

El sufrimiento por la suerte de Liberto.

Pero, desde entonces, me siento perdido.

Cada minuto que paso sin ti y sin nuestro hijo, es una tortura.

Todo en lo que creía se ha venido abajo.

Todo se ha perdido.

Y lo peor de todo es que estamos separados.

Intento consolar mi pena cerrando los ojos...

...y pensando en los tiempos de felicidad.

Cuando te besé por primera vez.

Cuando nos casamos a escondidas.

Pero cuando me despierto y me veo entre estas cuatro paredes...

No sé cómo controlar el dolor que siento.

Me desespero y maldigo nuestra suerte.

Sólo me mantiene la esperanza de volver a estar contigo...

...y con el niño. Esa es mi más ansiada libertad.

Te quiero más que a mi vida.

Siempre, Antonio.

Aquí está.

¿Me vas a hacer el feo de no comértelas?

-Mi abuelo dice que podremos ser pobres, pero eso sí...

Educaos.

Bueno, creo que esto ya está.

A ver...

Ahora te toca a ti, ¿eh?

Tienes que llevarle este sobre...

De vuelta a Marcelino.

-Vale. ¿De acuerdo?

-Es la respuesta al mensaje secreto.

No me puede ver nadie. Eso es.

Cuidado cuando se lo des a Marcelino.

Sé discreto.

No tengo ninguna moneda. Si te veo otro día...

-No se preocupe, Marcelino dijo que me quedase con el dinero...

...de los cascos y he encontrado muchos.

Sí, llevas un fortunón.

Anda, coge la galleta. -Gracias.

Llaman al timbre.

-Hola.

Pero ¿tú no eres amigo de Sito? ¿Qué haces aquí?

-No, es que...

Es que me ha mandado Marcelino a buscar cascos de botella...

...y como aquí siempre hay muchos.

Que llego tarde, que me voy. Adiós.

(AMBOS) Adiós.

(SUSPIRA)

¿Qué hace usted aquí? ¿A qué ha venido, padre?

-¡Antonio!

Antonio, tranquilo, que soy yo.

Bajo a por una garrafa de vino. Vale.

¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan contento?

-Qué bien se siente uno cuando le da una alegría a un amigo.

¿Has visto como siempre hay una salida?

Que disfrutes de la lectura.

(LEE) Antonio, mi amor,...

...no puedo dejar de pensar en ti.

Estás en mis sueños y en mis pensamientos.

Y no pasa un minuto del día en el que no tenga presente...

...el amor que siento por ti.

Sé que es muy difícil para los dos... estar separados,...

...el no tener a nuestro hijo con nosotros.

Pero tenemos que ser fuertes.

Tú eres un hombre valiente...

...y ahora es el momento de mantenerse firme...

...para poder cumplir nuestro sueño:

Volver a estar juntos los tres...

...para siempre.

Es lo que más deseo en este mundo.

Tienes que resistir.

Y tienes que hacerlo por nuestro hijo...

...y por el amor que nos une.

Te quiero con toda mi alma.

Te juro que resistiré.

Resistiré, amor.

-Una casa agradable.

Sobria, pero agradable.

Yo me siento muy bien aquí.

Doña Pura y Consuelo se han desvivido...

...por ayudarme en todo momento, ahora y durante la guerra.

Han sido mis ángeles de la guarda.

-Pero...

Seguro que estarías mucho mejor en casa.

Usted ya sabe por qué no estoy allí.

Y si sigue con su idea de no reconocer a mi hijo,...

...jamás volveré.

-Hija, no he venido a discutir.

¿Entonces a qué ha venido?

-He estado pensando mucho estos días.

Y creo que tienes razón.

Lo más importante en la vida son los hijos, la sangre de tu sangre.

Yo te quiero, Andrea.

Te quiero, aunque tengamos formas distintas de ver la vida.

No quiero perderte.

Ahora que no tienes a tu hijo contigo,...

...espero que comprendas por lo que yo estoy pasando...

...al estar, así, alejado de ti.

Sí, supongo que usted también estará sufriendo como yo.

-Por eso me gustaría que...

Que todo vuelva a la normalidad.

Que vuelvas a casa.

Y que sepas, por encima de todo, que soy tu padre.

Y...

Y para que no tengas ningún recelo...

...y veas que soy sincero,...

...voy a ayudarte a encontrar a tu hijo.

Pero ¿por qué lo hace?

Lo hace por mí.

Ni siquiera habla de querer a su nieto.

-Poco a poco, Andrea, poco a poco.

Todo llegará.

¿Qué dices?

Está bien, volveré a casa.

Pero me tiene que ayudar a encontrar a mi hijo.

Mario es mi única esperanza para recuperar a Liberto.

-¿Qué quieres? ¿Perder a tu marido?

¿Que te vuelvan a meter en la cárcel?

¿Que todos acabemos contra el paredón?

Lo que quiero es recuperar a mi hijo.

-¡Y yo a mi nieto!

-Si tanto te escuece darme el dinero,...

...podemos estudiar otra fórmula de pago.

Algo que te resulte más placentero.

-Puede estar usted seguro de mi lealtad.

Tiene que ayudarme.

Ese niño necesita estar otra vez con su familia.

-Lo entiendo y lo lamento; pero, desgraciadamente,...

...nada de lo que me pide está en mi mano.

-¿Qué te han dicho?

No puede ser.

-Y ahora es un buen ciudadano, católico,...

...como tu hijo, ¿no?

Que ahora está de chófer de un obispo.

Pero, claro, si no me ayudas,...

...¿con qué animo y, sobre todo, con qué cara me presento yo...

...a interceder por nadie?

-Por desgracia, tengo noticias.

Las peores.

Tu hijo... ha muerto...

...hace unas semanas.

  • T1 - Capítulo 23

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 23

31 oct 2005

Rafael le deja claro a Marcelino que su intervención para desenmascarar al policía corrupto no es gratuita: él también quiere cobrar a cambio de protección. Marcelino no tiene más remedio que aceptar. No así Paloma, que rechaza la extorsión con firmeza.

No contento con eso, Rafael acude a casa de Don Fabián a 'lucir la placa', y se permite hacer veladas amenazas, ahora que está del lado de la autoridad.

Por su parte, Don Fabián da un paso decisivo en la reconciliación con su hija. Andrea consiente en volver al hogar familiar si Don Fabián logra encontrar a Liberto y lo acepta como el nieto suyo que es.

Rodrigo también acude a ver a su hermana, y en el camino encuentra algo más que el amor fraterno: Consuelo despierta en Rodrigo unos sentimientos inesperados...

Histórico de emisiones:

31/10/2005

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