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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 21 - ver ahora
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-¿De verdad no vienes?

-Lo dije y lo mantengo.

Aprovecharé para leer los periódicos atrasados.

No se me ha perdido nada en el desfile.

-¿Que no se te ha perdido nada?

Tu hijo Rodrigo manda una centuria de Falange.

¿Cuándo tendrás la oportunidad de verlo desfilando con estandarte?

-El año que viene, en la misma fecha...

...y a la misma hora.

-Es que tiene una mancha en el cuello que no sale.

-Por Dios. -Qué contrariedad.

¿Y no hay forma de arreglarlo?

-No, le he dado con talco, pero no se va.

No sé, a lo mejor con gasolina que tengo en mi casa, se quita,...

...pero hoy no vas a poder estrenarlo.

-Es una lástima.

-Voy a casa a ver si la quito. -Sí, Elpidia, gracias por todo.

(SUSURRANDO) -Aquí estoy.

-Lo está esperando, ahora se lo bajo.

-Sí.

-Hola, Pelayo. -Hola, Elpidia.

-Vendrá bien a la clientela cuando abramos el bar.

Vendrán con hambre.

-Claro, sí, Marcelino, pues me lo pagas otro día.

-Adiós, Pelayo.

-Franco, en persona, está diseñando una obra colosal:

un homenaje a los caídos por España.

Para llevarla adelante, necesitaremos, entre otros,...

...toneladas de granito y de mármol...

...como las que tu empresa produce.

-¿Te encuentras mejor?

-Sí, nos hemos tomado una copa de coñac y me ha sentado muy bien.

Nos invita a presenciar el desfile...

...desde el palco de autoridades. Un honor.

Andrea.

Antonio.

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

Música del desfile.

Estuve caminando varios días, con las fuerzas que me quedaban.

Había un montón de controles en todas las carreteras.

Organizaban patrullas para capturar a los soldados republicanos...

...que estábamos aislados.

Así que me escondía de día y avanzaba de noche.

Hasta que llegué a Madrid.

Cuando estaba a punto de entrar en casa, me paró Marcelino.

Me explicó que te habían detenido.

Me convenció para que me escondiera en el sótano del bar.

Nos llevaron a la cárcel.

Allí estuvimos varios días compartiendo celda...

...con otras compañeras.

Me llamaron para interrogarme...

Y cuando volví, el niño ya no estaba.

¿No volviste a verlo?

No.

Me dijeron que me lo darían en el convento...

Pero era mentira.

Me lo quitaron para llevárselo a un orfanato.

Pobrecita.

Todo lo que has tenido que pasar, amor.

Antonio...

No puedo dejar de pensar en nuestro hijo.

¿Por qué tiene que sufrir por algo que no tiene culpa?

(SUSPIRA) ¿Por qué nos castigan de este modo?

Porque hemos perdido la guerra y no quieren que lo olvidemos.

Yo apenas puedo salir de casa.

Mi única esperanza es que Mario y Consuelo encuentren al niño.

¿Quién es Mario?

Mario es el hermano de Eduardo.

Creo que lo viste antes de la guerra.

Es teniente jurídico y se siente en la obligación de ayudarme,...

...por la memoria de su hermano.

Consuelo y él recorren cada orfanato preguntando...

Pero por ahora no hay ninguna pista.

Liberto aparecerá, ya lo verás.

La vida no puede ser tan injusta con nosotros.

¿Y si no aparece?

Aparecerá seguro.

Y volveremos a estar juntos los tres.

Huiremos a Francia, amor, para recuperar la libertad.

A vivir la vida que nos han robado.

Aunque sea en el exilio.

Encontrar a Liberto puede llevarnos mucho tiempo.

Creo que lo mejor sería que te escaparas tú solo.

Yo iría luego con Liberto, cuando lo encuentre.

No podría irme y dejaros atrás.

En el sótano del bar puedo aguantar mucho tiempo...

...sin que nadie sepa que estoy allí.

Es peligroso. ¿Y si hacen un registro?

No me voy a ir solo, Andrea.

Encontraremos al niño y entonces, huiremos los tres.

¿Qué hora es?

El desfile debe estar terminando.

(SUSURRANDO) Aún es pronto.

Otro, quiero otro beso.

Debes irte, Antonio.

Aún es pronto, amor.

Timbre.

-Hola, Andrea.

Mario, ¿qué haces aquí?

-No he podido dejar de pasar a verte tras hablar contigo.

Ya te dije que no te molestaras.

-Ya, pero es que te encontré muy alicaída.

Estoy bien. Consuelo y su madre ya se han ido al desfile...

...y yo he preferido quedarme sola. -Ya.

¿Quieres que me vaya?

No, no es eso. Pero ya sabes cómo es doña Pura. Pasa.

-Me alegro de encontrarte tan bien.

Hace un rato estabas hundida.

Y ahora, sin embargo, se te ve radiante.

¿Ha ocurrido algo?

No, no, no...

Me he echado un rato en la cama y me he despertado mucho mejor.

Me alegro de que hayas venido.

No sé, de repente tenía ganas de hablar con alguien.

-Pues eso debe ser un buen síntoma.

-¡Viva el Generalísimo! (TODOS) ¡Viva!

-¡Arriba España! (TODOS) ¡Arriba!

-¡Viva Franco! (TODOS) ¡Viva!

(TODOS) ¡Franco, Franco, Franco, Franco, Franco, Franco!

-¡Eh, tú, alto ahí!

¿Creías que no te iba a reconocer, canalla?

¿No te acuerdas? Soy Genaro, el de Sigüenza.

Genaro...

-Genaro. Estuvimos juntos en el hospital...

...cuando te hirieron la cabeza.

-¡Sí... hombre, Genaro!

Ahora que me acuerdo. ¿Cómo estás?

-¡Un abrazo, Juanito!

Tío, estás estupendo.

Sí, tú también. Pero te veo distinto, estás más...

-Más delgado. Figúrate, perdí 20 kg después de la operación.

Me he quedado hecho un figurín.

Ya ves, el grueso de la compañía.

¡Qué alegría!

¡Dame otro abrazo, Juanito! ¡Venga!

Ahí están.

-¡Mario! ¿Qué haces aquí?

-Doña pura, espero que no le moleste que viniera a ver a Andrea.

-De ninguna manera. Tú siempre eres bienvenido en esta casa.

-Muchas gracias. Hola, Consuelo.

-Hola.

Mario ha sido muy amable al venir a visitarme.

-Como siempre. ¿No has ido al desfile?

-Fui con mi madre y unos amigos a casa de una pariente...

...para verlo desde La Castellana. -La avenida del Generalísimo.

-El caso es que yo en esas cosas me aburro un poco.

Y como sabía que Andrea estaba sola...

-¿Y cómo lo sabías?

-Porque la llamé por teléfono antes.

No quería que viniera, pero no me quedé tranquilo.

Así que aquí estoy.

-Pues es una pena que no vierais todo el desfile.

¿Verdad? -Sí.

-Ha sido precioso. Los militares, los falangistas, los italianos...

Hasta a los moros se veían guapísimos...

...con sus gorritos colorados.

Y al final ha pasado un avión que ha escrito el nombre...

...del Caudillo con la estela del motor.

La gente no paraba de gritar: ¡Franco, Franco, Franco!

Yo casi me quedo ronca.

Sí, nosotros lo hemos oído todo desde aquí.

La verdad es que hemos pasado una tarde muy agradable.

-Sí. Ha sido una charla muy amena.

Sí. Fijaos que cuando os fuisteis yo estaba muy deprimida,...

...pero, no sé, ahora me encuentro mucho mejor.

-Y que lo digas.

-¿Dónde vas, hija?

-A quitarme los zapatos que traigo los pies molidos.

-Ponlos un rato en agua que se te baje el hinchazón.

-Bueno, yo me voy. -¿Tan pronto?

-He dejado plantada a mi madre con sus amigos...

...y tengo que volver con ellos. -Pero, hijo, tómate un café.

¿Cómo no le has ofrecido nada? -No, gracias, se lo agradezco.

-Bueno, yo también me voy, ha sido un día emocionante.

-Despídame de Consuelo, por favor.

-De tu parte. Vuelve cuando quieras.

-Mañana seguiré con la búsqueda.

A ver si tenemos suerte y aparece pronto.

Muchas gracias por todo, Mario.

-Te llamaré para ver si sigues igual de bien.

Bueno, adiós, Andrea.

Te acompaño a la puerta.

-Cuando nos separamos, me enviaron a un hospital de Burgos.

Me operaron, y hasta el fin de la guerra.

No te quejarás. -No, para nada.

Las enfermeras estaban para morirse.

Decían que era su enfermo más especial.

Y yo les daba carrete.

Y por las noches no te lo puedes ni imaginar.

Venían más de una a hacerme visitas.

Tú me conoces, a las mujeres hay que atenderlas.

Y más cuando saben que uno es un toro, ya me entiendes.

Bueno, oye, yo...

-¿Y tú qué hiciste, volviste a carros de combate?

Sí, a carros, volví a carros. -¿Y en qué batalla estuviste?

En la del Ebro. -Ahí les dimos bien fuerte...

...a esos rojos cabrones.

No creas, se resistieron como jabatos.

-Hombre, si al final tuvieron que hocicar.

Si a los últimos le dieron caza por el monte.

Genaro, me alegro de verte, pero...

-¿Dónde vas? He quedado.

-Me voy contigo. Este encuentro hay que mojarlo.

Pero habrás venido con los camaradas de tu pueblo.

-Están por ahí, los perdí en el desfile.

Me voy contigo que tenemos que contarnos muchas cosas.

Y tomarnos unos vinos por la victoria.

-Siempre dices eso y luego te tengo que esperar dos horas.

-Fabián, qué exagerado eres. -Papá.

-Además, no puedo ir con este vestido a un almuerzo...

...con la plana mayor de Falange. -¿Por qué no?

-No es el adecuado. Si es que los hombres no entendéis.

-No está bien hacer esperar a Benancio, con lo bien...

...que se ha portado. Espera, Sito.

-Ha sido amabilísimo, por eso quiero estar a la altura.

-¿Qué quieres? -Que si me puedo quedar a jugar.

-Que sí, que sí, quédate. -Vale, pero, ¿me das dinero?

-Ay, Dios. -Siempre pidiendo.

-Cómprate algo cuando abran la tienda.

-Cómo le malcrías.

Elpidia. -Hola, sí.

-Nos vamos a un almuerzo, ¿te importaría echarle...

...un vistazo a Sito? -Sí, descuide, faltaría más.

Luego le subo y le doy de comer.

-Gracias. Oye, ¿por qué no te cambias y te pones el traje?

-No, yo estoy bien así, no quiero entretenerme.

-Bueno, ya voy, voy.

-Te espero aquí. -Sí.

-¿Y no has ido al desfile? -No.

-Yo sí, lo he visto todo. ¿Te gusta mi uniforme?

Me han dado un carné, me ha dicho Franco...

...que me hace capitán. -¿Has hablado con él?

-Sí, de lejos.

-Venga ya. -¿Qué te apuestas?

Si llego a la esquina antes que tú, es una mentira.

-Cuidado, chicos.

-Pues yo tanto militar junto... -Pues a mí sí me ha gustado.

-Pues a mí nada, padre.

-Bueno, señores, me voy a abrir la tienda.

-Y nosotros, antes de que llegue la gente.

-Marce, hasta luego. -Hasta luego.

-Me paso a medio día por el bar. -Vale.

-Hala.

-Marcelino, que aún no ha llegado. -Tranquila, que está al llegar.

Venga, que le invito a una limonada.

Tranquila.

-Hola, Elpidia, pasa.

-Demasiado para mi gusto.

Hijo, ¿dónde te habías metido? Te hemos estado esperando...

...donde Marita hasta el último momento, ¿sabes?

-Perdonad, recordé un asunto pendiente.

-Tú y tus asuntos pendientes. Hoy no es día para trabajar.

-Ya me conoce.

-Ya te conozco, ya. -¿A dónde van?

-A una fiesta en las afueras.

-No está lejos, nos han dado un salvoconducto...

...por si nos paran.

¿Por qué no te vienes? -Por mí, fenomenal.

-¿Sí? -Sí.

Esto sí que es una novedad. Mi querido hijo se apunta.

No lo hemos perdido, Arturito.

-No. -Papá, yo, si no os importa,...

...preferiría retirarme, es que me duele un poco la cabeza.

-¿Te encuentras mal?

-Es sólo un poco de jaqueca. Si Mario me acompaña...

-Por mí, de acuerdo.

-Al final no vamos a la fiesta. -No, vayan ustedes y diviértanse.

-Yo me ocuparé de llevar a Beatriz, no se preocupen.

-Estupendo. -Siento mucho no acompañaros.

-La salud es lo primero, hija mía.

-Bueno, cariño, nos vemos en casita esta noche.

-Arturo. -La cuidaremos.

-Hasta luego, nos vemos en casa.

-Bueno, ¿dónde vives?

-¿De verdad te has creído lo de mi jaqueca?

Mario, estoy perfectamente.

Es que estas fiestas de alta sociedad no las puedo soportar.

Están llenas de carcamales. (SUSPIRA)

Bueno, qué, ¿damos un paseo para disfrutar de la animación?

-Hombre. -¿No te apetece?

-Sí, pero es que estoy algo sorprendido con todo esto.

-¿Qué pasa que nunca has fingido algo para sacarle partido?

-Yo, nunca. -Ay, Mario. Me parece que tienes...

...muchas cosas que aprender.

-Seguro que está esperando a la hora del cierre.

-Marcelino, el frasco. -Voy.

-Pues sería lo mejor.

Aquí le pueden reconocer por mucho uniforme que lleve.

Tranquila que hoy nadie se fija en él.

-Me tengo que ir a cuidar a Sito, por Dios,...

...en cuanto puedas dame el uniforme.

-Sí, yo me encargo de todo.

...que siga la batalla...

Nuestra Patria tenemos que guardar.

-Eh, tú.

Me han dicho que eres el dueño de este garito.

-No, es mi padre, ese de ahí.

-Policía.

Vigilancia de locales públicos.

Para protegerlos y evitar que sucedan incidentes.

Un servicio especial.

Y vas a tener que pagarlo, ¿entiendes?

-¿Pagar? ¿Por qué?

-Por que son las nuevas normas.

Prepara 100 pesetas para mañana y no se te ocurra comentarlo.

-¿100 pesetas? Pero eso es una fortuna.

-Hoy vais a hacer una buena caja.

Prepara el dinero para cuando vuelva,...

...o cerraremos el negocio por falta de seguridad.

-Anda mi madre. -Ni madre ni leches.

100 pesetas o te quedas sin bar. ¿Me oyes o no?

-Arriba España. (TODOS) Arriba.

-Este es un camarada de Sigüenza que me he encontrado.

-Genaro Consuegra.

Tu amigo Juan me ha dicho que haces tortillas estupendas.

-Cojonudas.

-¿Usted también es amigo de Juan? -No, él es amigo mío, policía.

-Calla la boca, no me gusta la publicidad.

-Marcelino, saca una botella que tenemos mucho que celebrar.

¿Te quedas con nosotros?

-Gracias, pero estoy de servicio. Volveré en otro momento.

Ese vino, que nos queremos emborrachar cuanto antes.

-Eh, y tortilla. Mucha tortilla.

Pero con huevos, ¿eh?

No la que hacían los rojos que no tenían huevos ni ná'.

-Te noto muy animada, de repente.

¿Sí? -Mucho.

Mario y yo hemos estado hablando de Liberto.

Cree que hay esperanzas de encontrarle.

Eso me ha animado mucho.

-¿Ha estado aquí mucho rato?

No, llegó justo antes de que vosotras llegarais.

-¿le pediste tú que viniera? Me llamó por teléfono...

...y le dije que quería estar sola pero ya le conoces.

Se presentó de todas formas.

-¿Y a qué vino? Pues, de visita.

Ya sabes que Mario es un cielo y se preocupa por todo el mundo.

-Ya.

Sobre todo por ti.

Bueno, si tú estuvieras deprimida, también lo haría por ti.

De todas formas, me alegro de que haya venido.

No sé, habla con él, me ha ayudado mucho y...

Me ha dado fuerzas y esperanzas.

Hemos recordado los momentos buenos de mi hijo.

Y no sé... Me han entrado ganas de cocinar.

¿Te preparo algo?

-No sé. Lo que tú quieras, me da igual.

Voy a ver a la despensa, seguro que algo se me ocurrirá.

-¡Consuelo, hija, no merece la pena!

-¿Qué sabrá usted, madre?

-Tal vez nada, pero conozco a los hombres.

Son caprichosos, egoístas, inconstantes...

Y en definitiva, imprevisibles.

Bueno, todos menos tu padre, que en paz descanse.

-La mejor tortilla de patatas que he probado nunca.

-La hace su madre. -¿Tu madre?

No, hombre, la de aquel tipo de la puerta la hace.

Venga, otra botella, Marcelino.

-Sí, y esta la apuntas en mi cuenta.

Tú, aquí estás invitado.

-Antonio, si quiere Genaro pagar... Nada, yo invito.

-Juanito, ¡lo que me he acordado de ti!

¿Sigues jugando? ¿Al fútbol?

-¿Qué coño al fútbol? ¡Al mus!

¿No te acuerdas de las partidas...? ¿Cómo no me voy a acordar?

-Pues en Toledo no encontré a un camarada que jugara como tú.

¿Te acuerdas cuando desplumamos al brigada ese de Sanidad?

¡Menudo cabreo se pilló!

¡La madre que me parió!

¡Cómo está la muchacha! -¡Vaya, qué sorpresa!

-Paloma, que Juanito se encontró a un amigo del hospital.

De cuando le dieron en la cabeza. Y, bueno, le ha reconocido.

-¡Juanito, claro!

Se ha empeñado en probar la tortilla del bar.

-Buenísima... la tortilla.

Genaro Consuegra. Para servirle. -Paloma. Encantada.

-Siéntate con nosotros, monumento, que eres un monumento.

-¡Señores!

Bueno, le voy a cambiar el agua al canario.

Cuídamelo, Paloma. Es un camarada de los que no se olvidan.

-¿Y vives por aquí? -Sí.

Tengo una tienda aquí al lado. -Ah. Me encantaría conocerla.

-Está cerrada.

Pero... tengo un licor de esos, para las ocasiones especiales...

-¿Vamos? -Huy, qué lanzado.

-En la guerra aprendí que no hay que perder el tiempo.

-Por mí, encantada. Hay muchas maneras de celebrar la victoria.

-¿En serio? -Sí.

-Pido la cuenta. -No, no, volvemos luego.

-¿Y Juanito? -Uh, nos apañaremos mejor solos.

-Así da gusto. Encontrar chicas tan dispuestas y tan guapas.

-Te veo como un poquito mareado. -¿Yo?

¡Qué va! Te voy a demostrar lo que es un hombre de verdad.

-¿Y no sería mejor que diéramos un paseo y nos diera el fresco?

-¿Te has vuelto loco o te han herido de verdad?

-Si llega a ser otro del barrio, la cagamos.

Se me ha pegado y no he podido librarme de él.

-Mejor vamos dentro. Quiero probar ese licor que guardas.

-Mi marido. Genaro, mi marido.

-¿Pero estás casada? -Sí, es muy celoso.

Si nos ve, es capaz de todo.

-Y qué hacemos. -Pues irte.

-Pero si no hemos hecho nada aún. -No importa.

Su hermano es el jefe del movimiento en Cuenca,...

...puede echarte de Falange. -Nos ha visto, voy a saludarle.

Es mejor presentarle mis respetos. -¡Mi madre!

-¡Arriba España!

El camarada Consuegra le presenta sus respetos.

Su esposa me ha dicho quién es su hermano...

...y quería presentarle sus respetos.

-¿Mi esposa? -Sí, cariño.

Es un amigo de un amigo que se ofreció a acompañarme a la puerta.

Quería entrar dentro por si había alguien.

-Ah. Muchas gracias, camarada Consuegra.

Y ahora usted se va a marchar a paso ligero.

Si no quiere que me encargue de que mi hermano le meta un paquete...

...por molestar a esposas decentes.

-Oiga, que yo no... -¡Fuera de mi vista!

-¡A sus órdenes!

-¡Mire el valiente! Muchas gracias, don Fabián.

Y perdone, no sabía cómo quitármelo.

-De nada, mujer. Estaba preocupado y, así, me he divertido un poco.

-¡Camarada Consuegra...!

-¿De qué os reís? -Su marido, que es un caballero...

...y me ha espantado un soplón.

-¡Qué guapa estás, Loreto! Has hecho muy bien en cambiarte.

-¿No tenías tanta prisa? -Sí, sí.

Ha sido un placer, Paloma. -Gracias y adiós.

-Mis padres me internaron de niña en los mejores colegios de Europa.

Sólo les veía dos o tres veces por vacaciones.

Así que, prácticamente, no me conocieron.

Cuando mi madre murió el año pasado,...

...yo me vine a vivir con mi padre.

Y comprendí que si quería hacer lo que quisiese,...

...debía comportarme como él esperaba que fuese.

Una joven aristócrata, modosa y superficial.

-Pero tú no eres nada de eso, sospecho.

-La sangre azul es difícil de quitar pero,...

...por todo lo demás, finjo.

-Oye, y por qué no pruebas a comportarte como eres ante él.

Es tu padre y tú eres una adulta.

Que no seas como él espera, no significa que te rechace.

-Me parece que tú confías demasiado en la bondad de la gente.

¿Nos sentamos? Estos zapatos me están matando.

-Claro.

-¿Quieres?

-Es curioso. Mi madre piensa que eres la chica ideal.

Aristócrata, modosa... -Y superficial.

Ya, ya me he dado cuenta, pero por mí, tranquilo.

No tengo interés en casarme, ni contigo ni con nadie.

-Pareces muy segura. -Pues sí.

Es que el matrimonio está hecho para amargar la vida.

Y por parejas, que es más rápido que de uno en uno.

Además, soy una mujer libre.

No quiero que un hombre me considere su posesión.

-¿Tampoco crees en el amor?

-Pues no. -Pues yo sí.

El amor puede ser algo maravilloso y estimulante.

Bueno, aunque a veces, nos parezca una tortura.

-Creo que no has entendido nada de lo que te dije.

Pero me da igual.

Me encanta que seas tan sincero y simpático.

Y no te sacaré del cuento de hadas en el que vives.

-¿Qué cuento de hadas?

-Eso solamente lo podría decir un hombre que está muy enamorado.

-¿Tanto se me nota? -Pues sí.

Oye, ¿cómo se llama? Oye, cuéntamelo todo.

Llaman a la puerta.

(SUSURRA) -¿Quién es? (MARCELINO) Soy yo. Abre.

-¿Qué hacía Antonio vestido de falangista?

-Se esconde en el sótano desde que terminó la guerra.

Aprovechó la confusión de la fiesta para ver a Andrea.

-¿Casi desde que terminó...?

¡Estáis locos los dos!

-Tranquila, no pasa nada. -Tranquila...

-Venía a darte las gracias por llevarte a Genaro.

-¿No veis que podía haberle visto cualquiera?

-¿Guardarás el secreto?

-No, si te parece, voy y lo denuncio.

Tienes que sacarlo de ahí cuanto antes.

Si lo descubren, vais a la cárcel. -Y me lo dices a mí...

...que no duermo desde que está escondido.

Es mi amigo.

Además, el policía ese me obliga a pagarle un impuesto carísimo.

-¿Qué impuesto? -Uno que se inventó.

-O le pago 100 pesetas o me cierra el bar.

-¿Lo sabe tu padre? -¿Para qué voy a decírselo,...

...para que se muera del disgusto?

Pues tienes que pagar porque si no, registrarán el bar...

...y encontrarán a Antonio.

-Que no tengo ese dinero, Paloma. -¡Chis!

-A Antonio no puedo tenerle escondido eternamente.

-Tienes que sacarlo de ahí ya.

En cuanto al dinero del chantaje, piensa qué venderás.

Porque si no pagas, te buscas la ruina.

-Es un robo. No tiene derecho a desplumarnos así.

-Pues no, pero es lo que hay. Es la ley del más fuerte.

No tenemos nadie que nos proteja.

-Qué asco.

Tu madre ya se ha ido a la cama.

-Yo también me acostaré enseguida.

Consuelo, no has abierto la boca en toda la noche. Ni has cenado.

¿Se puede saber qué te pasa?

-A mí no me pasa nada.

¿Y a ti, Andrea?

¿A mí? -Sí, a ti. No te hagas la tonta.

Cuando nos fuimos al desfile, estabas muy triste.

Pero a la vuelta, estabas encantada tras la visita de Mario.

Estás celosa. -No.

Sé bien que Mario te gusta desde hace mucho tiempo.

Mi alegría no tiene nada que ver con eso.

-¿Entonces cómo se explica?

Andrea, somos muy buenas amigas. No me mientas.

Te digo la verdad. -Pues no te creo.

No puedes negar lo que he visto. Te equivocas.

Consuelo...

Te diré la verdad,...

...pero debes prometerme que guardarás el secreto.

-Dime.

Antonio ha estado aquí.

-¿Antonio?

¿Antonio, Andrea? Sí, Antonio.

Está escondido en Madrid.

Se disfrazó y aprovechó el desfile para venir a verme.

-¡Pero...! ¡Antonio! ¿Y dónde está?

No preguntes, por favor.

Se presentó por sorpresa. No sabía que vendría.

Si no, no hubiera permitido que os pusiera en peligro.

Y ahora sé que está sano y salvo.

Y he podido abrazarle.

Por eso estoy tan contenta.

-Perdóname, Andrea, lo siento mucho.

Qué tonta soy. Pensaba que tú y... Mario...

Le quieres mucho, ¿verdad?

-Sí.

Y estás muy enamorada.

-Sí, mucho.

Yo también, Consuelo.

Amo a Antonio con todas mis fuerzas.

-¡Ay, qué bien!

-¿Qué pasa, que no da? -¿Qué va a dar? No da ni la mitad.

Este hombre pide una barbaridad.

-¿Y si aguamos más el vino? -Ni aunque vendamos la fuente.

Ojalá se lo gaste todo en botica el mal nacido.

-Elpidia, qué casualidad. A ti quería verte.

Mira lo que tengo para ti.

Un salvoconducto para que visites a Antonio en el penal.

-Muchas gracias.

-El presidente del tribunal es el coronel Atienza.

-Sí. Ramírez ha tenido suerte. -No, hemos tenido suerte.

Somos la defensa. ¿Recuerda, Pradillo?

-P'adentro. -¡No, no! No, espere, por Dios.

Espere un minuto, espere.

-Ya está contando.

-¡Pepe, hemos tenido mucha suerte con el chico!

-Lo conseguiré. Ya veré cómo, pero tendré esos cuartos.

-Hoy.

-Lo juro.

-A saber cómo reaccionaríamos nosotros con un marido...

...y un hijo en la cárcel.

-En la cárcel o peor. -¡Policía!

¡Ahora eres policía!

  • T1 - Capítulo 21

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 21

27 oct 2005

Termina el Desfile de la Victoria. Andrea recibe la visita de Mario. El buen humor de Andrea (motivado por el feliz reencuentro con Antonio) hace albergar esperanzas a Mario. Cuando Consuelo regresa del desfile, encuentra a Mario con Andrea y siente la punzada de los celos.

Cuando regresa del desfile, Antonio es confundido por un falangista, que se pega a él con una lapa, insistendo en que se conocen. Antonio no sabe cómo zafarse de él para volver a su escondite antes de que la gente del barrio regrese del desfile. La suerte quiere que sea Paloma la primera que lo descubre. Haciendo uso de sus encantos, Paloma le ayuda a zafarse del falangista. 

Por otro lado, Mario tiene la oportunidad de conocer mejor a Beatriz de la Palma, que se revela como una persona mucho más interesante de lo que, a simple vista, cabía suponer.

En el bar 'El Asturiano', hace su aparición un policía corrupto, que extorsiona a Marcelino para que pague una importante suma a cambio de protección... O se atenga a las consecuencias.

Histórico de emisiones:

27/10/2005

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